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La tumba visigoda de "Sapatio"

García-Dils de la Vega, Sergio; Ordóñez Agulla, Salvador; González González, Jaime; Magariño Sánchez, María de la Salud; López Flores, Inmaculada

Abstract

Se ofrece en este trabajo el estudio de una tumba visigoda localizada en la Fase III de la Intervención Arqueológica en la Plaza de España de Écija (Sevilla), en la que confluye la información arqueológica con la antropológica y epigráfica.

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ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2005.i14.09 LA TUMBA VISIGODA DE SAPATIO THE VISIGOTHIC TOMB OF SAPATIO por SERGIO GARCÍA-DILS DE LA VEGA*, SALVADOR ORDÓÑEZ AGULLA*, JAIME GONZÁLEZ GONZÁLEZ, MARÍA DE LA SALUD MAGARIÑO SÁNCHEZ, INMACULADA LÓPEZ FLORES RESUMEN Se ofrece en este trabajo el estudio de una tumba visigoda localizada en la Fase III de la Intervención Arqueológica en la Plaza de España de Écija (Sevilla), en la que confluye la información arqueológica con la antropológica y epigráfica. ABSTRACT In this paper is offered the study of a visigothic tomb excavated in the 3rd phase of the archaeological excavations carried out in the Plaza de España of Ecija (Seville), in which the archaeological evidence meets with anthropological and epigraphic documentation. Palabras claves Astigi. Periodo visigodo. Registro funerario. Epitafio. Key words Astigi. Visigothic Period. Funerary evidence. Epitaph. En el momento en que se escriben estas líneas, está ultimándose la Fase III de la intervención arqueológica en la Plaza de España de Écija (Sevilla)1, entorno que en los últimos años ha proporcionado una rica y variada evidencia arqueológica, que abarca desde el momento de fundación de la colonia Augusta * Departamento de Historia Antigua. Universidad de Sevilla. 1. Las Fases I y II se realizaron bajo la dirección de A. S. Romo Salas; la primera, entre los meses de noviembre de 1997 y marzo de 1998, consistente en la realización de cuatro sondeos de evaluación en la Plaza (Romo et al. 2001; Vargas – Romo 1998); la Fase II, por su parte, bajo la forma de excavación en extensión en todo el recinto de la misma, tendría lugar entre septiembre de 2001 y julio de 2003 (Romo 2002; Romo 2003a; Romo 2003b). La Fase III comenzó en agosto de 2004, dirigida por S. García-Dils, y se encuentra actualmente –enero de 2005– en curso de ejecución, centrada en la excavación del área residencial romana que ocupa el sector occidental de la Plaza. SPAL 14 (2005): 259-277 SPAL 14 (2005) 260 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2005.i14.09 S. GARCÍA-DILS / S. ORDÓÑEZ / J. GONZÁLEZ / M. DE LA SALUD MAGARIÑO / I. LÓPEZ Firma Astigi en época augustea hasta nuestros días, permitiendo documentar importantes aspectos de la evolución histórica de la ciudad. Comienza la secuencia estratigráfica con la deductio romana, de la que se han detectado en la zona occidental de la plaza dos insulae de la colonia, articuladas en torno a sendos kardines, al este de los cuales se ha podido documentar además parte de un recinto de culto imperial delimitado por un potente muro de opus quadratum, que actuaría como peribolos del temenos (Sáez et alii 2004: 36-49; García-Dils et al. 2005)2. A partir de la segunda mitad del s. III se inicia el proceso de abandono y amortización de los espacios públicos, comenzando por las calzadas, que son invadidas por la ampliación de espacios domésticos y la implantación de otros nuevos, proceso que se acentúa en el s. IV, afectando ya al complejo de culto imperial. Más adelante, a partir del s. V, entrando en la tardoantigüedad, surge en la zona centro-norte de la Plaza actual un espacio funerario, acaso relacionado con una basílica3, cuyo funcionamiento se prolonga hasta el s. VIII. Después de la invasión islámica, todo el