El Crucificado en la escultura sevillana de Castillo Lastrucci
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1591 El Crucificado en la escultura sevillana de Castillo lastrucci Jesús roJas-Marcos González Universidad de Sevilla Resumen: El Crucificado es la imagen central del arte cristiano. Su reflejo en la práctica escultórica ha sufrido importantes cambios a lo largo de la historia del Cristianismo, pues ha debido adaptarse al pensamiento y al sentimien- to de cada época. Sin duda, uno de los periodos que mejor supo plasmar el significado de tan sugestiva iconografía fue el Barroco, y, en particular, el sevillano. Siguiendo los mismos postulados ideológicos y estéticos, en la escultura sevillana del siglo XX destaca, per se, la figura de Antonio Castillo Lastrucci (Sevilla, 1878-1967). El artista es uno de los máximos exponentes del Neobarroco hispalense. Para la capital andaluza llegó a realizar once efigies del Crucificado. A través del análisis de estas piezas se puede comprobar la justa y merecida fama del escultor a nivel nacional. Palabras clave: Escultura sevillana; Crucificado; Neobarroco; Siglo XX; Antonio Castillo Lastrucci. Abstract: The Crucified is the central image of Christian art. His reflection in sculptural practice has changed significantly over the history of Christianity, as it has had to adapt to the thought and feeling of the time. Clearly, one of the best periods that best captured the meaning of this iconography so suggestive was the Baroque, and in particular, in Seville. Following the same ideological and aesthetic postulates, the figure of Antonio Castillo Lastrucci (Seville, 1878- 1967) highlights in the Seville Sculpture of the twentieth century. The artist is one of the best examples of Neo-Baroque in Seville. For the Andalusian capital made eleven effigies of the Crucified. Through the analysis of these parts we can check the fair and deserved fame of this sculptor nationwide. Keywords: Seville Sculpture; Crucified; Neo-Baroque; Twentieth century; Antonio Castillo Lastrucci. E l Crucificado es el símbolo por antonomasia del Cristianismo y la imagen central del arte cristiano. La interpretación del mismo ha debido adaptarse, en cada época, al pensamiento y al sentimiento del momento. Tras ser rechazado por la Iglesia primitiva, pues la crucifixión era algo infamante, las primeras representaciones aparecieron durante los siglos V y VI, convirtiéndose desde la abolición de la pena por Constantino en el siglo IV, en signo de redención y victoria.1 El tema iconográfico se desarrolló entre los siglos VII y VIII. A partir de entonces, el Crucificado conoció una etapa esplendorosa hasta el siglo X, pues el arte carolingio se encargó de enriquecerlo simbólicamente, reproduciéndolo en multitud de ejemplares en marfil y orfebrería. El Románico mostró a un Jesús vivo e insensible al dolor, de influencia bizantina, ya fuera como Cristo en majestad o Cristo desnudo. 1. L. Ortiz Muñoz, Cristo. Su proceso y su Muerte. El Patíbulo, Madrid, 1976.
1592 MIRANDO A CLÍO. EL ARTE ESPAÑOL ESPEJO DE SU HISTORIA El Crucificado en la escultura sevillana de Castillo Lastrucci Jesús Rojas-Marcos González Desde el año 1200 tiene lugar la gran devoción a la Pasión corporal de Jesucristo. El arte gótico, nutriéndose de las descripciones dramáticas de los místicos, se recrea en el dolor del Crucificado. La figura, que por afanes naturalistas perdió hasta el Trecento su rígida verticalidad, acusa en su cuerpo la crueldad del martirio. Aparece entonces la corona de espinas sobre su cabeza, con cuya reliquia se hizo Luis IX, rey de Francia, al regreso de una cruzada en Tierra Santa. El Crucificado del Renacimiento es una interpretación apolínea, serena y majestuosa, según los principios platónicos y místicos propios del Cinquecento. En su idealismo se refleja, no obstante, el estudio anatómico de sus proporciones. Cristo, más que sufrir en el madero, reina, por tanto, desde la cruz. Es entonces