La contribución de Sevilla a la generación del 27.
Abstract
La generación de 1927 tuvo en la capital andaluza su acto constitutivo como tal grupo literario. El Ateneo de Sevilla supo entonces articular una propuesta cultural arriesgada y vanguardista, que logró conectar la ciudad con el panorama más avanzado de la literatura española y europea.
Full text
La contribución de Sevilla a la generación del 27 Sevilla’s Contribution to the Generation of 27 Miguel Cruz Giráldez Universidad de Sevilla
Revista de Humanidades, 17 (2010), p. 59 - 74. ISSN 1130-5029 61 La contribución de Sevilla a la generación del 271 Sevilla’s Contribution to the Generation of 27 Miguel Cruz Giráldez Universidad de Sevilla [email protected] Recibido: 26 de febrero de 2010 Aceptado: 2 de junio de 2010 Resumen La generación de 1927 tuvo en la capital andaluza su acto constitutivo como tal grupo literario. El Ateneo de Sevilla supo entonces articular una propuesta cultural arriesgada y vanguardista, que logró conectar la ciudad con el panorama más avanzado de la literatura española y europea. Palabras clave: Generación del 27, Ateneo de Sevilla, grupo Mediodía, centenario de Góngora, literatura vanguardista. Abstract The generation of 1927 in the Andalusian capital had its constitutive act as such literary group. The Ateneo de Sevilla knew then articulate a bold, avantgarde cultural proposal, which managed to connect the city with the most advanced panorama Spanish and European literature. Keywords: The Generation of ‘27, Ateneo de Sevilla, Mediodia group, the centenary of Góngora, avant-garde literature. Referencia bibliográfica: Cruz Giráldez, Miguel (2010). La contribución de Sevilla a la generación del 27. Revista de Humanidades, 17, p. 59-74. ISSN 1130-5029 SUMARIO: 1. Introducción. 2. ¿Por qué Góngora?. 3. El Ateneo. 4. Sevilla en la generación del 27. 5. Dos poetas mayores. 6. Dos poetas y catedráticos de la Universidad. 7. El grupo Mediodía. 8. Conclusiones. 9. Referencias bibliográficas. 1. Este trabajo fue originalmente una conferencia pronunciada en el Alcázar de Sevilla en 2007. He decidido mantener en su publicación el formato original.
La contribución de Sevilla a la generación del 27 - Miguel Cruz Giráldez 62 1. INTRODUCCIÓN A mediados de diciembre del año 1927, algunos jóvenes escritores, poetas en su mayor parte, se reunieron en Sevilla con el fin de conmemorar el tricentenario de la muerte de Luis de Góngora y Argote, el gran maestro andaluz de la poesía barroca, príncipe de las metáforas fulgurantes y cifradas. Góngora había sido ilustre en su tiempo, pero luego fue relegado al olvido, cuando no denigrado, por aquellos que sólo veían en él un “ángel de las tinieblas”. Y he aquí que ahora ese extraño grupo de fieles –entre los que se contaban Federico García Lorca, Rafael Alberti, Jorge Guillén, Gerardo Diego, José Bergamín, Juan Chabás y Dámaso Alonso– venía a nuestra ciudad a rendirle homenaje, tres siglos más tarde, a través de sus lecturas y sus conferencias en unos encuentros organizados por el Ateneo de Sevilla que fueron a la vez eruditos y placenteros. El acontecimiento, a pesar de su singularidad, no llamó apenas la atención del público. Tampoco la de los escritores entonces consagrados (en primera línea Unamuno, Machado, Jiménez y Ortega), que sólo vieron en aquella iniciativa una razón más, si es que la precisaban, para contemplar con la mayor desconfianza el trabajo y los proyectos poéticos de aquellos muchachos que se extraviaban en tan funestas admiraciones. Pero poco les importaba. Aquella fecha, aquellos actos sevillanos de 1927, iban a convertirse, con razón o sin ella, en una referencia casi emblemática para los futuros historiadores de la literatura española. Y bajo el signo de Góngora aquella pléyade de poetas, los de más aliento y porvenir nacidos en España desde el Siglo de Oro, es ahora magnificada, estudiada, clasificada y universalmente reconocida como generación del 27, sin duda definitivamente. En esta charla vamos a centrarnos en el papel que Sevilla jugó en la configuración de aquella prodigiosa generación, desde el protagonismo que tuvo el Ateneo en el nacimiento de la misma hasta el tratamiento literario de la ciudad en la obra de estos poetas, sin olvidar la relevancia de las grandes personalidades sevillanas del 27 y la singularidad de los escritores coetáneos locales, reunidos en torno a la revista Mediodía. 