Macroeconomía y desempleo: en torno a la hipótesis de la tasa natural
Full text
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Mi rx nnomi.i y il'".olll|>l II I i l.i IH|K'iltr.r. ilu 1,1 lii'.u II.IIMIU I millo llm/ l.alla|a Oiiarraro clásica ha impuesto, cuando menos, los términos del debate, aunque sin olvidar que las respuestas neokeynesianas (en lo que aquí más nos interesa, en tomo al problema de hysteresis) han posibilitado la supervivencia de algunas de las tesis keynesianas tradicionales. Pero no es éste un ensayo sobre historia del pensamiento económico, aunque algunos aspectos del debate histórico se reflejen en el texto cuando se analizan las doctrinas macroeconómicas; por el contrario, nuestro interés se ha fijado en los contenidos de los modelos. En el epígrafe primero se presenta el planteamiento formal de dos modelos representativos, aunque simplificados, de las doctrinas clásica y keynesiana (apartados 1.2. y 1.3.). En el segundo epígrafe se desciende del enfoque doctrinal general al más concreto de las teorías; básicamente se trata de la historia de la lucha de la doctrina clásica por su hegemonía. Partimos de la macroeconomía keynesiana o síntesis neoclásica (apartado 2.1.), para pasar a la critica de Friedman (apartado 2.2.). El modelo keynesiano IS-LM, que pretendía englobar el «caso particular de Friedman, termina desvirtuándose como mera reformulación de la macroeconomía clásica (apartado 2.3), antes de dar paso al modelo de Friedman (apartado 2.4. y 2.5.). La nueva macroeconomía clásica se propone llevar a sus últimas consecuencias las tesis de Friedman (epígrafe 2.6.), pero en este proceso de consolidación y radicalizadón se superan algunas debilidades al mismo tiempo que se incurren en otras que aquél había sabido evitar (apartado 2.7.). Pese a las réplicas anti-monetaristas, en buena medida atinadas y cargadas de razón, el triunfo de la escuela de Friedman y la pérdida de hegemonía del keynesianismo son hechos incontestables; de alguna forma, todos somos friedmanianos hoy, y especialmente los responsables de llevar a cabo la política económica. No obstante, la hipótesis central de Friedman, la tasa natural de desempleo, aunque aceptada en lo esencial, ha seguido siendo objeto de controversia. Algunos han cuestionado su capacidad para dar respuesta a ciertos fenómenos empíricos observados (como la persistencia de elevados niveles de desempleo), planteando la necesidad de un mayor grado de «generalización». Una tasa a largo plazo inclinada, o una tasa que se desplaza conservando al menos parcialmente las posiciones ganadas, son dos posibles vías para dotar a esta hipótesis de mayor grado de generalidad (apartado 2.8.). El último caso mencionado, la hysteresis (apartado 2.9.), ha sido considerado por algunos como la base de una crítica más radical a la hipótesis de la tasa natural de desempleo y al modelo monetarista en general. 1 - Planteamiento formal de los modelos. 1.1 - Panorámica de los modelos macroeconómicos neoclásicos. Los modelos que veremos aquí con detalle son versiones muy simplificadas de los planteamientos clásico y keynesiano (Weeks, 1989, p. 114). En sus formulaciones originales ambos presentan serias inconsistencias que trataron de corregirse después. Aquí veremos la versión corregida del modelo macroeconómico (neo)dásico y la original (simple) del keynesiano. Estas formulaciones recogen, en nuestra opinión la esencia de ambos planteamientos. Aún hoy, a pesar de los complejos desarrollos y generalizaciones, podríamos clasificar los modelos (o las escuelas de pensamiento) en una u otra corriente. Cuadro 1: Modelo Clásico Modelo Clásico corregido (con Efecto Saldos Reales) W/p=PmaL=3F(L,K>9L (1) W/p=3F(L,K)0L (1) LD=Ls=L(W/p) (2) LD=Ls=L(W/p) (2) Q=F(K,L) (3) Q=F(K,L) (3) C=C(Q) (4) C=C(Q,M/p) (4) NO) (5) NO) (5) Q=C+I (6) Q=C+I (6) M=DM(Q.p) (7) M=DM(Q,p) Ql Muer Modelo Keynesiano Modelo Keynesiano corregido (con Efecto Riqueza) W/p=dF(L,K)/ÚL (D W/p=ÚF(L,K)/9L (D Q=F(K,L) (2) Q=F(K,L) (2) C=C(Q) (3) C=C(Q,R) (3) NO) (4) N(i,R) (4) Q=C+I (5) Q=C+I (5) M=DM(Q,P,i) (6) M=DM(Q,p,i,R) (6) i Osario: W, salario nominal; p. rwet de pedos; L nivel de empleo; L", demanda de empleo: L", oferta de empleo; K, stxk de capta!; Q, valor anacido; Prm, ¡ mductMdad marginal deltrabajo: C consumo: I. inversión; i. Upo de interés; DM demande de dinero; M. oferta monetaria; R riqueza. El modelo clásico presenta una dicotomía entre las variables nominales y reales y, además, dentro de estas, la renta y el empleo se determinan de forma independiente a las demás (pero no al contrario). No obstante es lógicamente inconsistente debido a la contradicción entre la Ley de Walras y la identidad cuantitativa. En efecto, según la citada Ley, el exceso de demanda en un mercado debe verse compensado por un exceso de oferta en otro mercado. Si las ecuaciones 4-6 no consiguieran igualar la demanda agregada (QD) a la oferta agregada (Q°), ecuaciones 1-3, tendríamos, en términos monetarios, un desequilibrio que podría formularse pQ°-pQD=XD, con Q°>QD; sin embargo, en el modelo clásico original, la séptima ecuación, según la teoría cuantitativa (pQ =vM), mostraría un desequilibrio igual a pQ°/v-M=DM-M=XD. Un cambio en los precios altera de forma proporcional ol exceso de oferta nominal según la primera formulación, pero de forma menos que proporcional según la segunda. El modelo clásico corregido (con efectos saldos reales), que será el que veremos después, resuelve la contradicción anterior introduciendo los saldos reales (QD se reducirá cuando p aumente, por lo que XD ya no variará proporcionalmente con p). Pero para resolver esta inconsistencia se introduce otra no menos curiosa. En efecto, para que el efecto de saldos reales opere el dinero, o una parte de él, debe ser un activo neto (dinero extemo), es decir, que el dinero no debe verse sistemáticamente compensado por alguna otra variable de signo contrario (éste sería el caso del dinero interno, como los depósitos bancarios que tienen una contrapartida en préstamos). Aquí se supone arbitrariamente que todo el dinero es extemo. En el modelo clásico corregido se mantiene la primera separación entre las van, il id -1 reales arriba mencionada (variables reales/nominales), pero pierde la segunda (renta y empleo/otras variables reales). Ahora la oferta de dinero participa en la determinación del consumo y de la inversión, aunque el dinero es neutral1. Sin embargo, los activos rentables no se incluyen en el modelo (sólo hay dinero) y, por tanto, el interés de éste queda resumido a su utilidad como ejemplo. El modelo keynesiano introduce los activos rentables, lo que hace la demanda de dinero sensible al tipo de interés. Además, la dicotomía entre variables reales y nominales se pierde, y la independencia de los niveles de renta y empleo respecto de las demás variables del sistema desaparece también No obstante el dinero es neutral si partimos de un nivel de equilibrio de pleno empleo, lo que no es seguro que ocurra, ya que la demanda agregada puede no igualarse a la oferta agregada. Esto último presenta un problema grave para la consistencia lógica del modelo. En efecto, el exceso de oferta de trabajo (desempleo) en un modelo keynesiano no se ve compensado con exceso de demanda en ningún otro mercado ya que se supone que el único precio rígido es el salario nominal2, lo que contradice de nuevo la Ley de Walras. La explicación es que en el sistema walrasiano no se concibe la posibilidad do intercambio a precios que no sean de equilibrio, y de ahí el papel del subastador, que calcula los precios que vacían los mercados y los dicta. Las curvas de oferta y demanda nocionales, que definen el equilibrio, se construyen sobre el supuesto de pleno empleo', por lo que cualquier situación de desempleo es, por definición, no walrasiana. A pesar de este problema, por su sencillez y por captar la i .encía del planteamiento keynesiano, nos centraremos después en este modelo. Del modelo keynesiano corregido (con efecto riqueza, incluyéndose en ésta dinero y activos rontabtos, i orno los bonos) se deduce de nuevo una tendencia automática hacia el pleno emploo, poro ol dinero ya r \o será neutral. En general, en modelos con activos rentables, como éstos últimos, la tendencia automá- ,i hacia el pli '111 ICIIII >li 'o no pin i lo ya mconciliai' n la neutiulidad del < Inicio MI I Mipm ".lo',
I II I Pero ocurre además que, si el dinero no es neutral, no existe una única solución de pleno empleo, en el sentido de que el Estado puede afectar el comportamiento de alguna de las variables reales, como la tasa de acumulación a través del tipo de interés, y esto define uno de los posibles equilibrios de pleno empleo en el siguiente período. Pero es que cualquiera de esos posibles equilibrios alternativos es igual de arbitrario. No existen posiciones naturales. 1.2 - El modelo clásico con efectos saldos reales. Todos los modelos macroeconómicos neoclásicos eluden el problema de la agregación y de la medición del capital introduciendo el supuesto de una economía que produce una sola mercancía5. Todas las empresas tienen la misma función de producción (linealmente homogénea) y los mercados del producto y del trabajo son perfectamente competitivos. No existe sin embargo mercado para el capital, ya que éste y su distribución entre las empresas está dado y se supone que, una vez instalado, el capital se especializa completamente en cada empresa. Este supuesto permite que la demanda agregada determine el nivel de la renta en cada momento (ecuación 6). Sin embargo, la cantidad de trabajo sí puede variar instantáneamente, por lo que los ajustes en la razón capital-trabajo se realizan mediante cambios en esa última variable. El criterio de las empresas para esos ajustes es la maximización del beneficio para lo cual el producto marginal del trabajo se iguala al salario real (ecuación 1). Los productos marginales de ambos factores son función sólo de la razón capital-trabajo, es decir, del punto de la función de producción donde se derive. La solución es idéntica para todas las empresas. Dados estos supuestos se puede definir una función de producción agregada y referir todo el análisis únicamente a ella, siempre que las empresas individuales apliquen el criterio de maximización del beneficio (ecuación 3). A pesar de no existir un mercado de bienes de capital, las empresas pueden invertir en nuevos bienes de capital. Nosotros, para simplificar, supondremos que la inversión depende, sencillamente, del tipo de interés (ecuación 5). El dinero tiene como funciones principales la de medio de intercambio (a pesar de que existe un solo bien en la economía) y la de depósito de valor7. Su rendimiento nominal es cero, pero su rendimiento real es negativo porque se deprecia a la tasa que crecen los precios. La riqueza o stock de activos en términos reales de las economías domésticas tiene como único componente el dinero, los saldos reales. La demanda de saldos monetarios es función de la rente real y de los deseos de las economías domésticas de poseer cierta cantidad de saldos reales (ecuación 7). Las economías domésticas separan la rente (un flujo) en dos partes, una para el consumo y otra para el ahorro (que alimenta el fondo de riqueza). La decisión de consumo se ve condicionada por la renta real y por los saldos reales (ecuación 4). El modelo clásico cierra el sistema de ecuaciones con la oferta de trabajo, relacionada positivamente con el salario real, lo que puede tener sentido sólo cuando éste sube. Curiosamente la oferta de trabajo no depende de otras rentas que perciben también las economías domésticas y que son fúnción de, por ejemplo, el tipo de interés. Por último se supone que nos encontramos siempre sobre esta curva, es decir, que el nivel de empleo efectivo actual es el que se deduciría de la curva de oferta de trabajo. El desempleo involuntario se supone imposible (ecuación 2). El sistema de ecuaciones quedaría como sigue: W/p=PmaL=3F(L,K>9L (1) L=Ls=L(W/p) (2) Q=F(K,L) (3) C=C(Q,IWp) (4) NO) (5) Q=C+I (6) M=DM(Q,P) (7) :t(i 11 •nomos pues siete ecuaciones con siete incógnitas (L, W/p, Q, C, I, i y p), y dos variables exógenas (M y K). Además suponemos que las funciones responden de manera que salarios y beneficios agotan el valor añadido Q; las primeras derivadas de F (los productos marginales de los factores) son positivas, las segundas derivadas son negativas y la derivada cruzada es positiva; la derivada de I es negativa; la • Ii manda de saldos reales crece si aumenta la renta y depende también de la riqueza de las economías domésticas, mantenida precisamente en forma de saldos reales; el consumo varía positivamente con la n i ita disponible (que igualamos a la renta para simplificar) y con los saldos reales; y la oferta de trabajo vana positivamente con el salario real. A continuación procedemos a linealizar las ecuaciones precedentes, diferenciándolas a partir de un tiunto que consideramos es el equilibrio inicial. Tendremos: d(W/p)=(<)2FA)L2)dL+(()2F/i)L()K)dK (1') dL=(ÚUf)W/p)d(VV/p) (2') dQ=(i)FA)L)dL+(i)F/f)K)dK (3') dC=(<Oc)Q)dQ+(aC/4M/p)d(M/p) (4') dt=(9lfli)di (5') dQ=dC+dl (6') dM=(ÚDM'c)Q)dQ+(f)DM/r)p)dp (7') Sustituyendo d(M/p)=dM/p-Mdp/p2, In ecuación 4' quedaría: dC=((X:/rX2)dQ+(fX/ÚM/p)(dM/p)-(f)C/ÚM/p)(Mdp/p2) I n forma matricial tendríamos: 1 a2F 0 0 0 0 0 1 3L2 3L 1 0 0 0 0 0 ~d(W/p) 3W/p dN 0 3F 1 0 0 0 0 dQ 3L dQ 0 ac 1 0 0 ac M dC 0 0 1 0 0 0 0 act 1 0 ai 3M/pp2 di 0 0 0 0 1 ai 0 di di dp 0 0 1 -1 -1 0 0 dp 0 0 4DM 0 0 0 4DU 0 0 ,)Q aP . ^-dK 4L3K 0 ',FdK ,)K dC dM ,iM/p p o o dM I n l,i nvitn/ destaca, a simple vista, un subsistema indepenilíenle fallando poi Lis dos pamelas lilas y • iluinnns TI menudo de tiab.i|o deten ama su pos a de equilihim de lonaa independiente, y este 1/
