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La conducta penal del Capitán Atayde en El Alcalde de Zalamea

Acedo Castilla, José F.

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LA CONDUCTA PENAL DEL CAPITÁN ATAYDE EN EL ALCALDE DE ZAI.AMEA (*) Por JOSÉ F. ACEDO CASTILLA 1 La obra dramática de Calderón, El Alcalde de Zalamea, está catalogada en la literatura mundial como una creación poética imperecedera. Es un cuadro rico en costumbres, una construcción arquitectónica que contiene todo el arte. Sólo en una hora muy feliz -como escribe Kra sz nact> _ llegan los más geniales poetas a una producción igual. El Alcalde de Zalamea de Calderón, que se publica por primera vez en 1651 en la colección, "E l mejor de los mejores libros que ha salido de comedias nuevas", con el título El garrote más bien dado, es posterior a otra obra del mismo título, atribuida a Lope de Vega, la que -según los profesores Shergol y J.E. Varey<zi_ fue representada por la Compañia de Antonio Prado en 12 de Mayo de 1636. Admitida la prioridad cronológica de El Alcalde de Zalamea de Lope de Vega sobre el de Calderón, podemos considerar Ja obra de éste como una refundición de la obra del primero, pero en un sentido muy amplio, pues, -c omo dice Díez Borque< 3 >_ la obra de Calderón supera con creces al modelo, hasta el punto de convertirse en un drama totalmente nuevo y original, con la maestría de toda la producción dramática calderoniana. 126 JOSÉ ACEDO CASTILLA Aunque aparentemente los dos drama s tienen mucho en común, son mayores las diferencias que los punto s de co ntacto, ya qu e en puridad, la dependencia de la obra de Calderón con respecto a su fuente es muy limitada. "Calderón -como escribe Espino' ~ > _ siguiendo su té cnica de unificación y condensación, ennoblece y perfila los caracteres centrales, so bre todo, Pedro Crespo y Don Lope de Figueroa, eliminando en el primero la rusticidad y rasgos cómicos con lo que lo dibuja Lope, y que resultan incongruentes con la dignidad que tal figura requiere, y concediendo al segundo 1m\s acusada intervención en Ja fábula. Reduce a una sola las dos doncellas ultrajadas. a uno sólo también los dos capitanes para centrar el interés. y cr ea la figura simpática y arrisca da de Juan, hijo del glori oso Alcalde y buen hermano de Isabel. Con los tipos episódicos de Menda y Nuño, compone escenas que recuerdan los mejores pasajes del Lazarillo; personifica en Rebolledo y la Chispa -la salada vivandera-, la travesura y el desgarro de la soldadesca, anónima y sin relie- ve en la obra de Lope, y recoge, finalmente, para engrandecerles, los atisbos geniales de éste, al unir en una sola persona el vengador y el juez , y al hac er que Felipe II re suelva el conflicto inclinándose al lado de la justicia concejil". Por tantos motivo s y en grado tal -concluye Espino( si _ El Alcalde de Calderón aventaja al de Lope. Como fuente literaria de El Alcalde de Zalmnea de Lope y. por tanto, del de Calderón, se señaló una "his toria '' narrada en II Nove/lino ( 1476) de Masuccio Salernitano, según la cual: "marchando Don Fernando, Rey de Sicilia y Príncipe de Aragón, a Perpiñán para liberarla del dominio francés, se detuvo en Valladolid en casa de un caballero castellano. Dos miembros de su séquito deshonraron a las dos hijas del huésped en cuestión. El Rey Fernando, después de haberles obligado a contraer matrimonio con sus víctimas, los hizo degollar para satisfacer a la justicia. A las dos viudas dueñas de la herencia de los recién aj usticiados, las desposó con otros vasallos de alta alcurnia". En la historia que narra Ma succio, ha y efectivamente importantes semejanzas, pero son mayores la s