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– 309 – THÉMATA. Revista de Filosofía Nº51, Enero-junio (2015) pp.: 309-324 ISSN: 0212-8365 e-ISSN: 2253-900X doi: 10.12795/themata.2015.i51.16 LENGUAJE, DISCURSO Y AGENCIA. ACERCA DE LA ESTRUCTURA INTERNA DE LAS ACCIONES DESDE UN PUNTO DE VISTA PRAGMÁTICO TRASCENDENTAL LANGUAGE, DISCOURSE & AGENCY. CONCERNING THE INTERNAL STRUCTURE OF ACTIONS FROM A TRANSCENDENTAL PRAGMATIC POINT OF VIEW Leandro Paolicchi1 Universidad de Mar del Plata - CONICET (Argentina) Recibido: 29-10-2013 Aceptado: 31-03-2014 Resumen: El siguiente trabajo se propone como objetivo la reconstrucción de la estructura interna que constituye a las acciones con sentido (o intencionales) de los hombres tal como puede ser hecha desde la pragmática trascendental del lenguaje de Karl-Otto Apel. Resaltando (I) el papel decisivo que juega el lenguaje y el discurso en la constitución como tal de las acciones intencionales, se procede a la explicitación de una estructura interna de pretensiones de validez similar a la que es posible encontrar en el discurso explícito, tal como lo hicieron los planteos clásicos de Karl-Otto Apel. Luego de la discusión de algunas críticas que pueden hacerse a esta reconstrucción (II), se arriban finalmente a algunas conclusiones referidas a los presupuestos de las acciones no lingüísticas (III). Palabras-clave: Lenguaje, pragmática, discurso, acción, pretensiones. Abstract: The following work has as objective the reconstruction of the internal structure of intentional actions of men as it can be made from the perspective of Karl-Otto Apel’s transcendental pragmatics of language. Highlighting (I) the crucial role played by language and discourse in the constitution as such of intentional actions, we proceed to the explanation of an internal structure of validity claims similar to what can be found in the explicit discourse, such as did Karl-Otto Apel’s classic thought. After the discussion of some critics that can be [1] ([email protected]) Doctor en Filosofía (UNLa). Docente de la Facultad de Humanidades así como también en la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la Universidad Nacional de Mar del Plata (Argentina). En la actualidad se encuentra realizando estudios de posgrado en la Goethe Universität de Frankfurt am Main con una beca del DAAD y bajo la dirección del Dr. Axel Honneth. Es autor de los libros “Discurso y Facticidad. Moral, Derecho y Política en la obra de Jürgen Habermas y Karl-Otto Apel” y “Praxis, Sentido y Normatividad. Hacia una reconstrucción pragmáticas de las acciones humanas”.
Leandro Paolicchi THÉMATA. Revista de Filosofía, Nº51 enero-junio (2015) pp.: 309-324 doi: 10.12795/themata.2015.i51.16 – 310 – made to this reconstruction (II) this paper finally arrives at some conclusions regarding the assumptions of non-linguistic actions (III). Key-words: Language, pragmatics, discourse, action, assumptions. 1. Discurso, lenguaje y pretensiones de validez en las acciones intencionales Forma parte de uno de los desprendimientos más interesantes y fructíferos de la pragmática trascendental del lenguaje desarrollada por Karl-Otto Apel2 la idea de que a las acciones humanas les es inherente el ser acompañadas, no sólo por una evaluación necesaria de la situación en la que se realizan. También existe en ellas la posibilidad de un diálogo interno en dónde se evalúa la pertinencia de la acción misma en función de esa situación, así como los medios que se emplean para llevarla adelante, entre otras formas posibles de reflexión que pueden acompañar siempre a la acción. Una forma de reflexión básica sobre la acción debe ser incluso adoptada para que esta acción pueda ser identificada, primero, como una acción en general y luego como una acción de cierto tipo. En función de la distancia crítica que es posible adoptar en todas nuestras acciones, el sujeto que actúa, no solamente actúa sino que puede ejercer una reflexión sobre su propia acción. Con respecto a esto se ha dicho desde la pragmática