M.II roí IMI.I v ile.cmpl' n Inmii .1 l.i hlpiHi'-.i-. ilu l.i til'.il ii.ilui.il I .1.lili, dato, el equilibrio alcanzado, forma parte de la información que utilizan las demás ecuaciones para su solución. Otro subsistema engloba al anterior más la tercera fila, de manera que el nivel de renta se determina a partir del equilibrio del mercado de trabajo e independientemente de las demás ecuaciones (en las que incluiríamos las variables relativas a la intervención del Estado en la economía, en una extensión del modelo). Las tres primeras ecuaciones fijan la oferta agregada, y las tres siguientes ajustan las variables no determinadas previamente de tal forma que la demanda agregada la iguale. La última ecuación, reordenada, quedaría: dM/M=(3DM/aQ)(1/M)dQ+(aDM/()p)(p/M)(dp/p) lo que, dado que Q está previa e independientemente fijada, y considerando la identidad de la teoría cuantitativa como forma concreta de la función de demanda de dinero, implica que: dM/M=dp/p En principio, dado que los coeficientes dp y dM aparecen en la ecuación 4, el dinero influiría en C, I e i. Sin embargo, teniendo en cuenta que el incremento de los precios es proporcional al de la cantidad de dinero, y que la renta no varía, tendríamos que el consumo en términos reales no varía en absoluto como consecuencia de un cambio en la cantidad de dinero. Esto es lógico si pensamos que, al variar también los precios en proporción, los saldos reales quedan sin variación alguna. La mayor cantidad de dinero eleva en un primer momento éstos, lo que eleva el consumo y, dada la renta, se presenta un exceso de demanda en el mercado de bienes que se compensa (Ley de Walras) por un exceso de oferta en el mercado de dinero. Los precios suben y ambos mercados se equilibran (los saldos reales se han incluido, precisamente, para resolver una inconsistencia lógica del modelo clásico original, como hemos visto ya)8. 1.3 - El modelo keynesiano. El modelo keynesiano simplificado que presentamos aquí difiere del clásico en dos elementos fundamentales: primero, la demanda de dinero dependerá ahora del tipo de interés; segundo, la curva de oferta de trabajo y la exclusión por definición del desempleo involuntario desaparecen aquí. El sistema de ecuaciones sería: W/p=PmaL=3F(L,K)/3L (1) Q=F(K,L) (2) C=C(Q) (3) H(i) (4) Q=C+I (5) M=DM(Q,p,i) (6) Donde las variables endógenas serían Q, W, L, i, C e I. Las variables exógenas serían M, K y p. Así pues p sería ahora un dato, y no una de las incógnitas que el modelo debe determinar9. Además, ya no se impone la condición L=LS. Diferenciando de nuevo: dW/p-Wdp/p2=(ff FA")L2)dL+(rf F/9L3K)dK (1') dQ=(3F/9L)dL+(3F/3K)dK (2') dC=(3C/3Q)dQ (3') dl=(3l/3i)d¡ (4') dQ=dC-rdl (5') dM=(-)DM()Q)dQ+(áDM/4p)dp+(4DM/4i)di (6') nmiiiipUtii em luirlo it lii hipe I n I,,IMI.I in.itiicinl quedaría 0 1 ac ao o 1 3D,, <)Q a^F aL2 aF "aL o o o o -i -i o o ai a¡ o 3DM 1/p 0 0 0 o o dQ dL dC di di dW WdP + ^dK 3L3K 3F 3K' dK dM 0 0 0 ap dP : i' is todas las ecuaciones son interdependientes, no pudiendo aislarse ningún subsistema que < l(> forma independiente el valor de algún subconjunto de incógnitas. IS-LM permite reordenar las ecuaciones para facilitar la representación gráfica y la interpretamk. i del sistema. Para la curva IS sustituimos las ecuaciones 3 y 4 en la 5. Nos quedaría la te la curva IS: (1-3C/9Q)dQ=(3l/3i)di 11 mi H IH •! iii • de la curva IS seria: di/dQ=(1-3C/3Q)(3l/3i)"1<0 nte es negativa en cualquier caso, en nuestro modelo simplificado. En versiones más comple- Mi i la pendiente puede ser positiva, lo que no compromete la estabilidad del equilibrio si la i curva IS es menor que la de la curva LM. Por su parte, la diferencial de la curva LM se lili lyendo dp, obtenido a partir de las ecuaciones 1 y 2 (eliminando dL), en la ecuación 6. Así, i ii lo que para simplificar supondremos dK=0, tenemos: • Ii ; [(.tDNV()pXft2F/3L2)p2/(r)F/rX)W-(3D^3Q)]dQ-(3D^3p)(p/W)dW+dMH1/(3D|V/3i)] i«"' • -te la curva LM seria: di/dQ=[(3DJ3pXJ2F/3L2)p2/(3F/3L)W-(3DM/()Q)][1/(3DM/3i)]>0 i , negativo, se igualara a cero, la curva LM adoptaría una posición vertical. Adviértase I Mt i • >ln i ni i; irla de la ecuación que describe el mercado de dinero, la 6, el elemento que la separa de 1 Lisien, el tipo de interés (véase gráfico 1b). Por el contrario, si (3DM/3Í) tiende a menos B IH pendiente de la curva LM tiende a cero, y este es el caso de la «trampa de la liquidez». HptMdones IS y LM determinan, conjuntamente, el tipo de interés y la renta. Las demás ecuaciones ni. il ih que falten nivel de ompkx), (inicios, consumo e inversión. .. i. i. .i II ", i L • i isti • i illinII i modelo merca 'ii 1.1 |n m,i di istnairse I'limero. lindemos IIII IIIII un, I i' In H ni. il gnu |«imiit, i no COIISKIOUII (> < • x i >< |i :n, imoi iti ML ido I 'nía i 'lli i leí nuil nos , i I, i lelni mu
'HUI llllclllll.l V li"'.l'"l|lll"l lili lililí" .1 l.l lll|ll I lllllll entre desempleo y crecimiento de los precios conocida como curva de Phillips10. Así pues, al modelo keynesiano ya conocido habría que añadir una ecuación más del tipo Ap/p=h(Ls-L7Ls)=h(U)=/(L) donde U es la tasa de desempleo y Ls es la oferta de trabajo, que consideramos dada. Si diferenciamos tendremos dAp/p-Apdp/p2=(d//X)dL con lo que habría que añadir una fila y una columna más a la expresión matricial que conocemos ya, de manera que dp pasaría a ser una variable endógena más del modelo. La segunda reformulación consistiría en reintroducir el mercado de trabajo clásico, imponiendo su vaciado al nivel de pleno empleo, y manteniendo las funciones IS y LM. El mercado de trabajo fija los valores de equilibrio para W/p, L y Q, y las funciones IS y LM establecen W (con lo que queda fijado también p) y el tipo de interés i. No obstante, en el caso de la «trampa de la liquidez», i queda fijado a cierto nivel independientemente de Q, W o M (la curva LM es plana), lo que se traduce en una infradeterminación de W y una sobredeterminación del nivel de renta Q, de manera que podríamos tener dos soluciones de equilibrio para esta última variable, una, de pleno empleo, determinada por el vaciado del mercado de trabajo, y otra, a un nivel inferior, determinada por las curvas IS y LM. Esto podría corregirse introduciendo el efecto riqueza o efecto Pigouen la función de consumo que sirve de base a la curva IS, de forma que variaciones en el salario nominal alterarán el nivel de precios (W/p está fijado en el mercado de trabajo) y esto variará el valor real de los activos de las economías domésticas, afectando a su consumo y, por consiguiente, a la posición de la curva IS, que tenderá a fijar la posición de pleno empleo para Q. Podríamos, llegados aquí, replantear totalmente las curvas IS y LM transportándolas a un espacio donde las coordenadas serían el tipo de interés y el nivel de precios1 , cediendo por completo la determinación del nivel de renta al mercado de trabajo clásico. Las curvas IS y LM se deducen del modelo keynesiano con efecto riqueza de la misma forma, sólo que ahora se hace uso de la diferencial de la ecuación 6 para sustituir dQ y dejar di en función de dp, ejercicio que dejamos para el lector12. 2 - Doctrinas macroeconómicas: una discusión teórica. 2.1 - La macroeconomía keynesiana. Keynes rechaza uno de los dos pilares sobre los que se asienta la macroeconomía clásica: que la oferta de trabajo venga determinada directamente por el salario real. Sin embargo admite el otro, al derivar también la demanda de trabajo a partir de la función de producción y aceptando por tanto que un aumento del nivel de empleo requiere una reducción del salario real (el empleador contrata hasta que el producto marginal del trabajo iguala el salario real), que es precisamente el punto clave. De ambos se deduce que la línea causal va del equilibrio en el mercado de bienes al mercado de trabajo, al contrario del modelo clásico. El rechazo se fundamenta en dos razones (cfr. Keynes, 1936, pp. 8-13). Primero, la oferta de trabajo es función de dos variables, el salario nominal y el nivel de precios, y no sólo de una, la razón entre ambas. Una reducción del salario nominal puede disminuir el salario real, pero afecta específicamente a un colectivo de trabajadores que ven perder participación en la masa salarial, alterándose la estructura de salarios relativos; un aumento de los precios tiene el mismo efecto sobre el salario real pero afecta a todos por igual. La reacción de los trabajadores será asimétrica, y los salarios nominales son pues rígidos. Segundo, más importante, una reducción del salario nominal no garantiza una reducción del salario real y, por tanto, un aumento del nivel de empleo. La causa está en que la reducción de los costes laboii.i y ili'-iiilii|il ni lililí" ,i 1,1 lil|iOlr I milla Din/ Cnll»|n / Multan Dminn (lumrmn i, 'i lucirá los precios", dejando sin cambios el salario real. La flexibilidad de los salarios nominales /.i/.» IIIAIOI pleno empleo. ni", iitiliza dos definiciones de desempleo involuntario (cfr. Keynes, 1936, pp. 15 y 26). La primera i que éste existe si, a pesar de partir de una situación en la que los mercados se vacían, una IIi.ición distinta de las variables salario nominal y nivel de precios llevan a un nivel de empleo La segunda, que Keynes presenta expresamente como equivalente, vincula la existencia de nploo involuntario a la posibilidad de elevar el nivel de empleo mediante una expansión de la nula agregada14. El resultado del mercado de trabajo se deriva del previo del mercado de bienes15, P»IKI dijimos. hniii la influencia de Keynes ha venido mediada por la reformulación de Hicks (1937), el modelo IS- l ste ata los hallazgos de Keynes y su Circus con la ley de Walras, pero el resultado es iiiv, miente distinto. Analicemos el modelo con la ayuda del Gráfico 1. El gráfico central (1a) muestra ti II K .ii»íes de equilibrio en los mercados de bienes (IS) y en el mercado de dinero (LM), orlado por •i"' * i, que explican la construcción de las mismas (tres arriba a la derecha para la función IS. gráficos i Id. y tres abajo a la izquierda para la LM, gráficos le, 1fy 1g). Obsérvese que una expansión de , II i< la agregada (un desplazamiento a la derecha de la curva IS), aunque el mercado de trabajo se •••" i. imbién en la situación precedente, podría dar lugar a una elevación en el nivel de empleo, lo que, 11 lefinición de Keynes, sería indicativo de la existencia de desempleo involuntario. • r .ion depende del tipo de interés en tanto que sólo se acometerán los proyectos cuya tasa de iin IH'uto esperada superen dicho tipo. Una elevación de éste desincentiva inversiones cuyo i monto relativo se ve reducido (gráfico 1d)- El ahorro por el contrario es un residuo, la parte de la iuc no se consume y, por tanto, depende de ésta (gráfico Ib). El equilibrio en el mercado de •¡o define como aquella situación en la que inversión y ahorro se igualan (gráfico 1c). Esto puede ' |iara distintas combinaciones de renta y tipo de interés, lo que se representa mediante la fcf«Mi IS (gráfico 1a). MÍO tiene una función de medio de intercambios, directamente ligada con la renta (gráfico 7gr), y otra ito de valor, alternativo a los activos con rendimiento, relacionada con el tipo de interés (gráfico ti-i i sto mantiene una relación inversa con el precio de los activos, de manera que, cuando los tipos de 11 bajos, la probabilidad de que suban, según las circunstancias, es relativamente alta, por lo •(!•• i '".porable una reducción del precio de los activos y esto explica la preferencia temporal poi ol * '• H i rendimiento, el dinero. Los ingresos a los que se renuncian manteniendo dinero pueden soi mt. Hi., pequeña parte de las pérdidas ocasionadas por una reducción del precio de los active:, i lopendiendo del intervalo de tiempo y del volumen de los activos que consideremos. Esta es ' inda especulativa de dinero. La oferta monetaria, en equilibrio, iguala a la demanda, producto de " i do estos dos componentes M=U+L| (gráfico 1f). Esta igualdad puede verificarse para distintas H i. H :i< mes de renta y tipo de interés, lo que se representa mediante la función LM (gráfico 7a). uii nK i simultáneo en los mercados de bienes y de dinero se da sólo para una combinación de renta r «i«' i ti • II iti tés. La función de producción agregada fija el nivel de empleo (gráfico 1¡) y el mercado de i' i •«) vacía para una determinada combinación de salario nominal y nivel de precios (gráfico 1h). No H iio existe la posibilidad de otros equilibrios (r, Y, W y p) con niveles de empleo superiores, como se • i.ilado ya. El equilibrio macroeconómico no implica necesariamente pleno empleo (Lp), ya que las i ios IS y LM son independientes de esa condición. El mercado de trabajo, al contrario que en el H o, no tiene papel activo alguno ya que la función de demanda de trabajo es otra forma de la ii i ni xlucción y la función de oferta se adapta pasivamente, por lo que podría eliminarse sin más >k<« rtiuilisis (gráfico 1h).
