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Mujeres políticas y medios de comunicación: recomendaciones para una representación no sexista de las mujeres políticas en los medios de comunicación

Fernández García, Nuria

Abstract

Son diversos los estudios que han analizado la representación de las mujeres políticas en los medios de comunicación y han hallado una cobertura sesgada de éstas. Esta diferencia en la representación de las mujeres políticas se puede encontrar en una menor cantidad de cobertura, una mayor presencia de temas personales (imagen, físico, estado civil, familia) en detrimento de una cobertura sobre su posicionamiento político, enfatizando su género como una anomalía en el ámbito político, relacionando sus logros con una figura masculina o mentor, omitiendo su carrera y experiencia profesional, asociando a las mujeres políticas con rasgo de personalidad negativos, nombrando a las mujeres utilizando su nombre de pila o mediante diminutivos, obviando sus declaraciones o representando su discurso de forma más negativa, y utilizando un tono general de cobertura más negativo. El presente artículo muestra los resultados de diferentes estudios en los que se han analizado los recursos utilizados por los medios para representar a las mujeres políticas con el objetivo de localizar los principales recursos empleados cuando los medios representan a las mujeres políticas y señalar aquellos que aún suponen una sesgada visión de la competencia y cualidades de las mujeres. Como resultado, se presenta una propuesta de recomendaciones para una representación no sexista de las mujeres políticas dirigidas a los medios de comuniación.

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 564  MUJERES POLÍTICAS Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN RECOMENDACIONES PARA UNA REPRESENTACIÓN NO SEXISTA DE LAS MUJERES POLÍTICAS EN LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN Fernández García, Núria Departamento de Periodismo y Ciencias de la Comunicación Universitat Autònoma de Barcelona (UAB) [email protected] RESUMEN: Son diversos los estudios que han analizado la representación de las mujeres políticas en los medios de comunicación y han hallado una cobertura sesgada de éstas. Esta diferencia en la representación de las mujeres políticas se puede encontrar en una menor cantidad de cobertura, una mayor presencia de temas personales (imagen, físico, estado civil, familia) en detrimento de una cobertura sobre su posicionamiento político, enfatizando su género como una anomalía en el ámbito político, relacionando sus logros con una figura masculina o mentor, omitiendo su carrera y experiencia profesional, asociando a las mujeres políticas con rasgos de personalidad negativos, nombrando a las mujeres utilizando su nombre de pila o mediante diminutivos, obviando sus declaraciones o representando su discurso de forma más negativa, y utilizando un tono general de cobertura más negativo. El presente artículo muestra los resultados de diferentes estudios en los que se han analizado los recursos utilizados por los medios para representar a las mujeres políticas con el objetivo de localizar los principales recursos empleados cuando los medios representan a las mujeres políticas y señalar aquellos que aún suponen una sesgada visión de la competencia y las cualidades de las mujeres. Como resultado, se presenta una propuesta de recomendaciones para una representación no sexista de las mujeres políticas dirigidas a los medios de comunicación. PALABRAS CLAVE: género, políticas, medios de comunicación, recomendaciones no sexistas.  565  1. INTRODUCCIÓN La relación entre política, medios de comunicación y género es un área importante de estudio todavía poco analizada en el ámbito académico español. Esta falta de atención contrasta con el aumento de la presencia de mujeres en los altos niveles de la política española y los problemas que entraña una representación mediática sesgada para que las mujeres políticas puedan llevar a cabo su labor (ver Inter-Parliamentary Union 2000; Niven y Zilber 2001; Ross y Sreberny 1999)345. Los medios de comunicación proveen del “espacio público real en el que la política tiene lugar y a través del cual los ciudadanos comprenden