De puños y pistolas. Violencia falangista y violencias fascistas
Abstract
Este artículo plantea la necesidad de rastrear el pasado del joven español que se hizo falangista y la trayectoria del camisa azul que devino en combatiente, prestando para ello especial atención a los primeros tiempos del falangismo. Para tal fin y partiendo de una breve comparación con lo ocurrido en otras organizaciones fascistas de Europa se recurre a datos novedosos extraídos fundamentalmente de los archivos municipales y documentos conservados en manos privadas. Gracias a estos fondos, pueden aportarse imágenes nuevas con las que contribuir a la reconstrucción de la historia de la violencia política en la España de los años treinta.
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CUBIERTA AYER 88.fh9 21/11/12 14:31 P gina 1 Composici n C M Y CM MY CY CMY K 88 88 2012 (4) 2012 (4) 88 Violencias de entreguerras: miradas comparadas Coeditado por : Asociación de Historia Contemporánea y Marcial Pons Historia Madrid, 2012. ISSN: 1134-2277 En Europa y en otras latitudes, el periodo de entreguerras vio cómo la violencia condicionaba la vida de muchos países. A la sombra de culturas políticas autoritarias y totalitarias, los Estados democráticos se vieron acosados por múltiples enfrentamientos, resultado de los desequilibrios heredados de la Gran Guerra. Este monográfico analiza las causas y el desarrollo de tales conflictos, con especial atención al caso español. Violencias de entreguerras: miradas comparadas ISBN: 978-84-92820-83-2
© Asociación de Historia Contemporánea Marcial Pons, Ediciones de Historia, S. A. ISBN: 978-84-92820-83-2 ISSN: 1134-2277 Depósito legal: M. 1.149-1991 Diseño de la cubierta: Manuel Estrada. Diseño Gráfico Impresión: Cl o s a s -or C o y e n , s. l. Polígono Igarsa. Paracuellos de Jarama (Madrid) Esta revista es miembro de ARCE AYER está reconocida con el sello de calidad de la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT) y recogida e indexada en Thomson-Reuters Web of Science (ISI: Arts and Humanities Citation Index, Current Contents/ Arts and Humanities, Social Sciences Citation Index, Journal Citation Reports/Social Sciences Edition y Current Contents/Social and Behavioral Sciences), Scopus, Historical Abstracts, Periodical Index Online, Ulrichs, ISOC, DICE, RESH, IN-RECH, Dialnet, MIAR, CARHUS PLUS+ y Latindex 187 Ayer 88.indb 6 9/11/12 19:27:41
Ayer 88/2012 (4) ISSN: 1134-2277 SUMARIO DOSSIER VIOLENCIAS DE ENTREGUERRAS: MIRADAS COMPARADAS Fernando del Rey, ed. Presentación, Fernando del Rey ......................................... 13-26 Democratización y violencia política en el mundo de entreguerras: una cuestión abierta, Manuel Álvarez Tardío . 27-49 El asalto de los cielos: una perspectiva comparada para la violencia anticlerical española de 1936, Julio de la Cueva Merino ............................................................... 51-74 Desorden y Estado fuerte en la Primera República portuguesa, Diego Palacios Cerezales ................................... 75-98 En defensa de la democracia: políticas de orden público en la España republicana, 1931-1936, Gerald Blaney ....... 99-123 De puños y pistolas. Violencia falangista y violencias fascistas, José Antonio Parejo Fernández ............................ 125-145 ESTUDIOS La ley de la costumbre. Arrendamientos rústicos y derechos de propiedad en la Huerta de Valencia (siglos x i x y x x ), Samuel Garrido ............................................................ 149-171 Traidores. Una aproximación al esquirolaje en la provincia de Barcelona, 1904-1914, Juan Cristóbal Marinello Bonnefoy ....................................................................... 173-194 El debate sobre el género en la Constitución de 1978: orígenes y consecuencias del nuevo consenso sobre la igualdad, Pamela Radcliff ..................................................... 195-225 187 Ayer 88.indb 7 9/11/12 19:27:42
8 Ayer 88/2012 (4) Sumario ENSAYOS BIBLIOGRÁFICOS El mundo del trabajo durante el franquismo. Algunos comentarios en relación con la historiografía, José Babiano ......................................................................... 229-243 HOY El Diccionario Biográfico Español, el pasado y los historiadores, José Luis Ledesma ......................................... 247-265 187 Ayer 88.indb 8 9/11/12 19:27:42
DOSSIER ViolenCias d e e n t r e g u e r r a s : m i r a d a s C o m P a r a d a s 187 Ayer 88.indb 11 9/11/12 19:27:42
