La función catártica de la literatura infantil: Tratamiento del miedo
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La función catártica de la literatura infantil: Tratamiento del miedo Yolanda Sánchez Ruiz Universidad de Sevilla
FACULTAD DE FILOLOGÍA GRADO EN………….……….. TRABAJO DE FIN DE GRADO CURSO 20 /20 TÍTULO: _________________________________________ AUTOR/A: __________________________________________ Fecha: Vº Bº del Tutor: Firma: Firmado: Filología Hispánica La función catártica de la literatura infantil: tratamiento del miedo Yolanda Sánchez Ruiz
Yo no sé muchas cosas, es verdad. Digo tan sólo lo que he visto. Y he visto: que la cuna del hombre la mecen con cuentos, que los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos, que el llanto del hombre lo taponan con cuentos, que los huesos del hombre los entierran con cuentos, y que el miedo del hombre… ha inventado todos los cuentos. Yo no sé muchas cosas, es verdad, pero me han dormido con todos los cuentos… y sé todos los cuentos. Sé todos los cuentos, León Felipe.
Las ilustraciones de la portada y de la página anterior son obra de Sendak y pueden encontrarse en Donde viven los monstruos, 1963 .
Índice 1. Introducción .............................................................................................................. 1 2. Acercamiento a la catarsis ......................................................................................... 2 3. Acercamiento a la literatura infantil .......................................................................... 6 4. Tratamiento del miedo a través de literatura infantil .............................................. 12 4.1. Miedo a los seres fantásticos............................................................................ 13 4.2. Miedo a los demás ........................................................................................... 17 4.3. Miedo a la enfermedad .................................................................................... 20 4.4. Miedo a la muerte ............................................................................................ 24 5. Conclusiones ........................................................................................................... 27 6. Bibliografía ................................................................................................................. 29
LA FUNCIÓN CATÁRTICA DE LA LITERATURA INFANTIL: TRATAMIENTO DEL MIEDO 1 1. Introducción Antes que nada, explicaremos el motivo de la elección del tema de este trabajo: por qué tratar la catarsis y por qué en la literatura infantil. A la primera pregunta se puede responder diciendo que, ante esta cuestión que se han hecho muchos críticos en torno a la función literaria, en este trabajo nos centraremos en la postura de que la literatura no necesita ni debe tener una función definitoria, pero que sí encontramos en ella utilidades; entre ellas, su carácter terapéutico. No se pretende buscar la respuesta a la importante pregunta de “¿para qué sirve la literatura?” sino mostrar cómo puede servir para tratar trastornos, ansiedades o, en este caso, miedos. Es decir, en este trabajo, intentaremos estudiar uno de sus posibles usos, sin presuponer que tenga que ser exclusivo ni el principal. En cuanto a la segunda pregunta: ¿por qué infantil? Porque el niño debe tener una educación emocional a la par que la académica, ya que de no ser así no estaríamos formando adultos sanos; porque la literatura puede ser una forma de subsanar la falta de dicha educación y de tratar aspectos emocionales y psicológicos de forma natural, puesto que es natural sentirnos mejor al vernos reflejados en otras personas que consiguen vencer algo más fuerte que lo que nos oprime. Finalmente, ¿por qué tratamiento contra el miedo? Porque este tema está conectado con muchos otros y permite que nos centremos en él sin olvidar aquellos que también son interesantes (el duelo, los complejos, etc.) y que pueden tratarse a través de la catarsis literaria, formando parte de este tema de una manera u otra, y así se manifiesta en la evolución del niño (y del adulto). Para explicar todo esto, en primer lugar, se buscará hacer un acercamiento a la catarsis en el que se intentará definir el término y explicar su evolución brevemente. En segundo lugar, trataremos de hacer un acercamiento a la literatura infantil, ámbito de la literatura que no suele estudiarse en Filología Hispánica, que no contemplan los planes de estudios y que, en nuestra opinión, es interesante y útil para el estudio literario, puesto que esta literatura (la infantil) provoca y refleja la reacción de un receptor virgen, no contaminado de referencias. En ese apartado intentaremos concretar qué entendemos por literatura infantil, hacer una clasificación de ella y explicar cómo es el proceso por el cual el niño se acerca a la literatura. Finalmente, entraremos en materia con el tratamiento del miedo
YOLANDA SÁNCHEZ RUIZ UNIVERSIDAD DE SEVILLA 2 que se da en esta, centrándonos en el que se experimenta ante seres fantásticos (monstruos, brujas, ogros, etc.), ante los demás (representado por complejos, separaciones, acoso, etc.), ante la enfermedad y ante la muerte. Creemos que es interesante ejemplificar cada uno de los tratamientos con la comparativa de obras para, en el último apartado, llegar a las conclusiones que se extraen de todo el trabajo. El corpus utilizado es bastante variado: desde la teoría de Gestalt a Aristóteles, pasando por el psicoanálisis con Bettelheim y por autores literarios, tanto clásicos (Sendak, Roald Dahl, etc.) como actuales (Jackeline De Barros, Balmes, etc.). Con dicho corpus intentaremos responder a la pregunta de si existe un efecto catártico en la literatura infantil. Y, si es así, ¿cómo funciona ese efecto en el niño? ¿Cómo trata el miedo dicha literatura? ¿Por qué funciona (o no)? 2. Acercamiento a la catarsis El concepto de catarsis, κάθαρσις, viene reflejado en el Diccionario de términos filológicos de Fernando Lázaro Carreter como “efecto purificador de las pasiones (κάθαρσις) que produce el arte, especialmente la tragedia” (1953: 85). En esta breve definición ya aparecen términos interesantes, como “purificador” o “pasiones”, pero consideramos que no es lo suficientemente completa para lo que nos atañe. Así pues, en busca de una explicación más amplia y profunda del concepto, vamos al primer uso literario del término, a Aristóteles. Ya en su Política lo menciona, diciendo tan sólo que la música debe usarse “para la educación y la catarsis –a qué llamamos catarsis ahora (lo decimos) simplemente, pero lo diremos de nuevo en los (libros) sobre poética con más claridad” (Aristóteles, 1986: 300). Sin embargo, no encontraremos en su Poética más que una referencia a este término, cuando traza una definición de la tragedia: Así, la tragedia es la imitación de una acción seria y completa, de una extensión considerable, de un lenguaje sazonado, empleando cada tipo por separado, en sus diferentes partes, y en la que tiene lugar la acción y no el relato, y que por medio de la compasión y del miedo logra la catarsis de tales padecimientos (2004: 47). Como podemos observar, la tragedia causaría un sentimiento de compasión y de temor que a su vez produciría una purificación de las pasiones, es decir, la catarsis. Este efecto terapéutico, fruto de la tragedia, se basa en el concepto de mímesis, principio fundamental en la Poética de Aristóteles, puesto que el poeta tiene como objetivo la imitación de la
