Curso de economía política
Full text
CURSO DE ECONOMIA POLITICA. 319t a Rossi , MIEMBRO DEL INSTITUTO , PROFESOR DE ECONOMIA POLITICA EN EL COLEGIO DE FRANCIA DE DERECHO CONSTITUCIONAL EN LA UNIVERSIDAD DE PARIS PAR DE FRANCIA , etC. , etc. TRADUCIDO POR DON PEDRO DE MADRAZO , ABOCADO DEL ILUSTRE COLEGIO DE ESTA CORTE. ARO ESCOLAR DE 1836. 1837. O nnyannz Annaumo 13® VIVIT MY. IM PRESOR Y LIBRERO CALLE DE CARRETAS NUM.° 1840.
fi propiedad t e la casa de DON IGNACIO Baia , del ro , 1 mera°, de lapo en esta corte, y nadie podrá reimprimirla sin su consentimiento,' con arreglo á las leyes vi. gentes. 1
111 BOL. fSi 41011 DE ECONOMIA POLITICA. PRÓLOGO DEL TRADUCTOR. D ESPUES de fijar la verdadera significacion de la nomenclatura económica, trata Rossi en esta obra con sumo detenimiento las cuestiones mas vitales relativas á la produccion y distribucion de la ríqueza. Estos son los dos grandes hechos que abrazan el vastísimo campo de la economía política, que en la esfera de las ciencias sociales es la primera por ser ella la que regla la vida material y la subsistencia fisica de las naciones , sín la cual no hay vida ni crecimiento moral posible; al modo que la economía doméstica que provee á la subsistencia de la familia es la condicion primera de la educación de ésta y de su desarrollo intelectual. No basta acumular riquezas para que una nacton pueda llamarse próspera, ni tampoco una racional dis t ribucion de ellas cuando no son suficientes á procurar su bienestar , ó porque los medios mas eficaces de producir son desconocidos, ó porque estos encuentran obs-
i áculos en las leyes positivas que limitan demasiada-. • • mente su eiercicto. Por falta de principios claros en ambas teorías de produccion y de repartimiento , y tal vez por no haberlas aplicado conjuntamente en las disposiciones económicas , culpan las naciones á la economía politica de las calamidades que á la moderna Europa afligen en sus mas vigorosos miembros; por no haber hecho una ajustada aplicacion de las producciones á las necesidades, y haber descuidado en la codicia de intereses materiales que las devora, la educacion popular, que es el cimiento de la moral pública , se ven muchas de ellas arrastradas al abismo de espantosas sediciones intestinas y guerras esteriores. Hace años que el vértigo de la produccion manu-• facturera se ha apoderado de las naciones cuya prosperidad parecía menos dudosa. Las prodigiosas conquistas del hombre en el mundo material en los cincuenta últimos años han sido llevadas hasta el mas alto punto : los publicistas y los caudillos de la escuela creamatistica alzaron en trueno hasta las nubes sus aplausos y triunfos al ver el rápido crecimiento de la riqueza pública , y hubo un instante en que el hombre se creyó omnipotente. Pero antes de desvanecerse aquella febril ilusion apareció un terrible mónstruo llamado Pauperismo, que fué ahogando una por una aquellas voces seductoras y derribando todos los principios que con dogmático énfasis había proclamado aquella escuela. Se formó esta tremenda llaga en la nacion que se creía mas afortunada por ser colectivamente mas rica, y con ella el formidable tropel de proletarios que creciendo de repente hasta inundar los paises mas ricos del continen-
vil te europeo deja grabada su gigantesca huella con manchas de miseria sobre las florecientes llanuras de ese mágico Eldorado , que en las grandes y opulentas ciudades ha formado el sensualismo moderno , difundiendo entre los placeres el terror y los crímenes. Al contemplar ese pálido coloso que presume trastornar el uníverso, no es estraño se haya creido. que no era bastante á satisfacer sus necesidades la tierra que el Hacedor crió á los hombres , prometiendo que no les faltaría el rayo del sol y la lluvia que la hiciesen fuente inagotable de riquezas. Asi lo creyó Malthus , y persuadido como Franklin de que la poblacion escede siempre en aumento á los medios de subsistencia , condenó aquel aumento escesivo y la inmensa reproduccion humana , y pretendió no solo que se exortase á los pueblos á abstenerse del matrimonio cuando no pudiesen proveer á las necesidades de lafamilia , mas Cambien la abolicion de todas las instituciones que fomentan la poblacion, para no contrariar los tremendos decretos de la naturaleza , que con su triple guadaña de enfermedades, miserias y muerte está encargada de restablecer el equilibrio entre la humanidad y la subsistencia. Aun cuando su deseo de recomendar á los pobres la continencia y las buenas costumbres tan conforme á los preceptos del Apóstol no podría producir sino escelentes resultados en el orden moral, es preciso confesar que el siniestro vaticinio fulminado por su labio contra los desgraciados era sobradamente inhumano. «El que viene á un mundo ya ocu_ pado , decia , no tiene derecho á reclamar porcion alguna de alimento si su familia no puede mantenerle y la sociedad no ha menester de su trabajo • por consi-
vun pierde está lemas en la tierra.—En el gran banquete de la naturaleza no hay para él asiento ; la naturaleza le manda que se retire.»—La coaccion moral, sostenida por Droz y Duchdtel con toda la energía de una dialéctica fascinadora y apasionada , no era ya bastante para los discípulos del economista ingles , los cuales substituyeron á ella la coaccion fisica y material , prohibiendo á los pobres el uso del matrimonio, y despojando al infeliz obrero, condenado á una pobreza involuntaria, de los goces domésticos , único consuelo en sus horas de tristeza y amargura. Idea que la moral no podía autorizar , aunque pareciese justificarlo una utilidad solo aparente. Pero las doctrinas de Nalthus sobre la poblacion no han prevalecido contra el analisis mas que las de su antagonista Godivin (1). Sin embargo sus acaloradas controversias no han sido estériles para la sociedad. 1Jialthus manifestó á los gobiernos el grande abuso de las instituciones de beneficencia , y dirigiéndose á cada hombre en el lenguaje severo del fatalismo, le hizo comprender los sagrados deberes de prevision y morigeracion que la sociedad le imponia. Desde entonces comenzó en Inglaterra la reforma de las leyes concernientes al impuesto para los pobres y otras igualmente vicio- (1) Ni el ejemplo de la América , cuya poblacion se ha duplicado en el espacio de 25 años, ni el de la Suecia, que torna por base Godwin, en donde para verificarse este fenómeno son necesarios mas de 100 años , merecen ya grande atencion. La inexorable sentencia de Malthus lanzada como un espectro en medio de la civilizacion vanagloriosa ya no infunde graves temores. El problema de la distribucion de las subsistencias reclama con mas fundamento las meditaciones.
IX saos. (1) con el objeto de que la caridad pública dejase de ser funesta al cuerpo social, poniendo en armonía el impulso benéfico de las virtudes cristianas corta /95 dictados de la prudencia. Los escritos utophia Govvin estaban destinados á servir de correr Ira las exageraciones de Malthus, y á escitar las atenciones del gobierno en favor de una clase abandonada á los inexorables decretos de la naturaleza, encargada de castigar el crimen de indigencia. El primero enseñó al pueblo á ser continente; el segundo enseñó al gobierno los medios de poner en ejercicio una caridad noble é ilustrada reprimiendo al mismo tiempo el abandono y el , envilecimiento de la pobreza voluntaria , y tendiendo la mano al desgraciado inspirándole el sentimiento de la propia dignidad que tan fácilmente empaña la miseria. Las teorías de la poblacion estar íntimamente ligadas con el gran problema de la distribucion de la rique- (1) El impuesto para los pobres ascendia en 1817 á 13.000,000 de libras esterlinas , suma aproximada al total de la contribucion directa de la Francia. En algunos condados, como en Sussex, el impuesto absorvia la mitad de las rentas del propietario. En Salisbury en 1808 habia 2748 pobres.á cargo de 878 ciudadanos! ¡Cuan fundados no eran los temores que infundía el pauperismo en 1817! El redactor del informe presentado á la cámara de los comunes en aquel año decía lo siguiente : «,..este impuesto irá siempre ?) en :miento , hasta tanto que llegue á consumir todas las rentas ter- „ritoriales y engendrando el desaliento y la ruina subvierta total- „mente un estado social que por tanto tiempo ha hecho la felicidad „de nuestro imperio .,» El total de mendigos matriculadoi en las parro luías subid en .1824 á cuatro millones , es decir , á una tercera ti cuarta parte de la poblaeion de la Inglaterra. ( Véase la obra sobi e el Pauperismo en Francia por el príncipe de 4.‘vionaco, p4s, 28 y 29.)
za , y es preciso reconocer que una vez fijado este problema las cuestiones sobre la reproduccion humana debianperder gran parte de su importancia. La riqueza pública no cesa de aumentarse en todos los paises de la Europa al mismo tiempo que la poblacion , y este fenómeno se verifica de una manera tan general y constanteque el economista americano Mr 1 ? verett no ha dudado en considerar el aumento de la poblacion como la causa esencial de los progresos de la especie humana en iodo género. ((Puesto que los productos del trabajo, dice, estan siempre en razon del trabajo mismo, y por consiguiente en razon de la poblacion, los medios de subsistencia para los individuos no dependen sino de la reparticion mas ó menos equitativa de las ganancias entre los empleados en las diversas industrias.» Pero qué importa que la riqueza de una nacion aumente si no mejora la condicion de la clase trabajadora? si por el contrario los males de esta aumentan, si la constitucion industrial de las sociedades europeas es tal , que llega á justificar las sombrías predicciones de Malthus , sinó corno una fatalidad inevitable, al menos como una con• secuencia de la rapacidad y del egoísmo de los especuladores? No producen el mismo efecto en las clases menesterosas los abusos del crédito por el sistema de bancos de circulacion , la competencia ilimitada y el régimen de prohibiciones y aduanas, que la exuberancia de ta poblacion con respecto á los medios de subsistencia? Los productores de la riqueza son los que menos particapan de sus dones. La constitucion industrial moderna origina en lo interior de las naciones la competencia, la baja de jornales , los fraudes comerciales , . mala calidad de los producíos ; y en lo esterior . 1a encarniza."
XI da lucha de las aduanas , el contrabando , y todos los crímenesque comete el interes disfrazado con los principios del derecho internacional y las exigencias politicas. El pauperismo es siempre la fantasma de la civiltzacion. Las naciones se enriquecen; mas ¡ ay á cuánta costa! La llaga de la inmoralidad está siempre abierta y manando sangre : al lado de las gigantescas fábricas, de los suntuosos palacios, se levantan los asilos de la prostitucion , las cárceles y prisiones, las inclusas, esas catacumbas en donde espira la niñez al entrever la aurora de la vida (1). Al mismo tiempo que la raza humana marcha rápidamente por la senda de la perfectibilidad , las naciones dejan en los espacios del tiempo un negro rastro como para recordar al hombre en su orgullo que su alta esencia primitiva está sujeta por el primer delito al imperio del mal. Los adelantos de las ciencias fisicas, químicas y mecánicas, prometen á la criatura el dominio absoluto de la materia. El poder de la asociacion ya no reconoce límites, y parece burlarse de los mayores obstáculos de la naturaleza. La audacia humana ya no respeta ni la magestuosa calma de los montes, ni el aterrador bramido de las aguas , ni las recónditas y tenebrosas espeluncas de las fieras ; despees de romper el seno de la tierra ha querido registrar los abismos del mar y los abismos del aire: su mano alcanza á todo lo (1) Segun los cálculos de Mr Benoiston de Cháteauneuf la mortandad de los niños espósitos zseendia en 181 1 cii Viena á 92 por 100, y en la inclusa de Dublín en los años de 1791 á 1797, de 12,785 niños murieron 12,561,
XVIII el triste colorprimitivo que presentan las masas en los ueblos incultos apenas separados de la barbarie. La p reparticion de la riqueza puede ser viciosa; pero para el rae problema de la economía politica , la distribucion g equitativa de los dones de la naturaleza interesa aun menos que la subsistencia y el bienestar del mayor número. Para algunos filántropos exagerados la mendicidad ofrece en nuestro siglo síntomas mas alarmantes que en ninguna otra época. Los que esto aseguran escriben bajo la influencia de los hechos presentes, y con la seguridad de que las calamidades pasadas son como los que murieron, que no han de volver al mundo. ¿ O habremos de temer la reaparieion de aquellas hordas de mendigos organizadas , que difundieron el terror en la antigüedad y en la edad media, y que dieron ocasion á las leyes sanguinarias promulgadas en casi todos los siglos contra la miseria? ¿nos creeremos todavía espueslos á los rugidos de una plebe hambrienta corno la de Roma (1), á otra irrupcion como la de los bárbaros proletarios del septentrion que destruyó la grande obra moral y material de la civilizacion antigua, y á los horrores cometidos por la milicia do vagamundos de los siglos XIV y XV? No: la civilizacion no tiene ya que temer que se renueven las sangrientas escenas de la Jacqueriede 1a , corte de los milagros y de los maugrabins de los tiempos de Eurique VI, con todos los donas desórdenes" de la mendicidad armada de los pasados siglos. Los os tumultos de la plebe moderna , de los Luddistas de Man- (1) Mima ac jejuna plebecula. Cic. á Mico. ep. 16.
XIX chester , y de los obreros de Lyon , tienen caracteres muy diversos. Apesar de las violentas declamaciones de algunos economistas mas dialécticos que razonadores es inqudable que si el Pauperismo se manifiesta en nuestros días en varias naciones en una actitud imponente, no es la economía política á quien incumbe solamente , por medio de lá buena distribucion de la riqueza, calmar los terrores que infunde esta llaga. La guerra entre los capitalistas y los trabajadores comenzó verdaderamente el día en que una •revolucion política y moral que trastornó la europa entera , hizo al pueblo incrédulo y ateo, y proclamando la igualdad, le hizo mirar con enojo la desigual reparticion de fortunas. Las continuas turbulencias de los jornaleros en Francia y en Bélgica, de los carlistas é irlandeses en la Gran-Bre- taña, no tienen otro principio ; el materialismo que en ta décimaoctava centuria invadió las regiones mas altas de la gerarquía social , ha ido filtrando con el tiempo hasta llegar á su base , que es el pueblo. Los hombres 'ilustrados abjuran hoy los horrores del filoso fismo; pero las clases inferiores viven empapadas en ellos, y las doctrinas del interés , de la igualdad y de los derechos del hombre fermentan en las reuniones del bajo pueblo , á la sombra de los talleres , y parece que las frenéticas ideas adquieren un temple rígido e indestructible al fuego de los Etnas de las ciudades fabriles. La civilizacion sufre una crisis eminente; es una na- ve que corre una gran tormenta. Pero el puerto está á la vista ; la luz de los fanales ha atravesado por entre las tinieblas. Las declamaciones son ya estériles ; la escuela de Sismondi y de Villeneuve cumplió ya su mision
avisando el riesgo ; ¿á qué nuevas alarmas cuando los que dirigen la nave han acudido al socorro P á que esf orzar los temores de una oficiosa filantropía cuando los gobiernos hacen todos los esfuerzos posibles para mejo. rar la condicion de los estados ? Los mas importantes prcblemas industriales y comerciales se han sometido ya á la libre discusion parlamentaria, y la ciencia crematística marcha unida á las ciencias morales y políticas. Se ha reconocido que la riqueza sola es estéril en donde no hay órden , moralidad, y justicia, porque el hombre no vive solo de pan , y la economía politica ha cedido el puesto á la economia social. Se ha comprendido la necesidad de difundir la educacion popular sobre las bases de la religion ; de proporcionar á las clases inferiores de la sociedad el pasto intelectual al mismo tiempo que el alimento físico. La caridad pública bien entendida se propaga de una manera prodigiosa, y cuenta en las gran des capitales un sinnúmero de asociaciones cuyos miembros consagran generosamente sus trabajos á esparcir sobre la miseria el bálsamo de la solicitud mas amorosa, distribuyendo la limosna para aplacar el ha Ø nbre, y la instruccion para curar la lepra de la ignorancia. Las ideas humanitarias del último siglo han recibido la sancion de los gobernantes , al mismo tiempo que su escepticismo herido de muerte exhala el postrer rugido en las barricadas de la plebe amotinada. ¿Quién acusará ya á la civilizacion moderna de egoísmo en vista de las gran. des y generosas cuestiones de moral y convenienciapública , cuya resolucion adelanta á pasos tan agigantados? ¿Qué nos dice la reforma de las cárceles, de la esclavitud, del trabajo de los párvulos en las manufacturas, y ¿as grandes empresas de utilidadgeneral que vemos
xxi var á cabo en las naciones mas prósperas en intereses materiales? Que la civilizacion alcanza á todos (1) : que en el estado actual de las naciones adelantadas la prosperidad y la decadencia afectan igualmente á todas las gerar guías , y finalmente , que de los progresos de las doctrinas económicas y de la propagacion de la educacionpopular, moral y religiosa, depende la felicidad de los estados. En efecto , el trabajo y la prevision son las dos condiciones esenciales de la existencia de la clase menesterosa ; el trabajo, porque él le proporciona su jornal; la prevision, porque de ella depende el buen empleo de las ganancias y los ahorros, y porque sin ella la frecuencia de los matrimonios 9 aumentando escesivamente la poblacion trabajadora, destruye el equilibrio entre el número de obreros y los capitales , y producen la baja de los jornales. El trabajo y la economía ciegan infaliblemente una de las fuentes de la criminalidad, que es la miseria. La educacion puede contribuir á calmar los sentimientos de enojo y de envidia que hacen al proletario enemigo del órden y de la propiedad , y cuando esta concurre con el trabajo no es dificil reconciliar á la clase menesterosa (1) El benéfico influjo del progreso social se estiende sobre todas las clases. La condicion del mismo mendigo participa de las mejoras capitales de una nacion. ¿Nos son por ventura alivios materiales para el pordiosero) que pasa la vida de ciudad en ciudad, de puerta en puerta , los buenos caminos, la frecuencia de las poblaciones, la seguridad personal , las calles bien empedradas, el alumbrado &c.? Final., mente , las prisiones que la moderna filantropía (excesiva tal vez por ser reaccionaria) convierte en casas de educacion , los depósitos de mencidad , las salas de asilo , los hospitales , las escuelas públicas ¿no son bienes considerables para los mismos miembros parásitos de la sociedad?
xxit con el órden moral y social, que hace la felicidad de las masas y asegura la tranquilidad de los gobiernos. Sin duda, antes que lleguemos á un estado de cosas tan próspero , muchos trastornos hemos de presenciar todavía. El desconcierto viene - de muy atrás ; no reneguemos de la civilizacion por los abusos debidos en parte á las antiguas prácticas y doctrinas. No hagamos á la época presente responsable de las máximas erróneas que aún prevalecen por el justo temor de precipitar demasiado las reformas , como la balanza de comercio, las aduanas , el industrial:smo preconizado por la Inglaterra, los abusos del crédito , y la circulacion violenta de los capitales , el impuesto para los pobres , etc., etc. Todos estos abusos aguardan su resolucion de un dia para otro , y esta resolucion puede exigir gran número de víctimas. La máxima de que el consumo crece con la produccion queda solemnemente desmentida por los hehechos presentes (1) ; en el sistema actual de comercio la competencia ilimitada produce la superabundancia, y de esta nace la bancarrota que siempre lleva en pos de sí el fúnebre cortejo del hambre y la desesperacion. Merced á la competencia, sostenida por el absurdo régimen de aduanas, merced á la circulacion de los capitales ficticios que abortan los bancos , y que introducen el vérti • go en las empresas industriales , las crisis se renuevan rápidamente, y cada vez que se declara una quiebra, el estenuado tropel que arrastra su inexorable carro solo sirve para aumentar el número de los cadáveresque cayeron en la última lucha. Los adelantos de la industria en todas las partes del rn¿u¿clo ponen un término fatal á (1) Véase la citada obra del príncipe de Mónaco,
XXIII la estension ilimitada del sistema industrial europeo, que es la Babel moderna , y este término se acerca á grandes pasos. Cada pais se dedica á producir su consumo; todos los pueblos quieren rivalizar entre sí , sin distinguir la clase de trabajo que á cada cual asignó la Providencia. Parece que la gran familia humana se disputa la herencia de su padre en la tierra , y que aún no se han hecho las divisiones que de la riqueza comun corresponden á los diferentes pueblos. El Eg?pto empieza á trabajar el algodon ; la América, que pretende bastarse á sí misma, y no contenta ya con la independencia tica quiere aislarse en medio de los mares, ni duerme sosiega un punto. Ese Titan del nuevo mundo no conoce ni el sueño , ni las artes , ni los placeres: el hacha , el yunque, el arado , el telar y la pluma no descansan un momento en sus incansables manos. La Rusia ha inoculado el espíritu industrial en sus boyardos , y el trabajo de los esclavos crece en ella rápidamente. ¿Que hará la Francia si pierde sus colonias de los sesenta millones de mercancías que les envía anualmente, fabricadas en la metrópoli?... El comercio de esportacion debe padecer grandes trastornos. La guerra entre las naciones industriales excitada por el interés de los grandes capitalistas es mucho mas temible que los disturbios interiores ocasionados por el pauperismo. En este peligro debieran fijar especialmente su atencion los verdaderos amantes de la humanidad, y conjurarle con sus declamaciones , y no en los tan exagerados inconvenientes de la industria fabril por su perniciosa influencia en la moralidad de las naciones. No diremos con el doctor Ure en su Filosofia de las rna_ nufacturas, verdadero panegírzc® de la constítucion
xxiv dustrial de la Inglaterra , que semejantes declamaciones esten enteramente destituidas de fundamento; pero sí creernos con 51. Baines (1) que el sistema manufacturero, generalmente hablando, no es mas pernicioso que el que sujeta á los hombres á ganar su sustento en los campos con el sudor de su rostro. Mientras no se abuse del trabajo de los párvulos en las manufacturas , ésto, lejos de ser pernicioso , puede ser muy recomendable: en los talleres bien organizados en que reina el órden y se destinan algunas horas á la educacion , á las lecciones morales y á las prácticas religiosas, corno sucede en algunas factorías (factories) de Manchester , Glasgow, Leeds y otras grandes ciudades , los niños ganan indudablement e mucho mas para sí y para la sociedad que abandonados en medio de las calles observando los ejemplos de inmoralidad del populacho. La preocupacion de que el trabajo fabril es dañoso para la salud y el desarrollo del fisico, ha sido victoriosamente rebatida por un ilustrado inspector del distrito de Lancashire CH. Richards) é igualmente han sido reducidas á su verdadero punto las cuestiones relativas á la moralidad de los trabajadores empleados en las fábricas, talleres y factorías , como puede verse en las declaraciones hechas por los rectores de S. Juan y S. Pablo de Manchester, y el capellan de la prision de este último punto , publicadaspor Mr. Tanell en su reciente informe presentado al go_ bterno. La competencia entre las naciones es la causa principal de las crisis comerciales que alimentan elpaupe- (1) History of the Cotton manufactures in Great Britain.-•London 1835.
xxv rimo. Las demas causas secundarias van desapareciendo lentamente, sin que el órden social se turbe, y sin necesidad de recurrir á las doctrinas de los reformadores visionarios de nuestro siglo. Los infructuosos ensayos de Roberto Owen en los establecimientos de New-Lanark y Newliarmony, las utopias de los Fourrieristas y de los Sansimonianos han desacreditado ya para siempre los sistemas de la sociedad cooperativa , de la phalanstera, de la muger libre , del nuevo cristianismo, y todas las ideas exageradas de reforma económica interior. La agricultura va reconquistando la importancia que habia perdido (1); las brillantes ilusiones de los especuladores van disipándose, y las lastimosas quiebras que ellas han originado son una dura leccion que templa los ánimos mas aventureros y arrojados. La esperieneia ha probado que todo sistema que tiene por resultado acrecentar ó destruir repentinamente las fortunas, acarrea una gran perturbacion en los estados. Lié aqui la verdadera fuente de la inmoralidad ; de aquí provienen tantas esperanzas frustradas, tanto orgullo comprometido , tantos fraudes, tantos crímenes ! Algun moderno filósofo ha dicho que Napoleon agotó la guerra continental con la batalla de Waterloo, y que en adelante ha de ser el seno de los mares el teatro de (1) Resulta del informe leido por Mr. Lucas en el Instituto de Francia sobre los felices resultados obtenidos por el príncipe de Mónaco en la estn4cion de la mendicidad por medio de los adelantos de la agricultura, que en el espacio de 1300 años la relacion entre la pobiacion agrícola y la manufacturera ha sufrido tal alteracion , que siendo en 1700 como 2: 1, en 1830 era como 1 : 2. Segun las estadísticas de Dupin y Moreau de Jones la desproporcioii es aun mayor en 1.1 Gran Bretaña y en Irlanda.
xxvi los trastornos europeos. Nada mas fácil si las grandes naciones industriales no sacrifican á la paz todo el esceso de sus inmensos productos que el régimen de , aduanas tiene estancado en las embarcaciones y en los almacenes ; porque entonces comenzará tomando por bandera algunos principios políticos la verdadera guerra de intereses entre los productores ; el Rhin , el Danubio , el Escalda se convertirán en lineas militares, y los buques mercantes que cubren sus aguas, en armadas navales, y el choque se verificará entre esas poblaciones flotantes cargadas de riquezas repudiadas en las fronteras de las naciones. ¿Será necesario en lo sucesivo declarar á cada tribu de la gran familia humana su parte en la herencia de la naturaleza? Reinará entonces la paz entre las naciones , formando un solo pueblo unius labii, marchando unidas por la senda de la perfectibilidad? ¿Llegará el día en que todos los miembros de aquella gran familia trabajando unidos y acudiendo recíprocamente á la satisfaccion de sus necesidades, bajo el imperio de una sola Religion, de una sola Justicia, de una sola Libertad puedan sentarse en el gran banquete de la naturaleza sin que vuelva á cruzar por su mesa la sombra de la miseria (1)? (1) «Marchamos hacia la época anunciada á los hombres en que los acontecimientos de una nacion lo serán para el género humano entero... Las revoluciones que presenciamos., las conquistas de la inteligencia en el mundo material , las convulsiones del universo entregado á las discordias, son la senda por donde el progreso social dirige sus pasos rápidos y marcados ; lo que nos parece desorden no es mas que la fuerza motriz de este progreso, es el impulso de la palanca de Arquimedes que ha encontrado su punto de apoyo.» Genoude. du Christianisme,
XXVII Éi problema social reservado á nuestro siglo abraza todas las ciencias 'morales y politicas. Tratándose del bienestar del mayor número no puede dudarse que cada ciencia está llamada á tornar parte en la resolucion. Hemos visto rie'las causas del pauperismo son defectos multiformes. En cuanto á la parte, económica pueden determinarse sus principales puntos : 1.° La miseria no nace principalmente de la desproporcion, entre los medios de subsistencia y la pobladon: de manera que la solución del problema económico incumbe á la parte de la ciencia que trata de la distribucion de la riqueza. 2.° Las crisis solo se manifiestan en las naciones ricas y adelantadas cuando llega el momento en que la aecion de su industria ha adquirido una estension estraordinaria y se apodera una especie de irritacion febril de los órganos de la produccion. Los paises en los cuales ó el desarrollo del poder humano en lo físico es limitado hay escasez de capitales, estan al abrigo de las crisis comerciales, y los paises ricos lo estan igualmente mientras su industria siga una marcha regular y no precipite su movimiento. Las crisis solo tienen lugar cuando hay esceso en las empresas , cuando la manía de las especulaciones penetra en todos los cerebros y los determina á abrazar los proyectos mas gigantescos y exagerados, y á poner en planta los cálculos mas temerarios. Esta desproporcion entre las ofertas y los pedidos se complica con el sistema comercial de las naciones. 3.° Consecuencia del anterior. Que el bienestar de los pueblos depende mas de la riqueza relativa de los in dividuos que de la riqueza absoluta del cuerpo colectivo. La humanidad exige que no se sacrifique al medro de la
2 ECONOMIA POLITICA. Hubo un tiempO, no aun lejano del nuestro, en que era muy coman en muchos hombres ilustrados negar hasta la existencia de la economía política. Los hechos económicos, decian, carecen de aquellas señales de fijeza y generalidad sin las cuales no hay elaboracion científica que no sea una vana tentativa. Mas hoy , ya no es la ciencia lo que se niega , aunque al paso que unos dedican á ella todos sus esfuerzos y la tributan admiracion y alabanzas, otros solo se acuerdan de ella para acriminarla por sus rigurosas consecuencias, y sofocarla con los ultrajes y el desprecio. Unos y otros saben que el objeto de su amor y de su encono no es una simple quimera. Sin duda alguna la ciencia de la economía política existe, porque existe un órden de hechos , un órden particular de ideas cuyo origen y desarrollo , cuya trabaron y resultados forman el todo que se propone investigar esta ciencia. La ciencia económica existe porque existe el hombre , el cual con sus inclinaciones, con sus necesidades , con su inteligencia y su fuerza se siente capaz , no solo de esplorar el mundo material en que nace , mas tambien de dominarlo , apropiárselo, y acomodarlo á la satisfaccion de sus necesidades. Muchas veces oiremospreguntar : • ¿Quién fue el descubridor de esta ciencia? Platon, ó Aristoles ; los antiguos ó los modernos ? ¿Cuál de los modernos fue su inventor, Colbert , Quesnay, ó Adam Smith ? ¿Fue francés, italiano ó inglés elprimer economista ? No es de estrañar que mientras el botin para el individuo, la conquista para el estado, la rapiña , las invasiones y el robo, revestidos de nombres mas ó menos pomposos, eran considerados como ordinarios y le e , a í ti-
LECCION PRIMERA. 3 mos medios de adquisicion y desarrollo, no pudiese la inteligencia humana, perdida en estos errores y arrebatada por el curso de los sucesos , penetrar y profundizar las verdaderas bases de la ciencia.. Era pues imposible su completa aparicion en el mundo antiguo , en que las sociedades se gobernaban por la fuerza mater;a1, y en que el libre trabajo individual era poco menos que nulo, No por eso dejó de haber hombres privilegiados que en medio de los hechos irregulares de la antigüedad entreviesen algunas verdades, algunos resplandores de la ciencia entonces oculta ; mas es cierto que no pudieron comprender sus principios ni medir su estension, porque no es dado al mismo genio sobreponerse á los hechos generales de su tiempo. En el mundo antiguo, como en toda agregacion de hombres, hubo hechos económicos ; pero la ciencia solo despuntó luego. Cuando una nueva civilizacion se apoderó del mundo, cuando el trabajo libre llegó a ser la ley general de los pueblos civilizados , cuando el hombre conoció que sola la asociacion podia procurarle conquistas durables y legítimas en el mundo material, entonces se descubrió la economía política. A la civilizacion moderna debemos pues la gloria del descubrimiento ; la ciencia no ha podido en su origen demarcar con exactitud sus diversos principios. No se crea que la economía política apareció desde un principio con todos los elementos que la constitu. yen ; porque no es posible llegar de un solo paso á los fundamentos de las cosas. El hombre empieza siempre dudando : su primer paso es el empirismo. Sometido á la influencia de hechos complicados que por todas par-
7 1 , ECONOMIA POLITICA. tes le rodean y le obligan á obrar, empieza á bosqueteorías y pasa de una á otra, partiendo siempre de lo compuesto á lo simple. Esta misma ley ha seguido la economía politica ; los sistemas que ha creado, el mercantil , el de los fisiocratas y el industrial, son una fiel representacion de la marcha que sigue la humana inteligencia. En la edad media, la propiedad territorial , fundamento del nuevo órden político y principio de una clasificacion social, dividió á los hombres en siervos y señores. Cultivar la tierra era una señal de servidumbre; poseerla era un titulo de poder. Siendo la agricultura un oficio servil , los labradores , esclavos del terruño, lo sufrian como yugo , y los propietarios lo menospreciaban y lo imponian como gravámen. La libertad no teniendo nada que esperar ni del castillo feudal que la repudiaba enorgullecido con sus privilegios, ni de la cabaña que aun no la comprendia , se redujo á las ciu» dades y villas, y allí , llamando en su socorro it la industria y al comercio, dió origen al concejo ó municipio. La nueva ciudad, verdadera cuna de las socie~ dades modernas y de nuestra civilizacion , componiase de artesanos , de mercaderes y de comerciantes. Sus manufacturas, sus bancos , sus naves , sus esportaciones, su oro, constituian su fuerza , formaban su segu-. ridad presente y el cimiento de su porvenir. Pisa, Génova , Venecia , Florencia , Brujas, Gante y tantas otras ciudades de Italia , Flandes y Alemania llegaron, á pesar de la exigüidad y pobreza de su territorio, á un grado de poder, que ni aun podian imaginarse aquellos estados cuyas vastas posesiones hacia de todopun- to estériles la ignorancia feudal. Asi pues, cuando la
LECCION PRIMERA. ciencia intentó tímidamente y por la vez primera analizar estos hechos europeos, ¿qué sistema económico podía deducir sino el mercantil, que no concibe mas riqueza que el oro, ni mas medios para adquirirlo que las manufacturas y el comercio de esportacion? Este sistema cuyas brillantes apariencias no deslumbraron sin embargo el talento robusto y razonador de Sully (1), fue llevado despues tanto en práctica (1) Sully , cuyos austeros principios económicos se reprodugeron durante su ministerio en un sinnúmero de leyes y reglamentos suntuarios, todos ellos de carácter hostil , segun la espresion del economista Blanqui , al progreso de las riquezas, quiso mantener en Francia un sistema de límites estrechos esclusivamente agrícola y patriarcal, y se opuso con todo su poder al desarrollo de las manufacturas porque no veia en el comercio sino el peligro de la esportacion de la moneda. Pero es de creer que si Sully hubiese conocido la Francia de Luis XIV , no se bubiera manifestado contrario al sistema mercantil y hubiera pagado tributo á sus deslumbradoras apariencias del mismo modo que todos los grandes talentos de aquella época. El sistema mercantil cuya doctrina se encerraba en dos meras palabras' vender y no comprar, que comenzó á desarrollarse en España en el reinado de Carlos V , sistema cuyos resultados fatales para nnestra nacion dilucidó con rara habilidad D. B. de Ulloa, nació de la preponderancia que se atribula al oro antes que se hubiera reconocido que en último resultado cada nacion paga con sus propios productos las producciones que saca del estrangero, ya envie el estrangero su oro ó ya sus propias mercaderías. Pero antes que todas las naciones hubiesen adoptado el mismo principio , la Francia que fue la primera en ponerlo en planta segun lo concibió el vastísimo genio del gran Caben , por lo que tomó aquel sistema el nombre de Colbertismo , reportó de él tales ventajas que en muy pocos años alcanzó un grado de prosperidad verdaderamente admirable en agricultura, en industria y en comercio. En vista de aquella prosperidad las denlas naciones quisieron adoptar los mismos medios y la misma doctrina , sin advertír que cuanto mas se estendiesen sus aplicaciones tanto mas inútil llegaria á ser el principio. « La riqueza, decían , consiste en el dinero ; con el dinero se dispone del trabajo y se proporciona la subsistencia á los trabajadores. El dinero es el nervio de la guerra y del poder 5 el que lo posee manda al que no lo tiene.
