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Pensar con James Scott: dominación, conocimiento, resistencia

Roca Martínez, Beltrán

Abstract

Este artículo es una revisión crítica de las aportaciones teóricas de James Scott. Se estudian las principales ideas de toda su producción bibliográfica entre 1976 y 2012, subrayando tanto las aportaciones como las principales críticas suscitadas. Comienza con una biografía y descripción del contexto de su obra. Sigue su revisión de los conceptos de economía moral, hegemonía y resistencia. Posteriormente explora su crítica a la planificación centralizada y su concepto de mētis o conocimiento práctico. Más adelante se examina su trabajo sobre las estrategias de huida del Estado en las montañas del Sudeste Asiático. Finalmente se discute sobre la particular relación de Scott con el anarquismo, más explícita en sus últimas obras.

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Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política y Humanidades, año 19, nº 37. Primer semestre de 2017. Pp. 91-113. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 doi: 10.12795/araucaria.2017.i37.05 Pensar con James Scott: Dominación, conocimiento, resistencia Thinking with James Scott: Domination, Knowledge, Resistance Beltran Roca Martinez1 Universidad de Cádiz (España) Recibido: 22-01-16 Aprobado: 23-01-17 Resumen Este artículo es una revisión crítica de las aportaciones teóricas de James Scott. Se estudian las principales ideas de toda su producción bibliográfica entre 1976 y 2012, subrayando tanto las aportaciones como las principales críticas suscitadas. Comienza con una biografía y descripción del contexto de su obra. Sigue su revisión de los conceptos de economía moral, hegemonía y resistencia. Posteriormente explora su crítica a la planificación centralizada y su concepto de mētis o conocimiento práctico. Más adelante se examina su trabajo sobre las estrategias de huida del Estado en las montañas del Sudeste Asiático. Finalmente se discute sobre la particular relación de Scott con el anarquismo, más explícita en sus últimas obras. Palabras-clave: dominación, hegemonía, resistencia, relaciones de poder, anarquismo, economía moral. Abstract This article is a critical review of the theoretical perspective of James Scott. It studies the main ideas from his bibliographical production from 1976 to 2012, underlining both his contributions and main criticisms. It begins with a biography and a description of the context of his work. It continues with his revision of the concepts of moral economy, hegemony and resistance. Then it explores his critique to centralised planning and his concept of mētis or practical knowledge. Later it examines his work on the strategies for eluding 1 ([email protected]) Profesor de la Universidad de Cádiz en la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales. 92 Beltran Roca Martinez Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política y Humanidades, año 19, nº 37. Primer semestre de 2017. Pp. 91-113. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 doi: 10.12795/araucaria.2017.i37.05 the State of the people of the highlands of Southeast Asia. Finally it reflects on the particular relationship of Scott with anarchism, which is more explicit in his last publications. Key-words: Domination, Hegemony, Resistance, Power Relations, Anarchism, Moral Economy. Introducción En el Programa de Estudios Agrarios de la Universidad de Yale que dirige James C. Scott, la coordinadora, Kay Mansfield, solía bromear cuando un cuadro estaba torcido o algo aparecía fuera de lugar habitual, presumiblemente a causa de la limpiadora: “Son las armas de los débiles”. A Mansfield y a los investigadores que pululábamos por allí nos divertía la idea de que una trabajadora molesta pudiera estar llevando a cabo lo que Scott denominó “formas de resistencia cotidiana” en el propio edificio del académico que acuñó el término. Esta anécdota simplemente quiere reflejar que el enorme potencial explicativo de algunas de las categorías de análisis propuestas por James Scott. Diseñadas inicialmente para el estudio de las relaciones de clase en las sociedades agrarias del Sudeste Asiático, se han convertido posteriormente en conceptos fundamentales para comprender los procesos de dominación y resistencia en todo tipo de contextos. Este artículo pretende revisar críticamente la evolución de la producción teórica de Scott. Para ello se identificarán las principales ideas y aportaciones de su trabajo así como las mayores objeciones y críticas que ha suscitado. La importancia de la figura de Scott para disciplinas como las Ciencias Políticas o la Antropología Social están fuera de toda duda. Es autor de al menos siete monografías y numerosos artículos, algunas de ellas extensamente leídas, discutidas y utilizadas en el trabajo docente e investigador en universidades de todas partes del planeta. A modo de ejemplo, el número total de citas recibidas por sus cuatro principales monografías según Google Scholar es de 32.099. Además de ser una referencia respecto a la realidad política y social del Sudeste Asiático, Scott ha revolucionado la manera de entender las relaciones de poder, los procesos de dominación y las estrategias de resistencia de las clases populares en todo tipo de contextos. Allá donde los estudiosos parecían encontrar sumisión, obediencia y conformidad, la mirada teórica de Scott supo identificar resistencia, insubordinación y disconformidad. Para ello, se inspiró y reformuló los planteamientos de Gramsci sobre la hegemonía. Si para Capeletti (1989), como afirma en la tercera edición en español de El apoyo mutuo, Pierre Clastres fue un continuador de la obra de Piotr 93 Pensar con James Scott: Dominación, conocimiento, resistencia Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política y Humanidades, año 19, nº 37. Primer semestre de 2017. Pp. 91-113. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 doi: 10.12795/araucaria.2017.i37.05 Kropotkin, se podría añadir que James Scott es la persona que mejor encarna en la actualidad la empresa intelectual de Kropotkin y Clastres. Kropotkin dedicó su vida a estudiar cómo el apoyo mutuo era un factor tan importante como la competición en le evolución biológica y cultural, documentando las innumerables y originales formas de solidaridad y cooperación en las sociedades no estatales (Kroptkin 1989). Clastres investigó en las sociedades forrajeras amazónicas los mecanismos por los cuales las sociedades primitivas evitaban de manera más o menos consciente la concentración de poder y, con ello, la aparición del Estado (Clastres 2009). Más tarde, los trabajos de James Scott han dado continuidad a esa especie de antropología anarquista, demostrando cómo las clases subalternas resisten a las diferentes situaciones de dominación a través de estrategias ocultas y, especialmente en el caso del Sudeste Asiático, cómo numerosos pueblos escapan al Estado por medio de mecanismos altamente creativos. Este artículo se divide en cinco partes. La primera parte consiste en una biografía y contextualización de su obra. Las cuatro secciones siguientes se corresponden cronológicamente con los cuatro grandes temas que ha estudiado a lo largo de su vida: la economía moral, le hegemonía y la resistencia; el fracaso de los planes de desarrollo y el papel del conocimiento práctico; las estrategias de huida del Estado de numerosos pueblos de las montañas del Sudeste Asiático; y el anarquismo. En estos cuatro últimos apartados se reseñarán sus principales aportaciones a los debates intelectuales así como las principales críticas que otros investigadores han formulado al respecto. La evolución de la obra de Scott, tanto por las temáticas elegidas como por el contenido de sus análisis, refleja a la perfección los posicionamientos políticos y epistemológicos de una parte importante de la Antropología y la Ciencia Política estadounidense. Contexto y biografía La perspectiva teórica de Scott sobre el poder, la rebelión y el Estado es inseparable de su trayectoria biográfica. Nació en New Jersey (Estados Unidos) en 1936, en el seno de una familia acomodada. A través de su padre, que perteneció al Partido Demócrata, se identificó desde joven con ideas de izquierda. El fallecimiento de su padre cuando aún era niño supuso la bancarrota de la familia, por lo que desde temprano estuvo realizando trabajos manuales para poder estudiar. El colegio cuáquero al que asistió, Moorestown Friends’ School, también marcó en su interés por los grupos subalternos. Siguiendo las creencias cuáqueras, los alumnos recibían visitas de objetores de conciencia, izquierdistas y realizaban trabajos voluntarios en comunidades marginadas. 94 Beltran Roca Martinez Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política y Humanidades, año 19, nº 37. Primer semestre de 2017. Pp. 91-113. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 doi: 10.12795/araucaria.2017.i37.05 Posteriormente estudió Ciencias Políticas en el Williams College, en Massachusetts. Allí completó su tesis doctoral, dirigida por Bob Lane, que se había especializado en realizar entrevistas en profundidad sobre ideologías políticas de los obreros de New Haven. Imitando a su director, entrevistó a dieciséis altos funcionarios de Malasia y redactó su tesis titulada Political ideology in Malasia (Ideología política en Malasia) (Scott 1968). La tesis fue publicada rápidamente pero no quedó satisfecho con el resultado. Los antropólogos y sus organizaciones han desempeñado un lugar central en la oposición anti-imperialista en los medios universitarios estadounidenses (Lee 2016), aunque también ha habido algunas personas que han usado la antropología en sentido inverso (Price, 2011; López y Rivas, 2014). La historia de la antropología está plagada de hitos que demuestran, una y otra vez, esta tendencia: desde la provocadora publicación “Anthropology on the Warpath in Thailand” (Antropología de la belicosidad hacia Tailandia) por parte de Jorgensen y Wolf (1970), criticando los usos de la antropología para el Pentágono, hasta la resolución de 2015 de la Asociación de Antropología Americana (AAA) de boicot a las instituciones de educación superior israelíes por su complicidad con las violaciones de derechos humanos hacia la población palestina. Célebres antropólogos estadounidenses, como Marshall Sahlins, Elman Service, Marvin Harris, Stanley Diamond o June Nash, entre muchos otros, han destacado por su implicación anti-bélica y anti-imperialista, y por sus simpatías por las ideas de izquierda2. La época de despegue profesional de Scott, a finales de la década de 1960 y principios de 1970, estuvo marcada por la oposición desde ámbitos académicos a la Guerra de Vietman y la política imperialista de EEUU en el Sudeste Asiático. La elección de