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Fernando III el Santo y Alfonso X el Sabio: a propósito de un 750º Aniversario

González Jiménez, Manuel

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FERNANDO III EL SANTO Y ALFONSO X EL SABIO: A PROPÓSITO DE UN 750º ANIVERSARIO* P or MANUEL GONZÁLEZ JIMÉNEZ Hace muy pocos días se han cumplido dos aniversarios en esta Sevilla desmemoriada qu e celebra, con más pena que gloria, el décimo aniversario de la Expo'92 e ignora -oficialmente, al menosque hace 750 años, el 30 de mayo de 1252, fallecía en el Alcázar de Sevilla Femando III, el conquistador de la ciudad, y que dos días más tarde, el 1 º de junio se iniciaba el reinado de su hijo Alfonso X el Sabio. Estamos hablando de dos reyes medievales, Jos más ligados, sin duda, a la historia de nuestra ciudad, y creo que tal acontecimiento no podía pasar desapercibido, al menos para nuestra Academia que tiene entre sus cometidos precisamente el de "contribuir a ilustrar la historia de Sevilla y de Ja región andaluza". Y ésta ha sido la consideración que me ha movido a dedicar esta disertación académica a la memoria de am bos monarcas. * * * * Dado el carácter de síntesis de esta di sertación, he prescindido del aparato crítico. Me remito para las referencias bibliográficas a mi libro Alfonso X. Hi storia de u11 rei11ado (Burgos, 1999). Para el epígrafe sobre historiografía, me he servido del libro editado por Georges MART IN , La historia alf onsí: el mud e/o y sus destin os (sig lo s Xlll - XV) . Madrid. Casa de Velázquez, 2000. 74 MANUEL GONZÁLEZ JIMÉNEZ De entre los muchos asuntos que podrían vincularse a la figura de estos dos reyes castellanos hay uno que me interesa particularmente, y es el que pretendo, con la brevedad del caso , desarrollar ante Ustedes, queridos compañeros de corporación. Por lo general, en la Edad Media los procesos históricos se desarrollaron, a pesar de los inevitables altibajos debidos a la personalidad de los dirigentes políticos o la coyuntura, sea económica o político-militar, dentro de una línea de continuidad muy clara. Continuidad, para empezar dinástica, lo que ya era en sí misma motivo de estabilidad. Ésta era, por otra parte, la norma de las monarquías europeas, con la excepción del Imperio Romano-Ger- mánico cuyos titulares eran, al menos formalmente, elegidos y estaban sometidos, además, a la sanción del papado. Continuidad también de proyectos o, por lo menos, de un gran proyecto: el de la Reconquista que, en los momentos de que estamos hablando, había progresado de forma espectacular. Pero quedaban muchos otros campos de acción que dejaban un amplio campo para la iniciativa de los monarcas, de acuerdo con sus respectivas capacidades o con el momento histórico que les tocó vivir. El 1 º de junio de 1252 se daba sepultura al monarca Santo y conquistador y accedía al trono Alfonso X, un rey en la flor de la vida, que contaba ya 31 años, formado intelectual y políticamente, y lleno de proyectos e ilusiones. Y la pr egunta obligada es, a la hora de efectuar un balance, cuánto hubo de continuidad y de innovación entre ambos reinados. * * * Como observación inicial diré que Alfonso X, por convencimiento y por apoyar sus decisiones en el prestigio inmenso de la figura de Femando III, pretendió continuar la obra de su padre. Pero también fue consciente de que muchas de sus iniciativas rompían con la práctica tradicional. En tales casos, el recurso a la autoridad del Santo Rey no podía ser esgrimido como garantía de ju sticia o de conveniencia política y debía fundarse, como de hecho hizo en má s de un caso, en argumentos de otra índole, como veremos enseguida. Empecemos, pues, por las permanencias o, si se quiere, por la continuidad entre la política de ambos monarcas. FERNANDO III EL SANTO Y ALFONSO