Jóvenes andaluces de zonas urbanas: estudio de los factores de riesgo del comportamiento violento
Abstract
A finales del siglo pasado, surge el fenómeno de la violencia juvenil con una gran repercusión social y mediática. Esta investigación que se realiza en el año 2000 y 2002 es fruto de este interés por que conocer el verdadero estado de la cuestión. El libro describe y analiza las características del comportamiento juvenil violento de la juventud urbana (se han estudiado los 10 municipios de mas población en Andalucía). Se aportan una serie de factores de riego que permiten sugerir por donde deben ir las políticas y programas juveniles en ésta área.
Full text
3 JÓVENES ANDALUCES DE ZONAS URBANAS Estudio de los factores de riesgo del comportamiento violento Instituto Andaluz de la Juventud CONSEJERÍA DE LA PRESIDENCIA COLECCIÓN INVESTIGACIÓN Y JUVENTUD Nº 3
AUTORES: Manuel Marín Sánchez Marcos Rivero Cuadrado Miembros del grupo de investigación PAI HUM-259 que han intervenido en el estudio de campo de la investigación sobre “Estudio psicosocial sobre la violencia en la juventud urbana andaluza”. RESPONSABLE DEL GRUPO: Prof. Dr. Manuel Sánchez. Catedrático de Universidad COMPONENTES: Dra. Blanca González Gabaldón. Pfra. Titular de Universidad Dr. Miguel Ángel Garrido Torres. Prof. Asociado Dra. Yolanda Troyano Rodríguez. Pfra. Colaboradora Dr. Eduardo Infante Rejano. Prof. Asociado D. Alfonso Javier García González. Becario FPD e I Dña. Soledad Cabrera Jiménez. Becaria COLABORADORES EN LA RECOGIDA DE DATOS: Mª de la Merced Barbancho Morant M. del Mar Fernández Armario Rocío Fernández Pineda Sonia Rosas Rodríguez COORDINADOR Y DIRECTOR: Manuel Marín Sánchez COORDINADORA DESDE EL IAJ: Reyes Rodríguez Cruz Edita: Instituto Andaluz de la Juventud Colección Investigación y Juventud nº 3 ISBN: 84-87632-17-3 Depósito legal: SE-1.964/2003 Diseño: Artefacto S.C. Maquetación e Impresión: Tecnographic, s.l. 4
5 PRESENTACIÓN DEL DIRECTOR GENERAL DEL INSTITUTO ANDALUZ DE LA JUVENTUD ElInstituto Andaluz de la Juventud desde su creación, tiene encomendadas una serie de funciones entre las que destaca la de incentivar la realización de investigaciones relacionadas con la realidad de los jóvenes. La conducta violenta es un fenómeno que crea gran alarma social. En muchos casos, se relaciona con la condición juvenil. En este estudio, nos hemos planteado conocer la verdadera dimensión del fenómeno en las zonas urbanas de Andalucía para así poder realizar una política y unos programas de prevención más adecuados a la realidad. Desde el Instituto Andaluz de la Juventud, y en convenio con la Universidad de Sevilla, se ha realizado un estudio sobre “los factores de riesgo del comportamiento violento, de los jóvenes andaluces de zonas urbanas”, en el que se describen y analizan las características de los comportamientos violentos de estos jóvenes, la prevalencia, incidencia y tipología del comportamiento violento de la juventud urbana andaluza así como los factores de riesgo relacionados con ella. Es importante añadir que el informe también incluye unas propuestas de acción que son muy interesante tanto para nosotros como organismo competente en juventud, como para cualquier profesional que quiera trabajar en este tema. El presente documento constituye sólo una síntesis del informe elaborado como resultado de esta investigación por lo que aquella persona interesada en conocerla más a fondo puede acudir a la Biblioteca de nuestro Instituto donde tendrá acceso a la misma. Esperamos que este estudio contribuya a un mayor conocimiento de la realidad del comportamiento juvenil y nos permita diseñar y poner en marcha estrategias conjuntas para prevenir su aparición. Joaquín Dobladez Soriano DIRECTOR GENERAL DEL INSTITUTO ANDALUZ DE LA JUVENTUD
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7 INDICE DE CONTENIDO CAPÍTULO 1. INTRODUCCIÓN 13 1. BREVE APROXIMACIÓN TEÓRICA A LOS ASPECTOS PSICOLÓGICOS Y PSICOSOCIALES SOBRE VIOLENCIA JUVENIL 17 1.1. La frustración-agresión como origen de la conducta agresiva 17 1.2. Agresión como conducta aprendida 18 1.3. Construcción social de la agresión 19 2. EL FENÓMENO DE LA VIOLENCIA JUVENIL 21 3. LA VIOLENCIA JUVENIL DESDE UNA PERSPECTIVA PSICOSOCIAL Y MULTIDIMENSIONAL 23 4. LA JUVENTUD: POBLACIÓN OBJETO DE ESTUDIO 25 5. AGRESIVIDAD VERSUS VIOLENCIA 26 6. CONDUCTAS VIOLENTAS ESTUDIADAS 27 6.1. Violencia interpersonal 27 6.2. Violencia contra objetos 28 CAPÍTULO 2. METODOLOGÍA 29 1. OBJETIVOS DE LA INVESTIGACIÓN 31 2. DIMENSIONES Y VARIABLES DEL ESTUDIO 31 3. MUESTRA 32 3.1. Universo 32 3.2. Tamaño de la Muestra 34 3.3. Puntos de muestreo 35 4. JUSTIFICACIÓN DEL MÉTODO AUTOINFORME 36 CAPÍTULO 3. CARACTERÍSTICAS GENERALES DE LA MUESTRA 39 1. NIVEL EDUCATIVO 41 2. CARACTERÍSTICAS SOCIOECONÓMICAS 41 2.1. ¿Con quien/es convive la juventud? 41 2.2. ¿De qué vive la juventud? 42 2.3. ¿De qué ingresos económicos mensuales disponen las familias? 43 3. CARACTERÍSTICAS OCUPACIONALES 44 3.1. Evolución de la ocupación en función de la edad 44 4. ZONAS DE RESIDENCIA 45 5. CONCLUSIONES SOBRE LAS CARACTERÍSTICAS GENERALES DE LA MUESTRA 47
CAPÍTULO 4. CARACTERÍSTICAS DE LA VIOLENCIA JUVENIL DESARROLLADA EN LAS CIUDADES ANDALUZAS 49 1. PREVALENCIA DE LAS CONDUCTAS VIOLENTAS A LO LARGO DE LA VIDA 51 1.1. Prevalencia de las conductas violentas a lo largo de la vida en función del género y edad 53 2. EDAD DE INICIO DE LAS CONDUCTAS VIOLENTAS 57 3. PREVALENCIA DEL COMPORTAMIENTO VIOLENTO EN EL ÚLTIMO AÑO 59 3.1. Prevalencia anual del comportamiento violento en función del género y edad 60 3.2. Prevalencia anual del comportamiento violento en cada estrato de la población (conforme al género y edad) 62 4. INCIDENCIA DE LA VIOLENCIA MANIFESTADA EN EL ÚLTIMO AÑO 63 5. TIPOLOGÍA DE LA VIOLENCIA JUVENIL 64 6. MOTIVACIÓN DE LAS CONDUCTAS VIOLENTAS 67 6.1. Violencia física contra personas 67 6.2. Violencia verbal y psicológica (Amenazas graves) 68 6.3. Violencia de naturaleza mixta contra personas 68 6.4. Violencia dirigida contra objetos: vandalismo 69 7. CONTEXTOS DE LA CONDUCTA VIOLENTA 70 7.1. Peleas a golpes 71 7.2. Riñas o desórdenes públicos 71 7.3. Amenazas graves 72 7.4. Daños con armas u otros objetos 72 7.5. Atracos 73 7.6. Acciones vandálicas 73 8. MANIFESTACIÓN INDIVIDUAL O GRUPAL DE LA VIOLENCIA JUVENIL 75 9. USO DE ARMAS U OTROS OBJETOS 77 10.INTENSIDAD DE LA VIOLENCIA MANIFESTADA 77 11.CONCLUSIONES ACERCA DE LAS CARACTERÍSTICAS DE LA VIOLENCIA JUVENIL EN LAS CIUDADES ANDALUZAS 77 CAPÍTULO 5. CARACTERÍSTICAS SOCIODEMOGRÁFICAS DE LA VIOLENCIA JUVENIL DESARROLLADA EN LAS CIUDADES ANDALUZAS 81 1. LA VIOLENCIA JUVENIL SEGÚN EL GÉNERO Y LA EDAD 83 2. LA VIOLENCIA JUVENIL SEGÚN LA ECONOMÍA FAMILIAR 85 3. LA VIOLENCIA JUVENIL EN FUNCIÓN DE LA OCUPACIÓN 88 3.1. Violencia en el sector estudiantil 89 3.2. Violencia en la juventud trabajadora 92 3.3. Violencia en la juventud desempleada 92 8
4. LA VIOLENCIA JUVENIL EN FUNCIÓN DE LA ZONA DE RESIDENCIA 94 5. CONCLUSIONES SOBRE LAS CARACTERÍSTICAS SOCIODEMOGRÁFICAS DE LA VIOLENCIA JUVENIL 96 CAPÍTULO 6. CARACTERÍSTICAS FAMILIARES RELACIONADAS CON LA VIOLENCIA JUVENIL 99 1. CONFLICTO FAMILIAR Y VIOLENCIA JUVENIL 101 2. SUPERVISIÓN FAMILIAR Y VIOLENCIA JUVENIL 105 3. CONCLUSIONES SOBRE LAS CARACTERÍSTICAS FAMILIARES Y LA VIOLENCIA JUVENIL 111 CAPÍTULO 7. TIEMPO LIBRE Y VIOLENCIA JUVENIL 113 1. DISPONIBILIDAD DE TIEMPO LIBRE Y VIOLENCIA JUVENIL 115 2. TIPO DE COMPAÑÍA DURANTE EL TIEMPO LIBRE Y VIOLENCIA JUVENIL 118 3. CONCLUSIONES SOBRE LA RELACIÓN ENTRE TIEMPO LIBRE Y VIOLENCIA JUVENIL 122 CAPÍTULO 8. AFILIACIÓN Y VIOLENCIA JUVENIL 123 1. GRUPOS URBANOS 125 2. AMISTADES DE RIESGO 129 3. CONCLUSIONES SOBRE LA RELACIÓN ENTRE AFILIACIÓN Y VIOLENCIA JUVENIL 133 CAPÍTULO 9. INFLUENCIA DE LA TELEVISIÓN, CINE Y VIDEOJUEGOS 135 1. TELEVISIÓN Y VIOLENCIA JUVENIL 137 2. GÉNEROS CINEMATOGRÁFICOS Y VIOLENCIA JUVENIL 140 3. USO DE VIDEOJUEGOS Y VIOLENCIA JUVENIL 145 4. CONCLUSIONES SOBRE LA RELACIÓN ENTRE LA TV, CINE Y VIDEOJUEGOS Y LA VIOLENCIA JUVENIL 148 CAPÍTULO 10. DELINCUENCIA Y VIOLENCIA JUVENIL 151 1. PREVALENCIA DE LAS CONDUCTAS DELICTIVAS 153 1.1. Relación entre el historial delictivo reincidente y los ingresos familiares 155 2. RELACIÓN ENTRE DELINCUENCIA Y VIOLENCIA JUVENIL 156 3. CONCLUSIONES ACERCA DE LA RELACIÓN ENTRE DELINCUENCIA Y VIOLENCIA JUVENIL 157 9
CAPÍTULO 11. CONSUMO DE DROGAS Y VIOLENCIA JUVENIL 161 1. PREVALENCIA DEL CONSUMO DE DROGAS A LO LARGO DE LA VIDA 163 2. PREVALENCIA E INCIDENCIA DEL CONSUMO DE DROGAS EN EL ÚLTIMO AÑO 166 3. EDAD DE INICIO EN EL CONSUMO DE DROGAS 168 4. RELACIÓN ENTRE CONSUMO DE DROGAS Y VIOLENCIA JUVENIL 170 4.1. Incidencia del abuso de alcohol, consumo de cannabis 170 4.2. Incidencia del consumo de drogas duras (cocaína, anfetaminas, heroína…) 175 5. CONCLUSIONES SOBRE LA RELACIÓN ENTRE CONSUMO DE DROGAS Y VIOLENCIA JUVENIL 178 CAPÍTULO 12. AUTOCONTROL E IMPULSIVIDAD 181 1. ACTITUD HACIA EL USO DE ESTRATEGIAS DE AUTOCONTROL 183 2. IMPULSIVIDAD-ATRACCIÓN AL RIESGO Y VIOLENCIA JUVENIL 188 3. CONCLUSIONES ACERCA DE LA RELACIÓN ENTRE AUTOCONTROL E IMPULSIVIDAD Y VIOLENCIA JUVENIL 193 CAPÍTULO 13. ACTITUDES VIOLENTAS 195 1. ACTITUD DE LOS JÓVENES HACIA LAS CONDUCTAS VIOLENTAS 197 2. ACTITUDES VIOLENTAS EN FUNCIÓN DE LA MOTIVACIÓN 199 3. PREVALENCIA ANUAL DE VIOLENCIA EN FUNCIÓN DE LA ACTITUD VIOLENTA 200 4. CONCLUSIONES ACERCA DE LAS ACTITUDES VIOLENTAS 204 CAPÍTULO 14. OBJETO CONTRA EL QUE SE DIRIGE LA VIOLENCIA JUVENIL Y AGRESIONES RECIBIDAS POR LOS JÓVENES 207 1. PERFIL DEL OBJETO DE LA VIOLENCIA JUVENIL 209 2. AGRESIONES RECIBIDAS POR LA POBLACIÓN JUVENIL 211 3. RELACIÓN ENTRE LA VIOLENCIA MANIFESTADA Y LA VIOLENCIA RECIBIDA 214 4. CONCLUSIONES ACERCA DEL PERFIL DEL OBJETO DE LA VIOLENCIA JUVENIL Y LAS AGRESIONES RECIBIDAS 215 CAPÍTULO 15. SÍNTESIS FINAL 217 1. LA VIOLENCIA JUVENIL EN LAS CIUDADES ANDALUZAS 219 2. CARACTERÍSTICAS DE RIESGO RELACIONADAS CON LA VIOLENCIA JUVENIL 221 2.1. Factores individuales 222 2.2. Factores de relación interpersonal 222 10
2.3. Factores contextuales 223 2.4. Conductas de riesgo 223 3. PERFIL DEL JOVEN QUE MANIFIESTA CONDUCTA VIOLENTA EN EL ÚLTIMO AÑO 224 4. DIFERENCIAS ENTRE LA VIOLENCIA JUVENIL ACTUAL Y LA DE ÉPOCAS PASADAS 228 CAPÍTULO 16. PROPUESTAS DE INTERVENCIÓN 229 TABLAS RESUMEN 237 REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS 243 BIBLIOGRAFÍA CITADA 245 BIBLIOGRAFÍA REVISADA NO CITADA 248 ÍNDICE DE TABLAS Y ÍNDICE DE GRÁFICOS 255 CUESTIONARIO UTILIZADO 269 11
La teoría de condicionamiento instrumental explica que los individuos actúan con el fin de lograr determinadas metas. Si los medios empleados para ello incluyen conductas violentas que les permiten tener éxito (alcanzan sus objetivos), este procedimiento se repetirá en situaciones semejantes. Si además la conducta agresiva se ve reforzada material o socialmente o no implica ningún tipo de castigo aversivo, la tendencia a actuar agresivamente resultará fortalecida. Un ejemplo de condicionamiento instrumental se observa en las situaciones de peleas o riñas entre pares donde el sujeto vencedor es reforzado socialmente por sus iguales, obteniendo un mayor prestigio o status dentro del grupo. Otro tipo de condicionamiento se da cuando tras realizar conductas de amenazas o castigo se consigue el refuerzo esperado. Una situación típica que puede ejemplificar lo expuesto es la situación de presión de grupo propia de edades adolescentes cuando el grupo presiona a uno de sus miembros para que realice una conducta aprobada por el resto del grupo, en estos casos si el grupo consigue sus objetivos a través de amenazas, insultos o castigos; será más probable que en un futuro vuelva a utilizar estos medios. La otra teoría del aprendizaje social es la conocida como Modelado social. Bandura (1973) propuso que el primer paso hacia la adquisición de una nueva forma de conducta agresiva era el proceso de modelado: los individuos adquieren formas de conducta nuevas y más complejas observándolas en otras personas (modelos) junto con sus consecuencias. Según este autor, el ser testigo de una agresión a la que se le castiga normalmente disminuye la tendencia a imitar dicha conducta agresiva, mientras que sucede lo contrario cuando se ve que la agresión se recompensa o no va acompañada de ninguna consecuencia evidente. Muchos de estos condicionamientos podemos encontrarlos en los principales contextos socializadores de los individuos, es decir, en la familia, la escuela, las amistades y los medios de comunicación. La literatura revisada nos muestra la enorme influencia de los modelos familiares, los de las propias amistades o los vistos a través de los medios de comunicación sobre la conducta de los niños y jóvenes en desarrollo y, en concreto, sobre la conducta violenta. 1.3. Construcción social de la agresión La posibilidad de que un individuo responda agresivamente ante estímulos aversivos como la frustración, la ira, el dolor... va a depender también en gran medida de la interpretación que haga de los hechos. Probablemente la gente se comporte agresivamente si interpreta determinada acción como agresiva antes que como no intencionada o incluso benevolente. Cuando calificamos una conducta de agresiva no sólo estamos describiéndola sino que además estamos evaluándola: es decir, nosotros juzgamos si la conducta es mala o inapropiada, mediante nuestras actitudes, sistema de valores y normas sociales, y finalmente decidimos si por ella, el actor merece ser castigado o no. De esta forma, si una conducta es juzgada como agresiva parece apropiado administrar una sanción negativa. Si 19
esa misma conducta es juzgada como moralmente justificada, es incluso posible que se den sanciones positivas. La agresión, entonces, implica juicios subjetivos sobre las intenciones del actor (atribuciones causales) y sobre lo apropiado o no de la conducta desde un punto de vista normativo. Las acciones en sí mismas no contienen los criterios definidores antes mencionados –intención de hacer daño, daño real y violación de normas-, pero son construidas activamente en estos términos. Eso no significa, sin embargo, que estas percepciones ocurran por azar. Al contrario, las interacciones diarias están reguladas por un impresionante consenso social. Precisamente aquí reside una importante tarea de la psicología social, a saber: descubrir los factores cognitivos y normativos que influyen en la interpretación y la evaluación. En este sentido, la Teoría de la Atribución causal nos va a ayudar a evaluar la naturaleza y el proceso de las atribuciones causales sobre los sucesos aversivos y su influencia en las reacciones emocionales y conductuales: En primer lugar, se encuentran los factores que determinan quién, o qué, es percibido como responsable de un suceso aversivo. En segundo lugar, hemos de tener en cuenta los determinantes de una discrepancia entre lo que es y lo que debería ser respecto de la conducta en cuestión; es decir, una discrepancia percibida entre lo que el actor realmente hizo y lo que debería haber hecho en una situación determinada. Un hecho significativo en la atribución personal revelada tanto por estudios experimentales (Mummendey, Linneweber y Löschper, 1984) como de campo (Felson, 1984) es la demostración de que la conducta de uno mismo, normalmente, es considerada como menos violenta e inapropiada que la de otros. Un ejemplo de la influencia que tiene la interpretación de la conducta individual como agresiva nos la ofrece el estudio que llevaron a cabo Blumenthal y otros (1972) sobre las actitudes de los norteamericanos hacia distintas formas de violencia, en el cual concluyeron que una misma conducta puede verse como necesaria y buena, o como detestable y merecedora de castigo; según la acción precipitante sea considerada legítima o ilegítima. De esta manera, los estudiantes que tenían actitudes negativas hacia la policía juzgaban la conducta de ésta en las manifestaciones estudiantiles (cargas contra estudiantes) como violenta; pero la conducta de los manifestantes, percibida positivamente (“sentadas”), era juzgada como no violenta. Y a la inversa, los que desplegaban actitudes positivas hacia la policía evaluaban negativamente la conducta de los manifestantes estudiantiles; para estas personas, las “sentadas” eran actos violentos que merecían la detención y quedaba justificado el empleo de armas de fuego por parte de la policía contra los manifestantes que cometían daños contra la propiedad. Un estudio similar realizado en Brasil (Camino y Trocolli, 1980; citados por Leyens y Fraczek, 1984) mostró que el juicio de una conducta crítica como violenta dependía de las creencias sociopolíticas de los sujetos. Los que creían en un “mundo justo” (véase 20
Rubin y Peplau, 1975) juzgaban a la policía como menos violenta que los que no compartían esa creencia. La conclusión a la que se puede llegar después de ver los resultados de estos estudios es que la intención de hacer daño, el daño real y la violación de las normas son los principales criterios para calificar un acto de agresivo. En este sentido, la aproximación conceptual o construcción social que hace Tedeschi y sus colaboradores de la agresión resulta muy interesante ya que sugieren analizar ésta separando la conducta de la evaluación. Cuando la conducta agresiva se considera evaluativamente neutra, implica una forma especial de influencia social: un individuo obliga a otro a hacer/recibir algo que no habría hecho/recibido sin esa coerción. La agresión, por tanto, consiste en la aplicación del poder coercitivo, ya sea en forma de amenaza o castigo. Mediante amenaza dejamos claro que queremos algo especial de alguien, y que la desobediencia irá seguida de un castigo. Castigo es cualquier forma de tratamiento aversivo para la víctima. Lo interesante desde el punto de vista empírico es definir las condiciones en que la gente intenta utilizar esta forma coercitiva de influencia. Tedeschi, Lindskold y Rosenfeld (1985) distinguen siete factores que aumentan la probabilidad de amenazas y castigos en el transcurso de una interacción social. Estos factores son: 1) normas de defensa propia, reciprocidad y justicia distributiva; 2) Desafíos a la autoridad; 3) conflicto intenso por los recursos; 4) autorrepresentación y protección de la propia imagen; 5) necesidad de atención; 6) deseo de controlar las conductas inmediatas de otros; 7) falta de consideración de las consecuencias futuras. La consideración de que estas manifestaciones conductuales sean percibidas como legítimas o violadoras de las normas, corresponde ya a una interpretación individual o grupal. 2. EL FENÓMENO DE LA VIOLENCIA JUVENIL A pesar de la gravedad y espectacularidad de la violencia llevada a cabo por algunos jóvenes, ésta al igual que otras violencias, ni es nueva ni extremadamente peligrosa. Del mismo modo que tampoco podemos calificarla como esencialmente distinta de otras violencias. Su peculiaridad, y por tanto su explicación, reside en los ámbitos donde los jóvenes desarrollan su cotidianeidad, los roles sociales que desempeñan, las condiciones de relación y sus características psicosociales. En este sentido, resulta normal que la violencia que manifiestan algunos jóvenes sea más evidente que la realizada por los adultos, que por lo general, cuando se comportan de forma violenta, lo hacen en la intimidad y con víctimas que difícilmente los delatarán. No es que los jóvenes sean violentos, sino que muchos de los que manifiestan violencia son jóvenes: la carrera hacia la violencia puede comenzar muy pronto, pero es general21
mente corta porque la violencia es peligrosa. Ciertas prácticas violentas suponen una creciente percepción de riesgo cuando el individuo se hace adulto y tiene algo que perder (compromisos afectivos, una familia, bienes materiales, etc.). Ello empuja a una retirada temprana en la carrera de la violencia activa. No obstante, con esto no queremos minusvalorar la importancia de este fenómeno, que sin duda resulta preocupante, ya que aunque actualmente resulte minoritario y de menor intensidad de lo que propagan los medios de comunicación, recientes estudios indican que la violencia juvenil adopta actualmente unas características diferentes a las de otras épocas (Sellarés, 1997): ➤Parece existir una tendencia a bajar la edad con la que los jóvenes se inician en las conductas violentas. ➤Cada vez resulta más frecuente encontrar chicos y chicas procedentes de familias aparentemente normales y de clase media que recurren al uso de la fuerza. ➤La conducta turbulenta, la desobediencia y las actitudes desafiantes de los jóvenes son motivo de preocupación: los profesores se refieren cada vez con mayor frecuencia a una tipología de chicos y chicas que no pueden o no quieren acatar la normativa educativa y que expresan su rechazo a la institución a través de la violencia verbal, el “pasotismo” o el ataque físico y verbal a los compañeros y profesores. Ante este aparente incremento de la violencia juvenil, se señalan algunas posibles causas de carácter social: ➤Los cambios sociales y la crisis de valores. En una sociedad en continua y rápida transformación, las contradicciones e incertidumbres son muchas. Se defienden los principios democráticos igualitarios pero a la vez se permite la perpetuación de enormes diferencias económicas y sociales entre las personas. Lo deseable se vincula a la conquista rápida y sin esfuerzo del éxito, el cual se asimila a la posibilidad de obtener mucho dinero, de consumir... ➤La influencia de los medios de comunicación. Éstos son responsables de la sobrerepresentación de violencia y exaltación de la agresividad y valores que establecen una relación directa entre el poder, la riqueza y la impunidad en el ejercicio de la violencia. Las imágenes violentas, sean reales o no, se representan con una brutalidad y espectacularidad máximas que suelen omitir el dolor y las desgraciadas consecuencias que acarrea la violencia. El “sensacionalismo” con el que son tratados determinados sucesos violentos (cuyos protagonistas muchas veces son jóvenes) aumenta la percepción de la población de que actualmente la violencia es mayor. ➤Los condicionamientos socioeconómicos y la dureza de las formas de vida actuales. El modelo cultural considera como valores prevalentes la autonomía personal y la autosuficiencia económica, y otorga gran valor a la posesión de conocimientos especializados, cuya consecución exige largos períodos de formación a los jóvenes. Pero la superación de dichas exigencias de formación no garantiza la posibilidad de la inserción en el mercado laboral ni de trabajar en las ocupaciones para las que se han formado. Ello com22