esta región como marco de sus investigaciones no hizo sino reflejar su preocupación por la política exterior de su país. En 1967 Scott comenzó a trabajar en la Universidad de Winsconsin. Por aquel entonces estaba muy implicado en el movimiento estudiantil, de solidaridad internacional y en el movimiento contra la Guerra de Vietman. Aunque el activismo le produjo algunos problemas con algunos superiores, que le veían como una amenaza radical, fruto de su estancia en el Sudeste Asiático redactó The moral economy of the peasants, cuyo borrador le abrió las puertas al departamento de Ciencias Políticas de la Universidad de Yale. Allí contribuyó a crear el Programa de Estudios Agrarios (que, en su opinión, hubiera preferido llamar Programa de Estudios Campesinos), el cual ha dirigido desde entonces. Desde Yale ha desarrollado una larga e incansable actividad de análisis y docencia sobre la realidad del campesinado, el Sudeste Asiático y los procesos de dominación y resistencia. 2 Lee (2016: 66) ha subrayado recientemente la trayectoria anti-bélica y militante de la antropología estadounidense como parte de una “guerra de posiciones” gramsciana por la cual los investigadores desde el campo académico apoyan a los movimientos sociales y contribuyen a cambiar las ideas e instituciones sociales dominantes. 95 Pensar con James Scott: Dominación, conocimiento, resistencia Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política y Humanidades, año 19, nº 37. Primer semestre de 2017. Pp. 91-113. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 doi: 10.12795/araucaria.2017.i37.05 El fin de la Guerra Fría abre paso a una nueva etapa en la que la política exterior estadounidense está marcada por la promoción del “desarrollo”. En este contexto, Scott se ve fuertemente influido por la obra de Ferguson (1990), que desvela como los supuestos planes para favorecer el “desarrollo” en los países del “Tercer Mundo” tienen un efecto despolitizador que sólo sirve para perpetuar los problemas sociales que en teoría pretenden erradicar. Así, Scott vuelve al estudio comparativo con su libro Seeing like a state (Viendo como el Estado) (1998), interesado por el fracaso de la planificación y el “desarrollo”. La entrada del nuevo milenio viene acompañada de un nuevo ciclo global de protesta, cuyo punto de arranque son las movilizaciones en Seattle en 1999 contra la Cumbre de la Organización Mundial del Comercio. En este contexto se produce una repolitización de la Antropología y aparece una nueva generación de antropólogos interesados por el anarquismo y el estudio antropológico del movimiento por la justicia global (Graeber 2004; Roca 2008). James Scott, sigue de cerca estos debates y protestas, invita a algunos activistas, como el polémico John Zerzan, a los coloquios semanales del Programa de Estudios Agrarios de Yale. En 2012 publica Two cheers for anarchism (Dos hurras por el anarquismo), de tipo ensayo –y por tanto en un estilo mucho más libre que los anteriores trabajos–, defendiendo su particular visión de esta doctrina política. Toda la producción bibliográfica de Scott, desde su tesis doctoral de 1968 hasta último libro de 2012, comparte un denominador común: el interés por los grupos subalternos y los modos en que escapan y resisten a las diferentes formas de dominación. Otro característica de Scott es su negativa constante a encuadrarse dentro del margen de una disciplina concreta. La experiencia en el extranjero y la lectura de Charles Wright Mills le ayudaron en una primera etapa a distanciarse de la Politología empirista y positivista que predominaba en su época. Contra las recomendaciones de sus colegas, optó por realizar etnografía de las relaciones de clase en Malasia. Ha repartido su docencia en Yale entre el departamento de Ciencias Políticas y el de Antropología. Quizá el hecho de haber escapado a las fronteras diciplinares es otro de los motivos por los que su trabajo ha sobresalido. Economía moral, hegemonía y estrategias de resistencia campesina Los primeros libros de James Scott –The moral economy of the peasant (1976), Weapons of the weak (1985) y Los dominados y el arte de la resistencia (1990)– se encuentran conectados por un mismo hilo conductor: a partir del estudio de las relaciones de clase en el Sudeste Asiático consigue desarrollar su particular teoría sobre la dominación, la hegemonía y la resistencia. El borrador de The moral economy of the peasant le abrió las puertas de la Universidad 96 Beltran Roca Martinez Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política y Humanidades, año 19, nº 37. Primer semestre de 2017. Pp. 91-113. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 doi: 10.12795/araucaria.2017.i37.05 de Yale, no sólo porque estaba bien escrito sino porque trataba un tema que estaba en el centro del debate académico en aquel momento: la racionalidad del campesinado. Scott (1976) rescató el concepto de “economía moral”, inspirándose en el trabajo de autores como E. P. Thompson y Chayanov, para explicar las estrategias y formas de vida campesinas. Utiliza la metáfora de una persona cubierto de agua hasta por debajo de la nariz para describir la situación del campesinado. La más ligera lluvia u oleaje puede ahogarle, amenazar su subsistencia. Por ello, los campesinos despliegan toda una serie de principios que tienen su propia racionalidad de acuerdo con su situación límite. Uno de estos principios es la aversión por el riesgo. De acuerdo con este principio económico, los campesinos serán reacios a las innovaciones y se mostrarán atados a los procedimientos tradicionales que ya han demostrado su fiabilidad en repetidas ocasiones. Además, siguiendo a Scott, la sociedad campesina ofrece un “seguro de subsistencia” a sus integrantes para protegerles de los frecuentes desastres naturales o humanos que amenazan su supervivencia. Ahí es donde los elementos morales entran en escena, conformando un tipo particular de economía. Mientras The moral economy of the peasant ofrece un modelo teórico general para comprender el campesinado, el siguiente trabajo de Scott se fundamentaría en un trabajo de campo de dos años en el estado de Kedah, la mayor zona de cultivo de arroz de Malasia. Eligió esa zona, no porque hubiera una política revolucionaria sino porque la introducción de tecnología agraria estaba haciendo que la población rural perdiera sus empleos y se estuviese produciendo una rebelión similar a la del “capitán Swing” de la Inglaterra de la década de 1830. A Scott le interesaba ese conflicto de clases subterráneo que se estaba llevando a cabo. Hay que añadir que para un politólogo de aquella época, hacer trabajo de campo etnográfico podía significar la muerte académica. Algunos colegas le aconsejaron que no adoptara dicha estrategia de investigación. No obstante, Scott siguió adelante con su plan y pasó dos años con su familia viviendo en una aldea malaya. El resultado de esa investigación fue la monografía Weapons of the weak: everyday forms of peasant resistance (Las armas de los débiles: formas cotidianas de resistencia campesina) (Scott 1985). Scott reconoce que este ha sido el libro en que más ha trabajado en toda su vida. Su idea inicial era hacer trabajo de campo en la aldea, escribir un borrador del libro, presentárselo a los aldeanos e incluir un capítulo final con sus apreciaciones. No obstante, cuando presentó el trabajo ante los aldeanos recibió tal cantidad de críticas que tuvo que reescribirlo por completo. El libro comienza describiendo la vida de dos personajes de la aldea de Sedaka: Razak y Haji Broom. El primero, un jornalero pobre cuya familia padece la pobreza producida por la modernización de la 97 Pensar con James Scott: Dominación, conocimiento, resistencia Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política y Humanidades, año 19, nº 37. Primer semestre de 2017. Pp. 91-113. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 doi: 10.12795/araucaria.2017.i37.05 agricultura (principalmente la introducción de la cosechadora combinada), y que es presentado como holgazán, mentiroso, vago y aprovechado. El segundo, un rico terrateniente que acumulaba riqueza y tierras a través de engaños y préstamos abusivos. Tanto uno como otro eran casos extremos que reflejaban la lucha simbólica entre ricos y pobres que se producía en la aldea. De este modo, estas personas operaban como banderas sociales, como pilares de todo un edificio ideológico que ofrecía un equilibrio simbólico de poder manteniendo el comportamiento de los rivales dentro de un límite aceptable: “El objetivo implícito de estas ideologías que compiten no es convencer sino controlar; mejor dicho, pretenden controlar convenciendo. En la medida en que tienen éxito modelando el comportamiento, logran un objetivo de clase también. Si los ricos hubieran escarmentado por los relatos de Haji Broom, no prestarían dinero a un alto interés, no harían diseños en las tierras de otros, serían generosos con la caridad religiosa y las fiestas, y asumirían más arrendatarios y trabajadores. Los beneficios de los pobres de dicha adaptación son obvios. Si los pobres, por otro lado, se tomaran a pecho el infame ejemplo de Razak, no importunarían a los ricos por regalos, no irían a fiestas sin ser invitados, serían fieles trabajadores, y su palabra sería de fiar” (Scott 1985: 23-24). El respeto se convierte en un elemento esencial en las relaciones sociales en la aldea. La diferencia entre ricos y pobres es que mientras las críticas a los pobres se formulan a la cara, a los ricos se les critica, humilla y ridiculiza a sus espaldas. Esto refleja su poder social, pero también nos enseña que son diferentes los comportamientos “dentro y fuera de escena”. Y aunque los poderosos controlan la escena, hay muchos aspectos de la misma que se les escapan. Así, en numerosas ocasiones los pobres insinúan la falta de sinceridad en sus respuestas mostrando un comportamiento que sigue en lo mínimo lo preceptivo. No pueden ser criticados o sancionados por no seguir las normas simbólicas, pero el receptor percibe la falta de conformidad. A partir del estudio de las relaciones de clase en Sedaka Scott pretende teorizar sobre las relaciones de clase y, en particular, explicar por qué en la mayor parte de las ocasiones los pobres no desean un desafío abierto. Para ello, revista el concepto de Gramsci de hegemonía, que Scott define como dominación ideológica o simbólica. Los poderosos, según el planteamiento gramsciano, no sólo perpetuán su posición a través de la coerción y del control de los medios de producción, sino también a través de los medios simbólicos. Mantenerse en el poder requiere cierto grado de conformidad o legitimidad por parte de los grupos subalternos. El pensamiento marxista ha prestado mucha atención a cómo, a pesar de las fuertes contradicciones sociales generadas por la desigualdad material, no se han iniciado procesos revolucionarios. La hegemonía ideológica aparece aquí como la clave explicativa. Sin embargo, los conceptos de “falsa conciencia”, “aparatos ideológicos” o “mistificación”, 98 Beltran Roca Martinez Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política y Humanidades, año 19, nº 37. Primer semestre de 2017. Pp. 91-113. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 doi: 10.12795/araucaria.2017.i37.05 desarrollados por autores marxistas, no permiten comprender correctamente cómo se desarrolla la lucha ideológica entre las clases sociales. La etnografía de Scott sobre la relaciones de clase en Sedaka permiten replantear dichos conceptos marxistas y comprender mejor estas dinámicas. Para Scott el concepto tradicional de hegemonía ignora la capacidad de las clases subordinadas para desmitificar la ideología dominante. Pasan por alto, además, los “discursos ocultos” y la sumisión pragmática ante la coerción y la presión económica. Igualmente olvida que todo constructo ideológico posee contradicciones que pueden ser aprovechadas para ser criticadas en sus propios términos. Esto es lo que Foucault denominó la reversibilidad táctica de los discursos. Además, añade Scott, hay que tener en cuenta que la mayor parte de los movimientos revolucionarios históricos han perseguido objetivos limitados, reformistas. “De este modo, la “conciencia sindical” no es, como dijo Lenin, el mayor obstáculo a la revolución, sino más bien la única base plausible para ello” (Scott 1985: 318). Desde su perspectiva, las ideologías revolucionarias han sido diseñadas la mayoría de las ocasiones por personas procedentes de sectores de la clase capitalista, que han visto a las clases subordinadas como individualistas, pasivas o conservadoras. En otros trabajos, utiliza este modelo para estudiar otros tipo de situaciones históricas de dominación (Scott, 1981), argumentando que para comprender los movimientos populares es preciso prestar atención a las formas de resistencia sin protesta. Cinco años después de Weapons of the Weak, Scott (2003/1990) ampliaba el alcance de estas reflexiones en Los dominados y el arte de la resistencia. Esta vez utilizaba una pluralidad de casos, de diferentes contextos y fuentes, para explicar lo que denominó “infrapolítica” o “discurso oculto”, que aflora en los espacios de autonomía, fuera del alcance de los poderosos. La manera de entender la movilización y la acción colectiva desde las Ciencias Sociales experimentó un antes y un después con estas publicaciones de Scott. Donde antes se veía sumisión y conformidad, ahora era posible identificar resistencias cotidianas, formas ocultas de lucha y disidencia (Lewellen 2009). Las clases subalternas, según la propuesta de Scott, no suelen arriesgarse a enfrentarse abiertamente a los poderosos. El precio a pagar suele ser caro, y la confianza en ser capaz de articular una alternativa es escasa. En su lugar, la lucha de clases se desarrolla en el terreno más seguro de los rumores, los gestos, los cotilleos, la caza furtiva, el robo o el sabotaje. Estas son con mucha mayor frecuencia las armas de los débiles. A pesar del impacto y la utilidad de la teoría de la dominación de Scott, estos trabajos han sido cuestionados parcial o totalmente por varios investigadores3. Se ha apuntado que la teoría de Scott es demasiado ambiciosa, pretende explicar 3 La obra de Scott, no sólo revolucionó los estudios del Sudeste Asiático, sino que ha tenido impacto en el ámbito más general de la historiografía y los estudios campesinos. Malagón (2005), por ejemplo, da cuenta del efecto de estos trabajos en la historiografía agraria colombiana y latinoamericana. 99 Pensar con James Scott: Dominación, conocimiento, resistencia Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política y Humanidades, año 19, nº 37. Primer semestre de 2017. Pp. 91-113. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 doi: 10.12795/araucaria.2017.i37.05 procesos de dominación en contextos muy distintos (Gal 1995). Siguiendo esta línea, se ha argumentado que la identificación de los procesos ocultos de resistencia no ofrece per se claves explicativas sin un análisis más amplio de las relaciones de poder (Gledhill 2000: 144). La crítica más dura, procede de Brass (1991; 1995), que, en defensa de un enfoque marxista tradicional, etiqueta el trabajo de Scott de “conservador” y “post-modernista”. También se ha argumentado que el paradigma de Scott sobredimensiona los aspectos personales de la dominación y tiende a subestimar los procesos impersonales, que son igualmente importantes. Así, el marco ofrecido no consigue desvelar cómo los valores, tradiciones y el universo simbólico también forman parte en las dinámicas de dominación (Schneider 2011). Otra crítica se refiere a que la distinción dicotómica entre dominantes y dominados reduce la complejidad de las relaciones de poder (Ortner 1995). Cada una de esas categorías puede dividirse en numerosos grupos sociales, con relaciones cambiantes de dominación entre ellas. Un obrero fabril, por ejemplo, pertenece a la clase dominada, sin embargo, también puede ejercer dominación patriarcal o racial –por mencionar dos tipos frecuentes de dominación no estrictamente económica–. El planteamiento de Scott, por tanto, ha sido criticado por su excesivo simplismo. La idea de Scott que el “discurso oculto” surge en las zonas