LA FUNCIÓN CATÁRTICA DE LA LITERATURA INFANTIL: TRATAMIENTO DEL MIEDO 3 realidad y más concretamente la de los personajes y sus acciones: “mas, ya que los imitan, imitan a personas que actúan, y forzosamente éstos son gente honrada o vil (pues los caracteres casi siempre se limitan a estos dos tipos, ya que, en cuanto al carácter, todos se diferencian por el vicio o por la virtud)” (2004: 36). Por otro lado, establece la causa de la poesía en dos razones para dar lugar a esa imitación: en primer lugar, como aprendizaje, ya que “el hombre es muy proclive a la imitación y adquiere sus primeros conocimientos por imitación (2004: 41) En segundo, esta es fuente de placer para él, para lo que establece como ejemplo las obras de arte y cómo aplaudimos en ellas el reflejo de algo que en la realidad rechazaríamos. Se establece el arte de imitar como lo que diferencia al hombre de los animales y como algo innato en él. En este punto tenemos que aclarar un requisito básico para que esta imitación cause el efecto catártico: el reconocimiento de lo que se imita, “puesto que en el caso de que no haya visto antes lo imitado, no le producirá placer como imitación, sino por la ejecución o por el color o por alguna otra cosa por el estilo” (2004: 42). Es decir, para que dicha imitación nos produzca placer o alivio debemos hablar de algo conocido por nosotros, en el que nos podamos sentir reflejados o, como mencionábamos antes, por lo que podamos sentir compasión y temor. Sobre este punto habla Sánchez Palencia: Para sentir compasión es necesario hallarse en situación consciente de contingencia frente al mal contemplado; uno mismo o alguno cercano. Esta circunstancia hace que el distinto no sea distante sino próximo. Es claro que sentimos más hondamente conmiseración del desconocido que muere en accidente de tráfico que del desconocido que muere de inanición en el Tercer mundo; pues frente al primer mal nos hallamos en situación consciente de que puede sucedernos a nosotros o alguno de los nuestros; mientras que el segundo mal no es probable que lo suframos los habitantes del mundo occidental (…). Se refiere Aristóteles a la cercanía en el tiempo pues los sufrimientos alejados en el pasado o en el futuro, por no recordarlos ni temerlos, no inspiran compasión (1996: 139). En el caso de que no sintiéramos temor porque lo imitado nos pudiera ocurrir a nosotros tampoco se produciría el alivio (o la catarsis) que sentimos cuando el héroe se enfrenta a sus problemas, puesto que no se daría un proceso de identificación con el personaje. Corneille (citado por Sánchez Palencia) comenta este aspecto diciendo que la piedad ante un mal ajeno nos lleva al temor de que uno parecido nos afecte a nosotros mismos, por lo que trata de evitar dicho acto y rectificarnos o purgarnos, buscando eliminar lo que haya en nosotros similar a lo que lleve al personaje a ese final trágico. También será Sánchez Palencia (1996) el que recoja tres sentidos que se les ha dado al concepto de catarsis: fisiológico, religioso y psíquico. En el primero de ellos corresponde al lenguaje médico y a la cuarta acepción del Diccionario de la Lengua
YOLANDA SÁNCHEZ RUIZ UNIVERSIDAD DE SEVILLA 4 española para el término catarsis: “expulsión espontánea o provocada de sustancias nocivas al organismo” 1 (2014: en línea). Como vemos, aunque sea de modo físico ya se adelanta a lo que venimos a considerar como el concepto literario de catarsis. El segundo, el sentido religioso, es aún más aclaratorio puesto que vendría a corresponder al concepto de purificación al que, recordemos, se refiere Lázaro Carreter en la definición que dábamos antes, con el significado etimológico de purus y facere: hacer puro, dejar en lo esencial apartando de algo todo lo que le es extraño. Finalmente, con la catarsis psíquica hablaríamos de lo relativo al alma, que estaría presente en la significación que ha hecho la psicología de ella, sobre todo el psicoanálisis de Breuer y Freud. En este sentido, la catarsis sería el proceso por el cual se extraería de la conciencia una idea que, al ser reprimida, estaba creando problemas mentales. De este modo, el sujeto conseguiría liberarse. Podemos apreciar, pues, que es un sentido muy parecido al fisiológico sólo que, en lugar de tratar las dolencias del cuerpo, trataría las del alma. Vítor Manuel Aguiar e Silva entenderá también la catarsis de este último modo, como terapia del alma. En Teoría de la literatura la establece como una de las funciones de este ámbito artístico, viéndola como placer puro y elevado al que debe aspirar la poesía. Añade algo que Sánchez Palencia no menciona: Aristóteles no busca extirpar dichos impulsos irracionales, sino que se clarifiquen en favor de la razón, que se purifiquen. Aguiar e Silva proporciona dos líneas de interpretación del concepto que estamos tratando: la moralista y la mitridática, decantándose desde un primer momento por esta última. El camino de la corriente moralista es abierto por Vincenzo Maggi en 1550 con Aristotelis librorum de poetica comunes explicationes. Esta corriente interpreta que la tragedia clásica produce la purificación no sólo del miedo, sino también de la ira, la avaricia, la lujuria, etc., aquellas pasiones que son obstáculo para la virtud, convirtiéndolas en sentimientos cristianos. Sostiene Aguiar e Silva (1972: 75) que esta es una lectura errónea que traiciona el sentido dado por Aristóteles, puesto que se ofrece una visión moralista de la catarsis. Por el contrario, la segunda vía le parece mucho más 1 Definición completa de “catarsis” según la RAE: Del lat. mod. catharsis, y este del gr. κάθαρσις kátharsis ‘purga’, ‘purificación’. 1. f. Entre los antiguos griegos, purificación ritual de personas o cosas afectadas de alguna impureza. 2. f. Efecto purificador y liberador que causa la tragedia en los espectadores suscitando la compasión, el horror y otras emociones. 3. f. Purificación, liberación o transformación interior suscitadas por una experiencia vital profunda. 4 f. Biol. Expulsión espontánea o provocada de sustancias nocivas al organismo.
