• 133 • Anduli Revista Andaluza de Ciencias Sociales ISSN: 1696-0270 • e-ISSN: 2340-4973 Resumen Este texto se basa en la utilización del poder discursivo para señalar que la longevidad del sindicalismo pudiera prevenirlo de su desaparición, es por ello por lo que estudiamos su origen. Metodológicamente nos basamos en el análisis crítico de la literatura especializada. Como resultados, la irrupción del mercantilismo a comienzos de la Edad Moderna provocó profundos cambios en las corporaciones profesionales, que básicamente ensayaron dos estrategias a nivel español: los maestros artesanos trataron de incrementar su control sobre el proceso productivo y la mano de obra, lo que dificultó el acceso de la oficialía a la cúspide del oficio; y los oficiales se organizaron bajo una institución visiblemente sindical. Como principales conclusiones, el respeto al orden estamental de los oficiales les obligó a replicar las fórmulas asociativas de sus maestros. Además, asumieron una participación crítica en las nuevas formas de explotación económica, lo que les llevó a reclamar derechos, condiciones laborales y de empleo de que tradicional y legalmente habían gozado. Palabras clave: mercantilismo; sindicalismo; asociacionismo profesional; capitalismo; organizaciones de oficiales Abstract This text is based on the use of discursive power to show that the longevity of trade unionism could be responsible for preventing it from disappearing; this is why we have studied its origin. Methodologically we have relied on the critical analysis of specialized literature. Our results indicate that the emergence of mercantilism at the beginning of the Modern Age brought about profound changes in professional corporations, which basically tested two strategies at the Spanish level: the master craftsmen tried to increase their control over the production process and the workforce, which made it difficult for officers to access the upper levels of the trade; and the officers were organized under a visibly trade union institution. In conclusion, respect for the stratified order by officers forced them to replicate the associative formulas of their teachers. In addition, they assumed a critical participatory role in new forms of economic development, which led them to claim rights, working conditions and employment conditions that they had traditionally and legally enjoyed. Keywords: mercantilism; syndicalism; professional associationism; capitalism; officer organizations ORIGEN DEL SINDICALISMO COMO ASOCIACIONISMO PROFESIONAL EN EL SIGLO XVI THE ORIGIN OF TRADE UNIONS AS PROFESSIONAL ASSOCIATIONS IN THE XVI CENTURY David Moral-Martín Universidad Rovira i Virgili (Tarragona).
[email protected] ORCID: https://orcid.org/0000-0003-4174-2855 Recibido: 02.08.2019. Aceptado: 22.11.2019 Publicado: 25.01.2020 • DOI: https://10.12795/anduli.2020.i19.06 Como citar este artículo/ citation: Moral-Martín, David (2020). Origen del sindicalismo como asociacionismo profesional en el siglo XVI. ANDULI, 19, 2020, pp. 133-152, https://10.12795/anduli.2020.i19.06
Anduli • Revista Andaluza de Ciencias Sociales Nº 19 - 2020 • 134 • 1. Introducción. El sindicalismo, una primera aproximación a su definición. En la actualidad cualquier mirada que se realiza sobre el sindicato en España parece supeditada a la búsqueda de la recuperación institucional y afiliativa con la que hacer frente al conocido como declive sindical (Calleja, 2017). Ello ha dado lugar a una profusa literatura en la que se señalan aspectos problemáticos, como su pérdida de capacidad de transformación de las relaciones de empleo y las dificultades para recomponer la fragmentación de las identidades laborales (Lévesque y Murray, 2011). Panorama que parece recuperar la conocida como carrera al abismo (Silver, 2005), y que ha sido reformulada por la inquietante pregunta lanzada por Martínez Lucio (2008), sobre el sindicato: ¿todavía organizadores del descontento? En la actualidad parece que no. Köhler y Calleja (2015) señalan una sonora contestación: “They don´t represent us!”. Junto a estos estudios y comentarios, durante la década de 1990 aparecieron nuevas interpretaciones sobre esta cuestión, cuyo origen cabe situarlo entre los países anglosajones extendiéndose posteriormente a otros como Alemania (Doellgast y Greer, 2007) y Francia (Béroud y Bouffartigue, 2009). En España destaca el trabajo de Martínez Lucio (2008) y más recientemente el de Moral y Brunet (2018), entre otros. Beneyto (2017) describió que estos estudios académicos orientados hacia la renovación sindical eran conocidos como Labour revitalization Studies (LRS). Turner (2004: 2), por su parte, los describió como “estrategias que puedan ampliar la perspectiva y revertir el declive”. En la misma fecha, Frege y Kelly (2004:185) señalaron que metodológicamente se basaron en analizar la “afiliación (...), [el] poder económico (o de negociación), [el] poder político y [la] vitalidad institucional”, logrando identificar una serie de actuaciones concretas a implantar: “organizing, labour-management partnership, political action, reform of unión structures, coalition-building, and international solidarity1”. Vinculada a esta orientación alternativa, sus estrategias estuvieron dirigidas a incrementar los denominados recursos del poder sindical (Beneyto, 2017), basados en opinión de Molina (2016:227) en tres dimensiones fundamentales: impacto, o