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Itálica (Vetvs Urbs): de las épocas tardorromana, tardoantigua y medieval a su «descubrimiento» en la Edad moderna (ss. XVI-XVII)

Mateos Orozco, Ana; Pérez-Aguilar, Luis-Gethsemaní; Beltrán Fortes, José

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de Historia Natural, en la Sevilla de fi nales del MARÍA TERESA HENARES GUERRA JOSÉ BELTRÁN FORTES Y LUIS MÉNDEZ RODRÍGUEZ, COORD. JOSÉ BELTRÁN FORTES Y LUIS MÉNDEZ RODRÍGUEZ, COORD. MARTA PALENQUE, DIR. MANUEL A. BROULLÓNLOZANO E INMACULADA CASAS-DELGADO, EDS. Itálica es un yacimiento único en el patrimonio arqueológico de España de época romana. Desde el punto de vista histórico, sobresale por ser la primera fundación de Roma en nuestra Península ibérica a fi nes del siglo III a.C. y, sobre todo, por ser lugar de nacimiento de Trajano y patria de Adriano. Desde el punto de vista historiográfi co debe ser resaltado su protagonismo en la historia de la arqueología española desde el siglo XVIII hasta nuestros días. Finalmente, desde la perspectiva arqueológica destaca por la singularidad de sus testimonios, sobre todo, los referidos a la época adrianea, en la llamada (“ciudad nueva”), que se incluye actualmente en el Conjunto Arqueológico de Itálica. Por el contrario, este libro se ocupa del análisis arqueológico de la llamada vieja”), bajo Santiponce, y, más en concreto, del sector NE, puesto en relación con la construcción del teatro y las nuevas edifi caciones públicas que desde época de Augusto se situaron en este sector urbano; estas incluyen una , de enorme interés y, posteriormente, una , según la novedosa hipótesis contenida en uno de los trabajos de esta obra. Se revisan en este conjuntos de materiales (mármoles, conjuntos óseos, esculturas), para concluir en una serie de capítulos de síntesis; escritos por investigadores especialistas en la arqueología italicense. Estos estudios actualizan y marcarán un nuevo horizonte en el conocimiento científi co del yacimiento. . Arqueología del Sector proceso de romanización en el Guadalquivir Inferior” (HAR2017-89004-P), del Plan Estatal de Excelencia – Proyectos I+D. Se ha desarrollado entre los años 2018 y 2021, bajo la dirección de José Beltrán Fortes y José Luis Escacena Carrasco –con adscripción al Departamento de Prehistoria y Arqueología de la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad de Sevilla–, quienes coordinan esta monografía. FERNANDO AMORES CARREDANO DANIEL BECERRA FERNÁNDEZ JOSÉ BELTRÁN FORTES ELOISA BERNÁLDEZ SÁNCHEZ CÉSAR BORJA BARRERA FRANCISCO BORJA BARRERA JOSÉ LUIS ESCACENA CARRASCO ÁLVARO FERNÁNDEZ FLORES ESTEBAN GARCÍA VIÑAS YOLANDA GONZÁLEZ-CAMPOS BAEZA ROCÍO IZQUIERDO DE MONTES ÁLVARO JIMÉNEZ SANCHO MARÍA LUISA LOZA AZUAGA ANA MATEOS OROZCO ESPERANZA MUÑOZ ROLDÁN ESTHER ONTIVEROS ORTEGA LUIS GETHSEMANÍ PÉREZ AGUILAR OLIVA RODRÍGUEZ GUTIÉRREZ JOSÉ MANUEL RODRÍGUEZ HIDALGO Investigaciones arqueológicas en la Vetus UrbsVetus Urbs Vetus Urbs José Beltrán Fortes - José Luis Escacena Carrasco (coordinadores científi cos) https://editorial.us.es Itálica Investigaciones arqueológicas en la Vetus Urbs Sevilla 2021 José Beltrán Fortes - José Luis Escacena Carrasco (coordinadores científicos) Itálica Investigaciones arqueológicas en la Vetus Urbs Colección: Cultura y Patrimonio Núm.: 5 Reservados todos los derechos. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación, sin permiso escrito de la Editorial Universidad de Sevilla. Financiado por: FEDER / Ministerio de Ciencia e Innovación–Agencia Estatal de Investigación / Proyecto Colonia Aelia Augusta Italica. Arqueología del sector NE de la Vetus Urbs de Itálica en el marco del proceso de romanización en el Guadalquivir inferior (HAR2017-89004-P). Comité editorial: Araceli López Serena (Directora de la Editorial Universidad de Sevilla) Elena Leal Abad (Subdirectora) Concepción Barrero Rodríguez Rafael Fernández Chacón María Gracia García Martín Ana Ilundáin Larrañeta María del Pópulo Pablo-Romero Gil-Delgado Manuel Padilla Cruz Marta Palenque Sánchez María Eugenia Petit-Breuilh Sepúlveda José-Leonardo Ruiz Sánchez Antonio Tejedor Cabrera © Editorial Universidad de Sevilla 2021 C/ Porvenir, 27-41013 Sevilla. Tlfs.:954 487 447; 954 487 451; Fax:954 487 443 Correo electrónico: [email protected] Web: https://editorial.us.es © José Beltrán Fortes - José Luis Escacena Carrasco (coordinadores científicos) 2021 © De los textos, sus autores 2021 Impreso en papel ecológico Impreso en España-Printed in Spain ISBN:978-84-472-2294-0 Depósito Legal: SE 2405-2021 Diseño de cubierta y maquetación: [email protected] Impresión: Masquelibros S.L. Motivo de cubierta: Cubierta: Fotografía aérea del sector NE de la Vetus Urbs. Archivo Conjunto Arqueológico de Itálica (C.A.I.). Autor: José Morón (2008) Contracubierta: Restitución ideal de la Vetus Urbs de Itálica (según J. M. Rodríguez Hidalgo y M. de Alba) Índice Presentación José Beltrán Fortes y José Luis Escacena Carrasco ..................... 11 I Introducción Búsquedas y excavaciones arqueológicas en la Vetus Urbs de Itálica. Del sigloXVIII al presente Fernando Amores Carredano / José Beltrán Fortes ................... 19 II Análisis de intervenciones en el sector noreste de la Vetus Urbs de Itálica El sector oriental del tell de Itálica: margas azules, terrazas y calles Álvaro Jiménez Sancho ............................................................... 51 Configuración y evolución de la ciudad romana en el sector noreste del Cerro de San Antonio. Intervenciones arqueológicas en calle Siete Revueltas11 y calle La Feria 25 (Santiponce) Oliva Rodríguez Gutiérrez / Álvaro Fernández Flores .............. 69 El flanco norte del Cerro de SanAntonio: análisis arqueológico de la ocupación. Excavación en calle La Feria 19 (Santiponce) Rocío Izquierdo de Montes .......................................................... 125 Actuación en el sector suroccidental del tell de Itálica. Intervención arqueológica en calle Teodosio 12 (Santiponce) Rocío Izquierdo de Montes .......................................................... 155 ÍNDICE 8 Marmora de Itálica: elementos arquitectónicos en calle LaFeria19 (Santiponce) María Luisa Loza / Daniel Becerra / Rocío Izquierdo / Esther Ontiveros / José Beltrán ................................................... 171 El reciclaje de huesos en el teatro de Itálica. La industria ósea y el taller de eborario del sector norte Esteban García-Viñas / Yolanda González-Campos-Baeza / Eloísa Bernáldez-Sánchez ........................................................... 197 El patrimonio arqueológico orgánico en el teatro de Itálica (Santiponce, Sevilla). Arqueología de los residuos en tiempos de Roma Eloisa Bernáldez-Sánchez / Esteban García-Viñas ................... 