cuando se coloca sobre el stipes el titulus redactado únicamente en latín: Iesus Nazarenus Rex Iudaeorum o su abreviatura INRI.2 Después del Concilio de Trento triunfó el Barroco como arte de las nuevas ideas de la Contrarreforma. De hecho, fue a partir de entonces cuando se impuso la imagen procesional, de marcado carácter catequético. Las pautas manieristas dieron paso a los enunciados realistas, reflejándose en las respectivas manifestaciones plásticas las corrientes escolásticas, aristotélicas y ascéticas de los siglos XVII y XVIII. En el madero, interpretado de nuevo como patíbulo del martirio, el Crucificado se enclava en una cruz arbórea con tres o cuatro clavos, representándose en su fase pre o posmortal con sorprendente crudeza. Se insiste en el estudio anatómico del natural, donde Cristo, cuyo sudario cordífero se agita y entreabre, mantiene sobre su cabeza la corona de espinas, bajo la que aparece ahora el titulus con la inscripción trilingüe. En la obra de Antonio Castillo Lastrucci (Sevilla, 1878-1967), la tipología precedente domina la producción del escultor.3 El artista se inspiró, en concreto, en los prototipos sevillanos de los grandes maestros. Por ello es uno de los máximos exponentes de la escultura neobarroca sevillana, fenómeno que surgió en el siglo XX al revalorizarse los postulados estéticos del Barroco. Dicho movimiento artístico insiste en los modelos iconográficos tridentinos, conservando la plenitud del clasicismo formal. El arte de Castillo Lastrucci se caracteriza, fundamentalmente, por sus dos grandes aportaciones a la imaginería procesional sevillana. Por un lado, la originalidad compositiva de sus pasos de misterio, de indudable efectismo teatral y riqueza escenográfica, lo que le permitió introducir numerosos personajes secundarios creados por él. Por otro, es el autor de la denominada Dolorosa castiza, es decir, la representación tradicional de este modelo iconográfico donde, sin embargo, se presienten las hermosas facciones de las jóvenes sevillanas.4 No obstante, las tallas de sus Crucificados han permitido al artista alcanzar justa y merecida fama como imaginero a escala nacional. Así lo demuestra la gran cantidad de ejemplares repartidos por nuestro país. La plástica neobarroca del escultor recoge, entre otras, las representaciones iconográficas del Calvario, la Expiración, la Buena Muerte, etc. Por esta razón, Cristo aparece vivo o muerto, solo o componiendo un grupo escultórico, según la escena que acontez- 2. Breviario Romano. Himno Vexilla Regis. Vísperas del tiempo de Pasión, Madrid, 1968, p. 178. 3. J. M. González Gómez y J. Rojas-Marcos González, Antonio Castillo Lastrucci. Estudios sobre el artista, Sevilla, Ediciones Tartessos, 2009, vol. 1, p. 196. 4. M. Tobaja Villegas, “Antonio Castillo Lastrucci, escultor e imaginero sevillano”, en Revista Retablo, n.º 4, Sevilla, 1990, pp. 26-28.
1593 MIRANDO A CLÍO. EL ARTE ESPAÑOL ESPEJO DE SU HISTORIA El Crucificado en la escultura sevillana de Castillo Lastrucci Jesús Rojas-Marcos González ca. Ejecutados en diversos tamaños, las efigies del artista aparecen desdramatizadas y serenas a pesar del tormento padecido por Jesús en la cruz. Existe una acentuada preocupación por la búsqueda de la belleza formal, por la emotividad y la expresividad, objetivos que lo conducen por la vía del realismo. De los Crucificados muertos, la mayoría sigue los mismos rasgos estilísticos: cabeza inclinada hacia el lado derecho, pupilas dilatadas, boca entreabierta dejando ver los dientes superiores tallados, manos abiertas con dedos levemente flexionados, pocos signos de violencia en su cuerpo y sudario cordífero. Todos ellos se fijan a una cruz arbórea con tres clavos, a excepción del Stmo. Cristo de la Vera-Cruz de la hermandad del mismo nombre de Estepona (Málaga) (1939), que tiene cuatro y las piernas sin cruzar. Mención especial merece el Stmo. Cristo del Perdón y de la Vera-Cruz de la Hermandad de la Vera-Cruz de Coín (Málaga) (1938), que monta el pie izquierdo sobre el derecho. Y todos, además, presentan las palmas de las manos perforadas, no existiendo ninguno que esté clavado por las muñecas. La mayoría de ellos procesiona, solos o integrados en sus correspondientes grupos escultóricos. Sus advocaciones son muy variadas, algunas de marcado simbolismo. Castillo Lastrucci interpretó tan sugestiva iconografía artística a lo largo de toda su trayectoria profesional, dilatada durante más de sesenta años. De hecho, el primero de ellos, a día de hoy, se fecha en 1923, siendo el último conocido una pieza de 1966, un año antes del fallecimiento del artista.5 Para Sevilla y su provincia ejecutó once versiones que responden a los principios neobarrocos, aquí expuestos de forma cronológica. Dichas piezas abarcan desde 1923 hasta 1962, existiendo, además, un ejemplar de fecha indeterminada. De los once simulacros, cuatro no han podido ser identificados hasta la fecha, aunque se conserva detallada documentación sobre la realización de los mismos. A continuación los analizaremos, incluyendo antes de cada texto una ficha técnica donde se aporta, además de la advocación, el material, las medidas, la cronología, la pertenencia y la ubicación. “Stmo. Cristo de la Expiración Escultura en madera policromada. 0,46 m. Año 1923. Hermandad de La Bofetá. Sevilla. Iglesia parroquial de San Lorenzo Mártir.” Dicha pieza es el primer Crucificado conocido del artista, pues la tradición oral dice que, en 1923, el imaginero regaló la efigie a la cofradía radicada en la iglesia parroquial de San Lorenzo.6 Por desgracia no ha aparecido, hasta el momento, documentación que confirme ni la donación ni la datación. No obstante, hemos de recordar que fue en esas fechas cuando el imaginero estuvo más ligado a la Hermandad de La Bofetá, al realizar los simulacros de la mencionada corporación 5. En concreto hablamos del Stmo. Cristo de la Expiración, fechado en 1923, que a continuación analizaremos, y de un “Cristo pequeño”, no identificado, encargado para Madrid por Juan Lillo Arzaes en febrero de 1966 (A)rchivo (P)articular de José (P)érez (D)elgado (S)evilla, Libro de cuentas de Antonio Castillo Lastrucci, f. 66v). 6. Así lo recoge también A. de la Rosa Mateos, Castillo Lastrucci: su obra, Almería, Edita Hermandad del Silencio de Almería, 2004, p. 81.
1594 MIRANDO A CLÍO. EL ARTE ESPAÑOL ESPEJO DE SU HISTORIA El Crucificado en la escultura sevillana de Castillo Lastrucci Jesús Rojas-Marcos González religiosa, es decir, el Misterio de Ntro. P. Jesús ante Anás (1923) y la Sagrada Conversación entre María Stma. del Dulce Nombre y San Juan Evangelista (1924).7 Como puede apreciarse fácilmente (Fig. 1), la escultura, de pequeño formato, es, en realidad, una réplica a menor escala de la conocida talla del Stmo. Cristo de la Expiración, popularmente llamada El Cachorro. Dicha efigie fue esculpida por Francisco Antonio Ruiz Gijón (1653-1720) en 1682 y se trata, sin duda, de una de las obras cumbres de la escultura sevillana de todos los tiempos, considerada, además, como el último gran Crucificado de la imaginería hispalense.8 Respecto a la talla que nos atañe, su particularidad radica en que el imaginero dio a la figura el rostro del titular de la congregación de San Lorenzo, Ntro. P. Jesús ante Anás. Se trata, por tanto, de un Cristo vivo en el mismo instante antes de la muerte, cuando el Mesías, tras inspirar su última bocanada de aire, exclamó “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” (Mt. 27, 46). Tan dramático momento es recogido anatómicamente por el pequeño simulacro, que representa, con un pormenorizado tratamiento, el trance previo a la exhalación del definitivo respiro final.9 “Crucificado Escultura en madera policromada. ¿Año 1932? Coria del Río (Sevilla). No identificado.” Gracias al libro de cuentas o de toma de razón, sabemos que al escultor le encargaron la realización de un “Cristo para Coria del Río”, en Sevilla. El precio estipulado