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RESUMEN A partir de las aportaciones de Heckman et al. (1997), Manski (2001) e Imbens (2004), así como Durán (2004) en la literatura española, este artículo aborda la cuestión de si los órganos de control externo pueden contribuir eficazmente al desarrollo de la investigación evaluatoria en poblaciones heterogéneas, particularmente cuando aquélla se basa en la aplicación de métodos de inferencia causal estadística. El artículo sostiene que cuando las características que motivan las diferentes respuestas de los individuos a los tratamientos resultan observables al investigador, el control de las mismas mediante el método de selección sobre observables resulta adecuado. La evidencia encontrada en estos métodos evaluatorios debe, no obstante, contrastarse con el arrojado por otros estimadores, particularmente en el caso de existir características no observables. El estimador de diferencias en diferencias puede resultar, en este caso, de ayuda. Evaluación de políticas públicas sobre poblaciones heterogéneas. ¿Pueden los órganos de control externo contribuir a su avance? José Manuel Cansino Muñoz-Repiso* Rocío Román Collado** 107 **Universidad de Sevilla. Dirección para comentarios: [email protected] ** Universidad de Sevilla.
Los órganos de control externo españoles y, de manera especial, el Tribunal de Cuentas cuentan con las habilitaciones legales necesarias para poder recopilar el soporte empírico necesario para este tipo de evaluaciones. La implementación de su tratamiento se beneficiaría de los paquetes informáticos disponibles. Sobre los resultados de los análisis evaluatorios en poblaciones heterogéneas, los decisores públicos podrían desarrollar reglas de asignación que permitan –bien sobre un criterio de eficiencia, bien sobre un criterio de equidad– optimizar los efectos de los tratamientos o políticas públicas. 1. INTRODUCCIÓN 1 Aunque la evaluación económica de políticas públicas cuenta con una notable tradición a lo largo del siglo XX, recientemente y de manera progresiva sus resultados son tomados en consideración con el fin de mejorar la calidad de un número importante de administraciones. En un sector económico como el público, donde el criterio de éxi- to para las acciones es más difuso que en el privado, las investigaciones evaluatorias a menudo encuentran evidencias que, de ser tomadas en consideración por los decisores públicos, las convertirían en un instrumento potencialmente muy útil para la buena gestión de los recursos públicos. Uno de los desarrollos recientes en las investigaciones sobre evaluación económica de políticas públicas se ubica en la búsqueda de respuestas al problema que supone el que los individuos respondan de forma desigual a una misma política pública –Manski (2001)–. Pacientes que reaccionan desigualmente a un mismo tratamiento, condenados con actitudes de reinserción diferentes a pesar de recibir una misma sentencia judicial, o desempleados con distinta vida laboral tras recibir un mismo programa de formación, son algunos ejemplos de estas respuestas heterogéneas. Dado que la misma política puede alcanzar resultados dispares según los individuos beneficiarios, su efectividad depende no solo de su propio diseño, sino también de la adecuada asignación de partici- Revista Española de Control Externo108 1Los autores agradecen a Antonio SÁNCHEZ (Universidad de Sevilla) los comentarios a una versión preliminar de este artículo. Los posibles errores son, no obstante, responsabilidad de los autores.
