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Noticias sobre obras en la iglesia de Tondo en el siglo XVIII

Luengo Gutiérrez, Pedro

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NOTICIAS SOBRE OBRAS EN LA IGLESIA DE TONDO EN EL SIGLO XVIII REFERENCES ABOUT WORKS IN TONDO CHURCH IN 18TH CENTURY PEDRO LUENGO GUTIÉRREZ Universidad de Sevilla La iglesia de Tondo es una de las parroquias extramuros de Manila fundada coetáneamente con la capital. Desgraciadamente el conocimiento sobre su construcción es parcelario, a pesar de la evidente vinculación con la arquitectura de Intramuros. Por tanto, la localización y estudio de documentos como el cuaderno de obras de 1727, permitirán abordar en un futuro no solo la arquitectura de los arrabales de la capital fi lipina, sino del propio centro de la ciudad. Palabras clave: Arquitectura religiosa, Tondo, Manila, sangley. Tondo church is one of Manila Extramuros parish founded contemporary with the capital. Unfortunately, the knowledge about its building is scanty, in spite of the evident entail with the architecture of Intramuros. Therefore, the location and study of documents as the notebook of works of 1727, will allow to face in a future, not only the architecture of the suburbs of the Philipine capital, but of the proper city. Keywords: Religious architecture, Tondo, Manila, sangley. A la llegada de los españoles a Manila, Tondo era ya un asentamiento de cierta importancia conocido como Tundun. Entre esta población y el futuro Intramuros –nombre con el que se conoce barrio donde residía la población españolasólo se encontraría Binondo y la desembocadura del río Pasig. Poco más tarde esta zona intermedia albergaría el Parián de los sangleyes –comunidad china establecida en el estero, frente a Intramuros–, lo que creó un pasillo desde Tondo hasta el centro de la capital, que iría unido a un aumento de la población china en el barrio. Por tanto no es de extrañar que los agustinos, primera orden en llegar la capital, se hicieran cargo de la administración del vecino establecimiento desde muy pronto1. La iglesia de Tondo hay que enmarcarla pues dentro de la labor constructiva llevada a cabo durante el periodo español en los 1 Sobre la presencia agustina en el archipiélago hay que subrayar distintas publicaciones entre las que destacan Rodríguez Rodríguez, Isacio. Historia de la Provincia Agustiniana del Santísimo Nombre de Jesús de Filipinas. Valladolid: Estudio Agustiniano. La más reciente y a la vez la que aborda las distintas facetas artísticas filipinas promovidas por los agustinos es Sierra de la Calle, Blas. Los Agustinos y el arte Hispano-filipino. Cuadernos del Museo Oriental. Nº 9. Valladolid: Museo Oriental, 2009. LABORATORIO DE ARTE 22 (2010) 217-233 Pedro Luengo Gutiérrez 218 arrabales circundantes de Intramuros, zona con la que compartirá evidentes vinculaciones arquitectónicas. Entre los barrios más poblados habría que destacar junto a éste, Santa Cruz, San Fernando, Binondo, Quiapo, San Sebastián y/o Sampaloc. La iglesia de Tondo tiene distintas etapas constructivas que han sido puestas de relieve en otros estudios2. A pesar de ello estos trabajos no citan la reforma llevada a cabo en 1727, que ha podido abordarse merced a nueva documentación localizada en la biblioteca Lilly de la Universidad de Indiana (EE.UU.). Antes de proceder a su análisis, será necesario observar someramente la realidad arquitectónica de la zona en las décadas previas, así como la situación histórica del asentamiento para mejor valorar el proceso ahora documentado. Según Villacorta el pueblo se erigió como Dulce Nombre de Jesús en 15723. La primera iglesia fue un edifi cio de madera levantado por los padres agustinos calzados en 1578, que al parecer emulaba al de Intramuros y que desaparecería durante el ataque del chino Limahón, como ocurriría con los edifi cios en madera de la capital4. Gaspar de San Agustín por su parte da noticias de que la “fábrica antigua