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Una discriminación condicional (Sidman, 1994, 2000) es un procedimiento por el cual la función de un estímulo como discriminativo o como delta pasa a estar bajo el control de otro estímulo (el condicional). Es decir, el papel de un estímulo está condicionado a la presencia de otro (Mackay, 1991). La igualación a la muestra es un tipo especial de discriminación condicional en la que al estímulo condicional se le llama muestra, a los estímulos discriminativos y deltas se les llama comparaciones y la respuesta que debe realizar el sujeto consiste en la elección de una de las comparaciones en función de la muestra presente en cada ensayo (figura 1). Un fenómeno de especial relevancia dentro del marco de las discriminaciones condicionales es el de las clases de equivalencia. En 1971, Murray Sidman encontró que había conductas que, sin entrenamiento explícito, emergen cuando los sujetos se enfrentan a tareas de igualación a la muestra. Las clases de equivalencia, que se conceptualizaron siguiendo la lógica de las matemáticas de con- Competencia entre estímulos condicionales propioceptivos y exteroceptivos en una tarea de discriminación condicional María Teresa Rodríguez García, Andrés García García*, María Teresa Gutiérrez Domínguez*, Vicente Pérez Fernández y Cristóbal Bohórquez Zayas* Universidad Nacional de Educación a Distancia y * Universidad de Sevilla Se realizó un experimento con sujetos humanos de edades comprendidas entre los 7 y los 53 años en el que se utilizó un procedimiento de discriminación condicional con muestras compuestas formadas por estímulos exteroceptivos (figuras geométricas coloreadas) y propioceptivos (diferentes formas de señalar tales figuras). De esta forma, los sujetos fueron entrenados a emitir una conducta diferencial ante cada muestra y a elegir la comparación correcta. Posteriormente se evaluó la ejecución de los sujetos tanto en una discriminación condicional con muestra simple para cada uno de los componentes del anterior estímulo compuesto (sólo conducta y sólo figuras coloreadas) como mediante un procedimiento de competencia. Los resultados indicaron que los estímulos exteroceptivos adquirieron mayor control sobre la conducta de elección que los estímulos propioceptivos. Se discuten los resultados en relación con la importancia que la discriminación de la propia conducta puede tener en la génesis del control discriminativo bidireccional. Competence between propioceptive and exteroceptive conditional stimuli in a conditional discrimination task. An experiment was carried out with humans as subjects, aged between 7 and 53, in which a conditional discrimination procedure with compound samples made up by exteroceptive (colored geometric shapes) and proprioceptive stimuli (different ways of pointing at them) was used. Thus, subjects were trained to perform differently in the presence of each sample, and later to choose the correct comparison. They were then evaluated in a conditional discrimination with unitary samples for each one of the components of the previous compound stimulus (only behavior and only colored shapes). For this, a competition procedure was designed. Results showed that the exteroceptive stimuli exerted more influence over the chosen behavior than the proprioceptive stimuli. Results are discussed in relation to the importance that one’s own behavior discrimination may have in the origins of bidirectional discriminative control. Fecha recepción: 30-4-08 • Fecha aceptación: 31-1-09 Correspondencia: Andrés García García Departamento de Psicología Experimental Universidad de Sevilla 41018 Sevilla (Spain) E-mail: [email protected] Psicothema 2009. Vol. 21, nº 3, pp. 390-396 ISSN 0214 - 9915 CODEN PSOTEG www.psicothema.com Copyright © 2009 Psicothema 1 uno dos 2 uno dos 2 dos uno 1 dos uno Figura 1. Ejemplo de un procedimiento de igualación a la muestra Pág. 390- 29/6/09 19:41 Página 390
