De Sevilla al mar.: una mirada desde la geografía
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- 49 - 1. INTRODUCCIÓN Las características de la idea o concepto de bioregión, aparecen así definidas por Peter Berg1 en 1997: Una biorregión puede ser determinada inicialmente a partir de la climatología, la fisiografía, la geografía de los animales y las plantas, la historia natural y otras ciencias naturales descriptivas. Pero quien mejor describe los límites definitivos de una bioregión son las mismas personas que la han vivido, y lo hacen a través del reconocimiento humano de las realidades de vivir-en-el-sitio. 1 http://www.eumed.net/tesis-doctorales/2013/jab/ concepto-bioregion.html (Consultado 30-10-2019). DE SEVILLA AL MAR. UNA MIRADA DESDE LA GEOGRAFÍA Águeda Villa Díaz Como se desprende de esta definición, una bioregión supondría una porción del espacio de la Tierra cuyos criterios de definición serían los elementos y procesos físicos naturales y humanos que la conforman como una unidad. Si bien, el reconocimiento efectivo como bioregión se lo otorgan sus propios habitantes, al asumir que esos elementos y procesos son los determinantes sobre los que se asienta su identidad y cuyo manejo viene permitiendo -a esa porción de la tierra-, ser habitada por los sucesivos grupos humanos que la han ocupado. Por otra parte el biorregionalismo2 es un movimiento crítico, surgido como respuesta a la crisis ambiental motivada por el desarrollo generalizado del modelo de explotación industrial que se viene imponiendo en el conjunto 2 http://www.aecid.es/galerias/revistas/descargas/ repositorio/obrs/libro-selba-bibliot-coop-00000190.pdf (Consultado 3-11-2019). https://dx.doi.org/10.12795/astragalo.2019.i26.03 ASTRAGALO, 26 (2019) Attribution-NonCommercial-ShareAlike - CC BY-NC-SA Article, ISSN 2469-0503 Dra. geógrafa y Profesional de Arte Dramático. Profesora asociada de la U. Pablo de Olavide
DE SEVILLA AL MAR. UNA MIRADA DESDE LA GEOGRAFÍA - 50 - del planeta desde el siglo XVIII, y que está poniendo en peligro el poder disponer de recursos imprescindibles para la vida humana, como el agua, el suelo y la propia calidad del aire. En parte este movimiento coincide con otros modelos de análisis, como el ecologismo o la ecología política urbana (EPU) 3, en aspectos que redundan en la necesidad de definir y acordar una manera distinta de planificar y gestionar un territorio. Como telón de fondo de este tipo de análisis, debe estar la superación de la creencia de que la humanidad está fuera y por encima de la naturaleza, sustituyendo así, la lógica dualista naturaleza-cultura, por el entendimiento de que los procesos naturales y humanos van siempre unidos, funcionan de forma dialéctica y pueden caminar en distintas direcciones, por lo cual, el progreso no tiene que ser obligatoriamente lineal. Desde estos postulados y teniendo en cuenta la definición de biorregión señalada con anterioridad, en el análisis que pueda llevar a la definición y compresión de una biorregión y su sistema de funcionamiento, es muy importante la consideración de los que son sus determinantes y procesos físicos y humanos. En este marco es muy útil la geografía, entendiéndola como una disciplina que, aunque cuenta con diversas especialidades, se sigue manteniendo en la frontera de muchos conocimientos y para la cual, sigue siendo fundamental la observación directa en el campo. Trabajar desde la geografía permite ir aprendiendo de las ciencias de la tierra para, uniéndolas con las humanidades y ciencias sociales, ir construyendo, ordenadamente, la imagen completa del rompecabezas espacio-territorial-cultural a estudiar. Un or- 3https://dialnet.unirioja.es/servlet/ articulo?codigo=4763771 (Consultado 5-11-2019). den que debe comenzar por el estudio y comprensión de las características naturales de cada espacio y los procesos que de ellas derivan, entendiéndolas como el soporte de los usos y formas de vida de sus sucesivos habitantes. El objetivo de este artículo no es otro que realizar una aproximación a la ciudad de Sevilla teniendo en cuenta los condicionantes físico-naturales y humanos de su contexto espacial que explican su presencia y evolución; además de que, secularmente, la ciudad viene ejerciendo una función como de umbral en el río Guadalquivir. Y, en esta función de marcar la puerta al gran valle bético, las actuales marismas del Guadalquivir actúan a modo de atrio o pórtico, protegiendo y acompañando a la ciudad en su doble relación con el río y el mar. Mirando desde esta posición, ciudad-río-marismas mantienen una relación directa e imprescindible, entrelazando su destino físico natural, histórico, cultural y social. Una relación que con el río ha ido cambiando a lo largo de la historia, aunque su presencia sea siempre determinante para la ciudad sus vecinos y visitantes. Mientras con las marismas, la percepción de esa interdependencia se ha ido debilitando hasta casi olvidarse en la actualidad. 2. DE SEVILLA AL MAR. CONDICIONANTES FÍSICOS Y HUMANOS La presencia de Sevilla está indisolublemente asociada al río Guadalquivir que, con sus aproximadamente 657 km de longitud, articula de este a oeste la región andaluza desde su nacimiento en la sierra de Cazorla hasta su desembocadura en el océano Atlántico.