su capacidad para mejorar las condiciones laborales; recursos organizativos, de interlocución y del tándem negociación/presión para lograr influir en la contraparte; y legitimidad, en cuanto a su aceptación social. Todos ellos fueron descritos bajo diferentes poderes. El principal, sin duda, es el poder estructural deriva de la posición de los trabajadores en el sistema productivo, el mercado de trabajo y las relaciones laborales (Wright, 2000:962) que, junto al asociativo, de afiliación y representación electoral, conforman los recursos claves sindicales. Además, existen otros descritos por Calleja (2017), como el organizativo y el estratégico, entre otros. En este sentido, nuestro interés recae en el poder del discurso, fuente complementaria a los anteriormente citados, que contribuye a renovar el discurso sindical a base de recuperar y actualizar “la mejor tradición de la cultura obrera” (Beneyto, 2017:26). En nuestro caso, se trata de estudiar los probables orígenes del sindicalismo como institución. Este interés se basa en complementar, y hasta donde sea posible matizar, cierta orientación de los estudios del mundo de las organizaciones de trabajadores que abogan por superar las actuales dificultades de los sindicatos bajo una única, y unívoca, orientación que parece remitirnos inexorablemente hacia la recuperación de un 1 Las podríamos traducir libremente de la siguiente manera: “ampliación de la organización a estructuras de la unión, formación de coaliciones y solidaridad internacional”
Artículos • David Moral Martín • 135 • proyecto revolucionario (que actualmente no es el seguido por las grandes centrales sindicales europeas), al considerarse como la única solución posible de mantenimiento del propio sindicalismo. En paralelo a este análisis político, señalamos la existencia de ciertos indicios acerca de las buenas perspectivas de continuidad de esta institución sociolaboral. Para afirmar esto nos basamos en un doble análisis. El de su acción (comportamiento) social, pero sobre todo en su proceso histórico de transformaciones. La acción sindical en nuestros días recoge experiencias de colectivos salariales cuyas luchas se encuentran vinculadas a estrategias de carácter marxiano, no necesariamente revolucionarias, que exigen una mejor redistribución de los beneficios, utilizando para ello rotundas protestas sociolaborales (Moral y Brunet, 2018). Esto al menos es lo que está sucediendo en ciertos países en los que se vive una fuerte industrialización, como en China (Brunet et al., 2016); también en los que existe un amplio sector vinculado a los servicios, como en los EE. UU. (Fine, 2015) y el paradigmático caso de los janitors2. Realidad anticipada por Silver (2005:55): “allí donde va el capital, le acompaña el conflicto”, y quien suele organizarlo es el sindicato. Cuestión que viene siendo ampliamente estudiada y sobre la que no pretendemos aportar nada nuevo en este trabajo. Con relación a su aspecto social e histórico, los sindicatos tradicionalmente han hecho suya la idea de los Webb (1990:79) sobre la exigencia de cierta “leyenda romántica” que vincula su existencia a un claro comportamiento revolucionario. Es la línea expuesta por Fontana, para quien nació como un “grupo social portador desde el principio de un proyecto alternativo” (García Balañà, 2004:7). Argumento basado en criterios marxianos, descodificados recientemente por Nielsen (2017:19) quien recordaba que la clase obrera se definía “como subordinados y con una falta de posesiones en las relaciones capitalistas de producción”, lo que servía para señalar a los “obreros como potenciales catalizadores para un profundo cambio social”. La realidad nos indica que el ansia de transformación se trató de una etapa más en el sindicalismo, ni siquiera la de mayor duración. La utopía de acción política radical se infiltró en los sindicatos de algunos países europeos a comienzos del siglo XX. Jaurés (2016:31-33) fijó en 1905 el objetivo de la clase trabajadora (“la total emancipación del trabajo mediante la propiedad social a cargo de los trabajadores”), analizando sus posibilidades en los principales países europeos: “en Francia, los sindicatos serían más ‘revolucionarios’ que el partido’”, mientras que en Alemania “el partido sería más ‘revolucionario’ que los sindicatos”. Heinz-Roth y Ebbinghaus (2001:75) destacaron en el caso germano que los trabajadores estaban alejados “de la violencia revolucionaria y del levantamiento armado”, señalando la importancia de la socialdemocracia y de obreros cualificados entre los principales líderes sindicales. Así pues, convenimos que la búsqueda de la transformación radical no ha tenido una presencia hegemónica durante los dos últimos siglos, por lo que nos remontamos a la etapa del sindicato de oficio y de la lucha de clases, adelantando que tampoco observamos este comportamiento. La primera aparición de un sindicato, reconocido como tal, tuvo lugar en Gran Bretaña, en 1824, como consecuencia de un clima legal más propicio para el colectivismo salarial. Las leyes que prohibían cualquier tipo de coalición para alterar el precio del trabajo, provenientes de la Revolución francesa, 2 Un buen resumen de la lucha de estos trabajadores dedicados a la labores de limpieza y conservación de edificios en: http://socialjusticehistory.org/projects/justiceforjanitors/items. Visitado el 15 de diciembre del 2017.
