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Sociedad patriarcal: violencia de género y consideraciones éticas

Suárez Villegas, Juan Carlos

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La mujer en el espejo mediatico: El mediotrato femenino. Sevilla, 11 y 12 de marzo 2010 * Facultad de Comunicación * Universidad de Sevilla VICERRECTORADO DE RELACIONES INSTITUCIONALES La mujer en el espejo mediatico: El mediotrato femenino. Sevilla, 11 y 12 de marzo 2010 * Facultad de Comunicación * Universidad de Sevilla 84 volver al indice 12. Sociedad patriarcal. Violencia de género y consideraciones éticas. Juan Carlos Suárez I. Algunas consideraciones sobre el maltrato contra las mujeres El maltrato es un concepto amplio que abarca comentarios, actitudes y comportamientos que mantienen el propósito de vejar a la otra persona. Se trata de una conducta que de manera progresiva va intensificando el control y la sumisión del otro. Hablamos de violencia de género cuando el motivo en el que se basa este conjunto de actuaciones tiene como fundamento la presunción de superioridad sobre la mujer. En otras palabras, el maltrato es el resultado de un proceso educativo por el que el hombre considera que su posición frente a la mujer le permite recurrir a ciertas prácticas de dominio que forman parte de su identidad masculina. Comportarse como un hombre entrañaría ejercer una acción de poder sobre “las mujeres”, en cualquiera de sus modalidades. Por tanto, el maltrato responde a un proceso acumulativo que incluye también estrategias pasivas en el control de la otra persona: miradas, silencios, entradas y salidas sin mediar ningún tipo de comunicación y cualquier otro comportamiento que sugiera aislamiento, separación…, acciones con la carga del castigo, por ser quien es: la mujer que se culpabiliza como responsable del fracaso de la caída, imagen que se encuentra desde los primeros relatos de los orígenes culturales. El maltratador pretende que la víctima desarrolle el complejo de culpa como resorte de su reconocida autoridad y de la posición de dominación que ella debe adoptar con respecto a él. La voz masculina aspira a convertirse en la voz interior de las mujeres. Muchas mujeres que han vivido en sus propias casas este esquema jerárquico de la superioridad del hombre lo asumen como natural, e incluso pueden llegar a adoptar las propias actitudes machistas de respeto a los dictados de su marido. La supuesta relación de igualdad comienza a ser desigual en las expectativas y exigencias mutuas que se formulan, situación que se agrava cuando la mujer se convierte en madre y asume que su único propósito es asegurar la paz familiar, incluso frente a las embestidas de su pareja. El miedo al fracaso, el sentido de ser responsable de lo que le ocurra a su familia, agrava aun más su progresiva conciencia de ser una mujer maltratada, como si fuera un mal inevitable del que no puede escapar. Ahora bien, en sentido más estricto, se habla del maltrato cuando se pasa del castigo psicológico a la agresión física: el propio cuerpo pierde la identidad, pasa a ser también un escenario del poder del hombre. Se presupone una pertenencia simbólica que lleva la dominación al terreno físico. Dentro de su espiral de violencia, se produce un punto de inflexión en el que el verdugo entiende que su derecho sobre la mujer se convierte en la ejecución de su propia voluntad incluso por encima de su libertad física. No puede ir como quiera, no puede ir donde quiera, finalmente, no puede ni siquiera expresar nada con su cuerpo, porque le pertenece. Cualquier acción queda sujeta a su interpretación, pues no tiene voluntad, sus intenciones también corresponden a las que el maltratador le asigne. Frente a esta conducta masculina, todavía muchas mujeres persisten en el empeño de salvar una convivencia que para ellas, de acuerdo con los ideales en los que han sido educadas, representan algo más que una ruptura: un fracaso personal que puede llevarse consigo un proyecto familiar que desea para sus propios hijos. Por otro lado, hasta hace poco, dado el estado de dependencia económica y social de la mujer con respecto al hombre, la ruptura entrañaba enfrentarse a dificultades añadidas para salir adelante con La mujer en el espejo mediatico: El mediotrato femenino. Sevilla, 11 y 12 de marzo 2010 * Facultad de Comunicación * Universidad de Sevilla VICERRECTORADO DE