Redistribución de la renta nacional y estado de bienestar en España desde la transición
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163 Redistribución de la Introducción renta nacional ‘~‘ ualquier análisis empírico de la estado de bienestar redistribución estatal de la renta en España desde la exige una solución previa a nume - rosos problemas de orden teórico y metodoló - transición gico que condicionan por completo el enfoque dado al lado cuantitativo de la investigación. Una primera cuestión importante es la de cómo ha de medirse esa renta nacional cuya distribución y redistribución nos interesa. Aunque pueda parecer que se trata de un pro - blema resuelto, esto es así sólo en el marco de la contabilidad nacional convencional, que Diego Guerrero parte de categorías aparentemente claras, pero que solo lo son por convencion, no porque y Díaz Calleja hayan servido para resolver los agudos proble - Emilio mas conceptuales pendientes. A modo de ejemplo, piénsese en el problema que plantea que la «producción» de los funcionarios se considere parte integrante del PIB y no lo sea la «producción» doméstica: si se excluye ésta última, por útil que pueda ser, basándose en consideraciones de que no se trata de produc - ción mercantil, habría que hacer lo mismo con la primera, pues tampoco en ese caso aparece por ninguna parte la producción de valor. De hecho, esto es lo que se hará en este trabajo, siguiendo los postulados que se explican más ampliamente en otro lugar (véanse Guerrero, 1989 y Diaz Calleja, 1993). Una segunda cues - tión es el enfoque que se le da a la redistribu - ción de la renta por parte del Estado. Como veremos, este problema no es independiente del tratamiento más general que se haga del problema previo de la distribución de la renta, ya que si se piensa que ésta se lleva a cabo retribuyendo el mercado a cada factor con el equivalente de su aportación a la producción no hay lugar para la cuestión que nos va a ocu - par más tarde, a saber, la de cómo corrige el Estado esta distribución espontánea del merca - do, pues no tiene sentido corregiruna distribu - ción que ya de por síes óptima y justa. En con - secuencia, antes de entrar en la cuestión de la redistribución y del papel que desempeña en ella el Estado (epígrafe 2), habrá que abordar el problema teórico de la distribución de la renta (epígrafe 1), y sólo tras ambas reflexio - nes estaremos bien equipados para pasar a la vertiente empírica de la investigación (que desarrollaremos en el epígrafe tercero). Diego Guerrero, Universidad Complutense, Madrid, y Emilio Díaz Calleja. Universidad de Sevilla. Política y Sociedad, 28 (i998), Madrid (pp. 163-ISí)
164 Diego Guerrero y Emilio Díaz Calleja 1. La distribución de la renta Pero veamos más de cerca las dos versiones de la teoría estática de la distribución, antes de resumir la teoda alternativa. omo vamos a apostar claramente por una de las teorías de la distribuA) La teoría neoclásica de la distribución ción de la renta, descartando otras de la renta es un edificio teórico asentado más generalmente aceptadas, hay que comensobre el ilusorio principio de que los factores zar aclarando las razones que nos llevan a esta productivos (trabajo, tierra, capital, etc.) son elección. Las teorías más extendidas de la disremunerados de acuerdo con su contribución tribución de la renta han demostrado sus limiespecífica a la producción. Más particular - taciones. Tanto la teoda neoclásica (clarkiana) mente, esta teoría postula que la remuneración como la neorricardiana (sraffiana) están de cada factor, en condiciones de competencia imbuidas del principio de la estática comparaperfecta —que es el marco obligado de refe - tiva que anula el análisis dinámico y dismirencia para los neoclásicos convencionales—, nuye la capacidad explicativa de estas teorías viene dada por el valor de su producto margi - en un marco como el capitalista, que es cualnal a corto plazo (es decir, el resultado de quier cosa menos estático. Guerrero, 1997, ha multiplicar el producto físico obtenido por la insinuado que quizás sea preciso un nuevo última unidad de factor, que se supone decre - enfoque global de la historia del pensamiento ciente, por el precio, que se supone constante, económico, que resitúe las aportaciones de los de ese producto). La posibilidad de calcular distintos paradigmas y escuelas en función de productos marginales (y, en consecuencia, los nuevos desarrollos logrados por los autores costes marginales) estriba en el debatido que parten de la teoría laboral del valor como supuesto de ausencia de indivisibilidades y de principio interpretativo básico. En particular, discontinuidades en el uso de todos los facto - habría que comenzar a pensar en dos grandes res, pero este problema no tiene que ver, como ramas de la economía neoclásica (que quizás creen algunos, con la forma (lisa y convexa, o habría que llamar mejor «economía estática»): bien diferente) de las isocuantas de produc - en lugar de identificar neoclasicismo y margición, sino con la unidad de medida de la can - nalismo, habría que aclarar que los supuestos tidad de factores, por lo que no es un proble - implícitos de la teoda de Sraffa coinciden, de ma prácticamente relevante. Más importante una manera mucho más profunda de lo que es, sin embargo, la cuestión de los «plazos» en hasta ahora se venía intuyendo, con los de el contexto del «tiempo ficticio» que suelen Walras, de forma que seria más correcto disusar los neoclásicos. tinguir, dentro de la corriente estático-neocláLa productividad marginal decreciente den - sica —o quizás, mejor, estático-matemática