recinto de la Plaza y su entorno inmediato pasan a tener un uso funerario (Romo 2003a), conformándose así una gran maqbara de por lo menos 7000 m2 de extensión, que se prolonga hacia al sur entrando en la Avda. Miguel de Cervantes (García-Dils 2004; Sáez et al. 2004: 121-124). La conquista cristiana supondrá el abandono de este amplio espacio, que se configurará a partir del s. XV como Plaza Mayor, uso que perdura hasta la actualidad. En el presente estudio nos centraremos en una de las tumbas detectadas como parte de la necrópolis tardoantigua. La importancia de este conjunto funerario reside en su excepcionalidad en relación con la escasísima documentación arqueológica con la que contábamos hasta el momento para la Astigi de este período, a excepción de hallazgos aislados que no permitían aventurar ni la extensión ni la articulación interna de la ciudad. Es de suponer que, siguiendo la tónica que se documenta en otras zonas de la Península, la sociedad astigitana de este período centrara sus esfuerzos constructivos en los conjuntos propios del urbanismo de la época como son los cementeriales, eclesiásticos y martiriales, de los que sin embargo apenas se cuenta en esta ciudad con documentación específica. De hecho, de las escasas noticias de que disponemos sobre la fase visigoda de la ciudad resalta la existencia de un monasterio ubicado en sus cercanías, donde, según noticia del obispo granadino Recemundo, fue enterrado el milagroso obispo y mártir astigitano Crispín, al que se menciona en los calendarios mozárabes, pero ya antes en el epigráfico de Córdoba, a fines del s. VI (García Rodríguez 1966: 240; García Moreno 2001: 503). En el plano religioso, actualmente se considera que desde el s. IV la ciudad debería tener estatuto episcopal a la vista de su categoría urbana, de su importante trayectoria histórica y de la mención o presencia de sus obispos en las actas de los concilios de Toledo de 589 –Pegasus, representado por el diácono Seruandus– y de Sevilla de 590 –en el que se alude a Gaudentius, predecesor del anterior–. La permanencia de la sede episcopal astigitana está atestiguada hasta el s. X, momento en que tras el obispo Seruandus, sucesor de Martinus -fallecido en 931 d.C.4-, desaparecen los testimonios al respecto al compás de la progresiva desintegración de las comunidades mozárabes en la región, trayectoria que culminará en el s. XII con la desaparición total de las sedes episcopales en la misma (Sotomayor 2002; Sáez et al. 2004: 94). Como se ha señalado, la evidencia arqueológica de esta etapa histórica, en muchos casos difícilmente individualizable desde el punto de vista de la cultura material, se reduce a algunos elementos aislados, como los cuatro capiteles de mármol de tipo bizantino localizados en el solar inmediato a la iglesia de 2. Estas estructuras fueron identificadas en un primer momento, en las fases I y II de la intervención arqueológica, como pertenecientes a las termas del foro de la colonia (Romo 2002; Romo 2003a; Romo 2003b). 3. La identificación de este espacio con una basílica se apunta en la Memoria de la Fase II de la intervención (Romo 2003a: 111-116). 4. IHC 223, en el reverso de CIL II2 /7, 285. SPAL 14 (2005) 261 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2005.i14.09 LA TUMBA VISIGODA DE SAPATIO Santa Cruz (Hernández et al. 1951: 109 y fig. 119-120) y otro más reutilizado en una casa de la calle Puente (Hernández et al. 1951: 104 y fig. 91). Únicamente en el mundo propiamente funerario contamos con testimonios de cierta relevancia para este oscuro período, destacando sin duda el sarcófago paleocristiano de la iglesia de Santa Cruz, hallado en 1886 (Fita 1887; Schlunk 1962; Schlunk 1969; Arbeiter 1994; Rodríguez Oliva 1999: LVIII ss.), tallado en piedra caliza y decorado con motivos bíblicos, el Buen Pastor, Abraham