219 III Estudios generales El tell de Itálica. Estudio de geoarqueología urbana Francisco Borja Barrera / María Esperanza Roldán Muñoz / César Borja Barrera .................................................................... 243 Itálica antes de Roma José Luis Escacena Carrasco ....................................................... 281 Síntesis arqueológica de época romana en la Vetus Urbs de Itálica José Beltrán Fortes ....................................................................... 317 Acerca del gran ábside junto al teatro de Itálica: ¿Aedes Augusti? Álvaro Jiménez Sancho ............................................................... 351 Las esculturas de la Vetus Urbs de Itálica en contexto. Un recorrido histórico hasta 1900 María Luisa Loza Azuaga / José Beltrán Fortes ........................ 399 ÍNDICE 9 Itálica (Vetvs Urbs): de las épocas tardorromana, tardoantigua y medieval a su «descubrimiento» en la Edad Moderna (ss. XVI-XVII) Ana Mateos-Orozco / Luis-Gethsemaní Pérez-Aguilar / José Beltrán Fortes ....................................................................... 441 IV Documentación gráfica, análisis planimétrico y restituciones en 3D Hitos del urbanismo romano de la Vetus Urbs de Itálica en época de los emperadores Augusto y Adriano. Planimetría y documentación gráfica José Manuel Rodríguez Hidalgo ................................................. 475 Relación de autores ......................................................................... 497 aNa matEoS-oroZCo / LuIS-GEtHSEmaNÍ PérEZ-aGuILar / JoSé BELtráN FortES 446 Figura 5, a-e. Arula anepigráfica del anfiteatro de Itálica. Coronamiento con el foculus (imagen superior) y cuatro laterales con relieves: un toro (cara frontal), un árbol con frutos (cara posterior) y una gavilla de trigo y un racimo de uvas (caras laterales). museo arqueológico de Sevilla. Fotos: m. Camacho moreno. repositorio: Humanidades Digitales uC3m (https:// humanidadesdigitales. uc3m.es/s/inicio/ item/434) ItáLICa (VETVS URBS): DE LaS éPoCaS tarDorromaNa, tarDoaNtIGua y mEDIEVaL a Su «DESCuBrImIENto» 447 Figura 6. Densidad sobre la distribución de contextos tardorromanos y tardoantiguos en Itálica. mapa: L.-G. Pérez-aguilar Figura 7. Contextos arqueológicos tardorromanos y tardoantiguos documentados en Itálica. Plano sobre ortofoto: L.-G. Pérez-aguilar aNa matEoS-oroZCo / LuIS-GEtHSEmaNÍ PérEZ-aGuILar / JoSé BELtráN FortES 448 El mosaico altoimperial que da nombre a la casa de Neptuno se resquebrajó debido a la acción de las arcillas expansivas de la zona. También la techumbre de la casa debió verse afectada por dicho problema, razón por la cual se construyó un pilar de ladrillos junto al muro norte de la domus para reforzar o apuntalar dicha estructura. Evidentemente esto es un claro indicador de que el sitio permaneció en uso, algo también constatado a partir del repertorio cerámico documentado. No obstante, la existencia de una hoguera que afectó al mosaico nos informa sobre reestructuraciones funcionales del espacio o bien hacia un nuevo modus vivendi de los ocupantes. El lugar parece abandonarse en un momento indeterminado entre los siglos IV y V d. C., amortizándose el pavimento de la casa con un estrato que contenía fragmentos de material latericio y de marmora, entre otros (Román 2010: 293-296). La casa de Hylas se construyó entre mediados del sigloII d. C. y comienzos del III d. C., tal y como se deriva de los estudios cerámicos y musivarios efectuados. Tradicionalmente su amortización se fechó entre los siglosIV y V d. C., si bien es cierto que se conocen mal las transformaciones estructurales de su fase tardoantigua. Aún así, la documentación de un amontonamiento de piezas marmóreas, probablemente procedentes de un espacio público, como el Traianeum, debido a la existencia de grosores y de litotipos concordantes (Becerra 2020: 608), hace pensar en posibles remodelaciones que este espacio experimentó en momentos tardíos, reutilizando materiales constructivos expoliados. Sin embargo, el hallazgo de un capitel corintizante (fig. 8) de cierta inspiración bizantina (Domingo 2011: 50-51) ha invitado recientemente a algunos investigadores a prolongar la ocupación del sitio como mínimo hasta el sigloVI d. C., si bien con un uso distinto (Ahrens 2002: 123-124; Román 2010: 296-297). Esta datación tan tardía del capitel ha sido cuestionada siguiendo criterios estilísticos por J.A. Domingo (2011: 51), quien le asigna una cronología que oscila entre finales del sigloIV d. C. y principios del V d. C. Tanto esta pieza arquitectónica como la documentación de algunas tumbas tardoantiguas han llevado a estos mismos investigadores a proponer que la casa de Hylas debió convertirse en un edificio religioso. Pero tampoco se puede descartar que su funcionalidad doméstica se prolongara hasta estos momentos tardíos, acometiéndose reformas y anulándose algunas habitaciones donde se procedió a efectuar inhumaciones esporádicas (Rodríguez Hidalgo et al. 1999: 94). La casa del Planetario (fig.9) también se vio afectada en época tardorromana por la acción de las arcillas expansivas. Sus ocupantes repararon las grietas de los muros y para asegurar el techo emplearon puntales de madera que afectaron al mosaico del Planetario. Posteriormente la unidad doméstica se dividió en dos mediante la construcción de un muro longitudinal. Del mismo modo, la realización de fogatas sobre los mosaicos altoimperiales nos informan de un nuevo modus vivendi de los ocupantes y/o de un uso distinto del espacio en momentos tardíos (Román 2010: 291-292). Este espacio residencial presenta una segunda fase de ocupación que algunos investigadores fechan, sin solución de continuidad, entre los siglosIII-V/VI d. C. (Román 2010: 291). Otros autores, en cambio, detectan un hiato entre ambas fases. Lorenzo Abad (1982: 146-147) fecha el segundo episodio de ocupación entre los siglosIII d. C. y V/VI d. C., por lo que el hiato se produciría de forma breve en el tránsito del alto al bajo Imperio. Estudios más recientes, fundamentados en la revisión actualizada del material cerámico registrado, fechan la segunda fase entre mediados del sigloIV d. C. y finales del V d. C./comienzos del VI d. C. (Ruiz 2013: 95; Vázquez 2012: 266-267 y 269). La domus altoimperial de la casa de las Columnas también siguió teniendo un uso residencial (Vázquez 2012: 266-267 y 269). Es más, en un primer momento su extensión se vio ampliada en detrimento del viario público, al ocuparse el entorno porticado mediante la construcción de estructuras murarías (Román 2010: 290-291). Un ejemplo de unidad doméstica que sí se abandonó en el sigloIII d. C. es el de la casa de la Cañada Honda (fig.10), documentándose además distintos episodios de expolio anteriores al sigloIV d. C. Figura 8. Capitel corintizante procedente de la «Casa de Hylas». Conjunto arqueológico de Itálica. Foto: L.