trascendental que el sujeto puede adoptar un doble rol: por un lado el sujeto es actor, pero por otro también sujeto de habla (Redesubjekt). En este sentido, alguno de los planteos que ha seguido a la pragmática trascendental en este punto ha establecido también que existe como característica esencial a todas las acciones un virtual discurso acompañante (Begleitdiskurs)3. Este discurso acompañante es esencial a la acción en la medida en que debe aparecer ya en la constitución básica del sentido de la acción. En la [2] Para una visión completa del desarrollo de la pragmática trascendental puede verse Apel, K.- O., Transformation der Philosophie, Frankfurt am Main: Suhrkamp, 1973, II Bde.; Id., “Sprechakttheorie und tranzendentale Sprachpragmatik zur Frage ethischer Normen“ en: Id. (Hrsg.), Sprachpragmatik und Philosophie, Frankfurt am Main: Suhrkamp, 1976; Id., Auseinandersetzungen in Erprobung des transzendentalpragmatischen Ansatzes, Frankfurt am Main: Suhrkamp, 1998; Böhler, D., Rekonstruktive Pragmatik. Von der Bewußtseinsphilosophie zur Kommunikationsreflexion: Neubegründung der praktischen Wissenschaften und Philosophie, Frankfurt am Main: Suhrkamp, 1985; Id., “Wohin führt die pragmatische Wende?“ en: Id., Nordenstam T. und Skirbekk G. (Hrsg.), Die pragmatische Wende. Sprachspielpragmatik oder Transzendentalpragmatik?Frankfurt am Main: Suhrkamp, 1986; Id., “Dialogreflexion als Ergebnis der sprachpragmatischen Wende. Nur das sich wissende Reden und Miteinanderstreiten ermöglicht Vernunft“ en: Trabant, J. (Hg.), Sprache denken. Positionen aktueller Sprachphilosophie, Frankfurt am Main: Fischer Taschenbuch Verlag,1997; Kuhlmann, W., Reflexive Letztbegrünndung, Untersuchungen zur Transzendentalpragmatik, Freiburg: Alber, 1985. [3] Cf. Böhler, D., “Glaubwürdigkeit des Diskurspartners. Ein (wirtschaft -) ethischer Richtungsstoß der Berliner Diskurspragmatik und Diskursethik“ en: Bausch, Th., D. Böhler, Th. Rusche (Hg.), Wirtschaft und Ethik. Strategien contra Moral?, Münster: Lit Verlag, 2004, p. 111.
Lenguaje, discurso y agencia. Acerca de la estructura interna de las acciones desde un punto de vista pragmático trascendental – 311 – THÉMATA. Revista de Filosofía, Nº51 enero-junio (2015) pp.: 309-324 doi: 10.12795/themata.2015.i51.16 medida en que el actor quiere identificar su acción como tal o de un cierto tipo, o quiere atribuirle un sentido determinado, debe estar presente ahí una posible forma de discurso, al que puede llamarse discurso virtual acompañante. Sin esta forma de discurso no es posible otorgarle un sentido a la acción en la medida en que es indispensable para saber con qué intención, para qué se realiza una acción o con qué medios se la lleva a cabo. De esta manera podríamos decir que sin esta forma de discurso no hay acción propiamente dicha. Ahora bien, si respecto de todas las acciones debe hablarse de un discurso que las acompaña debe también poder hablarse de pretensiones de validez asociadas a cada acción, tal como ha sido pensado desde la pragmática para el discurso explícito4. Esta idea puede probarse no sólo tomando como punto de partida el carácter esencial del discurso acompañante para la acción en sí misma sino también desde lo que en la pragmática trascendental del lenguaje se denomina “crítica trascendental del sentido”5. Según este concepto central a la pragmática todo pensar y obrar consentido presupone necesariamente una comunidad real (y una ideal) de comunicación. Es decir, es imposible para un actor pensar que está realizando una acción determinada, pero la lleva a cabo en la más absoluta soledad de la conciencia y sin la existencia de otros sujetos con los que comparte un lenguaje. Si esto último fuera verdad, el actor no dispondría de los medios para reflexionar sobre su propia acción ni atribuirle un sentido, es decir, no sabría lo que hace. Cuando un actor tiene la intención de realizar una acción, es decir, le atribuye un sentido a ella debe contar en esa intencionalidad irremediablemente con la presencia de