La casa rural en Las Marcas (Italia)
Full text
La casa rural en Las Marcas (Italia) La vivienda rural constituye indudablemente uno de los elementos más atrayentes del paisaje agrícola de Italia central, sobre todo en las regiones de Toscana, Umbría y Las Marcas, en las cuales la relación entre capital y mano de obra ha estado regulada, durante siglos, por la aparcería. Región sin metrópolis, pero con decenas y decenas de centros históricos murarios medianos y pequeños, algunas veces minúsculos, emergentes de una red compacta de casas rurales, Las Marcas expresan con su colina, la verdadera singularidad y la estratificación de la cultura de asentamientas y producción, en particular la agrícola de aparcería con la cual han permanecido entrelazadas, desde el Medievo tardío y por más de cinco siglos (figura 1). LA HISTORIA La geometría rigurosa y polícroma que estructura el paisaje agrario de Las Marcas, y que hace de él uno de los más armoniosos de Italia, se ha impuesto sobre el substrato paisajista espontáneo y natural, ha rechazado o borrado el bosque y la mancha, ha modificado el tluir de las aguas, y ha redondeado el perfil de las colinas a través de una presencia humana en el espacio agrario continua y capilar. Allí está, como testimonio, la compacta red de casas esparcidas que enlaza estrechamente toda la faja de llanura, colina y alta colina de la región para mermar, hasta desaparecer, sólo en las zonas de monta- Renata Palloni Figura 1 ña, donde los asentamientos se estrechan en pequeños núcleos llamados vil/a. Las 25.535 casas rurales contadas en la provincia de Ascoli en J929, en las cuajes vivía entonces casi Actas del Tercer Congreso Nacional de Historia de la Construcción, Sevilla, 26-28 octubre 2000, eds. A. Graciani, S. Huerta, E. Rabasa, M. Tabales, Madrid: I. Juan de Herrera, SEdHC, U. Sevilla, Junta Andalucía, COAAT Granada, CEHOPU, 2000.
780 el 60% de la población contra el 20% de 198], constituyen la sedimentación de un largo proceso histórico, iniciado a finales del siglo XV con el objetivo, precisamente, a través de una presencia campesina cada vez mayor en el territorio, de llegar al pleno control agrícola y productivo del mismo.1 Todavía en la segunda mitad del siglo XV, en efecto, la población reside dentro de la muralla de las ciudades, de los castillos, de los centros urbanos menores y desde allí se encarga, trasladándose diariamente, de cultivar los campos del rededor. Pero entre finales del siglo XV y comienzos del XVI una serie compleja de causas, en primer Jugar el incremento demográfico contemporáneo, así como la decadencia de las manufacturas, las frecuentes crisis de alimentos y el aumento del precio de los cereales, impulsan a las clases más ricas a invertir capitales en la agricultura para un aprovechamiento más intensivo de los recursos agrarios.2 Se crean de este modo las condiciones por las que se empieza a difundir la nueva estructura de producción de la finca, cuyo epicentro es la casa de alquería, del colono o rural. Se trata, en efecto, de trasferir parte de la población de los centros urbanos a los campos y de crear las condiciones para que ésta pueda afincarse aHí establemente, asegurando, así, un cultivo más intenso del terreno. Por lo tanto, no puede faltar la estructura de vivienda para la familia campesina, generaJmente en relación de aparcería;' y tampoco los lugares para los animales. La casa rural (figura 2) está colocada de modo que desde sus ventanas se puede controlar lo que sucede en el fundo y, sobre todo, presenta una articulación funcional según las complejas exigencias que se desarrollan en ella. En fin, es el lugar neurálgico de toda la actividad productiva; por lo que presenta una estructura compleja que sigue la rica y múltiple economía de la finca. Así se explica la escasa articulación de las casas rurales más antiguas, denominadas casas-torre, que aún se observan sobre todo en las zonas de media y alta colina de la región, pero con mayor frecuencia en el sur de la misma, cuyo ejemplo más antiguo es de 1504. Esta tipología (figura 3) presenta un desarroHo vertical que evoca, también por la escasa presencia de ventanas, la estructura de la torre gentilicia y guerrera, quizás en función de las exigencias de defensa de un asentamiento colocado fuera de la mura- R. Palloni Figura 2 Ila en una época muy inestable en lo poJítico y de gran inseguridad colectiva.4 Pero debido a la progresiva consoJidación de la red de fincas en el curso del siglo XVIf, la definitiva afirmación de la policultura, el impulso de las casas rurales hacia zonas cada vez más apartadas de los centros habitados hacen que la estructura de la antigua 'casa-torre' ya no esté a la altura de la plena au- Figura 3
