Presentación. Trabajo, estatus social y género: una mirada transnacional a la historia de las profesiones (1820-1960)
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Este trabajo se comparte bajo la licencia de Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional de Creative Commons (CC BY-NC-SA 4.0): https://creativecommons.org/licenses/by-nc-sa/4.0/. Presentación. Trabajo, estatus social y género: una mirada transnacional a la historia de las profesiones (1820-1960) Foreword. Work, Social Status and Gender: A Transnational Look at the History of the Professions (1820-1960) Darina Martykánová Universidad Autónoma de Madrid, España [email protected] https://orcid.org/0000-0002-5852-3096 Víctor M. Núñez-García Universidad de Sevilla, España [email protected] https://orcid.org/0000-0003-1538-3369 Cómo citar este artículo: Martykánová, Darina y Núñez-García, Víctor M. (2024). Presentación. Trabajo, estatus social y género: una mirada transnacional a la historia de las profesiones (1820-1960). Pasado y Memoria, (29), 1-18, https://doi. org//10.14198/pasado.27831 Después de las iniciativas pioneras de grandes sociólogos como Max Weber o Émile Durkheim, el estudio de las profesiones y de los procesos de profesionalización experimentó un gran desarrollo en la sociología histórica francesa y británica en las décadas de los 1970 y 1980. Las obras de Pierre Bourdieu o Harold Perkin han inspirado a sociólogos e historiadores cuyos intereses van mucho más allá de examinar el lugar que han ocupado las profesiones en las distintas épocas, tanto en términos de estatus social como en cuanto a su Pasado y Memoria ISSN: 2386-4745 Núm. 29, 2024, pp. 1-18 https://doi.org//10.14198/pasado27831 Dossier monográfico ©2024 Darina Martykánová y Víctor M. Núñez-García Los autores declaran que no hay conflicto de intereses.
2 Darina Martykánová y Víctor M. Núñez-García Pasado y Memoria. Revista de Historia Contemporánea, 29, 2024, pp. 1-18 poder entendido como intervención en la toma de decisiones en los distintos ámbitos, desde el mundo de los negocios, pasando por la Administración pública, hasta la vida privada de la gente que se ve interpelada por los saberes de los médicos, economistas o, por qué no, nutricionistas, y quiere integrarlos en sus elecciones personales.1 Recientemente, estas cuestiones han vuelto a ocupar un lugar destacado en la investigación historiográfica y sociológica (Sánchez y Martínez-Vilches, 2022; Lavazza y Farina, 2020). El papel de los expertos en la gestión de la pandemia del covid-19 sin duda ha contribuido a tal auge, como también la preocupación por la disolución de las certezas en una sociedad en transformación, en la que las lógicas mercantiles siguen comiendo el terreno a los criterios expertos. Enfrentados a un público desorientado que busca satisfacer sus deseos a la vez que añora las verdades inquebrantables, los profesionales construyen su identidad en la tensión entre abrazar la búsqueda de intereses materiales dándole al cliente lo que les pida y seguir aspirando a influir en la toma de decisiones desde una lógica experta, basada en el conocimiento especializado más que en la ley de la oferta y demanda. Se trata de un tema de investigación versátil e interdisciplinar que puede ser abordado desde diversos enfoques: la sociología de las profesiones, la historia económica, el análisis de género, la historia social o la historia cultural, entre otros.2 La construcción del Estado y la expansión mundial del capitalismo configuraron un marco novedoso para el ejercicio profesional entendido como la puesta en práctica del conocimiento y saber-hacer especializados a cambio de remuneración, fuese en forma de honorarios o de un salario. En cualquier caso, no se pueden abordar los procesos de profesionalización sin partir de un concepto básico, el trabajo. El trabajo, reivindicado desde la Ilustración como imprescindible para «el progreso de la civilización» y clave en el «fomento de las riquezas del país», fue, sin embargo, una práctica altamente problemática en términos del estatus social hasta bien entrado el siglo XX. En la historiografía sobre el género, el trabajo se ha considerado tradicionalmente como uno de los elementos clave en la construcción de la diferencia sexual, la noción de que había dos sexos, hombres y mujeres, que eran diferentes y complementarios. Según esta visión, cuyo auge se suele situar en el siglo XIX y que sobreviviría en el imaginario y programa de las culturas políticas reaccionarias o contrarrevolucionarias del siglo XX, el hombre trabajaba para mantener a su familia 1. Bourdieu (1989) y Perkin (1989). Para el caso español véase Villacorta Baños (1989). 2. Algunos trabajos destacados que abordan el tema desde esta diversidad en: Malatesta (2006); Bourdieu (1989); Perkin (1989); Friedson (1986); Barrière y Leuwers (2020); Harwood (2006: 53-79); Grelon y Gouzévitch (2007: 269-321); Eckart y Jütte (2007); Pan-Montojo (2005).
