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Trazos de una vida

Vallejo Fernández de la Reguera, Jesús

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TRAZOS DE UNA VIDA JESÚS VALLEJO Universidad de Sevilla Buenas tardes. Cuando concebimos este acto, con el respaldo del Área de Historia del Derecho y de las Instituciones y del Departamento de Ciencias Jurídicas Básicas, y con todo el aliento y el apoyo del Decanato, que agradezco mucho, sabíamos que tenía que ser un acto de participación plural, desarrollado en una sesión en la que necesariamente las intervenciones deberían ser breves. Todos los intervinientes se han atenido a esa limitación de tiempo, e incluso así se las han arreglado para evocar de manera emotiva y rigurosa, como lo han hecho, la figura de Pipo Clavero. Esa contención, sin duda difícil, es de agradecer, y eso hago en primer lugar, dar las gracias a quienes han acudido a nuestra llamada y han participado en esta mesa. Y por la misma razón, la de la limitación necesaria, también debo dar las gracias por su comprensión a quienes queriendo, pudiendo y —diría incluso— debiendo haber intervenido, no han sido convocados para no convertir este acto en un desfile interminable de testimonios, muchos de ellos, con seguridad, tan valiosos como los que se han manifestado aquí y desde luego más que el mío. No es esta la ocasión para analizar de manera rigurosa, larga y profunda la obra de Bartolomé Clavero, para ponderar su trayectoria académica y su legado no solo científico. Mucho se ha escrito ya sobre todo ello, que a Pipo afortunadamente se le ha celebrado y homenajeado en vida y contamos con bastante literatura al respecto, desde semblanzas de quienes le conocieron bien, como la que publicó nuestro compañero en el Área Antonio Merchán en su libro sobre los doctores iuris de la Fábrica de Tabacos, hasta estudios extensos sobre muy diversos aspectos de su obra. Por eso me limitaré a recordar alguna faceta de la personalidad de Pipo, de entre las muchas que a mi juicio lo hacen merecedor de un acto como este. En concreto, una que tiene que ver con su manera de hacer, con su productividad vertiginosa. No se trata solo de la velocidad a la que escribía, 58 CRÓNICA JURÍDICA HISPALENSE Nº 20-21/2022-2023 claro; también se puede ser muy rápido para decir tonterías, y no era el caso; la suya es una obra de extensión descomunal, de interés sobresaliente y de rigor constante. Espero que a nadie le resulte impropia la comparación que voy a hacer —yo creo que no lo es—, pero para mí la manera de hacer de Pipo se asemeja, salvando todas las distancias, a la de un ilustrador coreano al que descubrí por casualidad a través de las redes sociales, Kim Jung Gi. Los vídeos que circulan de él por internet suelen mostrarlo de pie, ante una enorme hoja de papel blanco pegada a una pared y rodeado de espectadores, nunca muchos, en lo que parece a veces una clase o una demostración en cualquier lugar del mundo, con ocasión quizás de alguna exposición, de la presentación de un libro, de la celebración de un salón de cómic o una feria editorial, no sé. Este dibujante, armado solo con un pincel fino y directamente a tinta, empieza sin vacilación alguna a dibujar a partir de cualquier lugar del papel que toma como punto de partida, y va elaborando poco a poco una ilustración complejísima (un mercado rural, una batalla) abigarrada de personajes de todo tipo, en perspectivas además nada fáciles y comenzando desde el centro de la escena, y no digo centro porque el dibujo se expanda en todas direcciones en el plano del papel, que también, sino porque van apareciendo progresivamente ante la vista del espectador no solo las figuras que están detrás de las primeramente dibujadas, sino también las que están delante: lo que está en primer plano va tomando forma con toda exactitud ocupando huecos y vacíos que el dibujante ha ido dejando previamente libres y que uno, simple espectador, solo entiende cuando nuevos trazos y nuevas manchas de tinta nos hacen evidente su razón de ser. Y todo ello se va disponiendo además con la distorsión exacta de un gran angular o de un ojo de pez, con varios puntos de fuga que extienden la escena hacia arriba, hacia abajo, hacia ambos lados, hacia el fondo y hacia nosotros… El caso es que parece, y a esto voy, que el artista está entintando un dibujo ya hecho, un dibujo de trazo tan tenue que en el vídeo no podemos apreciar. La impresión que da este ilustrador es que está repasando líneas que solo él puede ver. Y no, no hay nada de eso, no hay ningún boceto, ningún trazo previo. Es, en definitiva, como si tuviera toda la escena en su cabeza antes de dibujarla, como si la hubiese proyectado en el papel y se estuviera limitando a desvelarla para que los demás podamos verla también. 