va de la conocida «ley de los rendimientos moderna— dos grandes ramas. En primer lugar, decrecientes», que sólo rige en el contexto de el marginalismo, caracterizado siempre por su la estática comparativa, donde la técnica está subjetivismo aunque ya no por el utilitarismo dada de forma inalterable. Si, con una técnica al que se asociaba originalmente, y en segundo dada, se supone dada la escala de la planta y lugar el matricialismo, caracterizado por un del equipo de la empresa (su capital fijo), la objetivismo no utilitarista pero si fisicalista. productividad del factor variable (trabajo Ambos se oponen al análisis dinámico, caracdirecto, materias primas, energía...) terminará teristico de los clásicos y de Marx, y más acordisminuyendo a medida que se añaden canti - de con la naturaleza del sistema que se pretendades adicionales del mismo. Así expresado, de investigar. Por ello, nuestra primera tesis se trata de un resultado absolutamente indiscu - consiste en afirmar que esta oposición, más tibIe, pero completamente trivial e irrelevante que suponer un avance analítico, retrotrae en la práctica si lo que nos interesa es com - necesariamente el análisis económico a estaprender el funcionamiento de las empresas dios premarxianos (e incluso preclásicos en capitalistas. En la realidad de este sistema, la algunos casos), por lo que se impone una reactécnica varía continuamente en el tiempo real 2, ción contra esta tendencia, basada en la necey esto permite la existencia de rendimientos sidad de recuperar el análisis dinámico para crecientes en el tiempo (en la evolución histó - poder, así, avanzar a partir de lo ya adquirido, rica). Por otra parte, el trabajo nunca opera en ~PbS16
Redistribución de la renta nacional y estado de bienestar... 165 solitario (sin materias primas, sin energía, en que es imposible calcular cualquier canti - etc.), so pena de engendrar un producto mardad física de capital de la que pudiera derivar - ginal igual a cero, por lo que, en buena lógica se, antes de conocer los precios (de produc - neoclásica, habría que concluir que el producción), un «producto marginal físico del to marginal del factor(es) variable(s) es, en capital» que sirva para determinar el precio de realidad, el precio de una mercancía compleja este factor (como en el modelo marginalista). y extraña, formada por el trabajo más las Por tanto, recurren a un sistema de ecuaciones materias primas más la energía, etc. Por últisimultáneas y al álgebra matricial para deter - mo, si, aplicando la peculiar simetría analítica minar de forma no secuencial, sino simultánea, de la teoría neoclásica, se supusiera variable los precios de producción y la variable distri - el capital —la planta y el equipo—, y fijo el trabutiva (de las dos a que se reduce este modelo: bajo (más las materias primas y la energía), el tasa de ganancia y salario real) cuyo valor no precio que se obtendría en este caso a partir de se fija exógenamente. Ante esto hay que seña - la correspondiente productividad marginal del lar dos cosas. En primer lugar, que es verdad factor variable seria el precio de la planta y el que la distribución y los precios se determinan equipo, pero todavía faltaría por demostrar simultáneamente, pero no a la manera como qué tipo de relación existe entre éste y la tasa acostumbran a hacerlo estos autores sino en la general de ganancia o el tipo de interés de la forma en que señalara Marx y que han desa - economía. rrollado modernamente otros autores (véanse Ahora bien: no hace falta suponer la proGiussani, 1993/94; Freeman, 1995, o Carchedi ductividad decreciente de los «factores» mdiy de l-laan, 1995). Pero, en segundo lugar: la viduales en el corto plazo estático para detercuestión fundamental estriba en la teoría sub - minar su precio. Basta aplicar la ley general de yacente del valor. Para Marx, los precios están la demanda, que por cierto tampoco requiere determinados por el trabajo abstracto necesa - referencia alguna al concepto de utilidad, rio para reproducir las mercancías, es decir, como pretenden los neoclásicos castizos. El por los valores, y éstos vienen determinados a argumento es tan sencillo como esto: en nuessu vez por la productividad, que es otra mane - tro sistema, cualquiera que necesite algo, sea ra de referirse al estado de la técnica (el desa - un bien o un factor, deberá pagar su precio rrollo social de la fuerza productiva) en un mercantil; por consiguiente, dada la renta disdeterminado momento histórico. Como ésta es ponible de los demandantes para tal fin, bastacambiante y tiende a mejorar con el tiempo, la rá con que baje el precio de ese algo en cuesproductividad aumenta y los precios o valores tión para que al menos un demandante, y por descienden (en términos de dinero constante). tanto el conjunto de ellos, supuesto cierto nivel Por lo tanto, es de fundamental importancia de descenso en el precio, y ante la mayor capateórica incluir esta tendencia descendente en cidad adquisitiva real generada por el descenlos modelos explicativos de la realidad empreso de ese precio, aumente la cantidad demansarial capitalista, y es esto precisamente lo que dada al nuevo precio. En Guerrero 199S se se pierde cuando se deja de usar este enfoque muestra, siguiendo a Rubin 1929, cómo, si el dinámico en favor de la estática comparativa coste de producción del bien o del factor está (tanto en la versión marginalista neoclásica dado socialmente, el precio tenderá a establecomo en la versión matricialista sraffiana). cerse alrededor de ese coste o precio de proC) Si se toma en cuenta esta tendencia, lo ducción (incluyendo unatasa