La casa rural en las Marcas 7St tonomía productiva de la finca, por lo que esta tipología comienza pronto a ser abandonada en favor de una casa de desarrollo horizontal; aunque las que ya existían son centro de consistentes adaptaciones. Sin embargo, es sobre todo el siglo XVIll el que marca el comienzo de una intensa política de construcciones y reconstrucciones rurales. La casa rural, por lo tanto, debe ser más funcional y seguir la complejidad de la producción y, entre finales del siglo XVIll y comienzos del XIX, se vuel- ve más racional adaptando sus ambientes a las nuevas exigencias. La naturaleza de la casa rural, estrechamente integrada en la fisonomía económica del fundo en el que surge, hace que la misma se revele como una estructura increíblemente flexible, en el sentido de que se adapta, en sus materiales y organización arquitectónica, a la especifica de su cantidad, así como a la cualitativa, geográfica y topográfica de la finca. Le sigue una uniformidad tipo lógica sólo aparente, también en el interior de áreas geográficas circunscritas y determinados períodos históricos. Así, el siglo XIX ve la difusión en la zona de Fermo, gracias a la mayor extensión de las fincas y a la presencia de capacidades de inversión más consistentes, de grandes edificios de dos niveles, en ladrillo a vista, con fajas marcapisos elegantes y decorativas con amplio uso del arco (figura 4), en la zona de Ascoli, donde la propiedad es más fraccionada, tienen dimensiones más pequeñas y caracterizan áreas ligadas más estrechamente a los centros mayores en los que están presentes capitales dispuestos a inversiones rurales significativas. Mientras que en toda la zona central de Piceno, sin embargo, además que en las áreas de alta colina y montaña, se siguen usando las viejas construcciones y los antiguos materiales, a lo largo de los Valles Aso, Tesino, alto Tenna y en toda la faja de los Sibilinos, persiste la presencia de casas modestas, constituidas por construcciones fatigosamente yuxtapuestas, y son numerosos los casales, que denotan la imposibilidad que tenían los pequeños propietarios de servir con casas de labranza autónomas y completamente funcionales, fincas demasiado angostas y poco fértiles. Por lo tanto, ellos se reúnen en pequeñas viviendas dispuestas en hilera, que siguen el movimiento del terreno, de altura diversa según el número de personas que integraban la familia de colonos, reunidas en Figura 4 sentido longitudinal, que les consentía compartir algunos servicios, como la escalera de entrada, el horno, el pozo, y el corral. En su alrededor, el casal se puede desarrollar en semicírculo constituido por casitas autónomas. Al variado y diversificado patrimonio edilicio rural que se ha intentado delinear, se suman las casas construidas en los años de la honijicación inteRra!' de la época fascista. Éstas se distinguen por las dimensiones notables, debidas tanto a la amplitud del establo, que se debe amoldar al incremento de la cría del ganado, tanto al notable número de habitaciones necesarias, en el primer piso para la familia de labriegos cada vez más numerosa." T!POLOGÍAS Con esta breve investigación histórica, económica y geográfica comprendemos por qué en Las Marcas la casa rural cuenta con un lugar de gran relieve. Cien mil, en toda la región, ricas y articuladas por forma y funciones, verdaderos micro cosmos productivos, que son al mismo tiempo viviendas y lugares de trabajo polifuncionales. Tipologías diversas, diferenciadas según la zona y según el clima, y según los cultivos, las dimensiones de las propiedades; casas torre-palomares, casas con hiRattiera (lugar para la cría del gusano de seda),1 con o sin pórtico y escaleras externas, en pabellón, en plano rectangular, en declive, casales, casetas y casas rurales de tipo italiano; éstas típicas de la zona de Fermo y de los valles Ete, Aso y Tenna, objeto de estudio de esta investigación. Arquitecturas perfectamente ligadas al ambiente,