RELACIONES INSTITUCIONALES 85 La mujer en el espejo mediatico: El mediotrato femenino. Sevilla, 11 y 12 de marzo 2010 * Facultad de Comunicación * Universidad de Sevilla volver al indice 10. Sociedad patriarcal. Violencia de género y consideraciones éticas. Juan Carlos Suárez su familia. Por eso, la falta de alternativa enfatizaba la obediencia al hombre como exigencia de la paz familiar, por lo que el castigo de éste reforzaba la idea de que no era lo suficiente buena o responsable en su rol de mujer (dominada), encubierto bajo formas eufemísticas de una buena esposa, madre o amante, dependiendo de las preferencias de aquel en cada caso. Afortunadamente, está cambiando esta concepción de las relaciones de pareja y el maltrato físico se interpreta como una manifestación de un dominio del que hay que defenderse antes de que sea demasiado tarde. Existe una conciencia social de que cualquier tipo de agresión no debe ser tolerada, aunque persisten todavía hoy, incluso entre los más jóvenes, esquemas de control del otro que son semillas de la futura violencia que se desencadenará en la relación de pareja. En ocasiones, las mujeres suponen que el hombre recurre a la fuerza física por sus condiciones instintivas, explicando así el maltrato, la violencia como consecuencia del carácter y de la personalidad. En ambos casos se subestima la intencionalidad del agresor, el sujeto llega a expresiones de violencia motivado por su estado de ánimo dominado por la ira. Apareciendo como una señal de la falta de control sobre la propia fuerza. El desarrollo de la educación de las mujeres, su reconocimiento tanto profesional como social y la consiguiente independencia económica, son factores que permiten augurar una libertad llena de contenido, que les permita a las mujeres cifrar su autoestima en otros valores más allá de la simple relación afectiva. Desde esta posición podrá adquirir una perspectiva sobre su propia relación y ponderar cuándo la convivencia se convierte en un bien común, por el que le merece la pena luchar o, por el contrario, se ha convertido en una discreta prisión doméstica al servicio del hombre. Sin condiciones de libertad social no siempre se puede lograr también una igualdad de pares en la relación familiar. En resumen, la violencia de género es la manifestación extrema de esta desigualdad. Los varones actúan considerándose amos de la disponibilidad sobre el cuerpo de la mujer, con la potestad de normativizar el ámbito privado y bajo la premisa del no reconocimiento de autoridad a las mujeres. Esto evidencia un déficit democrático, que se deriva en los obstáculos que siguen encontrándose las mujeres del pleno ejercicio de la ciudadanía. La mejor prevención contra la violencia de género es la educación. Si no se aprende a respetar a las otras personas como seres éticamente iguales, con la misma libertad y derecho de hacer su vida; si no se entiende a las mujeres como compañeras en la vida y no como una segunda madre o esclavas privilegiadas, será difícil combatir esta lacra social que es la violencia contra las mujeres. Esta tarea educativa debe comenzar desde las propias casas, la escuela y los primeros peldaños de la convivencia social en los que ser niño o niña no sea aprendido como una diferencia que entrañe comportamientos y expectativas distintas. No tenemos que negar las diferencias, sino combatir las desigualdades, rechazar el empeño de una cultura que normaliza y normativiza conductas asociadas a cada género. Ser hombre o ser mujer no significa sólo ser diferente en nuestra cultura, sino también ser inferiores o superiores, circunstancia que explica que para los hombres la hipotética posición de que su pareja obtenga un mayor reconocimiento social, normalmente a través del poder simbólico del tipo de trabajo que realiza, constituya un dato que viva sentimentalmente de un modo contradictorio. Por esta razón, las iniciativas de las mujeres son vistas con recelo y desconfianza por parte de los hombres que estiman que pueden perder la supuesta autoridad que les exige la cultura patriarcal. Las noticias sobre la violencia de género son la punta del iceberg de un fenómeno estructural de las relaciones de dependencia. No es, por tanto, una noticia convencional de un simple “suceso” y su comprensión no se produce a través de la tragedia. Es un error reducir la violencia a la tragedia, como si ésta fuera su fin natural y del