fue de 3.000 pesetas, de las que 750 se darían a cuenta.10 Por la ubicación de la reseña en el documento, se intuye que el encargo tuvo lugar en 1932, pues se sitúa junto a Ntra. Sra. de los Desamparados y a un Sagrado Corazón para la iglesia parroquial de San Sebastián de Marchena (Sevilla), obras que con seguridad fueron solicitadas al imaginero en ese año.11 Al parecer, dicha imagen se trataba de un Crucificado encargado por doña Margarita González Peces, quien rechazó la efigie por no ser de caoba, no sabiéndose en la actualidad si se llegó finalmente a realizar.12 “Stmo. Cristo de la Buena Muerte Escultura en madera de cedro oloroso policromada. 1,76 m. Año 1938. Firmado y fechado en la parte trasera izquierda del sudario: “A. Castillo Lastrucci / Sevilla 1938” Hermandad de La Hiniesta. Sevilla. Iglesia parroquial de San Julián.” 7. J. M. González Gómez y J. Rojas-Marcos González, Ob. cit., Inventario de obras, vol. 2, I.104, I.106 y I.107, pp. 28-29. 8. J. González Gómez y J. Roda Peña, “Imagineros e imágenes de la Semana Santa sevillana”, en Las cofradías de Sevilla en la modernidad, Sevilla, Secretariado de Publicaciones de la Universidad de Sevilla, 3.º edición de 1999, pp. 240-245. 9. Dicha disciplina de reproducir a menor escala alguna de las imágenes más populares de la Semana Santa de Sevilla no murió con nuestro artista. Algunos de sus discípulos, como José Pérez Delgado, continuaron la misma tradición que en su día practicara el maestro (L. L. Acuña Carabantes y J. L. Gómez Villa, “José Pérez Delgado y el taller de Castillo Lastrucci en la memoria de la Hermandad”, en Gran Poder. Anuario 2009, Sevilla, 2010, pp. 84-95). 10. A.P.P.D.S., Libro de cuentas de Antonio Castillo Lastrucci, f. 1r. 11. A.P.P.D.S., Libro de cuentas de Antonio Castillo Lastrucci, f. 1r y V. Henares Paque, “La capilla de la Virgen de los Desamparados de Marchena. Destrucción y resurgimiento”, en Actas de las IV Jornadas sobre Historia de Marchena, Área de Cultura del Excmo. Ayuntamiento de Marchena, Marchena, 1999, pp. 273-299. 12. Dato aportado en testimonio oral por Manuel Cardo, conocido de la mencionada señora.
1595 MIRANDO A CLÍO. EL ARTE ESPAÑOL ESPEJO DE SU HISTORIA El Crucificado en la escultura sevillana de Castillo Lastrucci Jesús Rojas-Marcos González En nuestra opinión, el Stmo. Cristo de la Buena Muerte de la Hermandad de la Hiniesta de Sevilla es el mejor Crucificado de toda su producción, junto al ejemplar de la misma advocación conservado en la Real Colegiata de San Hipólito de Córdoba, de 1945.13 Se trata, además, de una de las obras culmen en el quehacer profesional del escultor. El encargo, que incluyó la imagen de Ntra. Sra. de la Hiniesta, tuvo lugar en agosto de 1937,14 concretamente el día 14,15 y fue terminado al año siguiente. La efigie muestra un Crucifijo muerto, de dulces y armoniosas proporciones (Fig. 2). Su rostro, inspirado en el de don Manuel Gómez Lora, quien le sirvió de modelo,16 expresa el sosiego y la calma acordes a la advocación de la propia imagen. Indudablemente, la escultura trae al recuerdo los modelos compositivos de los grandes maestros del Barroco, como Juan Martínez Montañés (1568-1649), con el Cristo de la Clemencia (h. 1603/1604); y Juan de Mesa (1583-1627), cuyos sudarios del Stmo. Cristo de la Buena Muerte (1620) y del Stmo. Cristo de la Conversión del Buen Ladrón (h. 1619/1620) inspiran el realizado por Castillo Lastrucci.17 Además, tan sugestiva escultura procesiona cada año acompañada de Santa María Magdalena, obra realizada igualmente por nuestro imaginero en 1944.18 “Crucificado Escultura en madera policromada. 