Patronos y patronal ante la Segunda República
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PATRONOS Y PATRONAL ANTE LA SEGUNDA REPUBLICA ÁNGELES GONZÁLEZ UNIVERSIDAD DE SEVILLA PRIMERA PARTE 200.textos 2 11/12/06 13:22 Página 132
La proclamación de Segunda República no constituyó sólo un cambio de régimen sino la oportunidad tan largamente esperada por las izquierdas de configurar un sistema democrático que posibilitara la modernización política y económica del país. Un proyec- to ambicioso que llevaba aparejado un vasto programa de reformas que estuvo lastrado desde sus mismos inicios no sólo por factores económicos y políticos sino también por su incapacidad para construir un consenso activo en torno al nuevo régimen. La inexperiencia de los nuevos dirigentes y su confianza en la bondad intrínseca de su programa reformador para el conjunto de la sociedad, les llevó a acometer con urgencia la tarea de crear una nueva España sin tener en cuenta la necesaria vinculación de los ciudadanos, en general, y, en lo que se refiere a estas páginas, de los patronos, en ese proceso de modernización. Y, sin embargo, la colaboración de éstos era imprescindible para llevar a buen puer- to sus propósitos puesto que los patronos –tanto cuando actúan de forma individual como de forma colectiva– son siempre actores políticamente relevantes. Esa calidad viene dada por las relaciones de dependencia mutua e interpenetración que se establece entre los poderes públicos y los empresarios en un sistema de economía de libre mercado, puesto que si bien los primeros definen el marco económico y de relaciones laborales en que debe desarrollarse la actividad empresarial, los empresarios asumen una serie de decisiones tales como los niveles de inversión, de producción de bienes y servicios, precios y salarios, etc., que afectan al conjunto de los ciudadanos y, en definitiva, a los propios gobiernos1. Ciertamente, el programa reformista afectaba profundamente a los intereses empresariales, pero la implantación del nuevo régimen no suscitó una actitud de enfrentamiento como tampoco de rechazo radical a las reformas. No quiere ello decir 1. LANZALACO, Luca, D’all impresa all’associazione. Le organizzacione degli imprenditore: la Confindustria in prospectiva comparata . Milano, Franco Angeli, 1990, p. 17-18. ÁNGELES GONZÁLEZ 133 200.textos 2 11/12/06 13:22 Página 133
134 PATRONOS Y PATRONAL ANTE LA SEGUNDA REPÚBLICA que los patronos se sintieran identificados con la República, aunque no pocos de ellos acogieran con ilusión y simpatías su proclamación, como tampoco las organizaciones patronales existentes, pero ni unos ni otras pretendían un enfrentamiento con los nuevos poderes sino establecer canales de comunicación que les permitieran influir sobre ellos desde una posición supuestamente apolítica. De hecho, suele ser habitual que las organizaciones empresariales se autodefinan como tales, y así lo hicieron de manera insistente las españolas en el periodo republicano2, pero esa afirmación no responde a la realidad; de un lado, porque los patronos se identifican con un modelo socioeconómico muy concreto basado en la defensa de la economía de libre mercado y el respeto a la propiedad privada que los sitúa en una posición política determinada; de otro, porque su objetivo consiste en situarse y permanecer en las proximidades de los ámbitos de decisión política para asegurar la defensa de sus intereses. La percepción de la orientación eminentemente social del nuevo régimen, ratificada por su definición en el texto constitucional como “República Democrática de Trabajadores” –aunque se añadiera “de toda clase”–, unido a la inexistencia de cauces de interlocución con los nuevos poderes y a la ausencia de representación política a causa de la quiebra de los partidos tradicionales y de formaciones que se identificaran con su ideario, hizo que –pasado el primer momento de desconcierto, de ilusión en algunos casos, y de espera a la evolución de los acontecimientos– pronto comenzaran a sentirse inquietos y decidieran utilizar los mecanismos a su alcance no para restablecer la situación anterior sino el respeto y defensa de sus intereses, que juzgaban amenazados. Esa actuación se produjo dentro de los límites establecidos por la democracia y conforme al repertorio de acción habitual de los grupos de presión, por lo que se dirigió tanto hacia el gobierno, los partidos políticos como hacia el electorado mediante la publicación de manifiestos, entrevistas con las autoridades, la convocatoria de actos de protesta e incluso propuestas para crear un partido político patronal, que les otorgaron un protagonismo público inusitado hasta entonces. Acción colectiva que, sin embargo y salvo momentos puntuales, no tuvo un carácter unitario. Los empresarios son extremadamente individualistas en lo tocante a la defensa de sus intereses, pero se ven impelidos a recurrir a la acción colectiva en aquellas fases históricas en las que perciben la amenaza de una pérdida de su posición en la sociedad, bien porque el sistema de poder y las instituciones que deben garantizar la tu- 2. Sobre las organizaciones patronales y sus estrategias en este período la obra de referencia sigue siendo CABRERA, M., La patronal ante la II República. Organizaciones y estrategia (1931-1936). Madrid, siglo XXI, 1983. Un análisis sobre su apolicitismo en la misma obra, pp. 251-257. 200.textos 2 11/12/06 13:22 Página 134