-G. Pérez-aguilar ItáLICa (VETVS URBS): DE LaS éPoCaS tarDorromaNa, tarDoaNtIGua y mEDIEVaL a Su «DESCuBrImIENto» 449 Figura 9. «Casa del Planetario», detalle de la parte meridional del peristilo. Conjunto arqueológico de Itálica. Foto: J. Beltrán Figura 10. «Casa de la Cañada Honda». Conjunto arqueológico de Itálica. Foto: L.-G. Pérez-aguilar aNa matEoS-oroZCo / LuIS-GEtHSEmaNÍ PérEZ-aGuILar / JoSé BELtráN FortES 450 Posteriormente, el lugar pasó a funcionar como vertedero, al identificarse un gran paquete sedimentario interpretado como basurero, y en el que se han encontrado huesos de fauna, vertidos de cenizas y restos cerámicos (Jiménez 2016: 178-183; Vázquez 2012: 260). Sin embargo, recientes excavaciones en el viario de esta misma zona de la Cañada Honda han detectado reparaciones de la calzada que se fechan entre los siglosIII d. C. y IV d. C., siendo amortizado el sector intervenido por el derrumbe de un edificio anexo que tuvo lugar entre finales del IV d. C. y finales del V d. C. (Rogerio y Maestre e.p.), lo que hace pensar que todavía había cierta actividad en esta zona de la ciudad para tales momentos, pese al abandono de múltiples edificaciones que, en todo caso, fueron aprovechadas como canteras de materiales constructivos. De hecho, J. R. Román (2010: 291) sostiene que, para este sector, el único espacio doméstico conocido que no presenta una fase ocupacional anterior a mediados del sigloIII d. C. es el de la casa del Mosaico del Nacimiento de Venus –algo que podía ser discutible–, domus que estuvo ocupada hasta el sigloV d. C. También una taberna meridional de la casa de la Cañada Honda parece haber funcionado como taller lapidario a base de spolia, actuando especialmente sobre el Traianeum (Hidalgo et al. 2018: 48; Becerra 2020: 606-607). El sector de la Vetus Urbs no fue ajeno a la contracción urbanística de la ciudad, aunque aparentemente este fenómeno afectó con menor intensidad a esta zona (cf. figs. 6-7). La intervención efectuada en la calle La Feria, que se ha tratado de manera pormenorizada en otro capítulo, ha permitido constatar que las edificaciones que estaban al pie de la ladera norte del Cerro de San Antonio fueron abandonadas. El área ocupada se replegó hacia la media ladera, donde se construyeron nuevas estructuras entre los siglosIII y IV d. C., a la par que se espoliaban los materiales constructivos de las viejas edificaciones (Izquierdo 2013: 65-66; Izquierdo 2017: 5190). En este mismo sector se asiste a nuevos procesos de abandono en el sigloV d. C., que afectaron a las estructuras existentes a mitad de ladera norte del cerro de San Antonio. No obstante, también se han documentado paquetes de nivelación del terreno que sirvieron para construir nuevos edificios. En los viejos edificios de la parte baja del cerro se han localizado otras zanjas de espolio de materiales constructivos que se han fechado en estos momentos tardíos, así como nuevas estructuras en cuya edilicia se reutilizaron fragmentos de mármol (Izquierdo 2013: 66-69; Izquierdo 2017: 5190-5191). Este espacio de la ciudad se abandona a partir del sigloVI d. C., no detectándose en el registro arqueológico nuevas evidencias de ocupación hasta el sigloXV (Izquierdo 2013: 69-70; Izquierdo 2017: 5191). En la ladera sur del cerro de San Antonio, en el entorno de la plaza de la Constitución de Santiponce, se han identificado distintas estructuras altoimperiales, tanto domésticas como quizás de carácter público; muros que a su vez experimentaron ciertas reformas en el sigloIV d. C. También se han localizado evidencias del viario y del sistema de desagüe. Este espacio urbano de la Vetus Urbs no parece abandonarse antes del sigloV d. C., detectándose a partir de entonces una intensa actividad de expolio (Jiménez 2010: 3048.-3054; Jiménez 2017a: 5210-5212). Un poco más al sureste, en la calle Nuestra Señora del Rosario, se han documentado algunas cimentaciones de edificios –también de difícil interpretación funcional, si bien posiblemente se correspondan con ámbitos domésticos, según su excavador–, así como una calle con cloaca central. El contexto se ha datado en época tardorrepublicana, aunque se le presupone continuidad en el período altoimperial. Ya para el sigloIV d. C. uno de los muros de sillares fue afectado por una fosa de expolio (Jiménez 2017b: 5223-5224), por lo que el sector, o al menos algunos de sus edificios, debió desocuparse, algo que quizás tenga también reflejo en otra intervención arqueológica llevada en el nº 14 de esta misma calle (Martínez Mora 2017a). En la calle Real, nos 20 y 25, se han documentado estancias de almacenamiento que han sido datadas entre finales del sigloII d. C. y mediados del III d. C. Estaban conformadas por muros mixtos de sillares y ladrillos, y enlucidos con estuco. Las estancias tenían pavimentos de mortero hidráulico que anulan a uno anterior de opus spicatum (¿altoimperial?). El suelo de mortero hidráulico se vio afectado por hogueras de la misma época. En tales espacios se localizaron dolia y ánforas tardorromanas más o menos enteras, así como otros ejemplares cerámicos entre los que destacan fragmentos de importación africana. Los excavadores barajan dos hipótesis interpretativas, pudiéndose tratar de un almacén doméstico o un horreum cercano a la zona portuaria de la ciudad. El sitio debió desocuparse entre el sigloIII d. C. y la primera mitad del sigloIV d. C., ya que en la segunda mitad de este sigloel lugar estuvo ocupado por un basurero del que se han rescatado importantes restos faunísticos de bóvidos, cerdos, caprinos y malacofauna, así como vertidos de alfar, monedas, restos vítreos y cerámicos, destacando la vajilla de importación africana. Luego, en la primera mitad del sigloV d. C. este espacio deja de funcionar ItáLICa (VETVS URBS): DE LaS éPoCaS tarDorromaNa, tarDoaNtIGua y mEDIEVaL a Su «DESCuBrImIENto» 451 como basurero para convertirse en cantera de materiales. Se documentan distintas hogueras y zanjas de expolio que buscaban extraer material latericio de los muros tardorromanos. En relación con estos últimos niveles de uso, se han documentado algunos restos de malacofauna y de suidos, destacando colmillos de jabalí que podrían estar informándonos de cierta diversificación de la economía hacia prácticas cinegéticas (Vera et al. 2002: 1081-1084; 2003: 1349- 1352 y 1357-1358; Vázquez 2012: 264 y 268). En la calle de Las Musas nº 11 se excavaron importantes restos de una domus altoimperial que debió igualmente abandonarse en un momento indeterminado entre los siglosIII-IV d. C., ya que se ha documentado un par de zanjas de expolio fechadas entre los siglosIV y V d. C. (Verdugo et al. 2003: 1372, 1382 y 1387). En la calle Silio nº 12, al suroeste de la Vetus Urbs e inmediatamente al norte del arroyo de la Fuente de la Mula, en el cerro del Cernícalo, se han encontrado estructuras altoimperiales interpretadas como restos de unidades domésticas y