I inlllii Huí/ i nlla|a / nunn waw/m l os distintos instrumentos de político a iinimiiea pueden despl;i/;ir las funciones IH y I M p.n.i exp,indn •I nivel de renta. La efectividad de las medidas dependerá de las elasticidades respectivas, con posiciones extremas en las que determinadas medidas de política económica son totalmente ineficaces. El modelo IS-LM parece pues un marco amplio y flexible capaz de englobar el enfoque clásico y las ideas i le Keynes como casos particulares. Ni IS interesa sin embargo detenemos aquí en lo que falta a este modelo, y le falta nada menos que una i« nación que nos ayude a determinar el nivel de precios, que hasta ahora venía dado exógenamonto, • MI, II K ionos tener que distinguir entre magnitudes en términos reales y nominales. Y este es el vacío que in i uiva de Phillips (1958), con el precedente olvidado de Fisher (1926), vino a llenar17. Originalmente se linio de la constatación puramente empírica de una relación inversa entre crecimiento salarial y • tn-j'iiipleo, apuntando además que cuando éste estaba reduciéndose el crecimiento de los sálanos se * aloraba, y cuando aumentaba éstos desaceleraban su escalada. Por eso hemos representado la i de Phillips con una elipse (Phillips' loops) que describe cómo los movimientos coordinados del de desempleo y de la tasa de crecimiento de los salarios se realizan por encima o por del >; IJ< > < le la i Km la curva. Lipsey (1960) se propuso dar una explicación teórica de la relación observada por Phillii«i i otando el nivel de desempleo como un desequilibrio en el mercado de trabajo que tendía a i«HMM|irse con variaciones de los salarios nominales, variaciones que eran más rápidas cuanto mayor desequilibrio19. Samuelson y Solow (1960) trasladan el planteamiento de Lipsey a los precios (y i itos parecían sostener también esta reinterpretación), conectando implícitamente éstos con los •, por medio del supuesto de la determinación del precio mediante un margen constante sobre bs HMIOK salariales, de manera que p=(1+p)WL/Q, es decir, se aplica un porcentaje p al coste salarial por i id de producto (obsérvese que L/Q es la inversa de la productividad media). Tomando logaritmos y dNiiienciando tendremos que: Ap/p=AW/W-TT (1) id «ule n es la tasa de cambio de la productividad media (cambios que se deben a movimientos a to tola función de producción). i n crítica de Friedman a la curva de Phillips. años 70 la base empírica de la curva de Phillips quedó rota. Friedman se adelantó a los i ' id«imientos (cfr. Friedman, 1968) y construyó su crítica definiendo una tasa de desempleo as<»i,«I, i II 1.1 tasa de inflación cero, e identificando después la primera con la de pleno empleo, que él llamó LitunaF. La idea es que, si partimos de una situación de inflación cero y pleno empleo, un moi iti i inesperado, y exógeno, del nivel de precios reducirá los salarios reales, lo que animará a las i ilesas a contratar más trabajadores, reduciéndose aún más el desempleo. Pero los trabajadores i, irán salarios nominales más altos para compensar el incremento de los precios, lo que elevará de eei 11 eh .alario real y devolverá la tasa de desempleo a su nivel original o natural (UN). El argumento de ^rtadman se cierra identificando el origen del incremento inicial e inesperado de los precios con una «>ii H v. 11< K >n < jubemamental (una expansión monetaria) orientada a estimular la demanda agreq; i< I, r ' A influencia de Lipsey, Friedman (1968) y Phelps (1967) suponen que el desequilibrio en el mercado de ii IIM|.I 11 induce al ajuste de los salarios reales'. que se negocian para el siguiente peiuxfa snUe l.i Ui .<• ito un salario nominal determinado (W) y unas expectativas de precios (p"), siendo el milano leal IM, ,e i«.(M:ra obtenei W/p1'. La tosa natural de itosoniptoo se Introduce para cdrregii la estimi n gue itoi' to .equilibrio en el mercado de trabajo supone el nivel de desempleo U. En efecto, se considora que puta del desempleo contenido en U no implica un desequilibrio en el mercado de trabajo, pues SS i tos |x):,ibili(lados distintas a ci insideiai. ya se deban las vaiiaoiones , i s/im As m iminali s come «torai tos | K >i I ni«Imai i, 11, i ••lux As n:, ili >s (xinsidi Tuiemi is aguí sute el piimei i . r.n y , il«iida
Mil" IIIICIIIII.I v ilusumplun ,-M liillin ,1 l.i llipólu'.IS il" l.l l.r.,1 ii.iliii.il I lililí,I lili» remos el segundo cuando nuestro análisis esté más desarrollado (en el epígrafe 2.h.). Un shock nominal, como la expansión de demanda provocada por la autoridad monetaria con una política expansiva, no altera la posición de la tasa natural. En este caso, la tasa de desempleo voluntario es UN=UW, la tasa natural, que hace el crecimiento de los precios (U ) y los salarios (U ) igual a cero, y la diferencia entre esta tasa y la de desempleo efectivo U mide el desequilibrio efectivo en aquel mercado. En resumen, la tasa de crecimiento salarial viene determinada en parte por la tasa de desempleo involuntario actual y en parte por la tasa de inflación esperada, es decir: (AW/W)=A(Ap7p)+g(U-Uw) (2) donde X es un parámetro cuyo valor está situado entre 0 y 1 (ambos inclusive) y que mide la rapidez de la conexión entre expectativas de crecimiento de los precios y salarios negociados. Si sustituimos esa expresión en la anterior tendremos: (Ap/p)=A(AP7p)+g(U-UW)-TT (3) Para empezar supondremos, para todo lo que sigue, que h=1. Obsérvese que cuando U=UN se cumple que (Ap/p)=(Ap7p) y TT=0. Sin embargo, dada una UN, cualquiera puede ser el par de valores que cumpla la igualdad (Ap/p)=(Ap7p), no existiendo una solución única posible. Esto refleja el hecho de que las curvas de Phillips a corto plazo (que relacionan U con Ap/p) pueden ser muchas, dependiendo del valor que adopte Ape/p, aunque el valor de U=UN que garantiza la igualdad (Ap/p)=(Ap7p) sea único (una curva de Phillips a largo plazo verticaP). El supuesto de expectativas adaptativas implica que (Ape/p) tiende a ajustarse a (Ap/p), por lo que U tiende a ajustarse a UN y TT tiende a cero (esto se ve en detalle en los gráficos 2 y 4). Obsérvese que si (Ape/p) y (Ap/p) se igualasen de forma inmediata U sería siempre igual a UN y TT=0, no existiendo desempleo involuntario en ningún momento. Cualquier hipótesis explicativa de la diferencia entre (Ape/p) y (Ap/p) será una hipótesis explicativa de la diferencia entre U y U . La inclusión en el modelo de la hipótesis de las expectativas racionales permite agotar todas las potenciales implicaciones del diseño original de Friedman. Este trabajo de extensión al limite se debe principalmente a Lucas (1972) y Sargent y Wallace (1975), y tendremos oportunidad de verlo en la siguiente sección. La tasa natural de desempleo UN tiene pues dos propiedades fundamentales (cfr. Harris, 1981, pp. 536- 551): 1. Refleja una determinada cantidad de desempleo que no supone desequilibrio en el mercado de trabajo, al tratarse de desempleo voluntan^4. Es pues una tasa única y de pleno empleo, aunque positiva25. 2. No acelera o desacelera la tasa de inflación, de manera que cualquier otra tasa de desempleo U distinta de UN implica una separación (convergente) de las tasas de inflación efectiva y esperada. La tasa natural es una NAIRU, o Tasa de Desempleo no Aceleradora de Inflaciórf6. La principal crítica al modelo de Friedman y Phelps señala que sus conclusiones dependen crucialmente del supuesto de ?i=1. Si esto no fuera así la curva de Phillips a largo plazo no sería vertical, sino que tendría pendiente negativa, por lo que si estuviéramos en U=UN tendríamos que (Ap/p)<(Ape/p), y esto no es una NAIRU (que se encontraría en verdad entre 0<NAIRU<UN), aunque pueda ser una tasa de «pleno empleo», donde todo el desempleo es voluntario. Sin embargo no se ha encontrado una explicación razonable para suponer que la incorporación de las expectativas de precios en la negociación de los salarios nominales deba ser sólo parcial. Los contrastes empíricos no han respaldado un A.<1. Este problema desaparece con la hipótesis de expectativas racionales, como veremos seguidamente2 . 2.3 - Reformulación de la macroeconomía keynesiana. Así pues, la evolución de la macroeconomía ha impuesto el reciclado del modelo IS-LM, de manera que éste ha acabado utilizándose para reformular la macroeconomía clásica (véase el gráfico 2)?B. Basta con i ¡ MIIM1IU y lllimi|ll|ll 'II Ii lililí il llt lll| •mine IJIM uaiiai* / HUÍ» (•Introducir la curva de oferta de trabajo (función del salario real) y hacer depender todas las posiciones 'to erjuilibrio del resultado alcanzado en el mercado de trabajo, esto es, invertir la cadena causal (gráfico .'.i) Las políticas económicas sólo podrán ahora, en última instancia, alterar el nivel de precios del siste- "u ya que las variables reales estarán atadas a la posición de equilibrio, formulada también en términos niales, del mercado de trabajo. Las funciones IS y LM se verán ahora transportadas a un espacio donde in-. coordenadas son el tipo de interés y el nivel de precios (gráfico 2b). El nivel de renta se supondrá 'lai to previamente por el equilibrio alcanzado en el mercado de trabajo y la función de producción agre- i>n la (gráfico 2c). Al aparato IS-LM sólo le quedará ya determinar nivel de precios y tipo de interés29. La u«ina cuantitativa del dinero permite determinar así mismo el nivel de precios (gráfico 2d), de forma '•insistente con uno de los casos particulares representables en el esquema IS-LM30: aquel en que la • ni va LM es completamente rígida (el modelo monetarista, al menos en la interpretación keynesiana, • i' i<«la englobado también en el esquema general). 'oramos la curva de Phillips con y sin expectativas (éstas desplazan la curva hacia arriba) toada en las elipses de que hemos hablado (gráfico 2h). El movimiento no se lleva a cabo sobre la uirva, sino sobre las elipses, en sentido contrario a las agujas del reloj: cuando el desempleo está ií:ndose los salarios crecen más rápidamente, cuando aumenta éstos reducen la velocidad de su t (linimiento. La proyección a un espacio de crecimiento de los precios se lleva a cabo según el I*lincamiento implícito de Solow-Samuelson (1960), y la única diferencia entre ambas tasas de i lucimiento resulta ser el cambio de la productividad media (gráfico 2c¡). Cuando las expectativas de luimos desplazan hacia arriba la curva Phillips-Lipsey hacen también lo propio con la curva Solow- Uimuelson. Si las expectativas de crecimiento de los precios son cero, y la tasa de desempleo efectiva II lal a la tasa natural (con lo que el desempleo involuntario es cero), la inflación es nula. Cuando las - ' lativas de crecimiento de los precios son pxDSitivas nos desplazamos sobre la elipse a curvas más l; is. En la medida en que las expectativas se ajusten al crecimiento real de los precios la tasa de ito'.empleo se ajustará a la natural que, de esta forma, es compatible con diversas tasas de inflación (uiiva de Friedman vertical, gráfico 2j). Si las expectativas de crecimiento de los precios no se igualan a Usa de inflación efectiva, lo que sólo puede ocurrir jxir un breve espacio de tiempo, la tasa de (ki-j'inpleo no será la natural, y estaremos sobre alguna de las curvas Solow-Samuelson inclinadas que •tan la curva vertical a distintas alturas (gráfico 2j). unos ahora con cierto detalle qué ocurre si un shock nominal nos desplaza sobre la función de i' H ción, por ejemplo, a la derecha, y pasamos de a a un punto como 8 en el gráfico 2c (se trataría de < x:k expansivo). En este caso la productividad media habrá experimentado un cambio, con to qiM i nos que TT<0. Esto significa que pasamos, en el gráfico 2g, de la línea TT=0 a la TT<0, siti n ida 11» ip. Esta nueva recta relaciona tasas de crecimiento de los precios compatibles con tasas do inx imiento inferiores de los salarios, debido al cambio de productividad. Por otra parte, el nivel do • > habrá aumentado y la tasa de desempleo se habrá reducido (gráfico 21). Si en el siguiente • »lo los agentes corrigen la confusión que les ha provocado el shock, y se dan cuenta de su error, se i H irá justo el efecto inverso, con un desplazamiento de 8 a a y un aumento de la productividad. La tami de desempleo se ajustará de nuevo a la natural. Obsérvese que Friedman (1976a, pp. 272-275) leraba desplazamientos virtuales de las curvas de oferta y demanda de empleo. Podemos Mxr.iderar pues estos movimientos meros desplazamientos virtuales.
Mili i onuml.l v ili'M>m|il II litrnii .1 l.i lil|>nlii'.l-, 1I11 l.i l.r.u n.llllhll I " IHni ' ..II. , , 1 ll. 1 V ll*'N"llll|'l 'II l'HMll U Ifl hl|lú|fl I ililllii III.1/ I .tll.-|.i 1 llul.ril «1 .1111.1 (.iii'IM'Mi m. r, ' abo la posibilidad do que una oferta potencial de trabajo, que relaciona la incorporación de tivus al mercado de trabajo cuando el salario real crece, intensifique el efecto que, sobre el • 1 M| ih K i, tiene la inicial expansión de la producción y el nivel de empleo. Esta oferta potencial viene 4jkia en el gráfico 2a con la curva LpS de trazo continuo, que se corresponde con la LpS de trazo iin n ni i leí gráfico 2f. Obsérvese que, de ser ésta rígida, estaríamos sobre la recta punteada LpS de los fk Y »s 2a y 2f, más inelásticas ambas que la de trazo continuo, y si tuviera pendiente negativa la curva iii \ II I, i del gráfico 2f sería todavía más inelástica (LpS ). En el caso de las curvas LpS la sensibilidad del ««tipleo a las variaciones del nivel de empleo aumenta. Esto se debe a que un aumento del empleo • IM ciado a una reducción de la productividad del trabajo (gráfico 2c) y, por tanto, a una reducción k il. II H i real, lo que, dada la pendiente positiva de LpS, reduce a su vez la oferta de trabajo potencial. n rluo ion del desempleo viene explicada pues por estos dos componentes que se refuerzan imei ilo: el aumento del nivel de empleo y la reducción de la oferta de activos. Si la curva de oferta ' il es completamente rígida (LpS) no variará con el salario real, y si tiene pendiente negativa (LpS ) kr. efectos se contraponen, pudiendo darse el caso (en principio) en el que se compensen II nonte, con movimientos del nivel de empleo que no alteran la tasa de desempleo (recta vertical isaría por a, no dibujada, en 2f). Una pendiente negativa como la de LpS" se explicaría por la ' H i HI de las familias de cubrir unos ingresos mínimos y de dedicar cierto tiempo a tareas no ufadas o a ocio, de manera que cuando el salario real cae se aumenta la oferta de trabajo y k i si ibe ésta se reduce. Como puede observarse las distintas rectas en 2fpivotan en tomo al punto 11 larca el nivel de la tasa de desempleo natural. i > l modelo de Friedman de la tasa natural de desempleo. n Imililemas asociados a la macroeconomía keynesiana, tal y como han sido expuestos en secciones •*K lentes, tienen su nudo gordiano en el establecimiento del nivel agregado de precios. Es «i'., II nonte en este punto donde la curva de Phillips se convierte en pieza central de toda la estructura LM, al establecer un puente entre la economía real y la economía monetaria31, conectando la tasa de ación con la tasa de desempleo e, indirectamente, con el empleo y el ouput agregados32. Se reafirma n. i'. el trabajo pionero de Phillips (1958), la existencia de un trade-off entre inflación y desempleo, con (.i|>.nentemente) sólido anclaje empírico y unas excelentes perspectivas en el ámbito de la política H H H i IH ;; i vía manipulación de la demanda efectiva (cfr. Samuelson y Solow, 1965). •mil, ngo, la curva de Phillips se convertirá muy pronto en el objeto de fuertes ataques (epígrafe 2.b.), «Miniados en sendos trabajos de Phelps (1967) y, sobre todo, Friedman (1968). El argumento central escuela monetarista encabezada por este último es bien sencillo: el trade-off entre inflación y pino sólo es viable a corto plazo, toda vez que dicha relación es engendrada por un fenómeno de II monetaria, que no puede persistir a largo plazo. Por otra parte, a estos ataques teóricos se II, i muy pronto evidencia empírica acumulada en contra de los hallazgos de Phillips: la coexistencia it las tasas de inflación y desempleo, así como el crecimiento simultáneo de ambas variables, en i i' .nía de los setenta. 1 uerdo con la formulación tradicional de la curva de Phillips, la tasa de variación de los salarios muí. iles (AW/W) está relacionada de forma inversa con la tasa (efectiva) de desempleo (U). Postulada M" una relación teórica, la curva de Phillips puede generarse predefiniendo una cierta tasa de ' 111| ih 'i i (Uw) para la cual la inflación salarial es nula: AW/W=a(U-Uw), a<0 (1) unixtender este resultado al ámbito más general de los precios, es preciso definir una relación entre la i • I" variación de los prci ios (\p/p) y la lasa de variación de los salarios nominales (AW/W)33. Lo más il os asumii que s¡ il. un *¡ v |>n« H s son i. is únicas variables relevantes, definiendo los precios a partir ni ilo maito up sobiu k is 11 isli >s la!«iiak is nominales unitarios: i/