diferencias: aquí es el Rey quien ejerce la justicia y no el padre ofendido; los culpables son degollados como corresponde a su clase social y no LA CONDUCTA PE N AL DEL CAPITÁN ATAYDE EN EL ALCALDE /JE Z4W1EA 127 ahorcados; las dos hijas deshonradas no son confinadas en un convento sino que vuelven a casarlas y la acción ocurre entre nobles con lo que la oposición de clase, - -factor clave en los dramas de Lope y Calderón-, desaparece. Por todo ello, -como observa Díez Borque<6'- puede desestimarse, por completo, esta pretendida fuente literaria. Recientemente Angel David Martín Rubioº', en un estudio sobre este tema publicado en la Revista de pensamiento Raz.ón Espaii.ola en base al contenido de un Perdón, -hallado en el Archivo General de Simancas- a favor de Gómez Fernández de Solís, Capitán de la gente del Arzobispado de Sevilla, vecino de Zalamea, que dió muerte a Pedro Trejo de la gente del Maestre de Alcántara, burlad?r de Leonor de Solís, prima del primero, allá por los años 1476177, aventura la tesis de que en El Alcalde de Zalamea no hay exclusivamente una crónica histórica, ni una elaboración literaria de una tradición. En su opinión, en Zalamea ocurrieron unos hechos que conoció Calderón -no sabemos cómo, dice-, y transformó de acuerdo con sus necesidades poéticas y su intencionalidad ideológica. De esta suerte los personajes a que se refiere el Perdón, como por ejemplo Pedro Trejo, se convierte para Calderón en el Capitán Alvaro de Atayde; Leonor de Solís y su hermana, en Isabel e Inés; Gómez Fernández de Solís, primo y vengador, cede paso a Pedro Crespo y finalmente los hechos se trasladan desde el turbulento período del último tercio del siglo XV al reinado de Felipe II, símbolo de los mejo - res momentos de la Monarquía española y de un poder real que, lejos de cuestionar la validez de los principios morales, interviene para restaurar el orden social que sustentaban cuando habían sido alterados. Pero como quiera que cuanto antecede no va a ser aquí objeto de nuestro estudio, para los fines que nos interesan nos basta con considerar el momento en que Calderón sitúa la acción del drama en Zalamea , es decir, en el verano de 1581, cuando las tropas de Felipe II se dirigen a Portugal para defender sus derechos a la Corona portuguesa, ya que las Cortes de Tomar, en Abril de aquel año, lo habían proclamado Rey, por muerte del Cardenal Infante don Enrique, -que había sucedido al Rey don Sebastián-, muerto en la batalla de Alcazarquivir. 128 JOSÉ ACEDO CASTILLA JI Uno de los tercios que, por el motivo expresado, va n a Portugal. se aloja -co mo hemos dicho-en Zalamea, aldea extremeña en la que vive Pedro Crespo, el ri cachón influye nt e del pueblo, hombre sagaz y fuerte de carácter, que vive bien con Dios y con el mundo, aunque "tiene má s pompa y presunción que un infante de León" <81• Muestra de ello es la contestación que da a su hi jo , cuando éste le aconseja que compre una ejecutoria de hidalgo: "Pues ¿qué gano yo en comprarle una ejecutoria al Rey. si no le compro la sangre? ¿Dirán entonces que soy mejor que ahora? No, es dislate. Pue s, ¿qué diran? Que soy noble por cinco o seis mil reales. Y es to es dinero y no es honra; que honra no la compra nadie ... ". Este hijo, Juan, y una hija Isabel, son tan sanos co mo el padre: la hija. además. es bella en cuerpo y alma. Los sol dado s se alojan en la aldea y el sargento pide posada para el Capitán Atayde en casa de Crespo, no por ser la mejor casa del vecindario, sino por no haber corno su hi ja, mujer tan gua pa en Zalam ea . Mientras el Sargento habla de la belleza de Isabel, el Capitán escucha indiferente. Sólo cuando el sargento le informa que su