juntos (Sidman, 1971; Sidman y Tailby, 1982), suponen la aparición de un nuevo comportamiento discriminativo a partir del entrenamiento anterior de componentes separados. Esquemáticamente consistiría en entrenar explícitamente las relaciones condicionales entre los miembros de dos grupos de estímulos (A y B), y posteriormente entrenar las relaciones condicionales entre los miembros de uno de los grupos ya entrenados (por ejemplo, B) y un nuevo grupo de estímulos (C). De esta forma se espera que el sujeto elija A cuando se presenta A como muestra (reflexividad); elija B cuando se presenta A como muestra después de haber entrenado la relación AB (simetría); y elija C al presentar A como muestra tras el entrenamiento de las relaciones AB y BC (transitividad). La equivalencia se ha alcanzado cuando se invierte la transitividad, es decir, cuando se presenta C y se elige como comparación correcta A. Cuando se dan las tres relaciones mencionadas se dice que los estímulos son equivalentes entre sí, y cualquier nueva relación formada con uno de ellos puede volver a crear nuevas relaciones. Es un hecho bien documentado que la emergencia de las clases de equivalencia entre estímulos se obtiene en sujetos humanos con habilidad verbal (Dugdale y Lowe, 1990; Hayes y Hayes, 1989; Sidman, 1994). Sin embargo, no se ha demostrado aún en animales de manera clara (Dugdale y Lowe, 2000; Zentall y Smeets, 1996). Una de las teorías explicativas de la formación de las clases de equivalencia es la hipótesis del naming, que defiende que formamos clases de equivalencia porque nombramos o etiquetamos los estímulos implicados en una discriminación condicional (Dugdale y Lowe, 1990; Hayes y Hayes, 1989). Smith, Dickins y Bentall (1996) demostraron que los sujetos humanos fallaban al formar clases de equivalencia cuando eran entrenados en nombrar estímulos incongruentes con las clases producidas por un entrenamiento en discriminación condicional. Sidman (2000) sugirió que las diferencias encontradas entre animales y humanos se podían deber a variables procedimentales. El factor crucial podría ser que los humanos usan diferentes respuestas espontáneamente (i.e., nombres/etiquetas), mientras que en el procedimiento usado normalmente con animales se utilizaría la misma respuesta (e.g., picar la tecla) para los diferentes estímulos. Es decir, si en los procedimientos tradicionales usados con animales se incluyen en las clases de equivalencia las propias respuestas de la paloma, como Sidman (2000) sugiere, habría una incongruencia entre las clases que serán entrenadas sobre la base de los estímulos exteroceptivos (muestras y comparaciones) y la clase única derivada de la respuesta precedente común (control propioceptivo). En la literatura encontramos estudios con animales como sujetos experimentales en los que se entrenan diferentes respuestas ante diferentes estímulos para obtener la simetría, considerada la base de la equivalencia (García y Benjumea, 2006; McIntire, Cleary y Thompson, 1987; Meehan, 1999; Urcuioli y DeMarse, 1997; Zentall, Sherburner y Steirn, 1992). Parece, por tanto, que la realización de patrones conductuales (generadores de estimulación propioceptiva) diferenciales ante los estímulos externos (exteroceptivos) implicados en las discriminaciones condicionales es un factor clave en la aparición de la simetría y en la formación de clases de equivalencia. En un procedimiento de igualación a la muestra se pueden utilizar como muestras estímulos compuestos o multi-elementos, en cuyo caso la adquisición del control por parte del componente más débil puede ser impedida por la presencia del componente más eficaz. Los estímulos pueden competir por adquirir el control sobre la conducta, es decir, un estímulo interfiere en el condicionamien- to de otro con el que forma un compuesto. En el condicionamiento clásico el fenómeno de ensombrecimiento es un procedimiento prototípico del fenómeno de competencia entre estímulos, y se pone de manifiesto cuando dos estímulos que difieren en saliencia se presentan en un compuesto en asociación con el EI. Uno de los dos estímulos, el estímulo más intenso o saliente, termina por provocar una respuesta condicionada más vigorosa (Pavlov, 1927), es decir, establece una relación más fuerte con el EI. No obstante, el ensombrecimiento es recíproco. El ensombrecimiento también se da en los procedimientos de discriminación operante (Sutherland y Mackintosh, 1971). Un estudio que ejemplifica