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9 RESTAURACIÓN DEL CENADOR, ESTANQUE Y JARDÍN DEL LEÓN HISTORIAS DEL AGUA Y EL JARDÍN Sevilla esconde un tesoro. Un lugar entretejido por la mano del hombre, donde se funde lo visible y lo invisible en un abrazo sensual que cala el alma, que trasciende y eleva el espíritu más allá del intelecto, de las emociones y de los sentidos. Es el Alcázar. Y oculto en él, una joya, el Cenador del León. El documento que presentamos sintetiza la restauración realizada en este conjunto paisajístico de arquitectura y jardín en una búsqueda de armonía cromática y de texturas. La luz roza esmaltes, muros pintados al fresco, flores de chorisia, celinda y mirto, infinitos tonos de verde, fundiendo armónicamente la rica paleta en sinfonía con el reflejo invertido en el estanque. Frescos claroscuros sombreando aromas en secuencia de luz y sombra en el pabellón, donde se guardan sonidos de intimidad. El invisible susurro fresco del agua, el silencio y el trinar de pájaros recorre el camino del agua desde el estanque de Mercurio al del León y tras abrir las compuertas a las cajas de agua, a la tierra fértil del jardín y los alcorques de los naranjos. María Dolores Robador González Dr. Arquitecto Autora del Proyecto y Directora de Obra
10 Apuntes del Alcázar de Sevilla Figura 1. Plano de localización del Cenador del León en los jardines del Real Alcázar de Sevilla. RESEÑA HISTÓRICA Escondido en el corazón de Sevilla se halla el Alcázar, recinto fortificado que en el siglo XI se convirtió en residencia real. Allí, el tiempo ha tejido pacientemente en la trama de la historia pequeños tesoros, recónditos paraísos, como si de una labor de taracea preciosa se tratase. Sobre huertas islámicas se fundieron improntas mudéjares gustosas de lo refinado. El hombre moderno, acabado de descubrir el Nuevo Mundo, los llenó de matices italianizantes renacentistas, remates barrocos en el XVIII, paisajismo inglés y jardines en el XIX y XX que destilaron mareas de vida arribadas hasta nosotros. Una polifonía compuesta por la arquitectura que abarca todos los sentidos en busca del deleite. De aquellas primeras huertas islámicas no se conserva nada, probablemente se extendieron por patios y solares, más tarde ocupados por los palacios cristianos. En el exterior de la residencia sarracena existiría una amplísima explanada llamada Mary al-Fidda (Pradera de Plata) con funciones de Figura 2. Fotografía del Jardín de la Alcoba. Anónimo, hacia 1910.
11 Figura 3. Fotografía del Pabellón de Carlos V y al fondo el Cenador del León. Anónimo, hacia 1960. Figura 4. Cenador del León. Anónimo, hacia 1985. espacio de recreo, siempre vinculado al agua. El resto del suelo estaría dedicado a la producción agrícola. En el siglo XII los almohades aumentaron ese recinto de huertas, convirtiéndolo en una amplia superficie rodeada por los palacios y por la muralla de la ciudad de Sevilla al norte, el arroyo del Tagarete al sur y por los caminos Reales que las recorrían perimetralmente, con salidas de la ciudad por el Postigo de la Torre del Agua, y por la desaparecida Puerta de Jerez. En el área de recreo almohade se crearon al menos tres grandes albercas, alimentadas por los Caños de Carmona y por las norias con las que se posibilitaba el riego y el disfrute del agua. Una de ellas podría ser la alberca del actual Cenador del León. Dicha alberca, es en realidad un antiguo aljibe islámico usado como contenedor del agua proveniente de aquellos caños y de un pozo inmediato que sigue en funcionamiento para el riego. El agua del pozo se extraía antiguamente con una noria. Es en ese recinto vallado donde se encuentra el Pabellón del León (figura 1), presidido por una Musalla en forma de qubba, hoy conocida como Pabellón de Carlos V (figuras 2 y 3). Fue dicha qubba el origen del topónimo “Huerta de la Alcoba”. Desde el siglo XVI, parte de las antiguas huertas del Alcázar se convirtieron en los jardines de la Edad Moderna. La transformación de las huertas en jardines fue un proceso realizado por etapas en las que las albercas, con fines de acumulación de agua para el riego, adquirieron una finalidad estética como estanques por medio de complementos escultóricos y arquitectónicos, manteniendo su actividad de contención de agua para el riego, además de la cría de peces destinados a la pesca, un pasatiempo de los reyes. En los treinta y ocho años del primer tercio del siglo XVII, 1607-1645, en que ocupó la alcaidía el Conde Duque de Olivares, los Alcázares sevillanos vivieron una de sus etapas más brillantes, lo que cristalizaría en obras acometidas en todo el conjunto. Destaca la creación del último jardín de la Edad Moderna, llamado Jardín Nuevo o del León, un espacio que se desgajó de la Huerta de la Alcoba en el año 1638 y que fue proyectado por el maestro mayor Juan Bernardo de Velasco. En este nuevo jardín, junto al Cenador de Carlos V, la alberca islámica y la noria, fueron transformadas en dos cenadores: la alberca en el cenador de “la Media Naranja del León”, actualmente llamado Cenador del León (figura 4), y la noria en el cenador “Ochavado” hoy desaparecido1. Su autoría no se ha podido probar documentalmente, ha sido atribuida al maestro mayor Diego Martín Orejuela. Estos pabellones se proyectaron con ocasión de la visita del sobrino del alcaide, D. Luis Méndez de Haro y Guzmán, quien le sucedería en el cargo.