productivas. De una parte, se halló una estructura parcialmente conservada, con paredes de ladrillos y suelo recubiertos de mortero hidráulico, adoptando las esquinas forma de media caña. Esta especie de depósito o pileta amortizaba a su vez cimentaciones de muros en opus caementicium que pudieron corresponderse con unidades domésticas, hipótesis que cobra fuerza a tenor de la documentación de los restos de una posible columna y de pavimentos de opus tessellatum. Pues bien, la segunda fase ocupacional altoimperial, vinculada tal vez a un entorno productivo, queda amortizada por un paquete sedimentario con restos de material constructivo y con cerámica que ha sido datado en el sigloIII d. C. (Martínez Mora 2017b: 5428), mientras que los niveles de abandono de otros espacios de este contexto habitacional han sido fechados entre el sigloIV d. C. y principios del V d. C. (Larrey et al. 2001b; Romo 2001: 693 y 697). Un poco más al norte, en la calle Rodrigo Caro nos 6 y 11, se constatan posibles contextos domésticos correspondientes a dos fases de ocupación distintas, una del sigloI/II d. C. y otra del III d. C., que amortiza a la anterior, y a la que pertenecen distintos muros de mampostería rematados con un enlucido con decoración pintada policromada, así como pavimentos de opus testaceum y opus figlinum, y una fuente enlucida con placas de mármol, todos probablemente de una misma unidad doméstica; casa que se abandonó entre los siglos IV/V d. C., habiendo episodios de expolio (Larrey et al. 2002: 1072-1074; 2003: 1340-1342). Por su parte, se conocen contextos de materiales arqueológicos en el Cerro de los Palacios, concretamente en la calle Trajano nº 12, que han permitido apuntar hacia la posible existencia de un espacio de uso doméstico con dos fases tardías: una que se fecharía en las décadas centrales del siglo IV d. C. y otra fase datada en el sigloV d. C. avanzado (Vázquez 2012: 264 y 267-268; Ruiz 2013: 95). 1.1.3. La muralla La retracción urbanística italicense conduciría a la construcción de una nueva muralla, que dejaba fuera del recinto intraurbano toda la parte norte de la Nova Urbs (cf. supra figs. 6-7) precisamente donde se han concentrado las excavaciones en el sigloXX. Según los resultados de las prospecciones geofísicas realizadas en 1990-1991 la muralla discurre en su parte más septentrional por el Traianeum, ya perdida su función original (Rodríguez Hidalgo y Keay 1995; Rodríguez Hidalgo 1997; Rodríguez Hidalgo et al. 1999) (fig.11). Presenta una anchura de seis metros y se encuentra jalonada por una serie de bastiones, uno de ellos caracterizado por tratarse de una puerta-bas- tión. Se construyó mediante un forro de ladrillos reutilizados y un relleno de ripio, compuesto a su vez por cascotes de ladrillos, tégulas, tierra y cal (Hidalgo et al. 2018: 57-58). La cronología de este muro defensivo no está exenta de polémica. Los investigadores que la documentaron mediante métodos geofísicos efectuaron asimismo un análisis microespacial que les llevó a proponer una datación tardorromana para la misma (siglosIII-IV d. C.) sobre la base de los materiales localizados en superficie (Rodríguez Hidalgo et al. 1999: 88). En cambio, R. Hidalgo (2003: 121-122) adelanta su datación a época visigoda en consonancia con la Crónica de Juan de Bíclara, entendiendo que la cronología propuesta por los anteriores es demasiado temprana. En relación con esta discusión, E. Ruiz (2013: 86-87) entiende que tan sólo una excavación arqueológica permitiría fechar la estructura con cierto rigor. Esta cautela nos resulta necesaria, más aún cuando un recinto murario puede llegar a presentar distintas fases constructivas y reparaciones. Es más, el Biclarense es claro en este sentido, pues apunta hacia una restitución o reparación de la muralla de la antigua Itálica, y no a una construcción ex novo, cuando el monarca visigodo toma este enclave como campamento regio para luchar contra su hijo Hermenegildo, refugiado en Hispalis (Sevilla): «Leovegildus muros Italicae antiquae civitatis restaurat, quae res aNa matEoS-oroZCo / LuIS-GEtHSEmaNÍ PérEZ-aGuILar / JoSé BELtráN FortES 452 maximum impedimentum Hispalensi populo exhibuit» (Chron. a. 584, 1)2. Recientes cortes estratigráficos llevados a cabo en el sector SO de la probable muralla tardorromana no han podido confirmar fehacientemente una datación tardoantigua de la misma (cf. Hidalgo et al. 2018: 53-59). 1.2. Los espacios funerarios Entre dos y tres son los sectores funerarios conocidos para la ciudad de Itálica en épocas tardorromana y tardoantigua, uno al sur, otro al este y quizás un tercero al norte (Ruiz 2013: 88) (cf. supra fig.7). El cementerio meridional es el denominado de La Alcantarilla o del cerro del Cernícalo.3 En él se ha documentado una veintena de inhumaciones distribuidas en 18 sepulturas simples y en una 2. «Leovigildo restaura los muros de la antigua ciudad de Itálica, lo cual constituyó una gran traba para el pueblo hispalense», según la edición bilingüe (español/latín) de Álvarez Rubiano (1944). 3. El emplazamiento de esta necrópolis ha sido erróneamente situado por I. Sánchez Ramos (2010: 267) y P. Diarte (2012: 169) al noreste del anfiteatro de Itálica. Esta equivocación quizás se deba a la malinterpretación del plano publicado por la excavadora de la necrópolis, ya que en la parte superior del mismo sitúa una ampliación del área intervenida, realmente localizada a unos 100-200 m al sur del Parque de la Almendra de Santiponce (Santana 1995: 742, fig.1). que contiene un enterramiento doble. Unas catorce de las tumbas se hicieron con cajas de ladrillo rectangulares con cubierta de sillares y/o de losas de calzada reutilizadas. Otras cuatro tumbas estaban constituidas por fosas simples con cubierta de tégulas a dos aguas, mientras que la tumba restante estaba constituida por una caja de ladrillos rectangular con cubierta de fragmentos de mármol y de losas de calzada reutilizadas. Los tipos de tumbas, y especialmente el empleo de materiales reutilizados, han llevado a su excavadora a proponer una cronología tardorromana para esta necrópolis (Santana 1995: 743). Sin embargo, el hallazgo de un vasito de cerámica de paredes finas podría atrasar el uso de este espacio al período altoimperial, aunque la mayoría de los enterramientos serían evidentemente tardorromanos. En esta área funeraria no se ha localizado ningún artefacto que permita inferir directamente que los allí enterrados eran cristianos, más allá de una cuestionable e indirecta pista como es el ritual practicado: la inhumación decúbito supino con orientaciones dispares (este/oeste, noroeste/ sureste y suroeste/noreste) y la ausencia o escasez de ajuar. A las inhumaciones conocidas desde antaño podemos sumar las documentadas más recientemente en las inmediaciones del sector SO de Figura 11. Detalle de la muralla tardorromana de Itálica