0,80 m. Año 1938. Sevilla. Colección particular (?). No identificado.” En el libro de cuentas de Castillo Lastrucci aparece reseñado, el 15 de junio de 1938, el encargo, por parte de un tal “Roldán”, de una imagen de “Cristo en la Cruz de 80 centímetros”.19 El precio por la escultura era de 3.000 pesetas, dándose 1.500 de ellas a cuenta. Según el mismo documento, la pieza debía estar terminada en “Tres meses”. Estos son los únicos datos que conocemos de esta efigie, hasta el momento no identificada. Sin embargo, dada la naturaleza del escrito del escultor, es del todo probable que, aunque no conste su destino, dicha obra fuera a parar a una colección particular sevillana. Así sucede en la gran mayoría de ejemplares que se conservan en Sevilla cuya ubicación no aparece especificada en el libro de asiento del artista. 13. J. M. González Gómez y J. Rojas-Marcos González, Ob. cit., Inventario de obras, vol. 2, I.322, p. 196. 14. A.P.P.D.S., Libro de cuentas de Antonio Castillo Lastrucci, ff. 1r y 10v y r. El pago de la obra, según este documento, fue de 2.000 pesetas. 15. Archivo Histórico de la Hermandad de la Hiniesta de Sevilla, Ejemplar del Contrato Celebrado entre la Hermandad Sacramental y de Penitencia vulgarmente conocida por la de Nuestra Señora de la Hiniesta de la Parroquia del Señor San Julian y el escultor Don Antonio Castillo Lastrucci, Sevilla, 14 de agosto de 1937. En el contrato, a diferencia del libro de cuentas, se dice que el precio fue de 3.500 pesetas. 16. Boletín de la Hermandad de la Hiniesta, n.º 28, Sevilla, enero de 1990, s.p. 17. J. M. González Gómez y J. Roda Peña, Imaginería procesional de la Semana Santa de Sevilla, Sevilla, 1992, Secretariado de Publicaciones de la Universidad de Sevilla, pp. 166-167; J. M. González Gómez, “Cuando Cristo pasa por Sevilla: escultura, iconografía y devoción”, en Sevilla Penitente, Sevilla, Editorial Gever, 1995, tomo II, p. 185; y M. Marín Campos, “El Cristo de la Buena Muerte de Castillo Lastrucci; esplendor del neobarroquismo”, en Boletín de las cofradías de Sevilla, n.º 441, 1996, pp. 25-30. 18. J. M. González Gómez y J. Rojas-Marcos González, Ob. cit., Inventario de obras, vol. 2, I.318, p. 181. 19. A.P.P.D.S., Libro de cuentas de Antonio Castillo Lastrucci, f. 13r.
1596 MIRANDO A CLÍO. EL ARTE ESPAÑOL ESPEJO DE SU HISTORIA El Crucificado en la escultura sevillana de Castillo Lastrucci Jesús Rojas-Marcos González “Stmo. Cristo de la Vera-Cruz Escultura en madera policromada. 1,78 m. Año 1939. Hermandad de la Vera-Cruz y Ntra. Sra. de los Remedios. Los Palacios y Villafranca (Sevilla). Capilla de San Sebastián.” Dicho simulacro cristífero responde, nuevamente, a los postulados neobarrocos llevados a cabo por Castillo Lastrucci en su quehacer profesional (Fig. 3). El dulce tratamiento anatómico, la suavidad de su silueta y la serenidad que emana de la expresión de su rostro son características propias de la plástica del escultor. Sus afanes realistas le llevan a realizar un pormenorizado estudio del natural. Se trata de un Cristo muerto, con corona de espinas tallada en su cabeza. El modelo compositivo remite a los prototipos de los grandes maestros del Barroco. La desnudez de su cadera derecha, posible gracias al dinamismo del sudario cordífero, es buena prueba de ello. La advocación del Stmo. Cristo de la Vera Cruz responde a una antigua tradición que se remonta a tiempos de Constantino, cuando la devoción sitúa la Invención de la Vera Cruz, hallada en 327 por Santa Elena, madre del emperador.20 Sólo a partir de entonces, la cruz, al identificarse con el Resucitado, se convierte en el símbolo del triunfo cristiano. Según el libro de cuentas del escultor, la hechura del Crucificado fue encargada el 23 de marzo de 1939 por la Hermandad de la Vera Cruz y Ntra. Sra. de los Remedios de Los Palacios y Villafranca, en la persona de Juan Antonio Rodríguez. El precio del mismo ascendió a la cantidad de 6.000 pesetas, dándose 1.500 por adelantado.21 “Stmo. Cristo del Buen Fin Escultura en madera policromada. 