porta el retraso del acceso a una vida autónoma desde el punto de vista económico y podrá generar en el joven sentimientos de frustración, rabia e inseguridad. La problemática del paro provoca que muchas familias vivan en constante situación de estrés: las que tienen trabajo, por miedo a perderlo, y las que no lo tienen, por la dificultad de encontrarlo o de convivir con su falta. ➤Los cambios en la estructura familiar. Factores como la incorporación de la mujer al mercado de trabajo han obligado a resituar los roles de cada uno de los miembros de la pareja y a introducir modificaciones en la distribución del tiempo y en la organización familiar tradicional. Estos cambios se han reflejado en las formas y en los hábitos de vida: los jóvenes pasan muchas horas solos sin la presencia o disponibilidad de los padres y en muchas ocasiones la mujer debe hacer frente a una doble carga de trabajo. ➤Los déficits educativos y el desconocimiento de las normas elementales de conducta y del sentido de responsabilidad por parte de algunos jóvenes. Parece indudable que, en general, las pautas educativas y las relaciones entre padres e hijos son mucho más liberales y menos autoritarias que en otras épocas. Pero también es cierto que, en algunos casos, los padres dimiten de su función educadora. Ya sea porque se encuentran en una situación personal y laboral difícil, porque se ha roto la pareja, porque ellos mismos no han tenido una educación adecuada y/o porque sus características y problemas personales les impiden conectar con las necesidades de sus hijos, muchos consideran que cubriendo los gastos materiales ya cumplen su función, y -de manera más o menos evidentese desentienden de otras necesidades de los adolescentes. No obstante, algunos autores (Walgrave y Mehlbye, 1998; Junger-Tas, 1996), al evaluar las evidencias existentes, manifiestan serias dudas sobre la existencia de una tendencia real hacia el aumento de las conductas juveniles violentas en las últimas décadas. En este sentido, Walgrave y Mehlbye (1998) señalan que la alarma social existente respecto a este fenómeno debe comprenderse, en parte, teniendo en cuenta las valoraciones negativas hacia la población juvenil presentes históricamente en cada período y bajo cada régimen político o a las críticas expiatorias dirigidas habitualmente en los momentos de transición económica y cultural hacia los sectores más vulnerables de la población. De hecho, parece excesiva la alarma social existente sobre la violencia que manifiesta la juventud, ya que a pesar de que en el presente estudio se advierte un crecimiento del número de jóvenes urbanos andaluces implicados en episodios violentos durante los últimos años, el porcentaje de éstos dentro de la población juvenil resulta claramente minoritario y asociado a algunas características de riesgo específicas. 3. LA VIOLENCIA JUVENIL DESDE UNA PERSPECTIVA PSICOSOCIAL Y MULTIDIMENSIONAL Desde una perspectiva psicosocial, los elementos definitorios de la violencia juvenil no pueden ser identificados exclusivamente ni por las características individuales de sus ejecutores, ni por los factores sociales relacionados con el comportamiento violento; es 23
necesario atender a la interdependencia, real o simbólica, de los sujetos en sus relaciones con un ambiente común, bien de naturaleza física o simbólica. Desde esta visión, lo psicológico y lo social se presentan como una misma realidad que ha sido, muchas veces, diferenciada artificial y forzadamente. Apoyándonos en dicha perspectiva consideramos que el objeto de nuestro estudio debe ser la interacción de los factores relacionados con la violencia juvenil. Para ello es necesario tener en cuenta tres elementos fundamentales: 1.La estructura social en la que tiene lugar la interacción (dimensión contextual o macrosocial). 2.Los nexos que mediatizan la influencia de la estructura social sobre la interacción (dimensión interpersonal o microsocial). 3.Los procesos psicológicos por medio de los cuales los determinantes sociales influyen en las personas individuales que en definitiva son las que hacen posible la interacción (dimensión individual). Los hechos psicosociales, como los comportamientos violentos, son debidos a la tensión dialéctica entre la acción individual y la estructura social. En este sentido, hablar de las causas de la violencia juvenil resulta cuando menos aventurado, ya que el carácter multidimensional de este fenómeno supone que no puede ser explicado por la acción de una sola causa sino por el concurso de un conjunto de ellas. A la diversidad de factores conocidos se une el hecho de que ninguno de ellos parece ser requisito necesario ni suficiente para dar cuenta del comportamiento violento. En cada caso se da una combinación original de factores que explica su manifestación. Por ello, resulta más adecuado hablar de las condiciones que favorecen la aparición de las conductas violentas, es decir, de aquellos factores que las hacen más probables (factores de riesgo). El estudio de dichos factores divide conceptualmente el campo de investigación en las siguientes dimensiones: Dimensión Individual: Busca contestar a la pregunta de por qué un determinado joven ha realizado un acto violento. Generalmente hace referencia a aspectos motivacionales, pero puede también abarcar otras áreas, como la personalidad o el modo en que el individuo se relaciona con el mundo en general y con las personas en particular (“área cognoscitivo/relacional”). Lo central de este nivel de explicación es que las variables analizadas se ubican en el propio sujeto, en algún aspecto de las características y experiencias suyas que pueden ayudar a comprender su participación en actividades violentas. Aquí se ubican los estudios sobre factores biológicos y psicológicos, así como sobre comportamientos de riesgo. Para estudiar este nivel, el presente estudio ha considerado las siguientes variables: 24
a) Características biológicas: sexo y edad b) Nivel educativo y ocupación c) Impulsividad-atracción al riesgo d) Actitud de autocontrol e) Actitudes violentas f) Consumo de TV, videojuegos y preferencias cinematográficas g) Consumo de drogas h) Historial delictivo Dimensión Microsocial: Aquí se busca la explicación en el desarrollo de las situaciones. El punto de mira del investigador está en las secuencias y modos de interacción entre grupos e individuos. La cuestión relevante sería: qué proposiciones generales podemos formular en relación con la estructura y el desarrollo de aquellas situaciones que producen violencia. Lo importante es cómo se comportan los jóvenes en sus relaciones mutuas, con otras personas, así como con grupos e instituciones. Tales como los estudios acerca de la relación entre el joven y la familia, pareja, amigos o compañeros. Dentro de esta dimensión se han analizado las siguientes variables: a) Conflicto familiar percibido b) Supervisión familiar percibida c) Tiempo libre y compañía habitual d) Pertenencia a grupo urbano e) Riesgo percibido en las amistades habituales (por delitos y/o actos violentos) f) Historia de violencia recibida Dimensión Macrosocial: Analiza las propiedades de la sociedad y de la cultura que justifican las variaciones en el número y tipos de actos violentos. Los estudios sociológicos y ecológicos estarían en este nivel, preguntándose, por ejemplo, por qué hay más violencia en una clase social concreta, o por qué determinadas áreas de una ciudad son especialmente violentas o delictivas. En este sentido, el presente estudio considera las siguientes variables dentro de esta dimensión: a) Nivel económico familiar b) Riesgo percibido de la zona de residencia 4. LA JUVENTUD: POBLACIÓN OBJETO DE ESTUDIO Llamamos juventud al periodo del ciclo vital humano que comienza en la adolescencia, definido en sus inicios por factores biológicos, relacionados con la edad, y que finaliza de acuerdo con factores sociales propios de cada momento socio-histórico, cuando al joven se le considera y declara adulto. Actualmente los autores suelen identificar el inicio de la juventud con el comienzo de la pubertad y, aunque sobre su finalización no existen criterios estrictos (Agulló, 1997), se puede decir que el acceso a la adultez se logra con la asunción de una cuádruple responsabilidad (Gil y Menéndez, 1985): 25
1. Productiva. Asignación de un estatus ocupacional, laboral o profesional estable. 2. Conyugal. Asignación de una pareja sexual estable. 3. Doméstica. Asignación de un domicilio estable y autónomo. 4. Parental. Asignación de una prole dependiente. Por ello, fijar unos límites superiores e inferiores a la juventud es una conceptualización demasiado reduccionista; si incluimos aspectos sociológicos (como, por ejemplo, la emancipación) la edad puede ser necesaria, pero no suficiente. Sin embargo, las políticas de juventud, hoy en día, siguen utilizando el criterio de la edad para definir la población objeto de sus intervenciones. De esta forma, en los últimos años hemos asistido a un alargamiento progresivo del período juvenil (15-24, 15-29, 1534 años), motivado por la demora de la inserción laboral, lo cual no ha traído otra cosa que complicaciones, dadas las diferencias existentes entre los jóvenes ubicados en los extremos de los intervalos de edad. Por ello, para salvar estas distancias se ha acudido habitualmente a subdividir esta etapa en varios intervalos de edad, con la intención de contemplar las diferencias internas en función de la edad. De esta manera, para la presente investigación hemos dividido el período comprendido entre los 15 y 29 años en tres intervalos: 15 a 19 años (adolescencia), 20 a 24 años (juventud) y 25 a 29 años (prolongación de la juventud). Por otra parte, hay que resaltar que nos enfrentamos a una población muy heterogénea, ya que a pesar de tener características comunes, la juventud no es uniforme, existiendo diferentes tipologías de jóvenes en cuanto a sus formas de relacionarse con los amigos, familia, uso del tiempo libre, hábitos de consumo o en cuanto al nivel económico familiar, educativo, situación ocupacional... así como en la manifestación de comportamientos violentos. 5. AGRESIVIDAD VERSUS VIOLENCIA Como bien señala Echeburúa (1996) en su trabajo “Personalidades violentas”, no es fácil adentrarse en el estudio de las conductas violentas, debido en parte a que son muchos y diversos los términos utilizados (agresividad, violencia, delincuencia), sin mayores precisiones, para referirse a estas conductas -y que en modo alguno son intercambiables-, por lo que se induce a la confusión. Por ello, como punto de partida en el estudio de las conductas violentas es necesario definir conceptualmente estos términos, muchas veces utilizados como sinónimos. Así, la agresividad representa la capacidad de respuesta del organismo para defenderse de los peligros potenciales procedentes del exterior y que está arraigada profundamente en la estructura psicobiológica del organismo y en la evolución filogenética de la especie. 26
Desde esta perspectiva, la agresividad es una respuesta adaptativa y forma parte de las estrategias de afrontamiento que disponen los seres humanos. Por el contrario, la violencia se caracteriza no por su capacidad adaptativa al medio sino por su carácter destructivo sobre las personas y los objetos, suponiendo una disfunción social. La violencia se apoya en los mecanismos neurobiológicos de la respuesta agresiva, pero mientras que todas las personas se muestran agresivas en algún momento de sus vidas, no todas tienen por qué, afortunadamente, comportarse de forma violenta. Así, la expresión o no de violencia dependerá de múltiples factores biológicos, psicológicos y sociales que estén afectando en un determinado momento a un individuo o grupo en cuestión. Por otro lado, la delincuencia es una trasgresión de los valores sociales vigentes en una comunidad en un momento histórico determinado –representados en el ordenamiento jurídicoy puede venir acompañado o no de conductas violentas (Echeburúa, 1996). Por tanto, la respuesta agresiva del individuo es la base de toda expresión violenta, pero ello no quiere decir que todas las respuestas agresivas sean necesariamente violentas. Cuando hablamos de acto de violencia nos estamos refiriendo al uso de la fuerza que atenta contra la integridad de alguien o algo. Por lo tanto, toda violencia supone una agresión, pero toda agresión NO supone violencia. 6. CONDUCTAS VIOLENTAS ESTUDIADAS Considerando otros estudios sobre delincuencia y/o violencia juvenil (Elzo, 1999; Rechea, 1995), se han seleccionado las conductas violentas más relevantes en la juventud: 6.1. Violencia interpersonal a) Violencia física 1. Peleas a golpes: agresión física interpersonal llevada a cabo mediante el uso del propio cuerpo para golpear el de otra persona. Episodios reiterados o intensos suelen causar un daño psicológico importante. 2. Daños con armas u otros objetos: agresión física interpersonal a través de objetos diseñados para el daño físico o utilizados para dicho fin, y que en general suponen un peligro para la integridad física de la persona agredida. b) Violencia verbal y psicológica - Amenazas graves: agresión verbal y psicológica interpersonal, con intención coercitiva, bajo preaviso de posibles agresiones futuras de gravedad (tales como agresiones físicas sobre la persona amenazada, personas queridas u objetos valiosos). 27
c) Violencia de naturaleza mixta 1. Riñas o desórdenes en lugares públicos: conflicto interpersonal o intergrupal en un lugar público (calle, zonas de marcha, manifestaciones, campos de fútbol...), en el cual suelen estar involucradas más de dos personas, de forma directa o indirecta (por ejemplo, se pelean dos jóvenes en una zona de marcha -participando de forma directa-, lo cual afecta también a las personas próximas a la riña –involucrados de forma indirecta-) y que supone la expresión de agresiones físicas y/o verbales-psicológicas dirigidas contra personas u objetos. 2. Atracos: suponen acometer a una persona por sorpresa para robarle bajo coacción. Es una agresión psicológica cuando menos, y en ocasiones se acompaña de agresión física. 6.2 Violencia contra objetos - Acciones vandálicas: agresión física dirigida contra objetos, como forma indirecta de agresión interpersonal o social, es decir, no se arremete contra la persona o institución sino contra algo valorado por ella o por la sociedad. 28
35 Tabla 4 Muestra estratificada por género y edad GÉNERO/EDAD 15-19 AÑOS 20-24 AÑOS 25-29 AÑOS TOTAL Varones 136 145 133 414 Mujeres 130 141 131 402 TOTAL 266 286 264 816 3.3. Puntos de muestreo Los municipios urbanos seleccionados han sido extraídos mediante un muestreo aleatorio de entre todos los existentes en la Comunidad Autónoma Andaluza, a excepción de aquellos con capital de provincia, que han sido incluidos de forma intencionada. La proporción de uno a dos (1:2) fue considerada como criterio óptimo para la determinación del número exacto de municipios para componer la muestra. La selección consistió, en primer lugar, en la inclusión de todas las capitales de provincias andaluzas y, en segundo, se completó la lista de municipios urbanos mediante el uso de tablas de números aleatorios, de forma correlativa. En caso de que un municipio resultara elegido por segunda vez, se pasaba inmediatamente al posterior, según el orden alfabético. En la tabla 5 se pueden observar los 18 municipios seleccionados de los 37 municipios del Universo y la distribución de la muestra entre dichos municipios, según la proporción de habitantes en cada uno de ellos respecto a la población general objeto de estudio. De esta forma, la muestra quedó distribuida, teniendo en cuenta las siguientes variables: hábitat, edad y género (Tabla 5). La técnica de selección del encuestado fue la de muestreo por cuotas, de forma que en cada uno de los municipios, se seleccionó al sujeto atendiendo a sus características de género y edad del modo que recoge la tabla 5. Se controló también que en cada municipio estuvieran representados los diferentes niveles socio-culturales y socio-económicos, tras previo informe de fuentes municipales. Finalmente, señalar que los lugares elegidos para realizar las encuestas han sido los frecuentados habitualmente por la población estudiada. En la tabla 4, puede observarse como queda distribuida la muestra seleccionada según el género y los grupos de edad. * Desviación típica obtenida en Andreu, R. (1993)
36 4. JUSTIFICACIÓN DEL MÉTODO AUTOINFORME La conducta violenta se mide por el método de autoinforme a partir de preguntas directas a los jóvenes sobre su propio comportamiento manifestado. La utilidad y veracidad de este método ha sido comprobada empíricamente y avalada por la comunidad científica (Elliot, Ageton, Huizinga, Knowles y Cannter. 1983; Hirschi, Hindelang y Weis, 1980). Existen algunos trabajos que han contribuido en el estudio de la violencia juvenil en diferentes países a través de medidas autoinforme. La fiabilidad de este procedimiento está sujeta, en cualquier caso, a evidentes sesgos, tales como los producidos por la deseabilidad social, que genera un menor porcentaje de declaración de comportamientos antinormativos, y la variabilidad en la metodología de definición y recogida de datos (Rutter et al. 1998). Sin embargo, a pesar de estar abiertos a diversos márgenes de error como variaciones en la memoria y la sinceridad, los métodos basados en autoinformes son generalmente fiables y válidos. No obstante, para dar mayor validez a los datos, el cuestionario elaborado para el presente estudio ha incluido una versión de la escala de Marlowe y Crowne (1960) reducida Tabla 5. Distribución de la muestra según edad, género y municipio seleccionado GRUPO DE EDAD 15 Y 19 AÑOS 20 Y 24 AÑOS 25 Y 29 AÑOS TOTAL MUNICIPIOS/GENERO HOMBRE MUJER HOMBRE MUJER MUJER HOMBRE Algeciras 5 5 5 4 5 5 29 Almería 7 8 8 7 9 7 46 Andújar 2 2 2 1 1 2 10 Cádiz 7 7 7 7 7 7 42 Córdoba 14 14 15 13 15 15 86 Écija 2 2 2 1 2 1 10 Granada 11 11 12 11 12 11 68 Huelva 7 7 8 7 6 6 41 Jaén 5 4 5 5 5 5 29 La Línea 1 3 3 3 3 4 17 Málaga 24 23 25 25 26 25 148 Marbella 5 4 4 5 4 4 26 Motril 3 3 3 1 2 2 14 Puerto de Sta. Mª 4 4 4 3 4 3 22 Roquetas 2 2 2 2 2 2 12 Sevilla 33 29 37 33 36 31 199 Torremolinos 2 1 1 2 1 2 9 Úbeda 2 1 2 1 1 1 8 TOTAL 136 130 145 131 141 133 816
DESEABILIDAD N % n Prevalencia anual de SOCIAL General General con violencia casos con violencia Muy Baja 22 2,7 10 45% Baja 103 12,9 23 22% Media 510 63,7 94 18% Alta 152 19 13 9% Muy Alta 14 1,7 1 7% 37 por Reynolds (1982) y adaptada al castellano por Pere J. y Eliseo Chico (2000) que evalúa el grado en que el sujeto responde distorsionadamente a los ítems reactivos de acuerdo con las respuestas socialmente más aceptadas o más deseables, es decir, la tendencia del sujeto a “disimular” o “quedar bien”. Siguiendo este procedimiento podemos saber cuál es el sesgo que introduce esta variable en los datos recogidos. En este sentido, hemos observado que en general la deseabilidad social de la población juvenil andaluza es media (63,7%), resultando mayor tanto a medida que aumenta la edad de los jóvenes como entre las mujeres. Sin embargo, esta deseabilidad no parece distorsionar significativamente los datos ofrecidos sobre la prevalencia anual de violencia recogida por el presente estudio, ya que las cifras encontradas en los niveles medios de deseabilidad social, en los que se concentra la mayor parte de la población, son prácticamente idénticas a las halladas en el total de la población.En la tabla 6 podemos advertir cómo la prevalencia anual de jóvenes implicados en al menos un episodio violento ofrecida por la totalidad de la muestra (17,6%) es muy similar a la arrojada por el sector de la población con un nivel medio de deseabilidad social (18%). En negrita están los porcentajes significativamente superiores o inferiores (p>0,5) al aparecido en el nivel “medio“ de deseabilidad social. Tabla 6. Prevalencia anual de jóvenes con menos de un episodio violento según deseabilidad social Igualmente, en otros análisis realizados en función del género y la edad, así como en relación con el historial delictivo, consumo de drogas o violencia recibida, se encuentra un sesgo de tan sólo un 1-2% respecto a los datos ofrecidos por el conjunto de la muestra. Por lo tanto, el poder de distorsión de la deseabilidad social de los jóvenes encuestados no es tan fuerte como para variar significativamente las cifras proporcionadas por la totalidad de la muestra. Estas circunstancias nos permite afirmar que los datos del presente estudio parecen libres de sesgos significativos producidos por la deseabilidad social.