este fenómeno fue el de Reynolds (1961), quien entrenó a dos palomas a picotear una tecla de respuesta circular con un programa de intervalo variable. El reforzamiento estaba disponible siempre que la tecla de respuesta se iluminara con un patrón visual consistente en un triángulo blanco sobre fondo rojo. Reynolds evaluó cuál de esos componentes del estímulo lograba un control sobre la conducta de picoteo, midiendo la cantidad de picoteo que tenía lugar cuando se presentaba solamente uno de los componentes del estímulo. La conducta de picoteo de una de las palomas estaba más controlada por la luz roja, mientras que la conducta de la otra paloma estaba mucho más controlada por el triángulo que por el color. La competencia entre estímulos se ha examinado empleando principalmente estímulos exteroceptivos, es decir, aquellos estímulos que provienen del medio ambiente externo que rodea al sujeto. Sin embargo, dentro del paradigma del condicionamiento operante algunos autores han estudiado la competencia entre estímulos usando una conducta del propio sujeto formando compues- to con un estímulo exteroceptivo (Benjumea, Márquez y Martínez, 2003; Urcuioli, 1984). Es decir, la muestra estaba compuesta por un estímulo exteroceptivo y por uno propioceptivo. Urcuioli (1984), usando un procedimiento de igualación de demora 0, entrenó a 12 palomas a emitir una conducta diferente empleando programas de reforzamiento diferentes (RDB 3” y RF10) ante cada uno de los estímulos externos (colores rojo y verde) que servían como muestras. Las palomas de los grupos control debían responder a ambas muestras de igual forma. En la fase de prueba, las palomas respondían a ambos estímulos de muestra según un programa de razón fija 1. Tras la aparición de las comparaciones, las palomas debían elegir la correcta para ser reforzadas. Encontró que el estímulo externo de muestra adquirió menor grado de control sobre la elección de la comparación en el grupo que emitía una respuesta diferencial a la muestra en oposición a los grupos que emitían la misma respuesta ante ambas muestras y concluyó que los estímulos fueron ensombrecidos en su función por los comportamientos diferenciales de las aves. Por otro lado, Benjumea et al. (2003) utilizaron como estímulos externos de muestra el parpadeo de una luz (rápido y lento) y entrenaron a 8 palomas a emitir un picoteo con la misma frecuencia relativa que el estímulo de muestra (RDA y RDB), tras lo cual debían elegir la comparación correcta en cada caso. En la fase de prueba presentó un estímulo externo nuevo (parpadeo intermedio) ante el cual la paloma debía emitir las respuestas aprendidas previamente. Posteriormente se presentaron como muestra los estímulos externos del entrenamiento ante los cuales las palomas debían dar un solo picotazo (RF1). Se encontró que el control discriminativo de la discriminación condicional se basó primordialmente en las claves externas que llegaron a ensombrecer al po- COMPETENCIA ENTRE ESTÍMULOS CONDICIONALES PROPIOCEPTIVOS Y EXTEROCEPTIVOS EN UNA TAREA DE DISCRIMINACIÓN CONDICIONAL 391 Pág. 390- 29/6/09 19:41 Página 391
sible control ejercido por las claves propioceptivas. Sin embargo, cuando probaron el control discriminativo ejercido por el estímulo externo, no controlaron la latencia de las respuestas, por lo que no se puede asegurar que no haya habido influencia de posibles respuestas diferenciales a la muestra, es decir, cabe la duda de que las condiciones de la fase de entrenamiento hayan cambiado realmente. El objetivo del presente estudio consistió en comprobar el control discriminativo que ejercen las claves basadas en la propia conducta en una situación de competencia con claves exteroceptivas, siguiendo un procedimiento similar al empleado por Benjumea et al. (2003), usando sujetos humanos como sujetos experimentales. Como objetivo secundario, dado que la edad de los sujetos ha sido una variable relevante en el estudio de la formación de las clases de equivalencia y sus propiedades (Barnes, McCullagh y Keenan, 1990; Denavy, Hayes y Nelson, 1986; Lipkens, Hayes y Hayes, 1993; Lowe y Beasty, 1987), trabajamos con niños, adolescentes y adultos. Método Participantes En el presente estudio