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Guerra, franquismo y transición: los gobernadores civiles en Andalucía (1936-1979) [Informe]

Ponce Alberca, Julio; García Bonilla, Jesús; Ramos Sánchez, Diego

Abstract

El Centro de Estudios Andaluces acaba de colgar en su página web el informe Guerra, Franquismo y Transición. Los gobernadores civiles en Andalucía (1936-1979). Coordinado por el profesor de la Universidad de Sevilla (Julio Ponce Alberca), el informe, en el que han participado los investigadores Jesús García Bonilla y Diego Ramos Sánchez, está a disposición de todos los interesados que quieran consultarlo libremente, ya que se enmarca dentro del proyecto Factoría de Ideas, una ventana virtual abierta a todas las reflexiones, líneas de investigación y análisis de tendencias que se generen en consonancia con las áreas temáticas que aborda el Centro de Estudios Andaluces. El estudio se constituye en una aportación fundamental al estudio del Franquismo y la Guerra Civil en Andalucía, ya que hasta ahora no se había realizado una investigación en profundidad sobre el papel que jugaron estos importantes representantes del gobierno, tanto en el desarrollo de la contienda, como en la instauración y consolidación del régimen de Franco. Los investigadores recogen en este texto el dispar destino de los gobernadores civiles andaluces en los días que siguieron a la sublevación del 18 de julio de 1936. Asimismo, inciden en la difícil encrucijada que les tocó vivir, por un lado, al tener que enfrentarse a los militares insurrectos, y por otro, a los comités populares que se erigieron en verdaderos los organizadores de la resistencia. Los historiadores desentrañan las acciones de quienes fueron nombrados, bien por el Gobierno de la República bien por los insurrectos, como un arma más para combatir al otro bando en tiempo de lucha. En segundo lugar, la obra detalla el complejo papel desempeñado por estos mandos designados en provincias por la dictadura de Franco para que interrelacionasen con las élites locales, el partido único, y convirtiesen en hechos las políticas del nuevo gobierno franquista. Finalmente, el estudio se detiene en la importante contribución de los gobernadores civiles en la construcción de la reforma política sancionada por el referéndum constitucional de 1976.

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factoríadeideas Memoria IF014/08 Guerra, Franquismo y Transición Los gobernadores civiles en Andalucía (1936-1979) Julio Ponce Alberca (coord.) Jesús García Bonilla Diego Ramos Sánchez Universidad de Sevilla Guerra, Franquismo y Transición Los gobernadores civiles en Andalucía (1936-1979) IF014/08 Julio Ponce Alberca (coord.) Jesús García Bonilla Diego Ramos Sánchez Universidad de Sevilla 2 Trabajo de investigación financiado por el Centro de Estudios Andaluces (referencia MHIF 2.007/008) Edita: Fundación Centro de Estudios Andaluces, Consejería de la Presidencia, Junta de Andalucía. © Fundación Centro de Estudios Andaluces Bailén, 50, 41001 — Sevilla Tel.: 955 055 210 Fax: 955 055 211 www.centrodeestudiosandaluces.es Octubre de 2008 ISBN 978-84-691-6712-0 Depósito legal: SE-5412-2008 factoríadeideas 3 Índice Parte I: Guerra y Poder. Los Gobernadores cIvILes en andaLucía (1936—1939) .................. 7 1. La quiebra de la guerra y la división de andalucía .......................................................................... 7 2. Gobernadores en la andalucía de Franco ..................................................................................... 16 2.1. Cádiz ....................................................................................................................................................19 2.2. Córdoba ................................................................................................................................................22 2.3. Sevilla ...................................................................................................................................................24 2.4. Granada ................................................................................................................................................28 2.5. Huelva ...................................................................................................................................................30 3. Gobernadores en la andalucía de la república ............................................................................. 34 3.1. Almería ..................................................................................................................................................37 3.2. Jaén ......................................................................................................................................................44 3.3. Granada ................................................................................................................................................47 3.4. Córdoba ................................................................................................................................................50 3.5. Málaga ..................................................................................................................................................53 4. Fuentes y bibliografía .................................................................................................................. 56 Parte II: GobIerno y Poder en La andaLucIa deL FranquIsmo. GobIernos y Gobernadores cIvILes (1936-1975) ...................................................................... 59 1. Introducción ................................................................................................................................ 61 2. el marco legal de los gobernadores bajo el franquismo ................................................................ 66 3. Los gobernadores civiles del franquismo en andalucía ................................................................. 71 3.1. Almería, de la vieja política al autoritarismo ..............................................................................................71 3.2. La relativa inestabilidad de Cádiz .............................................................................................................74 3.3. Córdoba ................................................................................................................................................77 3.4. Estabilidad granadina .............................................................................................................................79 3.5. Huelva, del falangismo al desarrollo .........................................................................................................80 3.6. El control político de Jaén .......................................................................................................................82 3.7. Málaga ..................................................................................................................................................84 3.8. La difícil Sevilla .....................................................................................................................................86 4. representantes del estado central en las provincias: entre la confianza y la lealtad ...................... 88 5. La compleja interacción con el mundo político local ..................................................................... 97 Parte III: La transIcIÓn LocaL en andaLucía. GobIernos cIvILes y reForma PoLítIca (1975-1979) ............................................................................................... 121 1. La primera autoridad provincial ................................................................................................. 123 2. Los gobernadores civiles en las provincias andaluzas ................................................................. 130 3. de la muerte de Franco a las primeras elecciones libres ............................................................ 132 4. La legislatura constituyente ....................................................................................................... 141 5. Gobernadores civiles y ayuntamientos ....................................................................................... 151 6. Fuentes y bibliografía ................................................................................................................ 158 Parte I Guerra y poder. Los gobernadores civiles en Andalucía 1936—1939 Julio Ponce Alberca Jesús García Bonilla Universidad de Sevilla abrevIaturas utILIZadas AGA Archivo General de la Administración (Alcalá de Henares, Madrid) AGGC Archivo General de la Guerra Civil (Salamanca) AP Alianza Popular BOE Boletín Oficial del Estado CNT Confederación Nacional del Trabajo CCOO Comisiones Obreras ETA Euskadi Ta Askatasuna FE Falange Española FET—JONS Falange Española Tradicionalista y de las Juntas de Ofensiva Nacional—Sindicalistas FRAP Frente Revolucionario Antifascista y Patriota GRAPO Grupos de Resistencia Antifascista Primero de Octubre IRYDA Instituto de Reforma y Desarrollo Agrario JAP Juventudes de Acción Popular MCA Movimiento Comunista de Andalucía OCDE Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico PCE Partido Comunista de España PNV Partido Nacionalista Vasco PS Político Social PSA Partido Socialista de Andalucía PSOE Partido Socialista Obrero Español PSP Partido Socialista Popular PSUC Partit Socialista Unificat de Catalunya PTE Partido del Trabajo de España TERMC Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y el Comunismo UCD Unión de Centro Democrático UGT Unión General de Trabajadores 7 1. La quiebra de la guerra y la división de Andalucía Como delegados del Gobierno, durante las jornadas en las que la sublevación tomaba definitivamente cuerpo, los gobernadores civiles desempeñarían una función muy relevante. Los militares alzados tenían, como parte de sus planes, el objetivo principal a corto plazo de la rendición de los representantes del gobierno de Madrid, la conquista de los centros de poder local (gobiernos civiles, ayuntamientos y diputaciones provinciales, órganos del poder judicial, delegaciones ministeriales) y la neutralización de las sedes políticas y sindicales. Así pues, el momento excepcional de los primeros días de confusión tras el golpe de estado emplazó a los gobernadores en una difícil encrucijada para la que no estaban preparados y a la cual no podían hacer frente con sólidos medios. Veamos un primer ejemplo. En el caso de Almería, el comandante militar teniente coronel Huerta Topete mantuvo contactos con el gobernador Peinado Vallejo con la intención de llegar a un acuerdo por el que éste debía desarmar a las milicias a cambio de la promesa, por parte del militar, de mantenerse leal a la República. Durante esos días de tensa espera, el gobernador almeriense estuvo en comunicación con su homólogo granadino, el cual se encontraba en una situación de similares características. Finalmente, el intento por llegar a una transacción se vino abajo definitivamente cuando fue proclamado el bando con la declaración del estado de guerra y, acto seguido, la sede del Gobierno Civil fue sitiada por los partidarios de la República. Auxiliado por guardias de asalto y soldados de aviación procedentes del aeródromo granadino de Armilla, sus defensores consiguieron resistir hasta la llegada del destructor Lepanto que, tras la amenaza de ejecutar un bombardeo, decidió la suerte en favor de las fuerzas republicanas al forzar a los alzados a la rendición1. En la provincia de Jaén, la correlación de fuerzas en aquel momento no era favorable para un intento de sublevación, pues a los escasos contingentes de fuerzas militares y policiales se unía la fuerte implantación y movilización de la militancia obrera, en especial, la de filiación socialista. Al decidir armar al pueblo, el gobernador Rius fue el primero en desmarcarse de la línea de actuación general dictada por el gobierno de Casares Quiroga, partidario de mantener a las organizaciones 1 QUIROSA-CHEYROUZE Y MUÑOZ, Rafael (1986): Política y Guerra Civil en Almería. Almería, Editorial Cajal, pp. 112-119. Guerra y poder. Los gobernadores civiles en Andalucía (1936-1939) 14 Factoría de Ideas Centro de Estudios Andaluces En cuanto al curso político seguido en el territorio controlado por las fuerzas sublevadas, habría que tener en cuenta la ausencia de un bien definido protocolo a seguir para el establecimiento de un nuevo equilibrio político más allá del corto plazo. El diseño preparado durante la conspiración se limitaba a poner momentáneamente un directorio militar tras la erradicación de las autoridades leales, dentro de lo que podría considerase una dictadura republicana. Sin embargo, el éxito sólo parcial con el que se saldó la sublevación impidió que fuese llevado a cabo aquel designio de manera homogénea para todos los territorios. El día 23 de julio se creaba en Burgos una junta de altos mandos militares que representaban a los principales jefes de la zona norte: la Junta de Defensa Nacional. Liderada por el general más veterano, Miguel Cabanellas, declaraba asumir todos los poderes del Estado y la representación ante las potencias extranjeras14. La declaración del estado de guerra se hizo extensible a todo el territorio nacional, con la consiguiente subordinación del orden y administración civil a la dirección militar. Como resolutivamente se expresaba el gobernador civil de Cáceres, Fernando Vázquez Ramos, pocos días después en una misiva a un comandante de puesto de la Guardia Civil: “Participo a usted que en esta provincia no existe más autoridad legítima que el comandante militar, por estar declarado el estado de guerra y por lo tanto él es el único que asume el mando, y el que dará las órdenes correspondientes o el que suscribe, comandante de la Guardia Civil, por delegación Francisco: La Guerra Civil en Córdoba (1936-1939)… op. cit. 14 Boletín Oficial de la Junta de Defensa Nacional 25-7-36. de éste, siendo de quien únicamente recibirá instrucciones que llevará a su cumplimiento sin regateo de ningún género y reprimiendo enérgicamente cualquier movimiento. Le repito, no acate más órdenes que las del comandante militar, única de la autoridad de la provincia”15 Resueltamente y con decida vocación de ruptura, la misma Junta de Defensa Nacional establecía la disolución de los gobiernos civiles conformados antes del 18 de julio16. El verdadero poder se articulaba en torno a la posibilidad de mandar tropas que estuviesen desde el punto de vista estratégico en una posición de proyección. Es el caso de los generales Mola, Queipo y Franco, hombres que destacaron por llevar la iniciativa de la guerra durante las primeras semanas. En torno a esos y otros militares se articularon centros de poder con un alto grado de autonomía, en lo que Javier Tusell ha denominado policentrismo. En Andalucía Occidental, el caso del general Queipo de Llano llegó a ser paradigmático. Su labor legisladora, que se desarrolló principalmente durante los primeros meses de guerra, llegó a alcanzar la redacción de setenta y nueve bandos y de treinta y ocho órdenes17. Con el propósito de mantener bajo cierto punto de supervisión al general Jefe del Ejército del Sur y de publicitar su propia imagen, Franco contaba en Sevilla con un cuartel de enlace capitaneado por uno de sus hombres de confianza, el coronel Luis Vi- 15 Extraído de CHAVES PALACIOS, Julián (2000): Violencia política y conflictividad social en Extremadura. Cáceres 1936. Cáceres, Diputación de Badajoz y Diputación de Cáceres, p. 198. 16 Boletín Oficial de la Junta de Defensa Nacional 30-7-36. 17 TUSELL, Javier (1993): Franco en la Guerra Civil. Una biografía política. Barcelona, Tusquets. p. 43. 15 Título obra Guerra y poder. Los gobernadores civiles en Andalucía (1936-1939) llanueva, quien lejos de desarrollar una fructífera labor, sólo cosechó desdén y aislamiento18. Las directrices emanadas desde la Capitanía sevillana se extendían por las provincias bajo su mando mediante el concurso de los gobernadores civiles. El nombramiento de éstos en la primera fase de la guerra recayó en el general Queipo, quien contó con personas de su personal confianza para el desarrollo de aquella responsabilidad. El grado de autonomía respecto a un poder central en gestación era tal que no es infrecuente encontrar en los expedientes personales de esos primeros gobernadores nacionales oficios de meses después en los que se daba cuenta del lugar, tiempo y modo por el que los gobernadores habían tomado posesión. No es de extrañar pues que en esa situación no apareciera hasta principios de noviembre —ya en el Boletín Oficial del Estado— la lista de los gobernadores en ejercicio19. Incluso con la conformación de la Junta Técnica del Estado y el establecimiento de un Gobierno General, encargado de la coordinación de la vida civil en retaguardia, Queipo de Llano mantuvo la iniciativa en el nombramiento y cese de sus gobernadores, sólo pendiente de la aprobación del Jefe del Estado a través de su Secretaría20. 18 BAHAMONDE Y SÁNCHEZ DE CASTRO, Antonio (2005): Un año con Queipo de Llano: memorias de un nacionalista. Sevilla, Espuela de Plata. p. 102. 19 BOE 20-11-36 No deja de ser significativo que de los treinta y dos gobernadores de las provincias ocupadas por aquella fecha, diecinueve fueran militares en activo, ocho militares retirados y los cinco restantes civiles. 20 Como es visible en los expedientes de los primeros gobernadores, especialmente en los de la provincia de Huelva o Málaga. AGA Sección Gobernación Cajas 44/18993, 44/19046, 44/18996 y 44/18979. Además de procurar la prestación de servicios públicos y de asegurar el orden en las tareas productivas, los nuevos gobernadores civiles de los alzados, siempre plegados a los designios de las autoridades militares, tan pronto como accedieron a sus cargos intentaron extender la sublevación mediante la llamada a los puestos de la Guardia Civil. Éstos debían publicar el bando con la declaración del estado de guerra, detener a las autoridades locales del Frente Popular y dar posesión a comisiones gestoras de nuevo cuño entre personas de indudable filiación derechista. El heterogéneo panorama provocado por la diferente evolución de los acontecimientos en uno y otro bando se consolidaría gracias al tiempo brindado por una guerra que, en absoluto, iba a resultar un breve paseo militar. 16 Factoría de Ideas Centro de Estudios Andaluces 2. Gobernadores en la Andalucía de Franco Pasadas las primeras semanas de violencias y excesos sangrientos, los principales líderes del ejército sublevado concluyeron que era necesario un mando único para la eficaz conducción de la guerra. La elección final del jefe del Estado de la España insurrecta recayó en la persona del general Francisco Franco, quien por el decreto de la Junta de Defensa Nacional de 29 de septiembre pasó a ostentar el máximo poder civil y militar simultáneamente, con su designación como Jefe del Gobierno del Estado y de Generalísimo de las fuerzas nacionales de tierra, mar y aire21. Pese a que tal concentración provocó importantes recelos entre algunos de sus compañeros, el proceso de incremento del poder personal del Caudillo no conocería importantes obstáculos desde ese instante. En el decreto mencionado se hablaba ya de los poderes y orientación del Nuevo Estado, aunque por la trayectoria legislativa de la Junta de Defensa Nacional ya se había vislumbrado claramente la ruptura con el régimen republicano. De manera complementaria, pocos días después se publicaba la ley de primero de octubre por la que de manera explícitamente transitoria se articulaba un embrión de arquitectura administrativa basada en los principios de autoridad, unidad, rapidez y austeridad22. La disposición contenía la creación de la Junta Técnica del Estado, organismo articulado temáticamente en torno 21 Boletín de la Junta de Defensa Nacional 30-9-36. 22 BOE 2-10-36. a comisiones23 y que tenía en su presidente el encargado de la coordinación de los diferentes departamentos. Sin embargo, las decisiones de la mayor trascendencia política eran tomadas desde otras de las nuevas instancias creadas que pivotaban en torno al jefe del Estado, como su Secretaría General, la Secretaría de Relaciones Exteriores, o la Secretaría de Guerra24. Al Gobierno General, una de las recién concebidas instituciones, se le encomendaba “la inspección de las provincias ocupadas y cuanto se refiere a la organización de la vida ciudadana, abastos, trabajo y beneficencia, en estrecha relación con las autoridades de las mismas y con los departamentos correspondientes de la Junta Técnica del Estado”. Encabezado por el general de brigada Luis Valdés25, este organismo se erigiría en el principal elemento de conexión entre el poder central y los poderes locales. En los gobernadores civiles de las provincias se encontraría el instrumento por el que ir consiguiendo que las directrices emanadas de la jefatura del estado o de las altas instancias de la administración se llevaran a cabo en la práctica hasta el último rincón del territorio conquistado, tal y como se recogen en las instrucciones para el desenvolvimiento de la actividad del Gobernador General. Según las mismas, éste debía de girar visita a las provincias con el propósito de dar cuenta de la situación y de constatar la existencia 23 Siete eran las comisiones: Hacienda, Justicia, Industria, Comercio y Abastos, Agricultura y Trabajo agrícola, Trabajo, Cultura y Enseñanza y Obras Públicas y Comunicaciones. 24 TUSELL, Javier: Franco en la Guerra Civil…op. cit., pp. 57-59. 25 Sustituía el 4 de noviembre de 1936 a su breve antecesor, el también general de brigada Francisco Hermoso Blanco, quien había ejercido como primer gobernador General desde el 4 de octubre de 1936 hasta ese momento. 17 Título obra Guerra y poder. Los gobernadores civiles en Andalucía (1936-1939) de necesidades especiales. Además, debía mostrar un especial interés en que fuesen ocupados los cargos de gestores provinciales por los miembros más eficaces de las Cámaras de Industria, Comercio y Navegación, y que los máximos contribuyentes o aquellas personas de un prestigio personal de relevancia, se constituyeran en miembros de las gestoras locales. En cuanto a las relaciones con el poder militar, el Gobernador General quedaba encargado de hacer desaparecer “con el debido tacto” aquellas juntas u organismos de defensa nacidos al calor del estallido de la guerra. Así, procuraría la coordinación de todos con las propias actividades con los gobernadores civiles, tratando de obtener una relación armónica. Simultáneamente esperaba de los gobernadores el desempeño, sin ningún tipo de delegación en los presidentes de diputaciones de las actividades, orientaciones e inversión de fondos tal y como lo contemplaba el Estatuto provincial. Por otra parte, eran conminados a que maximizaran su poder e influencia sobre asuntos en materia laboral, con la finalidad de reducir el paro obrero mediante el recurso a obras públicas, manteniendo la vigilancia de las condiciones del trabajo pactadas, especialmente lo relacionado con los salarios26. Respecto a la labor de coordinación entre los diferentes gobiernos civiles y la administración central, podemos describirla a través de una documentación que se custodia en el Archivo General de la Administración denominada fichas de asuntos tratados por el Gobierno General. En ellas encontramos relacionados una serie de asuntos que nos pueden ayudar a perfilar parte del 26 BOE 6-10-36. desempeño de los gobiernos civiles. Predominan los envíos de informes personales de diversa índole, muchos de ellos sobre funcionarios. Teniendo en cuenta la atmósfera represiva podría pensarse que la mayor parte de esos informes responden a criterios depuradores. De hecho en alguno de ellos expresamente se menciona el carácter punitivo27. Pero el afán de control de los gobiernos civiles no se limitaba a eso: era frecuente encontrar peticiones de información sobre la situación de personal, los gastos, etc. De hecho, la auténtica competencia en materia represora se encontraba en manos de las autoridades militares, siendo los gobernadores una pieza más de la maquinaria de control social pero no la autoridad máxima en materia de orden público. Habría que esperar a los últimos tiempos de la guerra y, por supuesto, la paz, para que ello fuera así. En el apartado benéfico-asistencial, los gobernadores civiles se erigirían en presidentes de las nuevas Juntas provinciales de beneficencia que venían a sustituir a las del anterior régimen28. Para nutrir el fondo de las asociaciones, el recurso fundamental eran las cuestaciones, suscripciones, o imposiciones como los denominados “Plato único” o “Día sin postre”. Un repaso a las fuentes hemerográficas nos muestra la presencia continua de los gobernadores en prensa, con la finalidad de movilizar a la población en una pretendida causa común. La cruzada contra el marxismo se extendía a la lucha contra la pobreza y las carencias aspirando a alcanzar una legitimidad social de la que carecía en origen. Son muchas las lamentaciones gubernativas que 27 AGA Sección Gobernación Cajas 44/3914, 44/3915 y 44/3916. 28 BOE 22-10-36. 18 Factoría de Ideas Centro de Estudios Andaluces aparecen en la prensa de la época ante la falta de solidaridad de personas con un nivel de vida desahogado. Para frenar lo que el régimen consideraba como un fraude antipatriótico, no fueron pocas ni baratas las multas impuestas. Sanciones que fueron también frecuentes en la función del control de precios y de abastecimientos que le fue encomendada a los gobernadores. La no exhibición pública de precios, las ocultaciones o los fraudes en la fabricación de los productos, provocaron una fuerte campaña punitiva, que se tradujo en una extensa proliferación de castigos. La falta de productos alimenticios y la consiguiente carestía podría terminar convertida en motivo de descrédito del régimen, por lo que la persecución de este tipo faltas se hizo de manera más notoria y ejemplarizante, que quizá, práctica. De hecho, el fraude, el contrabando o la especulación no fueron erradicadas y durante la posguerra se hicieron aún más presentes. En relación al orden público, como hemos señalado, la declaración del estado de guerra suponía la relegación de las autoridades civiles en detrimento de las militares29. En el caso de Andalucía, el general Queipo procedió al nombramiento de “delegados de orden público” dependientes de él durante los primeros momentos de la guerra, cuando aún no había sido credo ni de lejos un Ministerio con tal denominación. El solapamiento de responsabilidades se debió de hacer notorio en aquellos lugares donde coinciden gobernadores y delegados, como en el caso de las provincias de Córdoba, Granada o Sevilla, durante los primeros meses de guerra. Con 29 Por el decreto de la Junta de Defensa Nacional de 28 de julio de 1936 se ratificaba la declaración del estado de guerra en aquellas provincias en las que había sido declarado con anterioridad. Sería extendido a todo la geografía española por bando del día 29. Ambos en BOE de 30-7-36. todo, no deja de ser relevante que, en la provincia de Huelva, los gobernadores de Haro e Ibáñez simultaneasen los gobiernos civil y militar, en un ejemplo de convergencia de intereses administrativos. Definitivamente, con la promulgación de la Ley de Administración Central del Estado de 30 de enero de 1938, las competencias de orden público quedarían adscritas al departamento del mismo nombre, caracterizado por una fuerte impronta militar (su titular era el general Severiano Martínez Anido) mientras que las de política interior, administración local y transportes y abastecimientos fueron para el Ministerio del Interior (a cargo de Ramón Serrano Suñer). Al tratarse de materias de complicada separación, en el caso de que concurriesen ambas competencias, a esas alturas de la guerra prevalecería la función del gobernador civil sobre la del delegado de orden público. Ese escenario de dos ministerios poco duraría ya que al fallecer a finales de 1938 Severiano Martínez Anido las dos carteras (Interior y Orden Público) se fundieron en el tradicional Ministerio de la Gobernación (Ley de reforma de la administración central de 29 de diciembre de 1938). El nuevo departamento, bajo mando del hombre más cercano a Franco en ese momento, su cuñado Ramón Serrano Suñer, adquiriría una enorme dimensión representada por sus tres subsecretarías y once servicios nacionales. Se abría el paso hacia el establecimiento de unas directrices de mayor profundidad política, escenario en el que los gobernadores civiles iban a tener un destacado papel como representantes de un gobierno caracterizado por su autoritarismo. Un acercamiento a sus trayectorias vitales quizá nos haga comprender mejor la razón por las que fueron elegidos para tal desempeño. 19 Título obra Guerra y poder. Los gobernadores civiles en Andalucía (1936-1939) 2.1. Cádiz En la provincia de Cádiz, vencida la resistencia encabezada por el gobernador republicano, las autoridades militares procedieron a la designación de responsables de las instituciones civiles bajo un nuevo signo político. Tras un breve periodo de gobernadores interinos de corta duración, tomará posesión30 del cargo un clásico y veterano exponente de la política gaditana, ramón de carranza y Fernández-reguera31, marqués de Villapesadilla. Nacido en El Ferrol en 1863, era hijo de un militar destacado en la localidad coruñesa. Ingresó en la Armada a los trece años, momento en el que comenzaba una dilatada carrera como marino, que le llevaría con el tiempo a la obtención del grado de contraalmirante. Destinado en Cuba por petición propia en 1896, en un lance de guerra en campaña en octubre de ese año obtuvo las cruces Laureada de San Fernando y de María Cristina. Meses antes del estallido de la guerra hispanonorteamericana de 1898 fue designado agregado naval de la embajada de España en Washington, enviado por Segismundo Moret, ministro de Estado por aquel entonces, con la intención de llegar a un acuerdo amistoso que evitase el conflicto. Finalizado éste con la derrota española, solicitaba la excedencia en el servicio. Paralela a su vida militar desarrolló una activa vida empresarial, al calor de su matrimonio con Josefa Gómez-Aramburu, perteneciente a una de las familias más señaladas de la sociedad gaditana. Dos hermanos de 30 Diario de Cádiz 29-7-36. 31 La mayor parte de los datos de esta semblanzas son tomados de PIÑEIRO BLANCA, Joaquín María (1998): Ramón de Carranza: un oligarca gaditano en la crisis de la Restauración. Cádiz, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Cádiz. ésta ocupaban, respectivamente, importantes lugares de dirección en los partidos liberal y conservador, al mismo tiempo que gozaban de un patrimonio familiar nada desdeñable. Las iniciativas empresariales de Carranza estuvieron dirigidas especialmente al mar, a la industria de la almadraba y a la construcción de buques de pesca. En ellas destacaba la participación de notorias personalidades como el Conde de los Andes (al que conoció en Cuba), Arsenio Martínez Campos o el Conde de Barbate. Sus relaciones con los organismos mercantiles, empresariales y de fomento gaditanos eran ciertamente sólidas, pues además de contar con familiares en lugares destacados en la Cámara de Comercio, Industria y Navegación, ejerció la presidencia de la Sociedad de Turismo de Cádiz, entre 1912 y 1918, y la de la Junta de Obras del Puerto, entre 1923 y 1927. A todos estos aspectos socioeconómicos, habría que señalar su condición de propietario de tierras, pues poseía importantes extensiones en las provincias de Cádiz y Huelva. En cuanto a su actividad política, ésta se prolongó desde inicios del siglo XX hasta su propia muerte acaecida durante la guerra civil. Durante la época de la Restauración desarrolló una activa vida parlamentaria como representante de Cádiz en las dos cámaras. Como diputado fue elegido en dos ocasiones. La primera de ellas en las filas del partido conservador por el distrito de Algeciras, durante el periodo 1903-1905. La segunda por el distrito del Puerto de Santa María, dentro de la facción maurista, en el desarrollo de la legislatura comprendida entre 1919 y 192032. Poco antes, entre 1910 y 1917, 32 Expediente resumen en www.congreso.es. 20 Factoría de Ideas Centro de Estudios Andaluces había ocupado un escaño en el Senado. La tribuna que le ofrecían las Cortes fue aprovechada para reivindicar la potenciación de la escuadra de guerra y de la marina mercante, como medio de engrandecimiento de la patria, y el impulso de las industrias pesqueras. Su gran oportunidad le llegó con la designación durante la Dictadura de Primo de Rivera como alcalde de Cádiz en julio de 1927. La pugna entre su antecesor Agustín Blázquez y el gobernador civil Losada motivó una crisis que se pretendió resolver con la designación por parte del general de Ramón de Carranza, tras la intervención, a modo de consejero, de José María Pemán. Sus principales aportaciones durante esa etapa se centran en la municipalización de los servicios de abastecimiento de agua y de fluido eléctrico y el desarrollo de los proyectos de la zona franca, del puente Trocadero-Puntales y del aeropuerto. Desde el punto de vista político colaboró con la difusión de la Unión Patriótica y en homenajes a Primo de Rivera. Con la caída del general jerezano, las relaciones con el poder central experimentaron un retraimiento considerable A pesar del nuevo rumbo político tras la caída del primorriverismo, en las elecciones municipales de abril de 1931 consiguió que su candidatura monárquica alcanzase la victoria, siendo una excepción dentro del triunfo generalizado de las listas republicano-socialistas en las principales capitales de provincia. Sin embargo por orden gubernativa tuvo que abandonar el poder municipal obtenido en las urnas. Superados esos momentos, y tras un amago de abandonar la política, se presentó a las elecciones generales de 1933 por la lista de Acción Ciudadana. En ellas figuraban otros reconocidos nombres del panorama político como José María Pemán o José Antonio Primo de Rivera, quienes resultarían elegidos. La campaña estuvo caracterizada por la defensa de las ideas de patria, religión, familia, orden, trabajo y por una feroz crítica al régimen republicano. Meses más tarde, en febrero de 1936, logró de nuevo un acta de diputado por la candidatura contrarrevolucionaria gaditana como representante de Renovación Española. En el mes de marzo protagonizó un sonoro incidente anecdótico, que sin llegar a ser crucial, sí es relevante por cuanto expresa la tensión y crispación de la vida política española durante la primavera de 1936. Interpelado en el Hemiciclo por un diputado de izquierdas para que gritara “¡Viva la República!”, el veterano contraalmirante contestó con un rotundo “¡No me da la gana!”. Al poco de comenzar la guerra fue designado gobernador civil de Cádiz siendo también alcalde de la ciudad33. A los pocos días el General Jefe de la II División decidió sustituirlo como gobernador con la justificación de aliviarlo de carga de trabajo. Sin embargo, Carranza no asumió tal consideración con el mejor ánimo pues puso también a disposición de Queipo su cargo al frente del Ayuntamiento gaditano. Tras la mediación de los generales López Pinto y Varela, decidió permanecer en el Consistorio34 hasta que el empeoramiento de su estado de salud le impidió continuar. El 16 de julio de 1937 presentó su dimisión, falleciendo semanas después, el 13 de septiembre35. Como muestra de la relevancia del finado, en su funeral se dieron 33 Diario de Cádiz 29-7-36. 34 Diario de Cádiz 7-8-36. 35 GUILLOTO Y GONZÁLEZ, Fernando (1988): Cinco años de la Historia de Cádiz 1936-1940 Cádiz, Cátedra Municipal Adolfo de Castro. 