documentada mediante prospección eléctrica. Imagen: J.m. rodríguez Hidalgo et al. (1999: 82) ItáLICa (VETVS URBS): DE LaS éPoCaS tarDorromaNa, tarDoaNtIGua y mEDIEVaL a Su «DESCuBrImIENto» 453 la muralla tardorromana, entre las que destaca un enterramiento infantil en ánfora (cf. Hidalgo et al. 2018: 58-59). La necrópolis de La Vegueta/El Pradillo se localiza en la parte oriental de la ciudad, junto a la vía Hispalis-Emerita (Sánchez Ramos 2010: 266). Allí se localizaron a comienzos del sigloXX unos 70 enterramientos. La dificultad a la hora de interpretarla se debe precisamente al hecho de tratarse de una excavación antigua que no se rige por criterio estratigráfico alguno. Sólo los artefactos hallados en su día por los excavadores permiten trazar una idea general sobre este sector funerario (González Parrilla 2002). La existencia de algunas tumbas de incineración, así como de epígrafes funerarios altoimperiales, de numerario de Adriano entre algunos ajuares y la referencia a «vasos de color rojizo», que podrían corresponderse con ejemplares de terra sigillata gálica y/o hispánica, permiten vislumbrar hipotéticamente un horizonte funerario anterior al período tardorromano (Palol 1967: 282-283; Gil y Pérez 2005). Además de esta posible primera fase de uso, se han distinguido dos más (Sánchez Ramos 2010: 266). La segunda se ha fechado entre finales del sigloIII d. C. y comienzos del IV d. C. A esta pertenecerían 16 enterramientos en sarcófagos de plomo (fig.12), en cistas, que se localizaron junto al decumanus maximus a su salida de la ciudad. Las estructuras de dos de estos enterramientos en sarcófagos estaban a su vez selladas mediante un remate tumular de tipo mensa (Sánchez Ramos 2010: 266). A la tercera fase, datada entre los siglosIV d. C. y V d. C., se ha querido asociar el grueso de las inhumaciones en fosas simples bajo cubiertas de tégulas (Sánchez Ramos 2010: 266). El uso funerario del sector adquiere una mayor importancia a partir de finales del sigloIV d. C., cuando parece experimentar una notable expansión que afecta –como decíamos– incluso al abandonado teatro italicense, en el que se han documentado inhumaciones tardoantiguas (Corzo 1993: 168; Corzo y Toscano 2003; Ruiz 2013: 92 y 111)4. El carácter cristiano de al menos parte de la comunidad allí enterrada se deduce a partir de cubiertas de tumbas de tégulas que estaban decoradas con formas geométricas, vegetales, alfas, omegas, crismones y con temas zoomorfos de simbología cristiana. Motivos decorativos semejantes se han encontrado también sobre las tapaderas de varios sarcófagos de plomo procedentes de este mismo cementerio (Sánchez Ramos 2010: 266). Pero quizás los elementos más destacados que se conocen de este paisaje funerario son una estructura con planta de cruz griega interpretada como posible martyrium tretraconque inspirado en modelos norteafricanos (Ruiz 2013: 112), además de los mosaicos sepulcrales dedicados a una niña de ocho años llamada Antonia Vetia (fig.13) y a una mujer de 30 años llamada Maria Severa (fig.14, a y b) (Palol 1967: 336-337; González Parrilla 2002: 414-415; VV.AA. 2014: nº 89 y nº 90). 4. A estos enterramientos tardorromanos y tardoantiguos debemos sumar cuatro tumbas más excavadas por A. Romo (1999: 584-587) a mediados de la década de 1990; y la que excavó A. M. Canto (1982) a mediados de la década de 1970. Figura 12. Dos sarcófagos de plomo con decoración en las tapaderas, de la necrópolis de La Vegueta-El Pradillo, en Itálica. museo arqueológico de Sevilla. Foto: G. martino aNa matEoS-oroZCo / LuIS-GEtHSEmaNÍ PérEZ-aGuILar / JoSé BELtráN FortES 454 Además de estos dos sectores funerarios quizás podríamos hablar de un tercero, más septentrional. Tal vez estuvo ubicado en ciertas zonas de la antigua Nova Urbs y en el entorno del anfiteatro, donde se han localizado distintos enterramientos5. Sin embargo, la dispersión de tales tumbas dificulta la interpretación de esta hipotética área cementerial como una necrópolis más o menos homogénea, existiendo igualmente la posibilidad de que se traten de inhumaciones aisladas y esporádicas (Ruiz 2013: 89). 5. La adscripción cronológica a momentos tardoantiguos de las tumbas localizadas en el entorno del anfiteatro por Andrés Parladé en 1926 ha sido puesta en duda por E. Ruiz (2013: 89), quien las asocia más bien al período altoimperial. Sin embargo, este mismo investigador (Ruiz 2013) hace alusión a un plano elaborado para las Actas de las Primeras Jornadas sobre Excavaciones Arqueológicas en Itálica (VV.AA. 1982: encarte) en el que se ubica una tumba tardoantigua al noroeste del anfiteatro italicense. 2. DE ITÁLICA A ṬĀLIQA: EL CONTEXTO HISTÓRICO-ARQUEOLÓGICO EN ÉPOCA ANDALUSÍ El estudio de la Itálica medieval, llamada en árabe Ṭāliqa, no ha gozado de popularidad historiográficamente, y por ello los datos que tenemos del asentamiento medieval son escasos y parciales. Debemos, por tanto, relativizar aquello que presuponemos sobre la Itálica andalusí. Solo desde finales del sigloXX encontramos intervenciones arqueológicas que documenten las fases medievales, y, aun así, sus datos son breves, registrando puntuales resquicios de la presencia islámica en el sitio. Si bien es cierto que esta tendencia es algo generalizado debido al tardío desarrollo de la Arqueología Medieval y a su dispar implantación en las distintas zonas de la península ibérica. No obstante, algunos autores previos a este concepto de la Arqueología Medieval se aventuraron al estudio, o al menos, a mencionar este período desconocido del asentamiento. En este sentido son protagonistas los primeros materiales islámicos aparecidos en intervenciones arqueológicas y documentados por Ivo de la Cortina a mediados del sigloXIX en su obra Antiguedades de Italica, donde se reconoce un candil islámico (Cortina 1840: 23-24) (fig. 15). Pese a que solo incluye el dibujo de ese candil, menciona la existencia de restos de carácter árabe y reconoce su admiración por este tipo de objetos. Años después, Demetrio de los Ríos ilustra este mismo candil entre sus dibujos (Fernández 1998: 257; Oria 2012: 273) (fig.16). Entendemos que este elemento no sería el único, pero quizá se consideró el más llamativo o representativo. También Jorge Bonsor, en su obra inédita sobre la Conquista de al-Andalus señala la necesidad de estudiar el período medieval en Itálica. Sin embargo, su breve repaso sobre el enclave en época andalusí contiene errores, ya que la identifica como Ṭalyāṭa, lugar que en la actualidad se ha asimilado con Tejada la Nueva, en Escacena de Campo, en la provincia de Huelva (Mateos-Orozco 2018). La publicación más dilatada sobre la Ṭāliqa medieval es la firmada por Martínez Montávez (1973), que recoge todas las menciones a este sitio de los geógrafos árabes. Esta obra la hemos tomado como referencia a la hora de revisar las citadas menciones en las fuentes escritas que desarrollaremos aquí. A continuación, analizamos las referencias a Itálica recogidas por diferentes autores medievales, así como las intervenciones arqueológicas Figura 13. Lauda sepulcral en mosaico de Antonia Vetia, de la necrópolis de La Vegueta-El Pradillo, en Itálica. museo arqueológico de Sevilla. Foto: m. García Pérez ItáLICa (VETVS URBS): DE LaS éPoCaS tarDorromaNa, tarDoaNtIGua y mEDIEVaL a Su «DESCuBrImIENto» 455 desarrolladas en la actual Santiponce con evidencias materiales de este período. Con ello, pondremos en común los datos que existen en la actualidad sobre la Itálica medieval a modo de estado de la cuestión, y al mismo tiempo, intentaremos dilucidar qué tipo de asentamiento se dio en el lugar durante la Edad Media. 