39 CAPÍTULO 3 CARACTERÍSTICAS GENERALES DE LA MUESTRA
CARACTERÍSTICAS GENERALES DE LA MUESTRA En este capítulo se describen las características generales de los jóvenes de la muestra, tales como el nivel educativo, ocupación, nivel de ingresos mensuales familiares y grado de independencia económica y de vivienda respecto de la familia. Asimismo, describimos el nivel de riesgo percibido de las zonas de residencia para la socialización adecuada de los jóvenes ubicados en ellas, dicho nivel de riesgo ha sido calificado por un grupo de expertos y conocedores de las distintas poblaciones donde hemos realizado el estudio. 1. NIVEL EDUCATIVO A este respecto, el 33,5% de los jóvenes se encuentra situado en un nivel educativo bajo (sin titulación o con sólo EGB/ESO), un 41,1% ha completado el BUP, Bachillerato/COU o Ciclos Formativos de Grado Medio, y un 25,3% ha cursado estudios superiores (C. F. de Grado Superior, Est. Universitarios o Postgrado) -tabla 7-. Tabla 7. Nivel de estudios de la juventud urbana andaluza NIVEL DE ESTUDIOS FRECUENCIA PORCENTAJE Nivel bajo 269 33,5% Nivel medio 330 41,1% Nivel alto 203 25,3% TOTAL 802 100% 2. CARACTERÍSTICAS SOCIOECONÓMICAS Otro aspecto interesante es la realidad económica de los jóvenes encuestados. En este sentido, parece relevante saber con quién/es convive la juventud, cuál es su grado de emancipación y de qué ingresos económicos disponen las familias. 2.1. ¿Con quien/es convive la juventud? La mayoría de los encuestados (84,4%) informa estar viviendo actualmente con su familia paterna u otros familiares frente a una minoría que dice hacerlo solo o con otras per41 CAPÍTULO 3
42 sonas (15,6%), de los cuales un 6% dice estar conviviendo con su pareja, cónyuge o propia familia, un 4,8% solo y un 3,9% con algún amigo o grupo de amigos (Tabla 8). No obstante, como es lógico, a medida que los sujetos son mayores las salidas del hogar familiar aumentan, apreciándose diferencias significativas en el grupo de mayor edad, entre los 25 y 29 años, donde el 29,3% vive ya fuera del seno familiar frente al 11,6% de los pertenecientes al grupo de 20 a 24 años o el 6,4% de los de edades comprendidas entre los 15 y 19 años. Tabla 8. Persona/s con quien/es convive la juventud INDEPENDENCIA FAMILIAR FRECUENCIA PORCENTAJE Solo 39 4,8% Con la familia 677 83,2% Pareja o propia familia 49 6% Con un amigo o grupo de amigos 32 3,9% Otros familiares 10 1,2% Otros 7 0,9% TOTAL 814 100% 2.2. ¿De qué vive la juventud? La mayoría de la juventud, un 61,4%, afirma vivir fundamentalmente de los ingresos que recibe de la familia, a pesar de que más de la mitad declara poseer ingresos propios. Por otra parte, un 20,5% de los jóvenes dice vivir principalmente de sus propios ingresos, pero con algunas entradas adicionales procedentes de la familia, mientras que un 18,1% dice estar viviendo exclusivamente de sus propios ingresos y/o los de la pareja (Gráfico 1).
Gráfico 1. De qué ingresos económicos vive la juventud urbana andaluza Por lo tanto, aunque la mayoría de la juventud urbana andaluza es capaz de generar ingresos propios (69,6%), sólo una minoría disfruta de independencia económica total respecto a la familia, únicamente un 18,1% de la juventud encuestada afirma no percibir ingreso alguno de esta (Gráfico 1). 2.3. ¿De qué ingresos económicos mensuales disponen las familias? La mayoría de la juventud urbana andaluza pertenece a familias de nivel socio-económico medio (60,2%), las cuales perciben unos ingresos mensuales en torno a los 902 y 2.404 €(150.000 y 400.000 ptas). Por debajo de estas cifras, nos encontramos a un 22,9% de las familias y, por encima, a un 16,9% de familias (Tabla 9). Tabla 9. Niveles de ingresos económicos familiares de la juventud urbana andaluza INGRESOS FAMILIARES FRECUENCIA PORCENTAJE Menos de 451 €/mes (75.000 ptas/mes) 31 3,9% Entre 451-902 €/mes (75.000-150.000 ptas/mes) 150 19% Entre 902-1503 €/mes (150.000-250.000 ptas/mes) 261 33,1% Entre 1503-2404 €/mes (250.000-400.000 ptas/mes) 214 27,1% Entre 2404-3606 €/mes (400.000-600.000 ptas/mes) 81 10,3% Más de 3606 €/mes (600.000 ptas/mes) 52 6,6% TOTAL 789 100% 43 Propios (12,3%) Propios y/o de la pareja (5,8%) Propios con ayuda familiar (20,5%) De la familia pero con algunos propios (31,0%) Exclusivos de la familia (30,4%)
3. CARACTERÍSTICAS OCUPACIONALES Una de las variables sociodemográficas más relevantes en la descripción de la población objeto de estudio es la ocupación. Para analizar la situación actual de los encuestados, los hemos seleccionados en función de su condición como estudiante, trabajador o desempleado, sin exclusión entre dichas categorías, es decir, se ha considerado estudiante a todo aquel que afirmara estar estudiando en el momento de cumplimentar el cuestionario, independientemente de si compaginaba sus estudios con el trabajo, o buscaba empleo a la vez, y lo mismo cuando se declaraba trabajador o desempleado (Tabla 10). Tabla 10. Muestra según la ocupación OCUPACIÓN FRECUENCIA PORCENTAJE Estudiantes Totales 510 62,5% Trabajadores Totales 345 42,3% Desempleados Totales 181 22,2% 3.1. Evolución de la ocupación en función de la edad Aunque, en líneas generales, podemos decir que la mayoría de la juventud urbana andaluza se encuentra actualmente estudiando (62,5%), existe una cuarta parte aproximadamente que se dedica exclusivamente a trabajar (27,5%) y una décima parte que se encuentra desempleada (Tabla 11). Tabla 11. Ocupación de la juventud urbana andaluza OCUPACIÓN FRECUENCIA PORCENTAJE Estudia exclusivamente 290 35,5% Estudia y busca empleo 99 12,2% Estudia y trabaja 121 14,8% Trabajador 224 27,5% Desempleado 82 10% Al analizar la ocupación en función de los intervalos de edad (Gráfico 2), se advierte que lo característico de los adolescentes, de 15 a 19 años, es estudiar. Un 82,7% afirmó encon44
45 trarse estudiando en el momento de cumplimentar la encuesta. Por su parte, aunque la mayoría de los jóvenes de edades comprendidas entre los 20 y 24 años continua siendo estudiante (68,2%), crecen significativamente las cifras, respecto al grupo de menor edad, de trabajadores y estudiantes que compaginan sus estudios con el trabajo o buscan un empleo. Finalmente, los jóvenes de 25 a 29 años son mayoritariamente trabajadores (66,3%), disminuyendo el porcentaje de los que estudian exclusivamente (36%) y aumentando el de desempleados (23,9%). 4. ZONAS DE RESIDENCIA El lugar donde se vive, supone uno de los contextos socializadores más importantes del individuo, sobre todo a edades tempranas donde la influencia de los iguales es muy fuerte. Zonas con niveles socioeconómicos y culturales bajos, así como la presencia de violencia, delincuencia o abuso de drogas entre los jóvenes residentes puede afectar negativamente en el desarrollo social de los mismos. Algo más de la mitad de la población juvenil reside en zonas de bajo riesgo, según la valoración que hacen los expertos-investigadores al estimar los niveles de riesgo que presentan las distintas zonas de la ciudad donde viven los jóvenes de la muestra, mientras que aproximadamente una cuarta parte vive en zonas de alto riesgo (Tabla 12). 0% 10% 20% 30% 40% 50% 60% 70% 15-19 AÑOS 20-24 AÑOS 25-29 AÑOS Estudia exclusivamente Estudia y busca empleo Estudia y trabaja Trabajador/a Desempleado/a Gráfico 2. Evolución de la ocupación de la juventud urbana andaluza según los grupos de edad
46 Tabla 12. Nivel de riesgo percibido en las zonas de residencia de los jóvenes NIVEL DE RIESGO DE LA ZONA DE RESIDENCIA N % Bajo 404 53,4 Medio 168 22,2 Alto 185 24,4 TOTAL 757 100,0 Como se observa en la tabla 13. Los porcentajes de ingresos familiares son significativamente menores a medida que aumenta el nivel de riesgo de la zona. Tabla 13. Nivel de ingresos familiares en función del riesgo percibido en la zona de residencia NIVEL DE RIESGO Menos de 451€Entre Entre Entre Entre Más de DE LA ZONA al mes 451-902 €902-1503 €1503-2404 €2404 –3606 €3606 €al mes DE RESIDENCIA al mes al mes al mes al mes Bajo 3,6% 14,1% 27,5% 31,4% 14,9% 8,5% Medio 2,4% 21,8% 32,7% 32,1% 6,1% 4,8% Alto 6,1% 27,8% 41,1% 16,7% 3,9% 4,4% TOTAL 4,0% 19,2% 32,0% 27,9% 10,2% 6,7% Asimismo, el nivel de estudios alcanzado por los jóvenes resulta significativamente menor entre quienes viven en zonas de alto riesgo, apreciándose niveles educativos más altos a medida que disminuye el riesgo de la zona de residencia (Tabla 14).
Gráfico 4. Prevalencia de las conductas violentas a lo largo de la vida según género Lo mismo ocurre cuando analizamos las cifras de reincidentes, de forma que mientras un 17,4% de los varones encuestados afirma haber emitido alguna de las conductas violentas varias veces en su vida, sólo un 4% de las mujeres manifiesta haberlo hecho en varias ocasiones (Tabla 21). Tabla 21. Porcentaje de iniciados y reincidentes en episodios violentos según género PREVALENCIA DE VIOLENCIA A LO LARGO DE LA VIDA HOMBRES MUJERES Sin historial violento en la vida 33,3% 69% Iniciados en comportamientos con violencia 49,4% 27% Reincidentes en comportamientos con violencia 17,4% 4% TOTAL 100% 100% En este sentido, las prevalencias de reincidentes en peleas, riñas, actos vandálicos o amenazas se aproximan al 10% entre los hombres, mientras que entre las mujeres son inferiores al 2% (Tabla 22). 54 0% 10% 20% 30% 40% 50% 60% Hombres Mujeres Peleas a golpes Riñas/ desórdenes públicos Vandalismo Amenazas graves Atracos Daños armas/objetos
Tabla 22. Frecuencia en la manifestación de las conductas violentas según el género CONDUCTAS VIOLENTAS ALGUNA VEZ VARIAS VECES HOMBRES MUJERES HOMBRES MUJERES Peleas a golpes 44,5% 18,9% 9,8% 1,7% Riñas/desórdenes públicos 29,7% 10,0% 7,7% 1,7% Vandalismo 20,2% 6,0% 7,5% 1,7% Amenazas graves 11,9% 4,2% 4,9% 0,7% Atracos 6,3% 1,2% 2,4% 0,0% Daños con armas/objetos 8,1% 0,3% 0,5% 0,7% Por otra parte, nos preguntamos si es cierta la afirmación de que la violencia protagonizada actualmente por los adolescentes (población entre 15 y 19 años) resulta significativamente superior de la manifestada por las generaciones de adolescentes precedentes. Para responder a esta pregunta hemos analizado el historial violento de los encuestados en función de los tres intervalos de edad considerados (15-19, 20-24 y 25-29). En el hipotético caso de que los adolescentes actuales (grupo de 15 a 19 años) presenten un historial violento significativamente superior al mostrado por el resto de los grupos, a pesar de la menor edad de los primeros, podremos inferir que la violencia llevada a cabo por los adolescentes está creciendo en la actualidad. En este sentido, los datos apuntan hacia un aumento de los actos vandálicos, daños con armas y atracos manifestados por los jóvenes de 15 a 19 años, ya que el porcentaje de jóvenes, a estas edades, que declaran haber emitido estas conductas a lo largo de sus vidas, resulta significativamente superior al de edades comprendidas entre los 25 y 29 años. Por otro lado, aunque las prevalencias del resto de las conductas no se diferencian significativamente en función de la edad, se observan cifras más altas en el grupo de la adolescencia, lo cual indica un incremento general de la violencia juvenil actual (Tabla 23).. Tabla 23. Prevalencia de las conductas violentas según grupos de edad CONDUCTAS VIOLENTAS 15-19 AÑOS 20-24 AÑOS 25-29 AÑOS Peleas a golpes 41,4% 37,4% 34,0% Riñas/desórdenes públicos 25,9% 26,2% 22,1% Vandalismo 23,4% 16,2% 14,1% Amenazas graves 13,9% 10,1% 8,8% Atracos 6,7% 5,2% 3,0% Daños con armas/objetos 7,6% 3,9% 2,7% 55
Asimismo, el porcentaje de adolescentes (15-19 años) reincidentes en cada una de las conductas violentas resulta significativamente superior al presentado por el grupo de mayor edad. Estos datos sugieren que el actual aumento de la violencia juvenil se debe más a una reincidencia en la violencia por parte de ciertos jóvenes que a una mayor abundancia de jóvenes implicados en episodios violentos (Tabla 24). Tabla 24. Frecuencia en la manifestación de las conductas violentas por grupos de edad ENTRE ENTRE ENTRE CONDUCTAS 15-19 AÑOS 20-24 AÑOS 25-29 AÑOS VIOLENTAS ALGUNA VARIAS ALGUNA VARIAS ALGUNA VARIAS VEZ VECES VEZ VECES VEZ VECES Peleas a golpes 32,7% 8,7% 31,8% 5,6% 30,9% 3,1% Riñas/desórdenes públicos 17,3% 8,6% 22,7% 3,5% 19,8% 2,3% Vandalismo 14,7% 8,7% 12,3% 3,9% 12,6% 1,5% Amenazas graves 9,0% 4,9 8,4% 1,7% 6,9% 1,9% Atracos 5,6% 1,1% 3,5% 1,7% 2,3% 0,7% Daños armas/objetos 5,7% 1,9% 3,9% 0,0% 2,7% 0,0% No obstante, hay que tener cuidado con las conclusiones precipitadas, ya que estos datos probablemente estén influidos también por otras variables que los distorsionan, como el efecto de la pérdida de memoria histórica, que puede haber borrado u ocultado algunos episodios violentos que se hacen menos significativos a medida que pasa el tiempo, o el efecto de la deseabilidad social que tiene que ver con la tendencia de las personas a responder a las cuestiones de forma más deseable, lo cual se hace más patente a mayor edad. En resumen, los comportamientos violentos aunque no son característicos de la juventud, son frecuentes en esta etapa, de manera que prácticamente la mitad de los jóvenes se han comportado de forma violenta alguna vez en sus vidas. Sin embargo el historial violento de los encuestados varía en función de la conducta violenta, el género y la edad. De estos análisis iniciales se desprenden las siguientes conclusiones: Primera: No todas las conductas violentas se manifiestan por igual. Mientras un considerable porcentaje de jóvenes declara haber participado en peleas a golpes (37,6%), riñas o desórdenes públicos (28,8%), actos vandálicos (17,9%) o amenazas graves (10,9%) a lo largo de sus vidas, son minoritarios los daños con armas u objetos (4,8%) y los atracos (5%). 56
Segunda: La mayoría de los jóvenes que han manifestado alguna conducta violenta lo ha hecho sólo de forma ocasional, de manera que es minoritario el porcentaje de jóvenes con historial violento reincidente (10,7%). Tercera: La violencia adolescente actual (entre 15 y 19 años) es significativamente superior a la realizada por generaciones juveniles precedentes, sobre todo respecto a la manifestación de actos vandálicos, daños con armas y atracos. Cuarta: El historial violento en la población juvenil masculina es muy superior a la femenina. Mientras la mayoría de los hombres ha sido protagonista de algún episodio violento, sólo lo fue una minoría de las mujeres. Quinta: La violencia juvenil actual parece diferenciarse de la pasada, sobre todo en el aumento de adolescentes con historial violento reincidente, a diferencia del historial más iniciático o esporádico de otras generaciones. 2. EDAD DE INICIO DE LAS CONDUCTAS VIOLENTAS Analizar los momentos del ciclo vital en los cuales los jóvenes comienzan a manifestar las primeras conductas violentas, puede ser de gran utilidad para futuros programas de intervención que tengan como propósito la prevención de dichos comportamientos. En este sentido, el período comprendido entre los 10 y 14 años es el más importante en el inicio de las primeras manifestaciones violentas; de manera que antes de los 15 años, la mayoría de los sujetos con historial violento ya había sido protagonista de algún episodio violento (63,2%). No obstante, posteriormente, entre los 15 y 19 años, también comienza el historial violento de muchos jóvenes (30%). Finalmente, una minoría se inicia después de los 20 años (7%) –Gráfico 5-. Gráfico 5. Edad de inicio de las conductas violentas 57 Antes de los 10 años (18,4% Entre los 10 y 14 años (44,8% Entre los 15 y 19 años (29,9%) Entre los 20 y 24 años (5,9%) Entre los 25 y 29 años (1,0%)
Es decir, en muchas ocasiones, la violencia surge de los primeros contactos interpersonales a edades infantiles, así lo declara un importante porcentaje de los encuestados, los cuales afirman haber manifestado peleas a golpes (19,8%), daños con armas u objetos (13,5%) o actos vandálicos (10,2%) antes de cumplir los 10 años. Sin embargo, estas conductas no llegan a ser manifestadas por la mayoría de la población hasta el periodo comprendido entre los 10-14 años, caso de las peleas (66,9%) daños con arma/objeto (59,4%) y actos vandálicos (56,9%). En cambio, las riñas, amenazas graves y atracos no suelen ser manifestadas hasta después de los 15 años (Tabla 25). Tabla 25. Evolución del historial violento de la población juvenil (porcentajes acumulados) MENOS 10 AÑOS ENTRE 10-14 AÑOS ENTRE 15-19 AÑOS 1. Pelea a golpes (19,8%) 1. Pelea a golpes (66,9%) 1. Atraco (100,0%) 2. Daño con arma (13,5%) 2. Daño con arma (59,5%) 2. Vandalismo (97,1%) 3.Vandalismo (10,2%) 3. Vandalismo (56,9%) 3. Daño con arma (94,6%) 4. Amenaza grave (7,1%) 4. Atraco (45,0%) 4. Pelea a golpes (93,9%) 5. Riña o desorden (6,1%) 5. Amenaza grave (42,4%) 5. Amenaza grave (91,8%) 6. Atraco (5,0%) 6. Riña o desorden (40,6%) 6. Riña o desorden (89,3%) En la tabla 26 puede observarse la edad media de inicio de cada una de las conductas violentas y la desviación típica obtenida en cada una de ellas. Tabla 26. Edad del inicio en la manifestación de conductas violentas CONDUCTAS VIOLENTAS MEDIAS DESV. TÍPICA Peleas a golpes 12,71 4,17 Daños con armas/objetos 13,64 3,69 Vandalismo 13,65 3,47 Amenazas graves 14,81 4,00 Atracos 14,58 2,34 Riñas/desórdenes 15,04 3,81 En este sentido, la edad media de inicio del comportamiento violento es muy similar en ambos géneros, sin embargo, es de destacar que las mujeres con historial violento se iniciaran antes en las peleas a golpes, daños con armas, amenazas o atracos que los hombres, es decir, que las chicas que han manifestado alguna de estas conductas violentas a lo largo de sus vidas, por lo general empezaran antes que los hombres, resultando significativa esta diferencia de edad en los atracos (Tabla 27). 58
59 Tabla 27. Edad de inicio en la manifestación de conductas violentas, según género CONDUCTAS VIOLENTAS HOMBRES MUJERES Peleas a golpes 12,9 12 Daños con armas/objetos 13,8 12 Vandalismo 13,6 13,6 Amenazas graves 14,9 14,4 Atracos 14,9 12 Riñas/desórdenes 14,8 15,9 En resumen, las primeras manifestaciones violentas suelen comenzar antes de los 15 años, por ello, para prevenir el inicio de estas conductas es necesario diseñar programas de prevención dirigidos a preadolescentes (10-14 años). 3. PREVALENCIA DEL COMPORTAMIENTO VIOLENTO EN EL ÚLTIMO AÑO Aunque son muchos los jóvenes que se han comportado de forma violenta en algún momento de sus vidas, hay que señalar que del total de la muestra encuestada, “sólo” el 17,6% declaró haber protagonizado algún episodio violento durante el último año, es decir, a pesar de la importancia de este fenómeno no podemos pasar por alto que la violencia juvenil desarrollada durante el último año en las ciudades andaluzas fue manifestada por una minoría de los jóvenes frente a una mayoría que no manifestó ninguna conducta violenta en este tiempo (82,4%) -Tabla 28-. Tabla 28. Porcentaje de la población general con al menos un episodio violento en el último año PREVALENCIA ANUAL DE VIOLENCIA FRECUENCIA PORCENTAJE Sin episodio violento en el último año 672 82,4% Con al menos un episodio violento en el último año 144 17,6% TOTAL 816 100% De hecho, las prevalencias de las conductas violentas no superan el 10% de la población durante el último año -Tabla 29-.
