Actitudes empresariales de los estudiantes universitarios andaluces
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UNIVERSIDAD DE JAÉN Departamento de Economía ACTITUDES EMPRESARIALES DE LOS ESTUDIANTES UNIVERSITARIOS ANDALUCES Francisco Liñán Alcalde1 y Juan Carlos Rodríguez Cohard2 Dirección para comentarios y críticas: [email protected] [email protected] Departamento de Economía Universidad de Jaén Campus Las Lagunillas s/n 23071-Jaén 1 Departamento de Economía Aplicada I. Universidad de Sevilla. 2 Departamento de Economía. Universidad de Jaén.
2 Actitudes empresariales de los estudiantes universitarios andaluces 1. Introducción: El empresario como agente de desarrollo El desarrollo económico, entendido como el proceso de crecimiento mantenido por termino medio y a largo plazo en los índices de producción por habitante de un territorio, es consecuencia de la introducción en las empresas de innovaciones -fundamentalmente técnicas y organizativas-, que permiten los incrementos de productividad capaces de mejorar la retribución de los factores empleados en el proceso de producción. Para conseguir el desarrollo –o mejor dicho para perseguirlo, porque como sabemos éste es un objetivo a largo plazoes necesario, por lo tanto, estar atentos a los procesos de cambio que conllevan las innovaciones en las empresas. El crecimiento económico y el cambio estructural son los requisitos para el desarrollo, y éstos, a la postre, dependen de la incorporación de nuevas formas de organización, gestión y fabricación tanto en productos viejos como en nuevos bienes y servicios destinados a nuevos o viejos mercados. ¿Es la mano invisible del mercado la que decide qué cambios y en qué momentos se producen? No, la responsabilidad de esta decisión recae en el empresario. El empresario es el principal responsable del desarrollo económico, tal y como hoy lo conocemos. Las concepciones más autorizadas sobre la figura del empresario (Knight, 1921; Shumpeter, 1934; Kirzner, 1998) hacen hincapié en el papel impulsor que éste realiza en la economía, además de sus acepciones más extendidas como gestor y propietario. Esta función del empresario en la economía es la que permite destacar su importante papel como agente de desarrollo. Con ella, el empresario es el responsable de la promoción de empresas y negocios, el dinamizador de la actividad económica en su territorio, el gerente del cambio organizativo y técnico, así como el propulsor de la cultura de innovación y aprendizaje en su entorno. Los territorios que presentan un mayor incremento en los índices de iniciativa empresarial tienden a mayores reducciones de las tasas de desempleo (Audretsch, 2002). Sin embargo, el recurso empresarial es escaso. En el 2001, menos del 10 por
3 ciento de la población adulta de la OCDE estaba iniciando una nueva empresa (Nolan, 2003). Por tanto, existe acuerdo sobre la importancia del fomento del espíritu empresarial para estimular el desarrollo económico y el empleo. El espíritu empresarial es la actitud en la que se refleja la motivación y la capacidad del individuo a la hora de identificar una oportunidad y luchar por ella para producir nuevo valor o éxito económico (Comisión Europea, 2003). Esta actitud es crucial para la competitividad, porque las nuevas iniciativas empresariales impulsan la productividad del territorio, al aumentar la presión competitiva y fomentan la innovación. A veces, elevados índices de desempleo han estimulado la creación empresarial en actividades nuevas para el territorio, permitiendo iniciar un camino de creación de empresas en una localidad o región, como sucedió durante los años ochenta y noventa en algunas localidades de Andalucía, como Mancha Real (Rodríguez-Cohard, 2004). Otras veces, el estímulo ha provenido de grandes empresas que han favorecido la aparición de sistemas productivos locales, como el caso de Valeo en Martos (Rodríguez-Cohard, 2004). La situación, impuesta por las elevadas tasas de desempleo –más del 20 por ciento en la década de los ochenta- o por la gran empresa como estrategia de