autónomas en las que los grupos subalternos pueden comportarse libremente también ha sido criticada, dado que raramente puede decirse que existan espacios sociales en los que no existan relaciones de poder4. Como señala John Gledhill (2000), es necesario diferenciar las estrategias de resistencia que tienen a mejorar aspectos parciales de la vida de los sujetos, de aquellas que pretenden alcanzar cambios sociales de más alcance. Es cierto que, en ocasiones, protestas muy limitadas tienen efectos sociales radicales inesperados, pero privilegiar las resistencias cotidianas puede llevarnos a ignorar esas otras resistencias. Ambas son importantes. Sivaramakrishnan (2005), antiguo estudiante de Scott y hoy co-director de su programa en Yale, ha apuntado que el enfoque de Scott en The moral economy y Weapons of the weak son formas contenidas de lucha que se circunscriben a unos límites fruto de una especie de contrato tácito entre ambas partes (dominantes y dominados). No obstante, Scott ha respondido que esos límites son fruto de una negociación permanente, son móviles, y están sujetos a frecuentes incursiones que, en ocasiones, alteran el mapa de las relaciones de poder (Scott 2005: 398). 4 Otros trabajos también han reflexionado recientemente sobre las características de los espacios de autonomía. Bey (1985), por ejemplo, propone el concepto de “Zona Temporalmente Autónoma” para referirse a aquellos espacios que escapan al control estatal y en los que es posible que aflore la auto-organización, la creatividad y la espontaneidad. Numerosos nuevos movimientos sociales presentan, de acuerdo con su perspectiva, la táctica de crear temporalmente estructuras de este tipo con el objeto de desestabilizar el orden social y abrir nuevas posibilidades. Graeber (2008), asimismo, relaciona la democracia con la ausencia de intervención estatal. 106 Beltran Roca Martinez Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política y Humanidades, año 19, nº 37. Primer semestre de 2017. Pp. 91-113. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 doi: 10.12795/araucaria.2017.i37.05 con los de los valles, y esto no le permite reconocer las características propias de los habitantes de estas zonas (Brookfield 2011). Desde esta perspectiva, la elasticidad étnica y la huída de los habitantes de las montañas no es tanto una vía de escape del estado, como una forma de construir otro tipo de estado (Karlsson 2013). A pesar de las críticas, Scott nos enseña con esta “historia anarquista” del Sudeste Asiático que la evasión al Estado puede ser, especialmente en áreas montañosas como la Zomia, un factor sociológico tan importante o más, que otros factores como la ecología, la tecnología o la demografía. Lo más discutido del trabajo de Scott es el concepto de Zomia. La Zomia es un concepto-metáfora que se refiere no sólo un territorio, sino una región con elementos culturales, históricos y políticos característicos, definidos por su relación (oposición) con la población de los valles (Van Schendel 2002). De este modo, esta metáfora permite desdibujar las fronteras entre la Historia, las Ciencias Políticas y la Antropología, abriendo posibilidades para el diálogo entre disciplinas (Jonsson 2010). La interdisciplinariedad ha sido desde el inicio de su carrera una de las principales preocupaciones intelectuales de Scott. James Scott y el anarquismo Si alguien tiene la oportunidad de visitar el despacho de James Scott en el Departamento de Ciencias Políticas de la Universidad de Yale, comprobará que en sus estanterías sobresalen numerosos libros de autores anarquistas: Murray Bookchin, Mikhail Bakinin, Pierre-Joseph Proudhon, Piotr Kropotkin, John Zerzan, Pierre Clastres, etc. Si se repasan los programas de las asignaturas que ha impartido en dicha universidad, se encontrarán cursos sobre anarquismo, rebeliones campesinas o formas de resistencia al Estado. En todas sus obras, además, aparecen referencias a autores libertarios que han influido en su manera de entender y estudiar la realidad social. En Seeing like a State, por ejemplo, menciona que la idea de mutualismo de los clásicos del anarquismo tiene mucho en común con su concepto de mētis (Scott 1998: 7). En The art of not being governed, comienza con una cita del libro La sociedad contra el Estado del antropólogo anarquista Pierre Clastres, cuya explicación sobre la forma en que las sociedades primitivas evitan la concentración de poder y, por tanto, la aparición del Estado, está presente a lo largo de toda su argumentación (Scott 2009). No cabe duda de que la educación cuáquera que recibió durante su infancia en el Moorestown Friends’ School de Nueva Jersey le condujo hacia este tipo de autores e ideas antiautoritarias (Schuessler 2012). No obstante, su último trabajo, Two cheers for anarchism: six easy pieces on autonomy, dignity, and meaningful work (Scott 2012a), es el que más explícito 107 Pensar con James Scott: Dominación, conocimiento, resistencia Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política y Humanidades, año 19, nº 37. Primer semestre de 2017. Pp. 91-113. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 doi: 10.12795/araucaria.2017.i37.05 hace su relación con el anarquismo. Este libro, a diferencia de sus monografías anteriores escritas con un alto rigor académico y dirigidas a un público muy especializado, es un ensayo en el que reflexiona sobre diferentes cuestiones desde una perspectiva original y antiautoritaria. Así presenta argumentos sobre el carisma, la insubordinación, la pequeña burguesía, el orden vernáculo, o la política a partir de sugerentes ideas surgidas a lo largo de experiencias personales e investigaciones sobre conflicto de clases, campesinos, proyectos de desarrollo, resistencia y pueblos marginales en el Sudeste Asiático. En el prefacio explica que su interés en el anarquismo se despertó tras el desencanto en torno a los procesos revolucionarios que sufrió la mayor parte del activismo de la década de 1960. El conocimiento histórico sobre el desenlace de las luchas de liberación nacional protagonizadas por campesinos y la experiencia vivida en el seno del movimiento estudiantil y anti-bélico, le llevaron a interesarse por la crítica anarquista a algunas ideas de Marx y, especialmente, de Lenin. En relación a la insubordinación y la desobediencia civil, argumenta que pequeños actos individuales pueden convertirse, ante determinadas circunstancias, en auténticos fenómenos sociales capaces de desencadenar cambios políticos de gran alcance. Cita numerosos ejemplos, como las deserciones y la objeción de conciencia en varios conflictos bélicos, y apunta que, por lo general, estos actos han permanecido ocultos a los registros historiográficos por dos motivos: primero, porque los protagonistas se protegían con el silencio y el anonimato; segundo, porque las autoridades estaban interesadas en silenciarlos para evitar un efecto contagio. La mirada de Scott, entrenada entre los campesinos birmanos y malayos, estaba especialmente entrenada para identificar estas formas de “resistencia cotidiana”, que para muchos teóricos no constituyen formas de acción colectiva. El autor lo explica elocuentemente: “¿Alguien puede decidir qué beneficia más a un cazador furtivo, si una hoguera y un guiso de conejo o la lucha contra los derechos de propiedad de la nobleza sobre la leña y la caza que acaba de arrebatarles? En cualquier caso, lo que no le favorece en absoluto es ayudar al historiador, dejando un texto con la declaración de los motivos que le impulsan” (Scott 2012b: 157). En Two cheers for anarchism señala otra forma en que los “sin voz” hacen alzar su voz: el carisma. Esta cualidad o tipo de liderazgo a menudo ha sido calificada como anti-democrática, y en cierto sentido puede ser así. Pero Scott subraya que el carisma también tiene efectos democratizadores para aquellos que no . Ilustra esto con el ejemplo de un discurso de Martin Luther King, líder carismático afroamericano, que adaptaba el contenido, entonación y ritmo de sus intervenciones públicas a partir de las reacciones que iba observando en la audiencia. En cierto sentido era el público el que definía el discurso y no el líder 108 Beltran Roca Martinez Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política y Humanidades, año 19, nº 37. Primer semestre de 2017. Pp. 91-113. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 doi: 10.12795/araucaria.2017.i37.05 carismático. Puede decirse que en muchos casos los lideres carismático son instrumentos de las masas desposeídas para ser escuchadas e impulsar cambios socio-políticos5. De esta manera, los actos de desobediencia constituyen para Scott una gimnasia anarquista que, según las condiciones sociales, pueden tener efectos democratizadores. El carisma, igualmente, tiene un componente democratizador, al actuar el líder como vehículo de las aspiraciones e intereses de las clases subordinadas. Una vez más, la mirada de Scott, que él mismo define como “anarquismo orientado a procesos” o anarquismo práctico, consigue ofrecernos nuevas explicaciones sobre viejos problemas y conceptos de las Ciencias Políticas. A pesar de su afinidad con el anarquismo y del interés que su trabajo ha suscitado en los medios libertarios6, Scott no puede considerarse un anarquista doctrinario o dogmático. Reconoce la necesidad del Estado, lo que le hace afín al anarquismo es la constatación de que la democratización, los derechos humanos y el cambio social sólo son posibles a través de la acción de los fenómenos de insubordinación y protesta. Así lo explicaba en una entrevista a raíz de su último libro: “A diferencia de los anarquistas, yo no creo que el estado vaya a ser abolido (...). La cuestión es domarlo a través de las infracciones y perturbaciones que siempre han sido cruciales para el cambio democrático. Las garantías de igualdad en la Declaración de Derechos del Hombre o la Ley de Derechos Civiles son logros del estado, pero son logros del estado con una pistola en la cabeza” (Schuessler 2012). Consideraciones finales Este artículo ha examinado las principales aportaciones teóricas de James Scott, desde la monografía The moral economy of the peasants, de 1976, hasta Two cheers for anarchism, de 2012. A lo largo del mismo se ha prestando atención tanto a las ideas y conceptos del autor como a las principales críticas que ha provocado su trabajo. Asimismo, la producción teórica se ha puesto en relación con la experiencias biográficas y el contexto del autor. La obra de Scott refleja las preocupaciones y perspectivas dominantes en un sector de la Antropología (y otras ciencias sociales) estadounidense, un sector de izquierda 5 Otros autores, a partir del estudio de organizaciones no lucrativas, habían sugerido anteriormente esta intrigante relación entre carisma y democracia (Roca 2009). 