Recibido: 22-10-2011 Aceptado: 25-05-2012 Ayer 88/2012 (4): 125-145 ISSN: 1134-2277 De puños y pistolas. Violencia falangista y violencias fascistas * José Antonio Parejo Fernández Universidad de Sevilla Resumen: Este artículo plantea la necesidad de rastrear el pasado del joven español que se hizo falangista y la trayectoria del camisa azul que devino en combatiente, prestando para ello especial atención a los primeros tiempos del falangismo. Para tal fin y partiendo de una breve comparación con lo ocurrido en otras organizaciones fascistas de Europa se recurre a datos novedosos extraídos fundamentalmente de los archivos municipales y documentos conservados en manos privadas. Gracias a estos fondos, pueden aportarse imágenes nuevas con las que contribuir a la reconstrucción de la historia de la violencia política en la España de los años treinta. Palabras clave: España, Falange española, Segunda República, guerra civil, violencia política. Abstract: This article raises the need to track the past of those Spanish young people who became fascists and the way in which those fascists developed into soldiers. So it pays special attention to the first times of the Spanish Falange. This paper talks about the political training of Spanish fascists from a European comparative perspective. Main sources for this research are new information coming from the local and private archives. Thanks to these data, this essay develops new images De puños y pistolas. Violencia falangista... José Antonio Parejo Fernández * Este artículo se integra en el proyecto financiado por la Comunidad de Madrid «Elecciones y cultura política en la Segunda República española (1931-1936). El impacto cuantitativo de la violencia en la competencia partidista», ref. URJC-CM-2010-CSH-4935. 187 Ayer 88.indb 125 9/11/12 19:27:51
José Antonio Parejo Fernández De puños y pistolas. Violencia falangista... 126 Ayer 88/2012 (4): 125-145 to improve our knowledge of the history of the political violence in the Spanish thirties. Keywords: Spain, Falange Española, Second Republic, civil war, political violence. Introducción La violencia política marcó la historia del Viejo Continente desde los inicios del siglo x x debido a que todos los movimientos revolucionarios y contrarrevolucionarios de masas la practicaron, llevándola incluso hasta unos niveles difíciles de superar tal cual hicieron, antes que nadie, los bolcheviques durante la guerra civil en el fenecido imperio zarista 1 . Por eso, a simple vista, no resultó una novedad el que los fascismos pusieran en marcha sus violencias y, sin embargo, el cómo la entendieron y el modo en que la llevaron a la práctica se convirtió en uno de los componentes definitorios que los distinguieron del resto de organizaciones políticas 2 . El porqué se debió al sentido positivo que los primeros fascistas le imprimieron a la misma, por el valor terapéutico que le atribuyeron, por el hecho de que tanto los camisas negras como los seguidores del incipiente movimiento nazi la convirtieron en un modo de vida, pues sólo luchando de principio a fin es cómo entendieron que alcanzarían los objetivos que ambos movimientos se proponían 3 . 1 Stanley G. Pa y n e : Historia del Fascismo, Barcelona, Planeta, 1995, p. 20. Sobre la importancia de la violencia en la forja de los fascismos históricos véanse Robert O. Pa x t o n : Anatomía del fascismo, Barcelona, Península, 2004, p. 17, y Roger gr i F F i n : The nature of fascism, Londres, 1991. Un buen balance historiográfico en Emilio ge n t i l e : La vía italiana al totalitarismo. Partido y Estado en el régimen fascista, Buenos Aires, Siglo XXI, 2005; para el nazismo, John lu K a C s : El Hitler de la Historia. Juicio a los biógrafos de Hitler, Madrid, Turner, 2003. 2 Robert O. Pa x t o n : Anatomía..., p. 23; Stanley G. Pa y n e : Historia del..., pp. 15-16, y Allen do u g l a s : «Violence and fascism: the case of Faisceau», Journal of Contemporary History, 19-4 (1984), p. 689. 3 Roberta su z z i Va l l i : «The myth of squadrismo in the fascist regime», Journal of Contemporary History, 35-2 (2000), p. 133, y Stanley G. Pa y n e : Historia del..., p. 20. Para una completa cronología de los actos violentos, Mimmo Fr a n z i n e l l i : Squadristi. Protagonisti e tecniche della violenza fascista (1919-1922), Milán, Oscar Storia-Mondadori, 2004; Roberto Vi V a r e l l i : Storia delle origini del fascismo. L’Italia dalla grande guerra a la marcia su Roma, 2 vols., Bolonia, Il Mulino, 1991, y Renzo d e Fe l i C e : Mussolini, 8 vols., Turín, Einaudi, 1965-1990. 187 Ayer 88.indb 126 9/11/12 19:27:51
Ayer 88/2012 (4): 125-145 127 José Antonio Parejo Fernández De puños y pistolas. Violencia falangista... En la forja de aquel estilo de vida influyeron, entre otros factores, los efectos de la Gran Guerra. La brutalización de la sociedad derivada de la propia contienda así como los intentos posteriores de extender el bolchevismo por Europa, más las perturbaciones y los miedos consiguientes que se extendieron por amplias capas de la población prepararon el terreno para que los europeos soportaran la violencia hasta un punto que ésta, paradójicamente, empezó a ser vista cómo la mejor manera de retornar al orden y a la normalidad 4 . Y, sobre todo, porque aquel conflicto cambió para siempre a esa parte de la juventud europea que al término de la guerra no abrazó el pacifismo; jóvenes que primero fueron soldados y luego integrantes de las primeras escuadras fascistas, donde siguieron teniendo muy presentes tanto las frustraciones del combate como la violencia extrema con la que habían convivido durante cuatro años 5 . Fue una generación enviada a la muerte por sus países, hombres que marcharon a la batalla y que en las trincheras aprendieron a convivir con el odio, a combatir, a forjar una hermandad de