el proceso político” (Ross 2000: 1), además de influir en las percepciones del público sobre los líderes políticos y, en especial, sobre las mujeres políticas (Sreberny y van Zoonen 2000). Así, en el periodo electoral, los ciudadanos obtienen una información básica sobre los diferentes candidatos y candidatas y los temas que defienden principalmente a través de los medios de comunicación. Son numerosos los estudios que sugieren que si los medios diferencian en su cobertura entre hombres y mujeres candidatos, estas diferencias pueden influir en la visión de la ciudadanía sobre el papel de las mujeres en la esfera política y las opciones de elección de éstas (Kahn 1996). Por ejemplo, representar a las mujeres como excepción a la norma política puede animar al público a ver a las mujeres como contendientes inusuales y menos viables (Banwart, Bystrom y Robertson 2003; Gidengil y Everitt 2003), disminuir las oportunidades de que la ciudadanía las acepte como potenciales representantes políticas (Braden 1996) e incluso no votarlas (Cook 1998). En la cobertura que los medios realizan de las mujeres políticas éstos a menudo las sitúan en primer lugar como como mujeres y, después, como políticas, recibiendo una cobertura diferenciada de la de sus colegas varones (Kahn 1994, 1996; Kahn y Goldenberg 1991; Norris 1997): Como veremos más adelante, estas diferencias comprenden desde una menor cantidad de cobertura, un tono más negativo de su competencia, mayor cobertura de temas personales en detrimiento de una mayor cobertura sobre su posicionamiento político, vincular a las mujeres  345 En el caso español, en 2004 se forma el primer gobierno paritario de la historia de España que contaría además con la primera mujer en asumir el cargo de la vicepresidencia del gobierno, ocupada por María Teresa Fernández de la Vega (2004 – 2010). En 2007 esta paridad pasa a ser norma al aprobar el Gobierno español al Ley Orgánica 3/2007, de 22 de marzo, para la igualdad efectiva de hombres y mujeres, más conocida como Ley de Igualdad, que consagra el principio de presencia equilibrada de hombres y mujeres en las listas electorales y en los nombramientos realizados por los poderes públicos, entendiendo por composición equilibrada que el número de personas de cada sexo no sea superior al 60% ni inferior al 40%. No obstante, y aunque tras las elecciones de 2008, el porcentaje de mujeres en el Congreso y el Senado se incrementa respecto a los resultados obtenidos en la anterior legislatura (en el Congreso se llega al 36.3% y en el Senado se sitúa en el 28.2%), ambos porcentajes se encuentran por debajo del mínimo establecido en la Ley de Igualdad (ver Instituto Nacional de Estadística 2011). En cambio, la composición del ejecutivo español presentará percentajes más equilibrados, con un 50% de mujeres, y, por primera vez, una mujer, Carme Chacón, asumiendo el Ministerio de Defensa, una cartera tradicionalmente masculina.  566  principalmente con características y temas “estereotipadamente” femeninos, o la forma de nombrarlas utilizando su nombre de pila, entre otras. No obstante, actualmente la definición de la política como un espacio masculino comienza a debilitarse con el progresivo aumento de la presencia de las mujeres en la vida política. Argentina, Brasil, Liberia, Finlandia, Islandia o Alemania son algunos de los países donde actualmente el máximo cargo ejecutivo está ocupado por una mujer y, a medida que las mujeres acceden al poder, el factor novedad irá desapareciendo y se puede esperar que el género pase a ser menos relevante en la cobertura de las mujeres políticas (Semetko y Boomgaarden 2007). Es por ello, que se hace necesario localizar los recursos empleados por los medios en su cobertura de las mujeres políticas y señalar aquellos recursos que aún suponen una visión sesgada de la competencia y las cualidades de las mujeres. En el siguiente apartado se enumeran las variables analizadas en diversos estudios que muestran cómo tanto las mujeres candidatas como las mujeres que ostentan un cargo político sufren aún una cobertura por parte de los medios que las coloca en una situación diferente a la de sus colegas varones. Estas variables son: cantidad de cobertura, menciones al género de las mujeres políticas, asociación con una figura masculina, menciones a la imagen, físico y vida personal (estado civil, familia) de las políticas, menciones a su experiencia profesional, características de personalidad destacadas en su cobertura, vinculación de las mujeres políticas con cuestiones políticas, forma en la que son nombradas en los medios, representación de su discurso y, finalmente, tono general de la cobertura. 