fue muy suntuosa y fuerte, porque era todo de piedra y de hermosísima arquitectura”5. Desgraciadamente el literato no fecha ninguna de las dos construcciones, pero nueva documentación de archivo ha permitido apuntar una datación para la primera obra. Se trata de un documento de gran interés para el conocimiento de la arquitectura en la zona a fi nales del siglo XVI, referente a la construcción pétrea del templo de Tondo. En ella se demuestra la participación que tuvieron los naturales en su edifi cación6. Como se verá más adelante, se ha podido documentar que los nativos de Tondo solían estar relacionados con actividades artísticas. Los citados están fechados en octubre de 1581 y junio de 1582. En el más tardío se habla de permitir a los indios timaguas seleccionados en Bancusey, Banculasin, Nabotas, Tambobo y Misilo, salir a cortar bejucos, caña y nipa, lo que teniendo en cuenta el tipo de fábrica 2 Díaz-Trechuelo Spínola, Mª Lourdes. Arquitectura española en Filipinas (1565-1800). Sevilla: EEHA, 1959. Reed, Robert R. “Hispanic Urbanism in the Philippines: A Study of the Impact of Church and State” en Journal of East Asiatic Studies. Vol. XI. Manila: University of Manila, 1967. Pp. 1-222. Coseteng, Alice M L. Spanish churches in the Philippines. Manila: UNESCO, 1972. Galende, Pedro G. Angels in Stone: architecture of Augustinian churches in the Philippines. Manila: Formoso, 1987. Alarcón, Norma. Philippine architecture during the pre-Spanish and Spanish periods. Manila: Universidad de Santo Tomás, 1991. Galende, Pedro G. Philippine Church Façades. Manila: Vibal Publishing House-San Agustín Museum, 2007. 3 Villacorta, Francisco. Administración espiritual de los Padres Agustinos calzados de la Provincia… Valladolid: H. Roldán, 1833. 4 “no menor ni de menos hobra que el desta ciudad”. Díaz Trechuelo Spínola, Mª Lourdes: op. cit. p. 34. También queda documentado por la Carta de Cabildo secular de Manila sobre situación general. AGI, FILIPINAS, 27, N. 10. 5 San Agustín, Gaspar de. Conquistas de las islas Filipinas. Lib. 2º. Madrid: CSIC, 1975. p. 363. 6 Orden del agustino Diego de Mújica para que los indios trabajen en el convento de Tondo. AGI, FILIPINAS, 84, N. 22. Documento 1. Noticias sobre obras en la iglesia de Tondo en el siglo XVIII 219 que debía ser, es posible que se tratara de la última fase de edifi cación7. Igualmente interesante es la demostración de que el sistema de abastecimiento lígneo que tendría la ciudad de Manila en décadas siguientes, no existía aún, siendo necesario que los propios obreros se trasladaran a los montes cercanos a obtener el material. El director de la obra parece ser fue el alguacil Francisco Cabay, del que no se tiene más información, a tenor de lo mostrado por esta documentación8. Tradicionalmente se da como autores de la primera obra a dos frailes agustinos. En 1611 Alonso Guerrero levantaría la iglesia de Tondo, continuando las obras Antonio de Ocampo en 16259. Éstos fueron además dos priores del convento, lo que les relacionaba ya de por sí con las obras. Esta realidad ha llevado a numerosos errores de atribución arquitectónica de iglesias fi lipinas. En muchos casos, las obras quedaban en manos de cuadrillas sangleyes o de naturales y el responsable de la comunidad religiosa ni siquiera se encargaba de la parte económica, ya que la obra al completo se adjudicaba por subasta al principio del proceso. El tipo de documentación que se conserva en los archivos de las distintas órdenes demuestra el papel que los frailes tenían en el proceso, y el documento que se presentará más adelante y que debió formar parte del archivo de la provincia custodiado en San Agustín de Manila, es un claro ejemplo de ello. Los frailes, entre los que hay que salvar a honrosas excepciones, debieron dedicar sus esfuerzos a conseguir un edifi cio acorde con sus necesidades y posibilidades presupuestarias. Técnicamente, fueron aprovechando los escasos profesionales de distintas nacionalidades