Tabla 29. Prevalencia de las conductas violentas durante el último año CONDUCTAS VIOLENTAS FRECUENCIA PORCENTAJE Peleas a golpes 71 8,7% Riñas o desórdenes públicos 68 8,3% Vandalismo 57 7% Amenazas graves 32 3,9% Atracos 12 1,5% Daños con arma/objeto 12 1,5% 3.1. Prevalencia anual del comportamiento violento en función del género y edad En este sentido, los hombres al menos duplican las cifras de prevalencia anual de las conductas violentas presentadas por las mujeres (Tabla 30). Tabla 30. Prevalencia de las conductas violentas durante el último año según el género CONDUCTAS VIOLENTAS HOMBRES MUJERES Peleas a golpes 13,0% 4,2% Riñas o desórdenes públicos 12,6% 4,0% Vandalismo 10,1% 3,7% Amenazas graves 6,3% 1,5% Atracos 2,7% 0,2% Daños con arma/objeto 2,4% 0,5% Pero si el género parece condicionar las cifras, aún más lo hace la edad. En este sentido, al analizar los datos que presentan los tres grupos de edad (15-19, 20-24 y 25-29 años), se encuentra que los adolescentes, de 15 a 19 años, son significativamente más violentos que los de mayor edad, al mismo tiempo que se aprecia cómo disminuye la violencia a medida que aumenta la edad (Tabla 31). 60
Tabla 31. Prevalencia de las conductas violentas durante el último año por edad CONDUCTAS VIOLENTAS 15-19 AÑOS 20-24 AÑOS 25-29 AÑOS Peleas a golpes 16,9% 6,3% 3,0% Riñas o desórdenes 13,2% 8,0% 3,8% Vandalismo 13,9% 5,2% 1,9% Amenazas graves 7,5% 2,4% 1,9% Atracos 2,6% 1,0% 0,8% Daños con armas/objetos 3,8% 0,3% 0,4% Otro aspecto interesante para el análisis, es la identificación de las conductas características en cada intervalo de edad (Tabla 32). Tabla 32. Conductas violentas con mayor prevalencia anual según edad 15-19 AÑOS 20-24 AÑOS 25-29 AÑOS 1. Peleas a golpes (16,9%) 1. Riñas o desórdenes (8,0%) 1. Riñas o desórdenes (3,8%) 2. Vandalismo (13,9%) 2. Peleas a golpes (6,3%) 2. Peleas a golpes (3,0%) 3. Riñas o desórdenes (13,2%) 3. Vandalismo (5,2%) 3. Amenazas graves (1,9%) 4. Amenazas graves (7,5%) 4. Amenazas graves (2,4%) 4. Vandalismo (1,9%) 5. Daños con arma (3,8%) 5. Atraco (1,0%) 5. Atraco (0,8%) 6. Atraco (2,6%) 6. Daños con arma (0,3%) 6. Daños con arma (0,4%) De esta forma, resulta curioso apreciar cómo las peleas a golpes pierden protagonismo frente a las riñas o desórdenes públicos a partir de los 20 años, siendo esta última conducta la segunda con mayor presencia a esta edad, es decir, se pasa de un enfrentamiento interpersonal de carácter principalmente individual y naturaleza física a enfrentamientos interpersonales o intergrupales con un carácter más social y naturaleza mixta, donde la violencia verbal y psicológica no siempre se acompaña de violencia física. Un caso parecido, ocurre con la conducta de vandalismo que tiene mayor presencia entre los adolescentes, de 15 a 19 años, pero que pierde progresivamente relevancia conforme los jóvenes se hacen mayores en favor de otras conductas como las riñas o las amenazas graves. Por último, aunque con muy escasa presencia, hay que resaltar la diferencia existente entre el porcentaje de daños con armas u otros objetos perpetrados por adolescentes 61
(entre 15 y 19 años) durante el último año (3,8%), respecto al manifestado por los jóvenes de mayor edad, con una prevalencia mucho más baja, por debajo del 0,5%. 3.2. Prevalencia anual del comportamiento violento en cada estrato de la población (conforme al género y edad) Un análisis que haga confluir el género y la edad de forma combinada, proporciona una visión aún más clara de la relación que guardan estas variables con la violencia juvenil. Bajo esta perspectiva destacan los porcentajes de la población masculina adolescente, de 15 a 19 años, que ha manifiestado conductas violentas en el último año. Así, los porcentajes de éstos al menos triplican en cada una de las conductas los mostrados por la población general. En este sentido, es notoria la reducción tan pronunciada que sufren los daños con armas u objetos, que pasan de ser manifestados por un 5,9% de los adolescentes varones, entre 15 y 19 años, a tan sólo un 0,75% aproximadamente a partir de los 20 años (Tabla 33). Tabla 33. Prevalencia anual de las conductas violentas en los hombres por edad CONDUCTAS VIOLENTAS 15-19 AÑOS 20-24 AÑOS 25-29 AÑOS Peleas a golpes 23,5% 10,3% 5,3% Riñas o desórdenes 19,1% 11,7% 6,8% Vandalismo 18,4% 9,0% 3,0% Amenazas graves 11,8% 3,4% 3,8% Atracos 4,4% 2,1% 1,5% Daños con armas/objetos 5,9% 0,7% 0,8% No obstante, la existencia de altos porcentajes de varones adolescentes -de 15 a 19 añosimplicados en episodios violentos durante el último año, no puede justificar, en ningún caso, la criminalización de este sector juvenil, ya que la mayoría de éste no ha manifestado ninguna conducta violenta durante este período. Por otra parte, las chicas adolescentes (15-19 años), del mismo modo que los chicos, son las más violentas entre la población femenina, con prevalencias anuales de casos con violencia significativamente superiores a las manifestadas por la población general, en conductas tales como las peleas a golpes o los actos vandálicos. Sin embargo, a partir de los 20 años, las prevalencias sufren un descenso considerable, llegando a casi desaparecer a partir de los 25 años, con cifras por debajo del 1% en todas las conductas (Tabla 34). 62
Tabla 34. Prevalencia anual de las conductas violentas en las mujeres por edad CONDUCTAS VIOLENTAS 15-19 AÑOS 20-24 AÑOS 25-29 AÑOS Peleas a golpes 10,0% 2,1% 0,8% Riñas o desórdenes 6,9% 4,3% 0,8% Vandalismo 9,2% 1,4% 0,8% Amenazas graves 3,1% 1,4% 0,0% Atracos 0,8% 0,0% 0,0% Daños con armas/objetos 1,5% 0,0% 0,0% 4. INCIDENCIA DE LAS CONDUCTAS VIOLENTAS EN EL ÚLTIMO AÑO Se define como incidencia al número de veces que el encuestado admite haber realizado una conducta determinada. Este índice es útil porque permite comprobar si una conducta se realiza reiterada u ocasionalmente, y detecta la existencia de jóvenes altamente productivos respecto al tipo de conductas estudiadas. La pregunta referida a la incidencia de la conducta se hizo exclusivamente para aquellos que admitieron haberla realizado en el “último año” (17,6%, n=144). En este sentido, la mayoría de los jóvenes con historial violento durante este periodo ha reincidido en su comportamiento violento (78,5%) frente una minoría que lo manifestó de forma ocasional -Tabla 35-. Tabla 35. Incidencia violenta durante el último año INCIDENCIA ANUAL DEL COMPORTAMIENTO VIOLENTO FRECUENCIA PORCENTAJE Con sólo un episodio violento durante el último año 31 (3,8%) 21,5% Con más de un episodio violento en el último año 113 (13,8%) 78,5% TOTAL 144 (17,6%) 100% Entre paréntesis están los porcentajes relativos de la prevalencia en la población general En este sentido, destaca la reincidencia del vandalismo entre aquellos con historial violento durante el último año, resultando como tendencia general la emisión de más de tres conductas vandálicas durante este tiempo. En cambio, la reincidencia en el resto de las 63
cen las motivaciones de tipo instrumental (28,9%), es decir, las que persiguen conseguir algo a través de la violencia, destacando en este sentido, la venganza en el 15,5% de los actos (Tabla 44). Tabla 44. Motivación de las acciones vandálicas MOTIVO O FINALIDAD FRECUENCIA PORCENTAJE Por diversión 25 55,5% Por venganza 7 15,5% Para descargar las energías 5 11,1% Por rebeldía a una autoridad o norma social 3 6,6% Por actitudes racistas, xenófobas... 2 4,4% Para reivindicar 2 4,4% Para llamar la atención 1 2,2% TOTAL 45 100% En resumen, existe una relación entre los tipos de conductas violentas que se manifiestan y las motivaciones que las preceden; de tal forma que, dependiendo de cuál sea la motivación, será más o menos probable que se manifieste cierto tipo de conducta. En este sentido, hemos encontrado que las conductas de naturaleza fundamentalmente física como las peleas a golpes, los daños con arma o las riñas son más probables cuando el objetivo es la defensa propia, la de otras personas o alguna propiedad. Por otro lado, las conductas de naturaleza principalmente verbal y psicológica tales como las amenazas graves o los atracos responden más a un uso instrumental de la violencia, es decir, para la consecución de algún fin, que en el caso de los atracos es, generalmente, obtener dinero. Por último, las acciones contra la propiedad pública o privada parecen manifestarse, principalmente, de forma “gratuita”, sin razón defensiva ni estratégica en la mayoría de los casos. No obstante, muchas veces, ante motivaciones iguales se manifiestan comportamientos distintos. Así, aunque la violencia “gratuita” es propia, sobre todo, de los actos vandálicos, se han registrado también: peleas a golpes, daños con armas, riñas y amenazas graves bajo este tipo de motivación. 7. CONTEXTOS DE LA CONDUCTA VIOLENTA En este apartado analizamos en qué contextos sociales se manifestaron las últimas conductas violentas descritas por los jóvenes urbanos andaluces. 70
71 7.1. Peleas a golpes Los lugares donde ocurren las peleas a golpes protagonizadas por jóvenes son muy diversos, aunque destacan sobre los demás, los barrios de las ciudades (41,7%), en especial aquellos donde viven los agresores (25%). En segundo lugar, aparecen otros contextos significativos como las zonas de marcha (26,7%) y los centros de estudio (20%). Finalmente, con un 10% de los casos, se advierte el propio hogar como testigo de peleas a golpes entre jóvenes y otros miembros de la familia (Gráfico 7). Gráfico 7. Lugares donde sucedieron las peleas a golpes 7.2. Riñas o desórdenes públicos La conducta de riña o desorden público, por definición ocurre en lugares públicos y suele involucrar a más de dos personas, por ello, parece lógico pensar que los lugares donde se aglomeran muchas personas sean zonas de mayor riesgo. Los datos así lo indican (Gráfico 8), un 36,8% de las riñas registradas por los jóvenes encuestados ocurrieron en zonas de marcha o salida nocturna, donde suelen acumularse muchos jóvenes de todo tipo. Otros lugares comunes a las riñas son la calle (28%), los campos de fútbol (10,3%), donde son frecuentes las riñas y peleas entre hinchas, y las manifestaciones, en los que a veces se dan algunos enfrentamientos entre la policía y los manifestantes o entre grupos de distinta ideología o interés (7,3%). Barrios (41,7%) Zonas de marcha (26,7%) Centro de estudios o de trabajo (21,7%) Hogar familiar (10,0%)
Gráfico 8. Lugares donde sucedieron las riñas o desórdenes públicos 7.3. Amenazas graves En laexpresión de esta conducta destacan: los barrios (42,9%) y las zonas de marcha (35,7%), aunque también suelen aparecer en otros contextos como los centros de estudio o el hogar familiar (Gráfico 9). Gráfico 9. Lugares donde se realizaron las amenazas graves 7.4. Daños con armas u otros objetos De tan sólo nueve casos, seis fueron llevados a cabo en los barrios donde vivían los agresores (66,7%), mientras que dos se cometieron en alguna zona de marcha (22,2%%) –Gráfico 10-. 72 Simplemente en la calle (30,2%) Campos de fútbol (11,1%) Manifestaciones (7,4%) Conciertos de música (4,8%) Centros de trabajo (4,8%) Centros de estudios (1,6%) Zonas de marcha (39,7%) Zonas de marcha (35,7%) Barrios (42,9%) Centros de estudios (14,3%) Hogar familiar (7,1%)
Gráfico 10. Lugares donde se cometieron los daños con armas u otros objetos 7.5. Atracos De la misma forma que en el apartado anterior, los datos que se describen a continuación deben ser relativizados ya que tan sólo se disponen de 12 atracos informados, de los cuales el 66,7% se cometieron en los barrios donde vivía el agresor, mientras que, en un segundo plano, aparecen otros contextos como otros barrios de la ciudad (25%) y las zonas de marcha (8,3%) – Gráfico 11-. Gráfico 11. Lugares donde se cometieron los atracos 7.6. Acciones vandálicas Los barrios de las ciudades suelen ser los lugares más maltratados por las conductas vandálicas realizadas por algunos jóvenes (62,3%), con independencia de que sean o no las 73 Barrio del agresor (66,6%) Zonas de marcha (22,2%) Otros (11,1%) Barrios (91,7%) Zonas de marcha (8,3%)
74 zonas de residencia del agresor. Asimismo, también destacan otros contextos como los centros de estudio (17,4%) o las zonas de marcha (10,9%) -Gráfico 12-. Gráfico 12. Lugares donde se realizaron las acciones vandálicas En resumen, los lugares donde se expresan las conductas violentas de los jóvenes se reducen, básicamente, a tres (Tabla 45). 1) Los barrios de las ciudades que se presentan como testigos de la mayor parte de los actos de violencia juvenil. Estos albergan a más de la mitad de los actos vandálicos, peleas a golpes, amenazas graves, atracos y daños con armas, registrándose en ellos prácticamente la mitad de las incidencias violentas que los jóvenes encuestados declaran haber realizado durante el último año (48,6%). 2) Las zonas de marcha, en las cuales se aglomera un gran número de jóvenes procedentes de todos los distritos de las urbes. En estos lugares ocurrieron algo más de una cuarta parte de las conductas violentas registradas (27,6%), siendo casi la mitad de ellas, riñas o desórdenes (42,4%); seguidas por una cuarta parte de peleas a golpes (27,1%). Asimismo, también se manifiestan otros comportamientos violentos tales como amenazas graves (16,9%), actos vandálicos (8,5%), daños con armas/objetos (3,4%) o atracos (1,7%). Barrios (71,7%) Centros de estudios o trabajo (17,4%) Zonas de marcha (10,9%)
75 Tabla 45. Frecuencias de incidencias violentas registradas en cada contexto DAÑOS LUGARES PELEAS RIÑAS AMENAZAS CON ARMAS ATRACOS VANDALISMO TOTAL Barrios 25 19 12 6 11 33 106 Zonas de marcha 16 25 10 2 1 5 59 Centros de estudios 12 1 4 - - 7 24 Casa del agresor 6 - 2 - - - 8 Centro de trabajo 1 3 - 1 - 1 6 Otros - 15 - - - - 15 TOTAL 60 63 28 9 12 46 218 3) Los centros de estudio, entre los que destacan los de enseñanza secundaria por su relación con la población adolescente (de 15 a 19 años). Entre todos los centros se registra un 11% de las incidencias violentas, de las cuales la mitad fueron peleas a golpes; el resto fueron actos vandálicos (29,1%), amenazas graves (16,7%) y riñas o desórdenes (4,2%). Por último, también se han registrado episodios de violencia juvenil en otros contextos como el hogar familiar (3,7%) o los centros de trabajo (2,7%) –Gráfico 13-. Gráfico 13. Lugares donde se manifestaron las conductas violentas 8. MANIFESTACIÓN INDIVIDUAL O GRUPAL DE LA VIOLENCIA JUVENIL Los datos constatan que la violencia juvenil desarrollada en las ciudades andaluzas es una expresión tanto individual (48,2%) como grupal (51,8%). En este sentido, destaca Hogar familiar (3,7%) Centros de trabajo (2,8%) Otros lugares (6,9%) Barrios (48,6%) Zonas de marcha (27,1%) Centros de estudios (11,0%)
que cuando es manifestada de forma grupal, la mayoría de las veces (81,1%) es realizada por grupos de al menos cuatro personas, es decir, por pandillas juveniles (Gráfico 14). Gráfico 14. Manifestación individual o grupal de las conductas violentas Por otro lado, se encuentra una relación entre las distintas formas de violencia y el número de personas involucradas en ella. Así, parecen existir algunas expresiones violentas típicas de iniciativas individuales tales como la amenaza o la pelea, mientras que, por otro lado, aparece una serie de conductas violentas de carácter más grupal tales como las acciones vandálicas, las riñas o los atracos. A mitad de camino entre una y otra quedan los daños con arma u objeto que son llevados a cabo a partes iguales tanto de forma solitaria como en compañía (Tabla 46). Tabla 46. Tendencia individual o grupal de las conductas violentas Con 1 o 2 En grupo de En grupo mayor COMPAÑÍA En solitario personas más 4 a 7 personas de 7 personas Pelea a golpes 81,2% 2,9% 7,2% 8,7% Riña 31,2% 13,4% 20,9% 31,3% Vandalismo 18,2% 16,4% 40,0% 25,4% Amenaza 63,3% 6,7% 16,7% 13,3% Atraco 33,3% 8,3% 33,3% 25% Daño con arma 50% 8,3% 16,7% 25% TOTAL 48,2% 9,8% 21,2% 20,8% 76 En solitario (48,2%) Con 1 o 2 personas más (9,8%) En grupo de 4 a 7 personas (21,2%) En grupo mayor de 7 personas (20,8%)
9. USO DE ARMAS U OTROS OBJETOS Del total de la población juvenil urbana andaluza, un 22,7% declara haber llevado consigo encima algún tipo de arma al menos una vez en la vida, sin embargo, como es de suponer la posesión de armas no implica su uso. En este sentido, en sólo un 2,5% de las conductas violentas manifestadas por los jóvenes urbanos andaluces durante el último año y en el 13,3% de las acciones violentas contra personas se utilizó algún tipo de arma u objeto. Los objetos más utilizados para agredir a otras personas han sido palos (5,1%) y botellas (2,1%) mientras que las armas más utilizadas han sido pistolas (1,5%) y navajas (1%). (Tabla 47). Tabla 47 Uso de armas u otros objetos en las conductas violentas realizadas durante el último año USO DE ARMA U OBJETO FRECUENCIA PORCENTAJE Ningún arma u objeto 169 86,7% Un palo 10 5,1% Una botella 4 2,1% Una pistola 3 1,5% Una navaja 2 1% Otro arma 7 3,6% TOTAL 195 100% 10. INTENSIDAD DE LA VIOLENCIA MANIFESTADA Como resultado de la violencia una quinta parte de las acciones perpetradas contra personas durante el último año fueron tan intensas como para que la víctima tuviera la necesidad de ser atendida por asistencia médica, en el 18,5% de estas acciones los jóvenes agresores sabían o creían saber que su víctima habría necesitado este tipo de asistencia después de recibir la agresión, mientras que un 11,2% dijo no saber si la persona agredida tuvo que ser atendida. 11. CONCLUSIONES ACERCA DE LAS CARACTERÍSTICAS DE LA VIOLENCIA JUVENIL EN LAS CIUDADES ANDALUZAS 1. Son minoritarios los jóvenes que declaran haber manifestado algún tipo de comportamiento violento durante el último año (17,6%). 77
2. El historial violento de los hombres es significativamente mayor que el de las mujeres, al igual que el de los adolescentes, de 15 a 19 años, respecto a los de mayor edad; este último dato parece indicar que la violencia juvenil está aumentando en la actualidad. 3. Las primeras manifestaciones violentas suelen aparecer antes de los 15 años. Asimismo, prácticamente la totalidad de los jóvenes con historial violento manifestó alguna conducta violenta antes de los 20 años. 4. La mayor parte de la violencia registrada en el último año ha estado compuesta por peleas, riñas y vandalismos; siendo menos frecuentes las amenazas y minoritarios los daños con arma/objeto y atracos. 5. La violencia juvenil actual resulta significativamente superior entre los varones y adolescentes (entre 15 y 19 años), observándose un descenso significativo en la violencia a medida que aumenta la edad de los jóvenes 6. De los sujetos implicados en algún suceso violento durante el último año, aproximadamente unas tres cuartas partes fueron reincidentes. 7. La mayor parte de la violencia juvenil se dirige contra otras personas, mientras que su naturaleza es generalmente física. 8. La motivación de la violencia física contra otras personas es generalmente reactiva, es decir, para la defensa propia, de otra persona o propiedad; mientras que la violencia verbal y psicológica suele ser instrumental, es decir, tiene una finalidad táctica o estratégica. Por su parte, el vandalismo suele ser “gratuito”, es decir, suele llevarse a cabo principalmente por motivos como la diversión o la descarga de energías. 9. Los lugares más destacados en relación con la violencia juvenil son: 1) los barrios - especialmente donde viven los agresores2) las zonas de marcha nocturna y 3) los centros de enseñanza secundaria. 10. La mayor parte de las peleas a golpes, vandalismos, amenazas, daños con arma u objeto y atracos se cometieron en los barrios, mientras que las riñas o desórdenes públicos se produjeron en las zonas de marcha. 11. Las peleas a golpes y las amenazas graves suelen llevarse a cabo en solitario, mientras que las riñas, actos vandálicos y atracos suelen realizarse en compañía de al menos una persona más. 12. Sólo en un 2,5% de los incidentes violentos se utilizó algún tipo de arma. 13. La mayor parte de los episodios violentos contra personas no causaron lesiones físicas de gravedad. 78
Por último, resulta interesante observar la tabla-resumen que aparece bajo estas líneas, en la que se señalan las características predominantes de las conductas violentas estudiadas (Tabla 48) Tabla 48 Características predominantes de las conductas violentas CONDUCTAS/ Edad de Prevalencia Prevalencia CARACTERÍSTICAS Naturaleza Motivación Tendencia Lugares inicio en la vida en último año Peleas a golpes Física Reactiva Individual Barrios 12,7 37,6% 8,7% Riñas o desórdenes Mixta Reactiva Grupal Zonas de marcha 15 28,8% 8,3% Vandalismos Física Gratuita Grupal Barrios 13,6 17,9% 7% Amenazas graves Verbal-Psicológica Instrumental Individual Barrios 14,8 10,9% 3,9% Atracos Mixta Instrumental Grupal Barrio del agresor 14,6 5% 1,5% Daños con arma u objeto Física Reactiva - Barrio del agresor 13,6 4,8% 1,5% 79
Gráfico 16. Prevalencia anual de jóvenes con al menos un episodio violento según el nivel económico familiar Por otra parte, al analizar los datos en función del género, esta curva en forma de “U” se observa más pronunciada entre las mujeres que entre los hombres, es decir, las diferencias encontradas en las prevalencias anuales de casos con violencia entre los jóvenes de familias con ingresos extremos y aquellos de familias con ingresos medios son mayores entre las mujeres (Gráfico 17). Gráfico 17. Prevalencia anual de jóvenes con al menos un episodio violento en cada género según el nivel económico familiar No obstante, la mayor prevalencia de casos con violencia se haya entre la población juvenil de 15 a 24 años de familias con ingresos extremadamente bajos (menos de 451 €/mes), donde aproximadamente la mitad manifestó alguna conducta violenta en el último año (Gráfico 18). 87 0% 5% 10% 15% 20% 25% 30% Menos de 451€/mes Entre 451-902 €/mes Entre 902-1.503 €/mes Entre 1.5032.404 €/mes Entre 2.4043.606 €/mes Más de 3.606 €/mes 0% 5% 10% 15% 20% 25% 30% 35% 40% HOMBRES MUJERES Menos de 451 €/mes Entre 451-902 €/mes Entre 902-1.503 €/mes Entre 1.5032.404 €/mes Entre 2.4043.606 €/mes Más de 3.606 €/mes
Gráfico 18. Prevalencia anual de jóvenes con al menos un episodio violento en cada grupo de edad según el nivel económico familiar Señalar también que el “0% relativo” aparecido en el nivel de ingresos más bajo del grupo de mayor edad (entre 25 y 29 años), debe ser valorado con precaución, ya que este grupo está formado por sólo once sujetos. En resumen, los datos obtenidos cuestionan, en parte, el tópico que relaciona la violencia, principalmente, con personas procedentes de familias con pocos recursos económicos. Aunque las prevalencias anuales de violencia juvenil son significativamente superiores entre los jóvenes de familias con ingresos muy bajos, no debemos olvidar que más de la mitad de la población juvenil violenta pertenece a familias con ingresos económicos medios, entre los 902-2.404 €/mes. Asimismo, es necesario destacar que la proporción de casos con violencia entre los jóvenes de familias con ingresos mensuales superiores a los 2.404 €/mes es significativamente superior a la presentada por aquellos de familias con ingresos medios entre los 902-1.503 €/mes, lo cual señala también a los primeros como población de riesgo. 3. LA VIOLENCIA JUVENIL EN FUNCIÓN DE LA OCUPACIÓN Para realizar este análisis hemos considerado como estudiantes a todos los jóvenes que afirmaron estar estudiando en el momento de cumplimentar el cuestionario, indiferentemente de si trabajaban o buscaban empleo al mismo tiempo; mientras que sólo consideramos trabajadores o desempleados a aquellos que se encontraban exclusivamente en dichas situaciones. En este sentido, la prevalencia anual de jóvenes que manifiestan violencia es significativamente superior entre la población desempleada respecto a la hallada en el resto de las 88 0% 10% 20% 30% 40% 50% 60% 15-19 años 20-24 años 25-29 años Menos de 451 €/mes Entre 451-902 €/mes Entre 902-1.503 €/mes Entre 1.5032.404 €/mes Entre 2.4043.606 €/mes Más de 3.606 €/mes