pantes a las diferentes políticas alternativas. De esta forma, la mejora en el proceso de asignación supondría una mejora en la efectividad. El decisor público tiene entonces que elegir la política pública óptima para cada grupo de población según el criterio de elección que aplique y, para esa decisión, sería muy útil conocer los resultados de los métodos evaluatorios. Aunque en España la legislación fundamental impide las prácticas discriminatorias en el diseño de las políticas públicas, es frecuente que en la definición de los grupos beneficiarios de las mismas se discrimine según características personales. El nivel de ingresos de los destinatarios, educación, grado de minusvalía, etc., son solo algunos ejemplos de definición de beneficiarios específicos de las políticas públicas. A partir de las aportaciones de Heckman et al. (1997), Manski (2001) e Imbens (2004), así como Durán (2004) en la literatura española, este artículo aborda la cuestión de si los órganos de control externo pueden contribuir eficazmente a esta línea de desarrollo de la investigación evaluatoria en España, particularmente cuando ésta se basa en la aplicación de métodos de inferencia causal estadística, y la población beneficiaria es heterogénea. El artículo está estructurado en los siguientes apartados. Tras la introducción, que también especifica el objetivo del artículo, en el apartado 2 se justifica el uso del término «tratamientos» para referirnos a las políticas públicas. En el apartado 3 se subrayan las limitaciones de las evaluaciones basadas en la estimación de los efectos medios del tratamiento cuando se aplican a poblaciones heterogéneas. El apartado 4 está destinado a definir y justificar el uso del método de «selección sobre observables». El apartado 5 está dedicado a abordar la asignación de tratamientos rivales en una población heterogénea; mientras que en el apartado 6 se hace una valoración de las posibilidades reales que tiene esta línea de desarrollo de la evaluación de políticas públicas, ubicando la cuestión en el papel que pueden desempeñar los órganos de control externo y, de manera especial, el Tribunal de Cuentas. Las conclusiones se resumen al final en el apartado 7. 2. LAS POLÍTICAS PÚBLICAS COMO TRATAMIENTO En la literatura anglosajona especializada en evaluación de políticas públicas, a menudo se denomina a éstas «tratamientos». La explicación del uso generalizado del término probablemente se encuentre en la pionera aplicación del análisis evaluatorio a los resultados de tratamientos médicos sobre una población de pacientes. Trabajos se- Evaluación de políticas públicas sobre poblaciones heterogéneas… 109
minales en la línea anterior, basados en el uso de la inferencia causal estadística, fueron los de Billewicz (1965), Cochran (1968) y Cameron y Pauling (1976). En este artículo también nos centramos en la evaluación de políticas públicas a partir de la aplicación de métodos de inferencia causal estadística. Con la aplicación de la inferencia causal estadística, la efectividad de la política pública o tratamiento (término que utilizaremos en adelante) se determina según el efecto que provoca (efecto causal) sobre la población tratada. Para un individuo cualquiera de la población estudiada este efecto se mide como la diferencia entre el valor alcanzado por la variable respuesta –outcome– tras ser expuesto al tratamiento y el valor del resultado contrafactual de la misma variable, en la situación hipotética de que el individuo no hubiese participado en el tratamiento. Dado que el resultado contrafactual no puede ser observado por el investigador, resulta necesario proceder a su estimación. Para ello se recurre a métodos econométricos y estadísticos. Tras el estudio2de Lalonde (1986), bien sobre experimentos sociales de tipo aleatorio o a partir de métodos cuasi-experimentales, los individuos son asignados a un grupo de tratamiento o a un grupo de control, lo que determina dos estatus potenciales para cualquier individuo; el de tratado (cuando pertenece al primer grupo y se expone de manera efectiva al tratamiento) y el de no tratado (cuando pertenece al segundo, manteniéndose al margen del tratamiento). 3. LIMITACIONES DE LAS EVALUACIONES BASADAS EN EL EFECTO MEDIO DEL TRATAMIENTO. RESPUESTAS UNIFORMES VERSUS HETEROGÉNEAS Si todos los individuos respondieran a un tratamiento de la misma manera, la decisión política óptima sería tratar a todas las personas uniformemente con la mejor política pública o tratamiento disponible. La bondad del tratamiento sería una bondad relativa establecida tras comparar sus resultados con los que arrojan políticas alternativas aplicadas sobre la misma población. El supuesto de la respuesta homogénea de la población a un mismo tratamiento ha sido habitual en los métodos evaluatorios. Par- Revista Española de Control Externo110 2El trabajo de LALONDE (1986) desarrollaba una evaluación del efecto medio de unos programas públicos de formación. Este tipo de políticas públicas ha sido obje- to de numerosos estudios evaluatorios basados en los métodos de inferencia causal estadística.