21 Título obra Guerra y poder. Los gobernadores civiles en Andalucía (1936-1939) cita importantes representantes de la vida política y económica, no sólo de Cádiz, sino también de otras provincias andaluzas36. Su sustituto al frente del Gobierno Civil de Cádiz en el periodo comprendido entre agosto de 1936 e inicios de marzo de 193737 fue Eduardo Valera Valverde, quien anteriormente había desempeñado la misma función en otras provincias durante la República. Puesto que durante el inicio del conflicto ejerció como gobernador en Córdoba, expondremos su perfil cuando tratemos aquella provincia. La designación para sustituirlo recayó en Fernando vázquez ramos38, comandante de la Guardia Civil de Cáceres y gobernador de Cádiz entre marzo de 1937 y el verano de 1938. Destinado en la provincia extremeña desde septiembre 1934, antes de esta fecha se había encontrado en situación de disponible gubernativo y disponible forzoso desde septiembre de 1932, con motivo de su posicionamiento favorable al intento de sublevación del general Sanjurjo39. Finalmente fue absuelto por el Tribunal Supremo en febrero de 193440. Ya en 1936 mantuvo contactos con los directores de la conspiración en la capital cacereña, pues desconfiaban 36 Diario de Cádiz 14-9-37. 37 Diario de Cádiz 7-8-36 y BOE 7-3-37. 38 BOE 7-3-37. 39 En el expediente personal del gobernador en AGA Sección Gobernación Top. 13/65104-66701 Caja 54 aparece una carta de su hija fechada en febrero de 1965 en la que se menciona el dato de su estancia en prisión por los acontecimientos de agosto de 1932 y su actuación en julio de 1936. 40 BOE 4-12-35. de la respuesta del jefe de la Comandancia, a quien se le tenía como leal a la República. El día 20 de julio se convirtió en uno de los principales actores del golpe al tomar el mando de la de la Guardia Civil tras la detención de su superior. Ese mismo día, sin apenas resistencia y ocupadas las instituciones de la ciudad, se hizo cargo del Gobierno Civil de Cáceres41. Desde él, se encargaría de extender la sublevación por las localidades de la provincia y auxiliar a las autoridades militares. Por todas estas actuaciones fue promovida una iniciativa para que se le reconociese su labor con la obtención de la Gran Cruz de la Orden Imperial de las Flechas Rojas, sustentada en las peticiones de los ayuntamientos de la provincia de Cáceres. Pese a ser numerosas las solicitudes fueron desestimadas, aunque fue condecorado más tarde con la pertenencia a la Orden de la Mehdauia.42 Sin embargo, a lo largo de la guerra y de la inmediata posguerra, contaría con la confianza gubernamental, pues desempeñó el cargo de máxima autoridad provincial en Lérida y Baleares43, al mismo tiempo que conseguiría alcanzar el grado de coronel. Llegado tras ejercer al frente de los Gobiernos civiles de Santa Cruz de Tenerife y de Zamora desde julio de 193744, a finales de agosto de 1938 fue designado para el de Cádiz daniel arraiza Goñi, quien estaría al frente del mismo hasta octubre de 1939. Nacido en la localidad navarra de Etxarri-Aranatz en 1880, era hijo de un 41 CHAVES PALACIOS, Julián (2000): Violencia política y conflictividad social en Extremadura..op. cit., pp. 120-149. 42 BOE 21-9-38. 43 BOE 30-8-38 y 8-1-39 y expediente personal AGA Sección Gobernación Top. 13/65104-66701 Caja 54. 44 BOE 13-07-37 y 18-12-37. 22 Factoría de Ideas Centro de Estudios Andaluces médico ingresado voluntario en el cuerpo de sanidad del ejército carlista. En relación a su ámbito familiar, cabe destacar la vocación de dos de sus hermanos, quienes ingresaron en órdenes religiosas. Sus estudios estuvieron dirigidos a la Medicina, carrera estudiada en Madrid, París y otras ciudades europeas, especializándose en Obstetricia y Ginecología. Continuó su desempeño profesional con la fundación en Pamplona de la primera clínica en 1903 en la que, durante algunas horas al día, pasaba consulta a personas de manera gratuita. Cofundador de la Clínica de San Miguel, llegó a alcanzar la vicepresidencia del colegio de médicos de Navarra. Su vida política se inició durante la Dictadura del general Primo de Rivera, periodo en el que, tras su ingreso en el Somatén, ejercería como concejal en Pamplona entre diciembre de 1927 y mayo de 1928. Posteriormente fue elegido diputado foral hasta finales de 1930, cargo en el que proyectaría un ambicioso plan de beneficencia que nunca pudo llegar a ser puesto en marcha. Su actividad lo convirtió en pieza esencial de la Unión Patriótica en Navarra. Bajo el nuevo régimen republicano sus inclinaciones políticas se dirigieron hacia Falange, siendo uno de los primeros militantes y colaboradores, y en la que llegó a alcanzar el grado de jefe provincial, precisamente en un lugar de marcada presencia tradicionalista. Entre sus camaradas fundadores de la falange navarra se hallaba su yerno quien sería más tarde Delegado Nacional de Sindicatos y Ministro de Trabajo: Fermín Sanz Orrio.45 45 GARCÍA-SANZ MARCOTEGUI, Ángel (1996): Diccionario biográfico de los diputados forales de Navarra (1840-1941), Departamento de Presidencia e Interior, Pamplona. 2.2. Córdoba En la provincia de Córdoba, sublevadas las fuerzas del ejército el día 18 de julio, éstas consiguen tomar la capital y nombrar desde esta fecha a las nuevas autoridades civiles. El Gobierno civil recayó en José marín alcázar, capitán de caballería46. Su gestión está estrechamente relacionada con los primeros días de guerra, momentos en los que la capital cordobesa se encontraba en una precaria situación desde el punto de vista estratégico. Para ello, contó con el apoyo de su primo, José María Echevarría, militar destinado en el Cuartel General de Franco, quien hacía llegar al futuro Generalísimo los ruegos del gobernador con el propósito de que el frente no quedase desguarnecido. Contaba también, como secretario particular con Gabriel Delgado Gallego, quien había ejercido como tal durante el gobierno de Eduardo Valera Valverde durante el periodo republicano. Ambos, serán los encargados de hacer extender la sublevación mediante la llamada a los puestos de la Guardia Civil en las localidades de la provincia47. Pasados los primeros meses de guerra y estabilizada la fluctuación del frente, fue designado como sucesor eduardo valera valverde48, teniente coronel de Caballería con destino en la yeguada militar de Larache49, propietario y periodista. En cuanto a esta última faceta, fue redactor y director de Gaceta del Sur, una publica- 46 AGA Sección Gobernación Caja 44/19009. 47 MORENO GÓMEZ, Francisco (1986): La Guerra Civil en Córdoba…op. cit., pp. 34-40. 48 BOE 7-3-37. 49 Según reza en su expediente personal AGA Sección Gobernación Caja 44/19079. 23 Título obra Guerra y poder. Los gobernadores civiles en Andalucía (1936-1939) ción aparecida durante la Primera Guerra Mundial bajo el patrocinio de los intereses alemanes y del gusto especial de los germanófilos sevillanos50. Su trayectoria política de relevancia comienza en los albores la República con su nombramiento como máxima autoridad provincial durante el bienio republicanosocialista en Córdoba, entre julio de 1931 hasta junio de 1932, y Sevilla, desde esa fecha hasta agosto de 193251. En la primera de ellas su mandato no dejó de ser polémico, pues su actuación provocó una encendida división de opiniones en función del posicionamiento político y social de sus observadores. Para las clases mercantiles y propietarias, el gobernador suponía garantía de orden, paz social y fomento de la actividad laboral, pero para los representantes de los trabajadores el gobernador representaba un cacique de nuevo cuño, un cripto-monárquico y un falso republicano52. No andaban equivocados. Los ecos de su actuación en Córdoba llegaron a las Cortes donde se le criticó desde los escaños socialistas por los acontecimientos acaecidos durante la celebración del primero de mayo de 1932. Se le acusaba, además de haber disuelto la manifestación de los trabajadores sin motivo, de no poseer otro mérito que ser amigo del general Cabanellas, de retraimiento ante la exhibición de símbolos monárquicos, de la promoción de 50 Artículo en Azul 9-10-38(Córdoba) de Marcelino Durán de Velilla, quien fue su compañero de redacción y más tarde subordinado en Gaceta del Sur. 51 BOE 11-7-31, 5-6-32 y 17-8-32. 52 Telegramas de diversa procedencia y muy locuaces en cuan- to a su contenido pueden consultarse en AGA Sección Gobernación Caja 44/19079. reuniones monárquicas en la propia sede del Gobierno Civil y de la proliferación de actos simbólicos contra el régimen republicano. En la misma sesión, acudió raudo en su defensa el que fuera ministro de la Gobernación, Santiago Casares Quiroga53. Ante este ejemplo, cabe reflexionar acerca del acierto con que los republicanos designaron a ciertos gobernadores civiles. Con razón los socialistas se quejaban de la actitud excesivamente contemporizadora de los ministros de la Gobernación de filiación republicana. Días después de la manifestación frustrada abandonaba Córdoba para ponerse al frente del Gobierno Civil de Sevilla. En esta etapa también se vería envuelto en la polémica, pues fue protagonista de segundo orden en los acontecimientos del 10 de agosto de 1932. Sin oponer resistencia alguna rehusó el mando y, según un informe de un colaborador de Diego Martínez Barrio, estuvo en connivencia con la trama civil del golpe54. Pasados los años, la situación generada por la guerra le hace reaparecer en escena volviendo precisamente a la misma ciudad donde ya había sido gobernador civil durante la República. Su mandato en Córdoba, iniciado en marzo de 1937, se prolongará durante todo el desarrollo de la guerra, hasta concluir en agosto de 1939. Si añadimos a ésta su condición anterior de gobernador civil de Cádiz desde agosto de 1936, podemos comprobar que Valera Valverde fue gobernador civil durante la práctica totalidad de la guerra. 53 MACARRO VERA, José Manuel (2000): Socialismo, República y Revolución en Andalucía. Sevilla, Universidad, pp. 168-169. 54 El mencionado informe en ÁLVAREZ REY, Leandro (1993): La derecha en la II República: Sevilla, 1931-1936 Sevilla, Universidad de Sevilla. 30 Factoría de Ideas Centro de Estudios Andaluces al frente del Gobierno civil, que se prolongó por más de tres años94, destacó su labor de propaganda de los principios ideológicos del Nuevo Estado.95 2.5. Huelva A diferencia de las capitales de provincia más cercanas, en Huelva pudieron las autoridades republicanas contener el pronunciamiento durante los tres primeros días de guerra. Desde ella, se fueron organizando las columnas que debían auxiliar a las fuerzas favorables a la República que aún resistían en Sevilla. Vencidas éstas, desde la capital hispalense se articularía el contingente con el que los sublevados fueron tomando las localidades situadas en torno al camino que une ambas capitales. A ellos terminaría uniéndose buena parte del contingente que el día 27 de julio partió para sofocar precisamente a los rebeldes. Ante esta defección, la suerte de la capital estaba echada, por lo que ya en la noche del día 28 y la mañana del 29 los sublevados irían tomando posiciones. En una primera fase, concluida a finales de julio, se produjo la extensión del dominio de los sublevados por la franja costera que une Sevilla con la frontera portuguesa. A comienzos de agosto comienza la campaña por la conquista del norte de la provincia que no concluirá hasta finales de septiembre. En todo momento no fue un dominio sólido, pues durante los años siguientes la presencia de la guerrilla en la sierra fue un hecho relevante. 94 BOE 20-10-40 y Expediente personal AGA Sección Gobernación Caja 44/19065. 95 GIL BRACERO, Rafael: “Granada: Zona Nacional” en RUIZ MANJÓN-CABEZA, Octavio et al.: La Guerra Civil en Andalucía Oriental…op. cit., p. 305. Desde el día 30 de julio se hizo, al mismo tiempo, cargo del Gobierno Civil y del Gobierno Militar el comandante de la Guardia Civil Gregorio de Haro Lumbreras. Nacido en Albacete en 1893, era hijo de Gregorio de Haro de Haro, teniente coronel de la Guardia Civil. Contaba con 17 años cuando ingresó en la Academia de Infantería de Toledo, pasando a África cuatro años más tarde de manera voluntaria, donde alcanzaría el grado de primer teniente. Concluida su estancia en Marruecos, ingresó en la Guardia Civil, siendo destinado a la Comandancia de Albacete96. Ya durante las primeras horas del conflicto mantuvo una actuación destacada, pues encabezó la columna de efectivos militares, que junto a otra formada por milicianos, debían auxiliar a los defensores de la República en Sevilla. La primera de ellos se adelanta, y al adentrarse en Sevilla, se pone a disposición del general Queipo, advirtiéndole de que las milicias, compuestas mayoritariamente de mineros, se acercaban a la ciudad. En la mañana del 19 de julio, éstas fueron puestas en fuga tras una escaramuza en un acceso a la capital hispalense conocido como La Pañoleta. Desde ese momento, comenzará la construcción del mito del “héroe de la Pañoleta” que glosarán profusamente los diarios onubenses. En los días siguientes desarrolló una activa participación en las luchas dentro de los barrios circundantes de la capital hispalense. Como reconocimiento a su actuación fue condecorado con la Medalla Militar el 19 de octubre97. 96 ESPINOSA MAESTRE, Francisco (1996): La Guerra Civil en Huelva, Huelva, Diputación Provincial p. 410. 97 Íbidem, pp. 94-96. 31 Título obra Guerra y poder. Los gobernadores civiles en Andalucía (1936-1939) Pese a los hiperbólicos elogios de la prensa, su salida del Gobierno Civil no estuvo exenta de polémica. Las propias instancias franquistas realizaron un informe sobre Gregorio de Haro en el que se mencionaban su falta de carácter y cierta inclinación por formas de vida contrarias a la moralidad que se pregonaba98. Ya antes de la guerra, hacia 1925, se le había relacionado con asuntos de desaparición de género de un almacén y de estafa y cohecho. La dura campaña puesta en marcha desde el Gobierno Civil contra las personas adscritas a la Masonería motivó un choque con el general Cabanellas, amigo de uno de los perseguidos. Aquel lance se sumó a otro enfrentamiento anterior motivado por la negativa de Haro a aceptar una propuesta de desplazamiento sugerida del general. Cabanellas, desde su posición como Inspector del Ejército durante la guerra, promovió una investigación por la desaparición de joyas allegadas de las suscripciones nacionales y su presunto desvio a particulares. La investigación terminó siendo archivada en abril de 1938, sin otras consecuencias para el ex-gobernador99. Su supuesto afán de acumulación de bienes de origen ajeno provocó comentarios de indignación incluso de propios partidarios del alzamien- to, como el político onubense de la época de la Restauración, Manuel Burgos Mazo, quien lo denominaba un “Verres moderno”100. Tras el cese y abandono de sus responsabilidades al frente de ambos gobiernos, pasó a la comandancia de 98 Expediente personal AGA Sección Gobernación Caja 44/18993. 99 ESPINOSA MAESTRE, Francisco (2006): La justicia de Queipo Barcelona Crítica pp. 126-130. 100 ESPINOSA MAESTRE, Francisco: La Guerra Civil en Huelva… op. cit., p. 425. Zaragoza y ocupó la jefatura de policía del Quinto Cuerpo de Ejército. Tras una breve estancia en el noroeste peninsular a disposición del Coronel Jefe del Ejército de Galicia, en septiembre de 1938 fue destinado a la plana mayor del Séptimo Tercio de Zaragoza en el que permaneció hasta marzo de 1939. Su último puesto fue la jefatura de la Comandancia de León donde fue muer- to en un oscuro episodio por disparos de uno de sus subordinados, del que se dijo ser enajenado mental.101 Sin nombramiento oficial, fue designado por parte del General Jefe del Ejército del Sur para ocupar el Gobierno Civil de Huelva el teniente de infantería retirado Federico quintanilla Garratón. Procedente de Sevilla, ciudad en la que residía, tomó posesión del cargo el 3 de febrero de 1937, un día después de ser nombrado. A diferencia de su antecesor, su elección estaba avalada por el juicio que tenía de él Queipo como “persona seria y honrada y trabajador alejado de todo partidismo”102. A lo largo de su mandato, intentó conseguir que los patronos agrícolas se plegasen a la determinación de la autoridad civil en lo relativo al cumplimiento de las bases de trabajo y a la admisión de trabajadores en paro, aunque no logró imponerse103. El mismo artífice de su nombramiento decide en septiembre de 1937 su sustitución basándose en el argumento de la “carencia de energía” por parte del gobernador, a la par que alababa sus condiciones de bondad y capacidad de trabajo104. 101 Íbidem, p. 426. 102 Expediente personal en AGA Caja 44/19046. 103 ESPINOSA MAESTRE, Francisco: La Guerra Civil en Huelva… op. cit., p. 270. 104 Expediente personal del gobernador civil Joaquín Ibáñez Alarcón AGA Sección Gobernación Caja 44/18996. 32 Factoría de Ideas Centro de Estudios Andaluces Encargado de sustituirlo fue Joaquín Ibáñez alarcón105, coronel de Carabineros, quien había ejercido como Jefe Superior de Policía de Barcelona entre marzo de 1932 y enero de 1933, cargo que simultaneaba con la dirección de la comandancia del mismo cuerpo en la provincia catalana106. Al igual que de Haro, unificó en su misma persona el Gobierno Civil y el Militar. Durante su mandato tuvo que hacer frente al incremento de la actividad guerrillera en la zona norte de la provincia, a la que consiguió reducir de manera considerable. Al mismo tiempo, supo doblegar la resistencia de los patronos en cuanto a la colocación de obreros en paro y al cumplimiento de las bases de trabajo, teniendo que hacer uso de la presencia intimidatoria de delegados militares. Poco antes de abandonar su puesto, entró en pugna con el jefe provincial de la Falange onubense, Pardo Maestre, quien debió abandonar la citada jefatura a comienzos de 1938.107 Sofocadas en gran medida las acciones de la guerrilla en la sierra onubense, hacia marzo de 1938 fue nombrado para ocupar el Gobierno civil Joaquín miranda González,108 quien a las pocas semanas, se convertía en jefe provincial de FET-JONS, por lo que, de la misma manera que en Sevilla, quedaban unidos ambas responsabilidades. Sería gobernador de Huelva hasta 1943. Procedente profesionalmente del mundo de la fiesta de los toros, fue miembro de la cuadrilla de José García Carranza, “el Algabeño”, también de significada filiación 105 BOE 22-9-37. 106 Íbidem y BOE 11/03/32 y 27/01/33. 107 ESPINOSA MAESTRE, Francisco: La Guerra Civil en Huelva… op. cit., pp. 289, 310 y pp 510-511. 108 BOE 29-3-38. falangista. En la década de los veinte, por matrimonio, se hizo cargo de una empresa de materiales de construcción. Pasados los años después se convertiría en presidente de la patronal de las constructoras sevillanas en los inicios de los años treinta. Con un pasado inmediato ligado al Partido Republicano Conservador en Sevilla109, fue uno de los primeros colaboradores, junto con Ruiz Arenado y Narciso Perales, con los que contó Sancho Dávila para la difusión de los ideales nacionalsindicalistas en Sevilla110. En 1936, tras la marcha de Sancho Dávila a Madrid, pasó de ostentar la jefatura provincial a la territorial. Durante los meses anteriores al 18 de julio mantuvo una activa correspondencia y trato con los militares que preparaban la conspiración, especialmente con el comandante Álvarez-Rementería, pese a ingresar en prisión bajo el gobierno del Frente Popular. Incluso recluido no dejó de conocer los progresos de la conjura, llegando a tener constancia del afianzamiento de la sublevación pocos días antes de producirse111. Liberados de prisión Miranda y sus correligionarios en la madrugada del 18 al 19 de julio, el general Queipo le ofreció la alcaldía de Sevilla, puesto que rechazó al considerar prioritario su concurso en Falange112. Dentro de su labor durante los primeros meses de guerra destaca 109 AGGCE PS Alicante 88. 110 ESPINOSA MAESTRE, Francisco: La Guerra Civil en Huelva… op. cit. p. 70. 111 GUZMÁN DE ALFARACHE (Enrique Vila) (1937): ¡18 de Julio! Historia del glorioso alzamiento de Sevilla. Sevilla, Talleres de F.E., pp. 183-197. 112 ORTIZ VILLALBA, Juan: Sevilla 1936:…op. cit., p. 115. 33 Título obra Guerra y poder. Los gobernadores civiles en Andalucía (1936-1939) la convocatoria de la reunión de líderes de Falange en Sevilla el 29 de agosto en la que participaron Garcerán y Aznar, pero no así Hedilla, quien no fue invitado. Antes de la vuelta de Sancho Dávila, comenzó a articular la oposición al que era jefe de la junta de mando provisional de FE y a apoyar los intentos por crear una fuerza unificada de vocación franquista113. Tras la unificación de fuerzas políticas, la proyección de Miranda no pararía de crecer pues formaría parte del primer Consejo Nacional de la nueva FET-JONS desde 1937 y de los sucesivos hasta 1958114, además de ser vocal de su originario secretariado político115. 113 PAYNE, Stanley G.: Falange…op. cit., pp.166-167. 114 www.congreso.es. 115 BOE 25-4-37. 116 Fuentes: BOE , Expedientes personales en AGA y Hemerografía. Tabla 1: Gobernadores del bando nacional116 ProvIncIa nombre nombram. cese Cádiz Carranza Fernández-Reguera, Ramón de 28-7-36 6-8-36 Cádiz Valera Valverde, Eduardo 6-8-36 3-3-37 Cádiz Vázquez Ramos, Fernando 3-3-37 27-8-38 Cádiz Arraiza Goñi, Daniel 27-8-38 7-10-39 Córdoba Marín Alcázar, José 18-7-36 3-3-37 Córdoba Valera Valverde, Eduardo 3-3-37 25-8-39 Granada Valdés Guzmán, José 20-7-36 22-4-37 Granada Samaniego Rodríguez, Esteban 12-5-37 17-10-40 Huelva Haro Lumbreras, Gregorio de 29-7-36 1-2-37 Huelva Quintanilla Garratón, Federico 2-2-37 19-9-37 Huelva Ibáñez Alarcón, Joaquín 19-9-37 25-3-38 Huelva Miranda González, Joaquín 25-3-38 6-10-43 Málaga García Alted, Francisco 23-11-36 25-8-39 Sevilla Parias González, Pedro 18-7-36 31-1-38 Sevilla Gamero del Castillo, Pedro 16-2-38 3-12-38 Sevilla Cadenas Camino, Eduardo 3-12-38 9-11-39 34 Factoría de Ideas Centro de Estudios Andaluces 3. Gobernadores en la Andalucía de la República Impotente en la labor de detener la descomposición administrativa y de la autoridad gubernamental e incapaz de frenar a las tropas rebeldes en su camino a la capital, el gabinete encabezado por José Giral fue sustituido a principios de septiembre de 1936 por un nuevo gobierno presidido por Francisco Largo Caballero. El histórico líder sindical y político socialista recibía, en unas horas decisivas para el régimen, el encargo de la formación de un gabinete que englobara por vez primera a todas las fuerzas del Frente Popular y a las agrupaciones sindicales. En un hito histórico, y de manera casi paradójica, se unían al gobierno un mes después representantes del movimiento libertario. Pese a que la evolución política fue favorable a ese designio de reconducción de la guerra, permanecían aún importantes núcleos de divergencia dentro de los partidarios de la causa republicana, como definitivamente se plasmarían en los enfrentamientos acaecidos en Barcelona en mayo de 1937. La crisis desatada por éstos condujo a la conformación de un gobierno presidido por el doctor Juan Negrín, quien para la reconstrucción del orden republicano, contó con el apoyo principal del socialismo centrista, del comunismo en auge y de los, cada vez menos influyentes, representantes del republicanismo de izquierda. La vigorización de la acción gubernativa y la centralización de la toma de decisiones eran dos importantes instrumentos para llevar a cabo las principales líneas maestras del programa presidencial de Negrín: resistencia a ultranza y reconocimiento de la causa republicana por parte de las potencias extranjeras. Para ello el concurso de los gobernadores civiles se convertiría en instrumento fundamental para la consecución de las intenciones del gobierno y, por tanto, se les encomendaría la asunción del desempeño de diversas funciones. Uno de los aspectos donde mayor trascendencia alcanzó la intervención gubernativa fue la administración provincial y local. Enmarcados en el proyecto de reconstrucción de la base del poder del Estado, a finales de 1936 y principios de 1937 fueron promulgados dos importantes decretos cuya finalidad era acabar con la anterior situación de órganos autónomos locales presidida por los comités. Con el decreto de 23 de diciembre de 1936 relativa a la creación de los Consejos Provinciales117, se ponía de manifiesto la iniciativa de reconquista del poder provincial por parte del Gobierno. En la exposición de motivos de aquel decreto se reconocía la anormalidad de la situación a la que se quería poner fin, disponiendo la disolución automática de comités y juntas que tuviesen un campo de acción análogo al de los Consejos, además de la imposibilidad del ejercicio de funciones que no hubieran sido delegadas bajo consentimiento y expresa autorización del gobierno. Las competencias de orden público, de censura de prensa y radio y las que afectaban a las reuniones y manifestaciones políticas quedaban explícitamente mencionadas como imposibles de transferir. En unos términos similares, aunque quizá con un tono algo más tajante, el Subsecretario de Gobernación se dirigía por telegrama fechado el día 25 de diciembre a todos los gobernadores civiles con estas palabras: “Si en esa provincia de su mando algunas de estas funciones hubieran sido anteriormente delegadas o estuviesen en posesión de ellas algún miembro del Consejo o Comité de Defen- 117 Gaceta de la República 25-12-36. 35 Título obra Guerra y poder. Los gobernadores civiles en Andalucía (1936-1939) sa, recabará V.E. que inmediatamente pase a su mando directo como gobernador. Recibirá instrucciones sobre censura para que ella se ejerza por igual en todas las provincias de España.” 118. Pocos días después, y bajo un esquema similar, se ahondaba en la línea de control de las corporaciones locales por parte del poder central con la publicación del decreto sobre los Consejos Municipales119. Por él quedaban disueltos todos los ayuntamientos y comisiones gestoras, así como toda clase de organismo que pudiera estar desempeñando las funciones atribuidas a aquéllos. En realidad, los Consejos Municipales conservarían las mismas atribuciones que poseían los ayuntamientos en virtud de la Ley Municipal. Para su formación —que debía plasmar el equilibrio de fuerzas representativas de los partidos integrantes del Frente Popular más las organizaciones obreras— el gobernador debía, además de constituirlo, mediar entre las distintas fuerzas en caso de controversia en la designación de los puestos vacantes. De manera paralela, en el caso de los nombramientos de los miembros del Consejo Provincial, el gobernador asumía labores de coordinación120, o incluso, asumiría la recomendación para cubrir las vacantes al Ministerio de la Gobernación en caso de desacuerdo121. 118 AGGCE PS-Madrid 2582. 119 Gaceta de la República 7-1-37. 120 Según telegrama de 25-12-36 la Subsecretaria de Gobernación a gobernadores civiles y delegados gubernativos, en AGGCE PS Madrid 2582. 121 Gaceta de la República 2-10-37 Decreto para cobertura de vacantes de 30 de septiembre de 1937. Así pues, desde una posición de observación y fiscalización, el gobernador civil en representación del gobierno y de sus directrices reconvendría la actitud de algunas corporaciones municipales por extralimitaciones tales como el ejercicio de censura de la correspondencia, por el impago de suministros de luz, agua y electricidad, por la existencia de personas que en nombres de los comités realizaban registros con la finalidad de obtener metales preciosos, o por la emisión de papel moneda por parte de autoridades no estatales122. Las llamadas de atención a los ayuntamientos fueron especialmente tajantes en relación al proceso iniciado por alguno de ellos en materia de municipalización de servicios de agua, luz y electricidad. La Dirección General de Administración Local recordaba a los gobernadores que sólo el Ministerio de Economía y Hacienda podía tomar tales resoluciones y que quedaban sin efecto los dictámenes tomados anteriormente de manera unilateral por los ayuntamientos123. Se subrayaba que la mayoría de las industrias estaban intervenidas por delegados ministeriales y en que los servicios públicos eran función privativa estatal. Era evidente que el gobierno quería retomar el control sobre los ayuntamientos, por más que ahora se les denominasen consejos municipales. En cuanto a las labores de orden público por decreto de 26 de diciembre de 1936124 se reorganizaron las fuerzas de orden público de la República y se creaba el Consejo Nacional de Seguridad. Los gobernadores asumían la presidencia, con voz y voto, de los Consejos 122 En colección de telegramas de la Subsecretaría de Gobernación en AGGCE PS Madrid 2582. 123 AGA Sección Gobernación Caja 44/2620. 124 Gaceta de la República 27-12-36. 36 Factoría de Ideas Centro de Estudios Andaluces Provinciales de Seguridad. Conformados por miembros representantes de sindicatos, partidos y de los propios cuerpos, sus atribuciones básicas eran la de distribuir por la provincia a sus componentes, mantener bajo vigilancia las conductas de sus agentes y el grado de adhesión al régimen y proponer el aumento o la disminución de la fuerza. Posteriormente, a los pocos meses del acceso de Negrín a la Presidencia del Gobierno, otro decreto125 remodeló el Cuerpo de Seguridad y fueron disueltos los Consejos Provinciales de Seguridad pasando a ser ostentadas sus funciones por los mismos gobernadores o jefes de policía. En la misma línea, la naturaleza del Consejo Nacional de Seguridad experimentó un profundo cambio, pasando a desempeñar un carácter asesor del Ministerio de Gobernación. Asimismo, la representación sindical y partidista fue eliminada, siendo sustituida por altos cargos del Ministerio y por propios funcionarios del cuerpo. Además de las funciones de la distribución y empleo de los cuerpos policiales, los telegramas de la Subsecretaría de Gobernación nos aportan datos sobre las actividades relacionadas con el control de armas y explosivos. Las organizaciones políticas estaban obligadas a llevar un inventario de las mismas e incluso, las milicias de Vigilancia de Retaguardia, debían tener el visado del gobernador para portarlas. Respecto a los controles de carretera, terreno abonado para que las milicias de partido actuaran de una manera arbitraria, el Ministerio ordenó, tras fracasados llamamientos anteriores, la supresión total de aquellos que hubieran sido establecidos por comités manteniendo los gobernadores la potestad de poderlos practicar con el objetivo de evitar el es- 125 Gaceta de la República 13-8-37. pionaje en zonas de relevancia bélica. En el caso de que no tuviesen fuerza pública suficiente contaban con la posibilidad de movilizar fuerzas milicianas siempre y cuando tuvieran el beneplácito para el uso de las armas por parte del propio gobernador126. Respecto al ejercicio de la censura de prensa y radio, destacan las órdenes por las que se prohibía toda clase de información sobre movimiento de tropas o navíos, así como de declaraciones de altos cargos del régimen mientras el Ministerio de Propaganda no lo hubiera autorizado. En la lucha contra el derrotismo y el decaimiento moral se perseguían toda clase de críticas o de comentarios que pudieran mostrar división entre los componentes de la causa republicana. Con ese mismo propósito de robustecer la imagen de las fuerzas del Frente Popular sólo serían autorizadas aquellas concentraciones de carácter político que no tuvieran otro fin que elevar la moral popular y robustecer la autoridad del gobierno. En cuanto a las emisoras de radio, se les encargó a los gobernadores la incautación de aquellas que no cumpliesen con los requisitos legales y la fiscalización de la venta y transporte de material de radiodifusión, especialmente de lámparas. Como representantes del gobierno, los gobernadores fueron el instrumento de control de la administración local para exigir de ella una mayor implicación en la labor de sostenimiento del esfuerzo de guerra. El Ministerio de la Guerra requería una mayor presencia gubernamental en aquellos consejos municipales en los que la leva de soldados fuese considerada insuficiente, de igual forma que se le entregaba a la autoridad guberna- 126 Gaceta de la República 26-12-36. 37 Título obra Guerra y poder. Los gobernadores civiles en Andalucía (1936-1939) tiva la posibilidad del uso de un expeditivo castigo sobre aquellos reclutas que desertasen o que no acudiesen a las llamadas de los centros de reclutamiento. Desde el punto de vista de la producción material, los gobernadores tuvieron que realizar labores de centralización de información sobre el rendimiento de empresas y tierras colectivizadas, exigiendo que los consejos municipales abandonaran prácticas denominadas como “localismo mal entendido” en cuanto a las declaraciones sobre almacenamiento de cereales, o la subsistencia de actitudes de favoritismo en el reparto de los escasos fertilizantes127. La productividad de la tierra era un tema de singular atención motivada por las necesidades acuciantes de ejércitos y población civil. Desde las publicaciones periódicas el mensaje gubernativo insiste en que la obtención de una buena cosecha es considerada merecedora de una importancia similar a la que pudieran tener los acontecimientos bélicos, pues no sólo era una labor esencialmente de satisfacción material sino que también evitaba situaciones de cansancio y abandono entre la población civil. Para llevar a cabo estas funciones, que sintéticamente hemos expuesto, la República contó en Andalucía con los siguientes gobernadores: 127 AGA Sección Gobernación Caja 44/2620. 3.1. Almería La provincia de Almería se mantuvo durante todo el conflicto en la zona republicana. Modelo de área de retaguardia, esta cualidad no le impidió conocer rigores bélicos como los bombardeos, tanto navales como aéreos y otras vicisitudes de impacto como la recepción de población huida en masa, siendo el caso más relevante el éxodo acontecido tras la conquista de Málaga en los inicios de Febrero de 1937 por las tropas franquistas. Juan Peinado vallejo128 fue el gobernador civil que conecta la época frentepopulista con el estallido de la guerra. Adscrito a Izquierda Republicana, nombrado jus- to después de la victoria de la coalición de izquierdas en febrero de 1936129, tendría que lidiar con toda la problemática social manifestada durante aquella primavera y, como colofón, con el intento fallido de sublevación en la capital almeriense. En su autobiografía, editada en México en 1967 bajo el título de Cuando la muerte no quiere, se describe como burgués, de clase media, comercial, industrial y propietario. Con experiencia política, anteriormente había ocupado la alcaldía de la localidad malagueña de Ronda y en esta misma localidad fue Presidente del Patronato local de formación profesional entre los años 1933 y 1934. Tan pronto llegó a Almería tuvo que hacer frente a la renovación del Ayuntamiento de la capital. En este proceso entró en conflicto con el alcalde, Ortiz Estrella, no faltando las tensiones con otras fuerzas representantes del Frente Popular, especialmente con los socialistas. Éstos fue- 128 La mayor parte de la información obtenida de Ruiz-Peinado VALLEJO, Juan (1967): Cuando la muerte… op.cit; QUIROSA-CHE- YROUZE Y MUÑOZ, Rafael: Política y Guerra… op.cit.. 129 AGA Sección Gobernación Caja 44/19037. 