2. REPRESENTACIÓN DE LAS MUJERES POLÍTICAS EN LOS MEDIOS Los primeros estudios que analizan la representación de las candidatas políticas en los medios se centran principalmente en cuantificar su aparición en los medios, analizando su visibilidad o invisibilidad. En un primer momento, los estudios hallan que los candidatos varones son más visibles en los medios que las mujeres, aunque éstas estuviesen mejor posicionadas en los sondeos de opinión (Aday y Devitt 2001; Kahn 1992, 1994, 1996; Kahn y Goldenberg 1991; Serini, Powers y Johnson 1998). Así, un estudio de Kahn (1996) en el que analiza la cobertura de diferentes elecciones al Senado norteamericano durante los años 80, halla que los hombres obtienen una media de 13 párrafos publicados al día, mientras que las mujeres obtienen sólo 10, una diferencia que, aunque no es muy pronunciada, se mantiene constante en todas las elecciones analizadas por la autora. Esta diferencia cuantitativa no sólo aparece entre los candidatos y candidatas a unas elecciones sino también entre los hombres y mujeres que acceden a un cargo político. Aunque la diferencia no es muy marcada, Norris (1997), muestra que las mujeres presidentas y primeras ministras reciben una cantidad menor de cobertura por parte de la prensa la semana siguiente a su  567  nombramiento o elección que la recibida por los hombres que habían ocupado el mismo cargo346. Otros estudios sugieren que la cantidad de cobertura de hombres y mujeres se ha equilibrado en los últimos años y que las diferencias podían haber desaparecido (Atkeson y Krebs 2007; Devitt 1999; Fernández 2010; Kittilson y Fridkin 2008; Semetko y Boomgaarden 2007; Smith 1997). Así mismo, la novedad que supone la participación de una mujer en la escena política puede hacer que ésta obtenga mayor visibilidad que un hombre en las mismas circunstancias (Jalalzai 2006; Trimble 2007). Por ejemplo, un análisis de las elecciones al Senado norteamericano durante los años 1992 y 2000 halla que se publica más información sobre las candidatas que sobre los candidatos varones: las mujeres reciben una media de 70 párrafos a la semana mientras que los hombres reciben una media de 41 párrafos (Jalalzai 2006). No obstante, un reciente estudio en el que se analiza la representación en la prensa escrita del primer gobierno del socialista José Luis Rodríguez Zapatero, el primer gobierno paritario en la historia de España, muestra que ésta dista mucho de ser paritaria en lo que a cantidad de cobertura se refiere (Fernández 2011). Este estudio muestra como la presencia de las ministras (35.4%) en la prensa es inferior a la presencia de los ministros (64.6%), siendo la presencia de las mujeres inferior tambíen a su presencia real en el Gobierno (50% de sus miembros). El estudio también destaca que la primera vicepresidenta en la historia política de España, María Teresa Fernández de la Vega, obtiene sólo una cobertura del 8.1% del total del gabinete, apuntando que el factor de novedad que, en ocasiones ha ayudado a las mujeres políticas a ganar visibilidad, no ha estado acompañado aquí de una mayor cobertura, ocupando Fernández de la Vega el tercer lugar en cuanto a cantidad de cobertura, detrás de José Bono (Defensa) y Miguel Ángel Moratinos (Asuntos Exteriores y Cooperación)347. Por otro lado, diferentes estudios muestran que los medios sitúan el género de las mujeres como una consideración prioritaria por encima de las cuestiones políticas, hecho que en muchos casos se muestra mediante la utilización de la etiqueta ‘mujer’ en la cobertura de las candidatas, mediante la mención explícita del sexo de la mujer (Falk 2008; Fernández 2010, 2011; Gidengil y Everitt 1999; Heldman, Carroll y Olson 2005; Norris 1997; Ross y Sreberny 1999; Trimble 2007). Falk (2008) cree que al destacar la condición de mujer de la