Anduli • Revista Andaluza de Ciencias Sociales Nº 19 - 2020 • 136 • comenzaron a relajarse dando pie a determinado tipo paralegal de concentración de trabajadores manufactureros nada sospechosos de anhelos revolucionarios; al igual que sucedió en Francia pocos años después. Tampoco parecieron serlo los que se adhirieron a la Asociación Internacional de Trabajadores (AIT), básicamente algunos sindicatos locales de oficio de diferentes países, sobre todo franceses, y las Trade-Union británicas (Termes, 2000). En esta abigarrada reunión no hubo rastro de la existencia de sindicatos que pensasen en la transformación de los regímenes liberales de su tiempo, tampoco de mujeres trabajadoras. Tarea reservada para los partidos políticos y, mayoritariamente, sólo mediante la conquista democrática de sus respectivos parlamentos. Prueba de lo anterior fue el escaso protagonismo que tuvo el sindicalismo. No fue hasta el segundo congreso en Lausana (1867) cuando se abordó la cuestión sindical, acordándose la necesidad de que se agrupasen en organizaciones nacionales y supranacionales tanto de oficio como de industria. Sin duda, esta posición tan aséptica se explica por la fuerte orientación tradeunionista, que no contemplaba la lucha de clases al decantarse por la mejora de las condiciones de vida de los obreros. Esta estrategia sindical fue definida acertadamente por el matrimonio Webb (1990:21): “asociación permanente de trabajadores por cuenta ajena con la finalidad de mantener o mejorar las condiciones de su vida en el trabajo”. Todo el análisis anterior se sitúa en el marco institucional del Estado liberal y capitalista industrial. Binomio que ha servido tradicionalmente de contexto para la dupla que explica el nacimiento de los dos ismos del asociacionismo salarial: sindicalismo e industrialismo, surgiendo el sindicato como resultado de la ecuación “energía de vapor más fábrica de algodón”, como recientemente ha descrito Ruzafa (2016:192). No obstante, las diferentes organizaciones laborales nunca han logrado incorporar al conjunto del movimiento obrero (AA. VV. et al., 2006:11). De ello se extrae, al menos, que la clase trabajadora nunca ha sido uniforme en cuanto a sus comportamientos colectivos de afiliación. De ahí la conveniencia de definir al sindicalismo de forma amplia, sin restringirlo a cualquiera de sus fórmulas particulares, ni siquiera la del sindicato3. Este artículo trata de incorporar nuevos aspectos sobre algunas de las anteriores cuestiones. En concreto, propone una inicial definición del sindicalismo. Una institución cuya primera presencia se ha detectado en la Edad Moderna y que ha recogido toda actuación profesional organizada colectivamente por trabajadores asalariados, en cualquier momento de la historia, siempre que haya sido concebida para gestionar su participación en la organización y control de los numerosos aspectos que engloba las distintas formas de relaciones profesionales llevadas a cabo por parte de los compradores de trabajo, en lo que hemos señalado pudiera haberse tratado de la construcción de un incipiente mercado libre capitalista4, con independencia de la fórmula organizativa finalmente elegida. Institución en la que la condición salarial comienza a mostrarse como un aspecto esencial, si más no como incipientemente relevante, ya que nos permite valorar el grado de explotación capitalista a la que han estado expuestos los asalariados en las diferentes épocas (Thompson, 1989). También explica las diferentes transformaciones colectivas que ha venido protagonizando. Este planteamiento cuestiona la famosa carrera hacia el abismo, al inscribirlo en un contexto sociohistórico mucho más amplio que el propuesto hasta ahora, limitado entre el nacimiento del sindicato industrial y la actual situación de declive. 3 Adelantamos que por sindicalismo definimos a la institución colectiva de trabajadores asalariados; por sindicato, una de sus numerosas manifestaciones organizativas. 4 Con menores trabas para el capitalista que para la mano de obra; incipiente con el mercantilismo, madurado con el industrialismo, en cualificada opinión de Torras (2019).