M. HMI.I y ili'Mtrnpli n li ni ni ,i l.i liipiiliiM-i Mu l.i l.i'„i M.IIIIMI I nillli P=(1+ji)WL/Q (2) Donde WL7Q designa el coste laboral nominal unitario, y donde el marfc up se define como g=(pQ/WL) una constante del modelo, siendo lógicamente aquí Q/L, la productividad física del trabajo34. Obsérvese que, en principio, la relación contenida en esta expresión no es más que una identidad; por sí misma, pues, no implica que el equilibrio en el mercado agregado de mercancías esté acompañado por el equilibrio en el mercado agregado de trabajo. Lo que convierte esta identidad en una ecuación económicamente significativa es el supuesto de constancia del parámetro p y la presencia de la función agregada de producción y, por tanto, la demanda derivada de trabajo, bajo los auspicios de la ley de los rendimientos decrecientes. En tales condiciones tenemos que: Ap/p=AW/W-TT (3) El modelo hace abstracción, pues, de que el incremento de los precios pueda estar asociado a un factor distinto del crecimiento de los costes laborales. Sin embargo, el incremento de los precios podri. i sencillamente ser transmitido vía costes no laborales; por esta razón, el vínculo directo postulado entre el incremento de los costes laborales y el crecimiento de los precios sólo es válido estrictamente en una economía sin inputs no laborales. Ahora, substituyendo (1) en (3), tenemos la siguiente expresión de h curva de Phillips en términos de precios: Ap/p=a(U-UW)-TT (4) Para interpretar el modelo podemos apoyamos en el gráfico 3. Supóngase una situación de equilibrio en el mercado agregado de mercancías, con un cierto nivel de producción, Q*, representado en el gráfico 3a por la intersección de oferta y demanda en el punto A. Para dicha producción, como se refleja en el gráfico 3b, que representa la función agregada de producción a corto plazo, tenemos también un nivel do empleo determinado, L*. A este nivel de empleo le corresponde asimismo un cierto nivel de la tasa de desempleo, dado por UN en el gráfico 3c, que representa la curva de Phillips, tasa de desempleo que, por construcción, se corresponde con una tasa de inflación igual a cero. Esta tasa de desempleo es igual a la proporción (AA'/LP*) en el gráfico 3e, que representa el mercado de agregado de trabajo en los términos habituales (oferta y demanda de trabajo como funciones del salario real), siendo LP* el nivel de empleo potencial a la tasa de salario real prevaleciente, es decir (W/p)* y siendo AA' el volumen de desempleo correspondiente35. Consideremos ahora una expansión nominal de la demanda agregada. Esto hará aumentar el ou hasta Q', y el nivel empleo hasta L', lo que supone una disminución de la tasa de desempleo desde I hasta U. La racionalización de estos ajustes reales a corto plazo es la siguiente. Las empresas! expanden la cantidad demandada de trabajo porque anticipan (correctamente) un aumento del nivel de precios (de sus propios productos) superior al eventual aumento de los salarios nominales, es decir, una disminución de los salarios reales. Por su parte, los trabajadores (o las organizaciones que los representan) estarán dispuestos a aumentar la cantidad ofertada de trabajo siempre que el salario real j aumente36. liiti«ni|il«o «li liiimi i , Ii,.,/ i .,ll< |.i H"l i "• 11,,., ' .,„•,,,-,ii Ap/p Gráfico 3c
M.II i UII.I v iii-.t-iii) i i.iiii" .1 1.1 hi|)c,i"-.c. .i., i., i.i .,i n.iini.ii Emilio Dio» CoMo|a / HHMU Oouno Quor sempleo en el futuro? La forma más directa de explicar este fenómeno se refiere a lo siguiente. Conforme aumenta la duración media del desempleo se acentúa el mismatch de las cualificaciones y características personales de los desempleados frente a las requeridas por los puestos de trabajo; el desempleo efectivo se convierte progresivamente en desempleo estructural, elevando así la tasa natural de desempleo. Adicionalmente, este proceso puede favorecer las estrategias de los insiders, con lo cual se retín •> zan los incentivos de los capitalistas (en particular, de los capitalistas que disponen de algún poder do mercado) para no contratar a los desempleados. No obstante, cabe preguntarse bajo qué condiciones puede tener lugar la intensificación del poder da mercado de los trabajadores y, por tanto, el aumento del salario real de equilibrio. Para responder a esta cuestión será útil partir de una situación de equilibrio general en que las tasas esperada y realizada < k inflación son ¡guales a cero. Supongamos que un shock nominal provoca una disminución inesperada del nivel de precios (una tasa de inflación negativa). La reducción subsecuente de la demanda de trab, ji provoca el aumento de la tasa de desempleo junto con una disminución de los salarios nominales. Sin embargo, como sabemos, el nivel de precios disminuye en mayor medida que el de los salarios nominales, razón por la cual el salario real aumenta conforme disminuye el nivel de ocupación. En este punto el modelo de la tasa natural predice que los trabajadores aumentarán seguidamente stj oferta de trabajo, una vez incorporada la nueva tasa de inflación (negativa), ya que los desempleados están dispuestos a emplearse por menos del salario real prevaleciente. Sin embargo, esto sucederá siempre que una parte de los trabajadores no tengan poder de mercado suficiente para impedirlo. Es decir, ya sea porque los trabajadores organizados pueden resistirse, ya sea por la pérdida de capacidad de los desempleados para hacer valer sus cualificaciones y características personales, o bien pof cualquier otra circunstancia que intensifica el poder de mercado de ciertos trabajadores, los salarios reales no descienden: la curva de Phillips se desplaza horizontalmente, y no hacia arriba como es habitual. En consecuencia, el desempleo adquiere un carácter permanente o, lo que es lo mismo, la tasa natural aumenta conforme aumenta la tasa efectiva de desempleo, y tenemos hysteresis completa. Sin embargo, la hipótesis de hysteresis no resuelve el problema que supone tratar de incorporar los factores de rigidez salarial en el modelo de Friedman. En realidad, el hecho de que el desempleo do equilibrio pueda incorporar un componente involuntario parece abiertamente incompatible con la hipótesis de la tasa natural. Es decir, una situación de equilibrio general de pleno empleo, que es éí\ corolario (y también el punto de partida) del modelo de la tasa natural no puede concillarse con la I existencia de desempleo involuntario68. Es por esta razón que, crecientemente, la noción de tasa natural de desempleo se ha ¡do desligando en la literatura especializada del concepto de NAIRU, a la que so referiría fundamentalmente la hysteresis hasta tal punto que esta última ha tendido a interpretarse como una tasa de desempleo cuya estabilidad relativa no impone necesariamente como condición el vaci.»i I del mercado de trabajo; esto es, que la NAIRU no constituye, en realidad, una solución de equilibrio walrasiano (cfr. Tobin, 1995)69. El problema que aquí se detecta es un caso particular de un problema más general; a saber, que falta por explicar cómo factores tales como la imperfección en los mercados, variabilidad de demanda y oferta, costes de búsqueda de empleo, etc., que Friedman incorpora a su definición de tasa natural do desempleo, pueden ser compatibles con el equilibrio general walrasiano. Como ha señalado Hahfl (1995): «He [Friedman] did not say whether he had a sequence of shorts runs or the long run ¡n min¡j and, of course, the task on implementing his definition in either case is formidable. As far as I know ¡t has not been done even on a macro level where, for instance, 'optimum search' is explicitly incorporated in a model» (p. 44). En suma, «once we leave the realm of perfect competition we do not even have n rigorous general equilibrium theory to help us with Friedman's definition» (p. 46). Emilio DINJ Cnllo|n / Rubén Oaumi Qu»rr«ro Id lulnción. ineicado de trabajo, y por tanto la determinación del nivel de empleo y el salario real, un elemento central de la macroeconomía. En consecuencia, la teoría macroeconómica i lumia específica de entender el funcionamiento del mercado de trabajo, tanto en sí mismo a inevitable interacción con otros mercados y variables macroeconómicas. Esta es la razón nial por la que en este ensayo, cuyo objetivo no ha sido otro que analizar la teoría mímica del mercado de trabajo, no se ha eludido un tratamiento más general de la a» » i mi lima. r. promisas de este trabajo, que ha guiado a sus autores a lo largo de la exposición de los liados, es la convicción de que las técnicas formales matemático-econométricas de la i««nía estándar se asientan sobre fundamentos analíticos más bien nebulosos. No obstante, . II loptado por nosotros en la exposición ha consistido en tomar como dadas la lógica inherente ixlelos estudiados y la metodología adoptada por sus proponentes, sin cuestionar los . ixiomáticos de la teoría, problemáticos en sí mismos. i Mieno, la teoría macroeconómica ha cambiado de forma importante desde la revolución i t|iie buscaba en esencia establecer que el desempleo (en el sentido de desempleo i» i. el único relevante a los efectos del mundo real, y que es por otra parte el que tratan de i-, ilefiniciones estadísticas al uso) podía ser el resultado de una deficiente demanda agregada i sea por un ahorro excesivo, como en los modelos más simples del multiplicador, o por una siva de liquidez, como en la representación tradicional IS/LM del sistema keynesiano y la •il «i de la liquidez. mío el impulso de esta beligerante (políticamente activa) corriente teórica, dominante desde la II lundial, va perdiendo fuerza de forma paulatina, hasta prácticamente diluirse con el inapelable I.I corriente monetarista, que puede fecharse, si se quiere, con la concesión del Premio Nobel n IIIM a Mllton Friedman, cuya influencia teórica (y no sólo teórica) en el ulterior desarrollo del • i. II KXKonómico es sólo equiparable a la que tuvo Keynes en su día. No parece arriesgado, por i 'i ili irar que «macroeconomists are all Friedmanians now». i' i inte no se detiene, seguramente porque no basta con ganar una batalla para ganar la guerra. 11 |i II por seguir con esta metáfora Friedman consiguió derribar en un sólo asalto la famosa, y •. protonciosa en sus implicaciones políticas, curva Lipsey-Solow-Samuelson y su simplista 11 i le la conexión entre desempleo e inflación. Según ésta, cuando una expansión de la ' 11 ida empuja el sistema hacia el límite de la capacidad instalada los costes se elevan, y «i B*M I. I [necios, mientras el desempleo se reduce, ya que los empleadores se ven obligados a >**> o r habajo; y cuando la capacidad instalada alcanza dicho límite, todo incremento adicional de i i. n»1.1. II |u •< iada se traduce sólo en incrementos de precios. •.míen de Friedman, leitmotiv de buena parte de su obra analítica, radica en la separación de «tti.iu ,,M|I", y variables nominales en dos dimensiones diferentes y ampliamente autónomas. El tu ni anuí 1.1 no eia otro que el que sigue: desempleo e inflación pertenecen a dimensiones distintas, i i II ir tanto sus factores determinantes. Aunque a corto plazo la explicación keynesiana 11, mía sin embargo dejar pasar el tiempo necesario (dados el stockde capital, la tecnología in'.) para que las variables reales retomen a su posición original, que es naturalmente el fM ii piolín empleo. Los hechos parecían aliarse con Friedman cuando la correlación inversa 11 ipi. -i i o II iit K :K II i so desvanecía completamente en los años setenta. -II o, II II lo so invixia la 'naturaleza' de las cosas no debe perderse jamás de vista la conse- • mol ii. ,1 .n o i» Mío que existo una tasa de desempleo 'natural', y el calificativo es relevante en i ii» k 11 le la palal na, i u i < leí x 'iia iesi ill, u i -x<u ISIV; miente complicado identificarla en el mundo real, •«i ni mi II i. lo leal no pan» o avennse del todo a la leona, dada la extrema separación de las tasas i, i
MacrooconomiH y desemploo on torno a In hipdtosls do In l/uui nnturnl Oouné Qu#r efectivas de desempleo con respecto de la tasa natural, al menos si esta última se piensa como u magnitud relativamente estable, gobernada por factores estructurales como el volumen de capital fijo, tecnología y los gustos. Para Friedman, la tasa natural de desempleo no es invariable, aunque pardifícil compatibilizar el intenso crecimiento del desempleo de los años setenta, y los elevados niveles la tasa de desempleo registrados desde entonces, sobre todo en Europa, con los movimientos lentos largo alcance que normalmente se asocian a los cambios en la estructura económica. Una salida posible a este dilema es apuntada por el propio Friedman, y en un sentido algo difer también por Phelps: los retardos a la hora de retomar a la posición natural de la tasa de desear pueden ser bastante largos (varias décadas), de manera que la verticalidad de la curva de Phillips se alcanzaría a muy largo plazo. Por su parte, los nuevos macroeconomistas clásicos se piar iti resolver este dilema introduciendo la estocástica en el universo de la hipótesis de la tasa natural de desempleo, en la creencia de que las relaciones económicas determinísticas ya han sido explicada! satisfactoriamente, en lo esencial, por los descubrimientos de la ciencia económica. En esta perspectiva, el sistema está siempre en su natural posición de equilibrio de pleno empleo, salvd influencias aleatorias; portante, la indeterminación de la longitud de los retardos en el restablecimiento de la posición de equilibrio general puede asociarse a las características de la distribución probabilística hitos mismos. Aunque la tasa registrada de desempleo se mueve aleatoriamente en el entorno de MJ centro gravitacional, la tasa natural de desempleo, el grado de dispersión de estos movimientos no ai fijo, e incluso puede ser creciente. Todo depende de la intensidad, longitud y recurrencia de los shi * h» nominales que azotan a las economías, que pueden potencialmente explicar la separación de la tasa do desempleo registrada con respecto de su nivel natural. Pero el mundo real es a veces imprevisible, aún para los agentes racionales de la nuem macroeconomía clásica: el intenso e ininterrumpido crecimiento de la tasa de desempleo, y la ultorKi persistencia de elevados niveles de desempleo en Europa, no parece compatible con una tasa do desempleo de equilibrio relativamente estable, que es la clave para que la tasa natural pueda sal concebida como un punto de atracción de la tasa de desempleo efectiva. No existe una base emj iím seria para postular, a la manera de los nuevos macroeconomistas clásicos, la existencia de una perversa serie concatenada de shocks nominales de la dirección adecuada capaz de mover el sistema fuer; i dn su posición de equilibrio general durante tanto tiempo. La persistencia del desempleo, especialmente en Europa, obligó a los expertos, muchas vecai acuciados por las demandas gubernamentales, a explorar nuevas conjeturas. Una posibilidad, que cabi dentro de la definición de Friedman de tasa natural de desempleo, y que al mismo tiempo no signifioi una renuncia de la hipótesis de expectativas racionales, es recurrir a las imperfecciones de mercada especialmente a la rigidez salarial. La idea básica es que la separación del sistema de su posición d| equilibrio, provocada por la intensificación de las imperfecciones de mercado, desnaturaliza el equilihm mismo: la tasa natural de desempleo termina desplazándose siguiendo la senda ascendente de la l. irut efectiva de desempleo, fenómeno conocido como hysteresis. La tarea que sigue ahora es identificar los mecanismos que pervierten el equilibrio; los mecanismos quj transmiten la hysteresis, que es la clave del asunto. Estos mecanismos son variados, aunque la llteraturj sobre la materia apunta normalmente a la oferta de trabajo: todo el debate sobre la flexibilidad ikk mercado de trabajo no es más que un corolario de esto último. Los trabajadores, por activa (cuamki están empleados, porque se organizan en la negociación salarial imponiendo privilegios salariales) o pCI pasiva (cuando están desempleados, porque pierden las características y cualificaciones adecuadas, d simplemente se niegan a desplazarse en la búsqueda de los puestos de trabajo disponibles) tionel buena parte de responsabilidad; el resto de la responsabilidad queda por cuenta de ciertas instituí««« M estatales, englobadas dentro de la política social. amploo un Ionio o la hlpótaolo rio lo tono nnlurnl Emilio Dio/ Collojo / Rubén Otuné Quérréro I n i - l ni ii jen de la separación de la tasa efectiva con respecto de la tasa natural de desemnstando en los shocks nominales. La diferencia con respecto a la visión tradicional de los /. uxxnnomistas clásicos es que tales 'descargas' imprevistas, que empujan inicialmente el i de su posición de equilibrio, quedan registradas en la 'memoria' del sistema en presencia mismos citados de transmisión de la hysteresis. Por esta razón, la propia tasa de desempleo i juilil mu so desplaza. El principal problema de este tipo de explicación es su extrema i. lón desde un punto de vista analítico. Una ponderación adecuada del impacto presente de • 11 «i i. ilus acaecidos en el pasado, incluyendo el pasado muy remoto, puede justificar cualquier j|n In lasa de desempleo de equilibrio en la actualidad. El grado de manipulación de las series i». i i K 11 la vía de un cada vez más sofisticado empleo de las técnicas econométricas, es por ello •' - II» in. II lor de la debilidad analítica de este enfoque. i Aim. i do la hipótesis de hysteresis es que se dlfumina la idea de una curva de Phillips vertical, y i» llámente dicha ¡dea no se abandona, se resitua en la práctica en un lugar marginal; en • ai entral del modelo de Friedman queda seriamente desfigurada, hasta el punto que ya no ' IIIO razonar en términos de un sistema de equilibrio general