flexibilización productiva, ha incrementado el número de nacimientos de empresas en estas localidades. Sin embargo, Andalucía no cuenta con una situación económica líder en Europa, ni, por supuesto, con una gran cuota de creación de empresas. Además, otros estudios han constatado que en las regiones menos desarrolladas, como Andalucía, hay menos creación empresarial (Westall y otros, 2000), aunque no tiene porque ser siempre así (Nolan, 2003). Una de las cuestiones que más preocupa actualmente en la Unión Europea es ¿Cuáles son los factores claves que facilitan la creación de empresas? (Comisión Europea, 2003, p. 11). Si el empresario es un agente de desarrollo, como parece demostrado, ¿la situación del atraso relativo de Andalucía es consecuencia de la baja propensión de los andaluces para ser empresarios? ¿Existe aquí la imagen del empresario enfrentado a un entorno hostil? Las respuestas hay que buscarlas en una interpretación institucional del desarrollo económico. Como afirma Rodríguez Pose (1998), algunos territorios crean instituciones que favorecen el desarrollo económico, mientras que las que otros construyen lo limitan. Tal vez las actitudes de los
4 andaluces, como institución económica, no favorezcan la aparición de empresas y el desarrollo económico. Ésta es la cuestión que se quiere plantear en este trabajo. Para ello se ha seleccionado una segmento estratégico de individuos de alto potencial empresarial: el grupo de edad comprendido entre 25 y 34 años (De Castro y otros, 2001) con estudios superiores, que parecen reunir unas características especialmente favorables para inclinarse hacia la creación de empresas (Liñán, 2004). Así el objetivo de este trabajo queda centrado en conocer las actitudes empresariales de los estudiantes universitarios andaluces, colectivo que puede considerarse como uno de los que cuentan con mayor potencial empresarial. La estructura del trabajo queda como sigue. Tras esta introducción, en el punto segundo se presenta el modelo de intención empresarial que se ha aplicado al estudio. El punto tercero describe la situación económica y empresarial andaluza. El cuarto apartado muestra el estudio empírico. El quinto punto aborda el análisis de los resultados obtenidos. Por último, la comunicación termina con unas conclusiones sobre el trabajo empírico realizado y su relación con la empresarialidad en regiones de bajo desarrollo relativo. 2. Modelo de intención empresarial Una vez establecida la importancia del agente empresarial en los procesos de desarrollo económico, tratamos ahora de profundizar en la decisión de ser empresario. En este sentido, las metodologías utilizadas han ido variando. Así, muchos autores comenzaron buscando la existencia de ciertos rasgos de la personalidad que se asociaran con la actividad empresarial (McClelland, 1961). Posteriormente, se han realizado trabajos que señalaban la importancia de otras características del sujeto tales como edad, sexo, lugar de origen, religión, nivel de estudios, experiencia laboral, etc. (Reynolds et al., 1994; Storey, 1994). Estas variables se denominan normalmente “demográficas” (Robinson et al., 1991). Estas dos vías de análisis han permitido la identificación de relaciones significativas entre determinados rasgos o características demográficas y la realización de comportamientos empresariales. Sin embargo, la capacidad predictiva de las mismas ha sido muy reducida (Reynolds, 1997). En el aspecto teórico, son muchos los autores que lo han criticado (Ajzen, 1991; Shapero y Sokol, 1982; Gartner, 1989;