residentes en las islas. De todas formas, las noticias sobre su construcción no quedan ahí. Hay referencias de que el gobernador Sebastián Hurtado de Corcuera (1635-1644), a pesar de su conocida labor como destructor de edifi cios, mandó levantar un camarín en 1637, para los sangleyes cristianos casados con indias en Tondo10. Un año antes, el mismo gobernador tomó la decisión de separar las cajas de comunidad del Parián y de Tondo, evitando así antiguos pleitos11. Por camarín debe entenderse una capilla anexa en la trasera de la fábrica original del templo, lo que iría acorde con cierta recuperación demográfi ca del barrio en estas décadas. De hecho la población china no era escasa, teniendo en cuenta el crecimiento del contiguo Parián, lo que generó no pocos problemas12. Igualmente interesante parece el levantamiento de este espacio contiguo al templo, pero 7 Los indios timaguas, o timauas, eran libres, aunque realizaban servicios personales puntuales a sus caciques, entre los que se encontraban este tipo de labores arquitectónicas. 8 Esta atribución fue realizada ya por Cushner, Nicholas P. Spain in the Philippines, from conquest to revolution. Manila: Ateneo University, 1971. P. 113; mientras que la transcripción del documento en español puede encontrarse también en Rodríguez, Isacio R. op. cit. Vol. 15. P. 41. 9 San Agustín, Gaspar. Op. cit. Pp. Citado en Galende, Pedro G. Angels… p. 42. 10 Carta de Corcuera sobre construcciones que realiza. AGI, FILIPINAS, 8, R.3, N. 81. 11 Carta de Corcuera sobre caja de comunidad de Tondo. AGI, FILIPINAS, 8, R. 3, N. 56. 12 Orden de prohibir que vivan Sangleyes en pueblos de indios. AGI, FILIPINAS, 330, L. 5. F. 248v-249v. Para el mejor conocimiento demográfico del barrio debe consultarse la Relación de vecinos españoles de 1634. AGI, FILIPINAS, 27, N. 181. Pedro Luengo Gutiérrez 220 sin acceso desde él. La intención de este proyecto podría dar muchas posibilidades para la especulación pero queda recogida claramente en otro documento fechado en 1639. Se consideraba peligroso alojar a los sangleyes casados con indias junto a otros infi eles13. Aún así, es un ejemplo de asentamiento originalmente fi lipino con especial aumento de sangleyes en distintas etapas históricas bajo gobierno hispano, lo que son aspectos fundamentales para la comprensión de lo que sería el lugar de reunión de esta comunidad: su iglesia. Hurtado de Corcuera realiza una destacable descripción de las costumbres chinas comparándola con su experiencia previa en Flandes, donde había fraguado su carrera militar. Subraya de los sangleyes su generosidad en las limosnas, que sustentaban un capellán, los cantores, el vino y el aceite, a lo que se sumaba lo pagado por la corona de costumbre: un capellán más y un sacristán. Igualmente corrían con el cargo de sus fi estas y entierros. Esta característica, que se repite igualmente en las obras de Binondo, difi culta la documentación de estos edifi cios, ya que el gobernador se limitaba a constatar la fi nalización, despreocupándose de los comunes problemas presupuestarios. La realización del camarín fue el primero de una larga serie que se fue realizando al parecer alrededor de la fábrica original, “para recoger a los que viven ajustadamente (como a mí me lo enseñaron en Flandes mis mayores)”. Para estas obras se habían recaudado ya 33.000 pesos de donativos. El gobernador consideraba esta suma sufi ciente para las obras, siendo innecesaria la ayuda de la corona. No se tienen más noticias de intervenciones de este edifi cio durante el resto del siglo XVII, aunque es probable que recibiera importantes reformas tras los terremotos de mediados de siglo, habida cuenta del impacto que tuvieron en zonas inmediatas. El gobernador Sabiniano Manrique de Lara (1653-1663) mandó demoler el edifi cio por cuestiones defensivas, lo que ocurrió con el resto de edifi cios pétreos vecinos. De todas formas el cronista ya citado, Gaspar de San Agustín, debió conocer el