e Isaac –escena del sacrificio de Isaac- y Daniel y los leones, todos ellos con sus correspondientes textos griegos inscritos sobre los personajes (IHC 370 = ICERV 427). El hallazgo de este sarcófago ha hecho pensar en que la iglesia actual se alce sobre el solar de la iglesia mayor y sede episcopal astigitana (García Moreno 1977- 1978: 315), tradición que se remonta por lo menos al s. XVII, cuando se hace eco de ella M. Roa (1629: 273); ello se ha relacionado también con la idea mantenida tradicionalmente de que la posterior Mezquita Mayor se ubicaba en este mismo emplazamiento. Sobre esta pieza excepcional, H. Schlunk (1962) ha señalado que su modelo iconográfico parece provenir del norte de África, si bien la pieza debe ser obra de algún taller hispano, al contrario que la mayoría de los sarcófagos paleocristianos peninsulares, importados de Roma. Igualmente, y dejando al margen las controversias relativas a su datación, su fecha de realización ha de situarse en el s. V, constituyendo esta pieza una excelente muestra de la vitalidad del cristianismo en la ciudad, así como de la extensión de la nueva fe a los más altos sectores sociales. El resto de los hallazgos de cronología tardoantigua corresponden a tumbas aisladas ubicadas intramuros de la ciudad romana, localizadas en las intervenciones arqueológicas que han tenido lugar en San Francisco 15-17 y Mortecina 7-9 (Campos 1987: 53; Campos 1988: 43; Núñez 1988a: 424; Núñez 1988b; Rodríguez 1991: 350) y Miguel de Cervantes 26-28 (Rodríguez Hidalgo 1990: 47; Núñez 1990: 472; Núñez-Huecas 1991; Núñez 1991:494), indicando por tanto un cambio en las pautas de comportamiento referidas al ritual funerario, con el abandono de las necrópolis públicas y su sustitución por cementerios parroquiales en el interior de la ciudad, dando cuerpo a la idea de la cristianización de la topografía urbana propia de estos momentos. En esta misma línea podría quizás interpretarse el hallazgo de las dos inscripciones funerarias tardoantiguas localizadas en la calle Conde 275 y la Avda. Miguel de Cervantes 26-286, posiblemente vinculadas con las nuevas áreas funerarias emergentes (Sáez et al. 2004: 94-96). A la vista de la documentación anterior, queda claro que el espacio funerario de la Plaza de España es, sin entrar aquí en su caracterización como parte de una basílica, el conjunto más notable documentado en Écija para este período. Su excavación y documentación comenzó en la Fase II (Romo 2003a: 111-116), en la que se delimitó parte del recinto y se estudiaron veintitrés tumbas; en la Fase III ha proseguido la reconstrucción del trazado del conjunto, estudiándose tres más, entre ellas la del famulus Dei Sapatio [Fig. 1]. La necrópolis tardoantigua ocupa y reutiliza espacios y estructuras preexistentes, que fueron públicos hasta principios del s. IV, en la confluencia entre el Kardo Maximus y un espacio abierto que se extendería al norte del temenos. Así, el límite oriental está constituido por un sólido muro de opus caementicium7 que se adosa por su extremo sur al peribolos del recinto de culto imperial, que constituye parte de su límite meridional8. A continuación, también adosado al peribolos, se documenta un potente basamento9 de sillares, cuya funcionalidad es difícil de precisar en el estado en que ha llegado 5. CIL II2 / 5, 1272, datada a mediados del s. V. 6. CIL II2 / 5, 1273, fechada en el s. VI. 7. Muro de 0,84 m de anchura, realizado en opus caementicium con revestimiento en su cara oeste de opus testaceum, fechado a principios del s. IV (Romo 2003a: 112). 8. El peribolos presenta aquí su acceso noroccidental, que fue cegado en el s. V cuando se configura este espacio funerario. 