que sólo cabe dar cuenta del inevitable fracaso. La mujer en el espejo mediatico: El mediotrato femenino. Sevilla, 11 y 12 de marzo 2010 * Facultad de Comunicación * Universidad de Sevilla VICERRECTORADO DE RELACIONES INSTITUCIONALES 86 La mujer en el espejo mediatico: El mediotrato femenino. Sevilla, 11 y 12 de marzo 2010 * Facultad de Comunicación * Universidad de Sevilla volver al indice 10. Sociedad patriarcal. Violencia de género y consideraciones éticas. Juan Carlos Suárez La violencia es gradual y el paso al trato físico es el más llamativo, pero el insulto, los piropos de mal gusto o intimidatorios, los chistes humillantes y otras expresiones de nuestra cultura, son el germen en el que crecerán actitudes arrogantes y amparadas en la cultura machista. Este esquema básico sobre el que se construye nuestra identidad moral, sigue siendo mantenido tanto en la escuela como en los medios de comunicación. Por eso, creemos que la primera medida para paliar la violencia de género es darle el valor que tiene la mujer en otros ámbitos de la realidad social en los que está ausente. Parece que sólo cuando son víctimas, y víctimas de aquello que precisamente les identifica en el imaginario machista de “la maté porque era mía”, se hacen visibles en las noticias. ¿No se estará convirtiendo la denuncia de esta tragedia en una propia tragedia para las mujeres? ¿Debe estar su cuerpo manchado de sangre para que sean objeto de la atención de los medios de comunicación? ¿No se estará contribuyendo con esta publicidad de la barbarie machista a dar pábulo a quienes precisamente desean que se conozca lo que están dispuestos a llevar a cabo para demostrar su condición de “hombres”? Ciertos episodios de violencia, curiosamente, imitan a otros a los que se les ha dado notoriedad pública. Salir en los papeles, aunque sea por la tragedia, puede ser un atractivo aliciente para quien desafía con imponer su “autoridad” (violencia) si no se hace lo que él quiere. Creemos que el detallismo trágico de los episodios de violencia alimenta más la pretensión del verdugo que la dignidad de la víctima. Por ejemplo, expresiones como “cosida a puñaladas”, convierten a la noticia de la violencia en sensacionalismo, resaltando la sangre y ocultando la cultura que lo justifica. Lo peor es que este tratamiento morboso se realiza en contenidos elaborados para el público femenino, al cual se le considera interesado sólo por el aspecto sensiblero de los acontecimientos y no por la denuncia decidida de combatir esta lacra social. Se potencia el tópico de la mujer víctima y así son representadas y también educadas ante las noticias en las que aparecen de forma mayoritaria. II. Violencia de género y espectáculo televisivo La violencia de género presenta, desgraciadamente, suficientes excusas, como para que sea atizada con pretextos amorosos por esta nueva “Celestina” sentimental que se lucra de vender lo más preciado de las personas: sus sentimientos. Por este motivo, no puedo ocultar mi indignación por la reciente retransmisión en un programa televisivo de la trampa a la que es sometida una de las participantes al encontrarse con su ex pareja para rogarle una nueva oportunidad, sin que se hubieran adoptado las medidas oportunas para averiguar que existía ya dictada una orden de alejamiento contra este “donjuan” que buscaba hacer al público cómplice de su última estrategia de dominación. Esta mujer (Svetlana), quien apenas conseguía mantener la mirada de su verdugo y daba evidentes muestras de miedo ante su presencia, sería días más tarde asesinada a manos de este mismo hombre. Este caso viene a reflejar dos cuestiones fundamentales que deben ocupar nuestra atención: los límites del espectáculo televisivo, que no se detiene frente a ningún tipo de situación y que convierte justamente las historias más escabrosas en carnaza de su carnaval sensacionalista. No importan las personas, sino esa historia que por un momento se puede convertir en guión televisivo para producir sonrisas y lágrimas que amenicen la tarde de los telespectadores. Todo está sujeto a la lógica del espectáculo, no existe tiempo para aclarar nada en el plató, pues no importan los sentimientos humanos, sino esa especie de sombra de emociones, en las que se pretende coger a las personas en su desnudez, exhibirlas de la forma que ellas mismas no esperaban, pues se trata de la demostración como pura pornografía