Roy Campbell, poeta taurino
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Revista de Estudios Taurinos N.º 9, Sevilla, 1999, págs. 173-178 ROY CAMPBELL, POETA TAURINO Aquilino Duque Gimeno Fundación de Estudios Taurinos ntre los poetas ingleses contemporáneos siempre tuve una debilidad por Roy Campbell y Dylan Thomas, muy parecida a la que sentí y siento por Lorca y Alberti entre los poetas españoles. Aclaro que por poetas españoles me refiero aquí a los poetas de habla española, como antes he llamado ingleses al galés Thomas y al sudafricano Campbell, como podría habérselo llamado al norteamericano Eliot. Estos tres nombres están entre mis mejores recuerdos de Cambridge, cuando dos de ellos aún vivían y el otro hacía poco que había muerto. Por dos veces asistí al recital que el actor galés Emlyn Williams, que tenía un hijo en la Universidad, como también lo tenía Raymond Massey ofreció, en un teatro, de la poesía y la prosa de su llorado amigo y paisano. Se titulaba aquel inolvidable recital Dylan Thomas growing up y el actor dijo de modo impecable y emotivo todos los textos de memoria. Mi amistad con otro colegial de Trinity Hall, John Lockwood, que al graduarse se iría para los restos al escritorio de una bodega jerezana, la de Sandeman, hizo lo demás y, con la irresponsabilidad y el entusiasmo de la juventud, acometí la tarea de traducir versos de Thomas. Un par de años más
tarde, ya en España, me encargó José Luis Cano que tradujera para Adonais una antología de Campbell, fallecido hacía poco en accidente de automovil. ¿Qué es lo que me sedujo en estos poetas? Yo entonces no lo sabía, como uno no sabe muchas veces por qué se enamora. Ahora pienso que tal vez fuera, y sin tal vez, la audacia de las imágenes y el rigor de la forma. Si hay que buscar un parentesco a estos poetas yo les atribuiría el de los acmeístas rusos, por más que dudo que los imitaran adrede. Lo que pasa es que determinados modos de expresión estaban en el aire, y el aire no conoce fronteras. De Dylan Thomas no voy a decir nada que no se haya dicho ya; de Roy Campbell en cambio sí que hay que decir que mientras los demás poetas de su tiempo y de su estirpe han sido reeditados y traducidos hasta la saciedad (Yeats, Eliot, Auden, Spender, McNiece, el propio Pound), hoy no es fácil hallar libros suyos en el mercado. Cualquiera que hubiese militado en las Brigadas Internacionales tendría más suerte con una plaqueta insignificante que Campbell, adicto a la causa nacional, tiene con toda su obra. Yes que a Campbell le atraía en España aquello mismo que sus adversarios querían aniquilar: la sangre de los toros y el humo de los altares, y eso le hizo acercarse a San Juan de la Cruz después de presenciar en Toledo el holocausto del convento del Carmen y acercarse a la fiesta nacional con más coherencia que Hemingway, por dar sólo un nombre anglosajón. Muestra de ello son estos dos poemas en cuya traducción he puesto mi mejor voluntad. Aquilino Duque Gimeno 174
Roy Campbell, poeta taurino 175 Fig. n.º 39.– Blanchard-Filden, P. H.: PIcador (Apud Carrete Parrondo, J. y Martínez-Novillo, A.: El Siglo de Oro de las Tauromaquias. Estampas Taurinas 1750-1868, Consejería de Cultura, Centro de Asuntos taurinos,1989, pág. 99).
THE REJONEADOR hile in your lightly veering course Aseraph seems to take his flight, The swerving of your snowy horse, Volted with valour and delight, In thundering orbit wheel the Ring Which Apis pivots with his pain And of whose realm, with royal stain, His agony anoints you king. His horns the moon, his hue the night, The dying embers of his sight Across their bloody film may view The star of morning rise in fire, Projectile of the same desire Whose pride is animate in you. THE DEAD TORERO uch work can be the mischief of an hour. This drunken-looking doll without a face Was lovely Florentino. This was grace And virtue smiling on the face of Power. Shattered, that slim Toledo-tempered spine! Hollow, the chrysalis, his gentle hand, From which those wide imperial moths were fanned Each in its hushed miraculous design! He was the bee, with danger for his rose! He died the sudden violence of Kings, And from the bullring to the Virgin goes Floating his cape. He has no need for wings. Aquilino Duque Gimeno 176 W S R O YC AM P
ELREJONEADOR uando en esa carrera levemente escorada un serafín parece que se eche a volar, los pasos de costado del caballo de nieve que se revuelve con valor y gozo, en órbita tronante gira el Ruedo que centra Apis con su pena y de su reino, con su mancha real te unge rey su agonía. Sus cuernos son la luna y su capa la noche, las ascuas que agonizan de sus ojos puede que vean en su cruento iris al lucero del alba que se levanta en llamas, proyectil de un idéntico deseo cuyo orgullo es el mismo que en ti anima. EL TORERO MUERTO (Florentino Ballesteros II) al puede ser la obra de una hora funesta. Ese pelele ebrio que no tiene ni rostro fue el bello Florentino. Esto era la gracia sonriente y la virtud frente al Poder. ¡Roto el fino espinazo de temple toledano! ¡Vacía, la crisálida, su mano que aventaba grácil aquellas anchas falenas imperiales, cada una en su callado diseño milagroso! ¡Era la abeja, con su rosa en peligro! Murió con la violencia súbita de los reyes, y desde el ruedo sube hacia la Virgen, flotando su capote. No le hacen falta alas. Roy Campbell, poeta taurino 177 C T C AM P B E L L