candidata en los medios se sitúa a éstas en una categoría diferente a la de los hombres. Una categoría en la que las mujeres no son candidatas, son candidatas mujeres (Ross y Sreberny 1999: 88), reforzando la idea de que la clase política ha de estar formada por hombres y que las mujeres se encuentran en una esfera que no es natural para ellas (división de los género entre el ámbito privado – mujeres – y el ámbito público – hombres). Además, al destacar el género, los medios enfatizan que éste es  346 La muestra del estudio está formada por Margaret Thatcher (Reino Unido), Corazón Aquino (Filipinas), Benazir Bhutto (Pakistan), Gro Harlem Brundtland (Noruega), Kim Campbell (Canadá), Indira Gandhi (India) y Mary Robinson (Irlanda). 347 No obstante, Fernández (2011) apunta que el hecho que la entrada del gobierno coincidiese con la retirada de tropas de Irak explicaría en parte esta menor visibilidad de la vicepresidenta primera, ministra de la presidencia y portavoz del gobierno, y la mayor visibilidad de los ministros de Defensa y Asuntos Exteriores y Cooperación.  568  “importante y relevante en política, promueven la asociación entre las mujeres y su biología y mantienen la división entre hombres y mujeres en la sociedad” (Falk 2008: 152). Norris (1997) también muestra que el género de las mujeres políticas aparece como primer descriptor cuando los medios hablan de ellas. En cambio, los hombres tienen mayores posibilidades de ser descritos en términos neutrales de género cuando son representados en los medios. Es decir, los medios sitúan a las mujeres con cargo político en primer lugar como mujeres y, a continuación, como políticas (Trimble 2007; ver también Fernández 2010). En el caso español, un estudio realizado por Fernández y Rico (2011) sobre la representación en prensa del gobierno formado por el convergente Artur Mas en Cataluña, halla que el 11.9% de los artículos que mencionan a las conselleres destaca su género, mientras que sólo lo hace el 0.3% de los artículos que mencionan a los consellers (ver Tabla 1)348. Otro factor a tener en cuenta es la presencia de menciones a la imagen, físico y vida personal en general de los políticos y políticas. Así, por lo que hace a la apariencia de las mujeres políticas, diferentes estudios han hallado que la prensa dedica más espacio en describir su apariencia y representarlas dentro de situaciones personales; esto no pasa cuando cubre a los hombres políticos, donde la prensa se centra principalmente en el ámbito profesional (Bystrom, Robertson y Banwart 2001; Devitt 1999; Fernández 2008, 2010; Ross 2000; Wasburn y Wasburn 2011; Watson 2006). Por ejemplo, la candidata a la vicepresidencia de los Estados Unidos en 1984, Geraldine Ferraro, obtuvo más atención por parte de los medios a su apariencia física que los posteriores candidatos (todos hombres) a la vicepresidencia (Heldman, Oliver y Conroy 2009)349. También podemos encontrar ejemplos recientes en las constantes referencias de los medios al físico de Ségolène Royal, Sarah Palin o la ministra de Sanidad española, Leire Pajín, los numerosos artículos publicados en prensa sobre el vestido lucido por la cancillera alemana Angela Merkel en la gala de apertura de la Ópera de Oslo, la forma de vestir de la ministra de Defensa española, Carme Chacón, o de la presidenta argentina Cristina Fernández350. Pero las mujeres no sólo reciben un exceso de atención a su imagen. Los medios también tienden a identificar a las mujeres políticas en términos de su estado civil o familiar, en detrimento de la información sobre su discurso político, trivializando de esta manera sus éxitos (Braden 1996; Bystrom, Robertson y Banwart 2001; Fernández 2010; Fountaine y McGregro  348 El estudio analiza la representación en prensa de los miembros del govern de Artur Mas durante los primeros dias de su formación. Los medios analizados son El Periódico de Catalunya, El País, La Vanguardia, El Mundo y ABC.  349 Ferraro fue la primera mujer en ser candidata por uno de los grandes partidos estadounidense (Partido Demócrata) a la vicepresidencia de los Estados Unidos en las elecciones presidenciales de 1984. El candidato a la presidencia por el Partido Demócrata era Walter Mondale. Finalmente, las elecciones fueron ganadas por el Partido Republicano con Ronald Reagan como presidente y George Bush como vicepresidente. 