12 Apuntes del Alcázar de Sevilla RESTAURACIÓN EL CENADOR DEL LEÓN El Renacimiento fue transformando al gusto italiano los jardines manieristas de la Toscana, sustituyendo los umbráculos de las norias por inmediatos casinos de jardín y decorando las albercas de riego con fuentes y balaustradas. En el caso del Cenador del León es una transformación modélica en clave renacentista de la alberca medieval que todavía hoy sigue regando la Huerta de La Alcoba (figuras 5-9). Los claros volúmenes del pabellón y el estanque se encuentran en un nivel elevado sobre el jardín, con andenes practicables a su alrededor, significando un elemento importante en la armonía del jardín. La composición de este conjunto rememora nuevamente la antigua tipología de la “qubba” musulmana aunque interpretada en clave barroca, donde observamos también el influjo de la retablística del momento. En sus fachadas el lenguaje manierista se expresa con un alto sentido de la elegancia que queda refrendado también por la ordenación de su espacio interior (figura 8). La cubierta proyectada de bellas proporciones es una cúpula sobre alto tambor, apeada sobre pechinas y con un trasdós forrado de azulejos blancos y azules. El edificio es uno de los ejemplos más claros e interesantes del manierismo tardío español. El nombre de Cenador del León proviene del surtidor de piedra calcárea en forma de león esculpido en 1644 y que da nombre al conjunto. Dicho surtidor alimenta la alberca y forma parte de la rica decoración del Cenador, diseñada por Benito Valladares en 1644, quien idearía un rico conjun- to de azulejos. De nuevo restaurado en 1675 por Francisco Valladares. Terminada la edificación, el pabellón fue decorado con bellas pinturas al fresco ejecutadas por Juan de Medina (1644–1646). La temática de la ornamentación se desprende de la memoria presentada por el pintor el 11 de enero de este último año y de la certificación del veedor Esteban de Mendoza2, pinturas en gran parte lamentablemente perdidas con el paso del tiempo. En el exterior fueron pintados variados jaspes de colores, jarras de flores, un mascarón fingido, pájaros, uno de los cuales era un halcón, etc. En el interior angelotes, diosas, cupidos y ninfas, figuraciones que permiten aventurar que el Cenador del León podría ser un pabellón dedicado al amor3, lo que era tema simbólico usual en este mundo aristocrático vinculado al jardín (figuras 30 y 33). Figuras 6 y 7. Cenador del león. Alzado norte y sección longitudinal. Figura 5. Planta del Cenador, estanque y jardín del león.