782 construidas en estrecha relación con los materiales del lugar: ladriHo, areniscas, piedras calcáreas blancas o rosadas, cantos rodados de río, incluso tierra y paja. Edificios sobre los cuales a menudo se agregan otros de servicio, más o menos precarios, siempre y de todos modos necesarios. Por lo que se refiere a la zona de la investigación, hay un atraso en el asentamiento esparcido debido a la presencia de las viviendas palomares, que disminuyen con los años; éstas con una forma originaria de casas-torres de origen urbano se fueron adaptando funcionalmente a una política agraria distinta hasta confonnarse como cuerpo emergente en las construcciones para la cría de palomas, perdiendo de este modo su papel en favor de la necesidad de establos y almacenes y generando así la tipología de la vivienda del vaHe. Centro de la finca en aparcería de Fermo se vuelve así, la casa rural en ladrillo, ocupa la posición mediana, colocándose en la cima de la altura, de forma rectangular, en bloque único hospeda en una sola obra a la familia de labriegos, los animales y los productos; articulada, principalmente, con establos en la planta baja y habitaciones en la superior, a donde se Hega por una escalera con pórticos, y cobertura en cabaña de dos vertientes (figura 5). Tiene pórtico, horno y escalera externa, gaHinero debajo de la escalera y establo, cantina y almacén en el primer piso, y en el segundo un gran ambiente empleado como cocina y un corredor central que divide numerosos y pequeños donnitorios, en fondo al corredor se abre un amplio almacén; varían sus dimensiones según la extensión del terreno y de los cultivos, pero generalmente se desarroHa en unos 25-30, m de largo o más (figura 6). . Figura S R. Palloni ;:J fL+, b:: ..,~-~.-10.10 .¡ 1. Slalla 2. Box 3. MHlicaío ~4.Cilnlina 01 5. Rlpo$liglío I6. Scala I J ~ ffiJ4 1,1 t ' ",.""." l;iIiJ.i ,I'.;II, 111i IiI':1!j 11 .l. I :-~7 ~~~J~:.i~~ Figura 6 l. Cucina 2. Maga Z2 ¡no 3. Carnere 4. La t r ina En estos vaHes se señala también la presencia de tipos menores, como las grutas, empleadas primero como viviendas y luego como depósito de utensilios, construidas en tierra y paja; las atterrati, viviendas
La casa rural en las Marcas 783 para peones, en tierra y paja o piedra rústica, de una sola planta que se distinguen de las denominadas a piancato; y las pagliare, con techos en cañas y paja.x Numerosos son los casales, debido al aumento del número de personas en las familias, a las que deben su nombre. Tienen dimensiones mayores que la casa rural y un desarrollo que puede ser longitudinal, con casitas en hilera de diversa altura con escaleras externas; o también un desarrollo aglomerado, gracias a la ampliación de una obra central originaria; y un desarrollo separado, con obras autónomas y dispuestas en semicírculo al rededor de la granja-corral. En los terrenos escarpados siguen la inclinación, generando así el tipo de declive, con niveles y alturas diversas, pegados a una pared calcárea, y acceso a los pisos superiores por el desnivel situado detrás. Funcionalmente distintas a éstas son las casitas de campo casino, de uso particular y para veranear, muy frecuentes en la faja mediana de las colinas costeras; tienen una posición cómoda y solariega, se distinguen de las casas rurales por la notable dimensión y la altura, generalmente con un piso más dedicado al almacén (figura 7). Más raras en esta zona de Fermo, pero importantes porque generan la casa rural, son las casas torres pa- Fiugura7 lomares,0 típicas en las zonas de media y alta colina de toda la provincia, pero sobre todo en los alrededores de Ascoli, cuyos ejemplo del siglo XVI bien conservados (el más antiguo es de 1504) se encuentran en Montefortino. Cada piso está constituido por una sola pieza, que no supera las dimensiones de 4x6 m, conectado con los demás por una