un lenguaje que le ha sido otorgado en función de su socialización en una comunidad lingüística real. Cuando alguien, por ejemplo, expresa su intención (aunque sea internamente) de realizar una llamada telefónica y dice “voy a llamar por teléfono” puede hacerlo obviamente pues dispone de un lenguaje “adquirido” en una comunidad de lenguaje. Pero no existe otra forma de dar un sentido que no sea a través de los signos lingüísticos. Cuando se expresa la intención de hacer algo y se le da un sentido a las acciones que se realizan debe presuponerse necesariamente la presencia del lenguaje. Esto lo confirma Apel cuando señala que “tampoco los signos lingüísticos se cuentan entre los objetos del conocimiento, porque tam- [4] Cf. Habermas, J., “Was heisst Universalpragmatik?” en: Apel, K.-O., Sprachpragmatik und Philosophie, Frankfurt am Main: Suhrkamp, 1976, pp. 175 y ss. [5] Cf. Apel, K.-O., Transformation der Philosophie, II, p. 315. Véase también Ibíd., pp. 393, 398 y 400; Id., “Faktische Anerkennung oder einsehbar notwendige Anerkennung? Beruht der Ansatz der transzendentalpragmatischen Diskursethik auf einem intellektualistischen Fehlschluß?“ en: Apel, Karl-Otto (Hg.) in Verbindung mit Riccardo Pozzo, Zur Rekonstruktion der praktischen Philosophie. Gedenkschrift für Karl-Heinz Ilting, Stuttgart-Bad Cannstatt: Frommann-holzboog, 1990, p. 100; Id., Auseinandersetzungen in Erprobung des transzendentalpragmatischen Ansatzes, ed. cit. y Øfsti, A., “Das Sprachspiel-Idiom und die Einheit der Vernunft. Bemerkungen zu Apels Wittgensteinkritik“ en: Dorschel, Andreas: Traszendentalpragmatik, Frankfurt am Main: Suhrkamp, 1993, p. 63 y 72.
Leandro Paolicchi THÉMATA. Revista de Filosofía, Nº51 enero-junio (2015) pp.: 309-324 doi: 10.12795/themata.2015.i51.16 – 312 – bién ellos están ya presupuestos, como condición de posibilidad de cualquier intención con sentido.”6 Ahora bien, esta circunstancia, puesta al descubierto por la crítica trascendental del sentido, conduce al otro punto importante que quería mencionar aquí. Así como un lenguaje puede ser identificado como tal sólo en el marco de una determinada comunidad de lenguaje, en el caso de una acción intencional sucede exactamente lo mismo. Tal como lo explicita la crítica trascendental del sentido, una acción propiamente humana sólo puede ser identificada y llevada a cabo conscientemente en el contexto de una comunidad de lenguaje. Actuar con sentido sólo puede ser entendido como tal teniendo como referencia ciertas reglas, normas o prácticas previas por las cuales ese actuar se guía, ya sea haciendo estrictamente lo que ellas determinan, modificando parcialmente su sentido o apartándose completamente de ellas. Cuando alguien, en ciertas sociedades, eleva su mano a la altura de su hombro frente a un auto de color negro, amarillo o ambos y se sube por la puerta de atrás, sabemos que esa persona está pagando un servicio en un auto que no le pertenece para trasladarse a alguna parte, es decir, está tomando un taxi. Ahora bien, sabemos que ese es el sentido de esa acción pues conocemos las reglas mediante las cuales en ciertas sociedades se toma un taxi: el auto apto para este servicio debe estar identificado de determinada manera, debe estar vacío, debo hacerme ver con la mano extendida frente a él, etc. Si no supiéramos las reglas mediante las cuales se toma un taxi o si ni siquiera supiéramos de la existencia de taxis no podríamos comprender el sentido de esa conducta. Sería para nosotros tan sólo un conjunto de movimientos corporales sin sentido o con un sentido que desconocemos. Bajo este punto de vista, podríamos decir que no hay diferencia entre una conducta humana y un lenguaje. Ambos sólo pueden ser entendidos como tales y llevados a cabo sólo en función de pautas, reglas o normas específicas determinadas por una comunidad de lenguaje. Este hecho es el que permite diferenciar las acciones humanas (lingüísticas o no) de los acontecimientos naturales7, tales como la caída de un árbol o el aumento del caudal de un río. Las primeras aparecen como tales sólo en referencia a las reglas y a las normas de conducta de una comunidad de lenguaje. Es por esto también que le corresponde al lenguaje en la pragmática trascendental el papel de a priori trascendental de los fenómenos del mundo de la vida. Es decir, el lenguaje es un a priori que nos permite “tener” acciones humanas con sentido y nos permite diferenciarlas del resto de los acontecimientos naturales. [6] Apel, K.