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Paludismo, cambios climáticos y humedales en el litoral oriental onubense

Sousa Martín, Arturo; García Barrón, Leoncio; García Murillo, Pablo

Abstract

A l menos hasta mediado s del S. XX, el litoral oriental onubense, consti tuía un área endémica de paludismo. A lgunos autores plantean la posibilidad de que esta enfe rmedad, desaparecida de latitudes templa das durante la segunda mitad del S. XX, tome un nue vo impul so debido al Calentamiento Global de la atmó sfera . En este trabajo se anali zan los datos de esta patología en el litoral onub ense durante los S. XV/ll al XX, y se estudia su posible relación con los num erosos humedales de la zona y con los cambios climáticos recientes.

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PALUDISMO, CAMBIOS CLIMÁ ricos y H UMEDALES EN EL LITORAL ORIENTAL ONlJBENSE Arturo SOUSA MARTÍN, L eon cio GARCÍA BARRÓN YPablo G ARCÍA M URILLO Universidad de Sevilla Al menos hasta mediados del S. XX, el litoral oriental onubense, constituía un área endémica de paludismo. Algunos autores plantean la posibilidad de que esta enfe rmedad, desaparecida de latitudes templadas durante la segunda mitad del S. XX, tome un nuevo impulso debido al Calentamiento Global de la atmósfera. En este trabajo se analizan los datos de esta patología en el litoral onubense durante los S. XV/ll al XX, y se estudia su posible relación con los numerosos humedales de la zona y con los cambios climáticos recientes. * * * 1. INTRODUCCIÓN AL PALUDISMO El Palud i smo o Malaria es una enfermedad debida a protozoos transmitidos por la picadura de las hembras de mosquitos del Género Anopheles. Se con sidera como la má s importante de todas las enf ermedades parasitaria s que afectan al hombre (103 paí ses endémicos con una población de 2500 millones, y I-3 millones de muertes/año ; White & Breman, 1994). La propia etimología de la palabra que define la enfermedad - Malaria en español , Mala Aria en italiano- e stablece una relación intuitiva con las áreas palustres a través de las emisiones de metano o sulfhídrico procedentes de aguas estancadas y ricas en bacterias anaerobias (caldo de cultivo óptimo p ara la proliferación del v ector trasmisor de la enfermedad) . Si se analiza la e xpr e sión más empleada en castellano -Palu- di smoes un derivado de la vo z. Palustre que está d atada en el año 1555, Y que significa etimológicament e «perteneciente a pantanos» (Coromin as, 1997). 179 Hoy día el paludismo ha sido err adicad o de Norteam éri ca, Europa y Rusia. aunq ue ha habido una reacti vación en mu cho s puntos de áreas tropicales. Sin embargo es frecuente en el centro y sur del con tinente americano . A sia tropical y subtropica l, algunos países de la cuenca mediterr ánea y áreas de la antigua Unión Sov iética (Reiter, 2000 ). En el caso de España, en la actualidad, el 85 % de los casos de M ala ria det ectados corresponden a pacientes que provienen del centro y oeste de África (Rubio et al., 1999). Las cuatro especies del protozoo que infectan al h ombr e -a l ino - cular los esporozoitos del p ará sito aloja dos en las glándulas saliva les del mosquitoson Plasmodium vivax, Plasmodium ovale, Plasmodium malariae y -la mas peligrosa- Plasmodiumfalciparum (White & Brernan, 1994) . En el h ombr e la enfer medad se debe a los ef ectos dir ectos de la invasión y destrucción de los hematíes y a las reacciones del huésped a ese proceso . La duración del ciclo eritrocitario de la inf ección es importante, ya que correspondían a picos febriles y de escal of ríos cada dos días y cada tres días (la s fuentes históricas se ref ieren a ellas como «tercianas» y «cuartanas»), y solían emplearse para caracterizar los dif erent es parásitos ca usa ntes de la enfermedad (1). Estos p atr one s febriles regulares se ven en la actualidad muy raramente, ya que no son prop ios de paci ente s que reciben un tratami ent o antipalúd ico precoz y eficaz. En la Tabl a 1 aparece la dur ación del cic lo eritrocitario de las 4 especies de protozoos causantes de la Malaria en el h ombre : Es peci e P. falciparum P. vivax P. ovale P. mal aria e Ciclo eritrncitario 48 48 50 72 (horas) Distribuciónactual Áfricasubsahariana. Cen troarn érica y R aro fu erade Áfri ca occi de ntal predominante Nueva Gui nea y Haití s ubco ntinentei ndio Áf rica y cen tral Tabla l. Características de las diferentes especies de protozoos causantes de la Malaria (según White & Breman, 1994). (1) Corresponden a fases esquizonticidas o de esquizonte, con temperaturas de 40° C, que conducen a la sincronización del ciclo parasitario. 