13 Figuras 8 y 9. Cenador del león. Alzados este y oeste.
14 Apuntes del Alcázar de Sevilla EL ORIGEN DEL AGUA DEL CENADOR DEL LEÓN Caminos de agua que sorprenden. En Sevilla, el principal de esos caminos para abastecer la ciudad era un acueducto de origen romano y de poco menos de 20 kilómetros, que nacía en diversos manantiales próximos a la ermita de Santa Lucía en Alcalá de Guadaira. Llegaba a la ciudad a través del acueducto de los Caños de Carmona. Sería puesto de nuevo en funcionamiento por los almohades en el siglo XII (figura 10). El punto de llegada del acueducto era la Puerta de Carmona (figura 11), donde se repartía en un arca de distribución, que funcionaba como una gran infraestructura de reparto en la que las aguas procedentes de los Caños se decantaban y se conducían. Esta arqueta se dividía en siete compartimentos auxiliares más pequeños que se correspondían con los distintos repartimientos4. Entre ellos, el principal llevaba el agua al Alcázar a través de la tubería inserta en la muralla de la ciudad. Parte del caudal desde el siglo XIII fue otorgado por el Rey a la ciudad de Sevilla y a propietarios religiosos y civiles. La conducción de atanores en la muralla de tapial terminaba en la Torre del Agua del Alcázar (figura 13). En el interesante plano de Joaquín Fernández de 1872 se percibe la sabiduría profunda del agua, albercas, norias, estanques, fuentes, huertas y jardines (figura 12). Desde la Torre del Agua era canalizada a distintos lugares del Alcázar, destacando la alberca hoy transformada en el bello Estanque de Mercurio (figura 14), que actuaba como aljibe de todo el excedente de agua que traía el acueducto. A partir de esta alberca se distribuía para el riego de las huertas y jardines. El atractivo chorro de agua es una ingeniosa invención del Director del Alcázar Joaquín Romero Murube, ejecutado en la década de 1960. El agua que rebosaba de dicho estanque y desde entonces hasta hoy, es conducida a otro estanque, el del Cenador del León (figura 7). En él se acumulaba el agua excedente del Estanque de Mercurio, proveniente de los Caños de Carmo- Figura 10. Esquema del trazado del acueducto, desde el manantial de Santa Lucía en Alcalá de Guadaira, hasta la puerta de Carmona y su conducción al Alcázar a través de la muralla. Dibujo realizado por la autora a partir de los siguientes planos: 1. CANO, Melchor (ha. 1830). “Plano Topográfico del nacimiento, mina acequia y acueducto de las aguas de que se surte la ciudad de Sevilla procedentes de las montañas de Alcalá de Guadaira, con nuevo proyecto de la obra para traerlas de este pueblo a dicha ciudad” . Archivo General del Palacio Real. Fondo de Administraciones Patrimoniales, caja 3050, plano 2416; 2. FRIED Y TIRREL, Carlos Arturo (1885). Plano “Abastecimiento de aguas a Sevilla. Plano del replanteo de la tubería de conducción” , Compañía Water Works. Archivo Técnico de Empresa Metropolitana de Abastecimiento y Saneamiento de Agua de Sevilla (EMASESA), plano 310; 3. JIMÉNEZ MARTÍN, A. (1975). Los Caños de Carmona. Documentos Olvidados. Historia, Instituciones, Documentos, (figura 1); ÁLVAREZ GARCÍA, G. (2010). El acueducto a Sevilla desde Alcalá de Guadaira. En V Congreso de las Obras Públicas Romanas (p. 206). Córdoba; 4. SUAREZ QUIRÓS, L. (2016). Reconstrucción virtual de los Caños de Carmona. Trabajo Fin de Carrera. Escuela Técnica Superior de Ingeniería Mecánica. Universidad de Sevilla; 5. RIVERO MORENO, I.L. (2019). Documentación Gráfica y Archivo Técnico de EMASESA. RESTAURACIÓN
15 na y de la noria localizada al noroeste del estanque, actualmente en uso como pozo de riego. En la actualidad el agua que rebosa del Estanque de Mercurio sigue siendo conducida al estanque del Cenador del León. El agua en el Cenador del León tiene un gran protagonismo, tanto en la fuente central del pabellón, como en el estanque, espejo de la arquitectura, objeto fundamental del conjunto que se ha enriquecido con la escultura del león. Esta figura leonina ha dado el nombre al Cenador y en muchos momentos al total del jardín en el que está ubicado. El origen de la alberca fue ser depósito para el riego de las huertas, y al ser convertida en estanque en Figura 11. Dibujo de la Puerta de Carmona en Sevilla. Genaro Pérez Villamil, España artística y Monumental , t. II, 1844. el siglo XVII ha mantenido en funcionamiento el mecanismo antiguo que hoy como entonces sigue regando los jardines del Alcázar. Cuando se abren sus compuertas a través de los tiradores (figura 15), el agua es conducida a una caja de agua con dos arquetas en el jardín, y según la apertura o cierre de los atanores de salida, riega por inundación el jardín del León o es conducida a través de tuberías para ir regando los naranjos del Cenador de Carlos V, uno de ellos quizá del siglo XIV, el más antiguo de España. Allí bebe el naranjo medieval. Jardines del agua en el Alcázar, manantiales de agua y fantasía que brotaron mil años ha, hoy resurgen.