Artículos • David Moral Martín • 137 • Para desarrollar todas estas aportaciones, y tras la introducción, presentamos un primer apartado que describe el contexto en el que irrumpió el capitalismo de base mercantil y el mercado libre. Un segundo que identifica la estrategia colectiva de ciertos oficiales artesanos ante el cierre gremial. Posteriormente, se propone una primera definición de sindicalismo preindustrial, calificándolo de débil salarización. Un cuarto que presenta varias organizaciones sindicales, francesas y españolas. Un quinto que muestra la existencia de conflictos colectivos profesionales entre maestros y oficiales. Por último, añadimos una serie de reflexiones en forma de conclusiones. 2. Metodología Este trabajo se basa en el uso de una metodología cualitativa. Su principal fuente de recogida de información ha sido la revisión de buena parte de la literatura y publicaciones referidas al mundo sindical y a los cambios y transformaciones que ha sufrido el organizacionismo salarial durante los siglos comprendidos por la Edad Moderna. Para ello hemos utilizado una visión sociológica e histórica, al objeto de estudiar una institución, como la sindical, desde dos perspectivas científicas. En este sentido, hemos tratado de analizar, comprender y contextualizar el momento cero del nacimiento del sindicalismo, resaltando su primera vinculación con el entorno de los oficiales de las corporaciones de oficio que se vieron despojados, en gran parte, de sus posibilidades de ascenso social en un mundo marcado por los estamentos. Esto significa que el sindicalismo históricamente ha hecho acto de presencia a través de diferentes tipos y formas organizativas, por lo que no podemos descartar su presencia con anterioridad a la aparición de los sindicatos del siglo XIX. En definitiva, el sindicalismo es la suma de todas y cada una de las experiencias sindicales que ha habido a lo largo de la historia. 3. Mercantilismo e inicio del mercado libre en el contexto de la aparición de la organización salarial La organización de asalariados a la que hemos convenido en considerar como las primeras manifestaciones del sindicalismo, se explica a partir de su relación con los orígenes del capitalismo en la Edad Moderna, alumbró el mercado libre, incrementó la productividad, introdujo protofábricas y manufacturas y aumentó la plusvalía. Este nuevo sistema productivo-comercial que tuvo numerosos roces con el anterior, de base artesanal, vinculado a un sistema económico total caracterizado por tres de sus principales elementos: fabricación artesana, sistema de producción controlado en parte por corporaciones profesionales-mutuales y orientado a la búsqueda de una desigualdad controlada. Todo ello en el marco de una sociedad estamentalizada. El mercantilismo debe ser considerado como un tipo concreto de capitalismo, ya que utilizó ciertas formas de explotación científica para obtener una mayor plusvalía de las actividades profesionales, si bien vinculada al capital circulante y a su principal protagonista el maître-marchand (Molas, 1970). Sistema que finalmente consolidó el derecho a la propiedad privada, la competencia y el libre comercio, hegemónicos durante el siglo XIX y su proceso industrializador (Nielsen, 2017). Su adscripción al citado sistema económico también queda justificada por la existencia de mercados en sus relaciones económicas, cuya ficción incorporó la cuestión salarial, tal como afirmó Polanyi (1977:83): “había precios de mercado para utilizar la mano de obra, los salarios”. Además, su existencia está constatada en la Baja Edad Media,