edifi cio que lo sustituyó14. De todas formas, no hay noticias del proceso constructivo que volvió a levantarla en la segunda mitad del siglo XVII. Las primeras décadas del siglo siguiente, impulsadas por el principio de la mejora económica de las islas, permitieron una renovación arquitectónica no provocada por causas climatológicas o sísmicas. De hecho, este artículo aporta la localización y estudio del Quaderno que contiene los materiales y gastos que hizo la provincia del Santísimo Nombre de Jesus en la reedifi cación de la iglesia de Tondo, custodiado hoy en el fondo Philippines Mss. I de la biblioteca Lilly de la Universidad de Indiana (EE.UU.)15. Está fi rmado por José de San Agustín como provincial de la orden en aquel momento y al parecer principal impulsor del proceso. Sobre las causas de la reedifi cación no se dice nada en la documentación. Solo puede intuirse a partir de 13 Respuesta al gobernador Hurtado sobre sangleyes cristianos. AGI, FILIPINAS, 330, L. 4, f. 125r. 14 Para un mejor conocimiento de este personaje debe consultarse Prieto Lucena, Ana María. Filipinas durante el gobierno de Manrique de Lara. 1653-1663. Sevilla: EEHA, 1984. 15 Lilly Library (Indiana University). Philippine Mss. I. Papeles de Tagalos. Collection of documents… c. 16. ll. 400-414. Documento 2. Courtesy Lilly Library, Indiana University, Bloomington, IN. Noticias sobre obras en la iglesia de Tondo en el siglo XVIII 221 algunos pasajes que algunas salas del edifi cio debieron sufrir problemas de inundación, lo que no es extraño en un territorio como Filipinas. De todas formas, no parece que el daño que originara esta situación obligara a una reforma tan completa del edifi cio, que probablemente vino determinado por la necesidad de una ampliación. Hasta lo que se conoce, la arquitectura en la capital fi lipina durante las primeras décadas del siglo XVIII no contó con la presencia de la cantidad y calidad de profesionales occidentales de la que gozaría más tarde16. Siendo esto así, hacía ya mucho que los españoles habían tomado Manila, poniendo en práctica distintas propuestas arquitectónicas que fueron evolucionando hacia una aceptación de prácticas locales ya asumidas a fi nales del siglo XVIII. Casos especialmente signifi cativos por la importancia que conllevan son el uso de las cubiertas lígneas, claramente emparejables a la tradición prelegazpiana en el archipiélago, y a las torres octogonales, que han sido relacionadas con modelos de pagodas procedentes del continente17. En lo que a modelos occidentales, tanto peninsulares como novohispanos, se refi ere, las primeras décadas del siglo XVIII en Manila fueron las de la asimilación del barroco, de las que habría que destacar ejemplos como la fachada de la iglesia de Nuestra Señora de Guía entre otras, todas ellas desaparecidas. Esta desgraciada situación ha hecho pensar que los frentes cargados de elementos vegetales a modo de fachadas retablo nunca alcanzaron el archipiélago. Lo que sí parece claro es que la llegada a las islas de otras infl uencias hicieron reencauzar el gusto por otros derroteros muy distintos a lo largo del siglo XVIII, lo que no coincide plenamente con la tradición hispana contemporánea. De todas formas, hay que incidir en la presencia en Filipinas durante este periodo de algunos personajes destacados, especialmente Juan de Císcara y Juan Bautista Sidoti. El primero era un ingeniero militar que había trabajado con anterioridad en La Habana, construyendo sus murallas en 1670. En la década siguiente sería enviado al archipiélago como sargento mayor de la guarnición e ingeniero, puesto que le haría responsable de la mayoría de las obras arquitectónicas llevadas a cabo en la ciudad durante su presencia. De este autor pueden destacarse su Icnografía del Castillo de Santiago (1714), su proyecto de planta para la Catedral de Cebú (1719), o su mapa del Fuerte Nuestra Señora del Pilar en Zamboanga (1719). El segundo, Juan Bautista Sidoti también