ticularmente para el caso de los métodos cuasi-experimentales3, la práctica común de los investigadores ha sido asumir que todas las personas responden a un mismo tratamiento de manera similar. Consecuencia de lo anterior es que la mayoría de las evaluaciones basadas en el uso de la inferencia causal estadística se centren exclusivamente en la estimación del efecto medio que provoca un determinado tratamiento sobre la población, analizando cómo el tratamiento impacta sobre una variable que se considera relevante para el propósito evaluatorio y que habitualmente se denomina en la literatura evaluatoria variable respuesta (outcome). Este efecto medio puede estimarse para el conjunto de la población (PATE) o solo para el grupo de individuos seleccionados para exponerse al tratamiento4(PATT). El criterio de elegir el efecto medio de un tratamiento sobre la población como aquel sobre el que se basa la evaluación se ve respaldado, a menudo y además, por dos supuestos: a) Aumentos en el outcome total aumentan el bienestar social5. b) Los aspectos no deseables del tratamiento son bien aspectos sin importancia, o bien se compensan mediante transferencias del gobierno a través de una función de bienestar social. Evaluación de políticas públicas sobre poblaciones heterogéneas… 111 3En CANSINO y SÁNCHEZ (2004) argumentamos que en el ámbito de las ciencias sociales los experimentos aleatorios no resultan habitualmente factibles pese a las ventajas técnicas que facilitan a las investigaciones evaluatorias. Consecuentemente, los investigadores deben buscar alternativas para obtener el soporte empírico necesario para realizar la evaluación. Esto es lo que pretenden los métodos cuasi-experi- mentales tratando de reproducir escenarios experimentales. Estos métodos aplicados para la determinación de la inferencia causal permiten realizar la evaluación de los efectos de un tratamiento, teniendo en cuenta nuestro conocimiento institucional del problema. Asimismo, presentan la ventaja de permitir la consideración de muestras de mayor tamaño frente a los experimentos aleatorios, que trabajan con muestras relativamente pequeñas, y admiten también la posibilidad de aplicar las nuevas técnicas y los nuevos estimadores que se han ido desarrollando en el ámbito no experimental; así lo argumentan HECKMAN y SMITH (1995) en su réplica al trabajo de LALONDE (1986). 4En la revisión de IMBENS (2004) se resumen los tipos de efectos medios del tratamiento (ATE en acrónimo anglosajón) que han sido considerados por la literatura. Así, se refiere en primer lugar al PATE como el efecto medio que el tratamiento evaluado causa sobre la población, y al PATT como el efecto medio del tratamien- to cuando solo se evalúa el efecto que provoca sobre la población que ha sido expuesta al tratamiento. En segundo lugar, el SATE representaría el efecto medio del tratamiento cuando para la evaluación se toma una muestra de la población, y el SATT cuando la muestra es de solo la parte de la población efectivamente tratada. Finalmente, el CATT estimaría el efecto medio del tratamiento condicionado a la distribución de covariables, y el CATE haría lo propio, aunque solo considerando la población que ha se ha beneficiado del tratamiento. 5Así, por ejemplo, un aumento en el nivel salarial, educativo o de la salubridad tendría un efecto positivo sobre el bienestar social.