de la emotividad. Descubrir a las personas allí donde no se imagina que podrían llegar y lograr así ese punto de provocación en el que surja el espectáculo de algún modo. La mujer en el espejo mediatico: El mediotrato femenino. Sevilla, 11 y 12 de marzo 2010 * Facultad de Comunicación * Universidad de Sevilla VICERRECTORADO DE RELACIONES INSTITUCIONALES 87 La mujer en el espejo mediatico: El mediotrato femenino. Sevilla, 11 y 12 de marzo 2010 * Facultad de Comunicación * Universidad de Sevilla volver al indice 10. Sociedad patriarcal. Violencia de género y consideraciones éticas. Juan Carlos Suárez No parece admisible que personas anónimas, que no pertenecen al mundo de la farándula y la industria del famoseo, se arriesguen de manera bastante inconsciente a las consecuencias negativas de participar en el circo doméstico de la pequeña pantalla. Seguro que no imaginan el efecto de categorización y la dificultad de sacudirse los reflejos que la cámara haya producido de su personalidad en los demás. Se debe prestar especial cuidado a los riesgos que puedan tener sobre las personas estas incursiones en la pantalla, ser respetuoso con ellos, evitando situaciones comprometidas que vayan más allá de su propia voluntad. Las sorpresas no pueden ser cheques en blanco para someterles a inesperadas experiencias de fuerte carga sentimental en público, máxime cuando éstas pueden ser indeseadas por los participantes que se ven sometidos al chantaje de la cámara. Por eso, quizás sea aconsejable, sin evitar el contenido humano de ciertos programas, prescindir del relato de las historias conflictivas en primera persona y proponer las historias como guiones recreados por actores para que puedan ser analizados los casos en público. Esta es la filosofía de programas como “Al posto tuo” en Italia. De esta forma, las historias no se quedan en la mera exhibición personal, sino en el entramado de situaciones humanas que son enfocadas desde distintos ángulos para lograr así mayor simpatía con las situaciones que afronta cada personaje. Un segundo aspecto que nos interesa analizar de estos reality-shows se refiere al modo en el que se tratan las relaciones de género en nuestras cadenas de televisión. Estos programas han copado los horarios correspondientes a la supuesta franja superprotegida de la programación infantil. Lamentablemente, los más pequeños no sólo no gozan de espacios apropiados, sino que además la oferta corresponde en la mayoría de las cadenas, bien a telenovelas latinoamericanas que reflejan una situación social de fuerte discriminación para la mujer, o programas del corazón como al que nos venimos refiriendo. En relación a las primeras telenovelas, basta recordar el contraste de algunas de ellas recogido sólo por el propio título: “El zorro” o “La gatita salvaje”. En relación con la segunda opción, la mayoría de las cadenas incluyen programas del corazón o reality-shows, los cuales supuestamente serán con los que se relajen las mujeres después de atender el segundo asalto del comedor doméstico: el almuerzo. La discriminación es doble, no sólo por las mujeres representadas en las pantallas, sino también por aquellas otras que los productores conciben como espectadoras. A la mujer se la ha educado para estar principalmente dedicada al cuidado de la familia y a las intrigas de los sentimientos, los cuales se utilizan principalmente como argumento de la programación que se dirige a ella. Se potencia así su propia identidad que tiene mucho que ver con las expectativas que van a establecer acerca de su desarrollo personal y social. La programación para las mujeres consiste en buena medida en invertir la cámara y proyectar como argumento aquellas historias sobre las que han sido educadas. Es una de las estrategias de dominación de la mujer y uno de los principales pilares en los que se sustenta el techo de cristal: la falta de formación y proyección de su realidad más allá de esta vieja costumbre de creer que las mujeres se alimentan de conocer los pormenores de la vida ajena. Mientras que a las mujeres se les siguen ofreciendo menús audiovisuales con alto contenido sensible, con testimonios personales y en los que prima la expresión de sentimientos, al hombre se le ofrecen datos y declaraciones oficiales. La misma realidad se cuenta bajo dos versiones, dependiendo de que esté dirigida para hombres o mujeres; se envuelve bajo un papel