38 Factoría de Ideas Centro de Estudios Andaluces ron muy críticos con el intervencionismo del gobernador en el nombramiento de gestoras de los pueblos. En la antesala del conflicto se hacía palpable la desunión de las fuerzas de izquierdas, incluso la falta de cohesión dentro de su propio partido, Izquierda Republicana. Su decidida actitud en defensa de la República, junto a la labor de otros políticos como el socialista Pradal, es una de las razones del fracaso de la sublevación militar en la capital mediterránea. El auxilio que supuso la llegada del destructor Lepanto inclinó del lado gubernamental la balanza de manera definitiva. Tras el 18 de julio, él mismo hubo de reconocer su incapacidad para hacerse dueño de la situación, transfiriéndose el poder hacia el Comité Central Antifascista, quien ve aumentar paulatinamente su capacidad de control en detrimento de las autoridades legítimas. Decide marchar a Madrid para entrevistarse con los representantes del Gabinete Giral con el propósito de solicitar medios para hacer realidad la reconquista del poder por parte del estado republicano. Desde finales de agosto dejó su residencia en Almería y fue sustituido, con carácter interino, por el también republicano y presidente de I.R. de la provincia de Almería Juan carretero tonda130. Durante su mandato provisional, Carretero no desplegó una gestión de significación especial. Se pasó al socialismo, ocuparía cargos relacionados con la gestión provincial y local, primero como presidente de la Diputación a mediados de diciembre de 1936 y como quinto teniente de alcalde en el primer Consejo Municipal de Almería. Paralelamente ocupó la gerencia de la Cámara oficial uvera 130 QUIROSA-CHEYROUZE Y MUÑOZ, Rafael: Política y Guerra civil en Almería…op. cit., p. 135. Por telegrama de 2 de Septiembre originado por la Subsecretaría de Gobernación quedaba oficialmente validada tal interinidad, en AGA Sección Gobernación Caja 44/19037. y participó en el diario Lucha, del que era propietario. Horas después de la conquista de Almería por tropas franquistas fue detenido y encausado en dos ocasiones. Por la primera, el 4 de abril de 1939, fue condenado a prisión por procedimiento sumarísimo de urgencia. La sentencia de la segunda causa, al año siguiente, le supone la condena a muerte, pena que le es conmutada por la de reclusión perpetua. Indultado en enero de 1946, fijará su residencia en Madrid131. Una vez asentado el gabinete liderado por Francisco Largo Caballero, la elección para el ejercicio del Gobierno civil recayó en el socialista cordobés Gabriel morón díaz132. Muy probablemente es el gobernador civil republicano que tendrá una actuación personal más resolutiva y una mayor proyección política tras el ejercicio de su mandato. Incluso ya antes de la tesitura de la guerra era un hombre de destacada posición dentro de los socialistas andaluces. Nacido en el seno de una humilde familia de Puente Genil, el 17 de Diciembre de 1897, pronto mostrará inquietud hacia la formación académica. A los doce años debe relegar el estudio ante los deberes laborales. Esa inquietud le granjeó el recelo de buena parte de los empresarios agrícolas de su entorno. Ante las dificultades para encontrar empleo, el Centro Obrero dispuso que desarrollara una labor de docencia entre los hijos de los campesinos. Fundador de la Agrupación Socialista de Puente Genil en 1913, en el prólogo de su obra El Partido Socialista ante la 131 DÍAZ LÓPEZ, Julián Pablo (coord.) (2006): Diccionario biográfico de Almería. Almería, Instituto de Estudios Almerienses. 132 Gaceta de Madrid 24-X-1936 y AGA Sección Gobernación Caja 36 Top. 13/65104-66701. 39 Título obra Guerra y poder. Los gobernadores civiles en Andalucía (1936-1939) realidad política de España133, Álvaro de Albornoz lo define como un “joven propagandista andaluz” y como un “nombre preclaro en el movimiento político y social” de su tierra. Juan Díaz del Moral resalta dentro de su trayectoria como propagandista por tierras cordobesas el hecho de ser de los pocos “que mantenía enhiesta la bandera del marxismo”. El notario de Bujalance también lo considera como organizador y alma del socialismo del sur de la provincia, especialmente desde la huelga de Agosto de 1917. Pero no sólo su localidad de origen fue el escenario de su actividad, sino que ésta se extendió por poblaciones como Aguilar y La Rambla. Más allá de los límites de Córdoba, su proselitismo le hizo chocar con otros sindicalistas en localidades de la vecina provincia de Sevilla como Herrera. Ejemplo de esta tarea es la aparición de artículos en publicaciones socialistas como Renovación, órgano de la Federación de Juventudes Socialistas o El Obrero Balear. Su labor propagandística durante este periodo le motivó varias detenciones de las que señalamos una en 1917 y otra, por resistencia a la autoridad, en 1919. Ésta le supondría una condena de cuatro años y cuatro meses, aunque por presión de la Casa del Pueblo de Puente Genil, cumpliría sólo quince meses. Años después, en 1931, con la ayuda de compañeros del partido, adquirirá un local en Puente Genil con el propósito de ubicar la sede socialista. En los años veinte su firma se estamparía en publicaciones de primera línea política como El Socialista o como Mundo Obrero. En éstas se desveló su preocupación por la cuestión agraria. Paralelo a su madurez como periodista, participará en congresos socialistas de di- 133 MORÓN DÍAZ, Gabriel (1929): El Partido Socialista ante la realidad política de España. Madrid, Editorial Cenit. versos ámbitos. De especial relevancia fue su presencia en el Congreso regional del Partido Socialista en Jaén, en 1920. Durante su asistencia al Congreso del Partido Socialista de 1928 criticó la postura adoptada por su propio partido al considerarla como tibia ante la Dictadura. En su obra anteriormente citada134 expuso su tesis sobre la oportunidad desaprovechada por las fuerzas obreras al entrar en crisis la Dictadura de Primo de Rivera. Sin embargo, no encontró el respaldo de todos sus correligionarios, por lo que pocos meses después, redactó En justa defensa, un alegato en favor de sus propios planteamientos. El advenimiento de la República supuso un salto cualitativo en su carrera política y en su trayectoria como ensayista. Ocupó la alcaldía de su población natal en abril de 1931 a la que volvería en febrero de 1936. Semanas después, en junio de 1931, fue elegido diputado por la circunscripción de Córdoba en las elecciones a Cortes Constituyentes con un total de 53.696 votos. En su expediente del archivo del Congreso aparece reflejada su condición de periodista como profesión135. Su nueva labor quedó centrada, en primera instancia, en la comisión de Economía, de la que era Vicesecretario, de donde pasaría al poco tiempo a la de Agricultura. Esta área es el escenario donde desarrolló con más ardor la defensa de una política profundamente reformista y en donde denunció las trabas al proyecto de Marcelino Domingo. Precisamente una de sus actuaciones más relevantes en el hemiciclo del Congreso se produjo el 5 de Mayo de 1932 para denunciar la actitud tomada por el gobernador civil de Córdoba, Eduardo Valera Valver- 134 MÓRON DÍAZ, Gabriel: El Partido Socialista…, op. cit. 135 Información obtenida de la página web www.congreso.es. 46 Factoría de Ideas Centro de Estudios Andaluces Con el advenimiento de la República obtuvo acta de diputado por Jaén en las Cortes Constituyentes mediante elección parcial en octubre de 1931 por sustitución de José Ortega y Gasset170. En el momento de su elección, ejercía como alcalde socialista de La Carolina. En ese mandato se iría acrecentando el ascendente y la jerarquía sobre los trabajadores jiennenses del que hablaría su compañero y superior en el Ministerio de la Gobernación, Julián Zugazagoitia. Con el estallido de la guerra, decide formar parte de las primeras organizaciones de milicias, y junto con los mineros de aquellas comarcas, colocarían barrenas en el paso de Despeñaperros para evitar que fuese franqueado por las fuerzas sublevadas. Durante su mandato como gobernador civil, fue puesto en entredicho especialmente en relación al trato de los presos. El ministro le solicitó que actuase con firmeza ante la relajación en la disciplina de la vida penitenciaria, pero al mismo tiempo, que asegurase las vidas de los reclusos. Ante la confianza que Zugazagoitia mostró en él, sus detractores decidieron acudir a Manuel Irujo, ministro de Justicia, quien tenía en un principio un juicio más severo sobre el gobernador. Aunque el socialista vizcaíno sostiene que la solidaridad con el ministro que lo nombró fue la causa que propició su salida171, no se podría dejar pasar por alto la polémica registrada pocos días antes de la salida de Piqueras del Gobierno Civil de Jaén. La falta de consenso entre 170 Relación de diputados en www.congreso.es. 171 ZUGAZAGOITIA, Julián (1977): Guerra y vicisitudes…op. cit., pp. 136-139. las fuerzas políticas y sindicales para la conformación del Consejo Municipal de la capital propiciaron un panorama escasamente diáfano para el gobernador quien se encontraría ya en pleno agosto de 1937 con la oposición frontal del Consejo Provincial, que le retiraría su apoyo y amenazaría con una dimisión en bloque si el gobernador no se marchaba172. A los pocos días, quedó consumada la sustitución. Apresado poco después de la conquista de la provincia de Jaén por las tropas del general Franco, fue condenado a muerte por un consejo de guerra y fusilado el 15 de Abril de 1939173. Su sustituto al frente del Gobierno civil jiennense durante el periodo comprendido entre el 22 de agosto de 1937 y el 25 de mayo de 1938 fue ricardo mella serrano174, hijo de uno de los principales propagandistas del movimiento libertario en España durante los primeros años del siglo XX, el vigués Ricardo Mella Cea y nieto de otro publicista de filiación anarcosindicalista Juan Serrano Oteiza. También su hermana Urania Mella Serrano tuvo una actuación política destacada en favor del asociacionismo femenino. No obstante ese ambiente familiar, Ricardo Mella hijo se decidió por el socialismo. Durante su toma de posesión, acontecida tres días después de su nombramiento oficial, se muestra abierto a todos los partidos, agrupaciones políticas y vecinos. Entre sus objetivos se encontraban participar en el esfuerzo de guerra, restablecer “íntegramente la legalidad 172 Heraldo de Castellón 16-8-37, El Liberal (Murcia) 18-8-37 y Ahora (Jaén) 18-8-37 en AGGCE PS Madrid 2003. 173 AGGCE Expediente de antecedentes y AGGCE Expediente TERMC. 174 Gaceta de la República 24-8-37 y 28-5-38 y Expediente personal AGA Sección Gobernación Caja 44/19017. 47 Título obra Guerra y poder. Los gobernadores civiles en Andalucía (1936-1939) republicana” y revisar los casos de los presos recluidos en las cárceles de provincia y de partido175. Durante su actuación al frente de la representación del gobierno central en Jaén deberá tomar responsabilidades en cuestiones como la administración local, con la conformación del Consejo Municipal de Jaén pocos días después de su llegada, o como el fomento de la actividad agraria, especialmente la intensificación de la producción y recolección de aceituna. Sin olvidar asuntos tan polémicos como la política penitenciaria, que ya anteriormente había suscitado discrepancias entre las autoridades gubernativas y algunas fuerzas políticas, o problemáticas tan perentorias como los abastos y la asistencia a un cada vez mayor número de refugiados176. Tras finalizar su mandato en Jaén mayo de 1938, el gobierno de Juan Negrín le confiaría el ejercicio de la misma labor en la provincia de Alicante, desde ese momento hasta casi finales de la guerra, justo hasta el 16 de marzo de 1939 cuando es sustituido por el Consejo Nacional de Defensa177. Conocedor de la realidad de la Andalucía republicana, pues ya había desempeñado el cargo de gobernador civil en Granada, llega a la capital jiennense Antonio de Gracia Pons, último gobernador republicano, en mayo de 1938. Para evitar reiteraciones, hemos situado el perfil biográfico de Antonio de Gracia en el siguiente 175 Eco de Jaén 26-08-37 y La Mañana 28-08-37 en AGGCE PS Madrid 2003. 176 Resumen de prensa de Jaén en AGGCE PS Madrid 2003. 177 Ese mismo día son sustituidos de igual modo los gobernadores civiles de Cuenca, Guadalajara y Castellón, en Gaceta de la República 17-03-39. epígrafe dedicado a la provincia de Granada, pues fue en ese ámbito donde más significadamente desarrolló su labor. 3.3. Granada Si Jaén y Almería permanecieron durante la guerra en su práctica totalidad bajo el control del gobierno de la República, dos provincias vecinas como Granada y Córdoba experimentaron la fractura en su propio territorio, motivada por los acontecimientos militares derivados del curso de la guerra. Desde el otoño de 1936 existirán en estas dos provincias dos gobernadores, uno por cada bando contendiente, si bien las dos capitales se encuentran bajo control del gobierno de Burgos desde los primeros días tras el estallido de las hostilidades. La República ha de buscar una localidad para el desempeño de las labores de su representante y al mismo tiempo, éstos han de encargarse de la reconstrucción de la conformación del orden republicano de retaguardia. La sublevación de tropas acantonadas en el norte de África el 17 de julio sorprende como gobernador civil de Granada a césar torres martínez. Hombre experimentado en el desempeño de tales funciones pues ejerció tales responsabilidades durante el bienio republicano-socialista en Lugo, entre julio de 1932 y mayo de 1933 y en Almería desde esa fecha hasta septiembre del mismo año. A los pocos días de la victoria del Frente Popular en las elecciones de Febrero de 1936 fue designado para el Gobierno civil de Jaén178. Republicano de filiación, siempre cercano a las fuerzas lideradas 178 Expedientes personales AGA Sección Gobernación 44/19076 y Sección Presidencia 51/3080. 48 Factoría de Ideas Centro de Estudios Andaluces por Manuel Azaña, primero como allegado a Acción Republicana y en un segundo periodo a Izquierda Republicana179. De la provincia vecina sería despedido con recuerdo grato por parte de los medios obreros180, en virtud de su actitud de consulta y diálogo con los representantes del Frente Popular provincial. Ante la crítica coyuntura del pronunciamiento, la actitud de César Torres fue la de mantenerse a la expectativa de los acontecimientos en Granada. Decidió no armar al pueblo y reunir al comité permanente del Frente Popular en el Gobierno Civil ya en la madrugada del 17 al 18 de julio. Su confianza en la palabra de lealtad del general Campins, comandante militar de la plaza, le supuso roces con algunos miembros del comité permanente del Frente Popular que defendía una actuación más decidida en el capítulo referente a la organización de milicias. Las órdenes recibidas el día 19 de julio en el Gobierno Civil y en la Comandancia militar para conformar columnas armadas no pudieron ser llevadas a la práctica por la desobediencia aún no declarada de las fuerzas militares. Sólo ante lo consumado del golpe, Torres aceptó tomar medidas más urgentes en cuanto a armar a las organizaciones obreras por lo que ordenó el acopio de material de caza en armerías deportivas en la mañana del 20 de julio. Sin embargo a estas alturas, la insubordinación de algunos jefes del Ejército y de fuerzas de seguridad alcanzó tal grado que se hizo imposible el materializar la iniciativa adoptada en la madrugada anterior. 179 RUIZ MANJÓN, Octavio: “Autoridades locales y partidos políticos en Andalucía durante la Segunda República” en Reis (Revista Española de Investigaciones Sociales), nº 5, 1979 y Gaceta de Madrid 21-7-32, 14-5-33, 14-9-33 19-3-36 y 24-6-36. 180 Democracia (Jaén) 29-5-36. Definitivamente se consumó la sublevación de la fuerza militar de la guarnición de Granada en la tarde del 20 de julio al ser tomado el edificio del Gobierno Civil tras una resistencia de escasa entidad. Buena parte de los componentes del comité permanente del Frente Popular son hallados junto al gobernador civil y posteriormente fusilados. Éste será juzgado por consejo de guerra sumarísimo y condenado a reclusión militar perpetua como representante del gobierno del Frente Popular181. Descabezada en Granada la representación del gobierno y de las principales fuerzas políticas opuestas a la sublevación, va a emerger en la zona bajo dominio republicano un poder local con un alto nivel de autonomía que va a encontrar en los comités su máxima expresión. Con el propósito de rehacer la presencia del poder central en la zona y reconquistar la presencia perdida, el gobierno de Largo Caballero envía como gobernador, después de un interregno de más de dos meses, a antonio de Gracia Pons182. Amigo personal del secretario general del PSOE y diputado por Granada Ramón Lamoneda, la trayectoria de Antonio de Gracia Pons está íntimamente ligada al movimiento obrero y al desenvolvimiento del socialismo español. Nacido en Valencia en 1894, fue tipógrafo de profesión y militante de UGT y PSOE ya desde 1915. Combinaría a lo largo de su carrera el desempeño de funciones tanto políticas como sindicales. Presidente 181 Fuentes principales para el conocimiento de la Guerra Civil en Granada son la obra de GIL BRACERO, Rafael: (1998) Revolucionarios sin revolución…op. cit. y sus capítulos en la obra colectiva dirigida por RUIZ MANJÓN-CABEZA, Octavio (1987): La Guerra Civil en Andalucía Oriental : 1936-1939, Granada, Diputación provincial. 182 Expedientes personales AGA Sección Gobernación Caja 23 Top 13/65104-66701 y Sección Presidencia Caja 51/3080. 49 Título obra Guerra y poder. Los gobernadores civiles en Andalucía (1936-1939) de la Agrupación Socialista valenciana y presidente y secretario de la Federación Socialista Valenciana en 1935, llegó a alcanzar al final de la guerra uno de los puestos en la ejecutiva socialista. Pese a ser nombrado por Largo Caballero durante el bienio republicano-socialista delegado de Trabajo en Valencia183, políticamente se podría adscribir con más idoneidad a la línea política liderada por Indalecio Prieto. Paralelamente fue presidente y directivo de la Federación de Artes Gráficas de la UGT y miembro de su Ejecutiva Nacional, desde donde alcanzaría la pertenencia al Comité Nacional de la central sindical. En el seno de la Unión tomó parte en los acontecimientos de octubre de 1934 al integrarse en el comité de huelga insurreccional184. En septiembre de 1936 fue designado para la presidencia de la sexta agrupación de jurados mixtos de Valencia, aunque tendría que renunciar sin llegar a tomar posesión185 ante el desempeño de otras funciones más urgentes. Además de su pertenencia al socialismo en una doble vertiente política y sindical, también formó parte de la masonería. En la valenciana logia Federación Levantina nº 2, y bajo el simbólico de Pablo Iglesias, fue vocal de la comisión de justicia la misma, y en junio de 1937 alcanzó la exaltación al cuarto grado. En el juicio al que fue sometido por su pertenencia por parte del Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y el 183 Gaceta de Madrid 2-8-31. 184 PANIAGUA, Javier y PIQUERAS, José Antonio (2005): Diccionario biográfico de políticos valencianos 1810-2005. Valencia, Institució Alfons el Magnanim, p. 176. 185 Gaceta de la República 27-12-36. Comunismo, declaró que la idea por la que ingresó en la hermandad fue el que ésta le fue descrita como una asociación de ayuda entre hombres y que no llegó a ejercer cargo alguno. Nunca se retractó puesto que no se consideraba sujeto de ningún delito y sostener que no desempeñó cargo alguno en la logia. Fue condenado por tales motivos con doce años y un día de pena, que le sería más tarde conmutados por una condena de nueve186. Su mandato en Granada se prolongará desde inicios de octubre de 1936 hasta finales de mayo de 1938. Sus principales objetivos fueron el fortalecimiento de la presencia estatal, desde el punto de vista político, militar y administrativo y la superación de la fase inicial de descoordinación caracterizada por la presencia y autonomía de los comités187. Sustituido en Granada seguirá contando con la confianza del segundo gabinete del doctor Negrín, pues será nombrado gobernador de Jaén. Allí desempeñará el mismo cargo hasta el final de la guerra, cuando es detenido por el ejército franquista. Procesado y juzgado por consejo de guerra en Jaén el 17 de diciembre de 1943, fue condenado a 30 años de reclusión. Comenzó así para Antonio de Gracia un periplo que le llevaría de la cárcel de Jaén a la de Madrid, pasando por la de Sevilla, a principios de 1945. Ya en Valencia en 1947, la Jefatura Superior de Policía de la capital levantina informó al TERMC de que cumple con los compromisos que le obliga la prisión atenuada de la que disfruta desde ini- 186 AGGCE Expediente personal y expediente TERMC. 187 GIL BRACERO, Rafael (1998): Revolucionarios sin revolución…op.cit. 50 Factoría de Ideas Centro de Estudios Andaluces cios de año. En 1949 quedará en libertad vigilada y en 1987 fallece en su ciudad natal188. Su sucesor al frente del Gobierno civil granadino fue esteban martínez sánchez, quien ejercerá en el cargo durante los últimos diez meses de la República189. Según informes policiales practicados en la posguerra y recogidos en su expediente personal del TERMC fue agente del Cuerpo de Investigación y Vigilancia de filiación socialista. Posteriormente pasaría al Cuerpo de Carabineros, para desarrollar la labor de Comandante del puesto de Figueras. Respecto a su relación con la Masonería, según los informes consultados se jactaba de ello, aunque el TERMC sólo pudo probar la petición de ingreso sin llegar a determinar ni la fecha ni el lugar en cuestión de tal solicitud. En 1946, cuando se le instruyó el sumario por delitos de pertenencia a la Masonería se le declara en busca y captura al desconocer su paradero190. 3.4. Córdoba La provincia de Córdoba contempla como el desenvolvimiento de la sublevación y de las operaciones militares propicia su división en dos zonas de control. Experimenta, del mismo modo que Granada, el verse convertida en frente de guerra y la existencia de dos gobernadores de signo contrario. La zona norte y oriental de la provincia quedará bajo control republicano, aunque tal posesión 188 AGGCE Expediente TERMC y PANIAGUA, Javier y PIQUERAS, José Antonio: Diccionario biográfico…op. cit. 189 Gaceta de la República 28-5-38 y Expediente personal AGA Sección Gobernación Caja 44/19012. 190 AGGCE Expediente TERMC. menguará a medida que las tropas del general Franco prosigan su avance. Este motivo propiciará le existencia de un Gobierno Civil itinerante, ubicado en poblaciones como Montoro, Pozoblanco y Villanueva de Córdoba. La representación del gobierno republicano en la capital de la provincia, encabezada por el gobernador Rodríguez de León, quedará suprimida desde la misma tarde del 18 de julio de 1936 en que es tomado el edificio sede del Gobierno Civil. Mientras se confeccionaba un nombramiento oficial, a modo de interino191 ejercía tal autoridad Fernando carrión, alcalde de Pueblonuevo del Terrible, carpintero de profesión, presidente de la agrupación local de Izquierda Republicana y presidente del Comité de Defensa formado tras el 18 de julio192 . Durante las primeras horas después de la declaración del estado de guerra su actitud fue rápida y decidida en varias direcciones. Por un lado formó agrupaciones de milicianos procedentes, la mayoría de ellos, de ocupaciones relacionadas con la minería, pese a las indicaciones en sentido contrario del capitán de la Guardia Civil de Peñarroya. Puestas a disposición del gobernador con el propósito de su defensa, fue desestimado tal ofrecimiento. Por otra parte impidió que las personas de significación derechista que habían sido encarceladas fuesen objeto de actos violentos por parte de incontrolados y consiguió la lealtad al gobierno del Frente Popular de los contingentes de la Guardia Civil acantonados en las poblaciones limítrofes193. 191 ABC (Madrid) 12-08-36. 192 MORENO GÓMEZ, Francisco (1986): La Guerra Civil en Córdoba (1936-1939). Madrid, Alpuerto. 193 Íbidem. 51 Título obra Guerra y poder. Los gobernadores civiles en Andalucía (1936-1939) Sin embargo, no será hasta noviembre de 1936 cuando se formaliza el nombramiento de un gobernador civil para la zona de la provincia de Córdoba bajo control de la República. En ese momento es designado eduardo blanco Fernández para el ejercicio de la máxima autoridad provincial194. Natural de Gijón y marinero de oficio, contaba con 39 años en el momento de su designación195. Pese a su lugar de nacimiento, su actividad política y sindical durante los meses anteriores al estallido de la guerra está relacionada con Andalucía, pues su acta de diputado fue conseguida precisamente por Córdoba. Ante la ocupación de la capital de la provincia por los militares alzados contra el Gobierno, se fija la residencia del gobernador en Montoro. Desde el 17 de julio se encontraba en Peñarroya, con motivo de la asistencia al VI Congreso Federal de Sindicatos. Su acción le elevará a un protagonismo de primera línea durante los primeros días de guerra por haberse erigido como cabeza del Frente Popular de la comarca. Junto con el alcalde Carrión, del que consiguió de las autoridades centrales su reconocimiento como gobernador civil interino, y con el teniente García del Amo, dirigió desde la posición de asesor político, las columnas de mineros que asentaron la presencia republicana en la zona196. Del mismo modo pudo procurar, tras su viaje a Madrid, el concurso del aviador Rexach y el envío de munición de guerra197. Su actitud fue coincidente con la 194 Gaceta de la República 19-11-36 y AGA Sección Gobernación Caja 44/18945 y Sección Presidencia Caja 51/3080. 195 Página web www.congreso.es 196 MORENO GÓMEZ, Francisco: (1986) La Guerra Civil en Córdoba…op.cit., pp. 159. 197 Íbidem, pp. 160-163. de su antecesor en el cargo respecto al control sobre hipotéticos ataques a personas de derechas y edificios de culto y en el mantenimiento de relaciones de cordialidad con la Guardia Civil. Ya concluido el ejercicio de sus funciones en el Gobierno civil, Eduardo Blanco seguirá estando presente en territorio cordobés como representante de las fuerzas del Frente Popular y como asesor de a las autoridades provinciales198. Semanas después de la conformación del primer gabinete del doctor Negrín fue designado gobernador civil de Córdoba virgilio carretero maenza, sólo cinco días después de que lo hubiese sido Vicente Talens Inglá, quien no llegaría a tomar posesión. Finalmente éste último desempeñaría el mismo cargo en la provincia de Almería199, por lo que quedaba vacante la plaza en el Gobierno Civil cordobés. Nacido en torno al cambio de siglo en Landete (Cuenca), Carretero había desarrollado en la vecina provincia de Toledo su trayectoria política y profesional. Por su condición de abogado, se distinguió en la defensa de los trabajadores y sus derechos. Ingresó en 1918 en las Juventudes Socialistas, aunque poco después, en 1920, abandonaría esta formación para ingresar en el Partido Comunista como uno de sus fundadores. En este contexto de surgimiento del comunismo en España, recibe el encargo de organizar y fomentar el partido en su provincia de residencia. Inserto en plena reivindicación política fue detenido en 1927 en la frontera de Port Bou cuando se disponía a entrar en España proveniente de la URSS. En 1934 198 ABC (Madrid) 12-01-39. 199 AGA Expedientes Personales Sección Gobernación 44/18954 y Sección Presidencia 51/3080 y Gaceta de la República 18-07-37. 52 Factoría de Ideas Centro de Estudios Andaluces sufrió una nueva detención por motivos políticos, que le supondría el cumplimiento de dos meses de encarcelamiento. En agosto de 1935 fue nombrado encargado de la oficina jurídica de Oviedo de la Agrupación de Abogados defensores de los encausados en los sucesos de octubre de 1934. A su frente ejercería durante ocho meses, periodo durante el que fue designado defensor por 115 procesados. En algunas de las causas consiguió absoluciones y rebajas de condenas, a priori consideradas como difíciles, por lo que Carretero obtuvo el reconocimiento de la Asociación y de los propios encausados y sus familias200. Pocos meses antes del estallido de la guerra presentó su candidatura al Congreso de los Diputados por Toledo en las elecciones de febrero de 1936, en la que era el único miembro comunista de la coalición de izquierdas. Dentro de ella sería el candidato menos votado, por lo que no conseguiría los votos necesarios para obtener el acta201. Ya iniciado el conflicto, y antes de su nombramiento como gobernador civil de Córdoba, adquirió experiencia en el desempeño de funciones públicas en el seno de la Junta Delegada de Defensa de Madrid como consejero de abastecimientos. Tras la guerra fue encarcelado y condenado a trabajos forzosos en campos de concentración202 aunque terminaría logrando esca- 200 Informe de Enero de 1936 sobre las delegaciones de Oviedo y Gijón de la Agrupación de Abogados defensores de los encartados por los sucesos de Octubre de 1934 recogido en página web www.asturiasrepublicana.com 201 HERREROS, Isabelo: (1995) El Alcazar de Toledo: mitología de la cruzada de Franco. Madrid, Vosa. 202 Tomado de la comunicación del militante comunista Sixto Agudo en las actas del congreso Los campos de concentración y el mundo penitenciario en España durante la guerra civil y el franquismo, celebrado los días 21, 22 y 23 de octubre de 2002. par, muy probablemente a Francia. Por ello, la causa por comunismo instruida por el TERMC sería archivada a finales de 1951, momento en el que se encontraba, para las autoridades franquistas, en paradero desconocido203. Su sucesor y último gobernador civil republicano en la provincia de Córdoba, fue antonio remis Álvarez, cuyo mandato como máxima autoridad de la provincia se prolongó entre mayo de 1938 y el final de la conflagración204. Nacido en Asturias y miembro del cuerpo de oficiales de correos, pronto marcharía a la capital de España en donde desplegó buena parte de su labor política. Admirador de figuras como Marcelino Domingo o Álvaro de Albornoz, formaba parte del Partido Republicano Radical Socialista. Con la fusión de este partido con la Acción Republicana de Manuel Azaña, se convirtió en uno de los dirigentes provinciales de la nueva Izquierda Republicana. Con el final de la guerra, su negativa a marchar al exilio le terminaría acarreando una condena a muerte —conmutada posteriormente— y la prisión por dos ocasiones. La segunda de ellas tras el juicio a los dirigentes de Alianza Nacional de Fuerzas Democráticas. Tras su llegada a París en 1947 se le encomendó trabajos relacionados con la propaganda y el periodismo, actividad por la que siempre mostró especial cercanía. Durante los años del exilio parisino ejerció la dirección de la re- 2002 Generalitat. 203 AGGCE Expediente Personal Antecedentes y Expediente TERMC y PS Madrid 445. 204 Gaceta de la República 28-05-38 y AGA Expedientes personales Sección Gobernación caja 44/19049. 53 Título obra Guerra y poder. Los gobernadores civiles en Andalucía (1936-1939) vista Política, órgano de Izquierda Republicana. Pese a que durante un largo periodo de años no fue director nominal de la revista, se le consideraba como alma de la empresa y de la iniciativa hasta el momento de su nombramiento oficial como director. Llegada la democracia, sólo visitó España de manera esporádica, muriendo en Paris a finales de la década de los ochenta205. 205 HERREROS, Isabelo: “Antonio Remis: Republicano soñador y director de Política en el exilio” en Política, nº 50, enero-febrero 2003. 3.5. Málaga En cuanto a la provincia de Málaga, quizá podría definirse como modelo de transición, pues durante el conflic- to pasó del control del gobierno republicano al de los militares sublevados. Febrero de 1937 no sólo supone la cesura entre ambos periodos en el área malacitana, sino que también es un punto de inflexión en el desarrollo del conflicto a nivel regional. Desde ese momento, el ritmo del avance de las tropas del general Franco en el ámbito espacial andaluz experimentará una considerable desaceleración. Llegado a Málaga procedente del Gobierno Civil de Lugo206, donde ejerció prácticamente durante toda la etapa del Frente Popular, José antonio Fernández vega será el encargado de hacer frente a la sublevación militar como representante del gobierno de la República. Su mandato207, que se prolonga entre inicios de junio y mediados de octubre, se circunscribe en los momentos decisivos del estallido de la guerra y de las semanas siguientes, precisamente las de mayor acen- to revolucionario. Natural de Llanes (Asturias), médico forense, contaba con 45 años en 1936. Compaginó su vida profesional con su trayectoria política en tierras gallegas, donde fue fundador y cabeza prominente de Izquierda Republicana. Al mismo tiempo accedió a colaborar con Renovación, órgano de la Casa del Pueblo de Puenteaéreas, Pontevedra. Su mandato como gobernador civil de Lugo estuvo pre- 206 Gaceta de Madrid 26-02-36. 207 Gaceta de Madrid 3-06-36 y 11-10-36 y AGA Sección Gobernación Expediente Personal Caja 44/18976. 54 Factoría de Ideas Centro de Estudios Andaluces sidido por la oposición que la central anarcosindicalista CNT mostraba ante sus iniciativas en el marco de política de mediación social. Sin embargo, su labor fue refrendada por el subsecretario de Gobernación Osorio Tafall, quien solicitó su continuidad en el cargo a pesar de los ofrecimientos de dimisión por parte del propio Fernández Vega. Debía de ser hombre de recto juicio y seriedad puesto que hasta sus adversarios así se lo reconocieron. En 1941, durante el juicio militar seguido en su contra por las autoridades militares, el entonces gobernador civil de Lugo declaró que Fernández Vega se mostró enérgico en el desempeño de su autoridad durante su mandato bajo la República. Tras su cese como gobernador de Málaga, pasaría a Alicante y desde allí a Llanes, su localidad natal en donde se hizo cargo del hospital. En tal tarea se ganó la animadversión de los dirigentes del Frente Popular, pues era acusado de proteger a personas de filiación política de derechas. Posteriormente quedaría encuadrado como médico en la Subsecretaría de Armamento, hasta el derrumbamiento del frente de Cataluña, momento en que decidió huir de España refugiándose en Francia. En el país vecino, ya ocupado por la Wehrmacht, fue detenido en el verano de 1940 por la policía secreta alemana. Requerido por las autoridades judiciales franquistas se le repatrió a Madrid pasando posteriormente por la prisión provincial de Sevilla partir de septiembre de aquel año. En octubre de 1940 llega a la de Málaga siendo juzgado el 20 de marzo de 1942. Su sentencia a muerte se hace pública el día 31 del mismo mes, siendo fusilado el 18 de mayo de 1942. Pese a los vínculos familiares que le unían con la mujer de Camilo Alonso Vega y pese a la declaración favorable del Cónsul General de México en Málaga —Porfirio Smerdou— en la que se explicaba la postura favorable a la protección de súbditos e intereses mexicanos, no pudo ser evitada la materialización de la condena208. Tras la conformación del gobierno nacional presidido Largo Caballero, los dos últimos gobernadores republicanos en Málaga compartirán la misma filiación política. Desde mediados de octubre hasta mediados de diciembre de 1936 ejerce como gobernador Francisco rodríguez rodríguez209, maestro de profesión. Como instrumento de apoyo contará con una comisión de colaboradores conformada por personas cercanas como el socialista Mowbray, quien había sido uno de los principales artífices en la creación del batallón de milicias socialistas Pablo Iglesias210. A finales de 1936 pasaría a desempeñar en Guadalajara el mismo puesto hasta mayo de 1937, coincidiendo con la formación de un nuevo gabinete. En los últimos meses del poder republicano en Málaga llegó procedente de Alicante donde había estado al frente de la diputación provincial, Luis arráez martínez211, quien se haría cargo del Gobierno civil hasta la conquista de la provincia por parte de las fuerzas del bando franquista en febrero de 1937. Durante su mandato tuvo que hacer frente a las cada vez más distantes posiciones entre los representantes de las diferentes 208 RAMOS HITO, Juan Antonio: (2003) Guerra Civil en Málaga 1936-1937. Revisión histórica. Málaga, Arguval, pp. 336-342. 