sangre que una vez acabada la Primera Guerra Mundial siguieron manteniendo, pero ahora contra sus adversarios políticos convertidos ya en enemigos a exterminar 6 . En el fascismo, por tanto, la violencia vitalista marcó un camino en el que la muerte pasó a ser el más alto servicio y donde la rendición de honores a los camaradas muertos se convirtió en el mayor timbre de gloria con el que un militante podía ser correspondido. Pero el fascismo también supo combinar esa violencia con el hecho 4 George mo s s e : Fallen soldiers. Reshaping the Memory of the World Wars, Nueva York, Oxford University Press, 1991, pp. 159-182; Ian Ke r s h a w : Hitler, 1889-1936, Barcelona, Península, 1999, p. 182, y Enzo tr a V e r s o : La violencia nazi. Una genealogía europea, Méjico, FCE, 2003. 5 Un retrato de la juventud anterior a la guerra en Stefan zw e i g : El mundo de ayer. Memorias de un europeo, Barcelona, Acantilado, 2007. Para una panorámica del periodo anterior a la guerra véanse Mikuláš te i C h y Roy Po r t e r : Fin de Siècle and its legacy, Cambridge, 1993; Barbara tu C h m a n : La Torre del Orgullo (1890-1914). Una semblanza del mundo antes de la Primera Guerra Mundial, Barcelona, Península, 2007, y Phillipp bl o m : Años de vértigo. Cultura y cambio en Occidente, 1900-1914, Barcelona, Anagrama, 2010. 6 George mo s s e : «The genesis of fascism», Journal of Contemporary History, 1-1 (1966), p. 17; Stanley G. Pa y n e : Historia del..., pp. 115 y ss.; Ian Ke r s h a w : Hitler..., p. 182, y Dahlia sa b i n a : «Electoral democracy, revolutionary politics and political violence: the emergence of fascism in Italy, 1920-1921», British Journal of Sociology, 51-3 (2000), pp. 461-488. 187 Ayer 88.indb 127 9/11/12 19:27:51
José Antonio Parejo Fernández De puños y pistolas. Violencia falangista... 128 Ayer 88/2012 (4): 125-145 de conseguir presentarse como el último refugio contra el comunismo, a más de con un mensaje palingenésico y propuestas concretas que atrajeron tanto a las clases altas como a los trabajadores italianos o alemanes, todo lo cual acabó permitiéndoles sus primeros triunfos tanto en el Valle del Po 7 como en la Alemania de Weimar, donde los casi 10.000 nazis de base que habían sido heridos hasta 1932 durante las refriegas contra sus enemigos dan idea de hasta qué punto habían calado los nuevos modos en las sucesivas hornadas de militantes 8 . Pues bien, esta misma asunción de la violencia caracterizaría años después a los falangistas, aunque con notables diferencias derivadas del hecho de no haber participado el país y, por tanto, la juventud española en la Gran Guerra. Cuando se centra la atención en la paramilitarización de la política española y más concretamente en los primeros pasos del fascismo español no cabe duda de que las teorizaciones de Ledesma Ramos sobre la violencia y el lugar primordial que ésta ocupó en el ascenso del fascismo hispano son insoslayables 9 . Pero del mismo modo que esto es así también debería serlo el que una cuestión es la paternidad intelectual de una idea y otra muy distinta el que esos 7 Robert O. Pa x t o n : Anatomía..., p. 76; Emilio ge n t i l e : Storia del partito fascista (1919-1922). Movimento e milizia, Roma, Laterza, 1989; Alberto aq u a r o n e : «Violenza e consenso nel fascismo italiano», Storia Contemporanea, 10 (1979), pp. 145-155; Paolo ne l l o : «La violenza fascista ovvero dello squadrismo nazionalrivoluzionario», Storia Contemporanea, 12 (1982), pp. 1009-1025; Adrian ly t - t e l t o n : «Fascismo e violenza: conflitto sociale e azione politica in Italia nel primo dopoguerra», Storia Contemporanea, 12 (1982), pp. 965-1008, y Jens Pe t e r s e n : «Il problema della violenza nel fascismo italiano», Storia Contemporanea, 6 (1982), pp. 985-1008. 8 Richard J. eV a n s : La llegada del Tercer Reich. El ascenso de los nazis al poder, Barcelona, Península, 2005, p. 309; John o’lo u g h l i n , Colin Fl i n t y Luc an s e - l i n : «The geography of the nazi vote: context, confession and class in the Reichstag election of 1930», Annals of the Association of American Geographers, 84-3 (1994), pp. 351-380, y William sh e r i d a n : La toma del poder por los nazis. La experiencia de una pequeña ciudad alemana, 1922-1945, Barcelona, Ediciones B, 2009. 9 Eduardo go n z á l e z Ca l l e J a : «Camisas de fuerza: fascismo y paramilitarización», Historia Contemporánea, 11 (1994), pp. 55-81, e í d.: «La violencia y sus discursos: los límites de la “fascistización” de la derecha española durante el régimen de la Segunda República», Ayer, 71 (2008), pp. 85-116. Para la trayectoria de Ledesma Ramos véase Ferrán ga l l e g o : Ramiro Ledesma Ramos y el fascismo español, Madrid, Síntesis, 2005; Ferrán ga l l e g o y Francisco mo r e n t e (eds.): Fascismo en España. Ensayos sobre los orígenes sociales y culturales del franquismo, Barcelona, El Viejo Topo, 2005, y Pedro Carlos go n z á l e z Cu e V a s : «Ledesma Ramos y el fascismo», Razón Española, 80 (1996), pp. 261-298. 187 Ayer 88.indb 128 9/11/12 19:27:51