de ganancia que que más importa es observar cómo evolucio - tiende a la tasa media de la economía), y cómo nan los precios actuales en relación con los la demanda no hace, en el largo plazo real, precios pasados (del periodo inmediatamente sino determinar la cantidad adquirible a dicho anterior). Por tanto, el principio metodológico precio. clave consiste en considerar dados los precios E) Los críticos neorricardianos y sraffianos antiguos (que están ya materializados en los del marginalismo rechazan, como nosotros, la elementos adquiridos por los capitalistas y que teoría clarkiana de la distribución de la renta, integran el valor de sus activos o balances pero en cambio defienden otra teoría que es empresariales al comienzo del periodo produc - asimismo incapaz de superar el marco de la tivo), y en comprender cómo, en el mismo proestática comparativa neoclásica. Ellos insisten ceso en que se determinan la producción y los POLITJ¶~
166 Diego Guerrero y Emilio Díaz Calleja precios presentes, se determina la distribución y reproducción de ese trabajo humano. Luego «simultánea» de la renta. Pero esta distribuel beneficio no es la retribución de los serví - ción es el resultado de un proceso doble, que, cios de ningún factor, sino una parte del valor en cuanto proceso social, está condicionado creado por el trabajo que los capitalistas están por la lucha de clases entre el capital y el traen condiciones de apropiarse porque son los bajo, pero que, desde un punto de vista econópropietarios de los medios de producción y mico, se reduce a la manifestación de una también los propietarios del trabajo desarrolladoble tendencia. Por una parte, el proceso de do por la fuerza de trabajo que ellos han com - competencia intrasectorial tiende a fijar preprado de acuerdo con el principio general de cios (presentes) únicos en el sector (para un intercambio de equivalentes. mismo bien de determinada calidad) a partir de precios (pasados) dados de los inputs; y, por Por tanto, no es válido observar el proceso otra parte, el proceso de competencia intersecde creación y circulación de la renta nacional tonal tiende a fijar precios (presentes) quepercomo se hace habitualmente en los manuales mitan una remuneración del capital proporciode economía ~, a la manera en que se recoge en nal al stock global invertido (ya valorado a la figura 1. Más bien habría que interpretar precios pasados). dicho proceso como se representa en la figura Desde este punto de vista, no existe el famo2. En ésta se observa cómo hay una división so «problema de la transformación» que esencial tanto en el interior de las empresas muchos han esgrimido como razón fundamencomo en el conjunto de las familias. En las tal para rechazar la teoría laboral del valor, empresas, la renta que el trabajo crea sólo se Según ésta, el origen del beneficio —que no es destina parcialmente a los trabajadores: puesto sino la expresión monetaria del plusvalor— que el capital que los capitalistas dedican a radica en la diferencia entre el valor nuevo que pagar la masa salarial es el capital «variable», el trabajo humano crea en la producción meres decir, el único que crece en magnitud por cantil y el valor de los medios de subsistencia medio del proceso de producción, llamaremos Gasto nacional: consumo de bienes ~ servicios Renta nacional: rentas por los factores Figura 1. El doble flujo, monetario y real, de la renta nacional, en el enfoque neoclásico.
Redistribución de la renta nacional y estado de bienestar... 167 a la renta de los asalariados V1 (posteriormencubrir así, empíricamente, el efecto de la pre - te aparecerán los conceptos «corregidos» de sencia intervencionista del Estado-; pero pre - y2 y V~, que no son sino cuantías modificadas viamente analizaremos el papel del Estado del capital variable), mientras que el trabajo no desde un punto de vista teórico (epígrafe 2). pagado da origen ala renta de los capitalistas ~, que nace como PV1 (el plusvalor del que sur - gen posteriormente PV2 y PV3). Las familias asalariadas reciben V1 y lo gastan integramen2. El Estado y la te en bienes de consumo, mientras que las redistribución de la renta familias capitalistas reciben PV1 y lo destinan a consumir una parte de los bienes de consumo A) LA RELACIÓN ENTRE y a comprar la totalidad de los bienes de inverECONOMÍA, SOCIEDAD Y sion. Evidentemente, en el esquema se presESTADO cinde del ahorro y del sistema financiero con el mismo titulo con el que se prescinde tam-MM ay dos enfoques ortodoxos de las bién de la presencia del Estado (con ánimo fl relaciones entre el Estado, la ecopuramente simplificador de la exposición),~~ nomia y la sociedad: el «liberalpero de lo que se trata a partir de ahora es de neoclásico» y el «socialdemócrata», éste últi - analizar cómo incide el Estado en la distribumo compartido en lo esencial por una amplia ción primaria de la renta (entre y1 y PV1) obtegama de corrientes teóricas, que va desde los nida en el interior de las empresas: veremos en keynesianos y los postkeynesianos a los regu - el epígrafe 3 cómo la distribución inicial se lacionistas, los radicales, los polanyanos y transforma primero en una distribución entre habermasianos, muchos marxistas, la genera - V2 y PV2, y, finalmente, en un reparto entre V3 lidad de los teóricos del «Estado del bienesy PV3 —pues de lo que se trata es de comparar tar», etc. Para los neoclásicos típicos, la socie - estos nuevos repartos con el original, para desdad no existe sino como un agregado de Los capitalistas consumen (Ch) e invierten (1) Figura 2. El esquema circular de la renta, en un modelo con dos clases sociales.