180 De acuerdo a esta tabla. Plasmodium nuilariae será causante d las fiebres «cuartanas». y las otras tres especies causarían fiebres «tercianas». Esto es muy importante ya que, en función de los datos que se obtengan en archivos (predominio de fiebres tercianas o de cuartanas). pueden dar una idea del protozoo predominante en cada momento histórico. En la actualidad, en Es paña , Ptasmo dium fa lciparw " es la principal especie detectada (68 % de los casos estudiados, algunos inducidos por transfusión). seguida el e Plasmodium malariae (29 % ), Plasmodium vivax (14%) Y Plasmodium ovale (7%; Rubio et al., 1999), aunque la in,mensa mayoría de los casos provienen de pacientes que han esta do en Af rica. Algunos estudios reci ent es plantean la posibil idad de relacionar la expansi ón o retroceso de esta patología (Loevinsohn, 1994; Mo uchet et al., 1998; Reiter, 1998 y 20 00; Martens, 2000; Bate, 2 004) y otras enfer - m edade s infecciosas (Casman et al., 2000 y 200 1; Parry, 20 00) , con modificaciones o cambios en el clima, como el den omin ado Calentamiento Global. Por ello existe una imp ort ante polémi ca sobre la posibilidad de que , m odi ficaci one s climáticas vincula das al Calentamie nto Global, puedan favo recer una nueva expansión a zonas templadas de enfe rme da des parasitarias endémicas actualmente localiz ada s sólo en las áreas más tropicales. La revisión de los datos históri co s en Andalucía, y particul arm ente en la pro vincia de Huelva, pone de manifiesto la presencia reiter ada d,el paludismo hasta bien entrado el S. XX . Si a ello se añaden las ca racte ns - ticas pro pias del litoral onubense oriental, área muy rica en humedal es. el análisis de la evolución de esta patolo gía p ara sitaria presenta una gran interés intrínseco, no sólo para conocer su evo lución en esta zona, sino también para aportar datos que co ntribuyan a esclarecer la polém ic.aactual que relaciona esta pat olo gía con los cambios globales en el clima. 2. INTERÉS DEL LITORAL ONUBENSE ORIENTAL En este estudio se va a hacer ref er encia a los datos históricos recopilados de esta e nfer medad en España, Andalucía, y en último lugar en el litoral onube nse oriental. El objeto no es otro que d ete ctar si se pueden establecer d if ere~ ci a s relevantes en relación con otras áreas ve cin as. De manera que, al Igual que se ha realizado co n algunas zonas pantanosas de Ing latena (Reiter, 18 1 A rIU''!. ~ 'O ll S ll N!!: lrl ín. Leonero Gare/a B ar nJIl y Pablo Ga rcia MI/rillo _ _ __ 2 000 ). se pueda establecer si hay una mayor incidencia de la enfer medad en las zonas especi almente ricas en hum edales. o con dete rminados p erí odo s o cambios climáticos. El litoral onubense resulta especialmente j nteresante desde este punto de vista, por dos razones: 1°, Se trata de una ZO na que origi nalmente tenía una gran superficie ocupada por cubetas la gun ares (So usa & García Murillo, 1998, 1999 Y 2002), que constituyen un caldo de cultivo óptimo para la r epro ducción del vector que tra smit e la Malaria: el mosquito Ano pheles. Este hecho adqui ere especi al relevancia si se toma en cuent a que en el trans cur so de los últimos sig los estas cubetas han sufrido una imp ortante tran sfo rmación y desecación (So usa, 2004). 2°._Es un espacio endémico p ara el paludismo, hasta los años 50 del S. XX,como recogen do cum ent os históricos al m eno s de sde finales del S. XVIII. A partir de aquí es necesario pre gunt arse por la posibilidad de que exista una r ela ción entre la desaparición de los complejos palu str es y la regresión de esta enfermedad parasitaria. 3. FUENTES DE DATOS Se han re visado los datos existentes en el litoral onubense sobre el paludi smo dur ante los si glo s XVIII al XX. El geógrafo real T om ás Lóp ez, a finales del S. XVIlI , envió un cues - tionario de 14 pre gunta s a los párr oco s de todos los pueblos de España, en el que las pre guntas cuarta y d ecimot erc era hacían referencia a la presencia de aguas estancadas en cada muni cipio, y a las enferm edades pred omin ante s. E sta s encues tas o r ela cione s aparecen edit ada s en dif er ent es revisi one s pro vinciales (Segura Gr aiño, 19 90 ; S egur a Graiñ o & De Miguel , 1990; Ruiz Gon zález, 1999; Sá nchez Sánchez, 1999). Los datos de p resenc ia de enfermedades dur ante el S. XV IIl se han expre sado como p orc ent a je de mun icipios dond e aparece cada patología, del total de munic ipios reco gid os, y en cada caso se hace referencia al párroco y fecha de la respue sta a las pre gunt as de T om ás L óp ez [inf ormación más detallada de ello, desglos ada a nivel municipal, se puede ver en Sousa (2004)]. 182 Los datos de mediados del S. XIX proceden fundamentalmente del Diccionario Geográfico-estad ístico-hist órico de Pascual Madoz ( IS .