padre la ti ene encerrada para que no la vean los so ldado s, se despierta su interés y entonces, a toda costa quiere verla < 91 • Para facilitar que su jefe conozca personalme nt e los encantos de la aldeana, Rebolledo, - a quien pinta el poeta co mo un tipo dispues to a toda clase de bajezas noi_ , finge quimera con un soldado. De conformidad con lo tramado, el Capitán desva in a su sable, y los persigue. Rebolledo huye precipitadamente al piso superior e irrumpe en el aposento de Isabel n 11 • El Capitán se lanza detrás de él, y ve con gran asombro de su parte a una mujer, de indescriptible belleza, una gran señora de la que al instante queda prendado. LA CONDUCTA PE'lAL DEL CA P ITÁN ATAYDE EN EL ALCALDE DE ZALAMEA 129 Más tarde, él mismo describe su impresión de la siguente manera: "Pensé hallar una villana; si hallé una deidad ¿no era preciso que peligrase en mi misma inadvertencia? En toda mi vida vi más divina, más perfecta hermosura ... 11 ~,,, . Atraídos por el alboroto, acude Pedro Crespo y su hijo. Uno y otro se dan cuenta de lo que sucede pero cada cual obra según su carácter respectivo: el padre con reconcentrado disimulo, el joven con bravura impetuosa. Entonces aparece el General Don Lope de Figueroa, la personificación más brillante y simpática del caudillo español del siglo XVI. terror de Flandes, de Italia y de Alemania. El General, que conoce a su gente, adivinando inmediatamente lo que sucede, manda al Capitán que busque otro alojamiento, con el pretexto de que él quiere quedarse en aquella casa. En los minutos que siguen tiene lu ga r un diálogo entre Don Lopc y Pedro Crespo, que - a juicio de Menéndez Pelayo n1 >-, constituye una de las escenas más admirables del teatro de Calderón. Crespo da las gracias al General por haberle "excusado la ocasión/de perderse./dando muerte a quien pensara/ni aún el agravio menor", Don Lope -celoso de su fuero y preeminenciale arguye que mandaría ahorcar a quien tocara ... "ni aún al soldado menor sólo un pelo de la ropa". a lo que Crespo. por su parte, sienta: "A quien se atreviera a un átomo de mi honor, vi ven los cielos también, que también le ahorcara yo"<> 4 >_ 130 JOSÉ ACEDO CASTILLA Y cuando Don Lope, desconcertado por la sin igual entereza de su interlocutor, le recuerda las cargas que por su condición de labrador está obligado a sufrir, obtiene esta triunfal y definitiva respuesta: "Con mi hacienda; pero con mi fama, no. Al Rey la hacien da y la vida se ha de dar; pero el honor es patrimonio del alma, y el alma sólo es de Dios". Tan soberana sentencia cierra el camino a toda discusión, y al viejo General no le queda otro remedio que deponer su arrogancia, y confiesa noblemente: "¡Vive Cristo que parece que vais teniendo razón!" ' 15 >. III El Capitán, impresionado por la belleza de Isabel. instantáneamente se ha enamorado, tal vez com o nun ca en su vida. Está fuera de sí , en una confusión psíquica. Sus palabras a este respec- to son significativas; "Este fuego, esta presión no es amor sólo, que es tema, es ira, es rabia, es furor" 061 • Consecuentemente con ello se empeña en hablar con ella, a cuyo fin, con un soldado, le manda mensajes, a los que la joven no contesta; soborna a una sirvienta, pero tampoco surte efecto lo que le lleva más y más a la exaltación. Rebolledo, que conoce bien la pasión de su jefe, inventa ahora dar una serenata para que Isabel tenga que salir a la ventana y pueda ser vista por el Capitán. Este, en principio, se muestra de acuerdo, pero entiende que hay que pensarlo, ya que el General se LA CO ND L' CTA P E~AI. D EL CAPITÁN ATAYDE E:\ EL ALCAWE DF. lALA.llEA 13 J aloja en la casa. Mas pronto se disipan sus dudas: "a unque tenga mayores dificultades - di cepase por todas mi pena. ¡Ah, Isa bel!