9. De 2,25 m de norte a sur por 4,24 m de oeste a este. Para su construcción se reutilizan elementos arquitectónicos singulares procedentes de edificaciones públicas previas, como sillares y tambores de columna de calcarenita, combinados con piezas SPAL 14 (2005) 262 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2005.i14.09 S. GARCÍA-DILS / S. ORDÓÑEZ / J. GONZÁLEZ / M. DE LA SALUD MAGARIÑO / I. LÓPEZ de la más variada índole, incluyendo un pie de prensa de aceite. Fechamos esta estructura en el s. V. Fig. 1. Plano de la necrópolis tardoantigua. SPAL 14 (2005) 263 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2005.i14.09 LA TUMBA VISIGODA DE SAPATIO a nosotros, pero que podría hacer pensar en el cimiento de una pequeña torre10. El límite occidental, por su parte, reutiliza el trazado de la fachada este de la domus de la insula oriental11, reforzándolo con un segundo muro en algunos puntos. El límite septentrional, por último, se encuentra fuera de los límites de la excavación12. El interior de la necrópolis queda compartimentado a su vez por dos potentes muros de sillares, reutilizados y calzados con ladrillos o tegulae en las juntas, que dividen su interior en tres pequeños espacios rectangulares, orientados de oeste a este13. Estos muros sellaron y conservaron la pavimentación pública original, consistente en grandes losas poligonales de caliza, que también se mantiene en el espacio más meridional. En los otros dos espacios, el área en el que se han excavado las tumbas está pavimentada sobre las mismas con ladrillos reutilizados dispuestos en plano, a veces delimitados por ladrillos colocados de canto, o con mortero de cal combinado con calcarenita machacada. El conjunto de pavimentaciones presenta una superficie uniforme, con una cota media en torno a los 100,00 m.s.n.m. Así, bajo la pavimentación de los dos espacios mencionados se han documentado sendos grupos de tumbas, alineadas en su mayoría de oeste a este, siguiendo la orientación de dichas compartimentaciones de la necrópolis, tumbas a las que hay que sumar otras seis que se alinean transversalmente, de norte a sur, aprovechando los huecos dejados por las primeras, forzadas por las limitaciones de espacio. La tipología de las estructuras funerarias es bastante homogénea, reutilizando en su construcción materiales muy diversos –incluso un ara funeraria romana–, que en muchos casos conservan adheridos restos de mortero de cal de su emplazamiento original. Todas las cubiertas presentan una superficie exterior plana, siendo en la práctica totalidad tres o cuatro losas de calcarenita –en contados casos de caliza o mármol– dispuestas transversalmente a la estructura. La caja de la tumbas, a su vez, de planta rectangular, está constituida en dieciséis de los casos únicamente por ladrillos reutilizados, dispuestos en hiladas de número variable, cementados con tierra; en los otros diez casos, se utilizan sillares o losas de caliza o calcarenita, combinados o no con ladrillos. En cuanto a la base de las tumbas, está constituida en la mayoría de los casos por ladrillos dispuestos en plano o tegulae o, más raramente, se realiza el enterramiento directamente sobre la tierra. Las estructuras funerarias han funcionado a modo de panteones, de manera que al individuo situado en conexión anatómica, en decúbito supino, con las piernas extendidas y las manos apoyadas sobre el tórax o el regazo, le acompañan uno o varios enterramientos secundarios. Tres de las estructuras, a pesar de encontrarse selladas, no contenían inhumación en su interior. Hay que señalar asimismo que en casi todos los casos se documenta la presencia de vasos cerámicos situados junto a la cabecera o la cadera del individuo, formas cerradas de cerámica común, pequeñas jarras o botellas. En tres ocasiones se han localizado, además, recipientes de vidrio. 10. Posibilidad señalada ya en la Memoria de la Fase II de la intervención (Romo 2003a: 111-116). 