Águeda Villa Díaz - 51 - Desde su localización en el suroeste de la península ibérica, esta ciudad ejerce de capital de la Comunidad Autónoma de Andalucía, siendo su entorno socioterritorial conocido como la Baja Andalucía donde confluyen las provincias de Huelva, Sevilla y Cádiz. Espacialmente se asocia al tramo último del Guadalquivir, correspondiéndose con su antigua ría y actuales marismas: una amplia llanura de unos 3000 Km2 y forma triangular, donde Sevilla ejerce como vértice inicial, a partir del cual va abriéndose hasta llegar a los cordones dunares de Doñana que, a modo de telón de fondo, separan las marismas del mar. Por su situación geográfica, Sevilla funciona como una doble bisagra. A escala regional, la posición de la ciudad en el entorno del estrecho de Gibraltar, concretamente en el centro del golfo de Cádiz, la convierte en un hito estratégico entre el Mediterráneo y el Atlántico dado los continuados flujos de personas, mercancías e ideas que se vienen dando por estas aguas desde tiempo inmemorial. Durante la antigüedad, este papel de parada intermedia o correa de transmisión, se realizaba -oficialmente- en tierra de nadie, en la frontera, pues el primero de estos mundos –el Mediterráneo–, tenía su fin en las columnas de Hércules y el segundo –el Atlántico– en el cabo de San Vicente. Y, en relación con el Guadalquivir, la ciudad funciona como el gozne que fija a la par la entrada del río hacia el interior del valle y la salida de éste hacia el mar. Para conseguir esta doble función sus fundadores eligieron un emplazamiento muy concreto, un pequeño promontorio situado en la más joven de las terrazas del río y, justo, al inicio de la llanura aluvial del Guadalquivir. Este emplazamiento convierte a la ciudad en una suerte de umbral, un puerto interior y abrigado, donde se vienen realizando todo tipo de intercambios y trasiegos, una multiplicidad de transbordos mercantiles y vitales con alcance regional, nacional e internacional, atendiendo a diferentes etapas históricas, como ha estudiado, entre otros autores, Antonio Domínguez Ortiz. Los condicionantes físico-naturales del emplazamiento de Sevilla y su solar están determinados por el proceso de colmatación del antiguo estuario del Guadalquivir, cuya evolución durante el Holoceno se representa en la Fig.1. El primer paso de esta secuencia, 1.a, muestra la situación de hace unos 6500 años, cuando las aguas del mar cubrían por completo la gran ensenada marina formada en la desembocadura del Guadalquivir fruto del máximo avance del mar (transgresión Flandiense). El segundo hito, 1.b, está fechado hace unos 3000- 2800 años, intervalo de tiempo coincidente con la fundación de la ciudad y durante el cual esta ensenada presenta una morfología distinta: las aguas libres del océano han retrocedido, tras el inicio de dos procesos paralelos y enfrentados que finalizaran con la colmatación de las marismas. Los procesos serían, por una parte y fruto principalmente del arrastre de los sedimentos del río, la paulatina consolidación de las llanuras aluviales más cercanas a la ciudad; mientras por otra y derivado de la dinámica marina, el desarrollo de las flechas litorales, comenzando así el cierre del estuario por el sur. El esquema 1.c, contemporáneo con el periodo Turdetano-Romano y desarrollado entre los años 2390 y 1600, ofrece una visión muy consolidada de las marismas, reduciéndose las aguas libres a una pequeña ensenada final, identificada como el Lacus Ligustinos, repetidamente citado en las fuentes clásicas latinas. El ASTRAGALO, 26 (2019)ISSN:2469-0503
DE SEVILLA AL MAR. UNA MIRADA DESDE LA GEOGRAFÍA - 52 - último paso, 1.d, o fase resultante, se corresponde con el cierre final de las flechas y el desarrollo de los cordones de dunas vivas que dejan a las marismas sin la influencia directa del mar. Fig. 1. Reconstrucción tentativa de la evolución del conjunto de la desembocadura del Guadalquivir durante la segunda mitad del Holoceno. Fuente: Evolución de la llanura aluvial del bajo Guadalquivir durante el Holoceno medio-superior. Geoarqueología y reconstrucción paleogeográfica de la vega de Itálica (Sevilla, España). Fuente: Evolución de la llanura aluvial del bajo Guadalquivir durante el Holoceno medio-superior. Geoarqueología y reconstrucción paleogeográfica de la vega de Itálica (Sevilla, España). 2018