Presentación. Trabajo, estatus social y género: una mirada transnacional a la… 3 Pasado y Memoria. Revista de Historia Contemporánea, 29, 2024, pp. 1-18 y la mujer se volcaba en el hogar y en el cuidado de los hijos. De este modo, el trabajo se convirtió en uno de los pilares de la identidad masculina, a la vez que el acceso al mundo laboral (fuese en igualdad de condiciones con los hombres o en el ámbito de unas profesiones específicamente femeninas) llegó a ser una de las reivindicaciones del movimiento feminista. Sin embargo, algunas investigaciones apuntan a que, en España y en algunos otros países, hasta finales del siglo XIX, el trabajo era un elemento potencialmente problemático por interpretarse como dependencia, y la masculinidad burguesa – y mucho menos la aristocrática– no estaba inexorablemente ligada a la actividad productiva remunerada, sino más bien a la propiedad. Esta dinámica gene - raba un conflicto a la hora de construir la identidad masculina: mientras los profesionales como juristas, médicos o ingenieros contribuyeron, junto con el movimiento obrero y apoyados desde algunas culturas políticas como el progresismo y el demo-republicanismo (Peyrou, 2022: 164-183), a cuestionar la propiedad como base de la ciudadanía activa, criticaron a las «clases ociosas» y reivindicaron el trabajo como una actividad moralizante para el hombre moderno, no lograron subvertir del todo el discurso sobre los peligros de la degradación social asociada al trabajo regular y asalariado, entendido como producto de una necesidad material y como creador de una dependencia indeseable (Martykánová, 2018: 79-102; Martykánová, 2023). Por otra parte, entre las clases trabajadoras, la masculinidad del hombre giraba alrededor de la categoría del «padre/cabeza de familia» – o chef de famille, en Francia, que implicaba el control moral y legal sobre las mujeres de la casa, pero no necesariamente suponía que éstas debieran renunciar completamente a las actividades remuneradas (Martykánová y Walin, 2023, 22-23). La investigación de Inès Anrich parece confirmar la hipótesis que los cabezas de las familias trabajadoras franceses y españoles esperaban que sus hijas y esposas contribuyesen al presupuesto familiar con su trabajo remunerado fuera del hogar (Anrich, 2022), sin ver en esta necesidad una humillación. Más que una relación clara entre el trabajo, la profesión y la masculinidad observamos unas dinámicas complejas en las que la clase social y la jerarquía inestable de prestigio de las distintas formas de ganarse la vida intervinieron en la conceptualización de las distintas formas de la actividad remunerada como prestigiosas, útiles, necesarias, embrutecedoras y/o deshonrosas3, y también contribuyeron a su significación como masculinas o femeninas. 3. Hay un campo cada vez más amplio de estudios sobre la prostitución, una actividad remunerada cuyo reconocimiento como trabajo estuvo y está en disputa. La prostitución aparecía además como argumento de peso en los debates alrededor del trabajo femenino: por una parte, el trabajo en las fábricas se presentaba como potencialmente corruptor,
4 Darina Martykánová y Víctor M. Núñez-García Pasado y Memoria. Revista de Historia Contemporánea, 29, 2024, pp. 1-18 A partir de estas ideas iniciales aspiramos a contribuir a los debates sobre la interacción de procesos y factores como la profesionalización, el trabajo, el estatus social y el género. Hemos propuesto una serie de líneas maestras que se sitúan en el epicentro de los debates historiográficos sobre estas cuestiones a escala nacional e internacional, a las que se adhirieren las y los participantes en este dossier: 1) el honor y la honra como conceptos operativos a la hora de establecer una jerarquía de prestigio entre las ocupaciones remuneradas; distinguiendo actividades profesionales honorables frente a otras de dudosa respetabilidad o, directamente, deshonrosas, pero también reconociendo la existencia de códigos de honor en las ocupaciones al margen de la legalidad o que generaban desaprobación social (el contrabando, el tráfico de armas o de drogas); la