Sin embargo, es habitual que las respuestas a un mismo tratamiento varíen entre la población. Con frecuencia, en el origen de esa variación deben considerarse determinadas características observables de las personas tratadas, como, por ejemplo, su nivel educativo, experiencia profesional, edad, ingresos, etc. Esta falta de homogeneidad es la responsable, habitualmente, del sesgo de selección muestral en aquellas evaluaciones que se realizan a partir de muestras6. La situación es diferente cuando estamos ante características personales como la motivación, la habilidad o la capacidad física o intelectual; todas ellas son características no directamente observables para el investigador y que pueden introducir sesgo de selección muestral. Lo anterior permite concluir que, para la investigación evaluatoria, la media no responde a muchas cuestiones interesantes si las personas responden de manera diferente a un mismo tratamiento. Si no tuviéramos esto en cuenta podría darse el resultado de eliminar del menú del decisor público un determinado programa, porque la investigación evaluatoria haya encontrado evidencia de que su efecto medio es negativo o, simplemente, no significativo. Sin embargo, los resultados hubiesen sido diferentes si a este tratamiento hubieran sido expuestos solo aquellos individuos con las características adecuadas, mientras que el resto de la población se hubiese beneficiado de tratamientos alternativos. En definitiva, existen cuestiones relevantes sobre el análisis evaluatorio relacionadas con la distribución de las ganancias causadas por un tratamiento. Así, Heckman et al. (1997: 490) subrayan que para el decisor público pueden resultar relevantes, entre otras cuestiones, las siguientes: a) La parte de la población que, siguiendo un determinado tratamiento, se beneficia de él7. Revista Española de Control Externo112 6Para el caso de las políticas activas de empleo, DURÁN (2004: 108) ejemplifica el problema cuando escribe que si aquellos individuos que muestran generalmente unos mejores resultados en su búsqueda de empleo tienen también una mayor probabilidad de participar en el programa, una comparación de los resultados posprograma entre el grupo de participantes y de control tenderá a sobreestimar el efecto del programa. 7Así, en un sistema democrático, el electorado no tiene por qué mostrar la misma preferencia ante dos tratamientos cuyo efecto medio sea similar, pero con resultados favorables para distintas subpoblaciones. La idea de equidad más generalmente asentada permitiría valorar positivamente un tratamiento muy efectivo para colectivos vulnerables, a pesar de que el efecto medio del mismo tratamiento sobre el conjunto de la población no sea significativo. Esto debe incorporarse en la agenda del decisor público.
b) La proporción del total de la población que se beneficia del tratamiento8. c) Determinados cuantiles de la distribución de impactos9. d) La distribución de ganancias entre unos valores de estado básico seleccionados. Desde el punto de vista de la conformación de la acción colectiva, algunas personas podrían juzgar como exitosos tratamientos de los que solo determinados ciudadanos o colectivos reciben beneficios, incluso aunque el efecto medio del tratamiento sea no significativo o, en un caso extremo, reduzca el bienestar social10. En el caso concreto de los programas públicos de formación, a la luz de los resultados obtenidos por Heckman, Smtih y Clements (1997) sería posible incrementar los ingresos laborales de los beneficiarios mediante la asignación de unos beneficiarios a la formación profesional ocupacional, y a otros a la formación básica11. En un escenario con población heterogénea, el bienestar social aumentaría si las políticas públicas se diseñaran de manera que el tratamiento asignado a cada inidividuo variase adecuadamente en función de esas características. Cada persona o grupo de personas recibiría el tratamiento con mayores posibilidades de éxito dadas sus características. En otros términos, la existencia de programas alternativos confiere distintas opciones al decisor público y, para éste, es de interés establecer el valor de las opciones, tarea para la que recurre al análisis evaluatorio de sus efectos. La posibilidad de que varíen las respuestas de los individuos a un mismo tratamiento hace que la investigación en la evaluación de programas pueda ayudar a informar a la política pública a través de los Evaluación de políticas públicas sobre poblaciones heterogéneas… 113 18HECKMAN et al. (1997: 490) señalan que si los votantes tienen expectativas correctas sobre la distribución conjunta de resultados, resulta de interés para los políticos y para los estudiosos de la política económica determinar cómo de ampliamente se distribuyen los beneficios de un tratamiento. Relacionado también con la definición de la acción colectiva, si la mayor parte de los beneficios de un tratamien- to los reciben unas pocas personas se hace más fácil organizar grupos de interés en apoyo del tratamiento que si las mismas ganancias se distribuyen más ampliamente. 19Vid. LEHMAN (1974) y DOCKSUM (1974). 10 Éste puede ser el caso de tratamientos o programas que, teniendo un efecto medio no significativo, sí resultan eficaces para colectivos concretos, como personas marginadas, con adicciones, etc. 11 En este sentido, HECKMAN, SMITH y CLEMENTS (1997) rechazan la hipótesis de que todos los tratados por un programa de formación en EE.UU. mismo resultado. Cfr. DURÁN (2004).