+ 8). aunque se han consultado también otras fuentes como el diccionario de Sebastián de Mi ñano (182 6) o los informes de Hcraso (1890). Para el S. XX se han empicado diferentes doc umentos relativos a los archivos forestales de la zona para la primera mitad del S. XX (r ecopilados por Sousa & Garc ía Murillo, 2000 y 200 1), e labor ados por los prin cip ales responsables de las intensas r ef orestaciones desarrolladas sobre los arenales del litoral oriental onubense (Manuel Kith Tassara y Gaspa r de La Lam a). También se han incluido datos, proced ent es del Instituto Nac ional de Estadís tica, sobre la situac ión actual de esta patología en España. Dadas las fuentes de inf orm ación emplea das .el ámbito es pac ial para rastrear los datos de paludismo en el área gene ral de estudio se tienen que a dap tar a los antiguos cotos de la zona de Abalario (en el caso de los informes forestales), y a los municipios (en el caso de las encuestas de T om ás López y Madoz). Por ello se han selec cion ado t odos los municipios de litoral oriental onu bense, así co mo los más ti mítr ofe s (dentro siempre del interfluvio Tint o -Gu adalquivir). Concre tamente A lmo nte, Bonares, Hin ojos, Huelva, Lucena del Pu ert o. Mog uer, Niebla y Palos de La Front er a. 4. TER CIANAS, CUARTANAS Y PALUDISMO Como ya se ha comentado, los datos históricos se refieren fundam ent alm ent e a «tercianas» y «cuartanas», y no a paludismo, al menos hasta principios del S. XX. Aunque esta terminología es ext rapo lable a toda Eur opa, la cuestión es si el t érmin o terciana y/o cuartana se pueden ligar de ma ner a unívoca a las fiebr es provoc ada s por el paludismo. Esta asoc iación resulta c om plic ada ya que terciana/cu art ana son sínt om as det ermin ados que pue den tener una etiología diversa, mi entr as que malaria/paludismo c orre sponden a una enf erm edad con una etiología cl ara y única (un protozoo). La relación entre los proc esos febriles -denornina dos tercianas y cuartanas - y la malaria, es pue sta de manifiesto por Reiter (2000), estudiand o descripciones clínicas y médicas en Inglat err a dur ante los sig los XVI y XVII. 183 Ha sta el de scubrimiento de la quinina. las convul siones y est ado s paro ;'{Í ~tico s vincul ado s a los proce sos febriles palúdico s. se mitigaban con OpIO y con alcohol. Po steriormente la aparición de la quinina . a finales del S. XVIII, sirvió como único remedio ef ectivo contr a la malaria hasta mediado s del S. XX . A partir de aquí su uso se extendió con rapidez por toda Europa, buena prueba de ello es que a finales del S. XVIII la «quina» es frecuentemente citada como remedio en casi todos los pueblos de la provincia de Huelva contra las tercianas (Ruiz Gonzál ez, 1999). .Por tanto un fu ~rte indicador de que el «ague» (término inglé s que de signaba el paludismo), era realmente la malaria, es la identidad del fármaco que se emple aba para su cura (la quinina ; Reiter, 2000). Esto mismo es aplicable a la gran epidemia que asoló toda España entre 1784 y 1792 , donde el uso generalizado de la quina (quinina) condujo a una mejora ~e la enfermedad como recogen Riera (1984) en las descripciones de finales del S. XVIII, y las Relaciones de Tomás López (Ruiz González, 1999). Por ello, los tratamientos de lucha contra las tercianas, en diferentes municipios de Andalucía a finales del S. XVIII, según las Rela ciones de Tomás López, pueden dar una idea de la vinculación entre estas fiebres periódicas y el paludismo : - En la provincia de Sevilla de los 36 municipios que recogen la presencia de tercianas a finale s del S. XVIII, 16 recogen la importancia de la quina como remedio para esta enfermedad (lo mi smo ocurre en la provincia de Granada) . - Más cerca del área de estudio , en la misma provinci a de Huelva Ruiz Gon zález (1999) recoge 14 poblaciones que señalan como remedio eficaz contra las tercianas la quina. Entre estas poblaciones están dos municipios del litoral onubense: Almonte (<< ...y sólo se padecen algunas tercianas, que a beneficio de la quina se curan. »; Párroco D. Alonso Alvarez y Cardoso, 1785) y Bonares ( <<Las enfermedades comunes de este pueblo son tercianas, y su remedio la quina »; Párroco D. Diego Garrido, 1785) . En otras áreas de Andalucía (como Lebrija , La Puebla de Los lnfant ~ s , El Garrobo. o Esp artinas), también se recoge la importancia que tema ~st e tratamiento para la supervivencia de los afectados por fi ebre s tercianas y cuartanas a finales del S. XVIII, así como de la relación de estas patologías con la miseria y la in edia . 