interacción de estos conceptos con los factores de clase, género o etnia/raza en lo que concierne a las distintas ocupaciones remuneradas 2) examinar la validez de las categorías de análisis importadas de contextos culturales diferentes: por ejemplo, explorando las implicaciones de la existencia de categorías con matices diferentes, la del «breadwinner», claramente positiva a diferencia de la española «ganapán», y la del «padre de familia» (De Felipe, 2023: 199-226), sus implicaciones para el trabajo femenino en las clases trabajadoras, los límites de la noción del «ángel del hogar» (Aresti, 2001; Peyrou, 2019: 349-385), las diferencias en la valoración de la soltería (Camino y Martykánová, 2021: 337-370) y las implicaciones para las actitudes hacia el trabajo asalariado; 3) el trabajo, las profesiones y las capacidades en el discurso político; 4) la importancia del género en la redefinición del concepto del trabajo (para el mundo rural, Ortega y Cabezas Vega, 2024: 61-92) y en la articulación de los discursos profesionales, la construcción de algunas profesiones como masculinas (métodos de exclusión y de marginación), las estrategias de las mujeres para cuestionar y romper estas barreras (Flecha, 2019: 19-59), el uso del género para establecer jerarquías profesionales en un campo de conocimiento (médicos-matronas-enfermeras). Además de ser la época de la articulación del movimiento obrero que hacía del trabajo la base de sus reivindicaciones de la ciudadanía y de la igualdad plena, el siglo XIX y los comienzos del XX fue un período de consolidación de ciertas profesiones que aspiraban a dotarse de prestigio, representar el progreso y presentarse como útiles para la sociedad y para la nación. Esta época estuvo marcada por la ardua batalla de algunas profesiones como médicos, ingenieros, que podía suponer que las mujeres acabaran en la prostitución; por otra parte, otros pretendían regular y dignificar las condiciones laborales de las obreras precisamente para que las mujeres de las clases trabajadoras no «cayesen» en la prostitución (Segovia Vara y Zúñiga Crespo, 2024: 401-436).
Presentación. Trabajo, estatus social y género: una mirada transnacional a la… 5 Pasado y Memoria. Revista de Historia Contemporánea, 29, 2024, pp. 1-18 arquitectos, abogados, periodistas o escritores, por el reconocimiento social. Los grupos profesionales intentaron situarse entre las elites en una época en la que se fue imponiendo la lógica del liberalismo de la libertad y la búsqueda legítima de intereses particulares, si bien es cierto que sobrevivían – apropiados y redefinidos – muchos elementos del Antiguo Régimen. Se produjeron transformaciones en las construcciones identitarias y en los discursos profesionales, moldeadas por la necesidad de legitimar a cada grupo profesional frente a las autoridades y a las elites sociales y ante la sociedad en general. Las prácticas y los discursos legitimadores podían variar sustancialmente dependiendo del público al que se dirigían, de la coyuntura histórica y, obviamente, según cada profesión u oficio. Podían poner énfasis en la utilidad social, en el prestigio patrio, en la formación larga y costosa, en la fuerza física, en la destreza manual, en la oratoria, en la inteligencia y el «espíritu práctico», en un talento especial para algunas disciplinas, pero también en características como la amabilidad, el tacto o la discreción (Martykánová y Núñez-García, 2020: 45-75). Estas construcciones identitarias en torno de la profesión presentaban importantes connotaciones de clase y de género. Para abordar el análisis de los procesos de profesionalización a largo plazo, encontramos extremadamente útil dialogar con la historia y la sociología de las profesiones a través de autores como los ya mencionados Pierre Bourdieu, Anne-Catherine Wagner, Roy McLeod, Steven Brint, los hermanos Parry o Maria Malatesta.4 Según la acepción generalizada en este campo entendemos la profesionalización como: a) la definición progresiva del campo de acción, apoyándose los profesionales en mecanismos legales e institucionales, b) establecer los criterios