5 Santos, 2001; Veciana et al., 2000), tanto por sus problemas metodológicos y conceptuales como por su baja capacidad explicativa. Desde una tercera perspectiva, puesto que la decisión de ser empresario es normalmente voluntaria y consciente (Krueger et al., 2000), parece razonable analizar cómo se toma esa decisión. En este sentido, una línea especialmente interesante se centra en la intención empresarial como elemento previo y determinante para la puesta en práctica de comportamientos empresariales. A su vez, la intención de realizar un comportamiento dependerá de las actitudes del sujeto hacia ese comportamiento (Ajzen, 1991). Una actitud más favorable haría más factible la intención de realizarlo, y viceversa. Así, este “enfoque de las actitudes” sería superior a otros que se han utilizado tradicionalmente en el análisis del empresario, como el enfoque de los rasgos o el demográfico (Robinson et al., 1991; Krueger et al., 2000). Así, la actitud se define como la medida en que un individuo realiza una valoración positiva o negativa de algo. Las actitudes son relativamente estables, pero cambian con el tiempo y con la situación, y lo hacen a través de procesos de interacción con el entorno. El ritmo de variación de una determinada actitud dependerá según esté más asentada y sea más básica para la identidad del individuo, y también según la intensidad de las experiencias vividas. En este trabajo vamos a tomar como referencia, por su repercusión en los trabajos más recientes, dos aportaciones. Se trata, en primer lugar, de la teoría del “suceso empresarial” de Shapero y Sokol (1982) y, a un nivel mucho más formalizado, la del “comportamiento planeado” de Ajzen (1991). Ambos modelos presentan un alto grado de compatibilidad mutua (Krueger et al., 2000). Por tanto, en este trabajo nos hemos basado en una integración de los mismos como punto de partida. El primero de ellos parte de la base de que la creación de empresas es el resultado de la interacción entre factores contextuales, los cuales actuarían a través de la influencia que ejercen sobre las percepciones del individuo. La consideración de la opción empresarial se produciría como consecuencia de algún cambio externo (suceso desencadenante). La respuesta de la persona a ese suceso externo dependerá de sus percepciones sobre las alternativas disponibles. La deseabilidad percibida se refiere al grado en que la persona siente atracción por ese determinado comportamiento (establecerse como empresario). La factibilidad percibida, de forma similar, se define como el grado en que la persona se considera personalmente
6 capaz de realizar ese comportamiento. En este caso, la presencia de modelos de conducta, mentores o socios sería un factor determinante del nivel de factibilidad del individuo. Los factores culturales y sociales son los que determinan ambos tipos de percepciones a través de su influencia sobre el sistema de valores del individuo (Shapero y Sokol, 1982). De esta forma, las circunstancias externas no determinarían directamente el comportamiento a seguir, sino que éste sería el resultado del análisis realizado por la persona -consciente o inconscientementesobre la deseabilidad y factibilidad de los distintos comportamientos posibles en esa situación. En esta misma línea, pero de forma mucho más detallada, Ajzen (1991) desarrolla un modelo psicológico del “comportamiento planeado”. Se trata de una teoría aplicable a prácticamente todos los comportamientos voluntarios de las personas y que ofrece resultados bastante buenos en muy diversos campos, incluyendo la elección de carrera profesional (Ajzen, 2001). Así, existiría una estrecha relación entre la intención de realizar un comportamiento y la puesta en práctica efectiva del mismo, tal como muestra la Figura 1. La intención se convierte en el elemento fundamental para explicar un comportamiento. Las intenciones serían, por tanto, un indicativo del esfuerzo que la persona está dispuesta a hacer para conseguir realizar ese comportamiento, por lo que capturarían los factores de motivación que influyen en ese comportamiento. De esta forma, el hecho de que la persona considere que la realización de un determinado comportamiento está a su alcance le llevaría a intentarlo con más fuerza. Concretamente, el “control percibido” sobre una conducta se definiría como la percepción de facilidad o dificultad en la realización del comportamiento de interés (Ajzen, 1991). Se trata, por lo tanto, de un concepto bastante similar al de la autoeficacia percibida. Del mismo modo, como acabamos de mencionar, también