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Origen del consumo de alcohol y cannabis: ¿cómo afecta el policonsumo a la aparición de conductas catalogables dentro del espectro psicótico?

Durán Rico, Luz Marina

Abstract

El consumo de drogas cada vez es más frecuente entre jóvenes adultos, siendo numerosos los factores que incrementan el riesgo del desarrollo de dependencia al alcohol y cannabis. Pero ¿se vincula el consumo de este tipo de sustancias con un deterioro cognitivo superior? El objetivo de este estudio es analizar la influencia de la ansiedad social y de los familiares consumidores sobre el consumo de alcohol y cannabis, y cómo dicho consumo puede afectar a la aparición de conductas que están catalogadas dentro del espectro psicótico. La muestra está conformada por 67 estudiantes con edades comprendidas entre 18 y 29 años. Los resultados revelan que: la ansiedad social incrementa el consumo de alcohol y cannabis; existen variables que median la relación entre el policonsumo de drogas en el entorno del joven y el consumo juvenil; y que mientras el consumo de alcohol incrementa la frecuencia con la que aparecen conductas psicóticas, el cannabis no consigue este efecto, al menos no de manera significativa.

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DURÁN RICO, LUZ MARINA Origen del consumo de alcohol y cannabis: ¿cómo afecta el policonsumo a la aparición de conductas catalogables dentro del espectro psicótico? 10 de junio de 2018 CASADO CAÑERO, FRANCISCO DIONISIO ARIAS SÁNCHEZ, SAMUEL DURÁN RICO, LUZ MARINA Origen del consumo de alcohol y cannabis: ¿cómo afecta el policonsumo a la aparición de conductas catalogables dentro del espectro psicótico? 10 de junio de 2018 CASADO CAÑERO, FRANCISCO DIONISIO ARIAS SÁNCHEZ, SAMUEL Fdo: Índice de Contenidos 1. RESUMEN Y PALABRAS CLAVES…………………………………………………5 2. INTRODUCCIÓN………………………………………………………………………6 3. MÉTODO……………………………………………………………........................12 3.1 Participantes……………………………………………………………………...12 3.2 Instrumentos……………………………………………………………………...13 3.3 Procedimiento…………………………………………………………...............14 4. RESULTADOS……………………………………………………………………….15 5. DISCUSIÓN Y CONCLUSIONES………………………………………................17 6. REFERENCIAS………………………………………………………………………21 7. ANEXOS………………………………………………………………………………25 6.1. Anexo I: Cuestionario sobre variables sociodemográficas………………….25 6.2 Anexo II: Cuestionario sobre el consumo de cannabis……………………….26 5 Resumen El consumo de drogas cada vez es más frecuente entre jóvenes adultos, siendo numerosos los factores que incrementan el riesgo del desarrollo de dependencia al alcohol y cannabis. Pero ¿se vincula el consumo de este tipo de sustancias con un deterioro cognitivo superior? El objetivo de este estudio es analizar la influencia de la ansiedad social y de los familiares consumidores sobre el consumo de alcohol y cannabis, y cómo dicho consumo puede afectar a la aparición de conductas que están catalogadas dentro del espectro psicótico. La muestra está conformada por 67 estudiantes con edades comprendidas entre 18 y 29 años. Los resultados revelan que: la ansiedad social incrementa el consumo de alcohol y cannabis; existen variables que median la relación entre el policonsumo de drogas en el entorno del joven y el consumo juvenil; y que mientras el consumo de alcohol incrementa la frecuencia con la que aparecen conductas psicóticas, el cannabis no consigue este efecto, al menos no de manera significativa. Palabras claves: ansiedad social, familiares consumidores, consumo de alcohol, consumo de cannabis, jóvenes adultos y conductas psicóticas. Abstract Use drug is more frequent among young adults; there are a lot of factors that increase the risk of development an alcohol or cannabis use disorder. However, is use drug linked with a higher cognitive impairment? The aim of this study is to analyze the connection between social anxiety and the number of drug addicts in close relationships as family and alcohol and cannabis use; and how it can affect in the appearance of psychotic behavior. The sample consists of 67 students aged between 18 and 29 years old. The results show that: social anxiety increases alcohol and cannabis use; there are some factors which mediate the influence of polydrug use in young people's environment and youth use; and while alcohol use increases the frequency with which psychotic behaviors appear, cannabis doesn´t achieve this effect, at least not in a significant way. Keywords: social anxiety, drug addict family, alcohol, cannabis, young adults and psychotic behaviors. 