1,60 m. Año 1948. Hermandad de Santiago Apóstol. Aznalcázar (Sevilla). Iglesia parroquial de San Pablo.” El 18 de abril de 1947, el imaginero Castillo Lastrucci contrataba con la Hermandad de Santiago Apóstol de Aznalcázar la ejecución del Stmo. Cristo del Buen Fin. Su precio fue de 11.000 pesetas, pagando 3.000 de ellas anticipadamente.22 Para la misma congregación ya había realizado la hechura de María Stma. de las Angustias (1939), San Juan Evangelista (1939) y Santiago Apóstol (1944).23 La efigie, aun deudora de las herencias montañesinas y mesinas (como la recreación del sudario del Stmo. Cristo de la Buena Muerte de Mesa en la Universidad de Sevilla), ostenta la impronta personal del escultor. Estamos ante un Cristo muerto de suaves modulaciones anatómicas (Fig. 4). Su cabeza, portadora de la corona de espinas, se inclina, con pretensiones naturalistas, sobre el hombro derecho 20. L. Réau, Iconografía del arte cristiano. Iconografía de los santos. De la A a la F, Barcelona, Ediciones del Serbal, 2.ª edición de 2000, tomo 2, vol. 3, pp. 426-427. 21. A.P.P.D.S., Libro de cuentas de Antonio Castillo Lastrucci, f. 18r. 22. A.P.P.D.S., Libro de cuentas de Antonio Castillo Lastrucci, f. 34r y (A)rchivo (P)articular de Adolfo (A)renas (C)astillo de (S)evilla, Carpeta de documentos de Antonio Castillo Lastrucci, Contrato de realización del Santísimo Cristo del Buen Fin, Sevilla, 18 de abril de 1947. 23. J. M. González Gómez y J. Rojas-Marcos González, Ob. cit., Inventario de obras, vol. 2, I.134, I.232 y I.249, pp. 34, 129 y 148.
1597 MIRANDO A CLÍO. EL ARTE ESPAÑOL ESPEJO DE SU HISTORIA El Crucificado en la escultura sevillana de Castillo Lastrucci Jesús Rojas-Marcos González (Jn. 19,30). Es el momento que recoge la advocación del Crucificado, ya que la muerte de Jesús es considerada como el mejor fin posible, en virtud de la unión hipostática.24 “Crucificado Escultura en madera policromada. Año 1955. Sevilla. Colección particular (?). No identificado.” Al igual que en el caso del Crucificado de 1938 reseñado anteriormente, tenemos constancia documental de que el 16 de agosto de 1955 le fue encargado al escultor una pieza de idéntica naturaleza por 3.000 pesetas. La obra en cuestión fue solicitada por doña Dalila de Guiamayor, quien demandó, según Castillo Lastrucci, un “Cristo pequeño”.25 A pesar de conocerse todos estos datos, la efigie no ha podido ser aún identificada. “Stmo. Cristo de la Misericordia Escultura en madera policromada. 1,80 m. Año 1957. Hermandad de la Misericordia. Cantillana (Sevilla). Iglesia parroquial de Ntra. Sra. de la Asunción.” El Stmo. Cristo de la Misericordia fue encargado, según el libro de toma de razón del escultor, por Francisco Pérez Pueyo el 12 de octubre de 1956. La obra tuvo un precio de 18.000 pesetas, de las que 3.500 se entregaron a cuenta.26 Su advocación responde, sin más, a la virtud propia de la divinidad de perdonar los pecados y miserias de los devotos. La infinita misericordia de Dios ampara y protege a sus hijos y herederos los cristianos. Nos encontramos, de nuevo, ante una talla del Crucificado inspirada en los modelos montañesinos y mesinos (Fig. 5). Se trata de un Cristo muerto, esta vez sin la corona de espinas, de suaves contornos anatómicos. Así lo muestra la desnudez de su cadera derecha, provocada por el desplazamiento del sudario cordífero. Su hechura transmite calma y serenidad. Los afanes realistas, propios de la estética neobarroca, llevan al artista a incluir el titulus crucis con la reproducción del texto completa y trilingüe. “Crucificado Escultura en madera policromada. Año 1960. Sevilla. Colección particular (?). No identificado.” Otra imagen del Crucificado que todavía no ha podido ser identificada es la que el 10 de agosto de 1960 le encargaron a nuestro imaginero. El precio de la misma ascendió a la suma de 4.000 pesetas. Fue solicitada por la “Señora de Velasco”, quien, según el escrito de Castillo Lastrucci, pidió un “Cristo pequeño”.27 Por las mismas razones aducidas con anterioridad, es del todo 24. F. Revilla, Diccionario de Iconología y Simbología, Madrid, Cátedra, 6.ª edición de 2009, p. 460. 25. A.P.P.D.S., Libro de cuentas de Antonio Castillo Lastrucci, f. 52v. 26. Ibídem, f. 54r. 27. Ibíd., f. 60v.