168 Diego Guerrero y Emilio Díaz Calleja individuos, y el Estado se limita —o debiera mentalmente por sus pretensiones «realistas». limitarse— a establecer el marco legal de la Desde este punto de vista, el mercado autorre - economía de mercado en el contexto delimitagulador es aún hoy no sólo una posibilidad do por la capacidad básica de autorregulación perfectamente real sino una realidad perfectadel sistema mercantil. El resultado es el mermente posible, y al mismo tiempo es una enor - cado autorregulador concebido como una benme desgracia para la mayor parte de la huma - dición y un ideal, que se plasma en la operanidad. Sometidos a la esclavitud del mercado ción práctica de mercados omnipresentes, hasta en el uso de la propia capacidad laboral, eficientes, óptimo-paretianos, benefactores y los hombres se ven además bombardeados con generadores de armonía social. los argumentos del debate sobre si son más Para el segundo enfoque citado, la idea abundantes los tradicionales «fallos de merca - misma del mercado autorregulador —autosufido» o los más novedosos «fallos del Estado» ciente y benefactor— es una utopia imposible con los que contraatacan los liberales a ultran - que debe sustituirse o complementarse con el za, ignorando que ambos términos no hacen concepto más realista de la (simultánea) hetesino ocultar al unísono la verdad esencial: que rorregulación estatal y/o institucional. El merel fallo es el mercado, y, por tanto, ni la socie - cado tiene quizás una relevancia especial dendad ni su economía podrán funcionar hasta tro del conjunto de instituciones sociales, pero liberarse de él. En términos de las relaciones la dinámica económica está, de forma imporentre la sociedad, el Estado y la economía, esta tante, sujeta a la regulación del Estado y de su tercera posición puede desarrollarse a partir de política económica, de modo que seránormallos tres enunciados básicos siguientes: 1) la mente posible (aunque imperfectamente) idea de que el mercado lo pone el Estado; corregir los fallos que ocasiona el funciona2) que, a su vez, el Estado lo pone el mercado; miento «espontáneo» del mercado, y aliviar y 3) que el mercado autorregulador, o la mano sus costes sociales ‘t La economía actual, invisible de Smith, sigue operando también en desde este punto de vista, no es sino una supela economía capitalista contemporánea, a ración del mercado autorregulador puro, que pesar de lo mucho que tanto el Estado como ha pasado a ser, en cuanto tal, cosa del pasado. los monopolios (o grandes empresas) han En su versión polanyana, tan de moda actualaumentado su tamaño y su peso relativo. mente, y que no es sino una visión oweniana y socialista-utópica moderna —aunque, en cual1. Desde un punto de vista histórico, el quier caso, es una versión muy crítica con el Estado desempeñó un papel esencial en la cre - enfoque liberal dominante—, la interpretación ación del mercado nacional (el mercado inte - al uso es que los fallos de mercado (del merrior como algo opuesto a los mercados locales cado autorregulador típico del siglo XIX y de y al comercio exterior o internacional; el mer - las primeras décadas de siglo XX) llegaron a cado de trabajo; la propia economía de merca - ser tan numerosos y tan nocivos para la esendo: temas todos ellos abordados por Polanyi, cia social del hombre, o esencia humana de la 1944), junto a la evolución paralela en el ámbi - sociedad, que a ésta no le quedó más remedio to material, técnico y social, dominada por la que reaccionar, y, en su reacción, la sociedad transición de la herramienta a la máquina y de no pudo menos que terminar destruyendo el la cooperación simple y la manufactura a la mercado autorregulador, dando paso a un Estagran industria fabril y el sistema automatizado do de tipo intervencionista y protector —lo que de máquinas. En este sentido, no cabe duda tantos llaman hoy el «Estado del bienestar»— y que el mercado lo pone el Estado, y basta para a nuevas formas de economía acordes con lo ello ilustrar la idea con el análisis de la acu - anterior. En esto consiste, pues, la «gran transmulación originaria del capital que realiza formación» que se estaba produciendo a Marx en El Capital (Marx 1867, cap. 24). mediados de este siglo, según el famoso libro 2. Por otra parte, el Estado lo pone el mer - de Polanyi (1944). cado, ya que, como ha afirmado Block, en Pero los dos anteriores no agotan todo el nuestra sociedad el Estado es «estructural - espectro. Todavía hay lugar para un tercer mente dependiente de la economía de merca - enfoque, quediverge por igual del liberal y del do» (Block, 1977). Esto significa que, con socialdemócrata, y que se caracteriza fundaindependencia de la cuestión de a qué clase
Redistribución de la renta nacional y estado de bienestar... 169 pertenezcan en concreto los funcionarios del precios mercantiles. Es más: no sólo es posible Estado, y sin necesidad de recurrir al concepesta reproducción capitalista, sino que en tér - to de Estado como puro instrumento al serviminos históricos esta forma social se ha mos - cio de la clase dominante 6, existe una doble trado muy superior a otras anteriores, en tér - funcionalidad que el aparato del Estado debe minos de su contribución al desarrollo de las prestar a la reproducción capitalista (permitir fuerzas productivas y al crecimiento económi - la acumulación libre del capital y contribuir a co. Ahora bien, al socializar cada vez más, y al la legitimación del sistema) y que viene eximismo tiempo, el trabajo colectivo y la fuerza gida por la simple persistencia de las relacioproductiva vinculada a la ciencia y la técnica, nes de producción capitalistas. O sea, que el el desarrollo capitalista elimina poco a poco la mero hecho de que en el seno de una sociedad base material sobre la que se desarrolló este domine el modo de producción capitalista, sistema: el trabajo privado. Dicho de otra con la consiguiente privatización universal manera, engendra poco a poco la base material del trabajo y de sus resultados (la plusvalía, la de la autolimitación y autodestrucción del sis - acumulación o inversión, el stock de capital, tema antiguo que la sociedad puede utilizar etc.), pone en manos de la clase de los procomo trampolín para la construcción de un pietarios capitalistas, de forma objetiva, las nuevo sistema económico y social, que, lógi - herramientas necesarias (el control de la camente, reclamará un Estado de nueva planta inversión y de los flujos financieros, cuando (pero la posición relativa entre el Estado y la no la huelga de inversiones, etc.) para bloeconomía no cambia en el interior de la eco - quear la autonomía del Estado en caso de que nomia capitalista, sino que sólo a una nueva ésta exceda ciertos limites. Todo ello exime forma social le corresponderá una economía y de la necesidad de usar el Estado como si de un Estado diferentes). un nuevo instrumento para regular la econo - mía de tratara: mientras los instrumentos