El paisaje lingüístico de Sevilla: lenguas y variedades en el escenario urbano hispalense
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reseñas 244 PONS RODRÍGUEZ, L. El paisaje lingüístico de Sevilla. Lenguas y variedades en el escenario urbano hispalense Sevilla: Diputación de Sevilla, Servicio de Archivo y Publicaciones, 2013 (Ciencias sociales; 25) Se entiende por “paisaje lingüístico” el conjunto de textos visibles en el espacio público que configuran un contexto sociolingüístico dentro del paisaje urbano; se trata de rótulos, letreros, vallas, placas, carteles, pancartas, anuncios, señales, paneles, grafitos, pintadas, incisiones… Siendo elementos absolutamente heterogéneos en su formalización, tienen en común su finalidad comunicativa directa, ya sea como elementos de señalización, comerciales o informativos. Los estudios en esta materia pueden abordarse desde la dialectología, la sociología, la psicología cultural, la geografía social, la economía, el turismo o también el patrimonio; donde el paradigma del paisaje cultural nos permite incorporarlos como un nuevo tipo de estudio sectorial que contemple no sólo los elementos patrimoniales reconocidos a modo de bienes muebles sino los potencialmente de interés por su valor identitario como huella material de un patrimonio vivo intangible en el paisaje histórico urbano. De este modo, no sólo nos proporcionan información sobre la vitalidad de una lengua, la diversidad de grupos lingüísticos, la necesidad de identidad de una comunidad, su visibilidad real o aparente… La inevitable presencia de estos elementos en nuestras ciudades conlleva que, en algunos casos, se terminen identificando como patrimonio (al consolidarse con el paso del tiempo); en otras ocasiones, puedan percibirse como una mera contaminación visual (por su carácter efímero y ausencia de valores culturales); y, en el peor de los casos, no sepamos evaluar su carácter de memoria visual de la ciudad presente. Nuestra dificultad de comprensión como elementos patrimoniales es debida, por un lado, a la convivencia de valores de identidad y memoria con los de contemporaneidad y uso, y por otro, a la sutil relación entre los valores inmateriales que representa y la consistencia física que le sirve de soporte. El carácter reciente del término paisaje lingüístico (acuñado en 1997 por Landry y Bourhis) así como su enfoque sobre las ciudades hacen de la sociolingüística urbana una joven disciplina por descubrir en el ámbito del patrimonio cultural; con independencia del reconocimiento del patrimonio lingüístico como tal por la UNESCO. La presente monografía sobre el paisaje lingüístico de Sevilla supone el primer estudio completo de una ciudad europea, poniendo a Andalucía a RESEÑAS | revista ph Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico nº 84 octubre 2013 pp. 244-247
245 la vanguardia de los estudios de multilingüismo y abriendo nuevas líneas de investigación. Es el primero que analiza, no sólo los contactos de lenguas distintas, sino el contacto con variedades, por ejemplo, el español de América y el de Andalucía. Y en lo que respecta al español de Andalucía, es interesante cómo detecta que hay una identidad lingüística andaluza que voluntariamente se refleja por escrito mientras que determinados rasgos muy prominentes y extendidos (como el ceceo) no se dan. No todo el paisaje textual interesa lingüísticamente, sólo han sido objeto de captación y análisis aquellos signos que suponen un uso lingüístico no neutral dentro del entorno en que se sitúan. De este modo se ha relegado todo lo escrito en español a menos que mostrara fenómenos lectales (geográficos, diacrónicos o casos de interlengua, es decir, español escrito por no nativos que cometen errores por interferencia de su propia lengua). Resulta muy novedosa ya que el concepto de paisaje lingüístico -y las contribuciones de tipo sociolingüístico a las que se puede llegar a través de élse están desarrollando desde hace quince años y se han aplicado a territorios asiáticos (Tailandia, China, Japón), zonas estadounidenses fronterizas (California, Florida), Canadá y Bélgica, pero en España se ha gestado mayoritariamente para la descripción de aspectos sociolingüísticos en zonas donde el entorno urbano sirve de “arena de discusión” lingüística: el País Vasco, Galicia y Cataluña. Sin embargo, limitar los estudios de paisaje lingüístico a aquellas zonas donde históricamente y por siglos se ha dado la convivencia efectiva de dos lenguas (habladas por comunidades distintas o idénticas de hablantes) es una visión muy reduccionista que no atiende a la realidad de los enclaves urbanos de hoy, donde el contacto de lenguas, por razones de turismo, inmigración o por mera evocación novedosa, es un hecho común, seguido o respondido por las instituciones gubernamentales de manera dispar. En línea con esta realidad, trabajos más recientes sobre el paisaje lingüístico del Algarve -o el de Castillo y Sáez sobre el de Madridponen de manifiesto la importancia y rentabilidad del estudio de zonas que son, sólo en apariencia, monolingües. Por todo ello este estudio ha sido galardonado con el premio de la sección Ciencias Sociales del concurso de monografías “Archivo Hispalense” 2011 de la Diputación de Sevilla. Su autora es profesora titular de Lengua revista ph Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico nº 84 octubre 2013 pp. 244-247 | RESEÑAS