350 ‘La boina de Cristina’ (La Vanguardia, 8 Abril 2008), ‘¿Chacón como Andy Warhol?’ (La Vanguardia, 9 Enero 2009), ‘Elogio del poder blando’ (ABC, 15 Abril 2008), ‘Ministra de Sanidad, ministra sana’ (El Mundo, 9 Julio 2011).  569  2002; van Zoonen 1998, 2005). Por ejemplo, Banwart, Bystrom y Robertson (2003) hallan que el estado civil es tratado de forma más frecuente en artículos sobre mujeres candidatas que en los dedicados a los candidatos varones, y Falk (2008) destaca que es más probable que las candidatas a la presidencia estadounidense obtengan menciones a su familia por parte de la prensa que sus colegas varones (ver también Robertson, Conley, Scymcznska y Thompson 2002)351. Esta atención de los medios a la esfera privada reflejaría el tratamiento desigual que todavía tiene lugar cuando se evalúa la habilidad de las mujeres para compaginar su vida profesional y familiar (van Zoonen 1998) y que debilita su lugar en la sociedad en un proceso no del todo inconsciente (Ross 2004)352. Tabla 1. Menciones al género y asociación con una figura masculina en el Govern catalán (%). Género Figura Masculina (N) Consellers 0.3% 2.1% (382) Conselleres 11.9% 8.5% (118) Diferencia -11.6*** -6.4%*** Fuente: Fernández (2011). Nota: Las entradas representan el porcentaje de menciones asociado a un género específico del gabinete, basado en el número total de artículos que mencionan a cada género. *p<.1; **p<.05; ***p<.01 Otros estudios destacan como, en muchas ocasiones, las mujeres políticas son relacionadas con una figura masculina, que va más allá de su pareja (Trimble 2007; van Zoonen 2006). Baider (2007) halla que las mujeres con cargo político son definidas en términos familiares por su relación con algún hombre: la presidenta chilena, Michelle Bachelet, como hija de un militar asesinado por la dictadura; Ellen Johnson-Sirleaf, presidenta de Liberia, como hija de un  351 Falk (2008) analiza la cobertura en prensa de ocho destacadas candidatas a la presidencia norteamericana desde 1872, con la candidatura de Victoria Claftin Woodhull (Equal Rights Party) hasta la candidatura en 2004 de Carol Moseley Braun (Partido Demócrata). 352 La vida privada de los políticos hombres también es a menudo destacada en los medios pero por razones diferentes y que comportan otras implicaciones, principalmente relacionadas con el escándalo sexual (van Zoonen 2006: 299).  570  legislador nacional; Ségolène Royal, candidata del Partido Socialista Francés en las elecciones presidenciales de 2007, como esposa de político e hija de un militar, e, incluso Angela Merkel, actual cancillera alemana, es definida como “hija espiritual” de Helmut Kohl. Siguiendo con el análisis realizado del último gobierno catalán (Fernández y Rico 2011), la autora halla que en el 8.5% de los artículos en los que se cita a una consellera se hace mención a una figura masculina relacionada con ella, mientras que en el caso de los consellers, sólo se destaca la figura de mentor en el 2.1% de los casos (ver Tabla 1). Esta asociación de las mujeres con una figura masculina que les ha servido de mentor, enviaría el sutil mensaje de que las mujeres no están en la carrera política por sus propios medios sino gracias a la ayuda de alguien, un mentor masculino. Otro aspecto analizado es la representación de la experiencia profesional de las mujeres políticas. En el análisis realizado por Falk (2008) sobre la cobertura en prensa de varias candidatas a la presidencia estadounidense, halla que las mujeres tienen una probabilidad mayor de ver omitidos sus cargos (e.g., senadora o representante del Congreso) mientras que los hombres sí son vinculados a su cargo. También Fernández (2010) en su análisis de la representación en la prensa española de las candidaturas de Hillary Clinton y Barack Obama a la nominación por el Partido Demócrata a la presidencia estadounidense, halla que, a pesar de que ambos candidatos tienen en común que ocupan un escaño en el Senado norteamericano y que Clinton había sido elegida el año 2000 y reelegida el año 2006, mientras que Obama había sido elegido en 2004, el 31.8% de los artículos que mencionan