básicos sigan siendo la competencia intrasecB) VERDAD Y MITO DEL ESTADO tonal y la tendencia a la igualación de las DEL BIENESTAR tasas sectoriales de ganancia (para los capita - les reguladores), el Estado sólo puede adapAl mito de que el mercado y la competencia tarse al funcionamiento de estas leyes. Pero perfecta producen resultados óptimo-paretia - esto no quiere decir que la humanidad no nos y máxima eficiencia social se oponen pueda liberarse de la tiranía del mercado: sólo quienes creen necesaria una buena dosis de significa que para ello no basta con aplicar intervención estatal para corregir los numerootra política económica; se necesita primero sos «fallos de mercado» que caracterizan la acabar con la privatización del trabajo, es competencia real y el funcionamiento de los decir, cambiar de raíz las relaciones de promercados en la práctica. Sin embargo, éstos ducción y permitir así un cambio en la natuúltimos han terminado por mitificar también raleza del Estado, para que éste pueda poner sus argumentos, dando lugar a una concepción en práctica una política al servicio del ciudadiferente aunque también idealizada de las dano, liberada de la camisa de fuerza que sociedades capitalistas contemporáneas. En imponen el mercado y la competencia. esta nueva versión, se supone que el peso y el 3. Por último, la mano invisible de Smith poder del Estado en la economía son suficien - sigue operando más de dos siglos después. tes para corregir de manera sustancial el Despojada de la envoltura apologética en que modus operandi del mercado, no sólo a través aparece inicialmente, la idea de la mano mvide otras dimensiones de la política económica, sible está también presente en Marx aunque sino también por la vía de la redistribución de con un significado distinto: la sociedad puede la renta que la maquinaria del Estado puede reproducirse materialmente sin necesidad de poner en práctica. Esta función redistributiva que el trabajo sea directamente social, como lo tiene numerosas vertientes que no vamos a demuestra la factibilidad de la sociedad capitaanalizar en este trabajo —la redistribución inte - lista, donde la reproducción es posible por la rregional o geográfica, la intergeneracional, la vía indirecta del trabajo privado socializado ex redistribución de los ocupados hacia los para - post, por intermediación del mercado y los dos, etc.—, pero un componente esencial que se
170 Diego Guerrero y Emilio Díaz Calleja supone siempre presente en cualquier definiexistir una mayor progresividad de la fiscali - ción del llamado «Estado del bienestar» condad global. siste en el efecto redistributivo que, aparente2. Dada la naturaleza no progresiva, en mente desde el capital al trabajo, genera la general, de la imposición fiscal, los efectos existencia del moderno «salario social» (comredistributivos parecen reducirse a los gastos puesto por las pensiones y otras prestaciones públicos; en particular, los gastos en «transfe - sociales y sanitarias, más ayudas y asistencia rencias desempeñan un papel esencial en la de naturaleza diversa) que ha venido a comredistribución de la renta, en la medida en que pletar de forma cada vez más importante el benefician esencialmente a los tramos más «salario directo» pagado por las empresas a bajos» (ibid., p. 322), particularmente porque sus trabajadores. en los tramos más bajos de renta se concentran La interpretación dominante de esta funlas parejas de jubilados. En un estudio elabo - ción redistribuidora del Estado (desde un rado por Medel, Molina y Sánchez para el caso punto de vista funcional) es que la misma de España (1981), se advierte, sin embargo, permite amortiguar de forma importante la que si bien «porcentualmente el gasto público tendencia a la desigualdad que se asocia, en beneficia a los más pobres, en términos abso - este enfoque, y en contraste con la interpretalutos la situación se invierte» (Medel, Molina ción puramente neoclásica, con el funcionay Sánchez, 1988, p. 74). miento espontáneo del mercado. Así, se supone en este caso que gracias a la interEn cuanto a la economía radical, hay traba - vención pública las clases populares están en jos que llegan a conclusiones parecidas a las condiciones de acceder a unos niveles de anteriores. Bowles y Gintis, conocidos repre - renta disponible y de consumo superiores a sentantes de esta corriente, plantean, en su los que podrían disfrutar en caso de que la conocido trabajo sobre la crisis del «capitalis - distribución inmediata que se genera en el mo democrático liberal», que «la formación interior de las empresas no fuera modificada social capitalista avanzada puede representarse por la presencia del Estado del bienestar, más adecuadamente como una articulación del Esta interpretación se encuentra tanto en anáEstado democrático liberal y la producción lisis ortodoxos como radicales, como se capitalista» en la que resulta esencial la diná - observa en los dos ejemplos que comentamos mica de la lucha de clases, ya que el poder de a continuacion. los trabajadores en la lucha política por una En un informe para la OCDE (véase OCDE, distribución más favorable se presenta como el 1987, Pp. 9-354), Saunders y Klau resumen las impedimento central de la desaceleración de la principales conclusiones de varios estudios acumulación de capital, y está por tanto en la (situados en la primera línea citada) sobre la base de la crisis económica actual (Bowles y «incidencia presupuestaria neta» de la Gintis, 1982, Pp. 51-52). La tesis central de siguiente manera: estos autores se basa en la idea de que el Esta - do democrático liberal, y los vínculos que 1. «La fiscalidad en su conjunto es grosso ligan la propia democracia liberal con la acu - modo proporcional a la renta inicial» (ibid., mulación de capital, sólo pueden reproducirse p. 310). En el caso del Reino Unido (1971), gracias a lo que describen como un acuerdo según un estudio de O’Higgins y Ruggles, histórico, y en consecuencia coyuntural, de resulta sin embargo regresiva para los niveles clase entre capital y trabajo. En este sentido, el más bajos; conclusiones similares se desacuerdo que reconstituye las relaciones entre prenden, según este estudio, en el caso de los capital y trabajo en el periodo de la postguerra, Estados Unidos (1971). Para Canadá (1970), que incide de manera decisiva en la propia según Dodge, «la fiscalidad en su conjunto es dinámica de la acumulación,tiene consecuen - aproximadamente proporcional en los tramos cias distributivas que se materializan en «una intermedios de renta, regresiva para las rensubstancial redistribución desde el capital al tas inferiores.., y ligeramente progresiva en trabajo» por medio del impacto redistributivo los tramos más elevados» (ibid., p. 318). de la intervención estatal, y más concretamen - Únicamente en Suecia (1970), según un estute del denominado citizen wage o salario social dio de Franzen, Lérgren y Rosenberg, parece (ibid., Pp. 69-70).
