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Relaciones entre la higiene y la previsión : discurso leido en la fiesta escolar celebrada por la Liga de Amigos de Santiago, el día 18 de julio de 1915

López Núñez, Alvaro

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RELACIONES ENTRE LA HIGIENE Y LA PREVISIÓN DISCURSO LEIDO EN LA FIESTA ESCOLAR CELEBRADA POR LA LIGA DE AMIGOS DE SANTIAGO, EL DIA 18 DE JULIO DE 1915 POR ALVARO LÓPEZ NÚÑEZ. Biblioteca PixeLegis. Universidad de Sevilla. SECRETARIO DE LA ADMINISTRACIÓN CENTRAL DEL INSTITUTO NACIONAL DE PREVISIÓN MADRID TIPOGRAFÍA DE LA "REVISTA DE ARCH., BIBL. Y MUSEOS" Olózaga, 1.—Teléfono 3.185. 1915 Cuando la fuerza material, ciega y devastadora, siembra de ruinas nuestro continente en una guerra que, según frase de un gran sociólogo español, contempla Europa avergonzada, nos reunimos en este glorioso rincón del solar patrio los amigos de los niños, para celebrar una fiesta de paz, de amor y de conservación social, acudiendo gustosos a la invitación de la Liga de Amigos de Santiago, tan merecedora del aplauso de todos por su fructífera y constante trabajo en bien de los intereses del pueblo. El momento no puede ser de mayor solemnidad, porque nada hay más solemne que el dolor y la muerte. La muerte, que es condición de la vida, y se armoniza con ella en la admirable mecánica impuesta al mundo por la divina Providencia, aspira hoy á ser dueña y señora de la humanidad, y consigue que se conviertan en esclavas suyas, instrumentos ciegos de sus trágicos designios, la Política, la Ciencia, la Industria, el Movimiento mercantil; ya no le bastan a la muerte sus propios medios de acción, aquellos naturales cambios de materia y de fuerza con que se aniquilan unos organismos para dar vida á otros, según los planes inescrutables del Creador, y que, como tales, merecen el respeto y acatamiento de todo razonable espíritu; su voracidad insaciable intenta convertir al mundo en un vasto cementerio, utilizando al efecto cuantos recursos inventó el ingenio humano para la mayor eficacia de 3 la vida. Al lado de la guadaña simbólica será preciso repre-  . 4 sentar en lo sucesivo el libro esciente, la pluma creadora y hasta la benéfica lámpara con que Minerva guiaba a la humanidad en el camino de la verdad, de la belleza y del bien. Pero es lo más triste que a esta desolación exterior con que la guerra pretende aniquilar a Europa, corresponde otra desolación en las almas, que es la negación de todo progreso moral. Se halla tan deprimida la espiritualidad y se va acercando el hombre tanto a los animales, que ya parece permitido, no sólo abrigar en el pecho sentimientos de odio y destrucción, sino defenderlos y propagarlos como cosa lícita compatible con la moral cristiana. Horrorizados y profundamente entristecidos, presenciamos estas otras batallas que se sostienen con la letra de molde o con las lenguas desenfrenadas, batallas en las que muchas personas, al parecer buenas y pacíficas, de honesta vida y condición, difunden, como gases deletéreos, el aborrecimiento al prójimo, el deseo del mal, el regocijo ante el dolor ajeno, pasiones todas de ruin estofa que hasta ahora venían siendo patrimonio de los hombres perversos. ¿Será oportuno y provechoso levantar nuestra voz, humilde como es, ante la bárbara tormenta que destroza los pueblos y endurece las almas, y discurrir serenamente de cosas pacíficas y vitales, cuando parece que nadie se interesa sino por las convulsiones de la guerra? ¿No se calificará de candorosa insensatez que cuando todos hablan de la guerra, nos presentemos nosotros llevando nuestros niños de la mano, y serenamente, como en los diálogos socráticos, aspiremos a discurrir de una materia que es esencialmente vital y creadora? ¿No estamos a cien leguas de aquel apacible sosiego, necesario para razonar provechosamente, según la expresión del clásico: «Edita doctrina sapientium templa  tserena?»