a Clinton cita su cargo de senadora mientras que en el caso de Obama es significativamente superior, llegando al 39.7%, destacando especialmente cómo los medios asocian a Clinton con el “cargo” de primera dama353, hallándose que incluso el diario El Mundo relaciona en mayor medida a Clinton con su antigua función de primera dama que con su cargo de senadora (ver Gráfico 1)354. Esto, unido al hecho que las políticas obtengan más menciones a su vida familiar, hace que “se asocie a las mujeres con el hogar y a los hombres con el trabajo, afectando la forma en que las mujeres candidatas son encuadradas, y reforzando los estereotipos de género” (Falk 2008: 62).  353 La figura de la primera dama norteamericana, cargo ocupado por la esposa del presidente, es una figura muy visible pero muy poco definida. No tiene base constitucional, no tiene definición formal del cargo, ni salario, pero “se halla en el imaginario norteamericano desde hace siglos, adjunta a la imagen del presidente y como un símbolo más visible de la condición femenina norteamericana” (Edwards 2009: 166). 354 El estudio realiza un análisis comparativo de la representación en la prensa española de la candidatura de Hillary Clinton y Barack Obama en las primarias del Partido Demócrata estadounidense. Los cuatro medios analizados son El País, La Vanguardia, El Mundo y ABC, y el periodo analizado comprende desde el 30 de diciembre de 2007 hasta el 30 de enero de 2008, el primer mes de campaña de Clinton y Obama.   571  Gráfico 1. Hillary Clinton: Senadora vs. ExPrimera Dama (%) 21,7% 32,1% 25,0% 42,3% 10,1% 24,7% 31,0% 30,4% El País La Vanguardia El Mundo ABC Senadora ExPrimera Dama Fuente: Fernández (2010). Uno de los indicadores más analizados recientemente es el de las características de personalidad relacionadas con los políticos y políticas en función de su género. Los primeros estudios distinguen entre características “femeninas” y características “masculinas”, categorización que tiene sus raíces en los estereotipos de género355. Estos estudios hallan que existe una tendencia de los periodistas a discutir las categorias de personalidad “masculinas” de forma más frecuente que las características “femeninas” (Kahn 1994), dando por descontado que las características “masculinas” son más importantes para los votantes cuando evalúan la competencia de los candidatos y, por tanto, que son las más apropiadas para quien quiere asumir el poder político (Carroll y Fox 2006). Así, Kittilson y Fridkin (2008) analizan procesos electorales en Australia, Canadá y Estados Unidos, y hallan que en todos los países los rasgos de personalidad “masculinos” dominan la cobertura de los candidatos varones en más del 80%,  355 Los rasgos estereotipadamente “masculinos” incluyen la experiencia, el liderazgo, la vitalidad, la competitividad, el razonamiento, el conocimiento, la agresividad, la ambición o la independencia. Los rasgos estereotipadamente “femeninos” incluyen, entre otros, la honestidad, la compasión, la sensibilidad, la debilidad, la ingenuidad, la pasividad, la emotividad, la simpatía o la dependencia (ver Atkeson y Krebs 2007; Bem 1974; Dolan 2004; Kahn 1996; Kittilson y Fridkin 2008).  572  mientras que estos rasgos son discutidos en un menor porcentaje en la cobertura de las candidatas. Esta falta de asociación de las mujeres candidatas con los rasgos “masculinos” podría provocar que fuesen vistas sin las habilidades de liderazgo necesarias para ser consideradas a un cargo político (Dolan 2004: 64). Pero otros estudios no encuentran diferencias significativas. Atkeson y Krebs (2007) analizan las elecciones municipales en la prensa escrita y no hallan que las mujeres sean asociadas principalmente con características “femeninas” ni que los hombres sean asociados con características “masculinas”. También Norris (1997), en su análisis sobre cargos políticos electos, no halla que las mujeres sean descritas de forma que se enfatizen las características estereotipadamente “femeninas”. No obstante, y dado que no todos los rasgos “femeninos” han de ser negativos ni todos los rasgos “masculinos” han de ser positivos para acceder a un cargo político, y que el contexto en el que tienen lugar las elecciones determina en gran medida