walrasiano subyacente. Ya i -i II ito de partida en shocks nominales o reales, la manera en que los mecanismos de • - lo la hysteresis se Incorporan al universo de la hipótesis de la tasa natural sigue siendo un Id i in. iiuraleza del desempleo asociado a dicha tasa natural en el sentido de Friedman es muy • i que se trata de desempleo friccional, explicado por el lapso de tiempo necesario para la i 111 In ti; ibajadores a sus puestos, por lo que cabe esperar que el número de desempleados sea ii numero de plazas vacantes. Pero cuando el desempleo es involuntario, los argumentos . i lo la hysteresis ya no son manejables en el contexto de la hipótesis de la tasa natural. I» Lid, no explorada en la literatura sobre la materia, aunque sí ¡lustrada en el apartado 2.h. de jrensar que el origen de las desviaciones de la tasa de desempleo efectiva con respecto lamí natural son shocks reales (stock de capital, tecnología, gustos), más que nominales. En ".tos shocks constituyen un punto de partida más adecuado para incorporar la hipótesis de II ni modelo de la tasa natural, ya que no se precisa recurrir a dudosos expedientes como el II, i que el sistema guarda de los shocks nominales. En este caso, aunque es ahora más • 1.1 II 1.1 «poraclón de algunos mecanismos de transmisión de la hysteresis (por ejemplo, exige n lkim|X) reconstruir el equipo capital de una industria asolada por un terremoto o una guerra; los • i tal | iiogreso técnico son irreversibles), la necesidad de tocar la función de producción obliga a 11 iiKxfelo de equilibrio general dinámico, que no existe hoy y que obligaría a repensar muchas I I desplazamiento de la tasa natural debido a un shock real sólo se puede explicar en el Ii u» IVI incional cuando la función de producción no se ve modificada, lo que por otra parte reduce unto la variedad de casos de shocks reales que se pueden contemplar. La alternativa es ' l equilibrio general walrasiano (estático) y la hipótesis de la tasa natural a él asociado. i' -, finalizar este ensayo sin una nota valorativa de la macroeconomía estándar actual y de ii I mercado de trabajo que de ella se derivan. En nuestro criterio, la teoría macroeconómica • 11 iy una profunda crisis: no existe en la actualidad nada parecido a un cuerpo analítico sólido y Figuras tan destacadas como Solow (1997), Taylor (1997), Eichenbaum (1997), Blinder . i i H«11, ird (1997), preguntados sobre si existe un cuerpo de macroeconomía práctica en el que nos creer, coinciden en señalar que la demanda agregada determina a corto plazo la renta i i i i i, i', rigideces de precios y salarios, pero que a largo plazo ésta tiende a conformarse con su i' rxji iilll mi i o natural, y que el debate se centra en el grado de influencia de la política económica 11 '. mullios reales. Poro la reflexión nova mucho más allá. i - II i». i los macroeconomistas dan por supuestos los fundamentos teóricos en que se basan sus BO, § pesar de que éstos son problemáticos, y conceptos como los de función agregada de pro- • uti.ilidad del dinero o tasa natural de desempleo rara vez son cuestionados seriamente. El i i» 1.1 pii I» ilisli, leise de ludí 11 * - 11, II. 11 ui»(entrarse en la elaboración de modelos prefabnca-
M. II llll'l IIMIIIMI.I y llll-.ll||||l|llll "11 I. ,111" ,1 I" ||||tÚ|uM'. ,|,- |., |,|;,,| ".ii""» i i .iinrl dos para su especificación econométrica, preferiblemente si esta última es suficientemente sofistica En la convicción de que no es éste el camino, hemos intentando enfocar el ensayo exactamente < t1 dirección contraria, sacando a la luz una muestra de los problemas que esas prácticas tapan. Al l< * II < corresponde ahora valorar su utilidad. Bibliografía Ahijado, M. (1983): "¿Existen muchas interpretaciones de Keynes?: una revisión crítica de la literatin* con sugerencias para una reconstrucción de la macroeconomía", Hacienda Pública Española, n°83 11 149-181. Akerlof, G.A. y Yellen, J.L (eds.) (1986): Efficiency Wage Models of the Labour Market, Cambridgi University Press, Cambridge. Andrés, J. y García, J. (1992): "Principales rasgos del mercado de trabajo ante 1992", en José VirY (ed.): La economía española ante el Mercado Único Europeo, Alianza, Madrid. 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El dinero es neutral si, partiendo de una situación inicial de equilibrio con pleno empleo, un cambio de la oferta de dinero lleva a un nuevo equilibrio en el que todas las variables reales tienen los mismos valores que antes del cambio en la oferta de dinero (cfr. Harris, 1981, p. 61) Además, en el mercado de trabajo el precio del factor trabajo es el único elemento que puede equilibrarlo, lo que no ocurre con el mercado de mercancías y el mercado de dinero, ya que en ellos la renta y el tipo de interés, como mínimo, pueden moverse para ajustar la oferta y la demanda. De hecho se trata en esencia de un modelo de Intercambio puro donde no hay producción, por lo que el nivel de ésta no puede separarse del establecido en los supuestos de partida. «The strict quantity theory applles only ¡f there ¡s a single exogenous monetary variable which ¡s "money" except for a factor of proporclonality, for example, reserve requlrements. Much monetary theory, modern as well as anclent, has developed from a model ¡n which government debt and the monetary base are one and the same. But ¡n a model wlth varlous klnds of government liabilities, time as well as demand obligatlons. ¡t is easy to show that the real equilibrium -for example. capital ¡ntenslty and marginal productlvlty of capitaldepends on the proportions in which these liabilities are supplled. Even in the long run, the real quantity of money depends on monetary policy. and accordlngly monetary policy has olher real consequences» (cfr. Tobin. 1972b, p. 130). En el mismo sentido, por ejemplo, Hahn (1980a). p. 2. En cuanto al método de agregación de la macroeconomía neoclásica dos son los problemas que se plantean: primero, cómo agregar las distintas mercancías producidas por las empresas; y segundo, cómo expresar esa producción como una función del capital fijo y el nivel de empleo agregados. La producción agregada no es más que un vector de mercancías que querríamos expresar mediante un único número. No hay forma de saber si este vector «crece» o «disminuye», es decir, si la renta aumenta o se reduce, cuando sus componentes varían en distintos sentidos. Una forma de sumar los componentes del vector es multiplicando cada uno de éstos por su precio, pero las variaciones en el nivel absoluto de los precios o en los precios relativos pueden modificar el valor monetario de la producción sin que ésta, en términos físicos, haya variado en absoluto. Además, nada asegura que, Incluso si pudiéramos representar una renta real agregada mediante una función de producción, la relación entre dicho nivel de renta y una determinada cantidad de capital y trabajo sea única (el segundo problema). Cada mercancía estará producida por distintas combinaciones de capital y trabajo de manera que, cuando agregamos, suponiendo que esto pudiera hacerse, pueden encontrarse distintas composiciones del producto que comparten tas mismas cantidades de capital y trabajo agregados, y viceversa. Así pues, la única forma de expresar la función de producción en términos reales, o físicos, reduciendo el vector de mercancías a un único número, es considerar que todas las mercancías se producen en la misma proporción. Así podemos decir que el producto real está compuesto por «cestas» idénticas de mercancías. No obstante surge ahora otro problema de inconsistencia lógica. El producto agregado tendrá una composición invariable, pero la demanda agregada puede cambiar la proporción de eue componentes (demanda do bienes do consumo y demanda de bienes de inversión) como respuesta, por ejemplo, a oembtoe en el tipo /(I i. i, i, ,,», „ un «I propio nivel de renta I n única solución posible es suponer que la economía produce una única mercan, ft» (vóase la asunción expresa de este supuesto en, por ejemplo, Sargent, 1987, p. 7). „ „,(,., onomia neoclásica se construye sobre un peculiar esquema de llup cucuiai de la lenta. Solo existen dos til, .líjenles las economías domesticas y las empresas. Las empresas venden dos lipos de mercancías, bienes de I Píenos de inversión, ambas a las economías domésticas. En principio lo lógico sería que los bienes de ¡nver- i ripiaran las empresas, pero éstas no retienen nada de sus beneficios, ya que éstos son los pagos que las em- „ i deben li ri a cambio de los servicios del capital, propiedad de las economías domésticas sin distinción. Otra lili rto los ingresos de las economías domésticas proviene de la venta de los «servicios» de otro factor de producción que imtibién poseen, el trabajo. En los bienes de inversión no se Incluyen además aquellos que forman parte del capital . in ulnnlo, es decir, aquellas otras mercancías que se consumen totalmente en el proceso de producción y que reciben el de «intermedias» (no hay capital circulante). Esto equivale a Interpretar los precios como producto de la suma de oponentes del valor añadido, en vez de la suma de éste y los costes materiales, cuya desaparición se justifica ale- i i usidad de evitar una «doble contabillzaclón» (lo que se podría Imputar también a la depreciación del capital li|u dicho sea de paso). Así pues, los ingresos que reciben las empresas no son el total de Ingresos por ventas sino, más , i Unjo de vuelta de las distintas rentas que perciben las economías domésticas, es decir, del valor añadido. Esto i,n,,„ importantes consecuencias para la concepción del fenómeno de la producción. En efecto, ésta se lleva a cabo solo i un inhaladores y capital fijo, sin otros ¡nsumos de ningún tipo, como se refleja en la función de producción que es. en estricto, una función de valor añadido, no de producto bruto. Pocos han sido los que han puesto en duda la vali- Ii II riptiva de este modelo de circulación de la renta y las mercancías (cfr. Weeks, 1989, pp. 4-7). 'ii ni único bien que se produce en la economía conserva las propiedades que lo hacen útil durante mucho tiempo (es un undero) no tiene sentido tampoco que el dinero cumpla la función de depósito de valor. SI el bien es perecedero i IIIHI iiieguntarse cómo es que se usa como capital fijo. ' Nu basta con reproducir la solución de equilibrio general en términos reales multiplicando todas las variables por p para , q,m una versión monetaria del modelo, ya que, dada la Inconsistencia, la cantidad de dinero M y p deben participar de i vi activa. tu ol modelo clásico que acabamos de ver W/p era la incógnita. Aqui p viene dado exógenamente, si bien podría amol modelo mediante una relación funcional del tipo de la curva de Phillips, como veremos un poco después. Tam- M.lomos considerar que es W, el salario nominal, la variable exógena, como hace Sargent (1987. p. 51), y plantear i ml.i, i,,n de Phillips en términos de salarios. En efecto, Keynes dice expresamente que «We are, as I have sald. one nquiitimt short. Yet it mlght be a provisional assumption of a rigldity of money wages, rather than of real wages, which bnng our theory nearest to the facts . A theory cannot clalm to be a general theory, unless it is applicable to the , iinii whoro (or, the range withln which) money wages are flxed» (cfr. Keynes. 1936, p. 276). i no. Imán apunta, sin embargo, que esto es un error, ya que «lo que se necesita para completar el sistema keynesiano ecuación que determine el nivel de precios de equilibrio. Pero la curva de Phillips trata de la relación entre la tasa i. m. II ion de los precios o los salarios y el nivel de desempleo. No determina un nivel de precios de equilibrio» (Friedm/6a. pp. 269-270). " Obsérvese que. con este replanteamlento, tenemos ya el nivel de precios de equilibrio como variable endógena en el modulo, lo que elude la crítica de Friedman que recordábamos en la nota anterior. i i .urnen, el efecto saldo real o. más ampliamente, el efecto riqueza, abre la puerta a una rehabilitación del modelo > No obstante, la Introducción de los activos rentables, como hemos visto, hace incompatibles, en general, el pleno o y la neutralidad del dinero. . ..Oslante, admitido esto, la reducción de precios puede tener otros efectos que lleven, efectivamente, a un increleí n¡vel de empleo. Así. la reducción del nivel de precios puede elevar la oferta de saldos reales y esto puede reiktcli a su vez el tipo de interés, lo que elevaría la inversión y. por tanto, la demanda agregada. Este sería el caso del moiloln kuynesiano corregido. .. un. involuntarlly unemployed. ¡f in the event of a small rise ¡n the price of wage-goods relatively to the moneyboth the aggregate supply of labour willlng to work for the current money-wage and the aggregate demand for ¡t at ti vnge would be greater than the existlng volume of employment» (cfr. Keynes, 1936, p. 15). Obsérvese que son los is los que alteran el salario real, con el salario nominal Invariable. Los economistas neoclásicos lo han Interpretado una evidencia del supuesto de rigidez salarial nominal. Sin embargo, Tobin (1972b) señala que «Keynesian theory iltmn not require money wage rigldity. only stickiness in the sense that, in the short run. labor supply varíes dlrectly wlth the lltonoy wage for any given real wage». La segunda definición puede resumirse diciendo que la ausencia de desempleo in- , .„„, equivale al pleno empleo, que Keynes define como (cfr. Keynes, 1936, p. 26) «a sltuatlon ¡n which aggregate niilnyment ¡s ¡nelastic ¡n response to an ¡ncrease ¡n the effectlve demand for its output». Al aceptar Keynes el segundo tul.«In de la macroeconomía clásica acepta también los ajustes en la razón capital/trabajo como mecanismo equlllbra- , precisamente lo que permite Identificar el pleno uso de la capacidad productiva con el pleno empleo del factor '. ibit|0 (Roncaglla y Tonveronachi, 1983, p. 227). Dos son pues las posibles causas del desempleo involuntario: una inueion de la capacidad productiva (segunda definición) o una inflexibllldad de la razón capital/trabajo, motivada a su ixit una rigidez de la razón tipo de beneficio/salario real (primera definición). SI Keynes presenta las dos como equili s es porque no considera la posibilidad de desempleo motivada por rigideces en el precio de los servicios de los . A-.i pues, mientras la definición clásica de desempleo Involuntario implica que éste se produce sólo cuando nos ios luera de la curva de oferta de trabajo, según la definición de Keynes podría haber desempleo involuntario I„n ,Memos sobre la citada curva, pero en una situación de infrautlllzación de la capacidad productiva (véase, en el ... ni,i sentido. Phelps, 1990, p. 14). Cuando el pleno empleo y la plena utilización de la capacidad productiva se resta- Ntoen »the [neojclasslcal theory comes into its own again from this polnt onwards» (cfr. Keynes. 1936. p. 378). I ii-. , nmbios en la demanda, en la macroeconomía keyneslana, llevan a un cambio en las cantidades (la renta real) que a un cambio en los precios. La macroeconomía clásica, por el contrario, supone que los precios se ajustan de instantánea para vaciar los mercados, Impidiéndose así toda transacción a precios de desequilibrio (macroeconoiiiiii walrasiana con competencia perfecta). Véase Hahn (1980a). i l.ihiln que añadir, entre otros, el trabajo de Hicks (1935) sobre el dinero, aunque es previo a la Teoría General, y el ,. Modiqliani 11944). que generaliza el planteamiento de Hicks y que cierra el modelo IS-LM completando el retor- , |,, lundnmi'utos do la mac'i momia prekeyneslana (Roncaglia y Tonveronachi. 1983. p. 2231. El resultado es ,-iquematlzaclón de algunos capítulos de la Teoria General, y específicamente unos pocos de los primeros. No es .„ , , . „,,-, i, , .... , .,1,1,, ., ., ,1,, líos mnilrlii-, , umo hemos hecho ya rio linveshs cinl rio Keynes- (cfl Ahijado, 1983, | IMI) /I