es muy similar a la visión de Shapero y Sokol (1982) sobre la factibilidad percibida. En los tres casos, lo importante es la sensación de capacidad respecto de la realización del comportamiento considerado. Otra cuestión interesante a tener en cuenta es el grado de realismo de las percepciones. El sujeto puede tener una impresión equivocada de su propia capacidad de llevar a cabo ese comportamiento (Ajzen, 2002; Pinfold, 2001). Esto podría deberse a que hubiesen entrado en juego nuevos elementos o que se trate de situaciones no familiares para él. En ese caso, la persona podría intentar realizar
7 el comportamiento a pesar de que su capacidad real de lograrlo fuese prácticamente nula, o podría dejar de intentarlo aunque contase con altas probabilidades objetivas de éxito. Figura 1. Teoría del comportamiento planeado (Ajzen, 1991) Fuente: Ajzen, I. (1991): “The theory of planned bahavior”, Organizational Behavior and Human Decisión Processes, vol. 50, pp. 179-211, Figura 1, p. 182. Por su parte, el resto de elementos del modelo son mucho más intuitivos. El primero de ellos es la actitud hacia el comportamiento, y se refiere al grado en el que la persona realiza una valoración positiva o negativa sobre el comportamiento en cuestión. En segundo lugar se situarían las normas subjetivas, que medirían la presión social percibida para realizar o no realizar ese comportamiento. Estos dos elementos, junto con el control percibido, constituirían los factores explicativos de la intención. La contribución relativa de cada uno de los tres a la conformación de la intención no queda establecida en el modelo, sino que puede variar para cada caso. En particular, en los dieciséis trabajos empíricos analizados por Ajzen (1991), las normas subjetivas tendían a contribuir muy débilmente a la intención de realizar diferentes comportamientos. Por último, el modelo asume la existencia de interacciones entre los tres factores explicativos. Actitud hacia el comportamiento Normas subjetivas Control percibido sobre el comportamiento Intención Comportamiento
8 Figura 2. Modelo de intenciones empresariales Fuente: elaboración propia. Si comparamos estas variables explicativas con las recogidas por Shapero y Sokol (1982), podemos comprobar que la factibilidad percibida -como hemos señaladose corresponde bastante bien con el control percibido. Por su parte, el mayor o menor deseo de realizar ese comportamiento (deseabilidad percibida) podría entenderse compuesto de la actitud hacia el mismo y las normas subjetivas. En este sentido, cabe recordar que Shapero y Sokol (1982) consideraban la deseabilidad como resultado de las influencias sociales y culturales. Por último, en nuestra opinión, existe un aspecto adicional a tener en cuenta. Se trata del grado de conocimiento del entorno empresarial que tenga el sujeto (Scherer et al., 1991). En efecto, un mayor conocimiento contribuirá a unas percepciones más realistas sobre la actividad empresarial. Además proporciona directamente una mayor conciencia de que existe esa opción de salida profesional y hace más realista la intención de ser empresario. La Figura 2 resume el modelo de intenciones empresariales empleado en este trabajo. 3. Situación económica y empresarial andaluza Andalucía es una región de bajo desarrollo relativo en el ámbito de la Unión Europea. Está calificada como región Objetivo 1, por lo que cuenta con menos del 75 por ciento de la renta media comunitaria –concretamente el 68,49 por ciento en 2002 (Alcaide y Alcaide, 2003)-, y todo apunta a que seguirá siendo igualmente calificada en el próximo Marco Comunitario de Apoyo, pese a la incorporación de los Intención empresarial Conocimiento empresarial Factibilidad percibida (auto-eficacia) Deseabilidad percibida Atracción percibida Valoración social percibida