184 Paludismo. cambios climtitico>y hu medales <! :!, d -' i l lJn ~1 or!!:lI ta 0 11 11 /¡l 'lI Sl' En el caso el e la epidemia que. a finales del S. XV ILI sac udió toda España. d ebier on de in terv enir también ot ras pato lo gí as que se solaparon con las t ercianas. y que tenía n una sintomatolo gía pareja. La princip al prueb a de que se trat aba funda me ntalme nte de una gra n epidemia de malaria es el uso gene rali zad o de la quino (quinina), y el é xito que tenía este trat ami ento como recoge Riera (1984) en las descripciones del S. XVIII (adem ás de los diver sos dato s de de scripcio - nes clínica s, alta mortalidad infantil o sobre \a e stacionalidad de la enfermedad). E ste autor cuestiona que toda la mort alidad asociada a «tercianas» durant e este período correspond a en exc lusiva al e fecto del paludismo : Así, para Riera (1984) , las descripciones que se realizan de la gran epidemia de finales del S. XVIlI en España distinguen un elevado número de variedades y formas de malari a, aunque en ocasiones inclu yan procesos que realmente se consideran en la actualidad como entidades clínicas independientes, Y sin relación etiológi ca de ningún tipo con las fi ebres palúdi cas . S. EL PALUDISMO EN EL LITORAL ORIENTAL ONUBENSE: S. XVIII-XX. A continu ación se va a hacer referencia a los datos recogidos sobre el paludismo en España, Andalucía y el litoral onubense oriental, de manera separada para los siglos XVIII, XIX Y XX . 5.1. Datos del S. XVIII A finale s del reinado de Carlos III una gran epidemia de tercianas asoló España (Segura Graiño , 1990; Segura Graiño & De Miguel, 1990), desde 1786 prolongándo se h asta 1792. Riera (1984) se basa, sobre todo, en la documentación que apor - ta el médico Félix Ibáñez en su obra «T opografía hipo crática», para extrapolar los efectos que tuvo esta epidemia , no sólo en La Alcarria (centro de España) , sino en todo el país . Buen ejemplo de ello son los informes parcial es remitidos por los Intendentes de Guadalajara al Consejo de Castilla señalando que, hasta los primeros días de julio de 1787, había en la provincia de Guadalajara 13.499 «tercianarios) , 21.939 con valecientes que supe raro n la enfermedad, 185 -- - -- -- - -- - --- Arturo Soasa Martin, Leoncio Garcia Barrou v Pablo Card a Murillo y 2. 338 defu nciones ca us ada s p or la ep idemia (cifras co nson antes con estudios rec iente s sobre la epidem i olo gía e spa ñol a de la seg unda mitad del S. XV Ill) . En Andalucía la epi demia tamb ién tuvo una impor tante repe rcusión. cO ~lO a p ~ rece recog ido por el P árr oco de Leb rija (provincia de Sev illa), qU1 e ~ senala que en 1787 todavía co ntin uaba n los es tragos de e sta epidem ia en su municipio. Una vez que se tiene un panor am a general de esta enfermedad en España, ye,n Andalucía,.se puede pasa r a analizar los datos disponi bles d entro del area de estudio. Si se analiza la presencia de esta e nferme dad-de acuer do a los datos de las Relaciones del S. XVIII- se obt iene la Tabla 2. Municipio Enfermedad en relación con el paludismo Almo nte Tercianas Bon ares Tercia nas Hin ojo s Tercianas o cale nturas periódicas Huel va Tercianas o ca len turas peródi cas Lucena del Puert o Ca lenturas Moguer Enfe rme da des pro pias de las estaciones Nie bla No dice nada de las enf er me dades Palos de la Fro ntera Enfe rme da des estac ionales Tabla 2. Pre~enci a del paludismo en los diferentes municipios del litoral onuben se Oriental en el S. XVIII (según los datos de las Relaciones de Tomás L ópez). ~ e esta tabl a se ded uce que el paludi smo tenía una imp ort ant e presencia en la zona dur ant e el S. XV III. P er o lo que tod avía re sult a más llam ativo del aná lisis de es tos dat os es que la enferme dad citada más veces, co mo principal , en los mu nicip ios e studi ado s son las fi ebr es tercianas. Una primera conclusión apresurada a partir de estos datos - tras constatar que las t ercia nas era n la principal ca usa de mor bilidad en la zona- P ?dr ía r ela cionar de manera dir ecta la prese ncia mayorita ria del paludismo en este área co n la exist enci a de num erosas Ia sun as t emp or ales o ' 186 turbosas, áre as de mari sma s. etc.. sentando así las bases de una relación entre la enf erm edad y los hum edale s. Sin emb argo. para poder soste ner una afirmación de este tipo sería necesari o co mpa rar es tos resultados con otros espacios que n estuvieran caracterizados por la presenci a de numerosos hu medales. En caso co ntrario. se podría inc urrir en un grave error de interpre tació n ya que, cabe la posi bilidad de que. aunque el p aludi smo fuera la patología may ori taria en aque lla fecha. no se deb i er a a la presencia de hum edales en la zo na. sino a p roceso s epi dé m icos más gener ales y ex tendi dos . Por tanto, para resol