M. IX OMOINIH v desempleo Olí torno II llt lllpÚleNIS do l.l lllX.1 IMlUDll I millo \Um < «tita inn (IIII 17 Véase el epígrafe 1b. La Tesis Doctoral de Phillips (LSE, 1953) llevaba por título Dynamíc Models in Economics, de la que una parte (capítulo V) se publicó en 1954 en forma de artículo (Phillips, 1954). Según la interpretación de Lipsey (1960), en su trabajo de 1958 Phillips sugiere claramente una línea causal que va del desempleo a los salarios, si bien no formalizada. Estos trabajos (así como los de Paish, también en la LSE) serían variaciones sobre el mismo tema: explicar las presiones ¡nflacionistas en función de la separación entre el nivel de producción efectivo y el potencial (desfase de Okun). El caso de Fisher, sin embargo, es distinto, en tanto que aquí se invierte la relación causa/efecto. La variable independiente, que en el caso de Phillips es la tasa de desempleo, es para Fisher la tasa de cambio de los precios. Cuando éstos varían de forma inesperada las empresas ven aumentar sus ingresos por ventas, dados los gastos fijados por contrato al principio del período (como los salarios), con lo que, en un primer momento, elevarán la producción. Además no saben si es un fenómeno que las afecta a cada una de ellas aisladamente (se eleva su demanda nominal) o es algo generalizado (saber esto permitiría prever que no hay ni habrá un incremento de la demanda real), por lo que la situación las induce a ese incremento inicial de la producción (Friedman, 1976a, pp. 264-265). No obstante, la interpretación acerca del significado del trabajo de Phillips que acabamos de apuntar no está exenta de polémica (Desai, 1975). Hasta ahora, y en adelante, cuando nos referimos a la curva de Phillips hablamos en verdad de la curva de Phillips según Lipsey, aunque este agradece a Phillips «his constant aid and encouragement» a lo largo del desarrollo de su investigación, por lo que es seguro que Phillips estaba al tanto. 18 Lipsey (1960) apunta: «Professor Phillips has advanced the hypothesis that the percentage rate of change of money wage rates in the United Kingdom (AW/W) can be explained to a very large extent by: (i) the percentage of the labour forcé unemployed (U), and (¡i) the rate of change of unemployment (AU/U). (...) the data are shown to support Phillips' main contention that there is a significant relation between the rate of change of money wage rates and the level and the rate of change of unemployment. Having established the evidence for these relations, the second section is devoted to the construction of a theoretical model which adequately accounts for them» (pp. 1 y 2). Más concretamente, Phillips «compared to the valué predicted by the relation between AW/W and U, AWA/V tended to be high when unemployment was falling (AU/U<0) and low when unemployment was rising (AU/U>0)», pero «he did not, however, attempt to determine either the precise form of the relationship between AWA/V and AU/U or its quantitative significance» (p 6). 9 Obsérvese que esto implicaría que la curva de Phillips pasaría por el origen de coordenadas si no fuera por la existencia de cierto desempleo fricciona! (Lipsey, 1960, p. 14). En cuanto a la explicación de Lipsey (1960), éste apunta que «when there is excess demand wage rates will rise, while, when there is excess supply wage rates will fall (...). We now introduce the dynamic hypothesis that the rate at which W changes is related to the excess demand, and specifically, the greater is the proportionate disequilibrium, the more rapidly will wages be changing» (pág 13). Friedman (1968) conecta la tasa natural de desempleo con el tipo de interés real natural (partiendo de ideas de Wicksell y Fisher). La conclusión es que el tipo de interés y la tasa de desempleo sólo pueden separarse de sus niveles naturales a costa de inflación, y mantener esa separación a cambio de una inflación creciente, lo que es insostenible a largo plazo (p 6). En palabras del propio Friedman, la tasa natural de desempleo «as in the interest rate case, the "market" rate can be kept below the "natural" rate oniy by inflation. And, as ¡n the interest rate case, too, only by accelerating inflation" (p. 10). En este mismo sentido véase Phelps (1967), p. 256. 21 Tres puntos deben destacarse aquí. Primero, que el argumento sólo funciona si las empresas se dan cuenta inmediatamente del incremento de demanda y los trabajadores tardan un tiempo. Segundo, no tiene sentido que el Estado trate de expandir la demanda agregada si se parte ya de una situación de pleno empleo. Tercero, es absolutamente necesario al argumento que el dinero sea neutral ya que, de otra forma, los cambios en la cantidad de dinero afectarán a las variables reales, especialmente al tipo de interés y a la inversión, lo que modificará las condiciones de pleno empleo de la economía. He aquí el porqué del cuidado de Friedman por reintroducir la identidad cuantitativa en ios modelos macroeconómicos. Cuando introducimos los activos rentables en el modelo, y la demanda de dinero pasa a depender del tipo de inteh". I.i neutralidad del dinero no puede hacerse compatible on un modelo de equilibrio de pleno empleo. Friedman, cons- ' n-ule do oslo, liutu de encontrai une forma de conciliar las tres cosas, considerando los activos rentables en su modelo peni eliminando e| tipo de mleies de la función do demanda de dinero. Para empezar Friedman parte de una función de dninuniln de ilinem de coi le keynesiano que no es mas que una versión simplificada (Friedman, 1959) de una más compleia (I nedinan, 1956) donde el argumento I se elimina en un primer momento con una justificación empírica para luego (I iHxlin.m 19/(1 y ld/1) apodai una justificación analítica (Harris, 1981. pp. 151-152, 160-162 y 468-472). La función serla MD=f(Qp,í) Que se reduce otra vez mediante supuestos simplificadores. El listado completo de éstos es el siguiente: que la tasa nominal de interés i es igual a la tasa real r (que Friedman identifica con la productividad marginal del capital) menos la inflación ir, lo que sólo es cierto si la tasa de inflación es cero o la tasa de interés nominal es igual a la inflación ya que, en otro caso, la relación correcta es r=(i-n)/(1+n) (cfr. Barceló, 1992, pp. 153-155); que la elasticidad-ingreso nominal de la función de demanda es igual a uno; que el tipo de interés nominal i es igual al esperado ie, que es igual a su vez a la suma del tipo de interés real esperado re y a la tasa de inflación esperada ire; que la diferencia entre el tipo de interés real esperado y la tasa de crecimiento esperada de la renta real es igual a una constante; y, por último, que en la senda de crecimiento con equilibrio a largo plazo, la tasa de crecimiento del ingreso nominal efectiva y esperada coinciden y son constantes. Una vez consigue que la demanda de dinero sea función del ingreso nominal, de la tasa real esperada de rendimiento del capital menos la tasa esperada de crecimiento del ingreso real y de la tasa esperada de crecimiento del ingreso nominal, los dos últimos supuestos le permiten expresar la demanda de dinero sólo en función del ingreso o renta nominal (Qp), multiplicado por una constante, lo que supone que la velocidad del dinero es constante (M=Qpv). Por ello, la tasa de crecimiento de M debe coincidir con la tasa de crecimiento de Qp en el equilibrio a largo plazo. Pero hay más. Ahora hay que conectar la tasa de crecimiento de dinero sólo con la tasa de crecimiento de los precios, aislando otras posibles variables. En efecto, la tasa de cambio del ingreso nominal puede descomponerse en la tasa de crecimiento de los precios, la tasa de crecimiento del producto real de pleno empleo o natural y la tasa de variación del grado de utilización de la capacidad productiva. Para empezar, en el equilibrio a largo plazo tendremos que el grado de utilización de la capacidad productiva es constante y máximo (cfr Friedman 1968); además, si suponemos que esa capacidad productiva o nivel natural o de pleno empleo no crece, es decir AQ/Q=0, tendremos como corolario que (AM/M)=(Ap/p) así pues, a largo plazo, el crecimiento de la oferta monetaria sólo influye sobre el nivel de precios, es decir, el dinero es neutral, lo que se hace extensivo al corto plazo cuando se introducen expectativas racionales, como voromos en la siguiente sección. En este sentido Tobin (1972b) señala que «in the architecture of Fricdman's theoretical Iramework, nominal income is tho keystone. The "missing equation" dynamies just reviewed are desiqried ID explam the división ni changos momia y de&ornploo mi Ionio a Id I I inllh> Din/ Calleja / Hul>f'Mi 1 II.IIIIÍI (iiHMinm ut nominal income between price and output. The other side of the arch is the dynamic dependence of nominal income on i II , i.upplv i i rhe basic ulna is that, in moving equilibrium, Uie yrowth rale of the money supply and the expected lh rate oí money income are equal» (p. 128). Por otra parte, el propio Friedman, a propósito de su análisis de la rela- • ntre inflación y desempleo, señala que «recent experience leaves me less satisfied with the adequacy of my earlier n that issue than with the adequacy of my earlier work on the forces producing changes in aggregate nominal de- Mnd> (Cfr. Friedman, 1977, p. 454). I o que incomodaba a Friedman era que una variable nominal, el salario, respondiera a un desequilibrio de variables on el mercado de trabajo. Aceptar esta trabazón entre variables nominales y reales supone renunciar a los postuláis Pimentales de la macroeconomía clásica que Friedman venía tratando de volver a fundamentar desde hacía años. cosario señalar aquí una confusión grave con los conceptos de corto y largo plazo. El primero (corto plazo) es un le de tiempo cronológico, digamos, el momento t. El largo plazo no es más que un cálculo realizado en ese mismo iunto t. Ese cálculo es una simulación de lo que ocurriría si se permitiera a determinadas variables variar libremente una posición en la que no tengan incentivo alguno a seguir moviéndose. Hay muchas simulaciones alternativas po- • II t. La utilidad de este tipo de ejercicio mental depende de un supuesto crucial: que las variables que participan en ilación tiendan de verdad a moverse en esa dirección, lo que implica que están ejerciendo en t, efectivamente, una sobre el sistema, tensionándolo. El cálculo sirve sólo para tratar de medir la magnitud y dirección de esas tensio- a parte débil del argumento está en la exclusión del tiempo cronológico o tiempo real. En efecto, en nuestro cálculo activamos el tiempo para algunas variables, pero lo desactivamos (o lo mantenemos desactivado) para otras. El • mental recoge así sólo algunas de estas fuerzas o tensiones, excluyendo la consideración de otras, lo que no ten- i ntido en tiempo real. Un ejemplo puede aclarar el argumento: los capitales tienden a desplazarse desde los sectocon tipos de beneficios más reducidos a los que tienen tipos de beneficio más altos, hasta que dichos tipos se igualan. treta a los precios relativos. Podemos calcular en el momento t (un instante de tiempo cronológico, real) qué prernlativos existirían en t si el tipo de beneficio fuera ya uniforme, considerando dado lo demás, por lo que en este cálno se tienen en cuenta los cambios en la composición del producto que los movimientos de capital traerán consigo, ni ireso técnico, etc. El largo plazo no alude pues a ningún instante de tiempo que no sea t (el ámbito temporal del i plazo), y la estimación de las tendencias de cambio del sistema sólo son parciales, en tanto que la simulación afecta i un subconjunto de variables y en tanto que sólo se consideran algunos de los efectos de esas tendencias de cam- i conjunto del sistema. voluntariedad" de este desempleo puede explicarse de diversas formas, una de las cuales es la búsqueda por i lito del desempleado de un empleo que se ajuste a sus expectativas. i rmdman (1968) aclara sin embargo que esta tasa puede moverse ya que «many of the market characteristic that deits level are man-made and policy-made" (p. 9). De hecho, «one problem is that it cannot know what the "natural" Unfortunately, we have as yet devised no method to estímate accurately and readily the natural rate of either interimployment. And the "natural" rate will it self change from time to time» (p. 12). Friedman emplea el término "na- i' u the same reason Wicksell did -to try to sepárate the real forces from monetary forces» (p. 9). Por su parte, se- |un i i.ihn (1980a), la unicidad del equilibrio es uno de los elementos distintivos del modelo de Friedman, junto al postula- i 'tnogeneidad, y ambos comparten algunos supuestos fuertemente restrictivos. i mtido estricto una NAIRU sólo implica que la segunda derivada del logaritmo del nivel de precios es menor o igual oro, es decir, que la tasa a la que cambian los precios (primera derivada) no crece. Aquí estaríamos hablando más '• una CIRU, una tasa de desempleo que no altera la tasa de inflación en ningún sentido (cfr. Cross, 1995, p. 184). i In lactor X distinto de cero implica una inclinación de la curva de Phillips a largo. No obstante, otras "distorsiones" de la lormulacíón original nos llevarían a un problema bien distinto: el del desdoblamiento o desplazamiento (con persistencia) l tasa natural, y este sería el caso de la hysteresis. Piénsese en una formulación como esta (AP/p)=(Ape/p)+g(U-UW)+h(U-U.1)-TT |ue U es el desempleo efectivo del período anterior. La evolución reciente del desempleo es una variable más del i, lo que hace surgir una NAIRU distinta de la de muy largo plazo o tasa natural (Layard, R., Nickell, S. y Jackman, i1 1904, pp. 37 y 38). Veremos esto con detalle en el epígrafe 2.h. Mudigliani reconoce que no hay «serious analytical disagreements between leading monetarists and leading nonmone- Imitit! (cfi Modigliani, 1977, p. 1). Por su parte, Tobin señala que «the monetarist-Keynesian differences listed in the text ni on whether dlidr is zero, so that a typical LM curve is vertical, or negative, so that a typical LM curve has positive (i fi lobin, 1972b, n.2, p. 132). Pero Tobin reconoce que «Friedman, however, explicitly disavows belief that the md tor money is independent of interest rates and denies that his propositions depend on any such assumption», pe- /• una forma coherente de racionalizar los resultados de Friedman a partir del modelo IS-LM con una curva LM de . • • •• In mti • i lositiva. Si consideramos fijado el tipo de interés nominal (en verdad la única variable que las autoridades mo- • • pueden controlar, como señala Blinder, 1997), la curva IS determina el nivel de renta real, con lo que la oferta de H A is i;stará dada también debido a que M/p=L(i,Q). Esto significa que para cada curva IS existirá una curva LM • itible (con pendiente positiva) que la cortará a la altura del nivel de tipo de interés nominal prefijado. Si se expande 1 Mu monetaria para tratar de mover la curva LM la única variable suelta, p, variará para devolver la curva a su posiiginal; si de desplaza la curva IS hacia la derecha la curva LM la seguirá, reduciendo los precios si M no varía. «As H uii suggests, the model is bizarre», si bien «here is a model that acknowledges the interest sensitivity of the deli .i money but preserves the quantity theory by the simple expedient of fixing interest rates. But the cost of this ex- 1 i . ID concede fiscal policy more control over output and employment than virtually any Keynesian would claim» robín, 1972b, pp. 125-126). En el mismo sentido, Friedman señaló que «the fundamental differences between are . >i<| ii not theoretical» (cfr. Friedman, 1976b, p. 315), si bien, según él, «both monetarists and neo-Keynesians accept as positively sloped and nonetheless come out with very different conclusions on many issues, particularly i IH ol fiscal and monetary policy», de manera que «at any rate, the main issue between us clearly is not and never i n whethei the LM curve is vertical or has a positive slope» (cfr. Friedman, 1972, pp. 185 y 188). Cabe preguntarse IDDIII t.iiln i [IDI.I I riedman la diferencia. Básicamente, «if there is one, is partly different empirical assumptions; II, whotlH'i DIic considors only the ¡mpact effect of a change or the cumulative effect». Friedman considera el caso de mi aumento del gasto público que genera un déficit financiado con dinero. La curva IS se desplazará a la derecha y la .. i | M también (M había .nimi-nlndo) llevándose la icnta real Si en el siguiente periodo el déficit se corrige la curva "iá a au posición inicial (roducción del gasto o aumento de los impuestos), pero la LM no (M conserva el nivel allo en ni pómulo gnu ednnlc) a menos que suban les precies, de manera que el resultado final sera una renta nomi- | mayCM y un nivel de procios más alto pero una renta real igual. Si el déficit no se financia con dinero sino con impuesta» la curva 18 volvará a au lugar da origen y la LM ni siquiera se moverá (cfr. Friedman, 1972, p. 187). El tema de la flexi- i Iml do I..', pi •. queda mi un '.nqundn plano I (indinan UM on jue -I was mislaken m reqardinq thoir freafmenf of 73