LA FUNCIÓN CATÁRTICA DE LA LITERATURA INFANTIL: TRATAMIENTO DEL MIEDO 11 4. “El que ha dado forma verbal a mis sentimientos [el libro, el autor, el personaje], el que me ha integrado en una comunidad, el que me ha proporcionado la seguridad de ser ‘normal’ es, sin lugar a dudas, amigo mío”. El niño ha encontrado las palabras exactas que buscaba, las que significan lo que él siente y que permiten que sea “normal”. Esto es por lo que piden el mismo cuento una y otra vez o por lo que se enfadan si se cambia una palabra de ese cuento. El adulto está cambiando cómo se expresa lo que él siente, lo que se interpreta como unas palabras o un sentimiento ajeno, una realidad diferente a la que el niño quería. Como podemos observar, el mismo proceso ya es catártico. No sólo es capaz de aliviar la tensión o angustia que siente el niño con respecto a alguna temática (en este trabajo nos centraremos en los miedos) sino que también es un proceso catártico ante la frustración e imposibilidad de expresarlos. Se resuelve un doble problema: el conflicto en sí y el cómo expresar ese conflicto. De nuevo Bettelheim habla de este proceso diciendo que “el cuento es terapéutico porque el paciente encuentra sus propias soluciones mediante la contemplación de lo que la historia parece aludir sobre él mismo y sobre sus conflictos internos, en aquel momento de su vida” (1976: 36). Herrera Arciaga aclara que “Al identificarse con los mismos personajes de los cuentos, los niños comienzan a experimentar por ellos mismos sentimientos de justicia, fidelidad, amor o valentía, no como lecciones impuestas, sino como parte de la aventura de vivir” (2015: 35). El tratamiento terapéutico de los cuentos de hadas y de la literatura infantil en general está a la orden del día, especialmente desde el enfoque psicoanalítico. Tanto Serrabona (2008) como Padilla (2003) (citados por Herrera Arciaga) hablan de cómo esta literatura ayuda al desarrollo integral del niño, evitando que se bloquee por miedos o angustias, mediante una identificación con los personajes, con los que sufre, pero también con los que comparte la victoria. Es evidente que la literatura infantil tiene una importancia clave en el desarrollo del niño y, por tanto, en la formación del adulto. Llama la atención la falta de interés sobre ella, especialmente teniendo en cuenta su posible finalidad terapéutica, como ha demostrado la psicoterapia y como sigue haciéndolo. Terminamos este apartado con una cita de A. Rodríguez Almodóvar: Reivindico a las literaturas infantil y juvenil, sean lo que fueren, como a cualquier otra que nos conduzca en el inmoderado deseo de vivir otras vidas; de conocer más de lo que llegaremos a ver, por mucho que viajemos; de intentar poner un poco de orden en el desordenado mundo
YOLANDA SÁNCHEZ RUIZ UNIVERSIDAD DE SEVILLA 12 interior; de sentir, en fin, el pálpito de otros sentires, como si fueran nuestros, porque lo son. (2016: 15) 4. Tratamiento del miedo a través de literatura infantil Antes de entrar en las diferentes temáticas que causan terror en el niño, nos gustaría hacer un breve repaso de lo que es el miedo y de cómo se da en el menor. Este temor variará en función de la edad y del receptor, aunque es cierto que hay algunos temores más comunes que otros. Sobre estos aspectos hablan Méndez, Inglés, Hidalgo, García- Fernández y Quiles: El miedo constituye un primitivo sistema de alarma que ayuda al niño a evitar situaciones potencialmente peligrosas. Es una emoción que se experimenta a lo largo de la vida, aunque las situaciones temidas varían con la edad. El desarrollo biológico, psicológico y social, propio de las diferentes etapas evolutivas (infancia, adolescencia, etc.), explica la remisión de unos miedos y la aparición de otros nuevos para adaptarse a las cambiantes demandas del medio (Pelechano, 1981). Los miedos son muy frecuentes durante la infancia, de modo que prácticamente todos los niños refieren al menos un temor importante (Sandín, 1997). Sin embargo, el miedo puede llegar a constituir un trastorno fóbico, generando malestar clínicamente significativo y repercutiendo negativamente en el área personal, familiar, escolar y/o social. (mayo 2003, en línea) Cabe hacer una concreción en cuanto al contenido de los siguientes subapartados: en este trabajo no buscaremos tratar fobias sino miedos generales que se dan en el niño de forma natural, no a partir de una situación o momentos concretos. Asimismo, creemos necesario aclarar que no se busca eliminar completamente dicho miedo, puesto que este, en su justa medida, prepara al niño para las dificultades que se va a encontrar. Lo que diversas terapias a través de la literatura (biblioterapia 3 ) buscan es controlar esos miedos para que no opriman al individuo hasta el punto de incapacitarlo, es decir, el control de las pasiones a través de la catarsis del que habla Aristóteles. 3 Sobre la biblioterapia podemos consultar varias definiciones en “Biblioterapia: definición, tipologías y objetivos”, blog: Cuentos para crecer. Dos de las ofrecidas nos llaman especialmente la atención, una por hacer referencia directa a la utilidad de la biblioterapia con niños (la de Pardek), la otra por referirse al proceso de identificación necesario en la catarsis (la de Prater): “Son numerosos los investigadores en materia de biblioterapia y hoy compartimos algunas definiciones que pensamos son clarificadoras del concepto: ‘La biblioterapia es una forma de tratamiento de salud mental que implica el uso de libros para ayudar a los niños a lidiar con los cambios, problemas emocionales, o problemas mentales’ (Pardek, 1994). ‘La biblioterapia se puede considerar el uso de libros en lugar de un tratamiento médico o la lectura de libros de ficción para identificarse con él dificultades experimentadas por los personajes’ (Prater et al., 2006).” (sf, en línea)