2. ¿POR QUÉ GÓNGORA? Pero antes que nada es necesario abordar una cuestión previa: ¿por qué aquellos jóvenes vanguardistas se fijaron precisamente en Góngora, hasta el punto de que el verdadero aglutinante del grupo sería la poesía del gran autor barroco? Incluso podríamos decir que fue la propia figura del poeta cordobés, ya que la exaltación del culteranismo llevó implícito un cierto desprecio hacia los poetas que mantuvieron polémicas con el autor de las Soledades, hacia Quevedo, cuyo desgarro existencial no coincidía entonces con la sensibilidad ambiente de la generación. En la primavera del mismo año 1927 había tenido lugar en Madrid la celebración de unos actos preparados por estos escritores en homenaje a Góngora. En este contexto se situaba el funeral por su eterno descanso en la iglesia de Santa Bárbara, al que sólo asistieron los poetas organizadores y un único representante de la vida aca-
Revista de Humanidades, 17 (2010), p. 59 - 74. ISSN 1130-5029 63 démica, el erudito don Luis Astrana Marín. Por cierto, que el sacerdote que celebraba estaba extrañado de la escasa asistencia de fieles a la misa por el alma de un difunto que no era feligrés ni siquiera le sonaba; sólo había un reducido grupo de jóvenes y un señor mayor; y al final de la misma se acercó para dar el pésame al que vio con mayor seriedad de todos, que fue Bergamín. Pero al lado de esta broma –y de otras, como la meada de protesta en las paredes de la Real Academia de la Lengua que refiere Alberti– aquellos jóvenes (muchos de ellos rigurosos universitarios) demostraron también entonces su afán por rescatar del olvido y del menosprecio crítico en que estaba sumido desde el siglo XVIII al gran poeta culterano. Consecuencias perceptibles de este culto a Góngora serían la publicación de las Soledades por Dámaso Alonso y la Antología poética en honor de Góngora a cabo por Gerardo Diego. Federico García Lorca escribió también entonces una conferencia titulada “La imagen poética de don Luis de Góngora”. Pero no todo fue erudición, crítica y estudio; también el estilo de Góngora orientó entonces la poesía de muchos de ellos. Así, los números 5, 6 y 7 de la revista malagueña Litoral poemas dedicados a Góngora y escritos por Gerardo Diego, Rafael Alberti, Emilio Prados y Manuel Altolaguirre; Vicente Aleixandre le dedicó un poema en su libro Nacimiento último, Cernuda otro en La realidad y el deseo, ás de que la imitación de la poesía gongorina inspiró también algunas obras, como Cal y canto, Alberti. Es obvio que Góngora estuvo presente en el ambiente poético español de la vanguardia en los años veinte. La razón la explica Dámaso Alonso en “Góngora y la literatura contemporánea”; expone cómo la revalorización del poeta cordobés se inició en Francia a través de los simbolistas, y es de éstos de quienes la heredan los modernistas, sobre todo Darío. Por otra parte, es indudable la admiración que sentían por Rubén los poetas del 27 (Aleixandre comenzó a escribir poesía a raíz de la lectura de una antología de Darío que le prestó Dámaso Alonso) y Vicente Huidobro, el introductor del vanguardismo en España, para subrayar la importancia de Rubén Darío, señalaba que “desde Góngora no ha habido otro poeta igual en lengua española”. En efecto, Góngora era para aquellos jóvenes vanguardistas un signo de vanguardia; su exacerbado afán metafórico, su antirrealismo lo convertían en auténtico guía literario de unos poetas para quienes la huida de la realidad era una característica común, propia de todos los movimientos literarios de vanguardia. Si lo fundamental para la concepción que éstos tienen de la poesía es la metáfora, ¿no se apoya la obra poética toda del cordobés en la metáfora? Precisamente sobre ella escribía Ortega y Gasset en La deshumanización del arte: “Es verdaderamente extraña la existencia en el hombre de esta actividad mental que consiste en suplantar una cosa por otra, no tanto por afán de llegar a ésta como por el empeño de rehuir aquélla. La metáfora escamotea un objeto enmascarándolo con otro y no tendría sentido si no viéramos bajo ella un instinto que conduce al hombre a evitar realidades”. Y señalaba que la poesía de vanguardia se había convertido en “el álgebra superior de las metáforas”. Por eso, el tema de la conferencia de García Lorca no es, en modo alguno, arbitrario, sino que tangencialmente se convierte en una verdadera proclamación poética.