16 Apuntes del Alcázar de Sevilla Figuras 12 y 13. Plano de conducción de agua elaborado a partir del “Plano general de los Reales Alcázares de Sevilla y sus pertenencias, declarado del Patrimonio de la Corona”, Joaquín Fernández, 1872. El agua llegaba desde la Puerta de Carmona al Alcázar a través de la muralla, hoy conservada en el Callejón del Agua (1). La conducción terminaba en la Torre del Agua (2), desde donde era conducida a una alberca, hoy transformada en el Estanque de Mercurio (3). A partir de la alberca se distribuía desde entonces hasta hoy a las fuentes, huertas, jardines y a la alberca del Cenador del León (4). En la parte inferior, alzado de la muralla del Callejón del Agua en cuyo interior perduran los atanores de la conducción histórica del agua.
17 Figura 14. Derrama el chorrón generoso en la alberca agua de vida, que el jardín agradecido devuelve en color. Diálogo de poesía y belleza entre Mercurio y las Damas. Figura 15. Esquema de conducción de agua y funcionamiento del riego a través del estanque del Cenador. 1A y 1B tiradores que permiten desaguar el estanque del León y, a través de una doble arqueta de distribución del agua, hacen posible el riego, con sistema antiguo por inundación de los jardines limítrofes y con conducción a los alcorques de los naranjos (2).
24 Apuntes del Alcázar de Sevilla Figura 23. Difusión a través del cerramiento de obra. Figura 25. Cartel de obra y creatividad en la valla de obra de la restauración del Cenador. Figura 24. Mirar, dibujar y compartir con los niños.
25 PROTECCIÓN FRENTE A LA HUMEDAD RESTAURACIÓN DEL ESTANQUE La restauración tenía como prioridad resolver la protección frente a la humedad, para lo cual se ha impermeabilizado la cubierta, se han dado soluciones para mitigar la humedad de capilaridad y se ha impermeabilizado el vaso del estanque para su estanqueidad, con el fin de conseguir devolver el máximo esplendor al Cenador en armonía con el Jardín. La obra se inició con los trabajos previos, señalizando e instalando el cajón de obra, colocando el andamio, realizando la instalación eléctrica y de agua, la organización de acopios y tomando todas las medidas de seguridad para los operarios y viandantes5. Con el andamio ya instalado se realizó una auscultación directa del pabellón, ratificando los planos de lesiones y de intervención, y comprobando la estabilidad de cada elemento y del conjunto patrimonial. Se identificaron y registraron los elementos arquitectónicos y materiales sueltos con riesgo de caída, que fueron protegidos y/o desmontados para su restauración. Impermeabilización de la cubierta En primer lugar se hizo una limpieza de restos vegetales, de antiguas instalaciones y se aplicó un tratamiento biocida para eliminación de hongos. Se retiraron los morteros deteriorados de las juntas de los azulejos y de la cerámica sin vidriar, y se repusieron con morteros de cal de alta calidad. La cubierta plana fue desmontada y nuevamente ejecutada, mejorando la pendiente y los encuentros con la cúpula para impedir las filtraciones de agua. La facilidad de evacuación del agua se com- Después de haber impermeabilizado el vaso del estanque con su tratamiento de acabado, se restauraron los elementos que permiten la circulación del agua. Las antiguas compuertas de la alberca que abrían el agua a las huertas se restauraron buscando la máxima estanqueidad (figuras 15 y 18). De estas salidas el agua se conducía a cajas de plementó con la incorporación de goterones perimetrales en los pretiles de la cubierta, para evitar que el agua por escorrentía se deslizase sobre los paramentos verticales deteriorándolos. Finalmente se restauraron los azulejos de la cúpula y los alizares. En las cornisas también se realizó el resanado de juntas, se repusieron las piezas cerámicas perdidas y se complementó con una restauración integral. Eliminación de humedades de capilaridad Los muros del pabellón poseían una ascensión capilar de gran altura (figuras 17, 19 y 20). Para evitarlo se proyectó y ejecutó una zanja de drenaje perimetral con árido de diámetro 18 mm. La profundidad fue variable, hasta lo permitido por los restos arqueológicos descubiertos. En los muros exteriores del pabellón se aplicó cal hidráulica en la zona en contacto con el drenaje. El revestimien- to de los muros vistos fue mortero de cal, cuya transpirabilidad es muy grande. Impermeabilización del vaso del estanque para garantizar su estanqueidad La fase de impermeabilización se inició recogiendo y llevando los peces del estanque del León al estanque del Jardín de las Flores. A continuación se vació el agua, se limpió el vaso y se repararon sus fisuras. Seguidamente se impermeabilizó con materiales inorgánicos, aplicando un acabado de estuco de cal, siguiendo la técnica tradicional de las albercas, de color blanco con una pequeñísima cantidad de pigmento marrón grisáceo, para conseguir un blanco ligeramente entonado de color pardo. distribución, conservándose una en uso en el Jardín del León, caja que fue restaurada recuperando su aspecto original. La restauración del estanque se complementó con la restauración de su fuente del León y sus barandillas. Al finalizar la intervención los peces se trajeron de nuevo al agua del estanque, transparente en aquel momento.