... Somos optimistas, y tenemos la seguridad de que todo esto ha de pasar como pasan los ciclones por los campos, destrozando las cosechas de un día, pero sin destruir la virtud germinativa de la naturaleza, prenda de vida inmortal. Recordad aquel bellísimo salmo con que el escritor polaco 4 Enrique Sienkiewicz coronó su bella obra Quo vadis?: «Así pasó Nerón, como el torbellino y la tormenta; como pasan ias grandes calamidades: el incendio, la guerra y la peste.» Pasará la guerra; se olvidarán sus hombres y sus crímenes; y la civilización cristiana continuará su obra de amor, de justicia y de verdad, irguiéndose corno la flor del sol, orientada siempre hacia el Cielo. Contando con vuestra cortés benevolencia vamos á tratar brevemente de las Relaciones entre la Higiene y la Previsión, ya que nos hemos reunido aquí precisamente para celebrar una fiesta consagrada a aquellas dos disciplinas de la actividad humana. Higiene y Previsión son dos hermanas amorosas que caminan juntas por el áspero sendero de la vida para alcanzar un supremo ideal, que es disminuir el dolor en la tierra. Observad que hablamos de disminuir, pero no de eliminar el dolor, empresa esta última imposible y desde luego inconveniente para el progreso humano. Aquella mujer incomparable, honra de Galicia y de España, que con vuelo de águila se elevó a las más altas cumbres del pensamiento y a la vez supo penetrar en lo más secreto de los corazones, la insigne Concepción Arenal, ha dicho que «el dolor no es para las sociedades ni para los individuos un estado transitorio, una consecuencia pasajera de circunstancias especiales o deplorables errores, sino una necesidad de nuestra naturaleza, un elemento indispensable de nuestra perfección moral: por eso no debemos mirarle como un enemigo, sino como un amigo triste que ha de acompañarnos en el camino de la vida» (i). Así considerado el dolor, las fuerzas higiénicas y previsoras se han de encaminar a depurarlo y ennoblecerlo, apartando de él todo cuanto pueda convertirlo en rémora que impida al hombre marchar hacia un estado social mejor, y le ate groseramente (1) Concepción Arenal: El Visitador del Pobre. 5 a la tierra como a Prometen, cortándole las alas con que  1.4 por impulso natural tiende hacia lo infinito. La Higiene y la Previsión no luchan contra el dolor presente, sino que tienden a disminuir y a dignificar, por decirlo así, el dolor futuro, eliminando las causas que pueden producirlo y que siempre son transgresiones de las leyes de la vida. Así, por ejemplo, la Previsión y la Higiene no pretenden eliminar del cortejo de los males la vejez, que indefectiblemente ha de llegar para el hombre, sino hacer más llevadera esta carga, conservando en lo posible el vigor físico y la capacidad económica de los ancianos; y lo mismo que decimos de la vejez, podríamos decir de la enfermedad, del accidente y de los demás riesgos propios de la flaqueza humana. Coinciden, pues, la Higiene y la Previsión en esta finalidad esencial, a la que llegan cada cual por su propio camino, biológico en la una, económico en la otra; pero tan hermanadas que puede decirse que son aspectos de una misma personalidad, ya que la Higiene es la previsión de la salud, y la Previsión es la higiene de la economía. Una y otra se proponen dar al hombre las normas necesarias para que pueda administrar convenientemente el gran tesoro de la salud y el otro tesoro grande de la voluntad. Generosamente dotó la naturaleza a todos los hombres de estas dos riquezas: la primera es la máquina fisiológica, admirable obra de mecánica con que el ser humano realiza su misión estática en el mundo: la segunda es la fuerza incontrastable de la voluntad que trae aparejados el señorío y,dominio de la creación. El hombre ha recibido estos poderosos instrumentos, no para que los deje enmohecer en la inactividad o les dé una aplicación