ÁNGELES GONZÁLEZ 135 tela de sus intereses se hallen en crisis o bien porque se aborde la configuración de un nuevo sistema político y de un nuevo modelo de sociedad, como fue caso de la Segunda República. En estos períodos, la acción colectiva tiene su cauce natural en el establecimiento de vínculos asociativos –o el fortalecimiento de los existentes– con el objetivo de establecer un sistema asociativo único que pudiera operar como representante y defensor de los intereses comunes de todos, o de la mayor parte de ellos, y sea reconocida como interlocutora por los poderes públicos en el proceso de elaboración e implementación de las políticas públicas. Así pues, los sectores más dinámicos del empresariado o bien aquellos que se sintieron más amenazados, realizaron repetidos intentos para establecer una organización unitaria que representara al conjunto de sus intereses y cauce para la acción colectiva tanto frente a los poderes públicos como frente a los sindicatos. Sin embargo, esos esfuerzos resultaron fallidos a causa de la heterogeneidad de sus intereses, claramente diferentes cuando no abiertamente enfrentados, que, además se vio acentuada en estos años como resultado de la diversa incidencia de la crisis económica en los distintos sectores. De hecho, su desigual repercusión, unido al acusado localismo, al mismo proceso de modernización del sistema productivo y a la presión sindical, provocaron una agudización de las diferencias existentes a nivel sectorial y acentuó la brecha que separaba a los grandes y pequeños patronos, ya que éstos asumieron una posición diferenciada, en no pocas veces claramente hostil respecto a los que calificaban de capitalistas, para afirmar su identificación con los obreros con los que aseguraban tener unos mismos intereses. De otro lado, la dispersión y debilidad de las asociaciones existentes impidió que pudieran establecer incentivos selectivos para atraer y, sobre todo, mantener la fidelidad y cohesión de los patronos3. No obstante, los patronos participaban de un mismo sistema de valores tales como el principio de autoridad, la afirmación de la existencia de una comunidad natural entre el patrono y sus obreros y el temor a cualquier tipo de innovación que pudiera poner en peligro la posición adquirida y el orden existente. Unos valores que, es preciso señalar, no estaban exentos de una contradicción fundamental y característica al mundo empresarial, que les llevaba a una ardiente defensa de la economía de mercado y de la autonomía de la empresa y, al mismo tiempo, de la protección del Estado, amparada en la defensa del interés superior de la nación. Así pues, pese la inexistencia de 3. Vid., CABRERA, M., La patronal ante la II República ; JULIÁ, S., Madrid, 1931-1934. De la fiesta popular a la lucha de clases . Madrid, siglo XXI, 1984, p. 129, 37 y 87-91.Sobre la importancia de los incentivos selectivos, OLSON, M., La lógica de la acción colectiva . México, Limusa, 1992, pp. 61 y 148-149. 200.textos 2 11/12/06 13:22 Página 135
136 PATRONOS Y PATRONAL ANTE LA SEGUNDA REPÚBLICA una organización y de una acción colectiva únicas, la existencia de esos valores compartidos propició un movimiento convergente a la hora de solicitar del Estado protección para sus intereses y la difusión de un sentimiento común de indefensión política y acoso social que se fue extendiendo a todos: grandes, medianos y pequeños, industriales, agrarios y de servicios4. La desconfianza hacia el nuevo régimen se tradujo en una desafección generalizada que no desapareció bajo el gobierno radical-cedista; todo lo contrario, a lo largo de esos dos años sus esperanzas en una rectificación de la República, concebida como motor para la reactivación de la economía, quedaron en gran medida frustradas y ello generó una radicalización de sus posiciones, más acentuada en el caso de los pequeños y medianos industriales y comerciantes y de la patronal agraria, pasó a convertirse en pánico durante la etapa del Frente Popular hasta desembocar en la deslegitimación de la República como un régimen en el que sus intereses no se hallaban representados ni defendidos. “DESASISTIDOS POR EL ESTADO”: EL BIENIO REPUBLICANO-SOCIALISTA En abril de 1931 los nuevos actores políticos, especialmente el psoe, accedieron al gobierno con el objetivo de derribar las relaciones de poder establecidas durante el régimen de la Restauración y establecer un nuevo orden económico y social. Sin embargo, su proyecto de modernización tropezó con serios obstáculos, provenientes no sólo del contexto de crisis económica de los años treinta sino también de la inexistencia de un programa de gobierno único, ni tan siquiera coordinado entre los distintos ministerios, y un notorio desinterés hacia los asuntos económicos. Es más, la prioridad otorgada a la resolución del problema social, intensificada por las amplias expectativas que había suscitado el nuevo régimen entre las clases populares, unido a la existencia de una concepción social de la empresa en amplios sectores de la coalición gobernante, se tradujo en una acentuada despreocupación sobre las repercusiones económicas de la nueva legislación. La proclamación de la República se produjo en un contexto internacional francamente adverso que repercutió de forma negativa en las expectativas empresariales que, lógicamente, condicionaron de forma determinante su nivel de inversiones y, por tanto, afec- 4. Sobre el acoso social “A los patronos se nos persigue como a fieras”, 21-6-1933. Cit en JULIÁ, S., Madrid, 1931-1934 , p. 290. CABRERA, M., La patronal ante la II República ; CABRERA, M. y REY REGUILLO, F. del, El poder de los empresarios. Política y economía en la España contemporánea. Madrid, Taurus Historia, 2002, p. 207. 200.textos 2 11/12/06 13:22 Página 136