Redistribución de la renta nacional y estado de bienestar... 171 Pero como afirman Shaikh y Tonak (1987), transferencias de renta implicadas es princi - «la metodología convencional hace difícil palmente de tipo intra-clases o de tipo geneabordar muchas cuestiones importantes reíaracional» (Mishra, 1989, pp. 120-121). Tam - tivas al impacto social de los impuestos y los bién en España, Roddguez Cabrero y J. Roca gastos públicos. En primer lugar, porque los se han expresado de forma similar, al afirmar estudios convencionales clasifican generalel primero que «la financiación de los servi - mente a la población en función de la magnicios sociales se hace a a partir de un sistema tud de la renta que recibe, uniendo en un impositivo en el que contribuyen todos los mismo grupo a quienes reciben rentas del traniveles de renta, siendo los escalones mediobajo y quienes las reciben de la propiedad. bajos el eje central de financiación, de forma Esto significa que se diluye la distinción que la redistribución de renta y bienestar es entre trabajadores y no trabajadores. En más una redistribución entre ciclos sociales segundo lugar, al analizar el impacto del (de ocupados a parados, de activos a inacti - gasto público sobre estos grupos, se tratan vos, etc.) que entre clases sociales (de las cIatodos los gastos públicos como puros gastos ses altas a las bajas)» (Rodríguez Cabrero, sociales. En este contexto, la noción misma 1986, p. 48); en cuanto a Roca, escribe en un del gasto social pierde todo sentido, ya que trabajo sobre España (1970-1988) que «el una gran expansión del gasto militar (como sector público ha actuado más como redistri - en los años de la guerra del Vietnam) se conbuidor en el seno mismo de la clase trabaja - sidera esencialmente equivalente a una dora que como redistribuidor desde otros gru - expansión del gasto en bienestar social. En pos sociales a los trabajadores asalariados, y esta medida, la metodología subyacente vela no ha alterado las grandes tendencias de la realmente los costes y ventajas sociales de la participación de los asalariados en la renta intervención estatal» (p. 183). Por esta razón, total (Roca, 1991). en los últimos tiempos se ha abierto camino Desde posiciones marxistas diversas, tam - una nueva interpretación del fenómeno redisbién se ha llegado a estas conclusiones. Así, tributivo del Estado que pone en entredicho el Mandel asegura que lo que se produce es una modo anterior de ver las cosas, y ello no «redistribución ‘horizontal’ mediante una cen - siempre desde posiciones marxistas o inspiratralización de partes del plusvalor y de los das en la teoría laboral del valor ~, sino tamsalarios (‘salarios indirectos’), cuyo efecto es bién desde perspectivas menos heterodoxas. asegurar que ciertos gastos, que aun siendo La conclusión básica de estos estudios es que importantes para la preservación de la socie - el impacto neto de la intervención estatal dad burguesa no son cubiertos por desembol - sobre la distribución de la renta, en términos sos privados de los dos principales grupos de «funcionales» o «intercíasistas», no es signiingresos, se realicen efectivamente» (Mandel, ficativo, por lo que puede afirmarse que el 1972, Pp. 313 y ss.). Y Claus Offe escribe: «A Estado redistribuye más bien en sentido despecho de las innegables ventajas en condi - «horizontal» (en el interior de las clases ciones de vida de los asalariados, la estructura sociales) que en sentido «vertical» (entre las institucional del Estado del Bienestar ha hecho diversas clases sociales). poco o nada por alterar la distribución de Para un analista clásico de la política social ingresos entre las dos clases principales que como Richard Titmuss, esta idea es perfectason el trabajo y el capital. La enorme maquimente factible desde los origenes del Estado nana de redistribución no funciona en la direc - del bienestar, lo que le llevó a poner en entreción vertical sino en la horizontal, esto es, dendicho el papel redistributivo de la política tro de la clase de los asalariados» (Offe, 1980, social británica en sus tres primeros lustros de p. 143). existencia (Titmuss, 1964). En el mismo senEl trabajo de Shaikh y Tonak ~ representa un tido, Mishra ha señalado que «la conclusión paso adelante esencial en los trabajos empiri - general que la mayoría de los estudios pone cos sobre esta materia lO. No se trata sólo de la de manifiesto es que la redistribución de la crítica de trabajos anteriores situados en el renta inter-clases, i. e. desde los grupos sociocampo cdtico, donde muestran que «al exami - económicos más altos hacia los más bajos, es nar de cerca tales estudios se revela que, o bien mas bien modesta, y que la naturaleza de las se han ignorado los impuestos pagados por los
178 Diego Guerrero y Emilio Díaz Calleja 4.23 en 1992, evidenciando así el enorme países desarrollados de la OCDE, apoya fueraumento experimentado en España en la desitemente la tesis aquí defendida de que gran gualdad económica entre las dos clases sociaparte de los beneficios atribuidos al llamado les principales. «Estado del Bienestar» son un puro mito que Esta pauta objetiva contraria a los asalariasólo puede ser consumido en el circuito politi - dos, acentuada durante la segunda mitad del co-mediático, pero de escasa relevancia en tér - período analizado, no debe interpretarse como minos del análisis científico. Sin embargo, ello el resultado de la política económica desarrono quiere decir que despreciemos la lucha de lIada en la segunda época 19, La razón de esto los sectores sociales que se oponen a lo que es que no parece que la acentuación de la desihoy se llama «la necesaria reforma del Estado gualdad se deba a un sesgo especial de los del Bienestar, con vistas a su salvaguardia» gobiernos del PSOE 20 y no sólo porque (Rojo, 1996, pero