ocupaciones. Así, algo más de una cuarta parte de los desempleados (27%) declaró haber manifestado algún comportamiento violento durante este periodo frente al 17% de los estudiantes y el 16% de los trabajadores (Tabla 52). Tabla 52. Prevalencia anual de jóvenes con al menos un episodio violento según la ocupación y presencia de cada ocupación en la población con alguna conducta violenta NnPrevalencia anual de % en la población con OCUPACIÓN General con violencia casos con violencia alguna conducta violenta Estudiante 510 87 17% 60,4% Trabajador 224 35 16% 24,3% Desempleado 82 22 27% 15,3% En negrita está el porcentaje significativamente superior (p< ,05) al aparecido en el resto de ocupaciones Sin embargo, un 60,4% de la población juvenil que manifestó alguna conducta violenta es estudiante, ya que hay muchos más jóvenes estudiando que en desempleo en la población general (columna cuarta de la tabla 52). 3.1. Violencia en el sector estudiantil La juventud estudiantil es tan diversa como la población juvenil en general. Por ello, en este apartado se analiza la violencia vinculada con algunas características de la situación estudiantil, tales como el tipo de estudios, la satisfacción con los mismos o el tiempo dedicado a éstos o a otras actividades formativas - Según el tipo de estudios En este sentido, la prevalencia anual de casos con violencia es significativamente superior entre los estudiantes de E.S.O. y Bachillerato respecto al resto de estudiantes (Tabla 53). 89
Tabla 53. Prevalencia anual de jóvenes con al menos un episodio violento según el tipo de estudios ESTUDIOS N n Prevalencia anual de General con violencia casos con violencia E.S.O. 63 22 35% Bachillerato 89 24 26% F.P./Ciclo Formativo 64 9 13% Diplomatura/Licenciatura 224 25 11% Curso de Postgrado 20 1 5% Otra formación 51 9 16% En negrita están los porcentajes significativamente superiores (p< ,05) a los aparecidos en el resto de estudios Así, más de una tercera parte de los estudiantes de E.S.O. manifestó alguna conducta violenta en los últimos doce meses, al igual que una cuarta parte de los estudiantes de Bachillerato. - Según las horas de estudio o actividades de formación Otro aspecto que parece guardar relación con la violencia que llevan a cabo algunos estudiantes es el tiempo diario que estos les dedican a sus estudios. En este sentido, entre los estudiantes que afirman no soler estudiar se advierte una proporción de casos con al menos un episodio violento significativamente mayor a la hallada entre el resto de estudiantes. Asimismo, se percibe una disminución de la prevalencia anual de casos con violencia a medida que crecen las horas de estudio o la participación en actividades formativas. Sin embargo, estas diferencias únicamente son significativas entre los estudiantes de E.S.O. y Bachillerato que no suelen dedicar tiempo a sus estudios y aquellos que lo hacen más de dos horas al día (Gráfico 19). 90
Gráfico 19. Prevalencia anual de jóvenes con al menos un episodio violento según las horas diarias dedicadas a estudiar - Según la satisfacción con los estudios Otra variable que resulta significativa por su vinculación con la violencia juvenil es la satisfacción que expresan los estudiantes en relación con sus estudios. En este sentido, la prevalencia de estudiantes de E.S.O. y Bachillerato con algún episodio violento en el último año aumenta entre aquellos más insatisfechos con sus estudios, mientras que en el resto de los estudiantes no se aprecia esta relación. Así, prácticamente la mitad de los estudiantes de E.S.O. y Bachillerato insatisfechos con sus estudios manifestó alguna conducta violenta en el último año (Gráfico 20). Gráfico 20. Prevalencia anual de jóvenes con al menos un episodio violento según el nivel de satisfacción con los estudios 91 0% 10% 20% 30% 40% 50% 60% No suele estudiar 1 hora o menos al día Entre 1 y 2 horas al dí Más de 2 horas al día E.S.O. Bachillerato F.P./Ciclos formativos Estudios universitarios 0% 10% 20% 30% 40% 50% 60% Nada Satisfecho Insatisfecho En parte satisfecho Satisfecho Totalmente Satisfecho E.S.O. Bachillerato F.P./Ciclos formativos Estudios universitarios
En resumen, los estudiantes de E.S.O. y Bachillerato manifiestan significativamente más violencia que el resto de los estudiantes, lo cual parece lógico por la relación que mantiene la violencia juvenil con las edades adolescentes. Por su parte, la prevalencia anual de casos con violencia aumentó hasta el cincuenta por ciento aproximadamente tanto entre los estudiantes de E.S.O. y Bachillerato insatisfechos con sus estudios como entre aquellos que no dedican parte de su tiempo diario a estudiar u a otras actividades formativas. 3.2. Violencia en la juventud trabajadora En este apartado se describe la prevalencia anual de jóvenes trabajadores implicados en al menos un episodio violento en función de su nivel educativo. Otras variables analizadas como la jornada laboral, cambios de trabajo o satisfacción con el empleo no mostraron relación significativa con la violencia. En este sentido, el porcentaje anual de jóvenes trabajadores de titulación superior implicado en al menos un episodio violento resulta significativamente inferior al de aquellos trabajadores con menor nivel educativo (Tabla 54). Tabla 54. Prevalencia anual de jóvenes trabajadores con al menos un episodio violento en función del nivel educativo NIVEL DE N n Prevalencia anual de ESTUDIOS General con violencia casos con violencia Sin titulación 12 5 42% Estudios Primarios 54 12 22% Estudios Secundarios 76 15 20% Estudios Superiores 80 3 04% En negrita están los porcentajes significativamente superiores (p< ,05) al aparecido en “Estudios Superiores” 3.3. Violencia en la juventud desempleada Del mismo modo que en el apartado anterior, a continuación se describe la relación entre la violencia juvenil y el nivel educativo, en este caso de los desempleados. Fuera de este análisis quedan otras variables como el tiempo en desempleo o la satisfacción con el último trabajo, las cuales no resultaron significativas. De esta manera, los desempleados sin estudios o con estudios primarios presentan una prevalencia anual de casos con violencia significativamente mayor a la hallada entre aquellos con nivel educativo medio o superior. Hasta el punto de que la mayoría de los desempleados sin titulación (65%) manifestó alguna conducta violenta durante el último año, 92
del mismo modo que también la expresan casi la mitad (43%) de los desempleados con sólo estudios primarios finalizados Tabla 55. Prevalencia anual de jóvenes desempleados con al menos un episodio violento según el nivel educativo NIVEL DE N n Prevalencia anual de ESTUDIOS General con violencia casos con violencia Sin titulación 17 11 65% Estudios Primarios 21 9 43% Estudios Secundarios 13 0 0% Estudios Superiores 30 2 6% En negrita están los índices significativamente superiores (< ,05) a los aparecidos en “E. Secundarios” y “E. Superiores” En resumen, se demuestra la relación que mantiene la ocupación actual del joven con la violencia que manifiesta, destacando el sector juvenil desempleado como el más violento frente al estudiantil y el trabajador. Sin embargo, los análisis realizados en función de otras características, muestran una realidad más compleja. Así, por ejemplo, dentro del sector estudiantil, los que exteriorizan más violencia son los estudiantes de E.S.O (35%) y Bachillerato (26%) y, en especial, aquellos que muestran baja o moderada satisfacción con sus estudios y/o no dedican parte de su tiempo diario al estudio u otras actividades formativas, con una prevalencia anual de casos con violencia en torno al 50%. En cuanto a las características de los trabajadores y desempleados, cabe decir que la única variable que muestra una relación significativa con la violencia ha sido el nivel educativo de estos jóvenes. No encontrándose relación con otras características analizadas por el estudio tales como la jornada laboral, el cambio de trabajo durante el último año, la satisfacción en el trabajo o su último empleo, o el tiempo en situación de desempleo. Así, tanto los trabajadores como los desempleados de niveles educativos bajos presentan una tasa anual de casos con violencia significativamente superior a la mostrada por aquellos de titulación superior, destacando, en especial, los desempleados (65%) y trabajadores (42%) sin estudios implicados en al menos un episodio violento durante el último año. 93
4. LA VIOLENCIA JUVENIL EN FUNCIÓN DE LA ZONA DE RESIDENCIA Debido a la importancia que juega el lugar de residencia en la socialización de la población juvenil, resulta interesante analizar el nivel de riesgo que presentan las distintas zonas urbanas en las que residen los encuestados. Con este propósito se procedió a evaluar cada una de las zonas registradas mediante el juicio de un grupo de expertos (profesores-investigadores universitarios, policías locales, trabajadores sociales...) residentes en los municipios de la muestra. Para dicho fin, se utilizó una escala Likert de cinco grados (1=Ningún tipo de riesgo a 5= Riesgo muy alto) considerando los siguientes parámetros: nivel socioeconómico y cultural de los habitantes y presencia de fenómenos como la delincuencia, violencia o abuso de drogas. El resultado de esta evaluación fue la recogida de cinco cuestionarios por cada municipio, calculándose una puntuación media de riesgo percibido para cada una de las zonas registradas. De esta forma, el nivel de riesgo de las zonas urbanas ha quedado definido por los niveles socioeconómicos y culturales, así como por la presencia de fenómenos como la violencia, delincuencia o abuso de drogas percibidos por el grupo de expertos. En este sentido, los jóvenes residentes en zonas de alto riesgo percibido presentan un porcentaje anual de casos con violencia (23%) significativamente superior al de los sujetos afincados en zonas de bajo riesgo (15%) –Tabla 56-. Tabla 56. Prevalencia anual de jóvenes con al menos un episodio violento en función del nivel de riesgo percibido de la zona de residencia y nivel de riesgo percibido de las zonas de residencia de la población con alguna conducta violenta NIVEL DE RIESGO DE LA ZONA DE N n Prevalencia anual de % en la población con RESIDENCIA General con violencia casos con violencia alguna conducta violenta Bajo 344 60 14,9% 44,1% Medio 135 33 19,6% 24,3% Alto 142 43 23,2% 31,6% El porcentaje en negrita presenta diferencias significativas (p< ,05) respecto al aparecido en el nivel de “Bajo riesgo” Ahora bien, mientras que los varones residentes en zonas de alto riesgo percibido manifiestan significativamente más violencia que los ubicados en zonas de bajo riesgo, entre las mujeres no se encuentran estas diferencias. No obstante, como se observa en la tabla 94
57, la prevalencia anual de casos con violencia femeninos resulta mayor entre las residentes en zonas de mayor riesgo percibido, aunque no resulte significativo este crecimiento de la violencia. Tabla 57. Prevalencia anual de jóvenes con al menos un episodio violento en cada género según el nivel de riesgo percibido de la zona de residencia NIVEL DE RIESGO DE LA ZONA DE RESIDENCIA HOMBRES MUJERES Bajo 21,4% 8,4% Medio 24,4% 15,1% Alto 34,7% 10,3% El porcentaje en negrita presenta diferencias significativas (p< ,05) respecto al aparecido en el nivel de “Bajo riesgo” Señalar también que en todos los grupos de edad se percibe un aumento significativo de la prevalencia anual de casos con violencia a medida que lo hace el nivel de riesgo del lugar de residencia (Tabla 58). Tabla 58. Prevalencia anual de jóvenes con al menos un episodio violento en cada grupo de edad según el nivel de riesgo percibido de la zona de residencia NIVEL DE RIESGO DE LA ZONA DE RESIDENCIA 15-19 AÑOS 20-24 AÑOS 25-29 AÑOS Bajo 27,4% 11,5% 7,3% Medio 34% 12,1% 14,3% Alto 32,4% 23,3% 9,1% Finalmente, podemos decir que se observa un aumento general de la prevalencia anual de las conductas violentas a medida que lo hace el nivel de riesgo percibido de las zonas de residencia, aunque este crecimiento sólo resulta significativo en las prevalencias de peleas a golpes, daños con armas y atracos (Tabla 59). 95
Tabla 59. Prevalencia de las conductas violentas durante el último año según nivel de riesgo percibido de la zona de residencia RIESGO DE LA ZONA PELEAS A DAÑOS DE RESIDENCIA GOLPES RIÑAS VANDALISMO AMENAZAS CON ARMA ATRACOS Bajo 6,2% 7,7% 6,2% 3,2% 0,7% 1% Medio 9,5% 10% 7,7% 5,4% 3% 2,4% Alto 15% 9,7% 8,1% 4,9% 2,2% 2,2% TOTAL 8,7% 8,3% 7% 3,9% 1,5% 1,5% 5. CONCLUSIONES SOBRE LAS CARACTERÍSTICAS SOCIO-DEMOGRÁFICAS DE LA VIOLENCIA JUVENIL Los datos ofrecidos a lo largo de este capítulo muestran las características sociodemográficas de riesgo asociadas a la violencia juvenil. Llamamos características de riesgo a aquellas que han quedado relacionadas con incrementos significativos de la prevalencia anual de casos con violencia (Tabla 60). Tabla 60. Características de riesgo de las variables sociodemográficas VARIABLES SOCIODEMOGRÁFICAS CARACTERÍSTICAS DE RIESGO Género Hombre Intervalo de edad 15-19 años Nivel Educativo Sin Estudios o Primarios Nivel Económico Muy bajo o muy alto Ocupación Desempleado Tipo de estudios (si cursa) Estudiante de E.S.O. o Bachillerato Satisfacción con los estudios (si cursa) Baja satisfacción Frecuencia de estudio (si cursa) Estudiante que no suele estudiar Zonas de residencia De bajo nivel económico y educativocultural, al mismo tiempo que altas tasas de desempleo, violencia, delincuencia y abuso de drogas En este sentido, es necesario apuntar que las poblaciones con características de riesgo, no es que alberguen mayorías violentas, sino que en ellas existen prevalencias anuales de casos con violencia significativamente superiores a las de poblaciones con otras características. 96
Tabla 64. Prevalencia anual de jóvenes con al menos un episodio violento según niveles de conflicto familiar y presencia de estos niveles de conflicto dentro de la población con alguna conducta violenta NnPrevalencia anual de % en la población con CONFLICTO FAMILIAR General con violencia casos con violencia alguna conducta violenta Muy Bajo 118 14 12% 9,8% Bajo 442 64 14% 44,7% Medio 173 39 23% 27,3% Alto 53 18 34% 12,6% Muy alto 19 8 42% 5,6% En negrita están los porcentajes significativamente superiores (p< ,05) al aparecido en el nivel “muy bajo” de conflicto familiar En este sentido, los varones se revelan más sensibles que las mujeres a la hora de manifestar violencia ante percepciones altas de enfrentamiento intrafamiliar; así, a diferencias de ellas, los varones que aprecian un nivel medio de conflicto presentan una tasa anual de casos con violencia significativamente superior a la de aquellos que perciben un conflicto familiar muy bajo (Tabla 65). Tabla 65. Prevalencia anual de jóvenes con al menos un episodio violento en cada género según el nivel de conflicto familiar CONFLICTO FAMILIAR HOMBRES MUJERES Muy Bajo 17% 2% Bajo 21% 9% Medio 31% 12% Alto 46% 20% Muy alto 58% 14% En negrita están los porcentajes significativamente superiores (p< ,05) al aparecido en el nivel “muy bajo” de conflicto familiar En relación con la edad, se advierte una estrecha relación entre el conflicto familiar y la violencia manifestada por los adolescentes –de 15 a 19 años-, ya que estos presentan una tasa anual de casos con violencia superior al cincuenta por ciento entre aquellos con nivel medio o superior de conflicto. Sin embargo, a edades más avanzadas, a partir de los 20 años, no parece que el conflicto familiar percibido guarde tanta relación con la violencia juvenil manifestada (Gráfico 21). 104
Gráfico 21. Prevalencia anual de jóvenes con al menos un episodio violento en cada grupo de edad según el nivel de conflicto familiar percibido En resumen, los adolescentes (15-19 años) son el sector juvenil que percibe más conflicto familiar y reacciona de forma más violenta ante esta, resultando dramáticos los porcentajes anuales de adolescentes implicados en incidentes violentos entre aquellos que sufren altos niveles de enfrentamiento intrafamiliar. Sin embargo, a edades posteriores (entre los 20-29 años) no parece que el conflicto familiar percibido guarde tanta relación con la violencia manifestada. 2. SUPERVISIÓN FAMILIAR Y VIOLENCIA JUVENIL Durante el periodo de la adolescencia los jóvenes comienzan a percibir, de forma muy significativa, la necesidad de mostrarse al mundo, en especial frente a los iguales, como individuos autónomos y autosuficientes, capaces de tomar sus propias decisiones y emprender actividades al margen de los padres. Esta circunstancia natural provoca que muchos padres comiencen a preocuparse por lo que sus hijos hacen fuera del hogar familiar; sin embargo, cuando esta preocupación se manifiesta a través de un control excesivo y desconfianza hacia el adolescente, este proceso natural de independencia se puede ver acompañado de una ruptura de la comunicación entre padres e hijos. De modo que los primeros empiezan a desconocer las actividades que sus hijos realizan fuera del hogar, al igual que sus necesidades, intereses, inquietudes... lo cual supone un factor de riesgo para la socialización de los adolescentes, debido a la pérdida de apoyo, confianza e información del mundo adulto, frente a la creciente influencia de los iguales. En este sentido, algunos estudios como el elaborado por Griffin, K.; Scheier,L.; Borvin, G.; Diáz, T. y Miller, N. (1999) han encontrado una relación entre la baja supervisión familiar y los comportamientos violentos emitidos por los adolescentes, así como con 105 0% 20% 40% 60% 80% 100% 120% 15-19 años 20-24 años 25-29 años Muy bajo Bajo Medio Alto Muy alto
otras conductas de riesgo (consumo de drogas, delincuencia...). Para medir esta variable hemos utilizado la escala proporcionada por Griffin, K. y otros (1999), en la cual la supervisión familiar queda definida como el grado de conocimiento de la familia sobre las actividades que realizan los jóvenes fuera del hogar, así como la iniciativa de ésta para adquirir información sobre tales actividades. En esta línea, un 42,4% de los jóvenes declara que sus padres nunca o casi nunca saben lo que ellos hacen con sus amigos cuando están fuera del hogar familiar, a pesar de que la mitad de los jóvenes (50,5%) manifieste que sus padres siempre o casi siempre les preguntan sobre ello (ver ítems 3 y 5 de la tabla 66). Tabla 66. Porcentajes de respuestas a los ítems de la escala de supervisón familiar percibida ÍTEMS DE LA ESCALA DE SUPERVISIÓN FAMILIAR 1* 2 3 4 5* 1. Mis padres saben donde estoy después del Instituto/Facultad/Trabajo 14,8 13,6 26,2 19,4 26,0 2. Mis padres saben donde estoy y lo que hago los fines de semana 16,7 15,1 24,6 24,1 19,4 3. Mis padres conocen lo que estoy haciendo cuando estoy con mis amigos 22,1 20,3 23,3 19,1 15,1 4. Mis padres se hablan con los padres de mis amigos íntimos 31,3 19,2 18,2 15,1 16,1 5. Mis padres me preguntan sobre lo que he estado haciendo con mis amigos 14,3 14,3 21,0 21,3 29,2 En negrita están las cifras que representan la tendencia mayor de respuesta. * 1 = “Nunca” y 5 = “Siempre” Sin embargo, los datos ofrecidos por el conjunto de los ítems de la escala nos muestran que sólo un 29% de los jóvenes aprecian niveles bajos de supervisión familiar frente a un 71% que percibe un nivel medio o superior (Tabla 67). 106
107 Tabla 67. Nivel de supervisión familiar percibida por la juventud urbana andaluza SUPERVISIÓN FAMILIAR FRECUENCIA PORCENTAJE Muy baja (5-8) 67 8,4% Baja (9-12) 165 20,6% Media (13-17) 302 37,7% Alta (18-21) 186 23,2% Muy alta (22-25) 82 10,2% Entre paréntesis se encuentra el intervalo de puntuación de cada nivel, obtenidos de la suma de puntos dados a cada uno de los ítems (de 1 a 5) de la escala de supervisión familiar, lo que supone un rango de 21 puntos (de 5 a 25). No obstante, las mujeres jóvenes perciben mayor supervisión familiar que los hombres, corroborándose el tópico que hace alusión a un mayor control y “protección” de los padres sobre sus hijas frente a los hijos (Gráfico 22). Gráfico 22. Nivel de supervisión familiar según el género Del mismo modo que se advierte una lógica tendencia a ir disminuyendo la supervisión familiar a medida que los jóvenes se van haciendo mayores (Gráfico 23). 0% 5% 10% 15% 20% 25% 30% 35% 40% 45% HOMBRES MUJERES Muy baja Baja Media Alta Muy alta
Gráfico 23. Nivel de supervisón familiar percibida según el grupo de edad Al estudiar la relación entre la supervisión familiar y la violencia juvenil, se observa un aumento significativo de la violencia entre los jóvenes que perciben menos supervisión familiar (Tabla 68). Tabla 68. Prevalencia anual de jóvenes con al menos un episodio violento según el nivel de supervisión familiar percibida SUPERVISIÓN N n Prevalencia anual de % en la población con FAMILIAR General con violencia casos con violencia alguna conducta violenta Muy Baja 67 18 27% 13,1% Baja 165 40 24% 29,2% Media 302 47 16% 34,3% Alta 186 26 14% 19,0% Muy alta 82 6 7% 4,4% En negrita están los porcentajes significativamente superiores (p< ,05) al aparecido en el nivel muy alto de supervisión familiar En concreto, las cifras referentes al porcentaje de jóvenes con incidentes violentos durante el último año crecen especialmente cuando los padres se encuentran poco informados sobre lo que sus hijos hacen después de salir de clase, al salir los fines de semana o cuando están con los amigos (ítems 1, 2 y 3 de la escala Likert de supervisión familiar) -Tabla 69-. 108 0% 5% 10% 15% 20% 25% 30% 35% 40% 45% 15-19 años 20-24 años 25-29 años Muy baja Baja Media Alta Muy alta
109 Tabla 69. Prevalencia anual de jóvenes con al menos un episodio violento según las respuestas dadas a los ítems de la escala de supervisión familiar percibida ÍTEMS DE LA ESCALA DE SUPERVISIÓN FAMILIAR 1* 2 3 4 5* 1. Mis padres saben donde estoy después del Instituto/Facultad/Trabajo 30% 29% 15% 10% 12% 2. Mis padres saben donde estoy y lo que hago los fines de semana 35% 22% 15% 11% 10% 3. Mis padres conocen lo que estoy haciendo cuando estoy con mis amigos 27% 17% 13% 14% 14% 4. Mis padres se hablan con los padres de mis amigos íntimos 19% 17% 15% 16% 19% 5. Mis padres me preguntan sobre lo que he estado haciendo con mis amigos 20% 21% 12% 16% 19% En negrita están los porcentajes significativamente superiores (p< ,05) a los aparecidos en el “nivel 5” * 1 significa “Nunca” y 5 significa “Siempre” Pero cuando los padres tratan de estar continuamente informados de lo que hacen sus hijos con los amigos (ítems 4 y 5), los porcentajes de casos con violencia son mayores, al igual que cuando la familia no hace ningún esfuerzo por obtener esta información; de modo que los porcentajes más bajos de casos con violencia se encuentran entre los jóvenes con padres que buscan estar informados sin caer en un control excesivo sobre sus hijos (Tabla 69). No obstante, la supervisión familiar percibida no se encuentra significativamente relacionada con la violencia de ambos géneros, de forma que sólo entre los varones se encuentran más casos de conductas violentas ante niveles bajos de supervisión familiar (Tabla 70).