esfuerzos en aprender las consecuencias de reglas alternativas de tratamiento. De manera más precisa, la evaluación de las políticas públicas debería incorporar en su agenda la investigación de cómo las respuestas a un mismo tratamiento varían entre la población. En todo este planteamiento, la llave del éxito consiste en determinar qué personas deben recibir qué tratamientos12. El resto es asignar óptimamente tratamientos rivales a las subpoblaciones relevantes. En línea con lo anterior, el interés y utilidad de la investigación evaluatoria mejoraría si se prestase mayor atención a la variación observada en la respuesta de los tratados al tratamiento. 4. EL MÉTODO DE SELECCIÓN SOBRE OBSERVABLES 4.1. Las características observables En buena medida, desde Lalonde (1986), la evaluación económica de políticas públicas a partir de la aplicación de métodos de inferencia causal estadística se desarrolla sobre experimentos en los que los individuos susceptibles de exponerse al tratamiento son asignados a un grupo de tratamiento o a un grupo de control, lo que determina los dos mencionados estatus potenciales para cualquier individuo: el de tratado y el de no tratado. En los métodos cuasi-experimentales puede esperarse que los individuos beneficiarios y los pertenecientes al grupo de control difieran en características personales, distintas de las propias del tratamiento y que afectan a la variable respuesta o outcome. No obstante, si ambos tipos de individuos (tratados y de control) difieren solo en las características observables, es posible controlar estas diferencias a través de lo que se denomina selección sobre observables con el objetivo de desarrollar una investigación evaluatoria más robusta. El método de selección sobre observables es un método de evaluación que se aplica a los métodos cuasi-experimentales13 y que permite evaluar los tratamientos sobre individuos homogéneos en determinadas características que resultan observables para el investigador. Avanzando lo que luego se expondrá, esto permite, por ejemplo, definir grupos de pacientes con igual edad, sexo, grado de evolución de la patología, etc. En cada una de esas características Revista Española de Control Externo114 12 Cfr. MANSKI (2001: 103). 13 Cfr. HECKMAN et al. (1997: 488).
observables o para varias, los grupos de individuos resultan homogéneos. El método de selección sobre observables permite abordar el problema de las respuestas heterogéneas a un mismo tratamiento cuando éstas están influidas por características observables de la población. En esencia, el método permite controlar la selección por estas características otorgando el estatus de tratado o no tratado, esto es, asignando a individuos al grupo de tratamiento o al de control que son homogéneos en alguna o algunas características observables. Sin embargo, la selección sobre observables no resuelve el problema de la heterogeneidad de la población cuando ésta tiene su origen en características no observables de los individuos. En este sentido resultaría oportuno comparar los resultados con los que pudiera arrojar un estimador como el de diferencias en diferencias. La literatura especializada establece que este control de los individuos por características observables puede realizarse aplicando tres métodos: el método de la subclasificación, el método de matching14 y el método del propensity score15. Para el propósito de este artículo mostramos las posibilidades que ofrece el método de la subclasificación por su operatividad para los órganos de control. No obstante, debe la literatura cuenta por una producción reciente16 e importante en el desarrollo de los métodos de matching y de propensity score. 4.2. Consideraciones preliminares Realicemos, siguiendo a Imbens (2004), algunas consideraciones preliminares, particularmente sobre la nomenclatura relevante. El origen de esta nomenclatura se encuentra17 en las aportaciones ini- Evaluación de políticas públicas sobre poblaciones heterogéneas… 115 14 Para una revisión teórica de los estimadores matching, véanse los trabajos de HECKMAN, ICHIMURA, TODD (1997 y 1998) e IMBENS (2004), así como el desarrollo práctico planteado por ANGRIST (1998). 15 Un desarrollo amplio y reciente del propensity score puede encontrarse en HIRANO, IMBENS y RIDDER (2003). 16 Vid. IMBENS (2004). 17 DURÁN (2004: 110) se refiere a este desarrollo de la literatura sobre la evaluación econométrica de políticas públicas como el modelo de resultados potenciales. Para la evaluación específica de programas de formación, DURÁN (2004) se refiere al modelo de resultados potenciales como Modelo de Roy-Rubin, añadiendo a las referencias que hace IMBENS (2004) en su revisión las de ROY (1951) y HECKMAN y VYTLACIL (2000).