taron a la producción y al empleo. Bien es verdad que la incidencia de la crisis fue menor que en países de nuestro entorno dado el menor grado de internacionalización de la economía española y el peso del sector agrícola, pero a ella se añadió la inseguridad generada por el cambio de régimen que, de inmediato, se tradujo en una salida masiva de capitales, el atesoramiento y una bajada en las cotizaciones de la bolsa5. No obstante, esa actitud ha de considerarse como una reacción normal ante un cambio político de tal envergadura y, por otra parte, no puede generalizarse al mundo empresarial ya que en un plazo de pocas semanas todas las asociaciones existentes manifestaron su apoyo a la República, en buena parte movidos por la necesidad de poner término a la precariedad que se había instalado en la vida política desde la caída de la dictadura, la conveniencia de mantenerse en sintonía con la opinión pública mayoritaria y de mantener buenas relaciones con el nuevo gobierno. Probablemente también la presencia del partido radical en la coalición influyó en esa actitud ya que permitía albergar esperanzas de que atemperara el ritmo y profundidad del programa de reformas, aunque su salida del ejecutivo a finales de 1931 no sólo frustró esas expectativas sino, más grave aún, a partir de entonces carecieron de interlocutores políticos en el gobierno6. Indudablemente, la presencia del psoe en el ejecutivo no dejó de suscitar una notable inquietud, que empeoró aún más sus expectativas e influyó en la espectacular caída de la inversión que se produjo entre abril de 1931 y noviembre de 19337, porque aunque el número de ministros socialistas era reducido, la presencia de Largo Caballero en Trabajo y de Prieto en Hacienda no auguraban un horizonte especialmente halagüeño para los intereses empresariales. Cierto es que el programa de gobierno –y luego su praxis– no puede catalogarse en modo alguno de socialista, pero el discurso de las comisiones ejecutivas del partido y del sindicato, como de algunos de sus dirigentes, no dejaba lugar a dudas sobre su concepción de la República como paso intermedio hacia una sociedad socialista8. ÁNGELES GONZÁLEZ 137 5. El impacto de la crisis de 1929 en HERNÁNDEZ ANDREU, J., España y la crisis de 1929 . Madrid, Espasa-Calpe, 1986; PALAFOX, J., Atraso económico y democracia. La Segunda República y la economía española, 1892-1936 . Barcelona, Crítica, 1991, pp. 148-173. No obstante, J. Palafox subraya que la inseguridad – y la fuga de capitalesya se había hecho notar en 1930 ante la incertidumbre sobre el futuro político del país, pp. 175-176. 6. Lo de normal en CABRERA, M., La patronal ante la II República , aunque subraya que las entidades agrarias no manifestaron expresamente su aceptación del nuevo régimen, p. 253 y 283.Véase de la misma autora, “Historia de un desencuentro: la patronal ante la política económica de la Segunda República (1931-1933)”. Pasado y Memoria. Revista de historia Contemporánea , nº 2, 2003, pp. 33-52. La actitud de los empresarios madrileños en JULIÁ, S., Madrid, 1931-1934, pp. 15, 30 y ss. Las vinculaciones de los patronos con el partido radical en TOWNSON, N., La República que no pudo ser. La política de centro en España . Madrid, Santillana, 2002. 7. CARRERAS, A., “Gasto nacional bruto y formación de capital en España, 1849-1958: primer ensayo de estimación” en MARTÍN ACEÑA, P y PRADOS, L. (Eds.) La nueva historia económica de España . Madrid, Tecnos, 1985, pp. 17-51 y 43. Otros índices reveladores de la contracción de la inversión en PALAFOX, J., Atraso económico y democracia , pp. 181-184. 8. JULIÁ, S., “Poder y revolución en la cultura política del militante obrero español”, VV.AA., Peuple, mouvement ouvrier, culture dans l’Espagne contemporaine. Paris, Presses Universitaires de Vincennes, 1990, p. 182-183. MACARRO VERA, J.M., Socialismo, República y revolución en Andalucía (1931-1936). Universidad de Sevilla, 2000, p. 22. 200.textos 2 11/12/06 13:22 Página 137
138 PATRONOS Y PATRONAL ANTE LA SEGUNDA REPÚBLICA En el caso de Prieto –que pronto fue sustituido por J. Carner– su actuación generó intranquilidad y un profundo malestar, que no fue resultado en modo alguno de la aplicación de un programa socialista. Es más, la política del ministerio no se apartó un ápice de la más rígida ortodoxia puesto que no sólo se reconocieron las deudas de la Dictadura, para satisfacción de la banca privada, sino que llevó a cabo una política deflacionista mediante la elevación de los tipos de interés y la reducción del déficit público. Probablemente no era la política más adecuada para esos momentos de crisis, pero sí el tipo de medidas acordes con el paradigma imperante en esos momentos y, como tal, comúnmente puesto en práctica, aunque el alza –aunque moderada– de los tipos de interés y la reducción del gasto público provocaron una alarma creciente por sus evidentes repercusiones sobre las empresas, especialmente en sectores como la metalurgia –inmersa ya en crisis desde 1930– y la construcción, de ahí que de forma reiterada solicitaran la puesta en práctica de un plan de obras públicas. Si a ello se añade el total desconocimiento de Prieto sobre las cuestiones objeto de su competencia y el hecho de que no se recatara a la hora de ponerlo de manifiesto, no resulta extraña la inseguridad y desconfianza del mundo empresarial hacia su gestión9. La presencia en el gobierno de Largo Caballero, el más significado líder sindical del momento, generó una mayor preocupación puesto que su labor como ministro estuvo encaminada a conseguir una posición hegemónica de los “trabajadores organizados sindicalmente”, es decir, de la ugt, no sólo en el sistema de relaciones laborales sino también en los ámbitos de decisión política. Con esa finalidad puso en marcha toda una serie de medidas legislativas que pretendían una mejora sustancial de las condiciones de trabajo y, especialmente, el establecimiento de un nuevo marco de relaciones laborales que, sin ser socialista y menos aún revolucionario, pretendía otorgar a la ugt el control sobre el mercado laboral para avanzar hacia el “ideal supremo” del socialismo de forma gradual y sin violencia10. El establecimiento de un sistema de relaciones laborales basado en una posición paritaria entre los empresarios y los trabajadores organizados, tropezó, sin embargo, con el rechazo de la cnt y, desde luego, de los patronos. Ajuicio de éstos, constituía un inter- 9. El alcance real del aumento de los tipos y de la reducción del gasto público ha dado lugar a interpretaciones contrapuestas; vease PALAFOX, J., Atraso económico y democracia , pp. 193-196 y MARTÍN ACEÑA, P., La política monetaria en España, 1919-1935 . Madrid, Instituto de Estudios Fiscales, 1982, p. 264. Sobre la gestión de Prieto, MARTÍN ACEÑA, P., “Economía y política económica durante el primer bienio” en VV.AA., La II República española. El primer bienio , Madrid, siglo XXI, 1987, pp. 119-134; JULIÁ, S., “Ocho meses en la vida de Indalecio Prieto” en La Hacienda desde sus ministros. Del 98 a la Guerra Civil . Zaragoza, Prensas Universitarias de Zaragoza, pp. 315-342. 10. ARÓSTEGUI, J. “Largo Caballero, ministro de Trabajo”, VV.AA., La II República española. El primer bienio , Madrid, siglo XXI, 1987, p. 61. JULIÁ, S., “Objetivos políticos de la legislación laboral” en Ibidem , pp. 30-32. 200.textos 2 11/12/06 13:22 Página 138