conocido como el abate Sidoti, era un sacerdote natural de Palermo que llegó a Filipinas en septiembre de 1704 junto al Patriarca de Antioquía, el cardenal Charles 16 Esta falta de arquitectos y en menor medida de ingenieros ha sido puesta de relieve en diversos estudios entre los que hay que destacar Gómez Piñol, Emilio. “Arte iberoaméricano del siglo XVIII. América triunfante: “Sin mendigar a Europa perfecciones”” en Navarro García, Luis (Coord.). Historia de las Américas, vol. III. Madrid: Alhambra Longman, 1991. Gómez Piñol, Emilio. “Las artes plásticas” y “El último Barroco y Neoclásico americano” en Historia general de España y América. Vol. XI-1 y 2. Madrid: Rialp, 1983 y 1989. Morales Martínez, Alfredo. “Una catedral para Manila” en Catálogo de la exposición Filipinas: puerta de Oriente: De Legazpi a Malaspina. Madrid: SEACEX: Lunwerg, 2003. 17 Galván Guijo, Javier. “The Octagonal Shape in Fil-Hispanic Architecture” en Endangered, pp. 13-28. Pedro Luengo Gutiérrez 222 Thomas Maillard de Tournon, esperando la oportunidad para pasar como misionero a Japón18. Su primera obra, y a la vez la más signifi cativa fue el Seminario Conciliar de la capital. En 1709 ya había dejado el archipiélago, así como las recién comenzadas obras del mismo, camino de China y Japón19. Durante las primeras décadas del siglo XVIII se llevaron a cabo otras obras importantes que deben destacarse antes de comenzar con el estudio de la construcción de Tondo. Por importancia destacan los primeros intentos de reconstrucción de la catedral manileña, que por falta de profesionales se pospuso hasta 1750, lo que ejemplifi ca la situación para otros edifi cios de la ciudad en este momento. Sí se comenzaron las obras de la iglesia de Nuestra Señora de Guía, del Seminario de San Clemente, ya citado, o del convento de San Juan de Dios de Manila, entre otros de las que solo se conservan documentos gráfi cos. Entre los responsables de estas obras, aparecen ingenieros como el citado Juan de Císcara, o regulares como el hermano hospitalario Marcos de Mesa20. A pesar de todo, ningún ingeniero tomó parte en la obra de Tondo, según la documentación localizada. El proceso se llevó a cabo íntegramente bajo la dirección de sangleyes como se verá más adelante. Los pobladores de Tondo debían estar especialmente preparados para labores artísticas y especialmente arquitectónicas. Está documentada la existencia de una fábrica de cal en la ciudad, que fue comprada en un 50% por el propio convento de Tondo en 158021. Además, es donde mejor se documenta la participación de los naturales desde las obras del siglo XVI hasta las del XVIII. Las referentes a este último son especialmente llamativas, ya que los oidores de la Audiencia obligan a los indios de Tondo a asistir a las distintas fi estas religiosas –Corpus, Semana Santa, etc. para realizar las enramadas y los toldos entre otras actividades22. El documento de la biblioteca Lilly sorprende por la cantidad de datos aportados, en particular nombres de profesionales de la construcción muchos de ellos naturales, de los que no se tenía noticia hasta el momento23. A pesar de ello, sorprende que los sangleyes se conozcan bien por su apellido –Liangco, Guangco, etc.–, bien por su establecimiento –el sangley de Santa Rosa, el calero sangley de Tondo–. Un caso parecido ocurre con los naturales, que en muchos casos se citan bien exclusivamente 18 Díaz-Trechuelo Spínola, Mª Lourdes. Op. cit. P. 273. Más modernamente hay que destacar la ficha de García López, María Belén. “Planta del Seminario de San Clemente de Manila” en el catálogo de la exposición Filipinas: Puerta de Oriente… pp. 227-228. 19 Según Huerta existe una publicación de uno de sus viajes Historia del viaje del Sr. Abad D. Juan Bautista Sidoti, al imperio de China, año de 1717. Huerta, Félix de. Estado geográfico, topográfico, estadístico, histórico-religioso de la santa… Binondo: Imprenta de M Sánchez y Cía, 1865, p. 536. 