LA FUNCIÓN CATÁRTICA DE LA LITERATURA INFANTIL: TRATAMIENTO DEL MIEDO 13 4.1. Miedo a los seres fantásticos En primer lugar, nos gustaría aclarar a qué nos referimos con “seres fantásticos”. En este apartado hablaremos de aquellas criaturas que podemos observar en las historias de procesos extraordinarios establecidas por Duran (2002) como tipo de literatura infantil, concretamente en las que se refieren a procesos maravillosos 4 . Evidentemente, no trataremos las figuras de las hadas, los reyes o reinas, príncipes o princesas, duendes, etc. puesto que buscamos personajes que producen miedo en el niño. Así pues, hablaremos del monstruo, del lobo, de la bruja, del ogro, etc., siendo estas las que representan el lado negativo de la historia. El miedo a este tipo de criaturas aparece a partir de los dos años, con los primeros temores del niño, ya que los anteriores suponen más bien una ansiedad o tensión, no un miedo propiamente dicho. Personajes como la bruja o el ogro son fruto de la visión negativa de los padres: el niño se enfada cuando alguno de sus progenitores hace algo que no le gusta y automáticamente lo relaciona con una figura malvada, como lo hace con un personaje positivo (pensamos en el rey o el hada madrina) cuando sus padres actúan de una forma que él aprueba. Podemos observar una tendencia diferente a la clásica en el tratamiento de estas figuras. Duran habla de ello de la siguiente forma: Una moda seguramente deudora de la fenomenología kitsch de la cultura contemporánea ha provocado en el mundillo moderno un deseo irrefrenable por rehacer y deformar el patrimonio tradicional, burlándose de lo que infunde temor -los lobos hacen reír, en lugar de dar miedo-, ridiculizando lo simbólico (…) (Duran, 2002: 66) La autora considera que, aun siendo una técnica ingeniosa, no es recomendable que haya demasiada desproporción entre el uso simbólico de estos personajes y el uso satírico. Sin embargo, teniendo en cuenta que buscamos que el niño deje de sentirse temeroso ante ellos, nosotros apoyamos el uso satírico que se viene dando en la literatura actual. Hacer que esos personajes temibles tengan defectos e incluso que parezcan torpes hace que se humanicen aún más, llegando a dos perspectivas: la criatura es vencible por el niño, por lo que dejará de darle miedo ya que él es más poderoso que esta, o bien la criatura es tan humana como el niño, con lo que se producirá un proceso de identificación, llegando al mismo punto que con la anterior línea. 4 Hacemos referencia a esta clasificación en el punto 3. Acercamiento a la literatura infantil. Pág. 10.
YOLANDA SÁNCHEZ RUIZ UNIVERSIDAD DE SEVILLA 14 En Las brujas, de Roald Dahl, encontramos una historia que debería causar miedo pero que está tratada con tanto humor que, finalmente, resulta más bien un antídoto a este temor. El autor hace que la abuela del protagonista se proclame una experta en brujas y narre todo tipo de maldades que estas realizan con el fin de exterminar a los niños, a los cuales odian y, aunque esto pueda crear cierta ansiedad en el lector, este personaje se encarga de dar algunos pasajes de tranquilidad, como cuando su nieto le pregunta nervioso si las brujas pueden atacarlo mientras duerme: -No entrará una bruja por mi ventana durante la noche, ¿verdad? -pregunté, un poco tembloroso. -No- respondió mi abuela-. Una bruja nunca haría la estupidez de trepar por las cañerías y entrar en casa de alguien. Estarás completamente a salvo en tu cama. Vamos. Yo te arroparé. (Dahl, 1983: 35). En el caso de que la anciana decidiera contar una historia totalmente tranquilizadora y sin ningún motivo aparente que inquiete al niño no nos resultaría creíble por el peso simbólico que tiene el personaje de la bruja aún en esta obra. Por esto, la abuela tiene que crear primero al enemigo para después derrotarlo y el autor se asegura de describirlo con elementos lo suficientemente realistas para que el niño no desconfíe de su palabra, pero que en conjunto no podrían darse jamás. Recordemos que las brujas, según la experta anciana, llevan guantes (debido al deseo de esconder sus garras), suelen estar rascándose la cabeza (llevan peluca puesta directamente en la piel, puesto que son calvas), les incomodan los zapatos (no tienen dedos en los pies, sino que estos son cuadrados al final), no soportan el olor de un niño y su saliva es azul. La mayoría de estos detalles serían fáciles de identificar por separado en alguien, pero es imposible que un niño encuentre todos ellos en una persona en el mundo real, por lo que el hecho de describirlas así finalmente consigue eliminar el miedo. Añadámosle a todo ello el humor que emplea en la narración el autor, facilitando nuestro objetivo. Por otro lado, las maldades propias de brujas que narra la abuela en un primer momento parecen terribles, pero después observamos cómo las familias de esos niños las aceptan sin demasiado problema, tratando incluso estos inconvenientes con bastante humor: -La tercera era la pequeña Birgit Svenson -dijo mi abuela-. Vivía justo enfrente de nosotros. Un día empezaron a salirle plumas por todo el cuerpo. Al cabo de un mes, se había convertido en una gallina grande y blanca. Sus padres la tuvieron en un corral, en el jardín, durante muchos años. Incluso ponía huevos -¿De qué color eran los huevos? -pregunté. -Morenos -dijo mi abuela-. Los huevos más grandes que he visto en mi vida. Su madre hacía tortillas con ellos. Y estaban deliciosas. (Dahl, 1983: 30).