/ qué de cuidados me cuestas" 117 '. Pedro Crespo invita al General a cenar en el jardín al aire li bre. Era de noche, una noche de Agosto que el poeta pinta admirablemente , de scribien do el pai saje con su aro ma , tibieza y suavidad. El General. superando con gran per sonalidad las diferencias de clase, extiende la mano al aldea no en señal de amistad. Admite a Juan como soldado. a quien dice que Jo toma no como criado. sino que "lo llevo para amigo", y pide a Isabel que le acompañe en la mesa m,_ En la calle, mientras tanto, se da la serenata, durante la cual el Capitán se esco nd e en el grupo para mirar a Isabel. Pero es descubierto por el General, quien <l a la orden de partir del lu gar al día siguiente. Pero Atayde está ya resuelto a no obedecer, aun a co s ta de cometer una falta grave de disciplina <'">. Aparentando cumplir la or<len . sale con la tropa de la aldea, pero con el propósito de volver por la noc he para ver y estar con Isabel, "aunque para ello tenga que raptarla'·. En su mente se ha fijado esta idea obsesiva que ya no le deja en libertad. Se encuentra en un estado crí tico. Don Alvaro -como dice Yalbuena Brionc s 1 ~º' - está dispuesto a envilecerse. por un momento de placer. Don Lope. dando muestra de su categoría personal y su alta nobleza. se despide de la aldeana como Jo hubiera hecho un caballero de una dama de igual condición. besándole la mano y ofreciéndole un presente con estas palabras: "E sta venera que aunque está de diamantes ricos guarnecida, llega pobre a vuestras manos, suplico que la tomé is y traigáis por patena en nombre mío" 121 1• Tras esto, y previa unas sensatas recomendaciones de despedida que hace Crespo a su hijo 1221 , Don Lope, acompañado de Juan, sale del pueblo al encuentro del Rey. 132 JOSÉ ACEDO CASTILLA Ahora que queda solo Pe dr o Cres po , con su hija y su sobrina Inés, se sienta en la puerta de la casa para tomar el fresco. El momento es aprovechado por el capitán y un grupo de conc habados para raptar a Isabel. El padre interviene pero los raptores lo dominan, lo arrastran. y finalmente lo atan a un árbol del bo sque; tres soldados detienen también a Inés y se apoderan de Isabel mi . El capitán se ha convertido en delincuente. IV Atentos a los princi pi os de la Psicología Criminal, la conducta del Capitán Atayde -como dice el Profesor Hennan Kra szma (24 )- está enmarcada dentro del tipo que en esta espec ífica disciplina se denomina el "delito instintivo", lo que naturalmente demanda una profunda investigación por parte del psic ólogo criminalista, para juzgar la acción del sujeto. El análisis de los instinto s, en relación con el sentido moral y la noción del delito, cae de ll eno en el campo de la "Criminología ", lo que le lleva a decir a Garófalo que "la palabra delito no pertenece a los juristas". La noción del delito -a su ente nder- "debe ser investigada por el sociólogo". tes is que aunque inaceptable p or su manifiesta exageración. tuvo el éxito de poner de relieve la necesidad de estudiar "a l ser delincuente", al sujeto activo del delito, en su total estructura psico-somática. Es cierto que en la "Psicología Criminal" se ana li zan diferent es ins ti n tos (de destrucción. de juego, de co ns ervación, de apropiación, etc.) que pueden lle var al delito. Pero cuando hablamos de "de litos instintivos", suelen entenderse por tales aquellos que se originan en el "instinto sexual" y sirven, -sus actos precisamente-para la satisfacción de ese específico instinto, si bien cabe que ello vaya unido a la satisfacción de otro instinto accidental o secundario. Mas en el