209 BOE 11-10-36 y 13-12-36 y AGA Sección Gobernación Caja 44/19056 y Sección Presidencia Caja 51/3080. 210 NADAL SÁNCHEZ, Antonio: (1988) Guerra Civil en Málaga…op. cit., pp.132-136. 211 AGA Expedientes personales Sección Gobernación Caja 44/ 18938 y Sección Presidencia Caja 51/3080. 55 Título obra Guerra y poder. Los gobernadores civiles en Andalucía (1936-1939) agrupaciones favorables a la causa republicana y a la falta de atención por parte de los directores de las operaciones militares212. Natural de Almansa (Albacete), desarrolló su vida política en el Levante español en el seno del socialismo, al mismo tiempo que desempeñó cierta actividad en la Masonería, tras su ingreso en la Logia Amor nº 9 de Elda (Alicante) en 1928 bajo el nombre simbólico de Bebel. Al año siguiente alcanzó la exaltación al segundo 212 NADAL SÁNCHEZ, Antonio: (1988) Guerra Civil en Málaga…op. cit., pp. 137. grado, aunque parece que no llegó a desarrollar cargos de importancia. De su expediente elaborado por el TERMC se desprende que en 1935 estaba en prisión, aunque no menciona la causa. Probablemente podría estar relacionada con los acontecimientos de octubre de 1934, al igual que otros de sus colegas. Concluida la guerra, fue sometido a consejo de guerra en Alicante y fusilado en la misma capital el 12 de julio de 1940 cuando contaba con 44 años213. 213 AGGCE Expediente TERMC. 214 Fuentes: Gaceta de Madrid, Gaceta de la República, Expe- Tabla 2: Gobernadores de la República214 ProvIncIa nombre nombramIento cese Almería Peinado Vallejo, Juan 21-2-36 23-10-36 Almería Morón Díaz, Gabriel 23-10-36 3-6-37 Almería Bulnes, Jesús 12-7-37 17-7-37 Almería Talens Inglá, Vicente 17-7-37 9-4-38 Almería Cañas Espinosa, Eustaquio 9-4-38 16-11-38 Almería Sánchez Hernández, Salvador 16-11-38 Córdoba Blanco Fernández, Eduardo 17-11-36 12-7-37 Córdoba Talens Inglá, Vicente 12-7-37 17-7-37 Córdoba Carretero Maenza, Virgilio 17-7-37 25-5-38 Córdoba Remís Álvarez, Antonio 25-5-38 Granada Torres Martínez, César 23-6-36 20-7-36 Granada Gracia Pons, Antonio de 6-10-36 25-5-38 Granada Martínez Sánchez, Esteban 25-5-38 Jaén Rius Zunón, Luis 23-6-36 14-8-36 Jaén Martín Galeano, Manuel 14-8-36 3-10-36 Jaén Piqueras Muñoz, José 3-10-36 22-8-37 Jaén Mella Serrano, Ricardo 22-8-37 25-5-38 Jaén Gracia Pons, Antonio de 25-5-38 Málaga Fernández Vega, José Antonio 2-6-36 10-10-36 Málaga Rodríguez Rodríguez, Francisco 10-10-36 10-12-36 Málaga Arráez Martínez, Luis 10-12-36 8-2-37 62 Factoría de Ideas Centro de Estudios Andaluces que generaron a lo largo de los años los gobiernos civiles. Curiosamente, la historiografía no ha prestado suficiente atención a la figura de los gobernadores civiles que resultan ser claves para entender la presencia del Estado y de las consignas del gobierno hasta el último rincón del territorio. Gozaron de una extraordinaria autoridad —muy especialmente bajo el franquismo— derivada de un abanico de competencias extraordinariamente amplio cuya última frontera nunca fue demasiado clara. Ni el marco legal llegó a precisar los límites de sus competencias, ni la dictadura estuvo demasiado interesada en ello ante la conveniencia de contar con auténticos poncios que fuesen incontestables en sus provincias. Sólo en última instancia podían ser cesados o destinados a otro lugar por el gobierno que los había nombrado, de acuerdo con criterios de idoneidad u oportunidad política. Era evidente, pues, que la base del poder de los gobernadores procedía de Madrid, no de las provincias. Otra cosa sería que adecuasen su conducta a las características específicas de sus provincias y que actuasen con una mezcla calculada de firmeza y flexibilidad. Si su actuación resultaba polémica a los ojos del Ministerio de la Gobernación provocando contestación por exceso o defecto de celo, el gobernador corría el riesgo de ser removido del cargo. La cuestión fundamental residía en mantener los equilibrios siendo fieles transmisores de las consignas gubernamentales. Decíamos que los historiadores no se han prodigado en investigaciones sobre este tema. Y a las pruebas nos remitimos. Apenas se han publicado trabajos centrados en el estudio de nuestros gobernadores a excepción del artículo pionero (del año 1972) de Bernard Richard sobre la Restauración que, ciertamente, no encontró seguidores que garantizaran una sólida continuidad2. Algo parecido puede decirse de la historia de las instituciones políticoadministrativas que recibieron muy escasa atención por parte de los historiadores frente a los especialistas en derecho que, obviamente, limitaban sus análisis a los aspectos meramente legislativos. Y es más llamativa esa ausencia de estudios cuando, realmente, los análisis que se han hecho sobre el Estado y sus diversas instituciones han arrojado valiosas luces para entender mejor nuestro pasado3. Sólo Javier Tusell apuntó lo que podía haber sido una interesante línea de investigación que no halló fortuna en los lustros siguientes. Nos referimos a su libro sobre la reforma de la administración local, centrado en el período de la crisis de la Restauración, la dictadura de Primo de Rivera y la Segunda República (1900-1936)4. Habrá que esperar a la década de los ochenta y principios de los noventa para que el estudio de los gobernadores civiles cobre importancia, siquiera para determinados períodos de nuestra contemporaneidad. El más completo y global para el siglo XIX sigue siendo el de Cajal Valero, mientras que para la centuria siguiente contamos con los trabajos de González Calbet, Gómez Navarro y Navajas Zubeldia sobre la dictadura primorriverista que revelaron 2 RICHARD, Bernard: “Étude sur les gouvernements civils en Espa-RICHARD, Bernard: “Étude sur les gouvernements civils en Espagne de la Restauration à la Dictadure (1874-1923). Origine géogra-Origine géographique, fonctions d´origine et évolution d´un personnel politico-admi- nistratif” en Mélanges de la Casa de Velázquez, tomo VIII (1972). 3 Citemos, como ejemplo, los estudios sobre policía y orden público. Vid.: TURRADO VIDAL, Martín: “Estudios sobre historia de la policía”, (Madrid, Ministerio del Interior, 1991) o MIGUÉLEZ RUEDA, José María: “Transformaciones y cambios en la policía española durante la Segunda República” en Espacio, Tiempo y Forma, Historia Contemporánea (nº 10), pp. 205-222. 4 TUSELL GÓMEZ, Javier y CHACÓN ORTÍZ, Diego: La reforma de la administración local en España: 1900-1936, (Madrid, Instituto de Estudios Administrativos, 1973). 63 Título obra Guerra y poder en la Andalucía del Franquismo. Gobiernos y gobernadores civiles (1936-1975) la importancia de los gobernadores nombrados durante aquel sexenio para comprender mejor los caracteres de la dictadura primorriverista5. Muy completo fue el trabajo de Mercadal Bagur sobre Menorca para los siglos XIX y XX, así como el de Sanz Alberola para el primer franquismo en Alicante6. A partir de ahí se prestó una mayor atención sobre el papel de los gobernadores para otros capítulos de nuestra contemporaneidad y, muy especialmente, para el período del franquismo en el que alcanzaron un cénit en términos de relevancia y proyección social. El resultado de ello fue la aparición de trabajos aislados para varios períodos de nuestra contemporaneidad (Ruiz Acosta, González Madrid, Calvo Vicente), los análisis más pormenorizados de Clara y Serrallonga, las aportaciones de Ortíz Heras sobre el liderazgo de los gobernadores o la obra colectiva que el Ministerio del Interior publicó con ocasión de la supresión de los gobernadores en 1997 para dar paso a las nuevas figuras de los delegados y subdelegados del gobierno7. Esta última no dejaba de ser, en realidad, una 5 CAJAL VALERO, Arturo: El gobernador civil y el Estado centralizado en el siglo XIX, (Madrid, INAP, 1999); GÓMEZ NAVARRO, José Luis: El régimen de Primo de Rivera, (Madrid, Cátedra, 1991); GONZÁLEZ CALBET, María Teresa: La Dictadura de Primo de Rivera: el Directorio Militar, (Madrid, El Arquero, 1987) y NAVAJAS ZUBELDIA, Carlos: Ejército, Estado y Sociedad en España (1923-1930), (Logroño, IER, 1991). 6 MERCADAL BAGUR, Deseado: El mando civil en Menorca: subgobernadores y delegados del gobierno (1857-1998), (Menorca, Edicions Llevant, 1998); SANZ ALBEROLA, Daniel: La implantación del franquismo en Alicante: el papel del Gobierno Civil (1939-1946), (Alicante, Universidad, 1999). 7 RUIZ ACOSTA, Mª José: “Poder político y prensa: la figura del gobernador civil en el sistema informativo de la España decimonónica” en Revista de Historia Contemporánea, nº 9-10 (1999-2000). GONZÁLEZ MADRID, Damián-Alberto: “Gobernadores y prefetti (1922-1945)” en V Encuentro de investigadores del franquismo. , (Albacete, 2003). Las ponencias de este encuentro en: ORTIZ HERAS, Manuel (coord..): Memoria e Historia del franquismo. V Encuentro de Investigadores del franquismo, (Albacete, Universidad de Castillaobra de conjunto que establece un marco útil para nuestro estudio. Al igual que lo hace el imprescindible trabajo de Orduña Rebollo sobre la organización territorial española8. Entrando en el ámbito temporal del período estudiado, hemos tenido que recurrir a investigaciones que, desde distintas ópticas, han abordado más o menos tangencialmente la configuración del estado franquista en las provincias andaluzas desde los mismos inicios de la guerra civil. En esta línea caben ser destacados los trabajos de Ponce y Parejo sobre la Sevilla de la guerra y la posguerra, el establecimiento del primer franquismo en Almería (Rodríguez Barreira), el bastante completo análisis sobre Andalucía oriental (Cobo Romero y Ortega López) o las aportaciones realizadas desde Málaga (Prieto Borrego, Cerón Torreblanca)9. Obviamente, no La Mancha, 2005); CALVO VICENTE, Cándida: “Los gobernadores civiles en Guipúzcoa durante el primer franquismo” en TUSELL GÓMEZ, Javier (coord.): El régimen de Franco, 1936-1975: política y relaciones exteriores, (Madrid, UNED, 1993), vol. I. CLARA, Josep: “Militarismo político y gobiernos civiles durante el franquismo” en Anales de Historia Contemporánea, nº 18 (2002). CLARA, Josep: “La transición vista desde los gobiernos civiles” en Anales de Historia Contemporánea, nº 20 (2004). CLARA, Josep. “El Gobernador, el Prefecto y los exiliados republicanos en los Pirineos orientales” en Anales de Historia Contemporánea, nº 23 (2007). SERRALLONGA I URQUIDI, Joan “El aparato provincial durante la Segunda República. Los gobernadores civiles, 1931-1939” en Hispania Nova. Revista de Historia Contemporánea, nº 7 (2007). ORTIZ HERAS, Manuel: “El liderazgo de los gobernadores civiles como institución básica de la administración provincial” en II Encuentro de Investigadores del Franquismo, (Alicante, Instituto de Cultura Juan Gil-Albert-FEIS, 1995). VV.AA.: El Gobernador civil en la política y en la Administración de la España contemporánea, (Madrid, Ministerio del Interior, 1997). 8 ORDUÑA REBOLLO, Enrique: Municipios y Provincias. Historia de la organización territorial española, (Madrid, FEMP-INAP-CEPC, 2003). 9 PONCE ALBERCA, Julio: “Política y administración local en la Sevilla de Queipo (julio-diciembre 1936)” en Archivo Hispalense, núms. 256-257 (2001). PAREJO FERNÁNDEZ, José Antonio: Seño- 64 Factoría de Ideas Centro de Estudios Andaluces podíamos perder de vista otras obras de conjunto sobre el primer franquismo (Sánchez Recio, Cazorla Sánchez), las aportaciones efectuadas desde otras provincias fuera de Andalucía (Encarna Nicolás para Murcia) o los análisis más recientes disponibles para la última etapa del régimen (Sanz Campos)10. El resto de la bibliografía consultada se encuentra al final de estas páginas. No hemos querido formular un estado de la cuestión sobre el franquismo en esta breve introducción porque no es lugar adecuado para ello. Pero sí lo es para destacar dos extremos que se desprenden de lo ya expuesto: en primer lugar, que la figura de los gobernadores civiles ha ganado visibilidad en nuestra reciente historiografía y, en segundo, que su importancia se está revelando particularmente fructífera para el período de la guerra, el franquismo y los inicios de la transición. Tal vez esto esté ocurriendo porque la historia del tiempo presente ritos, jornaleros y falangistas, (Sevilla, Bosque de palabras, 2008). RODRÍGUEZ BARREIRA, Oscar J.: Migas con miedo. Prácticas de resistencia al primer franquismo. Almería, 1939-1953, (Almería, Universidad, 2008). COBO ROMERO, Francisco y ORTEGA LÓPEZ, Teresa María: Franquismo y posguerra en Andalucía oriental. Represión, castigo a los vencidos y apoyos sociales al régimen franquista, 1936-1950, (Granada, Universidad, 2005). PRIETO BORREGO, Lucía (coord): Guerra y franquismo en la provincia de Málaga : nuevas líneas de investigación , (Málaga: Universidad de Málaga, 2005). CERÓN TORREBLANCA, Cristian Matías: “La paz de Franco”. La posguerra en Málaga: desde los oscuros años 40 a los grises años 50, (Málaga, Universidad, 2007). 10 SÁNCHEZ RECIO, Glicerio (ed.): El primer franquismo (1936- 1959), (Madrid, Marcial Pons, 1999). CAZORLA SÁNCHEZ, Antonio: Las políticas de la victoria: la consolidación del nuevo estado franquista (1938-1953), (Madrid, Marcial Pons, 2000). NICOLÁS MARÍN, María Encarna: “Los gobiernos civiles en el franquismo: la vuelta a la tradición conservadora en Murcia (1939-1945)” en TUSELL, J y otros (eds.): El régimen de Franco (1936-1975). Política y relaciones exteriores, (Madrid, UNED, 1993). SANZ CAMPOS, Ismael (ed.): Crisis y descomposición del franquismo, (Madrid, AHC-Marcial Pons, 2007). también ha cobrado importancia; tal vez sea porque la notoriedad de los gobernadores bajo el franquismo les haga acreedores de una debida atención para esta parcela de nuestra historia (más aún que para otras); tal vez se trate de una combinación de ambas afirmaciones. Es sabido que durante muchos años la historiografía al uso ha sostenido una visión tradicional del pasado como objeto de estudio. Hasta no hace mucho, su ámbito temporal presentaba límites bastante definidos: las investigaciones debían remontarse al menos 30, 40 o 50 años atrás. Debía respetarse la frontera de una generación porque se consideraba que para escribir historia debía tenerse una suficiente perspectiva con respecto a los hechos acontecidos. Afortunadamente ni todos los historiadores comulgaban con semejantes postulados desde hace décadas, ni hoy puede ponerse en duda el valor de la historia actual o del tiempo presente a la vista de las líneas de investigación que se desarrollan y la teorización que se ha realizado ya sobre el concepto de lo contemporáneo11. El presente se ha convertido también en objeto de estudio puesto que forma parte del pasado más reciente y sin él no se comprende. Un presente que, ciertamente, no se refiere al instante infinitesimal de lo que acontece incesantemente, sino que nos remite al pasado que explica su ser e incluso apunta hipótesis para ensayos prospectivos. En ese sentido, el tiempo presente constituye un espacio transdisciplinar donde se dan cita diversas ciencias sociales entre las que cabría citar la ciencia política, la economía, la historia actual o la sociología, entre otras. 11 Vid.: NAVAJAS ZUBELDIA, Carlos: “El regreso de la “verdadera” historia contemporánea” en Revista de Historia Actual, vol. I, nº 1, pp.143-162 (2003). 65 Título obra Guerra y poder en la Andalucía del Franquismo. Gobiernos y gobernadores civiles (1936-1975) Los países de nuestro entorno han desarrollado los estudios sobre el tiempo presente influidos por las vicisitudes de sus propias historias contemporáneas. Así hemos de entender la aparición de entidades como el Institut für Zeitgeschichte (Alemania), Institut d´Histoire du Temps Présent (Francia) o el Institute of Contemporary History (Gran Bretaña). España no ha sido una excepción a esa tendencia y ha desarrollado una serie de grupos de investigación, seminarios, revistas y asociaciones en torno a la historia de su tiempo presente, esto es el período que va desde la guerra hasta la actualidad, prestando especial atención al franquismo y la transición democrática. Baste mencionar aquí algunas de esas entidades y revistas: Centre d´Estudis sobre les Èpoques Franquista i Democràtica (CEFID), Seminario de Estudios de Franquismo y Transición (SEFT), revista Historia del Presente (patrocinada por la Asociación de Historiadores del Presente y el Centro de Investigaciones Históricas de la Democracia Española) y la Asociación de Historia Actual, si bien ésta última tiene un sesgo marcadamente internacional 12. Obviamente, la presencia prolongada de la dictadura franquista y el proceso de transición ha condicionado la visión de nuestro tiempo presente que se suele abordar desde la perspectiva política —aunque con notorias excepciones— y ha debido moverse bajo el peso de un debate público sobre las visiones de la guerra civil y lo que vendría después. Nuestro estudio, pues, se enmarca perfectamente dentro de este ámbito transdisciplinar de la historia del tiempo 12 CEFID (http://www.cefid.uab.cat/); SEFT (http://www.uclm. es/AB/humanidades/seft/index.asp); Revista de Historia del Tiempo Presente (http://historiadelpresente. blogspot.com/2008/03/cihde.html); Asociación de Historia Actual (http://www.historia-actual.com/hao/pbhao.asp). presente, centrado en la dictadura franquista y desde una óptica política enriquecida con el análisis institucional: en nuestro caso, los gobiernos civiles. Es preciso advertir al lector que han sido muchos los posibles temas a desarrollar aquí, pero hemos debido limitarnos a elaborar una selección de los mismos. Casi cuatro décadas de gobernadores civiles es un lapso de tiempo demasiado largo como para analizarlo con todo detalle en estas páginas. Sí abordaremos, en cambio, algunos temas que han llamado la atención de los especialistas como, por ejemplo, el grado de renovación o continuidad de la política del primer franquismo con respecto a otras etapas anteriores. Intentaremos arrojar algo de luz sobre este tema desde la óptica de los gobernadores civiles quienes, al fin y al cabo, eran los encargados de canalizar los nombramientos y controlar los órganos de la administración local. Del mismo modo, observaremos la evolución del papel legal —y real— de los gobernadores en décadas tan distintas como las que discurren entre 1939 y 1975. Por último, por citar otro núcleo temático, analizaremos los problemas y luchas políticas que afectaron a los gobernadores quienes, pese a estar dotados de mando y competencias, estuvieron sujetos en grado variable a las diversas tensiones que jalonaron la larga trayectoria de la dictadura. En ese sentido, cabe subrayar que la naturaleza autoritaria del régimen, la falta de libertades, la represión variable y la consagración del principio de orden no excluyeron ni la protesta social ni las divergencias entre los grupos de apoyo de la dictadura. La consideración del franquismo como una “larga noche” compacta y homogénea que no vio su amanecer hasta el 20 de noviembre de 1975 puede ser una valoración subjetiva, tal vez una pose de moda, pero en absoluto encaja en el más mínimo umbral de rigor histórico. ......................... 66 Factoría de Ideas Centro de Estudios Andaluces ¿Con qué tipo de fuentes hemos contado para realizar esta investigación? Naturalmente, ha resultado fundamental el conjunto de documentos custodiados en el Archivo General de la Administración (Alcalá de Henares), especialmente Presidencia y Gobernación. Otro archivo importante ha sido el de la Guerra Civil (Salamanca) para los primeros años del régimen. Algunos archivos de gobiernos civiles han merecido nuestra atención como los de Sevilla, Málaga, Cádiz y Almería. El Archivo del Ministerio de la Presidencia (complejo del Palacio de la Moncloa) ha mostrado un menor interés puesto que la mayor parte de su documentación ya había sido transferida a Alcalá de Henares. Con todo, hemos extraído algunas informaciones de interés. A este conjunto hay que sumar los fondos conservados en la Fundación Nacional Francisco Franco que son notablemente ricos y detallados para revelar los entresijos del régimen en las provincias. Las fuentes hemerográficas también han proporcionado base documental para lo aquí expues- to, así como las bases de datos disponibles (legislativas, Boletín Oficial del Estado) que han sido esenciales para levantar el mapa de gobernadores en Andalucía. Por último, cabe indicar que al encuadrarse en una investigación más amplia sobre los gobernadores civiles en todas las provincias españolas entre 1936 y 1979, hemos realizado consultas en algunos archivos privados de ex gobernadores que no estuvieron en Andalucía (José María Adán García) o recurrido a las memorias y testimonios publicados de personalidades que ocuparon esos cargos en diversos períodos del franquismo o las primeras fases de la transición (por ejemplo Licinio de la Fuente, Utrera Molina, Martínez Sevilla, Oltra Moltó, Sánchez-Terán o Villalobos Beltrán)13. 13 FUENTE, Licinio de la: Valió la pena, (Madrid, Edaf, 1998). UTRERA MOLINA, José: Sin cambiar de bandera, (Barcelona, Pla- 2. El marco legal de los gobernadores bajo el franquismo Resultaría excesivo comparar a los gobernadores de la época contemporánea con los representantes del rey durante el antiguo régimen, aunque no ha faltado quien ha establecido un paralelismo en tanto que simbolizaban el poder central en territorios dependientes14. Con rigor hemos de subrayar que escaso parecido puede trazarse entre la compleja estructura de los viejos reinos de la monarquía austríaca con el centralismo jerárquico de la etapa contemporánea. Fueron los Borbones —ya en el siglo XVIII— los que ensayaron un modelo centralizador inspirado en el modelo francés al dividir el país en 18 intendencias al frente de cada una de las cuales se situó un Intendente. Pero no sería hasta la irrupción de la guerra de la Independencia (1808-1814) cuando se impregnó de centralización nuestro sistema político-administrativo. El rey José I, por decreto de 17 de abril de 1810 dividió el territorio en 38 prefecturas con un prefecto al frente de cada una; por su parte, las Cortes de Cádiz fijaron la figura de un Jefe Superior al mando de cada una de las provincias neta, 1989).MARTÍNEZ SEVILLA, Juan Antonio: Memorias de un gobernador civil, (Oviedo, Richard Grandío, 1974). OLTRA MOLTÓ, Enrique: Intervenciones en Vascongadas: (Comprensivas del período abril 1966 a febrero 1970 como gobernador civil y jefe provincial del Movimiento de Alava y Guipúzcoa respectivamente), (Murcia, Imprenta Provincial, 1972). SÁNCHEZ-TERÁN, Salvador: De Franco a la Generalitat, (Barcelona, Planeta, 1988). VILLALOBOS BELTRÁN, Andrés: Un escaño para mil sacrificios: la incomparable alegría de servir a mi pueblo: en alabanza, defensa y exigencia de los concejales de los ayuntamientos, (Ciudad Real, Jefatura Provincial del Movimiento, 1974). 14 DÓRIGA TOVAR, César: “El cargo de Gobernador Civil y Jefe Provincial del Movimiento en el Nuevo Estado español” en Revista de Estudios Políticos, nº 156 (nov/dic 1967), pp.145-147. 67 Título obra Guerra y poder en la Andalucía del Franquismo. Gobiernos y gobernadores civiles (1936-1975) que en su momento se crearan. La influencia francesa quedaría meridianamente establecida a partir de entonces. Aunque el decreto CCLXIX de 23 de junio de 1813 aprobó una Instrucción para el gobierno económico-político de las Provincias donde se establecían las competencias de los jefes políticos, las mudanzas del país (vuelta al absolutismo de Fernando VII, Trienio Liberal, Ominosa Década) hicieron inviable una consolidación de los mismos. Habría que esperar a 1833, cuando se crea el mapa provincial español (Javier de Burgos) y la figura del Subdelegado de Fomento con una serie de cometidos específicos. Al año siguiente, 1834, los subdelegados pasaron a denominarse gobernadores civiles de provincia aunque por poco tiempo toda vez que en 1836 retornaron a la anterior denominación de jefes políticos en aplicación del sistema constitucional de 1812 y normas derivadas. Tras no pocos avatares políticos, por fin en 1849 (mediante dos decretos con la misma fecha de 28 de diciembre) los jefes políticos y los intendentes de Hacienda pasaron a fundirse en una sola figura: el Gobernador Civil. Ésta no desaparecería como tal hasta 1997. Ciertamente, la persistente vigencia de los gobernadores a lo largo de casi siglo y medio de existencia no les ha eximido de variaciones en su regulación. De hecho, bajo la compleja construcción del Estado liberal español nunca se llegó a un acuerdo estable acerca del grado de centralización o descentralización que debía tener la estructura territorial del Estado. Lo cual significaba que no se despejó de forma clara qué equilibrios debían sostener los gobernadores y las diputaciones provinciales y qué atribuciones debían de tener éstas sobre los ayuntamientos. No sería hasta la Restauración ideada por Antonio Cánovas (un hombre que, por cierto, fue gobernador de Cádiz dentro de su cursus honorum político) cuando el gobierno de las provincias quedó definitivamente en manos del gobernador, la Diputación y su Comisión Provincial. La Ley Provincial de 1882 fijaría un marco para las diputaciones que pasaron a ser presididas por el gobernador civil. La estructura jerárquica, centralizada y piramidal en un Estado débil y una sociedad con carencias facilitó el desarrollo de relaciones de patronazgo-cliente- lismo (cuyo exponente más visible era el caciquismo) que en buena medida hemos de entender a través del papel desempeñado por los gobernadores civiles, garantes lo mismo del orden público que de los adecuados resultados electorales. No es extraño que una de las primeras medidas adoptadas por la dictadura de Primo de Rivera (1923-1930) fuera precisamente la destitución de todos los gobernadores y su sustitución por oficiales del Ejército o la Armada. Su pretendido anticaciquismo inicial se consideraba en gran medida logrado con la destitución de todos los gobernadores tan sólo dos días después del pronunciamiento (real decreto de 15 de septiembre de 1923). Poco más de un mes después, el 20 de octubre, creó los delegados gubernativos quienes estaban encargados de supervisar la vida municipal bajo la dependencia del gobernador de turno. Pasada esa primera ola de medidas, en abril de 1924 los gobiernos civiles pudieron volver a ser desempeñados por civiles aunque el grado de pretorianismo siguió siendo notable por cuanto muchos militares en excedencia ocuparon estos y otro tipo de cargos. Recordemos, por lo que a Andalucía se refiere, la relevancia que alcanzó uno de los hombres fuertes de aquella dictadura: José Cruz Conde, alcalde de Córdoba, gobernador civil de Sevilla y comisario regio de la Exposición Iberoamericana de 192915. 15 Vid.: PONCE ALBERCA, Julio: Del poder y sus sombras. José Cruz Conde (1878-1939), (Córdoba, Cajasur-Ayto de Cabra, 2001). 68 Factoría de Ideas Centro de Estudios Andaluces La dictadura primorriverista, pese a sus limitaciones, creó un entorno legal más avanzado para la administración local (diputaciones y ayuntamientos) en comparación con la legislación de etapas anteriores. Así, por ejemplo, el gobernador dejó de presidir la Diputación, aunque sus facultades siguieron siendo muy amplias. La llegada de la República no va a suponer una modificación significativa del esquema expuesto, por más que el nuevo régimen se considerase a sí mismo como una clara ruptura con respecto a todo lo anterior. Las reformas se dirigieron al campo de la educación, del ejército o del agro, pero la estructura territorial básica apenas registró cambios (aparte las autonomías excepcionales dentro del concepto de Estado integral). De hecho, el sistema ayuntamientos-diputaciones-gobiernos civiles se mantuvo incólume, si bien se vio complicado por la mezcolanza de legislaciones que se utilizaron (se dejaron parcialmente subsistentes los Estatutos Municipal y Provincial de Calvo Sotelo) y por las continuas interferencias de los partidos. Estas comenzaban con la designación de gobernadores al imponer unos candidatos que no siempre estuvieron a la altura de las circunstancias, siendo incapaces de lidiar con los complejos equilibrios políticos provinciales. En consecuencia, muchos de los vicios y corruptelas políticas imputables a los gobernadores se mantuvieron bajo la Segunda República (1931-1936). Por expresarlo en pocas palabras: ellos solían configurar las corporaciones locales en función de las consignas que recibían de los gobiernos que los habían nombrado. La inestabilidad de los gobiernos de la República alimentó la inestabilidad de los gobiernos civiles en forma de continuos ceses y nombramientos de gobernadores para, a su vez, conferir cambios sin tasa en diputaciones y ayuntamientos. La autonomía municipal era un principio teórico más que una realidad consolidada porque la política partidista terminó por minar la solidez institucional de los engranajes del Estado. Y esto sería muy evidente en las provincias. La quiebra de la guerra civil terminó por hundir en la vorágine esa inestabilidad politizada de los gobernadores. Por un lado, en la zona republicana, los gobernadores perdieron un grado más que notable de poder real aunque mantuviesen los atributos teóricos de su cargo. Las milicias habían tomado la calle bajo un impulso revolucionario que, no obstante, fue incompleto por cuanto no fueron capaces de hacerse cargo de las instituciones del Estado republicano. Así, subsistían las formalidades legales, el gobierno central republicano y la Gaceta de Madrid pero los gobernadores —salvo alguna excepción temporal— estaban bajo la intensa presión de los comités de los frentes populares que disponían del poder efectivo. A veces la presión del juego de partidos y sindicatos llegaba a ser determinante para el gobernador en un contexto de ausencia de control y autoridad en su provincia, en la que las milicias campaban por sus respetos, la aplicación de la ley se hacía por quien tenía las armas y las corporaciones de las instituciones locales (rebautizadas como consejos municipales y consejos provinciales) eran en verdad nombradas de acuerdo con los intereses de los partidos y sindicatos hegemónicos en el lugar. Bajo esas circunstancias, al gobernador no le quedaba salida más airosa que sancionar legalmente lo que las milicias habían ya efectuado. La legalización a posteriori de un hecho consumado: una práctica que podemos rastrearla ya en los últimos meses de la República cuando lo mismo se ocupaban fincas que se declaraba una huelga de alquileres. Ni en uno ni en otro caso la ley se aplicaba para corregir la situación sino para sancionar lo ya realizado. Ello puede justificarse desde interpretaciones de carácter ético o de conveniencia, puede incluso decirse que hubo excepciones al panora- 69 Título obra Guerra y poder en la Andalucía del Franquismo. Gobiernos y gobernadores civiles (1936-1975) ma descrito, pero el precio de la inhibición a la hora de atajar los excesos se elevó hasta un desgaste público del principio de autoridad que fue percibido como tal por buena parte de la población. En la zona denominada nacional el problema fue radicalmente distinto. Allí se trataba de generar una nueva legalidad en la construcción de un Estado paralelo al republicano, el que tenía la legitimidad y el reconocimiento internacional. Había que convertir un puñado de militares rebeldes en una especie de gobierno que transmitiera una imagen de solvencia. Ello no resultaba tarea fácil porque, naturalmente, los sublevados carecían de legitimidad. Podían inventársela y, de hecho, lo hicieron imputando a la República todo tipo de males y culpas. El golpe de Estado estaba justificado para terminar con una República que amenazaba con arruinar al país convirtiéndole en un satélite de la URSS. En esa estrategia de legitimación a través de la imposición del orden, la provisional Junta de Defensa Nacional no dudó en conceder la máxima importancia al control de las provincias conquistadas recayendo el nombramiento de gobernadores en militares o personas adictas al régimen (decreto de 27 de julio de 1936). Poco más tarde, con la guerra estabilizada, la Junta Técnica del Estado presidida por el general Francisco Franco restableció las autoridades civiles al frente de los gobiernos civiles si bien los militares se reservaban la última autoridad en tiempos de guerra y, además, las competencias de Orden Público. Vale la pena precisar esto porque los gobernadores no eran por aquel entonces los responsables de la política represiva toda vez que el control del orden estaba en manos de la autoridad militar. No será hasta enero de 1938 cuando se reorganice la Administración Central del Estado creándose un ministerio específico de Orden Público (aparte del de Gobernación) con un delegado en esa materia que actuaría, ahora sí, bajo la dependencia del gobernador. Para enero de 1939, el Ministerio de Orden Público (tras el fallecimien- to de su titular Severiano Martínez Anido) fue absorbido por el de Gobernación (en manos de Ramón Serrano Suñer). La normalidad llegaba tras la guerra. Un nuevo Estado había conseguido reemplazar al de la República conteniendo los elementos tradicionales de nuestra organización territorial aunque introduciéndoles un cierto carácter novedoso. A lo largo del franquismo, el cargo de gobernador civil conllevaría de facto el desempeño de la Jefatura Provincial del Movimiento, de ese modo el partido único terminó siendo domesticado y utilizado por el Estado y no al revés. De hecho, la condición de gobernador pesaría siempre más que la de jefe provincial. No faltaron gobernadores claramente monárquicos o tibiamente falangistas que desempeñaron el cargo de gobernador y, de manera muy subsidiaria, el de jefe provincial. En el Estado autoritario franquista no habría cabida para el desarrollo de un auténtico totalitarismo fascista. Para Dóriga Tovar esa acumulación de cargos estaba plenamente justificada: “La coincidencia no impuesta legalmente de los cargos de Gobernador y Jefe del Movimiento de la provincia en una misma persona constituye, repetimos, una necesaria simbiosis”.16 Con la paz, en las manos de los gobernadores franquistas recaerían la represión, el control de las libertades y 16 Cfr.: DÓRIGA TOVAR, César: “El cargo de Gobernador… “ en Op.cit., p. 162. 70 Factoría de Ideas Centro de Estudios Andaluces los cometidos en materia de orden público. Nunca se olvidarían de esa responsabilidad y los años cuarenta y cincuenta dieron buena cuenta de ello. No será hasta el año 1958 cuando el decreto de 10 de octubre regulará de manera clara “las atribuciones y deberes de los Gobernadores Civiles”. Corrían los tiempos de la modernización económica, de la antesala del Plan de Estabilización, en los que se ponían las bases de una prosperidad que requería el país si el régimen quería sobrevivir. Los gobernadores, además de las funciones que ya tenían, se convirtieron en coordinadores de todas las actividades desconcentradas y pasaron a presidir la Comisión Provincial de Servicios Técnicos. No fue casual que por Orden de 24 de julio de 1961 se aprobara el Reglamento Provisional de los Gobiernos Civiles. Ese sería, en sustancia, el marco que regularía a los gobernadores hasta la transición democrática. Los gobernadores adquirieron un perfil más técnico, por más que algunos siguieran siendo fervorosos falangistas y el control de líderes sindicales o estudiantes ocupara parte de su gestión. Pero, desde luego, los tiempos habían cambiado: ni la España de 1939 era la de 1975, ni sus gobernadores podían compararse. Al encontrarse investidos de un alto nivel de autoridad, los gobernadores desempeñarían un papel de indudable importancia durante los primeros años del cambio político al mantener los equilibrios, los umbrales básicos del orden público y canalizar tanto la reforma política de 1976 como la rápida gestación de la UCD en las provincias durante la densa primavera de 1977. Superado el objetivo de conseguir unas Cortes Constituyentes los gobiernos civiles fueron retocados legalmente (Real Decreto de 15 de octubre y Orden de 13 de diciembre de 1977). Por fin, el Real Decreto 2238/1980 de 10 de octubre puso en marcha la figura del Delegado del Gobierno ante las Comunidades Autónomas como superior autoridad sobre los gobernadores civiles de las provincias. Una nueva etapa se había iniciado en la que los gobernadores perderían progresivamente su anterior relevancia hasta extinguirse como la llama de una vela, en la medida en que el Estado de la Autonomías se iba construyendo. En silencio y casi desapercibidos, los últimos gobernadores desaparecieron en 1997. 