rosa o con otro azul, recurriendo a dicotomías tan primitivas como cuando nos regalaban juguetes. El tratamiento que se realiza de la mujer en los medios de comunicación ha de comprender también su condición de espectadora. Existe un discurso sentimental de la mujer en los medios de comunicación La mujer en el espejo mediatico: El mediotrato femenino. Sevilla, 11 y 12 de marzo 2010 * Facultad de Comunicación * Universidad de Sevilla VICERRECTORADO DE RELACIONES INSTITUCIONALES 88 La mujer en el espejo mediatico: El mediotrato femenino. Sevilla, 11 y 12 de marzo 2010 * Facultad de Comunicación * Universidad de Sevilla volver al indice 10. Sociedad patriarcal. Violencia de género y consideraciones éticas. Juan Carlos Suárez y una peligrosa reafirmación de su presencia por su condición de víctima de la violencia. La presencia de la mujer en los medios debe empezar por fijarnos en los lugares en los que no está, por una ausencia de la realidad que sigue manteniéndola rehén de una actualidad que parece protagonizada sólo por hombres. Estas ausencias hay que relacionarlas con aquellas otras en las que su reconocimiento se establece casi exclusivamente por su condición de víctima. ¿Dónde están las mujeres en el espacio público? ¿Sigue siendo la tradicional cuidadora, mujer perfecta y madre que no tiene más vida que la que le asigna la sociedad patriarcal? Hay que empezar por ver la educación que reciben las mujeres y esta responsabilidad también afecta de manera directa a la propia programación televisiva. Programas que siguen potenciando la idea de que la mujer proyecta su vida exclusivamente sobre los demás, que hace de los sentimientos una jaula más que un horizonte de desarrollo personal, que incentiva actitudes románticas trasnochadas, que confunde el amor con un gesto de la cultura machista y no con el respeto al otro. Todo esto constituye graves e importantes argumentos de una educación discriminatoria para las mujeres. III. Algunas consideraciones sobre el tratamiento de la violencia de género en los medios de comunicación Asistimos a una progresiva presencia de la mujer como víctima de la violencia machista. Los medios de comunicación han contribuido decisivamente a modificar la actitud condescendiente que en otros tiempos había caracterizado a este tipo de comportamiento. La denuncia pública de estos actos criminales ha servido a que sean llamados por su nombre, evitando que bajo el terrorismo doméstico, el más perverso que pueda existir, se pudiera amparar actitudes supuestamente de “hombres”, o de “amantes” que las mataban por motivos pasionales. En este sentido, la comunicación ha sido necesaria para dotar de publicidad a delitos que, por ocurrir en el ámbito privado, no podían gozar de la impunidad ante la ley, haciendo si cabe más bárbara la opresión de ellas, que se sienten secuestradas en su propio domicilio, atemorizadas por las estrategias de control de quienes se creen con derecho a disponer de su tiempo, de sus decisiones y de su vida. Sin restar un ápice a la meritoria tarea de los medios de comunicación en este esfuerzo, hemos de lamentar que no siempre el modo de abordar los malos tratos contra las mujeres parece el más apropiado. En primer lugar, estas noticias surgen con más frecuencia de los tanatorios que de los juzgados, prevalece la imagen de la mujer víctima sobre aquella otra de la mujer luchadora por hacer respetar su autonomía moral y física. La sangre vende más que las denuncias y sentencias que condenan a los maltratadores. No necesitamos más mujeres muertas, sino mujeres vivas y muy vivas, capaces de superar la violencia machista, que sirvan de referencia a quienes en esta lucha necesitan reforzar su imagen de mujer que confía en su propia lucha. En ocasiones se aprovecha como una oportunidad magnífica para convertir los episodios en “infodramas”, en los que la recreación del periodista compite con la propia realidad. Supuestas historias sentimentales en las que se puede especular con los argumentos más básicos de las telenovelas del corazón: infidelidades, vejaciones, amor, incomprensión, dolor, arrepentimiento, venganza y sangre, ingredientes perfectos para la mercantilización de los sentimientos humanos a través de estas lamentables historias. Se pierde la perspectiva del fenómeno de la violencia como un síntoma estructural de un modelo de sociedad machista, y se trata como si fuera un simple