Anduli • Revista Andaluza de Ciencias Sociales Nº 19 - 2020 • 138 • tal como lo ha demostrado Bois (2009), señalando la existencia de un balbuceante mercado de trabajo en el que fueron identificados los primeros trabajadores urbanos libres, basado en un claro comportamiento salarial preindustrial (Sonenscher,1996; Nieto,1996). En la misma línea, y más recientemente, Alonso Mora (2017) señala la existencia desde el siglo XIV de trabajadores asalariados entre los mineros del Baix Priorat (Tarragona). No obstante, no es de extrañar las reticencias al uso del término capitalista para todo lo que aconteció con anterioridad a la Revolución Industrial. En este sentido, Hilton (1978:68) denominó como “producción precapitalista de mercancías” al sistema que prevaleció en Europa occidental durante los siglos XV y XVI, describiéndolo como un inusitado “aumento de la producción de mercancías”, aunque admitiendo que contribuyó a preparar “el terreno al desarrollo del capitalismo”. Son autores que defienden una religiosa vinculación entre capitalismo e industria. Doménech (2016:145) recientemente lo ha actualizado, al referirse a la existencia en la Gran Bretaña de los siglos XVII y XVIII de un “capitalismo sin industrialización”. Describir el término mercantilismo, sin señalarlo como un tipo concreto de capitalismo (de base mercantil) es puro juego terminológico. Deyón (1970:13) lo interpretó como un auténtico sistema capitalista, pero sin nombrarlo: “conjunto de teorías y de prácticas de intervención económica que se desarrollaron en la Europa moderna a partir de mediados del siglo XV”. Más allá de este juego dialéctico, su aspecto esencial reside en considerar que la citada intervención pública, pero también privada, estuvo centrada en el beneficio mercantil (comprar caro, para vender barato) y, para ello, apostó por el sistema de incremento de la productividad basado en las manufacturas. “¿Quién no busca beneficios?” se interrogaba González Enciso (2011:23), seguramente en su reflexión había espacio para aquellos protagonistas ingleses de la revolución industriosa (De Vries, 1990). El sistema mantuvo una especial vinculación con el mecanismo espiral de ofertademanda-precio, el mercado según Polany (1977), posibilitado por el incremento de las necesidades de una población en claro aumento. No se limitó a abastecer tan solo a las colectividades urbanas, también lo hizo con las rurales (proto-industria). Ferrer Alòs (2017:207) incorpora a las masías catalanas de la Edad Moderna: “también los espacios alejados y más difíciles de acceder solicitaban bienes y servicios y construían sus propias redes productivas y de distribución” Esta necesidad de incrementar la producción estuvo vinculada al aumento de demanda. Es por ello por lo que cobró especial importancia la industria manufacturero-arte- sanal, si bien desde el lado de la oferta orientada en especial a la venta en mercados lejanos. Esto explica la importancia del capital circulante, ya que la obtención de beneficios estuvo vinculada a un mejor aprovechamiento comercial y a la liberación de los “factores” productivos en un mercado libre. Estrategia que ha sido descrita por diversos investigadores, como Fontana (1986:175): “la penetración del capital en la esfera de la producción”. Intromisión que, según Lublinskaya (1983:159), favoreció “los intereses de los mercaderes” sobre las costumbres productivas. En la misma línea, DuPlessis (1997:175) ha resaltado su aspecto emprendedor al vincular el inicio del capitalismo a varios empresarios que creyeron necesario “entrar en la esfera de la producción (...) [ya que] pretendían una supervisión más firme de la fuerza de trabajo (...) [y] asegurar una mejor calidad o disminuir las ocasiones de fraude”. Lo anterior supuso el cuestionamiento de la forma tradicional de un mercado de trabajo controlado por un tipo concreto de corporativismo profesional, conocido generalmente como gremio.