escalera interna de madera, la planta baja sirve de establo, la primera como vivienda para la familia campesina y se divide del techo con un desván de madera, que se emplea como almacén y palomar. La casa, en efecto, presenta en el exterior un cordón base del último piso, a veces en ladrillos dispuestos en ángulo y ménsulas que, junto con los rosetones y alvéolos triangulares o rectangulares, introducen en la construcción elegantes elementos de gran efecto decorativo y, al mismo tiempo, responden a exigencias específicas de la cría de palomas. El cordón, en efecto, sirve como percha para las aves y al mismo tiempo protege el palomar de animales que se podían introducir desde abajo, mientras que los rosetones y los alvéolos, dispuestos generalmente hacia el sur, ofrecen a las palomas nichos de amparo y les permiten volver al interior del palomar donde, en cestas especiales, pueden hacer sus nidos y reproducirse. Cualquiera de las casas rurales de Las Marcas puede ser simple en la forma de su construcción y pobre en el material y estructuras, pero ciertamente será compleja y articulada desde el punto de vista funcional. No sólo es vivienda del colono, sino también y sobre todo lugar de trabajo para las múltiples actividades enlazadas con la vida de campo; lugar pues de producción, elaboración y almacenamiento de los productos, así como depósito de utensilios de trabajo. A partir del siglo XVI y hasta la gran migración de los últimos decenios a la vivienda rural se han ido agregando poco a poco nuevos servicios. Construcciones subsidiarias y anexos variados, aislados o no con respecto al núcleo originario, pero todos enlazados con la casa rural. En la casa rural hoy podemos contar el establo, el establo de cerdos, el gallinero, la cantina, la despensa, el lugar para guardar la leña, el horno, la cabaña para los utensilios, y según las zonas y el cultivo, como decíamos, el henil o palomar, el lugar para la cría del gusano de seda, o los lugares para el ganado lanar, el pular o secadero, los pajares o cestones, etc. La mayoría de las veces se concentran alrededor del corral, que representa efectivamente, después de
7R4 la cocina, el espacio más grande en el que se centra la vivienda campesina, el centro de la vida al aire ]ibre. La casa rural es por lo tanto un micro cosmos de vida productiva, lugar articulado donde las exigencias de la vivienda conviven y se complementan continuamente, y por lo tanto se debe examinar en su conjunto. TÉC\ICA CONSTRUCTIvAS yMATERIALES No sólo ]a variedad tipológica y funcional hace de las arquitecturas rurales un muestrario de soluciones diferentes. Técnicas constructivas y diversidad de los materiales, aquellos disponibles en la localidad, son también elementos de caracterización formal. Piedras blancas o rosadas, lastras gris y amarillentas de piedras arenít'eras, ladrillos, cantos rodados de río, pero también tierra y paja a las que se añade el rico inventario de materiales vegetales, maderos duros y flexibles, cañas y retamos. Un patrimonio de técnicas constructivas e ingenio formal que ha dado fascinación no sólo a las construcciones más consistentes, sino también a los manufacturados más pobres. Formas primitivas y materiales pobres Debido a que la arquitectura rural es un sector en el que la cristalización de los modelos es más evidente y en el que las formas permanecen inalteradas y se repiten también por largo tiempo, es muy fácil encontrar todavía en los edificios que utilizan formas y técnicas antiguas de construcción. El empJeo de formas bien probadas es una de las características de la cultura campesina, así como la reutilización de los materiales y e] empleo de aquellos precarios. Se trata, en especial, de manufacturados primitivos extemporáneos, precarios, pero siempre realizados con racionalidad y sencillez utilizando a menudo materiales que la naturaleza ofrece gratuitamente. Se trata también de productos en los cuales vemos que se ha aplicado la filosofía de ]a recuperación, de] no desperdiciar ni tirar nada, del conservar, y el estilo del reciclaje creativo y lleno de fantasía que acompaña desde siempre la mentalidad del colono. Si se excluyen las grutas, los