Ayer 88/2012 (4): 125-145 135 José Antonio Parejo Fernández De puños y pistolas. Violencia falangista... combate, por tanto, exigió de los falangistas, al igual que antes se les había exigido a los fascistas europeos, interiorizar cuanto acaba de mencionarse, así como altas dosis de voluntad e idealismo, equivocado ciertamente, pero idealismo al fin y al cabo. Cuando completaron el proceso, lo hicieron para convivir con la violencia hasta el final, contribuyendo de esta forma a que España se precipitara aún más por un abismo de excesos que ningún español de hoy día podría soportar. A razón de esto, la historia de la violencia, de las provocaciones, del pistolerismo de la Falange durante la República es inacabable 2 1 , pero no por esto el historiador debe dejar de preguntarse quién disparó el primer tiro, de quién fue el primer caído 2 2 . Porque aunque no cabe duda que gran parte de las primeras provocaciones procedieron de la Falange y que la violencia fue su único camino para llegar a la meta final, cabe también afirmar que no fue la Falange la que causó el primer muerto. Esto no debe perderse de vista porque fue en la forma en que se produjeron estos acontecimientos donde encontramos las claves para nuestra reconstrucción. Como es sabido Falange se fundó en octubre de 1933. Un mes escaso después, sin tiempo de haber pensado en las pistolas alguien disparó contra la multitud en un mitin de Primo de Rivera en Cádiz, ocasionando un muerto y varios heridos. El 11 de enero de 1934 fue asesinado el primer falangista en Madrid, el cual acababa de comprar una publicación de Falange. A raíz de aquel asesinato, los quiosqueros se negaron a vender los periódicos de FE por lo que fueron los jóvenes del partido quienes empezaron a venderlos por las calles. El resultado de todo esto fue que el 27 de enero de aquel mismo año fuera asesinado a tiros el encargado de dirigir esas ventas a pie de calle. El 3 de febrero dos heridos de bala que vendían el periódico; el 9 de febrero moría Matías Montero. Es decir, en cuatro meses de vida Falange ya sumaba cuatro muertos 2 3 . ¿Cómo respondieron a dichos asesinatos los falangistas? En realidad no hubo reacción inmediata, por lo que aquellos asesinatos no sólo siguieron 21 Julián Pe m a r t í n : Almanaque de la primera guardia, Madrid, Editora Nacional, 1946. 22 Estas cuestiones ya fueron abordadas por Alfonso la z o , «Independencia y verdad en la Historia. El caso de la Falange republicana», en José Manuel ma C a - r r o Ve r a (dir.): De la Restauración borbónica a la Guerra Civil, Sevilla, Universidad, 2009, pp. 375-385. 23 Ibid., p. 383. 187 Ayer 88.indb 135 9/11/12 19:27:52
José Antonio Parejo Fernández De puños y pistolas. Violencia falangista... 136 Ayer 88/2012 (4): 125-145 sin respuesta, sino que dieron lugar, además, a una intensísima campaña de burla contra los mandos de la organización 2 4 . Desde las páginas del Abc, pasando por un Ledesma Ramos resuelto a señalar la contradicción de un partido combativo que se negaba a luchar 2 5 y sin olvidar la negativa de un José Antonio Primo de Rivera, aún por aquel entonces convertido en un líder fascista atípico que rechazaba que su partido se convirtiera en «una organización de delincuentes [...] por muchos estímulos oficiosos que reciba» 2 6 , el caso es que la pasividad del mando viene a señalar la importancia de no soslayar el proceso evolutivo mediante el cual la Falange acabaría asimilando la violencia típicamente fascista. Porque, efectivamente, una cuestión fue representar, como en el caso de Ledesma Ramos, el papel de padre intelectual de la violencia fascista en España y otra muy distinta conseguir que dicha idea la asumiera un grupo político como el de los falangistas, lo cual en el caso español anduvo necesitado de tiempo. Así que mientras José Antonio Primo de Rivera no resolvió sus dudas, aquellos asesinatos continuaron: el 9 de marzo de 1934 un obrero de FE fue acribillado a balazos en Madrid; una situación que seguiría de este modo hasta el 10 de junio de 1934. Aquel día un grupo de falangistas salieron de excursión camino de los montes de El Pardo. No era una salida campestre cualquiera, en realidad iban a encontrarse con las Juventudes Socialistas que solían acudir a aquel mismo lugar. Iban a provocar. Sin embargo, la provocación les salió mal porque aquella jornada los socialistas los superaban en número, al punto que éstos consiguieron aislar y rodear a uno de los falangistas que acabarían matando a puñaladas. Aquella misma tarde Primo de Rivera ordenó la represalia. Horas después, ya de noche, el grupo de las 24 Abc, 10 de febrero de 1934 y 13 de febrero de 1934. 25 Ramiro le d e s m a ra m o s : Escritos políticos (1935-1936), Madrid, Trinidad Ledesma Ramos, 1988, p. 129. 26 La cita en Alfonso la z o : «Independencia y...», p. 384. Como bien recoge Payne, «en el primer número de FE, José Antonio había declarado que, de hecho, la violencia era algo de menor importancia en el programa falangista, pero que estaba definitivamente justificada si se aplicaba en el momento y en el lugar apropiados. Anteriormente había escrito en una carta personal que “la violencia no es censurable sistemáticamente. Lo es cuando se emplea contra la Justicia”, lo que, como mínimo, es una afirmación altamente ambigua. Algunas de sus primeras declaraciones políticas invocaban la violencia pero refiriéndose a ella de modo ambiguo y defensivo». Véase Stanley G. Pa y n e : Franco y José Antonio..., pp. 189-190. 187 Ayer 88.indb 136 9/11/12 19:27:52