-O., Transformation der Philosophie, II, p. 99. Las cursivas me pertenecen. [7] Cf. Kuhlmann, W., Reflexive Letztbegrünndung, Untersuchungen zur Transzendentalpragmatik, Frankfurt am Main: Suhrkamp, pp. 156, 157 y 161.
Lenguaje, discurso y agencia. Acerca de la estructura interna de las acciones desde un punto de vista pragmático trascendental – 313 – THÉMATA. Revista de Filosofía, Nº51 enero-junio (2015) pp.: 309-324 doi: 10.12795/themata.2015.i51.16 Ahora bien, el hecho de que toda acción con sentido sólo sea posible por la existencia de un lenguaje posibilita entender a las acciones como lenguaje. Naturalmente esta última afirmación no significa que las acciones sean estrictamente lenguaje. No se propone aquí una simple identificación de dos ámbitos que son evidentemente distintos. Aquí solo se busca presentar la idea de que tanto las acciones como el lenguaje comparten estructuras similares que permiten entenderlos como lo que son, es decir, acciones humanas y lenguaje. Es la constitución lingüística del mundo de las acciones humanas lo que conduce a que no podamos entenderlas sino con las mismas condiciones de posibilidad que un lenguaje. Esto ha sido claramente afirmado por Apel: “La conducta misma tiene el carácter de un lenguaje y por lo tanto tiene que ser comprendida.”8 Es decir, si no entendemos a las acciones con sentido con una estructura similar al lenguaje no podemos concebir siquiera la idea de una acción propiamente humana. Debemos resignarnos a sumergir las acciones con sentido en el marco más amplio de los “acontecimientos naturales”. Pues bien, tomando esta idea de la pragmática trascendental de Apel puede retomarse la idea anteriormente mencionada de que en las acciones prima facie no lingüísticas, como abrir una ventana o tomar un taxi, es posible reconstruir también un conjunto de pretensiones de validez que las estructuran y permiten identificarlas como tales. En este sentido deberíamos poder mencionar que en cada acción se eleva una pretensión de verdad, una pretensión de corrección normativa y una pretensión de sinceridad siguiendo el hilo de la clasificación de las pretensiones de validez elaboradas por Habermas9. Pues las pretensiones de validez están presentes en todos los tipos de discurso10, ya sea por supuesto en los discursos teóricos, pero también en los prácticos y,por ello tanto también, en los virtuales discursos acompañantes que no son una tercera forma de discurso sino que pueden adoptar alguna de las dos formas antes mencionadas. Es decir, si es un discurso, debe estar constituido necesariamente por ese tipo de pretensiones. Puede presentarse aquí un ejemplo de una acción no lingüística para intentar reconstruir en ella el conjunto de pretensiones de validez mencionado. Podría pensarse en una persona que se dispone a podar un árbol que se encuentra en el frente de su casa y dice internamente: “voy a podar el árbol de la vereda”. Se debería en ese acto poder identificar las pretensiones de validez detalladas anteriormente. Pues bien, bajo ese punto de vista puede decirse que quien se propone podar un árbol que se encuentra en el frente de su casa eleva, primero, una pretensión de verdad. En efecto, con su acción de poda el [8] Apel, K.-O., Transformation der Philosophie, II, ed. cit., p. 46. Las cursivas me pertenecen. [9] Cf. Habermas, J., “Was heisst Universalpragmatik?”, ed. cit., pp. 175 y ss. [10] Cf. Böhler, D., “Glaubwürdigkeit des Diskurspartners. Ein (wirtschaft -) ethischer Richtungsstoß der Berliner Diskurspragmatik und Diskursethik“, ed. cit., p. 113.