11. Como se ha visto más arriba, en la zona occidental de la Plaza se ha podido documentar, a ambos lados de un kardo, estructuras domésticas correspondientes a dos insulae, que denominamos “oeste” y “este”; entre la insula este y el peribolos discurre a su vez el que identificamos como Kardo Maximus, amortizado por la necrópolis. 12. De este modo se configura un espacio de 11,31 m de oeste a este por 17,41 m de norte a sur –excavados–, al que habría que sumar en su parte sur el basamento al que se ha hecho referencia, habiéndose excavado en total 171,55 m2. 13. Las dimensiones interiores de estos espacios son 9,64 x 2,22 m –zona sur–, 9,40 x 3,74 m –zona central– y 9,17 x 6,90 m –zona norte–. En el caso de este último espacio, la dimensión norte-sur de 6,90 m se refiere a la distancia que media entre el muro de sillares que constituye su límite meridional y una interfacies de destrucción producida por la excavación de un pozo de cronología bajomedieval cristiana, interfacies que llega hasta el límite norte de la excavación, por lo que no se pueden precisar las dimensiones totales de este espacio, ni si se prolonga la necrópolis en esta dirección. En la Fase II, estos espacios fueron identificados como naves de la basílica (Romo 2003a: 111-116), posibilidad que actualmente se encuentra en estudio por parte del equipo de la Fase III. SPAL 14 (2005) 264 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2005.i14.09 S. GARCÍA-DILS / S. ORDÓÑEZ / J. GONZÁLEZ / M. DE LA SALUD MAGARIÑO / I. LÓPEZ LA TUMBA DE SAPATIO La tumba objeto de estudio ofrece como principal interés para su estudio el ser la única que conserva, además de su ajuar funerario e inhumaciones, una inscripción en su cabecera, referida a uno de los dos individuos que contiene el panteón, en este caso en posición secundaria. La estructura presenta una orientación oeste-este, con la cabecera en el extremo occidental, la más común en el período visigodo (Román 2004: 93). La fosa de la tumba se excava tras retirar o cortar las losas de caliza del Kardo Maximus [UEC- 32041], atravesando su rudus hasta alcanzar los niveles preantrópicos, en este caso un horizonte estratigráfico de origen aluvial, especialmente firme y consistente. Resulta así una fosa de planta ligeramente oval y paredes irregulares de longitud mínima14 de 2,06 m, una anchura aproximada de 1,20 m y una profundidad considerable, de 1,10 m respecto a las losas de la calzada romana. A continuación, se dispuso el revestimiento de las paredes de la fosa, siguiendo la técnica más habitual en este contexto funerario, empleando ladrillos y tegulae reutilizados, cementados con la tierra procedente de la apertura de la fosa, dispuestos en nueve hiladas, configurando una caja de planta ligeramente trapezoidal, de 1,90 m de longitud y 0,60 m de ancho máximo en el extremo oeste, estrechándose 4 cm en la parte opuesta, para ajustarse a la silueta del individuo. La caja de ladrillos, que tiene una profundidad de 0,78 m desde la hilada superior que envuelve las losas de la cubierta, presenta una sección rectangular, con un ligero retranqueo de las dos hiladas superiores para crear una visera o zapata que sirviese para embutir las losas de la cubierta y de esta manera asegurar la fijación de las mismas15. Como se documenta en otras tumbas de la necrópolis16, en los paramentos laterales de la tumba se ubican dos pequeñas hornacinas enfrentadas, próximas a la cabecera17 [Fig. 2]. 14. Puesto que parte de la tumba se introducía bajo el perfil este de la Intervención, no fue posible obtener la longitud total de la fosa excavada previa a la colocación de los ladrillos que conformarían la caja. 15. Esta variante en la disposición de las hiladas de ladrillos no parece haberse documentado en ninguno de los enterramientos analizados en la anterior fase de excavación. En el caso que nos ocupa las dos hiladas del coronamiento presentan un retranqueo que oscila entre los 10 y 14 cm. 16. Se trata de UEC-12396, que presentaba sendas hornacinas en los laterales y una tercera en la cabecera de la tumba, y UEC-12400, con una sola oquedad en el lateral. 