Ayer 88/2012 (4): 125-145 137 José Antonio Parejo Fernández De puños y pistolas. Violencia falangista... Juventudes Socialistas que regresaba en autobús fue tiroteado por los falangistas, muriendo en la refriega una muchacha del PSOE llamada Juanita Rico. Así fue cómo los falangistas resolvieron sus dudas y de esta forma cómo empezó la matanza entre unos y otros, la cual iría aumentando hasta el inicio de la guerra civil 2 7 . Apretar el gatillo fue el último paso en la asimilación de la violencia. Cuando lo dieron, el arrojo exigido, el ideal de violencia fascista cobró definitivamente carta de naturaleza en la militancia falangista, posibilitando así que a partir de entonces la Primera Línea de la Falange deviniera en el instrumento de castigo con el que llevar a cabo las acciones contra los enemigos. Las cifras de adscripción voluntaria —un hecho que debe destacarse por cuanto hasta 1938 los mandos dejaron en manos de sus afiliados la adscripción a una u otra sección— a la Falange de la Sangre allí donde se ha completado el estudio no dejan lugar a dudas: un 65,9 por 100 de los militantes en la Falange de la capital hispalense y un 68 por 100 de los militantes pertenecientes a las Falanges de pueblo sevillanas durante la República muestran claramente la disposición de los afiliados para el combate. Lo que vino después es de sobra conocido: un grupo más sumándose a la lista de organizaciones anti-demócra- tas que venían violentando la legalidad republicana desde la primavera de 1931, con lo que el problema del orden público en España se vio agravado aún más 2 8 . Unos y otros, por tanto, despreciando el Estado de derecho llevaron a España a una ola de crímenes que entre 1931 y 1936 se cobró, según algunos cálculos, no menos de 2.200 muertos (sin contar los heridos) 2 9 , una cifra inasimilable en la España de hoy. Fue la violencia política de la Segunda República, 27 Alfonso la z o : «Independencia y...», p. 385. 28 Gerald bl a n e y : «Between order and loyalty: The Civil Guard and the Spanish Second Republic, 1931-1936», en David or a m (ed.): Conflict & Legality: policing mid-twentieth century Europe, Londres, Francis Boutler, 2003; íd.: «Keeping order in Republican Spain (1931-1936)», en íd .: Policing interwar Europe. Continuity, Change and Crisis, 1918-1940, Londres, Palgrave MacMillan, 2007, pp. 31-68; Francisco José Ca r m o n a : El orden público en Sevilla durante la Segunda República, Sevilla, Patronato del Real Alcázar, 2011, e í d .: Violencia política y orden público en Andalucía Occidental, 1933-1934, Madrid, Ministerio del Interior, 2002. 29 Un análisis sobre la violencia política en Fernando d e l re y : «Reflexiones sobre la violencia política en la Segunda República española», en Diego Pa l a C i o s y Mercedes gu t i é r r e z (eds.): Conflicto político, democracia y dictadura. Portugal y España en la década de 1930, Madrid, Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, 2007, pp. 17-97. Payne da no menos de 2.200 muertos como consecuencia de 187 Ayer 88.indb 137 9/11/12 19:27:52
José Antonio Parejo Fernández De puños y pistolas. Violencia falangista... 138 Ayer 88/2012 (4): 125-145 unos años de atentados por momentos casi diarios en el que los falangistas, una vez estuvieron preparados para ellos, contrajeron notables responsabilidades. Ellos serían los mismos que empuñarían las armas el 18 de julio de 1936. Combatientes A los pocos meses de iniciarse la guerra civil comenzó a popularizarse entre las fuerzas del bando sublevado no falangistas una coplilla en la que los de Falange aparecían retratados como unos cobardes dedicados únicamente a los desfiles 3 0 . Hoy, los datos de archivo muestran cuán equivocados estuvieron quienes la cantaron, porque si bien es cierto que toda la retaguardia se forró de camisas azules desfilando sin parar, tampoco fue menos verdad que esta imagen de partido exhibicionista fue posible gracias a que los cuadros de la Falange estuvieron llenos a rebosar de militantes. Lo cual, por otra parte, les permitió —a diferencia de otras organizaciones— tener los suficientes integrantes como para mandarlos a los frentes de combate y también a los desfiles que se organizaron en la retaguardia. Hoy aquellas burlas ya no sorprenden al historiador, por la información contenida en los archivos y porque éstas fueron en realidad una consecuencia del pulso mantenido entre un partido de masas como la Falange y una derecha reaccionaria que muy pronto comenzó a ver en el falangismo, en su estilo y en su praxis fascista una anomalía inexplicable en la España sublevada. No fue la única imagen recibida sobre FE de las JONS. El 18 de julio inauguró una nueva etapa en la historia de la Falange, trayendo consigo una oleada de afiliaciones que la convirtió en una organización de masas. Durante décadas la explicación que se le dio a dicha avalancha se fundamentó en el miedo a los fusilamientos y en el pasado político. Así todo cuadraba: de no haber sido por estos factores, el fascismo español nunca se habría convertido en un movimiento de masas. Dejando de lado el atractivo que el ideal de Comunidad Nacional —propio de todo fascismo— la violencia política. Véase Stanley G. Pa y n e : El colapso de la República: los orígenes de la Guerra Civil (1933-1936), Madrid, La Esfera de los Libros, 2005, p. 540. 30 Eugenio Ve g a s : Los caminos del desengaño. Memorias políticas, II, 1936-1938, Madrid, Tebas, 1987, p. 60. 187 Ayer 88.indb 138 9/11/12 19:27:52