26 Apuntes del Alcázar de Sevilla REPARACIÓN ESTRUCTURAL El banco forrado de azulejos del alzado oriental presentaba una gran grieta ocasionada por movimientos estructurales, que afectaba a su interior, a la vez que producía roturas en los azulejos y filtraciones de agua (figura 26). Para su reparación se desmontó cuidadosamente el banco, tanto fue que así se descubrieron pinturas medievales en el muro sobre el que se apoyaba (figura 35). Estas pinturas fueron analizadas y protegidas. Se hizo un refuerzo estructural en la base del banco y se colocaron nuevamente sus azulejos de acabado una vez restaurados (figura 27). Figura 26. Estado previo a la restauración. Grieta que recorría el asiento y el respaldo del banco. Figura 27. Imagen del banco después de su reparación estructural. RESTAURACIÓN DE PAVIMENTOS CERÁMICOS EN EL PERÍMETRO DEL ESTANQUE El pavimento del acerado perimetral del estanque que embalsa las aguas tenía irregulares las pendientes y además piezas rotas, por lo que se levantó para disponerlo nuevamente corrigiendo las inclinaciones, mejorando su asiento y aportando estanqueidad. En este proceso se descubrieron antiguas conducciones de agua de otra alberca preexistente. También se restauraron los escalones de acceso al estanque, limpiándolos, resanando las juntas, sustituyendo piezas deterioradas y corrigiendo pendientes. Finalmente se realizó el rejuntado con mortero de cal coloreado en masa, cromáticamente armonioso con el conjunto.
27 RESTAURACIÓN DE PINTURAS AL FRESCO Como anteriormente se ha indicado, terminada la edificación el pabellón fue decorado con bellas pinturas al fresco ejecutadas por Juan de Medina (1644–1646). Los estudios científicos (figuras 28 y 29) y las catas hechas en los estudios previos para el proyecto se complementaron con nuevas catas durante la obra, apareciendo sorprendentes pinturas originales, con bellos dibujos y delicados colores (figura 30). Estos singulares frescos habían sido cubiertos por otras pinturas, probablemente neoclásicas en el siglo XIX, caracterizadas mediante su gama de colores, marmorizados y dominio geométrico. En Sevilla, en los Siglos XVI y XVII se realizaron pinturas de temas históricos, mitológicos y alegóricos de las cuales pocas se conservan6. A través de los restos que permanecen en el Cenador y por los textos de la memoria del pintor7, se percibe la belleza, alegría y riqueza cromática enmarcada en jaspes fruto del pincel de Juan de Medina, lo que nos permite imaginar lo bellísimamente ornamentado que estuvo el espacio interior y exterior del pabellón8. Las pinturas al fresco se habían perdido totalmente en el exterior y en la parte baja del interior del pabellón, debido a la humedad de capilaridad. Las que permanecían presentaban desprendimientos, falta de adherencia, biopátinas, fisuras, eflorescencias y superposición de tratamientos orgánicos que habían impedido su transpirabilidad (figura 31). Las pinturas del interior del pabellón se limpiaron, se consolidaron con inyecciones de micromortero de cal y se reintegraron sus lagunas con técnicas de pintura plana y de rigatino, según la zona (figuras 32 y 33). En los paramentos verticales de la parte inferior que no tenían pinturas a causa del deterioro debido a la humedad de capilaridad, los morteros estaban disgregados, por lo que fueron repuestos por nuevos morteros de cal técnicamente controlados, de muy buenas propiedades, entre las que destacan su transpirabilidad, plasticidad y sostenibilidad. Sobre estos nuevos revestimientos de aplicó estuco auténtico de cal, con un acabado muy sutil con pigmentos minerales de los colores que tuvo en su origen, los de Juan de Medina, utilizando el criterio de la abstracción, sistema de reintegración cromática, jugando con la tonalidad de cada elemento constructivo, para que desde lejos se pueda percibir la configuración del espacio arquitectónico (figura 34). Figura 28. Microfotografías de estratigrafías al microscopio óptico (x25, x50, x100 y x200) realizadas a muestras del Cenador en el estudio científico de los materiales. En las pinturas al fresco el color azul tiene presencia de un vidrio con cobalto, el verde cloro y cobre, el rosa y granate óxido de hierro. Los pigmentos minerales analizados fueron los que sirvieron para la elaboración de los nuevos colores del exterior del Cenador. Figura 29. Estudio científico de pinturas al fresco. Muestra color rojo de pintura en el dintel de la ventana sur. Microfotografía de la estratigrafía de la fina capa de la muestra de pintura, con microscopio óptico, 100 aumentos. Diagrama de espectroscopia de infrarrojos. Figura 30. Maravilloso ángel niño gordezuelo pintado al fresco por Juan de Medina (1644–1646), que apareció en una cata realizada en la cúpula, bajo las pinturas neoclásicas superpuestas.