15 indirectamente, en la medida en que afectan las actitudes y percepciones de la persona. Tabla 2. Actitudes empresariales de los estudiantes sevillanos y jiennenses Univ. Sevilla Univ. Jaén Total Orden Mín Máx Media Desv. típ. Media Desv. típ. Media Desv. típ. Conocimiento empresarial Conoce empresario n 0 1 0,785 0,413 0,836 0,373 0,807 0,396 Relación con empresario n 1 3 1,537 0,682 1,883 0,922 1,701 0,820 Consideración del empresario + 1 4 2,931 0,657 2,852 0,573 2,895 0,619 Conoce asociación n 0 1 0,419 0,496 0,315 0,468 0,373 0,485 Conoce organismo n 0 1 0,452 0,500 0,356 0,482 0,410 0,493 Conoce medidas de apoyo + 0 4 2,194 1,245 2,548 1,179 2,349 1,225 Atracción percibida Después fin estudios n 1 5 2,591 1,475 2,667 1,695 2,625 1,573 Actividad preferida n 1 5 2,419 1,330 2,384 1,276 2,404 1,303 Perspectivas empresario (general) + -2 4 -0,237 0,852 -0,068 0,948 -0,163 0,896 Perspectivas empresario (asalar.) + -2 2 0,065 1,030 0,096 1,056 0,078 1,039 Valoración social percibida Obstáculos sociales n 0 1 0,538 0,501 0,452 0,501 0,500 0,502 Número obstáculos sociales - 0 4 1,054 1,146 0,753 0,997 0,922 1,090 Apoyo familia - 1 4 1,742 0,859 1,726 0,731 1,735 0,803 Valorac. empº (entorno/España) + -4 3 0,097 0,835 -0,425 1,235 -0,133 1,059 Valorac. empº (entorno/provincia) + -2 3 0,323 0,836 0,068 0,962 0,211 0,900 Factibilidad percibida Dificultad empresa + 1 3 2,140 0,379 2,137 0,346 2,139 0,364 Capacitado creación - 1 4 2,108 0,714 2,097 0,632 2,103 0,677 Formado creación + 1 4 2,667 0,785 2,329 1,302 2,518 1,054 Necesidades de formación - 0 6 2,538 1,079 2,301 1,063 2,434 1,075 Prob supervivencia + 1 5 3,293 0,806 3,431 0,728 3,354 0,773 Prob éxito + 1 5 2,533 0,919 3,014 0,682 2,744 0,855 Intención empresarial Idea negocio - 1 4 1,226 0,662 1,123 0,551 1,181 0,616 Pensado empresario n 0 1 0,656 0,478 0,575 0,498 0,620 0,487 Posibilidad empresario - 1 4 2,495 0,736 2,521 0,709 2,506 0,722 Nota: Las variables en negrita indican la existencia de un diferencia marginalmente significativa (p < 0.1) según la prueba T para la igualdad de las medias. Las variables en negrita y cursiva indican la existencia de una mayor significatividad (p < 0.05). Orden: El signo “+” indica respuestas ordinales crecientes (un valor más alto representa una actitud más favorable hacia la empresarialidad). El signo “-” indica respuestas ordinales decrecientes. La letra “n” indica variables nominales no ordenadas o categóricas. Fuente: elaboración propia. En lo que se refiere a las respuestas dadas por los estudiantes a las distintas cuestiones, la Tabla 2 muestra los valores medios obtenidos en cada una de las dos universidades. Como era de esperar, los valores tienden a ser parecidos en ambos casos. Esto estaría reflejando la existencia de unas actitudes relativamente homogéneas entre los estudiantes universitarios andaluces sobre la actividad empresarial. En este sentido, la muestra utilizada procede solamente de dos de las universidades existentes en Andalucía. No obstante, se trata de instituciones
16 claramente diferentes e incluso contrapuestas, situadas en dos entornos económicos y sociales muy dispares. Por lo tanto, cabe suponer que no existen grandes diferencias generales en Andalucía en cuanto a las actitudes empresariales de sus universitarios. Cuando se analizan los resultados en mayor detalle, sin embargo, sí surgen algunas diferencias destacables. Así, en primer lugar, la distinción más clara se establece en relación a la valoración social percibida de la actividad empresarial. Los estudiantes de Jaén tienen una imagen mucho más negativa de la valoración que se realiza de esa actividad en su entorno más cercano. En cambio, los estudiantes sevillanos consideran que existe un mayor número de obstáculos sociales para ser empresario, aunque no se dan en su entorno más cercano. Un segundo resultado se refiere al conocimiento empresarial. En este sentido, los jiennenses afirman conocer mayor cantidad de medidas de apoyo a los empresarios. Sin duda, la existencia de una gran cantidad de iniciativas de desarrollo local en esa provincia contribuye a ese resultado. Del mismo modo, en ambos casos hay una amplia mayoría de encuestados que afirma conocer personalmente a un empresario. No obstante, en Sevilla hay una mayor tendencia a que ese empresario sea un