2.1. Las fuentes escritas medievales Itálica, pese a su enorme importancia en época romana, no aparece en ninguno de los relatos sobre la conquista, siendo el Ajbār Maŷmūca el más representativo (Martínez Montávez 1973). Sin embargo, debemos mencionar que la mayoría de los relatos sobre la conquista islámica son muy posteriores a esta, y en ellos se obvian otros lugares con características similares como Hasta Regia (Mesas de Asta, Jerez de la Frontera) o Baelo Claudia (Bolonia, Tarifa). Por otro lado, las crónicas contemporáneas a la conquista, como La Crónica Mozárabe y La Crónica Bizantino-Ará- biga6 (años 754 y 741 d. C. respectivamente), tampoco mencionan este topónimo, pero su carácter es menos descriptivo a nivel territorial que el de las crónicas árabes. Por lo que consideramos que esta información no es sinónimo de inexistencia de ocupación en los primeros momentos de la presencia 6. Estas dos crónicas son las primeras referencias escritas a la conquista islámica de la península ibérica, sin embargo, son textos bastante cortos y que se han conservado de forma muy parcial (Anónimo 1980: 67-71 y 75; Blanco Silva 1999). Figura 14, a-b. Lauda sepulcral de Maria Severa; a. estuco pintado; b. mosaico, superpuesto a la anterior. museo arqueológico de Sevilla. Fotos: m. García Pérez aNa matEoS-oroZCo / LuIS-GEtHSEmaNÍ PérEZ-aGuILar / JoSé BELtráN FortES 462 la sociedad andalusí por el pasado clásico no es algo extraño, sino que se repite en muchas ciudades con características similares. Una prueba de este gusto por lo antiguo es la anécdota de la estatua marmórea encontrada en Ṭāliqa y colocada en la ciudad de Išbīliya, tal y como ocurrió con otros elementos de mármol del pasado romano. En torno al sigloXII d. C. lo que quedaba del asentamiento de Ṭāliqa desaparecería, no apareciendo ya este núcleo citado en ninguno de los itinerarios que recoge al-Idrīsī (1989). De otro lado, la alquería de Šantibūs, cuya cronología de aparición desconocemos, se mantendría tras el repartimiento hasta el traslado de la población de la primera Santiponce a su nuevo asentamiento sobre las ruinas de Itálica, a comienzos del sigloXVII. En el estado actual de la cuestión no podemos saber si la despoblación de Ṭāliqa supone un verdadero trasvase poblacional a Šantibūs, o si, estas dos entidades poblacionales coexistirían en el tiempo. Será la disciplina arqueológica la que permita con futuras investigaciones arrojar más luz sobre este proceso. En contra de la idea tradicional que mantiene que el declive de Itálica tuvo lugar tras la llegada de los musulmanes, el análisis del registro arqueológico parece indicar que ya en la Tardoantigüedad la ciudad habría experimentado toda una Figura 18. Plano con localización de los enterramientos en inhumación en la zona del teatro de Itálica (en la parte inferior); según Corzo y toscano, 2003, II, fig. 5 Figura 19. Enterramientos en inhumación en la zona del teatro de Itálica; según Corzo y toscano, 2003, II, fig. 8 ItáLICa (VETVS URBS): DE LaS éPoCaS tarDorromaNa, tarDoaNtIGua y mEDIEVaL a Su «DESCuBrImIENto» 463 serie de cambios sustanciales, que se correspondería con ser sede de un obispado sufragáneo del de Sevilla. Como hemos visto, es común la no identificación de los materiales arqueológicos de los siglosVII-VIII d. C., lo que puede haber ocasionado la interpretación de desocupación o abandono en muchas de las intervenciones llevadas a cabo en Santiponce. En este sentido es interesante la excavación realizada en la calle Siete Revueltas nº 11, en la que sí conocemos la existencia de materiales característicos del sigloVIII d. C.12. Al no contar con suficientes 12. Agradecemos a la Dra. Oliva Rodríguez Gutiérrez, directora de la intervención, la documentación relativa a la misma. Remitimos al evidencias arqueológicas para época andalusí, no podemos conocer con certeza el devenir del asentamiento en estos momentos, pero sí podemos señalar una ocupación continuada en ciertas áreas de la antigua Vetus Urbs (fig.23; cf. supra fig.6) y usos territoriales y sistemas de explotación vinculados con el reaprovechamiento de materiales constructivos y una extensa producción agrícola. capítulo correspondiente en este volumen. El estudio de materiales y el informe fue realizado por Kerameicos, Grupo de Estudios Cerámicos (2008). Figura 20. Grafitos árabes del castellum aquae del acueducto de Itálica. Conjunto arqueológico de Itálica. Foto: G. martino Figura 21. Cerámica almohade, de Itálica. museo arqueológico de Sevilla. Foto: G. martino. Figura 22, a-c. tres fragmentos de piezas ornamentales con relieve floral, de Itálica. museo arqueológico de Sevilla. Fotos: G. martino aNa matEoS-orozco / Luis-GethseMAní Pérez-AGuiLAr / José BeLtrán Fortes 464 Podemos confirmar por las descripciones del Libro del Repartimiento que en época almohade en este territorio se cultivaban vides, higuerales, olivos y cereales, mostrando un amplio espectro agrícola. 3. EL «REDESCUBRIMIENTO» DE ITÁLICA ENTRE LA BAJA EDAD MEDIA Y LA EDAD MODERNA (SS. XVI.XVII) La conquista cristiana de Sevilla en 1249 por Fernando III, el Santo, incorporó el despoblado de Itálica al reino castellano. Entre 1288 y 1307, Alfonso Pérez de Guzmán, el Bueno, empieza a construir su señorío, fundamentalmente en la costa. Adquiere el Puerto de Santa María, Sanlúcar de Barrameda, Rota, Chipiona, Trebujena, Conil, Chiclana, Vejer de la Frontera y Ayamonte, mientras que en el entorno de Sevilla se hace con La Algaba y con Santiponce (González Jiménez 1988: 135-136). Concretamente en 1298, siendo ya propietario de Santiponce, fundó el monasterio de San Isidoro del Campo, regido por los cistercienses, aunque en el sigloXV serán sustituidos por monjes jerónimos (Respaldiza 2002); el monasterio fue el propietario de las ruinas –hasta las desamortizaciones de 1833–, sirviendo en muchos momentos de «canteras» para piedra y materiales de construcción para los monjes, así como los mármoles sirvieron para hacer cal. También en el amojonamiento del territorio correspondiente a la localidad de Santiponce la Vieja, antes de su traslado a la localización actual a comienzos del sigloXVII, se reutilizaron en ocasiones algunos elementos romanos, como ocurrió en el realizado en el año 1569 (fig.24). La denominación del monasterio se justificaba porque, según una tradición que recogió Lucas de Tuy, el Tudense, el santo habría fundado en este lugar un colegio y allí habrían reposado sus restos, hasta que en 1063 fueron trasladados a León, para fundar la cripta de los reyes leoneses en la Real Colegiata Basílica de San Isidoro (De Tuy 1992; Estévez 1997). En el Libro memorial y Registro de las Posesiones del monasterio se recogía que sus propiedades incluían el lugar de Santiponce, que en aquellos momentos eran una pequeña aldea más cercana al río Guadalquivir, así como el de Sevilla la Vieja, que era como se conocían entonces las ruinas de Itálica. Ello Figura 23. Densidad sobre la distribución de evidencias de época andalusí en Ṭāliqa (santiponce). Mapa: L.