vencionismo abusivo del Estado que atentaba contra el sistema de economía de libre mercado, una cuestión que debería estar al margen de cuestiones ideológicas y partidistas pues- to que, en caso contrario, directamente se estaba cuestionando la propia supervivencia de la nación. La creciente inquietud ante la legislación elaborada por el gobierno provisional y la inexistencia de un partido político con el que pudieran identificarse plenamente y que actuara como transmisor de sus intereses en los ámbitos de decisión política, determinó que las organizaciones patronales asumieran la necesidad de intervenir por sí mismas en el proceso de configuración del nuevo régimen. En consecuencia, acordaron transmitir a las Cortes Constituyentes su propio programa de política económica, que no era sino fiel reflejo de su concepción acerca del nuevo régimen: una República de orden basada en la economía de libre mercado, lo que no era óbice para demandar una moderada intervención del Estado en defensa de la economía nacional cuyo fundamento básico –señalaban– recaía en la agricultura y la ganadería. Sin embargo, pese al carácter claramente conservador de su programa, no existía una oposición radical a las reformas. Atenor de las manifestaciones realizadas a lo largo de 1931, las organizaciones patronales no se oponían a aquellas medidas que se consideraran necesarias para asegurar el “mayor bienestar posible para todas las clases sociales”, siempre y cuando se realizaran de manera gradual y dentro de los límites –considerados infranqueables– de una economía capitalista, única que podría garantizar el progreso y la prosperidad general del país. Así pues, se mostraban partidarios de un gobierno fuerte que acometiera reformas prudentes y sobre todo con capacidad para asegurar la defensa de sus legítimos intereses y de mantener el orden público frente a una conflictividad laboral desbordada, “con más carácter revolucionario que social” que ya había comenzado a propiciar un general “estado de desconfianza” entre sus filas. El cumplimiento de esos requisitos permitiría restablecer la confianza del mundo empresarial y, sobre todo, la colaboración de los patronos con la actuación de los futuros gobiernos11. Sin embargo, las Cortes Constituyentes, como el gobierno salido de las elecciones de junio, ratificaron la legislación ya aprobada sin que se tuvieran en cuenta sus planteamientos; en otras palabras, los nuevos poderes rechazaron la oferta de colaboración formulada y descartaron la integración de los empresarios en el proceso de elaboración e implementación de las reformas. Sin duda alguna, la medida que suscitó un malestar permanente fue la ley de Jurados Mixtos, actitud que no era novedosa puesto que ya se había puesto de manifiesto en re- ÁNGELES GONZÁLEZ 139 11. CABRERA, M., La patronal ante la II República , pp. 49-52 200.textos 2 11/12/06 13:22 Página 139
140 PATRONOS Y PATRONAL ANTE LA SEGUNDA REPÚBLICA lación a los comités paritarios de la Dictadura, pero que ahora se amplificó tanto por su extensión a la agricultura como sobre todo por las amplias competencias otorgadas y las normas fijadas para su desenvolvimiento, que contradecían su teórica concepción como organismos de conciliación de intereses. Su directa dependencia del ministerio de Trabajo, facultado también para nombrar a sus presidentes, dotados con voto decisorio, supuso –a su juiciosu conversión en “organismos de la política socialista de Estado”, un carácter que, para los empresarios, debió quedar claro desde un primer momento puesto que las bases de trabajo aprobadas por los jurados contemplaron en todos los casos importantes aumentos salariales y reducciones de la jornada de trabajo12. Si se tiene en cuenta que esas mejoras no estaban vinculadas a aumentos de la productividad ni consideración alguna a su impacto sobre las empresas, especialmente las medianas y pequeñas, no resulta extraño que pasaran a convertirse en una de las mayores preocupaciones de los patronos, cuyos negocios se habían desarrollado hasta entonces en un mercado laboral con exceso de mano de obra y en la consideración de que la rentabilidad de sus negocios descansaba sobre los bajos salarios, máxime cuando no sirvieron para reducir la conflictividad dado el rechazo de la cnt a participar en los jurados. Preocupación que se trocó en alarma tras la aprobación por el Consejo de Ministros de un proyecto de ley de control obrero en la industria, finalmente no aprobado, y que rápidamente provocó una general movilización al entenderse como un ataque directo a la libertad de iniciativa y a la libre gestión empresarial, más cuando –afirmaban– el texto planteaba unas atribuciones superiores a las establecidas en proyectos similares de otros países y, sobre todo, porque generaría una inseguridad de graves consecuencias para la economía nacional13. Frente al proceso de inversión de las relaciones laborales tradicionales, al que asistían impotentes, y también humillados, los patronos actuaron de forma individual procurando eludir el cumplimiento de la nueva legislación pero también de manera colectiva, aunque en principio con carácter sectorial, puesto que la actuación de los jurados aunó a los pequeños y medianos patronos –los más afectados– y a los grandes, co- 12. J. MALUQUER estimó en un 18% el incremento salarial entre 1929 y 1933, excluida la agricultura, “Precios, salarios y beneficios. La distribución funcional de la renta”· en CARRERAS, J. (coord.) Estadísticas históricas de España. Siglos XIX-XX. Madrid, Fundación Banco Exterior, 1989, p. 507. CABRERA, M., La patronal ante la II República , pp. 50 y 253-255; JULIÁ, S., Madrid, 1931-1934 . pp. 32 y 34. En 1933 22.670 de los veredictos formulados por los jurados fueron favorables a los trabajadores frente a 12.165 a los patronos, lo que reforzó las criticas sobre su carácter político. Cit. en TOWNSON, N., La república que no pudo ser, p. 205. 