M.u i iti.iim.i y (lro.om|>len un lomo .1 l.i hlpolnsr. ijt' In lusn ti.itin.il I mili,. I price flexibility as the main issue between them and the monetarists. Perhaps the emphasis on first-round effect is the main issue and their treatment of price flexibility a minor corollary» (cfr. Friedman, 1972, p. 188). En el mismo sentido «distinctively monetarist propositions and prescriptions depend not on price flexibility but on the assumed insensitivity of monetary velocity to interest rates» (cfr. Tobin. 1972b. p. 122). No es correcto pues decir que el débale entre keynesianos y monetarisías se reduce a una discusión sobre las elasticidades de las curvas, la velocidad de los ajustes y las rigideces. El modelo de Friedman no es un caso particular del neoclásico keynesiano, como tendremos ocasión de comprobar en el epígrafe 2d. En el mismo sentido se expresa Hahn (1980a). «Even ¡f Y [real income] were supply-determined and prices were completely flexible, the structure of the demand sectors of the macroeconomy (IS and LM) ¡s still of interest. Our system of "LM" equations could be solved for the commodity price level and the structure of interest rates, given the level of real income, the real rate of return on capital, and the nominal valúes of exogenous monetary quantities» (cfr. Tobin, 1972b, n.6, p. 133). «Keynes could have casi his arguments in the language of the quantity equation, just as Friedman could convey his message in IS-LM diagrams. In monetarist language, all influcnces on nominal income other than the stock of money are dumped into velocity (or its Cambridge reciprocal)» (cfr. Tobin, 1972b p. 129). No es ésta, sin embargo, la opinión de Milton Friedman: «The Keynesian system, as everybody knows, is incomplete. It lacks an equation. A major reason for the prompt and rapid acceptance of the Phillips curve approach was the widespread belief that ¡t provided the missing equation that connected the real system with the monetary system. In my opinión, this belief ¡s false. What ¡s needed lo complete the Keynesian system is an equation that determines the equilibrium price level. But the Phillips curve deals with the relation between the rate of change of prices or wages an the level of unemployment. It does not determine an equilibrium price level» (Friedman, 1975, p. 69), El trabajo de Philljps viene a reforzar la ¡dea de que los cambios en el nivel general de precios se deben en esencia a los cambios en la demanda agregada, frente a la teoría de la inflación de costes, que identifica el origen de las variaciones del nivel de precios en la presión de costes (particularmente, costes salariales). En palabras de Lipsey: «Phillips clearly considered a high correlation between [rate of change of wages] and [rate of unemployment] as evidence ¡n favour of a demand-pull as against cost-push hypothesis». Para Lipsey, la evidencia presentada por Phillips refuta el caso extremo de la teoría de la inflación de costes («[its] predicts a one-one relation between changes ¡n prices and changes ¡n wages»), si bien la elevada correlación encontrada entre ambas variables, particularmente en el período posterior a la ll Guerra Mundial, sugiere que «a satisfactory theoretical explanaron (together with independent tests) would be needed of the hlgh correlation between [rate of change of wages] and [rate of change of prices], Until more ¡s known about the causal Nnks between [rate of change of prices] and [rate of change of prices] it ¡s dangerous to argüe as ¡f either of these variables were independent of the other» (Lipsey, 1960, p. 31). En realidad, lo que dicha relación resuelve es la conexión entre el mercado agregado de trabajo y el mercado agregado de mercancías. La reformulación de la ecuación (1) en términos de precios no es algo inmediato, sino que envuelve un problema teórico: a saber, la relación de causalidad existente entre la variación de los precios y la variación de los salarios nominales (cfr. Díaz Calleja, 1998). 34 Más concretamente, Q/L designa el output (valor añadido, Q) derivado de la función agregada de producción por unidad de trabajo (L), para un stock de capital dado (K). La implicaciones que se derivan de utilizar como punto de partida en el diseño de este modelo la función agregada de producción serán analizadas más adelante. No obstante, conviene reiterar una implicación general de esta noción, a la que rara vez se hace referencia en los manuales modernos de macroeconomía; a saber, que la única forma consistente de construir esta relación agregada es asumir la existencia de una única mercancía (Weeks, 1989, p. 225). La Introducción de una función de 'oferta potencial de trabajo' junto con la típica 'oferta efectiva de trabajo' permite visualizar fácilmente el volumen absoluto y relativo de desempleo para cada nivel del salario real. Esta representación del mercado de trabajo es pertinente en la medida en que, en el modelo que presentamos, existe siempre un cierto volumen de desempleo, con independencia de que el mercado se encuentre o no en equilibrio, en la forma de desempleo friccional (cfr. Elliott. 1991). «It will be ralional lor him [producer] lo inlerprel ¡1 [an unanticipaled acceleration ot aggregate nominal demand] as at least partly especial and lo react to it, by seeking to produce more to sell at what he now perceives to be a higher than expocted market price for future output. He will be willing to pay higher nominal wages than he had been willing to pay before in order to attract additional workers... A higher nominal wage can therefore mean a lower real wage as perceived by him... To workers, the situatlon ¡s different... a rise ¡n nominal wages may be perceived by workers as a rise ¡n real wages and henee cali forth an íncreased supply.» (Friedman, 1977, p. 93). En el gráfico 3c, el salario real se reduce conforme nos movemos de izquierda a derecha a lo largo de la curva de Phillips, desde el punto A hacia el punto B. No debe perderse de vista que, en suma, un aumento del nivel de producción desde Q* hasta Q' significa un movimiento a lo largo de la función agregada de producción, como puede observarse en el gráfico 3b, que es lo mismo que decir que nos movemos «hacia abajo» a lo largo de la curva de demanda de trabajo como función del salario real, en el gráfico 3e, desde el punto A hacia el punto B, y por tanto que el salario real desciende conforme disminuye la productividad del trabajo. Con otras palabras, todas estas tasas suponen un cierto volumen de desempleo compatible con el pleno empleo. Obsérvese que, aunque los trabajadores puedan estar insatisfechos para tasas de desempleo como LT, ello se debe exclusivamente a los errores que han cometido en la formación de sus expectativas sobre la variación de los precios, errores que les han conducido racionalmente a alterar su oferta efectiva de trabajo, bajo los efectos de la ilusión monetaria, y que en cualquier momento pueden corregir retirando parte de la cantidad de trabajo ofertada, lo que restablecería el equilibrio general del sistema, «The "natural rate of unemployment"... is the level that would be ground out by the Walrasian system of general equilibrium equations, provided there is ¡mbedded ¡n them the actual structural characteristic of the labor and commodity markets, ¡neluding market imperfections, stochastic variability ¡n demands and supplies, the cost of gathering information about job vacancies and labor availabililies, the costs of mobility, and so on» (Friedman, 1968, p. 8). Un movimiento de A a B en el gráfico 3b implica una reducción en la productividad junto con un aumento del nivel de empleo. Esto supone a su vez un descenso en nivel de desempleo y, por tanto, un incremento del salario nominal. Este aumento debe ser superado por el crecimiento de los precios (véanse los gráficos 2g y 4e) dado que los salarios reales se reducen. Nótese que en las expresiones (5) y (6) se ha supuesto directamente que el valor de la tasa esperada do inflación se traslada Integramente a la lasa de variación de salarios y precios. Este supuesto es esencial para suslnritm la Idoa de una curva do Phillips vertical a «largo plazo», al garantizar la neutralidad del dinero, Y si bien tanto Frlednmn pomo, sobro todo, Pholps (1972), han admitido la posibilidad do quo las variaciones do la lasa da Inflación, bajo Olalla» Oküunalanelaa, «I u tul I millo II.../ I nlli'lo IIIII.I-I. Il-.uii II-...-..i 1, .i ..I... |us roclos .1 largo plazo (esto os. un largos períodos de tiempo lonll. en adatada seguiremos manteniendo l. upáoslo suponiendo que el largo plazu comprende et periodo necesario para tengan tugar todos tos cambios necenniios (incluyendo la desaparición de los obstáculos que bloquean los ajustes, como los cambios en la variabilidad de los pin s rolativos o bien la eventual presencia hysteresis), hasta el restablecimiento de la verticalidad de la curva de Phillijiti (cfr. Cross, 1987). SI la variación de la lasa esperada de inflación es positiva (negativa), entonces la curva de Phillips se desplazará hacia ii.ib.i (hacia abajo), tal y como se representa en el gráfico 3c. Para Friedman (1968) esto significa que la curva de Phillips -nal ostá dada a «corto plazo», y que a largo plazo no existe ningún tipo de trade-off entre la tasa de inflación y la desempleo: cualquiera que sea la tasa de inflación, la tasa de desempleo de equilibrio a largo plazo es la tasa 1 «.i ,tr desempleo. Véase también, en el mismo sentido, Phelps (1967). I gráfico 3d, el desplazamiento hacia la derecha de la curva de demanda de trabajo es debido al aumento del nivel empinado de precios, representado por la tasa de inflación positiva (Ap/p)', ya que las empresas son, en la práctica, al i ,1 la evolución de su precio, anticipadoras perfectas de la inflación. Las empresas estarán dispuestas ahora a Intuí su demanda de trabajo para cada nivel de la tasa de Inflación salarial. Esto supone cjue la curva de demanda «Diligada de trabajo como función del salario real, representada por la curva de trazo continuo L en el gráfico 3e, perma- M.II . invariable. » laremos esto con algún detenimiento. En primer lugar, de acuerdo con la expresión (5), la tasa de crecimiento de los s nominales depende tanto de la reducción de la tasa de desempleo, dada por la expansión de la cantidad ofertada k trabajo, como de la tasa de inflación esperada por los trabajadores. Ahora bien, como la tasa esperada de inflación es 1 crecimiento de los salarios nominales depende exclusivamente de la reducción operada en la tasa de desempleo; - iloi 11, U=U'<UN en términos de la expresión (5), lo cual implica una tasa positiva de crecimiento de los salarios noml- 1 n segundo lugar, de acuerdo con la expresión (6), la tasa de inflación será igual a la tasa de inflación salarial (ponerlos la tasa de variación de la productividad del trabajo (negativa). Por tanto, los precios crecerán más que los «..linios nominales, lo que significa una reducción del salarlo real. 11 1. aquí de forma espontanea un problema con importantes repercusiones en términos de la política económica que ..I mullólo sustenta. La cuestión es la siguiente: ¿en qué sentido el punto C en el gráfico 3c puede considerarse una situatabte de equilibrio general de pleno empleo? La racionalización puede establecerse en los términos siguientes: el 1 orno ha elevado la tasa de crecimiento de la oferta monetaria, al objeto de reducir la tasa de desempleo, pero sólo • ilo a corto plazo, pues a largo plazo, y tras los subsecuentes ajustes, sólo consigue acelerar el crecimiento de los con una tasa de inflación más elevada. Sin embargo, en una situación de pleno empleo (el punto de partida de 1. modelo) la nueva tasa de inflación sólo puede prevalecer si se mantiene el mismo ritmo de expansión de la oferta - 1.mu lo que supondría un comportamiento poco comprensible por parte de las autoridades monetarias. En caso no, la secuencia de los acontecimientos descritos no podría ser sostenida porque el aumento de los precios desa- . mu ot incremento de la oferta monetaria, con lo que tendríamos un retorno hacia el nivel anterior. En ausencia de 1 incrementos de la oferta monetaria, podría argúirse, la nueva tasa de inflación de los precios no puede sostenmr.il, la inflación caerá y la secuencia de los acontecimientos se Invertirá (cfr. Elliott, 1991. p. 507). tu imotría ha sido puesta en cuestión por los keynesianos: «The symmetry between accelerating inflation and accel- i deflactlon ¡n Friedman's model has always been hard to believe. Unemployment lower than the natura! rate spell i iillng inflation, he says, and unemployment higher spells galloping desinflaron and deflaction. In contrast, ¡n Keynes •mi inllation results from an 'intlatlonary gap' in aggregate demand, while a 'deflactionary gap' leads to comparative 1 ihillty of prices or price trends. The asymmetry stems from Keynes' observation of the downward stlckiness of money 1 tobin, 1995, p. 39). rh« lorm. 'the natural rate of unemployment'... ¡s nothing other than full employment equilibrium. To cali ¡t was ¡t ¡s, full lyment equilibrium, is to identify it clearly as an ideal concept, a product of an abstract economic model which incor- a number of extremely problematical concepts, such as the aggregate production function and an exogenous supply, Full employment in the sense of there being no one who wishes to work at the going wage but cannot find »»i|ilnymont may not exlst outside of the arcane models of neoclassical economists. It is a hypothesis. Invoking the word iluinl mllocts an attempt to repackage an extremely dubious concept to make it more acceptable» (Weeks, 1989, p. . un,i. ion se concibe pues como un fenómeno de pleno empleo. Aunque el modelo parece fundamentar una crítica i.«lora contra las políticas fiscal y monetaria de carácter expansivo (ya que tales intervenciones, en el mejor de los fínicamente consiguen reducir el desempleo momentáneamente, y a costa de aumentar la inflación), el escenario Ii lino os más bien trivial: «II the economy ¡s continuously regaining full employment equilibrium, then ¡t ¡s obvious that .lonary policies are ¡neffective. There ¡s an absurdity here: presumably the purpose of policy interventor! is to reach I11II ..iii|)loyment, yet the Friedman hypothesis assumes that the economy is already there» (Weeks, 1989, p. 199). i 1 lu/iolesis de expectativas racionales (HER), al contrario que la hipótesis de expectativas adaptativas (HEA), no posiblemente una determinada conducta de los agentes en el contexto de un modelo formal, pues su propósito es más luso trata de especificar la conducta de los agentes en relación a las influencias del mundo real. Es decir, con la ni n trata de establecer una relación entre la conducta de los agentes y los resultados reales del sistema económico, poi la cual le es exigióle satisfacer, al contrario que a la HEA, la prueba de realismo. En cualquier caso, la HER "•.lablecerse sencillamente sobre la base de tres presupuestos y un corolario: (1) si las relaciones económicas y . son de tipo «determinista»; (2) si todos los aspectos relevantes de estas relaciones son conocidos (en referencia i.lulii lormal» de la economía); (3) si los agentes forman sus predicciones sobre el futuro sobre la base de este COMÍ» Millonees (4) las predicciones así realizadas serán correctas en promedio, de manera que cualquier desvianlm lo', resultados anticipados y realizados será debida a influencias aleatorias. El aspecto más problemático de la MI II M- relime al postulado de que los agentes tienen realmente un conocimiento completo del funcionamiento de la eco- 1 .1 los descubrimientos de la ciencia económica (i.8., de la teoría económica neoclásica). Esta afirmación ca- . i, Hit... mientes mi cualquier otra disciplina científica, ya sea social o física. Las Intensas controversias entre los 1 ..I.», de la economía sobre aspectos esenciales de esta ciencia convierten este postulado de la HER en algo II .monto increíble. Únicamente desde el positivismo metodológico más radical, que defiende que el realismo de las !..»ie oconómlcas es Irrelevante siempre que las predicciones de los modelos sean confirmadas por la evidencia em- . .l*-.j.....lili.. \rtt I riedm.tn Id'.3) 1», |.-.ihle |ii'.lilic. ,tn supuesto t 11 cualqulei caso, la HER ha sido acogida con IM.I!.,, de 1.1 pielm. , i. . .a i I.. .ji.in i<».p.•tabiliilail mitro los economistas neoclásicos, particularmente •11 »u» aplicaciones al sttudlo dal marcado da trabajo y da las repercusiones de la política económica (cfr. Weeks, 1989, ib 1 111 1 ni
M.u rnn< nnonn.i y (Insompl n tnrtin .1 l.i hipóle'.!