-G. Pérez-Aguilar itáLicA (VETVS URBS): De LAs éPocAs tArDorroMAnA, tArDoAntiGuA y MeDieVAL A su «DescuBriMiento» 465 a pesar de que pocos años antes el Tudense consideraba también que eran los restos de la primitiva Sevilla, pero sin perder la referencia a Itálica: «Inveni in cronicis, quod Italica est Hispalis antiqua, unde populata fuit haec Hispalis quae nunc est» (según cita de García y Bellido 1960: 58, nota 131). Tal referencia se pierde en ese mismo sigloen la que es hito de la historia de España durante el Medievo, la Primera Crónica General o Estoria de España que mandó componer Alfonso X el Sabio, cuya segunda redacción se llevó a cabo precisamente en Sevilla entre 1282-1284. Por el especial apoyo del monarca en la ciudad de Sevilla se consagra entonces que las ruinas próximas al monasterio de S. Isidoro del Campo eran el origen de Sevilla, indicándose «que es Sevilla la Vieja, donde fue poblada esta ciudad a que dicen ahora Sevilla, y yace a una legua de ella» (cit. en Gozalbes 2010: 27); ello conforma una tradición que continúa hasta sobrepasar la Edad Media. Ya bajo el reinado de Carlos I de España, con motivo de sus esponsales en Sevilla en el año 1521 con la portuguesa Isabel, recaló en la ciudad el embajador veneciano Andrea Navagiero (Brothers 2015), quien visitó las ruinas de Itálica, poniendo en duda que fuese el origen de Sevilla, «…perche Sevilla era dove è», y concluyendo que debían ser las de la ciudad romana de Osset, que refería Plinio el Viejo que estaban en aquella zona del Guadalquivir (Navagiero 1563: 14r-14v). Por el contrario, Osset se sitúa en el actual San Juan de Aznalfarache (Correa 2016: 415-416; Pérez-Aguilar 2017). En ese período, en Sevilla, sobresale la figura de Luis de Peraza, quien escribe su obra Antiquissimo origen de la Ciudad de Sevilla, la primera historia de la ciudad (Peraza 1535; 1979). Para magnificar los orígenes urbanos, que según la tradición medieval fue fundada por Hércules, y mantener su vinculación a las grandiosas ruinas de Itálica, contempla una doble fundación del semidiós: primero la de Sevilla la Vieja, «de mui grande sumptuosidad, cuia traza parece contener en si 4 distintas partes, que abrazaban en medio de si la casa Principal, que agora en Sevilla la Vieja llaman Coliseo… de mui sumptuoso templo, mui gran Coliseo, mui hermoso Teatro, y mui cercado de gradas… asimismo la cercò de mui altos y mui fuertes muros»13; y luego «… mucho maior en cantidad, y ca- 13. Las ruinas no estaban en aquellos momentos infrapuestas a la localidad de Santiponce, que se encontraba en una zona más próxima al Guadalquivir, ya que solo en 1603 –aunque R. Caro dice que ello sucedió en 1595 (Caro 1634: 112v)–, debido a las continuas riadas que sufría, los monjes jerónimos permitieron su traslado a la zona alta, encima de la Vetus Urbs de Itálica. Por ello es menos lógica la aseveración de L. de Peraza, que debía de conocer bien el lugar, de que lidad, … la Real cibdad de Sevilla, en la qual agora vivimos, edificò…» (Peraza 1535: 70r-70v). También se apunta en otro lugar de esta obra la identificación de Sevilla la Vieja con Itálica, cuando afirma: «…porq(ue) también ubiesse en España memoria del nombre de su Patria llamò a Sevilla la vieja Italica; porque a essotra Sevilla decirle que dexasse el nombre de Hispalis, que de Hispalo su primer fundador avia tomado, era excussado quererlo pensar assí: Assi que desde allí Sevilla, la qual agora llamamos vieja, se llamò Italica; y los vecinos della, que son los sevillanos se llamaron itálicos… y por la misma causa Italica es la misma q(ue) Sevilla, y Sevilla es la misma que Italica, y esto averiguado quedese assi» (Peraza 1535: 53r). La cuestión vuelve a surgir en el Libro de Grandezas y Cosas memorables de España de Pedro de Medina, que se publicó en Sevilla en 1548: escribe que la ciudad antigua que era citada como Sevilla la Vieja nunca se llamó así, sino que había perdido su nombre antiguo y se le había denominado de aquella manera por su cercanía a la capital sevillana. Añadió el Anfiteatro o Coliseo ocupaba el centro de la antigua ciudad, pues se encuentra en su extremo septentrional. Por otro lado, la referencia a la cerca de altos y fuertes muros bebe de la tradición medieval, recogida en una inscripción colocada en la Puerta de Jerez en el sigloXVII, que decía: «Hércules me edificó, Julio César me cercó de muros y torres altas…»; una nueva licencia del autor, ya que la letrilla se refería a Sevilla, Hispalis, y no a Itálica (Caballos 2017: 24). También en la Alameda de Hércules, construida hacia 1574, se colocaron sendas estatuas modernas de Hércules y de César sobre dos grandes columnas romanas (Solís 2012, con bibliografía anterior). Figura 24. Fragmento de escultura, de itálica, que fue reutilizada como piedra mojonera en las tierras de la villa de santiponce, la Vieja, en 1569; según González Moreno, 2002, 43 AnA MAteos-orozco / Luis-GethseMAní Pérez-AGuiLAr / José BeLtrán Fortes 466 que, aunque algunos la identificaban como Itálica –seguramente en referencia a Peraza, aunque no lo cita expresamente–, debía de ser Osset –en la línea de A. Navagiero–, y que: «A esta ciudad destruyeron los moros quando entraron en España. En su asiento parece aver sido gran pueblo, tiene muchos pedaços de edificios muy antiguos. Mayormente uno a manera de coliseo hecho con muchas puertas o ventanas…» (Medina 1548: 52v). A pesar de ello la imagen que ilustra el lugar en el capítulo dedicado a Sevilla la Vieja en su obra no recoge nada de las ruinas arqueológicas, sino que representa al monasterio entre colinas y árboles, junto al Guadalquivir, que se ondula entre un esquemático paisaje de ribera fluvial. Quien dilucida la cuestión finalmente fue el cronista regio y gran humanista Ambrosio de Morales, en su magnífica obra Antiguedades de las ciudades de España (Alcalá de Henares, 1575), donde da argumentos para ello: las referencias del