Artículos • David Moral Martín • 139 • Todo este sistema se vio favorecido por la apertura del mundo que supuso la Edad Moderna. Ampliación que tuvo repercusión en los sistemas productivos profesionales (Wallerstein, 1979). En este sentido la aparición de las manufacturas no se vincula solamente a un atento análisis de las necesidades de una población en expansión, ni al comportamiento de un mercado nacional en ampliación que demandaba mayores bienes. También se ha de incorporar el aspecto de la competencia internacional, en la que jugaron un rol especial las ventajas ofrecidas por la innovación de los transportes y la mejora de las infraestructuras. González Enciso (2002:17-18) así lo ha señalado: “la ampliación de los mercados obligó a aumentar la producción industrial de modo que el mercantilismo, que al principio sólo se había preocupado del proteccionismo industrial, tuvo que fijarse cada vez más en cómo aumentar esa producción, sobre todo teniendo en cuenta la competencia de los otros países”. Al mismo tiempo, esta competencia provocó la rivalidad, incluso armada, entre unos países cuya creencia comercial se sustentaba sobre la idea de la existencia de recursos finitos y, por lo tanto, apropiables estratégicamente. Así pues, el interés del estudio del mercantilismo radica en que lo consideramos como el origen histórico de una determinada forma racional de llevar a cabo una manera muy concreta de apropiación del incremento del beneficio obtenido de la estructura productiva. Con ella logró establecer una nueva singladura, singularmente científica, de explotación en las relaciones laborales, cuyo límite final tuvo lugar junto a la “sociedad ocupada” de mediados del siglo XVIII y del sindicalismo de oficio, la que fue definida por Díez (2001:42) como “la imagen más evolucionada de la idea del trabajo en la tradición mercantilista”. 4. Las primeras organizaciones colectivas de oficiales, ante el cierre gremial y sus exámenes de maestría. El mercantilismo se caracterizó por la búsqueda del beneficio, aunque para ello tuviera que forzar las tradiciones profesionales consuetudinarias. Ello supuso una enorme presión a una sociedad acostumbrada a pensar en forma de reparto justo de beneficios (materiales y simbólicos) y de bien común. Sin duda, la aparición del maîtremarchand (Molas, 1970) en el entramado profesional-artesanal, señala claramente el alcance del tamaño de la ruptura en las tradicionales experiencias corporativas vinculadas al mundo del trabajo. Posiblemente menos vistosa fue la fractura en el interior de la institución gremial, ya que supuso el inicio de su declive. López Barahona (2004:8-21) nos alertó del impacto en España de la reorganización de un sistema regulador del trabajo que se rigió por “unos parámetros tradicionales a lo largo de toda la Edad Moderna, inclusive”. Su configuración es ampliamente conocida: “en el interior de los oficios, la jerarquía ocupacional está presidida por los maestros, seguidos de oficiales y aprendices”. Esta presión ha sido definida por García Cantús (1983) como etapa de cierre gremial, que arrancó en pleno siglo XV, si bien algunos autores tradicionales, caso de Uña de Sarthou (1900:217), situaron este proceso de exclusivismo en “el XVI, (…) cuando empieza su decadencia manifiesta5”. Ambos autores señalan la imposibilidad 5 Fechas que, de todas formas, hay que aceptar con precaución. García Cantús (1985:98), por ejemplo, dató el cierre gremial de los plateros valencianos “en la primera mitad del siglo XVIII”, como consecuencia de que la competencia dentro de los propios gremios ante la falta de mercado para colocar sus manufactures, motivó que se limitara la presencia de oficiales y se estableciese cierto control sobre los forasteros. Un proceder idéntico al que se había producido en otros oficios durante el siglo XV.
Anduli • Revista Andaluza de Ciencias Sociales Nº 19 - 2020 • 140 • de la propia corporación de proteger a determinados colectivos propios e impedir su proletarización, tanto de maestros con un menor capital (no sólo económico, también simbólico y relacional), como de oficiales (aspirantes a maestros). Centrándonos en la actitud hacia la oficialía, podemos asegurar que en este contexto éstos decidieron establecer algún tipo de actuación colectiva de cara a defender su doble posición en el mercado de trabajo: profesional y estamental. Un viaje al que se añadieron posteriormente algunos de los maestros que pasaron a ser asalariados de otros. Iniciar un proyecto colectivo de defensa de sus intereses está íntimamente vinculado a las numerosas dificultades de promoción social de tales sociedades. Un paso más allá fue la inclusión de un proceso de estratificación profesional formalizada. Jacques (1972:75) ha descrito que fue en este contexto cuando “empezó la costumbre [ritual] de imponer una etapa como oficial”. Ceremonia descrita por Van Gennep (2008:16): “hacer que un individuo pase de