28 Apuntes del Alcázar de Sevilla Figura 31. Estado previo de los revestimientos del interior del pabellón, en los alzados interiores y cúpula del Cenador del León. Desde la izquierda hacia la derecha: alzado norte, alzado este y alzado sur. Figura 32. Superposición de pinturas neoclásicas sobre las pinturas al fresco de Juan de Medina (1644–1646). Armonía cromática de los colores rojos y amarillos de Medina con los empleados en la restauración en las fachadas exteriores.
29 Figura 33. Interior del pabellón tras su restauración. Pinturas de Juan de Medina restauradas y nuevos revestimientos en la zona inferior afectada por la humedad de capilaridad. Figura 34. La luz hace crecer vibrante la paleta de nuevos tonos aplicados al fresco en el interior del pabellón, abstracción de los colores que pintó Juan de Medina, permitiendo armonizar el interior con el exterior del pabellón y comprender el espacio arquitectónico.
30 Apuntes del Alcázar de Sevilla PINTURAS MURALES MEDIEVALES Durante las diferentes fases de la obra de restauración han aparecido restos de pinturas murales de época medieval alrededor del muro perimetral que rodea la alberca. Una de ellas (figura 35) al realizar la citada reparación estructural de las grietas del banco orientado al este forrado de azulejos (figura 26), y en el muro norte del estanque, tras los jazmines (figura 36). Después de una cuidadosa limpieza fue sacado a la luz un singular trazado geométrico, con motivos po- Figura 35. Restos de pinturas medievales tras el banco corrido forrado de azulejos en el alzado este (Figuras 26 y 27). Están elaboradas con cal y pigmentos minerales. Trazado geométrico con incisiones en la capa de mortero fino de acabado. RESTAURACIÓN
31 Figura 36. Pinturas medievales en el muro del estanque del alzado norte (figura 6). Trazado geométrico, con motivos poligonales de líneas rojas y amarillas en los que se inscriben de manera alterna los tres escudos bajomedievales castellanos: escudos de Castilla, León y de La Banda. ligonales de líneas rojas y amarillas en los que se inscriben de manera alterna los tres escudos bajomedievales castellanos, escudos de Castilla, León y de La Banda. Son de exquisita calidad y demuestran la preexistencia en esta zona del jardín de una singular edificación en época medieval. Las pinturas fueron analizadas y documentadas. Se han cubierto para su protección hasta que en el futuro queden vistas garantizando su durabilidad.
32 Apuntes del Alcázar de Sevilla RESTAURACIÓN Al igual que en el interior del Cenador la humedad había afectado a los revestimientos exteriores con grandes zonas desprendidas, faltas de adherencia, morteros disgregados, biopátinas, eflorescencias, grietas y fisuras (figura 37). Las causas de estas alteraciones eran principalmente la acción del agua del terreno que asciende capilarmente, las filtraciones de la cubierta, del estanque y las deficiencias en las pendientes del pavimento. A ello se sumaba la falta de goterones en los remates del cuerpo superior y el deficiente mortero de revestimiento que poseía en cuanto a materias primas, dosificación y amasado, así como el deterioro por la acción del paso del tiempo (figuras 16-19). Dado el mal estado que presentaban y su deficiente calidad se sustituyeron por nuevos morteros de cal, con acabado de pintura al fresco como tuvo en su origen. La elección del color del exterior del Cenador Para la elección del color y la textura del acabado se hizo un estudio de todos los restos existentes de Juan de Medina (figuras 28-33), de los textos de la memoria del pintor9, de la iconografía histórica (figuras 38 y 39) y de fotografías antiguas. Los colores que se determinaron fueron los de Juan de Medina, sus rojos y sus amarillos, siguiendo las descripciones de sus textos, no realizando los elementos figurativos que describe, sino utilizando el criterio de la abstracción, para que tanto de lejos como de cerca se pueda percibir su juego cromático en la configuración arquitectónica, conectando el interior con el exterior del pabellón. Fue objetivo recuperar la atmósfera de los colores originales. La técnica empleada fue al fresco, con pigmentos minerales, al igual que los analizados del pintor Juan de Medina, consiguiendo colores, texturas y efectos similares a lo que en su origen pudo poseer este bellísimo Cenador. Pintar como pinta el tiempo A la hora de intervenir en el Cenador ha sido una constante la búsqueda de la armonía