13. Los jurados tenían atribuciones para elaborar las bases de trabajo de todos los oficios, vigilar por el cumplimiento de los contratos, denunciar las irregularidades que se cometieran, juzgar las denuncias y penalizar las infracciones hasta determinada cuantía. La reacción patronal ante el proyecto de control obrero en CABRERA, M., La patronal ante la II República , pp. 198-202. 200.textos 2 11/12/06 13:22 Página 140
que en no pocos casos fue considerada como un obstáculo a la reactivación económica29. Ciertamente, en otros conflictos la actuación del gobierno benefició claramente a los empresarios, pero ello no impidió que la decepción –e incluso la hostilidad en determinados círculos– se convirtiera en el sentimiento más generalizado acerca de la gestión de los radicales. En el campo, sin embargo, la evolución de los acontecimientos transcurrió de forma diferente, tanto porque muchos propietarios de tierra interpretaron los resultados electorales como si de un triunfo propio se tratara como porque el gobierno quiso dar satisfacción a la ceda en el espacio electoral donde se hallaban sus bases. Con todo, la legislación reformista no sufrió alteraciones de importancia a lo largo de 1934, salvo la derogación de la ley de Términos Municipales, debido a la desunión imperante entre aquellos que simplemente deseaban derogar la obra del gobierno anterior y los partidarios de introducir modificaciones en la misma, de un lado, y al hecho de que las izquierdas obstaculizaron en la medida de lo posible los trabajos parlamentarios, aunque sí se produjo una paralización de la reforma agraria. La inactividad del gobierno no impidió, sin embargo, que los propietarios aprovecharan la nueva situación política para recuperar parte del control perdido y, si bien no se produjo una vuelta atrás porque los socialistas siguieron presentes en los ayuntamientos y jurados mixtos y utilizaron el recurso a la huelga, su actuación no fue suficiente para evitar una notoria reducción de los niveles salariales y del deterioro de las condiciones de trabajo campesinas. UNA NUEVA DECEPCIÓN: LA CEDA EN EL GOBIERNO La revolución de octubre de 1934 fue interpretada por los patronos como prueba del fracaso de la política radical y ratificó en ellos la imperiosa necesidad de un gobierno fuerte que restableciera el orden y la recuperación de la economía, por lo que la entrada de representantes de la ceda en el gobierno fue considerada como la oportunidad de enderezar la situación. Ello explica que la entrada de los ministros cedistas en el gobierno generase de forma inmediata un clima de confianza que se reflejó en notables subidas de la bolsa; sin embargo, muy pronto constataron, sobre todo los pequeños y medianos patronos, que el nuevo gobierno no era el interlocutor deseado. Cierto es que el programa de la ceda contenía puntos coincidentes con los defendidos ÁNGELES GONZÁLEZ 147 29. CABRERA, M., La patronal ante la II República , pp. 219-221 y 238-239; JULIÁ, S., Madrid, 1931-1934 , p. 396; PALAFOX, J. Atraso económico y democracia , p. 231-235. VV.AA., Estudios sobre la II República . Valencia, 1993, pp. 212-214. 200.textos 2 11/12/06 13:22 Página 147
148 PATRONOS Y PATRONAL ANTE LA SEGUNDA REPÚBLICA por los patronos, especialmente la defensa de la propiedad privada como columna vertebral del orden “natural” capitalista, pero también concedía una gran importancia a las reformas sociales con el objetivo de situar al partido en una especie de tercera vía superadora de “la concepción materialista de la lucha de clases” tanto como de “los excesos de un capitalismo explotador e inicuo”, inspirada en la doctrina social católica aunque, a decir verdad, fundamentalmente concebida como un “seguro contra la revolución”30. El reformismo “socialcristiano” de la ceda, con ser limitado y ambiguo, no contaba con el agrado de los patronos, especialmente del sector más conservador, para los que la cuestión primordial era la reactivación de la economía y el restablecimiento del principio de autoridad en las relaciones laborales como requisito previo e imprescindible. La supeditación de las reforma social a la superación de la crisis se convirtió en el eje de su actuación, matizado por una serie de llamamientos a la tranquilidad de los trabajadores y al restablecimiento de la concordia, puesto que –afirmaban- no se pretendía que renunciaran a las mejoras ya conseguidas sino de imponer un límite a las mismas marcado por las necesidades de la producción. Pero en la realidad su actitud fue bien distinta y, de hecho, emprendieron una serie de despidos masivos, que contaron con el apoyo del nuevo gobierno con una batería de normas legales –la suspensión de los jurados mixtos entre ellas– que dejaron a las organizaciones obreras sin capacidad de resistencia alguna. No obstante, el ejecutivo no atendió de la misma manera lo que era un clamor unánime: la reforma de los jurados mixtos e incluso –tal como solicitaban algunos– su directa derogación, que ahora tenía una nueva y poderosa justificación: la “duplicidad” de una clase obrera y de sus organizaciones que no dudaban en utilizar los mecanismos legales establecidos por una legislación claramente decantada hacia sus intereses y, al mismo tiempo, la vía revolucionaria. En consecuencia, era necesario acabar con la presencia de los partidos políticos en los organismos paritarios; es decir, eliminar lo que calificaban como “monopolio” ugetista en la representación obrera, lo que no dejaba en modo alguno el camino libre para el establecimiento de cualquier otro monopolio, incluido el de los sindicatos católicos, que además, no representaban a casi nadie31. No hubo derogación pero sí reforma, aprobada en 1935 y que suscitó reacciones airadas, aunque de distinto signo. Para los sectores más moderados, los cambios eran insuficientes puesto que las funciones de los jurados debían ser meramente conciliatorias y 30. Sobre su concepto de propiedad privada y su reformismo social, MONTERO, J. R., La CEDA , pp. 136-149 y 161-162. 31. CABRERA, M., La patronal ante la II República , pp. 221-222. 200.textos 2 11/12/06 13:22 Página 148