LA FUNCIÓN CATÁRTICA DE LA LITERATURA INFANTIL: TRATAMIENTO DEL MIEDO 15 Ni siquiera la propia abuela se molesta ante la conversión de su nieto en un ratón por parte de las brujas y, de hecho, a ambos les parece incluso una ventaja para vencerlas. Sólo encontraremos la historia de una familia que sí se muestra realmente afectada ante el castigo de las brujas y son los padres de Bruno, a los que el autor se encarga de mostrar como gente despreciable. El hecho de que el protagonista sea un niño refuerza el proceso de identificación necesario para la catarsis: el niño está ante un igual. Ni siquiera la abuela se comporta como un adulto común (no le preocupa especialmente que su nieto falte al colegio, es sorprendentemente activa y aventurera…). El lector, al acabar la obra, aprende que un niño puede vencer a todo un aquelarre de brujas por sí mismo, a pesar de ser pequeño o, incluso, de haber sido convertido en un diminuto ratón. La victoria propia de un niño frente a un ser grande y peligroso también se puede observar en Donde viven los monstruos (1963), de Sendak, donde el protagonista decide, fruto de una rabieta por la cena, fabricar un barco y navegar “a través del día y la noche, entrando y saliendo por las semanas saltándose casi un año hasta llegar a donde viven los monstruos”, los cuales lo proclamarán rey. Sin embargo, llega un momento en el que Mike, el protagonista, se siente amenazado por “sus rugidos terribles”, “sus dientes terribles”, “sus ojos terribles” y “sus garras terribles”. Antes de que lo devoren, Mike consigue subir al barco y llegar a casa, donde su cena aún está caliente. Es un caso muy similar al de Las brujas, pero en él no hay tanto tratamiento del humor y la victoria se hace más solemne aún. La identificación no sólo se da con la edad o el carácter del personaje, sino también con el miedo que llega a sentir por esos seres, temor que es común con el lector. Viendo que Mike puede enfrentarse a ellos y salir indemne, el niño aprende que para él también es posible. El proceso identificatorio no tiene por qué verse sólo entre el lector y el protagonista, sino que el mismo monstruo puede participar de este. En Yo mataré monstruos por ti (2011), de Santiago Balmes, encontramos un ejemplo claro de esta identificación: Martina es una niña a la que le da miedo irse a la cama porque cree que hay un mundo paralelo al humano, donde habitan los monstruos, y que uno de ellos aparecerá esa misma noche para raptarla. Si seguimos leyendo, observamos como Anitram 5 , una pequeña monstrua, tiene exactamente el mismo miedo: que haya un mundo 5 Un detalle curioso de la obra es el nombre de la monstrua, “Anitram”, como reflejo de “Martina”, simbolizando el paralelismo entre ambos mundos, el humano y el monstruoso.
YOLANDA SÁNCHEZ RUIZ UNIVERSIDAD DE SEVILLA 16 igual que el suyo pero habitado por humanos y que alguno de estos quiera hacerle daño. El conflicto se resuelve cuando se abre un agujero entre ambos mundos y tanto humana como monstrua se toman de la mano, tranquilizándose mutuamente, puesto que “las dos se dieron cuenta de que habían tenido miedo la una de la otra porque aún no se conocían” (Balmes, 2011: 32). En este caso, el motivo común entre lector, protagonista humana y protagonista fantástica es el miedo no sólo a los seres monstruosos sino a todo lo que es extraño para el niño. La desacralización de los símbolos se hace especialmente presente en Buenas noches, Carola, de Jakob Hein (2012). Al iniciar la obra nos encontramos a la niña más valiente del mundo, a la que no le asusta absolutamente nada. Por eso, cuando el monstruo de debajo de la cama sale una noche para atemorizarla no consigue más que preguntas de Carola, deseando saber por qué se denomina a sí mismo “el monstruo más malo de todos los monstruos”. Esta criatura, al no saber responder a la niña, va perdiendo cualquier atisbo de ferocidad, llegando a entablar una amistad con Carola, la cual tranquiliza a sus amigos cuando dicen que tienen un monstruo en su casa, porque ella conoce al monstruo más malo de todos y es incluso simpático. La catarsis que produce este libro es evidente: el niño ve cómo Carola se enfrenta al peor monstruo imaginable y ni siquiera es peligroso, por lo que el posible monstruo al que este niño tenga miedo no debe ser algo difícil de afrontar y vencer. En Monstruosamente divertido, del sevillano Diego Vaya, podemos observar la figura del hombre lobo humanizada hasta el punto de sentir compasión por él: De noche, cuando la luna es redonda como un globo, entre las doce y la una, aparece el hombre lobo. Tiene las garras peludas y unos enormes colmillos, las orejas puntiagudas y los ojos amarillos. Todos se encierran en casa cuando lo escuchan aullar. Y no entiende lo que pasa, ¡a él no le gusta asustar! Por las ventanas los llama, pero nadie le responde. Allá donde va, en la cama el más valiente se esconde. Por debajo de la puerta después la patita asoma... Como ninguna está abierta, cree que todo es una broma. Y aunque su aspecto dé miedo, nunca dará ni un bocado; él quiere que algún enredo le quites de su peinado, que le pongas un collar para que las garrapatas no le vuelvan a picar ni en el cuello ni en las patas, y que con pasta de dientes y con un par de cepillos le dejes resplandecientes la sonrisa y los colmillos.