Águeda Villa Díaz - 53 - La morfología que muestra el esquema 1.d, en comparación con la anterior 1.c, refleja también la intensa actividad hidráulica que ha transformado el Bajo Guadalquivir: rectificaciones en algunos tramos de los cauces, cortas de meandros, encauzamientos, etc. Son obras de gran calado desarrolladas en los últimos siglos y que se corresponde con el momento actual de este río, paulatinamente domado en consonancia con intereses de la ciudad y que fluye con dificultad por unas marismas ya senescentes. La secuencia de la Fig. 1 recorre el proceso de conformación del soporte físico-natu- ral de Sevilla y sus espacios aledaños, cuyos materiales de finales del terciario (arcillas limosas, areniscas, arenas y limos), se disponen en distintas capas superpuestas acompañándose de los depósitos detríticos de las terrazas fluviales y las acumulaciones de materiales finos de la llanura aluvial, originados ya en el cuaternario. A estas características geomorfológicas, las complementan unos rasgos climáticos caracterizados como de clima mediterráneo con influencia atlántica, que responde a los siguientes valores para la serie 1981-2010 años (Sevilla, estación aeropuerto (AEMET)4: temperatura media de 19,2ºC y una precipitación 539 mm media anual. Concretando lo referido a sus condicionantes físico-naturales, puede decirse que Sevilla nace prácticamente en el agua, en un ambiente movedizo, de clima suave, sobre un soporte geológico muy reciente y sujeto a un proceso geomorfológico dominado por la inestabilidad y el dinamismo. Estos condicionantes que derivan de su emplazamiento en la interce- 4 https://www.aemet.es/es/serviciosclimaticos/ datosclimatologicos/valoresclimatologicos?l=5783&k=a nd (Consultado 10-12-2019) sión entre el río Guadalquivir y su ría, dotan a este lugar de las condiciones precisas necesitadas por sus primeros moradores, que accedieron hasta allí en barco hace ya casi 3000 años, tras atravesar una ensenada que ofrecía las condiciones esquematizadas en la Fig.1.b. En cuanto a sus fundamentos históricos y, de acuerdo con José Luís Escacena Carrasco5, Sevilla es una fundación fenicia fechada en el siglo IX a.C, cuyas características se reflejan en la Fig. 2, que reconstruye de forma idealizada la 5 ESCACENA, J.L. (2014): “Sevilla Fenicia” Fig. 2. Reconstrucción idealizada de la planta y sección de la llanura aluvial del Guadalquivir, en relación a la evolución de la ciudad de Sevilla. Fuente: La ciudad en época protohistórica, antigua y andalusí. 2014 ASTRAGALO, 26 (2019)ISSN:2469-0503
DE SEVILLA AL MAR. UNA MIRADA DESDE LA GEOGRAFÍA - 54 - evolución la ciudad desde su fundación hasta la Baja Edad Media6. El esquema deja patente cómo el asentamiento inicial constaba de dos núcleos que ocupaban orillas opuestas y cada uno cumplía funciones específicas. Al oeste y encaramado en El Aljarafe, a salvo de aguas imprudentes, se encontraba el espacio sagrado, el santuario de Astarté excavado en el Carambolo; mientras al este y en la zona baja, se encontraba el núcleo dedicado a la actividad portuaria y germen de la ciudad actual. Tanto en la planta como en el perfil, se puede observar su emplazamiento original entre dos ríos. Un emplazamiento mesopotámico y no exento de osadía, dada la fragilidad de esa estrecha península que emergía no más de 19 metros sobre el nivel del mar, alargándose desde 6 BORJA, F. (2014): “Geoarqueología urbana en Sevilla”. la terraza inferior del Guadalquivir para separar el curso de este río de la boca del arroyo Tagarete. El asentamiento, nombrado inicialmente como Spal y cuyo solar discurría entre las actuales Cuesta del Rosario y la calle Mateos Gago, nació en un