Itinerario de Antonino, las del enfrentamiento de Leovigildo y Hermenegildo, algún episodio de la vida de San Geroncio y el hecho de que en el Repartimiento cristiano y aún en su época se conociera el lugar como Campos de Talca, derivado de Itálica, negando que fuera Osset o incluso Munigua, la actual Mulva, en el término de Villanueva y Río Minas, como parece que aseveraban otros (Morales 1575: 83v). Además, añadía un hecho singular, que a partir de entonces será piedra de toque para todos los que se acercaban a las ruinas o a su estudio: el hecho de que en aquel lugar, Itálica, fuera «cuna de emperadores», ya que habría nacido en ella Trajano, Adriano y Teodosio, siguiendo la tradición española. Aunque el sitio seguía denominándose por aquellos eruditos humanistas como Sevilla la Vieja, ya no quedaba dudas sobre que allí se asentó Itálica, patria de los emperadores «españoles», Trajano, Adriano y Teodosio, como quería la tradición hispana. Así queda en evidencia en el libro publicado en Sevilla de Alonso de Morgado, Historia de Sevilla: en la qual se contienen sus antiguedades, grandezas y cosas memorables (Morgado 1587), pues indica claramente que Sevilla fue la ciudad romana de Hispalis, sin ninguna vinculación con las ruinas de Itálica. De forma paralela, frente a aquella imagen que hemos comentado de Sevilla la Vieja dada por Pedro de Medina, sin contenidos arqueológicos, comienzan ya en el sigloXVI a testimoniarse otras imágenes que sí las ofrecen; siempre ponen su foco en el anfiteatro, que era el resto más llamativo de las ruinas, aunque a veces en los textos era confundido con un teatro (Bellido 2009). Aún no se había producido el traslado de la anterior Santiponce al lugar de la Vetus Urbs de Itálica, pero en esas imágenes, que en muchos casos rellenaban un paisaje externo a las representaciones de Sevilla, aparecen siempre dos hitos: el anfiteatro romano y el monasterio de S. Isidoro del Figura 25. Vista de sevilla, con el anfiteatro de Itálica y el monasterio de S. Isidoro del Campo en la parte superior izquierda (detalle), publicada en el tomo IV de la obra de G. Braun y F. Hogenberg, Civitates Orbis Terrarum (Colonia 1588) itáLicA (VETVS URBS): De LAs éPocAs tArDorroMAnA, tArDoAntiGuA y MeDieVAL A su «DescuBriMiento» 467 Campo, como sucede por ejemplo, entre otros que se copian entre sí, en el tomo IV del Civitates Orbis Terrarum de Georg Braun y Frans Hogenberg, editado en Colonia en el año 1588 (Caballos et al. 1999: 40-41; Luzón 1999: 20; Beltrán e.p.) (fig.25). Elocuente y mejor documento arqueológico es el dibujo que del sitio realizó Anton van den Wyngaerde en años antes, en 1567, también durante el reinado de Felipe II, en el que solo se representa el anfiteatro en el centro y, en la parte baja, el monasterio, obviando la distancia y los restos arqueológicos intermedios (Luzón 1999: 26; Rodríguez Hidalgo 2012: 15-16) (fig.26). En el sigloXVII, a pesar del desarrollo de la anticuaria, no se proyecta sobre el yacimiento ningún estudio que analizara en profundidad aquellos restos. Tan solo podemos destacar el interés del erudito y poeta sevillano Rodrigo Caro, tanto en la poesía como en la prosa (Beltrán 2010). Para lo primero sobresale su Canción a las Ruinas de Itálica, obra cumbre la poética de las ruinas, que será típica del Renacimiento tardío y el Barroco (León 1993: 31- 37); en aquellos sublimes versos identifica Caro las principales construcciones antiguas: plaza, templo, gimnasio, termas, torres y, sobre todo, el anfiteatro (Cortines 1995: 122-150). Para lo segundo, debemos acudir a su magna obra sobre las Antiguedades y Principado de la ilustrissima Ciudad de Sevilla, y Chorographia de su convento Iuridico, o antigua Chancilleria, editada en Sevilla en 1634; no obstante, en las páginas que le dedica no hace un acercamiento «arqueológico», como realiza en el caso de Hispalis-Sevilla, sino más bien histórico con base en las fuentes literarias. Destaca, sobre todo, la vinculación de los emperadores Trajano, Adriano y Teodosio con Itálica como lugar de origen, y brevemente –en una página– menciona aquellos mismos hitos de una manera algo más amplia, en que de nuevo sobresale el Anfiteatro. También añade algunos otros datos que se debían referir ya a la Vetus Urbs y donde será que en la centuria siguiente comiencen a concentrarse las intervenciones, sobre todo, a la búsqueda de esculturas e inscripciones: «Yo vi allí casi la Capilla Mayor de un templo, que todavia perseveraba: ya oi no queda casi nada della. Tambien quedan casi sepultadas debaxo de tierra unas Thermas, que aun el tiempo no ha podido desbaratallas, muchos cimientos de torres, y otros edificios… un edificio hecho de bóveda, que con las muchas ruynas casi lo cubre la tierra. Otro estaba en un cerro hecho de bóveda, todo de ladrillo, y parecía sala de armas, y este todavia persevera entero» (Caro 1634: 112v). Con Rodrigo Caro se consagra el prestigio de la «imagen» de Itálica, que se acrecentó en los siglos venideros (León 1993; 2012). 4. BIBLIOGRAFÍA ABAD CASAL, L. (1982): «Estratigrafía en la «Casa de las Columnas»», en Itálica (Santiponce, Sevilla). Actas de las Primeras Jornadas sobre Excavaciones Arqueológicas en Itálica: 134-202. Madrid, Ministerio de Cultura. AHRENS, S. (2002): «Arquitectura y decoración arquitectónica de época paleocristiana y visigoda en Itálica (Santiponce, prov. Sevilla)», Romula 1: 107-124. AL-BAKRĪ (1982): Geografía de España (Kitāb al- Masālik wa-l-Mamālik). Traducción de E. Vidal Beltrán. Zaragoza, Anubar. AL-HIMYARI (1963): Kitab ar-Rawd Al-Mi’tar. Traducción de P. Maestro González. Valencia, Anubar. AL-IDRĪSĪ (1989): Los caminos de al-Andalus en el sigloXII según «uns al-muhaŷ wa-rawḍ al-furaŷ» Figura 26. Dibujo de Anton van den Wyngaerde, en 1567, del anfiteatro de Itálica y el monasterio de S. Isidoro del Campo, en Santiponce AnA MAteos-orozco / Luis-GethseMAní Pérez-AGuiLAr / José BeLtrán Fortes 468 (solaz de corazones y prados de contemplación). Traducción de J.A. Mizal. Madrid, CSIC. ALVAR EZQUERRA, J. (2012): Los cultos egipcios en Hispania. Besançon, Université de Franche-Comté. ÁLVAREZ RUBIANO, P. (ed., 1944): La crónica de Juan Biclarense. Versión castellana y notas para su estudio. Barcelona, Balmesiana. ANÓNIMO (1980): Crónica mozárabe de 754. Edición crítica y traducción por J.E. López Pereira. Zaragoza, Anubar. BECERRA FERNÁNDEZ, D. (2020): «Expolio y reutilización de materiales marmóreos del Traianeum italicense. Balance historiográfico y nuevas líneas interpretativas», en P. Mateos y C.J. Morán (eds.), Exemplum et Spolia. La reutilización arquitectónica en la transformación del paisaje urbano de las ciudades históricas 2 (Mytra 7): 603-611. Mérida, CSIC-Junta de Extremadura. BECERRA FERNÁNDEZ, D. y BELTRÁN FORTES, J. (2020): «Sobre soportes epigráficos. 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