ECONOMIA POLITICA. como en teoría, hasta sus últimas consecuencias. Mientras que las estravagancias de Law mostraban al mundo á cuan estrañas y ruinosas deducciones puede prestarse una idea esclusiva é incompleta , el suelo frances tan estenso , tan rico y tan variado, rehusaba sus tesoros á la mano ignorante y codiciosa de sus señores; y el labriego pobre , miserable , oprimido , apenas podia sustraer el mas grosero alimento á la rapacidad de un fisco avaro y necesitado (1). Estos hechos, ofrecién- Por consiguiente todos los esfuerzos de un buen gobierno deben diri7 girse á procurarse la mayor suma posible de metálico, y esto solo se consigue trayéndolo del estrangero y enviando en cambio las propias niercandas.» Asi que , cuando la prohibicion de la importacion de productos llegó á ser un axioma universal para las naciones y comenzaron éstas entre sí á valerse de represalias paralizando la esportacion de sus mil tuos productos, fue cuando realmente los efectos desastrosos del sistema mercantil empezaron á pesar sobre la Europa. El lenguage de los economistas era en todos los paises el mismo. Lord Davenant y Thomas Aun en Inglaterra , Ustariz en España , Genovesi en Italia , istielon y : Forbonnaís en Francia, todos en fin proclamaban el mismo principio. El contagio se apoderó de todos los pueblos y entonces comenzó la guerra de las aduanas que todavia du ra, siendo el pauperismo y las crisis comerciales los únicos restos que nos ha dejado el sistema mercantil. «Bella invencion esclama Mr Huskisson, cuyo privilegio ha espirado para nosotros.» (1V. del Trad.) (1) Fueron llevadas á tal esceso las doctrinas del sistema industrial que al paso que todos los capitales estaban aglomerados en las empresas de navegacion y manufacturas , la tierra yacia abandonada como un elemento de todo punto estéril (P. Blanqui , Hist. de la Econ. polit., tomo 2.°) Todas las naciones buscaban su prosperidad en la decadencia de sus vecinos, todas se iban abandonando al uso de las leyes repulsivas mas absurdas para conseguirlo , estableciendo en el seno de la paz una lucha encarnizada de intereses que ya en los últimos años del reinado de Luis el Grande estalló en una verdadera guerra europea. Toda aquella antigua pi osperidad y grandeza acabó en el mas lastimoso desconcierto y llegó á ser tal el estado de P.'
LECCION PRIMERA. dose en toda su repugnante desnudez al genio filosófico del siglo XVIII, debían por una reaccion natural y saludable , cambiar el giro de las ideas económicas de la época. La práctica habia producido el sistema mercantil : la filosofía del siglo XVIII , alzándose contra las instituciones existentes , creó el de los fisiocratas. Los prácticos solo encontraban la riqueza en el oro (1): la Francia al despuntar el siglo XVIII, que segun la espresion de Varaban y Boisguilbert ya no le quedaban sino ojos para llorar. Entonces apareció el escocés Law , el cual cxagerándo la influencia de los bancos de circulacion que habia visto florecer en Inglaterra y en Holanda , é imaginándose , error propio de su siglo, que solo el numerario era la causa del desarrollo de la industria y prosperidad de las naciones, creyó que bastaba asegurar á la Francia una gran masa de moneda en circulacion que activase el trabajo, para que la riqueza pública quedase al abrigo de toda calamidad. Con los billetes de banco , introdujo el crédito en aquella nacion y sustituyó el crédito público al privado; mas la liga que contrajo con el gobierno , precipitó h emision del papel hasta el punto de poner en circulacion un capital diez veces mayor que el capital existente en metálico. La bancarrota no se hizo esperar mucho tiempo ; el abuso del crédito ha sido causa de iguales trastornos en nuestros tiempos. El error de Law estuvo realmente en haber creído que la riqueza pública es un resultado del crédito , cuando el crédito es precisamente un resultado de la riqueza de los paises. Los partidarios del sistema del papel moneda sostienen hoy la misma doctrina , que envuelve una peticion de principio harto evidente para que sea necesario rebatirla. Vea el que guste convencerse plenamente de esta verdad el opúsculo reciente del economista italiano Chitti , des crises financiéres ou de la : . eforme dtt sistéme mondtaire. Braxelles 1839. (N. del Trad.) (1) Se pensó por algun tiempo , dice Blanqui , que el dinero era la riqueza por escelencia , y que multiplicando el papel que la representaba se multiplicaba la riqueza misma. Asi que, cuando vieron subir de mia manera exorbitante el precio de las cosas y caer el papel repentinamente, cayó la venda de los ojos á los mas acérrimos partidarios del sistema y , lo que siempre sucede en semejantes circunstancias , se pasó de la ciega parcialidad á la completa a version,
ECONOMIA POLITICA. los fisiocratas solo en los productos de la tierra. LO primeros no pedian sino prohibiciones, privilegios, regiarnentos : los segundos una amplia libertad de industria y de comercio. En fin , como para no dejar duda alguna de que su sistema era producto de las circuns• tancias y de la reaccion, apareció la fisiocracia exagerada y amenazadora , parto de la cabeza de Quesnay, hijo de un labrador , que en su infancia habia sido testigo de la miseria del campesino , y de los efectos tan absurdos como irritantes de los reglamentos vigentes. El tercer sistema , debido á Smith fue una especie de eclectismo. Tanto el comercio como la agricultura son segun su doctrina fuentes de riqueza , porque entrambos son con el trabajo medios de produccion. El trabajo libre es el principio esencial de toda riqueza; y tomando esta máxima por bandera, proclamaba la economía política el poder y la dignidad del trabajo por el órgano de Smith en medio de las convulsiones de la independencia americana , y en la víspera de la revolucion de Francia. Inspirado el economista, sin pensarlo quizá, por la nueva era social que despuntaba cual nueva aurora en el horizonte de la Europa , establecia este principio fundamental de la ciencia dando al trabajo sus derechos de ciudadanía y títulos de nobleza. El sistema industrial no podia desarrollarse donde el trabajo y del fanatismo á la incr edulidad. Desde entonces ya no hubo mas riqueza que la tierra ni mas renta segura que la emanada de su seno. Esta reaccion fue la que produjo el sistema agrícola ó de los lisió- , cratas , p ri ncipalmente conocido por el nombre de Quesnay y de los economistas. (1V. del Trad )
LECCION PRIMERA. 9 no fuese bien mirado, porque es una planta que sol© puede florecer al sol de la libertad. De esta manera los hechos sociales en su desarrollo providencial, llevando la ciencia de sistema en sistema, la acercaban cada vez mas á la verdad. No es nuestro intento menguar la gloria de aquellos hombres guiados sucesivamente por los hechos sociales en sus nobles tentativas. El lenguage de los hechos generales solo está al alcance de las inteligencias privilegiadas, y es muy propio de la condicion de nuestra débil naturaleza, que los primeros autores de la ciencia sean invenciblemente arrastrados por los sucesos que dominan su época. Sea de esto lo que quiera , lo cierto es que el mismo sistema mercantil , y mas especialmente el de los propiamente llamados economistas, habían ya demostrado aun á aquellos que ningun conocimiento tenian de la Política de Aristóteles ni del catálogo de sus obras que había una ciencia nueva sui generis que añadir al catálogo de las ciencias sociales : y que esta ciencia era la economía política. Hoy, cuando la prosperidad material de los estados absorve la atencion general , cuando la libertad de industria y sus estraordinarios productos fijan todas las miradas, no debemos temer que pueda abandonarse una ciencia que se apoya en este hecho como en una de sus bases fundamentale3. Su puesto entre el número de las ciencias sociales está ya marcado; y quizás pudiera suceder que , admitida en la república de las letras y de las ciencias, aspirase á una monarquía absoluta y universal. En el vértigo de los intereses materiales y de la pugna que ellos originan, es de temer no olvide el hombre su noble naturaleza y el porvenir que le está
10 ECONOMIA POLITICA. destinado : y que esclusivamente entregado al culto de lo útil, no se cuide ya de lo bueno, de lo justo y de lo bello. Lejos de nosotros la idea de disculpar esa tendencia funesta que hace de la riqueza un ídolo y mira su culto como el deber supremo ; pero ese mismo triunfo de los intereses materiales , y la necesidad que se esperimenta de conocer los manantiales de la prosperidad pública y privada , nos dispensan de encarecer la importancia cada vez mayor de la ciencia que nos proponemos estudiar. Réstame solo espresar el vivo placer que esperimento al comenzar de nuevo con vds. los estudios económicos : digo con vds. porque entre las personas que en los años precedentes me han honrado con su benévola atencion, y yo, me parece existir una especie de simpatía moral , una comunicacion tan intima, que no puedo menos de persuadirme somos siempre los mismos, y que despues de una breve parada continuamos unidos nuestro camino. Y esta idea ha influido quizá en la eleccion de la senda que vamos á recorrer. En los años anteriores he procurado exponer el conjunto de la ciencia : la hemos estudiado en sus dos grandes divisiones, la produccion y la distribucion (le la riqueza : y si no nos hemos ocupado eii otra tercer a que los autores llaman consumo, ha sido porque la hemos considerado incluida en las otras dos. Lo que se llama consumo productivo no es otra cosa que la inversion del capital; y el que han querido llamar improductivo, esto es, la contribucion ó impuesto , está comprendido en la distribucion de la riqueza : la demas pertenece á la higiene y á la moral.
LECCION PRIMERA. 11 Hemos pues procurado estudiar estos dos grandes fenómenós ; la produccion y la distribucion de la riqueza , ya en su desarrollo natural y directo , ya en la accion de las causas secundarias que pueden modificarla. Recorriendo este estenso campo, hemos encontrado muchas y difíciles cuestiones : hemos procurado profuldizar algunas de ellas ; en otras apenas nos hemos detenido , y algunas ni -aun las hemos nombrado. Imposible es recorrer en un -solo año tan dilatado horizonte y profundizar al mismo tiempo las complicadas y graves cuestiones que contiene. Fue preciso limitarse á los principios fundamentales, á las partes esenciales de ella, y dejar el exirnen de las cuestiones para una investigacion particular en un curso ad hoc: y este es el partido que he creído deber elegir. Tambien es cierto que este curso es mas propio del método de enseñanza adoptado para esta institucion á que tengo el honor de pertenecer. Sin embargo, al anunciar para este año un curso reducido á tratar muchas de las cuestiones mas importantes de la econornia política, no he olvidado que entre las personas que me escuchan puede haber jóvenes que de todo punto desconozcan este estudio. He buscado , pues, un medio de conciliar el trabajo que nos proponemós con la presencia simultánea de personas entendidas en la ciencia , ó por lo menos en sus principios . , y de otros que solo tengan de ella aquellas nociones superficiales que se adquieren en la conversacion y trato social. Desde luego , haré cuanto esté de mi parte por esponer cada una de estas cuestiones en tér.. minas claros y sencillos, de modo que las nociones mas elementales sean bastantes á comprenderlas : y ademas,
18 ECONOMIA POLITICA. ó tres capítulos de la famosa Política del primero , que aquel genio altamente clasificador y metódico consideraba la cconor. ; a politica, como ciencia suigeneris, do su único y particular objeto la riqueza y la adquisicion de los bienes (ó crematística), de manera que no debia de ningun modo confundirse ni con la moral, ni con la política propiamente dicha. Trató tambien Aristóteles de la Riqueza, en una obra separada; y quizás en ella desenvolvió la teoría indicada solamente en el libro 1.° de su Politica. Mas por lo que hace á su Económica , cuyo segundo libro es apócrifo, este escrito es un mero tratado de economía doméstica (1). En los tiempos modernos, no es ciertamente la escuela mercantil la que puede darnos la solucion del problema. Esta escuela apenas se curó de clasificar y me_ todizar un cierto ntImero de hechos particulares que desfiguró queriéndolos generalizar; por lo que , ceñida meramente al arte sin atreverse á la esfera de la ciencia, confundiendo la especulacion con la accion, y creyendo que la intervencion directa y constante del gobierno en el desarrollo económico de las sociedades debía ser la base de su sistema, llegó á confundir la eco- (1) El que desée enterarse á fondo de las nociones económicas de la antigüedad, puede consultar ademas de las obras de Platon, Aristóteles y Jenofonte, los escritos modernos de Bcickh sobre la economía política de los atenienses, de Bishon sobre el gobierno de los romanos, de Beitenzeier sobre las minas de los antiguos , y por último de Heeren cuya escelente obra sobre el comercio y navegacion de los pueblos antiguos, ha eclipsado á la que escribió Huet sobre el mismo asunto. Mr Blanquí, ya citado en una nota precedente, acaba de reunir las mas importantes noticias publicadas por todos estos en el primer tomo de su obra. (N. del Trad. )
LECCION SEGUNDA. 19 ~lía social con la política. Cierto es que la escuela mercantil solo se ocupó en la riqueza ; mas lo hizo de un modo maspropio del hacendista y del hombre de estado que del economista. Me es grato decir que los fisiócratas franceses fueron los primeros que dieron forma científica á los principios económicos. Sus teorías pueden ser desechadas, pueden ser repudiados sus axiomas sobradamente esclusivos, mas no por eso deja de ser evidente que estos economistas supieron perfectamente comprender que en el desarrollo económico de las sociedades, existía un órden de hechos y de ideas que debian ser para el pensámiento humano los elementos primarios de una gran. de obra científica. Como hombres del siglo XVIII los fisiócratas vivian en una época de agitacion para toda la Europa, y particularmente para la Francia ; se hallaron en el seno de una sociedad que anhelaba romper con sus sacudimientos la corteza envejecida que la encerraba, y reconstituirse bajo una nueva forma. Tra bajados por estas ideas que tenian en continuo movimiento todos los ánimos , érales imposible reducirse y aislarse en el circulo de las nociones económicas, sin pensar antes de todo en la reforma de las instituciones políticas , y en la reorganizacion de un poder , cuya intervencion era á sus ojos una causa fecunda de perturbaciones en el sistema económico de las sociedades civiles. Asi solo se esplica que la Fisiocracia de Quesnay, publicada por Dupont de Nemours, tratúse de la constitucion natural del gobierno, y que Mercier de la Riviére intitulase su obra: Orden natural y esencial de 1a. sociedades políticas. Segun su idea, toda la felicidad de que el hombre puede disfrutar sobre la tierra , debía
20 ECONOMIA POLITICA. necesariamente emanar de este ó•den. Para él , pues, la economía política era un mero capítulo de la organizacion política y social. No era únicamente la riqueiza la idea que dominaba á este y á los demas miembros de anuda especie de secta ; mas tambien la cuestion de su época , de su nacion , esto es , la organizacion de la sociedad. Todo estaba subordinado á esta idea, todo se dirigía á ella , todo emanaba de ella ; síntesis vastísima que el deseo de reformas sugeria en un siglo de observacion y de análisis á aquellas inteligencias mas osadas que profundas, precursoras de la gran revolucion. Preciso es rendirles este homenage, aun cuando sus teorias sociales no condujesen á la libertad politica (1). La escuela á que doy el nombre de industrial , se ha distinguido de todas las otras proclamando el gran principio de que el trabajo es el primer manantial de la rip, za. Este era en efecto el modo de poner en evi- ( 1 ) Es físicamente imposible , escribia Mercier de la Riviére en el tomo primero de su obra , que pueda subsistir ningun gobierno siendo regido por mas de uno solo. ¿Quién no vé , quién no . conoce que el hombre fijé creado para ser gobernado por una autoridad despótica?» Pero al mismo tiempo nadie manifestaba con mas valentía que él los escandalosos abusos del régimen de aduanas , corporaciones y leyes fiscales, por lo que dice un escritor moderno, que. los mismos errores de los fisiócratas eran - útiles , y sus mas vagos presentimientos parecia.n tener algo de profético. En efecto , lié aqui las espresiones del mismo Mercier en su segundo tomo. «Moderad vuestro entusiasmo , ciegos admiradores de los falsos productos de la industria. Antes de proclamar el milagro , abrid los ojos y ved cuán desgraciados son , cuán miserables esos mismos trabajadores cuyas manos por una sola moneda os vuelven un valor de mil escudos. ¿Quiénes son los que se aprovechan de esa enorme multiplicacion de valores?» (1V del Trad.)
LECCION SEGUNDA. 21 dencia, no solo unprincipio económico , sino tambien el de aquellos hechos sociales que , manejados por un historiador hábil, son la guía mas segura para conocer la marcha de la especie humana, y estudiar sus huellas en tola la superficie del globo. Smith ha conseguido seguramente reducir la ciencia á los límites indicados, mas bien que"-trazados, por Aristóteles; el título de su obra: Investigaciones sobre la naturaleza y las causas de la riqueza de las naciones, son una prueba bien clara de ello. No pretende Smith reconstruir la sociedad y los gobiernos; lo que esencialmente le ocupa es la investigacion de los principios de nuestra naturaleza , y los hechos humanos que mas eficazmente conduzcan al objeto especial de la formacion de la riqueza nacional. Mas estos límites parecieron demasiado reducidos, y sus discípulos mas celosos fueron los primeros en des. truir la obra del maestro. Solo citaré como prueba tres nombres justamente célebres, de los cuales uno, aunque contemporáneo, merece por su gloria ser considerado entre los nombres históricos; hablo de mi ilustre predecesor Mr, Say. Fié aquí como se espresa este en su Curso completo de economía política, á pesar de que en su Tratado mas parece acercarse á la idea de que la economía po!itica no es propiamente hablando, sino la ciencia de la riqueza: dice asi: « La economía política no es otra cosa que la economía de la sociedad. El estudio que se ha hecho de la naturaleza y de las funciones de las diferentes partes del cuerpo social, ha formado un conjunto de nociones, una ciencia que se ha llamado economía politica, y que quizás debiera mejor llamarse economía social.» Y añade despees : « El objeto de la economía poli-
22 ECONOMIA POLITICA. tica parece haberse limitado basta el dia á la investigaclon de las leyes que rigen la formacion, la distribucion y el consumo de las riquezas.» Reconoce haber sido este el punto de vista bajo el cual él la consideró en su Tratado y termina diciendo : «Es sin embargo evidente que en esta misma obra la economía política es el alma de la sociedad , y que ella ab: aza el sistema social entero.» En esta parte, pues, nos hallarnos otra vez trasportados al sistema de los fisiócratas. Mr. de Sismondi nos dice en sus Nuevos principios de economía política, que : ((El objeto de la economía política es el bienestar físico del hombre, en cuanto puede ser obra del gobierno que le rige.» De aqui na,.. cen dos observaciones: en primer lugar , que este autor ya no habla solamente de riqueza , sirio de bienestar, idea mucho mas vasta que la primera: en segundo lugar, que ya no se trata de los resultados de la libre accion del hombre sobre la materia, en cuanto esta accion puede ser fuente de la riqueza y del bienestar, sino que su idea se fija esencialmente en la intervenciori del gobierno, lo que someteria del todo la ciencia á la politica (1). ( 1 ) Es evidente que entre la ciencia de gobierno y la economía política hay notable diferencia , mas no por eso debe creerse, en nuestra opinion, que haya entre ellas una absoluta independencia. La economía es en realidad una rama del arbol de la ciencia política, cuyo objeto es la mayor filicidad posible de todos en general , máxima tan saludable en su principio , corno perniciosa en las exageradas consecuencias que de ella han presumido deducir los discípulos de Mi:1 y de la escuela inglesa de los utilitarios. La doctrina de Sismondi merece, pues, parar algun tanto la atencion de los lectores. Espondremos ligeramente este sistema económico que tiene mucha analogía con el de Say.
LECCION SEGUN 111r. Storch asigna á la econoi a 4:)o (cm rnpo mas estenso aun, diciendo terminaritqua,gnte q «la economia política es la ciencia de las leyes nItuples ros ue determinan la pperidad de las naciones, es, ¿s ir La mayor felicidad general es el polo de las ciencias huma - nas, porque de ella depende el perfeccionamiento físico y moral del hombre sobre la tierra. La condicion primera para llegar á este objeto, es la soberanía de la inteligencia para que por su órgano pueda saberse cuáles son los medios que han de ponerse en accion para lograr el bienestar. Hé costituido el cuerpo político , la verdadera representacion nacional nacida de un sabio liberalismo, y no de la fuerza material ó de la votacion universal que es el medio mas seguro de entronizar las pasiones y la ignorancia , pues bar - to sabido es que la soberanía popular como el vulgo la concibe, es la incapacidad multiplicada un sin número de veces por si misma. El sistema representativo de Sismondi es el imperio de la voluntad ilustrada nacional, que es la única constante, único remedio para mejorar la condicion de la humanidad, separándola de las revoluciones que casi siempre la hacen mas desgraciada , y trazándola el camino que debe seguir gradualmente para llegar á un estado de mas luces, de mas virtudes , mas verdadera libertad y menos padecimientos. De la misma idea fundamental de todas las ciencias sociales, esto es el mayor bien de todos, se deduce que la primera atencion de la sociedad representada por un cuerpo político de la índole que hemos manifestado, debe dirigirse á asegurar sus bienes materiales, su subsistencia, y por consiguiente á examinar , teniendo siempre p r esentes las leyes morales y religiosas, qué marcha deberá seguir para que los bienes materiales producidos por el trabajo comen, procuren el mayor bienestar , fisico de todos. Y hé aqui la economía política, la cual segun la etimología de su nombre , no es mas que la economía de la ciudad, de la comunidad ó del pais, asi corno por economia doméstica se entiende la economía de la casa y de la familia. 1No es envilecer al hombre, como al g unos han pretendido proponerle corno primer objeto de sus esfuerzos una direccion racional del trabajo que le ascwire , ' su subsistencia , llamando antes de todo la atencion de la sociedad hácia lo puramente material. Por-- que de la subsistencia depende la vida ; y con ella todo el desarrollo moral é intelectual de que la especie humana es susceptible.,
24 ECONOMIA POL1TICA. su riqueza y su civilizacion (4). Y no es esta una idea aventurada á la casualidad, puesto que la desenvolvió La sociedad , lo mismo que el individuo , debe en primer lugar, cuidar de la salud del cuerpo, porque sin el vigor y la energia que ella mantiene, la robustez y salud del alma es de todo punto imposible. Resulta, pues , que de la nocion fundamental de la utilidad bien entendida se deriba como principio político, la soberanía de la inteligencia, y como consecuencia precisa de este principio la ciencia de la economía política ó social considerada como medio de producir y distribuir mas acertadamente la riqueza, para lograr el mayor bien de todos. Corno ciencia social, y por consiguiente cien cia de aplicacion, la economía política en rigorismo lógico es parte de la ciencia de gobierno , y bajo este aspecto el sistema de Sismondi parece verdadero : mas por no haber hecho distincion entre la economía política abstracta y la economía política aplicada, lo ha dejado manco. Diremos, pues, que esta doctrina es incompleta. , mas no que es defectuosa. ( IV. del Trad.) ( 4 ) Despues del ligero resúmen que damos del sistema económico de Sismondí, pudiera parecer á algunos que entre este modo de considerar la ciencia, y el de Storch , hay una completa semejanza; porque á primera vista solo ocurre al pensamiento que tan- to el uno como el otro miran la ciencia económica (entiéndase aplicada) corno base de la felicidad de las naciones. Obsérvese sin embargo la diferencia. Para Sismondi los resultados económicos son una causa primordial de la felicidad, en cuanto son un medio para poder conseguir la causa inmediata de la civilizacion de las naciones que es el imperio de la moral y de las buenas costumbres; es decir que la civilacion y perfeccionamiento del hombre, único bienestar moral , solo puede obtenerse despues de satisfechas las neceidades fisicas, 1E1 economista Ruso por el contrario , parece pretender que la civilizacion es resultado necesario de la prosperidad material, ó que civilizacion ó progreso intelectual y moral, y bienestar material son para él una cosa misma. En suma, la ciencia económica es para el primero la posibilidad de alcanzar el destino de l a humanidad en la tierra; de ningun modo la causa necesaria de ella, en lo que concuerda muy bien con el mismo Rossi. Para el segundo la civilizacion es necesaria, dada una buena economía. (N. del Trad.)
LECCION SEGUNDA. 25 ámpliamente en su discurso preliminar, habiendo despues influido mucho la misma idea en la division que hizo de su obra en dos partes enteramente distintas. ocúrreseme ahora, que encargado Mr. Storch de enseñar la economía politica á dos príncipes jóvenes, que con el tiempo podian ejercer grande influjo en los destinos de su nacion, quiso tal vez, penetrado de la importancia de este delicado encargo, dirigirse á sus discípulos en un lenguage general , que lo comprendiese todo. Mas no por esto se salva su definicion de la economía política, que no puede resistir el mas ligero examen. Porque imaginar que pueda seriamente comprenderse en la esfera de la economía politica, todo aquello que es capaz de contribuir no solo á la riqueza, mas tambien á la civilizacion , no es poner limites á la ciencia, sino quitárselos absolutamente. Es indudable que esta idea general y vaga de Mr. Storch, ha fascinado á muchos hombres ; lo que no es de estraílar si se considera cuán fácil es querer pasar por economista solo por haber visitado una escuela primaria, ó recorrido la estadística de una prision. Examinadas asi las obras de los hombres mas eminentes en esta ciencia, es dificil encontrar dos que concuerden en sus limites y naturaleza. Hay pues que resolver una verdadera cuestion preliminar, tanto mas importante, cuanto que de su resolucion depende la de otra no menos fundamental, á saber: por qué principios deben resolverse los problemas de la economía politica. Es absolutamente cierto que el hombre, ahora aislado, ahora en estado de sociedad, puede ser considerado bajo tres puntos de vista diferentes ; el de su riqueza, el de su bienestar material , y por último , el
26 ECONOMIA POLITICA. de su desarrollo moral mucho mas lato que los dos primeros. La riqueza no es causa necesaria de la felicidad, dadoque se puede concebir una gran felicidad material con muy poca riqueza, y por el contrario una inmensa fortuna unida á la mayor desgracia. Esto es igualmente cierto, ya se hable de uno , de muchos, ó de la sociedad entera. Finalmente, la riqueza y la felicidad material, pueden muy bien ser causas indirectas, auxiliares, secundarias; mas de ningun modo causas necesarias del desarrollo moral. Asi como hay individuos, hay tambien naciones cuyo bienestar no es proporcionado A su riqueza; y naciones cuya riqueza y bienestar mate rial progresan mientras su desarrollo moral está muy atrasado. Podrán ciertamente citarse en la Europa moderna paises cuyos habitantes sean mas sanos y robustos que los de ningun otro, cuyo gobierno sea mas patriarcal, paises de vida mas tranquila, y de estremada tolerancia con respecto á los goces materiales ; mas esto no basta, porque es preciso saber cuál es el desarrollo moral de esos mismos paises, cuáles las ideas que aili circulan, qué clase de necesidades allí se esperimentan. Sepamos si en vez de abandonarse con indolente resignacion á la vida material, á la manera de un sabueso bien nutrido y poco castigldo, no anhelan aquellos hombres elevarse á una esfera superior , y no sienten el aguijon de las necesidades intelectuales y morales. Y si la respuesta fuese negativa , si estas necesidades morales les fuesen de todo punto desconocidas,y si se pudiese asegurar, que no sobreviniendo circunstancias estraordinarias aquel pueblo habia de durarpor espacio de ciento ó mas años en el mismo quietismo ; no nos
LECCION SEGUNDA. 97 resolveríamos á decir que nada les queda que desear. Las naciones, pues, del mismo modo que los individuos, pueden ser consideradas bajo los tres puntos de vista de la riqueza , del bienestar material , y del desarrollo moral. Cada una de estas tres condiciones supone medios determinados; cada uno de estos objetos exige un uso particular de nuestras facultades , una accion especial del hombre sobre el mundo esterior, y de unos hombres sobre otros. Para producir la riqueza es necesario el empleo de las facultades humanas mas favorables á la produccion, el uso del trabajo propiamente dicho, un uso determinado de nuestros conocimientos físicos, químicos, y mecánicos, la accion del hombre sobre el mundo externo que diariamente observamos en los trabajos industriales y agrícolas , y por último la cooperacion de un número determinado de hombres repartidos en diferentes tareas; los unos ocupados en producir, los otros en capitalizar, y así sucesivamente. Estos son los diferentes medios; la produce cion de la riqueza es el objeto comun á que ellos se dirigen; y la riqueza producida de esta manera se distri buye naturalmente entre todos los productores , siguiendo ciertas leyes universales , que sin ser obra de ninguno, son el resultado necesario de los hechos generales de la produccion. Ni esto basta para alcanzar la felicidad material. Es necesario que en la organizacion social y en las leyes positivas, nada se oponga á la libre circulacion de esta riqueza en beneficio de todos los miembros del Es= ° tad(); es menester que su consumo se haga con airea! á la sana razon y á la moral , pues lo contrario sería una falta, un mal verdadero. Es necesario aconsejarse
3 ECONOMIA POLITICA. emigracion de los jornaleros , qué tiempo sea necesario para que ambas poblaciones lleguen á equilibrarse, y cuáles hasta entonces sean los padecimientos de una parte de los artesanos. Asi tambien procede la balísti. ca pura que no aprecia la resistencia que debe esperimentar el proyectil al describir su curva. Aquel que solo ignorase la fórmula puramente científica, seria un mal artillero; pero no seria mas entendido, el que haciendo la puntería por la fórmula abstracta, no tuviese presentes las modificaciones de la esperiencia. Asimismo incurriria en un absurdo económico el que no se hiciese cargo de las modificaciones que las circunstancias pueden hacer en los resultados de la ciencia pura. Mas , ¿dejará por eso la economía politica de ser una ciencia? Serán sus fórmulas menos ciertas? No : de ninguna manera. Mucho se ha reprochado á la escuela de Quesney su tan repetido laissez faire , laissez passer (5). Sin embargo aquel era el lenguage de la ciencia pura; porque como despues veremos es, exactamente cierto que la libertad de industria y de comercio serian el medio mas seguro de producir la mayor rir queza posible, si circunstancias particulares no modificasen la cuestton. Mas suelen presentarse circunstan- ( 5 ) No fué precisamente Quesney el autor de este famoso adagio, sino su compañero Gournay, el cual se diferenció algo en ideas del médico de Luis XV. Este adagio fué el estandarte adoptado por los fisiócratas para hacer la guerra al monopolio y al privilegio en sus dos fuertes torreones, las corporaciones y las aduanas, proclamando la libertad absoluta de industria y de comercio para asegurar la baratura por medio de la competencia. Quesney era hijo de mi labrador, y Gournay era comerciante, esto solo esplica, por qué proclamando un principio mismo, se diferenciaron en las aplicacioues que de él hicieran. ( N. del Trad. )
LECCION SEGUNDA. 3,5 cías de tiempo y de lugar, y necesidades particulares emanadas de la índole y genio de las naciones que modifican en la práctica la aplicacion de la regla. ¿Y bastará esto para poner en duda las deducciones de la ciencia, como deducciones científicas? no; de ninguna manera. Resulta de estas observaciones que el modo de cortar estas dificultades es distinguir tres especies de hechos y de ideas. Llamaremos economía política racional á la ciencia que se propone por objeto la naturaleza , las Causas y el movimiento de la riqueza , fundándose en hechos generales y constantes de la naturaleza humana y del mundo esterior. No porque menosprecie y rechace Ids demas ciencias sociales, puesto que estas , del mismo modo que las físicas y matemáticas, le ofrecen medios y resultados de que ella se aprovecha; mas importa al progreso de cada una que no se las confunda entre si. Todas las lineas que parten de la base del cono concluyen reuniéncbse en el vértice; pero el hombre que se halla colocado en el centro, no tiene una inteligencia tan perspicaz que pueda distinguirlas reunidas, sin haberlas examinado una por una. La ciencia, dice Pla_ ton, es una sola en cierto modo; mas cada una de sus partes, aplicada á un objeto cualquiera, forma una seccien aparte, ` recibe su nombre particular. De aquí pro viene el sin número de artes y ciencias designadas con diversos nombres. Dudamos que haya llegado el momento de reunir en una sola síntesis todas las ciencias morales y políticas , formando una gran ciencia social, á la manera que pudiera formarse una ciencia general de la naturaleza, haciendo una fusion de las diver-
36 ECONOMIA POLITICA. sas ciencias naturales existentes Mas aun cuando eso fuese posible, siempre seria tan contrario á la razon el confundir esta ciencia social con una ciencia particular como la de la riqueza, como confundir la ciencia universal de la naturaleza con la m:neralogia. Tomen en buen hora algunos autores ocupados en hacer ensayos prematuros de síntesis social, para aplicarlo á sus lucubraciones económico-político-morales , el nombre de economía política, solo propio de la ciencia de la riqueza. No es un mero nombre tan importante que los economistas vayan á disputarse su posesion unguibus et rostro; se apellidarán estos si se quiere, crzsologos, crematisticos, ó cualquiera otra cosa aun mas estravagante: pero deducir de la usurpacion de un nombre, que la economía política no es la ciencia que trata de la riqueza , es sustituir á una cuestion formal un juego de palabras, una mera logomáquia. Pasemos á la economía política aplicada, que e • °EP. sidera la ciencia como un medio. Al pasar de la ciencia al arte es preciso considerar las circunstancias particu- !ares que pueden modificar los principios en sus aplicaciones. Veremos, al tratar algunas de las grandes cuestiones de apiicacion, que las tres circunstancias capitales mencionadas, á saber: el tiempo, el espacio, y la nacionalidad son de grande importancia para las causas que modifican los resultados puramente científicos. El objeto de la economía pura, y de la economía aplicada es en el fondo uno mismo: aquella lo considera de una manera general y, hablando al uso, humanitaria : esta de un modo mas especial, mas nacional y circunscrito; mas el objeto es en ambas uno mismo. Tambien la moral y la política intervienen en las
LECCION SEGUNDA. 37 cuestiones sociales. El objeto de la sociedad , del mismo modo que el del individuo, no es solamente la riqueza; que en ciertos casos puede este objeto estar subordinado á otro mucho mas noble. Suponiendo que el hacer trabajar á los niños quince horas al dia fuese un Verdadero medio de riqueza nacional, la moral diría que este trabajo no era permitido ; y la politica, que aquella tarea tan enorme era perjudicial al Estado, por que paralizaba las fuerzas de la poblacion. Los obreros d P doce años serian despues, á los veinte, soldados débiles y enfermizos. La moral defendería sus preceptos, y la política sus exigencias: y aun cuando se probase que semejante medida seria una fuente inmensa de riqueza, no podría jamas verse establecida. ¿Y debería por eso culparse á la economía política ? De ningun modo : la economía política no es mas que una ciencia que examina las relaciones de las cosas y deduce sus consecuencias. A ella toca examinar los efectos del trabajo: á nosotros aplicar el trabajo segun la importancia del objeto. Cuando la aplicacion del trabajo es pues contraria á un objeto mas elevado que la produccion de la riqueza, la aplicacion es altamente viciosa. Y esto no probará que la economía política sea falsa, sino que se confunden en la práctica cosas que deben ir siempre separadas. Si pudiese demostrarse que los refugios para las desgraciadas víctimas de la corrupcion y miseria de sus padres, y que los hospicios para los infelices espósitos, eran instituciones contrarias á las deducciones de la economía politica , se diría que los economistas querían que se cerrasen al punto esos refugios, y se aboliesen esas instituciones ; se añadiría que los economistas
38 ECONOMIA POLITICA. eran hombres sin sentimientos, sin corazon, sin piedad. No hay nada de eso, la economía política no hace mas que indicar un hecho y un resultado. A ellos no les toca examinar si en el órden de circunstancias existente hay ó deja de haber otros hechos y consecuencias que se oponen á la supresion de tales establecimientos. :Dado que en una provincia determinada semejante supresion no pudiese menos de alarmar y amotinar á sus pobladores, ¿quién sería el que se determinase á hacerlo? Porque, por mas que dijese la economía, la política nos dictaría que la tranquilidad publica era preferible al ahorro que pudiese originar la supresion de los hospicios e inclusas. Nuestro fin en este mundo, séame licito repetido, no se dirige á un solo objeto. Puede la economía política servirnos de guía al encaminarnos hácia uno de ellos , mas no es responsable de que ha'gamos ó dejemos de hacer las cosas, parque, como ya hemos indicado, el objeto de la ciencia no es mas que la investigacion de la verdad. Al aplicarla es cuando debemos tomar en cuenta todos los principios que entran en la resolucion de un problema social. El error nace de imaginarse que toda cuestion social puede resolverse por la aplicacion de un solo principio; de donde resu3- ta que siempre que el principio económico se halla comprendido en una cuestion , nos empeñamos en que su resolucion práctica pese sobre la economía politica; y esto es injusto. La economía política presenta resultados económicos, consecuencias le g itimas del principio puramente económico; los que hacen las aplicaciones son los que han de cuidar de todos los demas principios que deben obrar paraque la resolucion de la
LECCION SEGUNDA. 39 cuestion se acomode á los intereses mas vitales de la nacion y de los individuos. Digo á los intereses mas vitales porque cuando en una cuestion el objeto dominante, el interés mas vivo de la nacion es la riqueza, la economía politica es la que debe dominar y figurar en primera línea. Cuando sucede lo contrario, esto es, cuando haya intereses de poder y dignidad nacional puestos en juego, las consideraciones económicas no son sino motivos de segundo órden que deben ceder á consideraciones políticas mas importantes y' elevadas. Creo por consiguiente que es necesario distinguir en primer lugar la economía política racional de la economía política aplicada, y que finalmente, en toda cuestion es preciso no confundir las consideraciones de la economía política , aunque sea de la aplicada, con las demas consideraciones morales y políticas que pueden influir en la resolucion del problema.
LECCIa TERCER DificultPdcs que se han opuesto al desarrollo de la ciencia.. Defectos de su nomenclatura.—Necesidad de recurrir tí principios elementales. Valor ; naturaleza ; causa ; formas elementales del valor. 1 investigar el objeto de la economía política y sus verdaderos límites, hemos reconocido la necesidad de distinguir dos órdenes de conocimientos y de fenómenos con harta frecuencia confundidos por los que se ocupan en estas materias. La economía política , que hemos llamado pura ó racional, es una ciencia sui generis , que se funda en un corto número de hechos generales, de los cuales deduce sus consecuencias : y esta ciencia pertenece mas á la razon que á los 'esperimentos. La ciencia aplicada , por el contrario, hace aprecio de ciertos hechos particulares que no considera la ciencia pura. No siendo el mismo su objeto, pues la una soto se propone la sola verdad de Sus teoremas , y la otra se propone esencialmente la accion en una esfera determinada, claro es que sus métodos no pueden ser idénticos. La ciencia práctica ó aplicada se vale, ademas de los principios , de la observacion de los hechos particulares, y de la esperiencia. Mas la economía política , de cualquier modo que se la considere, ya sea práctica , ya puramente abstracta, siempre tiene por objeto la riqueza. Como ciencia
LECCION TERCERA. pura, la riqueza general , la riqueza para el mundo entero, para el hombre en el inmenso teatro del univer. so ; como ciencia aplicada , la riqueza de una localidad determinada , de la agregacion de individuos a que se aplica ; la riqueza de tal ó cual estado, de tal ó cuál sociedad particular. Hemos indicado por último , que es necesario no confundir los resultados de la ciencia de la riqueza con las exigencias , ya de la moral por no coincidir siempre lo justo y lo bueno con lo útil , ya de la política que representa un orden de utilidades , acaso superior al de las simples utilidades económicas. De esta triple distincion nace una observacion muy esencial , porque mientras que la distincion entre la economía política y la moral permanece tan invariable como la diferencia eterna entre lo bueno y lo útil (1), la distincion entre la economía política racional y la economía política (l) A pesar de cuanto digan los discipulos de Kant y de la escuela espiritualista alemana , y á pesar de todos los esfuerzos dialécticos de los modernos eclectistas , lo bueno y lo útil como nociones del entendimiento son una cosa misma ; lo útil por mejor decir es la unica manifestacion posible de la bondad moral en el mundo. La moral es la que ajusta las acciones á lo verdaderamente g til ; ni sin utilidad ó conveniencia puede comprenderse el código de los preceptos morales ó religiosos. Si por útil se quiere significar lo inmediatamente útil al hombre, y por bueno lo útil en último resultado , la disputa quedará reducida á una mera logomáquia. Solo asi puede hablarse de difet encia eterna entre lo bueno y lo útil y aplicarla á la diferencia entre la moral y la economía , pues en efecto ésta como ciencia de la produccion de la riqueza podria aconsejar al legislador una ley que conviniese á la totalidad 'inmediata y material de la nacion , y que sin embargo fuese con el tiempo verdaderamente perjudicial para sus intereses morales. (N. del Trad.)
•2 ECONOMIA POLITICA. aplicada va cada vez mas desapareciendo. La civilizacion con sus progresos va desfigurando incesantemente los hechos enque principalmente se fundaba aquella distincion. Las distancias se acortan de una manera prodigiosa • las comunicaciones van haciéndose gradualmente menos difíciles y costosas; las relaciones entre los diversos pueblos se estienden y se multiplican; aquellos numerosos obstáculos que oponian á la industria general , al comercio , al giro de los capitales y á las emigraciones de los productores los antiguos rencores nacionales , las preocupaciones, la diversidad de religion y las antipatías, van atenuándose de dia en dia hasta el punto de dejarnos entrever que llegará una época en que ninguna ley estorbará que todos los paises civilizados formen en cierto modo un inmenso y único mercado. La economía abstracta y la economía aplicada no podrán jamás confundirse ; y creer lo contrario seria una engañosa utopia; porque ni el tiempo, ni el espacio, ni la nacionalidad podrán jamás perder toda su influencia sobre las relaciones económicas. Contentimienos con ver que estos obstáculos y estas resistencias van desapareciendo cada dia, y alentémonos al contemplar una civilizacion , cuyos prodigios van haciendo mas y mas aplicables á la práctica los axiomas de la economía política racional. Establecidas estas distinciones fundamentales, concretémonos ya al campo de la economía política , que es el que debe suministrarnos los materiales para nuestra tarea. El hombre guiado por su instintoy escitado por la necesidad , segun ya hemos manifestado , no tarda en reconocer la existencia de una relacion que le une á los
LECCION TERCERA. 43 objetos esteriores , y de una relacion entre sus necesidades y las propiedades de las cosas que le rodean. Echando mano de los bienes naturales que encuentra á su alcance , y aplicándolos á sus necesidades , se los apropia y hace suyos , y su obra económica comienza con la aplicacion que hace de las cosas estertores á su uso, y por el mero hecho de hacerse dueño de ellas. El hombre aplica , por decirlo asi , su personalidad á las cosas de 'que saca partido ; mas este mero trabajo de apropiacion llega á serle en breve insuficiente. Entonces su accion se estiende y se dilata , y modifica los objetos estertores , que en su estado natural no hubieran podido servirle , haciéndolos capaces de satisfacer sus deseos. Un terreno mas vasto preséntase entonces al ejercicio de su actividad, y modificando una á una las fuerzas de la naturaleza á la luz de su inteligencia , consigue, por medio de un trabajo profundo y meditado, satisfacer ciertas necesidades ya mas complicadas y de índole mas delicada. A medida que sus fuerzas intelectuales prestan ayuda á su instinto, reconoce que el poder de sus órganos puede aumentarse en sumo grado, y que no consumiendo inmediatamente todas las cosas útiles, puede convertirlas en medios que suministren nueva fuerza á la actividad de sus órganos y á la de los agentes naturales puestos á su disposicion. Asi se estienden y multiplican las trabformaciones , y el hombre vive y prospera , y se propaga , cubriendo en breve la superficie de la tierra, multiplicando sus fuerzas por medio de un socorro mútuo y del espíritu de asociacion , asignando á cada individuo su categoría, y distribuyéndolas de modo que todos trabajen y que todos aprovechen,
50 ECONOMIA POLITICA. ser directa ó indirecta. La llamo directa si se funda en la posibilidad de una inmediata aplicacion de las cosas á la satisfaccion dd nuestras necesidades: tal es el va-. lor del pan para el que tiene hambre. Y la llamo indirecta en aquellas cosas por las cuales nos procuramos el medio de satisfacer necesidades que ellas de por sí no pueden satisfacer. Por ejemplo, un hombre posee dos pedazos de pan ; con el uno sácia su hambre, y el otro lo cambia , acosado del frio, por unos sarmientos para encender lumbre. Y nótese cuán rápidamente se desarrolla la idea instintiva de la propiedad : porque dueño este hombre del segundo pedazo de pan, recono. ció instantáneamente su derecho de disponer de él y transferir su propiedad á otro : y asi , por medio. del cambio satisface indirectamente sus necesidades. Descendamos todavía mas al fondo de las cosas. Me valí del ejemplo del pedazo de pan , porque es, un oh-, jeto trasmisible , y no son tales todas las cosas útiles. Pero es preciso que la cosa que se haya de trasmitir al dominio de otro, no sea de tal naturaleza que cualquiera pueda fácilmente procurársela sin necesidad de tomar la nuestra. Así que aquellas cosas que existen en cantidad indefinida y á disposicion de todo el mundo, no pueden ser jamás objeto de cambio, á causa de su escesiva abundancia. Por ci contrario, si las cosas que deseamos adquirir son sumamente raras, el cambio es casi imposible. Por ejemplo, en una plaza sitiada, cuando acosa el peligro de morir de hambre, el que es dueño de algunos comestibles, 4 nadie los cederá seguramente , aun cuando le -ofrezcan un gran precio. Hubiera cedido por todo el oro del mundo uno solo de sus tizones encendidos :cutre la nieve, aquel soldado que mu-
LECC ION TERCERA, S I. riendo de fijo despues de la derrota de Moscou , quebrantando las severas leyes de la disciplina , rehusó su lumbre con una espresion amenazadora á su gefe que se le aproximé para calentarse á la miserable ho guera ? Asi es que deben necesariamente concurrir ciertas circunstancias para que el cambio tenga lugar. Por qtte hay que suponer posesion por una y otra parte, voluntad de deshacerse de una cosa , y deseo y medios de adquirir lo que otro posee. Suprímase cualquiera de estos datos , y el cambio es imposible. Porque todo lo podernos aplicar á la satisfaccion de nuestras necesidades ó directa ó indirectamente. A la primera especie de utilidad ó á la directa, la llamo con Smith valor en uso, es decir , posibilidad de satisfacer inmediatamente nuestras necesidades ; y á la segunda ó indirecta, valor en cambio , esto es , posibilidad de procurarnos por medio del trueque aquellas cosas con las cuales podemos satisfacer inmediatamente nuestras necesidades,. De estas nociones que no son mas que la traduccion al lenguage científico de los hechos generales mas irrecusables , resulta 1.° Que el valor no es otra cosa que la espresion de una rela.cion esencialmente variable: á saber, la relacion de nuestras necesidades con las cosas ; porque nadie ignora que nuestras necesidades son diversas é instables á un mismo tiempo ; pues hasta aquellas mismas que son comunes á todos los hombres , como que erivan de nuestra constitucion orgánica, son variables al menos por su intermitencia y por los grados de su intensidad. Se deduce pues, que el valor, ni es una tcosa constante, ni una cualidad inherente á los obje-
j2 ECONOMIA POLITICA. tos , como que nada se encuentra en él que sea esclur sivamente objetivo. El pedazo de pan de que hablamos antes , tiene un valor considerable en el momento en que el hombre se vé atormentado por el hambre; más despues que la ha saciado completamente ya no tiene ninguno. 2.° El valor en uso es la espresion de una relacion que domina toda la economía política , á saber : la re lacion de las necesidades del hombre con los objetos esteriores (1). El valor en cambio es solo una forma de (1) Nada hemos dicho hasta aquí de la division que hace el ilustre autor de valor en uso y valor en cambio , siguiendo el método de Smith y de otros economistas, entre ellos J. B. Say su predecesor, por evitar toda confusion en la esposicion que hace el autor de los fundamentos de esta division; pero ahora no será acaso de todo punto inútil analizar la exactitnd de estos términos. Manifestaremos en primer lugar que la espresion valor en uso es absolutamente sinónima de utilidad. Asi lo cree Malthus, y aun cuando no bastarán á probario sus observaciones, sería suficiente que se pudiera emplear la voz utilidad en todos los pasages en que Rossi emplea la de valor en uso para que en obsequio de la claridad en la nomenclatura científica se omitiesen en ella términos técnicos inútiles, sobre todo pudiéndolos tachar de falta de exactitud.. Observa con razon un distinguido economista de Ginebra que la palabra valor segun su etimología tiene un sentido comparativo, é indica siempre la equivalencia del objeto á que se aplica fi uno ó mas objetos diferentes. Asi , cuando decirnos esto vale poco, estotro vale mucho , significamos que vale mas ó menos que otras cosas ; de manera que siempre se sobreentiende un segundo término oculto en la espresion. En suma , el valor es una nocion objetivamente relativa y por lo tanto solo aplicable al valor en cambio ó permutable. Ahora bien , el valor en uso segun la definicion del autor, es una nocion objetivamente absoluta que no supone equivalencia entre uno y otro ó mas objetos, aun cuando pueda ser relativa en cuanto á las personas ó subjetivamente. «El valor en uso, dice, es la espresion de la relacion entre las necesidades del hombre - y los objetos esteriorec.» Luego todo objeto esterior capaz de satisfacer las necesidades huma=a nas tiene valor en uso , y este valor es una cualidad inherente al ohm
LECCION TERCERA. 53 aquel otro, y se deriva del mismo principio. Quítese una cosa la propiedad de satisfacer nuestras necesidades , y ya no tendrá valor en cambio, porque no servirá para nada, ni será útil á nadie. Por ejemplo , si un aldeano de las cercanías de Roma encuentra un fragmento antiguo , claro es que para él no tendrá ningun valor directo, porque carece de inteligencia en bellas artes, y mucho mas en inscripciones antiguas : pero al mismo tiempo no ignora que hay en el mundo arqueólogos, anticuarios , y artistas que codician poseer estos restos: sabe por lo tanto que puede cambiar su fragmento antiguo : que si para nadie tuviese valor en uso, el aldeano lo arrojaría seguramente. Véase, pues, como el valor en cambio es una forma de valor en uso ; se deriva del mismo principio ; existe, no por sí mismo , sino porque existe el otro, de suerte que no habiendo valor en uso no puede haber valor en cambio: mientras el valor en uso puede existir sin este (1). jeto que no supone la comparacion de este objeto con otro ninguno y que solo nace de su naturaleza y de sus propiedades esenciales. Asi pues , el trigo por su propiedad nutritiva tiene un valor cn uso independiente de toda comparacion ; porque, haya un costal de trigo, haya mil, nada varía el valor en uso, pues el número en nada altera la relacioii que existe entre la materia llamada trigo y las necesidades del ente llamado hombre. Supóngase que en el mundo solo hubiera hombres y trigo; el valor en uso del trigo sería siempre el mismo. Mas si al hombre se sustituyese un ser que no se alimentase de trigo, este género perderia su valor en tilo por ser la nocion de que se trata subjetivamente relativa. Diciendo pues valor en uso, se toma la palabra valor en una acepcion que repugna á su significacion gramatical; pues como ya liemos dicho , valor implica. ó envuelve comparacion. (N. del Trad.) (1) Sustitliyase á la espresion valor en uso la voz utilidad y será mas evidente esta diferencia. El valor, económicamente hablando, cs
51 . ECONOMIA POLITICA. 3.° Por último, el valor en uso dura tanto corno la relacion entre los objetos y las necesidades del hombre; y el valor en cambio no existe en realidad , sino en el mismo momento del cambio. Así, cuando se trueca unpedazo de pan por un pedazo de leña, este últiano es el valor en cambio del pedazo de pan , y viceversa. Un instante despues de verificarse el trueque ya nadie dirá cual es el valor en cambio del pedazo de pan. Supongamos que voy al mercado y compro un hectolitro de trigo por 15 francos : he aquí su valor en cambio en el momento del trueque : el hectolitro de trigo vale los 15 francos, y los 15 francos valen et hectolitro de trigo y sin embargo, no sabré qué valor en cambio tendrá el trigo una hora despues : y si guardo bias y meses, mi incertidumbre será cada vez mayor ; porque el trigo no tiene un valor en cambief determinado, conocido, real , sino en el mismo mercado. Así , cuando se dice que hay ecuacion entre los, dos términos del cambio, no hay que dar á esta asercion un sentido demasiado lato. Hay ecuacion en el la propiedad cine' titilen : 1.1tróS productos de cambiarse por otros , esta propiedad es el valor en cambio, valor que se determina por la' fórmula de la oferta y el pedido. Con trigo se compra , paño, máquinas , servicios &c. &c.: esta propiedad de valor permutable la adquieren las cosas con la utilidad que se les dá y la cantidad que limita su número ; y ambos requisitos , utilidad y cantidad , son in-, dispensables al efecto, pues la luz tiene sin duda , una utilidad eminente y sin embargo no tiene valor por ser su cantidad ilimitada. SI en este ejemplo empleamos la espresion valor en uso por la palabra utilidad, vendría á decirse: la luz tiene valor en uso y sin embargo no tiene valor. ¿Cuál es el lenguage mas claro? ¿No es esta en el4 fondo una verdadera logomáquia?' (15T. del T•ad.)
LECCION TERCERA. 55 momento del cambio , pero no despues. Porque , asi antes como despues del trueque, el valor en cambio es una cosa de mera congetura. Un hombre que esté diestro en estas cosas podrá decirme : « Yo creo que V. venderá su trigo á tanto :» De manera que se equivocará mas ó menos, segun sean mayores ó menores sus conocimientos mercantiles , mas ó menos exacto su golpe de vista; pero su asercion nunca pasará de ser una congetura. Tales son los hechos incontestables de todos los dias. ¿Quién hablará, pues, del valor en uso corno de un hecho duradero y constante? Semejante cosa , ni existe ni puede existir. Precisamente por ser el valor en cambio de índole vbria y mudable á cada instante, se publican periódicamente los estados del precio de los granos en el mercado. No se encontrará un mercader que , al hacer su inventario , no sepa que el valor que dá á sus mercancías es puramente congetural. Porque, lo repito , no hay valor en cambio real , conocido, y que pueda formularse en ecuacion, sino en el mismo momento del cambio. Y así , desde que una cosa tiene valor en uso, es decir, desde que puede satisfacer una necesidad cualquiera del hombre , el valor en cambio es posible. Y si esta misma cosa se halla en poder de alguno que esté dispuesto á deshacerse de ella, en este caso el valor ya es probable , congetural ; pero nunca real, conocido , determinado, sino en el momen- to mismo del cambio (1). (1) Aunque no sea determinado ni conocido , el valor en cambio existe,. es real antes del cambio é independientemente de él, pues no
36 ECONOMIA POLITICA. Por lo tanto, las cosas consideradas bajo su retacion económica se dividen en tres clase. Cosas hay que solo tienen valor en uso; de las ala. les todos tenemos. ¿ A quién sinó se le ocurre vender sus vestidos, su sombrero, el retrato de su madre ó el recuerdo de un amigo (1)? (N. del Trad, ) (1) Parece que solo debieran citarse como objetos de valor en uso (utilidad) destituidos de valor en cambio (valor permutable) , los objetos de mera afeccion ó aquellos que existen en cantidad ilimitada como el aire y la luz ; porque en el mero hecho de ser limitados como los objetos que cita como ejemplo el autor y tener valor en uso, ya reunen los dos requisitos de todo valor permutable_ Valor permutable tienen en efecto mi sombrero , mi vestido , por ser posible cambiarlos , sea cual fuere su estado , con algun otro objeto ó por uii precio cualquiera por ínfimo que sea. El valor de afeecion es el que á primera vista parece anómalo por existir ciertos objetos, como el retrato de una madre (con tal que no tenga mérito alguno como obra de arte), que cita el autor , los cuales á pesar de reunir en eminente grado utilidad y cantidad limitada , ó no tienen valor alguno , tienen insignificante. Pero la anhmalía de este fenómeno tan solo es apareilite , y dimana de que estos objetos experimentan al cambiarse una verdadera trasformacion. Asi el retrato de mi madre no será para otro mas que un mero retrato , ni útil ni raro; será solo una pintura mas ó menos buena , sin mas utilidad que la cornun de todo retrato desconocido ó de persona indiferente, que formará parte de una inmensa coleccion de obras del mismo género. No sucedería así ni sufriría trasformacion ninguna si fuera un retrato mágico en que cada cual viese el retrato de su madre, pues entonces tendria todo el valor permutable y pasaría al nuevo dueño con todo el valor de ti fecdon , y sería para él único y precioso. Estiéndase pues como ejemplo de objetos útiles destituidos de valor permutable , el recuerdo de un amigo, de una amada, si se reduce v. gr. á una carta , una firma puesta en un albun, y otros objetos cuya sola utilidad está en el afec- to que alimentan , siendo indiferentes para todo el que no sea sn dueño y por tanto no codicie la posesion de ellos. En una palabra, hay valor permutable que no suponga, como asegura el mismo autor, valor en uso ó utilidad, y la utilidad es cosa real , é inherente á los objetos.
LECCION TERCERA. " 57 Los monumentos 3 públicos no son . por cierto cosas con que puede comerciarse; pero se ha de decir por esto que no tienen valor en uso? Craso error sería el creerlo. Supongamos que hubiera de venderse Roma : se la estimaría por ventura en el precio mismo que otra cualquier ciudad de ciento cincuenta mil habitantes, formada toda de fábricas sencillas y desnudas como nuestros cuarteles, prisiones y cárceles ? Pues qué, en _nada se estimaría el panteon , el coliseo, el teatro Marcelo , la iglesia de S. Pedro , y todos aquellos monumentos á cuya vista el hombre inclinará su frente, mientras no se borre de su corazon , ni la admiracion hácia la belleza, ni el respeto á los recuerdos de la anpara que una cosa cualquiera tenga lo que el autor llama valor en uso sin tener valor en cambio basta que, ó todos puedan p&seerla como la luz , ó que nadie la desee como la carta de mi amigo, el cabello de mi madre &c. &c., por ser objeto de pura afeccion. Esto mismo esplica porque en algunos casos la luz y el aire pueden tener valor permutable. ¿Qué no hubiera dado por un rayo de sol y un soplo de brisa un infeliz prisionero de los pozos de Venecia, sumergido en aquella tumba de vivientes en donde el tribunal de los tres hacia espiar entre las tinieblas de una atmósfera fétida y corrompida el delito de restituir á la razon la luz de la libertad y el aire para desplegarse á las alas del pensamiento ? En estos casos escepcionales, la relacion entre los objetos esteriores varía, como varia la relacion entre la propiedad del trigo y el hombre que en un párrafo anterior cita Rossi , para el cual el pedazo de pan no tiene valor ninguno despues de haber saciado el hambre. En semejantes situaciones los objetos mas insignificantes pueden adquirir una grande utilidad para el hombre: bien sabido es en cuanto estimaban sus moscas y su alelí los dos prisioneros de Fenestrelle inmortalizados por Saintine. Pero fuera de que estos objetos eran de mera afeccion , obsérvese que en el primer ejemplo, el aire y la luz que ordinariamente no tienen valor permutable , lo adquieren en alto grado por razon de la cantidad , pues estos fluidos no existen en porcion ilimitada para el hombre privado de la cantidad necesaria de ellos. (1V. del Trad.)
58 ECONOMIA POLITICA. tigüedad? Aquellos monumentos sirvan para satisfacer necesidades morales: porque hay hombres que emprenden un costoso viaje solo por verlos y admirarlos, inspirarse de aquellos grandes pensamientos , y disfrutar los gloriosos recuerdos que traen á la imaginacion. Tienen pues aquellas fábricas y construcciones valor en uso, mas no en cambio , porque no sirven para venderse. Pero adelantemos aun mas: imaginémonos el inventario de una rica y antigua casa de Roma , y el de una fortuna moderna. En el primero incluiremos á los esclavos, muchos de ellos sumamente hábiles por la esmerada educacion que habia desarrollado sus facultades intelectuales y orgánicas : así que unos eran escelentes carpinteros, otros hábiles plateros , otros eruditos bibliotecarios. Todos ellos entraban en el inventario, como los caballos y los ganados ; y teniau por lo tanto valor en cambio. Pero en el inventario de una fortuna moderna ya no se incluyen los hombres, porque no son género de mercancía. Pero ¿quiere decir esto que nuestras facultades intelectuales, que los talentos adquiridos no constituyan ni riqueza ni valor? No por cierto : pues hasta aquellos mismos economistas que no admiten todas estas nociones, reconocen sin embargo que los talentos naturales son semejantes á un fondo, y que los talentos adquiridos son verdaderos capitales; que unos y otros son instrumentos productores. Que el hombre que los posee vale mucho mas que aquel á quien la naturaleza privó de tan preciosos dones, 6 que no los ha desarrollado y cultivado por medio de la educacion. Ahora bien ; ¿porque cutre nosotros se haya abolido afortuna-
LECCION YERCEIt A • 69 damente el comercio de esclavos, no se han de tener en cuenta ni se han de estimar corno verdadero valor las capacidades intelectuales que cuenta en su seno una familia, ó abraza en su recinto una ciudad, un Estado? Estas capacidades constituyen un valor positivo , un valor en uso. Pero me dirá alguno que estas capacidades tienen valor en cambio, puesto que los hombres venden las producciones de sus talentos. Mas este es un error. Pues qué si yo compro á un artista un cuadro por cierto precio, me transfiere acaso su talento ? Por ventura, vendiéndome su trabajo , disminuye su capacidad? ¿Y yo por mi parte adquiero el menor talento para la pintura ? Me vendió, sí , un producto de su capital , pero de ningun modo el capital mismo. Si compro una pieza de paño, no compro por cierto la máquina en que se ha hecho que es el capital. Mas entre este y el otro ejemplo existe la diferencia de que la máquina que ha hecho el paño tiene un valor en cambio, pero la máquina intelectual (permítaseme la espresion) que hizo el cuadro, ni puede venderse, ni es en manera alguna trasmisible. Y al mismo tiempo , ¿quién podrá dudar un solo momento que ella tiene su valor en uso? ¿No es ella la que constituye la riqueza, el patrimonio de quien la posee`? ¿No es la fuente de sus rentas, al modo que las máquinas de vapor ó las tierras son la fuente de las rentas del labrador ó del fabri. cante? El artista , el literato, el sábio pueden es cierto comunicar los conocimientos y métodos particulares que poseen, contribuyendo , por medio de sus consejos y enseñanza á formar otros sabios, otros literatos, otros artis-
66 CONOM1Á POLITICA. Hay ciertos objetos cuya produccion no podría te- Der lugar si su precio en el mercado no escediese de su coste propiamente dicho tales son los objetos de moda y de capricho. Si Ios que los venden se contentasen con secar en cada uno de ellos el valor de la primera materia, el precio de los jornales y demas gastos directos de produccion , las quiebras de estos mercaderes serian aun mucho mas frecuentes de lo que son ahora. El porqué , el buen sentido nos lo indica ; porque los objetos de capricho satisfacen una necesidad esencialmente móvil y variable. Desear con ardor , cansarse prontamente, cambiar á cada paso, y decidirse á preferir ó despreciar por matices imperceptibles á la generalidad, segun que el propio gusto corresponda con el de un reducido número de seres privilegiados , ó se estienda y se haga coman á un gran número de personas; son los caractéres de esa necesidad que nos arrastra hácia los objetos de mero capricho. Determinamos la veleidad y la ostentacion , porque la moda es una de las formas de la aristocracia de nacimiento y de riqueza. El adorno mas elegante cae en desprecio de una dama, el día en que una atrevida imitación hace que la muger de un simple mercader se permita usarlo para adquirir un nuevo atractivo. En medio de estos cambios tan rápidos numerosos é imprevistos, los productores nopueden nunca de una manera exacta ajustar los productos á las necesidades del consumo. Preveen si que al cabo de cierto tiempo una parte de los objetosproducidos habrá per-. dido su valor, y quedará . destinada ó á llenarse de polvo, 6 á venderse á vil precio en los almacenes de pro-- vincia. Asi pues, durante la corta existencia de este va-
LECC1ON CUARTA. 67 lán_erwuso no4Tueden menos de haciérselos pagar h los ,consumidores á•unprecio que les ponga á cubierto de las pérdidas , T ue despues han de esperimentar , lo que fbilmente consiguen, porque la necesidad de los obje. loside moda es mas urgente y menos exactamente apret jalde l uela de los objetos de primera necesidad. ¿No es ese uno de los efectos del valor en uso? En la naturaleza de la :necesidad, y en el modo de satisfacerla se encuentra precisamente la esplicacion de este pequeño hecho económico. Hay otros hechos que presenciamos diariamente cuya esplicacion está asimismo en el estudio del va- Jor en uso que tanto se ha descuidado. El paño de que está hecho mi vestido, podia cuando estaba en pieza satisfacer necesidades muy diversas , y acomodar á mi gran número de personas. En virtud de esta propiedad tenia cierto valor en cambio; pero el sastre le añade nuevo valor haciéndole vestido, y por este aumento de trabajo y de primera materia , se encuentra el pa. no trasformado en una ropa hecha á mi medida. ¿Podrá en este caso: satisfacer las mismas necesidades que antes? no por cierto. Podrá, si, servir á cualquiera otro de mis mismas proporciones, mas no será ya útil á tantas personas, como cuando estaba en. pieza. Tiene pues un nuevo valor, y sin embargo su valor en cambio probablemente habrá disminuido. El vestido podrá venderse, mas quizá no darán por él el precio que hubieran ofrecido antes de la hechura. Quiere decir que su valor en uso ha dejado de existir para muchas personas, mientras para mí ha aumentado. El vestido tiene para mi un valor en uso muy diferente del de un simple pedazo de paño.
1 68 ECONOMIA POLITICA . El estudio del valor en uso, preciso es repetirlo, es el estudio de las necesidades del hombre en su rew lacion con los hechos económicos. Por olvidar este estudio, y perder de vista la distincion fundamental entre ambos valores, algunos economistas solo han con. tribuido á hacer de la ciencia una deplorable logomáquia. ¿Qué es valor? qué es riqueza? Si el simple sentido racional encuentra fácil respuesta á estas cuestiones, los libros en cambio responden de maneras tan diversas, que no sin bastante razon ha podido la critica afirmar que no dan respuesta alguna. El valor, repito, es la espresion de la relacion que existe entre las cosas y las necesidades del hombre (1). La riqueza es una palabra genérica que abraza todos los objetos en que esta relacion puede verificarse. Si un objeto (1) Esta relacion no es propiamente el valor, sino la utilidad: pues ni el agua ni el aire tienen valor aun cuando estos fluidos sean indispensables al hombre. Si en todo tiempo se hubiese distinguido debidamente la utilidad del valor , y por valor se hubiera entendido solamente aquella propiedad que hace á las cosas susceptibles de poderse cambiar unas por otras, no hubiera pretendido sostener Condillac que el agua siempre tiene valor. «Estando á la orilla del rio, dice aquel ffiósofiá , el agua me cuesta la accion de bajarme á cogerla: convengo en que esta accion es un trabajo muy pequeño: por lo mismo el agua no tiene entonces sino un valor ínfimo. Pero no se dirá que no tiene valor alguno.» Du Commerce, et du Gouvernement, chap. I. A esta observacion responde Mr. Droz en una nota diciendo: «el pequeño trabajo que me cuesta coger el agua probará que este líquido tiene utilidad ; mas si nadie quiere darme por ella cosa alguna es evidente que no tiene valor.» (N. del Trad.)
LECCION CUARTA. 69 cualquiera puede satisfacer nuestras necesidades , el valor existe. La riqueza es el objeto mismo. Asi pues, valor y riqueza, sin ser sinónimos, son dos espresiones necesariamente correlativas. El valor solo no es riqueza , asi como la impenetrabilidad sola no es cuerpo, ni el peso solo constituye una piedra. El valor la relacion; la riqueza es el conjubto de todos los objetos en que esta relacion tiene lugar. Asi nos lo dice el comun seso del cual la ciencia no tiene derecho para separarse. Pregúntese á todo hombre sensato, si en tales 6 cuales circunstancias, tal ó cual hombre , este ó aquel pais es ó no rico , si es mas ó menos rico que otro; pregúntese si el suelo de Nápoles es inferior ó aventaja al de la Laponia. Todos responderán de un mismo modo. Los mismos economistas, cuando no afectan el lenguage de su sistema partieular , llaman rico al pais en que los bienes naturales abundan y los agentes naturales son mas activos. Entonces la palabra riqueza es para ellos cosa muy diversa de lo que quieren significar al presentarnos sus definiciones sistemáticas. Despues de haber asi determinado la naturaleza del valor y de la riqueza, téngase cuidado en distinguir con todo el escrúpulo que nos ha guiado, el valor en uso del valor en cambio. Distíngase á la riqueza misma en muchas especies, cada cual con sus proa pias y palpables cualidades: este será un verdadero trabajo dentifico. Dígase tambien que hay riquezas naturales y riquezas producidas, materiales é inmateriales, limitadas y sin limites, riquezas que pueden ó no pues. den ser objeto de cambio , porque estas distinciones son legitimas é importantes. Es igualmente cierto que el
70 ECONOMIA POLITICA. hecho del valor en cambio, el estudio de las riquezas limitadas y tras fisibles, ocupan en la ciencia mucho mayor campo que el hecho del valor en uso y el estudio de las riquezas ilimitadas. Mas porque el estudio del circulo y de la esfera ocupan en la geometría ma- or lugar que el del paralelógramo y del prisma, ¿se podrá en buena lógica deducir que este último no forma, parte de la ciencia? ¿Porqué, en vez de adoptar estas ideas verdaderas y sencillas , se ha de dar á la ciencia, económica una disposicion y un lenguage igualmente arbitrarios? Cuidemos pues de ponernos á cubierto 'de /os errores á que la lectura de muchas obras pudiera inducirnos. Si se nos habla de valor, casi siempre es necesario añadir en cambio. Alguno nos dirá: no hay mas valor que el que' se cambia, despees de haber reconocilo tal vez que el valor en uso tiene su significado. Tambien se nos dirá:. no hay mas riqueza social que la que se cambia;,conle.:- sardo sin embargo, que es mucho mejor er pbsesio nes en paises fin . tiles y climas templados,que ;en chulas y paises desheredados de los dones-de la,,naturaleza, Se ha ido aun mas lejos; porque , preciso es con fesarlo, el hombre nunca anda mas de prisa que en el camino del error. Se ha dicho; cada vez que se hace un cambio hay valor creado. No seria mal milagro por cierto, que bastase cambiar dos ó tres mil veces seguidas los mismos objetos para tener un valor indefinido. Lo único que hay de cierto 'es, que cada vezque se hace un cambio se manifiesta' una relacion. No hay duda que el cambio esta en el interés de losque lo verifican, puesto que nadie les obliga á hacerlo ;pero el cambio ¿qué manifiesta? Tan solo que en un momento
LECCION CUARTA. 11 dado, los objetos ue se cambian valen tanto el uno q como el otro alparecer de los que lo hacen. Ni mas ni menos, esto es cuanto hay en el cambio. Lo que debe sorprendernos, y lo que prueba con cuánta atencion deban examinarse estas materias , es que el mismo Smith, despues de haber indicado señaladamente la diferencia entre estos dos valores, ha falseado en la aplicacion del principio. Ha dicho que el diamante tenia un valor en cambio desproporcionado á su valor en uso. Señores, no: el valor del diamante está en perfecta proporcion con su utilidad , tomando esta palabra en el sentido que los economistas deben atribuirle. La utilidad es la propiedad de satisfacer una necesidad no importa que sea real ó ficticia, permanente ó pasagera , física ó intelectual. ¿De qué proviene el valor del diamante? Precisamente de la intensidad y de la urgencia de la necesidad que con él se satisface : porque el diamante puede sor una señal de distincion ó de riqueza, ó un medio de galantería. El diamante tiene un valor en cambio proporcionado á la satisfaccion que procura á la persona que lo posée , es decir , h su valor en uso. Si se encontrase un modo de fabricarlo por medio de la cristalizador' del carbono, de manera que las tiendas de los lapidarios pudiesen estar cubiertas de diamantes , su valor caería hasta el punto de igualarse quizá al de cualquier pedazo de vidrio; y entonces habria que recurrir á otro objeto que por su singularidad y belleza pudiese satisfacer las exigencias de la ostentacion y del lujo. La rareza de una cosa es un medio directo de satisfaccion, porque llena aquella necesidad de nuestra naturaleza que consiste en apetecer lo que los demas no tíenen.
72 ECONOMIA 1'OLITICA. Puede en verdad el moralista condenar esta necesidad, y la razon debe enfrenarla para que no salga de sus justos limites; mas' en la práctica vemos á los hombres dispuestos á hacer los mayores sacrificios para satis. facerla. En cuanto á la idea de riqueza, unos la colocan en lo material de los objetos; otros en su duracion, y otros en la facultad de trasmitirlos : tambien algunos la encuentran en la abundancia de las cosas , y otros por el contrario en su escasez. Se ha dicho finalmente que solo hay riqueza donde hay valor permutable; y un economista ha dicho que por poco valor que se poseyese , el colmo de la riqueza seria poderse procurar por nada todos los objetos que se desean consumir. Asi pues, si con muy poco valor se puede alcanzar el colmo de la riqueza . , riqueza y valor no son una cosa misma. Se puede por consiguiente tener mucha riqueza y poco valor , es decir, que estas palabras no son para el citado economista ni siquiera correlativas. Mas dice sin embargo en otra parte que la riqueza no es mas que un valor permutable; y añade: «aunque la riqueza sea un valor permutable, la riqueza general se aumenta cuando disminuye el precio de las mercancías, y de toda especie de productos.» Si esta proposicion es cierta, sus consecuencias deberán serlo tambien. Examinémoslo. La riqueza general se aumenta cuando disminuye el precio de las mercancías y de toda clase de productos. Luego si el precio baja hasta llegar á cero evidentemente la riqueza general será, por decirlo asi, infinita. Pero siendo la riqueza general infinita nopodrán hacerse mas cambios , porque teniendo cada uno todo cuanto ruede desear, no hay cambioque sea posi-
LECCION CUARTA. 73 bIe. ¿Cómo pues podria ser la riqueza un valor permutable, siendo infinita, cuando ya no hubiera valor en cambio ? Fié aqui un ejemplo de las muchas confusiones que originan algunos sistemas incompletos y arbitrarios. Por lo demas, los economistas que afectan olvidarse del valor en uso, no han sido, y lo digo en su elogio, fieles á su modo de pensar. Hablan de uno y de otro valor , porque no han podido menos de hacerse cargo de los hechos que han ido descubriendo. Por eso hablan tan á menudo de riquezas naturales, de agentes naturales de la produccion, de las necesidades del hombre, y de la utilidad de las cosas que crece con sus deseos; y ellos tambien se remontan entonces á los hechos primitivos y á los elementos constitutivos de la economía. ¿A. qué pues forjarse una ciencia arbitraria, cuando no se puede ser consecuente con ella? Dejemos á la ciencia sobre sus bases naturales, pues sulo en ellas se encuentra la verdadera resolucion de los problemas económicos. Hagamos desde luego la prueba buscando la solucion del segundo problema que nos propusimos acerca del valor. ¿Cuál es el fundamento, cuál la causa determinante del valor en cambio? Problema capital , por que á demas de ocupar el hecho del valor en cambio un 1 ugar considerable en la ciencia, en la resol ucion completa de esta cuestion se encierra gran parte de la ciencia misma. Procuremos fijarla con exactitud y precision. Supongamos dos objetos: una pieza de paño y una porcion de trigo, cambiados el uno por el otro. ¿Cuál es su valor? Si decimos que el trigo es el valor del paño , y reciprocamente , solo declaramos una verdad estéril,
ECONOMIA POLITICA. pues aunque es exactamente cierto que ambas cosas valen la una como la otra en el momento del cambio, solo habremos conseguido esponer la misma cuestion en términos diferentes. Es asimismo cierto que el valor en cambio resulta de la relacion entre la oferta y el pedido, y que está en razon directa del pedido y en razon inversa de la oferta ; unas esta fórmula se limita igualmente á esplicar cómo se ,verificab los hechos esteriores. Será una fórmula suficiente para las necesidades ordinarias de la -ciencia , si es lícito decirlo asi , y para sus aplicaciones ; asi, cuando se vea que en el 'mercado hay menos trigo y mas compradores que 'de ordi nario, se dirá con fundamento que va á subir el precio del grano , pues la fórmula esplica bastantemente las vicisitudes materibles de los mercados. Pero ¿cuál es la razon de que ha l da sido esa y no otra la oferta, ese y no otro el pedido? En otros térrriinos, ¿cuáles son ,Ios hechos_ que-'in'fluyen sobre el estado del mercado, cuáles losiheclos:que son -causa de que hoy se cambie un costal de trigo por un , carero, ,y mariana ya no se quiera dar éste por aquel? Convendremos en que se verifica un cambio en la relacion entre el ofrecimiento y el pedido; mas porqué este cambio? Cuáles son sus causas? Será posible investigarlas y generalizarlas? 'Podrá la ráencia hacerse cargo de ellas? lié aqui en nuestra concepto la cuestion ; objeto vasto de rneditacion para los mas claros entendimientos, y que ha originado muy acaloradas discusiones entre los hombres mas eminentes dedicados á esta ciencia. Sin ernbargo, • examinando los términos de la pro-
. LECCION CUARTA. 73 posicion, 'no podemos únenos de preguntarnos si el carril bioque ambós contratantes verifican. •puede ser otra cosa que la tnanifestacion y el efecto de una necésidad que se procura satisfacer por la vía indirecta del trueque; si en este caso es posible que haya alguna causa mas directa ni mas íntima de: las variaciones del pre. ' cío que la necesidad misma; y por fin, si la resol ucion del problema no. debe hallarse en :último 'resultado en el mismo principio fundamental que acahamo de establecer. ¿Son por ventura el fundamentodel valor, en cambio, y el hecho regulador dei mercado otra cosa que las, necesidades, y por consiguiente . el valoren uso? Pongámonos en el punto de vista mas natural, y hallaremos mas fácilmente el nudo de la cuestion. Supongamos dos hombres en una ciudad sitiada por hambre: uno de ellos posee dos panes, el otro dos botellas de agua. Ambos están intimamente convencidos de que si el dueño del agua no come, debe infaliblemente morir; y :que si el . dueño del pan -no bebe , debe morir tambieri.:Quiero suponer ademas, que ambos saben de positivo que el *sitio se ha de levantar, y que por consecuencia, una vez, satisfecha su urgente necesidad no tienen por qué pensar en el dia de mañana , con res. pecto á los objetos en cuestion. ¿Cuál es la verdadera posicion de estos dos hombres? el uno necesita un pan, y su urgencia es la mayor que puede experimentar hombre alguno, pues que en ella le va la vida. El otro se encuentra en el mismo caso con respecto á la botella de agua: asi pues, el uno pide el pan con una instancia infinita; y el otro pide la botella de agua con una instancia infinita tambien. Mas en el cambio siempre concurren dos elementos
S 2 ECONOMIA POILIT/CA. te que sus acciones en la esfera de lo útil, y las determinaciones de su voluntad en aquellos negocios en que sin estorbo ni remordimiento pueden obedecer al móvil del interés. Puede suceder que lo desconozcan y se err en en , mas conocido el yerro no podrán resistir al mismo impulso. La razon y la pasion tienen entonces una misma voz, y no hay lugar á decir con el poeta : Video bona proboque, deteriora sequor. Es por consiguiente posible encontrar en medio de esta gran variedad de hechos esteriores los hechos internos que los explican y resumen; pasar de las cosas á los hombres, y de las manifestaciones esteriores á sus ocultos resortes: en una palabra , de los efectos á las causas. Aplicando asi los hechos estemos, ca l da cual á su fuente, es posible clasificarlos y obtener fórmulas generales que sin hacernos perder de vista la union de los hechos materiales con la humana voluntad, sirvan á la ciencia de instrumento de fácil uso, y de leyes cuya apli r ,..acion esté poco sujeta al error. No mencionaremos sino de paso la opinion de aquellos que han creído que el valor permutable se determina por la cantidad de trabajo comprado con el oh.- jeto que se trueca. No hay duda que puede ser útil conocer esta relacion; que entre otras cosas puede ser. vir de elemento para comparar los valores, aproximada mente al menos, en lugares y tiempos diversos. Podrá decirse, por ejemplo , con un costal de trigo se compran y pagan hoy diez jornales en Paris , cuando con' otro del mismo peso se compraban hace diez años sola.% mente nueve, y en Esmirna se compran hasta doce: luego el trigo en París era hace diez años mas caro que hoy yen Esmirna es aun mas barato que en París, Pero
LECCION QUINTA. 83 seguir este mismo raciocinio hasta pretender que el va., lor del trigo en Esmirna y en París está exactamente en la relacion de diez á doce, no seria mas que hacer una tentativa para fijar la escala del valore Y es esto posible? Mas adelante lo veremos. Entretanto, fácil es reconocer que la comparacion entre las cantidades de trabajo que varias cosas permutables pueden comprar ó ahorrarnos , no es de ninguna utilidad en la cuestion que nos ocupa. No tratamos de buscar con ella una medida del valor, sino las causas que lo determinan. Al presentarnos una estofa cualquiera , es sin duda alguna muy útil que con la vara en la mano se nos pueda decir con exactitud su longitud y su anchura. Mas no basta la vara ni ninguna otra medida para esplicarnos la razon porqué se ha dado á la estofa las dimensiones que tiene. No hay en el fondo sino dos fórmulas que , bien comprendidas , nos pueden guiar á este objeta, porque asi la una como la otra , la primera de una manera directa y filosófica, y la segunda bajo una forma indirecta y mas bien práctica , incluyen los verdaderos elementos de la solucion ; esto es , las necesidades , los medios, y los intereses de los que verifican los cambios. La una es la fórmula de la oferta y del pedido ; la otra es la que resume en un mismo y único hecho todos los hechos reguladores del mercado , el coste de los géneros y los gastos de produccion. Hemos ya hablado de la primera de estas dos fórmulas y hemos hecho observar que entendida á la manera de los economistas adocenados solo es buena Para encubrir los escollos y dificultades de la cuestion. Si la fórmula espresa solamente los hechos objeii-
84 ECONOMIA POLITICA. vos , las cantidades que concurren al mercado, y hace abstraccion de los deseos, temores y previsiones del hombre, limitándose á decir : ayer hubo diez mil quintales de azucar y solo mil de café , hoy no hay más que cien n il de azucar y dos mil de café ; luego es casi evidente que un quintal de azucar equivale hoy á una cantidad de café mayor que ayer ; esta fórmula podrá satisí¿lec h i al mercader , pero para el economista nada sib il i ►ira. Mas no todos toman las palabras oferta y pedido en este sentido , enteramente esterior y material. El pedido no espresa solo la cantidad aisladamente considerada , sino tambien sus relaciones con la naturaleza y la intensidad del deseo que la reclama , y con la fuerza de los obstáculos que este quiere y puede superar para satisfacerse. Todo el mundo puede apetecer coche , caballos, palacio ; y por cierto que si la compra y conservacion de estas cosas costára tan solo algunos pesos, no habria una sola persona que no quisiera procurárselas. Pero si en vez de un ligero sacrificio exigiesen la inversion de sumas considerables, el número de los que quisieran realizar este pedido se reduciría en proporcion á la magnitud del gasto. Entonces aun cuando todos apetecieran todavía tener coche este pedido no figuraría en el mercado , porque los unos no querrían y los otros no podrian hacer tamaño sacrificio, ni vencer el obstáculo que la realizacion de su deseo les presentare. Sucede lo mismo con la oferta: porque esta no espresa solo la cantidad ofrecida, sino la cantidad combinada con la dificultad ó la facilidad de la produccion. Con efecto , si hoy hay en el mercado diez mil pares
LECCION QUINTA. SS de medias ó un millon de agujas, ¿se podrá afirmar que á este número solamente se reduce la oferta entera Nadie ignora que si el pedido es urgente , concurrirá muy pronto al mercado una cantidad enorme de medias y agujas, como cosas de fácil produccion. Por lo tanto no sería exacto afirmar que el precio se determina únicamente por la cantidad de estos géneros que se encuentran en el mercado; sino que se determina asimismo por la facilidad de aumentar el caudal o número de cosas ofrecidas. Asi es que el comprador sabe muy bien que con géneros de esta especie , como medias y agujas, no se le puede imponer la ley. Pero cambiemos la hipótesi, y supongamos que se trata de trigo, por el que solo se ofrece en el mercado las dos terceras partes ó las cuatro quintas partes de lo que realmente se pide , y veremos variar inmediatamente el aspecto del mercado de una manera sorprendente. Por un lado el pedido es de tal naturaleza que justifica todos los sacrificios posibles para satisfacerle; y por el otro , poco importa que la oferta no sea muy inferior al pedido : porque cualquiera terne fácilmente una carestía, y el terror pánico que exalta su imaginacion aumenta sus, angustias y temores. Todos podemos proveernos de agujas y medias para el dia de mañana, pero no así del alimento, y corno ademas sabemos que el trigo no se improvisa , que los recursos de importacion son siempre inciertos y escasos , y que por consiguiente si ahora no lo compramos , tendremos que esperar á la recoleccion del año que viene , el pedido re sulta mas y mas urgente, la necesidad mas ciega é imperiosa , y el valor permutable del trigo escode á toda prevision'. Tal es la influencia que puede ejercer en. el
86 ECONOMIA POLITICA. mercado la rareza de aquellas cosas cuya cantidad no puede aumentarse á capricho , permaneciendo la misma su utilidad. Las palabras oferta y pedido, preciso es repetirlo, no significan solamente las cantidades materiales que existen en el mercado. En cuanto al pedido es necesario tomar en consideracion la intensidad y estension de la necesidad, asi como los medios de cambio de que puede disponer el que pide; y en cuanto á la oferta es necesario no perder de vista la mayor ó menor facilidad con que pueden los productores modificar las condiciofies del mercado á causa de la competencia , escitando de este modo las esperanzas y temores de los compradores y vendedores del género. Hechas estas esplicaciones, fácilmente convendremos en que la solucion del problema está sustancialmente en la fórmula de la oferta y del pedido. El único defecto de esta fórmula es que su significacion íntima no se comprende á primera vista , haciendo indispensable un largo comentario ; fuera de que la armilla no es para la ciencia un instrumento cómodo y manejable. Al primer golpe de vista no es posible hacerse cargo de todas las relaciones que ella encierra , y su utilidad no se manifiesta inmediatamente. Nos esplicarémos. Al concluir la última leccion nos valimos de un ejemplo para fijar convenientemente la cuestion. Nos representamos á dos hombres en una circunstancia dada, dueño el uno de dos panes, y el otro de dos botellas de agua ; experimentando ambos una necesidad irresistible, el uno de procurarse pan, y el otro de procurarse agua, y ambos igualmente convencidos de que perece,*
LECCION QUINTA. 87 rán si no pueden satisfacer la necesidad que les atormenta, mientras están persuadidos de que su necesidad ha de desaparecer al siguiente dia. Tratamos de averiguar cual era el valor en cambio de aquellos panes y de aquellas botellas de agua , y vimos que el pan representaba el valor del agua y vice versa, puesto que segun nuestra hipótesi, teníamos por una parte necesidad infinita, en cuanto esta palabra puede aplicarse al hombre, de adquirir el pan , y conviccion plena de la inutilidad de una de las dos botellas de agua, y por el otro necesidad infinita de esta botella de agua , y conviccion infinita de la inutilidad de uno de los dos panes. ¿No es pues evidente que siendo igual la fuerza por ambas partes, el uno obligará al otro á que le ceda su botella de agua, y éste obligará á aquel á que le ceda su pan? La fuerza impulsiva es igual en ambos, luego el cambio debe verificarse. Ahora bien, variemos en cierto modo una de estas situaciones: supongamos que por un lado la necesidad del agua no es ya tan urgente, ó que haya mayor mimeto de panes, ó que la conviccion de la inutilidad de estos objetos para el dia siguiente no tenga la misma intensidad ; en una palabra , hagamos con el pensamiento algun ligero cambio de circunstancias, y veremos que los resultados no son va los mismos. Dirán los economistas que han cambiado las condiciones de la oferta y del pedido; mas qué es lo que ha cambiado en el fondo, sino el elemento capital del valor , esto es , la necesidad, ahora haya dejado de ser la misma, por ser la utilidad menor, ahora hayan aumeutado los medios de proporcionarse las cosas , ó bíe,n se haya alterado la cantidad de éstas, no siendo
E3 ECONOMIA POLITICA. ya tan abundantes 6 escasas como antes eran ? Las necesidades obran segun su energía y su estension , v aun debe añadirse , segun su graduacion. Una elegante dama, á quien se presente un hermoso collar, esperimentará un vivísimo deseo de poseerle; paco importa que la energía de este deseo parezca inesplicabIe. Hay ademas deseos que son sumamente latos. Llevar zapatos , ó por lo menes abarcas , y no andar con los pies descalzos, es una necesidad general para toda gente, por poco civilizada que sea. Comer y beber es una necesidad aun mas general, mas absoluta. Nótese ahora la graduacion; preséntese á la dama de quien hablábamos cualquier sano alimento, y acaso no se servirá de él : tal vez preferirá un adorno de baile á una cómoda habitacion ; pero téngasela cuarenta y ocho horas sin beber , y désela entonces á escoger entre el collar y un vaso de c 2 ac r ua • no será dudosa la elecclon. Todos esperimentamos gran diversidad en nuestras necesidades. Pasando por una librería veo una obra que me agrada, y si solo cuesta un par de duros la compro r pero si cuesta diez , veinte ó cien duros , si es uno de aquellos magníficos volúmenes en que brilla el gusto y el capricho mercantil del editor, paso adelante ; y no porque mi deseo se haya desvanecido , sino porque si doy los cien duros, no podré ya emplearlos en otra cosa que me sea mas necesaria ó mas agradable_ que aquel libro. Por consiguiente, si me abstengo de comprarlo es solo porque en vez de dos duros me habla de costar ciento , y para hacer un gasto de esa naturaleza tendria que privar de alguna cosa á mi , á perjudicar tal vez ála educa/ion de
LECCION QUINTA. 89 mis hijos. Porque habiendo en mi varias necesidades , debo sacrificar á las mas importantes las menores. En las necesidades hay pues tres elementos que considerar : su estension, su energía , y por último su graduacion 6 energía relativa , como quiera llamarse: y éstos se combinan con un cuarto elemento , esto es, con los medios que posee cada solicitador para hacer el cambio. Cada uno de estos elementos modifica asi el pedido como la oferta ; paso pues por la tienda del librero , y no le compro su libro porque no tengo que ofrecerle. El oro y la plata están hoy dia en la relacion de uno á diez y seis con corta diferencia. Supongamos que de resultas de un acontecimiento cualquiera se dejen de beneficiar repentinamente las minas de oro de la América y del Asia. A fiádase á esta hipótesi que se declare una gran guerra continental , para la cual se acumule todo el oro existente en monedas y en barras; y supongamos en fin que todos los gobiernos á imitadon de la Inglaterra, establezcan que la moneda obligatoria de los pagos sea el oro en vez de la plata. Sucederá que para adquirir una onza de oro habrá que dar, no ya diez y seis onzas, sino diez y seis y media, ó acaso diez y siete. Cambiando pues la relacion entre el oro y la plata ; ¿cambiará igualmente entre el oro y los otros géneros; ó permanecerá la misma? Se verificará el mismo cambio; y ya no bastará dar por una onza de oro la misma cantidad en mercancías que antes se daba , sino que habrá de darse una sétima ti octava parte de mas. Y la verdadera causa de este cambio con.. siste en que por esta aglomeracion de circunstancias la
90 ECONOMIA POLITICA. necesidad que tienen de oro ageno los que de él carecen ha llegado 5 ser mas intensa , mas general, y relativamente mas enérgica que otras necesidades que antes la superaban ó la igualaban por lo menos. Segun la hipótesi que acabamos de establecer en nada se ha alterado la relacion entre la plata y todas las demas mercancías : porque si ya se necesita mas plata para adquirir la misma cantidad de oro , tambien es necesario mas azocar, mas paño y mas tela. Solo ha habido cambio directo relativamente al oro; que en cuanto á las demas mercaderías no hay mas cambio que el efecto que esperimentan al compararlas con el oro. Inútil seria llevar mas adelante este análisis ; bástenos por ahora establecer estas dos consecuencias perfectamente legítimas: 1.' La fórmula de la oferta y del pedido como resúmen de la teoría de las necesidades, contiene la es. plicacion verdadera y completa, subjective, de todas las alteraciones del valor permutable. 2.' Esta fórmula, entendida de esta manera, no se presta como instrumento de fácil manejo y fructuosa aplicacion para la ciencia ; por 19 cual ha sido necesario recurrir á otra de mas fácil aplicacion, pero del mismo significado que la primera. De aqui nace el haber dicho : el hecho regulador del valor permutable de las cosas está en la cantidad de trabajo necesaria para producirlas; y generalizando mas la idea, la causa que determina el valor en cambio está en el coste de los objetos, en los gastos de produccion. ¿Es esta fórmula cierta, completamente exac-
LEGCION QUINTA. 91 ta? ¿Puede sustituírsela útilmente á la fórmula de la oferta y del pedido? ¿No será necesario sujetarla á algunas correcciones? Y en su aplicacion , no deberá ceñírsela á escepciones y restricciones muy considera. ales? Esto examinaremos en nuestra próxima leccion.
98 ECONOMIA POLITICA. nos á la observacion de que, rigurosamente hablando, no hay mas valor en cambio ni mas precio que el corriente. Nos admiramos sin embargo de que estas observaciones, acerca de la distincion establecida por Smith y Ricardo , vengan de ciertos economistas que parecen inclinados á creer que el valor en cambio constituye con las cosas una especie de ecuacion permanente. Detenernos mas en estas discusiones puramente criticas sobre tal ó cual tratado de economía política no ofrecería para la juventud interés alguno. Examinemos la fórmula de Ricardo, y procuremos apreciar todo su valor. Tres son los datos principales que sirven de fundamento á esta fórmula : 1.° nadie produce por el solo placer de producir: 2.° todos los productores, estimulados por el interés individual , aspiran á grandes bene.- ficios : 3.° nadie compra no teniendo medios para hacerlo , ni mas de lo que sus medios le permiten. De estos datos irrecusables resulta : I.° que siempre que el precio de un género no es suficiente á cubrir los gastos de produccion , la produccion de este género disminuye, ó cesa de todo punto. Es evidente que si los sombrereros no pudiesen con la venta de su mercancía cubrir todos los gastos de produccion que dejarnos enumerados, tendríamos que imaginar otro medio de cubrirnos la cabeza , porque no encontraríamos sombreros en el mercado; y en efecto á quién se le había de ocurrir hacer sombreros únicamente para proporcionarnos el placer de llevarlos? Es asimismo cierto que si el precio actual de los sombreros sobrepujase notablemente á los gastos de produccion , procurando lo que se llama un benefició
LECCION SESTA. 99 pingüe, se vería pronto aumentar el número de los sombrereros , ó lo que es lo mismo , se establecería en este ramo una competencia, hasta que la utilidad de los fabricantes fuese reduciéndose con la baja del precio á la utilidad ordinaria de todos los géneros de industria de la época y del mismo pais. Estas observaciones , señores , nacen de la naturaz leza misma de los hombres y de las cosas ,y son por lo tanto irrecusables. ¿Cuál es el punto de parada de las oscilaciones que acabamos de indicar ? Precisamente la coincidencia del precio corriente con el precio natural, es decir, la coincidencia de los gastos de produccion con el valor en cambio. Cuando el valor en cambio cugin bre los gastos , la produccion continúa , y permanece esta en sus mismos límites , mientras aquel no es- Be• cede de estos gastos. En efecto, en la hipótesis establecida, la subida del precio cesa por un lado con la competencia de los productores, y por el otro con el menor número de consumidores. Supongamos que digan acordemente todos los sombreros: hoy queremos vender los sombreros á mayor precio que ayer : ¿qué sucederá ? Una de estas dos cosas sin duda alguna , ó venderán menos, porque en vez de consumir el comprador dos sombreros al año tan solo consumirá uno, y entonces, disminuyendo el beneficio de los empresarios , su unánime resolucion quedará rota y el equilibrio restablecido ; ó en efecto , conseguirán con esta tentativa de monopolio beneficios considerables , y aumentará el número de los fabricantes hasta que las utilidades de esta clase de industria queden reducidas á su limite ordinario. Esto sucede todos los dial. Y estos dos hechos , •
100 ECONOMIA POLITICA. saber : el menor número de consumidores , y la competencia entre los productores esplican y justifican hasta cierto punto la fórmula de Ricardo. Hasta qué pun- to esto sea , ahora lo indicarémos con brevedad. Puede decirse sin duda alguna, y esta objecion la ha presentado ya un economista inglés muy célebre, aun cuando no siempre ha sabido comprender al autor que se propuso refutar, puede decirse que esta nueva fórmula no es otra en el fondo que la de la oferta y el pedido, porque decir que los gastos suben solo significa que los obstáculos aumentan , y que la demanda ó pedido disminuyen ; y decir que los gastos bajan , solo significa que los obstáculos disminuyen y que la oferta se ha aumentado. Fácil es retorcer el argumento. Decir que la oferta aumenta , responderán los discípulos de Ricardo, quiere decir que los gastos bajan ó son menores; y recíprocamente, decir que la demanda ó pedido disminuye quiere decir que los gastos aumentan ; lo que en muchas cosas es completamente cierto. De todos modos , si la fórmula de Ricardo fuese absolutamente exacta , el ánimo quedaría mas satisfecho que con la fórmula de la oferta y del pedido. La fórmula de Ricardo basa sobre hechos materiales apreciables y fáciles de comparar entre si. Repitámoslo; diciendo en razon de la oferta y de la demanda, no se sabe cuales son la oferta y la demanda de un objeto, ni la oferta y la demanda de otro ; mas si se dice, en razon de los gastos de produccion , ya podemos mas fácilmente formarnos una idea del precio relativo de estos géneros. He aquí la ventaja de la fórmula de Ricardo veamos ahora sus inconvenientes.
LECC1ON SESTA. 104 Uno de los mas capitales es el ser incompleta, y no poderse adaptar á todos los fenómenos económicos á que semejante fórmula debiera ser aplicable. t.° Suponiendo gastos de produccion, solo es aplicable á las riquezas producidas; ahora bien , siempre. hemos hecho distincion entre las riquezas naturales y las riquezas producidas. Las riquezas naturales no son todas ilimitadas, y la fórmula no se aplica á las que, limitadas y apropiadas, tienen un valor en cambio , aun cuando no hayan ocasionado gastos de produccion». Hasta aquí no habría grande inconveniente, porque esta clase de riquezas es poco importante en el movi,!«. miento económico de una nacion. 2.° Hay aun mas, esta fórmula supone en los consumidores una facultad indefinida de abstenerse, y una libertad de competencia tambien indefinida de parte de los productores. Si estas dos condiciones fuesen siempre realizables, la fórmula no tendría limites ni escepciones. Mas estos dos hechos no son ni tan generales ni tan constantes como ella los supone, y este es el verdadero escollo del sistema: escollo que el mismo Ricardo llegó á entrever. El mismo reconoce que hay ciertas cosas que no pueden sugetarse á su regla; mas se engaña al menospreciar estas escepciones, creyéndolas infinitamente menos importantes de lo que son en realidad. (1) Procuremos abarcar de un golpe de vista toda la dificultad conocida y poco apreciada por aquel hombre ilustre. (1) Y. el cap. 1.° de los principios de Econ. polit. de este autor. (N. del Trad.)
102 ECONO`MIA POLITICA. Todos sabemos que hay géneros cuyo consumo nunca se abandona, aun cuando su precio suba estraordi nariamente. Los géneros de primera necesidad pertenecen á esta clase . Nada importa que el trigo se venda á 20, 30, ó 40 fr. el hectolitro, porque si la necesidad realmente existe su despacho no puede faltar. El consumo de los cereales podrá disminuir algo, pero no de una manera indefinida. ¿Qué sucede por consiguiente cuando llega á temerse una gran sequía 6 un cambio cualquiera en las proporciones de la oferta y la demanda? Que el precio del trigo sube de una manera sorprendente. Lo mismo que decimos de los géneros de primera necesidad decimos de algunos otros, aunque no sean de necesidad absoluta. El hombre casi siempre obedece á ciegas á los hábitos con traidor ; por lo que vemos en el dia tantos objetos de consumo que, enteramente desconocidos á nuestros mayores, nosotros no podríamos o al menos nos sería muy dificil abandonar. 'La privacion de estos objetos nos es tan penosa, que por lo comun solemos encontrarnos dispuestos á hacer los mayores sacrificios pecuniarios para conseguirlos. ¿No hemos visto el precio exorbitante á que subieron tos frutos coloniales en tiempo del imperio? Y sin embargo se vendían , y ni tenian entonces los consumidores libertad plena para abstenerse de ellospor la fuerza de la costumbre, ni había libre competencia entre los productores, puesto que existia el monopolio. Asi se formaron inmensas fortunas en medio de grandes sufrimientos. Hay pues objetos cuyo pedido puede disminuir pero sin cesar completamente; puede ser mayor o menor, pero siempre habrá uin pedido; mientras
LECCION SESTA. 103 que para otros objetos puede acabar de todo punto. Lo mismo que decimos del hecho de abstenerse los consumidores se aplica coa mas fuerte razon á la competencia de los productores y it la indefinida produccion de los' objetos que se consumen. Sin duda alguna Ricardo se ofuscó con la industria propiamente dicha; pues solo fijó, su atencion en las manufacturas, cuyos productos parecen poder aumentar de una manera indefinida; y efectivameate, al pensar cual era el produeto de las telas de algodon hace 30 ó 40 años, y cual es en el día, fácilmente se concibe que en un momento de propia satisfaccion pueda decir el pensamiento humano: no hay límites para la produccion. Lo mismo que decimos de las telas de algodon, puede enunciarse de la fabricacion de ciertos objetos de hierro ó de acero, Es cierto que en estas cosas los precios corrientes llegan pronto á confundirse con los gastos de produccion; que los precios corrientes de estos objetos podrán tal vez fácilmente igualarse al precio natural , á los gastos de produccion, no habiendo monopolio que impida la baja del precio. Ricardo no ha calculado bastantemente la influencia de los monopolios. De estos hay dos especies: monopolio natural y monopolio artificial. Hay monopolio natural cuando, por la naturalez a misma de las cosas, /a produccion solo es posible para ciertas personas y en una medida determinada. La posesion de la tierra, de la3 minas y de las canteras, constituye evidentemente un monopolio. Y la posesion de la tierra no dejaría de serio, aun cuando el globo entero estuviera perfectamente cultivado; porque podria aumentarse la necesidad de los alimentos, sin que fuese posible producir un sextario mas de trigo. En lo
104 ECONOMIA POLITICA. que no hay competencia posible mas allá de ciertos if,i. mitos fácilmente apreciables. Una mina de oro ó una viña en parage favorable, constituyen un monopolio natural cada vez mas esclusivo, una produccion cada vez mas privilegiada. El trigo se da en la mayor parte de la Europa ; la viña da ricos productos en Francia, en España , en Italia en Portugal y en algunos parages de la Suiza y de la Memafia; mas solo en algunos terrenos particularmente favorecidos por la naturaleza, se obtiene un vino; ce- ¡no el Laffitte, el Lacrima-cristi, y el Tokai. Hay una segunda especie de monopolios naturales que el mismo Ricardo dejó indicada. Y en efod°. ¿quién podrá multiplicar los cuadros de Rafael y las estátuas de Miguel-Angel? Los libreros de París, del tiempo de Montesquieu, cuando pedían á los escritores de su época Cartas persianas , por ejemplo , no pensaban seguramente en que Montesquieu tenia un verdadero monopolio en su genio. Por razon de este monopolio llega á ser la muerte del artista una fuente de riqueza para los poseedores privilegiados de sus bellas obras. Si no produce los mismos resultados la muerte de los grandes escritores, es porque las copias y sobre todo el arte de la imprenta . , pueden multiplicar de una manera indefinida las producciones científicas y literarias. ¿Cuán pingüe renta no disfrutarían los herederos de Moliére, aun en estos tiempos de desconcierto intelectual, si para oir el Avaro ó el Misántropo no hubiera mas medio que el de asistir á la lectura que ellos solamente tendrían derecho para hacer? La facilidad de los trasportes es tambien un monopolio natural y útil á los productores que se hallan
LECCION SESTA t - 105 mas próximos los mentros principales del consumo. Asi-que 'los jardineros de las cercanías de París al ofrem cer al lujo de la capital las bellas primicias .de su felicisinwcultivo, no tienen ,,que temer la competencia de los productos precoces y espontáneos de Pisa , Roma, Nápoles, Cádiz '°e Málaga. LOS monopolios artificiales son aun mas vários y numerosos. Redticense los un,» .á simples,,metlidas . de equidad y utilidad general , como son, los privilegios de invencion y los , dajos autores y sus herederos. Jiotable yerro: creer que podría convenir.á losin- : tereses. > generales el entregar ,a1 'capricho de la muttitud las producciones intelectuales ) .\privando de la ju$- ta recompensa y de todo noble estjmula á las obras del talento. Triste es, no hay duda, ver á la ciencia y al genio, sujetarse tan frecuentemente á las mas viles maniobras de la usura en un oscuro mostrador, y abandppar par, 1:a Wolatría 4e la riqueza el 'culi to austero y sublime dl gl9rivh! Mas ¿sq,dirá que el mundopro gresaba mas rápidamente y que las naciones eran mas ilustradas, mas libres y mas felices, en la época en que el sabio y el literato descendiendo ,tímidamente de su guardilla, se iban á mendigar en las antesalas de los grandes una mirada, una sonrisa, un miserable socorro 9 El trabajo intelectual ha roto tambien sus antiguos lazos y conquistado su libertad ; que si en el primer alborozo de su emancipacion ha llegado á cometer al.. gun desvío, efécto es de la ley general de reaccion á que todo lo humano está sujeto. Humillemos la frente al contemplar las debilidades de nuestra naturaleza, pero no reneguemos de la libertad que es nuestra fuer-
106 ECONOMIA POLITICA. za , nuestro apoyo y nuestro estímulo ; el hombre bre, si cae se levanta: el esclavo yace siempre tendido en el fango. El monopolio de los privilegios de invencion y de los de autor consiste en e) derecho esclusivo concedido por la ley á ciertas personas . , de producir ciertas y determinadas cosas; y es de igual naturaleza que este, al menos en sus resultados económicos, cuando no en el origen del derecho, el privilegio que se reserva el gobierno de vender ciertos géneros, como el tabaco, la sal, la pólvora, los naipes y el papel sellado. En realidad la venta de estos objetos es un impuesto disfrazado. Pues los consumidores de ellos ademas de los gastos de produccion , contribuyen á las cajas del tesoro con; una suma proporcionada á las necesidades del Estado. Las leyes prohibitivas constituyen un monopolio d'e igual naturaleza á favor de los productores del pais, y á cargo de los consumidores. La propiedad urbana es igualmente un monopolios de naturaleza análoga, en las-ci¿idattes de un-circuita-' determinado; sobre todo, lo que Sucede en las plazas de armas, cuandothe prohibe hacer construcciones permanentes en cierto radio fuera de' la poblacion. Hay monopolios que resultan de la po i sesion esclusiva de ciertos instrumentos particulares de producclon mas eficaces que los ordinarios. Inútil sería citarejemplos , que á cualquiera pueden ocurrírsele. Todo inventor de una rnketuina útil se halla en este caso, ahora se aplique personalmente al trabajo de la produccion, ahora ceda su descubrimiento y su privilegio á los productores que se hallen en posicion de comprárselo. El ser obstáculo para el libre concurso ó compe-
LECCION SESTA. 1071 tencia, es el carácter coman de todos los monopolios; solo que no todos participan de él en igual grado. Algunos monopolios permiten á los productores privilegiados multiplicar , en toda la estension de sus facultades, los instrumentos de producción, y dar creces indefiñidas á la cantidad de los productos. Los hay, y. asi sucede con algunos monopolios naturales, que no dejan á los productores esta facultad ilimitada. Asi, el propietario de una corriente de agua ó de uná viña afamada, no está en las mismas condiciones y circunstancias que el mecánico inventorde una nueva Máquina de : una nueva combinacion química. Dei r mismo modo, entre los monopolios que permi.. ten al productor aumentar la cantidad de sus productos con el empleo de una nueva porcion de capital y de trabajo, los hay que dan el mismo resultado en cada porcion invertida. Dos fábricas de medias , en iguales circunstancias, y puestas en movimiento por igual cantidad de capital y de trabajo , no pueden menos de producir la misma cantidad de mercancía. Y si fuera posible aplicar á una misma fábrica una segunda porcion de capital y de trabajo igual á la primera, el producto sería doble. Pero ¿podría prometerse igual resultado, y obtener un producto doble ó triple solo con emplear una doble ó triple porcion de capital y de trabajo, el dueño de una posesion territorial? No: de ningun modo. La esperiencia nos enseña que los productos agrícolas proporcionales van disminuyendo cada vez mas. La tercera porcion de capital dará un resultado inferior al de la segunda, y el de ésta inferior al de la primera. Emplear en un terreno de primera calidad, ya trabajado, una segunda ó t ereera porcion de
114 ECONOMIA POLITICA. igualdad de repartimiento absoluta, y la comunidad de todas las propiedades territoriales: aun cuando se destrq a la propiedad particular para no reconocer sino una sola propiedad y una general asociacion, ¿podrán quitarse á la tierra sus producciones económicas; ó convertirla en un instrumento de produccion diverso de como le plugo dárnosle á la naturaleza? Podrá ser nun. ca ilimitada su estension ; y su substancia, homogénea, igualmente productiva, igualmente fácil de trabajar ? Se ha dicho que la tierra es una máquina , y esta comparacion ha servido de base á muchos raciocinios. Admitamos, si se quiere, la metáfora: pues entre una máquina y la tierra hay bastante semejanza para que la comparacion no sea absurda ; pero no será sin la condicion de no perder de vista sus diferencias. La tierra es una máquina, pero dotada de ciertas propiee. dales particulares que no permiten se la confunda con otra máquina cualquiera. Si todos los monopolios influyen en los fenómenos económicos de un modo mas ó menos directo, ninguno produce efectos mas notables, casi diríamos mas singulares, que la posesion esclusiva del tercer instru. mento de la produck-:ion, ó sea de la tierra. La tacha de no haber estudiado bastantemente estos hechos, recae sobre muchos economistas. Sus teorías llevan el sello de una negligencia que no es facil disculpar en ninguno que haya podida leer los escritos de Malthus y de Ricardo. En vez de decir que la tierra es una máquina, se hubiera dicho con mas acierto que es una coleccion ó conjunto de máquinas de fuerzas sumamente desigua-
LECCÍON SEPTIMA: 115 tés. Ninguno de nosotros ignora la diferencia que hay puede haber nutre un terreno y otro. Esta variedad nace en primer lugar de las calidades naturales de la tierra. Nadie creerá que un campo de diez fanegas en la fértil Lombardía, pueda equivaler á otras diez entre las rocas de los Alpes ó de la Suiza. Pueden clasificarse las posesiones territoriales, y dividirlas en primera, segunda, tercera y cuarta calidad. Estas clasificaciones son utilísimas para ciertas operaciones , y particularmente para fijar el impuesto territorial. Y la clasificacion será mas ó menos rigurosa segun el grado de exactitud necesario para el objeto que se elija. Aun hay mas : diez fanegas de tierra en el distri- to de París, y otras diez situadas en lo interior de la Auvernia, á una distancia considerable de todos los medios de fácil transporte, y de los gra ndes focos de con., sumo , aunque dotadas de la misma fertilidad natural: no son máquinas de igual fuerza ; y tan semejantes son la una á la otra corno diez » fanegas de tierra feraz y labrantía á otras diez de incultos matorrales. Asi pues, debe considerarse la tierra como una coleccion de máquinas de fuerzas diversas y desiguales: este es su primero y sencial carácter. Mas tiene un segundo carácter cuyo estudio no es menos importante. Traspasado cierto límite, cuanto mas se multiplican las sumas de capital y de trabajo empleados en la misma tierra, menor es su producto proporcional. Cien fanegas de la tierra mas feraz, no pueden dejar de producir alguna cosecha aun cuando solo se la remueva con un palo; si al palo se sustituye la azada la cosecha será mas abundante; finalmente. si
1 16 ECONO3IIA POLITICA. á la azada se substituye el arado y todos los demas procedimientos de una sabia agricultura, su producto ne- to adquirirá un considerable crecimiento. Mas una vez obtenido este, y llegando á cierto limite, si con la inversion de un capital y de un trabajo como diez resu Itó un producto de veinte , aplicando á la misma tierra aún diez mas de capital y de trabajo, el segundo producto ya no resultará doble del primero. Esta segunda porcion de capital acaso no produzca mas que una suma de quince; una tercera porcion solo produciría lo estrictamente necesario para cubrir los anticipos. En este estado, el resultado de la inversiori de un nuevo suplemento de capital y de trabajo seria ver perdido y malogrado el desembolso. lié aquí el carácter fundamental de esta especie de produccion. Una máquina propiamente dicha, mientras pueda trabajar dará siempre un resultado proporcional. Si fuera posible aplicar la fuerza del vapor á veinte telares en vez de diez, cada telar daría el mismo resultado, y los veinte telares darían un producto doble del que daban siendo solamente diez. No sucede asi con la tierra: y muchos agricultores parecen ignorarlo; asi se arruinan tantos aficionados á este ramo de la ciencia, por no conocer las bases de toda buena contabilidad agrícola. Para llevar una contabilidad de esta especie que pueda dar razon exacta de todo lo verificado , é ilustrar al cultivador,-no solo sobre las operaciones consumadas, mas tambien en las venideras y por hacer, es menester distinguir en toda posesion , con diligencia y detenimiento, las diferentes calidades del terreno; considerarlas como máquinas de propiedades diversas, y no confundir el producto de la buena tierra con el
LECCION SEPTIMA. 117 de la mala. Si el que cultiva una hacienda de cierta estension sin distinguir las diversas calidades de su terreno, y llevando una contabilidad única, en la cual se confunden los gastos y los resultados de todas las partes de su hacienda, se imagina que cada una de estas porciones le reporta un producto neto, se equivoca probablemente. Tal cultivador hay que de sus cien fanegas de tierra no saca mas producto que el que con menos gastos sacaría de cincuenta fanegas; y acaso le producirían estas una renta mayor. Para llevar una contabilidad racional no basta distinguir las varias especies de la tierra; es necesario tambien tomar en cuenta cada renovacion de capital. Si, habiendo empleado en una tierra un capital de diez, estimulado por el precio del mercado ó del deseo de emplear un nuevo capital, invierto una suma de diez en el terreno que estoy esplotando, deberé formar cuenta separada de esta segunda inversion; de lo contrario sucederá con mi hacienda lo que con dos porciones de terreno de calidad diversa. Los beneficios de la primera inversion se confundirán con los resultados de la segunda ; y creeré haberme proporcionado igual ganancia con ambos capitales mientras el segundo solo me habrá producido tina pérdida que se compensó con la ganancia ó beneficio del primero. Analizadas ya bastantemente los dos caractéres particulares del tercer instrumento de produccion que es la tierra , podremos investigar en la leccion próxima la influencia de estos hechos sobre el precio de los géneros; que es una de las cuestiones mas importaates de la economía política.
■••■••••••11=4.... •- -CC I N OCTAVA. De la produccion agrícola considerada en sus relaciones con el precio de los productos.—Continuacion. opongamos, señores, que solo ocupasen nuestro glo f - loa algunas poblaciones poco numerosas y sin residencia fija que solamente algunas tribus errantes trabajasen la tierra , cultivando sucesivamente los terrenos en que establecieran sus tiendas. En este caso ¿qué influencia ejercería sobre el precio de los géneros la tierra considerada como instrumento de produccion? Nin guna. Seria el suelo lo que el aire y el sol , del cual todos se aprovechan sin que á nadie se le ocurra pagarlo ó exigir por él precio alguno. Si el cultivador encontrase algun obstltulo en el terreno que empezó á trabajar , se trasiadaria al terreno cercano sin que nadie se lo estorbara ; y cuando quisiera vender sus géneros á un precio superior á los gastos de produccion, diría el consumidor yo tambien voy á cultivar un terreno. Las sociedades se establecen y se desarrollan ; 1a9 poblaciones au men tan, y con ellas la necesidad de sublistencias. ConvizSrtense las tierras en propiedades par.
LECCION OCTAVA. 119 tiCulares, qüedando al mismo tiempo clasificadas segun la regla que hemos espuesto. ¿Qué sucede al comenzar este nuevo órden de cosas? La historia nos lo dice. La historia de América nos indica en nuestra época lo que ha debido suceder en los tiempos mas remotos. Fíjanse las poblaciones y se forman tos focos del consumo. Cuidase de colocar el asiento principal de cada asociacion en un suelo feraz y floreciente , á veces á la orilla del mar, ó en las riberas de un ancho rio. Ocupase en torno de este centro un terreno mas ó menos dilatado, y comienza el cultivo. ¿Cuál es entonces el precio de los géneros que sirven de alimen. tos'? Con corta diferencia los gastos de produccion, porque en esos primeros tiempos la cantidad de terrenos fértiles, próximos al centro del consumo, supera aun con mucho á las necesidades. Si entonces se hiciese subir el precio de los géneros y esceder á los gastos de produccion, tal vez el consumidor solo pagaría este precio exagerado hasta tanto que se cultivasen otras tierras. Ni dejaria esto de suceder , porque, segun la hipótesis, los buenos terrenos abundan y el capital halla en desmontarlos un beneficio seguro. La posesion de la tierra, pues, aun entonces no forma un verdadero monopolio, aun cuando esté ya establecido el principio de la propiedad individual. M as este estado de cosas no es mas que temporal, porque la poblacion crece con una rapidez estraordinaria. Mas de una vez hemos visto duplicarse la de los Estados-Unidos en el espacio de sesenta años. El crecimiento de la poblacion hace que los medios de subsistencia sean cada vez mas deseados.
120 ECONOMIA POLITICA. Es preciso prestar ahora toda la atencion posible: supóngase que todas las tierras de primera calidad y cercanas al mercado hayan empezado á cultivarse, sin que basten sus productos á proveér a las necesidades. ¿Qué se liará entonces? Elegir cualquiera de estos tres medios: ó buscar tierras igualmente feraces, pero mas distantes ; ó cultivar las tierras vecinas, pero menos fértiles, y hasta entonces abandonadas; ó bien aplicar é las tierras ya cultivadas mayor cantidad de capital y de trabajo , y sacar de ellas mas provecho mediante una esplotacion mas poderosa , pero mas cara. Equivale á decir en otros términos, que cuando empieza á esperimentarse el aumento de la necesidad de productos agrícolas, y la insuficiencia del cultivo de las primeras tierras, es necesario producir con mayor cos- to; porque invertir una segunda porcion de capital en una misma tierra, ó cultivar con esta misma porcion ya un terreno inferior, ya otro igualmente feraz pero mas lejano que el primero del centro del consumo, siempre es producir con mayor gasto; lo que es efec- to de los dos caractéres particulares de la tierra que dejamos analizados en la última leccion. Tendremos pues en el mercado productos agrícolas, primeras materias y comestibles, obtenidos con gastos de produccion varios: los unos habrán costado mas earos que los otros. El trigo recogido en un terreno de primera calidad, inmediato al mercado, habrá costado menos que el obtenido, ó en un terreno menos fértil, el cual para producir ecsija mas abono que el primero, un trabajo mas activo, y una cultura mas laboriosa; ó bien en un terreno muy distante del mercado , loque haría necesarios los gastos de un dificultoso trasporte.
LECCION OCTAVA. 121 Siendo esto asi, ¿habrá en el mercado uno solo, ó muchos precios para estos productos? Y si no hubiera mas que un solo precio, ¿seria este proporcionado á los gastos de produccion del trigo obtenido con mayor gasto, ó á los del trigo que costó menos? No habrá en el mercado mas que un solo precio, que se regulará por la produccion mas cara. Digo que no habrá mas que un solo precio, porque aun cuando baste ojear someramente las mercuriales para ver cuánto varía el trigo en los diferentes departamentos de la Francia , ó en un mismo parage en épocas diferentes: cuando se dice que no hay mas que un solo precio, se entiende que se habla de un mismo mercado, de una misma época , y del trigo de la misma calidad. Trasladémonos al mercado de los cereales, y veamos si hay un precio para el trigo producido en una tierra , y otro diferente para el producido en otra. Habrá diferencia, si el trigo que está á un lado es mejor ó peor, de mas ó menos peso que otro; pero entre dos costales de trigo del mismo peso y de la misma cantidad, ¿podrá haber diferencia de precio en el mismo mercado y á la misma hora, únicamente por haber el uno costado diez á su productor, y haber costado el otro veinte? Quién será el que trate de indagado? En los precios no puede haber diferencia , y de hecho , no la hay , porque es constante que en todas las cosas los precios tienden á nivelarse. ¿Cuál será por consiguiente el precio que rija? No hay abastecedor que lo ignore : el del trigo producido coi$ mas gasto. Y la razon es evidente, porque si el que lo produjo no lograse el reembolso de sus antici-
122 ECONOMIA POLITICA. pos , y juntamente un beneficio equitativo, se abstendría en adelante de producir. ¿Y por qué no ha de aprovecharse de las circunstancias del mercado el que hizo su cosecha en el terreno mas feraz? Este no tiene que temer como el fabricante de medias ó de sombreros que otra persona vava á establecerse á su lado con máquinas para multiplicar aquellos productos. Sabe que disfruta un monopolio, porque las tierras no se improvisan ; que aquella clase de productos solo se obtienen en ciertas épocas del año; que su género es necesario, y que si el abastecimiento de Paris hubiese disminuido, no digo en una mitad ni en el tercio, sino solamente en quinientosmil hectólitros, este déficit haría inmediatamente subir el precio. Esto tiene de particular el trigo: por poco que escasee, su precio sube rápidamente; mas tambien puede bajar de una manera notable por poco que superabunde. Porque en la venta de otras mercancías se puede contar con la vanidad, el fasto y el amor á los placeres, bajando algun tanto el precio de ellas, y poniéndolas al alcance de un gran número de consumidores ; al paso que nadie compra dos panes cuando le basta uno solo. El comercio de los géneros de primera necesidad tiene caractéres muy particulares, El productor del trigo no encuentra razon alguna para dar su género mas barato que su vecino, solo por costarle menos. Si este vecino se aplica á la produccion del trigo es porque el trigo es necesario; y si es necesario no dejará de venderlo. Acaso tardará uno , dos ó tres meses en conseguirlo , mas en el fondo nada tiene que temer; y mas le convendrá disminuir algun tanto su cosecha
LECCION OCTAVA. 123 futura, que vender hoy su género á un precio demasia.. do bajo. No es por consiguiente el trigo obtenido con menosgastos de produccion el que regula y fija el precio. Porque si asi fuera, los demas productores no habrían querido producir. El regulador es el coste del trigo obtenido con mas gastos, y el precio de todo género homogéneo tiende á igualarse con este. Decimos que tiende á igualársele , y es necesario expresarse siempre de este modo en economía politica, porque todos estos resultados están muy distantes del rigor matemático. Veremos propietarios que , obligados por la necesidad, venden á mas bajo precio del que podrían conseguir algunos dial despees; vernos á otros que, ignorantes de las circunstancias del mercado, no sacan de su género todo el precio que deberían esperar; y otros tambien que imprudentemente producen mas de lo necesario para las necesidades reales del consumo. Esto no obsta para que la tendencia constante y general del precio de estos géneros sea la de ajustarse á los gastos de produccion de los que mas han costado; de donde resulta necesariamente que cuanto mas preciso sea con el crecimiento de la poblacion recurrir á uno de los tres medíos que arriba hemos indicado, esto es, ó á la cultura de los terrenos inferiores ó á la de terrenos mas lejanos, ó á la aplicacion de una nueva cantidad de capital y de trabajo sobre el mismo terreno, tanto mas cierto será que para una porcion determinada de la mercancía habrá una diferencia notable entre los gastos de produccion y el precio del mercado. Conviene fijar bien la atencion en esta consecuencia sobre la cual tengo que insistir todavía. Acabamos de probar: 1. 0 que en el mercado hay
226 ECONOMIA POLITICA. vagante que hizo con su médico el pacto de darle un tanto por cada dia que se encontrase bueno, y nada el dia que se hallase indispuesto. Vemos pues que en todo cambio se fija la idea en cualquiera de los tres hechos principales de la produccion. Mas estas diferentes formas que suele tomar el cambio, no bastan á destruir en ciertos productos el carácter de riqueza, y la cualidad de trabajo productivo en la obra de cierta especie de productores. Evidentemente, uo hay entre estas ideas vinculo ninguno que pueda legitimar semejante deduccion. ¿Dejará de ser productiva la accion de la fuerza, y dejará de ser riqueza el producto para comprar la fuerza necesaria para producirlo, en vez de emplear el resultado? Volvamos al ejemplo del sastre. Ya se vaya á su obrador y se le compre una levita hecha, ya se envíe por un oficial y se le mande hacer la prenda dándole todo lo necesario al efecto, y pagándole su jornal , ambos hechos en cuanto á los resultados son exactamente semejantes. Nadie dirá que el primero es un trabajo productivo , y trabajo improductivo el segundo ; la única diferencia está en que en el segundo caso el que deseaba la levita fué empresario y comprador á la vez. Ahora bien , qué diferencia hay en cuanto á las fuerzas productivas , entre el oficial de sastre que trabaja en mi casa, y mi criado? Ninguna. Confesemos que • Smith se equivocó mas de lo que á un hombre de su capacidad le era permitido equivocarse, al decir que el trabajo del sirviente no deja reliquia de ninguna especie. Nadie rehusa el título de trabajador al fabricante que dirige por sí mismo una vasta manufactura que exi-
LECCION DECIMATERCIA. 227 ge todo el cuidado y la vigilancia de su due? y re-i pútasele como necesario á pesar de que, adopt an do lis ideas de Smith sobre el magistrado, el militIr y, agente de policía, pudiera decirse que aquel fabricíht-ti nada produce. Demos que este mismo fabricante, no queriendo tener á su lado trabajadores improductivos despacha á todos sus criados, y se vé en la precision de servirse á sí mismo; mas no siendo posible que un hombre se halle á un mismo tiempo en diversos lugares, y que ejecute á la vez cosas diversas , será indispensable que mientras hace la vez de sus criados abandone el cuidado de su manufactura ; y ¿qué será en este caso de su trabajo productivo? No es evidente que mientras tenía criados podía ocuparse con todo desembarazo en sus negocios y entregarse á un trabajo Inu«. cho mas propio de sus facultades? Por consiguiente mal se podrá decir que los sirvientes no dejan efecto alguno de su trabajo; porque lo dejan , muy considerable, en todo lo que el dueño hace mientras está conveniéntemente servido, cosa que no podría hacer si hubiera de atender al cuidado propio de su familia y de su casa. Pero dícese que los que mantienen gran número de criados y lacayos se arruinan. Pues qué ¿no se arruina tambien el que para producir una vara de paño emplea un número de obreros diez veces mayor que el necesario ? ¿No se arruina el agricultor que mantiene mas ganado del que ha menester? Dígase en buen hora que no deben multiplicarse inútilmente las fuerzas productivas, lo que sería aplicable á toda especie de producclon. Tener quince ó mas criados, cuando la casa puede estar bien servida con cuatro , es lo mismoque po- 1
228 ECONOMIA I'OLITICA. ner á un carruageque puede perfectamente rodar con un par de caballos un tiro de catorce ó veinte : como emplear diez labradores en una heredad que puede cultivarse con cuatro ó seis. No es pues la multitud de sirvientes la que empobrece, sino la desproporcion entre el número de ellos y el producto que se desea. Hay aun mas: cuando uno tiene mas criados de lo necesario , será sin duda un malgastador ó un mal administrador de su fortuna ; Pero ni aun en este caso podrá llamarse improductivo el trabajo de aquellos. Y en efecto , ¿á qut fin cuando voy á su casa me hace pasar por sus antesalas entre dos hileras de lacayos? ¿Es por ventura para proporcionarme á mí un placer, ó para proporcionárselo á ellos? No por cierto: lo hace solo por su gusto, para dar una prueba de ostentacion, de magnificencia, de riqueza. Por la misma razon que en el estrado encuentro á su señora cubierta de diamantes á pesar de que á los iris de su deslumbrador atavío ya no vá unido el brillo de la juventud y de la belleza. ¿Y podrá decir acaso que aquellos diamantes no son riqueza, por ser la necesidad que satisface con ellos de la misma naturaleza que la que le obliga á mantener todos aquellos lacayos que ostentan su librea? Mas racional seria decir que aquella necesidad es puramente facticia , y que llevada mas allá de ciertos limites es absurda y vituperable. Nada diría en contrario la economía política; pero siempre será cierto que aquellos sirvientes dan su producto, y no se necesita mas prueba de esto que la soldada que reciben, pues muy mentecato se creería el que los mantuviese y pagase sin que ellos le procuráran alguna comodidad.
LECCION DECIMATERCIA. 229 El cantante , dicen , nada nos deja despues que acabó su canto. Error : nos deja un recuerdo. ¿Qué queda del vino de Champagne despues de bebido ?¿Qué, de los manjares mas delicados? ¿Qué de una cosa cual» quiera que sea objeto de consumo inmediato? Tan producto como el pan y como el vino, en el momento de acercarlo á nuestros lkbios, es el cantoque sale de la garganta del músico en el momento-de vibrar en nuestro oído. Un instante despues ni hay canto, ni hay vino, ni hay manjares. Que el consumo sea óno inmediato al hecho de la produccion, y ya se verifique mas ó menos rápidamente, los resultados económicos podrán ser diversos, mas el hecho del consumo, sea el que fuere, no puede destruir en el producto la cualidad de riqueza. Hay productos inmateriales de mucha mayor duracion que los materiales. Un palacio puede durar mucho tiempo; pero la Piada es una fuente de placeres eterna. Siempre que, al estudiar un hecho bajo el punto de vista económico , se descubra en él una fuerza , una aplicacion de ésta, y un resultado económico , es decir, un producto capaz de satisfacer cualquiera necesidad humana, se dirá que hay un trabajo productor de riqueza. Poco importa que el que produce sea agricultor, fabricante de paños, cantor, jurisconsulto , sastre ó médico. Si se citan abusos como el de tener un ejército de lacayos , diremos que los mismos abusos son posibles en todas las producciones. ¿Por qué razon en nuestros dias en que tan entendidos somos , diré precisamente en materias económieas, pero sí en asuntos de intereses propios y materiales . , se arruman tantos empresarios? Sin duda alguna porque han inyer-
230 ECONO311A POLITICA. tido en sus especulaciones mas fuerzas de las que con- Venían á su objeto, porque han construido edificios y fábricas do mera ostentacion en donde han mantenido, como suele decirse, un ejército de hombres, desperdiciando y derrochando una gran parte de su capital. Han hecho lo que suele hacer el que llega á reu nir de repente una renta de cien mil francos, del cual se apodera la necia manía de tener su antesala llena de lacayos. Sin emzargo, este último satisfizo una de sus necesidades, creándose un placer de vanidad y de magnificencia , al paso que el que quiere lucir todo el capital fijo de una empresa, y en vez de hacer un tedchado sencillo que le hubiera costado tres mil fran- . cos , construye sin necesidad grandes almacenes y fábricas suntuosas, comete un error de cálculo, obra á la manera del que estando á oscuras tira por la vena tana varios objetos creyendo arrojarlos en una pieza inmediata. Estas distinciones arbitrarias solo sirven para inducir en falsas teorías y en discusiones de todo punto inútiles. La produccion es sin duda un hecho suma mente vario en sus manifestaciones , pero constante en sus principios. Ahora ya podemos entrar en las cuestiones relativas á la produccion de la riqueza sin temor de que nos asalten en nuestro camino vanas dificultades. Po drémos adelantar hácia nuestro destino, sin hacer paradas para dar esplicaciones episódicas que hubieran hecho imposible ó al menos sobrado toda buena , deduccion. Volvamos pues á la cuestion que dejamos en suspenso.
LECCION DECIMATERCIA. 931 Esagran cuestion que por sus ramificaciones y relaciones afecta la organizacion misma del éstado, á saber, la libertad de industria, se refiere en cierto modo á cada uno de los tres instrumentos de la produccion. Particularmente en lo concerniente al capital y al trabajo pueden suscitarse los problemas siguientes: ¿Debe estar libre de toda traba el desarrollo de la fuerza productiva; ó será menester reglar por lo menos su modo de aplicacion? ¿Debe dejarse al libre juicio del productor la eleccion del resultado? lIé aquí los puntos que nos proponemos examinar. De esta manera habremos recorrido las cuestiones fundamentales relativas al fenómeno de la produccion. Mas tarde trataremos de las concernientes á la distribucion de la riqueza.
LECCION DECIMACUARTA. Produccion libre.—Produccion reglamentada: Dposicion dé la cuestion. SEÑORES : E ntre todas las cuestiones de la economía politica, ya pura, ya aplicada, ninguna ha llamado mas la atencion y suscitado mas largas polémicas, que la de la produccion libre. Aun se ignora si debe abandonarse al interés individual, á la libre determinacion de cada productor, la obra económica de las naciones, 6 si por el contrario se la debe someter y sujetar á una regla coman y á leyes preventivas. lié aquí la cuestion en globo: Como veremos, esta cuestion se subdivide en muchas otras particulares, todas de grande importancia. Pero lo que ha dividido á los economistas, suministrando á cada escuela su bandera, sus armas y sus anatemas, ha sido la cuestion general de la libertad de industria y de comercio. La escuela mercantil, consecuente con sus principios, no podía menos de proscribir la libertad de coxuercio y de industria. Segun sus doctrinas, la rique-
LECCION DECIMACUARTA. 233 2a consiste esencialmente en la moneda, y el Estado mas rico es el que tiene mas oro y plata , al paso que es mas pobre el que menos metálico posee ; toda espórtacion de numerario es por consiguiente una pérdida, y la única ganancia está en la importacion de la moneda. Una vez adoptadas estas doctrinas, la sujecion de la industria y del comercio era consecuencia precisa. Asi que, era necesario impedir, segun ellos, la esportacion de las primeras materias, que deben ser trabajadas por nuestros obreros, para que los estrangeros nos las paguen con su oro ya así transformadas : y por lo mismo debía prohibirse la importacion de toda ma. nufactura para evitar que el productor estrangero se llevase por ellas nuestra plata. Nótese sin embargo que no hago mas que recordar las opiniones de la escuela mercantil. Sin duda alguna, al sostener sus discípulos que lo que busca el productor estrangero , importando sus manufacturas, es nuestro dinero . , cometen un grave error. Lo que sí trata de procurarse es aquellas cosas que necesita , o cuyo cambio sucesivo puede serle mas útil ; mas ningun caso hace de nuestra moneda. Los Suecos, por ejemplo , al traernos hierro en bruto ó ya manufacturado, preferirían llevarse en cambio , no dinero, sino trigo ó vino, ó cualquiera otra cosa que no produzca la Suecia, dado caso que pudiesen obtener estos géneros en nuestro pais con mas ventajas que en ninguna otra parte. A la escuela mercantil sucedió la de los economistas propiamente dicha , ó con otro nombre , de los fisiócratas , que no reconocían otra fuerza verdadera!: mente productiva que la tierra, la naturaleza. Esta es.
234 . ECONOMIA POLITICA. cuela, al tratar la cuestion de la libertad de comercio é industria, adoptó máximas enteramente contrarias á las de sus predecesores. A los fisiócratas debemos el famoso a laissez faire, laissez passer, » que tanto se les há reprochado á los economistas, y que todavía se nos reprocha á nosotros. Pero quizá alguno me preguntará, ¿cómo partiendo estos economistas del erróneo principio de que no hay mas fuerza productiva que la tierra, han podido llegar á la absoluta libertad de la industria y del comercio'? ¿Qué relacion tienen entre sí estas dos teorías? ¿Por ventura, son ellas realmente partes integrantes y constitutivas de un mismo sistema? A mi entender sería un abuso suponer que entre estas doctrinas existe aquella relacion intima, necesaria, que enlaza el efecto á su causa , ó que liga entre sí las consecuencias de un mismo principio. Porque ya lo hemos dicho : los fisiócratas, por medio de una confusion que hoy se quiere reproducir y vendernos como cosa nueva , como un progreso de nuestro siglo , confundían de continuo , la política, el derecho público y la economía civil. El principio de laissez [aire, laissez passer , se encuentra ya en las Máximas generales (maxirnes generales) de Quesnay en compañía del producto neto y de la monarquía absoluta. La libertad del comercio y de la industria entraba en el número de las mejoras que el médico de Luis XV esperaba de la potestad real ver desembarazadas de aquellas fuerzas opuestas (contre-[orces) , segun él decía, que no podían producir sino la discordia entre los grandes y el abatimiento de los pequeños. lié aqui los lamentablesy espantosos abusos de la fiscalía y del privilegio que debieron hacer sentir la necesidad.
LECCION DECIMACUARTA. 235 de destruir todas las trabas que sufrían la industria y el comercio Bien se concibe que al contemplar los economistas los escesos del interés particular y del poder desenfrenado de los privilegio3 , hayan desesperado de todo gobierno misto, y mirado como sueños los felices resultados de todo sistema de lucha y de balancéo. Las ideas simples nos seducen, y una de ellas es el poder de uno solo. Estraño puede parecer á la verdad, que el sábio pensador del entresuelo de Versa ales (1), haya mirado en la monarquía absoluta la salvaguardia del pueblo. Pero hay que considerar que el poder absoluto fué el que se opuso á la corte de Roma, y el que espulsó á los jesuitas : y si bien es verdad que vendía en Francia la seguridad personal de los ciudadanos, y entregaba el pueblo á merced de los arrendadores de rentas reales ; al mismo tiempo en Berlin se daba ínfulas de ilustrado, y se hacía protector de los filósofos. Poco tiempo despues se le vió abolir la pena de muerte en Florencia, declarar la guerra á los conventos en Austria; y aun en el mismo San Petersburgo balbucía palabras de filantropía y de reforma. El esplendor con que de lejos brillaba la magestad real la engrandecía á los ojos de un mundo codicioso de novedades y de progreso : y solo el tiempo y la esperiencía pudieron mostrárnosla en sus justas proporciones. Preciso es no olvidar que la escuela filosófica del siglo XVIII, ni andaba muy acorde entre sí, ni era homogénea: porque no hay que confundir á los discípulos de (1) Quesuay. (.N. del Trad.)
242 ECONOMIA POLITICA. Señores: antes de entrar en el fondo de la cuestion acudamos con efecto á la historia. Echemos una rápida ojeada sobre los hechos : veamos si realmente se descubre en ellos la significacion económica que se les quiere atribuir, y si tales hechos traen efectivamente su origen de un sistema mejor de produccion y distribucion de la riqueza. Es indudable que, asi en el mundo antiguo como en el moderno, el poder del trabajo ha estado casi siempre sometido á reglamentos. Mas no hay que apresurarse á deducir consecuencia alguna : porque tambien ha habido siempre esclavos en el mundo y aun hoy los hay; y sin embargo, no podrá decirse que la esclavitud es una institucion útil y legitima. En lo antiguo, precisamente por ser la esclavitud un hecho general, se puede decir que no existia lo que hoy llamamos trabajo. Y en efecto, pregunto yo, llamáremos trabajo al servicio que nos prestan nuestros caballos ó nuestros bueyes? ¿Llamarémos salario al non ton de heno que se le echa á un animal? ¿Dirémos que los animales son trabajadores? No por cierto : son una porcion de nuestro capital. Del mismo modo, en el mundo antiguo los esclavos eran un capital. Se les man tenia para que trabajasen , y á fin de que pudiesen trabajar. Lejos de ser considerados como hombres que realizan un noble pensamiento que Dios les ha concedido, y que obedecen á la ley providencial del trabajó libre, espontáneo y meritorio, eran , lo repito, una parte del capital de sus amos, corno los animales lo son del nuestro. Por lo tanto eran esencialmente erróneas las ideas de los antiguos acerca del trabajo y de la produccion. En los Estados del Asia, en los paises de las cas-
LECCION DECIMACUARTÁ. 243 tos, la última de ellas era la de los artesanos. ¿V seria por ventura este un hecho, un arreglo económiéo? De ninguna manera; y si únicamente una obra de órgani. zacion social y de teocracia. Al disponerlo así no penca' ron sus autores, ni en la economía política , ni en la produccion; sino que les guió otro principio muy diferente. Allí dónde brillaba mas esplendente la civilizacion, en esa Grecia á quien tanto debernos , en esa Roma delante de la cual , dígase lo que se quiera, nos inclina.. remos siempre respetuosos, ¿qné idea se tenia del Uta,. bajo, de qué manera era considerado el trabajador? Las profesiones industriales no eran ténidas en gran estima, ni allí, ni aun en la misma Atenas, si bien en este punto la democracia debilitó algun tanto aquella preocupacion. En la Beocia , el que tenia la desgracia de dedicarse al comercio, debia purificarse por espacio de diez años de ociosidad, si quería ser digno de aspi. rar al manejo de los negocios públicos. Asi pues, cuan. do nos burlábamos de ciertos patriciados modernos, que exigian segun creo, tres ó cinco años de intervalo entre la profesion de negociante ó banquero y la entrada en el senado, bien hubiéramos podido recordar que en punto á ridiculeces humanas ya nada se puede inventar debajo del sol. Aristóteles, aquel genio tan vasto y filosófico, cabeza la mejor organiz-da quizá que ha habido desde que hay hombre, aquel cuyos escritos aun se cuentan hoy día entre las obras mas respetables del ingenio y del saber humano, Aristóteles tambien, miraba á los artesanos como una raza despre, ciable condenada al ilotismo, así corno miramos nosotros algunos oficios cuyos nombres mismos son poco decentes.
2-14 ECONOMIA POLITICA. Genofonte no veia en ios artesanos sino gente perdiday miserable. ¿ Qué valor ni qué entusiasmo se quiere que abrigue en su pecho un hombre que pasa todo el día trabajando , en vez de pasarlo en la plaza pública en pláticas sobre politica; un hombre que se ocupa en un oficio, en vez de ejercitarse en la lucha, en la gimnástica, ó en prepararse para la guerra? Platon no los trató mejor. Y el mismo Ciceron, aquel talento eminentemente ecléctico, ¿ qué hubiera dicho al que le aconsejase que dedicara á su hijo á la carrera del comercio? Estas lamentables preocupaciones que sojuzgaban de la misma manera al necio vulgo que á las mas claras inteligencias, traían su origen de la esclavitud; la cual habia deshonrado el trabajo. No son éstas , por cierto, meras conjeturas, ni inducciones gratuitas. Trasladémonos á las Antillas en donde aun existe la esclavitud, y veremos en qué estima se tiene allí al trabajo. En todas partes en donde éste cupo en suerte á los hombres esclavizados , oprimidos y envilecidos, el hombre libre se ha acostumbrado á mirarlo como señal de inferioridad natural. lié aqui la llaga mas profunda que la esclavitud ha hecho á la humanidad. Seguramente ha sido un gran crimen el esplotar al hombre como si fuera una cosa, y osar llamarse su propietario ; pero todav:a es un mal moral mayor deshonrar de este modo la verdadera fuerza, el principio vital, así de los individuos, como de las naciones , la ley impuesta por la Providencia á la especie humana: el trabajo. La clase de los trabajadores libres, tan reducida y tan mal considerada en la antigüedad , comenzaba á desarrollarse para la moderna Europa bajo la influencia
LECCION DECIMACUARTA. 215 del cristianismo en la edad media. Mas entonces, todavía estaba , por decirlo así , en su infancia. Reconodase débil y siempre amenazada , en medio de aquella sociedad de hierro, que parecia no reconocer mas principio que la fuerza. Representémonos á la clase de los hombres libres apareciendo en medio de las lanzas del feudalismo, como yerbas y flores débiles y tiernas que nacen entre espinos y matorrales. Tales fueron sus principios. ¿Cómo, tan débil, y en medio de tan grandes peligros, pudo conservarse, crecer, y cubrir en fin la haz de la Europa civilizada ? Por medio de la asociacion, pata decirlo , en dos palabras, con las comunidades y los gremios. Este fu4 el origen de las corporaciones. Eran estas, asociaciones defensivas , que servian al trabajo de poderoso escudo contra el poder feudal y las rapiñas de las clases elevadas. Debe pues considerárselas desde aquella época bajo su verdadero punto de vista , que no es por cierto el económico, sino el puramente político. No se trataba entonces de averiguar si los trabajadores producian mas y mejor, reunidos ó no en corporacion : tratábase solo de vida ó muerte para la industria. Tan razonable sería remontarse á aquellos hechos sociales para deducir cualquier consecuencia económica, corno considerar los reglamentos de una plaza en estado de sitio , reglamentos hechos para defenderse á toda costa, como la verdadera y permanente organizacion de la ciudad. ¿Qué se puede deducir de hechos que pasaron citando el poder público era poco menos que nulo? ¿Qué tienen ellos de comun con un Estado regular en que el poder público á nadie rehusa la proteccion social , y en el que puede cualquiera sin
246 ECONOMIA POLITICA. temor alguno desarrollar sus fuerzas y su industria? Las corporaciones de la , edad media se fortificaban y rodeaban de privilegios . , porque el privilegio era la sola forma bajo la cual podía el derecho encontrar algun abrigo. El aprendizage , en las corporaciones, eta una especie de iniciacion política : y era preciso sujetarse á aquella gerarquía , porque solo así se encon traba proteccion y orden. Tan cierto es esto , que ea aquellos tiempos en los paises donde no existian aquellas necesidades políticas, tampoco rabia corporaciones. Citaré un antiguo estatuto de Milan, ciudad que se habia elevado por aquel tiempo al mas alto grado de esplendor , de riqueza y de poder productivo : estatuto que pudiera ser digno del mismo Adam Smith. Proclámase en él la libertad de trabajo , libertad de lugar, libertad de eleccion de oficio; libertad en el número y sexo de los trabajadores. Bajo su régimen, el trabajo de la lana llegó en Milan á un grado tal de prosperidad., que los productos se trasportaban á todos los mercados de Europa. Mas adelante se trató, sin, necesidad, de imitar las corporaciones de los otros paises, y aquellas florecientes fábricas , milanesas desaparecieron. La Francia tuvo Cambien sus corporaciones, sus gremios, sus veedurías y magisterios, hasta tal punto, que en el siglo XVI , al declarar Enrique III en un edicto que la facultad de conceder permiso para trabajar era un derecho realy señorial, no hizo mas que espresar sencillamente la idea de su tiempo. Y solo dos siglos mas adelante , en 1776, por un decreto de Luis XVI redactado por el ilustre Turgot , fue cuando se vió el trabajo emancipado en presencia del poder. real , si no en el hecho, al menos en principio. Por
LECCION DECIMACUARTA.. 247 último, la asamblea constituyente abolió definitivamente los gremios y magisterios , y aquellas corporaciones de aprendizage y de hermandad. Pero, con abolir los gremios y enseñanzas, ¿resolvió acaso el problema la asamblea constituyente ? No señores. En el dia se ventila aun la cuestion en el campo de la ciencia : hombres hay de muy respetable opinion, que echan de menos hasta cierto punto aquellos establecimientos. Llenos de temor por la libre competencia de los trabajadores , creen que aun queda algo por hacer , medidas que tomar; que no , ha sido completamente rebatido el sistema de reglamentos. ¿Y es esto cierto? ¿Tiene su temor algun sólido fundamen- to? Qué podemos ya esperar de los reglamentos ? En este exámen nos ocuparemos en la sesion próxima. Bástenos por de pronto reconocer que no se puede sacar ningun argumento de analogía , ni de las corporaciones de la edad media, ni de algunas instituciones de la antigüedad tales como los collegia opificum de los municipios romanos. Las circunstancias son muy diversas porque, á la verdad, de nadie sospechamos que quiera restablecer en nuestros tiempos , ni el sistema feudal de la edad media , ni mucho menos aun la esclavitud y la organizacion social del imperio romano.
LECCION DECIMAQUINTA. Division oficial de profesiones —Aprendizage forzado.--Siste- ma de corporaciones.—Intervencion del gobierno. im"."~11011~1111~~ SEÑORES : E l trabajo libre es un hecho de los tiempos modero» nos , un resultado de nuestra civilizacion. Servil en la antigüedad, casi servil en la edad media, en que los siervos sucedieron o los esclavos , al fin sacudió el yugo. que le oprimía en una gran parte de la Europa con la emancipacion de las clases trabajadoras cuando se formaron las comunidades. Sin embargo , todavía estaba coartada la libertad del trabajo por el sistema de reglamentos y de corporacianes. Aquellas corporaciones , producto necesario , en aquellos tiempos, de las circunstancias en que se veía colocado el trabajador ¿serian compatibles con el estado actual de la sociedad en Europa, y masparticular.. mente en Francia? Prescindamos desde luego de la ne• cesidad politica de que traen su origen. Sin duda algu na , los oficios no necesitan hoy dia organizarse en
LECCION DECIMAQUINTA. 249 corporaciones para ser protegidos; bástales el poder púlico. Desde luego es evidente que la sujecion, los gastos, y las pérdidas de tiempo que acarreaban aquellas corporaciones tan solo por ser tales y por necesitar de su organizacion y administracion correspondientes . , en el dia ni tendrían objeto ni compensacion. Porque ¿quién querrá encerrarse en una coraza y cubrirse con un pesado escudo , cuando en derredor de sí todo respira paz y seguridad Pudiera sin embargo considerarse á estas corporaciones bajo otro punto de vista político, tomado de nuestra organizacion social. Y se podría preguntar si esa porcion de trabajadores y de capitalistas, que se ha convenido en llamar clase media , podrá , diseminada como está en simples individualidades, sin mas ayuda que su inteligencia y sus riquezas , conservar la posidon social que ella misma se ha conquistado; si la po-• drá conservar á pesar de la nobleza y del sacerdocio, cuya potencia organizadora y cuyo espíritu de cuerpo nada ha podido destruir; si podrá conservarla, acosada por otro lado por la turba de trabajadores pobres y de proletarios, con la cual tiende constantemente á confundirle el comun origen , y de la cual no la separa ninguna señal profundamente marcada. En fin, pudiera preguntarse si esta situacion no es transitoria por su naturaleza, y si ese estado que nosotros creernos fijo y definitivo es otra cosa que la preparacion de un órden nuevo, cuya forma nos es aun desconocida. Pero suponiendo que semejantes pretestos de inquietud y de duda sean motivados , tales problemas serían demasiado estraños á la ciencia, para que nos hiciésemos un deber de resolverlos. Y aun así ¿ podría
230 ECONOMIA POLITICA. creerse con seriedad que su resolucion estaba reservada al restablecimiento de lis antiguos gremios de ár..." tes y oficios? Por tanto, aun los que hoy dia, seducidos por una utópia retrógrada, creen útil someter á todos los tra. Majadores á una regla cornun, fundándose en razones económicas y morales, no se descuidan en manifestar. cuanto mejor pueden que la miseria del trabajador y todos los vicios que reprochan á nuestra economía social, son las consecuencias necesarias de un escesó de libertad, y para valerme de la espresion al uso, de un s individualismo exagerado. Examinemos desde luego el sistema de los antiguos gremios. En seguida veremos que es preciso tomar las medidas legislativas que pudieran apetecer los que, convencidos de la inoportunidad de este sistema, quisiesen sin embargo ver establecida una organizacion uniforme de trabajo. Ahora bien, ¿cuáles eran los resultados económicos, mas palpables del sistema de gremios y enseñanzas? Dos principalmente: division oficial de i profesiones-, y obligacion de aprendizage. Procuremos examinar exactamente ambos. resultados. Desde el momento mismo en que para tener derecho á ejercer un oficio , se necesita pertenecer á una corporacion en calidad de aprendiz , oficial ó maestro, cada corporacion representa un oficio determinado. Cualquiera que trata de dedicarse á una profesion, debe conocer: cuál, es, por decirlo así , el colegio donde debe hacer sus estudios de trabajadol . , y adquirirsu título de capacidad. En las profesiones mas nobles e.4 es- ,
LECCION. DECIMAQUINTA. 251 tulio, de la jurisprudencia y de la, medicina es bien dis-. tinto el uno del otro > aunque entre ambas ciencias haya puntos de contacto, .como lo vernos en la medicina legal. por el sistema de las corporaciones, el principio de la áeparacion aplicado á los.oficios propiarnerite,dichos. En Florencia había veintiuna corporaciones del oficio ó arti, de las,cuales siete ocupaban el primer, lugar , llamadas arti maggiori, y 'constituían la verb-, dera aristocracia de la república florentina. De una, de. estas corporaciones salieron, los Médicis. Ya en el siglo XIII bajo el reinado de Luis IX se contaban en Pa- 1 • rís cien oficios quizá, cada uno de los cuales tenia su organizacion y se gobernaba por sus , estatutos particulares. El soberano concedía estos privilegios, ó los legitimaba á precio de oro, preparándose de este modo puntos de apoyo contra la aristocracia feudal. Es fácil valuar los resultados de toda division reglamentaria de oficios. Desde luego, ¿es posible esta division? esto es, una division buena y razonable? Así se ha mulo en un tiempo, en que no, se tenia una idea exacta del poder de la industria humana. Pero ¿podrémos nosotros participar de semejante pretension? Una division racional de oficios es una obra de ciencia; es el principio de la division del trabajo aplicado á la reunion de las fuerzas productivas. Dividir los oficios, fijarles sus lí mites, de modo que la division ni mutile ni paralice fuerza alguna, y que los límites de3ignaclos no venga a á ser trabas, es tino de los mas difíciles problemas . de clasiticacion que ofrece la ciencia al entendimiento humano; pasar en seguida de la abstraccion á la aplicadon , de la especulativa á la práctica , sería el últi-
258 IICONO31IA POLITICA. sólidos, con el mismo nombre que en otro tiempo, ¿se podrá por eso decir que hay fraude, que hay engaño? Es acaso su precio igual al de antes ? Desde luego á nuestra época se debe el inmenso beneficio de haber puesto al alcance del mayor número de consumidores una multitud de productos, y el haber proporcionado su valor con las facultades de todas las clases sociales. En ello han ganado tanto la industria corno los consumidores: el poderoso puede todavía satisfacer su vanidad, sin envidiar al pobre su modesto ajuar ni sus de centes y cómodos vestidos. ¡La instruccion I Preciso es reconocer que para un gran número de oficios es inútil un largo aprendizage; al paso que para otros varios como el de pianista, de relojero, de maquinista etc, , es el aprendizage tan absolutamente indispensable como para la profesion de la medicina ó de la abogacía. Pero en cambio hay oficios en los que el aprendizage está reducido al trabajo de algunas horas ó de algunos dias, todo lo mud Y sin embargo se les exigía mucho tiempo ; porque es-; ta á-en la naturaleza de todo cuerpo privilegiado el retardar cuanto es posible la admision' en seu seno de aquellos á quienes no puede menos de recibir. Esta er,4 una verdadera contribucion que imponian los maestros sin causa alguna. Smith, cuya sagacidad y método nada dejan que desear, ha demostrado bien claramente lo absurdo y odioso de este impuesto. Exigiase el aprendizage á un panadero, y no se le exigía al agricultor cuyo arte es mucho mas diacil de aprender y de practicar. Pero, en suma, ¿A qué se reducía este tan decantado aprendizage? zEra por ventura una escuela que el
LECCION DECIMAQUINTA. 259 Estado, como tutor coman, ponía al alcance de todo individuo? Era una enseñanza teórica que preparaba los talentos para una práctica entendida y progresiva? Era una instruccion encargada á hombres escogidos, que no tuviesen el menor interes en retardar los progresos de sus discípulos, en cortar las alas á los mas despiertos, y en favorecer á la mediada ? Nada de eso. El aprendizage se hacia en los talleres, con hom•- bres la mayor parte desprovistos de conocimientos teóricos , y faltos de deseos y de tiempo para cultivar su talento y aumentar sus, conocimientos. El número de aprendices era invariable.: el mismo número tenía el maestro hábil que el . ignorante. Además se privaba al discípulo de la libre eleccion ; asi es que se le destinaba, no al taller del maestro mas capaz, sino al del que tuviese plazas vacantes. De manera que el aprendizage no redundaba en favor de los discípulos, sino en provecho de los maestros ; siendo una especie de servidumbre temporal. El maestro trataba de procurarse las mayores ventajas posibles , sin cuidarse en lo mínimo de formar en su discípulo, un competidor, un rival temible. Por otra parte, ¿qué estímulo podría escitar á los trabajadores á esforzarse en mejorar los procedimientos de su industria? Ninguno. Asi que, dígase lo que se quiera, la historia de la industria francesa nos demuestra claramente que ha progresado mas en veinte años, desde la emancipacion de los trabajadores , que antes en dos siglos. El hombre que hubiese manifestado un talento estraordinario, hubiera sido mirado por SUS maestros con tan malos ojos como lo seria por el senado veneciano el jóven patricio que anunciase una vas-
9 60 ECONOMIA POLITICA. ta ambicion y una rápida marcha en la carrera politica. Desde luego se sabia que á la vuelta de cierto tiempo, el que obtenía la gracia de su maestro por medio de una baja servidumbre, de fijo llegaba á ser oficial , y en seguida á maestro. El requisito esencial era la sumision, la admiracion l ' Aoja sus superiores , el desden hácia toda novedad. Entonces no había que inquietarse por el porvenir: porque ¿qué zozobra podían tener unos hombres á quienes la falta de competencia libre aseguraba en todo caso una suficiente clientela? En una palabra , la instruccion era imperfecta . la rutina dominaba en los talleres : las garantías que se pretendia obtener eran incompatibles con la naturaleza de las cosas. El privilegio era , ademas . de intil odio so. Los productos, tan pronto superabundantes como insuficientes, jamás estaban en proporcion con las nece-d sidades. Ya lo hemos dicho: en un tiempo en que tan- to abundaban en Europa las veedurías y magisterios, la ciudad de Milan, que por una feliz escepcion disfrutaba de la libertad de industria , se hizo muy pronto célebre en todo el mundo por sus paños y demas manufacturas. bias luego que se introdujo tambien allí el sistema de los gremios decayó la industria milanesa ; sin que por eso se achaque aquel mal á esta sola causa. La Inglaterra adoptó tambien el sistema de gremios y de enseñanzas, el cual existe allí todavía. ¿Y se dirá por esto que aquel pais debe á semejantes corporaciones el haber remontado su industria á tanta altura , y el haber hecho tamaños prodigios la produccion , ya en la calidad, ya en la cantidad , ya en la taja de precio de los productos 9 Lo que si se dirá con toda verdad es, que se htut
LECCION DECIMAQUINTA. 261 obtenido semejantes resultados á pesar de las corporaciones. Los ingleses tienen un apego extraordinario á sus antiguas leyes : se complacen en proclamar su estabilidad y eternidad ; pero con tal que no se apliquen, 6, en caso de aplicarlas, acomodándolas al tiempo presente por medio de una interpretacion sutil é ingeniosa. Conservan pues sus corporaciones, y el estatuto de Isabel no ha sido nunca derogado ; mas ápesar de la generalidad de sus términos , los ingleses han dicho: el sistema debe conservarse , pero únicamente en los mercados del tiempo de Isabel , y para los oficios conocidos é incorporados entonces. Todos los demas son libres , y aun los mismos reglamentados lo son tambien fuera de los lugares indicados. Asi es que los nue_ vos descubrimientos , del mismo modo que los nuevos oficios, y aunque los antiguos en las poblaciones que entonces eran de un órden inferior, siempre se han conservado libres y nunca han estado en pugna con los estatutos y constituciones. Bastaba un nombre nuevo, una ciudad nueva , para librarse de trabas : ¿y se dirá ahora que la industria inglesa se ha desarrollado, merced á las corporaciones y á las garantías que la produccion encontraba en los gremios? Con todo, no queremos pasar en silencio una observacion que podrá ser de algun peso para aquellos que como nosotros estén convencidos de que interesa al pais y á los trabajadores que la poblacion se desarrolle muy lentamente. Se dice que los gremios y enseñanzas servirán de freno, porque los padres de familia - no tendrán una ilimitada esperanza de dedicar á sus hijos á cualquiera oficio ó profesion útil , sabiendo qu-e esta carrera no está abierta á todo el mundo, y que ao
262 ECONOMIA POLITICA. á todo el que quiera le es licito entrar en el inmenso taller de la industria nacional, cuyo noviciado es largo y costoso á la vez; que se evitarán muchos matrimonios imprudentes y precoces que encontrarán un obstáculo en el sistema de gremios , los cuales vendrán á ser de este modo una medida preventiva contra el esceso de la poblacion. Aun cuando la consecuencia fuera cierta , sin embargo no creo que favoreciera nada á los gremios y enseñanzas. Porque no juzgo necesario conseguir para la sociedad por malos medios aquellos resultados que deben ser fruto de su moralidad y prevision. Pero sin entrar aqui en tan importante cuestion, económica y moral á un mismo tiempo, limitémonos A manifestar que los hechos no justifican la observacion. Para que tuviera algun valor, preciso sería que todos los oficios estuviesen reglamentados en corporaciones. Ahora bien, ya hemos visto que aun en los tiempos en que este sistema se generalizó mas , se concretó siempre á ciertos oficios y á ciertas poblaciones. Desde entonces se obzervó que el aumento de la 'poblacion estaba de parte de las profesiones y de los oficios libres ; lo que era para ellos un mal de consideracion, puesto que debían soportar todo el peso rechazado, por decirlo así, de los otros. En fin, aunque fuese cierta la observacion , no convendría buscar semejante resultado con institu.- ciones que paralizan la industria, que suponen una inamovilidad quimérica en las necesidades del rnercado, y entorpecen toda division racional del trabajo. Pero hay hombres que se lisongean de poder re« producir anejas ideas por medio de denominaciones nuevas. Ellos como nosotros rebaten los gremios yles
LECCION DECIMAQUINTA. 263 enseñanzas; las corporaciones no son de su gusto ; los privilegios les son odiosos. Demandan tan solo leyes que impidan el descrédito que los malos obreros causan á la industria nacional, y que corten los perjuicios que se ocasionan mutuamente los trabajadores con una deplorable y escesiva competencia. Lejos de nosotros la idea de pasar en revista todos los proyectos imaginados con el objeto de sustituir reglamentos modernos á los estatutos de las antiguas corporaciones. Estos detalles ningun interés nos ofrecerían , puesto que la libertad de los trabajadores garantida por nuestras leyes , está al mismo tiempoase- gurada entre nosotros , por nuestras opiniones y por nuestras costumbres. No es en Francia donde el trabajador puede temer el restablecimiento de las trabas antiguas. Finalmente, estos proyectos pueden reducirse á dos puntos principales. ¿, Se trata de exigir para la generalidad de profesiones un aprendizage forzado y pruebas de capacidad ? O bien de distribuir los trabajadores en los diversos oficios, á voluntad del legislador , é imponer á su trabajo y á la libertad de pasar de un oficio, ó de un lugar á otro , condiciones distintas de /a conveniencia de las partes interesadas ? En este caso semejantes reglamentos serían una verdadera reproduccion del sistema de enseñanzas , si ya no constituian otro aun mas pernicioso, diérasele el nombre que se quisiera. Por el contrario , respetada la libertad de los trabajadores , todas las medidas á que pudiera sujetársela serían meros reglamentos de policía. Y entonces in-
264 ECONOMIA POLITICA. cumbiria mas al derecho público , que á la economía política , fijar su estension y apreciar sus consecuencias. Ademas, nosotros no considerarnos aquí la cuestion de la libertad del trabajo sino bajo el punto de vista de la produccion. Ahora bien , los intereses de la produces clon hállanse garantidos desde el momento en que al trabajador se le Permite ensayar sus fuerzas , y no se opone el menor obstáculo á la libre competencia del trabajo. Pero ¿podrá decirse que nuestro deseo es escitar la imprudencia de los trabajadores, desviarlos del espíritu de asociaeion , y sacrificar á la cuestion de la pro - duccion otra mas grave , mas complicada aun , cual es la de la distribucion de la riqueza ? Autorizará esto á decir que para nosotros sea la libre concurrencia un principio tan absoluto que no admita , ni la menor limitacion ni la menor escepcion por razonable que sea ? No , de ningun modo , señores : mas es imposible decirlo todo de una vez. Al hablar de las leyes que debian regular el mercado y determinar el valor en cambio, hicimos ya observar que la libre concurrencia no era un hecho tan general como algunos economistas han querido suponer. Ya se nos presentará otra ocasion en que reproducir tan importante observacion. Al tratar de la pobiacion, y de su influencia, primero sobre la produccion y después sobre la distribucion de la riqueza : al estudiar la accion del capital, y mas tarde, las leyes de las utilidades y de los salarios, tendremos ocasion oportuna de reconocer las reglas que los
LECCION DECIMAQUINTA. 265 trabajadores deberán imponerse por su propio interés; los escollos contra los cuales irán inevitablemente á estrellarse si, despreciando el poder é influencia de cier tos hechos, se dejan arrastrar de consejos imprudentes, cerrando los oidos á las lecciones que la Providencia ha puesto al alcance de todo ser racional. Veremos al mismo tiempo que estas consideraciones no quitan la menor fuerza á los argumentos que justifican el principio de la libertad de los trabajadores. Preciso es confiar en su interés y en su reflexion. La ley con sus medidas generales y necesariamente mancas, paralizando la produccion natural, retardaría el mejoramiento de la condicion de las clases pobres. Pero porque repudiemos completamente el sistema de gremios y enseñanzas , y cualquiera otro que le sea análogo , se ha de decir que escluimos del sistema de libertad toda escepcion por legítima que sea , ó que proclamamos como principio absoluto que no es necesario tener en cuenta para nada, ni la capacidad, ni la moralidad de los trabajadores? Una y otra consecuencia este en á nuestro pensamiento. Miremos las cosas mas de cerca. Lo hemos dicho muchas veces y no nos cansarémos de repetirlo: no son los intereses económicos los únicos en que debe ocuparse la sociedad. Que limite la ley, si es posible , el trabajo de los párvulos en las fábricas, que sujete á reglas determinadas el servicio de la marina mercante, la profesion de buhonero ; el economista puede y debe señalar los efectos de estas medidas sobre la produccion nacional ; y no podrá intentar reducir la cuestion á los estrechos limites puramente económicos.
266 ECONOMIA POLITICA. Mas : hay ciertos trabajos, sobré todo entre los intelectuales, que pueden , por sus resultados, ejercer una influencia irreparable, ya en el individuo , ya en la soi:iedad. Añádase , que hay ciertas producciones cuyos - resultados es fácil apreciar, aun cuando se ignoren los procedimientos del trabajo. Yo por ejemplo, desconozco completamente las operaciones que son necesarias para la fahricacion de ciertos muebles , y sin embargo podría comprados sin temer demasiado la mala fé del fabricante. Pero al mismo tiempo hay otros productos que el vulgo de ninguna manera puede estimar; los del médico por ejemplo. Los magistrados, empleados públicos , abogados, escribanos, procuradores, maestros, corredores de cambio &c. , pueden con sus yerros causar igualmente inmensos perjuicios al particular que sea su víctima, y difundir al mismo tiempo una funesta alarma en la sociedad. Sus servicios son en cierta manera indispensables para todo el mundo ; y sin emhargo, es tan especial su capacidad, que á los consumidores les es imposible calificar estos servicios. Por otra parte, no es muy de temer la inmoralidad de un mercader ó fabricante. Puede examinarse el género antes que se verifique la compra, y entonces el daño es apreciable y limitado. El médico 9 el abogado, el magistrado no nos ofrecen antes de obrar una muestra de curas, de informes ó de fallos. La cuestion pues traspasa por su naturaleza los limites de la economía politica. No se trata solamente de saber si la libre competencia nos proporcionará productos mas abundantes y mejores , sirio que la mora! y la política intervienen en la cuestion. La proteccion
LECCION DECIMAQUINTA. 267 debida á la sociedad en general, y la necesidad de prevenir una multitud de crímenes y errores exigen imperiosamente ciertas medidas preventivas. Ni aunque por eso encareciesen algunos productos , ó hubieran de paralizarse algunos talentos , la moral y la política podrian autorizar la supresion de tales medidas. En unas profesiones se exige á los candidatos que dén pruebas de su capacidad : en otras que garanticen á un mismo tiempo su capacidad y su moralidad. En otras hay un número limitado de titulares , y la eleecion está reservada á la autoridad superior. Finalmente, en algunos paises, en Francia por ejemplo, el gobierno exige una fianza mas ó menos considerable, y en. caso de vacante, otorga de ordinario su placa al candidato designado por el propietario titular como comprador del oficio que éste piensa renunciar. No es de nuestro propósito someter aquí á un análisis critico las diversas condiciones que se imponen á las profesiones indicadas, y á otras análogas. Resultan sin embargo de estos hechos dos graves cuestiones que creemos no deber pasar por alto , sin hacer sobre ellas ciertas observaciones. ¿Es realmente necesaria, ó al menos útil , esta 1i- mitacion en el número de producbres, en ciertas profesiones ? Y en el caso de estar por la afirmativa , qué dirémos de esa práctica que permite al propietario vender su plaza al candidato de su eleccion ? O en otros términos , qué se debe pensar acerca de la venalidad de los oficios? Antes de resolver en este asunto, dirán algunos descontentadizos, examinemos como cuestion prévia si
271 ECONOMIA POLITICA. ductores. Esta medida ha sido siempre rebatida en nombre de la libertad de industria y del principio de la competencia. Como relator imparcial es deber mio manifestar las razones que en la apariencia la justifican. Acabamos de decir que el escribano y el agente de cambios son á la vez productores y oficiales públicos: corno productores, se considera principalmente su capa• cidad; como oficiales públicos, es preciso ante todo in. quirir su probidad, su moralidad. El agente de cambio, mientras ejerce su oficio en el comercio, en conformidad con la ley, es en cierta manera un testigo pri_ Nilegiado, hombre de quien nos dirá el gobierno: Depositad en él vuestra confianza : yo sé que la merece. Si yo presto declaracion ante dos escribanos , obtendrá mas crédito que si la hubiese prestado ante otras dos personas cualesquiera: y aunque no la haya podido firmar, basta que el documento tenga las apariencias y las formas de un instrumento público, para que no pueda sustraerme á él sin promover un juicio de falsedad. No hay inconveniente en que la capacidad de estos agentes sea diversa. Para una causa complicada solo se busca al abogado mas instruido , si es posible: y al agente mas hábil, para una negociacion delicada. La moralidad por el contrario, preciso es notarlo, no admite mas ni menos; porque aqui hablamos de probidad, no de destreza. Por otra parte, la ignorancia no puede estar °cut.- ta: bien pronto es conocida y descubierta ; la perversidad, por el contrario, se disimula mucho tiempo ; y es deplorable cosa en verdad, que busque siempre su abrigo en el talento, para ofuscar con su brillo la penetrante mirada del público.
LECCION DECIMASESTA. 275 No hay que aplicar estas observaciones únicamente á las profesiones oficiales propiamente dichas; otras hay que en rigor pudieran colocarse en la misma linea. El farmacéutico no es solo un químico mas ó menos hábil, un hombre cuya ligereza ó ignorancia pueda causar grandes males; sino que es tambien una especie de oficial público. ¿Cuál no seria la inquietud de las familias, la alarma de los enfermos, si al recibir cual.- quiera composicion ó pócima de un hombreque les es personalmente desconocido, no estuviesen ciertos de la veracidad del rótulo que lleva el medicamento? Sucede con las medicinas lo que con la moneda , que .se recibe en fé de un testimonio: pero con la diferencia de que las monedas, cuando hay duda pueden comprobarse, al menos por su peso, al paso que solo uno de la misma facultad podría examinar los compuestos del farmacéutico. En vista de tamaños peligros, los gobiernos se han visto obligados á acumular medidas preventivas para cadaprofesion, y á las pruebas de capacidad, A la fianza , á las garantías que ofrece la disciplina de las corporaciones, han añadido el nombramiento por la autoridad pública, y han determinado el wirnero de los concurrentes. Y ¿es este un fuerte y grave golpe dado al principio de la libertad? Sigamos nuestro exámen. Y desde luego, por verdadero é importante que sea el principio de la libertad, ¿debemos exagerar su influencia á la manera de algunos economistas? Ignoramos tal vez que este influjo no es el mismo en la produccion intelectual que en la puramente mecánica? Puede haber completa y absoluta competencia entre los fabricantes de medias y los fabricantes de azucar; pero
276 ECONOMIA POLITICA. ¿sucede lo mismo entre los abogados , médicos y artistas? Por ventura, entre el sinnúmero de médicos y cirujanos de Paris ¿habrá muchos que pueden competir con los Dupuy tren y los Portal? A los productores intelectuales se les clasifica por su mérito real y por su reputacíon, y las líneas de demarcacion que separan á los unos de los otros son insuperables. La república de las letras (en la que se han de comprender las bellas artes y las ciencias) es eminentemente aristocrática tiene muy poca tendencia á la igualdad de condiciones, en ella es en donde la plebe es mas digna de compasion. Pero sin que tratemos de insistir aqui en los coro_ larlos de esta observacion , y reconociendo corno reconocemos que no es indispensable el genio de Ricardo ni el talento de Dumoulin, para ser ó un buen corredor de cambio ó un procurador recomendable , no podemos menos de recordar que la moralidad humana no es por desgracia una virtud cuyos limites sea dificil encontrar, á lo menos en el mayor número. ¿Seria por lo tanto conveniente, seria cosa discreta ni moral, esponer al hombre á la necesidad y confiarle del todo funciones importantes y peligrosas , encargarle completamente la decision de los intereses mas considerables, que depende solo de una palabra, de una omision, de una artería, de un crimen, las mas veces tan fáciles de ocultar? Seria conveniente esponer á la sociedad á tamañas alarmas é inquietudes? Y sin embargo ¿qué sucedería si ciertas carreras 6 profesiones que exigen una gran moralidad, estuviesen abiertas á un número ilimitado de aspirantes? Sucedería lo que con muchas profesiones libres. Porque ¿quién
LECCION DECIMASESTA. 277 ignora que hay muchos médicos sin enfermos, muchos abogados sin litigantes, muchos maestros sin discipupulos? Por la misma razon habria tambien muchos procuradores sin asuntos, muchos corredores de cambio sin negociaciones, muchos escribanos sin despacho, 6 al menos la parte de trabajo de cada uno seria tan pequeña y reducida, que apenas puedieran proveer á sus necesidades y conservar en la sociedad el puesto correspondiente á sus respectivas profesiones. Es una idea muy comun , pero que importa sin embargo recordar en este momento, que las necesidades individuales no son para todos las mismas. Cada uno de nosotros , gracias á nuestra educacion, á nuestras costumbres y á nuestra profesion , esperimenta ciertas necesidades indispensables que no son comunes á todos los hombres. En muchos paises civilizados, como en Escocia por ejemplo, es muy comun en la gente del campo andar con los pies desnudos, sin esperimentar por eso el me- nor sufrimiento físico, ni creerse moralmente degradados, porque aquella es la usanza del pais. En otra nacion , el campesino que no tuviera zuecos por lo menos, sería mirado como mendigo. Ciertamente que si un letrado no tuviera zapatos , escitaría de fijo , aunque sin razon tal vez, cierta desconfianza en su cliente. Porque para él es una necesidad tan indispensable un calzado decente, corno un vestido cualquiera para todos los demas. Cada profesion está inevitablemente sujeta á ciertas conveniencias de un órden mas ó menos el evado, á cierto género de vida mas ó menos costoso. Conviene no perder de vista que las cosas que el hombre es ca-
278 ECONOMIA POLITICA. paz de desear, pueden reducirse á tres puntos capita_ les: cosas necesarias, cosas convenientes ó útiles, y cosas de uro deleite ó de lujo. En todas las clases de la P sociedad que están fuera de los tiros de la miseria, se encontrará esta triple distincion. Y seria una especie de cinismo fantástico imaginar que todos los hombres tienen las mismas necesidades. Ahora bien, volviendo á las profesiones que por la naturaleza de sus funciones exigen garantías positivas de moralidad, con razon se ha podido temer, que , si los hombres dedicados á una ti otra de estas profesiones se encontrasen por efecto de la libre competencia imposibilitados de obtener por su trabajo, no solo aque - Do que pudiese convenirles, sino aun lo absolutamente necesario, su moralidad , así acosada por la necesidad, tendría espuestos á los consumidores á daños inevitables y sin remedio. lié aquí, á mi juicio, el argumento concluyente. Si los otros no son de igual fuerza, merece aquel tomarse en mayor consideracion, tanto mas cuanto la esperiencia parece haber confirmado la necesidad de esta escepcion (y no es la única) á los principios de la libre competencia. Me concretaré á citar un solo hecho. El privilegio de los agentes de cambio, abolido en 179 1, no tardó en restablecerse. Y no por la monarquía en su restauracion, sino por la convencion misma. Se esperimentó la necesidad de una policía para la Bolsa; porque habiéndose constituido en agentes de cambio una ilimitada concurrencia de personas, se originó tal desórden en las negociaciones , que fui; preciso reducir su número á veinticinco: confiando su nombramiento á las juntas de
LECCION DECIMASESTA. 279 salud pública y de hacienda. Reorganizóse de nuevo la corporacion durante el consulado, y se exigieron fianzas. Y despues, en 1816 y 1818, acabó de completarse esta organizacion. A demas de esto, en la práctica, la cuestion depende siempre de la medida de confianza que la ley concede á ciertas profesiones. Cuanto mas importantes y tras• cendentes son los actos de que se las hace capaces, tan- to mayores y mas tranquilizadoras deben ser las procauciones que se tornen. El derecho de estender los actos judiciales pudiera muy bien no ser un privilegio, y serían nulos los inconvenientes que semejante libertad pudiera ofrecer, donde estos actos no tuviesen la importancia que entre nosotros . , y en donde no originasen los mismos perjuicios á aquellos cuya confianza hubiese sido sorprendida. Pero si se reviste á ciertos hombres de poderes mny árnplios y peligrosos , pasa á ser secundaria la cuestion de la libertad del trabajo. Porque no se trata ya entonces de saber si el producto será mayor ó menor , mas ó menos perfecto, mas ó menos caro ; sino que absorverán la materia entera los principios de la moral y del órden Mico. Se insistirá tal vez; y se dirá que es posible asegurarse á priori no solo de la capacidad sino de la moralidad de estos agentes ; que así se procede entre nosotros con respecto á los maestros de instruccion primaria, en virtud del articulo cuarto de la ley reciente, que realiza para este ramo de la instruccion pública, el principio de la libre enseñanza, establecido en la constitucion. ¿Seria acaso menos importante probar la moralidad del hombre que recibe de los padres de familia el
280 ECONOIVIIA POLITICA. sagrado depósito de sus hijos, que la de un corredor un escribano? El argumento es especioso, y aun á nosotros mismos nos seduce, á pesar que deseamos la aplicacion mas amplia y estensa del principio de libertad; sin embargo creo que peque por la base; vds. lo juzgarán. Ante todo, ¿es posible asegurarse con anticipacion de la moralidad de un ) hombre, por medio de pruebas directas y oficiales, como puede hacerse de su capacidad ? No hay duda que nos faltan los medios para hacerlo. La moralidad no admite mas pruebas que el testimonio. ¡ Pero qué testimonio! El testimonio de lo pasado, cuando se trata de asegurar el porvenir: un testimonio relativo á los primeros años de la vida, antes de las seducciones y tentaciones del mundo ; y sin embargo, se quiere que este sea una garantía contra esas mismas seducciones y tentaciones ; en una palabra, un testimonio que por su naturaleza no puede ser sino negativo : y ¿quién ignora que el testimonio positivo es el único que puede obrar en nuestro espirita como prueba irr€cusable? Y si al menos pudiera obtenerse este testimonio negativo con todas las garantías necesarias, y con plena libertad de contradiccion y de debate público... Pero esto es imposible. Convenimos pues en que aquel que no quisiera encomendar el menor de sus negocios á un procurador novel, no se atrevería por eso, al menos sin hechos palpables y notorios, á rehusarle el certificado de moralidad , y á cerrarle con su propia mano una carrera que constituye su modo de vivir, el objeto de. sus estudios y la esperanza de su familia. Y por otra parte, de mejor grado querría renunciar á toda prueba,
I.VCCION DECIMASESTA. g8t ',que inspirar al público una confianza que él no tenía, contentándose con pruebas insuficientes e indirectas. Estas son suficientes para los maestros de educaclon primaria. Guárdenos el cielo de hacer un mal pronóstico de nuestra escelente ley. Unicamente diremos que la comparacion no es justa. El maestro ejerce, es cierto, una especie de sacerdocio ; puede causar á la sociedad un mal inmenso, un mal, digámoslo asi, aun mucho mayor que el bien que la puede reportar. Es muy fácil desfigurar insensiblemente la conciencia y pervertir la rectitud natural de la infancia. El maestro debe por lo tanto ser esperimentado, puro y ge neroso , de escelentes costumbres , de una conducta irreprensible á todas luces. En esto estamos de acuerdo. Pero digamos de buena fé: ¿qué interés puede tener en no serlo? Permítasenos no hacer alusion á los desvaríos abominables de ciertas imaginaciones depravadas. Fuera de estas raras infamias que no pueden estar por mucho tiempo ocultas , ¿qué mal puede ocasionar un maestro de educacion primaria? ¿Qué beneficios puede esperar de una falta de delicadeza y de probidad, de una culpable parcialidad, de una inicua complacencia? ¿Cambiará por eso de estado? ¿Podrá abandonarse á las ilusiones de una gran recompensa, á las seducciones de una promesa fascinadora ? El maestro no tiene otra esperanza que su buena conducta, su celo y actividad incesantes, y su imparcial desvelo. Entonces se grangeará la estirnacion y afecto de las familias, las únicas que pueden asegurarle un porvenir modesto, pero seguro y honroso. Ademas, el maestro no se halla rodeado de misterio ni trabaja en las sombras de su gabinete ; está constantemente á la vista de las
282 ECONOMIA POLITICA. familias , de sus superiores, del público. Todo cuanto dice , todo cuanto hace, lo observan cien ojos y lo repiten cien bocas. Así que, una especie de conexion ó vinculo que pudiera llamarse providencial, hace que, en esta profesion tan importante para el porvenir de las sociedades, las garantías sean los mismos medios de ejecucion, y casi inseparables de ellos. Basta la obra para que el público sepa si la accion es ó no conforme á la ley del deber. Al hipócrita, imposible le sería conservar mucho tiempo su engañosa máscara, ni preparar á la sombra del misterio males irreparables. Por otra parte, creer que en la instruccion pública se puede, en todo caso, conciliar el principio de la libre competencia con todas las garantías que parecen exigir los estudios mayores, es un abstrdo, un imposible. Ile aquí un ejemplo patente. Abriéronse las oposiciones como medio de proveer las cátedras vacantes en las facultades de medicina y de derecho. Pero se temió al mismo tiempo que la enseñanza de los estudios mayores viniese á ser en cierto modo la propiedad de algunos hombres, capaces sí, pero de una moralidad dudosa, ó de opiniones contrarias al órden de cosas establecido. Con razon ó sin ella, horrorizó el pensar que la juventud, que un dia había de ser llamada al manejo de los negocios públicos , pudiese, en una edad en que las impresiones son á la vez fáciles y duraderas, empaparse en aquellas cátedras de ejemplos perniciosos y de principios subversivos. ¿Cuál podrá ser, deciase , la autoridad moral de un gobierno que, juguete de sus propias leyes, organiza á gran costa y á vista de todo el mundo escuelas que han de convertirse en
ISCCION PECIMASEStt. 283 Vastos semilleros de descontentos y de enemigos? Al mismo tiempo se reconocía que los certificados de bueda vida y costumbres no eran en semejante caso una suficiente garantía. ¿Pero qué es lo que se ha imaginado para obviar estos inconvenientes? Veámoslo en el estatuto del 10 de mayo de 1823 ; medida de todo punto inofensiva por irrealizable, y la mas escandalosa si fuera posible llevarla á efecto. Despues de inscritos todos los candidatos, el minis• tro , ó si se quiere el consejo real, habla de tener facultad para borrar de la lista los nombres de aquellos cuya conducta, carácter ú opiniones no le ofrecie.d g en suficientes garantías. Proles Deus! Y dependerá de un ministro , de una autoridad cualquiera , cortar de un modo tan arbitrario la carrera de un hombre , y afear su reputacion con una mancha indeleble, sin que- ja formal, y sin admitirle defens3, ni justificacion , ni apelacion! Abiertas las pruebas para la capacidad, no era sobre esta sobre la que recaía el fallo, sino que la reprobacion se dirigía á las opiniones, al carácter, á la conducta. La inquisicion obraba de una manera mas lógica, porque al menos interrogaba al acusado. No creo se haya recurrido jamás á semejante poder. Por fortuna, los nombres de los candidatos para los diversos concursos ú oposiciones, nunca han puesto al gobierno en la dolorosa alternativa, ó de ejercer un, poder tiránico, ó de correr el riesgo de ver confiada á hombres peligrosos la enseñanza de los estudios mayores. Precisamente por haber quedado este estraño medio reducido á la esfera de las abstracciones, es por lo que no hemos tenido inconveniente en citarle como
-290 ECONOWA POLITICA. maba el conde de San Simon hablando de la venalimdad de los empleos militares, que corroe hace mucho tiempo todas las clases y condiciones del Estado, á la cual tendrá al fin que sucumbir , y por fortuna apenas es conocida en los denlas paises de la Europa. » a
LECCION DECIMASEPTIMA. Para aumentar el poder del trabajo , y desarrollar las diversas disposiciones de los trabajadores , debe el Estado valerse de hinstruccion general.--Los reglamentos que limitan la tac. cien del trabajo , prescribiéndole los medios de aplicacion y los resultados que debe producir son , en axioma general, tan perjudiciales á la produccion , como los que coartan el movimiento libre de los trabajadores. 1111111...~.1~~...~..~~1.1111111. SEÑORES L as corporaciones y cofradías de oficios, los gremios, colegios, veedurías, ó cualquiera otra institucion análoga , no son los medios que aprueba la razon y que la experiencia autoriza. Corno tesis general , la libre competencia de los trabajadores es mas útil á la produccion que el trabajo sometido á restricciones y trabas. Bossuet se dejó llevar demasiado do su amor á la unidad y á la regla, cuando, a! hablar de las castas egip cias , de aquel sistema estacionario en que todo , hasta los oficios mismos eran hereditarios , decid : « Por este medio todas las artes llegaban á su perfeccion.» lié aquí ademas uno de las errores que pueden seducir hasta al hombre de genio , porque encierran una parte
292 ECONOMIA POLITICA. de verdad. En efecto , una de las razones que justifican la division del trabajo y que hacen de este hecho económico uno de los resortes mas poderosos de la produccion es, que cuanta mayor costumbre hay de hacer una cosa, tanto mejor ésta se hace, ó en otros términos , la ventaja que se saca de la constante repeticion de los mismo actos por el mismo individuo. La observacion ha demostrado que en una fábrica no convenia hacer lo que la ignorancia hacia muchas veces, á saber, permitir la con fusion de toda clase de trabajadores , y creer que se economizan tiempo y gastos cuando un mismo obrero desempeña funciones diversas. No he tratado de la division del trabajo , porque este es un principio ya reconocido en la ciencia , é incuestionable. Ahora bien , lo que Bossuet decía de las castas egipcias tenia de verdad que , merced á la perpetua repeticion de unos mismos actos en una misma familia , y á aquella práctica tradicional que de este modo pasaba de padres á hijos , se habla llegado en las producciones que requieren un trabajo largo, constante y minucioso , á un grado de perfeccion y de exactitud extraordinario. Pero ¿qué son los progresos del arte y de la industria en los paises de las castas , comparados en el mundo antiguo con los de la Fenicia , de la Grecia y sus prósperas colonias , de las costas de Africa , del Asia Menor, de la Sicilia, de la Italia meridional y de la Galia ; y sobre todo , comparados en el mundo moderno con los de los paises que no contentos con haber repudiado la esclavitud como un crimen, han sabido eludir ó destrozar las trabas de las corporaciones y la sujecion tiránica de las veedurías? Sin duda alguna, por todas partes donde la riqueza ,
LECCION DECIMASEPTIMA. 293 poder y la ciencia son el privilegio esclusivo de una casta , con tal que no se halle embrutecida por la pereza y los placeres sensuales ,posible es que en sus ocios aristocráticos consiga levantarse á un eminente grado de desarrollo intelectual : que realice, si es due. ; ña de un pueblo dócil y sumiso, ingeniosas y aun grandes concepciones : que asombre al mundo con monumentos como las necropolis y los templos de la Tebaida , del Egipto, de Elephanta , y de Mavalipuram en las Indias. Pero aun asi qué son , considerados bajo el punto de vista económico , los trabajos de la India y del Egipto , comparados con los productos tan ricos, tan variados y tan multiplicados de la libertad en el mundo moderno ? ¿Y cuál era , si se quiere ensanchar la cuestion, el estado de las naciones esclavizadas de la antigüedad, aun comparado con la mas humilde condicion de nuestros libres trabajadores`? Lo que el Estado debe garantir á los pueblos, lo que debe poner al alcance de todo el mundo , por medio de los fondos comunes administrados por el gobierno , y aun imponer tal vez como obligatorio, es cierto grado de instruccion y de educacion quisiera encontrar una palabra que reuniese con vinculo indisoluble ambas ideas. El hombre sale de las manos de la naturaleza ciego é impotente. Sus facultades instintivas , fecundas , divinas si se las desarrolla , le dejan , entregadas á si mismas , inferior al animal. Sin querer aquí entrar en la cuestion bajo todas sus fases , y limitándonos al lado menos importante, que es , sin duda, el punto de vista económico qué provecho puede esperar la sociedad de una poblacion estúpida , brutal y degradada , mas apta para destruir con su ignorancia y sus bajas pasiones,
294 ECONOMIA POLITICA. que para producir con su inteligencia y su trabajo? El dueño de una fábrica despide á los obreros que advierte incapaces y desarreglados : puede igualmente la sociedad espulsarlos del gran taller nacional? ¿puede igualmente dejarlos tendidos y abandonados á merced del hambre y de la miseria? Ni la moral ni la política lo permitirían, y menos la economía política. El fabrícante puede no atender mas que á su interés , o si se quiere, á su derecho. La ley le protege; el ojo de la policía vela sobre él; la fuerza pública guarda su casa. Pero ¿quién proteje á la sociedad? ¿quién la guarda cuando la mayor parte de sus hijos se halla embrutecida por la ignorancia , escitada por viles pasiones, descarriada por la necesidad y el crimen ? ¿ Cómo podrá purificar mas y mas sus tendencias y gustos , ennoblecer sus necesidades, ampliar su campo, y multiplicar los medios de subvenir á ellas? ¿Quien la ayudará á sostener la competencia en los mercados del mundo : á seguir los progresos incesantes de la humanidad en la carrera de la produccion , y á obtener de este modo su parte en la distribucion de la riqueza general ? La ignorancia del pueblo halla sus panegiristas. El hombre aplaude y critica todas las cosas. Es tan estravagante repartidor de la censura y del elogio, que esto solo nosprueba que el juez supremo del mérito y del demérito es otro ser muy diverso. Pero yo no sé al menos que se haya llevado el paralogismo hasta el punto de decir que cuanto mas ignorante es uno , es tanto mas rico; que la ignorancia es la habilidad. No, por el contrario; lo que se ha dicho es que el pueblo no debia recibir instruccion,porque así la moral, como la politica , exigian que fuese pobre.
LECCION DECIMASEPTIMA. 298 Para nosotrosque rechazamos con todas nuestras fuerzas semejantes máximas,que quisiéramos poder llamar añejas, es pues evidenteque el Estado puede im. poner como deber cierto cultivo del entendimiento , á la manera que se exige el vestido y un decente continente para el cuerpo. Y el mismo derecho tiene bajo el punto de vista económico;porque cuanto mas se sustituye el poder científico, por la marcha natural de las cosas, á la fuerza puramente muscular del hombre, con tanta mas dificultad encuentra cotocacion el trabajador desprovisto de toda instruccion. Resulta entonces una carga para la sociedad, la cual, por mas que se. diga, ni puede, ni quiere dejarle morir de hambre. Há llale á las puertas de sus casas de beneficencia , de sus hospicios, de sus hospitales , de sus prisiones, en el atrio de sus templos, en el umbral de una casa acomodada , y la sociedad no tiene otro recurso que , ó cerrar los ojos, ó encargarse de él y ampararlo, bajo cualquier pretesto y nombre. El impuesto para la indigencia se disfraza con mil formas y penetra por todas partes donde le llaman la ignorancia , el desprecio de si mismo, y la miseria. La dificultad consiste en darle la forma menos propia á aumentar la turba de necesitados, castigando la imprudencia y la flojedad. Y no se diga que la educacion oficial , si es gratui ta, alivia al padre de familia de una deuda sagrada y estimula la poblacion, viniendo á constituir una especie de impuesto á los pobres, Por un lado, la educacion puede ser general y obligatoria, sin ser enteramente gratuita; y por el otro es un estimulante nada temible. ¿Habrá quién formalmente crea que los imprudentes que no temen dar la existencia á seres que no han de poder
296 ECONOMIA POLITICA. ni manden« ni vestir, que se esponen á oirá sus hijos, llorando de hambre, pedirles un pan que forzosamente no podrán darles; han de llegar á ser cautos y prudentes padres de familia , porque el Estado no se encargue de enviar á sus hijos á la escuela? No es nuestro propósito trazar aquí los límites de esta instruccion comun , de esta educacion inicial, primera revelacion para el hombre de su noble naturaleza, que le imprime, por decirlo así, el sello de la especie humana, y le hace comprender cuán distinto es de los denlas animales. Estos limites deben, sin duda alguna, variar á medida de las condiciones morales y políticas de la sociedad. En donde los conocimientos especiales se hallan muy estendidos y en un órden muy ele'ado, en donde la ciencia ahorra al hombre una muy considerable porcion de trabajo puramente mecánico, y, sobre todo , , donde los salarios suficientes y es espíritu de órden y de economía dejan al trabajador algun tiempo de solaz que consagrar á los goces de la inteligencia ; allí deberá la educacion primera traspasar los limites á que está ordínariamente reducida. Todavía añadirémos; sin temor de que se nos tache de inclinarnos al privilegio y á clasificaciones arbitrarias, que conviene distinguir con cuidado tres órdenes, de estudios comunes, á la manera que se distinguen tres especies de profesiones, á saber: mecanices, industriales, liberales y estéticas. Ya sea labrador ó zapatera, sastre, cochero, etc.; los estudios preparatorios hombre deben ser unos mismos para todos; cada cual aprenderá despues el oficio á que se destina. Pocoimporta asimismo que el individuo haya de Ser empleado <S comerciante; fabricante ó constructor:
LECCION DECIIIIASEPTIMA. 297 para todos los de esta clase hay igualmente estudios comunes, de un órden mas elevado que los de la primera; sin que obste que cada cual cultive en seguida el ramo á que desea dedicarse. La distincion es todavía mas notable en lasprofesiones liberales. Para este clase hay ciertos estudios co • munes que es inútil exigir de los que se dedican á las profesiones mecánicas ó industriales ; estos estudios constituyen por su intima union el punto céntrico de donde parte cada uno, adelantándose hácia su objeto por medio de estudios especiales: el literato, el historiador, el sábio, el médico, el publicista, el legista, el teólogo, y así sucesivamente. La distincion: de las tres especies de profesiones nada tiene de arbitraria; porque estriba en la naturaleza misma de las cosas. Cada cual, en verdad, tiene derecho á escoger su carrera, y aun á variar de rumbo si le pareciere, conformándose con las leyes. Pero sería un gasto inútil de tiempo y de dinero no proporcionar los trabajos preparatorios al abjeto que cada profesion se propone. Y si á una buena clasificacion , y á una orga4 nizacion completa de los estudios comunes, instancion fudamental para la cual nada debe omitir el Estado, y hácia la cual, justo es confesarlo, hemos dado pasos considerables, y nos adelantamos todos los días; si á este sistema, digo, se añaden, especialmente para la primera clase, los medios de educacion fisica, de maneraque las fuerzas y la destreza corporales puedan desarrollarse como las fuerzas intelectuales ; tendrémos hombres propios para todos los oficios. Entonces puede dejarse el aprendizage especial al libre convenio de cada individuo. Cuando los estudios preparatorios son
298 ECONOMIA POLITICA. suficientes, los aprendizages especiales pierden mucho de su valor y de su importancia para un gran número de oficios. En este sistema, podrán los obreros, sin muchos inconvenientes para el público, y sin mucho trabajo por suparte, pasar, en caso de necesidad, de un oficio á otro, de un trabajo á otro. La instruccion , útil para todo el mundo, es de absoluta necesidad para el obrero, porque ella sola puede darle aquella especie de movilidad que tanto le interesa. Es imposible conseguir que la demanda de trabajo se proporcione siempre, en cada localidad, al número actual de trabajadores; siempre habrá mudanzas ó variacion en el consumo, y por consiguiente en la produccion , es decir, en los capitales y en los trabajadores. Las corporaciones, las enseñanzas, los aprendizages forzados, aumentan el inconveniente en vez de remediarlo. No es pues necesario volver á este sistema. Fuera de ciertas profesiones enteramente escepcionales , basta proporcionar á los trabajadores una instruccion surum ciente. Entonces podrán, por medio de un trabajo conveniente y fecundo, obtener mas fácilmente un salario que les permita hacer algunas economías; ahorros de gran valor, especialmente en los dias de descanso que necesariamente trae consigo el paso de uno á otro lugar, de uno á otro oficio. De este modo la instruccion coman auxilia el movimiento general de la industria, y contribuye á garantir al trabajador contra los sufrimientos á que está espuesto. Pasemos ahora á otras cuestiones especiales comprendidas en la cuestion general de la libertad del tral bajo. El espíritu reglamentario, no contento con haber hecho de la primera de las fuerzas productivas un
LECCION DECIMASEPT1MA. 299 privilegio, y haber sometido á los trabajadores á una clasificacion arbitraria, á pruebas inútiles, á gastos y trabas de toda especie , quiso del mismo modo dirigir su accion, y prescribirles los resultados que debían producir. Si fuera posible olvidar todo el mal que han ocasionado las estrafias manias de nuestros antepasados, causaría risa el recordarlas. La autoridadpretendía saberlo todo, y quería decidirlo todo; ella prescribia la elesclon de las primeras materias; prohibía ciertos prom. dirnientos y el empleo de ciertos útiles; fijaba las dimensiones de los productos, la forma, los adornos, el color; por último, creyendo en mas de un oficio necesaria la luz del dia para la bondad de la obra, prohibía con severidad el trabajo ejecutado de noche. Mostrábanse por cierto muy solícitos por el interes de los consumidores 3 aunque con tan minuciosa tutela no manifestasen igual respeto á la inteligencia del público. Cosa superflua en estreno sería hoy, á lo menos en Francia, insistir extensamente en los perjuicios que semejantes trabas acarrean á la industria. Cada estado social tiene sus necesidades. El estado reglamentario domina naturalmente en las civilizaciones nacientes; si sobrevive en adelante á sus causas naturales, débelo á los intereses que ha creado, y entonces solo dura como un medio para el poder, y como manantial de rentas; pero luego que el poder de la civilizacion llega á destruirle ya no puede renacer. En efecto, lo que para nuestros antepasados era fácil de comprenderse y digno de escasa, para nosotros todavía sería mas ridículo que odioso. Cuando no se sos-
LECCION DECIMAOCTAVA. De la poblacion considerada principalmente en sus relaciones con el poder del trabajo y la produccion de la riqueza.-- Doctrina de Malthus, ajo el imperio de la libertad, los trabajadores acuden adonde el trabajo les produce mayor utilidad ; y en donde el trabajo es para ellos mas útil , debe esperarse que lo sea asimismo para la sociedad entera. Entonces el trabajo y el capital se reunen y se confunden; la produccion se anima y se fortifica con sus esfuerzos combinados. Solo cuando hay verdadera demanda de trabajo se proporciona la produccion al número de trabajadores. Absurdo sería pensar que el poder productivo de una nacion aumenta como la cantidad de trabajo disponible, sean por otra parte las que fueren las oscilaciones del capital ; absurdo por lo tanto sería creer que si mil trabajadores producen un millon , dos mil trabajadores producirán dos millones ; porque el poder productivo de un Estado no se duplica siempre con una doble poblacion. Sin embargo, así lo creian los que imaginaban es-
LECCION DECIMAOCTAVAt: 307 timular la poblacion , á fin de que se acrecentase rápi. damente, y con ella el número de los trabajadores, y con el número de los trabajadores el poder y los resultados del trabajo social. Ni uno soto habrá entre nosotros que, leyendo las historias, recorriendo los caígos y los escritos de filosofía política , no haya en• coMtrado leyes dirigidas á favorecer el crecimiento de la poblacion , bellos discursos en favor de estas medidas, declamaciones acaloradas, y fulminantes anatemas contra las doctrinas y las instituciones que pareciesen contrarias á este principio. No solamente era preciso no oponer obstáculos al libre desarrollo de la poblacion, sino que se decia que era incumbencia de todo buen gobierno, y oficio de todo legislador ilustrado , hacer cuanto estuviese de su P arte para aumentarla. Porque era un aforismo que donde está la poblacion , allí está la fuerza. Sabido es que la edad generalmente adoptada para poder contraer matrimonio era la de la pubertad , decir, la de doce años para las mugeres, y la de catorce para los varones. No se trataba de saber si, independientemente de la pubertad física, debía exigirse al mismo tiempo para el matrimonio una pubertad, por decirlo asi , intelectual y moral. Si tenia la hembra doce años y el varon catorce , ya eran hábiles para establecer una familia. Y así, en muchas partes de Europa, el matrimonio entre dos niños era válido y legitimo , aun bin el consentimiento de sus padres. ¡Cuántas leyes no proclamaban una exencion com pleta ó parcial de contribuciones , no pata alivio padre de familia, cuerdo y previsor, que al contraer matrimonio no había olvidado que aquel lazo sagrado le
308 ECONOMIA POLITICA. iinponia la obligacion , no de aumentar la poblacion del Estado, pero de ofrecerle hombres útiles, despues de desarrolladas completamente sus fuerzas físicas y morales ; sino como premio concedido á aquel cuya muger fuese mas fecunda : al que tuviese mas hijos! Que fueran robustos ó enfermizos , bien ó mal educados, que el padre al contraer matrimonio tuviese ó no fundadas esperanzas de poder atender á las necesidades de su familia , al legislador nada le importaba. Segun él, todo el que tenia diez hijos merecía bien de la patria, y era digno de recompensa. Fácil sería demostrar que nuestras mismas leyes actuales tuvieron su origen bajo la irnpresion de semejantes ideas. Aun en el dia, oimos decir á algunas personas de autoridad : El legislador ha querido favorecer los matrimonios , estimular la poblacion. Y dicen una verdad; mas su error está en creer que esa es una buena razon , un motivo que justifica la ley. Hechos hay sin embargo que debieron haber llamado con tiempo la atencion de los hombres de Estado, y de cuantos se ocupan en las cuestiones sociales; y son estos. La capacidad para reproducirse comienza en el hombre á la edad de la pubertad , y cesa ordinariamente cuando se acerca á la vejez. No hagamos caso , para mayor seguridad, de estos dos ¡términos entremos; considerémos como un hecho escepcional la pubertad , en el hombre, antes de los quince ó diez y seis años, y la facultad de concebir, en la muger, despues de los cuarenta y cinco; reduzcamos todavía mas si se quiem re, los dos límites; y hallarémos siempre lo menos veinte años, en la vida del hombre, durante los cuales
LECCION DECIMAOCTAVA. 300 es apto para la reproduccion de su especie. Hagamos todavía una nueva deduccien por el tiempo que se emplea en criar, por el que roban las enfermedades , y todos los accidentes posibles ; y aunque no convengamos entonces con ciertos calculadores en que cada matrimonio podria añadir á la poblacion diez individuos, reconocerémos al menosque, por término medio, podria añadir cinco o seis. De donde resulta , que, en el caso de no oponerse obstáculo alguno á este desarrollo, llegaría á duplicarse la poblacion en muy corto tiempo, fácil de calcular. ¿Pero á qué hacer cálculos hipotéticos? El término de veinticinco años es el númeroque ofrece la esperiencia mas justificada. La America . del Norte ha visto mas de una vez duplicada su poblacion en la cuarta parte de un siglo. Es pues un hecho incontestable que una poblacion puede, y conviene observar que digo puede, duplicarse en veinticinco años. Realizándose esta posibilidad en Francia, dentro de veinticinco años seríamos sesenta y seis millones; dentro de cincuenta años, ciento treinta y dos; veinticinco años despues, doscientos sesenta y cuatro millones al cabo del siglo, contaría la Francia quinientos veinte y oclioJ millones de habitantes ; y mas de un millar, despues de un nuevo periodo de veinticinco años. Bien pronto la haz de la tierra no bastaría para contener la poblacion de la Francia , aun cuando los hombres consintiesen en pasar su vida en pie , y al lado los unos de los otros. Ciertamente estos hechos no se han realizado, gracias á Dios, en el tiempo pasado, ni es de temer que se realicen en el porvenir. ¿Y por qué ? Cuestion era esta digna de tratarse y resolverse.
310 ECONOMIA POLITICA. La providencia ha dado á la union de los sexos el atractivo del placer. Los dolores del parto saparecen ante los puros deleites de la maternidad. A duraspenas se esfuerzan la religion , la moral, la autorldad paterna , el poder de la ley , por contener el impetuoso arrojo que arrastra fá los dos sexos á la unión y á la propagacion de nuestra especie. ¿Por qué razon no se ha visto universalmente realizada, en todos tiempos y lugares, esa ley segun la cual la poblacion se duplica cada veinticinco años? ¿Qué obstáculo lo ha impedido; obstáculo mas poderoso que la tendencia natural de los dos sexos, mas enérgica que el placer? ¿Quién ha podido rehusar á tantos millones de seres humanos su lugar en la tierra Fácil era reconocer que la cuestion admitia dos respuestas. «Esos niños no han llegado á ver la luz del dia , porque , á pesar del atractivo del placer, el hombre , libre y responsable , no ha querido, por un motivo cualquiera , poblar con ellos la tierra,» ó bien : «Esos niños , es verdad que . abrieron sus ojos á la luz del pero fué para cerrarlos bien pronto, y pasar rápidamente y en tropel, desde la cuna al sepulcro.» ¿Cuál de estas dos respuestas es la verdaderamente histórica, la justificada por un número mayor de hechos? Esto rnerecia examinarse : independientemente de los resultados económicos , en ambas respuestas están implicados el bien y el mal moral. La primera puede ser conforme á la moral y á la dignidad del hombre; la segunda nos presenta á la especie humana obedeciendo ciegamente á sus instintos físicos, y colocándose al par de los vegetales y de las alimañas.
LECCION DECIMAOCTAVA. 311 Verdad es que un gran número de individuos mueren así que nacen ; que así en el reino vegetal como en el animal hay un gran desperdicio de fuerzas reproductivas. Si así no fuera, el universo pronto se hubiera visto cubierto de ciertas plantas, ó invadido por algunas especies de animales, mas prolíficos que los demás. Pero la falta de alimentos y de todas las otras 'condiciones indispensables para el desarrollo y para la vida, detienen todos estos embriones y gérmenes al comienzo de su existencia. Si se hubiera intentado resolver un problema pile parecia presentarse por sí mismo al. entendimiento ; si se hubiera ensayado con el hombre lo que los naturalistas han hecho con los animales y con las plantas, bien pronto se hubiera llegado al completo desarrollo de la teoría de la poblacion. En vez de inquirir si convenia, en todo caso, al Estado que se aumentase indefmidamente el número de nacidos , debiera averiguarse si podía convenirle adquirir niños destinados á morir de dos', cuatro, ó seis años. Si fuera licito, al pensar en un hecho tan doloroso, reconcentrar las idtas sobre la cuestion económica , no aparecería evident@ que el Estado sufre una pérdida que ningun provecho le compensa ? ¿Carecen estas observaciones de todo fundamento: son estas por ventura hipótesis forjadas por un ingenio triste y sombrío? no, señores. Basta mirar en torno de si, para reconocer que, al menos en ciertas localidades y en ciertas circunstancias, se realiza semejante órden de cosas. ¿Qué es lo que sucede en ciertos paises de la América del Sud? ¿Qué vemos en ciertas partes de la Europa misma? Dejamos por eso de hallar en.. todas
312 ECONOMIA POLITICA. ellas habitantes? no: lo que hallamos es una poblacion mas ó menos considerable. Pero, ¿hay allí muchos hombres que hayan llegado al colmo de la edad viril? De esos viejos todavía lozanos, que han conservado todas sus fuerzas intelectuales, de esos ancianos que son el honor y la sabiduría viva de un pais. Aquellas son poblaciones que parecen nacer para morir; reclutas que caen en la primera batalla; ejércitos sin veteranos. En la diócesi de Nijni-Nowogorod, de cada mil niños varones que nacen , mueren seiscientos sesenta y uno antes de los diez y seis años! Trasportémonos en cambio á ciertos departamentos de la Francia, á muchos cantones de la Suiza, á algunos condados de la Inglaterra, y se nos ofrecerá á la vista un espectáculo enteramente opuesto. El número de nacimientos es proporcionalmente muy inferior al de los paises de que acabamos de hablar; mas cuán diversa es su poblacion, cuanto mas consolador el término medio de la vida, cuantas mas familias dotadas de una feliz longevidad! En estos paises, cuando la sociedad exige de sus miembros ó su fidelidad, ó sus fuer: zas, ó sus talentos, no siempre encuentra en sus filas hombres nuevos, casi tan impotentes como los que ya bajaron al sepulcro. Los mismos individuos acuden al llamamiento, que les hace la patria , no una, sino dos y tres veces, cualquiera que sea la naturaleza del, sacrificio exigido; consagran á la sociedad en que nacieron, no ya una vida ruin y estenuada, un entendimiento sin madurez y sin vigor, sino un cuerpo sano, una inteligencia desarrollada , la esperiencia de una larga vida, la prudencia propia del juicio y de la edad. El anciano ayuda al hombre maduro con sus consejos , así como
LECCION DJOCIMAOCT4VA. 313 este'sostiene con su , inteligencia, y sus fuerzas al que acaba de lanzarse en la carrera de la vida. Estos hechos no son' recientes:- estos contrastes existian, de una manera . ,mas palpable todavía, cuando se declamaba tanto en favor delapoblacion, cuando se dictaban tantas leyes dirigidas á fomentar su desarrollo. .Estos hechos, estas observaciones estaban al alcance de todo el mundo; pero el ;hombre sedeja dominar fácilmente por las opiniones.que -.adopta y,:que no examina. De la observacion de estos hechos á la :investigador) de su causa, no hahia maslue uni g aso,. yestá investigaion conducía directamente al priacipio'de la póblacion; porque conducía al 'descubrimiento' y apreciácion justa de la relacion intimaque une el desarrollo de la pobiacion al desarrollo de los .medios de subsistencia , relaclon que algunas inteligencias ::superiores habían sin duda entrevisto, pero que no fué ¡amas completamente entendida , ni presentada en todo su 'relieve. Y sin ernii bargo, ¡cuantos hechos . hinúricos de-la mas alta importancia pueden esplicarse por esta relacion! Concedemos que algunos escritores manifestas0, , que estás cuestiones habían absorbido hasta cierto punto su atencion. Esto sucede con todas las cosas en la esfera de la ciencia: no hay hombre que despues de haberla enriqueci-0 do con una nueva rama, que despues de haber reunido una suma considerable de hechos, y dé haber deducido de este conjunto los principios y las consecuencias que constituyen la verdadera elaboracion científica de una materia , no oiga decir que , en último resultado, no merece se le tributen los honores debidos á la verdadera creacion , porque en tal siglo, en tal libro , se encuentra una palabra, una frase, un pasage que ha-
314 ECONO3IIA POLITICA. ce , mas 'ó menos directamente , alusion al mismo objeto. Esto es cabalmente lo que le sucedió á un hombre ilustre, tan respetable por sus trabajos científicos como por la nobleza de s'u carácter; hablo de lialthus, á quien la muerte acaba de arrebatar á la ciencia.. No solo se han impugnado sus doctrinas con una cólera, con un furor dignos del tiempo de Abelardo, sino que hasta se ha pretendido rehusarle la gloria de haber abierto un nuevo campo á nuestras inestigaciones. Pero el público, con su simple sentido racional, es mas justo que los historiadores y biblióg'rafo's con sus' doctas citas y sutiles conjeturas. .E1 . nornbre' dé Maithus va íntimamente unido á la teoria de la poblacionr, como e! de Galileo al móvimiento de la tierra, y el de Ilars .? ey á la circulacion de la singre. Es sabido. sin embargo, que algunos eruditos no han dejado de probar, que estos descubrimientos no erán sino antiguallas reproducidas de los griegos. Sea de esto lo qu'e quiera , Malthus, escitada su atenjcion por ciertos desót,denes de nuestras sociedades 'civiles; y tatnbien quizá por las consecuencias: revolucionarias, subversivas, 'deducidas coi sobrada ligereza por algunos talentos' mas atrevidos, que exactos y rigurosos, s ' é . . errtregó -al mas (retenido y oso escrupul estudio de cuantos hechospodian ayudarle á resolver las graves é intrincadas cuestiones que el movimiento social de 1789 acababa de suscitar. Cualquiera que cónozca su grande obra sobre la poblacion, sea la que "'n'ere, por otra párte, la opinión que haya fórínado de su doctrina, reconoceráque ese trabajo está fundado en una multitud de hechos, recogidos con el mayor cuidado en todos los paises recorridos
LECCION DECIMAOCTAVA. 315 é . investigadospor su autor. Si se le puedan reprochar algunas inexactitudes ó asercionespoco justificadas, tanbien hay que tener presente que á un simple particular le es imposible evitar todo error, en una averiguacion que apenas podría llevar á cabo un gobierno con la :aparatosa ostentacion dé todos sus medios y recursos nficialés. Ayudado de sus largas y laboriosas investigaciones, Malthus, cuyo talento reunía á una gran sagacidad esa tendencia á generalizar que suele producir los sistemas, creyó poder fijar,para lo sucesivo, las dos proposiciones que le parecían capitales en la materia. Idaprimera de ellas , cuya, sustancia hemos y - a es puesto, puede enunciarse de este • modo. Si la pobiadon no hallase el menor obstáculo, se desarrollaría in. cesantemente siguiendo una progresion geométrica, y sin que se la pudiesen asignar limites. La demostración era sencilla. Si cada producto túviese siempre una fuerza reproductiva igual á !a del productor , necesariamente' se obtendría una progresion mas ó menos rápida. De modo que, si uno produce dos, y estos nuevos productos tienen cada uno la misma fuerza productiva que la primera unidad , dos producirán cuatro: cuatro producirán ocho : y así sucesivamente. Asipues , abstractamente hablando, Malthus asentó un principio incontestable, y tan verdadero con respecto al hombre, como á los animales y á las plantas. No teniendo en cuenta los obstáculos, es evidente que, á la vuelta de algunos años, la tierra se cubriría de hombres, así como es cierto que el suelo se cubriría de trigo, y que el Océano se llenaría de peces, si nada contrariase la fuerza reproductiva de cada grano de trigo y de cada pez.
322 ECONOMIA POLITICA. no tuviesen mas que lo justo para vivir, y que los paises circunvecinos se hallasen en el mismo estado. Supongamos ademas que no se destinase para las bestias ni para los consumos de lujo porcion alguna de cereales , ni de otra materia propia para el alimento del hombre. Por último, supongamos que nos viésemos reducidos á lo estrictamente necesario en punto á comestibies, semejantes á una guarnicion que sin llegar á ser víctima de la absoluta carestía , no recibe sin embargo mas que una racion indispensable. Si llegase un año en que esta poblacion no recolectase mas que las dos terceras partes de la cosecha de los años ordinarios, y si por desgracia, lo que no es inaudito en los anales de la agricultura, á éste año de carestía sucediese otro igual ¿qué seria de nosotros? La respuesta es muy sencilla. La muerte nos diezmaria cruelmente, los ancianos, los niños , los enfermos, en una palabra , los mas débiles sucumbirían los primeros; los hombres robustos, á pesar de un alimento nocivo y escaso, resistirian por mas tiempo, pero al fin no podrian menos de sucumbir; muchos de los que hubiesen podido escapar del hambre, perecerían mas tarde, como sucede en una plaza sitiada; todos se creen salvos una vez levantando el sitio; pero los gérmenes de enfermedad que ha depositado en los cuerpos un alimento insuficiente y malsano, se desarollan luego que cesa la exaltacion del sufrimiento, y producen á veces mas estragos que los que . causó la misma carestía, Tales son los obstáculos que Malthus llama positiiir vos, obstáculos cuy a terrible influencia parece atestiguada por una multitud de hechos dignos de estudiarse, ya en su libro, ya en los documentos publicados por. los
LECCION DECIMAOCTAVA, 323 estadistas mas célebres. Ellos"prueban que las oscilaciones de la poblacion han seguido, con una coincidencia que á veces causa confusion, las oscilaciones notables de los medios de subsistencia. Veremos algunas poblaciones cruelmente diezmadas por la desgracia, y cuyos vacíos sin embargo, á la vuelta de algunos años de abundancia, vuelven á poblarse. De niños, es verdad, pero ello es que numéricamente quedan poblados , tal es y tan rápida la tendencia de la poblacion á buscar su nivel. Los obstáculos preventivos pueden, segun Maithus, reducirse á dos, cuya naturaleza es muy distinta. Uno es /a incontinencia, la promiscuidad de los sexos, la licencia de costumbres. Con respecto á la poblacion, al número de nacimientos, la Venus Vulgivaga no parece tener efecto apreciable mas que en los paises de esclavos, donde la sierva se ve á un mismo tiempo abandonada á los torpes deseos de sus compañeros de infortunio y á los caprichos de su señor : y en algunas grandes ciudades en que las pasiones brutales agotan su violencia en las sentinas de la prostitucion. Falta otro obstáculo preventivo, la abstinencia ; es decir, la violenciaque el hombre se impone asimismo, ya por motivos ímprobos , y guiado únicamente por su interés personal , ya Cambien por causas las mas justas y en provecho de aquellos que constituyen ó deben un dia constituir su familia. El celibato es entonces deliberado: la cohabitacion de ambos sexos se haya retardado hasta el momento en que el futuro padre de familia encuentra razonespara persuadirse de que podrá educar los hijos que de semejante union provinieren , y educarlos de tal modo que conserven por lo me-
32 ECONOMIA POLITICA. nos el puesto que su padre ocupa en la sociedad , ya que no puedan elevarse mas. Asi que, segun Malthus , si la ley de la progresion ,geométrica para la poblacion, y la de la progresion aritmética para las subsistencias , no se desarrollan con toda su energía , ó por mejor decir , si sus efectos no son constantes uniformes, las causas de ello son, por un lado la barrera insuperable que el mal físico, opone á la imprevision de las pasiones, y por el otro, e! freno que la libertad humana se impone á sí misma. De donde concluye, que se debe recomendar ante todo á las poblaciones la violencia voluntaria , la prevision del buen padre de familia ; que todo fomento , toda usanza, todo establecimiento propio para encubrir á los hombres los resultados de su imprudencia, es un hecho deplorable, porque la poblacion halla demasiadas esti. mulos en las naturales inclinaciones de ambos sexos. De aqui , señores , provinieron las violentas acusaciones suscitadas, ya contra el ilustre economista, hombre escelente y digno de todos nuestros respetos, ya contra su doctrina, que se ha calificado de inhumana é inmoral, diciendo que trataba de violentar al hombre, persuadiéndole á abstenerse del matrimonio ó á retardarlo hasta la edad en que viese amortiguado el fuego de la juventud por habitudes perniciosas que limitando el número de hombres, solo acrecentarian el de los vicios conduciéndonos á aquellos tiempos de corrupcioii en que todas las leyes imperiales se estrellaban contra el egoismo y la depravacion de los célibes romanos. Fácil es concebir cuantas exageraciones é injurias y cuan pocos hechos y observaciones se han acumulado en esta materia contra la doctrina y contra el autor mismo.