ÁNGELES GONZÁLEZ 149 no arbitrales, salvo que las partes voluntariamente así lo acordaran; para los más conservadores, el incremento de la capacidad de los patronos sobre los jurados mixtos era una cuestión menor: el problema radicaba en su misma existencia, que no era sino demostración de un intolerable intervencionismo estatal en las relaciones laborales, de ahí que ejercieran una notable presión hasta lograr la suspensión de la reforma a finales de año. Con todo, las medidas represivas adoptadas a partir de octubre de 1934 y la reducción de la conflictividad a lo largo del año siguiente no supusieron el fin de los problemas de los patronos puesto que, a pesar de que había identificado a las huelgas como la causa principal de la crisis económica, ahora la paralización de algunos sectores industriales y el notable incremento del paro mostró de forma clara que esa conexión era errónea. Yla responsabilidad para salir de esa situación se hizo recaer sobre el gobierno, al que correspondía aplicar una política económica expansiva mediante el desarrollo de un vasto programa de obras públicas y de ayudas crediticias y financieras, sin menoscabo alguno –claro está– de los fundamentos de la economía de libre mercado. En ese contexto, el proyecto de ley contra el paro, ideado más para reactivar la economía que para aliviar la situación de los obreros sin trabajo, fue considerado bienintencionado pero claramente insuficiente, más aún cuando las prioridades del gobierno –a juicio de determinados círculos industriales– se habían modificado a favor de la nivelación del presupuesto y de los intereses de los propietarios agrarios32. De hecho, la acción del gobierno en el campo fue bastante más enérgica a la hora de restablecer la situación anterior, hasta el punto que los propietarios no sólo consiguieron imponer sus condiciones sino el fracaso de la revisión de la reforma agraria planteada por el reformista Giménez Fernández y la aprobación de una ley de “reforma de la reforma agraria” que no era sino su anulación, de forma que, como afirma M. Cabrera, lograron casi todos los objetivos que se habían propuesto con el cambio de gobierno de 1933, aunque ello no supuso el fin de los problemas de la agricultura, cuyos orígenes y naturaleza eran bien distintos33. Fue entonces, precisamente cuando los suyos rechazaron la función de defender sus intereses desde los poderes públicos, el momento en que los patronos –sobre todo comerciantes e industriales– percibieron su orfandad política con mayor intensidad. Pero esa percepción dio lugar a actitudes claramente diferenciadas porque respondían a situaciones e intereses distintos: para los pequeños y medianos patronos lo que estaba en 32. PALAFOX, J. Atraso económico y democracia , p. 256. 33. Sobre la contrarreforma, MALEFAKIS, reforma agraria y revolución , pp. 397-417; CABRERA. M., La patronal ante la II República, pp. 190-195; MONTERO, J.R., La CEDA, pp. 172-198; MACARRO VERA, J.M., Socialismo, República y revolución , 373-379. 200.textos 2 11/12/06 13:22 Página 149
150 PATRONOS Y PATRONAL ANTE LA SEGUNDA REPÚBLICA juego era su propia supervivencia como tales ante las profundas transformaciones de tipo político, económico y social en curso frente a las que sus organizaciones de carácter gremial y los partidos políticos no habían podido ofrecer una respuesta eficaz. Por tan- to, no se trataba sólo de solicitar una revisión en profundidad de la legislación laboral o de una reforma del ministerio de Trabajo, sino de fomentar la creación de un partido político patronal que reivindicara el papel de los patronos y defendiera sus intereses frente a los “profesionales de la política”34. Surgió así el llamado Bloque Patronal, que en principio agrupaba en un “frente unido” a la patronal madrileña pero con pretensiones de constituirse en plataforma para una organización de ámbito nacional, o el proyecto de crear el Partido Económico de los Patronos Españoles, auspiciado por Giménez Caballero a finales de 1935 con el significativo lema “el poder político para los patronos”. Sin embargo, ninguna de estas iniciativas llegó a buen puerto debido a la existencia de intereses y actitudes contrapuestas y al recelo que despertaron en no pocos sectores, aunque revistieron suma importancia en cuanto los virulentos ataques a los actores políticos, incluidos los considerados en principio como transmisores de sus intereses en las instituciones públicas, reflejaba la desconfianza de los patronos hacia el sistema parlamentario35. La evolución del apoliticismo al antipoliticismo que caracterizó a muchos de estos pequeños y medianos patronos, no fue compartida por los grandes empresarios pues- to que las causas y alcance de sus problemas eran notoriamente distintos. Bien es verdad que ya no disponían de cauces privilegiados de comunicación con los poderes públicos, pero no habían perdido su poder económico y, por otro lado, sus dificultades provenían de factores coyunturales: una política económica tachada de excesivamente intervencionista y la inestabilidad de los gobiernos. Por tanto, la tradicional defensa del liberalismo económico, con