6 Los trastornos mentales y de conducta aparecen indistintamente en personas de todo el mundo, sin importar la región, país o sociedad; pudiéndose considerar como una nueva epidemia. Cada año se diagnostican alrededor de 450 millones de casos; es decir, a lo largo de la vida, uno de cada cuatro acabará por desarrollar una enfermedad mental o un problema de conducta (Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, 2012). Dentro de esta problemática hemos de señalar que cada vez es más habitual el policonsumo de drogas entre los adultos jóvenes. Las sustancias más utilizadas son primordialmente el alcohol y el tabaco, y en segundo lugar el cannabis; existiendo evidencias acerca de que el consumo de una sustancia aumenta la probabilidad de consumir otras (Hernández, Font y Gras, 2015). La ansiedad social es considerada un factor de riesgo para el desarrollo de la dependencia al alcohol u otras drogas. A pesar de que la mayoría de las investigaciones se han realizado con adultos, es de vital importancia tener en cuenta el periodo de adultez joven, por ser el periodo dónde el consumo excesivo de sustancias ocurre con más frecuencia. (Thompson, Goldsmith y Tran, 2011). La ansiedad social es definida por la Asociación Psiquiátrica Americana (2000) como el miedo intenso, duradero y poco racional que siente la persona cuando se enfrenta a una situación social. Está caracterizada por la hipersensibilidad a la evaluación negativa o al rechazo, desembocando en función del grado de ansiedad en conductas de evitación o en el caso de que esto no sea posible, en el enfrentamiento de las situaciones con un gran malestar. Cuando no es tratada, se observa progresivamente el deterioro en el funcionamiento social, laboral y académico (Caballo, Salazar, Arias, Irurtia y Caldero, 2010), dificultando el establecimiento y la conservación de las relaciones interpersonales (Alden y Taylor, 2004; cit. en Jiménez-López y Jurado, 2014). Merikangas, Avenevoli, Acharyya, Zhang y Angst (2002) explican que los adultos jóvenes con ansiedad social subclínica triplican las probabilidades de desarrollar un trastorno de abuso frente a los que carecen de diagnóstico, y lo duplican frente a los que tienen diagnosticada ansiedad social; entendiéndose el trastorno de abuso como el patrón desajustado de consumo de sustancias que conlleva a un deterioro o malestar clínicamente significativo durante 12 meses (DSM-IV-TR, 2002). Este hecho puede deberse a que la conducta social evitativa aumenta a medida que lo hace el nivel de ansiedad social, actuando por tanto como un factor de protección al reducir la participación de estos sujetos en situaciones sociales donde la accesibilidad al alcohol es alta (Thompson et al., 2011). 7 Existen varios modelos que intentan explicar la relación entre ansiedad social y consumo de alcohol. Entre ellos, destaca el modelo de automedicación, que propone que el consumo de alcohol en respuesta a un estímulo ansioso amortigua los efectos de la ansiedad generada por situaciones sociales, produciendo posteriormente el uso continuado y excesivo de alcohol por haber aliviado el síntoma (Conger, 1956; cit. en Thompson et al., 2011). Los modelos sociocognitivos, en cambio, dicen que son las expectativas que se tienen sobre el consumo de alcohol y los motivos (afrontamiento y conformidad), las variables intermedias responsables de este; es decir, el consumo de alcohol para disminuir la ansiedad social está