59JESÚS VALLEJO Me ha dado muchas veces con respecto a los trabajos de Pipo esta misma impresión, acrecentada en sus intervenciones orales y en muchas conversaciones que he tenido con él: la de que tenía muy clara la orientación que había de dar a sus trabajos antes de ponerse manos a la obra. Era como si tuviese sabido de antemano el camino que había que recorrer para el tratamiento de cualquier asunto, y no solo el camino, sino también las etapas que tenía que cubrir, las bifurcaciones que tenía que descartar y hasta la propia meta a la que tenía que llegar; como si estuviera haciendo visible para el lector, igual que el artista que me ha servido de ejemplo, una trayectoria que ya tenía completa y clara en su cabeza; como si no estuviera construyendo su trabajo, sino pasándolo a limpio. No quiero decir que lo supiera todo de antemano, claro que no (lo he visto dudar muchas veces), y mucho menos quiero significar que condujese sus artículos y sus libros hacia lo que había arbitrariamente prefijado. No, no es eso. Creo que la clave está en que cuando emprendía cada uno de ellos tenía acerca del asunto que iba a tratar una posición muy formada. Muy formada, precisamente. Fruto de una larga y rigurosa formación previa. Me parece claro que el virtuosismo de Kim Jung Gi y el de Bartolomé Clavero son fruto primario del talento. Tanto uno como otro estaban por naturaleza bien pertrechados para su labor, plástica en el caso del primero e intelectual en el del segundo: tenían las cualidades precisas, las dotes necesarias. Pero es evidente también que la aparente facilidad con la que ambos resolvían sus tareas era fruto de un entrenamiento extenso, incansable. Seguramente Kim Jung Gi no paró de dibujar en toda su vida, y de Pipo sabemos que tampoco paró, o casi, de leer y de escribir. Lo estaba diciendo él mismo en la foto que nos ha servido para publicitar este acto, obtenida del vídeo de una intervención suya en la Universidad de Cádiz en la que, a preguntas de la profesora Sara Acuña, dijo más o menos esto: “Si a mí me preguntan quién soy, digo que soy una persona que ha estudiado, que se ha dedicado luego a seguir estudiando, que en una época de su vida ha leído muchísimo, [… que se ha pasado] años leyendo, leyendo, estudiando, estudiando, y que luego ha seguido leyendo, y que luego ha seguido estudiando”. Esto decía de sí mismo. Pipo invirtió en su formación gran parte de su vida. Se empeñó como pocos en formarse, en formarse una posición propia y personalísima. Se entrenó de forma intensa y continuada, entre- 60 CRÓNICA JURÍDICA HISPALENSE Nº 20-21/2022-2023 namiento que en nuestro trabajo intelectual consiste primariamente en el estudio y en la lectura. No en una lectura pasiva, de observación o asimilación de la posición del otro a quien se lee, sino en una lectura activa de confrontación con el otro a quien se lee. Aquí vale muy bien el símil musical. En la lectura (en la lectura de verdad, en la que da fruto, en esa lectura activa a la que me refiero) hay dos voces, al menos y principalmente dos voces, que se desenvuelven en contrapunto. La línea que va siguiendo la voz leída, que es el pensamiento de quien ha escrito, avanza en paralelo con la línea de la voz que lee, que es el pensamiento del lector. El curso de ambas se acerca y se aleja provocando consonancias y disonancias, convergiendo tal vez incluso hacia algún unísono, divergiendo a veces hasta casi negarse la una a la otra. Se trata de un ejercicio que desafía y pone a prueba la voz propia, y que desde luego la fortalece. Pipo estaba naturalmente bien dotado para esa lectura compleja: tenía un acentuado espíritu crítico, una innata disposición a no asumir verdades establecidas, una clara tendencia a considerar la transacción como excepcional, y una querencia muy viva por descubrir la parte velada de la realidad. Esas cualidades le llevaban casi naturalmente a conformar primero, y a robustecer después, unas particularísimas posiciones, las suyas propias. Ese entrenamiento contrapuntístico, ese proceso de formación en el que se empeñó siempre, no es en absoluto solitario. La lectura es un trayecto en compañía. Cuando uno lee, tiene primero la compañía del autor a quien lee, la de aquel de quien aprende, la de aquel con quien aprende, con quien dialoga; él tuvo el acompañamiento de aquellos a quienes leyó, de aquellos de quienes aprendió, de aquellos con quienes aprendió y dialogó. Y después, cuando uno escribe para ser leído, tiene la compañía del lector a quien convoca. Pipo quiso también ese acompañamiento: desafiaba continuamente en sus escritos, y quien desafía necesita al desafiado. Requirió compañía, la pidió siempre en sus artículos y en sus libros y nos la sigue pidiendo, porque sus artículos y sus libros siguen ahí, a nuestro alcance. No me imagino que, en ese sentido figurado, pueda estar nunca solo, ni siquiera ahora; no puedo no pensar, con todo lo que escribió, que en cualquier momento y en cualquier lugar haya alguien que le esté leyendo, que esté en su compañía, aprendiendo con él. Del mismo modo que Pipo dialogó con tantos, nosotros podremos seguir dialogando con Pipo, tanto cuanto queramos. Que sea en un tiempo distinto al suyo, que sea en un tiempo después del suyo, da igual. La profesión que 61JESÚS VALLEJO libérrimamente eligió no intenta otra cosa que vencer al tiempo. Fue él quien lo dijo. Estas que cito ahora son palabras suyas, y con ellas termino: “De vuelta de ilusiones y espejismos, con escarmiento de invenciones y complicidades, tras un período en el que se ha incurrido en los mayores engaños y encubierto los peores excesos desde las pretensiones más científicas, si algo decente y limpio le queda por ser a la historia, es diálogo que venza al tiempo”. Muchas gracias.