Leandro Paolicchi THÉMATA. Revista de Filosofía, Nº51 enero-junio (2015) pp.: 309-324 doi: 10.12795/themata.2015.i51.16 – 314 – individuo afirma, por ejemplo, que existe verdaderamente en el mundo un árbol al que podar, que él tiene una casa con un árbol en el frente o que posee los elementos necesarios para llevar a cabo su actividad. Sin embargo, no sólo es posible reconstruir una pretensión de verdad en su acción sino también una pretensión de corrección normativa. Así, el sujeto que se propone podar su árbol presupone que su acción se adapta a los códigos municipales de poda o a los códigos de convivencia entre vecinos. Esa persona poda un árbol que le pertenece a él (no a su vecino), realiza dicha acción en el momento del año autorizado para ello y la efectúa pues puede hacerlo y no corresponde a la jurisdicción municipal hacer dicha tarea, por ejemplo. El sujeto realiza una acción que se adapta a la normativa en el marco de la cual es llevada a cabo. Lo mismo puede decirse de la última pretensión mencionada, es decir, de la pretensión de sinceridad. Con su acción el sujeto afirma verdaderamente su intención de podar el árbol y no representa esa actividad una excusa para controlar las actividades de sus vecinos, no asistir al trabajo o escapar de alguna responsabilidad que tuviera en el marco de su familia. El sujeto pretende verdaderamente realizar esa acción y no otra cualquiera. Como puede verse a través del ejemplo entonces, las pretensiones de validez no sólo es posible reconstruirlas en las acciones lingüísticas sino también en las acciones en principio no lingüísticas. 2. La estructura de las acciones intencionales en cuestión Frente a lo hasta aquí afirmado es posible hacer dos tipos de críticas. La primera, referida a la diferencia entre la acción es sí y el discurso que puede efectuar el actor para identificar la acción que realiza y, la segunda, referida a las pretensiones de validez que es posible encontrar en las acciones no lingüísticas. Con respecto a la primera, en efecto, alguien podría decir muy atinadamente que una cosa es la acción en sí misma y otra muy diferente es el discurso que puede efectuar el actor cuando identifica la acción. Es decir, si bien en toda acción hay un discurso virtual que la acompaña, la acción va por un lado y el discurso va por otro. Son dos cosas totalmente diferentes. Con esto se querría decir que la acción propiamente no eleva pretensiones de validez, sino que quien lo hace es el discurso que la acompaña, pero que ella en sí misma no lo hace. Las pretensiones no están en la acción, sino en el discurso, como es lógico de acuerdo a los parámetros de la pragmática en sentido estricto. Se estaría haciendo aquí un salto ilógico entre dos ámbitos que no están conectados y son siempre diferentes. Este tipo de objeción no puede rebatirse desde la pragmática en sentido estricto o tradicional, tal como es desarrollada por Apel. A ella debe respon-