episodio habitual del cual lo único que importa es saber al número que ascienden las víctimas o, en el otro extremo, se adentra en una narración casi audiovisual que con las propias palabras parece colocarnos delante de una cámara mental que nos ilustra los más simples detalles del episodio. Asistimos a una cultura en la que la importancia de los hechos depende del grado de veracidad (sensacional) que nos ofrezca la tragedia. La información La mujer en el espejo mediatico: El mediotrato femenino. Sevilla, 11 y 12 de marzo 2010 * Facultad de Comunicación * Universidad de Sevilla VICERRECTORADO DE RELACIONES INSTITUCIONALES 89 La mujer en el espejo mediatico: El mediotrato femenino. Sevilla, 11 y 12 de marzo 2010 * Facultad de Comunicación * Universidad de Sevilla volver al indice 10. Sociedad patriarcal. Violencia de género y consideraciones éticas. Juan Carlos Suárez como sensación, la sensación como mero consumo. El “homo videns” de Sartori que tiene más datos pero menos información de la realidad. Los efectos que se derivan de este tipo de prácticas informativas resultan contraproducentes al propósito que se persigue de denuncia social. Más bien se puede contribuir a alentar comportamientos miméticos, aquellos que pretenden hacer de su tragedia un acto notorio y a descompensar la imagen de la mujer en los medios de información marcada por ser víctima del hombre. Por estas razones, resulta imprescindible repensar la responsabilidad de los medios de comunicación en la información sobre malos tratos. Las noticias de malos tratos se adentran en un detallismo trágico que para nada contribuye a favorecer el respeto hacia la víctima. El guión criminal del maltratador se convierte en espectáculo televisivo, consiguiendo así su pretensión de que sea conocida su barbarie, reafirmando así el tópico de la cultura machista de demostrar lo que es capaz de hacer con “su” mujer. El maltratador se siente con el derecho a dictar la última palabra sobre su vida. Los medios deben ser prudentes y evitar que se incurra en actitudes sensacionalistas y que finalmente el crimen contribuya más a la notoriedad del verdugo que a su condena. A nuestro juicio, no es la mejor alternativa y se corre el riesgo de reforzar una actitud afianzada en la cultura machista. Estimamos conveniente evitar este protagonismo trágico del verdugo y la imagen de la mujer víctima, como un esquema reiterado en el que lo único que cambia es el número de la siniestra lista. Las mujeres asesinadas son personas con nombres y apellidos, que deben ser conocidas y reconocidas, para que su vida pueda más que su muerte. Los medios deben abandonar esta inercia perniciosa de referirse a los nuevos casos de violencia de género como si se tratase de accidentes inevitables. Es fácil que ante el drama producido por un episodio de esta naturaleza, el periodista se sienta motivado a reflejar una recreación del dolor de los familiares, de las circunstancias del crimen y que especule con posibles motivos que puedan explicarlo. Estas circunstancias constituyen un caldo de cultivo idóneo para elaborar un producto informativo más centrado en las emociones que en los hechos. Se explota más el dolor de la tragedia que las razones que la explican. No debemos desconectar este dolor social que refleja la violencia contra las mujeres de las intenciones que el propio asesino pretendía causar con sus actos. La información, más que combatir la injusticia, le da cancha social para que ésta pueda transmitirnos un sentimiento de derrota ante lo supuestamente inevitable, tal y como confirma la muerte de otra mujer. En cambio, sería mucho más sugerente y eficaz modificar esta tendencia informativa que convierte los malos tratos en un tipo de suceso trágico además de convencional y ofrecer enfoques que permitan advertir que se trata de un fenómeno agazapado en nuestra convivencia diaria. No se trata de hablar de asesinatos de mujeres, sino de un modelo cultural de las relaciones de género que causa este efecto. Así, ante un episodio de malos tratos, más que reproducir por enésima vez las vejaciones de las víctimas, convendría repensar otras perspectivas a la hora de informar. Por ejemplo, aludir en ese día a la biografía de la mujer asesinada, que también la tiene como las famosas; a su trabajo, a su contribución para los demás, etc. O, por ejemplo, buscar cosas que hizo y nunca nadie conoció o hablar en la