llamado "delito instintivo ", resulta decis iva una matización: ¿Se realiza como acto repentino (sorpresivo) o se produce y resuelve lu eg o de ci er ta elaboración o plan de ejecución?. Porque esta precisión sí que va a tener mucha importancia en la estimación de los actos del Capitán y, consiguientemente. hasta puede damos la clave para su justo enjuiciamiento. LA COND C CT A PE N AL D EL C APIT ÁN A TA YDE EN EL AL CA LDE DE ZALAMEA 133 Si observamos las distintas fases o encadenamiento de los actos del Capitán Atayde, ve mos que su pasión sexual por Isabel sigue un "iter de elaboración" que pasa por diferentes etapas en su proceso, hasta consumar la violación. Este ''iter" pudieramos iniciarlo pmtiendo de las consideraciones siguientes: a) Las tropas se sienten cansadas, lueg o de una penosa marcha, " ... de un Jugar a otro sin dar un refresco ... "(!ª Escena); el que marcha con ellas, y más el que tiene su mando, se encuentra como preso por la situación; de ahí que el General, Don Lope de Figueroa -que algunos han calificado como el "gran tipo y la gran inteligencia. de la obra"-, permita a los soldados cierto alborozo, al llegar a Zalamea. b) Al enterarse el Capitán de que Pedro Crespo ha encerrado a su hija para librarla de los soldados, se despierta su espíritu violento. Don Alvaro de Atayde no puede aceptar que "a un hombre de su condición, que en la guerra manda forzar puertas y hasta incendiar poblados". se le niegue ver a la bellísima aldeana. c) Aunque fracasa Ja estratagema de Rebolledo de fingir quimera con un soldado para que en su persecución el capitán se introduzca en la habitación de Isabel, la imagen de ésta -como ya dijimos-se le ha quedado grabada vigorosamente, con una impresión que le tiene absorto. d) El nuevo ardid de la "serenata", inspirado también por Rebolledo, hará que Isabel se asome a la ventana y que así el Capitán Atayde -escondido entre un grupo -, puede verla. El General, que lo ha descubierto, da la orden de partir. Pero el Capitán, que está locamente enamorado de la villana y ha caído en el volcán de la pasión, no está dispuesto a obedecer sin antes haber conseguido su propósito, para lo cual, sin importarle su profesión, ni el uniforme, ni el escánda lo , ni la pérdida del ho- nor. concibe la idea de raptarla, con lo que va a comet er el más arcaico de los delitos contra la honestidad, al que desde los tiempos pretéritos de Roma - exactamente desde la época de Constantinose aplicaba la pena de muerte, ora se ejecutase con miras de goce deshonesto, ora fuera para casarse con la raptada burlando los impedimentos que lo obstaculizaban, ya que en uno y otro caso hay una situación de fuerza que anula o suplanta la voluntad de la víctima. 140 JOSÉ ACEDO CASTILLA NOTAS (*) Como resulta del propio título, aquí sólo se trata de " la conducta penal del Capitán Atayde" ... y no de otra~ posibles autorías, complicidades o encubrimientos de otros personajes de la obra. Tampoco es nuestra propósito salim os del marco jurídico-penal del momento h is - tórico, en el que Calder ón si t uó el episodio. La tipificación del hec ho penal perpetrado por el Capitán tendría luego otras proyecciones jurídicas e incluso ca mb ios en la misma termino lo gía, a lo largo de nuestro Derecho penal po siti vo, en las s uc esivas reformas de sus textos. hasta llegar al C. P. vig ente, de 23 de Noviembre de 1995. 1.- Dr. Herman Kraszna. El Alcalde de Zalamea. Anales de la Facultad de Filosofía. Pedagogía y Letras de la U ni versidad de Guayaquil, pa g. 280. 2.- N. D. Shergol y J. E. Varey, citados por José M• Díez Borque en Ja I ntroducción al Alcalde de Zalamea, edic. Clásicos Castellanos. Madrid 1981, pag. 55. 