las matizaciones ya mencionadas anteriormente, se hizo extensiva al ámbito político, lo que explica su preocupación y resistencias ante las afirmaciones corporativistas de la ceda, aunque ello no fuera óbice para que desde algunos círculos se planteara la conveniencia de establecer una segunda cámara representativa de los intereses económicos36. Situaciones distintas, actitudes contrapuestas pero, sin embargo, se detecta un elemento común a todos ellos: la hostilidad hacia los partidos de izquierda, que no implica la inexistencia total de apoyos a los republicanos radicales, y la ausencia de 34. La iniciativa de crear un bloque patronal o de un frente patronal, que asumiera la defensa de sus intereses ante los poderes públicos al margen de toda mediación política ya había sido planteada por los patronos del comercio en 1930 aunque fue a partir de 1933 cuando se planteó de forma insistente. JULIÁ, S., Madrid, 1931-1934 , p. 113. 35. CABRERA, M., La patronal ante la II República , pp. 227 y ss. 36. CABRERA, M., Ibidem , pp. 264-71. 200.textos 2 11/12/06 13:22 Página 150
una identificación plena con las formaciones derechistas en cuanto no asumían plenamente su ideario. EL FRENTE POPULAR El triunfo del Frente Popular en febrero de 1936 fue acogido con preocupación y temor por los patronos, tal como se reflejó en la caída de las cotizaciones de la bolsa y la evasión de capitales, pero en principio esa inquietud no se tradujo en oposición sino más bien en una actitud de espera, no exenta de recelo, aunque no pueda hacerse extensiva a todos ellos ni a sus organizaciones. Probablemente ello obedecía a la prudencia que en buena medida caracterizó el programa frentepopulista, que nada de amenazador tenía para los patronos ya que descartó cualquier tipo de nacionalización y, por el contrario, incluyó una serie de leyes protectoras a la industria así como un plan de obras públicas dentro de un “plan de reconstrucción nacional”. De forma que sólo la promesa de un restablecimiento de la legislación social del primer bienio –del que explícitamente se rechazaba el control obrero deseado por los socialistas–, la reorganización de la jurisdicción de trabajo y de aumentos salariales campesinos parecía ser motivo de preocupación. Sin embargo, los patronos asistieron impotentes a un desencadenamiento de huelgas desde el mismo día de las elecciones, acompañado por ocupaciones de fabricas y de fincas, como si se hubiera apoderado de las masas obreras, liberadas psicológicamente por la victoria de las izquierdas, un clima de euforia incontenible tras el retroceso experimentado en el bienio anterior, sin que el gobierno ni los partidos de izquierda supieran o pudieran encauzarlo legalmente. Por otro lado, algunas de las medidas adoptadas de forma inmediata causaron una general indignación y resistencia, especialmente entre los pequeños y medianos patronos, como ocurrió con el decreto sobre la readmisión obligatoria con indemnización de los obreros despedidos “por sus ideas o con motivo de huelgas políticas” con efectos retroactivos a enero de 1934 y otras normas que, con el objetivo de resolver la depresión económica y el paro forzoso, contemplaban la intervención del Estado en determinados sectores. Este conjunto de medidas no respondían a las expectativas de los patronos, que en tonos dramáticos denunciaron las gravísimas repercusiones de la oleada de huelgas en sus empresas, ya en una precaria situación debido a la depresión económica, que las abocaba al cierre en aquellos casos en que aún permaneciesen activas. Por otro lado, y más grave aún, eran contrarias al programa del Frente Popular, de manera que no pocos patronos consideraron que la acción del gobierno –inacción en lo rela- ÁNGELES GONZÁLEZ 151 200.textos 2 11/12/06 13:22 Página 151
152 PATRONOS Y PATRONAL ANTE LA SEGUNDA REPÚBLICA tivo a la defensa de la legalidad en el desarrollo de la conflictividad y de sus intereses– no eran sino prueba de que el país se hallaba en una situación revolucionaria que amenazaba los cimientos del capitalismo37 y, por extensión su propia existencia como patronos, sin que sus llamamientos tuvieran eco alguno. Por lo que se refiere al campo, los propietarios de tierras, incluidos los modestos cultivadores, vivieron en un estado permanente de intranquilidad y temor ante la actitud de los campesinos que, en la convicción de que había llegado su hora, impusieron su voluntad en la más completa impunidad, aunque algunos autores apunten que fue el tono adoptado en sus exigencias lo que más contribuyó al desasosiego patronal38. La Confederación Española Patronal Agrícola exigió del gobierno el restablecimiento del orden público en los campos y el acatamiento de las normas legales, incumplidas por los ayuntamientos y las organizaciones sindicales, sin que se adoptaran medidas para frenar la oleada de ocupaciones y asentamientos estimulada por la derogación de la ley de contrarreforma agraria y el anuncio de nuevos proyectos que –a su juicio– desvirtuaban el concepto de propiedad rústica. Carentes ahora de representación en los organismos encargados de aplicar la reforma, enfrentados a una presión campesina –en fondo y forma– que en numerosas ocasiones logró la inversión de las relaciones sociales y sometidos a la decidida voluntad del gobierno de acelerar la reforma agraria en términos que iban más allá de la ley de 1932, la indefensión y la inseguridad, no sólo política, impulsó a muchos propietarios a negarse a realizar la recolección en julio de 1936 y que no pocos de ellos abandonaran sus explotaciones para trasladarse a las ciudades39. Amodo de conclusión, puede afirmarse que la proclamación de la Segunda República situó a los patronos ante una situación radicalmente nueva, no sólo por la pérdida de su proximidad a los ámbitos de decisión política, aplicable básicamente a los grandes empresarios, sino por la coyuntura internacional de crisis en que hubo de desenvolverse el nuevo régimen en la medida que acentuó los desequilibrios y estrangulamientos de una economía tradicional en transformación que afectó sobremanera a los 37. CABRERA, M., La patronal ante la II República , pp. 300-302. Una percepción a la que no debió ser ajena la extrema radicalización del ala izquierda del PSOE. De hecho Largo Caballero llegó a afirmar “se ha terminado para la clase capitalista las coyunturas para resolver los problemas; hay que ir derechamente al socialismo”. TUÑÓN DE LARA, M., Orígenes y lejanos y próximos”. En VV. AA., La Guerra Civil Española. 