la población. La selección sobre observables permite evaluar la efectividad del tratamiento sobre poblaciones heterogéneas en características observables que logran controlarse por el método de subclasificación, de manera que, finalmente, es posible evaluar la efectividad del tratamiento sobre subpoblaciones homogéneas en esa o esas características. El valor de los estimadores permitirá conocer el rango de variación de las respuestas a un mismo tratamiento. Una vez que la investigación evaluatoria incorpora el análisis de la variación de las respuestas entre la población y si éste encuentra evidencia significativa, Manski (2001) concluye que el planificador social debe entonces solucionar el problema de elegir un tratamiento específico para cada miembro de la población (o subpoblación similar en sus características). En este estadio es factible asignar cada individuo o colectivo al mejor tratamiento disponible. Con un planteamiento optimizador concreto, la elección del planificador podría consistir en elegir una regla de asignación de tratamientos que optimice la respuesta media de la población al tratamiento, siguiendo para ello un criterio de eficiencia económica. Para Durán (2004) debe precisarse el concepto de optimalidad aplicado, por lo que debe recurrirse a algún criterio normativo para poder valorar las distintas asignaciones posibles. Manski (2001) analiza la forma en que un planificador benevolente, que pretende maximizar el bienestar social, asigna los individuos a los distintos programas. En esto, el planificador únicamente puede discriminar entre los individuos a partir de las características observables X. Alternativamente, es posible que la actuación racional del decisor público se traduzca en una regla de asignación de tratamientos informada por el criterio de equidad. Así lo hacen, por ejemplo, Heckman et al. (1997). 5.2. Análisis formal de la asignación óptima de tratamientos Manski (2001) formaliza el comportamiento de un planificador benevolente que asigna tratamientos rivales entre la población a la luz del rango de variación de las respuestas a un mismo tratamiento. El comportamiento racional del planificador benevolente lo exponemos formalmente a continuación siguiendo, en lo esencial, a este autor26. Revista Española de Control Externo122 26 MANSKI (2001) sostiene que, al margen del análisis formal, decidores públicos, como jueces, médicos y otros, aun sin disponer de información sobre cómo varían los resultados de los tratamientos entre la población, abordan el problema de la elección entre tratamientos rivales, como describe.