contexto de desarrollo del mundo tartésico, coincidiendo con el auge de otros asentamientos tanto en el golfo de Cádiz como en el norte de Marruecos. Spal se mantendrá como un puerto importante hasta el siglo VI a.C., cuando la crisis del orden mediterráneo acarrea la paulatina decadencia de Tartesos dando paso a la etapa turdetana de la ciudad, ésta ya asociada al asentamiento de la zona baja, tras el abandono y ruina del santuario de Astarté. Esta etapa se cerrará a finales del siglo I aC. cuando la ciudad, renombrada como Hípalis, entre a formar parte del circuito romano y Fig. 3. Vista de la ciudad de Sevilla finales del siglo XVI. Óleo sobre lienzo, 146 x 295 cm. Alonso Sánchez Cohello. https://www.museodelprado.es/coleccion/obra-de-arte/vista-de-la-ciudad-de-sevilla/df3adb65-3fbd-4438-8c06-d75e8685f117 (Consultado 20-11-2019) (atribuido). Fuente: Museo del Prado
Águeda Villa Díaz - 55 - recobre su papel como puerto de interés para la salida de los productos de la Bética hacia Roma, especialmente el aceite de oliva. Desde esa fecha el solar de Sevilla ha ido creciendo de forma permanente, en función de los sucesivos retranqueos del Guadalquivir y de la transformación del conjunto de arroyos que desembocan en él por su margen izquierda. Como muestra la Fig. 4, desde su fundación hasta 1775, la ciudad se mantiene en el interfluvio Guadalquivir-Tagarete, si bien, en esa fecha ya ha sido objeto de una intervención importante: el aterramiento del curso urbano antiguo del Guadalquivir realizado durante la Baja Edad Media. Este aterramiento dio lugar a la zona portuaria del Arenal, configurándose lo que sería el escenario de la Sevilla americana y una de las vistas más reconocidas de esta ciudad como paisaje histórico y patrimonial, reflejada en la obra de artistas como Sánchez Cohello7. En el esquema correspondiente a 1870, la ciudad deja de estar completamente perimetrada por los dos cursos fluviales citados, pero quizás, lo más destacable de esta fecha en relación al paso siguiente de 1930, esté en los importantes cambios que presentan tanto el 7 GARCÍA GARCÍA, A. http://revistamito.com/paisajesurbanos-la-sevilla-de-la-edad-moderna-traves-de-las- fuentes-graficas/(Consultado 28-12-2019) Fig. 4. Transformación de la red fluvial de Sevilla. Fuente: Paisajes Patrimoniales de España (2018) ASTRAGALO, 26 (2019)ISSN:2469-0503
DE SEVILLA AL MAR. UNA MIRADA DESDE LA GEOGRAFÍA - 56 - solar sevillano como los cursos de los arroyos y el trazado del Guadalquivir. En solo 60 años, el grado de transformación de la red hidrográfica asociada a la ciudad es ingente, reflejando el poder de transformación adquirido ya por la tecnología hidráulica, unos avances imprescindibles para dominar el Guadalquivir, que mantuvo un puente de barcas para unir Sevilla con Triana hasta finales del XIX8. A partir de esta fecha las intervenciones se intensifican, dando como resultado final el esquema fechado en el año 2000, donde se pone de manifiesto el completo rediseño del Guadalquivir y de los arroyos de su margen izquierda. Estas actuaciones han conseguido evitar las inundaciones, la última fue el 25 de noviembre de 1961; y sanear un significativo porcentaje de terreno facilitando el crecimiento urbano hacia el suroeste. En la actualidad puede decirse que Hoy el Guadalquivir cuenta en Sevilla con un cauce real domesticado y trasero y con una dársena urbana que funciona como puerto como escaparate y gran vía de la ciudad monumental y turística y como reputado espacio deportivo (García García, Delgado Bujalance y Ojeda-Rivera, 2007: 295) Y si el crecimiento urbano ha conseguido engullir parte del sistema fluvial de la ciudad, otorgando al actual curso urbano del Guadalquivir otras funciones que han opacado a la portuaria, la relación de la ciudad con las marismas o antigua ría del Guadalquivir se encuentra invisibilizada, fracturada, como si el río y lo que significa se ciñera a la dársena urbana. Desde la óptica de la biorregión esta forma de relación supondría una castración