Ayer 88/2012 (4): 125-145 139 José Antonio Parejo Fernández De puños y pistolas. Violencia falangista... había ejercido entre millones de europeos pertenecientes a todos los estratos sociales y que ahora también era perceptible en España de la mano de la Falange, es evidente que la teoría del paraguas protector como explicación de aquel torrente de afiliaciones no sirve del todo por cuanto es incapaz de explicar por qué ese mismo crecimiento masivo experimentado en Falange no tuvo lugar igualmente en las filas carlistas, que también se alzaron contra la República, que también convocaron a los españoles, pero que fueron incapaces de aumentar sus bases como lo hicieron los falangistas. Una teoría errónea que impide, además, valorar en su justa medida tanto la importancia del concurso azul en la victoria franquista, como las responsabilidades que aquellos falangistas contrajeron durante la contienda. En cualquier caso, y siempre gracias a los datos hallados en los archivos, vamos sabiendo ya quiénes fueron los que ingresaron en Falange a partir del 18 de julio; por qué eligieron a FE y no, por ejemplo, a la Comunión Tradicionalista, y a qué ritmo ingresaron en la organización 3 1 . Iniciada la guerra, la estructura organizativa de la Falange necesitaba una remodelación urgente como consecuencia de los desajustes ocasionados por los tiempos de la clandestinidad. Lo más prioritario fue recomponer la parte administrativa para gestionar la avalancha de afiliaciones, dejándose para más adelante la reconfiguración de otras secciones del partido como la de milicias, lo cual significó que la adscripción a la Primera y la Segunda Línea siguió dependiendo del interés particular de cada afiliado 3 2 . O dicho de otra forma, cuando elegían entrar en Falange lo hacían estando sujetos a una doble voluntariedad: la primera, haber elegido FE de las JONS y no la Comunión Tradicionalista o las Milicias Nacionales y, la segunda, decidir en qué sección se adscribían. Y no fue hasta que llegó la hora de la reorganización de Milicias —tras la Unificación, es decir, cuando ya hacía meses que venía siendo un partido de masas— cuando la Jefatura Nacional de Milicias ordenó que, a partir de entonces, todos los militantes que estuviesen comprendidos entre los dieciocho y los treinta años fueran adscritos obligatoriamente a la Primera Línea, salvo en las contadas ocasiones que se contemplaban en dichas normas 3 3 . 31 José Antonio Pa r e J o : Las piezas..., pp. 71-118. 32 Ibid. 33 Archivo Municipal de Paradas, legajo 463, 19 de mayo de 1937. 187 Ayer 88.indb 139 9/11/12 19:27:52
José Antonio Parejo Fernández De puños y pistolas. Violencia falangista... 140 Ayer 88/2012 (4): 125-145 gr á F i C o 1 Edades y estado civil de los Falangistas por Secciones de Falange. Provincia de Sevilla, Ocupación Militar-Decreto de Unificación Casados Solteros Viudos Entre 13 y 17 Entre 18 y 30 Entre 31 y 40 Entre 41 y 50 Más de 51 años Casados Solteros Viudos Entre 13 y 17 Entre 18 y 30 Entre 31 y 40 Entre 41 y 50 Más de 51 años 0 100 200 300 400 500 600 Primera línea Segunda línea Estado Estado Edades civil Edades civil 72,7 % 23,3 % 4 % 3 % 18,9 % 34,7 % 24,9 % 18,7 % 34,3 % 64,8 % 1 % 10,5 % 61,4 % 19,5 % 6,8 % 1,8 % Fuente: Elaboración propia a partir de los datos localizados en los archivos municipales sevillanos. Posteriormente, en el mes de marzo de 1938, tras casi veinte meses de guerra y cuando las milicias de FE llevaban militarizadas desde el 20 de diciembre de 1936, el reglamento se endureció aún más, al prohibirse la permanencia en la Segunda Línea a todos los que tuvieran entre dieciocho y treinta años 3 4 . El día que esto se ordenó llevaban casi dos años combatiendo, lo cual significaba que para cuando se cerraron las puertas a la libre elección hacía ya mucho que los militantes habían elegido su sitio, las más de las veces de forma voluntaria. De todo aquello quedó un rastro en los archivos locales, cuyo resumen es el gráfico 1. Con los propios documentos de la Falange avalando la reconstrucción de este retrato colectivo, el resultado que las decisiones de cada afiliado arrojó es claro: ni el miedo a los fusilamientos ni el miedo al frente de batalla pueden explicar por sí solos los datos de afiliación, por cuanto más del 50 por 100 de los nuevos falangistas que entraron en la organización 34 Un estudio más pormenorizado de la cuestión en José Antonio Pa r e J o : Las piezas..., capítulo II; una reproducción de la normativa de Milicias de FET en íd .: Señoritos, Jornaleros..., pp. 282-288. 187 Ayer 88.indb 140 9/11/12 19:27:53