Tabla 70. Prevalencia anual de jóvenes con al menos un episodio violento en cada género según el nivel de supervisión familiar SUPERVISIÓN FAMILIAR HOMBRES MUJERES Muy baja 33% 11% Baja 30% 15% Media 22% 8% Alta 21% 8% Muy alta 8% 7% En negrita están los porcentajes significativamente superiores (p< ,05) al aparecido en el nivel muy alto de supervisión Por otro lado, con independencia de la edad, los jóvenes que perciben niveles bajos de supervisión familiar presentan una prevalencia anual de casos con violencia significativamente superior a la de aquellos con niveles muy altos. En este sentido, resulta significativo que no se halle ningún caso violento entre los mayores de 19 años con alta supervisión familiar (Tabla 71). Tabla 71. Prevalencia anual de jóvenes con al menos un episodio violento en cada grupo de edad según el nivel de supervisión familiar SUPERVISIÓN FAMILIAR 15-19 AÑOS 20-24 AÑOS 25-29 AÑOS Muy Baja 53% 17% 21% Baja 43% 20% 12% Media 30% 10% 7% Alta 18% 17% 4% Muy alta 21% 0% 0% En negrita están los porcentajes significativamente superiores (< ,05) a los aparecidos en el nivel muy alto de supervisión En resumen, según la propia percepción de los encuestados, el 71% de las familias realizan una supervisión media o alta de lo que hacen sus hijos con los amigos durante el tiempo libre. No obstante, un 29% de las familias parece estar muy desinformada de la 110
vida social que llevan sus hijos, lo cual se relaciona con un incremento de la violencia en este sector juvenil. Sin embargo, hay que apuntar que esta relación sólo se percibe de forma significativa dentro de la población masculina. 3. CONCLUSIONES SOBRE LAS CARACTERÍSTICAS FAMILIARES Y LA VIOLENCIA JUVENIL Tanto el conflicto intrafamiliar como la baja supervisión de la familia aparecen relacionadas con incrementos significativos de la violencia juvenil, de manera que existe una mayor proporción de jóvenes con algún episodio violento durante el último año entre la población con dichas características. Así, los datos obtenidos nos proporcionan las siguientes conclusiones: 1. El conflicto familiar percibido por la población juvenil suele ser bajo en general. 2. Los adolescentes, de 15 a 19 años, son los que perciben más conflicto familiar. 3. La percepción de conflicto familiar disminuye a medida que aumenta la edad. 4. La población juvenil que percibe un nivel medio o superior de conflicto familiar presenta una tasa anual de casos con violencia significativamente superior a la manifestada por aquella que percibe menor conflicto. 5. El hecho de que la violencia genera violencia es extensible al contexto familiar. Cuando la agresión proviene de la familia, debido al papel de ésta como modelo de aprendizaje, se aumenta el riesgo de que el uso de la violencia sea concebido como estrategia válida para afrontar los conflictos. 6. Aunque el conflicto familiar es negativo, tampoco se debe llegar a la negación o represión de los sentimientos de enfado y/o a evitar los problemas familiares, los cuales deben abordarse y expresarse de forma adecuada, sin agresión. 7. En líneas generales, la supervisión familiar sobre la población juvenil es media. 8. Las mujeres se perciben significativamente más supervisadas por las familias que los hombres. 9. Hay una lógica disminución de la supervisión familiar a medida que aumenta la edad de los jóvenes. 10. Mientras que los hombres con niveles bajos de supervisión familiar mostraron un incremento significativo de la violencia, esta relación no se encontró entre las mujeres. 111
11. Es importante que las familias estén bien informadas de lo que hacen y viven sus hijos fuera del hogar, pero esta información debe obtenerse mediante el diálogo en un ambiente abierto y receptivo, de confianza mutua, necesario para que el joven se muestre sincero y honesto, sin miedos a censuras, castigos, imposiciones o agresiones. 12. Controles excesivos para obtener información de la vida privada del joven pueden resultar perjudiciales, ya que pueden crear desconfianza y rechazo, es importante mostrar interés pero no parecer un policía. 112
113 CAPÍTULO 7 TIEMPO LIBRE Y VIOLENCIA JUVENIL
Gráfico 26. Prevalencia anual de jóvenes con al menos un episodio violento en cada género según la compañía habitual durante su tiempo libre No obstante, la mayor proporción de casos con violencia se registra entre los adolescentes (15-19 años) que dicen pasar la mayor parte de su tiempo libre con un grupo de amistades (35%). Mientras que a partir de los 20 años, los porcentajes de casos con violencia más altos se obtienen entre quienes pasan mucho tiempo solos, con cifras en torno al 25%. Otro dato a destacar es la alta prevalencia anual de casos con violencia hallada entre los adolescentes que pasan más tiempo con sus parejas, llegando a ser incluso superior al mostrado por quienes pasan mucho tiempo solos o con una o dos buenas amistades (Tabla 80). Tabla 80. Prevalencia anual de jóvenes con al menos un episodio violento en cada grupo de edad según la compañía habitual durante su tiempo libre COMPAÑÍA HABITUAL 15-19 AÑOS 20-24 AÑOS 25-29 AÑOS Solo 20% 27% 27% Pareja 29% 10% 7% Familia 18% 12% 0% 1 o 2 buenos amigos 24% 17% 13% Con un grupo de amigos 35% 19% 10% En negrita está el porcentaje significativamente superior (p< ,05) al aparecido en el mismo grupo de edad en “Pareja”y “Familia” En resumen, entre los adolescentes varones –de 15 a 19 añosque dicen disfrutar la mayor parte de su tiempo libre en compañía de amistades, así como entre los varones de 121 0% 5% 10% 15% 20% 25% 30% 35% HOMBRES MUJERES Solo Pareja Familia 1 ó 2 buenos amigos Con un grupo de amigos
mayores de 20 años que dicen pasarlo solos, se encuentra la mayor prevalencia de casos con violencia. Por el contrario, los jóvenes que pasan la mayor parte de este tiempo con la familia o la pareja presentan proporcionalmente menos casos con violencia. Sin embargo, se advierte un alto porcentaje de mujeres con algún episodio violento durante el último año cuando éstas pasan mucho tiempo con sus parejas, lo cual unido a la alta proporción de actos con violencia entre los adolescentes con pareja, sugiere una alta conflictividad en las parejas de estas edades. 3. CONCLUSIONES SOBRE LA RELACIÓN ENTRE TIEMPO LIBRE Y VIOLENCIA JUVENIL Existen relaciones evidentes entre la violencia y el tiempo libre de los jóvenes, de forma que la prevalencia anual de sujetos implicados en sucesos violentos aumenta a medida que crece el número de horas libres disponibles por éstos, al igual que entre los jóvenes que suelen pasar solos o acompañados por un grupo de amistades su tiempo libre. A modo de conclusión: 1. La juventud dispone de mucho tiempo libre, la mayoría disfruta de más de 3 horas libres al día. 2. Los hombres y los adolescentes de 15 a 19 años son quienes suelen disponer de más tiempo libre. 3. A medida que aumenta la edad, el número de horas libres se reduce gradualmente en la población juvenil. 4. La violencia juvenil resulta significativamente superior entre aquellos que disfrutan de más horas libres al día, especialmente entre los varones y adolescentes. 5. La mayoría de los jóvenes pasa su tiempo libre con los amigos o la pareja. 6. Mientras que los hombres prefieren pasar más tiempo libre con sus amistades (en grupo), las mujeres suelen elegir la pareja. 7. Los hombres que pasan la mayor parte de su tiempo libre solos o con sus amistades presentan una tasa anual de casos con violencia significativamente superior a la de aquellos que suelen pasarlo con la pareja o la familia. 8. Los adolescentes de 15 a 19 años que pasan la mayor parte del tiempo libre con su grupo de amistades son los que presentan más violencia dentro de la población juvenil. 122
123 CAPÍTULO 8 AFILIACIÓN Y VIOLENCIA JUVENIL
AFILIACIÓN Y VIOLENCIA JUVENIL La cultura adolescente está vertebrada por la “búsqueda de la identidad”, manteniendo a través de formaciones grupales “de iguales”, distancias con la sociedad parental, la infancia que deja y la adultez no alcanzada todavía. La adolescencia, como expresión grupal tiene pues su cultura diferencial, expresada a través de las formas de entender su etnoterritorio y su etnohistoria, de sus creencias y valores, de sus lenguajes y liturgias (Aguirre, A. y Rodríguez, M., 1997). Las relaciones que mantienen los jóvenes, a través de sus redes de amistades informales (no estructuradas) o, en su caso, mediante grupos organizados, suponen una fuente importante de socialización y expresión de sus identidades, entrando en juego procesos de exclusión y/o participación social... relacionados con las motivaciones y particularidades de cada grupo, los cuales van a incidir directamente sobre el comportamiento social de los jóvenes. En este sentido, en el presente capítulo se analizan las relaciones que mantiene la violencia con dos formas de afiliación juvenil, tales como la participación en grupos urbanos o las amistades habituales. 1. GRUPOS URBANOS La proliferación de diferentes y variados grupos de jóvenes, cada uno de ellos con unas características propias y diferenciales (ropa, música, jerga...) ha desembocado en el llamado fenómeno de las tribus urbanas adolescentes. Este concepto ha ido asociado normalmente a noticias sobre actos violentos de algunos de estos grupos, de ahí que haya tomado, en muchas ocasiones, un cariz peyorativo, y consecuentemente, sea un término rechazado por sus integrantes. Sin embargo, profundizando más allá de las etiquetas, las cuales por otra parte nos sirven para delimitar el objeto de estudio, el fenómeno tribal adolescente es una realidad compleja que merece toda la atención de sociólogos, psicólogos y antropólogos, huyendo, eso sí, de lo puramente anecdótico y puntual para adentrarnos en un conocimiento profundo y riguroso de la realidad (Aguirre y Rodríguez, 1997). Los objetivos del presente apartado son, por un lado, realizar una descripción sobre la participación de los jóvenes andaluces en los grupos urbanos y, por otro, observar si existe una relación entre la pertenencia a algunos de estos grupos y la manifestación de violencia. De este primer análisis se desprende que la mayoría de la juventud urbana andaluza no se considera miembro de ningún grupo urbano (86,7%), aunque existe un significativo 13,3% que declara pertenecer a alguno de ellos (Tabla 81). 125 CAPÍTULO 8
Tabla 81. Pertenencia a grupos urbanos de la juventud urbana andaluza GRUPO URBANO FRECUENCIA PORCENTAJE Pertenece 107 13,3% No pertenece 698 86,7% En este sentido, los jóvenes que declaran pertenecer a algún grupo urbano se encuentran distribuidos entre distintas agrupaciones en porcentajes muy bajos (Tabla 82), de forma que sólo cinco grupos presentan cifras superiores al 1% de afiliados en la población general, caso de los ultras deportivos, raperos, bakalaeros, heavies o los autodenominados “porretas”. Tabla 82. Distribución de la muestra entre los grupos urbanos GRUPO URBANO FRECUENCIA PORCENTAJE No pertenece 698 86,7% Ultras deportivos 20 2,5% Raperos 18 2,2% Bakalaeros 15 1,9% Heavies 10 1,2% Porretas 8 1,0% Skins-heads 5 0,6% Grunges 5 0,6% Punkies 4 0,5% Okupas 2 0,2% Reds skins 1 0,1% Modes 1 0,1% Breakers 1 0,1% Dj`s 1 0,1% Skaters 1 0,1% Otros 15 1,9% TOTAL 800 100% Ahora bien, en función del género, un 22% de los hombres encuestados declara pertenecer a algún grupo urbano frente a sólo un 4,3% de las mujeres, es decir, estamos frente a un fenómeno básicamente masculino (Tabla 83). 126
Tabla 83. Pertenencia a grupos urbanos según el género GRUPO URBANO HOMBRES MUJERES Pertenece 22,0% 4,3% No pertenece 78,0% 95,7% Del mismo modo, la mayor parte de los jóvenes asociados a estos grupos son adolescentes, de entre 15 y 19 años. Así, mientas un 22,6% de los jóvenes de estas edades dice pertenecer a algún grupo urbano, menos de un diez por ciento de los mayores de 19 años declara formar parte de algún grupo urbano (Tabla 84). Tabla 84. Pertenencia a grupos urbanos según grupos de edad GRUPO URBANO 15-19 AÑOS 20-24 AÑOS 25-29 AÑOS Pertenece 22,6% 9,9% 7,7% No pertenece 77,4% 90,1% 92,3% Con respecto a la violencia, la mitad de los jóvenes que afirmó pertenecer a algún grupo urbano, declaró también haber manifestado al menos una conducta violenta durante el último año (Tabla 85). Asimismo, más de una tercera parte de los jóvenes que manifestaron alguna conducta violenta durante el último año pertenece a algún grupo urbano, lo cual señala a estos grupos como protagonistas de gran parte de la violencia juvenil manifestada actualmente en las ciudades andaluzas. Tabla 85. Prevalencia anual de jóvenes con al menos un episodio violento según la pertenencia a grupos urbanos y pertenencia a grupos urbanos de la población con alguna conducta violenta GRUPOS URBANOS N n Prevalencia anual de % en la población con General con violencia casos con violencia alguna conducta violenta Pertenece 107 53 50% 36,8% No pertenece 698 91 13% 63,2% En negrita está el porcentaje significativamente superior (p< ,05) 127
Hemos de señalar la existencia de diferencias significativas entre los distintos grupos urbanos. Así, de entre los más numerosos, destacan algunos grupos como los skin-heads, bakalaeros y ultras deportivos, donde aproximadamente el 60% de sus miembros participaron en algún episodio violento en el último año. En segundo lugar se encuentran otros grupos como los raperos, heavies o los autodenominados porretas, de los cuales aproximadamente un 40% de sus miembros manifestaron alguna conducta violenta durante este periodo (Tabla 86). De este análisis han sido excluidos otros grupos debido a la dudosa representatividad de los datos extraídos por la baja frecuencia de sujetos pertenecientes a estos en la muestra. En cualquier caso, los resultados descritos son orientativos, ya que la frecuencia de sujetos resulta muy baja hasta en los grupos más numerosos. Tabla 86. Prevalencia anual de jóvenes con al menos un episodio violento según los grupos urbanos más numerosos y pertenencia a estos grupos de la población con alguna conducta violenta GRUPOS URBANOS N n Prevalencia anual de % en la población con General con violencia casos con violencia alguna conducta violenta Bakalaeros 15 9 60% 6,2% Skins-heads 5 3 60% 2,1% Ultras deportivos 20 11 55% 7,6% Raperos 18 8 44% 5,5% Heavies 10 4 40% 2,8% Porretas 8 3 37,5% 2,1% Grunges 5 1 20% 0,7% En resumen, el fenómeno de las tribus urbanas aparece relacionado fundamentalmente con algunas minorías de la población juvenil, en su mayoría compuestas por adolescentes varones (entre 15 y 19 años). Aunque dentro de las ciudades andaluzas existen muchos grupos, todos son minoritarios, tan sólo algunos como los ultras deportivos, raperos, bakalaeros, heavies o autodenominados porretas representan a más del 1% de la muestra. En cuanto a la vinculación que mantienen estos grupos con la violencia juvenil, se encuentra que la mitad de sus miembros declararon haber manifestado alguna conducta violenta durante el último año. Sin embargo, no todos los grupos son iguales, percibiéndose más episodios con violencia entre los skins-heads, bakalaeros y ultras deportivos. Asimismo, destaca también que más de una tercera parte de los jóvenes implicados en al menos un suceso violento durante el último año, declarara pertenecer a algún grupo urbano. 128
2. AMISTADES DE RIESGO En este apartado se analiza la relación que guardan las pandillas o amistades de riesgo con la violencia que manifiestan los jóvenes, es decir, si la violencia manifestada por los jóvenes encuestados se asocia al grado de implicación en comportamientos delictivos y/o violentos de sus amistades habituales. Para evaluar esta relación ha sido utilizada una escala proporcionada por Griffin, K. y otros (1999) en el estudio titulado “Interpersonal aggression in urban minority youth: mediators of perceived neighborhood, peer, and parental influences”, la cual mide el nivel de delincuencia y violencia que perciben los propios jóvenes entre sus amistades habituales. En este sentido, las conductas estudiadas han sido: Timo o falsificación de documentos, vandalismo contra la propiedad privada o pública, robo de cosas, golpeo o amenazas de golpear sin razón alguna, ruptura de cristales o forcejeo de cerraduras para robar y sugerencias para infringir la ley. En este sentido, la mayoría de los jóvenes percibe que sus amistades habituales “nunca” realizan este tipo de conductas (Tabla 87). Tabla 87. Porcentajes de respuesta a los ítems de la escala sobre amistades de riesgo DELINCUENCIA/VIOLENCIA DE LOS AMIGOS 1* 2 3 4 5* 1. Timar o falsear documentos 68,9% 15,2% 9,1% 3,8% 3% 2. Vandalizar 67,2% 16,6% 8,9% 4,2% 3,1% 3. Robar cosas 53,5% 25,7% 11,9% 5,4% 3,5% 4. Golpear o amenazar... 78,1% 11,4% 6,2% 2,1% 2,2% 5. Romper cristales... 84,8% 7,3% 3,3% 1,9% 2,7% 6. Sugieren infringir la ley 68,3% 13,3% 8,5% 4,4% 5,4% * 1 significa nunca y 5 siempre De manera que “sólo” un 16,2% de los jóvenes percibe a sus amistades con un nivel de riesgo medio o superior (Tabla 88). 129
130 Tabla 88. Niveles de riesgo de las amistades que presenta la juventud urbana andaluza AMISTADES DE RIESGO FRECUENCIA PORCENTAJE Muy bajo (5-8) 421 53,2% Bajo (9-12) 242 30,6% Medio (13-17) 81 10,2% Alto (18-21) 39 4,9% Muy alto (22-25) 9 1,1% Entre paréntesis se encuentra el intervalo de puntuación de cada nivel, obtenidos de la suma de puntos dados a cada uno de los ítems (de 1 a 5) de la escala sobre amistades de riesgo, lo que supone un rango de 21 puntos (de 5 a 25). Destacando una mayor proporción de hombres que de mujeres con “amistades peligrosas”. Así, uno de cada cuatro varones aproximadamente percibe a sus amistades habituales con un nivel de riesgo medio o superior frente a “sólo” el 8,1% de las mujeres, menos de una por cada diez (Tabla 89). Tabla 89. Niveles de riesgo de las amistades de los jóvenes urbanos andaluces según el género AMISTADES DE RIESGO HOMBRES MUJERES Muy bajo 40,1% 65,2% Bajo 35,5% 25,6% Medio 14,6% 5,8% Alto 7,8% 2,0% Muy alto 2,0% 0,3% Respecto a los niveles de riesgo de las amistades de la juventud urbana andaluza, existen diferencias, dependiendo del grupo de edad, de manera que un 21,9% de los jóvenes entre 15 y 19 años indican niveles de riesgo medio o superior entre sus amistades habituales frente al 14,3% entre los 20-24 años y el 7,7% entre 25-29 años (Tabla 90).
Tabla 90. Niveles de riesgo de las amistades de la juventud urbana andaluza según el grupo de edad AMISTADES DE RIESGO 15-19 AÑOS 20-24 AÑOS 25-29 AÑOS Muy bajo 38,7% 53,7% 66,7% Bajo 34,4% 32,0% 25,2% Medio 15,0% 10,0% 5,8% Alto 9,9% 3,2% 1,9% Muy alto 2,0% 1,1% 0,4% Por lo tanto, se puede concluir afirmando que las amistades de riesgo no son frecuentes entre los jóvenes urbanos andaluces, ya que ni la delincuencia ni la violencia son características típicas de la población. Sin embargo, se advierte que tanto los varones como los adolescentes perciben más violencia y delincuencia entre sus amistades, lo cual supone un riesgo añadido para éstos. En cuanto a la relación que mantiene la violencia de los jóvenes con la de sus amistades, se advierte que sólo el hecho de percibir en ellas cierta tendencia hacia la manifestación de conductas delictivas o violentas -como es el caso de los sujetos que puntúan al menos con un dos alguno de los ítems de la escala-, se asocia con una prevalencia anual de casos con violencia significativamente más alta (Tabla 91). Tabla 91. Prevalencia anual de jóvenes con al menos un episodio violento según el nivel percibido de delincuencia y violencia en las amistades DELINCUENCIA DE LOS AMIGOS 1* 2 3 4 5* Timar o falsear documentos 11% 22% 34% 45% 54% Vandalizar 9,6% 19% 42% 53% 72% Robar cosas 9,5% 20% 28% 39% 57% Golpear o amenazar... 12% 30% 44% 47% 56% Romper cristales... 13% 32% 44% 73% 55% Sugieren infringir la ley 10% 21% 35% 47% 48% En negrita están los porcentajes significativamente superiores (p< ,05) a los aparecidos en el “nivel 1 de riesgo” * 1 significa nunca y 5 siempre 131
horas diarias, presentan una prevalencia anual de casos violentos significativamente superior a la de aquellos con un consumo menor (Tabla 98). A pesar de ello, la mayoría de la población juvenil que manifestó alguna conducta violenta durante el último año presenta un consumo de TV menor a las 3 horas diarias (cuarta columna de la tabla 98). Tabla 98. Prevalencia anual de jóvenes con al menos un episodio violento según las horas de televisión al día y niveles de consumo televisivo diario de la población con alguna conducta violenta TELEVISIÓN NnPrevalencia anual de % en la población con General con violencia casos con violencia alguna conducta violenta No suele ver TV 169 32 19% 22,2% Entre 1-3 h/día 501 72 14% 50% Entre 3-6 h/día 118 31 26% 21,5% Más de 6 h/día 13 6 46% 4,2% En negrita están los porcentajes significativamente superiores (p< ,05) a los aparecidos entre los que no suelen ver TV Por su parte, los hombres que ven la televisión más de tres horas al día presentan una tasa anual de casos con violencia significativamente mayor de la de aquellos con un consumo menor. Sin embargo, entre las mujeres no se aprecia esta relación (Tabla 99). Tabla 99. Prevalencia anual de jóvenes con al menos un episodio violento en cada género según las horas de televisión al día TELEVISIÓN HOMBRES MUJERES No suele ver TV 28% 10% Entre 1-3 h/día 20% 9% Entre 3-6 h/día 34% 17% Más de 6 h/día 86% (7) 0% (6) En negrita está el porcentaje significativamente superior (p< ,05) al aparecido entre los hombres que no suelen ver la TV Entre paréntesis está el número de sujetos del que se extrae el porcentaje Del mismo modo, entre los jóvenes de 25 a 29 años que ven más de 3 horas al día y entre los menores de 25 años que ven más de 6 horas cada día se encuentra una tasa anual 139
140 de eventos con violencia significativamente superior a la de aquellos que no suelen verla (Tabla 100). Tabla 100. Prevalencia anual de jóvenes con al menos un episodio violento en cada grupo de edad según las horas de televisión al día TELEVISIÓN 15-19 AÑOS 20-24 AÑOS 25-29 AÑOS No suele ver TV 36% 18% 7% Entre 1-3 h/día 25% 13% 6% Entre 3-6 h/día 36% 14% 23% Más de 6 h/día 50% 25% 67% En negrita están los porcentajes significativamente superiores (p< ,05) a los aparecidos entre los que no suelen ver TV En resumen, se aprecia una relación entre el abuso de TV de algunos jóvenes varones (más de 3 horas diarias) y los casos de violencia hallados entre estos durante el último año. Sin embargo, esta asociación no se encuentra entre las mujeres. 2. GÉNEROS CINEMATOGRÁFICOS Y VIOLENCIA JUVENIL Para estudiar la preferencia cinematográfica, se pidió a los encuestados que indicaran los cuatro géneros que más les gustaban de los once propuestos: comedia, drama, terror, dibujos animados, tragicomedia, lucha y acción, cienciaficción, romántico, cine social, bélico y suspense/intriga. De esta manera, los géneros preferidos por la juventud urbana andaluza son: comedia (65,2%), suspense e intriga (55,2%), terror (48,0%) y romántico (43,9%) -Tabla 101-.