X EL SABIO 75 1. EL FECHO DEL IMPERIO Es sabido que una de las empresas más ambiciosas de Alfonso X, y también uno de sus más sonados fracasos políticos, fue la pretensión del rey al título de Rey de Romanos y Emperador. En el origen mismo proyecto está la oferta que los embajadores de la República de Pisa le hicieron, en Soria en marzo de 1256, de un título, entonces vacante, que le correspondía por derecho a él más que a nadie, ya que en su persona convergían no sólo el linaje imperial de los Staufen, entonces casi extinguido, y el de los Comnenos de Bizancio. Alfonso X, no sólo aceptó la oferta, sino que, desde ese mismo momento puso en juego toda su capacidad diplomática, que era mucha, y lo s enormes recursos del reino provenientes en buena med ida de los tributo s que le pagaban los reinos musulmanes vasallos de Granada, Murcia, Niebla y Jerez. En la primavera del año siguiente, en una elección disputada, resultaba elegido Emperador. Se iniciaba así un largo contencioso y una empresa que los textos de la época conocen con el nombre del fe cho del Imperio. Conocemos perfectamente el desenlace. En mayo de 1275 Alfonso se entrevistaba en Belcaire, a las orillas del Ródano, con el Papa Gregorio XI, y allí hubo de oír de labios del propio pontífice que no tenía opción alguna al título de emperador, título que había sido ya cubierto un par de años antes por un oscuro noble alemán, Rodolfo de Austria, a quien el Pontífice acababa de coronar emperador. Fue, sin duda, la principal decepción que Alfonso X hubo de experimentar a lo largo de su vida. Unos meses más tarde, de regreso a Castilla, los mensajeros le harían saber la muerte en Villa Real (hoy Ciudad Real) de su primogénito y heredero don Femando de la Cerda a quien había dejado como regente durante su ausencia del reino. ¿De dónde procedía esta obse s ión de Alfonso por conseguir ser reconocido como titular del Sacro y Romano Imperio? ¿Qué le movió a perseguir un reconocimiento a todas luces imposible dada la decisión del Papado de no consentir que ningún Staufen, y Alfonso lo era, ocupase en el futuro el trono imperial? 76 MANUEL GONZÁLEZ JIMÉNEZ Alfonso, evidentemente, tenía ju stos títulos hereditarios al Imperio, y por ello los pisanos se dirigieron a él apenas muerto , en enero de 1256, Guillermo 11 de Holanda, el anti-emperador nombrado por Inocencio IV para oponerse a su gran enemigo Federico 11. El monarca castellano -ante la incapacidad por su menor edad de Conradino, hijo de Conrado IV y nieto de Federico 11- se presentaba entonces corno el único Staufen en condic iones de asumir la herencia imperial, que le venía de su madre Beatriz de Suabia. Desde el punto de vista dinástico, no había, pues, duda: el Imperio le correspondía por derecho. Pero ¿había algo más? Creo que sí. Y éste será el primer elemento de continuidad entre el reinado de Femando III y de Alfonso X que debemos considerar. En el elogio que Alfonso X hizo de su padre en el libro llamado Setenario se le e: "En razón del imperio, [el rey don Femando] quisiera que fuese así llamado su señorío en non regno, e que fuese él coronado por emperador segunt que lo fueron otros de su linaje". Es evidente que Alfonso X se está refiriendo a uno de sus más ilustres antepasados, Alfonso VII, que se hizo coronar emperador en León en 1135. Pero ¿está documentado este deseo de su padre de recrear el viejo título imperial leonés o se trata de una imaginación del Rey Sabio? Está documentado y sabemos que, en efecto, en 1234, a los pocos años de haber sido proclamado rey de León, Fernando solicitó del Papa Gregorio IX que le reconociese co mo Emperador de España, título con el cual el monarca pretendía resucitar el viejo Imperium Hispanicum leonés, símbolo de su supremacía sobre los restantes reinos cristianos de la Península. Sabemos