correlacionado con la expectativa de aumento de la asertividad social (White, 1996; cit. en Camacho, 2005). En un estudio realizado por Tran y Haaga (2002), se encontró que los sujetos que presentaban ansiedad social junto con el trastorno de abuso de alcohol tenían unas expectativas más marcadas acerca de que el alcohol facilitaría su actuación en situaciones sociales estresantes que aquellos que solo presentaban ansiedad social; pero además, Abrams y Kushner (2004) hallaron que entre los sujetos con ansiedad social, los que tenían una mayor creencia de que el alcohol reducía la tensión, mostraban menos miedo a la evaluación negativa y menor angustia emocional después de ingerir una bebida que pensaban que contenía alcohol (Thompson et al., 2011). Por otro lado, aproximadamente el 20% de los adultos jóvenes admiten consumir al menos una vez en semana cannabis y que el inicio de este fue durante la adolescencia temprana, considerada un periodo de alta susceptibilidad a la exposición ambiental (Moore et al., 2007). El consumo de cannabis puede llegar a alterar el funcionamiento del sistema cannabinoide endógeno, implicado en regular las emociones y responder al estrés (Hill, 2012; cit. en Arias et al., 2012); sin embargo, la relación entre el padecimiento de ansiedad social y el trastorno de consumo de cannabis ha recibido menos atención que la relación anteriormente descrita (Agosti, Nunes y Levin, 2002; cit. en Buckner et al., 2008), aunque los datos epistemológicos de la Encuesta Nacional de Comorbilidad muestren claramente que la dependencia al cannabis es mayor (concretamente 5 veces) entre las personas que padecen trastorno de ansiedad social (29%) frente a la población general (4%). Y al igual que ocurre con los hallazgos relacionados con el alcohol, también serán los niveles subclínicos de ansiedad social los que tengan un mayor riesgo de desarrollar el trastorno de consumo de cannabis (Merikangas et al.,2002, cit, en Thompson et al., 2011). Según Buckner y Schmidt (2008) la ansiedad y las expectativas sobre el resultado de consumir cannabis (deterioro, reducción de la tensión y expectativas de mejora) están relacionadas significativamente. De esta forma, si el sujeto presenta una expectativa negativa del consumo de cannabis, 8 la probabilidad de que desarrolle un problema de consumo disminuye (Thompson et al., 2011). Pero la relación entre el consumo de cannabis y la ansiedad social puede ser paradójica, ya que mientras algunos usuarios dicen consumirlo para reducir la ansiedad, uno de los efectos indeseables de la droga son los episodios de pánico, en función de si la dosis es baja o alta, generando efectos ansiolíticos o reacciones ansiogénicas respectivamente (Crippa et. al, 2009; cit. en Bergamaschi et al., 2011). En un estudio realizado por Buckner, Ecket y Vinci (2013) se asignó los participantes aleatoriamente a una tarea de interacción social o de lectura, con el fin de ver cuál era el momento en el que surgía el ansia de consumir cannabis tras inducir la ansiedad social. Los sujetos debían calificar el ansia que sentían antes, durante y después de la tarea. Se comprobó que la necesidad de consumir cannabis aumentaba tanto antes, como durante la tarea, cuando esta pertenecía a la condición de interacción social, no ocurriendo cuando pertenecía a la condición de lectura. Pero este estudio tenía una clara limitación, ya que la muestra estaba compuesta mayoritariamente por mujeres y no se sabe si podría extrapolarse los resultados a la población masculina; además, aquí se examinó el ansia, no el uso, aunque ambos estén relacionados (Buncker, Crosby, Silgado, Wonderlich y Schmidt, 2012; cit. en Buncker et al., 2013). Por estas razones sería conveniente realizar investigaciones que observaran el consumo real de cannabis. Por último, tendría que tenerse en cuenta, que, en la mayoría de los países, el cannabis es una droga ilegal, por lo que muchos pacientes con ansiedad pueden ser reacios a revelar su consumo (Degenhardt et al., 2003; cit. en Crippa et al., 2009). Pero la ansiedad social no es la única variable considerada como influyente sobre el consumo de alcohol y cannabis. La transmisión familiar del alcoholismo se hace evidente a través de numerosas investigaciones, siendo la heredabilidad aproximadamente del 50% (Schuckit, 2009; cit. en Molina, Donovan y Belendiuk, 2010), y, por tanto, el alcoholismo familiar (presencia de padres, abuelos, tíos… alcohólicos), uno de los factores de riesgo más destacados (Capone y Wood, 2008; Baer, 2002; cit. en Baer, Sampson, Barr, Connor y Streissguth, 2003). En un estudio realizado con estudiantes universitarios, se observó cómo era común que los participantes fueran policonsumidores cuando sus referentes próximos también lo eran, razón principal de que el entorno se considere un elemento esencial y se deba tener en cuenta en las campañas de prevención (Hernández et al., 2015). El consumo de alcohol aumenta la probabilidad de que surjan problemas y emociones no saludables en el entorno familiar. Muchos estudios se centran en los hijos de padres alcohólicos por ser los que más afectados se ven por el entorno, encontrando 9 que estos niños muestran más dificultades para desarrollar relaciones interpersonales y presentan con más frecuencia conductas problemáticas de externalización, como hiperactividad, y de internalización, como baja autoestima y emociones negativas. (Elsheikh y Flanagan 2001; Lease 2002; Molina et al. al. 2010; Mylant 2002; Rafferty y Hartley, 2006; Yau et al., 2012; Hinz, 1990; cit. en Park y Schepp, 2015); todas ellas, conductas capaces de predecir el consumo de alcohol durante la adolescencia y el alcoholismo durante la adultez (Molina et al., 2010). Bandura y Walters (1979) desarrollan la teoría del aprendizaje social para explicar como a través de la observación de conductas es posible aprender, por lo que el consumo de una droga sería entendido como una conducta socialmente aprendida a través del modelado y reforzamiento; es decir, la exposición continuada de un joven a un modelo que utiliza las drogas influiría directamente sobre la conducta de este (Hernández et al., 2015). Además, existe un estudio que muestra que entre los niños que habían probado el alcohol, la mayoría (78%) lo había hecho acompañado de un familiar (Johnson et al., 1997; cit. en Donovan y Molina, 2008). Sin embargo, los resultados que se han obtenido en los distintos estudios no son lo suficientemente concluyentes. Algunos autores como Veloza et al. (2012) están de acuerdo con que el consumo de drogas está relacionado con el aprendizaje a través del padre, madre, hermano u otros familiares próximos, mientras que otros como Halley et al. (2014) no consideran relevante el hecho de tener un familiar cercano drogadicto ya que durante la etapa de adolescencia, los jóvenes van adquiriendo una mayor independencia y los padres que hasta entonces habían sido los modelos de referencia primarios, disminuyen su influencia (Hernández et al., 2015). Es posible que dicha correlación esté mediada a su vez por otras variables, como la relación padre – hijo (calidez, apoyo…) y la efectividad de los esfuerzos realizados por los padres en el manejo de la situación (disciplina consistente…); es decir, los efectos negativos que puede tener la presencia de numerosos familiares alcohólicos pueden ser moderados por las prácticas de crianza (Molina et al., 2010), sin olvidar que cuando los progenitores consumen es muy probable que no sean capaces de cumplir con sus responsabilidades como padres (Barnes y Farrell, 1992; Chassin et al., 1993; Holden et al., 1988, Tarter et al., 1993, y Hoffmann y Su, 1998; cit. en Lattendresse, Rose, Viken, Pulkkinen, Kaprio y Dick, 2007). Además, se ha encontrado una correlación entre el consumo de alcohol y el tipo de estrategias de afrontamiento, entendidas como estrategias para solventar situaciones problemáticas; así, el abuso de alcohol por parte de la familia genera un aumento en el riesgo de que se desarrollen estrategias de 16 Para analizar la relación entre los casos de familiares alcohólicos y el consumo de esta sustancia y tras la obtención de varianzas no homogéneas (p = .000) se utilizó F de Welch. No se encontraron diferencias significativas en el nivel de consumo de alcohol entre aquellos sujetos que sí tenían antecedentes familiares (M = 7.19; DT = 6.18) y los que no tenían (M = 4.49; DT = 3.37), F (1,18) = 2.78, p = .113, R2 = .07 (pequeño). En el análisis de la relación entre la presencia de familiares consumidores de cannabis y el consumo del mismo se utilizó la prueba Chi-cuadrado. Como resultado se obtuvo, cómo puede observarse en la Figura 4, que los que tenían familiares consumidores de cannabis, presentaban un consumo significativamente mayor que aquellos que no los tenían, χ2 = 8.93, p= .003, V = .37 (mediano). Figura 4. Porcentaje de sujetos que consumen cannabis en función de si tienen familiares consumidores. Por último, se utilizó una regresión lineal múltiple para predecir la frecuencia de aparición de conductas psicóticas en función del consumo de alcohol en primer lugar y del consumo de cannabis en segundo lugar. Se obtuvo que la frecuencia de conductas catalogables dentro del espectro psicótico podía predecirse a partir del consumo de alcohol (β = .30), existiendo entre ambas variables una relación estadísticamente significativa y con un tamaño de efecto medio, t (63) = 2.48, p = .016, R2 = .09. Pero, como puede observarse en la Figura 5, esta relación no siguió siendo estadísticamente significativa en el segundo modelo, con ajuste en función del consumo de cannabis, (β = .25), t (62) = 1.93, p = .058, ΔR2 = .51. El consumo de cannabis no generó un 83.30% 35.80% 16.70% 81,50% 0 10 20 30 40 50 60 70 80 90 Sí No Sí No 17 incremento significativo en el índice de bondad de ajuste del modelo, F (1,62) = 1.32, p = .255, ΔR2 = .02. Figura 5. Regresión múltiple entre el consumo de alcohol y la frecuencia de conductas psicóticas, en función de si consumen o no cannabis. Discusión y conclusiones El presente estudio ha incrementado la posibilidad de conocer el motivo de consumo de alcohol y cannabis en jóvenes adultos, y cómo este se relaciona con la aparición de conductas que se catalogan dentro del espectro psicótico. Uno de los principales objetivos es conocer la influencia de la ansiedad social sobre el consumo de alcohol. Los resultados muestran que los jóvenes adultos que presentan una ansiedad social moderada o subclínica consumen más alcohol que aquellos que carecen de diagnóstico o tienen una ansiedad social diagnosticada. A través del modelo de automedicación propuesto por Conger (1956), se plantea que el consumo de alcohol surge como respuesta al estímulo ansioso que generan las situaciones sociales, continuándose con dicho consumo por aliviar el síntoma. Pero, además, Thompson et. al (2011), explican que la conducta social evitativa aumenta a la vez que lo hace el nivel 18 de ansiedad social, y que, por tanto, esta evitación reduce drásticamente la participación de estas personas en situaciones sociales dónde el consumo de alcohol es frecuente, quedando claramente explicados los resultados que se han obtenido. Como ya se ha mencionado a lo largo del estudio, la ansiedad social no sólo tiene influencia sobre el consumo de alcohol, también lo tiene sobre el cannabis. De hecho, los resultados obtenidos son similares a los hallados con anterioridad; los jóvenes adultos que no tienen ansiedad social o que presentan un diagnóstico de la misma, consumen menos cannabis que aquellos que tienen ansiedad social subclínica, quedando explicados por el mismo motivo que se da para el consumo de alcohol. Estos resultados respaldan los encontrados por Merikangas et. al (2002), quiénes hallan que los jóvenes que presentan una ansiedad social subclínica triplican y duplican las probabilidades de desarrollar un trastorno de abuso de cannabis frente a los que no tienen ansiedad social y a los que la tienen diagnosticada, respectivamente (cit. en Thompson et