ver esta c ues tión. es necesario ana liza r la pre va len cia de las difer ent es e nfe rmedades de la é poca (S. XV III ) no só lo en la zo na de estudio, sino en un área más amplia, qu e p erm ita es tab lece r co mparac io nes; per o s iem pre emplea ndo en t od os los casos la mi sm a fue nte de info r mació n (Relaciones de Tomás L ópez), para p od er ho mo loga r los datos de las dif er ent es á reas es tudia das . El resu1 tad o de este análisis co mpara do se pres enta en la Figura 1, don - de se mu estra n las princi pales e nfe r me da des de la é poca en el área de es tudio , en toda la pro vin cia de Hu el va, y en las provin cia s de Sev illa y Gr anad a. Enfermedades más frecuentes en Andalucía a finales del S. XVIII Tercianas Tabardl.!oS QJar1anas Calentufas Carbuncos costados vanas y/o reurrátccs Otras ~ Pl'ovlOci a de Granada 1 • A rea de estuc o . ....i!!l ----------II 8 Ptovmcra de Sevrila Dolores de O 10 20 60 \--- I \! I!I ---------------------- -j 70 80 ..- -r- -- - -~:_- ~~-_, Figura l. Importanciade lasdiferentespatologías en distintas Z01U1S deAndalucía en el S. XVIII. Se apreciaclaramenteque las.fiebres tercia1U1S son lascitadas con más frecuencia en todoslos ámbitos estudilulos, y no sólo en el área de estudio. 187 Arturo ,';'nusa Martin, l.eoncio Card a Barrou .1" Pablo Ga ni a Muri llo Por tanto de esta figura también se puede deducir que las enfermedades más frecuentes eran las fi ebr es tercianas. seguida elelos Dolores de costado y reumáticos. Tabardillos (2) y las fiebres Cuartanas. Segura Graiño ( 1990) señala que en la provincia de Sevilla las enfermedades epidémicas más frecuentes eran las tercianas «que en realidad debían serfiebres palúdicas». Estos resultados son probablemente extrapolables a la m ayor parte de España, y especialmente de Andalucía. Concretamente en esta época llama la atención la mayor presencia de fiebres tercianas que cuartanas, en la provincia de Huelva según los datos de T om ás López. Concretamente Ruiz González (1999) recoge 32 poblaciones con tercianas y 7 con cuartanas. También hay que considerar en estos informes el bajo nivel de conocimi ent os médicos que t ení an los párrocos, y el hecho de que algunas respuestas aparezcan como «calenturas», que ent re las diversas etiol ogí as a las que puede deberse no pod em os excluir el paludismo. Para poder comp a rar más fác ilmente la presencia de fiebres cuartanas y terci ana s en las diferentes zonas, a partir de la figura anterior se filtran sólo Jos datos que co nes ponden a estas patolo gí as. El resultado aparece en la Fi gur a 2: Pres encia de f iebres palúdicas en el área de esludio yAndalucia a finales del S. XVIII O-'-- ---'-- .!-. --~ -L_ Area de estud io Prov incia de Prov incia de Provincia de Huelva Sevilla Granada Figura 2. Porcentaje de mUIlkipios COll presencia de fiebres relacionadas con el paludismoen ~if ~r entes zonasdeAndalucía.Destacantos bajosporcentajesr ecogidos en laprovincta de Granada, y por otro lado IlOse apreciauna mayor prevalenciade estapatologtaen eláreade estudioque C1l la provinciade HuelvaoSe villa. (2) Los tabardillos correspondencon fiebres continuas periódicas remitent e ~ ~ ah ~~ a s , según describe el médico de la localidad de Pastrana (Guadalajara) FelJx lbanez en 1787 (Riera, 1984). ]8 8 Paludismo, cambios cli máti cos vhunt cdulcs (' 11 el I{I '.!- I"' !!. ! '.r i l'l ~ ¡f onu bense Por tanto los result ado s que se obtienen sobre el pal udismo so 1 muy parecidos en el área de estudio y en el resto de la provincia f ll1 ub el~s ~ . De hecho en la provincia de Huelva se obtiene un 69.5 (Ir de los Ill UIl ICI- pio s co n fiebres t er cianas. pero este porce ntaje se inc rem e n t ~ hasta el 84.2 %si se excluyen del aná lisis aque llos núcleos que no informan de enfe rm edade s (4), y aquellos que dicen ser «las generales» (4). En el caso de la zon a de estudio el porcentaje vuelve a estar proba - blemente infra valorado, ya que al suma r a ese 50 % los municipios que seña lan tener calenturas y e nfer meda des estacionales o propias de las estaciones, el porc ent aje sub e hasta 87.5 %, y si se excluyen los mu nicipios que no informan el porce ntaje ya a lc an z ~ el. 100 %. ~ ~n g a s e en cuenta que los cálculos están hech os para los terrrunos mUlll clp ale.s del S. XVIII recogidos en las Relaciones de T om ás L ópez, lo que constituye un porc ent aje mucho más bajo de muni cipios que los act uales. Par a poder apreciar, g rosso modo, si existió una mayor c o ~ c e n t r a  ción de fi ebre s palúdicas en los muni cipios con gra n des zonas hum ed a ~. se han representado los datos de estas fiebres en el S. XVIII por rnurucipios onubenses. Para ello se ha seguido la delineación de.términos e la~o  rada para esta é poca por Rui z González (1999), que obv Iam e n t~ es diferente de la actual. La cartog raf ía re sult ante se r epr esenta en la FIgura 3, y tampo co queda clara en ella una mayor presencia de la e nfer medad en los munic ipios litorales: tAl Municipios onubenses con tercianas a finales del S. XVIII (A) Municipios onubenses con cuartanas a finales del S. XVIII Figura 3. Municipios onubense s afe ctados por fi ebre s tercianas (A) ycuarta - nas (B), a finales del S. XVIII, de acuerdo a las Relaciones de Tomá s López. 