las características deseables para el cargo, estudios más recientes realizan una dicotomía entre características favorables, donde algunos rasgos “femeninos” tienen cabida, y características negativas, donde también se pueden hallar rasgos “masculinos” (Heldman, Carroll y Olson 2005; Miller, Peake y Boulton 2009; van Acker 2003). Por ejemplo, Miller, Peake y Boulton (2009) analizan los rasgos de personalidad con los que son asociados Barack Obama y Hillary Clinton en el proceso de primarias del Partido Demócrata estadounidense y hallan que las características de personalidad de Clinton representadas en los medios son más negativas que las de Obama (Clinton es mostrada como hermética, polarizante, fría, calculadora) (ver también Fernández 2010)356. El mismo resultado obtienen Semetko y Boomgaarden (2007) en su análisis de las elecciones a la cancilleria alemana de 2005 donde también hallan diferencias significativas en la forma de representar las características o rasgos favorables de Angela Merkel y Gerhard Schröder. Relacionado con las creencias estereotipadas de los rasgos de personalidad, otra variable analizada son los temas (issues) con los que se vincula a los candidatos según su género. Uno de los factores que algunos autores han señalado que debilita la viabilidad de las mujeres políticas es que éstas reciben una menor cobertura de su posicionamiento temático (Falk 2008; Kahn 1996; Powers y Serini 1996). Devitt (1999) en su análisis de la representación en prensa de los candidatos a gobernador del estado durante el año 1998 halla que se destaca principalmente el posicionamiento temático de los hombres candidatos, obviando el posicionamiento de las mujeres. Kahn (1996) también sugiere que, aunque tanto hombres y mujeres candidatos se centran prácticamente de la misma forma en mostrar su competencia temática en su publicidad de campaña al Senado de los Estados Unidos, la prensa dedica más atención a las prioridades políticas de los candidatos varones. Si, como hemos destacado anteriormente, el público depende de los medios para informarse sobre los candidatos, “la falta de información sobre su posicionamiento temático en la prensa puede dificultar a la ciudadanía  356 Los autores codifican todos los artículos aparecidos en 25 diarios norteamericanos desde el 3 de septiembre de 2007 hasta el 5 de febrero de 2008 (día que se conoce como Super Tuesday porque tienen lugar elecciones primarias en muchos estados y es el día que se elige el mayor número de delegados).  579  En la línea de las consideraciones anteriores y la legislación vigente, se formulan las siguientes recomendaciones, dirigidas a los medios de comunicación: 1. En relación a la visibilidad de las mujeres políticas, los medios han de a. Garantizar una presencia equilibrada e igualitaria de hombres y mujeres en los contenidos de la información política. b. Asegurar una presencia equilibrada de hombres y mujeres a la hora de seleccionar invitados y colaboradores en los programas de tertulias y debates políticos. c. Reflejar adecuadamente la presencia de las mujeres en los diversos ámbitos de la vida política. d. Incluir a las mujeres en los titulares de las noticias en el contexto de la toma de decisiones políticas de la que forman parte. 2. En relación a la vida personal, los medios han de a. Abstenerse de hacer referencias o comentarios estereotipados sobre la apariencia de las mujeres. b. No describir la apariencia o la forma de vestir de una mujer a menos que sea el tipo de artículo en el que se describiría también la apariencia de un hombre. c. Evitar hacer alusiones a la familia de la mujer política o a la relación con sus parejas e hijos que puedan presentar a las mujeres en un contexto de roles tradicionales de género de “madre” y “esposa” reforzando estereotipos de género. 3. En relación al género, los medios han de a. Evitar enfatizar en las noticias el género de las mujeres políticas ya que puede transmitir la idea de sorpresa por los éxitos de una mujer. b. Describir a las mujeres en términos neutrales de género, sin situar a las mujeres políticas en primer lugar como mujeres y, a continuación, como políticas.  