LA FUNCIÓN CATÁRTICA DE LA LITERATURA INFANTIL: TRATAMIENTO DEL MIEDO 17 Y recuerda una cosita de esta historia tan peluda: a veces, quien necesita, no sabe pedir ayuda. (Vaya, 2015: 9-15) Debemos tener en cuenta que cualquier texto que pretenda cambiar nuestra visión con respecto a estas criaturas será materia también de los prejuicios. En esta ocasión, nos encontramos ante un hombre lobo convertido en víctima y sin intención alguna de hacer daño. La humanización de este personaje hace que el niño lo encuentre cercano y pueda sentirse identificado con él. Una vez logrado esto, el miedo desaparece por completo. Podríamos dividir, por tanto, el trato de estos personajes en dos apartados: - Confrontación: el protagonista, generalmente infantil, a pesar de ser pequeño se vale de su astucia para vencer a una criatura fantástica que tiene una visión negativa por parte del lector 6 . Es probable que, para facilitarle la tarea, en los libros infantiles más actuales se recurra al humor. No ocurre así en los cuentos clásicos, los cuales están gobernados por la simbología y no se prestan a la sátira. - Identificación con el monstruo: se hace a través de la humanización y llevan al lector a sentir compasión por este ser, en ocasiones convirtiéndose en su amigo 7 , por lo que el miedo que pueda tener desaparece inmediatamente. Es mucho más común en la literatura infantil actual que en la clásica. 4.2. Miedo a los demás El temor al qué dirán, a no encajar, a ser diferente cobra especial importancia en la pre-adolescencia (de 11 a 14 años aproximadamente), pero aparecen antes conceptos que 6 Es interesante también el tratamiento de un monstruo ficticio, como se da en El grúfalo (2016), donde el protagonista es un pequeño ratón que se va encontrando por el bosque a una serie de animales que quieren devorarlo. Para conseguir escapar de ellos dice que si se lo comen vendrá “el grúfalo”, un ser que va componiendo a medida que avanza el relato para evitar a estos animales. La sorpresa será cuando realmente aparezca un ser llamado “el grúfalo” que tiene todas las características descritas por el ratón y, aun así, consigue engañarlo también para escapar. 7 A veces llega a tal punto que la humanización es total, como en la saga Kika superbruja (1998- 2016), donde la protagonista es directamente la bruja, a la cual entendemos como amiga y de ninguna forma como un elemento peligroso.
YOLANDA SÁNCHEZ RUIZ UNIVERSIDAD DE SEVILLA 18 pueden desembocar en este miedo, como son la soledad, la separación (sobre los 4 años) o el concepto de amistad (y, por tanto, de quién no es mi amigo), que surge a partir de los 7 años. En la literatura infantil actual se hace un enorme esfuerzo por tratar este tipo de temas, puesto que hay un deseo de buscar una convivencia entre los niños de la forma más integradora posible. El tema de los complejos se puede observar en Orejas de mariposa (2008), de Luisa Aguilar. Tenemos a una protagonista de la que los niños se burlan por una serie de aspectos físicos (su altura, su ropa de cuadros, sus zapatos viejos, sus orejas grandes…) a lo que ella responde explicando que no es que sea larguirucha, sino que puede abrazar la luna; que no tiene zapatos viejos, sino zapatos viajeros; que su ropa de cuadros es para jugar al ajedrez, etc. Finalmente, cuando se llega al complejo más grave de todos para ella, el de las orejas grandes, los niños se burlan de si las llamará “orejas de mariposa” como hace su madre, a lo que Mara responderá que no es necesario, que simplemente son orejas grandes y que no suponen un problema. Nos parece especialmente interesante la enfatización en que no se niegue lo que causa la burla ni se esconda, sino que se asuma como propio y como normal. Al mostrar que no se siente acomplejada por ello, el insulto deja de serlo y pierde su capacidad de ofender, que es lo que realmente buscan estos personajes. La técnica es extrapolable a cualquier complejo que el lector pueda tener, por lo que ni siquiera es necesario que sea un niño con grandes orejas el que se sirva de este proceso catártico. De hecho, el niño aún no tiene un concepto claro de su imagen, por lo que probablemente con lo que se identifique sea con el sentimiento de rechazo que se aprecia en todo el libro. El lector asume como suya la victoria y adquiere la suficiente valentía como para reivindicar lo propio en lugar de esconderlo o negarlo. Algo parecido ocurre en Por cuatro esquinitas de nada (2014), de Jerome Ruillier. En este caso no nos encontramos ante personajes humanos, sino que llegamos a la simbolización de forma clara, ante círculos y un cuadrado. Los personajes se hacen amigos y no hay problema hasta que, para entrar en una de las casas de los círculos, la puerta es redonda, por lo que el cuadrado no puede pasar. Nos parece interesante cómo está planteada la presión de grupo en esta obra, puesto que, ante la diatriba, los círculos le instan al cuadrado para que se amolde a ellos, porque “por cuatro esquinitas de nada” el asunto no tiene importancia. Una vez más, vemos la reafirmación de lo propio cuando el cuadrado decide que prefiere seguir siendo tal cual es. En este caso se ve aún más clara la facilidad con la que se da el proceso identificatorio en el niño, sin necesidad de que el