71 Título obra Guerra y poder en la Andalucía del Franquismo. Gobiernos y gobernadores civiles (1936-1975) 3. Los gobernadores civiles del franquismo en Andalucía La importancia que tuvieron los gobernadores en un estado altamente centralizado como el franquista puede verificarse a través de varias fuentes. Una simple muestra podemos obtenerla a través de la prensa para comprobar la frecuencia con la que aparecieron noticias relacionadas con este tipo de cargos. Si tomamos el diario ABC, por ejemplo, observaremos la siguiente distribución de frecuencias que se desprende de una sencilla búsqueda de la expresión “gobernadores civiles” entre los años 1936 y 1978. Con independencia de otros criterios de búsqueda y localización de noticias, parece evidente que la presencia de este tipo de cargos en la prensa fue creciendo a lo largo del período analizado. Ello obedece a varias razones entre las que podemos destacar la progresiva complejidad de las empresas informativas, los intereses del diario estudiado —en este caso, ABC— y la propia evolución del régimen en materia de expresión. Pero aparte de ello la visibilidad creciente de los gobernadores obedeció a la importancia que adquirieron bajo la dictadura, sobre todo en determinadas etapas. Durante la guerra civil los gobernadores civiles se vieron notablemente eclipsados por las autoridades militares que tenían responsabilidades como la conducción de la guerra o el orden público. Sólo a la conclusión del conflicto la frecuencia de noticias alcanzó los niveles de 1936 para mantenerse hasta 1945. Desde este último año hasta la firma de los pactos bilaterales (1953) la política interior se vio relegada ante el bloqueo internacional y los esfuerzos del régimen por sobrevivir. Durante la década de los cincuenta los gobernadores fueron cobrando más presencia en la opinión pública, especialmente a partir de la aparición del mencionado decreto de gobernadores del año 1958. El crecimiento económico de los sesenta y la puesta en marcha de planes provinciales favorecieron la visibilidad de los gobernadores como autoridad civil encargada del fomento del desarrollo en sus respectivas provincias. El final del franquismo supuso un nuevo oscurecimiento público de estas figuras ante las prioridades marcadas por la enfermedad de Franco, los ensayos de tímida reforma (Arias Navarro) y las incertidumbres del futuro político. Sin embargo, los primeros años de la transición asistieron a un crecimiento muy notable de noticias referentes a los gobiernos civiles puesto éstos se convirtieron, en gran medida, en los conductores del cambio político en las provincias: mantuvieron un determinado umbral de orden público, sostuvieron a las corporaciones locales bajo unas nuevas directrices, encauzaron la consulta de 1976 y configuraron muchos de ellos las bases provinciales del partido UCD para concurrir a las primeras elecciones libres y democráticas. ¿Cómo se plasmó en Andalucia la labor de los gobiernos civiles? ¿quiénes fueron sus gobernadores? ¿cómo fueron sus relaciones con los grupos e instituciones locales? ¿con qué grado de apoyo contaron desde el gobierno? Para intentar despejar estas y otras cuestiones pasemos a analizar sucintamente lo acaecido en cada una de las provincias de nuestra región. 3.1. Almería, de la vieja política al autoritarismo Para identificar a los gobernadores hemos tomado las fechas de su nombramiento y cese en el Boletín Oficial del Estado, una fuente muy útil para conocer sus trayectorias políticas17. Con todo, el BOE presenta algunos inconve- 17 Muchas veces, la toma de posesión efectiva del gobernador 78 Factoría de Ideas Centro de Estudios Andaluces 1937, de Córdoba. Aunque la competencia en materia de orden público estaba en manos de los militares, el gobernador Valera —como otros de sus homólogos— prestó su cooperación para garantizar el orden público en la guerra y en la dura posguerra. La continuidad de militares en el Gobierno Civil cordobés se mantuvo en los siguientes años, con el artillero Joaquín de Cárdenas y el falangista Rogelio Vignote (éste último nombrado por Galarza en la crisis referida de mayo de 1941). El siguiente fue un hombre fugaz en Córdoba —el único Gobierno Civil que desempeñó en su vida pública— llamado Ramón Risueño Catalán, notario y hombre al parecer de gran bondad y muy popular por su cordobesismo. Mayor estabilidad se adquirirá a partir de 1943 con la llegada de José Macián Pérez — alcalde de Tarragona (1939-1943)— quien prosiguió así su carrera política que le llevaría a ser gobernador en Oviedo (1946-1950) y Vizcaya (1958-1961), además de director general de regiones devastadas (1951-1957) y ministro del Tribunal de Cuentas (a partir de 1961). Procurador en Cortes como Macián fue su sucesor: el oficial de Ingenieros Alfonso Ortí Meléndez-Valdés, quien sería gobernador en Córdoba y, más tarde, en Sevilla. Los mandatos más prolongados serían los de José María Revuelta Prieto (1949-1955) y Juan Victoriano Barquero Barquero (1956-1961). Para Revuelta (nacido en Zamora en 1916 y abogado del Estado), Córdoba fue el comienzo de su cursus honorum: tras su mandato como gobernador fue director general de Trabajo (1955- 1957), director general de Radiodifusión 1957-1962 y miembro electivo del Consejo de Estado en 1966. El magistrado Barquero venía del Gobierno Civil de León (1949-1956) y pasó por el de Córdoba para convertirse en magistrado del Tribunal Supremo en 1962. El asturiano José Manuel Mateu de Ros fue gobernador en Córdoba (1961-1964) para serlo posteriormente de Oviedo (1964-1972). Su sucesor, el abogado Landín Carrasco (Pontevedra 1912) fue Gran Cruz de la Orden del Mérito Civil (1964), había sido gobernador de Guadalajara (1963-1964) y lo sería de La Coruña (1968- 1972). Menos de un año estaría en Córdoba el fiscal zaragozano Tomás Pelayo que venía del Gobierno Civil de Zamora (1965-1968) y pasaría pronto al de Barcelona (1969-1974). Más tarde, en 1975 fue delegado del gobierno en Telefónica y presidente del Comité Olímpico Español (1975-1976). El abogado falangista Julio Gutiérrez Rubio estaría menos de un año en Córdoba después de haber sido gobernador en Huelva y Palencia. Su carrera proseguiría al convertirse en delegado nacional de Prensa y Radio y vicesecretario general del Movimiento en los últimos años del franquismo. El procurador Manuel Hernández García venía del sindicato vertical y fue gobernador de Zamora (1968-1970) y lo sería de Málaga (1973-1974). Por último, Mariano Nicolás García fue gobernador tras haberlo sido en Cuenca, Alicante y Tenerife. Licenciado en derecho, obtuvo las oposiciones de letrado de la Organización Sindical y sería amigo personal de Suárez. Hombre partidario de la transición democrática (como Antolín de Santiago, su homólogo en Cádiz), sería también gobernador de Valencia (1976) y director general de Seguridad (1977). El Gobierno Civil de Córdoba se había convertido en un escalón más en el ascenso político de muchos gobernadores que desarrollarían una relevancia política posterior incuestionable. 79 Título obra Guerra y poder en la Andalucía del Franquismo. Gobiernos y gobernadores civiles (1936-1975) 3.4. Estabilidad granadina Los gobernadores de Granada presentan mayor estabilidad que Cádiz o Córdoba encontrándose la media de su mandato muy próxima a la del conjunto de la Andalucía franquista (unos 3 años). Y no sólo eso. Cabe añadir su regularidad: casi todos ellos estuvieron unos tres años a excepción de Antonio Gallego Burín (tan sólo un año) y Servando Fernández-Victorio Camps (casi nueve). La lista es la siguiente: A diferencia de otras provincias, en Granada el gobernador que concluye la guerra es el magistrado Esteban Samaniego Rodríguez22. Un hombre que no mantendrá carrera política alguna sino que, por el contrario, dedicará su vida a la judicatura hasta jubilarse en 1967 como presidente de la Sala Quinta del Tribunal Supremo. Le 22 Sobre los primeros gobernadores en Granada, vid.: COBO ROMERO, Francisco y OTEGA LÓPEZ, Mª Teresa: Op.cit., pp. 239 y ss. siguió por un año Antonio Gallego Burín, catedrático de Historia del Arte en la Universidad granadina que fue alcalde entre 1938 y 1951 a excepción del período en fue gobernador. Fue el coronel de la Guardia Civil y falangista Manuel Pizarro Cenjor el encargado de asumir también la jefatura provincial de FET-JONS remodelando al partido en la provincia. Llegaría a general de División y marchó como gobernador a Teruel (1947-1954). El falangista catalán Fontana Tarrats fue enviado a Granada tras su labor de desarrollo del sindicato vertical en Tarragona. Era un buen organizador capaz de propiciar el desarrollo material y esa fue una de las razones fundamentales de su nombramiento. La política granadina requería de un impulso y para ello no dudó en cambiar buena parte de las corporaciones locales con hombres capaces de seguir su sintonía23. 23 Fontana Tarrats es autor de varios libros. El que aquí nos interesa destacar es Política granadina, (Granada, Imprenta Heredera Paulino V. Traveset, 1946). Para una biografía del personaje, vid.: THOMÀS, Joan María: José María Fontana Tarrats. Biografía política d´un franquista catalá, (Reus, Centre de lectura, 1997). Gobernadores civiles. Granada (1939-1975) nombre comPLeto ProvIncIa nombramIento cese SAMANIEGO RODRÍGUEZ Esteban Granada 15/05/1937 17/10/1940 GALLEGO BURÍN Antonio Granada 20/10/1940 21/10/1941 PIZARRO CENJOR Manuel Granada 21/10/1941 15/12/1943 FONTANA TARRATS José María Granada 15/12/1943 12/06/1947 FERNÁNDEZ-VICTORIO CAMPS Servando Granada 12/06/1947 10/04/1956 SUMMERS E ISERN Francisco Granada 10/04/1956 14/03/1960 ALFÍN DELGADO José María Granada 14/03/1960 28/02/1963 CAÑIZARES NAVARRO Eduardo Granada 02/03/1963 23/04/1966 SOLER BANS Antonio Luis Granada 23/04/1966 01/04/1968 GÓMEZ JIMÉNEZ DE CISNEROS Antonio Granada 04/06/1968 28/09/1970 LEIVA REY Alberto Granada 28/09/1970 02/04/1974 MENÉNDEZ-MANJÓN Y SANCHO-MIÑANO José Manuel Granada 02/04/1974 10/08/1976 80 Factoría de Ideas Centro de Estudios Andaluces Servando Fernández-Victorio fue el gobernador más importante de la Granada franquista en términos de permanencia. Era un militar jurídico más técnico que político quien continuó la labor de su predecesor. Más tarde sería gobernador en Burgos y presidente del Tribunal de Cuentas más allá de la muerte de Franco. Francisco Summers e Isern llegó en 1956 procedente del Gobierno Civil de Huelva de donde era oriundo. Tras su experiencia en Granada sería procurador en Cortes como consejero nacional del Movimiento. Dos militares serían gobernadores en la primera mitad de los años sesenta. Por un lado, el experimentado José María Alfín Delgado (jurídico militar que venía desempeñando gobiernos civiles desde 1948 en Zamora y Murcia) y, por otro, Eduardo Cañizares Navarro, coronel de Infantería que fue gobernador militar de Badajoz en los duros días de la guerra. Tras haber ejercido algunos cargos en los cuarenta, llegó a Granada después de haber sido gobernador en Soria (1960-1963). A ellos les siguieron los dos años del citado Soler Bans (que venía de Cádiz). Algo más de dos años permanecería el ex alcalde Murcia —vinculado a la Asociación Católica Nacional de Propagandistas— Antonio Gómez Jiménez de Cisneros que venía del Gobierno Civil de Logroño. Durante los últimos años del régimen fueron gobernadores el magistrado Alberto Leiva Rey (1970-1974) que venía del Gobierno de Avila y pasaría al de Sevilla durante la Transición y José Manuel Menéndez-Manjón, abogado y falangista asturiano, que fue gobernador hasta la llegada de Martín Villa a Gobernación. El gobernador de la Transición en Granada sería José María Fernández del Río. 3.5. Huelva, del falangismo al desarrollo Esta provincia presenta el índice más alto de estabilidad de toda la región andaluza con casi cuatro años de permanencia media, a excepción de los gobernadores de mediados de los cincuenta y los del final del régimen. Los 10 gobernadores de Huelva aparecen en el cuadro adjunto. El primer gobernador fue el banderillero y gerente de una empresa cerámica Joaquín Miranda, uno de los fundadores de la Falange en Sevilla que asumió también la Jefatura Provincial de FET-JONS en Huelva. En consecuencia, las tensiones entre partido y gobierno no fueron tan acusadas como en las provincias donde los Gobernadores civiles. Huelva (1939-1975) nombre comPLeto ProvIncIa nombramIento cese MIRANDA GONZÁLEZ Joaquín Huelva 29/03/1938 08/10/1943 FERNÁNDEZ CANEPA Heliodoro Huelva 08/10/1943 10/03/1951 SUMMERS E ISERN Francisco Huelva 10/03/1951 10/04/1956 VALENCIA REMÓN Manuel Huelva 10/04/1956 25/06/1957 BRUQUETAS SAURIN Carlos Huelva 25/06/1957 01/11/1958 PÉREZ CUBILLAS Hernán Huelva 01/11/1958 08/06/1968 GUTIÉRREZ RUBIO Julio Huelva 08/06/1968 24/11/1969 ALFARO Y ALFARO Juan Huelva 08/12/1969 16/01/1973 ORTÍZ SÁNCHEZ Manuel Huelva 16/01/1973 02/04/1974 VALDECANTOS GARCÍA Matías Huelva 02/04/1974 23/02/1976 81 Título obra Guerra y poder en la Andalucía del Franquismo. Gobiernos y gobernadores civiles (1936-1975) cargos de gobernadores y jefe provincial fueron desempeñados por diferentes personas. Miranda supo conservar el cargo en medio de las turbulencias de los años del primer franquismo hasta el año 1943 cuando pasó a ser procurador en Cortes como consejero nacional. Su sucesor, el médico y delegado nacional del SEU, Heliodoro Fernández Canepa, estuvo más de siete años en este Gobierno Civil. Procurador y consejero nacional mantuvo un estrecho control de la provincia tal y como demostraría en 1950 al cesar al alcalde de Valverde del Camino —el notario Diego Romero— que había ganado en las elecciones de 1948 como candidato independiente. A partir de 1951 fue gobernador el onubense Francisco Summers que lo sería posteriormente de Granada como hemos visto. Corto fue el mandato de Manuel Valencia, que llegaría a ser general auditor, para pasar a desempeñar durante muchos años los difíciles gobiernos de Navarra y Guipúzcoa. Fue procurador en Cortes por designación directa del jefe del Estado. También militar fue Carlos Bruquetas Saurín que tuvo otro breve mandato. Mayor relevancia tuvo el asturiano Hernán Pérez Cubillas que había sido alcalde de su Colunga natal desde 1948 a 1958 y pasó a desempeñar a ocupar el Gobierno Civil de Huelva. Durante su prolongado mandato (más de nueve años) consiguió la puesta en marcha del Polo de Desarrollo para Huelva. Le sustituyó el citado Julio Gutiérrez Rubio (que pasaría más tarde a Córdoba) y, entre 1969 y 1973, Juan Alfaro que había sido jefe del Gabinete de Estudios para la Reforma Administrativa (1967). Los dos últimos gobernadores franquistas fueron Manuel Ortíz Sánchez y Matías Valdecantos García. El primero tuvo una activa vida política en los últimos años del franquismo y los primeros de la Transición. Madrileño, técnico de Información y Turismo y delegado provincial de dicho departamento en Barcelona durante muchos años, Ortiz Sánchez ocupó también la subdirección general de Prensa y la Delegación Nacional de Provincias. Procurador en Cortes y consejero nacional, fue profesor de la Escuela Oficial de Periodismo de Barcelona y de la Facultad de Ciencias de la Información de Madrid, siendo posteriormente jefe de Prensa y Relaciones Públicas de la Delegación de Deportes. Unos años después de ser gobernador en Huelva lo fue, en 1977, de Barcelona para cubrir la vacante de Sánchez Terán. Era un hombre de la confianza de Adolfo Suárez y fue subsecretario del presidente. De vida política más discreta fue el notario Matías Valdecantos. Fue gobernador hasta febrero de 1976 y, entre otras actuaciones, contribuyó a la organización del partido Alianza Popular en Huelva. Obviamente no sería Valdecantos el gobernador de la Transición para Huelva: ese papel lo desempeñarían hombres como José María Belloch y Rafael Hurtado24. 24 Vid.: PONCE ALBERCA, Julio y RAMOS SÁNCHEZ, Diego: La transición local en Andalucía. Gobiernos Civiles y reforma política (1975-1979). 82 Factoría de Ideas Centro de Estudios Andaluces 3.6. El control político de Jaén El hecho de ser republicana hasta el fin de la guerra con una intensa presencia socialista convirtió a Jaén en una provincia sobre la que el control político debía ser especialmente estrecho. En ese sentido, todo parece apuntar a que no puede considerarse mera casualidad el que los cuatro primeros gobernadores fueran militares, con independencia de otros factores. El comandante de Infantería Francisco Rodríguez Acosta venía siendo jefe provincial de Falange desde 1933 y un entusiasta propagandista de las ideas de José Antonio. Una vez terminada la guerra, como era lógico, fue designado gobernador civil conservado la jefatura provincial de FET-JONS. Pero debido al deplorable estado del partido en la provincia, a comienzos de 1940 fue designado otro jefe provincial: el capitán Luis Toro Buiza que había sido jefe de FET-JONS en Las Palmas. Esa bicefalia iba a producir roces, como casi siempre venía ocurriendo en otras provincias, hasta el punto de solicitar Toro Buiza la destitución del gobernador. La respuesta fue el final abrupto de aquella bicefalia tan sólo unos meses después de haberse producido: en abril de 1940 fue designado Antonio Correa Weglison, oficial de Ingenieros. Eso sí, Francisco Rodríguez Acosta proseguiría su carrera política en los gobiernos civiles de Pontevedra (1940-1943) y Albacete (1943- 1956), además de ser consejero nacional y convertirse en procurador en Cortes a partir de 1951. Una trayectoria política más dilatada que la de su oponente Luis Toro Buiza que llegaría a ser teniente coronel y director de Archivo Hispalense. Correa Weglison imprimió orden y disciplina en la Falange aparte de remodelar las corporaciones locales. Era, sin duda, un hombre experimentado en la gestión al haber sido ya gobernador en Navarra y Gerona donde fue jefe de fronteras de los Pirineos orientales y comisario general de Información. Tras su paso por Jaén fue promovido al Gobierno Civil de Barcelona (1940-1945) y posteriormente desarrolló una larga carrera política: Gran Cruz Gobernadores civiles. Jaén (1939-1975) nombre comPLeto ProvIncIa nombramIento cese RODRÍGUEZ ACOSTA Francisco Jaén 01/04/1939 10/04/1940 CORREA WEGLISON Antonio Federico de Jaén 01/04/1940 21/12/1940 FERNÁNDEZ PARDO DE CELA Roberto Jaén 21/12/1940 21/10/1941 COCA DE LA PIÑERA Fernando Jaén 21/10/1941 31/07/1943 VILLALOBOS SOLÓRZANO Juan Alonso Jaén 31/07/1943 26/07/1947 HERRERO LOZANO David Jaén 26/07/1947 16/02/1949 JUNQUERA FERNÁNDEZ CARVAJAL Manuel Jaén 16/02/1949 22/11/1950 ARCHE HERMOSA Felipe Jaén 22/11/1950 02/03/1963 PARDO GAYOSO Juan Manuel Jaén 02/03/1963 08/06/1968 RUIZ DE GORDOA Y QUINTANA José Jaén 08/06/1968 22/09/1972 CALDERÓN OSTOS Pascual Jaén 22/09/1972 28/07/1975 MARTÍNEZ-CAÑABATE MORENO Enrique Jaén 28/07/1975 03/05/1978 83 Título obra Guerra y poder en la Andalucía del Franquismo. Gobiernos y gobernadores civiles (1936-1975) del Mérito Agrícola (1947), vicesecretario del Consejo nacional de Educación en 1953, delegado nacional de Prensa y Propaganda en 1956, inspector general y director general de Economía y Técnica de la Construcción en el Ministerio de la Vivienda en 1957, comisario general para la ordenación urbana de Madrid y sus alrededores en 1958, etc. Fue procurador en las Cortes franquistas desde la primera hasta la novena legislaturas. Le sucedió en diciembre de 1940 el capitán de Intendencia Roberto Fernández Pardo de Cela por menos de un año. En octubre de 1941 llegó el capitán de Caballería25 Fernando Coca de la Piñera que permaneció como gobernador más de un año. Había nacido en 1910 en San Fernando (Cádiz) e ingresó en FET-JONS procedente del tradicionalismo. Habiendo participado en la Sanjurjada y en la guerra civil, fue nombrado delegado provincial de Milicias en Jaén. Su labor en el Gobierno Civil fue intensa al reorganizar corporaciones, consolidar al partido y combatir las irregularidades que eran frecuentes en los difíciles años de la posguerra. Después de Jaén, fue enviado como gobernador a Sevilla donde permaneció bastante años (1943-1949). Premiado con diversas distinciones, accedió al cargo de director general de Previsión (1950-1957). Le siguió el notario Juan Alonso Villalobos Solórzano (1943-1947), un hombre oriundo de Badajoz que combatió en la guerra, impulsó el desarrollo del sindicato vertical en Jaén y puso en marcha numerosas obras de infraestructura, desde viviendas hasta embalses (pantano del Tranco). Fue procurador en Cortes y gobernador 25 Aunque ha sido considerado del Arma de Infantería en algunas publicaciones, en la documentación oficial aparece como perteneciente a Caballería. Por ejemplo, BOE, 4-7-1938. civil de Valladolid (1947-1951). En 1957 fue nombrado delegado provincial del Ministerio de la Vivienda en León. El antiguo presidente de la Diputación de Segovia —David Herrero Lozano— continuaría su labor (1947- 1949) como gobernador de Jaén. Era abogado y un técnico especializado del Ministerio de la Vivienda. Había sido gobernador en Teruel (1946-1947) y luego lo sería de Avila (1949-1955), además de ser procurador en la segunda y quinta legislaturas. Era más un funcionario especializado que un político y el resto de su carrera la desarrollaría como alto cargo en el Instituto Nacional de la Vivienda. Algo menos de dos años estuvo Manuel Junquera Fernández de Carvajal, abogado y notario (había sido registrador de la propiedad), pero su pariente Juan Junquera fue gobernador en Salamanca, Navarra y Zaragoza entre 1943 y 1953. El mandato más largo de todos los gobernadores del franquismo en Andalucía fue, sin duda, el de Felipe Arche Hermosa. Nacido en Muriedas (Santander) en 1909 marchó a Méjico y los Estados Unidos siendo muy joven. Volvió a España en 1933 y llegó a ser delegado provincial de Falange. Entre 1939 y 1950 fue delegado de sindicatos en Santander y procurador en Cortes. Ese último año pasó a ser gobernador civil de Jaén donde promovió campañas de alfabetización en la provincia y fue promotor del Plan Jaén de Industrialización y Riesgos. Sus apoyos debieron ser notables para tan alta permanencia en la provincia. De ella pasó al Gobierno Civil de Alicante (1963-1966) donde se dedicó a la promoción de obras, especialmente en el sector de la construcción oficial. Con posterioridad se dedicó a la vida empresarial hasta su fallecimiento en 1987. Continuó su labor el militar gallego Juan Manuel Pardo Gayoso nacido en 1918, fundador de la Falange en 84 Factoría de Ideas Centro de Estudios Andaluces Lugo, que venía de ser gobernador civil de Guadalajara y se mantuvo casi el resto de la década de los sesenta. Llegó a coronel y era también abogado que llegaría a ser ayudante en la defensa del teniente coronel Tejero en 1982. También el siguiente gobernador —José Ruiz de Gordoa y Quintana— tendría un polémico protagonismo posterior al estar implicado en los sucesos de Montejurra (1976). Fue presidente de la Diputación Foral de Alava en los años sesenta y gobernador de Jaén desde 1968 a 1972 para pasar en ese último año a Navarra donde la situación política y social era delicada. A consecuencia, de los graves sucesos reseñados de Montejurra fue enviado como gobernador a Sevilla, provincia desde la que colaboró con el primer gobierno Suárez impulsando la reforma política. Los dos últimos gobernadores, con casi tres años de ermanencia en Jaén cada uno, fueron Pascual Calderón Ostos y Enrique Martínez-Cañabate Moreno. El primero fue director de la Escuela de Comercio y presidente de la Diputación cordobesa (1968-1972) para pasar a ser gobernador civil de Jaén, el único que desempeñaría en su vida. Martínez-Cañabate, propietario agrícola granadino, fue gobernador en Las Palmas donde sostuvo una fuerte pugna con el obispo del archipiélago, monseñor Infantes. La tirantez provocó que el gobernador fuese destinado a Jaén donde colaboró decididamente con la democratización hasta 1978. 3.7. Málaga Si la provincia de Jaén registra una media alta en los mandatos de sus gobernadores (tan sólo por detrás de Almería), Málaga también acusa un rasgo parecido con sus 12 gobernadores. Tan sólo los mandatos de dos de ellos —Manuel García del Olmo y Ramón Castilla Pérez— agrupan 16 años de franquismo en esta provincia. El listado de gobernadores es el que aparece en el cuadro. Referir el nombre de García Alted remite a la Málaga de la guerra civil. Nombrado gobernador de una provincia aún no ocupada por completo en el otoño de 1936, permaneció al frente de la misma hasta el `primer verano de la posguerra. Siendo capitán de la Guardia Civil, el general Queipo de Llano lo nombró para ser gobernador de Málaga desde la localidad de Antequera. Se mantuvo al frente de este cargo hasta que fue enviado a la provincia de Pontevedra por poco tiempo. Durante la Segunda Guerra Mundial se alistó como voluntario de la División Azul. Alcanzó el grado de comandante siéndole concedida la Cruz del Mérito Naval en 1948. El arquitecto Francisco Prieto-Moreno Pardo fue director de construcciones escolares en Granada en los últimos años de la República y volvería a serlo después de ser gobernador en Málaga. Años más tarde, en 1946, fue designado comisario para la ordenación urbana de Madrid y director general de Economía y Técnica de la Construcción en el Ministerio de la Vivienda (1957-1960). Posteriormente se dedicó al desarrollo de planes urbanísticos y turísticos. Le sustituyó a los pocos meses el falangista vasco José Luis Arrese de profesión arquitecto pero, a diferencia de su antecesor, desplegó una amplia trayectoria política. Falangista desde 1933, logró alcanzar la zona nacional en la guerra civil tras salir de la embajada 85 Título obra Guerra y poder en la Andalucía del Franquismo. Gobiernos y gobernadores civiles (1936-1975) de Noruega. Se opuso a la unificación de 1937 lo que le valió una condena a la pena capital que fue reducida a dos años de prisión. Sin embargo, consiguió la rehabilitación oficial y ser nombrado gobernador civil de Málaga comenzando una fulgurante carrera política. Tras ser gobernador, en 1941, se hizo cargo de la Secretaría General de FET-JONS desde la que combatió a los partidarios de Serrano y convirtió al partido en una entidad más acorde con los intereses del Estado franquista. En 1945 fue nombrado consejero del Estado en la empresa CAMPSA, consejero del Reino en 1948, ministro secretario general del Movimiento entre 1956 y 1957, ministro de Vivienda entre 1957 y 1960, además de ser un prolífico escritor sobre temas de política y arte. Otro procurador que recibió numerosas distinciones del régimen fue el abogado y perito mercantil valenciano especializado en temas agrarios Emilio Lamo de Espinosa (XII Marqués de Mirasol, Barón de Frignani y Frignestani), gobernador de Málaga entre 1941 y 1945. Como su antecesor, se asiló en embajadas durante la guerra y luchó como teniente provisional siendo galardonado con diversas medallas. Su mandato estuvo condicionado por los graves problemas de la posguerra a los que intentó hacer frente mediante una política de abastecimientos, la construcción de viviendas y el impulso a las instituciones asistenciales 26. Tras su paso por el Gobierno de Málaga fue nombrado subsecretario del Ministerio de Agricultura (1945-1951), director del Instituto de Estudios Políticos (1956-1961), jefe del sindicato nacional de Banca y Bolsa (1961), además de diversos reconocimientos y galardones. El notario Manuel García del Olmo había sido gobernador en Almería y lo fue de Málaga hasta 1954 donde intentó combatir la mendicidad, hizo gala de un estilo autoritario en lo político y quiso convertir al puerto de la capital en un referente del Mediterráneo. El aragonés Julve Ceperuelo le sustituyó. Era un camisa vieja que fue presidente de la Diputación de Teruel (1941), divisionario en Rusia y gober- 26 Sobre los gobernadores de Málaga en los 40 y 50, vid.: CERÓN TORREBLANCA, Cristian Matías: Op.cit., pp. 50 y ss. Gobernadores civiles. Málaga (1939-1975) nombre comPLeto ProvIncIa nombramIento cese GARCÍA ALTED Francisco Málaga 23/11/1936 27/08/1939 PRIETO-MORENO PARDO Francisco Málaga 27/08/1939 10/12/1939 ARRESE MAGRA José Luis Málaga 10/12/1939 07/06/1941 LAMO DE ESPINOSA Y ENRÍQUEZ DE NAVARRA Emilio Málaga 07/06/1941 25/08/1945 GARCÍA DEL OLMO Manuel Málaga 04/10/1945 24/07/1954 JULVE CEPERUELO Luis Málaga 24/07/1954 20/05/1958 GARCÍA RODRÍGUEZ-ACOSTA Antonio Málaga 20/05/1958 06/09/1962 CASTILLA PÉREZ Ramón Málaga 28/09/1962 26/01/1970 ARROYO ARROYO Víctor Málaga 26/01/1970 20/08/1973 HERNÁNDEZ SÁNCHEZ Manuel Málaga 20/08/1973 22/01/1974 APARICIO ARCE José María Málaga 22/01/1974 08/03/1975 GONZÁLEZ DE LA PUERTA José Málaga 08/03/1975 07/06/1976 86 Factoría de Ideas Centro de Estudios Andaluces nador civil en tres provincias (Huesca, Cáceres y Castellón) antes de llegar a la de Málaga. Intentó solucionar los problemas eléctricos de la ciudad, aparte de acondicionar la ciudad para la actividad turística y desarrollar una política de tintes sociales. Siendo gobernador designó subjefe provincial de Málaga a un hombre importante para el falangismo durante la última parte del régimen: José Utrera Molina, que sería gobernador civil de Sevilla. Julve renunció al cargo y fue reemplazado por Antonio García Rodríguez-Acosta. Había sido alcalde de Jaén, llegaría a ser subsecretario de Turismo y director del Instituto Español de Emigración (Ministerio de Trabajo) colaborando con Licinio de la Fuente. Más tarde sería subsecretario en el Ministerio de Trabajo (1973) y Utrera Molina lo designó vicesecretario del Movimiento (1974). Franco elogió a Utrera por el acierto de este nombramiento. Su sucesor sería el oficial de Intendencia Ramón Castilla Pérez, un hombre que había sido miembro de la Diputación de Granada a comienzos de los años 50, gobernador de Almería y de Logroño. Tuvo un mandato bastante cómodo en el sentido que coincidió con el desarrollo turístico de la Costa del Sol y la provincia acusó un importante avance material. Le siguió otro militar, Víctor Arroyo Arroyo, durante más de tres años. Venía del mundo del sindicato vertical habiendo sido delegado provincial de Sindicatos en Córdoba (1955), presidente del sindicato nacional del combustible (1965) y miembro del consejo de administración de Hunosa (1968). Más allá del régimen franquista, sería director general de Sanidad con los gobiernos de Adolfo Suárez (1977). Los últimos gobernadores serían Manuel Hernández (que lo había sido de Córdoba), José María Aparicio Arce (delegado nacional de Provincias y presidente del organismo autónomo llamado Administración Turística Española) y José González de la Puerta (director ejecutivo del Plan Nacional de Higiene y Seguridad en el Trabajo) que sería un ejemplo de aliado del bunker local y sustituido poco antes de la caída del gobierno de Carlos Arias Navarro (junio 1976). 3.8. La difícil Sevilla Los 12 gobernadores de la Sevilla franquista fueron los que aparecen en el cuadro adjunto. Esta serie se inició con la inestabilidad que hemos observado en otras provincias: cinco gobernadores hasta 1943. El santanderino abogado del Estado Eduardo Cadenas Camino había sido familiar del ex alcalde de Sevilla Carlos Lastra, marqués de Torrenueva. Él mismo había sido concejal en el Ayuntamiento de Sevilla durante la guerra, gobernador de Alava y, en Sevilla, agrupó en su persona el Gobierno Civil y la Jefatura provincial de FET-JONS. No desarrolló, sin embargo, una carrera política dedicándose a su actividad profesional. Algo similar —aunque siendo un decidido monárquico— le ocurrió al cordobés alfonsino José Tomás Valverde Castilla, nacido en 1885. Fue alcalde de Priego de Córdoba durante la Dictadura de Primo de Rivera y gobernador civil de Badajoz al final de aquel régimen. Abogado de profesión, se hizo cargo del Gobierno Civil de Sevilla donde tuvo que enfrentarse a la actitud del cardenal Pedro Segura, lo que contribuyó a su dimisión. Tampoco permaneció mucho en Sevilla Elola-Olaso. Venía de Ciudad Real y estuvo menos de un año en la capital del Guadalquivir aunque en los años cincuenta se convertiría en delegado nacional de Deportes y presidente del Comité Olímpico Español hasta 1967. Tampoco perduraron mucho ni Francisco Rivas (que sería nombrado subcomisario del Banco de Crédito Local), ni el ya citado Manuel Ricardo Lechuga Paños (que había sido goberna- 87 Título obra Guerra y poder en la Andalucía del Franquismo. Gobiernos y gobernadores civiles (1936-1975) dor en Cádiz). Hubo que esperar a la llegada del gaditano Fernando Coca de la Piñera para que los gobernadores fuesen relativamente estables por más que tuvieran que hacer frente a problemas como los de las inundaciones de 1947. Casi 10 años estaría en Sevilla el que fuera capitán de Ingenieros e hiciera la guerra en Jaén, Alfonso Ortí Meléndez-Valdés. Más singular fue la designación del jurídico militar Hermenegildo Altozano Moraleda que apostaba por la restauración monárquica. Había sido secretario general en los territorios de Guinea y sería presidente del Banco Hipotecario, además de ser miembro del Consejo de don Juan. Llegó a general auditor de la Armada y falleció en 1981 a los 64 años de edad. Su sucesor introdujo estabilidad en las corporaciones y un nuevo aire falangista: José Utrera Molina. Utrera Molina nació en Málaga en 1926 y se convirtió en subjefe provincial del Movimiento en su provincia (1952). Más tarde fue gobernador de Ciudad Real (1956-1962), Burgos (1962) y Sevilla (1962-1969). Posteriormente fue subsecretario del Ministerio de Trabajo y delegado del gobierno español en la Organización Internacional del Trabajo (OIT), ministro de la Vivienda en 1973 y ministro secretario general del Movimiento en 1974. Semejante perfil no tendrían los últimos gobernadores mientras la situación política se iba haciendo más compleja ante lo evidente del desgaste del régimen. El abogado Ramón Muñoz- González Bernaldo de Quirós, ex alcalde de Luarca y magistrado de la Audiencia Territorial de Madrid, había sido gobernador de Gerona pero no prosiguió una carrera política de primera línea. Hellín Sol, experimentado gobernador de Zamora, Baleares y Gerona, ex alcalde y ex presidente de la Diputación de Lérida llegó a Sevilla para concluir una larga trayectoria con más de 60 años de edad. Tampoco prorrogaría su vida política el juez Alberto Leiva Rey, el ya citado gobernador de Granada que, en Sevilla, no viviría la Transición al cesar en el mes de junio de 1976. El gobernador de la reforma política en Sevilla sería, curiosamente, un hombre implicado en los sucesos de Montejurra: Ruiz de Gordoa. Gobernadores civiles. Sevilla (1939-1975) nombre comPLeto ProvIncIa nombramIento cese CADENAS CAMINO Eduardo Sevilla 04/12/1938 13/11/1939 VALVERDE CASTILLA José Tomás Sevilla 13/11/1939 11/09/1940 ELOLA-OLASO IDIACAIZ José Antonio Sevilla 11/09/1940 07/06/1941 RIVAS JORDÁN DE URRIES Francisco Sevilla 07/06/1941 18/10/1942 LECHUGA PAÑOS Manuel Ricardo Sevilla 18/10/1942 31/07/1943 COCA DE LA PIÑERA Fernando Sevilla 31/07/1943 12/02/1949 ORTÍ MELÉNDEZ-VALDÉS Alfonso Sevilla 12/02/1949 06/01/1959 ALTOZANO MORALEDA Hermenegildo Sevilla 06/01/1959 04/05/1962 UTRERA MOLINA José Sevilla 19/07/1962 10/11/1969 MUÑOZ-GONZÁLEZ BERNALDO DE QUIRÓS Ramón Sevilla 24/11/1969 22/09/1972 HELLÍN SOL Víctor Sevilla 22/09/1972 02/04/1974 LEIVA REY Alberto Sevilla 02/04/1974 07/06/1976 94 Factoría de Ideas Centro de Estudios Andaluces candidatos como garantes del orden y tener habilidades para interpretar la legislación entonces vigente al objeto de su adecuada aplicación dentro de los ámbitos concretos de las provincias. También contarían otras aptitudes como una idónea combinación de firmeza y flexibilidad para mantener los equilibrios entre los grupos de intereses provinciales. Y sobre todo, insistimos, contaban la lealtad y servir fielmente al régimen. Obviamente, la selección de gobernadores se llevaba a cabo desde las más altas instancias del Estado de acuerdo a la importancia concedida al control de las provincias, pero las formas de elaboración de los nombramientos variaron en la medida en que el régimen evolucionó. Durante los primeros meses de la guerra civil en la zona nacional, los gobernadores civiles fueron producto de la voluntad de las autoridades militares. En el caso de Andalucía fue el general Queipo de Llano quien puso al frente de los gobiernos civiles a personas de su confianza, ya fuese Pedro Parias en Sevilla o Francisco García Alted en Málaga. Estos nombramientos ni siquiera aparecieron en el Boletín Oficial por cuanto Queipo gozaba por entonces de un amplio grado de autonomía que casi podríamos adjetivar de cantonal a la vista de la notable creación de organismos públicos y semipúblicos, la emisión de disposiciones propias y la discrecionalidad en su estilo de gestión y designación de personas30. Desde octubre de 1936 —con la puesta en marcha de la Junta Técnica del Estado— y sobre todo enero de 1938 (primer gobierno de Franco), ese nivel de autonomía fue decreciendo. Hubo nombramientos realizados por Queipo que fueron respetados hasta 1939, pero la figura del Gobernador General (en la Junta Técnica) y la 30 Vid.: Ibídem, p. 75. del ministro del Interior (en el primer gobierno de 1938) terminaron por eclipsar el caudillismo de ciertos jefes militares, con la ayuda de otros factores. Precisamente el ministro del Interior en 1938 no era otro que Ramón Serrano Suñer que puso en marcha la construcción de una estructura estatal que, en parte, fue una reconstrucción con elementos del pasado. Curiosamente Serrano es menos conocido por esta obra que por su faceta posterior como ministro de Asuntos Exteriores. Él mismo le dedica menos páginas en sus obras a su paso por el ministerio del Interior (llamado Gobernación al fusionarse con el Ministerio de Orden Público en 1939). Con todo, no deja de hacer constar que su pretensión como ministro fue: “... la constitución y proyección de un régimen permanente, de un verdadero régimen de derecho capaz de dar expresión de realidad jurídica ordenada y estable a una verdadera revolución”31. Tras un golpe de Estado, la nueva legitimidad debía construirse a través de una sólida estructura estatal dotada de una nueva legalidad. Para Serrano “...lo que la República había puesto en quiebra era nada menos que el Estado mismo; era el Estado lo que había que volver a crear”32. El objetivo, en resumen, era desplazar a un 31 Cfr.: SERRANO SUÑER, Ramón: Entre Hendaya y Gibraltar, (Madrid, Ediciones y Publicaciones Españolas, 1947), p. 67. La misma escasez de información sobre su período como ministro de Gobernación reaparece en otros libros posteriores: SERRANO SUÑER, Ramón: Memorias: entre el silencio y la propaganda, la historia como fue, (Barcelona, Planeta, 1978) o SAÑA, Heleno: El franquismo sin mitos. Conservaciones con Serrano Suñer, (Barcelona, Grijalbo, 1982). 