para la 8 Para conocer estas intervenciones se puede consultar La obra hidráulica en la cuenca baja del Guadalquivir. (Siglos XVIII-XX). Gestión del agua y ordenación del territorio, del geógrafo Leandro del Moral Ituarte. ciudad y sus ciudadanos, proponiendo que para conseguir un conocimiento que fundamente una planificación adecuada a la problemática actual, es necesario flexibilizar los límites urbanos y analizar a una escala que permita incorporar los condicionantes naturales básicos. En el caso de Sevilla, esa escala podría ser el ámbito de la Fig.1, donde se sustenta esa relación secular río-ciudad-marismas. En el momento actual y tal como se muestra en la Fig. 1.d, las marismas del Guadalquivir comprenden una llanura extendida a ambas márgenes del río, cuya morfología es fruto de sus determinantes naturales y la intervención humana. Estas marismas, muy colmatadas y cuyas mayores alturas no superan los 3 metros sobre el nivel del mar, presentan una compartimentación interna derivada del discurrir de los tres brazos principales que dirigían sus aguas hacia el Atlántico. La margen derecha del Guadalquivir concentra más del 60% del total de las marismas, todas incluidas en el ámbito de la Reserva de la Biosfera de Doñana9 y entre las cuales se pueden diferenciar marismas transformadas, semitransformadas y seminaturales. Estas últimas presentan el mayor índice de protección ambiental, pues mantienen unos valores que son el origen de los reconocimientos de Doñana como patrimonio natural. El primero de estos reconocimientos fue su declaración como Parque Nacional en 1969, y, desde esa fecha y de forma paralela al paulatino reconocimiento de la pér- 9 La figura de Reserva de la Biosfera, se crea en 1974 en el marco del Programa MaB (Hombre y Biosfera) de la UNESCO. El objetivo de esta figura es abordar de una manera integrada la preservación de los recursos naturales y el desarrollo social y económico de sus habitantes. De ahí que, en las reservas, sea fundamental que se impulse y apoye el desarrollo sostenible y la participación activa de su población.
Águeda Villa Díaz - 57 - dida de biodiversidad y otros problemas ambientales que vienen dándose en el conjunto del planeta, Doñana ha ido aumentando en superficie a preservar y en número de reconocimientos autonómicos, estatales e internacionales10. Como principales características físiconaturales, las marismas seminaturales mantie- 10 Doñana es uno de los espacios con mayor número de declaraciones y reconocimientos de sus valores naturales y ambientales, pudiéndose destacar: el Espacio Natural Doñana (Parque Nacional y Parque Natural); parte del Paisaje Protegido del Guadiamar; varios Monumentos Naturales; distintas Zonas de Especial Conservación ZEC de la Red Natura 2000; humedal RAMSAR; Patrimonio Mundial y Reserva de la Biosfera, estas tres últimas de UNESCO; y, cuenta también con reconocimientos a su gestión como el Diploma Europeo o su inscripción en la Lista Verde de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). nen parcialmente su funcionamiento natural y pequeños accidentes topográficos, favoreciendo la diversificación de ambientes para el desarrollo de la vida silvestre11. La vegetación propia de la marisma está muy relacionada con la cantidad y salinidad del agua pudiéndose encontrar bayuncos, castañuelas, distintos tipos de almajos y algunas gramíneas. Para la fauna, su papel más destacado está en servir de paso para más de dos millones de aves en sus tránsitos migratorios entre Europa y África. Limítrofe a estas marismas seminaturales, cuya principal función es aportar servicios 11 Destacando en la planitud aparecen vetas, vetones y paciles como los puntos más altos y últimos en inundarse; en contraposición a los lucios y ojos, lugares especialmente bajos que mantienen el agua durante más tiempo. Fig. 5: Ámbito de la Reserva de la Biosfera de Doñana. Fuente: Cesar López (2018) ASTRAGALO, 26 (2019)ISSN:2469-0503
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