LA FUNCIÓN CATÁRTICA DE LA LITERATURA INFANTIL: TRATAMIENTO DEL MIEDO 19 personaje tenga las mismas cualidades físicas que él. Recordemos que la catarsis se basa en una imitación de acciones, en este caso también sentimientos e ideas, pero no en un aspecto formal. Debemos aclarar en este punto que hay mucha literatura infantil destinada a niños más pequeños en las que se trata este tipo de temas, pero en este público aún no existe el miedo a ser rechazado o a no pertenecer al grupo. Un ejemplo de ello es Elmer (2012), la historia de un elefante de colores que es la alegría de todos sus compañeros hasta que un día se plantea por qué es diferente a todos los demás. Buscando eliminar esa distancia con su grupo de amigos, Elmer se pinta del mismo color que todos ellos, pero cuando vuelve al grupo ve que los demás elefantes están muy serios y quietos, con lo que decide hacer una de sus bromas y descubre que los demás lo reconocen por su sentido del humor y no por los colores de su piel. Este libro está orientado a preparar al niño para cuando ese miedo llegue, no para tratarlo inmediatamente, porque aún no se siente atemorizado ante ello. Otra de las tendencias de la literatura infantil actual es editar cuentos clásicos adaptándolos a los tiempos modernos. Un ejemplo de ello es la colección “Érase dos veces”, de la editorial Traficantes de sueños, en la que encontraremos una versión de Los tres cerditos que trata el tema del que estamos hablando, el miedo a lo extraño y los prejuicios. En esta obra encontraremos que los cerditos huyen del lobo por su aspecto peligroso y por lo que han escuchado de él, atribuyéndole el destrozo de sus casas cuando realmente es fruto del viento que corre por la pradera donde las han construido. Finalmente, cuando comprenden que el lobo no tiene culpa alguna, este se ofrece a ayudarles a construir una casa más sólida. En esta obra encontramos una visión de la sociedad que no busca hacernos daño y son nuestros prejuicios los que crean una sensación de peligro en el lobo, no el lobo mismo. Cambia el punto de vista y ya no somos las víctimas, sino los acosadores por el simple miedo que tenemos a los demás. Nos gustaría hablar de esta doble función de la literatura infantil sobre el acoso, los prejuicios, las apariencias, etc.: - Trata los efectos del acoso, puesto que el niño se identifica con la víctima y ve cómo sobrellevarlo, cambiarlo o salir victorioso de esta situación. En estos casos, el proceso identificatorio se daría entre el lector y la víctima, pudiendo entender qué acciones lo llevarían a solucionar su propio problema, que es el mismo que el personaje.
YOLANDA SÁNCHEZ RUIZ UNIVERSIDAD DE SEVILLA 20 - Trata las causas del acoso, mostrando al niño qué son los prejuicios, cómo funcionan y colocándonos en el papel de acosador que se da cuenta, tras una explicación (tanto para el personaje como para el niño), de que lo que hace está mal y debe evitarlo. Es decir, encontraríamos el proceso identificatorio entre el lector y el acosador arrepentido o inconsciente. El tema de “lo ajeno” sirve para que el niño vaya creando su propia identidad, en contraposición o en semejanza con la del mundo que le rodea, y este tipo de libros enseña a defender dicha identidad y a respetar las diferencias, buscando una identificación bien con víctima, bien con agresor (siempre arrepentido o que causa el perjuicio sin ser consciente de él). La catarsis, en cualquier caso, es clara, pero no es el único efecto de estos libros, ya que la educación es uno de los usos cada vez más frecuentes de ellos por parte de los educadores e incluso de psicólogos. En este punto, no hemos de olvidar que la literatura infantil no sólo puede ayudar a niños, sino que este tipo de problemas, frecuentes a cualquier edad, se pueden tratar con estos libros, porque tienen la característica de mostrar en otro y no en uno mismo el problema, de manera que se hace más fácil la aceptación, haciéndolo de un modo simbólico, pero mucho más claro que en la literatura para adultos, por norma general. 4.3. Miedo a la enfermedad La enfermedad en el niño no implica sólo el problema de la salud, sino que, para aquellos en los que la hospitalización es necesaria, se añade a ella la separación de los padres, las ideas preconcebidas acerca del personal sanitario, los tratamientos (a veces muy agresivos) y muchos otros condicionamientos que hacen que el niño entre en un estado de tensión que no favorece su cura. La hospitalización implica un cambio brusco de ambiente, en el que las personas que se encargan de protegerlo no están con él, en un sitio nada acogedor y con gente que no conoce. Carrasco (2008) asegura que la enfermedad se convierte para el menor en algo arbitrario e injusto, llegando incluso a entenderlo como un castigo por su mal comportamiento. Así pues, Hernández Pérez y Rabadán Rubio creen necesario “partir de una visión transpersonal de la enfermedad, según la cual no únicamente se atienda a la enfermedad del niño, sino que, además, sea tratado el posible trastorno emocional que la enfermedad puede acarrear” (2014: 135).