sótanos, las cavernas y los hipogeos, las manifestaciones más raras de esta R. Palloni arquitectura primitiva son las casas de tierra; los antiguos atterrali, IJamadas también pagliare, pil1ciaie. Casitas de tierra, en fango, madera y paja; viviendas frías, húmedas y malsanas, a menudo de dimensiones minúsculas y con poquísimas piezas donde hombres y animales suelen convivir. El espesor de la pared nunca es inferior a los 50 cm, en barro empastado en el que se mezclaban piedras, y otros materiales. Los dinteles de las ventanas y puertas son de madera, así como los tabiques de los desvanes, sobre los cuales los cañizos sostenían la pavimentación y el techo; y los cimientos con alguna hilera de ladrillos o piedras. En las arquitecturas primitivas se solía emplear materiales vegetales, para pequeñas cúpulas con techos de paja y fango. 10 Materiales y lugares Elemento constante de la arquitectura popular de todo tiempo ha sido siempre el lazo entre las técnicas de construcción y los materiales del lugar; en Las Marcas esta técnica es bastante evidente, puesto que a la mínima variación de la naturaleza de los terrenos le corresponden variaciones en el uso de los materiales de construcción, aun permaneciendo inalteradas las características tipológicas de las obras. Los materiales que predominan son sin duda la piedra y elladrilJo, mientras que parece prácticamente ausente el uso de la madera, que sirve sólo para los desvanes, dinteles y detalles. Las piedras más comunes son calcáreas compactas, blancas, grises o rosadas y también las arenít'aras grises o amariIJentas; raro el tufo y las piedras de origen yesoso. Con éstas se usa bastante también el canto rodado de río, recordamos que la zona de Fermo se extiende a lo largo de tres vaIJes, Ete, Aso y Tenna, nombre de los torrentes que los surcan. Además piedras recogidas y conservadas durante la aradura de los campos, usadas para almacenes, depósitos, cabañas, y casitas, donde se ponían una sobre otra, en equilibrio con euñas insertadas; cerca de zonas arqueológicas, se acostumbraba también reutilizar materiales como fragmentos ]apídeos de origen romano. Los materiales son utilizados singularmente o de manera mixta donde e] empleo de ]adrillos y piedra se coloca casi de forma secuencial con cantos rodados y areníferas, en una variedad de colores entre e]
La casa rural en las Marcas 785 blanco y el rosado (figuras 8-9). De todo ello, se obtiene un juego de colores de increíble belleza en las diversas arquitecturas que varían según la zona y según el material presente en ella. Figura 8 Figura 9 Pero el gran protagonista de la casa rural de Fermo es el ladrillo, bastante utilizado precisamente por las características arcillosas de los terrenos, que han favorecido sin duda, desde la antigüedad, el surgimien- to de hornos para 1adrillos; que si bien están 1igados a la economía urbana, a veces surgían espontáneamente en el campo alIado de aquellos para la calcina pobre. Cuando se dice que en Las Marcas existe una verdadera civilización de la terracota no se debe olvidar que a esta imagen no le corresponden sólo las típicas cortinas murarias de tantos centros históricos o la uniforme edilicia residencial, sino también arquitecturas populares y rurales que constelan el paisaje de estos valles. Con el gran desarrollo agrícola de los siglos XVIII y XIX Y la consiguiente inversión de capitales en obras de construcción se introdujeron en las edilicias populares extra muros materiales más sólidos y resistentes; y así baldosas grandes y pequeñas, tejas acanaladas, calcinas y mezclas más aglomerantes, enlucidos y pinturas. Las casas rurales en ladrillos, sobrias y perfectas en las líneas arquitectónicas, a menudo majestuosas son estructural mente sencillas, pero el uso del ladrillo, a menudo dejado a vista ha contribuido a rescatar la imagen precaria que durante largo tiempo había dominado el panorama de la vivienda rural de Las Marcas en época medieval y del Renacimiento tardío. Con el ladrillo se ha podido embellecer su aspecto, enriq uecer los detalles, perfeccionar el funcionamiento de los particulares constructivos sin exagerar nunca en la decoración insulsa. Se