Lenguaje, discurso y agencia. Acerca de la estructura interna de las acciones desde un punto de vista pragmático trascendental – 315 – THÉMATA. Revista de Filosofía, Nº51 enero-junio (2015) pp.: 309-324 doi: 10.12795/themata.2015.i51.16 derse desde una visión más amplia de los alcances de la pragmática trascendental, tal como es desarrollada por uno de sus discípulos: Dietrich Böhler. Desde este nuevo punto de vista debe afirmarse, si se quiere mantener una coherencia estrictamente pragmática sobre el asunto, que entre ambas instancias, es decir, entre la acción en sí misma y el discurso en el cual se elevan las pretensiones correspondientes, existe una unidad inseparable al punto de que no es posible concebir una acción sin una forma de lenguaje y una determinada forma de discurso. Para fundamentar esta afirmación debe, primero, traerse a colación la función que cumple la predicación en el lenguaje, pues es ella la que nos permite una identificación precisa y determinada de nuestras acciones. La capacidad que tenemos, a través de la utilización de los predicados, de determinar conceptualmente todo lo que hacemos y diferenciarlo entre sí, es aquí lo que nos pone en condición de saber qué es lo que estamos haciendo y clasificarlo como una acción precisa y concreta. Es decir, para entender una acción como tal se requiere la capacidad de utilizar la predicación correspondiente de una manera correcta11. Para ilustrar esta idea puede pensarse en el siguiente ejemplo. Para entender qué significa la expresión “con la electricidad hay que ser cauto” y la acción implicada en ella, debo poder utilizar correctamente el predicado “cauto”. Sin la disposición de semejante predicado, me es imposible saber qué significa ser “cauto” y si estoy siéndolo o no en mi trato con la electricidad. Si pienso que manejar instrumentos eléctricos con las manos mojadas es ser “cauto”, alguien podría decirme con toda justificación que no conozco el significado de la palabra “cauto”. La predicación aparece aquí poniendo al descubierto su función fundamental para la pragmática trascendental en un doble aspecto. Por un lado, en su capacidad de poner a los actores mismos en una distancia reflexiva con respecto a sus propias acciones pero, por otro, en su capacidad de identificar, clasificar y diferenciar distintos tipos de acciones12. Por lo dicho hasta aquí, alguien podría todavía señalar que lo que parece ser constitutivo del sentido de la acción es el lenguaje, pero no el discurso tal como se lo entiende en el marco de la pragmática trascendental. En efecto, cuando un sujeto dice, continuando con el ejemplo anterior, “no he sido cauto al encender la computadora con las manos mojadas” está realizando una afirmación, es decir, un acto lingüístico que le permite identificar su acción como de un tipo específico, pero no hay allí todavía propiamente ningún discurso [11] Cf. Böhler, D., Rekonstruktive Pragmatik. Von der Bewußtseinsphilosophie zur Kommunikationsreflexion: Neubegründung der praktischen Wissenschaften und Philosophie, ed. cit., p. 278. Véase también Kuhlmann, W., Reflexive Letztbegrünndung, Untersuchungen zur Transzendentalpragmatik, ed. cit., cap. IV. [12] Para un análisis más detallado de la predicación y su función para identificar y diferenciar acciones (y en última instancia como génesis de las mismas) Véase Tugendhat, E., Einführung in die sprachanalytische Philosophie, Frankfurt am Main: Suhrkamp, 1976 (trad. castellana: Introducción a la filosofía analítica, Barcelona: Gedisa, 2003).