La contribución de Sevilla a la generación del 27 - Miguel Cruz Giráldez 64 La creación del mundo envolvente de belleza fue razón de existir del propio Góngora, quien, de manera sistemática, elevaba a la dignidad de bello cuanto pudiese haber de miserable en la existencia. Así lo reconocía Cernuda cuando dice en su verso que el cordobés encontró siempre en la poesía “no tan sólo hermosura, sino ánimo”. También Jorge Guillén, en Lenguaje y poesía, analizar el lenguaje poético de su propia generación, decía: “este cultivo de la imagen es el más común entre los muy diversos caracteres que juntan y separan a los poetas de aquellos años”. No era, pues, Góngora en aquella coyuntura una cuestión de culturalismo o de vuelta a la tradición; Góngora era visto por aquellos jóvenes con los ojos de la vanguardia. Y es que, tres siglos atrás, el autor del Polifemo se había propuesto hallar un lenguaje propio: una especie de “subcódigo” específicamente artístico; y seducían especialmente sus deslumbrantes metáforas. Por eso fue entonces para ellos un verdadero guía, ya que –como dice Dámaso Alonso–: “Góngora venía a favorecer el culto por la imagen, la ambición universal de nuestros anhelos de arte y el enorme intervalo que queríamos poner entre poesía y realidad”. 3. EL ATENEO De entre los actos celebrados a lo largo de aquel año en honor de Góngora y el papel reivindicador de su figura que asumieron entonces aquellos jóvenes –que eran la más genuina representación de la nueva literatura en aquel momento– ninguno tendría tanta significación ni tanta capacidad cohesiva para los integrantes del grupo como las dos veladas organizadas por el Ateneo de Sevilla las noches del 16 y 17 de diciembre, que servían de apertura del curso de la Sección de Literatura a la vez que constituían el homenaje sevillano al gran poeta barroco en aquel 1927 de especiales celebraciones gongorinas que entonces terminaba. La ocasión era importante y así nos lo recuerdan –entre otros– Dámaso Alonso en el capítulo “Una generación poética”, incluido en su libro Poetas españoles contemporáneos, Rafael Alberti en La arboleda perdida y Cernuda, que vivió entre el público aquel acontecimiento, en un artículo publicado en la revista Hora de España y recogido luego en el libro Críticas, ensayos y evocaciones. Con la iniciativa de José María Romero Martínez, presidente de la Sección de Literatura del Ateneo de Sevilla, y la bajo la presidencia de Manuel Blasco Garzón, se celebraron aquellas jornadas, que tuvieron lugar en el salón de actos de la Real Sociedad Económica de Amigos del País (junto al convento del Santo Ángel, en la calle Rioja), cedido a este efecto por hallarse ocupado el del Ateneo con los juguetes y donativos recibidos para la Cabalgata de los Reyes Magos. Para ello se invitó a los más característicos representantes de la literatura de vanguardia en aquella hora de renovación. Y el Ateneo los agasajó con deferencia y esplendidez, como reflejan las reseñas de la prensa local, en las que por vez primera se les aplicó el calificativo –luego tan repetido– de generación. La apuesta del Ateneo de Sevilla, especialmente del Presidente de su Sección de Literatura, José María Romero Martínez, al traerlos a nuestra ciudad era, pues,
Revista de Humanidades, 17 (2010), p. 59 - 74. ISSN 1130-5029 65 decidida y arriesgada: una opción por la más innovadora modernidad que situaba al propio Ateneo en la órbita de la más avanzada cultura española y europea. Porque aquellos jóvenes invitados que vinieron entonces a Sevilla estaban todavía iniciando su andadura literaria y aún carecían de la proyección y del reconocimiento que tuvieron posteriormente. Eran en su mayoría madrileños o castellanos (Alonso, Bergamín, Diego, Guillén), un levantino (Chabás) y dos andaluces (García Lorca y Alberti), pero todos residían en la capital de España. Prácticamente eran la plana mayor de la generación del 27. Ausentes estaban Aleixandre y Salinas (este último, aunque seguía siendo formalmente catedrático de Lengua y Literatura Española de nuestra Universidad, desde el año anterior estaba ya en Madrid y se distanció de estos actos). Y Cernuda (que aún vivía en Sevilla) estaba entre el público, como el resto de los jóvenes escritores sevillanos. La famosa fotografía tomada por Serrano al final de la velada del día 16 recoge la mesa presidencial del acto con los participantes en el mismo, “casi militarmente alineados, con apariencia de timidez y fragilidad”, como señala el profesor Rogelio Reyes. Pocos documentos gráficos han tenido la importancia de éste, pues viene a registrar el nacimiento de una generación. Incluida ya de forma casi obligada en todos los manuales de literatura contemporánea, la