también Gómez Castañeda, podría ser que se hubiera observado esa misma 1995 y tantos otros). Simplemente, propone - pauta si los gobiernos hubieran sido de otro mos que se llame a las cosas por su nombre, partido, sino sobre todo porque la situación que el aumento del peso del Estado en el PIB general de los 80 no era la misma que predono significa por si mismo bienestar para todos, minaba en la década anterior, como demuestra ni el Estado capitalista parece muy apto para la experiencia similar del resto de los países de ser calificado de benefactor por aquéllos que nuestro entorno. Lo que queremos resaltar es lo sufren. Si nos oponemos a lo que muchos que parece fuera de duda que la incidencia de llaman el «desmantelamiento» del Estado del los factores internos a la propia dinámica de la Bienestar es porque somos contrarios al conte - acumulación de capital tuvieron un peso nido de lo que se ha hecho y se pretende seguir mucho mayor que los ligados a las diversas haciendo tras esa inadecuada denominación. modalidades intervencionistas de los respectiNos oponemos a la retórica del Estado del Bie - vos gobiernos, nestar como a la retórica de la competitividad Concretamente, el hecho de que en la décay del europeísmo, pero sospechamos que lo da de los setenta no hubiera habido aún tiemque muchos quieren desmantelar es el conjun - PO suficiente para el amplio despliegue posteto de los derechos de los trabajadores, uno por rior de las estrategias de restructuración uno, así como su nivel de vida y sus condicio - productiva dirigidas a la recuperación de la nes de trabajo. Sin embargo, lo esencial es rentabilidad por la vía de los ataques al nivel recordar que a una economía de mercado y, de vida y a las condiciones de trabajo de los por tanto, del malestar sólo le puede corresasalariados; el aumento del desempleo ligado a ponder un «Estado del malestar». la persistencia de la situación de sobreacumu - lación durante varias décadas, y a las consi - guientes políticas económicas instrumentadas NOTAS en los ochenta y en los noventa, en todo el mundo, para «reducir la inflación» (es decir, ¡ En Guerrero 1995 puede encontrarse un intento de para aumentar el desempleo y luchar contra las desarrollar aspectos importantes del análisis microeco - conquistas obreras); la posibilidad, bien apronómico a partir de un enfoque alternativo, basado en el vechada, de corregir parcialmente la situación principio dinámico que inspiraba a los clásicos ya Marx. 2 y para afinnar esto no es preciso pertenecer a la ubi - con el recurso a los déficits públicos masivos, cua secta de la «revolución científico-técnica» peiranente. que alivian la tensión distributiva en el mme3 Véase una aguda crítica de esta interpretación en el diato corto plazo pero que tarde o temprano libro de Weeks 1989. terminan por generar un efecto redistributivo Tén~ase en cuenta la definición más precisa que se trabajo 2i; hace en eí epígrate 3, donde se distingue entre tasa de muy claro en contra de las rentas de plusvalía y lasa de explotación. ...todo eso debe tener una parte importante en 5 Véanse Gough 1987, p. 895, Picó 1987, p. 131. y la explicación del fenómeno que aquí se aborGómez Castañeda 1995. da, con independencia de la medidas concretas ‘ Véanse dos interesantes y recientes repasos a la liteinstrumentadas por un gobierno u otro. rawra marxista del Estado en Das 1996 y Jessop 1995. Como conclusión de todo lo anterior, digatan Las hipótesis metodológicas de estos trabajos afec - tanto a los impuestos como a los gastos.. Así, para mos que la evidencia empírica disponible, medir la repercusión de los impuestos no asignables tanto para el caso de España como para otros directamente, se establecen hipótesis específicas: éste es
Redistribución de la renta nacional y estado de bienestar... 179 el caso de las hipótesis establecidas sobre la repercusión, estiman los gastos sociales asignados a los trabajadores en los precios y en los beneficios, de los impuestos que y se subestiman las cargas fiscales soportadas por ellos. recaen sobre las empresas, tanto directos como indirecUna vez corregidos estos errores, «sus conclusiones se tos; también es el caso de las hipótesis establecidas para convienen exactamente en las contrarias» (ibid., p. 185). medir las repercusiones de las contribuciones a los segu2 La asignación de las cargas tributadas pagadas al ros sociales sobre los precios y los salarios. Por otra Estado y de los beneficios e ingresos recibidos del parte, para medir los beneficios del gasto público no mismo a los dos segmentos se realiza utilizando como directamente asignables, éstos se estiman en función de indicador básico la participación de cada tipo de renta en la utilización que sus beneficiarios hacen de los bienes y la renta personal «ajustada», o ratio de participación servicios, y, caso deque no sea posible, como sucede con laboral y no laboral respectivamente. Así se procede en los «bienes públicos en sentido estricto» (como los de primer lugar con la asignación de los ingresos tributados defensa y seguridad civil), los gastos públicos corresestatales, con la excepción de algunas rúbricas que se pondientes se desglosan por igual entre todos los tramos asignan directamente a los segmentos laboral y no labo - establecidos de renta, o bien se desglosan mediante otros ral; de esta forma, el impuesto sobre la renta personal, el métodos, que implican estudios de sensibilidad, sin que, impuesto sobre el patrimonio de las familias, las licen - por lo general, se tenga «en cuenta ninguna economía cias de vehículos de motor, las cargas personales no externa» (OCDE 1987, p. 309). impositivas y otros impuestos se asignan a los trabajadoEn Guerrero 1989, 1990a, 1990c, 1992, Días Calleres en función de la ratio de participación laboral. Igualja 1993, 1994 y 1995a, y