de acceso al ejercicio profesional, c) vincular estos criterios a una formación específica y especializada, cada vez más estandarizada (credencialismo) y d) usar el asociacionismo profesional como herramienta para articular y defender los intereses del grupo, y resolver las disputas internas, reforzando la cohesión del grupo y la imbricación entre las dimensiones individual y colectiva de la profesión. Para ilustrar nuestros objetivos, aplicamos a continuación este esquema analítico a un caso concreto, en este caso al proceso de reorganización, redefinición y avance en la profesionalización de la medicina en Europa durante el siglo XIX. En primer lugar, en la prensa profesional médica y en otros géneros de la literatura médica (los manuales divulgativos conocidos como Hausarzt, house physician, domácí lékař o médico en casa) se desarrolló y se proyectó un 4. Véase Parry y Parry (1976); Malatesta (2006); Bourdieu (1989); Eckart y Jütte (2007); Brint (1994); MacLeod (1988); Wagner (2020).
6 Darina Martykánová y Víctor M. Núñez-García Pasado y Memoria. Revista de Historia Contemporánea, 29, 2024, pp. 1-18 discurso de legitimación profesional que se sustentaba en la reclamación del monopolio de la autoridad máxima en el campo de la salud (Núñez-García y Martykánová, 2021: 391-414; Martykánová y Núñez-García, 2023: 171-198). Estas demandas incluían apelar al Estado para que legislase al respecto, que apoyase con leyes y reglamentos el esfuerzo de los profesionales titulados por monopolizar el mercado de la salud, en un contexto marcado por una gran diversidad y actores que intervenían en el campo de la salud, lo que en historia de la medicina se ha denominado pluralismo asistencial (Jütte, 2013; Perdiguero, 2004: 140-145). Estas demandas fueron presentadas como justas y honorables, distanciándose los médicos retóricamente de una «defensa egoísta de intereses particulares.» En segundo lugar y directamente relacionado con la primera cuestión, se intensificó el control de acceso al ejercicio profesional de la medicina, se trataba de potenciar que solo pudiesen ejercer profesionales con credenciales, sobre todo en forma de estudios universitarios. Para ello, durante el siglo XIX, se desarrolló un proceso de redefinición de la profesión y se reorganizaron los estudios médicos unificando la medicina y de la cirugía, profesiones separadas y con una formación diferente hasta el siglo XIX. Este proceso conllevó una potenciación de las facultades de Medicina y su crecimiento.5 La mejora de los estudios médicos en las facultades favoreció la reivindicación por parte de los médicos titulados de ser reconocidos como la autoridad suprema en el campo de la salud, además de otros factores como el avance de la medicina científica y experimental con la consiguiente mejora en la eficacia terapéutica. Asimismo, el reforzamiento de la autoridad experta tiene una estrechísima relación con la expansión de la intervención gubernamental en distintos ámbitos de la vida humana. Las élites gobernantes se valieron de los expertos para controlar y transformar la sociedad (Saraiva, 2005; Vallejo y Huertas 2012: 13-20) y este proceso se vio, muchas veces, favorecido por las demandas de reforma social planteadas también por las fuerzas políticas fuera del Estado, incluidos los movimientos contestatarios y revolucionarios (Marchand, 2022: 5-15). En este contexto, los médicos se aprovecharon de esta demanda de su saber-hacer espe - cializado para reforzar su poder y su estatus social, pero también para alcanzar autonomía como grupo profesional y promover los intereses profesionales: 5. No debemos olvidar en el caso de la medicina que fueron unos estudios presentes no solo en los hospitales, sino también en centros de investigación como el-Bayt al-Hikma (Kaviani et al., 2012) y en las madrasas (Öztürk y Şaylıgil, 2015) del mundo musulmán –en Europa, Asia y África– y en las primeras universidades de la Cristiandad occidental en los siglos XII y XIII (López Piñero, 2002; Porter, 2003), con lo que la enseñanza de la medicina contaba con una sólida tradición de enseñanza superior.
Presentación. Trabajo, estatus social y género: una mirada transnacional a la… 7 Pasado y Memoria. Revista de Historia Contemporánea, 29, 2024, pp. 1-18 colegios médicos, asociaciones, prensa médica especializada, nuevas facultades, nuevos hospitales, etc. En tercer lugar, la profesionalización implicó que las personas que se identificaron como miembros de una u otra profesión u oficio, asumieran la dimensión colectiva de la profesión a través de unas normas de comportamiento, una etiqueta y una forma de presentarse ante la sociedad. Los médicos, por ejemplo, se presentaron ante los pacientes y ante la sociedad como hombres dignos y respetables, merecedores de ser reconocidos como autoridad profesional, pero también como hombres de honor.6 Con este propósito desarrollaron una ética profesional, que incluyó la producción de los primeros códigos éticos, pero también la estandarización de comportamientos y de vestimenta (aparece la bata blanca) y la promoción de plataformas internas de resolución de conflictos y disputas, para luego presentar un frente común ante sus pacientes y la sociedad en general. En algunas «profesiones», la autorrepresentación era una necesidad fundamental, particularmente cuando el vínculo con una carrera especializada era reciente o cuando no era siquiera concebible, como fue el caso de los traficantes de armas y las mujeres implicadas en el contrabando analizados por Pierre Salmon. Este último estudio resulta particularmente inte - resante no solo por permitirnos examinar las formas de construirse una imagen de pericia y capacidad y ganar reconocimiento más allá de la ley, sino también porque pone en evidencia que, en un contexto social en el que las expectativas ligadas a las mujeres y a los hombres diferían radicalmente, el género puede operar de forma que fomenta características opuestas y contradictorias en la definición del traficante exitoso dependiendo de su sexo. Así, por ejemplo, aparecen como traficantes exitosas mujeres rurales profundamente enraizadas en la región fronteriza, a las que se les suponía un nivel de politización bajo, mientras tanto, la imagen del traficante varón se construyó sobre todo como la de un hombre políglota y cosmopolita, capaz de movilizar unas amplias redes internacionales, y cuya falta de lealtad – que se presuponía – derivaba, según los que hicieron uso de sus servicios, de su apuesta por el dinero ante todo, entendida como corrupción moral, y, a veces, racial,7 no de su ignorancia de los acontecimientos y de las causas políticas a las que iban a servir las armas que suministraban. No debemos dejar de subrayar también el factor de clase social. Las profesiones liberales, a la vez que promovían el valor del trabajo frente a unas 6. Sobre la noción de hombre de honor y la forma de negociarla véase Martorell (2023: 227-256). 7. El antisemitismo, por ejemplo, fue un lenguaje movilizado a menudo (González Chillida, 2002).
8 Darina Martykánová y Víctor M. Núñez-García Pasado y Memoria. Revista de Historia Contemporánea, 29, 2024, pp. 1-18 sociedades burguesas que fetichizaron sobre todo la propiedad, buscaron perpetuar la diferencia con los oficios y situarse claramente por encima de las ocupaciones entendidas como particulares de las clases trabajadoras. Sin embargo, esta empresa no era, en absoluto, sencilla, y en los discursos y prácticas profesionales aparecen grietas y contradicciones. Para explorar estas arenas movedizas, en nuestro dossier tratamos ante todo de las profesiones, es decir, ocupaciones remuneradas vinculadas a una formación especializada, que en un momento u otro lograron ser percibidas como «dignas de un caballero», es decir, como particulares de las clases medias, incluso medias-altas. Sin embargo, lo hacemos teniendo en cuenta que la frontera entre las profesiones y las artes y oficios significados como particulares de las clases trabajadoras, era borrosa e inestable, objeto de una negociación conflictiva. Uno de los resultados de nuestra apuesta ha sido poner en evidencia cómo, en el siglo XIX y en la primera mitad del siglo XX, el género intervino de forma compleja en esta significación de clase de ciertas profesiones, y cómo el prestigio social y la significación de clase de algunas ocupaciones jugaron un papel importante que hay que tener en cuenta a la hora de explicar la pugna por la inclusión/ exclusión de las mujeres de algunas actividades remuneradas, mientras que fueron aceptadas, hasta incentivadas para dedicarse a otras. A diferencia de lo que a menudo se ha afirmado, no observamos que la relación entre el trabajo y el género se diera en términos de una simple exclusión de las mujeres y de la masculinización del trabajo asalariado. Más bien observamos una dinámica compleja entre el género y la clase social, un entramado de tensiones y conflictos por insertarse en las jerarquías de poder existentes en posición ventajosa o para subvertirlas. En primer lugar, debemos volver a insistir en que el trabajo en la época que analizamos en este dossier no era a priori una actividad prestigiosa, sobre todo si generaba dependencia económica de otros hombres. Suscribiendo los resultados de la investigación de Arnaud Pierre, queremos resaltar que la figura dominante en el imaginario liberal era la del propietario, no la del industrial, profesional o, mucho menos, trabajador. Un claro ejemplo de ello sería la figura del prohombre moderado de mediados del siglo, también unionista un poco más tarde y conservador, en las décadas finales de siglo. Su estatus y su posición en las elites de la sociedad liberal se apoyó en sus propiedades – tierras y/o inmuebles (eran grandes y medianos propietarios en su mayoría), en sus influencias (por ej. en el Congreso o en la Corte) y en su capacidad de ejercer como hombre público en alguno o varios de los niveles en los que se desarrollaba la actividad política en España (diputado, cacique, propietario patriota comprometido con su
Presentación. Trabajo, estatus social y género: una mirada transnacional a la… 9 Pasado y Memoria. Revista de Historia Contemporánea, 29, 2024, pp. 1-18 región).8 El trabajo o una actividad productiva en términos económicos no era el eje de la masculinidad de las élites españolas, hasta podía complicar el reconocimiento de un hombre como miembro de estas.9 Ocupaciones remuneradas de reconocido prestigio, asociadas a un estatus social relativamente alto, como las de oficial del ejército o sacerdote se presentaron en términos de servicio, más que de trabajo, y como hombres al servicio del Estado se presentaron también los empleados públicos facultativos que aspiraban a integrarse en las élites del país como, por ejemplo, los ingenieros de caminos, minas y montes durante el periodo isabelino. Bajo ningún concepto se puede mantener que siempre hubiera una retroalimentación positiva entre la masculinidad, el trabajo y el estatus social. Las actitudes paternalistas de muchos patronos remozaron, con cierto éxito, las pautas tradicionales y reconocibles de autoridad legítima de un hombre sobre otros varones adultos, pero también chocaron con el imaginario en expansión que planteaba las relaciones dignas entre hombres adultos en términos de igualdad entre hermanos. La palabra amo se fue volviendo inaceptable para definir la relación entre humanos. Jesús de Felipe muestra cómo los obreros se apropiaron del discurso ilustrado que dotaba de prestigio el trabajo no solo como útil, sino también como moralmente enaltecedor, y plantearon su inclusión en la ciudadanía política – masculina, hay que subrayar– precisamente como hombres trabajadores y cabezas de familia. Sin embargo, el movimiento obrero y el sindicalismo se acabaron convirtiendo en plataformas para las reivindicaciones de las mujeres trabajadoras. En sus esfuerzos por mejorar sus salarios y condiciones laborales chocaron con sus compañeros que las veían como competencia desleal y como lastre para su esfuerzo de ejercer de proveedores y jefes de familia respetables, pero también encontraron apoyos entre los hombres que otorgaban prioridad al argumento del trabajo como moralizante y emancipador a la vez que planteaban la ociosidad como corruptora más allá de la diferencia sexual, ambos argumentos clave del discurso obrerista (De Felipe, 2023: 199-226). Como han mostrado Alejandro Camino y F. Jiménez Aguilar, estas ideas adquirieron mayor peso también en algunas 8. Véase al respecto: Sierra, Peña y Zurita (2010); Varela Ortega (2001). 9. Los historiadores que han analizado los duelos, una práctica que gozó de una popularidad renovada en Francia, Alemania y España de la segunda mitad del siglo XIX, han llamado la atención sobre los criterios borrosos para definir la categoría de «hombre de honor» y sobre su negociación conflictiva. Así, por ejemplo, los nobles franceses o españoles a menudo se negaban a duelarse con periodistas (Martorell, 2023: 227-256; Blanco Rodríguez, 2020: 171-193).
16 Darina Martykánová y Víctor M. Núñez-García Pasado y Memoria. Revista de Historia Contemporánea, 29, 2024, pp. 1-18 Lavazza, Andrea, Farina, Mirko (2020). The Role of Experts in the Covid-19 Pandemic and the Limits of Their Epistemic Authority in Democracy. Frontiers in Public Health, 8, https://doi.org/10.3389/fpubh.2020.00356 López Piñero, José María (2002). La medicina en la historia. La esfera de los libros. Macleod, Roy (ed.) (1988). Government and Expertise: Specialists, Administrators, and Professionals. Cambridge University Press. Malatesta, Maria (2006). Professionisti e gentiluomini: storia delle professioni nell’Europa contemporánea. Ed. Einaudi. Marchand, Alicia (2022). Medical anarchists and Masculine domination between 1872 and 1914: masculine domination in transnational networks and masculinitu models in the Spanish medical anarchists José García Viñas and Luis Bulffi. Journal of Iberian and Latin American Studies. 28-1, 5-15, https://doi.org /10.1080/14701847.2022.2052688 Martorell, Miguel (2023). Camelot en 1900: el Código del honor y el ideal del perfecto caballero. En Darina Martykánová; Marie Walin (coords). Ser hombre: Las masculinidades en la España del siglo XIX (227-256). Universidad de Sevilla. Martykánová, Darina (2018). La profession, la masculinité et le travail. La représentation sociale des ingénieurs en Espagne pendant la deuxième moitié du xixe siècle. En Antoine Derouet et al. Les Ingénieurs, unité, expansion, fragmentation (xixe et xxe siècles). Tome I. La production d’un groupe social (pp. 79-102). Classiques Garnier. Martykánová, Darina (2023). Los ingenieros en España. El nacimiento de una élite. UPV. Martykánová, Darina, Núñez-García, Víctor M. (2020). Ciencia, patria y honor: los médicos e ingenieros y la masculinidad romántica en España (1820-1860). Studia Historica. Historia Contemporánea, 38, 45-75, https://doi.org/10.14201/ shhcont3820204575 Martykánová, Darina, Núñez-García, Víctor M. (2023). Sacerdotes en el mercado, héroes del progreso: los médicos y las transformaciones de la masculinidad liberal (1820-1900). En Darina Martykánová; Marie Walin (coords). Ser hombre: Las masculinidades en la España del siglo XIX (pp. 171-198). Universidad de Sevilla. Núñez-García, Víctor M., Martykánová, Darina (2021). Charlatanes versus médicos honorables: el discurso profesional sobre la virtud y la buena praxis en España (1820-1860). Dynamis, 41-2, 391-414. https://doi.org/10.30827/dynamis. v41i2.24536 Ortega, Teresa María, Cabezas Vega, Laura (2024). Política agraria y política de género en España, 1900-1955. Historia agraria: Revista de agricultura e historia rural, 92, 61-92. https://doi.org/10.26882/histagrar.092e09o Öztürk, Hülya, Sayligil, Ömür (2015). From the Medicine in Ottoman Madrasahs to Faculty of Medicine. Konuralp Tıp Dergisi, 7-3, 174-185.
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