6 A modo de ejemplo, en el portal de internet comunista libertario www.libcom.org se han discutido varias de sus obras. Otro ejemplo del atractivo de su obra en los medios anarquistas es que el primer capítulo de Two Cheers for Anarchism, fue traducido y publicado por la revista Estudios del sindicato anarcosindicalista de España CNT (Scott 2012b), antes de que el libro fuera publicado en español por la editorial Crítica bajo el título Elogio del anarquismo. 109 Pensar con James Scott: Dominación, conocimiento, resistencia Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política y Humanidades, año 19, nº 37. Primer semestre de 2017. Pp. 91-113. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 doi: 10.12795/araucaria.2017.i37.05 y militante que rompió con paradigmas teóricos conservadores y se posicionó públicamente contra las políticas belicistas e imperialistas de su gobierno. Respecto al contenido de su obra, en primer lugar, se ha examinado la reelaboración del concepto de economía moral, anteriormente utilizado por el historiador E. P. Thompson. Scott argumenta que para entender el sistema económico campesino y las estrategias del campesinado, es preciso introducir la moral. A través de mecanismos morales, los campesinos logran una especie de “seguro” para garantizar su subsistencia. Más adelante el autor profundiza en su análisis de las relaciones de clase para proponer el concepto de “formas de resistencia cotidiana”. Donde el ojo no entrenado puede ver hegemonía –equivalente según su visión a dominación ideológica o cultural– el etnógrafo, siguiendo la perspectiva de Scott, es capaz de reconocer múltiples formas “fuera de escena” por las que se lleva a cabo una especie de “guerra fría” –o “guerra de baja intensidad”– entre las clases. Así, la caza furtiva, los rumores, los cotilleos, el humor o las obligaciones religiosas forman parte de estrategias de la contienda entre dominantes y dominados. Además, existe un “discurso oculto” –el comportamiento que surge cuando los subordinados se encuentran en espacios de autonomía, que escapan a la supervisión de los dominantes– que obliga a replantearse las situaciones de hegemonía o conformidad. En segundo lugar, se ha discutido el concepto de mētis o conocimiento práctico. En Seeing like a State, Scott señala que detrás de los principales fracasos en planificación económica y políticas de desarrollo está lo que él denomina alto modernismo. Se trata de una ideología basada en la fe en la ciencia, la razón y el crecimiento, que unida a estados autoritarios y sociedades civiles desestructuradas, ha dado lugar históricamente a grandes fracasos (en muchas ocasiones empeorando la vida de la gente a la que se pretendía ayudar). Para Scott, el éxito de cualquier iniciativa de ingeniería social reside en tener en cuenta el conocimiento producido por los actores sociales (generalmente en situación de subordinación) a lo largo de las práctica cotidiana. En tercer lugar, se ha revisado el trabajo de Scott sobre las múltiples estrategias de los pueblos de las montañas del Sudeste Asiático para escapar al Estado. Inspirado en el trabajo de Pierre Clastres, ha interpretado procesos como la etnogénesis o la movilidad transfronteriza como estrategias para evitar el control estatal. Es preciso tener en centa que el Estado significa para estos pueblos impuestos, reclutamiento o trabajos forzados. Para estudiar este amplio territorio rescata el concepto de Zomia, que va mas allá de lo meramente geográfico para incluir estas características culturales anti-estatales. Por último, este artículo ha reflexionado sobre el ensayo Two cheers for anarchism y la relación de Scott con el anarquismo. Puede afirmarse que toda la obra de Scott está fuertemente influida por las ideas libertarias de figuras como Kropotkin, Clastres o Bakunin. La critica anarquista a Lenin le ofreció claves 110 Beltran Roca Martinez Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política y Humanidades, año 19, nº 37. Primer semestre de 2017. Pp. 91-113. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 doi: 10.12795/araucaria.2017.i37.05 para comprender por qué una ideología potencialmente emancipatoria como el marxismo ha conducido a grandes desastres. Así, frente al poder estatal o del mercado, ha defendido la autonomía, la cooperación, la descentralización y el saber hacer de los grupos subalternos. A pesar de todo, el anarquismo de Scott no es un anarquismo doctrinario, sino que recupera algunas ideas, enfoques o conceptos libremente, para comprender –y ayudarnos a comprender– mejor la sociedad al margen de cualquier dogma. 111 Pensar con James Scott: Dominación, conocimiento, resistencia Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política y Humanidades, año 19, nº 37. Primer semestre de 2017. Pp. 91-113. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 doi: 10.12795/araucaria.2017.i37.05 Referencias bibliográficas: Adas, Michael (2000) “Seeing Like a State”. Journal of Social History 33(4): 959-963. Bey, Hakim (1985) TAZ: The Temporary Autonomous Zone, Ontological Anarchy, Poetic Terrorism. New York: Autonomedia. Brass, Thomas (1991) “Moral economists, subalterns, new social movements, and the (re-) emergence of a (post-) modernised (middle) peasant”. The Journal of Peasant Studies 18(2): 173-205. Brass, Thomas (1995) “Old Conservatism in ‘New’ Clothes “. 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