al., 2011) Otra posible variable con influencia en el consumo tanto de alcohol como de cannabis es el número de familiares consumidores. Los resultados señalan que mientras el número de familiares alcohólicos no influye en el consumo de esta sustancia, el número de familiares consumidores de cannabis sí lo hace sobre el consumo de este. El primer resultado es contradictorio con lo que se propone en la teoría del aprendizaje social, mientras que la segunda relación sería congruente; ya que, según esta teoría, el consumo sería una conducta socialmente aprendida a través del modelado y reforzamiento (Bandura y Walters, 1979; cit. en Hernández et al., 2015). Sin embargo, concuerda con lo planteado por Halley et al. (2014), quien explica que, durante la adolescencia, la influencia de los modelos de referencia primarios se ve debilitada cuando los jóvenes van adquiriendo más independencia. Posiblemente, el haber obtenido estos resultados se deba a que existen otras variables que influyen en estas relaciones, como puede ser las prácticas de crianza (Molina et al., 2010). Quizás, hubiera sido conveniente analizar además de la presencia de modelos de referencia primarios consumidores, el tipo de crianza que han utilizado. Pues, si la persona a pesar de tener un padre, madre, hermano… consumidor de alcohol o cannabis ha recibido una crianza correcta, podría no presentar problemas con el consumo de sustancias, ya que, al recibir estrategias de afrontamiento funcionales no tendría que recurrir a esta alternativa para conseguir la adaptación (Wilson y Orford, 1978; Schor, 1996, Wolin et al., 1980; cit. en Hasson, Rundberg, Zetterlind, Johnsson y Berglund, 2006); o haber incluido el número de iguales íntimos consumidores, teniendo en cuenta que el 19 policonsumo principalmente tiene lugar en contextos recreativos dónde participan otros jóvenes (Hernández et al., 2015). Por último, referente al estudio de la influencia del consumo de alcohol y cannabis sobre la frecuencia de conductas psicóticas, los resultados obtenidos indican que el consumo de alcohol aumenta la frecuencia de la aparición de conductas psicóticas y además, esta frecuencia se verá incrementada cuando el sujeto también consuma cannabis; destacando que, a pesar de que en la figura 5 sea esto lo que se observa, la influencia del cannabis en el consumo de alcohol y en la aparición de conductas psicóticas no es significativa, por lo que los resultados no son concluyentes. Por este motivo, estos resultados no coinciden con los encontrados en la mayor parte de los estudios realizados, por ejemplo, en la investigación realizada por Saha et. al (2011) se obtuvo claramente que las experiencias delirantes estaban relacionadas tanto con el consumo de alcohol, como de tabaco y cannabis (cit. en Fonseca et al., 2016). Sin embargo, pueden justificarse en el sentido de que la mayoría de los estudios han tenido en cuenta únicamente la dimensión positiva, mientras que, en el presente estudio, se ha considerado la dimensión positiva, negativa y depresiva. Debemos tener en cuenta que existe una limitación general que puede afectar a todos los resultados hallados en el presente estudio. Consumir drogas puede ser aceptado o rechazado por la sociedad, provocando que las respuestas de los sujetos que han participado estén a su vez incrementadas o disminuidas por el intento de cumplir con las expectativas que esta impone sobre ellos. Por lo que hubiera sido conveniente utilizar informantes externos o recurrir a medidas de laboratorio como puede ser una analítica para verificar objetivamente el consumo. Una segunda limitación sería la utilización del autoinforme para recabar información. Esta técnica obtiene una puntuación objetiva de la subjetividad de la persona que lo completa (Caballo, 1987; cit. en Zubeitdat, Fernández-Parra y Sierra, 2006), que puede no ser la real y, por tanto, aumenta la posibilidad de error. Además, el estudio es transversal, haciéndose mucho más complicado definir inferencias causa-efecto a ciencia cierta. Por otra parte, teniendo en cuenta que actualmente ya no predominan las familias tradicionales, sino que predominan las familias extensas, monoparentales, reconstituidas e incluso con padres del mismo sexo (Becoña et al., 2012; cit. en Hernández et. al, 2015), sería conveniente estudiar la influencia de estos nuevos tipos familiares y el policonsumo. 