246 Española en la Universidad de Sevilla, especializada en historia del español, dialectología y sociolingüística urbana. Se trata de una investigación de frontera donde lingüística y patrimonio confluyen porque la lengua se afronta como identidad y el paisaje lingüístico como testimonio de esa presencia. Su propósito es mostrar visual y analíticamente el multilingüismo de Sevilla a través del estudio de sus espacios públicos. Por ello, a pesar de ser un libro específico de sociolingüística, no se dirige exclusivamente a lingüistas, sino a arquitectos, antropólogos, sociólogos, historiadores, gestores culturales y demás profesionales implicados en el espacio público; y sin estar redactado en clave patrimonial permite esa lectura abierta. La obra se estructura en cinco capítulos: “Un horizonte de multilingüismo”, “El paisaje lingüístico”, “Sevilla como escenario lingüístico”, “Lenguas distintas del español” y “Variedades del español”. Mientras que los dos primeros establecen las bases teóricas generales del estudio, los tres siguientes abordan el caso específico de la ciudad de Sevilla. De especial interés para el paisaje histórico urbano de Sevilla resultan: el reconocimiento multilingüe de Sevilla a través de los tiempos (1.4), los creadores de paisaje lingüístico en Sevilla (3.2), volviendo a escribir en latín (4.7), los rasgos del español hablado en Sevilla (5.1) y la historia de la lengua a pie de calle (5.3). En este sentido, son muchas las aportaciones de la publicación. En primer lugar, resulta crucial su metodología de análisis. Trasciende de lo concreto y sistematiza el criterio de delimitación de los elementos (contrastivo), el repertorio de fuentes (en función de su permanencia, finalidad y elección lingüística) y las características del signo del paisaje lingüístico (lenguas, regularidad, oficialidad, visibilidad, coexistencia…). La fotografía sustituye a la entrevista como método de exploración sociolingüística y se convierte en evidencia empírica; el informante ya no es un hablante al que se encuesta sino directamente los signos verbales que produce y expone públicamente. Resulta fundamental para los expertos en patrimonio inmaterial como una nueva forma de registro en el ámbito temático de los “modos de expresión”; analizado hasta ahora en términos de oralidad y donde este estudio aporta el valor cultural de la transcripción escrita de esas tendencias orales, lo que lo fija como testimonio contemporáneo. Se pone en crisis el concepto de autor. En segundo lugar, se ofrece un ingente material fotográfico generado a lo largo de un año durante la fase de trabajo de campo, del que sólo se publica una quinta parte (200 fotos); se respalda con gráficos y tablas. Las imágenes documentan una instantánea de la Sevilla del 2010 en sus vistas generales (de inmediata comparación con imágenes pretéritas) y de detalle (a modo de catálogo de bienes muebles urbanos). Los ejemplos se ofrecen clasificados por tipo de signo, lo que elimina cualquier idea preconcebida en cuanto a su RESEÑAS | revista ph Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico nº 84 octubre 2013 pp. 244-247
247 valor cultural. Es así que, por ejemplo, conviven la rotulación de las manzanas de Olavide con los grafitis del Archivo de Indias. Queda abierto al futuro un análisis patrimonial de este banco de imágenes y sus posibles aplicaciones en la tutela cultural de nuestras ciudades históricas. En tercer lugar, las reflexiones que se avanzan en las conclusiones superan el ámbito de lo disciplinar y abordan cuestiones sociales relacionadas con la migración, el turismo, el marketing… Para el interesado en la investigación de los espacios como fuente de conocimiento, este libro proporciona un conjunto amplio y coherente de datos habitualmente postergados, o sólo mencionados desde un punto de vista anecdótico. El reto es que, a partir de esta obra, el concepto de paisaje lingüístico se incorpore a las políticas de análisis y planificación urbanas. Cabe recordar que el paisaje lingüístico se construye de forma no coordinada en dos frentes distintos: institucionalmente y personalmente. Los signos que se producen de forma institucional (top-down signs) suelen estar normalizados en su nomenclatura y diseño corporativo: nombres de calles o de edificios oficiales, nombres de instituciones nacionales, locales, sociales, educativas, médicas, culturales, legales... Los segundos (bottom-up signs) son nombres de tiendas, carteles, signos derivados de actividades profesionales, comerciales o servicios, además de pintadas, grafitis... Normalmente, hay mayor diversidad lingüística en los signos privados que en los públicos; puede haber claras discordancias entre ambos tipos de signos, y ello nos revela que hay una planificación lingüística que no coincide con la realidad sociolingüística. A partir del corpus visual que se extrae de este libro y de su análisis en correlación con datos demográficos y encuestas sociológicas de la ciudad de Sevilla, puede emanar una lista de propuestas de cómo desde un punto de vista institucional, al menos los llamados top-down signs producidos por instituciones locales y autonómicas andaluzas pueden adaptarse mejor a la realidad lingüística de sus virtuales destinatarios. Con ello se sugieren nuevos estudios en materia de inclusión social, accesibilidad universal, modelo de ciudad… Asimismo, su capacidad de evocación (al modo de las ciudades invisibles de Italo Calvino) nos invita a imaginar nuevos recorridos temáticos por la ciudad (la ruta de los grafitis, de los latinismos, los azulejos conmemorativos, los carteles históricos…). En definitiva, esta obra nos descubre que la ciudad puede ser vista como un gran texto en continua transformación, con una autoría compartida y dispersa, donde afortunadamente la normativa no ha alcanzado todavía a homogeneizar estas formas de expresión. Aurora Villalobos | arquitecta especializada en patrimonio cultural URL de la contribución <www.iaph.es/revistaph/index.php/revistaph/article/view/3385> revista ph Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico nº 84 octubre 2013 pp. 244-247 | RESEÑAS