introdujeron camisones y marcapisos, cornisas y portales, chimeneas y umbrales. Sencillez constructiva Las Marcas se diferencian de otras regiones italianas por sus construcciones rurales que no son de gran tamaño o conjuntos monumentales, como las grandes granjas del valle del Po. Ello se debe, sobre todo, al hecho de que el sistema de aparcería ha determinado una dispersión mayor de la fuerza trabajadora en muchas unidades de vivienda. La casa rural es bastante modesta, con bajo coste de construcción, pero con un excepcional resultado constructivo técnico y formal: ligada a reglas relativas a la buena posición, a la organización de las actividades productivas y al almacenamiento de los productos, así como a las necesidades de la vida de cada día, y presenta una extrema sencillez constructiva. 11 Hay que pensar en el tipo de declive, en el que se concilian, aprovechando estupendamente la inclina-
786 ción natural del terreno, las funciones de la vivienda con el menor coste de construcción; es la síntesis perfecta entre economicidad, sencillez constructiva y racionalidad. La débil estructura del siglo XVII, llamada piancato debido a sus paredes en ladrillo, débiles por la pobreza de los materiales, sujetadas y reforzadas por tablas o planchas, que forman una especie de empedrado externo, adquiere mayor solidez y estabilidad. Le queda el nombre, pero sirve para indicar la casa con planta realzada y ladrillo y para distinguirla del tipo más pobre. La estructura portante de las casas rurales en piedra o en ladrillos, o en la combinación de los dos materiales, es una pared continua de gran espesor, muchas veces con escasas obras de cimientos, a veces incluso inexistentes. El paramento externo es, por lo general, dejado a vista, y raramente enlucido o pintado con el típico color rosado. Columnas y pilares portantes en piedra, en ladrillos o madera, son muy raros y se encuentran en algunas tipologías edilicias con pórtico, con escalera externa o en algunos anexos. Por lo tanto, la estructura tradicional se caracteriza por grandes paredes llenas de piedra o ladrillos, amalgamadas con mezclas de cal y arena, a la que se añade algunas veces partes de yeso; mientras que las paredes divisoria no estructurales son a menudo en ladrillos de una cabeza o en precarias cañas o con ramas trenzadas rellenas de mezcla o yeso. Para los pisos se utilizan estructuras de madera sobre los que se colocan de forma ortogonal viguetas o ejes de madera sobre las cuales se coloca la pavimentación, las llamadas losas en ladrillo, de espesor inferior al del ladrillo tradicional. La misma técnica para hacer los desvanes se aplica también para la cobertura, que es acabada según los casos, con tejas acanaladas y tejas, raramente con lastras de piedra, que se usan más en el interior. La inclinación del techo varía según la altura y el sobresalir de las vertientes del hilo extemo de la casa es bastante limitado; normalmente el techo es de dos aguas, pero también se usa la cobertura con cuatro vertientes. Las escaleras externas, en ladrillo o con peldaños en piedra, terminan en el piso superior en pórticos cubiertos; a veces la cobertura se amolda a toda la escalera, con pilares que sostienen un largo techo o el alero del tejado. Para las escaleras internas el desa- R. Palloni rrollo puede ser de una sola rambla muy inclinada o de dos. Los pórticos tienen abertura en arco de medio pun- to, simétricas al mismo las aberturas del pórtico que además del arco pueden tener una viga maestra. La pavimentación de los ambientes de la vivienda se realiza en ladrillo, en la planta baja y en los ambientes de trabajo y en aqueUos para los animales se usa tierra apisonada o ladrillos, así como empedrado o lastras de piedra bruta, con los canales de desagüe de los establos realizados en piedra o en ladrillos cortados. Necesariamente más robusta es, por otra parte, la pavimentación que da al corral y a los ambientes para los carros, con robustas lastras de piedra. Las ventanas nunca alcanzan dimensiones notables y, contrariamente a lo que se ve actualmente no tenían paneles externos, sino que los tenían, de madera, en la parte intema, los postigos. Las puertas