20 También sería interesante examinar si el apareamiento selectivo entre personas alcohólicas (Merikangas y Brunetto, 1996; cit. en Molina et. al, 2010) incrementa la posibilidad de que dicha patología esté presente en la familia. Como conclusión, se puede decir que parte de este estudio corrobora los resultados obtenidos en otros desarrollados con anterioridad, en los que se demuestra que la ansiedad social incrementa el consumo de alcohol y cannabis, generando un mayor riesgo de que se desarrolle una dependencia a estas sustancias. A raíz de estos resultados, sería recomendable, como dice Arhart-Treichel y Kessler (2007, 2003), considerar el incidir indirectamente sobre los problemas de consumo, a través de programas de prevención de la ansiedad social (cit. en Jiménez-López y Jurado, 2014). La segunda conclusión, en función de los resultados encontrados, es que existen variables intermediarias aún por determinar que afectan la relación entre la presencia de familiares que consumen alcohol o cannabis y el consumo. Es más probable que las prácticas de crianza sean inconsistentes y sus niveles de calidez y nutrición sean más bajos (Brook et al., 1990; cit. en Latendresse, S. et al, 2008) cuando los padres presentan un trastorno de abuso de las dos sustancias mencionadas; es decir, el consumo de drogas no sólo afecta a quien las consume, sino también a las familias y a la sociedad general, a través del tipo de relaciones interpersonales que se establecen; asumiendo que la falta de valores, educación y las bajas exigencias, incrementan la posibilidad de recurrir al uso de drogas; de ahí la importancia de los programas de prevención. La tercera y última conclusión que este estudio ofrece es que, aunque el alcohol si incrementa la frecuencia de conductas psicóticas (conductas comprendidas dentro de la dimensión positiva, negativa y depresiva), el cannabis no lo hace; es decir, el consumo de cannabis no afecta a la aparición de estas. Aun así, sería fundamental intentar educar a las poblaciones más vulnerables, como pueden ser los adolescentes o adultos jóvenes y aquellas personas con más riesgos de padecer enfermedades psiquiátricas. Las drogas han existido desde tiempos inmemorables, pero el consumo excesivo es algo que se ha acentuado en los últimos años. Cada vez es más frecuente y más fácil acceder a determinados tipos de drogas y a edades más tempranas. Vivimos en una sociedad en la que el consumo del alcohol está legalizado y el consumo de cannabis normalizado entre los adolescentes; olvidando en numerosas ocasiones que afectan negativamente a la salud, alterando el organismo. 21 Referencias. Achim, A.M., Maziade, M., Raymond, E., Olivier, D., Mérette, C. y Roy, M.A. (2009). How prevalent are anxiety disorders in Schizophrenia? A meta-analysis and critical review on a significant association. Schizophrenia Bulletin, 37(4), 811-821. doi:10.1093/schbul/sbp148. 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Terapia Psicológica, 24(1), 71-86. 25 ANEXO I Cuestionario Variables sociodemográficas Sexo: Hombre Mujer Edad: Nivel de estudios de sus padres: Sin estudios EGB (educación general básica) BUP (desde los 14 años a los 17) COU (equivalente a 2 de Bachiller) Carrera Universitaria: ___________________________ FP (formación profesional): _______________________ Nivel de ingresos en el hogar/ mes: ¿Hay antecedentes de consumo de alcohol en su familia? Sí / No ¿Quién? ________________________ ¿Y de cannabis? Si / No ¿Quién? ____________________________________________ ¿Mantiene la relación con esa/s persona/s? Si / No Menos de 1000 Entre 1000 – 1500 Entre 1500 – 2000 Más de 2000