también que el Papa -que ya tenía bastante con el emperador alemánconsiguió disuadirle. Pero el viejo sueño sería retomado con fuerza por su hijo Alfonso quien seguramente vio en el título de Emperador romano-germánico la mejor forma de resucitar, sobre nuevas bases y con más fuerza, el viejo imperio hispánico leonés. Al referir el regreso a Castilla de Alfonso, tras su entrevista con el Papa en la que debió renunciar a la prosecución del fecho del Imperio, el cronista catalán Desclot, FERNANDO III EL SANTO Y ALFONSO X EL SABIO 77 testigo de los hechos, comenta agudamente que lo que verdaderamente interesaba al rey era esser emperador d'Espanya. 2. EL FECHO DE ALLENDE Desde el inicio de su reinado , Alfonso X comenzó a preparar una gran operación militar encaminada a conseguir el control del norte de África. Se trata del llamado fecho de allende en el que el monarca castellano invirtió tiempo e ingentes cantidades de dinero. Los hechos más relevantes de esta operación fueron la construcción de las atarazanas de Sevilla y el nombramiento del primer almirante o "adelantado mayor de la mar", cargo que recayó en don Íñigo López de Mendoza, que había sido uno de los organizadores del repartimiento de Sevilla. Por estas mismas fechas, Alfonso X consiguió del Papa autorización para predicar en sus reinos la bula de Cruzada. En 1254, tras la boda del príncipe inglés Eduardo con Leonor, hermana de Alfonso, se concertó con el rey inglés Enrique IlI un tratado para llevar a cabo una campaña ad partes Africanas. No obstante, hasta 1257 no se documenta la primera expedición contra el Magreb, concretamente contra una plaza cercana a Orán llamada Taount. Pero desde esta fecha o antes, la presencia castellana en la bahía de Cádiz debió ser muy intensa. Sabemos en concreto que una flota castellana se concentró en Cádiz en mayo de 1258. Para entonces las tropas castellanas debían controlar la isla de Cádiz, habiéndose iniciado ya la ocupación de la alquería de Alcanate, llamada muy pronto Santa María del Puerto. En 1260, El Puerto de Santa María estaba ya en poder de cristianos y desde allí se abasteció la flota, surta en Cádiz, que en septiembre de dicho año saqueó la ciudad marroquí de Salé, al norte de Rabat. Todavía en 1261, Alfonso X convocaba Cortes de Sevilla para recabar dinero para llevar adelante el fecho de allende. El resultado fue la ocupación del alcázar de Jerez y el sometimiento de la ciudad al protectorado castellano y la conquista de Niebla, tras un largo asedio concluido en febrero de 1262. La sublevación de los mudéjares jer ezanos, andaluces y murcianos, y, sobre todo, la presencia amenazante al otro lado 78 MANUEL GONZÁLEZ JIMÉNEZ del Estrecho de l oe benimerines, herederos del desaparec ido califato almohade, pusieron fin a es te proyecto alfonsí. ¿Proyecto de Alfonso X o, más bien, de Fernando III? Al com ienzo de esta dise rta ción afirmábamos que, al analizar la política de Alfonso X resultaba difícil discernir e ntre lo que es continuidad y lo que es innovación. Este proyecto de Cruzada es uno de esos caso s. La historiografía alfonsí, para defe nder frente a la opinión pública un esfuerzo militar y financiero muy considerable, del que al final se lograron resultados muy inferiores a los previstos, pudo muy bien pr esentar como idea de Fernando III lo qu e era básicamente iniciativa de su hijo Alfonso. Pero, a partir de la información de que disponemos -el relato de los últimos días del Réy Santo -, tenemos que concluir que el proyecto de cruzada formaba parte del legado político que Alfonso X recibió de su padre. Dice, a este respecto, Ja E.c;toria de España o Prime ra Crónica Gene ral: "Allén mar tenié oio para pasar, et conquerir lo dallá desa parte que la morisma ley tenié, ca los dacá por en su poder los tenié, que así