LECCION DECIMAOCTAVA. 325 - La ciencia , como todos saben , no debe descender ét ocuparse en semejantes ataques y sutiles declamaciones. Pero existen , de un lado , hombres que han opuesto .á la te6ri .> 41 . , de álalthus graves y fundadas objeciones; y de otro, economistas no menos respetables que, en mi sentir , han llevado esta teoría aun mas allá que el mismo Maithus. Nosotros nos situamos entre los que convierten el principio de Malthus en un principio absoluto, fatal, y los que niegan el principio mismo de las diferentes progresiones; considerando la teoría como esencialmente errónea. ¿Dónde se halla la verdad ? Esto es lo que procuraremos investigar en la próxima leccion.
LECCION DECIMANOVENA. Exámen del principio de Malthus y de las doctrinas contrarías. SEÑOltES Del conjunto de , los hechos qne sirven de fundamento á la doctrina de Maithus, resultan dos proposiciones incontestables, y aun pudiera decirse incontestadas, reduciéndolas á los límites que hemos indicado al enunciadas : 1.° el poder productivo del hombre es mayor para la multiplicacion de su especie, que para la multiplicacion de los medios de subsistencia: 2.° si ambas reproducciones se desarrollasen , sin obstáculos, con toda la energía de su principio, la pobiacion tendería continuamente á traspasar el último limite de las subsistencias, y solo el mal físico, la muerte, podria mantener ó restablecer el nivel entre ambos elementos. Digo que las dos proposiciones 119 han sido formalmente contestadas; porque á nadie k ha ocurrido decir que el hombre, aun cuando se entregue sin obstáculo , ni embarazo alguno , á su poder generador, podría vivir siempre seguro de encontrar medios de sub,
LECCION DECIMANOVENA. 327 sistencia : tal seria sin embargo la proposiciou inversa. Las que si admiten contestacion son , las dosprogresiones establecidas por Maithus. Es preciso reconocer que en estas materias es imposible llegar á una demostracion rigurosa ; que es imposible probar, como hecho general y constante, que la una de estas fuerzas obraría segun cierta progresion geométrica, al paso que la otra obra solamente segun tal ó cualprogresion pura mente aritmética. Aun cuando la teoria sea sustancialmente verdadera, no es preciso venir á parar á u p a evaluacion matemática de las dos fuerzas ; basta que pueda la una obrar mas rápidamente que la otra: así que , tendrá aquella siempre una tendencia á sobrepujar á ésta, tendencia mayor ó menor segun que la energía de la una esceda poco ó mucho á la energía de la otra. ¿Qué importa para la teoría que tarde la poblacion en duplicarse cincuenta ó cien años en vez de veinticinco? Con esto solo se conseguiría dar treguas mas <S menos largas al momento crítico y fatal ; pero en el fondo la dificultad permanecería la misma. La diferencia seria solo sensible para las aplicaciones prácticas: mas tiempo hay para rechazar un inconveniente que solo aparecerá dentro de cincuenta años , que para otro que sobrevenga dentro de veinticinco. Mejor querrá el médico tener que curar una enfermedad cuyos parasismos se sucedan de tres en tres días, que otra en que se sucedan de hora en hora. Una vez establecido este punto, podremos ya apreciar con mas facilidad y exactitud las diversas opinionesy sistemas á que han dado origen las doctrinas de IVIalthus. Los unos, exagerando á mi entender el pensamiento
328 ECONOMIA POLITICA„, del mismo Malthus, parecían mirar el desbordamiento de la poblacion que traspasa el último limite de las subsistencias, y todos los males que á este hecho acompañan, como una ley fatal, como una necesidad impreseiudible : tratábase al parecer de sostener que la especie humana está en cierto modo predestinada á redueirse constantemente al nivel de las subsistencias por medio del crimen , de la desgracia, del sufrimiento, de la muerte , y á sufrir de este moda una suerte mas cruel que la de los séres irracionales. Seguramente esta es una manera demasiado mate rial de considerar la cuestion, es desconocer el elemento principal , esto es, el hombre el cual dotado de inteligencia y de libertad , puede prever y evitar los penosos resultados de estas dos progresiones. Intitil seria insistir mas sobre esta observacion, que ya hemos. desenvuelto. La escuela opuesta rechaza el principia de las dos progresiones, geométrica y aritmética; y sin negar positivamente que la poblacion no pueda, hablando en abstracto , traspasar mas ó menos el nivel de las subsistencias , mira todo temor sobre este punto como quimérico, y tacha de inhumanos é inmorales todos los medios para prevenir el escesivo número de nacimientos. Los unos nos dicen que el mundo es grande, y que aun ofrece al trabajo y á la produccion enormes espa4 cios que la emigracion puede llenar y cubrir. Para los otros, los sufrimientos del pobre, los estragos de la miseria no son debidos á otra causa que á la mala distribucion de la riqueza. Por tanto, la produccion de las subsistencias puede, en su concepto, contrabalancear el crecimiento de la poblacion. Si los
LECCION DECIMANOVENA. 329 sufrimientos y la muerte diezman algunas poblaciones, es porque los ricos, los poderosos , los ociosos roban con sus consumos desmedidos su alimento al pobre , y arrojan á sus sirvientes y á sus perros el:. pan del tra-b bajador. Por consiguiente , la que se debe cambiar es la .distribueion de la riqueza , no "la marcha natural y providenc,ial de la poblacion; preciso es poner un freno á las locas dilapidaciones de las clases, opulentas, en vez de afrentar inhumanamente á las clases pacientes con consejos que, una vez seguidos, les robarian todo consuelo, todo placer honesto, añadiendo la desesperacion y la disipacion á su miseria. La emigracion , señores, es á no dudarlo uno de los paliativos que mas fascinan á ciertos hombres que, demasiado ilustrados para desconocer el principio de la poblacion , quisieran sin embargo , por un sentimiento bueno y noble en sí , sustraerse á reconocer por legitimas sus consecuencias. Me limitaré á hacer tan solo dos observaciones sobre este punto. La primera es que la emigracion , aun dado casoque fuera la cosa mas raen y sencilla, no baria mas que retardar la dificultad. Luego que hasta los lugares mas recónditos y desiertos de la Francia y de la Europa , se poblasen de millones de hombres ; luego que pasase un considerable número de habitantes á establecerse á la Nueva Gales y á la Nueva Zelanda , á los llanuras del Orinoco y de las Pampas con la misma facilidad con que un habitante de Bruselas se trasporta á Malinas; en una palabra, luego que el globo se cu_ briese de tantos hombres como puede alimentar y contener, la cuestion práctica por fin no podria menos de presentarse en toda su fuerza. Pero la ciencia no aguar.
330 ECONOMIA. POTITICA. da á que se cumplan todos sus pronósticos, para reconocer la verdad de sus principios. Si se demostrase con la misma certidumbre que se prevee un eclipse, que de aqui á dos mil años un enorme planeta habia de venir á chocar contra la tierra ; ¿qué pensarian los sábios del que viendo que el plazo era tan largo, se burlase de los principios de la ciencia y de los pronósticos de la astronomía? Hé aqui la respuesta teórica. La práctica es de gra- ve trascendencia para la humanidad. Hay filantrópicos que gritan á los pueblos: No escucheis los consejos de los economistas, fundad familias sin esc►pulo, porque la emigracion vendrá en vuestra ayuda : lejos de aqui disfrutareis dios venturosos en las chozas de Baucis y Filemon. Nosotros á nuestra vez , cogeremos por la mano á los imprudentes, y les llevaremos á los puertos donde se embarcan los que emigran; verán sus muelles cubiertos de pobres, de mendigos, que se desprenden de lo poco que poseen para pagar su trasporte , y emprender un viage largo y penoso apiñados como negros en el fondo de una sentina , dejando en pos de sí los recuerdos de la infancia, los consuelos del pais natal, sin que se presenten á sus ojos mas que peligros y sufrimientos , y un porvenir sombrío y amenazador : sin otra prenda de seguridad que promesas imprudentes ó engañosas, los sueños de un filantropo ó las mentiras de un especulador. Los con . cinciremos despues á las playas á que han sido arrojados aquellos infelices emigrados que sobrevivieron al pasage. Despues de consumido su pequeño capital , llegan pobres , desconocidos, desprovistos de todo á esa tierra americana llamada por escelencia la tierra de la libertadá "pesar' de ná ser allí ,
LECCION DECIMANOVENA. 331 permitido pronunciar una sola palabra contra la esclavi. inch Y. qué será alli de ellos? Se les dijo en Ileidelberg, en 'Glacis, que encontrarian la tierraprometida, que sus trabajos serian recompensados con crecidos sa. brios , y ,se encuentran en presencia de empresarios que , merced al desarrollo de la poblacion , no necesi.- Lan , ya de su industria , ni de sus brazos. Se ven pues en la dura necesidad de venderse á un precio vil , porque en cierto modo es venderse obligarse por un número de años á un trabajo mal retribuido, lejos de su patria, de aquellos cuyas solas miradas serian para ellos un consuelo, en medio de un pueblo desconocido , en don. delal vez se habla un idioma que no se entiende , y se profesa una religion diferente de la que se ama. ¡Y es- to se llama remediar el esceso de poblacion No hay duda que el nivel se restablece de esa manera, mas ¿en que se diferencia este medio del otro , mas sencillo, esto es, de la muerte dentro del propio pais y de la patria siempre querida, sino en la lentitud del suplicio y en el aumento de angustias? Algunos filantropos se pare-, cen mucho á ciertos médicos que , para desembarazarse de sus enfermos, los envían á morir á climas remotos. Mi segunda observacion es, que el remedio es del todo insuficiente. Supongamos un pais en que haya solo un esceso de dos ó tres millones de hombres. ¿De qué servirá la emigracion , si pasó ya el tiempo de las grandes emigraciones? Este medio era concebible en aquellos tiempos en que poblaciones enteras se alzaban en masa , y marchaban á conquistar paises deshabitados ó bastante fértiles para alimentar á los conquistadores, y á aquellos de sus indígenas que compraban su vida á precio de la libertad ó haciéndose tributarios : pero
338 ECONOMIA POLITI CA. la aristocrácia aparece por todas partes, lo que no puede esplicarse sino por una tendencia natural del hombre. De donde resulta que todo el que ocupa cierta posicion social , lejos de querer descender , aspira por el contrario A elevarse mas. Y esta necesidad , ademas de esperimentarla en sí mismo , se entiende á todos los suyos. En el modo de manifestarse y en sus efectos, puede ella variar segun las formas sociales, las ideas, las costumbres de los diferentes pueblos ; mas el principio es siempre el mismo, y el hecho, á pesar de sus variaciones , no es menos general y constante. Asi que, dicen ellos , en todo padre de familia hay siempre un temor que le hace previsor y le contiene: el temor de decaer de su posicion ó de no poder elevarse y medrar. Hay pues en él dos principios, dos fuerzas igualmente naturales y constantes que no se paralizan , pero que se atemperan la una á la otra. Y aqui se desenvuelve, para mejor esplicar esta teoría, la distincion que ya dejamos indicada, entre las cosas necesarias , las útiles ó convenientes, y las de, lujo. Toda poblacion está dividida en tres clases, de las cuales la una no cuenta mas que con lo estrictamente necesario , al paso que las otras poseen al mismo tiempo , la primera bastante riqueza para obtener y conservar cierta calidad social , y la segunda para subvenir ademas á los dispendios de mero lujo. Si bien es cierto que el temor de no poder en lo venidero atender á loi gastos de lujo , no ejerce , como medio preventivo, gran influjo en la marcha de la poblacion, no puede decirse otro tanto del temor de verse falto de las cosas útiles hasta el punto de tener que menguar y descender del puesto social que se ocupa. Su accion pre-
LECCION DECIMANOVENA. 3.39 y entiva es tan grande como irrecusable. Y en cuanto al temor de carecer de lo necesario, quién podrá ja mas dudar de su eficacia preventiva? ¿Quién podrá imaginar que , á pesar del atractivo del placer , el hombre no retrocederia ante el temor de los sufrimientos y de la muerte; ante la imá l gen de una familia que pide al padre unpedazo de pan que él mismo no tiene para sí ? Por lo tanto , dicen ellos , existe un principio preventivo que modera y contrabalancea el principio progresivo de la poblacion ; no se puede decir de una ma. fiera general que el poder reproductivo de esta tiene mas energía que el poder reproductivo de la riqueza: porque es preciso considerar al hombre con todos los elemento de su naturaleza , de los cuales es cierto que Hunos le incitan á la reproduccion inconsiderada de su especie , mas en cambio , otros reprimen este deseo. El principio de Maithus no es pues la completa espresion de la verdad , sino que peca , como la mayor parte de los sistemas ,por demasiado esclusivo y reducido; supone una tendencia única, fatal en cierto modo, mientrasque esta tendencia se halla siempre mas ó menos ¿ modificada por otras inclinaciones, por necesidades, cuya influencia es de todo punto opuesta , y que viene á ser cada vez mas imperiosa , á medida que el estado social se perfecciona. En confirmacion de esta teoría , alegan los hechos que ya he indicado. ¿Cómo es , dicen , que en la antigüedad ha habido pueblos que tanto han progresado en la civilizacion? ¿Quién ha dudado jamas de la prosperidad y cultura de la Grecia, de Roma ,- de Tiro, de Cartago, de la magna Grecia , en las épocas florecier.-
340 ECONOMIA POLITICA. tes de sus historias? Sin embargo, si la teoría de Malthus fuese cierta, estos hechos jamás hubieran podido realizarse. Es pues necesario reconocer que mientras no haya obstáculo en la decadencia política ó malas instituciones, la especia humana, en virtud de la armonía natural establecida entre sus diversas inclinaciones, lejos de esceder al limite de las subsistencias, las tendrá por el contrario sobrantes, hasta el punto de hacer posibles el mejoramiento gradual del estado social, y el desarrollo de una bella y grandiosa civilizacion. Tal es, en sustancia la doctrina contraria á la de Malthus, y que en efecto merece la mas séria consideracion. No son estas vanas declamaciones, ni puros sentimientos de filantropía, dignos sin duda del mayor respeto, pero poco á propósito para fundar una teoría; este es un ataque contra la base misma , adoptada por Malthus al hecho natural en que él se funda , se le opone otro igualmente eficaz y del mismo modo natural al hombre. Pero, ¿ qué hay de cierto ea esta doctrina ? Acaso Malthus, como suele suceder al autor de un descubri miento, se ha dejado arrastrar con demasiada impetuosidad de las verdades que acababa de reconocer, sin tener en cuenta suficientemente los hechos que podian modificar su accion ó atenuar su influencia; ó bien reina cierta confusion de ideas, cierta ambigüedad en la teoría que se le opone, y en la apreciacion de los hechos que parecen justificarla? Esto es lo que nos resta examinar para completar nuestros estudios sobre el principio de la poblacion.
%lb —411~.....11~11~~/~ LECCIOX VIGESIMA. Principio de la poblaciun.—Continuacion. SEÑORES : Hemos confrontado dos opiniones que , apoyadas -una y otra en la autoridad de hombres eminentes, parecen fundarse igualmente sobre la observacion de los hechos internos de nuestra naturaleza , y sobre los testimonios de la historia. Ahora estamos en el caso de examinar y de elegir. Y desde luego!, ¿deberá reconocerse , como hecho general, que las tendencias aristocráticas y la prevision que ellas inspiran, son realmente' suficientes para contener en el hombre la, inclifiacion ó la reproduccion de su especie? Digo realmente suficientes , porque no tratamos de negar que el hombre pueda , si se empeña, dirigir sus inclinaciones en conformidad con su razon, y poner un freno á sus mas fogosas pasiones. Es preciso convenir en que , en algunas pobraciones , no solo un número considerable de individuos , pero la gran mayoría , parece:haber comprendido cuanto importa al bienestar, á la dignidad, á la moralidad de las 1ias, no dejarse arrastrar:por el apetito de la reproduccion con la imprevision del bruto. Los mas acalorados discípulos de Malthus no niegan esta posibilidad, Eii es.
342 tCONOMIA POLITICA. tos hechos. Si los negasen , absurdas serian sus recomendaciones, sus consejos carecerian de sentido , no menos que los del físico que , á pesar de reconocer como hechos necesarios la consuncion de nuestras fuerzas, y la viva sensibilidad de nuestros órganos , nos recomienda sin embargo no sentir ni el calor ni el frio , y no ceder jamas ni á la sed ni al hambre. Pero si el desenfreno y la continencia tienen „ une y otra , por principio nuestras inclinaciones naturales;. estas tendencias sin embargo , ni son igualmente acti vas , ni igualmente favorecidas por las circunstancias que rodean á la generalidad de los hombres. La una de estas inclinaciones se desarrolla rápichmente , y con fuerza, á la edad de la pubertad ; la otra Do es un móvil poderoso y continuo sino para el hombre de una edad madura. La primera incita á los jó- ' enes al matrimonio ; la segunda determina á sus parientes á la resistencia. Estos combates suelen:. ser frecuentes en el seno de las familias ; mas, ¿á cuál de los dos partidos se inclina mas frecuentemente la victo i ia? ¿Acaso al de la prevision y de la razon? A la una favorecen y estimulan , no solo el poder de los sentidos , el atractivo del placer físico, mas tarnbien los mas vivos é impetuosos sentimientos del corazon; A la otra la fria razon , con sus temores, sus previsiones , y sus cálculos. La una no pide mas que tolerancia y abandono,: otra exige reflesion , resistencia , combate. Ahora bien , esta lucha a estos esfuerzos, ¿puedeti sol-Aenerlos razon a blemente tos que yacen aun sumido en la ignorancia ? la multitud que obedece ciega it. l odos sus instintos, ¿no es temible , por el contrario,
LECCION VICLESIMA. 34.3 que se deje arrastrar por el impulso mas poderoso? Mas ella se detendrá despavorida, dicen ellos, se contendrá volverá el paso atrás, si encuentra en su marcha al crimen , alzándose á su vista con todo su horror : la religion y la ley acuden entonces á corroborar sus naturales repugnancias. Y si por el contrario, en vez del crimen se le aparece el error , si en vez de laspenas eternas en la otra vida y de los rigores de la justicia humana en esta , no entrevé masque los sufrimientos que han de recaer, aun mas sobre los míseros engendros, todavia desconocidos y cuyo nacimiento es incierto , que sobre los autores mismos del mal, ¿cómo se ha de poder entonces creer sériamente que la prevision y la reflexion suministrarán á los naturales tendencias aristocráticas la influencia preponderante que evidentemente no ejercen sobre el hombre que se abandona á la energía de sus instintos ? Preciso es confesarlo , si el crimen, el legal por lo menos , es siempre un hecho escepcional , aun entre los hombres desprovistos de toda , instruccion , muy comunes son en ellos el error , la imprudencia , las preocupaciones , las esperanzas quiméricas, los movimientos instintivos y apasionados. Mientras la facultad de reflexionar no adquiere cierto vigor con el ejercicio y la instruccion, el hombre, reducido puramente á la vida animal, sucumbe al imperio de la sensacion: verdad muy rebatida ciertamente, pero que aun hoy dia parecen ignorarlos que vanamente. se esfuerzan en poner en duda la utilidad, la necesidad de una ámplia instruccion popular. Asimismo, ¿pueden acaso nacer en el seno de la miseria y de la indiferencia estúpida que muchas ve.
344 EcoNoma POLITICA. ces es su consecuencia; esas sabias previsiones, esos cálculos sobre el porvenir , que deben moderar en el hombre el imperio de los sentidos , y contener la marcha de la pobiacion? Ah! no, señores; mil veces no. Quien nada tiene que temer ni que esperar , nada calcula , nada reflexiona. El hombre que vive de privaciones , se apresura á aprovecharse de toda escitacion física que pueda hacerle olvidar un momento su misería. El salvaje vende su muger y sus hijos por un vaso de aguardiente : y , ¡oh dolor ! tal vez haría mismo en Europa el padre, si pudiera, pero no pudiendo , los entrega á un fabricante de algodon , que los obliga á debilitarse, enfermarse y destruirse, haciéndoles trabajar diez y seis horas al dia en una atmósfera sufocante y nauseabunda. Tarnbien hay mucho egoismo en las clases pacientes , pero diferente del egoísmo del rico, del poderoso. El rico lo sacrifica todo , sacrifica sus hijas, y hasta á si mismo si es necesario, al poder de su familia , al lustre y esplendor de su linaje ; este es el egoisrno de la vanidad y del orgullo; es la exageracion , reprensible sin duda, y que con razon han tratado de reprimir nuestras leyes , y de un sentimiento justo y noble en si, de un sentimiento que, aun en su esceso, no es jamás del todo personal. Aquella madre desapiadada , que , con un pié en la sepultura, en el fondo de su castillo , permanecía inflexible á las lágrimas y súplicas de sus hijas é hijos segundos, que en vano se resistían á la vida monástica y rechazaban la órden de Malta; ¿pensaba por ventura en sí misma , en su persona, en sus placeres personales? No; que al sacrificar suspropios hijos á un porvenir, y á unos séres que le eran
LECC1ON vIGESIMA. 34.5 deeonocidos , obedecía al imperio tiránico de una idea que sojuzgaba á su siglo entero. El egoisrno de la miseria es enteramente personal. Aunque mas disculpable que el del rico , es tal vez mas acerbo todavia, mas absoluto. El rico puede encontrar en el temor de la opinion pública , en la ostentacion, en el deseo de evitarse recriminaciones y quejas , ciertas reglas de conducta , que por cierto no le inspirarían ni la sensibilidad , ni el sentimiento del deber. Si por su degracia cierra los oidos á los preceptos de la moral, los abre á los consejos del interés bien entendido. Pero el que nada posée , y desespera de un porvenir mas venturoso, el que se cree abandonado de todo el mundo, y en guerra abierta con el género humano , nada tiene que prever ni que calcular. Solo piensa en sí mismo y en el momento presente. ¿Puede acaso dar al mundo séres mas desdichados que él ? Por otra parte, quién tendrá derecho para quejarse? El ha vivido bien en la necesidad , sin cuidarse mas que del día presente, y sin otro apoyo que la Providencia ; ella por lo tanto, tam poco faltará á sus hijos. Si mueren todos ó jóvenes, ó al nacer , Dios asi lo dispuso : tanto mejor para ellos. En cuanto á los padres , quédales todavia (►o familia demasiado numerosa. Asi demuestra la esperiencia que, si la pérdida de uu hijo es para ciertas familias causa de un dolor profundo , no produce las mas veces sino una débil y fugitiva emocion en el asilo de la indigencia. Mas no se dé una torcida interpretacion á nuestras palabras. No desconocemos por fortuna , las virtudes que se abrigan en la cabaña del pobre, y aun debajo de los harapos de la miseria. Virtudes nobles , tiernas,
326 ECONOMIA. POLITICA.. sinceras, cuando triunfando del halago del interés pieron ofrecer al culto de la generosidad y del sacrificio corazones desgarrados , entendimientos incultos, séres á quienes no cesan de incitar al mal las mas imperiosas y crueles necesidades. Mueve nuestra sensibilidad de cualquier modo que á nuestros ojos se ofrezca, la ternura , la solicitud de una madre por sus hijos:. pero si esta ternura , esta solicitud es la de una infeliz muger que, desprovista de todo lo necesario, roba á. su hambrienta boca el pedazo de pan que ella misma distribuye entre sus hijos, y devora en sus entrañas su propio sufrimiento, por no contristarlos con su dolor, nuestro corazon se deshace en lágrimas: aquello es mas que un sentimiento; es una virtud. ¿Pero es menos cierto,:menos demostrado por he-- chos innumerables que la necesidad y la miseria hacen de continuo á los padres de familia indiferentes, insensibles, y qua la union de sexos despojada de toda idea de moralidad y de porvenir, no es mas para ellos que un medio de suspender momentáneamente el curso desus sufrimientos? Asi que, donde mas Teína la miseria mas pululan lospárvulos, sin que la muerte , con sus trémendos y numerosos anuncios, pueda hacer comp r ender á los pa,- dres cuan repugnante é inmoral es dar la existencia, á tantos séres humanosque solo vienen al mundo para pasar algunos dial penando, y despues morir. Y lo que es mas doloroso, aunque no menos cierta es que mas de una vez el pobre es impulsado á seguir este camino por él mismo que principalmente debiti desviarle de él; por ' el sacerdote, inducido él mismo en errorpor el deseo , loable en si, de prevenir, acon-
LECCION VIGESIMA. • 347 sejando á los jóvenes que abracen el matrimonio , los descarríos del celibato. Pero, entre dos males, ¿no SQ debe escoger el menor? ¿la moral, la religion pueden, en esta necesidad separarse de la regla que sigue la rolitica? Examínese si-vale . mas tolerar á algunos jó.‘ y enes ,de costumbres desarregladas, ó destinar por medio de imprudentes enlaces muchas familias á que sean diezmadas por la miseria, al paso que, bajo otro aspec- to , la vejez prematura de las mugeres trae consigo todos los desórdenes de la disipacion imperiosa y violenta de sus maridos, siendo una y otra origen de tantos crimenes afrentosos, de tantos delitos vergonzosos como resuenan en los tribunales. La eleccion parece tanto menos dudosa cuanto es mas posible prevenir, ó al menos atenuar los desarreglos de la juventud, procurándola una educacion religiosa, una instruccion suficiente, un trabajo confirmado, y sometiéndola á cierta disciplina que permite su edad , y que no seria posible imponer á hombres casados. Pero si excitamos á los jóvenes á contraer matrimonios precoces , si en vez de llamarlos á la reflexion y á la prevision , secundamos los inclinaciones físicas propias de su edad: si por consiguiente los vernos prematuramente cargados de hijos, y condenados á soportar todos los gastos que ellos acarrean, y los desvelos que exigen , antes de tener una mediana coLocacion ,y de haberse procurado algunas economias , qué hemos d3 pronosticar del bienestar, de la moralidad , del porvenir de estas fa- .. Señores, forzoso es reconocer que las dos tendencias del hombre, la inclinacioii á la reproduccion, y el deseo de mejorar su condicion personal y mantener el
354 ECONOMIA. POLITICA. potente para detener el curso de las cosas , y aun en ciertos casos podrá estimular su impetuosidad y su violencia. ¿No es esta la historia del mundo, asi antiguo como moderno? Verdad es cine se camina hácia la civilizacion: si , pero como se marcha hácia el enemigo, como se asalta una fortaleza abriéndose paso entre los heridos, hollando cadáveres! Es por desgracia tan general este hecho que no es de maravillar el ver que muchos esclarecidos entendimientos le han considerado como una ley de la humanidad , y el oirles hablar del proletario y del indigente de las sociedades modernas como los antiguos hablaban de sus esclavos. Es evidente , decía el preceptor de Alejandro hablando de los hombres, que los unos son naturalmente libres, y los otros naturalmente esclavos, y que, para estos últimos, la esclavitud es tan útil como justa. Es evidente , dirian de buena gana los Aristóteles de nuestros dias, que de las familias de que se compone el gé n ero humano , las unas están, predestinadas á la riqueza , y las otras á la miseria, y que estas deben resignarse con su suerte , como el Lapon con sus hielos , y eLBeduino con su mortífero viento del desierto. Es por lo tanto cierto que así como no se debe afirmar que los adversarios de Malthus erraron de todo punto aun se apartaría mas de la verdad el que dijese que Malthus no tuvo razon en su sistema. Ni en el seno de nuestras brillantes y cultas sociedades deja de obrar sus estragos la causa que él indicó, y Dios quiera que la imprevision humana no la estienda un día á paises que por afortunadas circunstancias lean podido
LECCION VIGESIMA 355 eludirla hasta °ahora : hablo de los Estados-Unidos. La verdad exacta se encuentra en la doctrina de Malthus, moderada sobre todo en su esposicion, y forma , por la observacion de hechos mas felicesy cuya generalidad, si está lelos de realizarse, no por eso es imposible. Eu otros términos : solo alcanzarán la verdad integra y completa , aquellosque no se dejen ofuscar por el colorido consolador, ó siniestro, de los hechos de una localidad , ó de una época especial. Malthus, alarmado por los gritos delpauperísmo, por las amenazas de la demagogia, por la espantosa progresion del impuesto por los pobres , compulsa la historia, registra los archivos, no economiza ni gastos, ni viages , ni trabajos para remontarse á la fuente del mal, y encontrar los medios de alejarlo de su pais. De aquí tomó origen su doctrina, sus ensayos , dictados por un amor entendido, sincero, de la humanidad, pero escritos es verdad, bajo la impresion del terror y de los mas aciagos presentimientos. Mas adelante Maithus esplicó mejor su pensamiento, concretándose á decir que es siempre de temer en la multitud , que las inconsideradas inclinaciones que la arrastran , no prevalezcan sobre aquellas tendencias de la humana naturaleza que para desplegar toda su actividad han menester del temple de la esperiencia y de las luces de la reflexion. En América á nadie faltaban medios de subsistencia , beneficios considerables , salarios suficientes, por causas que todos conocemos. Su poblacion que tomó tan rápidas creces, aquel vasto continente ocupado en muy poco tiempo, cultivado , cubierto de mieses, de ciudades y canales, constituían la fuerzdy la grandeza
356 ECONOMIA POLITICA. de los Estados-Unidos que , guarecidos detrás de la inmensa barrera del Océano , veían aproximarse á pasos gigantescos el día glorioso en que los colonos de Penn y los voluntarios de Washington pudiesen dirigir á las potencias del viejo mundo la voz desembarazada y robusta de una nacion de primer órden. En este estado de cosas qué influjo podian egercer las observaciones de Malthus en el ánimo de los economistas americanos? Hombres y brazos, constituian para ellos la riueza: q trabajadores y productos eran ideas asimiladas en su entendimiento. Que las subsistencias crecen con la poblacion , debia ser el aforismo de la economía social de la América : á la manera que los jóvenes piensan' que la fuerza y lozania de la juventud han de ser eternas, sin parar nunca sus miradas en los cuidados de la edad madura , ni en los achaques de la vejez. Disipóse por fin la crisis inglesa que tanto alarmó á Malthus, y á la cual quizá somos deudores de las profundas investigaciones de este verdadero filántropo.. Aun los pobres alcanzaron dias mas venturosos en inglatera , y si la Haga del pauperismo no está del todo cicatrizada , ha cesado al menos de manar sangre , y de amagar á la, vida del cuerpo social. Los economistas á su vez se consolaron ; hablo de aquellos que son dignos de este nombre, y cuyas opiniones merecen examinarse. Por lo que toca á los otros cuya ciencia se reduce toda á vanas declamaciones, bién se les puede aplicar aquel verso de Dante «Non ragioniam di lor, , ma guarda e passa» Unos hechos fueron contestados por otros, se con-
LECCION VIGESIMAPRIMA. 357 frontaron y opusieron unas á otras las varias tendencias del hombre : se trabó et combate , pero las armas eran nobles, no su - enmbió ninguno ; sola la verdad salió victoriosa : porque - yalemos visto que ambas doctrinas no son en realidad sino el complemento la una de la otra. Los hechos en que estriba el principio de Malthus han sido por desgracia los mas constantes y los mas generales. El hecho contrario , el hecho tranquilizador , tan solo se ha realizado parcialmente, y nunca en una vasta sociedad entera. Pero por incompleto que haya sido hasta aqui, es sin embargo real y positivo , y nada se opone á que pueda esteuderse mas y mas cada dia. Esto basta para que se le deba tener en consideracion , y para no fundar una teoría exclusivamente en el hecho cantrariok: lo a que equivaldria á abandonar la ciencia por sistema.
LECCION VIGESIMAPRIMA. Principio de la poblacion.—Conclusion. SEÑORES: La historia de las sociedades humanas nos ensefia que esas dos tendencias , cuya estension y efectos hemos tratado de averiguar , casi nunca se atemperan la una á la otra hasta el punto de poner á un pueblo entero al abrigo de la miseria , y de conducirle , corno un solo individuo, por los senderos de la civilizacion. Así que la desigualdad de condiciones , que contenida en cierta medida contribuye al progreso de la humanidad 1 ha traspasado todos los límites, y esparcido por todo el mundo la opinion de que á la parte selecta de las sociedades le es imposible marchar hácia un porvenir de felicidad y perfeccion sin que la multitud, con su abatimiento y su miseria le allane el camino. Déjase ya entrever 'la cuestion importante , vital en esta materia. No curemos de saber si la humanidad considerada en general , obedece á una sola ó á muchas tendencias ni qué efectos produce cada una de
LECCION VIGESIMAPII 359 estas tendencias , ni aun enqué estado social son estos efectos mas palpables y mas fáciles de comprender. Todo disentimiento sobre cualquiera de estos diversos puntos nos parecería fuera de tiempo. La cuestion se reduce á saber, si es lícito , sin incurrir en vanas utopias , esperarque el instinto de la reproduccion y el espíritu de prevision se concilien en toda sociedad civil de modoque prevengan para todas las clases esos escesos periódicos de poblacionque , sin interrumpir la marcha de los mas hábiles ó de los mas fuertes , detienen la de los demas , formando de los miembros de un mismo Estado como dos naciones,por decirlo así , tan profundamente diversas, que es una especie de ironía el hablar de esta union incoherente como de una unidad social y política. No tememos proclamar las verdades que la observadon y el raciocinio revelan á toda mente imparcial y serena. Imposible es establecer jamas el justo equilibrio entre las diversas inclinaciones de nuestra naturaleza en las sociedades bárbaras ó semi-bárbaras , en toda asociacion política grosera é inculta todavia. La razon ya la hemos dado: la inclinacion conservadora exige, para desplegar todas sus fuerzas , la ayuda de la reflexion, que por cierto no se manifiesta, asi en las naciones como en los individuos , en la época de la adolescencia. Esta edad es la del instinto y de la imaginacion. Cualesquiera que sean las circunstancias en que estas naciones se encuentren, cualquiera que sea la naturaleza de sus creenciasy de sus instituciones , el azote de la miseria no dejará de herir, en épocas mas ó menos cercanas, sus chozas ó sus tiendas. Preciso es reconocer-
[Document text truncated for crawler view.]