17. Los dos huecos son de sección rectangular, con unas dimensiones de 0,30 x 0,10 x 0,12 m –paramento norte– y 0,30 x 0,11 x 0,07 m –paramento sur–. Se encontraban vacíos en el momento de la excavación. Fig. 2. Tumba de Sapatio. SPAL 14 (2005) 265 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2005.i14.09 LA TUMBA VISIGODA DE SAPATIO En general, el conjunto muestra buena factura y consistencia, con paredes bien escuadradas al interior, mientras que en los paramentos exteriores los ladrillos presentan numerosas aristas a fin de reforzar la fijación de la caja a la fosa excavada en el terreno arcilloso. Esta tipología de tumba se repite en necrópolis de ciudades cercanas, como Carmona (Anglada- Conlin 1998: 937-938) y Córdoba (Sánchez 2003:113), y en ámbitos rurales, como Gerena, Cortijo Aparicio El Grande (Gilena), Mata de las Pilas (Lora de Estepa), el Esparragoso (Montellano) o Las Huertas (Pedrera) (Carmona 1998: 89). El fondo de la tumba está constituido por tegulae18 desprovistas previamente de las pestañas laterales, colocadas boca abajo, que aparecieron partidas y levantadas en el momento de la excavación, debido a los empujes del terreno. La cubierta de la estructura, por su parte, está formada por cuatro losas de calcarenita, como en la mayoría de las tumbas de esta necrópolis [Lám. 1]. El ajuar funerario está constituido por una jarrita colocada en el ángulo noroeste de la cabecera de la tumba, que corresponde a una variante del tipo 1 de la necrópolis de El Ruedo (Román 2004: 156), con el asa en ángulo recto [Lám. 2]. 18. Las tegulae tienen unas dimensiones de 0,48 x 0,32 m. Lám. 1. Cubierta de losas de calcarenita de la tumba de Sapatio. SPAL 14 (2005) 266 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2005.i14.09 S. GARCÍA-DILS / S. ORDÓÑEZ / J. GONZÁLEZ / M. DE LA SALUD MAGARIÑO / I. LÓPEZ LA INSCRIPCIÓN Como se ha señalado más arriba, en la cabecera de la tumba se ha conservado in situ, aunque con una fractura antigua, una inscripción relativa a uno de los individuos enterrados en su interior. Lo habitual, según queda de manifiesto en los estudios más recientes de las necrópolis rurales de época tardoantigua y visigoda en la provincia de la Bética, es que se desconozca el contexto arqueológico exacto de la documentación epigráfica19. No es éste el caso de la pieza que ahora se presenta, lo que la convierte en un interesante documento por la posibilidad de combinar ambas evidencias. Así pues, nos encontramos ante una inscripción de época visigoda grabada sobre una placa reutilizada de mármol blanco de grano fino, recortada para adaptarse al campo epigráfico; la esquina inferior izquierda probablemente se había perdido antes de la reutilización [Lám. 3]. La cara frontal está cuidadosamente pulimentada, mientras que el reverso tiene un desbastado fino. La pieza se encontró in situ, aunque fragmentada en dos piezas [Lám. 4], siendo sus medidas las siguientes: 38 x 20 x 2,5 cm. El texto no presenta ninguna dificultad de lectura. Al comienzo de la primera línea se ha grabado una cruz griega que presenta sus extremos muy marcados20. El epígrafe se distribuye en ocho líneas, con una ordinatio no demasiado cuidada en algunos aspectos –como es, por ejemplo, el mantenimiento de la alineación horizontal en algunas de las líneas, a pesar de conservar un pautado doble para cada una de ellas–, si bien es perceptible la pretensión del cuadratario de centrar todas las líneas. Las letras son capitales típicas de la escritura visigoda, de diferentes módulos oscilantes entre 2,5 y 1,8 cm, con refuerzos muy marcados en los pies y extremos de los trazos. Algunas letras se presen- 19. Carmona (1998); Román (2004). 