32 Cfr.: SERRANO SUÑER, Ramón: Op.cit., p. 69. 95 Título obra Guerra y poder en la Andalucía del Franquismo. Gobiernos y gobernadores civiles (1936-1975) Estado por otro. Quizás el Estado republicano no estaba en quiebra —tal y como afirmaba Serrano— pero se encontraba muy debilitado tras años de guerra desfavorable, crisis de gobierno, cambios de directrices, divisiones ideológicas y, lo más notable, una profunda crisis de autoridad. La falta de capacidad efectiva de los gobernadores para hacer cumplir la ley frente a las milicias en la zona republicana era justo lo que quería evitar Franco en las provincias conquistadas. Los principios de orden y autoridad se consagrarían a toda costa y a cualquier precio, incluida la sangre de falangistas que no se avinieran a respetar la Unificación de 1937, la hegemonía militar y, sobre todo, la voluntad del dictador. En realidad, lo que venía ocurriendo desde 1936 es que el jefe del Estado tenía la última palabra en materia de nombramiento de gobernadores. Franco dejó hacer a los jefes militares pero no se olvidó de ponerles coto a través del Gobernador General o del ministro del Interior. Si un gobernador debía ser cambiado, la orden desde el gobierno era implacable. Así, la influencia decisiva del gobierno de Burgos resultaría ser bien palpable mucho antes de finalizar la guerra. Ese estilo se mantendría cuando Serrano fue ministro de la Gobernación. El responsable de los nombramientos era el ministro, pero Franco estaba al tanto y tenía la última palabra, cuando no la propia iniciativa en la designación. La confianza del gobierno era, en última instancia, la confianza del general Franco. El caso de José Luis Arrese fue muy curioso. Arrese fue condenado a causa de la resistencia de una parte de la Falange a la Unificación de 1937. Sin embargo su estancia en la cárcel fue breve. Para enero de 1938 ya había entrado en contacto con el ministro Serrano quien había intercedido ante Franco para reducir su condena. Le solicita un gobierno civil y Serrano trató el tema con Franco el cual, en principio, se resistió con vehemencia a lo solicitado. Con todo, el ministro logró convencer a Franco y así fue como casi dos años más tarde, en diciembre de 1939, Arrese se convierte en gobernador de Málaga. Allí desplegó una labor discreta donde se dedicó, según Serrano, “… a hacer un poco de gobernador arquitecto”33. Pero en 1941 fue de nuevo acusado de conspirar desde Málaga y fue llamado ante Franco, después de la crisis de mayo de ese año. Lo más sorprendente es que Arrese salió reforzado de aquel encuentro y fue nombrado ni más ni menos que Secretario General de FET-JONS para sorpresa de Serrano que ya era ministro de Asuntos Exteriores. Todo un exponente sobre dónde residía la auténtica confianza y quién tenía la última palabra. Con los siguientes ministros de la Gobernación, Franco conservó ese estilo personal de nombramiento de gobernadores. Incluso frente a un ministro del que tenía en alto concepto (Blas Pérez), el dictador mantuvo el control: “Comprendo que le disgusten (a Blas Pérez) algunos nombramientos de gobernadores, pero la responsabilidad es del Partido. Tengo gran afec- to a este ministro”34. Y es que, en realidad, el dictador mantenía una supervisión general del mapa de gobernadores porque debía 33 Cfr.: SERRANO SUÑER, Ramón: Memorias… op.cit, p. 192. El caso Arrese en pp. 190 y ss de esta obra. 34 Cfr.: FRANCO SALGADO-ARAUJO, Francisco: Mis conversaciones privadas con Franco, (Barcelona, Planeta, reed. 2005), p. 234. 96 Factoría de Ideas Centro de Estudios Andaluces nombrarlos teniendo en cuenta los intereses supremos de su régimen pero, también, la satisfacción de las diversas familias representadas en el gobierno. Según el primo y asistente del dictador, Franco Salgado-Araujo, los gobernadores estaban bien asegurados en torno a los años cincuenta si estaban contentos los ministros Blas Pérez, Fernández Cuesta y Girón de Velasco. En la década siguiente, con el general Camilo Alonso Vega como ministro de la Gobernación, las cosas cambiaron parcialmente. Alonso Vega gozó de un mayor grado de autonomía a la hora de nombrar gobernadores y eso se logró gracias a la consolidación del régimen. Ya no era tan importante el gobernador “vigilante”, sino el gobernador “hacedor”. Desde el decreto de 1958 lo importante sería que los gobernadores fuesen capaces de coordinar los esfuerzos para el desarrollo material de las provincias (las Comisiones Provinciales de Servicios Técnicos). La liberalización y la tecnocracia habían hecho su aparición volviendo obsoletas a figuras de la autarquía como Suances. La demostración de la autonomía que tuvo el general Alonso Vega se recoge en los propios comentarios que hizo el dictador a su primo. En una ocasión, el ministro aceptó una dimisión presentada por el gobernador civil de Barcelona cuando ni siquiera había meditado sobre su posible reemplazo. En 1963 Franco se lamentaba de la gestión del gobernador de Tenerife hasta el punto de exclamar: “¡No sé de dónde saca Camilo estos gobernadores! Nadie les conoce, ni tienen la menor preparación política del régimen; tal vez se asesore con el director general de Administración Local, el señor Moris o Altozano [gobernador de Sevilla hasta el año anterior], a quien molesta la política del régimen y que no pierde ocasión de hacer gala de ello, sea hablando mal de mí o protegiendo a enemigos de la Falange”35. Franco reconocía el valor de Alonso Vega en su espíritu enérgico (importante para el mantenimiento del orden público), pero no compartía sus criterios para seleccionar a personas. Con todo, hubo excepciones: del gobernador de Málaga (Antonio García Rodríguez-Acosta) tenía Franco muy buen concepto hasta el punto de pensar en él como gobernador de Madrid. En los años finales del régimen, la jefatura del Estado volvería a supervisar el nombramiento de gobernadores, pero no con la misma intensidad del primer franquismo. Las capacidades del dictador se agotaban y los ministros se sucedían (Tomás Garicano Goñi, Carlos Arias Navarro, José García Hernández) en apenas cinco años. Y, por cierto, los tres habían sido gobernadores en sus respectivas carreras políticas. 35 Cfr.: FRANCO SALGADO-ARAUJO, Francisco: Op.cit., p. 485. 97 Título obra Guerra y poder en la Andalucía del Franquismo. Gobiernos y gobernadores civiles (1936-1975) 5. La compleja interacción con el mundo político local Si el gobernador contaba en su haber con el apoyo y confianza del gobierno, el éxito definitivo de su gestión era deudor de su capacidad de tacto y eficacia en el control y dirección del mundo político local al que era destinado. En ese sentido, los gobiernos civiles nos ofrecen una óptica muy valiosa para comprender la articulación de un régimen de corte centralista en la escala local. En ese mundo se daban cita la confrontación de intereses entre élites, entre intereses locales y generales, entre autoridades civiles y militares, además de los conflictos entre formaciones políticas y el Estado, entre otros. Todos estos problemas hicieron aparición en el franquismo, por más que fuese una Dictadura y sólo existiera un partido. La imagen del franquismo como un modelo político monolítico en el que el silencio y la estabilidad se aliaron para establecer una larga noche que fue siempre la misma entre 1939 y 1975 no se ajusta a la realidad de lo acontecido. La lucha entre partido y Estado —un trasunto de las tensiones entre ideología y régimen— salpicaron los primeros años de la Dictadura siendo FET-JONS el derrotado en el proceso de construcción de un Estado que no desembocaría en el fascismo. Como afirma Antonio Cazorla, autoridades del Estado y jefes del partido: “... batallarán en los años sucesivos por el poder a escala local y provincial en unos términos que se asemejan menos a los que se asocian normalmente con un Estado fascista centralizado y disciplinado y sí bastante más a los esfuerzos de un régimen extremadamente represivo por integrar o excluir a una serie de redes políticas informales de caciques y oligarquías locales fuertemente asentadas tanto en el seno del partido único como de la administración. (...) lo que se dio al final fue el surgimiento en cada provincia de una estructura cada vez más estable del reparto del poder que conciliaba los intereses de las élites locales con la política diseñada por las autoridades centrales”36. Eso significaba que la vieja política caciquil iba a integrarse en el Nuevo Estado, pero también iba a implicar un grado de renovación del personal político y un lento pero inexorable proceso de cambio derivado de la fractura de la guerra, la enorme represión, los intentos de deliberada ruptura con respecto a ciertas tradiciones del pasado, la presencia prolongada de la Dictadura, las exigencias del contexto internacional y el propio reemplazo generacional. La España de 1939 no sería la de 1975 y en ese proceso tuvieron que ver los gobernadores: “La presencia de los gobernadores, su papel complejo y variable, según las provincias y las personas que detentaban el cargo, de árbitros de la política local a la que amoldan a los dictados del Ministerio de la Gobernación, pero también de poco menos que marionetas de poderosos personajes nacionales o provinciales, permitió integrar en el Nuevo Estado a estructuras de poder de la España rural y buena parte de la urbana que en muchos casos se remontaban al período de la Restauración. Pero también determinó su cambio, su actualización, a través de 36 Cfr.: CAZORLA SÁNCHEZ, Antonio: Las políticas... op.cit., pp. 44-45. 98 Factoría de Ideas Centro de Estudios Andaluces un modelo político en el que el Estado, como ejecutor directo de la voluntad del Gobierno, se convirtió en un gran proveedor de favores y de sanciones desde una posición mucho más poderosa de la que hasta entonces había tenido ningún poder ejecutivo en España”37. Esa será, de manera general, la doble faceta del franquismo: un régimen que permite el retorno de una parte de los antiguos oligarcas a sus posiciones de control político local pero, por otra parte, dentro de un lento proceso de generación de apoyos sociales interclasistas y emergencia de unas nuevas élites que reemplazaron a buena parte de las antiguas que se fueron retirando de la primera línea de actuación política38. Esto fue particularmente evidente a partir de mediados de los 50 en adelante. Dicho esto, no pretendemos en este epígrafe reconstruir una imagen completa de las relaciones entre gobernadores y mundos locales en las ocho provincias andaluzas durante más de tres décadas. Tan sólo vamos a hacer referencias, a través de episodios concretos, a algunos de los problemas que tuvieron que hacer frente y cómo se saldaron éstos. Tal vez el principal problema, al menos el que estuvo dominando la escena pública durante muchos años, fue el económico. La guerra había dejado tras de sí un rastro de miseria y destrucción del 37 Cfr.: Ibídem, pp. 45-46. 38 Sobre el debate historiográfico entre estas dos visiones (en realidad no tan contrapuestas), vid.: COBO ROMERO, Francisco y ORTEGA LÓPEZ, Mª Teresa: “Movilización política, radicalización derechista y fascismo rural. La fabricación del consenso en la primera etapa del régimen franquista. El caso de la provincia de Granada, 1936-1948” en Revista de Historia Actual, vol. 2, nº 2 (2004), p. 15. que era muy difícil salir debido a las limitadas capacidades del país, a la situación del comercio internacional en medio de una guerra mundial y a la aplicación de una autarquía numantina que condujo a un auténtico callejón sin salida. De la mano de los racionamientos vinieron el mercado negro, la corrupción y los favores hechos desde instancias públicas donde serpenteaban las irregularidades y las ansias de supervivencia. El bloqueo internacional al que se sometió a España después de la Segunda Guerra Mundial prorrogó la angustia de un país empobrecido que siguió sufriendo la carestía y el hambre. Si el régimen no terminó ahogado fue porque supo aguantar estableciendo un férreo control represivo y porque hubo suministros exteriores que, pese al bloqueo, llegaron procedentes de Portugal, Argentina o la República Dominicana. Franco realizó contadas visitas oficiales a Andalucía. Sabemos que, por ejemplo, en Almería no estuvo más de cuatro veces39. Probablemente, la frecuencia de sus visitas fuera inferior a la de otras regiones 40 poniendo de manifiesto el lugar que ocupaba el sur entre las prioridades del régimen. Las imágenes del NO-DO dulcificaban los graves problemas pero los gobernadores estaban al tanto de las realidades. También estaban al corriente los embajadores y representantes consulares de ciertas potencias con gran influencia en el país. Así, el cónsul británico informó que durante la visita de Franco a Sevilla, en mayo de 1946, algunas mujeres gritaron junto al 39 Coincidieron casi siempre con visitas por otras provincias: mayo 1943, mayo 1956, abril 1961 y febrero 1968. 40 Para Cataluña, vid.: PÉREZ ANDUJAR, Javier: Catalanes todos. Las 15 visitas de Franco a Cataluña, (Barcelona, Ediciones de la Tempestad, 2002). Valdría la pena disponer de una obra similar para Andalucía. 99 Título obra Guerra y poder en la Andalucía del Franquismo. Gobiernos y gobernadores civiles (1936-1975) primer apellido del dictador “¡aceite! ¡aceite! ¡aceite!” 41. Eso explica que cuando se realizó unos meses después una auscultación (sondeo) para conocer el estado de la opinión cara al referéndum de 1947, Sevilla —junto a Málaga— fuese una de las provincias españolas más templadas en términos de adhesión al régimen42. Y esa situación se venía padeciendo desde hacía tiempo. En diciembre de 1940 se informó al jefe del Estado que un barco mercante inglés atracado en el puerto de Sevilla junto a la Torre del Oro arrojó al muelle pan blanco “... con lo que dio lugar a que se arremolinaran los mendigos que andan por las inmediaciones del muelle en espera de los sobrantes de la comida, disputándose los panecillos momento que, desde cubierta, aprovechaban los oficiales para obtener fotografías, indudablemente con fines de propaganda” 43. En julio de 1943, el gobernador de Huelva informaba en un telegrama cifrado al ministro de la Gobernación que 50 pueblos de la provincia habían quedado sin pan44. Aquel gobernador no era otro que el falangista Joaquín Miranda que ocupó buena parte de su gestión en el control de producción y precios para paliar las acuciantes necesidades de la gentes. Pero el resultado de sus afanes fue bastante parco. Un año antes, en mayo de 1942 dirigió una circular a los alcaldes sobre recogida de la cosecha para su publicación. En ella se decía lo siguiente: 41 Vid.: CAZORLA SÁNCHEZ, Antonio: Las políticas... op.cit., p. 232. 42 Vid.: Ibídem, p. 232. Toma el dato de AGA, Presidencia 41-1. 43 Cfr.: FNFF, doc. 131. 44 Vid.: FNFF, doc. 27258. “como la cosecha del pasado año fue escasa, con la cantidad que se ocultó, no fue suficiente la declarada para satisfacer ampliamente tus necesidades de alimentación; y tú, productor, obrero y de la clase media, tuvistes que soportar muchas veces la privación del pan y otras veces se te proporcionó una ración tan corta y escasa que te vistes obligado a adquirir aquel pan que te proporcionaban los que habían ocultado sus productos y que te vendían a diez y doce pesetas el kilo, y otras muchas veces ni aún podías adquirirlo a este precio porque no te lo permitía lo exiguo de tu sueldo o jornal. (...) Tú, obrero agrícola, que trabajas en la recogida de la cosecha, impide que aquellos que indignamente, guiados por su egoísmo, desprestigian a España y no aman a su prójimo, falseen las declaraciones y oculten los productos que tú te verás obligado a adquirir a precios insoportables; con ello, harás a España un gran servicio y te lo haces a ti mismo, como igualmente a los de tu clase”45. En abril de 1949, el ex ministro de Agricultura Miguel primo de Rivera y Sáenz de Heredia escribía a Franco una carta en la que le describía la pavorosa situación del campo en Cádiz, Córdoba y Sevilla. Estimaba que sólo iba a recogerse un 30% de la cosecha de un año normal debido a la sequía de ese año. Ponía en su conocimien- to la “... terrible situación de hambre en la gran masa de trabajadores del campo que han visto pasar todo el invierno sin recibir un solo salario, ya que los jornales 45 Documento reproducido en: RAMÍREZ COPEIRO DEL VILLAR, Jesús: Espías y neutrales: Huelva en la II Guerra Mundial, (Huelva, el autor, 1996), p. 87. 100 Factoría de Ideas Centro de Estudios Andaluces de los pasados meses, como V.E. sabe perfectamente, responden a las labores de labra, escarda, cultivo, etc., que hay que practicar precisamente durante el régimen de lluvias. De manera que ya casi teníamos olvidada, pululan por granjas y cortijos hombres y mujeres de todas las edades que en contingentes pavorosos piden cualquier clase de ayuda para remediar su miseria”46. Tal situación era un caldo de cultivo idóneo para toda clase de irregularidades, unas cometidas por desaprensivos a la búsqueda del enriquecimiento en aguas revueltas, otras por gentes que anhelaban sobrevivir obteniendo algún ingreso extra. La vorágine de corruptelas alcanzó tal grado que no faltaron escarmientos aunque fuese para poner un cierto límite a ese estado de cosas. En octubre de 1947 fue encarcelado un alcalde de un pueblo de Sevilla “...por irregularidades comprobadas en el suministro de víveres”47. Al gobernador, Alfonso Ortí, no le tembló el pulso para intentar atajar la situación. Al fin y al cabo, al régimen le interesaba dar la sensación que el nuevo orden había llegado para dar un cambio a la trayectoria histórica de España y requería justificarse por sus obras toda vez que su legitimidad procedía de un golpe de Estado. Ese esfuerzo contrastaba con la pobreza general del país que podía imputarse a la pertinaz sequía o a los enemigos de la patria, pero lo cierto es que aún no se había alcanzado el nivel de 1935. La guerra civil, de hecho, había generado una inflación más que notable. Para la provincia de Córdoba, el índice del coste de la vida era de 118,8 en abril de 1939 (tomando como referencia 100 el mes de julio de 1938) mientras que al comienzo de la guerra era de 46 Vid.: FNFF, doc. 10209. 47 Vid.: FNFF, doc. 14312. 69,7. En Sevilla, el mismo índice era de 120,8 mientras que en julio de 1936 era de 71,948. No resulta difícil entender que las autoridades se preocuparan por enderezar la deplorable situación económica. Esa era la mejor forma de reforzar al régimen por la vía de la legitimación por los hechos. Ahí se inscriben las circulares que fueron enviadas a los gobernadores para fomentar la riqueza de sus provincias dentro de un esquema autárquico con tal de mejorar la apurada situación de la balanza comercial o las instrucciones de la Secretaría de FET-JONS a los jefes provinciales “para llevar a cabo un mejor aprovechamiento de las tierras improductivas”49. Ante ello, los gobernadores respondían de diversas formas de acuerdo con las características personales de cada uno. Los había celosos en extremo que ponían de manifiesto ante instancias superiores las dificultades insuperables para llevar a cabo su labor. El gobernador de Tarragona, el falangista Francisco Labadíe Otermín, se quejaba al ministro de Industria y Comercio Juan Antonio Suanzes de la proliferación de organismos públicos que servían para poco50. Hubo otros gobernadores que se limitaron a cumplir lo mejor posible su misión sirviendo de leal pararrayos del gobierno para pasar a mejor destino. Los hubo, también, que no perdieron ocasión de informar de lo que habían hecho. Así, el notario Manuel García del Olmo, gobernador de Almería, expuso al jefe del Estado un informe comple- to de las obras públicas realizadas entre 1943 y 1944 48 Vid.: AMP, leg. 26. 49 Vid.: FNFF, doc. 10933 y Documentos inéditos para la Historia del Generalísmo Franco, (Madrid, Fundación Nacional Francisco Franco, 1992), tomo II-1, pp. 301 y 304. 50 Vid.: FNFF, doc. 6500. 101 Título obra Guerra y poder en la Andalucía del Franquismo. Gobiernos y gobernadores civiles (1936-1975) (conducción de aguas, escuelas, mercados, alumbrado, alcantarillado, mejoras urbanas, etc)51. Al año siguiente sería destinado al Gobierno Civil de Málaga. Además de los problemas cotidianos, los gobernadores debían solventar cualquier contratiempo excepcional e inesperado como una inundación. El gobernador de Sevilla hubo de hacer frente a la inundación de 1961 con una actuación no muy lucida que terminó por minar su mandato ya cuestionado por sus claras tendencias monárquicas52. Más grave fue la de 1948 porque afectó a las provincias de Granada, Córdoba y Sevilla en unos tiempos ya desfavorables de por sí. Los gobernadores Servando Fernández-Victorio (Granada), Alfonso Ortí (Córdoba) y Fernando Coca de la Piñera (Sevilla) tuvieron que emplearse a fondo para paliar la calamidad y calmar los ánimos. Fernández-Victorio pidió un crédito mínimo de 10 millones de pesetas del Servicio Nacional del Crédito Agrícola, además de una moratoria fiscal y mercantil para los labradores afectados. Por su parte, Ortí valoraba los daños de Córdoba en 33 millones de pesetas y solicitaba ayuda. Pero tal vez fue en Sevilla donde las autoridades tuvieron que actuar con diligencia porque el daño de la ciudad era muy agudo, porque también hubo inundaciones el año anterior y porque la protesta comenzó a aflorar. De hecho, el clandestino Comité Provincial del Partido Comunista redactó un llamamiento dirigido al pueblo de Sevilla. Obreros, pequeños agricultores, campesinos, jornaleros, comerciantes, industriales, hombres y mujeres fueron llamados a manifestarse para exigir ayuda tras acusar la ineficacia de “...las autoridades franco-falangistas que, con un 51 Vid.: FNFF, doc. 14077. 52 Vid.: FNFF, docs. 19482 y 19483.19482 y 19483. desprecio y odio absoluto al pueblo, le tienen completamente abandonado a su suerte”. Aún se percibían los efectos de la riada del año anterior y, obviamente, motivos sobrados para la protesta: “¡A exigir que se os albergue en cuarteles, cines, palacios, iglesias y conventos, cuarteles y escuelas! ¡Que se os suministre comida en condiciones! Si no se os da satisfacción: ¡a ocupar esos locales! Y el pueblo entero de Sevilla a prestar calor y ayuda a los damnificados. ¡A la calle todo el mundo! (...) Hay que demostrar a nuestros opresores y a los diplomáticos de otras naciones, como por ejemplo, los yankis, que los están jaleando, que el pueblo es más sensible y capaz que todos ellos. Así ayudaremos a nuestros hermanos, pero así asestaremos al mismo tiempo un duro golpe al régimen fascista de Franco que le acerca a la sepultura, donde queremos verle enterrado, todos los sevillanos, todos los andaluces y todos los españoles. ¡Adelante todos a cumplir con nuestro deber1 ¡Los comunistas en primera fila!”53. Que había una intencionalidad en aquel llamamiento mecanografiado tres días después de las lluvias era evidente. Que no fue secundado de forma masiva también fue cierto, en parte por miedo a la represión y en parte por la urgencia de resolver los problemas inmediatos. Pero que la maquinaria del Estado había resultado ineficaz en Sevilla no admitía dudas ni siquiera para las autoridades. El gobernador, junto al alcalde y al presidente de la Diputación elevaron un informe para recabar ayuda urgente y en 53 Vid.: AGA, 44/3099. 102 Factoría de Ideas Centro de Estudios Andaluces el mismo se reconocía que las viviendas prometidas con motivo de la inundación pasada “apenas se encuentran en sus comienzos” y que “...cuando comenzó la actual inundación estaban todavía sin albergue... más de 1.000 acogidos, que se han sumado a los que han perdido sus hogares en los momentos actuales”. La situación debía ser muy tensa cuando desde el Gobierno Civil se pidió que el informe fuese avalado también con la firma del presidente de la Diputación (Ramón de Carranza) y con la del alcalde (José María Piñar), además de pedir que “... sean devueltas a Sevilla las dos Compañías de la Policía Armada de su guarnición que están destacadas desde hace tiempo en la provincia de Granada”54. Y es que aunque los gobernadores buscasen la mejora material de sus provincias, todos los objetivos quedaban supeditados al supremo principio de la garantía del orden. De hecho, una parte importante del cometido de los gobernadores se concretaba en tareas de información y vigilancia. Diversos eran los recursos de los que disponían los gobernadores que iban desde las fuerzas de seguridad hasta servicios específicos del partido único. Esta labor podía materializarse, en último extremo, en forma de detenciones y encarcelamientos, pero no siempre era así. La información no equivalía a represión. Esto resultaba especialmente elocuente en el caso de personas de derechas, a veces incluso personalidades del régimen que habían caído en desgracia por sus ideas. Saber qué hacían o cuáles eran sus movimientos era una cosa, proceder a su detención efectiva otra. Un ejemplo fue el seguimiento que el gobernador de Almería, Manuel Urbina Carrera, efectuó sobre el general Juan 54 Vid.: Ibídem. Luis Beigbeder en 1948. Éste había sido años atrás ministro de Asuntos Exteriores pero por su anglofilia fue reemplazado por Ramón Serrano Suñer en octubre de 1940. Más tarde fue ascendido a general de Estado Mayor y enviado a los Estados Unidos hasta 1945. Hasta su pase a la reserva, en 1950, permaneció a las órdenes del Ministerio del Ejército pero sin destino concreto. En esos años mantuvo contactos con destacados monárquicos y el viaje relámpago de dos días que efectuó a Almería en febrero de 1948 llamó la atención inmediata del gobernador que ordenó una discreta investigación. Los resultados de la misma fueron remitidos al ministro Blas Pérez y del detalle de la investigación podemos percatarnos al leer la nota informativa secreta que la policía entregó al gobernador: “Durante su permanencia en ésta fue cumplimentado por el Excmo. Sr. Gobernador Militar de la Plaza en el Hotel Simón donde se hospedó. Su viaje al parecer ha sido de tipo particular. Uno de sus primeros actos realizados por él en el hotel de referencia, o sea el Simón, fue tener una conferencia telefónica con el nº 10 de Estoril (Portugal), cuyo número corresponde al Hotel Miramar de dicha población — según noticias, lugar de intrigas políticas— no habiendo sido posible captar los términos en que se expresó en dicha conferencia. Más tarde, celebró otra conferencia telefónica con el nº 221121 de Madrid, en la que se expresó en los siguientes términos: “El enfermo que he traído se ha mostrado muy insurrecto, no obstante, merced a mi gestión, se ha quedado, se encuentra en el Hospital Militar a base de Penicilina y Extractomicina”. Asimismo, duran- 103 Título obra Guerra y poder en la Andalucía del Franquismo. Gobiernos y gobernadores civiles (1936-1975) te las horas que permaneció en esta capital, escribió un número considerable de cartas, dirigidas en su mayoría a Portugal” 55. La necesidad de estar informados sobre lo que ocurría en sus provincias resultaba esencial a los gobernadores, tanto para sus propios intereses en el Gobierno Civil como para elevar el producto de las pesquisas que fuesen de alto alcance. El gobernador de Córdoba —Revuelta Prieto— solicitó, como jefe provincial, la creación de una Delegación Provincial de Información e Investigación en septiembre de 1949 dependiente de FET-JONS. En realidad se trataba de reactivar un denominado Servicio de Información Política y Auscultación que había funcionado años antes y del cual conservaban hasta el archivo56. En marzo de 1947, el gobernador de Sevilla tuvo conocimiento por el rector de la Universidad de un artículo insidioso publicado en la revista Cátedra, editada por el Sindicato Español Universitario (SEU) de Sevilla. Las calumnias iban dirigidas contra Joaquín Ruiz-Jiménez y contra el ministro de Asuntos Exteriores. De inmediato el gobernador ordenó la retirada de los 800 ejemplares que aún quedaban sin distribuir57. En 1942, gracias al Servicio de Información del Ministerio de la Gobernación (que se alimentaba de la policía y los gobiernos civiles), se supo hasta los comentarios que hizo en la feria de Sevilla el conde de Romanones sobre 55 Vid.: FNFF, doc. 174. La información pasó a la Dirección Ge-La información pasó a la Dirección General de Seguridad y a manos del propio Franco. Este Beigbeder de 1948 era, sin duda, muy distinto al de mayo de 1939 tal y como se observa en el informe que dirigió a Franco sobre las actividades de Queipo de Llano. Vid.: Documentos inéditos para la historia del Generalísmo Franco, (Madrid, Fundación Nacional Francisco Franco, 1992), tomo I, pp. 412-414. 56 Vid.: AGA, 51/18956. 57 Vid.: FNFF, doc. 14076. el curso de la guerra mundial o la situación de los exiliados españoles en Inglaterra58. Pero no siempre el celo informativo y la recta denuncia del gobernador eran bien recibidas en Madrid. A finales de 1968, el gobernador de Cádiz (Julio Rico de Sanz) envió al ministro de Asuntos Exteriores Castiella un informe titulado Problemas planteados en la actualidad en torno a la base aero-naval de Rota en la que se glosaban numerosas irregularidades y ataques contra la moral que alcanzaban hasta al propio alcalde de la localidad. Pocos meses más tarde, Rico de Sanz dejaba de ser gobernador al producirse el cambio de gobierno en el que dejaron de ser ministros tanto Castiella como Alonso Vega. Ahí concluyó su carrera política tras haber desempeñado tres gobiernos civiles desde 196459. Los gobernadores, por tanto, debían de actuar con tac- to en su emisión de información. Al igual que tenían que hacerlo en sentido inverso. Es decir, cuando el gobierno les ordenaba adoptar medidas en casos de huelgas y otras posibles rupturas del orden público. Si la situación se desbordaba por falta o exceso de actuación, el gobernador tenía que asumir la responsabilidad ante quien había depositado su confianza. El ejercicio de la lealtad no resultaba sencillo en escenarios provinciales muy viciados si no se aplicaban las debidas cautelas para superar las complejas dificultades. A lo largo de todo el franquismo no faltaron los roces entre instituciones, entre Estado y partido, denuncias y conflictos oligárquicos que arruinaron el mandato de más de un gobernador. Un ejemplo temprano fue el del cordobés José Tomás 58 Vid.: FNFF, doc. 27206, pp. 35-36. 59 Vid.: FNFF, doc. 19360. 