torcida, sino para que los conserve, los use rectamente y aumente su eficacia individual y social para el bien: la transgresión de estas sanas leyes, que forman el contenido de la Higiene y de la Previsión, trae como justa sanción el dolor y la pobreza. Ambas hermanas, la Higiene y la Previsión, coinciden en sacrificar una parte del placer presente en prenda de la disminución del dolor futuro. Si quisiéramos dar una explicación cuantitativa a esta doctrina, diríamos que a todo hotri- 6 bre corresponde una cantidad de dolor que forzosamente ha de sufrir en su vida. Lo sabio, lo conveniente es distribuir esta cantidad entre todos los años de la vida. ¿Es esto posible? Sí. Porque se trata sencillamente de disminuir los goces y placeres presentes, reservando una parte de su precio para atender a los males y dolores del día de mañana. Estas limitaciones, siempre razonables, son una garantía de bienestar para lo por venir. Imaginad una cualquiera de estas limitaciones que constituyen, por ejemplo, la virtud de la sobriedad. El hombre puesto en presencia de abundantes y ricos manjares, tiene natural tendencia a consumirlos: el placer que le producen es un incitante para su voracidad; pero he aquí que aparece la Higiene diciéndole: «No abuses de la comida; no desbarates tu economía gástrica sólo por el placer del gusto, pues detrás de este placer vendrá el dolor de la enfermedad, que ha de amargar todos los días de tu vida. Mejor es que ahora disminuyas un tanto el fugaz placer para evitar seguramente un más duradero dolor.» Y lo mismo ocurre en el orden económico con la Previsión: lejos de gastar todo lo que se tiene en procurarse goces y comodidades que pueden acarrearnos un porvenir de pobreza, debemos cercenar estos dispendios y reservar parte de ellos para evitar la dolorosa miseria del mañana. ¿Qué es preferible, el excesivo placer presente, tal vez amargado con la incertidumbre del mal futuro, o la limitación, la sobriedad, que a veces es un placer, aumentada con la tranquilidad de ánimo que da el dominio de los riesgos futuros? La Previsión y la Higiene asientan sus principios y sus reglas sobre el estudio de la realidad pasada, es decir, sobre la enseñanza de la experiencia, la cual, expresada en cifras, es lo que' se llama Estadística. La Estadística es la llave de oro que, forjada en el yunque de lo pasado, nos abre los secretos camarines de lo por venir. Uno á uno, como los golpes que el martillo da en el yunque, reúne la Estadística los hechos, los examina por todas sus facetas, los relaciona con los que les preceden y los que les siguen, los mide y los pesa, y, finalmente, induce de ellos las leyes de la generalidad. Desde estos hechos, que parecen ciegos y brutales, 7 1  A asciende, como por una mística escala, a la región serena. de las causas, donde se funden los matices de la variedad en una unidad suprema; y descendiendo luego, con aquella luz que allí adquirió ilumina los hechos humanos, y conociendo la ley de su evolución en la vida, viene á prever y dominar lo futuro. Con tan preciosos instrumentos, la Higiene y la Previsión aleccionan a los hombres, y cada una desde su campo, les dicen lo que han de hacer para alcanzar el bien y para evitar el dolor. Esto quiere decir también que la Higiene y la Previsión tienen una base y un contenido substancialmente científicos, y que una y otra huyen como de la peste de los males del empirismo. Si en el aspecto médico o de la salud del cuerpo, la curandería es una de las mayores calamidades que afligen a los pueblos, en el aspecto económico de la previsión esta curandería o empirismo hace también estragos incurables. Según hemos dicho en otra parte y repetimos aquí, porque la verdad tiene una sola forma de expresión,. «la magna cuestión del tecnicismo y el empirismo es como el Ormuz y el Arimán de la religión previsora, que tanto preocupa a los sociólogos y economistas, no