foto inmortalizaría a los que posaban. Todos los testimonios coinciden en señalar que la asistencia a las veladas literarias no fue muy numerosa: parece que la sala de la Real Sociedad Económica de Amigos del País estaba semivacía durante la celebración de las mismas. Pero el almuerzo celebrado en honor de los visitantes el domingo día 18 en la Real Venta de Antequera sí fue muy concurrido, como señalaba irónicamente Dámaso Alonso. En él no faltaron los platos típicos sevillanos ni las ocurrencias del humorista y cantaor flamenco Antúnez. En este banquete fue jocosamente coronado con laureles Dámaso Alonso, por haber sido premiado recientemente en un certamen poético de la Real Academia Española. Tras las despedidas, una comisión del Ateneo y un nutrido séquito de amigos y escritores locales del grupo Mediodía acompañó a los invitados hasta la estación de Córdoba, donde tomaron esa misma noche el tren expreso que los devolvería a Madrid. Así concluía la más histórica expedición poética que haya conocido nuestra ciudad. Fruto de la iniciativa y del desembolso económico de su Ateneo: algo que es necesario aclarar, pues –como ha señalado Rogelio Reyes– se ha venido repitiendo una y otra vez (por parte incluso de algunos de los poetas invitados) que fue el torero y escritor Ignacio Sánchez Mejías quien costeó su desplazamiento y estancia en Sevilla, cuando lo que hizo en realidad fue agasajarlos durante los días –y sobre todo las noches– en que permanecieron en nuestra ciudad, celebrando en su honor incluso una fiesta en su cortijo de Pino Montano. Pero quien pagó fue el Ateneo de Sevilla, como testimonian el libro de actas de las reuniones de su Junta Directiva, el libro de cuentas, donde se especifican las partidas y conceptos de los gastos realizados (viaje y alojamiento en el Gran Hotel de París, almuerzo y atenciones varias: un total de 2.267 pesetas con 60 céntimos), y la memoria de actividades culturales correspondiente al curso 1927/28. Y no consta en ningún documento entrega alguna de Sánchez Mejías al Ateneo para suplir estos gastos. Así que corresponde a nuestro
La contribución de Sevilla a la generación del 27 - Miguel Cruz Giráldez 66 querido Ateneo de Sevilla el mérito y el honor de la organización del acto literario más relevante y de mayor trascendencia que haya tenido lugar en España durante el siglo XX: nada menos que el nacimiento, la revelación a la luz pública, de la más brillante generación poética contemporánea. Aquellas fechas de diciembre de 1927 en Sevilla iban a convertirse en referencia casi emblemática para los futuros historiadores de la literatura española. Casi todos los que participaron en aquellas decisivas jornadas guardaron un recuerdo imborrable de ellas, porque al calor de la amistad compartida en nuestra ciudad surgió el ambiente generacional que distingue a este grupo. Así lo reconocía Dámaso Alonso. Y Jorge Guillén, al evocar aquel viaje en su poema “Unos amigos”, escrito cincuenta años después, decía que todo pudo haber sido “por contactos casuales”, por “un buen azar que resultó destino” y que posibilitó que cuando “concluyó la excursión”, aquellos jóvenes poetas estuvieran “juntos ya para siempre” en la historia de la literatura española, de la ciudad de Sevilla y de su Ateneo. 4. SEVILLA EN LA GENERACIÓN DEL 27 Quedaba así unida Sevilla al instante en que la generación, al decir de Dámaso Alonso, “irrumpe llena de vida”. Tal vez convenga recordar que dos de sus más destacados integrantes, Aleixandre y Cernuda, nacieron en Sevilla. Que en Sevilla permanecieron durante años cruciales de sus vidas, como catedráticos de Literatura Española de nuestra Universidad, Salinas y Guillén. Una Sevilla que preparaba entonces con toda ilusión la varias veces aplazada Exposición Iberoamericana, que se celebraría finalmente en 1929 y con la que la ciudad deseaba proyectarse a la modernidad. Y que Sevilla, en fin, frecuentada en otros muchos momentos por algunos de ellos, ha sido fuente de inspiración de muchos de los mejores versos salidos de estos prodigiosos poetas, como los que le dedicaron Gerardo Diego o García Lorca. Veamos, por ejemplo, el espléndido soneto “Giralda” del primero, una magnífica muestra de síntesis de tradición clásica en la forma y de cubismo y creacionismo vanguardista en la concepción del poema: Giralda en prisma puro de Sevilla nivelada del plomo y de la estrella, molde en engaste azul, torre sin mella, palma de arquitectura sin semilla. Si su espejo la brisa enfrente brilla, no te contemples –ay, Narcisa– en ella, que se mude esa tu piel doncella toda naranja al sol que se te humilla. Al contraluz de luna limonera, tu arista es bisel, hoja barbera que su más bella vertical depura.