20. Ya J. Vives (1942: 9) pudo establecer que la ubicación de la cruz griega en la Península Ibérica en la primera línea del texto a la izquierda, tal como aparece en nuestro ejemplar, probablemente no es anterior al s. VI d.C. Lám. 2. Ajuar funerario de Sapatio. SPAL 14 (2005) 267 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2005.i14.09 LA TUMBA VISIGODA DE SAPATIO tan sobrelineadas con un trazo recto para marcar abreviaturas, como es el caso de la l. 2 en DI21; en cambio, en l. 3 la marcación supralineal se ha hecho sobre las NN de annos, sin que exista abreviatura, circunstancia ésta, la de la falta de consistencia en el empleo de este tipo de signos en abreviaturas, que ya A. E. Gordon señalara explícitamente22. Marcación de la abreviatura de D de Dies e Idus en l. 6 mediante una línea transversal. Otros rasgos a señalar en relación con las letras son los siguientes: A en l. 1, 2, 3, 5 y 7 sin travesaño horizontal; la F de l. 2 y 6 se ha trazado prácticamente como una E, aunque con el primer travesaño horizontal superando por la izquierda el vertical de forma característica; el trazo horizontal de la L en l. 8 se prolonga por debajo de la cifra siguiente. No se reconocen signos de puntuación. Crux graeca SAPATIO FAMVLVS DI VIXIT ANNOS XXXI RECES SIT IN PACE D V ID FEBRV ARIAS ERA DCLXLVII Sapatio / famulus D(e)i / uixit annos / XXXI reces / sit in pace / d(ies) V id(us) febru / arias era / DCLXLVII Como se ve, se trata de una inscripción funeraria muy simple, cuyo mayor interés epigráfico, aparte de añadir una pieza más al exiguo corpus de inscripciones cristianas de esta ciudad23, estriba en el nombre del difunto y en la datación exacta de la pieza, el 9 de febrero del año 659, por tanto uno de los ejemplares más avanzados que conocemos en la epigrafía provincial, pues 21. Sobre ello, Gordon (1977: 74). 22. Gordon (1977: 63-64). El mismo estudio (ibid.: 64-65) señala el escasísimo número de testimonios de la utilización de estas marcas de abreviaturas para fechas posteriores al 600 d.C., como es el caso que nos corresponde. 23. CIL II2 / 5, 1272 = CILA II.3, 814 = HEp 7, 833; CIL II2 / 5, 1273 = CILA II.3, 815 = HEp 5, 703; a éstas se han de añadir algunos fragmentos de piezas que se adscriben a época visigoda y que, aparecidas en la misma Plaza Mayor de la ciudad en alguna de las fases de excavación, se encuentran actualmente en proceso de estudio. Lám. 3. Inscripción de Sapatio. SPAL 14 (2005) 274 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2005.i14.09 S. GARCÍA-DILS / S. ORDÓÑEZ / J. GONZÁLEZ / M. DE LA SALUD MAGARIÑO / I. LÓPEZ –doble faceta calcáneo astragalina–, que parece contener cierto carácter hereditario según la bibliografía consultada. A MODO DE CONCLUSIÓN A la vista de la información que proporcionan los datos epigráficos y antropológicos, se puede reconstruir la secuencia de la siguiente manera. En un primer lugar, se deposita en la tumba a un adulto joven de entre 30 y 35 años, de sexo masculino [ROH-31672], que con toda probabilidad se trata de Sapatio –del que conocemos la edad por la inscripción, 31 años–. En un segundo momento, estimado como mínimo en torno a treinta años después, considerando la disposición anatómica que presentaban los restos del primer inhumado (Polo 2000), los restos óseos son desplazados hacia la zona inferior de la tumba –excepto el cráneo, que queda en la cabecera34–, y es inhumado en decúbito supino un segundo individuo, preadulto de entre 14 y 17 años y posiblemente masculino [ROH-31668]; es decir, la segunda inhumación se produjo por lo menos a partir del año 690, como terminus post quem, en las postrimerías del mundo visigodo peninsular. BIBLIOGRAFÍA ABASCAL PALAZÓN, J. M. 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