110 Factoría de Ideas Centro de Estudios Andaluces Gobernadores civiles. Córdoba (1939-1975) nombre comPLeto ProvIncIa nombramIento cese VALERA VALVERDE Eduardo Córdoba 07/03/1937 27/08/1939 CÁRDENAS LLAVANERAS Joaquín de Córdoba 27/08/1939 11/05/1941 VIGNOTE VIGNOTE Rogelio Córdoba 14/05/1941 15/11/1942 RISUEÑO CATALÁN Ramón Córdoba 15/11/1942 20/10/1943 MACIÁN PÉREZ José Córdoba 20/10/1943 17/10/1946 ORTÍ MELÉNDEZ-VALDÉS Alfonso Córdoba 17/10/1946 12/02/1949 REVUELTA PRIETO José María Córdoba 16/02/1949 17/12/1955 BARQUERO BARQUERO Juan Victoriano Córdoba 11/02/1956 01/03/1961 MATEU DE ROS José Manuel Córdoba 01/03/1961 30/01/1964 LANDÍN CARRASCO Prudencio Córdoba 15/02/1964 08/06/1968 PELAYO ROS Tomás Córdoba 08/06/1968 24/11/1969 GUTIÉRREZ RUBIO Julio Córdoba 24/11/1969 28/09/1970 HERNÁNDEZ SÁNCHEZ Manuel Córdoba 28/09/1970 20/08/1973 NICOLÁS GARCÍA Mariano Córdoba 20/08/1973 10/04/1976 Gobernadores civiles. Granada (1939-1975) nombre comPLeto ProvIncIa nombramIento cese SAMANIEGO RODRÍGUEZ Esteban Granada 15/05/1937 17/10/1940 GALLEGO BURÍN Antonio Granada 20/10/1940 21/10/1941 PIZARRO CENJOR Manuel Granada 21/10/1941 15/12/1943 FONTANA TARRATS José María Granada 15/12/1943 12/06/1947 FERNÁNDEZ-VICTORIO CAMPS Servando Granada 12/06/1947 10/04/1956 SUMMERS E ISERN Francisco Granada 10/04/1956 14/03/1960 ALFÍN DELGADO José María Granada 14/03/1960 28/02/1963 CAÑIZARES NAVARRO Eduardo Granada 02/03/1963 23/04/1966 SOLER BANS Antonio Luis Granada 23/04/1966 01/04/1968 GÓMEZ JIMÉNEZ DE CISNEROS Antonio Granada 04/06/1968 28/09/1970 LEIVA REY Alberto Granada 28/09/1970 02/04/1974 MENÉNDEZ-MANJÓN Y SANCHOMIÑANO José Manuel Granada 02/04/1974 10/08/1976 111 Título obra Guerra y poder en la Andalucía del Franquismo. Gobiernos y gobernadores civiles (1936-1975) Gobernadores civiles. Huelva (1939-1975) nombre comPLeto ProvIncIa nombramIento cese MIRANDA GONZÁLEZ Joaquín Huelva 29/03/1938 08/10/1943 FERNÁNDEZ CANEPA Heliodoro Huelva 08/10/1943 10/03/1951 SUMMERS E ISERN Francisco Huelva 10/03/1951 10/04/1956 VALENCIA REMÓN Manuel Huelva 10/04/1956 25/06/1957 BRUQUETAS SAURIN Carlos Huelva 25/06/1957 01/11/1958 PÉREZ CUBILLAS Hernán Huelva 01/11/1958 08/06/1968 GUTIÉRREZ RUBIO Julio Huelva 08/06/1968 24/11/1969 ALFARO Y ALFARO Juan Huelva 08/12/1969 16/01/1973 ORTÍZ SÁNCHEZ Manuel Huelva 16/01/1973 02/04/1974 VALDECANTOS GARCÍA Matías Huelva 02/04/1974 23/02/1976 Gobernadores civiles. Jaén (1939-1975) nombre comPLeto ProvIncIa nombramIento cese RODRÍGUEZ ACOSTA Francisco Jaén 01/04/1939 10/04/1940 CORREA WEGLISON Antonio Federico de Jaén 01/04/1940 21/12/1940 FERNÁNDEZ PARDO DE CELA Roberto Jaén 21/12/1940 21/10/1941 COCA DE LA PIÑERA Fernando Jaén 21/10/1941 31/07/1943 VILLALOBOS SOLÓRZANO Juan Alonso Jaén 31/07/1943 26/07/1947 HERRERO LOZANO David Jaén 26/07/1947 16/02/1949 JUNQUERA FERNÁNDEZ CARVAJAL Manuel Jaén 16/02/1949 22/11/1950 ARCHE HERMOSA Felipe Jaén 22/11/1950 02/03/1963 PARDO GAYOSO Juan Manuel Jaén 02/03/1963 08/06/1968 RUIZ DE GORDOA Y QUINTANA José Jaén 08/06/1968 22/09/1972 CALDERÓN OSTOS Pascual Jaén 22/09/1972 28/07/1975 MARTÍNEZ-CAÑABATE MORENO Enrique Jaén 28/07/1975 03/05/1978 112 Factoría de Ideas Centro de Estudios Andaluces Gobernadores civiles. Málaga (1939-1975) nombre comPLeto ProvIncIa nombramIento cese GARCÍA ALTED Francisco Málaga 23/11/1936 27/08/1939 PRIETO-MORENO PARDO Francisco Málaga 27/08/1939 10/12/1939 ARRESE MAGRA José Luis Málaga 10/12/1939 07/06/1941 LAMO DE ESPINOSA Y ENRÍQUEZ DE NAVARRA Emilio Málaga 07/06/1941 25/08/1945 GARCÍA DEL OLMO Manuel Málaga 04/10/1945 24/07/1954 JULVE CEPERUELO Luis Málaga 24/07/1954 20/05/1958 GARCÍA RODRÍGUEZ-ACOSTA Antonio Málaga 20/05/1958 06/09/1962 CASTILLA PÉREZ Ramón Málaga 28/09/1962 26/01/1970 ARROYO ARROYO Víctor Málaga 26/01/1970 20/08/1973 HERNÁNDEZ SÁNCHEZ Manuel Málaga 20/08/1973 22/01/1974 APARICIO ARCE José María Málaga 22/01/1974 08/03/1975 GONZÁLEZ DE LA PUERTA José Málaga 08/03/1975 07/06/1976 Gobernadores civiles. Sevilla (1939-1975) nombre comPLeto ProvIncIa nombramIento cese CADENAS CAMINO Eduardo Sevilla 04/12/1938 13/11/1939 VALVERDE CASTILLA José Tomás Sevilla 13/11/1939 11/09/1940 ELOLA-OLASO IDIACAIZ José Antonio Sevilla 11/09/1940 07/06/1941 RIVAS JORDÁN DE URRIES Francisco Sevilla 07/06/1941 18/10/1942 LECHUGA PAÑOS Manuel Ricardo Sevilla 18/10/1942 31/07/1943 COCA DE LA PIÑERA Fernando Sevilla 31/07/1943 12/02/1949 ORTÍ MELÉNDEZ-VALDÉS Alfonso Sevilla 12/02/1949 06/01/1959 ALTOZANO MORALEDA Hermenegildo Sevilla 06/01/1959 04/05/1962 UTRERA MOLINA José Sevilla 19/07/1962 10/11/1969 MUÑOZ-GONZÁLEZ BERNALDO DE QUIRÓS Ramón Sevilla 24/11/1969 22/09/1972 HELLÍN SOL Víctor Sevilla 22/09/1972 02/04/1974 LEIVA REY Alberto Sevilla 02/04/1974 07/06/1976 113 Título obra Guerra y poder en la Andalucía del Franquismo. Gobiernos y gobernadores civiles (1936-1975) 7. Fuentes y bibliografía Fuentes En este apartado es preciso aclarar dos extremos. En primer lugar, hacemos constar que los archivos relacionados han sido los más consultados para este trabajo, aunque también han sido consultados otros como se advierte en el texto o en las notas. Por otro lado, en la relación bibliográfica las obras que no tienen autor han sido insertadas por orden alfabético de título para una más rápida localización. La relación bibliográfica no pretende ser exhaustiva; tan sólo busca establecer un marco para el estudio de los gobernadores civiles. AGA: Archivo General de la Administración (Alcalá de Henares, Madrid). AGCS: Archivo del Gobierno Civil de Sevilla. AGGC: Archivo General de la Guerra Civil (Salamanca). AMP: Archivo del Ministerio de la Presidencia (Presidencia del Gobierno, Madrid). FNFF: Fundación Nacional Francisco Franco. Bibliografía Actas del primer Symposium de Historia de la Administración, (Madrid, Instituto de Estudios Administrativos, 1970). 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También se dieron recomendaciones y directrices para el proceso de reforma política e instrucciones para el futuro referéndum que los españoles habrían de ratificar para transformar las Cortes franquistas en verdaderos órganos de representación democrática popular11. Pero además, no se debe olvidar que en el plazo de un año desde la elección de Suá- Barcelona, Planeta, pp.130-132. 9 Cfr.: Ibídem. p. 134. 10 Vid.:“Cumbre de gobernadores: trece horas de trabajo. Se coordinarán las actuaciones de los gobernadores en sus provincias, de modo que queden garantizados los derechos y libertades públicas de los españoles” aparecido en ABC Sevilla, 1-septiembre-1976, p. 1. En esta misma línea, Cfr.: “Unificación de criterios sobre el orden público (…) La reunión es considerada como de primordial importancia, especialmente en cuanto a la coordinación de actuaciones de las autoridades civiles respecto a los derechos de reunión y manifestación, y también en lo referente al futuro referéndum y al proceso informativo y propagandístico previo a él” en El País, 1-septiembre-1976. 11 Reforma que sería aprobada el 18 de noviembre, con el resultado de cuatrocientos veinticinco procuradores a favor, cincuenta y nueve en contra y trece abstenciones, y que llevó a la eliminación del sistema legal por otro que no iba a contar con los titulares políticos del momento. En Andalucía el referéndum tendrá una participación del 81.9%, con 95,7% de votos positivos (Fuente: Junta Electoral Central). rez como presidente, el país abordó las primeras elecciones democráticas desde 1936, y para ello también fue necesario organizar la dinámica de partidos para encarar esos comicios, muy especialmente se requería la organización del partido del gobierno. Según afirma Carlos Huneeus en su obra sobre la UCD: “Como ningún partido tenía una implantación nacional, en el momento de constituir las listas, los gobernadores de provincias jugaron un papel fundamental para determinar los candidatos e influir en el orden de cada lista. Rodolfo Martín Villa (…) estaba en condiciones de influir para designar a hombres de su confianza como candidatos en numerosas provincias españolas, cambiando a veintiocho gobernadores. (…) Esto le dio al gobierno, y especialmente a Suárez y a Martín Villa un considerable grado de influencia en las provincias españolas, que los dirigentes procedentes de la oposición nunca pudieron recuperar”12. El resultado fue que la UCD consiguió formar listas en todo el territorio nacional, con excepción de Guipúzcoa, captando el 34,4% de los votos emitidos en las elecciones generales de 1977 y venciendo aunque sin mayoría absoluta13. En Andalucía, UCD obtuvo unos notables resultados por provincias: Huelva 47,9%; Granada 43,9%; Almería 49,8%; Sevilla 32,5%; Córdoba 32,6%; y Jaén 33,1%. Sólo en Cádiz y Málaga los porcentajes fueron más modestos: Cádiz el 27,3% y Málaga el 27,6%. En el resto de España, aunque con un apoyo desigual por regiones, tenía un sólido 12 Cfr.: HUNEEUS, Carlos: Op. cit., p. 165. 13 165 escaños —de un total de 350— en el Congreso de los Diputados. 127 Título obra La transición local en Andalucía. Gobiernos civiles y reforma política (1975-1979) apoyo que le hacía mirar con optimismo al futuro. Tanto el presidente como su ministro habían sabido aprovechar el activo que les proporcionaban los gobernadores civiles, y ese conocimiento era más sólido en tanto que ambos habían ostentado esa responsabilidad provincial en Segovia y Barcelona pocos años antes. Otra segunda e importante reunión general de los gobernadores civiles tuvo lugar en septiembre de 197714, una vez celebradas las elecciones generales e investido el gobierno de legitimidad democrática15. Era el momento de coordinar las libertades ciudadanas con la actuación de las fuerzas de orden público adaptándolas a la nueva situación, así como colaborar con las corporaciones locales a la espera de las elecciones municipales. Durante la compleja transición local que transcurrió entre 1976 y 1979 fueron muchos los alcaldes y concejales que plantearon su deseo de dimitir, aceptándoseles a algunos de ellos dadas las ingratas y discutidas responsabilidades que asumían. A las situaciones de déficit estructural eco- 14 En paralelo el ministro Martín Villa continuaba realizando reuniones sectoriales o regionales en función a las coyunturas y problemas que sacudían al país. Sirva como ejemplo la desarrollada en el Palacio de Congresos de Madrid con quince gobernadores, incluidos los de Sevilla y Málaga, con temática laboral, política y de orden público. Vid.: ABC Sevilla 30-septiembre-1976 p. 6. 15 Vid.: ABC Sevilla 7-septiembre-1977, p. 3 “Política Interior, Orden Público y Corporaciones Locales, temas estudiados por los gobernadores”. En otros diarios también se recogió con profundidad la noticia esos días, destacándose en El Pais, —8 septiembre— la intervención que tuvo ante los gobernadores, además de Martín Villa, el propio presidente Suárez, que les expuso las grandes líneas de la política general del país y contestó a sus preguntas. La reunión fue de gran interés por parte del gobierno en el contexto preconstitucional, y eso explica que también intervinieran y dieran sus instrucciones los ministros de Regiones, Trabajo, Sanidad y Seguridad Social, Obras Públicas, Comercio y Cultura, así como el vicepresidente tercero para Asuntos Políticos, Abril Martorell, y el fiscal del Tribunal Supremo. nómico que soportaban, se unían la no legitimidad democrática y los ataques de fuerzas políticas que pusieron incluso en cuestión a las diputaciones provinciales, en el contexto de una marea ascendente de la sensibilidad autonómica. Además, en el ámbito de las atribuciones de los gobernadores civiles, se suspendían acuerdos plenarios —como el del gobernador civil de Vizcaya sobre los acuerdos de restauración foral para las provincias vascas aprobados en los Ayuntamientos de Marquina y Bérriz en julio de 1976—, o bien se suspendía de sus funciones a los alcaldes —hecho ocurrido, por ejemplo, con el de la Línea de la Concepción (Cádiz) por la irregular marcha financiera de la corporación, en la última semana de junio de 1978. Sólo en aquel año hubo en Andalucía dimisiones de alcaldes y concejales en los municipios de Osuna, Marchena, Lebrija, San Juan de Aznalfarache, Guillena, Alanís, Pedrera, Puente Genil, Cabra, Motril, Jerez de la Frontera, La Línea, Chipiona, Lepe, etc.16. Aún así y de forma general, desde el ministerio, con el auxilio y trabajo directo de los gobernadores civiles, se ayudó y veló por asegurar la estabilidad de las corporaciones y así evitar en lo posible una desbandada que habría acarreado un vacío institucional irreparable. Afirma Martín Villa en sus memorias que: “Tanto los gobernadores como yo mismo nos esforzamos por evitar un abandono masivo de estos cargos por quienes eran en aquellos momentos sus ocupantes legalmente acreditados. De haberse producido, (…) hubiera generado una verdadera desestabilización de la vida pública española”17. 16 Fuente ABC Sevilla. 17 Cfr.: MARTÍN VILLA, Rodolfo: Op. cit., p. 200. 128 Factoría de Ideas Centro de Estudios Andaluces En la misma línea, cabe añadir que persistían las dificultades de la policía y guardia civil para acomodar su comportamiento activo y preventivo a las nuevas exigencias democráticas. Era necesario mentalizarlos ante la situación política del país. Por un lado era evidente la efervescencia social en forma de movilizaciones políticas, cívicas y laborales. Sólo para los años 1976- 1978 se llevaron a cabo 259 de tipo político, 293 de tipo cívico y 227 laborales, según el estudio realizado por Cayo Sastre18. Por otro, se otorgaron tres amnistías antes de las primeras elecciones de junio de 1977 que posibilitaron la salida de las prisiones no sólo a los presos políticos. Y por último, fue frecuente asistir a la comisión de atentados terroristas de diferentes grupos de extrema derecha o izquierda. Entre los asesinados por ETA, GRAPO y extrema derecha para el período 1976-1979 sumaron un total de 252 víctimas mortales19. En resumen, la administración de las libertades y el orden público, competencia del gobernador en cada provincia, entrañaba una complejidad extrema vistos los acontecimientos de aquellos días. En enero de 1978 se producía un encuentro de gobernadores civiles de provincias andaluzas en Úbeda20 en las que se abordaron cuestiones relativas al pacto de la Moncloa, orden público, paro agrícola y posibles acciones gubernamentales para remediar el desempleo andaluz a corto y medio plazo, principal problema con el que se enfrentaban sus ciudadanos. La situación era difícil dadas las adversas 18 Cfr.: SASTRE GARCÍA, Cayo (1997): Transición y desmovilización política en España (1975-1978). Valladolid. Universidad de Valladolid: Secretariado de Publicaciones e Intercambio Científico, p. 113. 19 Fuente: Ministerio del Interior y El País. 20 Vid.: ABC Sevilla 12-enero-1978 p.13. condiciones climatológicas y el retraso en la aprobación de los presupuestos generales del Estado que había rechazado el Senado, hecho que bloqueaba la posibilidad de disponer de cantidades para invertir en acciones rurales de empleo comunitario por los gobernadores civiles. Un mes más tarde se reunieron con Martín Villa los ocho gobernadores en la ciudad hispalense, al que se sumaron los de otras provincias —Badajoz, Alicante y Huesca— y los delegados del gobierno en Ceuta y Melilla, encuadrado en un plan nacional de visitas a diferentes ciudades del país21. Como el tema principal abordado volvía a ser el orden público y la seguridad, estuvieron presentes en la cita los jefes superiores de Policía de Sevilla y Granada, así como altos cargos de la Guardia Civil. Una vez más se reiteraba la necesidad de coordinación y se hacían patentes políticas tendentes a la democratización de la policía, la prevención del delito, el concepto del policía de barrio —cercano al ciudadano y garante de sus libertades— e incluso se ponía fecha de caducidad a los circuitos privilegiados de tenencia de armas. Era necesario insistir ante las máximas autoridades provinciales sobre la necesidad de actuar de forma equilibrada, más aún cuando algunas decisiones gubernamentales no siempre eran bien entendidas por algún que otro gobernador. Sirva como ejemplo la rueda de prensa que dio Martín Villa tras la citada reunión en relación a las amnistías que se habían aplicado hasta entonces: “Su concesión ha sido muy positiva. Si no hubiera sido por la amnistía, sería imposible que los vascos colaborasen en el proceso democrático. Ahora existe una probabilidad. La amnistía es algo que no se otorga por justicia ni por ninguna otra razón, sino que se concede siempre por conveniencia política”22. 21 Vid.: ABC Sevilla 11-febrero-1978 pp. 19-20. 22 Vid.: ABC Sevilla 12-febrero-1978 p. 22. 129 Título obra La transición local en Andalucía. Gobiernos civiles y reforma política (1975-1979) Por último, cuando la Constitución estaba prácticamente elaborada, se propiciaron nuevas instrucciones a todos los gobernadores en septiembre de ese mismo año, con la asistencia de los secretarios generales de los gobiernos civiles, jefes de cuerpos de seguridad y otras autoridades y funcionarios. Queda claro que para el ministerio del Interior fue un objetivo clave el seguimiento e interlocución directa con las autoridades provinciales. El estado de derecho que se estaba construyendo, y que quedó recogido en la Constitución, se había asentado en un trabajo previsor que no estuvo exento de riesgos. El día 6 de diciembre la Carta Magna era ratificada en referéndum por los españoles con un total de votos afirmativos del 87,9%23. Había llegado el momento de cerrar la legislatura constituyente, convocar nuevas elecciones generales y democratizar finalmente las administraciones locales. En Andalucía no fue sustituido ningún gobernador civil en el tiempo que transcurrió desde el referéndum constitucional y las elecciones municipales del 3 de abril de 1979. Se buscaba con ello mantener la estabilidad y aprovechar la experiencia de unos hombres que, efectivamente, se aplicaron en las labores encomendadas desde el ministerio tal y como venía siendo habitual. Como recoge el académico López-Nieto y Mallo: “Constituyeron un valioso instrumento que hizo posible la estabilidad social, a todas luces necesaria para que la transición a la democracia discurriera, como discurrió por cauces de extrema mesura y desprovistos de toda clase de violencia”24. No 23 En Andalucía con una participación del 67,9%, ocho décimas superior a la media nacional, el voto afirmativo alcanzó el 91,9%.(Fuente Junta Electoral Central). 24 Vid.: LÓPEZ-NIETO Y MALLO, Francisco: “La figura del Gobernador Civil en la era de Franco” en VV.AA. “El gobernador civil en la política y en la administración de la España Contemporánea” Op. sería hasta diciembre de 1980 cuando un real decreto reguló el nuevo Estatuto de los gobernadores civiles, una vez estabilizado el proceso de reformas que habían transformado el país25. Para seguir garantizándose su contribución, ahora se hacía necesaria su adaptación jurídica al nuevo marco competencial autonómico que garantizaba la Constitución que los españoles se habían otorgado. El papel de los gobernadores civiles entraría en una nueva fase de desmantelamiento progresivo puesto que la presencia del poder central en las provincias —tal y como había sido concebido hasta entonces— carecía ya de sentido ante la construcción del Estado de las Autonomías. En 1997, como consecuencia de esa evolución, se suprimirían definitivamente los gobernadores civiles, figura que había estado presente en nuestra estructura estatal desde 1849. Cit, p. 354. 25 R.D. 3117/1980, de 22 de diciembre, del Estatuto de los Gobernadores Civiles. 130 Factoría de Ideas Centro de Estudios Andaluces 2. Los gobernadores civiles en las provincias andaluzas La siguiente tabla muestra quiénes fueron los gobernadores civiles en el período que abarca desde la muerte de Franco hasta las primeras elecciones municipales de 1979: Gobernador cIvIL Prov. PosesIÓn1cese2 Merino González, Antonio Almería 05-04-1974 09-04-1976 García Calvo, Roberto Almería 22-04-1976 25-02-1977 Bancés Álvarez, José María Almería 07-03-1977 15-12-1982 De Santiago y Juárez, Antolín Cádiz 15-02-1974 05-08-1977 Sanz-Pastor Mellado, José María Cádiz 10-08-1977 18-07-1980 Nicolás García, Mariano Córdoba 03-09-1973 09-04-1976 Pérez Beneyto y Canicio, Isidro Córdoba 13-04-1976 25-02-1977 De Herrera y Martín, Eugenio Antonio Córdoba 08-03-1977 06-08-1977 Ansuátegui y Gárate, Francisco Javier Córdoba 09-08-1977 18-07-1980 Menéndez-Manjón y Sancho Miñano, J. Manuel Granada 05-04-1974 10-08-1976 Fernández del Río y Fernández, J. María Granada 18-08-1976 15-06-1979 Valdecantos García, Matías Huelva 15-04-1974 20-02-1976 Gil Nieto, Fernando Huelva 27-02-1976 10-08-1976 Belloch Puig, José María Huelva 17-08-1976 21-01-1977 Hurtado Ortega, Rafael Huelva 25-01-1977 02-05-1978 Jaquete Molinero, Ezequiel Huelva 08-05-1978 15-06-1979 Martínez-Cañavate y Moreno, Enrique Jaén 07-08-1975 02-05-1978 Gómez Palmero, Enrique Jaén 09-05-1978 18-07-1980 González de la Puerta, José Málaga 11-03-1975 04-06-1976 Riverola Pelayo, Enrique Málaga 19-06-1976 02-05-1978 Hurtado Ortega, Rafael Málaga 06-05-1978 29-07-1979 Leyva Rey, Alberto Sevilla 16-04-1974 04-06-1976 Ruiz de Gordoa y Quintana, José Sevilla 18-06-1976 05-08-1977 Fernández y Fernández Madrid, Luis Sevilla 09-08-1977 23-12-1980 1) Toma de posesión en las correspondientes sedes de los gobiernos civiles provinciales. 2) Cese por el Consejo de Ministros. FUENTE: Boletín Oficial del Estado y prensa. 131 Título obra La transición local en Andalucía. Gobiernos civiles y reforma política (1975-1979) El primer hecho que se desprende de este cuadro es la escasa estabilidad de los gobernadores andaluces en sus cargos, dada la lógica del cambio político que se estaba suscitando en el país. Ya hemos comentado que tanto Fraga como Martín Villa, siendo ministros de la Gobernación, adecuaron los nombramientos al ritmo de las necesidades de las reformas. Cádiz, Granada y Jaén serán las provincias de mayor estabilidad, con dos gobernadores civiles para todo el proceso estudiado. Antolín de Santiago y Juárez, en Cádiz, y Enrique Martínez-Cañavate y Moreno, en Jaén, serán los únicos gobernadores andaluces que, habiendo sido nombrados en el último período del franquismo, fueron mantenidos en sus responsabilidades provinciales por los gobiernos de Arias y Suárez, siendo cesados sólo después de haberse celebrado en España las primeras elecciones generales de 1977. Licenciados en derecho, algo que fue común en 18 de los 24 gobernadores que recogemos en la tabla26, y con edades que estarán por encima de la media de sus homólogos, supieron liderar en sus provincias el proceso de reformas y superar con éxito las expectativas que en ellos se había delegado. En Granada destacó José María Fernández del Río y Fernández, adjunto a cátedra de la Escuela de Arquitectura de Madrid y, hasta su nombramiento como gobernador civil, director nacional de la Obra Sindical del Hogar. Asumió el cargo en agosto de 1976 sólo para dejarlo después de las elecciones locales de 1979, en un caso notable de permanencia institucional. El resto de provincias experimentó una mayor movilidad a causa de la sustitución de sus gobernadores tanto por el gobierno Arias —Almería, Córdoba, Huelva, Málaga y Sevilla— como 26 Las excepciones a los licenciados en derecho fueron un arquitecto, un economista, un médico, un ingeniero agrónomo y dos militares. por el de Suárez —afectando a las ocho provincias en el período 1976-1979—. La mayor inestabilidad se dará en Córdoba y Huelva, con cuatro y cinco gobernadores civiles respectivamente entre los años 1974-1979, hecho que fue recogido con críticas en los titulares de la prensa local27. Es de reseñar también que no fueron ya una mayoría los vinculados estrechamente con organizaciones del Movimiento. Alrededor de un 40% había desempeñado con anterioridad actividades a diverso nivel —secretario nacional del SEU, delegado sindical, delegado nacional, etc.—, pero resulta evidente que se fueron imponiendo numéricamente los gobernadores con perfiles más “técnicos” (funcionarios, profesores de universidad, magistrados, notarios, etc). Esta tendencia había ya comenzado antes de 1975 pues sólo tres de los ocho gobernadores a la muerte de Franco procedían del Movimiento. Por otro lado, casi la mitad de ellos en esa fecha habían tenido experiencia previa como gobernadores en otras provincias, porcentaje que se fue atenuando a partir de las sustituciones de Fraga y Martín Villa al seleccionar buen número de personas sin experiencia previa en este tipo de cargos. No era ya tanto la experiencia lo que se buscaba como su capacidad para transmitir y fomentar los nuevos valores de la calculada transformación política impulsada desde el gobierno. En relación a los grupos generacionales, destacan los gobernadores que se encuentran entre los 40 y 55 años de edad —un 60% sobre el total— sobre 27 Vid.: “A los cinco meses se ha producido el cambio de gobernador civil…En la provincia no satisfacen estos frecuentes relevos porque pueden dañar sus intereses”, aparecido en ABC de Sevilla, sección Andalucía-Córdoba, 7 de agosto de 1977, p.13. Igualmente para la provincia de Huelva, y después del cambio de gobernador a los seis meses, vid.: Nueva Andalucía, 14-08-1976. p. 1. 132 Factoría de Ideas Centro de Estudios Andaluces los que superan esa edad (un 4%), y aquella generación que no tardará en asumir el control absoluto del cambio político en el país —entre los 30 y 40 años— que sumaban el 36%. Por último, un elemento distintivo a destacar es la mayoritaria presencia de gobernadores civiles no andaluces. Ya se ha comentado que la rotación de gobernadores por distintas provincias cada cierto tiempo evitaba la posible absorción de los mismos por las redes clientelares locales o las influencias no deseadas. Este hecho podía verse acentuado en el caso que hubiera una proximidad territorial originaria del gobernador de turno, especialmente si era andaluz. Por eso, y en un momento difícil donde debían ser representados exclusivamente los intereses del gobierno, se explica que sólo los granadinos Isidoro Pérez-Beneyto y José María Sanz-Pastor Mellado fueran nombrados gobernadores de Córdoba y Cádiz respectivamente, en 1976 y 1977. Este rasgo no siempre había sido tan acusado: a la muerte de Franco cuatro gobernadores de origen andaluz ocupaban gobiernos civiles en Andalucía: el teniente coronel de la Guardia Civil y malagueño Antonio Merino González —en Almería—, el economista y notario sevillano Matías Valdecantos García —en Huelva—, el abogado y empresario agro-ganadero granadino Enrique Martínez- Cañavate y Moreno —en Jaén—, y el médico cirujano y comandante médico del ejército del Aire malagueño José González de la Puerta —en su propia ciudad, Málaga. 3. De la muerte de Franco a las primeras elecciones libres Aunque era un precepto habitual, el artículo 20 del decre- to de 10 de octubre de 1958, ordenaba la elaboración y el envío al ministerio de una memoria anual de gestión del gobierno civil de cada provincia. Para el año en que moría Franco, 1975, todas estas memorias recogían sentimientos de incertidumbre, dudas, inquietud política y social en sus provincias, a lo que se añadía la enorme preocupación por la crisis económica. No obstante, se procuraba transmitir una sensación de tranquilidad por el normal proceso de nombramiento del príncipe Juan Carlos como jefe del Estado, así como la confirmación de Carlos Arias Navarro en la presidencia del gobierno asistido por ministros como Fraga y Areilza, como síntomas inequívocos de la democratización que se quería dar a la futura política española28. Había sido por lo demás un año pródigo en acontecimientos, destacándose el impacto del terrorismo que había incrementado su secuela de asesinatos. Como respuesta en el mes de agosto se aprobó un decreto-ley de prevención del terrorismo, hecho que ocupó la atención de los sectores ocupados del orden público y de los gobiernos civiles de forma especial. En el plano social, la situación había estado marcada por la escalada de huelgas de marcado carácter reivindicativo-laboral frente al aumento de la inflación y el paro, y la denominada agitación subversiva reforzada por las manifestaciones de protesta estudiantiles. Además, las últimas elecciones sindicales se habían distinguido por una gran actividad tanto en los sectores 28 Cfr.: Memoria Gobierno Civil-Almería. 1975 (apar. Político). Fondos Gobernación (0.31), Caja/legajo 32/11447, Archivo General de la Administración (AGA). 133 Título obra La transición local en Andalucía. Gobiernos civiles y reforma política (1975-1979) moderados como en los socializantes, hecho que había incrementado los conflictos en la negociación de los convenios colectivos y alteraban la legalidad vigente. Pero quizá, lo que más preocupaba a los gobernadores civiles era la existencia de grupos de activistas encuadrados en las distintas tendencias del comunismo. Antolín de Santiago, gobernador de Cádiz en 1975, lo reconocía en los siguientes términos: “Se encuentran encuadrados en las llamadas Comisiones Obreras (…) mostraron cierta actividad ante los distintos conflictos laborales y con ocasión de sucesos extraprovinciales y determinadas efemérides. A este respecto debe constatarse la mayor actividad de organizaciones clandestinas y sus intentos de difusión propagandística”29. De confusa llega a tildar el gobernador de Jaén, Enrique Martínez-Cañavate, la situación en su provincia: “El amplio abanico de las muchas asociaciones que se vienen formando, sirven de caldo de cultivo para proliferar, dentro del desconcierto por la falta de orientación política, clara y definida, los grupos que han venido creando problemas”30. Otro ejemplo es Huelva, que había desarrollado en la última década una zona industrial de mayor dimensión que la propia capital. Su gobernador, Matías Valdecan- 29 Cfr.: Memoria Gobierno Civil-Cádiz. 1975 (apar. Político). Fondos Gobernación (0.31), Caja/legajo 32/11448, Archivo General de la Administración (AGA). 30 Cfr.: Memoria Gobierno Civil-Jaén. 1975 (apar. Político). Fondos Gobernación (0.31), Caja/legajo 32/11450, Archivo General de la Administración (AGA). tos, reclamaba un mayor esfuerzo del gobierno para aumentar la dotación de las fuerzas de orden público: “Especialmente significativo es el dato del incremento masivo que se viene observando desde hace pocos meses de la propaganda subversiva, extendida por casi toda el área provincial, con tal intensidad que la vigilancia policial que pudiera obstruirla es totalmente ineficaz por la carencia de efectivos suficientes”31. Por último sirvan las palabras de Alberto Leyva Rey, gobernador civil de Sevilla, sobre este tema en su provincia: “En cuanto a los grupos de oposición, hay que destacar el llamado Partido Socialista Obrero Español, cuyo principal portavoz es el abogado de Sevilla Felipe González Márquez (…) Tanto el PSOE como el grupo denominado Alianza Socialista de Andalucía, cuyo máximo promotor es Alejandro Rojas Marcos, se ven desbordados y basculan hacia los mismos planteamientos de los grupos marxistas: ruptura democrática y repudio de la forma monárquica de Estado. El Partido Comunista Español es la única fuerza política negativa que se puede tomar en consideración en Sevilla. Dispone de dirigentes capacitados y cuadros perfectamente organizados, habiendo logrado una profunda penetración en la universidad, a través de la Joven Guardia Roja, y en el mundo laboral, mediante Comisiones Obreras”32. 31 Cfr.: Memoria Gobierno Civil-Huelva. 1975 (apar. Político). Fondos Gobernación (0.31), Caja/legajo 32/11450, Archivo General de la Administración (AGA). 32 Cfr.: Memoria Gobierno Civil-Sevilla. 1975 (apar. Político). Fon- 134 Factoría de Ideas Centro de Estudios Andaluces En resumen, el año 1975 acababa con la defunción de quien había ostentado la Jefatura del Estado durante décadas y con una profunda inquietud colectiva del régimen, divididos por lo menos en dos grupos: los que quienes pensaban en la posibilidad de una perpetuación de lo establecido y quienes procuraban la salida de la reforma desde la legalidad vigente. Todo ello en medio de una crisis económica ascendente sobre la que no se tomaban medidas estructurales dada la situación política del país y, sobre todo, una situación laboral y social compleja contaminada de ideologías más o menos rupturistas, aparte una acción terrorista que pondría en cuestión la futura estabilidad del proceso que ahora nacía. Los primeros meses de 1976 transcurrieron bajo el gobierno de Carlos Arias durante los cuales se produjeron ceses y nombramientos de gobernadores. En Andalucía fueron cesados: Matías Valdecantos —gobernador de Huelva— en febrero, Antonio Merino y Mariano Nicolás —de Almería y Córdoba— en abril, y José González y Alberto Leyva —de Málaga y Sevilla— en junio. En su lugar ocuparon los cargos de gobernador civil y jefe provincial del Movimiento los siguientes: en Huelva, un doctor en derecho que hasta entonces había sido delegado de Información y Turismo en Salamanca, Fernando Gil Nieto33; en Almería, Roberto García Calvo, que había sido abogado fiscal de la Audiencia territorial de Valladolid y magistrado de trabajo en Barcelona34; en Córdoba, Isidro Pérez-Beneyto y Canicio, hasta entonces secretario general de de la Dirección General de Correos y dos Gobernación (0.31), Caja/legajo 32/11452, Archivo General de la Administración (AGA). 33 Vid.: Odiel, 21-Febrero-1976, p. 3. 34 Vid.: La Voz de Almería, 10-Abril-1976, p. 3. Telecomunicaciones y jefe del servicio de movilización del ministerio de la Gobernación35; en Málaga, Enrique Riverola Pelayo, procurador en Cortes, letrado, profesor y delegado provincial de la Organización Sindical de Barcelona36; y en Sevilla, José Ruiz de Gordoa y Quintana, procurador en Cortes y hasta entonces gobernador civil y jefe provincial del Movimiento en Navarra37. Los siete meses del gobierno de Arias Navarro produjeron algunos hechos que iban a ser determinantes el futuro. Los partidos democráticos, todavía ilegales y algunos de ellos particularmente perseguidos, hicieron acto de presencia en la vida política haciendo comprender que la democracia no se podía construir sin contar con ellos. En estos meses el franquismo mostraba sus límites, aunque los ciudadanos, en su mayor parte desinformados y despolitizados, pero expectantes, no estaban en condiciones de saberlo. Si en 1974 el presidente Arias se plegó a las presiones del búnker militar, civil y económico durante el proceso denominado espíritu del 12 de febrero, ahora esos mismos sectores redoblaban sus esfuerzos y amenazas precisamente porque ya no estaban protegidos por el caudillo. En paralelo, mientras crecían las demandas de amnistía por parte de la izquierda, los conflictos laborales asestaban un golpe de muerte a la pretendida reforma de Arias. Nunca antes se habían conocido tal cantidad de paros, 35 Vid.: Córdoba, Diario Regional del Movimiento, 10-Abril-1976, p. 1. 36 Vid.: Sur (Málaga), 5-Junio-1976, pp. 1, 13. 37 Vid.: El Correo de Andalucía, 5-Junio-1976, p. 1. La llegada de este gobernador a Sevilla estuvo precedida de los sucesos de Montejurra, atentado terrorista contra el Partido Carlista el 9 de mayo de ese mismo año, y organizado por los sectores ultraderechistas del franquismo político, cuando allí ostentaba la responsabilidad de gobernador civil Ruiz de Gordoa. 135 Título obra La transición local en Andalucía. Gobiernos civiles y reforma política (1975-1979) manifestaciones, detenciones, despidos, etc., que llegaron a afectar a la administración. Además no debemos olvidar que en las elecciones sindicales de 1975 las Comisiones Obreras habían copado muchos de los cargos en los comités de empresa y buena parte de los del primer escalón de la estructura oficial. Desde esas posiciones no perdieron la oportunidad de ejercer toda la presión posible. Así lo expresaba Fernando Gil, gobernador civil de Huelva: “Cualquier tipo de reivindicación se convierte automáticamente en bandera enarbolada por las posiciones partidistas, ya se trate de problemas de paro, salarios, contaminación, urbanismo, educación, etc.”38. El 9 de junio de 1976, tres semanas antes de su cese, Carlos Arias había conseguido que se votase en Cortes la Ley de Asociaciones pero la reforma del Código Penal, imprescindible para poderla aplicarla, nunca fue aprobada. El presidente Arias, que en enero había realizado un can- to al inmovilismo que entusiasmó a los procuradores, se presentaba a mediados de 1976 con un paupérrimo bagaje. Sólo faltaba una ocasión para que fuera destituido por el rey. La crisis económica galopante facilitó el recambio y la soledad política de Arias lo precipitó. El día tres de julio el rey designaba —previa propuesta en terna del Consejo del Reino según lo dispuesto en la Ley Orgánica del Estado de 1967— a Adolfo Suárez González como presidente del Gobierno, hecho que ponía fin a las especulaciones de esos días, no sin ciertas sorpresas en algunos sectores y críticas durísimas en 38 Cfr.: Memoria Gobierno Civil-Huelva. 