participaron 36 voluntarios de edades comprendidas entre los 7 y los 53 años, que no conocían el objetivo del experimento. A efectos del análisis de datos, se dividió a los sujetos en tres grupos de edad. El «grupo de niños» estaba compuesto por 12 niños de edades entre los 7 y los 12 años, el «grupo de adolescentes» estaba formado por 12 chicos de entre 13 y 18 años y el «grupo de adultos» lo formaban 12 personas mayores de 18 años. Materiales Los estímulos utilizados como muestras fueron figuras geométricas coloreadas, concretamente un triángulo amarillo (E1), un cuadrado azul (E2) y un círculo gris (E0). Los estímulos empleados como comparaciones consistieron en una abstracción del color rojo y del color verde (Stewart,Barnes- Holmes, Roche y Smeets,2001). Se prepararon un total de 320 dibujos de igual tamaño. Cada dibujo se realizó en color rojo y en color verde, de manera que en cada ensayo se presentaron como comparaciones un mismo dibujo en color rojo y en color verde (figura 3). No se repitió el mismo dibujo a lo largo de los distintos ensayos en las distintas fases. De esta forma lo único que se mantuvo constante a lo largo de los ensayos eran precisamente estos dos colores. La posición de las comparaciones se aleatorizó a lo largo de los sucesivos ensayos. Estos estímulos estaban impresos en papeles de tamaño A4 de color blanco de la siguiente forma: la muestra aparecía centrada en una hoja en posición apaisada, y sobre ésta se situaba otra hoja en la misma posición que contenía las dos comparaciones. Ambas hojas estaban dentro de plásticos portafolios y colocadas en una carpeta de dos anillas. En la fase 1 de entrenamiento sólo se presentaron las muestras, quedando la otra hoja en blanco. Para la recogida de datos se utilizaron hojas de registro en las que se indicaba la muestra y la comparación correcta en cada ensayo y se anotaba la respuesta que se producía. Procedimiento Fase 1 (entrenamiento en discriminación simple) En primer lugar se entrenó al sujeto a emitir la conducta adecuada cuando se presentaba el estímulo exteroceptivo. Ante la presentación del triángulo (E1) el sujeto tenía que dar con los nudillos sobre él (C1) y ante la presentación del cuadrado (E2) debía hacerlo con la palma de la mano (C2). El sujeto recibió las siguientes instrucciones: «Gracias por participar. El juego que vamos a hacer tiene varias partes. Ahora lo que tienes que hacer es tocar con la mano abierta o dar con la mano cerrada encima de los dibujos que vas a ver. Yo te diré si lo has hecho bien. No te preocupes por el tiempo. ¿Lo has entendido?». El experimentador iba mostrando las hojas ensayo a ensayo. El tiempo de duración de cada ensayo estuvo determinado por el tiempo de emisión de la conducta por parte del sujeto. Se presentaba el primer ensayo, si el sujeto emitía la conducta correcta se le decía Mª TERESA RODRÍGUEZ GARCÍA, ANDRÉS GARCÍA GARCÍA, Mª TERESA GUTIÉRREZ DOMÍNGUEZ, VICENTE PÉREZ FERNÁNDEZ Y CRISTÓBAL BOHÓRQUEZ ZAYAS 392 E1E2E0 Figura 2. Estímulos empleados como muestras. Los colores usados fueron el amarillo, el azul y el gris, respectivamente Figura 3. Ejemplo de los estímulos empleados como comparaciones. Los colores usados fueron el rojo y el verde Pág. 390- 29/6/09 19:41 Página 392
«Correcto» y se pasaba al siguiente ensayo. Si el sujeto emitía la conducta incorrecta, se le decía «No» y se le dejaba tiempo para que emitiera la conducta correcta. El ensayo terminaba cuando el sujeto hacía la conducta correcta, no existiendo intervalo entre ensayos. El orden de presentación de los estímulos se aleatorizó y se repitió en bloques de 16 ensayos. Siendo «T» triángulo y «C» cuadrado la secuencia era la siguiente TCCTTTCCCTCTCTTC, que se repetía hasta un total de 64 ensayos. Se pasaba a la siguiente fase cuando el sujeto obtenía 10 respuestas correctas consecutivas. Fase 2 (entrenamiento en discriminación condicional con muestra compuesta) Una vez superada la fase 1 se procedía al entrenamiento en la discriminación condicional. En esta fase se daba la siguiente instrucción: «Bien, ahora vamos a hacer igual que antes, pero además tendrás que elegir uno de los dibujos que aparecerán junto a los que ya conoces. Yo te diré si lo has