cromática, entendiendo los paramentos y los distintos elementos arquitectónicos como lienzos en los que el tiempo ha ido dejando su huella. Ese respeto, junto con los criterios generales de conservación seguidos en el monumento, ha dado como resultado una intervención respetuosa con el devenir histórico y una visión de conjunto integradora de todos los elementos del Cenador y de éste en el contexto de los jardines. Los restos de colores rojos, sienas y amarillos anteriores a esta intervención presentes en muchas de las molduras y elementos compositivos del Cenador se han fundido con los nuevos, siempre realizados con los mismos materiales: pigmentos naturales, marmolina y cal. Para las zonas en las que no quedaban restos de color y el estado de los paramentos requería resanado y nueva aplicación se han buscado colores que ya estuviesen presentes en el monumento, fundamentalmente en las pinturas al fresco realizada por Juan de Medina en el interior del Cenador. Los revestimientos de morteros de cal han sido coloreados al fresco con suaves tonos amarillos y sienas, encuadrados compositivamente por las molduras color jaspe, conservando la pátina existente y otorgándoles un tratamiento luminoso nada saturado de cierta transparencia consiguiendo así una fusión con la rica policromía interior y con la azulejería presente en todo el conjunto, en la que los azules y verdes tienen un marcado protagonismo (figuras 40 y 41). En la cerámica se ha seguido el mismo criterio de conservación, obteniendo un similar nivel de actuación en todo el conjunto. RESTITUCIÓN DE REVESTIMIENTOS VERTICALES
33 Figura 37. Humedad por capilaridad ascendente. Desprendimientos por disgregación del mortero.
40 Apuntes del Alcázar de Sevilla Figura 48. Fuente del León restaurada. El Cenador del León vuelve a tener agua. Rompe la mañana el alegre gorgoteo.
41 RESTAURACIÓN DE CERRAJERÍAS DISEÑO DE INSTALACIONES La restauración del estanque se complementó con la restauración de sus compuertas y barandillas. Éstas fueron restauradas, limpiándolas en profundidad, protegiéndolas y dándoles el tratamiento final. Su acabado se realizó con pintura verde y reflejos azules, buscando una unidad cromática con los colores del pabellón, la naturaleza, el estanque y sus reflejos (figura 49). El color elegido guarda relación con el “verde montaña” que aplicó en las tres rejas del pabellón Juan de Medina, citado en la descripción que hace la memoria de su trabajo11. Este color también fue aplicado a las rejas después de su restauración. La singular veleta también fue restaurada, con tratamiento de acabado de protección. En el jardín meridional la circulación del agua es sustancial para el riego y el placer de quien por allí pasea, acompañando con su susurro, frescor, movimientos, reflejos y sosiego el disfrute de los sentidos. Así, en la gran alberca que embalsama las aguas, junto al pabellón, elevada, para el descanso humano y la contemplación del jardín, se ha restaurado el sistema de riego original. Para ello se recuperaron las cajas de riego del agua que surte la alberca, que hoy continúan regando como en su origen (figura 15). En el extremo suroeste del jardín se restauró otra antigua caja de riego con sus materiales originales. Se repararon las conducciones y se instaló un nuevo sistema de abastecimiento de agua para la fuente del pabellón. También se diseñó un nuevo sistema de riego por goteo para el jardín y un sistema antipalomas en el interior del pabellón para evitar que las aves aniden y deterioren con el guano el elemento patrimonial. La iluminación nocturna ha pretendido mantener el halo de intimidad del pabellón, con una luz que atrae al recorrer el jardín, conduciendo a través de las plantas, los aromas, las texturas de los materiales y el tiempo que subyace en ellos. Iluminar dejando pasar todos estos elementos para descubrir una luz al fondo, que por reflexión baña el espacio interior del pabellón y un foco ilumina su fuente. En el exterior la luz es romántica, dotando de movimiento las sombras y los reflejos del límpido espejo del agua en la noche (figura 50). Figura 49. Color y textura en las barandillas del Cenador del León, en armonía con las pinturas al fresco, la fuente del León, el agua y sus reflejos. Figura 50. El Cenador del león engalana las noches. Juegos de luz, sombra y reflejos en el Alcázar. Límpido espejo en la noche. La oscuridad matiza el espacio. La luz nacida en el interior resuena en el corazón.