sólo en España,. sino en todas las naciones del mundo. En nuestro país, sin embargo, el mal se da con más intensidad, a causa de nuestra menor cultura económica y de ser éste el pueblo clásico de la imprevisión y del extremado individualismo, que heredamos de los árabes, y que luego hemos perfeccionado con nuestra acreditada Lotería Nacional, administrada por el Estado. El empirismo en Previsión es un mal inmenso, no sólo por su propia maldad intrínseca, sino también por lo que desmoraliza en los momentos del inevitable fracaso. Consiste en ofrecer grandes ganancias a costa de pequeños sacrificios, y como no se asienta sobre base cierta alguna, no es parco en los ofrecimientos para captar mejor la voluntad de las gentes sencillas, Aquí está su mal intrínseco, porque impide la previsión racional y hace perder un tiempo que no ha de poder recobrarse luego. Pero sucede o sucederá, inevitablemente, que estas combinaciones fracasan y su quiebra produce una contracción general en el 8 crédito que merecen las instituciones de Previsión, aun las racionalmente organizadas, y ésta es la . desmoralización a que antes me he referido. Por vía de ejemplo aclaratorio podría compararse el empirismo en Previsión con el empirismo en Medicina: la acción del curandero que promete devolver la salud al enfermo por los procedimientos de la taumaturgia curanderil es funesta, no sólo porque impide el tratamiento terapéutico racional, sino también porque al fracasar lleva consigo al foso el crédito de todas las formas de curar, por muy científicas que sean, y contribuye así al escepticismo demoledor» (1). La Higiene y la Previsión coinciden también en tener su principal campo de acción en los medios sociales donde viven las personas de humilde condición económica. Cierto es que no puede decirse que tanto la salud como el bienestar social sean en absoluto incompatibles con la pobreza, porque semejante afirmación sería desconsoladora, y aun blasfema, haciendo culpable del dolor humano a quien es la misma Justicia esencial y el Bien . sumo. Frecuentemente vemos este bienestar físico y moral en los modestos barrios de los pobres, mientras los más horrendos males sociales se ceban en los palacios de los ricos, y «la pálida muerte pisa con el mismo pie las chozas de los indigentes y los alcázares de los monarcas». Hay una suerte de compensación que conservando el tipo medio de resistencia vital, equipara la ruina que produce el mal uso de las riquezas con la que acarrea la carencia de lo más necesario. El engranaje de la mecánica moderna establece además un flujo y un reflujo de acciones y reacciones vitales entre los palacios de los poderosos y los tugurios de los humildes, solidarizándolos, por decirlo así, para recordarles continuamente su fraternidad y sus deberes. Oigamos, á este efecto, aquellos enérgicos apóstrofes que el Dr. Hencourt dirigió desde su Higiene moderna á los potentados poco cuidadosos de sus deberes sociales y caritativos: «Es preciso que comprendáis, cortesanos prudentes y egoístas, (t) Función social de la Mutualidad escolar. 9 municipales o del Estado. En esto todos están conformes, y deberían estarlo también en lo que se refiere á la Previsión obligatoria, y a ella se va en todos los paises con paso de movimiento acelerado. «La previsión es una disciplina social necesaria a los pueblos —hemos dicho en otra ocasión—. Si por desmayo de la voluntad, o por miopia d e la inteligencia, los individuos no la ,cultivan, es misión del Estado el imponerla, como se impone la higiene o la enseñanza. El excesivo culto a la libertad individual ha llegado en este punto a proclamar como un derecho de la personalidad el derecho a la imprevisión. Los que tal piensan no comprenden el concepto nuevo de la libertad individual, limitado cada día más por motivos de conveniencia colectiva. Mucho vale el individuo, pero infinitamente más vale la