hecho bien. No te preocupes por el tiempo». Aplicando el mismo sistema de retroalimentación que en la fase 1, se presentaba uno de los estímulos exteroceptivos entrenados en la fase anterior y el sujeto debía realizar la conducta adecuada, en caso contrario debía repetir hasta realizar la conducta correcta. Posteriormente, ante esta muestra compuesta debía elegir entre dos comparaciones. La respuesta correcta en cada caso era: E1+ C1ele- gir verde y E2+ C2elegir rojo. Las posiciones de las comparaciones se contrabalancearon entre ensayos. Al igual que en la fase anterior había procedimiento de corrección si el sujeto no elegía la comparación correcta. Cuando señalaba la comparación correcta se pasaba al siguiente ensayo. Se pasaba a la siguiente fase cuando el sujeto había conseguido 15 respuestas correctas consecutivas. Fase 3 (prueba del control discriminativo ejercido por cada elemento de la muestra) En esta fase y en la siguiente, ambas en extinción, se quería medir el control discriminativo ejercido por cada componente de la muestra. En esta primera prueba se presentó cada parte del compuesto de la muestra de la fase 2 con un estímulo que no había sido presentado anteriormente. Los estímulos originales (triángulo amarillo y cuadrado azul) formaron compuesto con la conducta de señalar con el dedo (C0), mientras que las conductas originales (dar con la mano abierta o dar con el puño cerrado) formaron compuesto con un círculo gris (E0). Esto dio lugar a 4 bloques de 20 ensayos que se contrabalancearon entre los sujetos a fin de controlar un posible efecto del orden de presentación de las muestras. Es decir, los cuatro compuestos que funcionaban como muestras fueron: triángulo amarillo y señalar con el dedo, cuadrado azul y señalar con el dedo, círculo gris y dar con la mano abierta, y círculo gris y dar con el puño cerrado. Las comparaciones seguían siendo la abstracción del color rojo y verde (presentado como relleno de diferentes dibujos). Tres sujetos de cada grupo recibieron la siguiente secuencia: se presentaba la muestra E1y se pedía al sujeto que hiciera la conducta C0(E1+C0) con la instrucción «señala con el dedo y elige», tras lo cual debían elegir entre las comparaciones (rojo o verde). En el siguiente ensayo se esperaba a que el participante emitiera la conducta, en caso contrario se repetía la instrucción. Después de 20 ensayos con la misma muestra se pasaba a presentar la muestra E2, se le pedía que emitiera nuevamente la conducta C0(E2+C0) y se repetía la muestra durante otros 20 ensayos. Después de la última elección se presentaba el E0y se pedía al participante que emitiera la C1(C1+E0) con la instrucción «ahora da con la mano cerrada». Tras 20 ensayos se presentaba el E0y se pedía al participante que emitiera la C2(C2+E0) con la instrucción «ahora da con la mano abierta». Esta muestra se repetía otros 20 ensayos, completando así los 80 ensayos que formaban esta fase. Para controlar un posible efecto de orden, otros tres sujetos de cada grupo recibieron la secuencia C1+E0, C2+E0, E1+C0, E2+C0; para otros tres participantes la secuencia fue E2+C0, E1+C0, C2+E0, C1+E0, y para los tres restantes la secuencia fue C2+E0, C1+E0; E2+C0; E1+C0. Después de los 80 ensayos (20 por cada condición) se pasaba a la siguiente fase. Se contabilizó el porcentaje de respuestas correctas para cada muestra. En la tabla 1 se puede ver un resumen de todo el procedimiento. Fase 4 ( prueba de competencia) En esta fase, también en extinción, se presentaba como muestra formando compuesto los estímulos y conductas contrarios a los entrenados originalmente. Así, ante E1se pedía al sujeto que emitiera C2, y ante E2se le pedía que realizara C1, tras lo cual de- COMPETENCIA ENTRE ESTÍMULOS CONDICIONALES PROPIOCEPTIVOS Y EXTEROCEPTIVOS EN UNA TAREA DE DISCRIMINACIÓN CONDICIONAL 393 Tabla 1 Resumen del procedimiento Entrenamiento (igual para todos los sujetos) E1-C1 Fase 1. Discriminación simple E2-C2 Fase 2. Discriminación condicional E1C1-verde E2C2-rojo Prueba Fase 3. Prueba de control discriminativo E1C0-¿verde? C1E0- ¿verde? E2C0 -¿rojo? C2E0-¿rojo? (en extinción). Tres sujetos de cada grupo E2C0-¿rojo? C2E0-¿rojo? E1C0 -¿verde? C1E0-¿verde? de edad en cada secuencia C1E0-¿verde? E1C0-¿verde? C2E0 -¿rojo? E2C0-¿rojo? C2E0-¿rojo? E2C0-¿rojo? C1E0-¿verde? E1C0-¿verde? Fase 4. Prueba de competencia E1C2- ¿rojo o verde? E2C1- ¿rojo o verde? (en extinción). La mitad de los sujetos de E2C1- ¿rojo o verde? E1C2- ¿rojo o verde? cada grupo de edad en cada secuencia Pág. 390- 29/6/09 19:41 Página 393