Ayer 88/2012 (4): 125-145 141 José Antonio Parejo Fernández De puños y pistolas. Violencia falangista... a partir del 18 de julio se apuntaron a la Primera Línea y del total de afiliados que solicitaron su ingreso entre el 18 de julio de 1936 y las vísperas de la unificación en abril de 1937 resulta que el 70 por 100 carecía de orígenes políticos. Así, los que optaron por la Primera Línea fueron los jóvenes, los solteros, gentes en general sin orígenes políticos previos (ni de izquierdas ni de derechas) aunque dispuestos todos al combate. En cambio, los que ingresaron directamente en la Segunda Línea fueron los casados, los que tenían responsabilidades familiares y los afiliados de más edad 3 5 . Y lo destacable es que esta misma tónica se detecta en otras provincias españolas. En la onubense, por ejemplo, la distribución entre la Primera y la Segunda Línea fue prácticamente la misma que la vista en el caso sevillano: un 51,3 por 100 de los falangistas estuvieron encuadrados en la Primera Línea por un 48,7 por 100 en la Segunda 3 6 . En el caso de la Falange de Tánger, el recuento también arroja que allí la mayoría de los efectivos se adscribieron a la sección más expuesta: 147 falangistas españoles y 228 más de origen marroquí, es decir, el 71,4 por 100 pertenecía a la Primera Línea 3 7 . Exactamente lo mismo que en la Jefatura Provincial de Tenerife, donde la inmensa mayoría de los falangistas canarios no sólo se habían adscrito a la Primera Línea (74,8 por 100), sino también que buena parte de los mismos pasaron a los frentes de la Península para luchar contra la República: de los 2.277 militantes de Primera Línea en el momento del cómputo, 1.828 estaban luchando ya en los frentes de batalla 3 8 . Y una última cuestión. Para darle un punto más de nitidez al retrato de los falangistas en guerra no debe olvidarse una serie de circunstancias que han dificultado la reconstrucción de esta imagen hasta ahora. La primera es que la fotografía final nunca reflejará a todos los falangistas que marcharon al combate, pues muy a me- 35 Ibid. 36 Nomenclátor de la Provincia de Huelva, 23 de abril de 1937, AGA, Presidencia, Secretaría General del Movimiento, caja 51/18.946. 37 Ibid. En la segunda línea había 150 militantes, el 28,6 por 100 del total. Hasta que no completemos el estudio de la Falange en el sur de España no estaremos en condiciones de asegurar cuáles fueron las razones por la que esos marroquíes se adscribieron a Falange, si por una creencia en el ideal palingenésico de la Falange o simplemente por la búsqueda de un modus vivendi. 38 Ibid., informe del 15 de abril de 1937. En la segunda línea estaban 766 falangistas (25,2 por 100 del total). 187 Ayer 88.indb 141 9/11/12 19:27:53
José Antonio Parejo Fernández De puños y pistolas. Violencia falangista... 142 Ayer 88/2012 (4): 125-145 nudo se dio el caso de que muchos de ellos o bien fueron movilizados por el ejército sublevado antes de ser activados con sus respectivas banderas de Falange o bien el no menos infrecuente caso de estar luchando ya con las unidades falangistas y tener que abandonarlas para integrarse en las fuerzas del ejército regular franquista. La segunda, no menos importante, derivada de las cifras que se recogen en el cuadro 1, es que esos 205.173 falangistas puestos a disposición de los mandos franquistas, más las altísimas tasas de bajas que tuvieron las unidades en las que fueron encuadrados durante la contienda dan una idea bastante exacta de lo hecho por la Falange durante el combate. Son cifras que hablan por sí solas, especialmente si, además, las comparamos con el número de boinas rojas que la Comunión Tradicionalista consiguió movilizar durante la campaña. Cruzando, pues, los datos que tenemos con los rasgos sociológicos de dichos falangistas nos aparece un retrato de grupo en el que los falangistas aparecen desposados con la violencia, decididos a destruir la democracia republicana, contrayendo, por tanto, responsabilidades en la medida en que la voluntad y el idealismo de cada afiliado acabó convirtiendo a la Falange en un pilar fundamental a la hora de fijar la estrategia de guerra franquista, por cuanto ningún mando militar pasaría por alto la importancia de tener a su servicio a más de 200.000 milicianos dispuestos a todo con tal de alcanzar el objetivo propuesto 3 9 . Estos miles y miles de combatientes procedentes de prácticamente todas las Falanges del país, diseminados por todos los frentes de combate arrojan una nueva imagen sobre la fotografía tradicional que hasta ahora teníamos de la organización. En primer lugar, porque tanto las coplillas contra los emboscados de FE como las teorías de los paraguas protectores presentan serios problemas a la luz de estos datos. En segundo término, porque la Falange fue capaz de atraer a un contingente de españoles dispuestos a todo como el que vemos en los distintos apartados de este cuadro. Tercero porque no parece que predominaran los que fueron al combate obligados, sino todo lo contrario: la gran mayoría marcharon voluntariamente como así lo atestiguan los datos hallados en los ar- 39 «Estado numérico de ex-combatientes, muertos y heridos que pertenecieron a las distintas unidades de FET y de las JONS durante la pasada campaña de Liberación Nacional», Madrid, 17 de marzo de 1958, Archivo General Militar de Ávila, caja 5757, carpeta 12. 187 Ayer 88.indb 142 9/11/12 19:27:53