1976 (apar. Político). Fondos Gobernación (0.31), Caja/legajo 32/11455, Archivo General de la Administración (AGA). otros39. Unos días después se aprobaba en las Cortes la reforma del Código Penal —haciendo posible los derechos de reunión, manifestación y asociación— no exenta de tensiones, ya que se tuvo incluso que desestimar una petición como enmienda de inclusión del comunismo como delito40. Pero la noticia de mayor repercusión fue la declaración programática del gobierno de Adolfo Suárez, realizada en Consejo de Ministros extraordinario de 16 de julio. En la misma se aceptaba que la soberanía recaía en el pueblo y que habría que proseguir en la transformación política para la instauración de un sistema político auténticamente democrático, la recomendación para que el rey otorgase una amnistía que comprendiese los delitos o faltas políticas o de opinión, además de medidas de urgencia a los problemas sociales y económicos41. Sobre el recién nombrado ministro de la Gobernación, Rodolfo Martín Villa, se sustentaban muchas de las posibilidades del éxito de esta empresa y, a su vez, sobre los hombres que en cada una de las provincias representaban al Estado: los gobernadores civiles. En el mes de agosto y en una campaña de sustitución de gobernadores de carácter nacional, fueron cesados en Granada, José Manuel Menéndez-Manjón, y en Huelva, Fernando Gil, habiendo estado éste último poco más de cinco meses en el cargo desde que fuera nombrado por el anterior ministro Fraga. Al primero lo sustituyó José María Fernández del Río y Fernández, un joven adjunto a cátedra de la Escuela de Arquitectura de Madrid y director nacional de la Obra Sindical del 39 Confróntese en los diarios de todo el país publicados el siguiente día, 4 de julio de 1976. El artículo más virulento fue el del historiador Ricardo de la Cierva en El País 8-julio-1976 que parafraseaba la célebre exclamación de Ortega (“¡Qué error!, ¡qué inmenso error!”). 40 Vid.: ABC Sevilla 15-julio-1976 p. 1. 41 Vid.: ABC Sevilla 17-julio-1976 p. 1. 142 Factoría de Ideas Centro de Estudios Andaluces propuso reformar la política presupuestaria para controlar el gasto público y limitar el déficit de la Seguridad Social, así como realizar una reforma en la empresa pública y otra fiscal —creando un impuesto sobre la renta de las personas físicas, sobre las sociedades y sobre el valor añadido—, una reforma liberalizadora del sistema financiero y crear un nuevo Estatuto de los Trabajadores con flexibilizaciones en el despido. A largo plazo contemplaba la elaboración de un programa energético, la reconversión de algunos sectores industriales y mejorar la producción agrícola. Pero más allá de aquel ambicioso programa económico, los Pactos de la Moncloa intentaron limitar parcialmente los efectos de un cierto vacío jurídico-legislativo, a la espera de la aprobación de la Constitución. Se ponía en marcha un programa antiinflacionista que requería la responsabilidad de todos, incluso de aquellos que efectuaban llamamientos a la huelga tan sólo un año antes. En paralelo, en las provincias andaluzas se producían tres cambios en el mes de agosto de gobernadores civiles. Procedente de un nombramiento franquista, Antolín de Santiago, en Cádiz, dejaba el testigo a José María Sanz-Pastor, Doctor en derecho, miembro del comité ejecutivo del Partido Socialdemócrata y miembro de la UCD69. Eugenio de Herrera Martín, tras cinco meses en el cargo en la provincia de Córdoba, era sustituido por Francisco Javier Ansuátegui y Gárate, abogado en ejercicio y hasta ese momento gobernador civil de Álava70. Por último, Ruiz de Gordoa cesaba en la plaza de Sevilla, ocupándola Luis Fernández Fernández-Madrid, profesor 69 Vid.: Diario de Cádiz, 5-Agosto-1977, p. 9. Como puede observarse, la militancia en la UCD se va a convertir en un elemento natural a partir de ahora en los gobernadores civiles. 70 Vid.: ABC Sevilla, 7-Agosto-1977, p. 13. de derecho procesal y gobernador civil de Alicante71 . En cada una de las provincias se dejaba sentir de forma muy negativa la crisis económica del momento. Numerosas son las reclamaciones y solicitudes de urgencia de los gobernadores civiles de recursos económicos al gobierno, así como de ayudas a empresas en crisis para evitar situaciones que rozaban los límites de las reivindicaciones sin la intervención de las fuerzas de orden público. Enrique González, gobernador de Málaga, informaba del regreso de los trabajadores del campo que se habían venido ocupando en los sectores de la construcción y hostelería, por falta de empleo en los mismos. Igualmente, ponía especial énfasis en la incertidumbre y bajada en la cartera de pedidos de la industria y la clara regresión del importantísimo sector turístico —14% inferior al año anterior—. Todo ello llevó a un desempleo que rozó los 45.000 trabajadores, y por consiguiente, a cotas de conflictividad muy elevadas que venían alimentándose desde la creciente proliferación de actos asamblearios en todo tipo de empresas72. Por otro lado, Enrique Martínez-Cañabate, gobernador civil de Jaén, llamaba la atención sobre la especial estructura socio-económica de la provincia, con un excesivo peso de mano de obra agrícola —un 43,27% de la población asalariada— unido a las características especiales del monocultivo olivarero, que sólo daba empleo en una corta y determinada época del año. Esta situación agudizaba el aumento del paro, que se había paliado tradicionalmente con la válvula de la emigración —la provincia había pasado de 732.998 habitantes en 71 Vid.: ABC Sevilla, 6-Agosto-1977, pp. 3, 21. 72 Cfr.: Memoria Gobierno Civil-Málaga. 1977 (apar. económico). Fondos Gobernación (0.31), Caja/legajo 32/11461, Archivo General de la Administración (AGA). 143 Título obra La transición local en Andalucía. Gobiernos civiles y reforma política (1975-1979) 1961, a 645.524 h. en 1975—, hecho que entonces no actuaba como remedio dadas las circunstancias internacionales de la crisis. Para paliar esta situación reclamó la creación de puestos permanentes en la industria que ocuparan los excedentes del sector agrario y la ejecución, con carácter de urgencia, de todas las obras públicas previstas y no realizadas: “De esta forma se reduciría gran parte del paro existente, a la vez que mejorarían las condiciones estructurales de la provincia preparándola para un eficaz desarrollo”73. José María Sanz-Pastor, gobernador de Cádiz, incidía igualmente en el problema del paro: “El tema del paro constituye una constante preocupación que hoy aparece aún más agravado, (…) Los perfiles son tan graves que hoy afecta hasta la industria naval, auténtico sector punta de la provincia, que se encuentra en un progresivo declive”74. La problemática del desempleo gaditano obedecía por un lado al monocultivo industrial de la Bahía de Cádiz —construcción naval y derivados—, y por otro a la peculiar estructura agraria andaluza, con abundante peonaje propicio a la eventualidad, desarraigo y bajo nivel salarial, que en esta provincia era muy acusado. Además, la renta provincial se situaba en el nº 13º entre las provincias españolas, mientras que el índice de renta per cápita descendía hasta el lugar 37º, lo que denotaba un evidente problema de distribución de la riqueza. El efecto de la crisis en todos los sectores básicos de la economía gaditana generaría enormes tensiones so- 73 Cfr.: Memoria Gobierno Civil-Jaén. 1977 (apar. económico). Fondos Gobernación (0.31), Caja/legajo 32/11461, Archivo General de la Administración (AGA). 74 Cfr.: Memoria Gobierno Civil-Cádiz. 1977 (apar. económico). Fondos Gobernación (0.31), Caja/legajo 32/11459, Archivo General de la Administración (AGA). ciales, que terminaron desembocando en graves alteraciones de orden público en el mes de octubre75 —en los meses de agosto y septiembre se habían computado 3.027 empresas en conflicto, con más de 7 millones de horas de trabajo perdidas—. Rafael Hurtado, gobernador en la provincia de Huelva, denunciaba en su memoria para el año 1977 la ausencia total de inversiones —sobre todo en el sector industrial—, el aumento del paro como consecuencia de lo anterior, de la penuria financiera de muchas empresas y sobre todo por la crisis de la construcción, y el cierre de algunas empresas o su baja producción. Esta situación había provocado que la cifra de paro se hubiera duplicado, alcanzando al 7% sobre la población activa total y 12% sobre la asalariada. El sector del turismo y la hostelería continuaba sin movimiento importante, y muchas urbanizaciones previstas en varias playas habían quebrado. Pero si había un sector perjudicado era el industrial, ya que todos los proyectos del Polo de Desarrollo —entre los que destacaban los magnos complejos petroquímicos de E.R.T. y Dow-CEPSA, con cien mil millones de inversión— habían sido retrasados y se temía que fueran abandonados por la crisis económica mundial76. La situación social, por lo tanto, derivó en un aumento de la conflictividad sobre todo en los grandes centros industriales de la capital, allí donde CCOO y UGT mantenían una mayor actividad y crecimiento. En el poniente almeriense, el paro estimado se encontraba en torno a 75 Vid.: Diario de Cádiz, 27-octubre-1977. p. 1; “Choques entre los astilleros y la fuerza pública. Ocho policías heridos y trece detenciones. Tensa situación en Cádiz”, Vid.: ABC Sevilla 27-octubre-1977 p. 14. 76 Cfr.: Memoria Gobierno Civil-Huelva. 1977 (apar. económico). Fondos Gobernación (0.31), Caja/legajo 32/11461, Archivo General de la Administración (AGA). 144 Factoría de Ideas Centro de Estudios Andaluces 10.606 trabajadores, de los que casi el 50% procedían de la agricultura, el 30% de la construcción y el 12% del sector servicios. José María Bancés, su gobernador civil, había conseguido cuatro subvenciones durante el año 1977 para mitigar el paro obrero del Consejo de Ministros, por un valor que superaba los trece millones de pesetas. Esta ayuda estatal —fue una de las pocas provincias que habían sido favorecidas por ser de las más pobres y con mayores índices de desempleo— tuvo como consecuencia una mayor tranquilidad laboral, aunque no detuvo la salida de 30.000 hombres hacia la emigración: “Si en algún momento ha habido tensión, en un ambiente general de tranquilidad, se ha dejado sentir por los topes salariales y sobre todo por las medidas tomadas en el Pacto de la Moncloa, uno de los acontecimientos socio-políticos más importantes del año”77. Francisco Javier Ansuátegui también resaltaba cómo el problema fundamental para la provincia de Córdoba había sido el paro obrero: “Ha habido que enfrentarse con problemas en diversos sectores productivos, (…) se ha tenido que actuar en 17 conflictos colectivos legalmente entablados, y en la resolución de 135 expedientes de regulación de empleo, de los que cabe destacar por su importancia el presentado por la empresa Westinghouse S.A., que ha afectado a un total de 1.511 trabajadores”78. Sirva finalmente también el ejemplo de la 77 Cfr.: Memoria Gobierno Civil-Almería. 1977 (apar. económico). Fondos Gobernación (0.31), Caja/legajo 32/11461, Archivo General de la Administración (AGA). 78 Cfr.: Memoria Gobierno Civil-Córdoba. 1977 (apar. económico). Fondos Gobernación (0.31), Caja/legajo 32/11460, Archivo provincia de Sevilla, donde el gobernador Ruiz de Gordoa primero y Luís Fernández después, consiguieron un total de nueve proyectos de inversiones —por encima de los ciento cincuenta millones de pesetas— por parte del Estado, institutos públicos y cajas de ahorro. Los mismos no pretendían otra cosa que la generación de empleo y mitigar con inversión pública la difícil situación económica. Cabe señalar también que por aquel entonces en Andalucía se empezaron a fraguar en esta etapa las reivindicaciones autonomistas, lo que no pasó inadvertido para las autoridades. En el año 1976 el gobernador civil de Granada había redactado literalmente en sus memorias: “Por primera vez, aparecen pintadas con el lema “ANDALUCÏA LIBRE” y pegatinas con la bandera de la región”79. Y es que España, como luego se reflejó en las negociaciones que condujeron a la redacción de la Constitución, fue un país que sufrió una reforma esencial en su administración. Al principio de la transición había resurgido con fuerza el sentimiento autonomista en Andalucía, identificándose autonomía y libertad como sinónimos de una misma lucha, concibiendo la consecución de la misma como el medio de solución de sus males históricos. A lo largo de 1977, toda vez que desde junio existían unas Cortes elegidas por sufragio universal, estas reivindicaciones se fueron haciendo más visibles. En el último trimestre del año comenzó a organizarse una gran manifestación a favor de la preautonomía de Andalucía que terminó concentrando a cerca de 2 millones de andaluces el día 4 de diciembre —entre las ocho General de la Administración (AGA). 79 Cfr.: Memoria Gobierno Civil-Granada. 1976 (apar. Político). Fondos Gobernación (0.31), Caja/legajo 32/11454, Archivo General de la Administración (AGA). 145 Título obra La transición local en Andalucía. Gobiernos civiles y reforma política (1975-1979) provincias—, y donde las banderas blancas y verdes compartieron espacio con reivindicaciones de empleo, con críticas sobre la evasión de capital andaluz a otras zonas del Estado, contra los abusos municipales, etc. Era una nueva condensación de la protesta que había pasado de lo laboral y lo estudiantil de los años anteriores a la nueva reivindicación autonomista, una vez que partidos, sindicatos y asociaciones eran ya legales. O, en otros términos, se había producido una traslación de las movilizaciones ajustándose a un nuevo marco en el que la petición de autonomía conectaba con amplios sectores de la sociedad andaluza y podía servir de ariete que, debidamente instrumentalizado, abría la posibilidad de nuevas parcelas de poder. En Huelva presidieron la manifestación del 4 de diciembre todos los parlamentarios y representantes de los partidos extraparlamentarios: “zona nutrida, en perfec- to orden y muy atendida por los servicios internos sobre todo a cargo de militantes del PSOE, aunque en el último tramo se observaron varias banderas republicanas y de partidos de extrema izquierda que nada tenían que ver con la celebración del acto”80. Se produjeron incidentes al pasar junto al Gobierno Civil, cuando la guardia civil retiró banderas andaluzas que habían sido arrojadas al balcón, lo cual derivó en la intervención y disolución de la manifestación por las fuerzas de orden público, causando gran indignación entre los participantes81. El gobernador civil de Jaén informaba que la manifestación 80 Cfr.: Memoria Gobierno Civil-Huelva. 1977 (apar. político). Fondos Gobernación (0.31), Caja/legajo 32/11461, Archivo General de la Administración (AGA). 81 Vid.: Odiel, 6-diciembre-1977, pp. 1-6; Los incidentes se repetirían el día 6 de diciembre, jornada de luto por la muerte de García Caparrós, interviniendo las fuerzas de orden público y practicándose dos detenciones. del “Día de Andalucía” había sido organizado por PCE, PSA, PSP, PSOE, UCD, AP, PTE y MCA, participando unas 15.000 personas en la capital y sin incidencias destacables: “Salvo la exhibición de una bandera republicana que, de inmediato, fue retirada por el servicio de orden, y algunos gritos de mal gusto y peor educación al pasar por el monumento al Caudillo Franco y por el Gobierno Civil, se desarrolló con normalidad”82. En la capital cordobesa, donde figuraba la bandera de Andalucía en el edificio de la Diputación Provincial desde el 25 de febrero, se concentraron numerosos turismos y autobuses de toda la provincia desarrollándose la jornada con cierta normalidad, salvo algunas banderas republicanas con siglas del FRAP o de UGT o con leyendas del tipo “Andalucía mañana será republicana” o “la tierra para el que la trabaja”, que fueron retiradas por la policía, además de algunos incidentes que se dieron entre militantes de Fuerza Nueva y juventudes socialistas y comunistas. El acto finalizó con la intervención de los parlamentarios del PCE, PSOE y UCD, con la siguiente consideración del gobernador civil: “En general el tono fue comunista y socialista y el número de participantes puede calcularse en unos 50.000”83. En Sevilla se concentró el mayor número de manifestantes, hecho que imposibilitó que todos llegaran al Ayuntamiento donde se leyó el comunicado conjunto. En éste se instaba al pueblo a iniciar una etapa histórica y a exigir la más rápida institucionalización de unos órganos autónomos: “Este día de Andalucía abre una etapa histórica (…) que 82 Cfr.: Memoria Gobierno Civil-Jaén. 1977 (apar. político). Fondos Gobernación (0.31), Caja/legajo 32/11461, Archivo General de la Administración (AGA). 83 Cfr.: Memoria Gobierno Civil-Córdoba. 1977 (apar. político). Fondos Gobernación (0.31), Caja/legajo 32/11460, Archivo General de la Administración (AGA). 146 Factoría de Ideas Centro de Estudios Andaluces llegará a buen fin si el pueblo andaluz, como ha hecho hoy, sigue comprometiéndose activamente en el proceso que hemos iniciado”84. El gobierno civil informaba de una jornada con normalidad, salvo algunos incidentes sobre banderas republicanas y con miembros de Fuerza Nueva y donde se dieron anécdotas curiosas como exigir al diputado Alfonso Guerra que “hablara en andaluz” cuando se dirigía a la multitud desde el balcón del Ayuntamiento85. Pero si hubo un acontecimiento que nubló el carácter festivo del día fue el asesinato del joven García Caparrós en Málaga. El gobernador civil, Enrique Riverola, publicaba una nota sobre los sucesos: “Al pasar por el edificio de la Diputación Provincial se exteriorizaban numerosas protestas por no hallarse izada la bandera blanca y verde, y sí sólo la enseña nacional. (…) Produciéndose incluso el escalo del Palacio Provincial para colocar en el mismo mástil la bandera blanquiverde. Numerosos grupos de manifestantes —sobre todo el final de la manifestación— se fueron concentrando ante dicho edificio oficial, comenzando a lanzar sobre su fachada objetos, para terminar apedreándolo (…) En tal momento se dio orden de despejar el gran número de concentrados con uso de material antidisturbio (…) Un pelotón de las fuerzas del orden fue acorralado, y, agotados sus elementos antidisturbios, se vio precisado a hacer uso de su arma corta”86. 84 Extracto del comunicado conjunto que fue leído en las ocho capitales andaluzas cerrando las manifestaciones del día de Andalucía. Vid.: ABC Sevilla 6-diciembre-1977 p.11. 85 Vid.: ABC Sevilla 6-diciembre-1977 p. 15. 86 Extracto de nota oficial del Gobierno Civil de Málaga sobre los acontecimientos del Día de Andalucía. El andalucismo incipiente tenía a partir de ese momento un mártir de diecinueve años de edad. Se cerraba el año 1977 con una enorme consternación en los ánimos autonomistas, pero durante el año siguiente, si bien no hubo manifestaciones en Andalucía el día 4 de diciembre por estar prohibidas a causa de la celebración del referéndum de la Constitución, los trabajos continuaron en un contexto nacional de reivindicaciones de los regionalismos y nacionalismos históricos. En ese contexto, el 27 de abril de 1978 se aprobaba el régimen preautonómico para Andalucía87. Desde aquel mes de abril quedó planteada una novedosa y obligada convivencia entre los gobernadores civiles y los representantes de las instituciones de la preautonomía andaluza. En el mes de mayo el senador del PSOE, Plácido Fernández Viagas, había sido elegido presidente de la Junta de Andalucía. El 6 de junio, en una de las rutinarias reuniones de gobernadores celebrada en Granada, la prensa recogía cómo se había tratado el tema sobre sus futuras relaciones con la Junta88. Un mes más tarde, el mismo medio recogía las palabras del presidente de la Junta, Fernández Viagas: “dio cuenta de su entrevista con el ministro de las Regiones, Clavero Arévalo, en el que se consideró la necesidad de que la Junta estableciera conexión directa con los gobiernos civiles y las delegaciones ministeriales”89. Y, además, no debemos olvidar que esta situación no era un hecho aislado en el conjunto nacional, mientras se elaboraba la Constitución y se producía el reconocimiento gubernamental del régimen preautonómico de otras regiones 87 Vid.: ABC Sevilla 28-abril-1978 p. 1. 88 Vid.: ABC Sevilla 7-junio-1978 p. 21. 89 Vid.: ABC Sevilla 9-julio-1978 pp. 9-10. 147 Título obra La transición local en Andalucía. Gobiernos civiles y reforma política (1975-1979) como Aragón, Canarias, País Valenciano, etc. Aún más, en Cataluña ya se le había reconocido a la Generalidad la tutela sobre algunos aspectos de las corporaciones locales, siendo el máximo responsable del organismo preautonómico catalán —Tarradellas— el encargado de presidir las periódicas reuniones con los gobernadores civiles de las cuatro provincias catalanas: “Se ha convenido en que la Generalidad de Cataluña ha alcanzado el grado de organización y de capacidad necesarios para que esta institución desempeñe de modo efectivo la función que le corresponde dentro del ordenamiento del Estado, hasta que la promulgación de la Constitución haga posible la regulación estatutaria de la autonomía”90. Sin embargo esta situación en Andalucía estaba lejos de normalizarse ya que mientras el gobernador civil de Jaén, Enrique Gómez, en el mes de julio recibía al presidente de la Junta en su visita oficial a esta provincia en un tono de respeto institucional —incluso se le distinguió con la “aceituna de oro” y escudo de la provincia por parte del Ayuntamiento y Diputación Provincial—, el gobernador de Málaga, en el mes de agosto, no fue a recibirlo en la Diputación Provincial alegando que, como representante del gobierno central, sólo lo atendería en la sede del Gobierno Civil91. En la misma línea el gobernador de Cádiz, José María Sanz-Pastor, recibía en visita oficial al presidente Fernández Viagas en tono de absoluta cordialidad y respeto, mientras que 90 Comunicado conjunto Gobierno-Generalidad tras la entrevista Suárez-Tarradellas Vid.: ABC Sevilla 16-abril-1978 p. 7. 91 Vid.: ABC Sevilla 23-agosto-1978 p. 10. el de Granada, José María Fernández del Río, ignoraba la visita y ninguna de las primeras autoridades acudía a recibirlo: “De nuevo se ha puesto de manifiesto el vacío creado en torno a la Junta”92. Incluso se llegó a realizar un seguimiento —para su información posterior al ministerio— sobre todo lo relacionado con la Junta y su grado de penetración en la sociedad andaluza. Así lo recoge el gobernador Francisco Javier Ansuátegui para la provincia cordobesa: “Desde el mes de noviembre de dicho año y con periodicidad mensual se viene realizando un informe sobre la Junta de Andalucía en el que se abordan diversos aspectos relacionados con la misma, cuales son: el grado de aceptación popular, las relaciones con la Diputación Provincial, etc.”93 Tales actitudes condujeron a la Junta de Andalucía a solicitar formalmente del gobierno la posibilidad de que el presidente pudiera convocar y presidir las reuniones de los gobernadores civiles andaluces. Aun así y en un proceso irreversible, el año 1978 vería nacer el pacto autonómico andaluz, aprobado por el Pleno de la Junta de Andalucía en la localidad de Antequera, entre otros por los partidos PSOE, UCD, PCE, AP y PSA94. A lo largo del siguiente año continuaría su andadura el proceso preau- 92 En estos términos se expresaba Plácido Fernández Viagas ante los medios de comunicación. Vid.: ABC Sevilla 29-agosto-1978 p. 10. 93 Cfr.: Memoria Gobierno Civil-Córdoba. 1978 (apar. político). Fondos Gobernación (0.31), Caja/legajo 32/11464, Archivo General de la Administración (AGA). 94 En ese mismo Pleno se aprobó la forma definitiva de la bandera andaluza, formada por tres franjas horizontales, verde-blanca- verde, de igual anchura. 148 Factoría de Ideas Centro de Estudios Andaluces tonómico, transfiriéndose a la Junta competencias en materia de administración local, agricultura, transporte, urbanismo, actividades molestas y turismo, según se estableció en un real decreto de febrero de 197995. En definitiva, España había transformado muchas de sus estructuras en muy poco tiempo, e incluso a los artífices de la conducción del cambio en las provincias, se les hacía difícil conjugar los reivindicativos deseos de descentralización con las tareas asignadas por el gobierno central, a veces complejas, cuando no cambiantes, en función de la situación y contexto general. Decía el gobernador de Córdoba: “Las relaciones Administración Periférica del Estado-Junta de Andalucía, al no existir una normativa clara y contundente al respecto, ha sido un poco confusa, que ha llegado incluso a producir voces y situaciones tensas”96. El otro gran acontecimiento de la legislatura constituyente fue la aprobación de la Carta Magna. La Ley para la Reforma Política, que preveía la convocatoria de elecciones generales para la formación de unas Cortes democráticas, no indicaba que aquellas serían constituyentes, aunque es cierto que el rey en su solemne discurso de inauguración de la legislatura había manifestado su deseo de que así fuera. La elaboración de la Constitución fue un proceso largo —dieciséis meses frente a los seis de la de 1931—, y eso fue necesario porque había que dar tiempo a dos realidades para encontrarse, a dos estados de opinión muy distantes 95 R.D. 698/1979, de 13 de febrero. 96 Cfr.: Memoria Gobierno Civil-Córdoba. 1979 (apar. político). Fondos Gobernación (0.31), Caja/legajo 32/11467, Archivo General de la Administración (AGA). para que fueran reconciliándose, tanto más porque no se conocían. El 27 de julio de 1977 el Congreso votó a favor de la formación de una Comisión de Asuntos Constitucionales y Libertades Públicas, mientras el 1 de agosto ésta designó a los miembros de una ponencia encargada de redactar el primer proyecto o borrador, compuesta por tres diputados de UCD, uno del PSOE, uno del PCE-PSUC, uno de Minoría Catalana y uno de AP (Pérez Llorca, Herrero de Miñón, Gabriel Cisneros, Peces-Barba, Jordi Solé Tura, Miquel Roca y Fraga Iribarne). El proyecto constitucional fue aprobado en julio de 1978 por los diputados, publicándose en el Boletín Oficial de las cortes el 24 de ese mes para someterse a la Comisión Constitucional del Senado. Debido a las diferencias existentes entre los textos aprobados por ambas cámaras, se creó una Comisión Mixta Congreso-Senado encargada de elaborar un texto común. El 31 de octubre de 1978 el texto común se sometía por separado a ambas cámaras para su aprobación definitiva97, con los resultados siguientes: conGreso senado SÍ 325 226 NO 6 5 ABSTENCIÓN 14 8 El día 6 de diciembre fue la fecha elegida para el referéndum en el que los españoles debían o no ratificar el texto consensuado y aprobado por los grupos políticos (se habían abstenido el PNV, nacionalistas catalanes republicanos y algunos parlamentarios de AP). Los votos negativos procedían de los sectores nacionalistas 97 “La Constitución aprobada en las dos Cámaras. Ahora sólo falta el Referéndum” “Suárez: pido al pueblo que asuma su papel de protagonista y vote afirmativamente” Vid.: ABC Sevilla 1-noviembre- 1978 p. 1. 149 Título obra La transición local en Andalucía. Gobiernos civiles y reforma política (1975-1979) vascos, de parlamentarios independientes y de una tendencia minoritaria de AP. Y de nuevo los gobernadores jugaron un papel esencial para la buena conducción de la consulta. Bajo la dirección de los gobernadores civiles se organizó la logística siguiendo las directrices de la Dirección General de Política Interior, organizando equipos de trabajo contando con la colaboración de los ayuntamientos. Su resultado fue la aprobación mayoritaria por parte de la ciudadanía, participando en el conjunto nacional el 67,1% (67,9% en Andalucía) con un 87,9% de votos afirmativos (91,9% en Andalucía)98. Pero durante estos dieciséis meses se habían producido situaciones muy difíciles, poniendo una vez más a prueba actitudes y aptitudes de los representantes del Estado en cada provincia que terminaron en ceses y recambios. Durante el mes de mayo de 1978, habían sido cesados de sus cargos los gobernadores civiles de Huelva, Jaén y Málaga. En la provincia onubense fue cesado Rafael Hurtado, a quien sustituyó Ezequiel Jaquete Molinero, un joven licenciado en Ciencias Económicas que había sido jefe del Gabinete Técnico de la Dirección General de Política Interior99. En Jaén, Enrique Martínez-Cañabate era sustituido por Enrique Gómez Palmero, un abogado y diplomado en Psicología con amplia experiencia profesional en la empresa privada (en ese momento adjunto al director general de Standard Eléctrica)100. Y en Málaga, todavía impactada por los tristes acontecimientos del Día de Andalucía que con seguridad influyeron en esta decisión, Enrique Riverola fue reemplazado por Rafael Hurtado Ortega, proceden- 98 Fuente: Junta Electoral Central. 99 Vid.: Odiel, 14-Julio-1979, p. 4. 100 Vid.: ABC Sevilla, 3-Mayo-1978, p. 4. te del Gobierno Civil de Huelva y miembro del grupo de los gobernadores afines al ministro Martín Villa. Por añadidura, el país vivió un año 1978 especialmente sangriento en cuanto al terrorismo. Los atentados con víctimas mortales de ETA y GRAPO arrojaban resultados escalofriantes: 58 atentados con 65 muertos por parte de ETA y otros 6 atentados con un total de 6 víctimas del GRAPO, a los que habría que sumar los de la extrema derecha y otros grupúsculos terroristas101. Sirvan como ejemplos los atentados a Jesús Haddad, director general de prisiones, el asesinato del periodista José Mª Portell, el del comandante de Marina, Fco. De Asía Liesa, o el del magistrado del Tribunal Supremo José Francisco Mateu. Los gobiernos civiles recibían constantemente instrucciones para aumentar la vigilancia en sus provincias, así como para suministrar toda la información que les fuera posible, ya que estos grupos terroristas no obedecían a una lógica en sus objetivos hasta el punto que se convirtió en una de sus preocupaciones prioritarias. Si bien estos grupos podían actuar en cualquier lugar de España, su mayor incidencia se vivió en País Vasco, Navarra, Cataluña, Islas Canarias y Madrid. Prueba de ello fue que desde enero de ese año se intensificaron las reuniones de los gobernadores civiles andaluces —primero en Úbeda— donde además de los temas relativos al paro obrero y Pactos de la Moncloa, el orden público ocupaba un papel destacado102. De nuevo, el 11 de febrero en Sevilla, se volvían a reunir los gobernadores andaluces con el ministro del Interior, reunión a la que acudieron otras autoridades 101 Vid.: TEZANOS, J. Félix, COTARELO, Ramón, DE BLAS, Andrés: Op. Cit., pp. 616-617. 102 Vid.: ABC Sevilla 11 y 12 -enero-1978 p. 13. 150 Factoría de Ideas Centro de Estudios Andaluces provinciales no andaluzas y los delegados del gobierno en Ceuta y Melilla. A los asistentes se les reiteró que la seguridad y el orden público debían concentrar su máxima atención. Una vez más, el 3 de abril en Córdoba, ponían en común sus problemas, aunque en esta ocasión la aplicación de los fondos para combatir el paro se convertía en la prioridad de la cita103. Y el 22 de mayo, el presidente Suárez y su ministro Martín Villa, mantuvieron un almuerzo de trabajo con la totalidad de los gobernadores civiles, coincidiendo con situaciones de malestar que alteraban la convivencia ciudadana104. En un año especialmente convulso, muchas fueron las ocasiones para ejercer las atribuciones que ostentaban sobre el orden público: la crisis económica seguía generando desórdenes en el mundo obrero, la delincuencia común —alimentada por la situación de crisis— subió de forma notable en todo el país, y la situación política distaba mucho de estar consolidada105. A la vez era necesario trasladarles las directrices de las elecciones municipales, cuya estrategia tenía perfectamente trazada el ministro del Interior. En los siguientes meses los gobernadores andaluces se reunieron en Granada (6 de junio, donde por primera vez contrastaron la posible colaboración con la preautonomía de Andalucía) y en Madrid (el 21 de julio, con la temática del paro; y el 16 de septiembre, para exponer los nuevos planes de seguridad y los cambios en los mandos policiales)106. Sí cabe 103 Vid.: ABC Sevilla 4-abril-1978 p. 18. 104 Vid.: ABC Sevilla 23-mayo-1978 p. 8. 105 En noviembre de 1978 se descubrió la “operación Galaxia” que encubría un golpe militar, organizado, entre otros, por el teniente coronel Tejero y el capitán Saenz de Ynestrillas. Vid.: ABC Sevilla 19-noviembre-1978 pp.1-5. 106 Fuente ABC. destacar que todas estas ocasiones no sólo sirvieron para consensuar información y recibir las directrices del Ministerio, sino que supusieron un punto de convivencia entre hombres reformistas que habían sido escrupulosamente elegidos para desempeñar, en cada una de las provincias, un papel determinado. Ahora, cuando había tomado forma el partido de la UCD, no fue extraño percibir la connivencia entre éste y los gobernadores civiles. En esta clara situación de alineamiento político, algunos gobernadores se entrevistaban con diputados de UCD para tratar sobre los temas de seguridad, o cenaban con algún ministro y el comité local de UCD en su provincia, o bien participaban públicamente como militantes de este partido en actos de cualquier tipo107. La lógica política hizo que esta responsabilidad terminara siendo en poco tiempo un elemento más del engranaje territorial de los partidos. Un último hecho debe destacarse a lo largo de esta etapa. El 21 de julio aparecía en el BOE la ley que regulaba las elecciones locales, con cuarenta y seis artículos divididos en cinco títulos, y donde quedaban recogidos quiénes tenían derecho al voto y aquellos que podían ser elegibles108. Había pasado ya el suficiente tiempo 107 “Se está doblando la vigilancia en barriadas” tras la entrevista de la diputada de UCD Soledad Becerril al gobernador civil de Sevilla, Luís Fernández Vid.: ABC Sevilla 27-enero-1978 p.20; En Úbeda, después de un breve coloquio el ministro Clavero cenaba en compañía del gobernador civil y en comité local de UCD Vid.: ABC Sevilla 20-junio-1978 p.72; El gobernador de Cádiz, en su calidad de militante de UCD, asistiendo a una conferencia de la Duquesa de Medina Sidonia Vid.: ABC Sevilla 21-enero-1978 p. 55. 108 “Serán elegibles los mayores de edad que reuniendo las condiciones necesarias no se encuentren incursos en las causas de inelegibilidad, entre los que se encuentran los oficiales generales, los delegados y jefes regionales, los condenados a penas de cárcel y los deudores públicos” BOE, 21-julio-1978. 151 Título obra La transición local en Andalucía. Gobiernos civiles y reforma política (1975-1979) para cubrir de legitimidad democrática a las corporaciones locales, carentes de representatividad, autonomía y recursos. El proceso de democratización que había vivido el país influía constantemente sobre ellas y no había sido fácil mantener un cierto orden y estabilidad en una administración tan vital y cercana al ciudadano. Cuando el presidente Suárez disolvió las Cortes el 29 de diciembre de 1978, convocó elecciones generales para el 1 de marzo de 1979 y municipales para el 3 de abril de ese mismo año. Se cerraba así la etapa constituyente y otros retos nacían para los gobernadores civiles. 5. Gobernadores civiles y ayuntamientos En este último apartado se pretende realizar una mención, a modo de ejemplo, de las relaciones que mantuvieron los gobernadores civiles con las administraciones locales en el marco temporal estudiado. Con el título de “Actuaciones más significativas de orientación, impulso y fiscalización llevadas a cabo por el Gobierno Civil respecto de la Administración Local”, en todas las memorias anuales de los gobiernos civiles existía este apartado específico que desarrollaba pormenorizadamente las relaciones entre ambas. Entre las competencias que tenía el primero sobre el mundo local se pueden destacar: • Tutela e inspección sobre las corporaciones locales, recogidas en la Ley de Régimen Local y en el Decreto de 10 de octubre de 1958. • Control en materia de actividades molestas, insalubres, nocivas y peligrosas reguladas por el Reglamento de 30 de noviembre de 1961109. • Competencias específicas en materia de Reglamentos y Ordenanzas Municipales. • Concesión de honores y distinciones. • Enajenación de bienes e implantación de tarifas de servicios públicos. • Retribuciones complementarias a funcionarios y aquellas actividades sujetas a reconocimiento. 109 Competencias que serían transferidas a la junta de Andalucía por Real Decreto 698/1979, de 13 de febrero. [Document text truncated for crawler view.]