189 A ~ o -.!j ~su Martin, Leonc io Careta [J arrón .' Pablo Gan ia Muril lo A pesar de todo ello, sí existen diversas citas de la época que relacionan el paludismo con la presencia de zonas húmeda s en la misma provincia de Huelva (por ejemplo la respuesta del Párroco de Almonáster O, Justo Parra Espinosa, fe chada en 1788). Más concretamente, dentro del litoral onubense,elActa Capitular de 17 de agosto de 1 760 de Almonte señala que desde hace más tres meses se están padeciendo en esta villa una epid emia de terci ana s. y otras enf ermedades. por las que fallecen muchas personas (Ojeda, 1987). En opini ón de este autor, todo ello afectó al crecimiento demo gráfico de Almontecon un importante descenso para la década de 1752-1762. que es extensible también a Hinojos. 5.2. Datos del S. XIX J?urante e st ~ perí odo se siguen encontrando referencias a la imporrancia del paludi smo en el litoral onubense. Madoz (1848) recoze refiri éndose a las enfermedades más comunes de la provincia de Hu elva: «... en los parag es elevados, las af ecciones cerebrales, pectorales y de garganta son muy comunes; lasfi ebr es intermitentes, ter cianas y cuartanas se ad vierten en estas alturas especialmente en verano, y en los ter r. llanos las intermitentes. Generales son para t oda la prov. las calenturas bili osas , si bien se notan menos en los sitios montuos os» (sic). Posteriormente termina diciendo «... habiendo en los t err enos ba jos mas pr edisposición para el desarrollo de las dolencias ya espresadas» (sic) . Por t anto parece que a mediados del S. XIX seguían siendo frecuentes las fiebres palúdicas, p ero estaban más concentradas en las zona s más fácilmente encharcables. De hecho en los municipios con más presencia y proximidad de la gunas (Almonte, Moguer y Palos), aparece claramente la presencia del paludismo, si se analizan los datos de Mado z (1848), como se puede ver en la Tabla 3. Municipio Enfermedades mas frecuentes Almonte Tercian as y alguna s pulmonías produ cidas por los vapore s de los pantanos y calidez de las arena s Bonares Terc ianas producida s por la humed ad (in vierno ) y cal enturas inflamatorias (estío) Hinojos Tercian as y pu lmonía s Huelva No hace referencia a enferm edades Lucenadel Puerto No hace referenciaa enfermedades 190 vl unicipiu Ellrl'rml'dadl'~ mas frecuente ivl ugu <:r Fiebre' In te n l\lILn[e '~ que \ ;UI en di-rninucrou le de que ,1: ' eLI " una laguna prU \l l1la u lu ciudad :-'¡il:hla . '" die ,," fW el J Ik la' e' n fl: rIIH: daJl" Palos de la Frontera Fiebreimermiteutc- Tabla 3. Presencia del paludismo en los dij'erl'l/tes munici pios del área de estudio a mediados del S. XIX , según los datos de Mado: (/ 848). Poco después. a finales de l S. XIX. Ha nsa (1 8YO) con firma esta impres ión sobre los aren ales de la zona el e estudio: « ... observándo se ade má s como salpicadas en e lla num er osas lagu nas y la gunaj os i nf ectos qu e lle na n el ambiente de i nsa lubres emanaciones pa lúdica s». A partir de aquí habrá que recurrir a los documentos e informes forestales de los primeros gestores que -tras la Guerra Civil españolavi- sitaron la zona para implantar un amplio sistema de producción forestal en la Comarca For estal del Sureste de Huelva (García Murillo & Sousa. 1999; Sousa &García Muri Ilo. 2000 y 2001). 5.3. Datos del S. XX Como aparece prolífi camente recogido en otros trab ajos (Ojeda, 1987: Espina & Est évcz. 1992), el área de estudio constituía una zona inhóspita e insalubre. que era considerada como un baldío estéril. A este respecto. uno de los gestores de la reforestación con eucaliptos de esta zona onubens e (De La Lama, 1951) de scnb ía a mediados del S. XX la honda impresión que le debió dejar en aquella época este espacio: «... en aquella inmensa soled ad d eprim ente, sólo p erturbad a por el zum bid o de la espesa nub e de mosq uitos, posibles portado res de paludi smo, que nos envolvían a caballos y jin etes». La relación entre la presencia de aguas estancadas y el paludismo en la zona. es muy patente para Ivs gestores de aquella época. Buena prueba de ello es el in fonne que redacta