Guerrero y Moral 1990 se hace mente, esta ratio se utiliza —con la excepción de los asig - un repaso de esta literatura, a Jaque hay que unir otra no nados directamente— en la asignación de los gastos comentada allí, como Freeman 1992, Bartelheimer y estatales, en dinero y en especie, a los trabajadores (y Wolf 1992, o Shaikh y Tonak 1994; y se hacen también propietarios): educación, sanidad y hospitales, activida - diversas contrastaciones empíricas de la consistencia de des recreativas y culturales, energía, recursos naturales, estas ideas, aplicadas a los casos de España y de los pafservicio postal y transpones. ses más importantes de la OCDE, que nos van a servir de ‘~ Es evidente que hay excepciones a esta calificación, base para este trabajo. En realidad, esta línea de trabajos pero no debe olvidarse que también las hay en el sector empíricos sobre la incidencia funcional o social del Estaprivado, donde algunos supuestos asalariados no son sino do en la distribución de la renta, que parte toda ella de las capitalistas que consiguen así rentas adicionales, ya sean categorías y del instrumental analítico puesto en práctica monetarias, ya en especie, a través del Estado. a partir de la teoría laboral del valor, se enmarca en una ‘~ Esto quiere decir que se dejan fueran las rentas del corriente más amplia, actualmente de enorme desarrollo, sector de administraciones públicas, que surgen de una que concede una importancia decisiva a la necesidad de redistribución de la auténtica renta (véase Guerrero, contrastación empírica de cualquier tesis sobre la teoría 1989). y la realidad económicas que se enuncie desde los postu- ‘> En realidad se trata del conjunto de las Adminis - lados del paradigma laboral del valor. Tanto si se parte de traciones Públicas, pero nos referiremos a él con el tér - la necesidad de cuantificar variables en términos de valomino, más cómodo, de «Estado». res-trabajo como en términos de la expresión monetaria ~ Se trata no sólo de impuestos strictu senso, sino de de dichos valores, los que adoptan este enfoque cuentan todos los ingresos percibidos por el Estado por cualquier ya con una tradición importante que se extiende a camconcepto. pos cada vez más diversos (véanse los repasos a esta lite- “ La renta nacional se obtiene a partir del PIN , una ratura que se incluyen en Delaunay 1984, Shaikh y vez descontados de éste los valores añadidos imp’htados Tonak 1994, Guerrero 1996, Duménil y Lévy 1993, a los funcionarios, al servicio doméstico y a la rama de Moseley 1993, Carchedi 1991, Kalmans 1982, Khanjian alquiler de viviendas. Para una justificación teórica de 1989, Papadimiíriou 1988, etc.) desde que se hicieran los este proceder, véase Guerrero 1989. importantes trabajos pioneros de Gilíman 1957, Mage ‘~ Según los datos de Shaikh y Tonak 1994, que uti - 1963, etc. (véase, en general, el contenido de revistas lizan una metodología diferente, sobre todo porque con - como Capital and Class, Rcview of Radical Political sideran que todo el trabajo realizado en los sectores Economies, New Lefr Revicw, Scienceand Society, Plusligados a la distribución es improductivo, y, en consevalore,InternationalJo¿¡rnalofPoliticalEconomy,etc.). cuencia, estos salarios deben sumarse a la plusvalía y Véanse Shaikh 1975, 1978, 1980, Tonak 1984, restarse del capital variable. Para una crítica de este 1986 y Shaikh y Tonak 1987 y 1994. supuesto, véase Guerrero 1993, y para un análisis deta - Y no sólo en esta materia: véase la exhaustiva y llado de la cuestión del trabajo productivo, véase Gue - minuciosa aportación sobre todo el campo de la contabirrero 1989 y un resumen en 1990d. Para un análisis de lidad nacional, las tablas input-output y las medidas de la tasa de plusvalía española entre 1954 y 1988, véase las variables esenciales del análisis basado en la teoría Guerrero, 1990b. laboral del valor que puede encontrarse en su reciente ‘< En Guerrero 1990a y 1992, y Guerrero y Moral libro (Shaikh y Tonak 1994). 1990, se apuntaba a una intensificación del sesgo redis - A este respecto, señalan las deficiencias empíricas tributivo en contra de los trabajadores durante el período del trabajo de Bowles y Gintis: mientras que la familia 1982-87. En una perspectiva más amplia, este hecho no media representativa de la clase trabajadora se construye parece tan evidente. sobre la hipótesis de cuatro miembros y un solo percep20 Aunque habría que analizar también hasta qué tor, «la familia media norteamericana correspondiente al punto la situación económica de fondo explica en parte año 1977 se componía de aproximadamente 3 miembros la «necesidad» de gobiernos de este corte, en la medida y 1.2 perceptores de ingresos», de manera que se sobreen que parece haber demostrado la experiencia histórica p—jfib¡#y
180 Diego Guerrero y Emilio Díaz Calleja universal que determinadas medidas «impopulares» de GíussANí, P. (1993/94): «La determinación de los precios ajuste y austeridad son mejor aceptadas si son instrude producción», Política y Sociedad, números 14/15, mentadas por gobiemos socialdemócratas que si lo son Pp. 235-244. por gobiernos de la derecha más tradicional. GÓMEZ CASTAÑEDA, J. (¡995): «Los límites económicos 2L La razón es que los intereses de la deuda pública del Estado del Bienestar», Política y Sociedad, n~ 18, que se comtenza a acumular debido a los déficits benefiPp. 185-194. cia claramente a la clase de los capitalistas, única con GOUGH, 1. (1987): ~<Welfare state», The New Pa/grave: A capacidad de ahorro neto, mientras que la parte de los Dictionary of Econenhics, eds. J. Eatwell, M. Milgate. trabajadores en el total de los nuevos activos financieros E. Newman, Londres, Macmillan, vol. IV, Pp. 895no supera un pequeño porcentaje del total. 897. GUERRERO, D. 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