colectividad, sin la cual el individuo no podría vivir. Ante la conciencia moderna se presenta hoy el individuo, no como un átomo disgregado del consorcio social, sino como un elemento de vida compleja que en la colectividad tiene, por natural reflejo, toda su eficacia; las fuerzas intercurrentes del individuo sobre la sociedad, y de la sociedad sobre el individuo forman esa solidaridad ó fraternidad universal, que es la razón suprema del progreso humano. Así, restringida a justos limites la libertad, bien puede afirmarse que no existe tal derecho a la imprevisión, porque nadie tiene derecho a hacerse desgraciado, contribuyendo con la suya a la desgracia de los demás (i).» Hay muchos que, colocados en el lado opuesto, piensan que este cuidado del porvenir social ha de ser una función del Estado. ¿No se trata de evitar el mal social?—dicen--. Pues evítelo la sociedad organizada. Pero por poco individualista que uno sea, preciso es reconocer que tal doctrina habría de acarrear funestas consecuencias. Nada hay que desmoralice tanto como el bienestar presente sin el cuidado y la inquietud del día de mañana. La visión de un porvenir incierto es un estímulo constante para el trabajo. Si el Es- (1) Régimen de transición entre el Seguro libre y el Seguro obligatorio. Madrid, 'gro. 16 tado ha de atender a las necesidades de los ciudadanos, Asistiéndoles en caso de enfermedad, de accidente, de paro, de vejez, ¿quién trabajará voluntariamente? Y aun cuando el Poder público obligue al trabajo, ¿qué utilidad, qué eficacia ha de tener un trabajo así conseguido? Pero aun suponiendo que esto fuera posible, y que los recursos del Tesoro alcanzasen suficientemente para atender a tan enormes gastos, ¿quién ha de satisfacerse convirtiendo el mundo en un inmenso Asilo y transformando a la humanidad en una generación de hombres mediatizados, sujetos a inacabable tutela? La sociedad presente, tan varia en sus manifestaciones activas, tan rico de movimiento y vida, vendría a trocarse en un triste falansterio, donde la mitad de la humanidad, convertida en burocracia benéfica, vigilaría a la otra media, reducida a estado de melancólica esclavitud. La previsión en sus dos grandes modalidades de Higiene y Economía aspira, como habéis visto, a dos cosas: a disciplinar la voluntad para que el hombre sea mejor, sujetándose a las reglas del bien vivir, y a coordinar los factores biológicos y económicos para que el hombre esté mejor en su peregrinación por este mundo. Esto último es como consecuencia y pudiéramos decir que sanción o recompensa de lo primero, pues el bienestar es corolario del bien vivir. Ya lo dijo agudísimamente D. 1 Concepción Arenal con referencia al ahorro: «La pensión de retiro que acumuló el anciano es también la vejez más robusta, porque fué la juventud más arreglada ( i).» He aquí nuestra aspiración: que el niño y el joven de hoy, después de realizar eficazmente su misión activa en una vida dilatada, lleguen a la inevitable vejez con el cuerpo sano y el espíritu sereno; que viviendo «en paz y beneplácito de las gentes», corno prometió Don Quijote a Sancho en premio de una conducta virtuosa, no carezcan entonces del necesario sustento, ni de aquel (i) Lamas Carvajal: Espinas, follas e frores. Madrid, 1878. 17 otro refrigerio espiritual que se llama respeto y dignidad, frecuentemente incompatible con la miseria; que sentados al pie del árbol, que tal vez ellos mismos plantaron y rodeados de sus netezuelos, vean tranquilamente declinar el sol y avanzar por el horizonte las sombras de occidente; y que esperen sin inquietud la hora postrimera, recordando con noble orgullo las lejanías de una honesta y aprovechada juventud, a la que podrán evocar con aquellos dulces versos de nuestro malogrado amigo Valentín Lamas Carvajal: Relembranzas de tempos que foron Van vindo a' memoria, Como triste cantar que de lonxe... Muy lonxe... s'escoita. 18