Revista de Humanidades, 17 (2010), p. 59 - 74. ISSN 1130-5029 67 Resbala al tacto su caricia vana. Yo, mudéjar te quiero y no cristiana. Volumen nada más: base y altura. Y de García Lorca, una de las joyas del Poema del Cante Jondo, la “Baladilla de los tres ríos”, preciosa expresión de la poesía neopopularista, una de las más fecundas líneas estéticas de la generación del 27. La poesía de Lorca es rica y variada, reflejo, en ocasiones, de las nuevas tendencias, y otras representa una vuelta a las manifestaciones líricas del pueblo –y en especial al fondo del alma andaluza–, recogiendo su tono misterioso y trágico. En este magnífico poema contrapone el autor de forma paralelística el melancólico intimismo desgarrado de Granada y el carácter abierto de Sevilla, que se manifiesta en el contraste simbólico entre sus ríos: El río Guadalquivir va entre naranjos y olivos. Los dos ríos de Granada bajan de la nieve al trigo. ¡Ay, amor que se fue y no vino! El río Guadalquivir tiene las barbas granates. Los dos ríos de Granada uno llanto y otro sangre. ¡Ay, amor que se fue por el aire! Para los barcos de vela, Sevilla tiene un camino; por los ríos de Granada sólo reman los suspiros. ¡Ay, amor que se fue y no vino! Guadalquivir, alta torre y viento en los naranjales. Darro y Genil, torrecillas muertas sobre los estanques. ¡Ay, amor que se fue por el aire! ¡Quién dirá que el agua lleva un fuego fatuo de gritos!
La contribución de Sevilla a la generación del 27 - Miguel Cruz Giráldez 74 novedades que llamaban también la atención de sus compañeros intelectuales, como la literatura y el cine contemporáneos. Y, por último, mención especial, por lo apasionante de su personalidad, merece el singular poeta Fernando Villalón (Sevilla, 1881-Madrid, 1930), conde de Miraflores de los Ángeles, ganadero, ocultista y hombre de fina sensibilidad y capacidad para la captación de los valores poéticos populares. Condiscípulo de Juan Ramón Jiménez en el colegio de los Jesuitas del Puerto de Santa María, se alinea sin embargo con los más jóvenes poetas del 27, con los que mantuvo una sincera amistad. Poeta tardío, su primera obra, Andalucía la Baja, aparece en 1926. Este libro es una eclosión del sentimiento hondamente experimentado del campo andaluz, transformado ahora en poesía. Sus otros dos libros poéticos, La toríada (1928), de resonancias gongorinas, yRomances del 800 (1929), en el que no faltan imágenes surrealistas, nos sitúan ante un autor que describe en tan solo cuatro años todo un arco generacional de ricas modulaciones estilísticas. 8. CONCLUSIÓN En pocos períodos de la literatura española se alcanzó la excepcional calidad, la diversidad integradora y la profundidad de proyección que representó la generación del 27. No es arbitrario por ello que esta época literaria se denomine también la Edad de Plata de la cultura española. Pues bien, muchos de los grandes nombres de esta generación o son sevillanos o tuvieron una especial vinculación con Sevilla. Esta ciudad se configura así como un referente no sólo literario –como cuna que fue de la generación–, sino también geográfico y estético en la obra de estos poetas excepcionales. 9. REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS Alonso, Dámaso (1965). Poetas españoles contemporáneos, Madrid, Gredos. Cernuda, Luis (1975). Estudios sobre poesía española contemporánea. Madrid: Guadarrama. Guillén, Jorge (1968). Lenguaje y poesía, Madrid, Alianza. Cruz Giráldez, Miguel (1984). Vida y poesía de Rafael Laffón. Sevilla: Diputación Provincial. Díez de Revenga, Fco. Javier (1987). Panorama crítico de la Generación del 27, Madrid: Castalia. Luis, Leopoldo de (1975). La poesía aprendida. Valencia: Bello. Mainer, José Carlos (1981). La Edad de Plata. Madrid: Cátedra. Reyes Cano, Rogelio (2008). El Ateneo y la vida literaria. Cuatro momentos singulares. En: AA.VV. Ateneo de Sevilla: 120 años de presencia cultural. Sevilla: Ateneo/Cajasol, p. 89-124.