bía elegir entre las comparaciones (rojo y verde). Al estar presentes ambos criterios de elección en la misma muestra, la elección de cualquier comparación era correcta, de tal manera que el criterio para completar la fase consistía en mantener una elección constante durante 10 ensayos consecutivos. De esta forma se registraba el tipo de estímulo que había guiado la elección de los sujetos. Las instrucciones se daban al inicio de cada bloque de ensayos. Se presentaba el E1y se pedía al participante que emitiera la C2 con la instrucción «da con la mano abierta», tras lo cual debía elegir entre los estímulos de comparación. Se repetía la presentación de la misma muestra hasta que el participante había elegido la misma comparación durante 10 ensayos consecutivos. Cuando se cumplía este criterio se presentaba el E2y se solicitaba al sujeto que realizara la C1 con la instrucción «da con la mano cerrada». Se seguía con esta muestra hasta que la elección se mantenía constante durante 10 ensayos consecutivos. La otra mitad de sujetos recibió la secuencia E2C1-E1C2. Se calculó el índice Kappa con 12 de los 36 participantes (el 33%) obteniendo una fiabilidad del 99%. Resultados Fase 1. Discriminación simple El número medio de ensayos que necesitaron los participantes para adquirir el criterio en esta fase fue de 12,72 con una desviación típica de 4,33. Por grupos se distribuye de la siguiente manera: «grupo de niños», 15,33 (SD: 6,81); «grupo de adolescentes», 11 (SD: 1,54) y «grupo de adultos», 11,83 (SD: 1,03). Las diferencias son significativas para los grupos 1 y 2 [F(2,33)= 3,818; p<.05]. Fase 2. Discriminación condicional El número medio de ensayos para conseguir el criterio en esta fase fue de 37,3 con una desviación típica de 35. Por grupos se distribuye de la siguiente manera: «grupo de niños», 42,3 (SD: 37,73); «grupo de adolescentes», 46,5 (SD: 46,91) y «grupo de adultos», 23,16 (SD: 6,49). Estas diferencias no son estadísticamente significativas. Si sumamos el total de ensayos empleados por los sujetos en ambas fases de entrenamiento, tampoco se observan diferencias significativas entre los distintos grupos de edad. Fase 3. Prueba del control discriminativo Cuando se presentan los miembros de la muestra por separado, un 28% de los sujetos obtienen un 100% de aciertos en todas las pruebas de control discriminativo, es decir, presentan un control discriminativo perfecto de todos los elementos de la muestra, tan- to propioceptivos como exteroceptivos. Por otro lado, el 72% restante comete errores cuando es evaluado en alguno de los elementos por separado. Si se analizan los resultados componente a componente (figura 4) se puede observar que el control discriminativo que ejerce el estímulo exteroceptivo es superior al 90%, mientras que el control baja considerablemente cuando el evaluado es el estímulo propioceptivo, situándose por debajo del 75%. Estas diferencias son estadísticamente significativas [F(1,33)= 10,670; p<.01], no habiendo diferencias entre los grupos de edad. Si se analizan por grupos (figura 5) obtenemos la siguiente distribución de resultados en porcentajes: «grupo de niños» 89,91 (E1), 81,16 (E2), 61,41 (C1) y 67,16 (C2); «grupo de adolescentes» 98,25 (E1), 100 (E2), 70,25 (C1) y 64,91 (C2); y «grupo de adultos» 99,58 (E1), 98,33 (E2), 91,66 (C1) y 75 (C2). Se puede observar que las diferencias significativas en el porcentaje de aciertos se mantienen entre E1 y C1[F(1,33)= 8,870; p<.01] por un lado y entre E2 y C2 [F(1,33)=8,137; p<.01] por otro. Las diferencias observadas entre el E1y el E2por una parte y la C1y la C2por otro no fueron significativas a nivel estadístico. Fase 4. Prueba de competencia Un 75% de los sujetos se guiaron por el estímulo exteroceptivo en sus elecciones en esta fase, frente a un 25% que se guiaron por el estímulo propioceptivo. Por grupos, la distribución