Tabla 101. Preferencia de géneros cinematográficos GÉNEROS FRECUENCIA PORCENTAJE CINEMATOGRÁFICOS Comedia 529 65,2% Suspense-intriga 448 55,2% Terror 389 48,0% Romántico 356 43,9% Ciencia-ficción 300 37,0% Lucha y acción 244 30,1% Dibujos animados 220 27,1% Drama 200 24,7% Cine social 164 20,2% Bélico 109 13,5% Tragicomedia 87 10,7% Sin embargo, mientras que algunos géneros como el dramático, romántico o suspenseintriga son preferidos principalmente por las mujeres, las películas con contenido violento como las de lucha y acción, bélicas o ciencia-ficción son preferidas fundamentalmente por los hombres (Tabla 102). Tabla 102. Preferencia cinematográfica en función del género GÉNEROS HOMBRES MUJERES CINEMATOGRÁFICOS Comedia 61,7% 68,8% Drama 14,2% 35,4% Terror 51,2% 44,6% Dibujos animados 25,4% 28,9% Tragicomedia 6,6% 15,0% Lucha y acción 46,3% 13,5% Ciencia-ficción 50,5% 23,2% Románticas 20,7% 67,6% Cine social 18,5% 21,9% Bélicas 23,7% 3,0% Suspense-intriga 47,8% 62,8% En negrita están los porcentajes significativamente superiores (p< ,05) a los aparecidos en el mismo género cinematográfico de la población de distinto sexo 141
142 No obstante, los cuatro géneros cinematográficos preferidos por los hombres son en este orden: comedia, terror, ciencia-ficción y suspense-intriga, mientras que entre las mujeres los son: comedia, romántico, suspense-intriga y terror (Tabla 102). Por su parte, las películas de dibujos animados, terror o lucha-acción son preferidas fundamentalmente por los adolescentes, mientras que la comedia, tragicomedia o el cine social son preferidas conforme aumenta la edad (Tabla 103). Tabla 103. Preferencia de los géneros cinematográficos según el grupo de edad de los sujetos GÉNEROS CINEMATOGRÁFICOS 15-19 AÑOS 20-24 AÑOS 25-29 AÑOS Comedia 60,1% 62,8% 73,0% Drama 21,0% 26,0% 27,0% Terror 60,8% 49,1% 33,8% Dibujos animados 31,2% 29,1% 20,9% Tragicomedia 6,1% 11,9% 14,1% Lucha y acción 36,1% 27,7% 26,6% Ciencia-ficción 36,5% 38,9% 35,4% Románticas 42,6% 42,8% 46,4% Cine social 11,0% 21,4% 28,1% Bélicas 15,2% 11,6% 13,7% Suspense-intriga 52,9% 54,0% 58,9% En negrita están los porcentajes significativamente superiores (p< ,05) a los aparecidas en mismo género cinematográfico del grupo de edad más lejano En cuanto a la posible relación entre algunos géneros cinematográficos y la violencia juvenil, los jóvenes con preferencia por películas bélicas, de lucha-acción o terror, presentan una prevalencia anual de casos con violencia significativamente superior a la de aquellos que no los prefieren (Tabla 104).
143 Tabla 104. Prevalencia anual de jóvenes con al menos un episodio violento según las preferencias cinematográficas Nn Nn% anual de casos % anual de GÉNEROS Pref. Pref. No pref. No pref. con violencia casos con violencia CINEMATOGRÁFICOS Pref. No pref. Comedia 529 77 282 66 15% 23% Suspense/Intriga 448 70 363 73 16% 20% Terror 389 83 422 60 21% 14% Románticas 356 39 455 104 11% 23% Ciencia-ficción 300 56 511 87 19% 17% Lucha y acción 244 59 567 84 24% 15% Dibujos animados 220 41 521 102 19% 17% Drama 200 28 610 115 14% 19% Cine social 164 19 647 124 12% 19% Bélicas 109 37 701 106 34% 15% Tragicomedia 87 7 724 136 8% 19% En negrita están los porcentajes significativamente superiores (p< ,05) a los aparecidos en el otro grupo de preferencia La abreviación “Pref.” hace referencia a la preferencia por ese género cinematográfico, mientras que “No pref.” la hace a la no preferencia Por el contrario, los jóvenes que prefieren géneros como la comedia, tragicomedia, romántico o social, presentan una prevalencia anual de casos con violencia significativamente más baja que la de aquellos que no los prefieren. Por su parte, los hombres y las mujeres con preferencia por las películas bélicas presentan porcentajes de episodios con violencia significativamente superiores a los que no las contemplan entre sus preferencias cinematográficas, al igual que las mujeres que eligen el cine de terror entre sus favoritos (Tabla 105).
144 Tabla 105. Prevalencia anual de jóvenes con al menos un episodio violento en cada género según las preferencias cinematográficas GÉNEROS HOMBRES MUJERES CINEMATOGRÁFICOS Sí No Sí No Comedia 21% 31% 8% 14% Drama 24% 25% 10% 10% Terror 28% 23% 14% 7% Dibujos animados 27% 25% 11% 9% Tragicomedia 11% 26% 7% 11% Lucha y acción 27% 24% 15% 9% Ciencia-ficción 24% 27% 8% 11% Románticas 18% 27% 9% 12% Cine social 18% 27% 6% 11% Bélicas 34% 22% 33% 9% Suspense-intriga 24% 26% 9% 11% En negrita están los porcentajes significativamente superiores (p< ,05) a los aparecidos en el otro grupo de preferencia dentro del mismo género Igualmente, existe una tasa de casos con violencia significativamente superior entre los adolescentes que prefieren cine bélico (53%) y/o de lucha y acción (42%), al igual que entre los mayores de 24 años que optan por el cine bélico (22%) -Tabla 106-. Tabla 106. Prevalencia anual de jóvenes con al menos un episodio violento en cada grupo de edad según las preferencias cinematográficas GÉNEROS 15-19 AÑOS 20-24 AÑOS 25-29 AÑOS CINEMATOGRÁFICOS Sí No Sí No Sí No Comedia 26% 35% 11% 21% 8% 10% Drama 20% 32% 14% 15% 10% 8% Terror 34% 23% 14% 16% 11% 7% Dibujos animados 28% 30% 14% 15% 11% 8% Tragicomedia 0% 32% 18% 14% 3% 10% Lucha y acción 42% 23% 19% 13% 6% 10% Ciencia-ficción 29% 30% 15% 14% 12% 7% Románticas 21% 36% 9% 19% 4% 13% Cine social 7% 32% 18% 14% 8% 9% Bélicas 53% 26% 24% 14% 22% 7% Suspense-intriga 29% 31% 12% 18% 8% 10% En negrita están los porcentajes significativamente superiores (p< ,05) a los aparecidos en el otro grupo de preferencia dentro del grupo de la misma edad
Asimismo, aquellos que eligen la comedia, tragicomedia, romántico o social entre sus favoritos, presentan, en algunos grupos de edad, una prevalencia anual de actos con violencia significativamente menor a la de quienes no los tienen como preferentes. En resumen, las prevalencias anuales de casos con violencia entre los jóvenes con preferencia por géneros cinematográficos violentos (bélico, de lucha-acción o terror) son significativamente superiores a las de aquellos que no los eligen entre sus favoritos. Sin embargo, los análisis hechos en función del género y la edad, no siempre muestran diferencias significativas entre las tasas anuales de actos con violencia de quienes prefieren estos tipos de películas y de aquellos que no las eligen. De modo que únicamente el género bélico presentó diferencias significativas en todos los análisis. No obstante, el público adolescente (de 15 a 19 años) con preferencia por el género de lucha-acción y las mujeres con preferencia por el cine de terror presentaron una prevalencia anual de violencia significativamente superior a la de aquellos/as que no las preferían. Por el contrario, otros géneros relacionados con el mundo de los sentimientos y/o el compromiso social como las películas cómicas, tragicómicas, románticas o sociales mostraron una relación inversa, es decir, el público que las prefería era, en general, menos violento que aquel que no las elegía. 3. USO DE VIDEOJUEGOS Y VIOLENCIA JUVENIL Aunque, en general, la mayoría de la juventud urbana andaluza no suele jugar a los videojuegos durante su tiempo libre, algo más de una tercera parte declara jugar con cierta frecuencia. Sin embargo, son muy pocos los que dicen dedicarle más de 1 hora diaria (Tabla 107). Tabla 107. Horas de videojuegos al día VIDEOJUEGOS FRECUENCIA PORCENTAJE No juega 508 63,3% 1 hora o menos al día 217 27,1% Más de 1 hora al día 77 9,6% Por su parte, los hombres juegan más y con mayor frecuencia que las mujeres. Así, algo más de la mitad de los hombres (53,3%) declara jugar a menudo con videojuegos frente a “sólo” el 19,9% de las mujeres (Tabla 108). 145
Tabla 108. Horas de videojuegos según el género VIDEOJUEGOS HOMBRES MUJERES No juega 46,7% 80,2% 1 hora o menos al día 36,2% 17,8% Más de 1 hora al día 17,1% 2,1% Asimismo, existe un mayor número de adolescentes entre los jugadores frecuentes, observándose un descenso del juego conforme aumenta la edad. Así, un 53,1% de los adolescentes dice jugar a los videojuegos frente al 30% aproximadamente a partir de los 20 años (Tabla 109). Tabla 109. Horas de videojuegos según el grupo de edad VIDEOJUEGOS 15-19 AÑOS 20-24 AÑOS 25-29 AÑOS No juega 46,9% 69% 73,4% 1 hora o menos/día 38,7% 22,8% 20,2% Más de 1 hora 14,4% 8,2% 6,5% En relación con la violencia juvenil, es necesario destacar que los jóvenes que declaran jugar con videojuegos presentan una prevalencia anual de casos con violencia significativamente superior a la de aquellos que no juegan (Tabla 110). Tabla 110. Prevalencia anual de jóvenes con al menos un episodio violento según la frecuencia de juego a videojuegos y uso de estos por la población con alguna conducta violenta VIDEOJUEGOS NnPrevalencia anual de % en la población con General con violencia casos con violencia alguna conducta violenta No juega 508 63 12% 43,7% 1 hora o menos al día 217 54 25% 37,5% Más de 1 hora al día 77 22 29% 15,27% En negrita están los porcentajes significativamente superiores (p<,05) al aparecido entre los que no suelen jugar 146
Sin embargo, sólo entre las mujeres se aprecia una prevalencia anual de violencia significativamente superior entre aquellas que juegan a menudo con videojuegos, no encontrándose tales diferencias entre los hombres (Tabla 111). Tabla 111. Prevalencia anual de jóvenes con al menos un episodio violento en cada género según frecuencia de juego con videojuegos VIDEOJUEGOS HOMBRES MUJERES No juega 21% 7% 1 hora o menos al día 28% 18% Más de 1 hora al día 28% 38% En negrita están los porcentajes significativamente superiores (p< ,05) a los aparecidos entre las mujeres que no juegan Asimismo, sólo entre los adolescentes -de 15 a 19 añosque declaran jugar a menudo con videojuegos se encuentra una prevalencia anual de casos con violencia significativamente superior a la de aquellos que afirman no jugar con ellos (Tabla 112). Tabla 112. Prevalencia anual de jóvenes con al menos un episodio violento en cada grupo de edad según frecuencia de juego con videojuegos VIDEOJUEGOS 15-19 AÑOS 20-24 AÑOS 25-29 AÑOS No juega 21% 13% 7% 1 hora o menos al día 35% 19% 13% Más de 1 hora al día 41% 17% 18% En negrita están los porcentajes significativamente superiores (p< ,05) a los aparecidos entre los adolescentes que no juegan En resumen, se aprecia una relación entre el uso frecuente de videojuegos y la violencia manifestada por los jóvenes, de manera que entre los jugadores frecuentes se encuentra una prevalencia anual de episodios con violencia significativamente superior a la del resto. Sin embargo, los análisis realizados en función del género y la edad, sólo confirman relaciones significativas entre los adolescentes y las mujeres. 147
4. CONCLUSIONES SOBRE LA RELACIÓN ENTRE LA TV, CINE Y VIDEOJUEGOS Y LA VIOLENCIA JUVENIL Los medios de comunicación y entretenimiento audiovisuales, de los que gran parte de la juventud es consumidora, parecen relacionarse con la violencia que manifiestan algunos jóvenes en la actualidad. Sin embargo, no sabemos si esta relación es causal o no, es decir, si esta relación se debe a una mayor tendencia o atracción por parte de los jóvenes más violentos hacia estos hábitos o gustos, o es que estos desembocan en mayores probabilidades de manifestación de conductas violentas. Lo único que podemos decir es que algunos hábitos como el consumo diario de TV superior a las tres horas, la preferencia por películas bélicas, de lucha-acción o terror y el uso frecuente de videojuegos se relacionan con mayores porcentajes de casos con violencia en el último año. En cambio, ver la televisión menos de 3 horas diarias, mostrar preferencia por películas cómicas, románticas, tragicómicas o sociales, así como no jugar frecuentemente con videojuegos se relacionaron con descensos significativos de la prevalencia anual de violencia. A modo de conclusión: 1. La mayoría de la juventud urbana andaluza ve la televisión entre 1 y 3 horas al día. 2. Los adolescentes (15-19 años) ven significativamente más la televisión que los de mayor edad. 3. Los jóvenes varones que ven mucha televisión, más de 3 horas al día, presentan una prevalencia anual de casos con violencia significativamente superior a la de aquellos varones que la ven menos. 4. Los cuatro géneros cinematográficos preferidos por el conjunto de la población juvenil son, en este orden, comedia, suspense e intriga, terror y romántico. 5. Mientras que los géneros dramático, romántico y de suspense-intriga son preferidos principalmente por mujeres; los de lucha y acción, ciencia-ficción y bélico son preferidos principalmente por hombres. 6. Mientras que las películas de dibujos animados, terror y lucha-acción son preferidas fundamentalmente por el público adolescente; la comedia, tragicomedia y cine social son preferidos significativamente más por los jóvenes de mayor edad (entre 25-29 años). 7. Mientras que los jóvenes con preferencias por películas de terror, lucha-acción y/o bélicas, presentan una tasa anual de actos con violencia significativamente superior a la de aquellos que no las eligen entre sus favoritas; quienes prefieren géneros como la comedia, tragicomedia, romántico o cine social presentan proporciones de casos con violencia significativamente más bajas que aquellos que no los prefieren. 148
Gráfico 31. Prevalencia anual de jóvenes con al menos un episodio violento según niveles de prevalencia de las conductas delictivas a lo largo de la vida Asimismo, indistintamente del género y la edad de los jóvenes, aquellos que declaran haber consumado varias veces algunos de los delitos estudiados presentan siempre una prevalencia anual de casos con violencia significativamente superior a la de aquellos que, en caso de delinquir, lo hicieron sólo de forma ocasional. Por lo tanto, hemos constatado una clara relación entre la delincuencia y la violencia juvenil. De manera que la prevalencia anual de violencia se ha correlacionado con el historial delictivo de los jóvenes, hasta el punto de que, aproximadamente, uno de cada dos sujetos con historial delictivo reincidente ha manifestado al menos una conducta violenta en los últimos doce meses. 3. CONCLUSIONES ACERCA DE LA RELACIÓN ENTRE DELINCUENCIA Y VIOLENCIA JUVENIL La delincuencia y la violencia son expresiones conductuales con características muy similares dentro de la juventud urbana andaluza. Apareciendo ambos fenómenos asociados a minorías de la población, sobre todo, adolescente y masculina. Al igual que la violencia, la delincuencia tradicionalmente ha sido asociada a las clases sociales con menos recursos económicos, sin embargo, los datos obtenidos cuestionan la validez actual de dicha hipótesis, al menos en la población objeto de estudio. De tal forma que ambas manifestaciones se encuentran protagonizadas por jóvenes de todas las capas económicas, observándose, eso sí, un aumento de las prevalencias violentas y delictivas entre los jóvenes de familias con ingresos económicos extremos (tanto muy bajos como 157 Alguna vez Varias veces obo Allanamiento de morada Venta de cosas robadas Posesión de armas Venta de cannabis o derivados Venta de cocaína, heroína...
158 muy altos). Por lo tanto, parece no tener vigencia la vieja visión que percibía las acciones violentas y delictivas como producto, sobre todo, de condiciones económicas extremadamente desfavorables, al mismo tiempo que predecía una disminución de estos tipos de comportamientos a medida que aumentaban los recursos económicos de las familias. Actualmente existe, en primer lugar, menos diferencia entre las distintas capas sociales respecto a la prevalencia de estas conductas antisociales y, en segundo lugar, parece existir un brote de este tipo de manifestaciones entre los jóvenes de familias con muchos recursos económicos. Por otra parte, es necesario subrayar que todos los delitos estudiados no guardan la misma relación con la violencia. Así, delitos comunes como el robo o el allanamiento sólo se asociaron con incrementos significativos de la violencia cuando estos habían sido realizados de forma reincidente. En cambio, la juventud que había manifestado alguna vez algunos de los otros delitos estudiados, presentaba claramente mayores porcentajes de casos con violencia respecto a aquella que nunca los había cometido. Por su parte, de todos los delitos estudiados, la venta de drogas destaca por su estrecha relación con la violencia, de tal forma que la mayoría de los jóvenes que han vendido algún tipo de droga a lo largo de su vida, también ha manifestado al menos una conducta violenta en el último año. Asimismo, la mayoría de los jóvenes que han manifestado alguna conducta violenta durante el último año, también declara haber llevado consigo un arma al menos una vez en la vida (Tabla 114). Tabla 114. Porcentajes de la población general y población con alguna conducta violenta implicados en conductas delictivas CONDUCTAS N%Prevalencia anual de % en la población con DELICTIVAS General con violencia casos con violencia alguna conducta violenta Robo reincidente 109 13,4% 43,1% 32,6% Allanamiento reincidente 111 13,6% 44,1% 34% Venta de objetos robados 152 18,6% 43,4% 45,8% Posesión de armas 185 22,7% 42,7% 54,9% Venta de cannabis o derivados 117 14,3% 52,1% 42,4% Venta de cocaína, LSD... 57 7% 54,4% 21,5% En negrita están las cifras superiores al cincuenta por ciento en la población con alguna conducta violenta
Finalmente, podemos afirmar que: 1. La mayoría de los jóvenes han intervenido en algún delito como robar o allanar la morada de un particular alguna vez en sus vidas. 2. La reincidencia delictiva es minoritaria en la juventud urbana andaluza. 3. Los hombres cometen significativamente más delitos que las mujeres. 4. El historial delictivo de la población adolescente (de 15 a 19 años), a pesar de su corta edad, es significativamente superior al del resto de edades, lo cual indica un aumento significativo de la delincuencia juvenil entre los adolescentes actuales respecto a generaciones precedentes. 5. Los porcentajes de casos con violencia son mayores entre aquellos con mayor historial delictivo. Los sujetos reincidentes en robos y/o allanamientos presentan una prevalencia anual de episodios con violencia significativamente superior a la de aquellos que nunca los cometieron o los llevaron a cabo sólo de forma ocasional; mientras que los sujetos que han intervenido, alguna o varias veces, en delitos como comerciar con objetos robados, poseer armas o vender drogas presentan una prevalencia anual de casos con violencia significativamente superior a la de aquellos que nunca los cometieron. 6. Las prevalencias de robos, allanamientos de morada, comercio de objetos robados y posesión de armas son mayores entre la población juvenil con ingresos familiares superiores a los 3.606 €/mes (más de 600.000 ptas/mes). Sin embargo, la venta de drogas es mayor entre los jóvenes de familias con ingresos inferiores a los 451 €/mes (menos de 75.000 ptas/mes). 7. Las conductas delictivas, al igual que las violentas, son perpetradas por jóvenes de todas las capas económicas, aunque se encuentra una mayor proporción de jóvenes con incidentes delictivos y violentos entre las familias que perciben ingresos extremos, tanto muy bajos como muy altos. 8. Poseer historial delictivo es una característica típica de los jóvenes que manifestaron alguna conducta violenta durante el último año. 159
161 CAPÍTULO 11 CONSUMO DE DROGAS Y VIOLENCIA JUVENIL
CONSUMO DE DROGAS Y VIOLENCIA JUVENIL En la sociedad existe actualmente la creencia generalizada de que la juventud consume cada vez más drogas, y que este consumo de alguna manera se relaciona con un incremento de la violencia que manifiestan los jóvenes. En este sentido, numerosas investigaciones (Clayton y Tuchfeld, 1982; Anglin y Speckart, 1988; Friedman, 1998) han constatado empíricamente la relación entre violencia y consumo de drogas. Este hecho, nos lleva a plantearnos la necesidad de analizar, por un lado, el historial del consumo de drogas, la edad de inicio y la incidencia del consumo durante el último año y, por otro lado, la relación entre la incidencia anual del consumo de los distintos tipos de drogas y la violencia manifestada actualmente por la juventud urbana andaluza. 1. PREVALENCIA DEL CONSUMO DE DROGAS A LO LARGO DE LA VIDA A la vista de los datos podemos afirmar que la mayor parte de la juventud urbana andaluza ha abusado alguna vez de bebidas alcohólicas, alcanzando el estado de embriaguez (79,2%). Del mismo modo, algo más de la mitad dice haber probado cannabis o alguno de sus derivados en al menos una ocasión (51,9%). En cambio, es minoritaria la juventud que declara haber probado otro tipo de drogas como la cocaína, drogas de diseño, heroína,... de manera que “sólo” uno de cada cinco jóvenes aproximadamente las ha consumido en el transcurso de sus vidas (Tabla 115). Tabla 115. Prevalencia del consumo de drogas a lo largo de la vida del joven CONSUMO DE DROGAS FRECUENCIA PORCENTAJE Abuso de alcohol 637 79,2% Cannabis o derivados 420 51,9% Otras drogas (LSD, cocaína, heroína, etc.) 157 19,4% En cuanto a la frecuencia del consumo, existe un porcentaje ligeramente superior de jóvenes reincidentes que de iniciados tanto en el abuso de alcohol como en el consumo de cannabis o derivados, al contrario que en el consumo de otras drogas más duras, donde se halla un mayor porcentaje de jóvenes iniciados que de reincidentes (Tabla 116). 163 CAPÍTULO 11
Tabla 116. Frecuencia del consumo de droga a lo largo de la vida de los jóvenes CONSUMO DE ALGUNA VARIAS DROGAS NUNCA VEZ VECES Abuso de alcohol 20,8% 36,8% 42,4% Cannabis o derivados 48,1% 24,7% 27,2% Otras drogas (LSD, cocaína, heroína, etc.) 80,6% 11% 8,4% En cuanto a las diferencias entre géneros, los hombres consumen significativamente más drogas que las mujeres, sobre todo en lo que se refiere a drogas socialmente menos aceptadas como la cocaína, los alucinógenos, las drogas de diseño, la heroína, etc. Así, sólo un 11,7% de las mujeres han consumido alguna de estas drogas frente al 27% de los hombres. Asimismo, un 42,7% de las mujeres han probado cannabis, en contraste con el 61,1% de los hombres (Tabla 117). Además, los hombres que han probado estas sustancias declaran mayoritariamente haberlo hecho varias veces en su vida, mientras que las mujeres confiesan haberlo hecho sólo alguna vez (Gráfico 32). Tabla 117. Prevalencia del consumo de drogas a lo largo de la vida del joven en función del género CONSUMO DE DROGAS HOMBRES MUJERES Abuso de alcohol 85,6% 72,6% Cannabis o derivados 61,1% 42,7% Otras drogas (LSD, cocaína, heroína, etc.) 27,0% 11,7% Gráfico 32. Porcentaje de jóvenes iniciados y reincidentes en el consumo o abuso de drogas en función del género 164 0% 10% 20% 30% 40% 50% 60% Hombres iniciados Hombres reincidentes Mujeres iniciadas Mujeres reincidentes Abuso de alcohol Cannabis o derivados Otras drogas (LSD, cocaína, heroína, etc..)