Leandro Paolicchi THÉMATA. Revista de Filosofía, Nº51 enero-junio (2015) pp.: 309-324 doi: 10.12795/themata.2015.i51.16 – 316 – virtual. La acción pudo ser identificada como tal sin la posibilidad de ningún discurso o la presencia de un discurso virtual acompañante. Para que haya un discurso debe haber más de un interlocutor en determinadas condiciones ideales y aquí se encuentra tan solo un sujeto que realiza un acto de habla. Antes de abordar esta objeción, es conveniente dejar en claro aquí lo que se entiende por “argumentación” y “discurso” en los planteos pragmáticos de Apel y Habermas, pues es la caracterización que se adoptará a lo largo de todo este trabajo. Cuando Habermas y Apel hablan de “argumentación” no se refieren a cualquier forma de manifestación lingüística o intercambio dialógico, sino a aquella en donde dos o más interlocutores elevan pretensiones de validez e intercambian argumentos y razones defendiendo las pretensiones por ellos elevadas, buscando la solución a un conflicto o la verdad de un problema. Cito las palabras de Habermas: Llamo argumentación al tipo de habla en que los participantes tematizan las pretensiones de validez que se han vuelto dudosas y tratan de desempeñarlas o de recusarlas por medio de argumentos. Una argumentación contiene razones que están conectadas de forma sistemática con la pretensión de validez de la manifestación o emisión problematizadas.13 Por otra parte, el “discurso” representa una forma de argumentación en la cual los interlocutores dan por cumplidas las condiciones de una situación ideal de habla, libre de cualquier tipo de coacción externa o interna. Es decir, en el discurso los participantes presuponen las condiciones de una total simetría entre ellos. En palabras de Habermas: Sólo en los discursos teóricos, prácticos y explicativos tienen que partir los participantes en la argumentación del presupuesto (a menudo contrafáctico) de que se cumplen con suficiente aproximación las condiciones de una situación ideal de habla. Sólo hablaré, pues, de “discursos” cuando el sentido mismo de la pretensión de validez que se ha tornado problemática fuerce conceptualmente a los participantes a suponer que en principio podría alcanzarse un acuerdo racionalmente motivado, significando aquí “en principio” la siguiente reserva idealizadora: con tal que la argumentación fuera suficientemente abierta y durara el tiempo suficiente.14 Volviendo a la objeción mencionada anteriormente, debe decirse que ella es falsa. Pues en la medida en que el actor utiliza una forma de lenguaje para reconocer y clasificar su acción como de un tipo específico se encuentra también allí inexorablemente un discurso virtual acompañante, es decir, la po- [13] Habermas, J., Theorie des kommunikativen Handelns, Bd. I, Frankfurt am Main: Suhrkamp, 1981, p. 38.Las cursivas son de Habermas. [14] Habermas, J., Theorie des kommunikativen Handelns, Bd. I., ed. cit., p. 71. También se ha hablado en este mismo sentido de “discurso argumentativo”. Véase al respecto Böhler, D. [junto con H. Gronke], “Diskurs” en:Historisches Wörterbuch der Rethorik, hg. von G. Ueding, mitbegrundet von Walter Jens. Redaktion: Gregor Kalivoda, F.-H. Robling, Heike Meyer. Bd. 2. Tübingen: Max Niemeyer Verlag, 1994, p. 812.
Lenguaje, discurso y agencia. Acerca de la estructura interna de las acciones desde un punto de vista pragmático trascendental – 317 – THÉMATA. Revista de Filosofía, Nº51 enero-junio (2015) pp.: 309-324 doi: 10.12795/themata.2015.i51.16 sibilidad concreta de un discurso real. El discurso virtual acompañante es tan esencial a la individualización de una acción con sentido tanto como lo es el lenguaje. Ello puede demostrarse de la siguiente manera. Si un actor quiere identificar el sentido de su acción (ya realizada o por realizar) debe realizar un acto de habla determinado, por ejemplo, “voy a encender la computadora”. Ahora bien en la medida en que efectúa dicho acto lingüístico, indispensable para saber lo que hace, eleva con él también una pretensión de validez. Pues bien, si eleva con su acto de habla una