es la siguiente (figura 6): «grupo de niños», 75% exteroceptivo y 25% propioceptivo; «grupo de adolescentes», 83% exteroceptivo y 17% propioceptivo; y «grupo de adultos», 66% exteroceptivo y 34% propioceptivo. Si bien la tendencia a guiar las elecciones en función del estímulo exteroceptivo en esta fase se observa claramente en los tres grupos de edad, se encuentra una diferencia significati- Mª TERESA RODRÍGUEZ GARCÍA, ANDRÉS GARCÍA GARCÍA, Mª TERESA GUTIÉRREZ DOMÍNGUEZ, VICENTE PÉREZ FERNÁNDEZ Y CRISTÓBAL BOHÓRQUEZ ZAYAS 394 tipo de estímulo 100 90 80 70 60 50 40 30 20 10 0 E1 E2 C1 C2 Figura 4. Porcentaje medio de aciertos ante los distintos elementos de la muestra en la Fase 3 Niños 110 100 90 80 70 60 50 40 30 20 10 0 E1 E2 C1 C2 Adolescentes Adultos Figura 5. Porcentaje medio de aciertos por grupo ante los distintos elementos de la muestra en la Fase 3 Pág. 390- 29/6/09 19:41 Página 394
va entre la preferencia por responder basándose en el estímulo exteroceptivo y la esperada por azar en el «grupo de adolescentes». Discusión Los resultados obtenidos en el presente estudio muestran que el estímulo exteroceptivo consigue un mayor control discriminativo sobre la conducta de elección de los sujetos, tendencia que se mantiene en los distintos grupos de edad. Estos datos están en la línea de los encontrados por Benjumea et al. (2003) usando palomas como sujetos experimentales. A pesar de la evidencia existente en la literatura sobre la plausibilidad de discriminación de la propia conducta en animales (véase García y Benjumea, 2006), algunos autores seguían mostrándose reacios a esta posibilidad. El propio Sidman (1994, p. 377) afirmaba, comentando la posibilidad de que las respuestas entraran a formar parte de las clases de equivalencia, que la única forma para un experimentador de asegurar una ocurrencia fiable de respuestas particulares en determinados momentos es situar estas respuestas bajo control discriminativo por eventos del ambiente externo. El problema entonces sería el siguiente: no podríamos estar seguros de que la elección del sujeto entre las diferentes comparaciones esté bajo el control directo de las respuestas definidas o de los estímulos que las controlan, ya que éstos podrían tomar el lugar o sumarse a las respuestas como muestras efectivas. En definitiva, con este tipo de preparación, nunca podríamos estar seguros de que una respuesta y no su estímulo controlador funcionara realmente como muestra. Unas páginas más adelante (Sidman, 1994; p. 469), el propio autor, comentando el trabajo de Manabe y Kawashima (1993), cambia su opinión al respecto y apunta el elemento clave que han de tener los estudios que verdaderamente trabajen con este tipo de discriminación: permitir la flexibilidad en la respuesta definida a cada estímulo. De lo que se trata es de presentar una situación estimular (e.g., dos teclas iluminadas de blanco) que controle la aparición de más de una respuesta (e.g., responder a la izquierda o responder a la derecha). De esta manera, la única fuente de discriminación que tendrá el sujeto para elegir la comparación correcta será su conducta previa, ya que el estímulo controlador es el mismo en todos los casos. Siendo esto posible, lo que en realidad ocurre en una discriminación condicional estándar usada para el estudio de la derivación de relaciones es que los elementos involucrados no son ni exclusivamente propioceptivos ni exteroceptivos, sino que se forman compuestos con ambos. En la actualidad existe un campo de estudio en el que la competencia entre estímulos propioceptivos y estímulos exteroceptivos en el marco de las discriminaciones condicionales cobra especial relevancia: el «Naming» y las clases de equivalencia (en especial la simetría). La teoría del «naming» propone que la equivalencia está mediada por la relación de nombrar (Dugdale y Lowe, 1990; Horne y Lowe, 1996). Dos o más estímulos se hacen equivalentes al darles el mismo nombre o mediante su inclusión en una regla que los una. Cuando se realiza el «naming» se añade otro elemen- to a la muestra en la discriminación (el nombre), de manera que se transforma la discriminación de un evento externo en una tarea de discriminación de la propia