Gaspar De La Lama. sobre la situación de la zona. para Patrimonio Forestal del Estado. En este informe r eco~e dentro del presupuesto una serie de gastos para luchar contra el paludismo. y para el tratamiento de los trabajadores que ya estén afectados y los que se vayan viendo afectados a medida que se desarrollen las tareas 191 Artl/ro Sousa Murtin, Leoncio CI/reía 8arrán -'oPablo Garciu Mur illo silvícolas (3). Con cr etam ente escribe: «Estando situada lo [inca, en una región palú dica. considera mos lo necesidad de efect uar los trabajos necesarios, que sean pr ecisos poro su sanea mi ento, to mand o ad emás los medidas pr eventivas conducentes a disminuir en lo posible los peligros de cont agi o al p er sonal ocupado en los traba jo s» (De La Lama, 1941). En el mismo inf orm e también señala en relación con las la gun as del Coto l barr a «,.. en su may or parte cons ervan ag ua durante el verano, pero fac ilitan ext raordina riamente la r epro du cci ón de los mo s quitos (anopheles) con la consiguiente p ropagación del p alud ismo». Como re cogen E spina &Est évez ( 1992), la intención inicial de aprovechar forest alm ente la zona (po r part e de Patrimoni o Fore stal del Estado y de la V División Hidrológi c o-For estal), est aba también vincul ada a la lucha contra la malaria, tal y como señalaba el in geniero que diri gía la V-División Hidrol ó gico-Forest al Manu el Kith Tassara: « v.. que una vez repo blada pued e convertir esta zona actual me nte árid a y mal s ana p or el paludi smo, en ma gnífico y saludable pinar. :» «. oo pro po rcionánd ose así nuevos bene fi cios a la región» (Kith, 1936). Aunque esto s d ato s h acen referencia fund ament alment e a las lagu - nas turbosas de Rivateh ilos y a las la guna s temporale s de Abalario (dentro del actual Parque Natural de Do ñana), todo hace pensar que la situación podría ser más o m eno s parecida en buena part e de las lagun as del Parque Na ciona l de Doñana, y en las lagunas de P alos y Las M adre s, situadas t ambi én dentro del litoral oriental onub ense (municipios de Palos de la Frontera y Moguer ). En rel a ción con e sta s últ ima s la guna s, los datos de entr evi sta s a Pedro Weickert (orn itólogo que conocía y visitab a las l aguna s de Palos y Las M adr es a m ediado s del S. XX ), re copil ado s p or F ern ández- Zamudio (2005) son b astante s escl arecedor es. S egún estos d atos, al meno s hasta los años 40 la La guna de Las Madr es era un lugar al que la p obla ción loc al rehuía a cercar se por t emor a div er sos pel igro s, entre ello s la po sibilidad de contraer el paludi smo . No ocurría lo (3) Para ello propone protección en las ventanas de las casas contra los mosquitos, recipientes con «aceite de citronella» cuyo fuerte olor ahuyenta a los mosquitos, análisis y tratami entos de los obreros afectados (empleando quinina en caso de infección), aterramiento de los charcos en que esto sea posible por su escaso coste, introducción de Gambusia affinis que se alimenta de larvas de los mosquitos y, si es posible, echar en las orillas de las lagunas petróleo verde de Schwei nfürt cada 15 días. 192 mismo con las la guna s de Palos que, al parecer. tenían cie rto pr stiuio social para las actividadcx cincu ética» (Ferná nde¿-Zallludio, corn. e ~ per s.. 200 3). Tod o ell o h ace pen sar en la pos ibili da d de que las lag unas iurbosas co mo Las Madr es o Rivatchilos fuer an más apro piada s para la re produ cción del mo squit o tras misor del par ásito que otras lagunas más temporal es. Según Ojed a ( 1 987) el pa ludismo no se erradicó de las ti err as perimarismeñas del entorno de Almonte hasta 1957-1959 con la introduc ción de un pez (gambusia). afectando hasta dich a fecha a la estructura de la pir ámide de población . En la actualidad la Malari a se puede con siderar como err adic ada de Europa y, aunque siguen declar ándose cas os en España, la inmen sa ma yoría de ellos corre sponden a p acient es que pro vienen del ce ntro y oe ste de África (Rubio et al., 1999). Los datos pro cedente s dellnstitu- to Naci onal de E stad ísti ca (20 03) en rel a ción con los fallecidos en E spaña por paludismo en los último s 30 año s, revel an poco más de una dec ena de casos anuales . En la Figura 4 se mue stran los dat os mensuales de cas os de paludi sm o decl arado s p ara el p eríod o 1997- 200 1 en toda E spaña: Declaraciones de paludismo en España 1997-2001 70 .- ---------------------- ---, ~ \. 10 o +--- ----r 0- - - --¡ ---- ..,- - - - ,- --- -j 20 0 2 1997 20 00 t 999 1 998 Año Figura 4. Evolución de los casos declarados de paludismo e'~ E~pañ~, de acuerdo al Instituto Nacional de Estadística. Destaca la escasa incidencia de In enfermedad. 