prensa ese día de algún tema que a ella le gustara. Podría ser una manera de apreciar el valor de la vida de esa mujer, no de su muerte. Apreciar el impulso de su trabajo como un esfuerzo que no desaparece. Dejar que escriba sobre ella alguna compañera, alguna persona y expresar el sentido de heroísmo y no el victimismo de las mujeres. Sería hablar de lo ocurrido, no como la acción de alguien, sino como un fenómeno más amplio e invisible que siega la vida de las mujeres por la locura de una pobre superioridad física, la cual se La mujer en el espejo mediatico: El mediotrato femenino. Sevilla, 11 y 12 de marzo 2010 * Facultad de Comunicación * Universidad de Sevilla VICERRECTORADO DE RELACIONES INSTITUCIONALES 90 La mujer en el espejo mediatico: El mediotrato femenino. Sevilla, 11 y 12 de marzo 2010 * Facultad de Comunicación * Universidad de Sevilla volver al indice 10. Sociedad patriarcal. Violencia de género y consideraciones éticas. Juan Carlos Suárez verá más intensamente rebajada, desde el punto de vista cualitativo, resaltando la grandeza de quien perdió su vida por ser mujer, por actuar como tal, por no aceptar el chantaje de la opresión masculina. Pero si las noticias de malos tratos no se conciben así, sería como si la lucha contra el terrorismo sólo se contará a partir del horror de las víctimas sin visibilizar los esfuerzos que contribuyen a combatirlo o las causas que lo producen. Los medios venden a las mujeres asesinadas, las convierten en objetos de sensacionalismo y sólo se resalta la tragedia como si fuera una simple pieza de un dolor social que no tuviera nada que ver con la vida de alguien. Por otro lado, las mujeres que consumen estas noticias asumen su rol dentro de un ejército que participa en una guerra simbólica, una nueva víctima que le recuerda su condición de perdedora, de un esfuerzo que sólo se traduce en número de víctimas. No se alude para nada a una proyección social de un problema que debe ser visto como una lacra que perjudica a todos, que debe ser superado a través de un enfoque en el que la auténtica víctima sea el verdugo, quien no supo apreciar la vida de otra persona, respetarla más allá de sus ambiciones de sentirse el hombre que debía demostrar quién mandaba en una relación. En resumen, esta óptica informativa es característicamente androcéntrica: son los resultados de los acontecimientos lo que importa, sin entrar en analizar las situaciones de una manera más comprensiva que incluya aspectos de la información como un relato de vida, una historia que continúa más allá de los episodios particulares. Incluso podríamos demostrar que las mujeres siguen vivas más allá del hecho biológico de que un bárbaro haya acabado con su vida. Hacer presente a la persona, a través de sus aficiones, su recuerdo, sus seres queridos que siguen expresando las formas invisibles en que se comunica... son formas elocuentes de combatir los malos tratos. Por supuesto, hacerlo con el respeto y la discreción debida que exija cada caso. Sin embargo, se sigue tratando la información de malos tratos bajo la óptica de una competencia informativa del mercado en el que la tragedia es uno de los aditivos más consumidos. Se debe evitar a toda costa que los casos de malos tratos se conviertan en noticias morbosas que al divulgarlas agraven la situación de quienes los padecen, preservando su anonimato y, en caso de publicarlo, respetar su decisión de hacerlo1. Los medios de comunicación, a la par que informan de las rupturas que se producen en la convivencia social, asumen la función lógica de buscar una posible explicación a los hechos. En este empeño, la información ordena las posibles causas bajo indicios que le permiten suponer de manera más o menos razonable los motivos de un determinado comportamiento. En el caso de los episodios de malos tratos, el problema no es otro que la falta de un móvil preciso para obtener un cierto beneficio con el delito que se comete. No existe un motivo, sino una motivación, una especie de propensión agresiva que surge del deseo de dominación sobre el otro. Desde este punto de vista, las causas no dejan de ser meros pretextos accidentales para ejecutar una acción que estaba ya anunciada en múltiples conductas previas. La agresión trágica no tiene una causa sino una excusa. La mentalidad dominante lleva al hombre a deslizarse por una especie de estado psíquico que elabora como señas de su