LA FUNCIÓN CATÁRTICA DE LA LITERATURA INFANTIL: TRATAMIENTO DEL MIEDO 27 se plantea estas preguntas acerca de la muerte, es un libro muy interesante para trabajar con él. Es llamativo el trato hacia el mismo personaje de la muerte: no es despiadada, no es cruel, no ejerce su poder como castigo sino como oficio que no le queda más remedio que desempeñar: “cuando lo perdió de vista la muerte se sintió incluso un poco triste, pero así era la vida” (2010: 18). También para responder a las preguntas sobre este tema que se hacen los niños encontramos La balada del rey y la muerte (2012), de Koos Meinderts, Harrie Jekkers y Piet Globert, donde un rey quiere entender por qué mueren las personas para conseguir evitar él mismo la muerte. No consigue comprender cómo en estos tiempos no hay un remedio para ella, así que ordena a sus sabios que se deshagan de ella. Estos logran capturarla pero, finalmente, la vida eterna no agrada tanto como esperaba al rey. El libro está orientado para ayudar a los niños a encarar las dudas que tienen sobre este proceso, encontrando las palabras correctas para hablar de ello, entendiendo esa comunicación como un alivio para el menor. En resumen, lo habitual para tratar este tema es hacerlo a través de eufemismos y siendo un personaje adulto el que se enfrenta al problema de la muerte, con lo cual el niño se identificaría con la persona que acompaña a este adulto, pero también encontramos obras que llaman a la muerte por su nombre y que tratan el tema de forma más directa, como El pato y la muerte. En cualquier caso, el miedo a la muerte es uno de los más frecuentes en los niños a partir de 7-8 años y se convertirá en uno de los más frecuentes también en adultos. Además, tiene el valor añadido de la dificultad de explicación por parte del adulto, por lo que la literatura infantil cobra una gran importancia para hacerle entender al niño este proceso que de otra forma sería muy difícil que comprendiera. No sólo el efecto calmante de este tipo de libros, sino también el ofrecimiento de las palabras necesarias para aliviar el sentimiento que le oprime, hacen que la catarsis sea clara. 5. Conclusiones En la introducción nos planteábamos unas preguntas sobre la catarsis en la literatura infantil que ahora intentaremos contestar.
YOLANDA SÁNCHEZ RUIZ UNIVERSIDAD DE SEVILLA 28 En primer lugar, afirmamos encontrar un efecto catártico en la literatura infantil, en tanto que cuando el receptor se acerca al libro encuentra las palabras que le faltan para expresar lo que siente, consiguiendo así un canal para deshacerse de la ansiedad y la tensión a la que se ve sometido. A su vez, consideramos acertada la visión de Duran (2002) al entender que el niño, viendo que alguien más siente lo que él y que no es, por tanto, “un bicho raro”, decide que el personaje (o el libro o el autor) será inmediatamente su amigo. Por otro lado, comprendemos la literatura infantil como una literatura especialmente centrada en el receptor, puesto que este delimita incluso su definición, y que hace uso de la simbología y la sátira para provocar la identificación con los personajes que encontramos en ella. En segundo lugar, nos preguntábamos cómo se trata el miedo con literatura infantil y hemos podido observar que principalmente se da mediante la identificación del receptor. Puesto que hemos tratado cuatro miedos, no excluyentes entre sí, veremos que cada uno de ellos tiene una serie de características propias, aunque su tratamiento con la literatura pase por la imitación e identificación: a) En el caso del miedo a lo fantástico encontramos dos opciones: la identificación con el personaje que vence al monstruo, característico de la literatura infantil clásica, cuya victoria es facilitada a veces por el humor y la sátira (sólo en la literatura actual); o bien la humanización del propio monstruo, permitiendo que la identificación sea con este o con un personaje con el que entable una amistad. En definitiva, se busca la pérdida de fiereza de lo que nos amenaza, ya sea por incapacidad de la criatura o por la falta de deseo de hacer daño. b) En cuanto al miedo a los demás podremos observar, de nuevo, dos opciones de tratamiento: por un lado, aquellos libros que buscan que el lector se identifique con la víctima, para así adquirir la suficiente valentía como para trasladar lo literario a lo real y plantar cara al agresor; por el otro, aquellos libros que hacen que nos identifiquemos con el mismo acosador, de pronto consciente de lo que está haciendo y arrepentido, con lo que se buscaría que el receptor llegara al “darse cuenta” de la terapia Gestalt, y así comprendiera que hace daño a otras personas y que eso puede hacer, a su vez, que él se sienta mal.
LA FUNCIÓN CATÁRTICA DE LA LITERATURA INFANTIL: TRATAMIENTO DEL MIEDO 29 c) En el miedo a la enfermedad, lo más llamativo será que tendremos que tratar varios miedos a la vez, porque lo que preocupa al niño enfermo no será sólo esta, sino que deberemos paliar el miedo a los tratamientos, a la separación, a las burlas de sus compañeros por el cambio físico, etc. En el caso de que no se trate una enfermedad propia, se buscará la explicación, siempre a su nivel, de las características que posea la enfermedad de una persona cercana, intentando ofrecerle el canal por el que expresarse y, mediante la comunicación de ellos, aliviar esos temores. Son obras que suelen tener un final feliz, mostrando la victoria del personaje con el que debe identificarse el niño. d) Por último, encontramos interesante el eufemismo en el tratamiento de la muerte. No hemos encontrado ninguna obra en la que el niño sea el que muere, por lo que deducimos que la idea es demasiado angustiosa para el receptor, así que, en lugar de esto, veremos especialmente a ancianos (abuelos del personaje con el que el niño se identificará) y animales. Por otro lado, encontramos también algunas obras que muestran a la muerte como alguien a quien no debemos temer y que no busca hacernos daño, sólo cumplir su función. Nos gustaría recordar que la función catártica de la literatura infantil no es algo abstracto o que no tenga aplicación real, sino que encontramos estudios clínicos que la han aprovechado y que, a pesar de ser una literatura que interesa a niños, eso no debe hacernos pensar que no tiene calidad o recursos literarios puesto que es, precisamente, una concentración de ellos, debido a su simbología y brevedad. Tampoco debemos creer que carece de interés para un receptor adulto, porque este tipo de literatura tiene el poder de asumir todos los conflictos que pueden encontrar en la vida, a los cuales uno se enfrenta a cualquier edad. 6. Bibliografía “Biblioterapia: definición, tipologías y objetivos”. Blog Cuentos para Crecer. Disponible en: http://cuentosparacrecer.org/blog/biblioterapia-definicion-tipologias-y- objetivos/
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