Supongamos que existe un conjunto finito T de tratamientos mutuamente excluyentes27. El planificador debe elegir una regla que permita asignar un tratamiento específico del conjunto T a cada miembro de la población total J. Las reacciones de cada individuo j∈J al tratamiento al que se le somete se representan por su función de respuesta, yj(.) : T →Y(12) con yj() ∈ Y. En definitiva, una regla de tratamiento es una función (.) J →T que especifica qué tratamiento recibe cada persona. Por tanto, la respuesta del individuo j-ésimo bajo la regla (.) es yj[(j)]. El planificador observa ciertas covariables/características xj∈X para cada miembro de la población. Z denota el espacio de todo el mapa de funciones, X →T. Entonces, las reglas de tratamiento factibles son {(j) z(xj), j ∈J}, z(.) ∈Z(13) Ahora suponemos que el planificador quiere maximizar el resultado medio de la población. Una regla como z*(.) puede mostrarse como óptima si z*(x) ∈arg max∈TE[y()|x], x ∈X(14) En otros términos, la regla de asignación será óptima si el bienestar social resultante es máximo, lo que permitiría: Ex{max∈TE[y()|x]} (15) Por último, el valor de la información que proporcionan las características observables resulta apropiadamente medido por la diferencia entre el mejor resultado medio logrado con y sin el uso de esta información. De esta forma, si no se usa la información de las características de la población y, por tanto, se utiliza un tratamiento uniforme para todos los individuos, el mejor resultado medio logrado sería: max∈TE[y()] (16) Consecuentemente, el valor de la información sobre las caracteristicas observables puede cuantificarse por la diferencia V(x) Ex{max∈TE[y()|x]} max∈TE[y()] (17) Evaluación de políticas públicas sobre poblaciones heterogéneas… 123 27 En el caso de las políticas públicas es razonable suponer que el número de tratamientos rivales es finito.
Analizando la expresión anterior se demuestra que la información sobre las características observables de los individuos no tiene valor si la respuesta al tratamiento es suficientemente homogénea, de manera que exista un tratamiento óptimo común, esto es, * ∈T tal que z*(x) t* para casi cualquier caso del conjunto de características X. Cuanto más varíe la respuesta al tratamiento con X más valiosa resulta la información de las características para el decisor público. 6. ¿ES POSIBLE AVANZAR? Algunos órganos de control externo españoles han aplicado técnicas de evaluación económica de políticas públicas recientemente, obteniendo resultados esperanzadores. La aplicación del DEA a la evaluación del servicio de radiodiagnóstico del Servicio Andaluz de Salud, como revela Colinas (2006), es un ejemplo de esta línea de desarrollo. La evaluación de políticas públicas en poblaciones heterogéneas, cuando se enmarca en los métodos cuasi-experimentales y aborda el problema de la heterogeneidad, según hemos expuesto, a partir del método de la subclasificación, necesita de la información empírica adecuada para poder controlar por características observables y para conocer los valores de la variable respuesta. Solo así es posible obtener el valor de los estimadores PATE y PATT, o bien SATE y SATT, conocer el rango de variación de los mismos entre las subpoblaciones y estar en condiciones de abordar finalmente la asignación óptima de tratamientos. En evaluaciones de programas de formación que toman como variable respuesta los ingresos laborales, la información procedente de organismos de gestión y recaudación tributaria puede ofrecer un soporte empírico adecuado. En el caso español, no obstante, el artículo 95 de la Ley General Tributaria28 impide esta posibilidad al establecer que «los datos, informes o antecedentes obtenidos por la Administración tributaria en el desempeño de sus funciones tienen carácter reservado29». Con objeto de favorecer este tipo de investigaciones evaluatorias, una opción a considerar es incluir en la normativa reguladora de los Revista Española de Control Externo124 28 Ley 58/2003, de 17 de diciembre. 29 Ninguna de las excepciones incluidas en el artículo 95.1 resultan relevantes en nuestra argumentación. Tampoco en el apartado g) del mismo artículo, que autoriza la cesión de datos al Tribunal de Cuentas, pero solo «en el ejercicio de sus funciones de fiscalización de la Agencia Estatal de Administración Tributaria».