una situación determinada a otra situación igualmente determinada”. La construcción de este proceso de diferenciación debió resultar largo y arduo, ya que Iradiel (1974:156) apunta a que “las ordenanzas del siglo XV no contienen ninguna cláusula que distinga y especifique la separación existente entre oficiales y maestros”. Se trataba de una forma de ensayar barreras de entrada a la cúspide del oficio. En realidad, los oficiales habían existido con anterioridad. Bofarull (1910:206-266) ha descrito dos ejemplos de ello en la Barcelona de comienzos del siglo XV, el oficial (fadrins y macips) de la cofradía de herreros y de zapateros: “Item que com sien molts fadrins o macips quis afferman e están ab llurs maestres per appendre llur offici e puys se ferman ab altre que nagun mestre de offici de çabateria ne de tapineria”. Siguiendo la idea que vincula la etapa del oficial con la dificultad de promocionarse nos centramos en el examen de maestría, como acto formal para acceder a ella. En este sentido, García Cantús (1983:50) señala dos datos fundamentales para comprender su alcance restrictivo. Su aparición tuvo lugar en la etapa del cierre (“el examen aparece por primera vez en el gremio en el año 1486”). Su decisión estuvo claramente orientada a controlar el acceso personal a la cúspide del oficio (“resultado [...] estaba decidido de antemano entre los seleccionados”). Buchbinder (1991) lo ha caracterizado como una táctica de consolidacion del carácter exclusivista y de casta de éstas instituciones. A nivel más pragmático, su descripción no deja lugar a dudas para los estudiosos del corporativismo profesional. Uña de Sarthou (1900:241) ha señalado su progresivo uso discriminatorio de cara a dificultar la progresión social del oficial: “ideada y establecida para asegurar la pericia del maestro y la consiguiente bondad de la obra, se cultiva y perfecciona más tarde como arma para defender exclusivismo y monopolios corporativos y hasta familiares”. Bernal et al. (1978:90) han señalado dos de las principales herramientas utilizadas para la discriminación, refiriéndose al papel del tribunal examinador, concretamente observable en su composición (“la clave del control y monopolio que hacían los maestros para evitar la competencia generada por un acceso masivo titulados”) y la existencia de un pago para examinarse (“los derechos de examen que constiuy[eron]ó una barrera eliminatoria que impedía el acceso real al gremio de los más débiles económicamente”). Esta estrategia fue reiteradamente utilizada con posterioridad. Franch (2018:43) así lo ha señalado en el Colegio del arte mayor de la seda de Valencia, cuando se tuvo que adaptar a nuevos retos comerciales durante el siglo XVII: “la nueva condición que adquirió la corporación se trató de plasmar en la elaboración de unas nuevas ordenanzas, que fueron aprobadas el 25 de mayo de 1687. En ellas se endureció
Artículos • David Moral Martín • 141 • el acceso a la categoría superior del oficio, elevando los derechos de examen y regulando con precisión el procedimiento que permitía la obtención de la condición de maestro». Estrategia que, como nos recuerda Franch et al. (2018) acerca del gremio de velluters, no tuvo un carácter lineal y definitivo como consecuencia de la movilidad de la mano de obra entre diferentes centros manufactureros europeos, así como a las oportunidades laborales que ofrecía la sedería valenciana. Así pues, podemos señalar que durante la etapa que hemos denominado de cierre gremial (García Cantús, 1985), que tuvo lugar en Europa Occidental entre los siglos XV y XVII, los oficiales decidieron erigirse en organizaciones colectivas para adquirir institucionalidad y fuerza colectiva, adaptándolas a sus necesidades concretas, utilizando el modelo de las corporaciones de sus maestros, al ser el más cercano a sus costumbres y, además, estar permitido. Durante este periodo, se organizaron bajo la forma concreta de cofradías -religiosas o piadosasde oficiales urbanos asalariados, tal y como ha sido ampliamente estudiado por diversos autores: Hauser (1907), Jacques (1972), Sewell (1992), Lis y Soly (1994), Truant (1996), Peiró (2002) y otros. 5. Sindicalismo en el Antiguo Régimen. Aproximación y caracteres de una primera definición La progresiva imposibilidad de completar el itinerario profesional tradicional tuvo grandes consecuencias para oficiales, en primer lugar, y para ciertos maestros que acabaron proletarizándose, posteriormente. Para intentar contrarrestar esta situación ensayaron actuaciones, organizaciones y razonamientos jurídicos y morales. Es decir, nació el sindicalismo como un conjunto de actuaciones colectivas orientadas y organizadas coherentemente, al objeto de la defensa de los derechos profesionales y laborales, así como de los beneficios estamentales sobre los que se basaba el mundo productivo de la economía artesanal del Antiguo Régimen. Podemos decir que se trató de un movimiento