20 Díaz-Trechuelo Spínola, Mª Lourdes. Op. cit. P. 258. 21 AVall. Leg. 2301. RODRÍGUEZ, Isacio R.: op. cit. Vol. XV. P. 254. 22 Orden de que los indios de Tondo trabajen para procesiones y Orden sobre trabajo de indios para procesiones religiosas. AGI, FILIPINAS, 341, L. 8, F. 159r-160r y 193r-194r. En 1700 y 1704 respectivamente. 23 Al final del artículo se ofrece una tabla con los nombres de todos ellos. Véase la figura 2. Noticias sobre obras en la iglesia de Tondo en el siglo XVIII 223 con su nombre, muchas veces con apellidos –Juan Domingo o Roque Palat–, bien por su origen–el indio de Pelia, el indio de Silang, etc.. El documento tiene como eje vertebrador la adquisición de materiales para la obra, dividiéndose en distintos apartados: maderas, piedras del sangley de Guadalupe, piedra de Santa Rosa, cal, clavazón, gasto de sierra, ladrillo, plata para diferentes gastos, y otros. Esto debe relacionarse con lo anteriormente expuesto, ya que al ser un documento generado por la provincia agustina, que era la que corría con los gastos y no con la obra. Según el documento, el maestro de obras era el cabecilla cantero sangley Juangco, probablemente una mala transcripción del apellido Guangco, más común en este momento. Al parecer, este sangley puso bajo sus órdenes a un carpintero de la misma nacionalidad llamado Liangco. A pesar de que siempre se intuyó que su participación en las obras era muy importante, los nombres de estos profesionales generalmente escapaban a los documentos. De hecho hasta el momento el número conocido no llegaba a la decena, perteneciendo mayoritariamente al ámbito manileño de mediados del siglo XVIII24. El único que podría haber conocido a la generación que afrontó la reedifi cación de Tondo fue Tomás Longco, quien debió estar activo como carpintero en las décadas fi nales del siglo XVII. Continuando con la labor de Guangco, al parecer en un principio se le encargó una reedifi cación poco atrevida, a la luz de las progresivas ampliaciones del proyecto. En primer lugar se le aumentó el presupuesto para la construcción de tres estribos más. Más tarde se le pidió revocar las costuras –término con el que el documento se refi ere a las uniones entre las distintas fábricas– de la iglesia, que debían ser numerosas tras la superposición de la nueva obra sobre la antigua. En la última partida se le confi aron un buen número de obras. Primero el enlozado en ladrillo, lo que no debía ser extraño en una última etapa de la construcción, aunque pueda sorprender que no estuviera originalmente en el proyecto. Además realizó dos pilares para sostener la estructura lígnea del coro como se verá más adelante. Alargó el patio, lo que puede llevar a pensar que no estaba cerrado, sino que tendría forma de “U”, ampliando alguno de los brazos. Continuó haciendo el caracol para el oratorio, estructura de la que se conservan distintos ejemplos en las subidas a las torres conservadas. De este último espacio no se tienen noticias de su ubicación, que debía encontrarse dentro del claustro conventual. Hizo también los pies para las naves colaterales y por último compuso el altar mayor, así como todas las escaleras y puertas de la iglesia, convento y patio. Todo este último encargo tuvo un costo de 150 pesos, muy inferior a 24 Tomás Longco, carpintero conocido por sus mediciones de los Almacenes Reales a finales del siglo XVII; Jerónimo Tongco, quien trabajó en el Seminario conciliar y en el castillo de Santiago; Juan Ingco, quien fue adjudicatario de la reforma del Hospital Real; Juan Antonio Ayco, al parecer único cantero que se encontraba en la ciudad de Cebú a principios del siglo XVIII, lo que le llevó a hacer reconocimiento de la catedral; Lázaro Buyco, alarife que dirigió las obras de la Catedral de Cebú a principios del siglo XVIII; Antonio Mazo, conocido generalmente por su participación en la construcción de la Alcaicería de San Fernando. Todos ellos fueron sacados a la luz por Díaz- Trechuelo Spinola, Mª Lourdes. Op. cit. Pedro Luengo Gutiérrez 224 los 650 pesos que costó la obra inicial de la que se tienen menos noticias, y que debió responder a una intervención muy profunda. La piedra utilizada en la obra de Tondo procedía fundamentalmente de Guadalupe y de Santa Rosa. Ambas se citan desde antiguo para las fábricas de Manila estando estudiado ya el proceso de transporte hasta la capital25. La piedra de Guadalupe, según Merino, parecía especialmente recomendada para la cimentación. La cita de Meycauayán, tercera cantera en importancia dentro del presupuesto para la obra de Tondo, no debe extrañar ya que suele ir especifi cada para su uso en muros26. Para las obras de carpintería se sigue el mismo esquema, ya que se realizó un presupuesto inicial, que curiosamente incluía las obras de cantería. El encargado de dirigir esta parcela fue otro sangley llamado Liangco. Parece ser que desde el principio estaba claro que el templo se cubriría en madera en su totalidad, seguramente utilizando la larga tradición fi lipina al respecto, lo que fue sustituido durante las obras por la realización de las conchas tanto del templo como del oratorio, incorporando un matiz occidental dentro de una obra dirigida por un sangley en un mundo monopolizado por los naturales. Una segunda ampliación, como se ha visto al tratar la cantería fue la realización del coro. Según parece era una estructura lígnea sostenida por dos pilares de cantería, no habiendo alusión a la posible realización de la sillería correspondiente. Las obras de carpintería continuaron con encargos menos ligados a la construcción, ya que llevó a cabo tres mesas de altar, cuatro puertas y armó el antiguo púlpito. Para terminar realizó unas tarimas. En principio no se le relaciona ni siquiera con el montaje de los retablos, que quizás fueron reaprovechados de la fábrica anterior. Lo que puede intuirse a partir del número de mesas de altares, es que en 1727 en el templo solo existían tres retablos y no los cinco que se inventariarán en 1782. Como puede observarse en la tabla que se presenta, el mundo de las maderas estaba mucho más diversifi cado que el de otros materiales constructivos, y todos ellos tenían una especial presencia nativa y sangley, lo que se intuye desde principios de la presencia española en el archipiélago. La madera era fácil de encontrar en el archipiélago y pertenecía a la tradición prehispánica. No debe sorprender por tanto la inexistencia de sangleyes. Otro aspecto destacable es la procedencia de las cuadrillas. Abucay y Angat, en la propia bahía de Manila, o Silang, relativamente cerca de Laguna, son establecimientos vecinos de la capital, y por tanto naturales como orígenes de los carpinteros. Más sorprendentes son los llegados desde Sanctor (actualmente Santol) o Gapang, ambas en la zona norte de la isla. La cal, según parece procedía completamente de canteras y hornos cercanos, y no del molido de conchas. De hecho, una de las grandes críticas que se realizaría durante el siglo XIX a la arquitectura fi lipina precedente era el uso de una cal de escasísima calidad conseguida del molido 25 Luengo Gutiérrez, Pedro. Arquitectura conventual en Manila. 1571-1645. Trabajo de investigación inédito. Sevilla, 2008. 26 Merino, Luis. Arquitectura y urbanismo en el siglo XIX: Introducción general y monografías. Estudios sobre el municipio de Manila. Vol. II. Manila: Centro Cultural de España-Intramuros Administration, 1987, p. 65. Noticias sobre obras en la iglesia de Tondo en el siglo XVIII 225 de conchas de crustáceos marinos, lo que al parecer no ocurrió en este caso. Ya se ha citado la importante participación de la propia provincia agustina en el horno de cal que existía en Tondo, y que de manera lógica habría sido el principal suministrador de este material. En cambio se requirieron partidas de hornos relativamente cercanos como eran los de Taliptip, Binvangan y el regentado por el chino Boloctong. Todos ellos, incluido el de Tondo, estaban administrados por sangleyes. El ladrillo se utilizó exclusivamente para el enlozado de la iglesia, lo que es un dato relevante para la comprensión de la arquitectura en una zona donde su uso no solo no es extraño, sino muy común en fábricas mixtas de piedra-ladrillo. Se trajo en su totalidad de Mandaloya, que debe corresponderse con la actual Mandaluyong. En tal caso se habría trasladado desde los arrabales del otro lado de Manila. Sobre la construcción del siglo XVIII que se trata en este artículo solo se había publicado una pequeña descripción fechada en 23 de diciembre de 178227. Queda claro que en los cincuenta y cinco años transcurridos desde la fi nalización de las obras, hasta la visita, incluyendo un terremoto de la gravedad del de 1770, pudieron realizarse diversas modifi caciones, de las que no se tienen noticias aún. De todas formas, la revisión del documento completo ha permitido reconstruir en gran medida el edifi cio que existía a fi nales de siglo, destacándose en la descripción el cuerpo de la iglesia, la sacristía, el baptisterio y las casas parroquiales. El templo, se dice era “entero de paredes maestras con doce estribos”, lo que podría interpretarse por un pequeño templo con seis en cada lado. La comprobación de las medidas, demuestra que efectivamente se trata de una estructura con proporciones muy características en Filipinas como ya estudió formalmente Galván Guijo. Según el visitador el cuerpo de la iglesia que debía ser de tres naves tenía un largo de algo menos de 76 metros, y un ancho de algo más de 13 metros. La altura, se entiende de la nave central, superaba los ocho metros. Con estos datos aparece un espacio con los techos muy bajos y estrecho, pero por encima de todo marcadamente prolongado. Con estas dimensiones por tanto, hay que descartar la posibilidad de que se trate no de un edifi cio de seis estribos, sino de doce en cada lado, respondiendo así a su considerable longitud. Esta descripción tiene un parecido importante a un edifi cio que se proyectaría en 1788 para la zona, el Convento de Santa Rosa de Lima. Este último tendría once estribos y una sola nave, lo que debería incidir en el sentido prolongado del espacio. Esta obra sería dirigida por Domingo de la Cruz González, quien era mestizo de sangley, junto a Juan Bautista Nieto de quien no se conoce su origen. A esto habría que añadir el parecido entre la decoración de los vanos de ambas edifi caciones. Por tanto, parece claro que existen ciertos invariantes entre construcciones que probablemente distaban casi cincuenta años en la misma zona. El retablo mayor albergaba un tabernáculo para el Santísimo. La descripción continúa con los retablos del resto de la iglesia, que llega hasta cuatro. Conociendo el tipo de edifi cios conservados en el archipiélago, lo más probable es que se traten de los dos retablos de las capillas que fl anquean el presbiterio, sumados a los dos retablos 27 Díaz Trechuelo Spínola, Mª Lourdes: op. cit. Pp. 282-283. Pedro Luengo Gutiérrez 232 Nombre Origen Material Liangco (cabecilla de carpintería) Maderas Andrés Losada Bongabon José Domingo Sanctor José de Guzman (jefe de cuadrilla) Gapang Bernabé Jamín Juan Bacani (jefe de cuadrilla) Tunas Thomas Dizon Abucay Domingo Sabá Sanctor Augustín Enrequenar Abucay (indio) Silang Juan de la Cruz (indio) Plia Luis García Angat (indio) (indio) Pelia Roque Palad (también Palat) Hno. Bartolo (del convento de Manila) Manila Nicolás Capile (jefe de cuadrilla) Angat Parián Bernardino de la Cruz Angat Matheo de Buenaventura Angat Antonio de la Cruz Angat Principales Gapang Juan Bacani Noticias sobre obras en la iglesia de Tondo en el siglo XVIII 233 Nombre Origen Material Guangco (cabecilla de cantería) Piedra (sangley) Guadalupe (sangley) Santa Rosa Meycauayán Bongco (sangley) Jacinto Singco (sangley) Taliptip Cal Chamco (sangley) Binvangan (sangley) Tondo Boloctong (sangley) (terrero) Mandaloya Ladrillo Figura 2. Tabla de profesionales citados en el documento de 1727.