pretensión de validez, dicha pretensión sólo puede ser resuelta en el marco de un discurso, ya no virtual, sino explícito. Es decir, el actor mismo eleva, con la reconstrucción lingüística que hace del sentido de su acción no lingüística, determinadas pretensiones de validez que sólo puede ser resueltas en un discurso real con otros interlocutores. De esta manera se demuestra que, no sólo el lenguaje, sino también un discurso virtual acompañante es esencial a la constitución del sentido de las acciones. Sin el discurso, no sólo no es posible la formulación de un plan para actuar o una orientación general de la acción, y en este sentido, surge a la superficie la pretensión de validez que se eleva con ese plan u orientación, sino que el sentido de la acción y en última instancia la acción en sí misma no puede ser identificada sin la posibilidad de alguna forma de discurso. El actor mismo no podría saber concretamente qué está haciendo si no estuviera presente la posibilidad de un discurso. Es decir, como lo ha sostenido Böhler, existe una unidad esencial e inseparable entre la acción en sí misma y el discurso que la acompaña15 y, por lo tanto, entre la pretensión que se eleva con un plan que se tiene para actuar y la pretensión que se eleva con la acción en sí misma.16 La denominación que se la ha dado a este discurso puede ser un poco desconcertante, pues se habla de un discurso que “acompaña” a la acción. Como si la identificación de una acción pudiera transcurrir por una parte y el discurso fuera optativo en esta identificación. Sin embargo, al discurso no debe entendérselo como un factor contingente, sino como constitutivo de la acción misma tanto por parte de quien intenta comprender una acción desde el punto de vista de la tercera persona como desde quien intenta identificar una acción que va a realizar o ya ha llevado a cabo, es decir, desde el punto de vista de la primera persona. El discurso acompañante es condición de sentido de toda [15] Cf. Böhler, D., “Glaubwürdigkeit des Diskurspartners. Ein (wirtschaft -) ethischer Richtungsstoß der Berliner Diskurspragmatik und Diskursethik“, ed. cit., p. 127.Dice Böhler: “Un resultado fundamental de la reconstrucción discursivo pragmática [de las acciones no lingüísticas] es la unidad virtual, la relación interna entre presupuestos (Voraussetzungszusammenhang) de la acción y el discurso acompañante. Pues aquí yacen las (fuertes y débiles) condiciones normativas de sentido en relación a los presupuestos de sentido de una acción que se comprende a sí misma (acción con discurso acompañante) y una comunicación formal completa (acción de comunicación con discurso acompañante).“Las cursivas son de Böhler. [16] Cf. Böhler, D., Rekonstruktive Pragmatik. Von der Bewußtseinsphilosophie zur Kommunikationsreflexion: Neubegründung der praktischen Wissenschaften und Philosophie, ed. cit., p. 263 – 264.
Leandro Paolicchi THÉMATA. Revista de Filosofía, Nº51 enero-junio (2015) pp.: 309-324 doi: 10.12795/themata.2015.i51.16 – 324 – Böhler, D., “Glaubwürdigkeit des Diskurspartners. Ein (wirtschaft -) ethischer Richtungsstoß der Berliner Diskurspragmatik und Diskursethik“ en: Bausch, Th., D. Böhler, Th. Rusche (Hg.), Wirtschaft und Ethik. Strategien contra Moral?, Münster: Lit Verlag, 2004. Damiani, A, “El participante como actor e interlocutor. Un examen ético-discursivo” en: Cuadernos de Ética, vol. 22, Nº 35 (2007). Habermas, J., “Was heisst Universalpragmatik?” en: Apel, K.-O., Sprachpragmatik und Philosophie, Frankfurt am Main: Suhrkamp, 1976. Kuhlmann, W., Reflexive Letztbegrünndung, Untersuchungen zur Transzendentalpragmatik, Freiburg: Alber, 1985. Kuhlmann, W.,“Transzendentalphilosophie nach dem linguistic turn“ en Id., Kant und die Transzendentalpragmatik, Würzburg: Königshausen & Neumann, 1992. Øfsti, A., “Das Sprachspiel-Idiom und die Einheit der Vernunft. Bemerkungen zu Apels Wittgensteinkritik“ en: Dorschel, Andreas: Traszendentalpragmatik, Frankfurt am Main: Suhrkamp, 1993. Tugendhat, E., Einführung in die sprachanalytische Philosophie, Frankfurt am Main: Suhrkamp, 1976.