conducta. El «naming» ocurriría en el proceso de desarrollo del lenguaje en la comunidad verbal de modo que el niño aprendería a «ecoizar» los sonidos producidos por otros en relación a objetos hasta que, tras numerosos ejemplos, la relación fuera bidireccional, esto es, el objeto lleva al nombre y el nombre al objeto (Luciano y Gómez, 2001). Los datos que nos han proporcionado desde la psicología evolutiva y la psicología comparada parecen indicarnos que aquellos sujetos (animales no humanos y adultos y niños con trastornos del lenguaje) que no son capaces de realizar el nombramiento de los estímulos involucrados en la discriminación condicional, presentan dificultades en la de formación de clases de equivalencia (Lowe y Horne, 1996). Sin embargo, cuando el «naming» ha sido explícitamente entrenado en niños que inicialmente fallaban en la prueba de equivalencia, se han producido resultados positivos (Beasty, 1987; Lowe, 1986; Lowe y Beasty, 1987). De las tres relaciones emergentes definitorias de las clases de equivalencia, la relación simétrica es la relación primordial, pues sobre ella parecen descansar las otras dos (Barnes, 1990; Sidman 1990; Valero y Luciano, 1993). Con el «naming» aparece la simetría y la explicación podría estar en la bi-funcionalidad de la conducta que puede actuar como estímulo (realizamos una acción y la etiquetamos) y como respuesta (tras la presentación de esta etiqueta podemos llevar a cabo dicha acción). García (2000) y García y Benjumea (2006) han conseguido la simetría en animales no humanos. Entrenaron a un grupo de palomas en una tarea de discriminación condicional de la propia conducta, en la que los animales eran reforzados por elegir el color rojo (verde) tras haber realizado la conducta de responder a la izquierda (derecha). La muestra consistía, pues, en la realización de una conducta por parte del sujeto, que se puede considerar, en cierta medida funcional, un análogo animal del nombramiento oral en humanos. Cuando la tarea se basa principalmente en una discriminación de la propia conducta, la posibilidad de que se pueda invertir la relación muestra-comparación aumenta. Los resultados obtenidos en el presente estudio indican que los estímulos exteroceptivos compiten con los propioceptivos en adquirir el control discriminativo sobre las elecciones de los sujetos en una tarea de discriminación condicional, es decir, predomina la discriminación del evento externo. Algunas consideraciones procedimentales podrían dar cuenta de estos resultados. Así, las muestras y las comparaciones son ambas de naturaleza exteroceptiva y pertenecen a la misma modalidad sensorial (visual). Por otra parte, los estímulos exteroceptivos son bastante diferentes entre sí, mientras que puede que no haya demasiada diferencia entre las conductas empleadas como muestras, esto haría que los estímulos exteroceptivos sean más discriminables que las conductas. COMPETENCIA ENTRE ESTÍMULOS CONDICIONALES PROPIOCEPTIVOS Y EXTEROCEPTIVOS EN UNA TAREA DE DISCRIMINACIÓN CONDICIONAL 395 Niños 120 100 80 60 40 20 0 Exteroceptivo Propioceptivo Adolescentes Adultos Figura 6. Criterio de elección en la Fase 4 (prueba de competencia) Pág. 390- 29/6/09 19:41 Página 395
Teniendo en cuenta la importancia que cobra la discriminación de la propia conducta en la aparición de la relación simétrica, y por ende, en las relaciones de equivalencia, sería interesante encontrar procedimientos que inviertan la situación encontrada aquí, de manera que el control discriminativo recaiga sobre el estímulo propioceptivo. Esto se podría conseguir trabajando con comparaciones propioceptivas (por ejemplo, estímulos verbales del propio sujeto) y/o haciendo más discriminables los estímulos propioceptivos empleados en las muestras compuestas. En esta línea centraremos nuestros próximos trabajos. Mª TERESA RODRÍGUEZ GARCÍA, ANDRÉS GARCÍA GARCÍA, Mª TERESA GUTIÉRREZ DOMÍNGUEZ, VICENTE PÉREZ FERNÁNDEZ Y CRISTÓBAL BOHÓRQUEZ ZAYAS 396 Referencias Barnes, T. (1990). Equivalence without symmetry? A stimulus artefact. Unpublished M.A. thesis, Northeastern University, Boston. Barnes, T., McCullagh, P.D., y Keenan, M. (1990). 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