Ayer 88/2012 (4): 125-145 143 José Antonio Parejo Fernández De puños y pistolas. Violencia falangista... Cu a d r o 1 Relación de fallecidos y heridos enrolados en las Milicias de FET, diferenciados por Regiones Militares y procedencia anterior a la Unificación Regiones militares Excombatientes Falange Muertos Heridos Bajas (%) Excombatientes carlistas Muertos Heridos Bajas (%) Primera 28.410 1.811 5.834 25,32 3.752 417 1.151 41,79 Segunda 63.383 2.004 5.793 12,30 6.803 249 1.023 18,70 Tercera 1.320 34 102 10,30 — — — — Cuarta 891 3 12 1,68 1.395 269 346 44,09 Quinta 31.945 1.916 14.710 52,05 9.050 481 4.159 51,27 Sexta 45.529 3.599 23.950 60,51 48.279 3.212 22.475 53,21 Séptima 22.103 2.327 5.818 36,85 — — — — Octava 7.590 637 1.865 32,96 — — — — Canarias 4.002 167 295 11,54 to t a l 205.173 12.498 58.379 34,54 69.279 4.628 29.154 48,76 Fuente: elaboración propia a partir de los datos localizados en Archivo General Militar de Ávila, caja 5757, carpeta 12, «Estado numérico de excombatientes, muertos y heridos que pertenecieron a las distintas unidades de FET y de las JONS durante la pasada campaña de Liberación Nacional», Madrid, 17 de marzo de 1958. chivos. Y porque, además, los falangistas combatieron en sus respectivas banderas con una determinación tal contra la República que, insistimos, las tasas de muertos, heridos y bajas deberían tenerse muy en cuenta a la hora de valorar la importancia que tuvieron en el desarrollo de la guerra y, por consiguiente, las responsabilidades que contrajeron en la caída del régimen republicano. Conclusión Una organización como la Falange no atrajo a cientos de miles de españoles hasta entonces apolíticos sin más razón que el miedo o el odio al enemigo, no mandó al combate a más de 200.000 voluntarios, que fueron heridos y que cayeron por miles en los frentes 4 0 , nada de esto se consigue sin un discurso previo que los presentase 40 Las cifras que hasta la fecha se manejaban fueron las aportadas por Rafael Ca s a s d e l a Ve g a : Las Milicias Nacionales, vol. 1, Madrid, Editora Nacional, 1977. 187 Ayer 88.indb 143 9/11/12 19:27:53
José Antonio Parejo Fernández De puños y pistolas. Violencia falangista... 144 Ayer 88/2012 (4): 125-145 como algo tan atractivo como para conseguir que éstos pusiesen sus vidas al servicio de un ideal como el falangista. Comparado con lo sucedido en otros países de Europa donde sus respectivas organizaciones fascistas también fueron capaces de movilizar las voluntades en la forma en la que lo hizo la Falange a partir del 18 de julio, no cabe duda de que el caso del fascismo español fue uno más en esa larga lista de movimientos fascistas dispuestos a todo. Pero por el hecho de que el resultado acabara siendo el mismo no quiere decirse que la radiografía falangista deba estudiarse de la misma forma. Primero, porque las circunstancias de partida no fueron las mismas; segundo, porque el aprendizaje de los falangistas no fue el de sus homólogos europeos y, tercero, porque el tiempo histórico no avanzó de la misma forma en unos lugares que en otros. En cualquier caso, una cuestión ya es evidente: el camino que queda por recorrer aún es largo. Falta todavía conocer la influencia que ejerció en los afiliados la violencia reactiva contra el enemigo y la que tuvo la violencia vitalista. Queda igualmente pendiente barajar las posibilidades por las que un joven sin necesidad de ello ingresó en un partido como la Falange y se lanzó luego a jugarse la vida. Sin olvidar el análisis concienzudo de las circunstancias que posibilitaron la transformación de una Falange dubitativa en una organización abiertamente fascista respecto a la concepción y uso de la violencia. Acabada la guerra llegó la hora de volver a casa y reincorporarse a la vida civil. Los falangistas que regresaron lo hicieron victoriosos. Les habían prometido que al alcanzar la victoria obtendrían la recompensa por la que marcharon al combate. Lo consiguieron. Pero lo que encontraron a la vuelta no tuvo nada que ver con las promesas de antaño: «La escasez de camas con que cuenta el Patronato Nacional Antituberculoso hace ineficaces cuantas gestiones realiza esta Delegación Nacional. Es una esperanza de solución el anuncio de la creación de veinte mil camas, por iniciativa de nuestro Caudillo; pero aún ha de transcurrir mucho tiempo antes de que este proyecto sea una consoladora realización y la situación de nuestros camaradas excombatientes exige que se adopten medidas inmediatas que si no pueden ser la solución total y el remedio adecuado (la cura sanatorial) sí pueden ser una ayuda y suponer la posibilidad de esperar el ingreso en un Sanatorio. A nuestro juicio este remedio provisional y transitorio puede ser la concesión de un subsidio [con lo que] ya no se verán los excombatientes tuberculosos pobres obligados a traba- 187 Ayer 88.indb 144 9/11/12 19:27:53