42 Apuntes del Alcázar de Sevilla RESTAURACIÓN DEL JARDÍN En la restauración del Cenador del León, tan importante fue la intervención arquitectónica como la de su jardín. Recuperar el espíritu de este histórico jardín ha sido el constante objetivo a lo largo de la elaboración del proyecto y su ejecución. Se ha tenido muy en cuenta la importancia del valor paisajístico, en un doble binomio a diferentes escalas: cenador-jardín del León y éste en el contexto de todos los jardines del Alcázar, declarados Jardines Históricos Patrimonio de la Humanidad (figuras 51-53). En el jardín del León la protagonista principal era una Ceiba speciosa, palo borracho, uno de los árboles más antiguos del Alcázar. Le acompañaban un grupo de Chamaedorea elegans, palma de salón, y dos magníficos grupos de bambúes Phyllostachys spc., que dialogando con el Cenador aportan un efecto paisajístico de gran belleza por los infinitos tonos verdes al tamizar la luz, en contraste con su perfil en el cielo, provocando junto con el agua, sensaciones agradables al rebajar la temperatura ambiente. Salpicando el jardín hay celindas, Philadelphus coronarius, naranjos amargos, Citrus aurantium, y unos setos altos de ciprés, Cupressus sempervirens, y otros bajos. Limitaba el jardín el boj, Buxus sempervirens, que se encontraba en muy mal estado, se había desarrollado con dificultad y presentaba mal aspecto. Por todo ello, la vegetación más importante de este espacio que envolvía al Cenador fue protegida para evitar que se le ocasionaran daños durante las obras, con la instalación de andamiajes, la restauración de redes o las excavaciones de zanjas. Se actuó siendo conscientes de que la restauración era la de un patrimonio vivo en perpetua transformación. Se renovaron los setos de ciprés y se sustituyeron los de boj por arrayan, Mirthus communis, especie tradicional utilizada en los jardines del Alcázar. Se redujeron los rizomas de los bambúes que afectaban al Cenador y se plantaron ejemplares de palma de Sagú, Cycas revoluta, nandinas, Nandina domestica y clivias, Clivia miniata, como planta de flor distribuida en todos los jardines. También se han restituido los naranjos amargos, Citrus aurantium, que faltaban (figura 5). Figura 51. Celinda en primavera. “Blanca era” sobre la verdura del Alcázar. Diálogo del Cenador con los verdes bajo la radiante luz del sol.
43 Figura 52. Armonía de colores en el Jardín de la Alcoba del Alcázar. Figura 53. El Cenador del león discreto en el conjunto paisajístico del jardín. Sinfonía de colores en el Alcázar. El mar de las civilizaciones nos trajo escondidas en las mareas retazos de arquitectura enredados en la naturaleza.
44 Apuntes del Alcázar de Sevilla Figura 54. Juegos de geometría entre la luz, la vegetación, el agua y la arquitectura. Cenador del León después de su restauración.
45 ESTADO DESPUÉS DE LA RESTAURACIÓN Emociona la fuerza plástica del Cenador tras su restauración, que nos permite intuir el esplendor de su origen en el siglo XVII. Tras el trabajo realizado, el pabellón, estanque y jardín han renovado su singularidad, mudo testigo con su belleza de la grandiosidad del arte en Sevilla y de las circunstancias históricas que lo rodearon. El esfuerzo hecho en la ejecución del proyec- to, la metodología seguida según los criterios de restauración, la participación de excelentes profesionales, restauradores y colaboradores, así como el empleo de materiales naturales, nos llevan a considerar que el resultado permite contemplar uno de los más hermosos rincones de los jardines del Alcázar bañado por la luz de Sevilla (figuras 54-59). Un prolijo trabajo que se ha realizado con el mayor cuidado y respetando al máximo todos sus elementos. Es importante ahora proteger, salvaguardar y cuidar el mantenimiento del Cenador y su jardín, utilizando las pautas, el conocimiento, el oficio, la experiencia, los materiales y las técnicas adecuadas y recomendadas para ello.
46 Apuntes del Alcázar de Sevilla Figura 55. Bellísimos acantos, muros estucados, naranjos y el milagro de la luz. Figura 56. Interior del pabellón tras su restauración. Recóndito paraíso donde se funde lo visible y lo invisible.
47 Figura 57. Diálogo de historia. El Cenador del León (XVII) conversando con el de Carlos V (XVI).
48 Apuntes del Alcázar de Sevilla Figura 58. Florece el agapanto y el pincel del jardinero en el Alcázar se va llenando de azul morado.
49 Figura 59. El Cenador del León, al fondo, con sus formas, luces, colores y texturas, parte integrante del paisaje de los jardines del Alcázar de Sevilla, Patrimonio de la Humanidad.