1598 MIRANDO A CLÍO. EL ARTE ESPAÑOL ESPEJO DE SU HISTORIA El Crucificado en la escultura sevillana de Castillo Lastrucci Jesús Rojas-Marcos González probable que dicha pieza fuera destinada a una colección particular sevillana, al no reseñarse ninguna referencia espacial en el encargo. “Stmo. Cristo del Perdón en su Buena Muerte Escultura en madera de cedro policromada. 1,70 m. Año 1962. Firmado y fechado en el lateral izquierdo posterior del sudario: “A. Castillo Lastrucci / Sevilla 1962”. Inscripción en el lateral derecho posterior del sudario: “Restauró / J. Pérez Encinasola / Sevilla 1983”. Sevilla. Iglesia parroquial del Stmo. Cristo del Perdón.” El entonces cura párroco de San Pablo, don Fernando Isorna Jiménez, junto con otros miembros de la junta parroquial, encargó la realización del Crucificado el 28 de julio de 1961 por 60.000 pesetas.28 No obstante, el contrato se firmó el 2 de abril de 1963, ya concluida la talla del Cristo, que Castillo Lastrucci firmó y fechó en el sudario.29 En 1983 hizo lo propio José Pérez Delgado (llamado Encinasola por su lugar de nacimiento), discípulo del artista, al acometer la restauración de la imagen. La talla que nos ocupa responde ad pedem litterae a la gracia y la serenidad propias de la advocación que el Crucificado ostenta (Fig. 6). El sosiego de su expresión facial y la calidez de su anatomía justifican de sobra la denominación de tan hermosa efigie cristífera. Destaca, sobre todo, la equilibrada morfología de la cabeza, desprovista de la corona de espinas, la flexibilidad en la caída de los brazos, propia de la laxitud cadavérica; y la originalidad en la disposición del sudario. Todo ello está inspirado en los postulados barrocos, aunque Castillo Lastrucci no pierde el acento personal en esta realización plástica. Asimismo, son significativos los afanes realistas del titulus crucis, cuyas traducciones griega y latina del hebreo se escriben a propósito de derecha a izquierda, error habitual en la época. Crucificado Escultura en madera policromada. 1,70 m. Fecha indeterminada. Sevilla. Convento de Santa Isabel. A falta de documentación, se desconocen en la actualidad todos los datos en relación a la contratación de este Crucificado. La escultura refleja las características neobarrocas empleadas por el autor, quien, de forma clara, siguió la composición mesina del Cristo de la Universidad Hispalense. De refinamiento algo inferior, esta talla de Jesús muerto, desposeído de la corona de espinas, repite las maneras utilizadas por Castillo durante toda su trayectoria profesional, lo que impide determinar su cronología. 28. Ibíd., f. 63r. 29. A.P.A.C.S., Carpeta de documentos de Antonio Castillo Lastrucci, Contrato de realización del Santísimo Cristo del Perdón en su Buena Muerte, Sevilla, 2 de abril de 1963.
1599 MIRANDO A CLÍO. EL ARTE ESPAÑOL ESPEJO DE SU HISTORIA El Crucificado en la escultura sevillana de Castillo Lastrucci Jesús Rojas-Marcos González Fig. 1. Antonio Castillo Lastrucci (1878-1967). Santísimo Cristo de la Expiración. Escultura en madera policromada. 0, 46 m. de alto. Año 1923. Hermandad de La Bofetá. Sevilla. Iglesia parroquial de San Lorenzo Mártir