193 Ar l llro SnU,WI M arlín . LeO/IC'in Garcia Rll rr ÓII ." Pahlo Gurcia Muril!o 6. LA DESAPARICIÓN DEL PALUDISMO Los dat os hasta aho ra vistos llevan a pensar que las fi ebre s palúdicas est aban muy ex tendida s por toda And alucí a y E spa ña durante el S. XVrIl, pero a p artir del S. XIX se fue reduciendo su di stribuci ón, qued ándo se muy limit ada a det erm in ada s zonas (como el litor al onuben se estudi ado), durante la pr imer a mitad del S. XX , hasta su completa de saparici ón. Es posible comp arar estos resultados con los de otro s trabajos realizados p ara la mi sma épo ca en otr os paí ses : En Inglaterr a la trasm isión del paludi smo di sminuye fuertemente a partir de 1880 , y la enfermedad se hac e relativamente rara, e xcepto durant e un corto p eríod o po sterior a la 1 Guerra Mundial (Re iter, 2000 ). Entre las razone s que recoge este autor para explicar est a bru sca dismi - nución se encuentran : • Desapari ción del hábitat de los mo squito s p or su drenaje y desecación, y por la roturación de las tierr as. • El aumento de la cabaña ganadera que desvía la atracci ón de Anopheles atr opar vus hacia est os animal es, en vez de hacia la especie human a. • Paralelament e a ello hay una di sminuci ón de la pobl a ción humana en e stas áreas, reduciendo así las posibilidades de ho spedar al proto zoo y de alim entar a los mo squitos, como conse cuen cia del incremento de la maquinaria agrí cola. • Los m étodos nuevo s de con struc ción y los materiale s má s mod erno s reducen el riesgo de contacto con los mosquito s. • Un mayor ac ceso a los cuidados médicos, y esp ecialmente la di sminución del coste de la quinin a, permite reduc ir la tasa de super - vivencia del pará sito en el huésped humano . Se puede d ecir que una disminución similar a la que ocurri óen Inglaterra, es ext ensible a los países más prósp eros de Europa (Noruega, Suecia , Dinam arca , Alemania , Holanda, Bélgi ca, Francia y norte de Italia), aunqu e en otros paí ses europeos la enfermedad se mant ení a mu cho más firme (Finlandia, Polonia, Rusia , países limítrofe s con el Mar Negro). Habr á que e sperar hasta la finalización de la II Guerra Mundial donde, con la llegada del DOT, se inicia la desapari ción total de la enfer - m edad en el continente europeo (Bate, 2004). 194 7. PALUDISMO Y HUMEDALES La prese n cia del pa ludismo se ha re l acionad o tradicionalmente con la existencia de f orma cion es palu stres. y ha sido con fr ecu en cia la causa que se ha esgrimido para num erosas de secaci one s (Cirujano & Medina, 200 2). Para la propa ga ción de esta patologí a es imp ortante la pre senci a de humedale s, ya que son nec esar ios para la reproducci ón de los mo squitos, que a ctúan como ve ctor es de tr asmisi ón del proto zoo causante de la enfermedad. Por ello no es de e xtrañar que la zon a de estudio haya sido tradi c ionalmente. y hasta tiempo s muy recientes. un área endé mica de paludi smo (De La Lam a, 1976). La posible rela ción entre la extensión de humedales y la proliferación del paludismo supone una discusión muy antigua en España. Exis - ten numero sas referencias hi stórica s al respect o. entr e las que destaca la fu erte polémica desarrollada dur ante el S. XVIII por los que denostaban la expans ión de los arrozales de la Albufe ra de Valencia, por considerarlos p erjudicial es para la salud públi ca (Riera, 1982). Este tipo de cu estiones cristalizaron parcialmente a finales del S. XIX con una polític a de de secación de áre as en charcada s e insalubre s impul sada, entre otros , por C amb ó. Buen ej emplo de ello fue la de sec a ción de importante s humedal es como la turbera de P adul (Martínez-Parras & Peinado, 1983; P érez-Raya & L ópez-Nieto, 1991 ), e inclu so está en el orig en del proceso de refor e sta ción de toda la zon a de Abalario (dentro del P arqu e Natural de Doñana ; Sou sa, 2004 ). La s medida s de pr evención y lucha contra la malaria van a e star vinculadas a las condiciones del medio natural, y a limitar las c ondi ciones de r eproduc ción y de sarrollo del v ector trasmi sor de la enfermedad. En este sentido, lo primero que hay que s eñala r es que la epidemiolo gía del paludismo pued e variar inclu so d entro de zonas geogr áficas r~lati vamente pequ eñas (White & Brernan, 1994) . Los factore s determin antes (s egún esto s autor es) son desde el punto de vi sta epidemiológico (el subrayado es nuestro): • La composici ón inmunológica y genética de la pobl ación. • La e specie de los pará sito s. • La e specie de los mosquito s en la comunidad de rie sgo. • El nivel de pluviosidad . • La temper atura. • La di stribución de los lugares de cría de los mosquitos. 195