son modestas y alcanzan dimensiones notables sólo donde deben pasar los vehiculos en los locales de la planta baja o en las cabañas. Los elementos de talle, como los dinteles de las ventanas, archivoltas, marcapisos, cordones, líneas de los aleros del tejado, y parapetos, son por lo general una característica de las casas rurales, no son de lujo y juegan con la combinación de los materiales (figuras 10-11 ). Es pues de la solución de problemas preeminentemente prácticos que nace la estética de la combinación de la piedra con el ladrillo, ambos dejados a vista, que se usa a veces también en los mismos anexos, como por ejemplo en los heniles tratados con una disposición particular de los ladrillos en las paredes Figura 10
La casa rural en las Marcas 787 Figura 11 de aireación y los palomares con las innumerables soluciones de alvéolos, rosetones, así como pozos, que a menudo se protegen con construcciones de ladrillo. Es la misma característica que se encuentra en los objetos domésticos: el pavimento, la chimenea, el horno, el lavadero, las moledoras domésticas, los morteros, e incluso la imagen sagrada de la Virgen colocada a vista en la fachada de la casa.]2 La constante relación que la arquitectura rural y popular, en general, ha sabido realizar con la naturaleza y el ambiente a través de la elección apropiada de formas y materiales, se ha interrumpido de forma brusca en los últimos años. La forma agresiva de la llegada de los materiales sintéticos, la pujante publicidad de nuevos modelos, el gusto exagerado de la novedad han hecho que se abandone, práctica y rápidamente, lodo lo que conslituía una cultura distinta práclica y estética. Esta conducta parece que, rápidamente, va dejando paso a modelos y tipologías extrañas a las formas tradicionales, como queriendo rescatarse de las viejas imágenes de pobreza. Sin embargo, algunos materiales y técnicas constructivas antes costaban mucho menos que ahora, y viceversa. Se ha logrado establecer una legislación que contemple normas para la salvaguardia de los testimonios del pasado, aunque con atraso, y a veces sin que se aplique, sólo para los centros históricos y para el patrimonio arqueológico, dejando abandonadas a sí mismas tantas arquitecturas rurales; las excepciones se refieren sólo a pocas manifestaciones áulicas catalogadas como nohiliarias por los institutos oficiales para la tutela. Por tal motivo es justo que las manifestaciones originales que sobreviven entren de lleno entre las que se deben salvaguardar en el patrimonio arquitectónico y documental. Si se logra conservarlas y protegerlas se podrá ret1exionar sobre los modos y técnicas con que la arquitectura rural se ha expresado en las diversas áreas geográficas, constatando su integración perfecta y su contexto. Volviendo a apreciar, por qué no, el extraordinario trabajo humano en el que se basa y que ha sabido crear productos tan originales, a menudo con materiales pobres y técnicas sencillas. Como dice Rudofsky <da arquitectura vernácula se extiende con tanta amplitud en el espacio y en el tiempo que desafía todo compendio» 13. Nada más cierto. Se ha querido estimular, en efecto, la atención hacia una cultura ya derrotada, proponiendo imágenes muchas veces vistas y tipologías constructivas que se dan por descontado, pero muchas veces subvaloradas. NOTAS 1. Ansclmi, S.: Insediamenti rurali. case coloniche, economia delpodere. Ancona, 1986, pp. 179- 293. 2. Slicher Van Balh. H.: S¡oria agraria del/' Europa occidemale (500-J850). Torino. 1972, pp. 193 ss. 3. Dcsplanques, H.: «Le case della mezzadria» en Barbieri. O., Oambi. L.: La casa rurale in Italia. Fireme. 1970. p. 193. 4. Oobbi, O.: «Architetlure e tipologic dclla casa rurale» en Guide al Picc/lo La Storia. Maroni, Capodarco di Fenno,» 1992. 5. «La Casa Rurale nel Regime Corporativo Fascista». Casahella. n. 86. Roma. 1935. 6. Recordamos que Benito Musso1ini daba un premio a las familias que tenían más de cinco hijos. Ihidem. 7. La higattiera era el lugar donde se criaba el gusano de seda: comenzó a ser construida encinlH dc las casas; luego se proyectó integrahnente como elemento independiente de la casa. Anscimi. S.: oh. cit.. pp. \74 ss.