programas de formación la obligación de facilitar los datos relevantes a los responsables de la evaluación. Ésta fue la vía seguida por el JTPA30 en EE.UU. Sin circunscribirnos a la información tributaria, la Ley Orgánica de Protección de datos de carácter personal31 ofrece más amplias posibilidades a la investigación evaluatoria cuando ésta, además, la realizan los órganos de control externo. En este sentido, aunque su artículo 11.1 exige que los datos de carácter personal –base empírica de la investigación– sean cedidos con el previo consentimiento del interesado, lo que en la práctica dificultaría disponer de muestras amplias, tal consentimiento no será preciso cuando la comunicación tenga por destinatario el Tribunal de Cuentas en el ejercicio de las funciones que tiene atribuidas. Además, el apartado d) del artículo 11.2 amplía la excepción anterior a las instituciones autonómicas con funciones análogas al Tribunal de Cuentas. Las posibilidades abiertas al soporte empírico de las investigaciones todavía pueden aumentarse considerando el apartado e) del precitado artículo. Este apartado también hace innecesario el consentimiento del interesado «cuando la cesión se produzca entre Administraciones Públicas (es el caso que aquí se considera) y tenga por objeto el tratamiento posterior de los datos con fines (…) científicos32 y 33». Analizada la normativa relevante en materia de protección de datos, puede concluirse que particularmente el Tribunal de Cuentas y, en general, los órganos de control externos españoles están en condiciones de impulsar las investigaciones evaluatorias en el marco de sus funciones. El reforzado carácter empírico de estas investigaciones, cuando se evalúan tratamientos sobre poblaciones heterogéneas, también hace de los órganos de control instituciones que pueden muy bien impulsarlas. Evaluación de políticas públicas sobre poblaciones heterogéneas… 125 30 El programa asociado a la Job Training Partnership Act –JTPA– estadounidense fue objeto de muy influyentes estudios evaluatorios, de entre los que destacan los de HECKMAN, ICHIMURA yTODD (1997, 1998), y el de HECKMAN, ICHIMURA, SMITH y TODD (1998). El JTPA entró en vigor en 1983. 31 Ley Orgánica 15/1999, de 13 de diciembre, modificada por la Ley 62/2003, de 30 de diciembre. 32 El texto entre paréntesis es nuestro. 33 Dada la temprana aplicación de la inferencia causal estadística a la investigación médica, es importante tomar en consideración el apartado f) del artículo 11.2, que facilita la investigación evaluatoria al considerar que tampoco es necesario el consentimiento «cuando la cesión de datos (…) relativos a la salud sea necesaria para (…) realizar los estudios epidemiológicos en los términos establecidos en la legislación sobre sanidad estatal o autonómica».
La operatividad de este plateamiento se beneficia del hecho de que el desarrollo de las evaluaciones, el tratamiento de las bases de datos y el cálculo de los estimadores son factibles a través del uso de paquetes informáticos como Stata, E-views o Matlab. 7. CONCLUSIONES La evaluación de políticas públicas mediante técnicas de inferencia causal estadística debe resolver el problema que plantea la heterogeneidad de la población cuando el escenario en el que se desarrolla la evaluación no es el de un experimento social. Este problema afecta de manera crucial a la relevancia de las evaluaciones basadas en la estimación de los efectos medios del tratamiento. Cuando las características que motivan las diferentes respuestas de los individuos a los tratamientos resultan observables al investigador, el control de las mismas mediante el método de selección sobre observables resulta adecuado; particularmente, en este artículo se ha propuesto el método de la subclasificación, aunque se apuntan otros desarrollos. La evidencia encontrada en estos estudios evaluatorios debe, no obstante, contrastarse con el arrojado por otros estimadores, particularmente en el caso de existir características no observables. El estimador de diferencias en diferencias puede resultar en este caso de ayuda. Los órganos de control externo españoles y, de manera especial, el Tribunal de Cuentas cuentan con las habilitaciones legales necesarias para poder recopilar el soporte empírico necesario para este tipo de evaluaciones. La implementación de su tratamiento se beneficiaría de los paquetes informáticos disponibles. Sobre los resultados de los análisis evaluatorios en poblaciones heterogéneas, los decidores públicos podrían desarrollar reglas de asignación que permitan –bien sobre un criterio de eficiencia, bien sobre un criterio de equidad– optimizar los efectos de los tratamientos o políticas públicas. BIBLIOGRAFÍA ANGRIST, J. D. (1998): «Estimating the Labor Market Impact of Voluntary Military Service Using Security Data on Military Applicants», Econometrica, 66 (2): 249-288. Revista Española de Control Externo126
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