3.- José M' Díez Borque. Ob. cit. pag. 57. 4.-Gabriel Espino. Significación del Alcalde de Zalamea en la dramática calderoniana y en general en el Teatro Espaiiol. Ediciones Ebro, S.A. undéc im a ed ició n. Zaragoza 1977, pag. 13-14. 5.-lbidem id. 6.- Jo sé Mª Díez Borque. Ob. cit., pag. 61. 7.- Angel David Martín Rubio. Elementos históricos de "El Alcalde de Zala - m ea" en Ra zón Española, N° 73, Madrid, Sep.-Oct. 1995, pag. 190. 8.- Pedro Calderón de la Barca. El Al calde de Zalamea. Jornada Primera, Escena III. 9.- lbidem, Escena IX y XII. 1 O.- lbidem, Escena XIII. 11.-lbidem, Escena XV. 12.- lbidem. Jornada Segunda, Escena III. 13.- Marcelino Menéndcz Pe layo. Estudios y discursos de crítica histórica y literaria. Tomo III, Edición Nacional de las Obras Completas. Santa nd er. 1 941, pag. 362-363. 14.-Pedro Calderón de Ja Barca. El Alcalde de Za.lamea . Ob. cit., Jo rnada Primera, Escena XVII. 15 .- lbidem. Jo rn ada Primera, Escena XV1ll. 16.-!bidem. Jornada Se gunda. Escena Il. 17.- lbidem, Escena IIT . 18.-lbidem, Escena VII. 19.- lbidem. Jornada Se gund a, Escena XIII. 20.- Angel Valbuena Briones. Calderón y la Comedia Nueva. Colee. Au stral, Espasa Calpe S.A., Madrid 19 77, pag. 174. 21.-Pedro Calderón de la Barca. El Alcalde de Zalamea. O b. cit., Jornada Segunda, Escena XIX. 22.- lbidem. Escena XXI. 23.- Ibídem. Escena XXIII. 24.- Dr. Herman Kraszna. El Alcalde de Za.lam ea. Ob. cit., pag. 286. 25.- Pedro Calderón de la Barca. El Alcalde de Zalamea. Ob. cit., Jornada Tercera, Escena II. 26.- Según Ind ro Montane lli , en su Historia de Roma (versión española, edic. Plaza & Janes, S.A. Barcelona, 1957, pag. 81-82), Sexto Tarquino, un poco con astu- LA CONDUCTA PENAL DEL CA P ITÁN AT AYDE EN EL ALCALDE DE lALAMEA 141 cia y otro poco con violencia, logró seducir a Lucrecia , mujer de su so brino Lucio Tarquino Colatino. Cometida la infidelidad la pobre muj er le co nfes ó lo sucedido a su mar i do y a su padr e que era Senador, y tras ello se metió una puñalada en el corazón. Al conocerse en el Stmado esta infamia, se produ jeron desordenes en la ciudad, los que aprovechó Lucio Junio Bruno, hijos de una hermana del Rey, para sublevar a las legiones y lograr que és tas marcharan sobre Roma y proclamasen la República en el año 509. Thcodor Mommsen (Historia de Roma, traducción castellana, Tomo 1, Aguilar. Madrid 1956. pag. 273) sostiene que aunque el romance y la l eye n da hayan aumentado y emb rollado la Hi storia de la expulsión de Tarquino el Soberbio, el he c ho verdadero queda en el fondo. 27.- Federi co de Castro. Derecho Civil de Espwia. Tomo 1, Segunda Edición. Instituto de Estudios Políticos. Madrid, 1949, pag. 142. 28 .- Bando de Felipe 11 e11 Extremadura de 28 de Junio de 1580, recogido por Juan B. Montes Bordajandi en su "Estudio Preliminar al Alcalde de Za lamea". Edición Alhambra Logman S.A. Madrid 1990 , pag. 14. 29.- Roge l io Reyes Cano y Eva María Reyes Pérez. El Caballero de olmedo. La vida es sue11o. Biblioteca Hermes. Clásicos Castellanos. Jª Edición. Barcel ona- Madrid 1997. pág. 20. 30.-Mené ndez y Pelayo. E.rtudios de Crítica hisuírica y literaria. Ob. cit., pag. 364. 31 .- Pedro Ca lderón de la Barca. El Alcalde de Zalamea. Ob . cit., Jornada Tercera, Esce na IV. 32.-Ibídem id. 33.- Ibídem. Escena Xlll. 34.- lbidem. Escena VJIJ. 35.- lbidem. Escena XIII. 36.- Ibídem. Jornada III. Esce na VIII. 37.- Ibídem, Es c ena XIV. 38.- E. Pillement. Calderon et /'Alca lde de Zalam ea. Le justice militaire et le justicc. Bref. Nº 47 , 196 1, pág. 2-3. XVI. 39. -Pedro Calderón de la Barca. El Alcalde de ·zalamea. Ob. cit., Escena 40.- lbidem, Escena XVII. 4 1. -lbidem id. 42.- lbidem id.