amigo, mientras que en Jaén se tiende a señalar a un conocido. La explicación podría encontrarse en la existencia de núcleos urbanos más pequeños, donde sus habitantes tienen un mayor conocimiento de las actividades de cada vecino. En tercer lugar, existen diferencias significativas en relación a la factibilidad percibida. Los estudiantes sevillanos se consideran mejor formados para ser empresarios. En cambio, son los jiennenses los que creen que sus probabilidades de alcanzar el éxito empresarial son más altas. No obstante, la posibilidad de que la empresa sobreviva y sea rentable no difiere significativamente. La distinción se centra, por tanto, en el éxito empresarial. En nuestra opinión, este resultado se explicaría por el distinto concepto de éxito. El área metropolitana de Sevilla tiene más de un millón de habitantes, y es la capital política de la región, pudiéndose considerar una ciudad moderadamente más cosmopolita. Por tanto, parece que los estudiantes de esa universidad perciben la necesidad de expandir el negocio y competir en mercados más amplios. En Jaén, en un entorno mucho más tradicional, el éxito tiende a percibirse de manera diferente. Concretamente, preguntados sobre la propia definición de éxito, las respuestas
17 varían significativamente. Los estudiantes sevillanos señalan en mayor medida el “convertirse en lider mundial en su campo”, “competir eficazmente en los mercados mundiales” y “lograr un gran reconocimiento social”. En cambio, los jiennenses señalan más a menudo “contribuir a resolver los problemas de la sociedad”, “un lugar agradable para trabajar” o “mantener a su familia”. Tabla 3. ¿Ha pensado seriamente en convertirse en empresario? (%) Sevilla Jaén Cataluña Sí No 65.6 34.4 57.5 42.5 68.2 31.7 Total 100.0 100.0 100.0 Fuente: elaboración propia y Urbano, D. (2003): Factores condicionantes de la creación de empresas en Catalunya: un enfoque institucional, Tesis Doctoral, Dpto. de Economía de la Empresa, Universidad Autónoma de Barcelona, Barcelona, Tabla 7.26, p. 272. Por último, en relación a la intención empresarial, no existen diferencias significativas en ninguna de las variables utilizada para medirla. A modo ilustrativo, la Tabla 3 recoge las respuestas de los estudiantes universitarios encuestados sobre si han pensado seriamente en ser empresarios. Los resultados son algo más favorables en Sevilla, si bien esa discrepancia no es significativa. En todo caso, se trata de valores inferiores a los obtenidos para estudiantes universitarios catalanes por Urbano (2003). Este resultado parece confirmar que en Andalucía existe una menor intención empresarial que en regiones más desarrolladas del país, como Cataluña. 6. Conclusiones Esta comunicación se ha centrado en el análisis del papel que juega el empresario como agente de desarrollo. Desde una perspectiva institucional, las actitudes hacia la actividad empresarial se constituyen en factores muy relevantes para determinar los comportamientos empresariales. En el caso de Andalucía, se han presentado datos que muestran la existencia de reducidos niveles de creación de empresas y de dinamismo empresarial. En particular, el subgrupo poblacional que tiende a mostrar un mayor potencial empresarial se compone de adultos jóvenes con estudios universitarios. Por esa razón, hemos centrado este estudio en el análisis de alumnos universitarios de último curso. La investigación empírica se ha basado en los modelos de intención empresarial. La intención de llevar a cabo un comportamiento empresarial