en cuestiones de trabajo y ocupación (refundición); Resolución del Parlamento Europeo de 2 de febrero de 2006 sobre la igualdad entre mujeres y hombres en la Unión Europea (2004/2159(INI); Comunicación de la Comisión del Consejo al Parlamento Europeo, al Comité Económico y Social Europeo y al Comité de las Regiones por la cual se establece el Plan de trabajo para la igualdad entre mujeres y hombres 2006-2010).  580  4. En relación a la asociación con figuras masculinas, los medios han de a. Evitar la idea de subordinación de la mujer asociando sus méritos a su relación con una figura masculina. b. Abstenerse de utilizar un tono paternalista cuando se describe la relación de las mujeres políticas con otros políticos o hombres relevantes. 5. En relación al nombre, los medios han de a. Nombrar a los hombres políticos y mujeres políticas utilizando la misma construcción, ya sea empleando el nombre+apellido o sólo el uso de su apellido. b. Evitar tratar a las mujeres políticas con familiaridad (e.g., Ségolène, Hillary, Espe) de forma que se pueda posicionar a las mujeres políticas en un estatus inferior al de los hombres políticos. 6. En relación a las declaraciones, los medios han de a. Presentar la realidad política de la manera más completa posible reflejando toda la diversidad de puntos de vista tanto de las mujeres políticas como de los hombres políticos. b. Fomentar la utilización de citas textuales de las mujeres políticas de la misma forma que se refleja las citas textuales de los hombres políticos. 7. En relación a la competencia temática, los medios han de a. Asegurar que las mujeres políticas obtienen tanta cobertura como los hombres políticos sobre cuestiones políticas generales. b. Asumir de manera natural la presencia de hombres y mujeres en todas las áreas de responsabilidad política. c. Abstenerse de atribuir – explícita o implícitamente – capacidades según el género para el ejercicio de la política, de forma que se sugiera una falta de aptitud de las mujeres para ejercer algunas de ellas. 8. En relación a las características de la personalidad y el tono de la cobertura, los medios han de  581  a. Evitar establecer diferencias entre hombres y mujeres utilizando características estereotipadas vinculadas tradicionalmente a un género determinado. b. Abstenerse de utilizar características de la personalidad estereotipadas que comporten valoraciones discriminatorias o que atribuyan a las mujeres políticas roles predeterminados y diferenciados a los de los hombres políticos. c. Evitar la simplificación y banalización de los logros de las mujeres políticas. 9. En relación a las asociaciones profesionales de periodistas y centros universitarios de formación de comunicadores, éstos han de velar por a. Adoptar códigos profesionales y guías de sensibilización de género enfocados a una mejora de la cobertura y a una representación de las mujeres políticas no esterotipada. b. Introducir e impulsar la perspectiva de género en los planes de estudio de los centros universitarios de formación de comunicadores, así como informar a los estudiantes de la legislación, los códigos y las guías profesionales existentes donde se aborda la igualdad de género. 10. En relación al seguimiento de la cobertura de las mujeres políticas, es necesario a. Considerar la celebración periódica de sesiones de trabajo entre los medios de comunicación, las autoridades reguladoras del audiovisual, los colegios profesionales de periodistas y los institutos de la mujer (e.g., Instituto de la Mujer, Institut de les Dones, Instituto Andaluz de la Mujer), así como los centros universitarios de formación de comunicadores, con el fin de evaluar los discursos predominantes y elaborar, si es necesario, propuestas de mejora y/o la adopción de códigos profesionales específicos sobre el tratamiento de las mujeres políticas en los medios. BIBLIOGRAFÍA Aday, Sean y Devitt, James (2001): “Style over Substance: Newspaper coverage of Elizabeth Dole’s Presidential bid”, Harvard International Journal of Press / Politics, Vol. 6, Nº 2 (52 – 73). Alexander, Deborah, y Andersen, Kristi (1993): “Gender as a factor in the attribution of leadership traits”, Political Research Quarterly, Vol. 46, Nº 3 (527 – 545).  582  Atkeson, Lonna Rae, y Krebs, Timothy B. 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