identidad de género: el celo como protección de su honor, o la borrachera como una inhibición con la que se bromea para que los impulsos latentes surjan como si nada tuvieran que ver con el tipo de persona que sea el agresor. Además, este tipo de circunstancia puede producir en la opinión pública la impresión errónea de que 1 El punto 3 de las recomendaciones del Consejo Audiovisual de Cataluña sobre el tratamiento de la violencia de género en los programas informativos y de entretenimiento en los medios de comunicación establece: “Respetar el derecho a la intimidad de las personas agredidas y la presunción de inocencia de los agresores. Preservar el anonimato de las personas afectadas, sobre todo si son menores, y respetar siempre su decisión sobre la difusión de su identidad. Debe respetarse, también, la decisión de los cuerpos de seguridad respecto a la difusión, o no, de determinada información, que pueda influir en el proceso de la investigación. Debe evitarse siempre que las informaciones publicadas permitan llegar a conclusiones prematuras sobre los hechos antes de una resolución judicial”. La mujer en el espejo mediatico: El mediotrato femenino. Sevilla, 11 y 12 de marzo 2010 * Facultad de Comunicación * Universidad de Sevilla VICERRECTORADO DE RELACIONES INSTITUCIONALES 91 La mujer en el espejo mediatico: El mediotrato femenino. Sevilla, 11 y 12 de marzo 2010 * Facultad de Comunicación * Universidad de Sevilla volver al indice 10. Sociedad patriarcal. Violencia de género y consideraciones éticas. Juan Carlos Suárez los malos tratos derivan de un trastorno de la personalidad, o por un momento de enajenamiento transitorio. En otras ocasiones, se alude a circunstancias como la nacionalidad, la clase social u otras circunstancias socioeconómicas que producen la impresión de que la vejación a la mujer está marcada por unos factores distintos a la cultura de la dominación masculina. De hecho, frente a estos mitos del maltrato, un estudio sociológico de los casos demuestra que se producen en todas las capas sociales y por hombres con una vida extraordinariamente común. Es la mentalidad hacia la mujer, su presunción de que pueden hacer efectivo su derecho de mando sobre ella, la que cualifica su comportamiento. Es este factor, considerado como una lacra educativa de la sociedad, el que hay que conseguir combatir también con la información que encontramos cada día en los medios. A este respecto, y para terminar este capítulo, nos parece pertinente la observación que Eulalia Lledó incluye en su trabajo sobre Cómo tratar bien a los malos tratos (p. 39): “La violencia contra las mujeres se produce en todos los niveles sociales, los agresores suelen ser hombres de apariencia normal, en muy pocos casos se puede hablar de un ser patológico; se hace constar a menudo en las noticias que los criminales están en el paro, son borrachos, drogadictos, son de extracción social baja, tienen pocos recursos económicos, o trabajan en empleos poco cualificados. Sería interesante hacer notar este mismo tipo de datos en noticias que muestran criminales que ni están en paro, ni son borrachos, ni drogadictos, son de extracción social alta, gozan de recursos económicos, o ejercen, por ejemplo, una profesión liberal. Esto es aplicable tanto a los casos de terrorismo doméstico como a las violaciones, acoso sexual y a la violencia de género. Muchas noticias insisten en que el criminal está dominado por los nervios, está en un alto grado de excitación, tiene un arrebato o un ataque; en muchas ocasiones, como se ha visto anteriormente, esto no es así, sino que es sobre todo tópico que minimiza y atenúa el crimen y que tiende a justificar al criminal”. Bibliografía AMOROS, C. (1990), Violencia contra las mujeres y pactos patriarcales en MAQUEIRA, V. y SANCHEZ, C. comp. (1990), Violencia y Sociedad Patriarcal. Ed. Pablo Iglesia. Madrid. BACH, M. y otras. (2000), El sexo de las noticias: reflexiones sobre el sexo en la información y recomendaciones de estilo. Icaria. Barcelona. BELTRAN, E., MAQUEIRA, V., ALVAREZ, S. Y SANCHES, C. (2001), Feminismos. Debates teóricos contemporáneos. Alianza Editorial. Madrid. BENHABIB, S. (1990). El otro generalizado y el otro concreto: la controversia Kohlberg-Gilligan y la teoría feminista, en Seyla Benhabib y Drucilla Cornell, eds. Teoría feminista y teoría crítica. 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