-, de l.i 1.1 o.iliniil I O, Partimos, pues, de la función agregada de producción para un stock de capital dado, que es el supuesto más habitual: «the natural rate theorists tended to be rather vague about how the natural rate hypothesis based on the aggregate supply function was linked to the natural rate of unemployment. One possibility, implicitly entertained in the literature, would be to start with an aggregate production function and obtain the derived demand for employment» (Hashem and Smith, 1995, p 207). Se parte aquí del supuesto de que los agentes están utilizando el modelo 'correcto' para captar el funcionamiento de la economía, lo que implica que, a los efectos de anticipar la tasa de inflación, se fijan en los movimientos de uno (o varios) índices del stock de dinero, pues saben a ciencia cierta que en general la relación entre ambas variables es estable, si bien a corto plazo es imposible determinar con total exactitud esa relación, ya que el agregado monetario que efectivamente rige los movimientos a corto plazo del nivel de precios no es directamente observable, por mucho que tal agregado guarde una relación estrecha con los agregados monetarios corrientes, que sí son observables. Ello justifica la presencia, a^corto plazo, de una perturbación aleatoria en la relación entre el nivel de precios y la oferta monetaria {cfr. Lucas, 1977). La racionalización de esto último puede describirse de la manera siguiente: cada trabajador, ante cambios (al alza y a la baja) en su salario, está dispuesto a substituir trabajo presente por trabajo futuro, en función de la sustituibilidad del «ocio» a lo largo del tiempo. Si el trabajador percibe que los cambios en el salario son transitorios, y el ocio es muy substituible en períodos cercanos, trabajará más los días de precio alto y menos los días de precio bajo. Lucas sugiere que este es el caso más probable. Por ejemplo: «Las pequeñas compensaciones extra que se necesitan para inducir a los trabajadores a que cambien días de fiesta y vacaciones (librar el lunes en vez de el sábado, dos semanas en marzo en vez de en agosto), apunta en la misma dirección y esta evidencia «casual» es tanto más impresionante debido a su simplicidad probabilística: se sabe que los días de fiesta son transitorios. Sobre la base de esta evidencia yo predeciría una respuesta muy elástica a los cambios en los precios transitorios» (Lucas, 1977, p. 697). Para algunos, sin embargo, esta historia no parece justificarse satisfactoriamente en términos empíricos, porque la hipótesis propone que si los individuos fallan al predecir la inflación actual, esto solo puede deberse a errores aleatorios. De aquí se sigue que sólo los errores de predicción aleatorios pueden dar lugar a la perspectiva de un trade-off, y que en su ausencia no puede haber trade-off ni a corto ni a largo plazo. Contra esta visión se ha mostrado que el movimiento de la tasa de desempleo a lo largo del tiempo no parece ser aleatorio, aunque la definición de lo aleatorio, por supuesto, depende del modelo que esté siendo empleado, y el modelo a su vez depende de la información que los agentes económicos posean. Pese a todo, parece improbable que todos los agentes suscriban o conozcan las propiedades del modelo económico apropiado, lo que sugiere por tanto que esta teoría arroja poca luz sobre el conocimiento del funcionamiento del mercado de trabajo {cfr. Elliott, 1991, pp. 508-509). En realidad, en un mundo donde únicamente se produce una mercancía, los pronósticos no pueden referirse más que a dicha mercancía, sin que exista de hecho diferencia en cuanto al objeto de los pronósticos realizados por trabajadores y empleadores. No obstante, seguiremos el razonamiento «como si» esta diferencia fuera posible, al objeto de clarificar que la asimetría sistemática en los pronósticos de trabajadores y empleadores sobre la tasa de inflación debe mantenerse aún en un mundo con más de una mercancía. Los empleadores ven crecer la demanda y el precio de su producto y no saben si es algo general o es algo que les afecta a cada uno de ellos por separado. Si suponemos que creen esto último cometerán un error, porque en efecto todos los precios están creciendo, y no sólo el suyo. Pero también acertarán en el siguiente sentido; han tomado la decisión correcta en cualquier caso, dado que realmente su precio crecía y el salario real que cada empresa paga a los trabajadores en términos de sus respectivos productos efectivamente estaba descendiendo. La introducción en el modelo de un esquema de expectativas racionales, en el sentido fuerte, significa asumir que los trabajadores (o más bien sus representantes) y las empresas, las dos partes que negocian la fijación de los salarios nominales a nivel agregado, están actualmente en posesión del único modelo formal completo y 'correcto' sobre el funcionamiento de la economía; a saber, el modelo macroeconómico neoclásico de equilibrio general de pleno empleo con neutralidad del dinero. Pues bien, de esto se deriva que, a la hora de la negociación sobre el nivel agregado del salario nominal, los agentes esperan que el salario real de equilibrio vacie el mercado de trabajo. Como consecuencia, se asume que en el proceso de negociación los salarios nominales se establecerán, en cada periodo, teniendo en cuenta que ambas partes esperan que salario real se fije a un nivel tal que únicamente genere el desempleo correspondiente a la tasa natural (cfr. Begg, 1982, p. 37). Por tanto, esta nueva historia exige un supuesto adicional; a saber, que la economía es dinámicamente estable, toda vez que no hay nada inherente en la hipótesis de expectativas racionales que asegure salir de la inestabilidad (cfr. Dow, 1996, p. 143). En el gráfico 3ese ha representado, como curiosidad, una situación en la que los errores combinados de trabajadores y empleadores conducen a una reducción del salario real sin que se altere el nivel de empleo, dada por el punto E. Esta situación se justifica porque el aumento de la tasa de inflación no ha sido previsto en absoluto por nadie, de manera que trabajadores y empleadores perciben conjuntamente que el salario real caerá, razón por la cual su caída efectiva es máxima. En el marco de las expectativas racionales, esta situación es sólo una posibilidad; en el marco de expectativas adaptativas, asumiendo que en realidad hay una sola mercancía, éste debería ser el caso general si no hay asimetría en la información disponible para empresarios y trabajadores en la anticipación de la tasa de inflación. El supuesto de asimetría en la información disponible es, en términos analíticos, arbitrario. En rigor, la distinción entre empleadores (o empresas) y trabajadores en el ámbito de la teoría económica neoclásica es algo meramente formal, cuyo objeto es distinguir entre compradores y vendedores en el mercado de trabajo. Es decir, al contrario que los economistas clásicos y Marx, que partían del concepto de «clase social», la economía neoclásica concibe que el sistema está formado por agentes que poseen una serie de factores de producción, entre los que se encuentra el trabajo. No hay razones analíticas para suponer que cada agente no posee distintos tipos de factores; por tanto, no puede suponerse sin más que oferentes y demandantes de fuerza de trabajo son conjuntos disjuntos. La diferenciación entre individuos, en lo que se refiere a la disponibilidad y calidad de la información, es, en todo caso, una mera generalización empírica. Sin embargo, esta afirmación contradice, en cuanto que se refiere a sucesos aleatorios, la ley de los grandes números: «It is to be noted that in practice workers are predicting the general price level. If changes in relative price are assumed to be random, then it is reasonable to assume that expectations errors will tend to cancel each other out. That is, some predictions will be too low, others will be too high, and the more prices that are predicted, the more likely it will be that the prediction of the general price /eve/will prove cióse to the mark every time. On the other hand, precisely because capitalists are predicting a few prices, this class of agents are more likely to come up with results different from the actual outcome» ¿Weeks, 1989. p. 207). La incorporación de la hipótesis de expectativas racionales no contradice este aserto, sino que máa blon lo resitúa abandonando la idea de la existencia una curva de Phillips a corto plazo pues, como hemos vleto, pare todo Inilanlo de tiempo se cumplirá ahora que E(TT)=0 circunstancia ósta que permite, en suma, escribir I{U)»lT OOmo tnpresa la «uat millo Din/ lnllo|n / Mimen u»unn uuerreru ¡o (i(>) Nótese que se hace aquí completamente explícita la determinación de la tasa de desempleo (variable endóge- 1 1 - i., l.r.a do inflación (variable exógena), siendo osla última determinada a su ve/ por la oferta monetaria, como en un» y Hnpping (1969). n.pios términos: «...the taster labor productivity grows, the lower the natural rate ot unemployment, and vice Mus lormulation underplns the idea that the rising unemployment rates of the 1970s and 1980s were due to slower Ouctivity growth, with a policy implication that only high rates of productivity growth can reduce the natural rate iinnmployment)» (Galbraith y Darity, 1994, p. 236). t »ln ns el supuesto que se adopta, por ejemplo, en Stein (1974). idenlificando como propiedad básica del equilibrio diknkxi en oslado estacionario' del modelo de Friedman, al igual que los autores citados, una relación inversa entre la tal tío tlosompleo y la lasa de variación de la productividad del trabajo: «When the expected and actual rate of price umun uro oqual, fhen... the growth of fhe real wage [...] is negatively related lo the unemployment rafe... When the [ac- |f| unt.inployment rale and real government purchases per unit of capital are constant [...] Ihe real wage will rise al the Hd ral* Oí growth of productivity [...]. Only at [equilibrium] unemployment rate wilt the growth of the real wage be equal to lll i| growth of productivity]... Therefore, the equilibrium unemployment rate [...] depends upon the [...] rate of technis [...]: the higher the technícal progress, the lower will be the equilibrium rate of unemployment» (Stein, 1974, p. ( onlro corchetes, [...], formulación algebraica suprimida y comentarios añadidos por nosotros). A propósito de este ti- i tls formulación, escribe Hahn: «...we have an extremely primitive growth model. Technícal progress is exogenous (and n iinitlcular kind and at a constant rate) and we have no means of analysing one of the striking features of economic |0r) wtllch is innovation-induced changes in the composition of output and the structure of industry»; además, hay otra .i,.. which is rarely addressed. In much of the literature there ¡s an identification of trend with steady State, for ¡n- ... . nte hcnd rate of productivity growth. There is no theoretical warrant for this identification. But there is even less to i r.i tho conclusions which seem to have been drawn» (Hahn, 1995, pp. 49-50). ' H ejemplo, basta pensar que, en un contexto dinámico, un aumento en el outputúe equilibrio producido por una caminí itnilii do trabajo, suponiendo que el stock de dinero (y por tanto, en la lógica monetarista. el nivel de precios) no varía, ipil, ,r necesariamente un aumento en la velocidad de equilibrio del dinero. Esto significa, en suma, que múltiples situanns» .In equilibrio general walrasiano son compatibles con el principio de determinación del nivel de precios por la magulerfa monetaria. Como ha señalado Frank Hahn: «There are thus a number of equilibrium valúes P [prices] »r I [output]. Of course, none of this conflict with any homogeneity postúlate one may wish to impose: a higher money be sufficient for higher equilibrium prices; ¡t is not necessary. These ánti-monetarist points seem well taken, but ruin somewhat academic ¡n the absence of a convincing dynamic» (Hahn, 1978, p. 9). I-uní ilustrar esta posibilidad gráficamente, podría pensarse en un desplazamiento hacia la derecha de la curva de «Un potencial de trabajo en el gráfico 3e. ocasionado por un incremento de la población activa por incorporación de •vim contingentes a la fuerza laboral. En efeclo. si los jóvenes trabajadores prefieren no incorporarse a los puestos de Hm|o disponibles, eventualmente ubicados en zonas geográficas distantes (en las que quedarían vacantes), debido a la •MMKUI de un «salario de reserva» suficientemente elevado, ello supondría un aumento del paro de equilibrio para este winoiito de la fuerza de trabajo (la oferta de trabajo efectiva no so desplazaría a la derecha). En este caso, el problema lilli ,i vi,nanamente en que el número de puestos de trabajo disponible en las zonas más próximas es sistemáticamente HMKII qim el número de trabajadores que desea acceder a ellos, circunstancia que coexiste con barreras a la movilidad Migialkia. lo que se traduce en un aumento del paro friccional. Fu osla linea se inscriben buena parte de los estudios empíricos realizados que vienen a confirmar el crecimiento de la E .i Mural de desempleo, tanto en Estados Unidos como en Europa, desde mediados de la década de los setenta (cfr. | , 1 lagliardi, 1985). Se ha afirmado que buena parte del incremento del desempleo estructural en Estados Unidos se i.. ,.l aumento de la regulación gubernamental del mercado de trabajo, vía legislación protectora del desempleo, i loa ...nubios en la composición de la oferta agregada de trabajo, sesgada hacia colectivos de trabajadores que ialtos niveles de desempleo de equilibrio (cfr. Johnson y Layard, 1986). Para el caso de Europa se ha insistiarfr más un los negativos efectos de la política social y de las organizaciones sindicales sobre el desempleo de equilik. abundantemente ilustrados para el caso del Reino Unido (cfr. Mindford. 1983: Nickell y Andrews. 1983; Layard y Ni- i.ll l'IH/l i ta trabajadores organizados establecen una serie de estrategias activas frente a los trabajadores no organiza- i tul la posibilidad de desempleo involuntario en el sentido neoclásico tradicional. Este es el caso de la hipótedors-outsiders. Sí una parte de los trabajadores se organiza frente al resto de los trabajadores (no organizados) í i, Impidiendo la contratación de estos últimos, conseguir salarios reales más elevados. Así, los trabajadores organi- , ' (empleados) pueden conseguir puestos de trabajo de elevados salarios por medio de (amenazas de) huelgas, cosa w muríanla el coste de oportunidad que para las empresas supone emplear trabajadores no organizados, relativamente 4» batatos (desempleados); es decir, las empresas, en su lógica maximizadora de beneficios, estarían pagando un sala- i do olicioncia. Pero los outsiders son en este caso desempleados involuntarios, ya que están dispuestos a emplearse al i , i, al prevalí 'Uto. aunque sin éxito En el mismo sentido, las empresas pueden verse igualmente forzadas a pagar le eficiencia, debido a la escasez relativa de trabajadores con las cualificaciones o características personales In a los puestos de trabajo (es decir, debido al mismatch), lo que se traduce también tanto en la configuración de 1 Irabajo de salarios relativamente elevados como en desempleo estructural. El desempleo es también ínvo- .ungue no su precisa on esta historia una estrategia explícita por parto de los trabajadores empleados, sino que m iiiftk bien los propios desempleados los responsables últimos de su situación. En ambos casos, es problemático com- •' i ,, ,.| dosompleo emergente con la idea de vaciado del mercado de trabajo, implícita en el equilibrio de largo plazo Mlula.li, pui ul ni.ululo rio la tasa natural Fn ni amo de hysteresis completa, la tasa de inflación salarial será sensible no ya al nivel sino al crecimiento del de- .. poi la aun, illa razón de que los aumentos de la tasa efectiva de desempleo se traducen en aumentos de igual ... i do la lasa natural. Un aumento del poder de mercado de los trabajadores elevará primero el desempleo efectivo, DO poeleriormente éste se traducirá en un aumento equivalente del desempleo de equilibrio. Una ilustración, para el ca- i, i .|,.ina de .- .te tipo do comportamiento patológico del mercado de trabajo se encuentra en Andrés y García i i oí,,, nodo algunos do lo-, procesos involucrados en la presencia de hysteresis son completamente absurdos a los i a. i , loto do la tasa natural Poi ejemplo, sena verdaderamente difícil explicar que puede aportar a este modelo. I,„ unnllti. us la li\ slricsis i liando ul mecanismo de transmisión postularlo os el aumento riel mismatch entre la MHIkinclén de loe trabajadores y la requerida por los puestos de trabajo accesibles, o la profundización en la diferencia- - i su tiene en cuenta que en la hipótesis de Friedman todos ios trabajadores poseen una oil.l.,,..,, i., , ualili, ación (os docir. todos son iguales) y los puestos de trabajo son invariablemente idénticos
osompleo on lomo a la hipólosls do la lasa naltiral I nillln !>!•» tu unos a otros, pues de 10 que se trata, en suma, es de producir ejemplares indistintos de una única mercancía bajo unas condiciones técnicas determinadas, 69 La opinión que sostiene la inconsistencia de la hysteresis con la hipótesis de la tasa natural o, con mayor generalidad, la inconsistencia de una tasa natural cambiante a lo largo del tiempo con el postulado de neutralidad del dinero, ha sido defendida por prominentes teóricos neoclásicos, como Blinder (1987), Solow (1987), Blanchard y Summers (1988), Hahn y Solow (1995). Un argumento basado en la naturaleza no-lineal de la hysteresis, que lleva a la misma conclusión, puede encontrarse en Cross (1995). El problema del empleo: inversión, flexibilidad y la competencia de los países en desarrollo1 Paolo Sylos-Labini Universidad de Roma ntes tipos de inversión: corto plazo y efectos retardados. i 'isión y la flexibilidad en el mercado de trabajo se muestran como los factores explicativos fundailits en el tema del empleo. La importancia de la inversión, especialmente la inversión pública, os • nía por los economistas de la tradición keynesiana, en tanto que la flexibilidad se considera ol i.k i.»i imoncial por los economistas de la tradición del laissez-faire. En mi opinión ambos factores MUÍ mullíanlos, aunque su importancia relativa varía según los países y la distribución temporal de sus nt.« i.r. Hofiriéndonos a las industrias maduras de los países avanzados debemos tener on cuenta • n la competencia de los países en desarrollo, lo que está relacionado en cierta medida con la |UW>lK'm de la flexibilidad. i r.ion pública viene determinada por el Estado, sobre la base de cierta clase de análisis de era,ii • i» ID y sujeta a las limitaciones del presupuesto. Los incentivos a la inversión privada puodon ,u tu, u 1 ii iio una reducción de los impuestos sobre las empresas o mediante una reducción del tipo do 1.11 txpansión en la oferta de dinero deber ser considerada también, puesto que no viene dotomu " ••i i do trama automática por una reducción del tipo de interés. No suelen mencionarse dos factores NI iti •• la eficiencia de la burocracia y la estabilidad política. Es verdad que no es asunto do los M. .i.i', discutirlas; no obstante, debemos tener muy presente que son factores muy importantes Un, a II|KIS (li? inversión publica. La primera está relacionada con las infraestructuras en general y l.i muí H«i.i con infraestructuras más específicas, como aquellas orientadas a estimular el crecimiento do pit'iliiliis industriales. • 'i-iión privada es también de dos tipos. La primera clase de inversión da lugar a un incremento do '••i inI pnxluctiva raí un número determinado de empresas, y la segunda clase de inversión .1 un l» mu«Mili 1 do la productividad del trabajo esto es. a un ahorro de trabajo por unidad de pirateóte Ira. mío tipos de inversión tienen esto en común: en el período en el que se llevan a cabo expanden la I .mili, I..I I luti.'ti I Knn.i