profesional destinado al mantenimiento de su estatus tradicional, por lo que su principales exigencias fueron la de su integración en las nuevas formas de capitalización de la producción y la su participación en el reparto de los costes sociales generado por la nueva riqueza productiva (Bowles y Edwards,1990). Todo esto conformó un primer sindicalismo caracterizado por los siguientes aspectos: acción defensiva, carácter estamental y artesanal, débil salarización, moralidad prepolítica y respeto de la legalidad y legitimidad. Por ello no podemos señalar ningún tipo de rasgo revolucionario. Precisamente su actuación sindical (defensiva) les llevó a plantearla como actuaciones que no manifestaron incompatibilidad con la figura estamental de sus maestros, ni por supuesto con la clase gobernante. No obstante, fueron capaces de protagonizar confictos, desde abajo. Uno de los aspectos más importante fue la defensa del estatus que jurídicamente se les reservó en la estructura artesanal de la sociedad estamental. Sennet (2009:181) nos recuerda que existió una convivencia profesional, más teórica que práctica, entre “individuos desiguales, maestro y aprendiz, [ya que] estaban estrechamente unidos”. Alianza que legalmente residió en el respeto a la figura del maestro in loco parentis, e ideológicamente en el orgullo de oficio compartido. Ello explicaría parcialmente la ausencia de voluntad transformadora. Así pues, se defendió ciertamente la industria artesanal, siempre que se pudo. Para ello se hizo un encendido elogio del concepto de trabajo artesanal, considerado por Díez (2014:19) como aquel “trabajo que exige, pues, habilidades singulares que se tarda un tiempo significativo en dominar y que suele caracterizarse como trabajo con condiciones especiales de cualificación”. Así
Anduli • Revista Andaluza de Ciencias Sociales Nº 19 - 2020 • 148 • composición del salario no tuvo tanta trascendencia como posteriormente veremos entre los sindicatos industriales. Sindicalismo que se encarnó en diferentes organizaciones de oficiales asalariados (proto-sindicatos) bajo formas comunes, pero con diferentes denominaciones. Como fue el fenómeno del compagnonnage francés, y su probable émulo en España bajo la forma de las cofradías. Su existencia refleja la realidad de un colectivismo profesional que también tuvo su componente conflictivo en gran parte contra sus propios maestros, ante quienes utilizaron acciones que se podrían considerar como precedentes de algunas de las actuales formas mayoritarias de protesta, como el caso paradigmático de la huelga. En cualquier caso, en estas reclamaciones se mezclaban algunos aspectos de rabiosa actualidad, como salarios y tiempo de trabajo. Una visión del sindicalismo de larga duración que pretende hacernos reflexionar acerca del que es considerado como hecho inevitable, nos referimos a la carrera al abismo protagonizada por formas concretas sindicales, aproximadamente iniciada desde finales de los años 70 del siglo XX, y que han sido conocidas como sindicatos industriales. Más de cinco siglos continuados de sindicalismo señalan su casi improbable eliminación, sirva este trabajo como una reivindicación más de la necesidad de la institución. Bibliografía AA.VV. (2006). “Movimientos obreros de hoy”. Monthly Review - Selecciones en castellano, n.º 5. Barcelona. Hacer editorial, pp. 8-25. Alonso Mora, A. (2017). La minería en la baronía de Entença (Baix Priorat) durante la Época Moderna. La regulación y explotación de las minas de galena, cobre y manganeso en los siglos XV, XVI y XVII. Tesis inédita dirigida por el Dr. Josep Fàbregas Roig. Leída en la Universidad Rovira i Virgili (Tarragona) en 2017. Agua de la Roza, J. y Nieto Sánchez, J. A. (2015). “Organización del trabajo. Salario artesano y calendario laboral en el Madrid del siglo XVIII”. Sociología del trabajo, nº 84, pp. 69-84. Bayard, J-P. (1978). Le Compagnonnage en France. París: Payot. Beroud, S. y Bouffartigue, P. (2009) “Introduction”, en Beroud, S. y Bouffartigue, P.(dir), Quand le travail se précarise, quelles résistances collectives? París: La dispute. Beneyto, P.J. (2017) “Crisis y renovación del sindicalismo”. Arxius de Sociologia, 36-37, pp: 15-34. Bofarull y De Sartorius, M. (1876): Gremios y cofradías de la antigua Corona de Aragón. Colección de documentos inéditos del Archivo General de la Corona de Aragón, XL. Archivo de la Corona de Aragón, Barcelona. Bois, G. (2009). La gran depresión medieval: Siglos XIV-XV. El precedente de una crisis sistémica. Valencia: Universitat de València. Bowles, S. y Edwards, R. (1985). Introducción a la economía: competencia, autoritarismo y cambio en las economías capitalistas. Madrid: Alianza Universidad Textos. Bernal, A., Collantes de Terán, M. y García-Baquero, A. (1978). Sevilla, de los gremios a la industrialización. Sevilla: Ayuntamiento de Sevilla publicaciones.
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