era. Galeas et baxeles mandaua fazer et labrar a grant priesa e guisar naues, auiendo grant fiuza et grant es peran~a en la grant m er~e d quel Dios acá fazié; teniendo que sy allá pasase, que podría conquerir muy grandes tierras si la uida le durase algunos días. [ .. . ] Et mager todo esto dacá, que él ganado auié de moros et tornado en poder de cristianos, en su poder era et lo a uié conquisto et metido en su sennorío, non se tenié por entregado nin se tenié que su conquerimiento era cosa que él en mucho deuiese tener sy la mar non pasase. Et l as s us nueuas bolauan et eran muy esparzidas por tierras de allen mar [ ... ] Et muchos prín ~ipes dellos eran acordados [ ... ] que si allá pasase, que se le renderién ... ". El texto no puede ser más expresivo. De aj ustarse a la verdad histórica, es a todas luces ev idente que la idea de la cruza da a allende, ad partes Africanas, como se la llama en el acuerdo anglo-castellano de 1254, la heredó Alfonso X de su padre. La FERNANDO III EL SANTO Y ALFONSO X EL SABIO 79 intención de esta campaña era muy clara: aprovechar la ruina del califato almohade y someter lo más posible del norte de África, desde Orán hasta el Atlántico, con la intención de controlar ambas orillas del Estrecho. Al final, aparte de un par de expediciones afortunadas, la cruzada se liquidó con más pena que gloria. En cualquier caso, al menos, sirvió para controlar todo el litoral atlántico andaluz, desde Trafalgar a la dese _ mbocadura del Guadiana. 3. LA RENOVACIÓN LEGISLATIVA Sin duda, una de las facetas má s destacadas de la obra de Alfonso X es la legislativa. Desde este punto de vista, el reinado del Rey Sabio constitu ye un' hito en la historia del derecho castellano y ha sta peninsular. Sus obras -Fuero Real, Espéculo, las Partidas-renovaron el pano ra ma legislativo de los fueros particulares, de alcance local, y de las recopilaciones más o menos fiables de costumbres y fazañas para dar paso a un derecho territorial basado en lo mejor del derecho tradicional y, sobre todo, en el derecho común romano-canónico que por entonces estaba imponiéndose en Italia, Francia y en otras partes de Europa. Las bases y presupuestos teóricos de este nuevo derecho y de esta nueva forma de concebir el papel de la ley en una socied ad cristiana han sido analizados por los especialistas, y a sus conclusiones me remito. Pero no quiero dejar de resaltar el significado político de esta renovación del derecho. Para Aquilino Iglesia, que ha estudiado con detalle estas cuestiones, los principios sobre los que Alfonso X basó su reforma fueron "el monopolio legislativo regio" y, en consecuencia, la negación de "la creación libre del derecho"; la atribución al rey de administración de justicia, de forma que sólo pudiesen juzgar los alcaldes designados por el propio monarca, como se lee en el Fuero Real, y la "unidad jurídica [del reino] fundamentada en el poder del rey". Indudablemente, con estos principios Alfonso X estaba diseñando un nuevo tipo de monarquía, distinta de la feudal, en la que el rey se concibe, corno se afirma en las Partidas, como Vicario de Cristo en la tierra, en cuanto a lo temporal, y como "cabeza", "alma" y "corazón" del reino. 80 MANUEL GONZÁLEZ JIMÉNEZ Estas ideas, producto del redescubrimiento del Derecho Romano por los juristas italianos de Bolonia y Nápoles, llegaron pronto a Castilla. Consta que en la corte de Fernando llI, tan bien relacionada con la de su primo Federico II, trabajaron juristas italianos corno el famoso Jacobo de Giunta, más conocido como J acobo el de las Leyes. Es probable que fuese uno de esos sabios mandados traer de fuera del reino para instruir a s us hijos , empezando por el infante heredero Alfonso, "en cuestiones de gobierno", a los que se alude en El libro de lo s doze sabios o tratado