50 años después . Madrid, Labor, 1989, p. 35. 38. MALEFAKIS, E., Reforma agraria y revolución , p. 428; PÉREZ YRUELA, M., La conflictividad campesina en la provincia de Córdoba (1931-1936). Madrid, Servicio de Publicaciones agrarias, p. 203. 39. ROSIQUE NAVARRO, F., La reforma agraria en Badajoz , pp. 303-305. FLORENCIO PUNTAS, A. Empresariado agrícola y cambio económico , pp. 347-350. PÉREZ YRUELA, M., La conflictividad campesina en la provincia de Córdoba , pp. 412- 419. COBO, F., Labradores, campesinos y jornaleros. Protesta social y diferenciación interna del campesinado jiennense en los orígenes de la Guerra Civil (1931-1936). Córdoba, Ayuntamiento de Córdoba, 1992, p. 71. CARO CANCELA, D., Violencia política y luchas sociales: La segunda República en Jerez de la Frontera (1931-1936). Jerez de la Frontera, Ayuntamiento, 2001, p. 436-437 y 442-444. 200.textos 2 11/12/06 13:22 Página 152
pequeños y medianos. Carentes en su mayor parte de una capacitación profesional adecuada, habituados a la protección del Estado, a una posición hegemónica en las relaciones laborales y ante la ausencia de representación política, el programa reformador no suscitó una oposición radical sino una actitud de espera –no exenta de desconcier- to, e incluso de ilusión en algunos casos–. Sin embargo, sus esperanzas en unas reformas prudentes, respetuosas de la economía de libre mercado y de sus intereses, de una República de orden, en definitiva, se vieron frustradas a causa del voluntarismo de los gobiernos reformistas que, en la necesidad de atender las expectativas de los sectores populares, rehusaron la integración de los patronos en el nuevo régimen, rechazando sus ofertas de buena voluntad y colaboración (que fueran o no realmente sinceras es cuestión al margen de estas páginas y en todo caso difícil de analizar). En consecuencia, la República pronto pasó a ser considerada como un régimen parcial, orientado a la defensa y promoción de los intereses de los trabajadores, por lo que los patronos, sobre todo los pequeños y medianos comerciantes e industriales, denunciaron de forma insistente y ya desde 1931 su desprotección política. No puede descartarse que la íntima conexión entre el psoe y la ugt actuase como referente en su búsqueda afanosa de un partido político que actuara como transmisor y defensor de sus intereses que, sin embargo, nunca hallaron. Yera lógico que así sucediera porque los patronos no constituían una clase social ni tampoco política –aunque algunos así lo afirmaran– sino un grupo de interés y ningún partido con vocación de gobierno puede identificarse por entero con un grupo determinado por el coste electoral que necesariamente lleva aparejado. Esa realidad caracterizó las relaciones entre los patronos y sus organizaciones con las derechas durante el segundo bienio, tanto en lo que se refiere al partido radical como, sobre todo, a la ceda, cuya defensa de la propiedad privada y del orden natural capitalista se insertaba dentro de un modelo social cristiano y de la aplicación de un reformismo que, a esas alturas y pese a su tibieza, decepcionó en gran medida las esperanzas depositadas en su gestión, sobre todo entre los industriales y comerciantes a causa, entre otros motivos, de la especial atención prestada a los intereses de los propietarios agrarios. Exasperados por su indefensión política, el impacto de la crisis económica y la presión sindical, percibidas entonces de forma dramática por los pequeños y medianos patronos, a partir de 1933 se intensificaron las propuestas para la creación de un partido patronal que no llegó a consolidarse por la heterogeneidad de situaciones e intereses propias del mundo patronal, pero de extraordinaria significación en cuanto revelaban una acusada desconfianza hacia los partidos políticos y hacia el sistema parlamentario, ÁNGELES GONZÁLEZ 153 200.textos 2 11/12/06 13:22 Página 153
154 PATRONOS Y PATRONAL ANTE LA SEGUNDA REPÚBLICA agudizada de forma extraordinaria durante la etapa del Frente Popular, que no puede hacerse extensiva a los grandes empresarios industriales y comerciantes, partidarios de un liberalismo siempre matizado por la salvaguardia de sus intereses. En suma, la ausencia de un consenso en torno a la República ocasionó la desafección generalizada de los patronos hacia un régimen en el que sus intereses no hallaron acomodo. Ysi bien ello no se tradujo en actitudes antirrepublicanas ni en un apoyo al fascismo, no dejaba de ser ésta contradictoria y peligrosa puesto que la legitimidad de la democracia –como de cualquier régimen– exige que sus ciudadanos se sientan adecuadamente representados, superando las dificultades derivadas de la necesidad de conciliar los intereses particulares y el interés general. Ese sentimiento, que se tradujo en una progresiva y creciente desconfianza hacia el régimen republicano, fue intensificándose conforme avanzaba el primer bienio sin que las esperanzas depositadas en el gobierno radical de 1933 pudiera frenarlo, sino todo lo contrario. Esa profunda decepción se convirtió en pánico a partir de febrero de 1936 desde el momento en que los empresarios percibieron el desbordamiento del gobierno, impotente ante una efervescencia social, política y sindical sin precedentes frente a la que los empresarios se encontraban inermes puesto que carecían de interlocutores políticos en el poder. 200.textos 2 11/12/06 13:22 Página 154