18 dependerá de las percepciones del individuo sobre su deseabilidad (atracción personal hacia el mismo y valoración social) y factibilidad, así como de su nivel de conocimiento sobre la actividad empresarial. La muestra seleccionada para este estudio proviene de dos universidades muy diferentes -las de Sevilla y Jaén-. De esta forma, hemos tratado de recoger la diversidad existente en Andalucía. En todo caso, sólo se han encontrado escasas diferencias entre ambas sub-muestras. Por lo tanto, se puede concluir que la población de estudiantes universitarios andaluces es suficientemente homogénea en este sentido. Los resultados principales obtenidos pueden considerarse de dos tipos. En primer lugar, las relaciones establecidas entre las variables analizadas parecen confirmar la validez del modelo de intenciones para estudiar el fenómeno empresarial. Sin embargo, este resultado debe considerarse más bien como tentativo, puesto que el análisis realizado ha sido bastante elemental. Sería necesario un nuevo contraste más riguroso de este modelo. En segundo lugar, las respuestas ofrecidas por ambas sub-muestras de estudiantes tienden a ser muy similares. Así, no existen diferencias significativas en cuanto a la atracción percibida ni a la intención empresarial. No obstante, en relación al conocimiento empresarial, las normas sociales y la factibilidad percibidas, se han encontrado algunas diferencias importantes. En especial, los estudiantes de la Universidad de Sevilla perciben que su entorno cercano no realiza una valoración especialmente negativa de la opción empresarial, aunque la sociedad en su conjunto sí plantea obstáculos a aquellos que quieren crear una empresa. En la Universidad de Jaén, en cambio, los estudiantes sienten que incluso en su entorno más cercano se realiza una valoración negativa de la actividad empresarial. Por último, los niveles de intención empresarial entre los estudiantes universitarios andaluces son relativamente bajos, como cabía esperar. Un estudio parecido llevado a cabo por Urbano (2003) en Cataluña muestra niveles superiores de esa intención empresarial. No obstante, a pesar de esa similitud entre los estudiantes andaluces en cuanto a su grado de intención empresarial, existen importantes diferencias respecto a los motivos para ser empresario, el propio concepto de empresa, o el tipo de empresa que quieren crear. Por lo tanto, parecen existir algunas circunstancias importantes en su entorno local que influyen en las percepciones de los estudiantes sobre la actividad empresarial en su conjunto. El
19 análisis de esos factores institucionales ayudaría sin duda a explicar los relativamente bajos niveles de actividad empresarial que se dan en Andalucía. Bibliografía Ajzen, I. (1991): “The theory of planned behavior”. Organizational Behavior and Human Decision Processes, vol. 50, pp. 179-211. Ajzen, I. (2001): “Nature and operation of attitudes”, Annual Review of Psychology, vol. 52, pp. 27-58. Ajzen, I. (2002): “Residual effects of past on later behavior: habituation and reasoned action perspectives”, Personality and Social Psychology Review, vol. 6, num. 2, pp. 107-122. Alcaide Inchausti, J. y Alcaide Guindo, P. (2003): Balance económico regional, Fundación Cajas de Ahorros, Madrid. Audretsch, D. B. (2002): Entrepreneurship: a survey of the literature, working paper, October. De Castro, J.; Pistrini, J.; Coduras, A.; Cohen, B. y Justo, R. (2002): GEM Report: Executive Summary Spain 2001, Cátedra Najeti, Instituto de Empresa, Madrid. ESECA (2003): Informe económico financiero de Andalucía, Caja General de Ahorros de Granada, Granada. European Commission (2003): Green Paper Entrepreneurship in Europe, Dirección General de Empresa, Bruselas. Ferraro García, F. (dir.) (2000): El sistema productivo almeriense y los condicionamientos hidrológicos, Civitas, Madrid. Gartner, W.B. (1989): “ “Who is an entrepreneur?” is the wrong question”, Entrepreneurship Theory and Practice, vol. 13, num. 4, pp. 47-68. Guzmán Cuevas, J. (2003): “La función impulsora del empresario español”, en Genescà, E., Urbano, D., Capelleras, J.L., Guallarte, J.L. y Vergés, J. (coords.): Creación de empresas- Entrepreneurship, Servicio de Publicaciones UAB, Bellaterra (Barcelona). King, A.S. (1985): “Self-analysis and assessment of entrepreneurial potential”, Simulation and Games, vol 16, num. 4. Kirzner, I. M. (1973): Competencia y Empresarialidad, Unión Editorial, Madrid, 1998. Knight, F. H. (1921): Risk, Uncertainty and Profit, Hart, Schaffner and Marx, Hougton Mifflin, Boston.
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