Por otra parte, no se aprecian diferencias significativas entre los distintos grupos de edad, a la hora de analizar los porcentajes de sujetos que afirman haber consumido cannabis o derivados y otras drogas como cocaína, de diseño, heroína, etc. Sin embargo, destaca una mayor proporción de sujetos que han abusado del alcohol a partir de los veinte años frente a los adolescentes (entre 15 y 19 años) -Tabla 118-. Tabla 118. Prevalencia del consumo de drogas a lo largo de la vida del joven en función de la edad CONSUMO DE DROGAS 15-19 AÑOS 20-24 AÑOS 25-29 AÑOS FREC PORC FREC PORC FREC PORC Abuso de alcohol 181 69,1% 232 82,6% 224 85,9% Cannabis o derivados 134 50,8% 156 54,9% 130 49,8% Otras drogas (LSD, cocaína, heroína, etc.) 49 18,4% 61 21,7% 47 18,0% No obstante, es necesario destacar que parece existir un aumento significativo de la frecuencia del consumo de cannabis o hachís en la actual población adolescente (de 15 a 19 años), pues predominan aquellos que manifiestan haberlo consumido varias veces en su vida, mientras que entre los mayores de veinticuatro años son mayoría quienes lo han hecho sólo de forma ocasional (Gráfico 33). Gráfico 33. Porcentaje de jóvenes iniciados y reincidentes en el consumo o abuso de drogas en función de los grupos de edad 165 0% 5% 10% 15% 20% 25% 30% 35% 40% 45% 50% Iniciados de 15-19 Reincidentes de 15-19 Iniciados de 20-24 Reincidentes de 20-24 Iniciados de 25-29 Reincidentes de 25-29 Abuso de alcohol Cannabis o derivados Otras drogas (LSD, cocaína, heroína, etc..)
En resumen, se constata que el consumo de bebidas alcohólicas entre los jóvenes es algo frecuente y generalizado; seguido de cerca por el consumo cada vez más extendido, sobre todo entre los adolescentes –de 15 a 19 años-, del cannabis y sus derivados, mientras que el consumo de otras drogas más duras como la cocaína, los alucinógenos o las drogas de diseño aparece como menos generalizado y más ocasional. En este sentido, es necesario destacar que en general los hombres consumen significativamente más drogas que las mujeres, especialmente cannabis y drogas “duras”. 2. PREVALENCIA E INCIDENCIA DEL CONSUMO DE DROGAS EN EL ÚLTIMO AÑO Aunque en general la mayoría de la juventud urbana andaluza declara no haber abusado de las drogas de forma reincidente durante los últimos doce meses, existe una mayoría de estos que manifiesta haberse emborrachado al menos una vez durante este periodo (52,5%), de los cuales un 11,3% afirma haberlo hecho semanalmente. No obstante, la otra mitad de la población asegura no haber abusado de bebidas alcohólicas durante el último año (Tabla 119). Tabla 119. Incidencia del abuso de alcohol durante el último año INCIDENCIA DEL CONSUMO EN NO HA UNA VEZ O ENTRE 2 Y 3 AL MENOS UNA EL ÚLTIMO AÑO ABUSADO MENOS AL MES VECES AL MES VEZ/SEMANA Abuso de alcohol 47,5% 35,3% 5,9% 11,3% Asimismo, aunque la mayor parte de los jóvenes declaran no haber fumado cannabis en el último año (62,4%), existe un 14,7% de los mismos que afirma haberlo hecho diariamente o, al menos, casi diariamente (Tabla 120). Tabla 120. Incidencia del consumo de cannabis o derivados durante el último año INCIDENCIA DEL CONSUMO EN NO HA UNA VEZ ENTRE 2 Y 10 A DIARIO O EL ÚLTIMO AÑO CONSUMIDO AL MES O MENOS VECES AL MES CASI A DIARIO Cannabis o derivados 62,4% 16,1% 6,9% 14,7% 166
Por otro lado, en relación con el consumo de otros tipos de drogas más duras como la cocaína, los éxtasis, las anfetaminas o los alucinógenos muestran una tendencia similar (Tabla 121). Así, la mayoría de los jóvenes encuestados manifiesta no haber consumido estas sustancias en los últimos doce meses frente a un 14% que confiesa haberlo hecho al menos una vez durante este periodo. Sin embargo, el porcentaje que declara consumir estas drogas semanalmente es muy bajo (2,2%). Tabla 121. Incidencia del consumo de otras drogas durante el último año INCIDENCIA DEL NO HA UNA VEZ AL MENOS CONSUMO EN CONSUMIDO O O MENOS ENTRE 2 Y 3 UNA VEZ/ EL ÚLTIMO AÑO ABUSADO AL MES VECES AL MES SEMANA Otras drogas (LSD, cocaína, heroína, etc.) 86,0% 9,6% 2,2% 2,2% En cuanto a las diferencias de género en el consumo de drogas, se observa que los hombres han consumido significativamente más drogas que las mujeres durante el último año. De manera que el porcentaje de mujeres que consumen cannabis o derivados diariamente es radicalmente inferior al de hombres, lo mismo que ocurre con el consumo de otras drogas y el abuso del alcohol (Tabla 122). Tabla 122. Incidencia del consumo de drogas durante el último año en función del género INCIDENCIA DEL CONSUMO EN NUNCA OCASIONAL REGULAR HABITUAL EL ÚLTIMO AÑO H* M* H M H M H M Abuso de Alcohol 36,7% 58,7% 37,2% 33,3% 8,0% 3,7% 18,1% 4,2% Cannabis o derivados 54,6% 70,4% 14,7% 17,4% 7,2% 6,5% 23,4% 5,7% Otras drogas (cocaína, anfetaminas, psicodélicos, heroína) 79,2% 93,0% 13,0% 6,0% 3,6% 0,7% 4,1% 0,2% * H= hombres y M= Mujeres Por otra parte, en función de la edad, hay que señalar que los adolescentes -de 15 y 19 añosse muestran como los mayores consumidores de cannabis y abusadores de alcohol, 167
de forma que se observa un mayor consumo de estas drogas a edades más jóvenes unido a un descenso de éste a medida que aumenta la edad. Asimismo, los adolescentes consumieron ligeramente más drogas duras que el resto de la población (Tabla 123). Tabla 123. Incidencia del consumo de drogas durante el último año en función de la edad INCIDENCIA NUNCA OCASIONAL REGULAR HABITUAL 15-19 20-24 25-29 15-19 20-24 25-29 15-19 20-24 25-29 15-19 20-24 25-29 Abuso de Alcohol 46,6 45,8 50,4 33,5 37,1 35,2 6,4 5,3 5,9 13,5 11,2 9,1 Cannabis o derivados 57,9 61,5 67,8 13,9 18,5 15,5 9,8 6,4 4,5 18,4 15,4 10,2 Otras drogas 84,2 84,6 89,4 10,5 11,5 6,4 3,0 1,5 2,1 2,3 1,7 2,7 En resumen, la mayoría de los jóvenes urbanos andaluces afirma no haber consumido ninguna de las drogas estudiadas, a excepción del alcohol, durante el último año. En este sentido, el abuso de alcohol aparece muy extendido dentro de la población juvenil (52,5%), lo cual no resulta extraño teniendo en cuenta que es una droga muy aceptada e integrada en nuestra vida social y cultural. Por otra parte, aunque el consumo del hachís o la marihuana no está tan generalizado, es necesario resaltar la existencia de una representación significativa de fumadores asiduos dentro de la población juvenil (14,7%). Otro aspecto relevante es la marcada diferencia entre géneros en el consumo y abuso de las drogas, apareciendo los hombres como consumidores habituales frente a las mujeres como consumidoras ocasionales, sobre todo en lo que se refiere al cannabis y a drogas duras como la cocaína o drogas químicas. Finalmente, se ha puesto de manifiesto que los jóvenes de 15 a 19 años consumen cannabis o derivados de forma habitual en mayor medida que los mayores, del mismo modo que abusan del alcohol con más frecuencia que estos. Mientras que el consumo de otras drogas no se diferencia mucho en función de la edad. 3. EDAD DE INICIO EN EL CONSUMO DE DROGAS En general la edad mayoritaria en el inicio del consumo de drogas se encuentra entre los 15 y 19 años. Así, en este intervalo de edad, entre el 60-65% de los jóvenes se iniciaron en el abuso del alcohol, el consumo de cannabis y otras drogas más duras. No obstante, es necesario apuntar que un elevado porcentaje de ellos, alrededor de una cuarta parte, comenzó a abusar del alcohol (27,9%) y a consumir cannabis o derivados (24,9%) antes de cumplir los quince años (Tabla 124). 168
22. ¿Qué tipo de situación era? (En caso de no aparecer, especifícalo) 1. Campo de Fútbol 6. Simplemente en la calle 2. Estación de Ferrocarril 7. En una zona de marcha 3. Concierto 8. En la Escuela, Instituto, Facultad 4. Motín o barricada 9. En el lugar de trabajo 5. Manifestación 10. En algún otro lugar (especificalo): 23. ¿Utilizaste algún arma?, ¿Qué tipo de arma era? (En caso de no aparecer, especifícalo) 0. No utilicé ningún arma 3. Una pistola 1. Un palo 4. Una botella 2. Una navaja 5. Otro, especificar: 24. Si causaste algún daño a personas u objetos. Señala quién fue la persona u objeto agredido en la primera columna, la edad en la segunda y, el sexo, “V” de varón o “M” de mujer, en la tercera) Objeto de la Agresión ¿Quién? Edad Sexo 1. Un familiar 2. Un/a amigo/a 3. Un/a conocido/a 4. Un/a desconocido/a 5. Objeto 6. Otro/a, especificar: 25. En caso de haber dañado a una persona. ¿Sabes si la persona golpeada necesitó asistencia médica? 0. No necesitó o creo que no........ ■■ 1. Sí necesitó o creo que sí ........... ■■ 2. No lo sé..................................... ■■ 26. Señala el principal motivo o finalidad de tu conducta (Elige sólo una opción): 1. En defensa propia 9. En defensa de una propiedad, negocio... 2. Para hacerme respetar 10. Para desafiar una autoridad o norma social 3. Para llamar la atención, como provocación 11. Para conseguir algo, como reivindicación 4. Para proteger a otra persona 12. Para hacerme temer 5. Por diversión 13. Porque la otra persona o grupo era del otro 6. Por venganza equipo o de otra ideología, raza, orientación sexual... 7. Como medio para resolver un conflicto 14. Otro motivo (especifícalo): 8. Para descargar mis energías 286
27. ¿Cuánta gente estuvo involucrada? 0. No lo sé.......................... ■■ 1. Alrededor de personas más. (especifica el número de personas) 28. ¿Has golpeado alguna vez a alguna persona (en peleas con amigos, familiares, profesores...)? 0. Nunca Si has contestado “Nunca” pasa a la pregunta Nº 36 1. Alguna vez 2. Varias veces 29. ¿A qué edad aproximadamente golpeaste a alguien por primera vez? años 30. ¿Lo has hecho en los últimos doce meses? 0. No..................................... ■■ Pasa a la Pregunta Nº 36 1. Sí....................................... ■■ ¿Cuántas veces? veces Contesta a las siguientes preguntas referidas únicamente a la última vez que golpeaste a alguien: 31. ¿Sabes si la persona golpeada necesitó asistencia médica? 0. No necesitó o creo que no........ ■■ 1. Sí necesitó o creo que sí ........... ■■ 2. No lo sé..................................... ■■ 32. ¿Quién fue la persona objeto de agresión? (Señala quién fue la persona agredida en la primera columna, la edad en la segunda y, el sexo, “V” de varón o “M” de mujer, en la tercera) Objeto de la Agresión ¿Quién? Edad Sexo 1. Un familiar 2. Un/a amigo/a 3. Un/a conocido/a 4. Un/a desconocido/a 5. Otro/a, especificar: 33. ¿Dónde ocurrió? (En caso de no aparecer, especifícalo) 1. En mi barrio 4. En una zona de marcha o movida 2. En la escuela/instituto/facultad 5. En el trabajo 3. En otro barrio de mi ciudad 6. Otro: 287
288 34. Señala el principal motivo o finalidad de tu conducta (Elige sólo una opción): 1. En defensa propia 9. En defensa de una propiedad, negocio... 2. Para hacerme respetar 10. Para desafiar una autoridad o norma social 3. Para llamar la atención, como provocación 11. Para conseguir algo, como reivindicación 4. Para proteger a otra persona 12. Para hacerme temer 5. Por diversión 13. Porque la otra persona o grupo era del otro 6. Por venganza equipo o de otra ideología, raza, orientación sexual... 7. Como medio para resolver un conflicto 14. Otro motivo (especifícalo): 8. Para descargar mis energías 35. ¿Lo hiciste sólo/a o con otras personas? 0. Sólo............... ■■ 1. Con alrededor de personas más. (especifica el número de personas) 36. ¿Has dañado alguna vez a alguien con una navaja, un palo u otro arma? 0. Nunca Si has contestado “Nunca” pasa a la pregunta Nº 45 1. Alguna vez 2. Varias veces 37. ¿A qué edad aproximadamente dañaste con un arma a alguien por primera vez? Años 38. ¿Lo has hecho en los últimos doce meses? 0. No..................................... ■■ Pasa a la Pregunta Nº 45 1. Sí....................................... ■■ ¿Cuántas veces? veces Contesta a las siguientes preguntas referidas únicamente a la última vez que dañaste con un arma: 39. ¿Qué tipo de arma era? (En caso de no aparecer, especifícala) 1. Piedras 4. Una pistola 2. Un palo 5. Una botella 3. Una navaja 6. Otro, especificar: 40. ¿Sabes o crees que la persona dañada necesitó asistencia médica? 0. No necesitó o creo que no........ ■■ 1. Sí necesitó o creo que sí ........... ■■ 2. No lo sé..................................... ■■
289 41. ¿Quién fue la persona objeto de agresión? (Señala quién fue la persona agredida en la primera columna, la edad en la segunda y, el sexo, “V” de varón o “M” de mujer, en la tercera) Objeto de la Agresión ¿Quién? Edad Sexo 1. Un familiar 2. Un/a amigo/a 3. Un/a conocido/a 4. Un/a desconocido/a 5. Otro/a, especificar: 42. ¿Dónde ocurrió? (En caso de no aparecer, especifícalo) 1. En mi barrio 4. En una zona de marcha o movida 2. En la escuela/instituto/facultad 5. En el trabajo 3. En otro barrio de mi ciudad 6. Otro: 43. Señala el principal motivo o finalidad de tu conducta (Elige sólo una opción): 1. En defensa propia 9. En defensa de una propiedad, negocio... 2. Para hacerme respetar 10. Para desafiar una autoridad o norma social 3. Para llamar la atención, como provocación 11. Para conseguir algo, como reivindicación 4. Para proteger a otra persona 12. Para hacerme temer 5. Por diversión 13. Porque la otra persona o grupo era del otro 6. Por venganza equipo o de otra ideología, raza, orientación sexual... 7. Como medio para resolver un conflicto 14. Otro motivo (especifícalo): 8. Para descargar mis energías 44. ¿Lo hiciste sólo/a o con otras personas? 0. Sólo............... ■■ 1. Con alrededor de personas más. (especifica el número de personas) 45. ¿Has insultado públicamente alguna vez a alguien con motes o descalificativos personales (como por ejemplo: gordo, gallina, pringao, inútil...)? 0. Nunca Si has contestado “Nunca” pasa a la pregunta Nº 52 1. Alguna vez 2. Varias veces 46. ¿A qué edad aproximadamente insultaste públicamente a alguien por primera vez? años
47. ¿Lo has hecho en los últimos doce meses? 0. No..................................... ■■ Pasa a la Pregunta Nº 52 1. Sí....................................... ■■ ¿Cuántas veces? veces Contesta a las siguientes preguntas referidas únicamente a la última vez que insultaste públicamente: 48. ¿Quién fue la persona objeto de insulto? (Señala quién fue la persona agredida en la primera columna, la edad en la segunda y, el sexo, “V” de varón o “M” de mujer, en la tercera) Objeto deinsulto ¿Quién? Edad Sexo 1. Un familiar 2. Un/a amigo/a 3. Un/a conocido/a 4. Un/a desconocido/a 5. Otro/a, especificar: 49. ¿Dónde ocurrió? (En caso de no aparecer, especifícalo) 1. En mi barrio 4. En una zona de marcha o movida 2. En la escuela/instituto/facultad 5. En el trabajo 3. En otro barrio de mi ciudad 6. Otro: 50. Señala el principal motivo o finalidad de tu conducta (Elige sólo una opción): 1. Para ridiculizarlo públicamente 8. Para hacerme temer 2. Por diversión 9. Porque la otra persona o grupo era del otro 3. Para llamar la atención, como provocación equipo o de otra ideología, raza, orientación sexual... 4. Por venganza 10. Para hacerme respetar 5. Para responder a una provocación verbal 11. Para llamar a alguien pero sin intención de agredir 6. Para descargar mis energías 12. Otro motivo (especifícalo): 7. Para desafiar una autoridad o norma social 51. ¿Lo hiciste sólo/a o con otras personas? 0. Sólo............... ■■ 1. Con alrededor de personas más. (especifica el número de personas) 52. ¿Has amenazado gravemente alguna vez a alguien? 0. Nunca Si has contestado “Nunca” pasa a la pregunta Nº 59 1. Alguna vez 2. Varias veces 290
53. ¿A qué edad aproximadamente amenazaste gravemente a alguien por primera vez? años 54. ¿Lo has hecho en los últimos doce meses? 0. No..................................... ■■ Pasa a la Pregunta Nº 59 1. Sí....................................... ■■ ¿Cuántas veces? veces Contesta a las siguientes preguntas referidas únicamente a la última vez que amenazaste: 55. ¿Quién fue la persona objeto de insulto? (Señala quién fue la persona agredida en la primera columna, la edad en la segunda y, el sexo, “V” de varón o “M” de mujer en la tercera) Objeto deinsulto ¿Quién? Edad Sexo 1. Un familiar 2. Un/a amigo/a 3. Un/a conocido/a 4. Un/a desconocido/a 5. Otro/a, especificar: 56. ¿Dónde ocurrió? (En caso de no aparecer, especifícalo) 1. En mi barrio 4. En una zona de marcha o movida 2. En la escuela/instituto/facultad 5. En el trabajo 3. En otro barrio de mi ciudad 6. Otro: 57. Señala el principal motivo o finalidad de tu conducta (Elige sólo una opción): 1. En defensa propia 9. En defensa de una propiedad, negocio... 2. Para hacerme respetar 10. Para desafiar una autoridad o norma social 3. Para llamar la atención, como provocación 11. Para conseguir algo, como reivindicación 4. Para proteger a otra persona 12. Para hacerme temer 5. Por diversión 13. Porque la otra persona o grupo era del otro 6. Por venganza equipo o de otra ideología, raza, orientación sexual... 7. Como medio para resolver un conflicto 14. Otro motivo (especifícalo): 8. Para descargar mis energías 58. ¿Lo hiciste sólo/a o con otras personas? 0. Sólo............... ■■ 1. Con alrededor de personas más. (especifica el número de personas) 291
59. ¿Has tomado alguna vez cannabis, hachis o porros? 0. Nunca Si has contestado “Nunca” pasa a la pregunta Nº 62 1. Alguna vez 2. Varias veces 60. ¿A qué edad aproximadamente consumiste cannabis, hachis o porros por primera vez? años 61. ¿Has consumido en los últimos doce meses? 0. No..................................... ■■ 1. Sí....................................... ■■ ¿Cuántas veces? veces 62. ¿Te has emborrachado alguna vez tomando cerveza, vino, licor u otras bebidas alcohólicas? 0. Nunca Si has contestado “Nunca” pasa a la pregunta Nº 65 1. Alguna vez 2. Varias veces 63. ¿A qué edad aproximadamente te emborrachaste por primera vez? años 64. ¿Lo has hecho en los últimos doce meses? 0. No..................................... ■■ 1. Sí....................................... ■■ ¿Cuántas veces? veces 65. ¿Has tomado alguna vez otras drogas como heroína, cocaína, LSD, anfetaminas...? 0. Nunca Si has contestado “Nunca” no continues has finalizado, 1. Alguna vez gracias por tu colaboración 2. Varias veces 66. ¿A qué edad aproximadamente consumiste alguna de estas drogas por primera vez? años 292
67. ¿Lo has hecho en los últimos doce meses? 0. No..................................... ■■No continúes, has finalizado, gracias por tu colaboración 1. Sí....................................... ■■ ¿Cuántas veces? veces 68. ¿Qué tipos de drogas has tomado durante los últimos doce meses? (señala todas las respuestas) 1. Heroína 5. Anfetaminas 2. Metadona 6. Sedantes 3. Cocaína 7. Psicodélicos/mescalina/hongos/LSD/éxtasis 4. Crack 8. Otras: Has finalizado Por favor, antes de entregar el cuestionario revisa si has contestado a todas las preguntas Muchas gracias por tu colaboración 293