de la Nobleza y lealtad (A. Pérez Martín). En el entorno del infante, y en los últimos años del reinado de Fernando, pudo muy bien elaborarse, como defiende el prof. Martínez Díez, el Fuero Real, la primera obra legislativa de Alfonso X. Y también, si hemos de creer al propio Rey Sabio, el Setenario que fue algo así como el embrión de las Partidas. En efecto, en la introducción del Setenario leemos: "Onde, por todas estas e por otras muchas bondades que en él auya e por todos estos bienes que nos fizo, quisiemos conplir después de su fin esta obra que él auía comenr;ado en vida e mandó a nos que la cunpliésernos". Sin negar del todo la presencia del nuevo derecho en el entorno cortesano de Fernando III, la gloria de la renovación jurídica del reino hay que atribuirla a Alfonso X. Fernando 111 vivió y murió inmerso en un mundo de ideas jurídicas tradicionales y nada hizo, al menos que sepamos, por remediar la atomización jurídica del reino. A lo má s que llegó fue a privilegiar determinados fueros sobre otros (los de Cuenca y Toledo) para crear áreas dotadas de una misma norma foral. 4. UNA NUEVA HISTORIOGRAFÍA Hasta Alfonso X la escritura de la historia -s i exceptuamos el ciclo historiográfico del rey asturiano Alfonso III-había estado en los aledaños del poder real pero no, de forma declarada y consciente, al servicio del mismo. Los proyectos políticos de Alfonso X (cruzada, imperio, fortalecimiento de la monarquía, FERNANDO III EL SANTO Y ALFONSO X EL SABIO 81 unidad jurídica del reino, supremacía peninsular) precisaban de un nuevo modelo historiográfico. No sabemos cuál podía haber si do el resultado final de su obra historiográfica de mayor impulso, la General Estaria, que quedó incompleta. En cambio, corrió mejor fortuna la Estaría de España o Primera Crónica General, que abarca hasta la muerte de Fernando III (1252). A partir de dos grandes precedentes del siglo XIII, la crónica de don Lucas, obispo de Tuy, y, sobre todo, de la historia de don Rodrigo Jiménez de Rada, que compilaron la historia de España y de los reinos de León y Castilla hasta la conquista de Córdoba (1236), el taller hi storiográfico de Alfonso X creó, no só lo un género -el de la "Crónica General"-llamado a perdurar hasta el siglo XVI sino, en especial, la primera historia de tipo nacional, al servicio, claro está, de los intereses y de la política que entonces encamaba el rey castellano .. Georges Martin ha destacado a este respecto que Alfonso X elevó la historia a la categoría de ciencia, parangonable a las siete artes liberales. Más aún, como la metafísica, el deseo de conocer "los fechos que acahescen en todos los tiempos" (GE, I, 3ª) es algo ínsito en la propia naturaleza humana. Otro rasgo de la historiografía alfonsí es su carácter didáctico -aunque toda historia de hecho lo escon la peculiaridad de que es el rey quien asume la enseñanza de la historia (primera novedad) en un lenguaje nuevo dirigido a todo el mundo, letrado o no, y por ello se escribe en castellano (segunda novedad), que alcanza su madurez expresiva como vehículo de comunicación. Al servicio de este proyecto, Alfonso X puso recurs os enormes, que le permitieron reunir toda la información accesible en los escritores clásicos y medievales, cristianos y musulmanes, en obras europeas y españolas, y hacerse eco y utilizar "cantares de gesta", muchos de ellos hoy perdidos. Y el resultado fue, especialmente en el caso de la Estaría de España, una obra nueva en sus planteamientos que se diferencia con mucho de toda la historiografía anterior. En efecto, ya destaca como nuevo "el enfoque territorial de la materia histórica ": todo se trata -fuentes y hechos- en su relación con España, dejando de la lado como no procedente cuanto se aleja o no atañe a esa "territorialidad". Como ha escrito F. Rico: