La potencia heurística de los inicios del giro pragmático: método y lenguaje en Wittgenstein y Austin
Abstract
El presente artículo aborda aspectos nucleares de las propuestas teóricas de Ludwig Wittgenstein y John Austin, con el objetivo de precisar y demostrar la riqueza heurística que yace en sus filosofías, en cuanto representan una ruptura con la tradición filosófica y abren una nueva línea de análisis sobre el lenguaje. Para ello, primero presentamos características salientes del giro pragmático del siglo pasado y luego nos centramos en las concepciones del lenguaje y las definiciones metodológicas realizadas por Wittgenstein y Austin, que han delineado buena parte de las discusiones propias del pragmatismo lingüístico contemporáneo.
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«F RAGMENTOS DE FILOSOFÍA », nº 16 (2018), pp. 45-64. ISSN 1132-3329 L A POTENCIA HEURÍSTICA DE LOS INICIOS DEL GIRO PRAGMÁTICO : MÉTODO Y LENGUAJE EN W ITTGENSTEIN Y A USTIN HEURISTIC POWER OF PRAGMATIC TURN’S BEGINNING: METHOD AND LANGUAGE IN WITTGENSTEIN AND AUSTIN J AVIER A LEGRE [email protected] Resumen El presente artículo aborda aspectos nucleares de las propuestas teóricas de Ludwig Wittgenstein y John Austin, con el objetivo de precisar y demostrar la riqueza heurística que yace en sus filosofías, en cuanto representan una ruptura con la tradición filosófica y abren una nueva línea de análisis sobre el lenguaje. Para ello, primero presentamos características salientes del giro pragmático del siglo pasado y luego nos centramos en las concepciones del lenguaje y las definiciones metodológicas realizadas por Wittgenstein y Austin, que han delineado buena parte de las discusiones propias del pragmatismo lingüístico contemporáneo. Palabras claves: Pragmatismo lingüístico–Lenguaje–Método filosófico–Wittgenstein–Austin Abstract This article deals with nuclear aspects of the theoretical proposals of Ludwig Wittgenstein and John Austin, aiming to specify and demonstrate the heuristic richness that lies in their philosophies, as they represent a break with the philosophical tradition and open a new line of analysis on language. Thus, we first present key features of the pragmatic turn of last century and then focus on the conceptions of language and methodological definitions made by Wittgenstein and Austin, that have outlined a good part of the discussions of contemporary linguistic pragmatism. Keywords: Linguistic Pragmatism– Language–Philosophical Method– Wittgenstein–Austin En el presente escrito nos abocamos a analizar la manera en que fue planteado el estudio y la concepción del lenguaje por parte de Ludwig Wittgenstein y John Austin y, en relación con esto, a tratar de demostrar la potencia heurística ínsita en las elaboraciones iniciales del pragmatismo lingüístico contemporáneo, con
46 L A POTENCIA HEURÍSTICA «FRAGMENTOS DE FILOSOFÍA», NÚM. 16, 2018, pp. 45-64. ISSN: 1132-3329 el objetivo de explicitar su ruptura con la tradición filosófica y la riqueza y fecundidad presentes en sus elaboraciones. En pos de lograr nuestros propósitos, el artículo está estructurado en cuatro tramos. Iniciamos (I) con una breve exposición de algunas características centrales y precisiones conceptuales sobre el giro pragmático contemporáneo, para dimensionar su particularidad e importancia. Luego, (II) continuamos con las precisiones sobre método filosófico y concepción de lenguaje propugnadas por Wittgenstein en su segundo período. A continuación, (III) abordamos las indicaciones metodológicas y la teoría de los actos de habla propuestas por Austin. Y, por último, (IV) cerramos con apreciaciones orientadas a resaltar las claves de la potencia heurística propia del giro pragmático, en general, y de las elaboraciones de Wittgenstein y Austin, en particular. 1) Perspectiva pragmática del lenguaje: breve bosquejo Bajo el nombre de giro lingüístico se han congregado a posteriori 1 los aportes de diversos autores y corrientes que desde principios del siglo pasado coinciden en señalar que el lenguaje no es un mero medio entre el sujeto y la realidad o un elemento secundario que refleja las representaciones del pensamiento constituido pre-lingüísticamente, sino que posee una entidad propia que impone sus límites y fija condiciones tanto al pensamiento como a la realidad; así el lenguaje se convierte en el ámbito más propio de la filosofía y en él se centran las mayores atenciones. Dentro del giro lingüístico existen diferentes momentos y vertientes de la reflexión filosófica del siglo pasado, dentro de las cuales sobresalen con nitidez, por la envergadura de sus discusiones, el giro lingüístico en sentido estricto (propio de la filosofía analítica), el giro hermenéutico y el giro pragmático; aquí presentamos brevemente los rasgos salientes de este último (evitando mayores referencias bibliográficas para no hacer engorrosa su lectura). El giro pragmático produce una clara ruptura con la concepción que aprehende el lenguaje casi exclusivamente por su función expresiva/representativa y que entiende la acción como surgida de una intención en tanto contenido de 1 El término fue acuñado en 1964 por Gustav Bergmann, en Logic and Reality, aunque su verdadera difusión se dio recién a partir del volumen colectivo The linguistic Turn, editado por Richard Rorty en 1967.
46 L A POTENCIA HEURÍSTICA «FRAGMENTOS DE FILOSOFÍA», NÚM. 16, 2018, pp. 45-64. ISSN: 1132-3329 la mente (que actuaría como depositaria del complejo de intenciones y sentidos). Muy por el contrario, la línea pragmática coincide en señalar que lo que preexiste es un saber socialmente compartido a partir del cual pueden originarse la acción y la intención y al que están vinculadas las prácticas lingüísticas y la comprensión de las acciones y decisiones, a punto tal que no pueda emprenderse el análisis de cualquiera de ellas sin las demás. De allí su abierta oposición al modelo cartesiano de la interioridad y la introspección como último criterio de conocimiento y evaluación y como modo de establecimiento de sentido, pero también al modelo empirista que otorga primacía a las sensaciones privadas en la constitución de significados. El enfoque pragmático conduce a resaltar el carácter intersubjetivo y situado histórica, social y lingüísticamente de las acciones racionales –en oposición a la entronización de la razón en abstracto efectuada durante la modernidad– y a que ocupe un lugar central el interés por los procesos mediante los cuales se pueden establecer y ampliar en la práctica criterios para la interacción y comprensión mutua, en conexión con la revisión de las consecuencias desdichadas en que derivaron durante el siglo XX varias de las ambiciones emblemáticas de los proyectos modernos. El giro pragmático parte de considerar que la base semántico-sintáctica propia de los estudios lingüísticos previos debe ser ampliada y complementada con el punto de vista pragmático y surge como resultado de la revisión y complementación o desestimación de determinados fundamentos y objetivos incumplidos del análisis lógico (idealismo lógico, concepción empirista y atomista del conocimiento, pretensiones de objetividad, claridad absoluta y no circularidad, etc.) Es por ello que abandona la perspectiva referencialista del significado y la idea de la construcción de lenguajes lógicos e ideales, aborda la investigación de los actos lingüísticos antes que las proposiciones, se interesa por los usos y factores sociales más que por los aspectos formales y se centra en la relación entre lenguaje, prácticas, convenciones y decisiones humanas y se resaltan las funciones pragmáticas y realizativas del lenguaje, por sobre las descriptivasdenotativas-representativas en que se centró clásicamente la tradición filosófica.. La visión del lenguaje propia del pragmatismo lingüístico está vinculada con la convicción de que las producciones lingüísticas tienen la capacidad de ser el horizonte y marco regulativo que conforma nuestras pautas de pensamiento, sentimiento y acción, condición que hace imposible constituir nuestra subjetividad independientemente de los procesos simbólicos que pueblan la realidad cultural e institucional en la que nos desenvolvemos, a la vez que esta
J AVIER ALEGRE 47 «FRAGMENTOS DE FILOSOFÍA», NÚM. 16, 2018, pp. 45-64. ISSN: 1132-3329 realidad social no puede pensarse ni realizarse sino es a través de la participación constitutiva del lenguaje como práctica colectiva. Entre las principales características de todo pensamiento afín al giro pragmático, el cual dista muchísimo de ser uniforme, podemos enumerar sintéticamente –sin ánimo de exhaustividad– las siguientes: a) primacía de la dimensión práctica de todo conocimiento o acción humana; b) oposición tanto al modelo especular de la mente y la verdad como al del lenguaje como ropaje del pensamiento; c) preponderancia de los fenómenos lingüísticos en las acciones sociales; d) certeza de que el lenguaje y el pensamiento sólo pueden referir a la realidad a partir del trasfondo generado por prácticas colectivas establecidas; e) rechazo de toda forma de hipostatización y reificación de entidades abstractas para la explicación de los procesos simbólicos; f) contemplación de los efectos perlocucionarios de nuestros actos; g) importancia de las interacciones sociales en el establecimiento del significado de los símbolos; h) construcción de una racionalidad y un sujeto de conocimiento y decisión colectivo basados en un marco lingüístico compartido que precede a los distintos componentes individuales o introspectivos; i) oposición a solipsismos ontológicos, lingüísticos, gnoseológicos y metodológicos; j) rechazo de dualismos ontológicos del tipo mente-cuerpo, espíritu-materia o cultura-naturaleza; k) remisión del sentido y la intención ya no a instancias subjetivas y crípticas sino predominantemente públicas e intersubjetivas; y l) oposición al primado de los modelos de explicación causal y la introspección en el abordaje de la acción humana. En cuanto a sus intereses teóricos y metodológicos, la perspectiva pragmática no tiene como fin exclusivo o último el estudio del lenguaje dentro de sus propios confines –de ser así la filosofía se convertiría en una especie de lingüística–, sino el análisis de problemas filosóficos vinculados con la interacción y los procesos sociales a partir de consideraciones sobre el lenguaje. El principal objetivo del enfoque pragmático no es comprender el lenguaje en sí mismo, sino las prácticas sociales, y dentro de ellas, sí, en un lugar eminente por la función central que le corresponde, el lenguaje. Esta estrecha relación entre el lenguaje y las demás prácticas humanas, por un lado, convierte al lenguaje en una vía primordial de acceso al mundo social y, por otro, hace que las investigaciones filosóficas aborden de modo prioritario categorías vinculadas con las prácticas sociales (acción, mundo de vida, instituciones, etc.) cuando estudian el lenguaje; lo cual está en conexión con la revalorización de la relación entre lenguaje y comunidad de hablantes y con la importancia otorgada a los usos
48 L A POTENCIA HEURÍSTICA «FRAGMENTOS DE FILOSOFÍA», NÚM. 16, 2018, pp. 45-64. ISSN: 1132-3329 cotidianos del lenguaje; tal como sostiene Austin: “ciertamente, pues, el lenguaje ordinario no es la última palabra: en principio, en todo lugar, puede ser complementado, mejorado y sustituido. Pero, recordemos, es la primera palabra”,2 es decir: el lenguaje cotidiano no es la instancia definitiva e insuperable, pero es la que siempre ha de ser tenida en cuenta y de la que deben partir los análisis filosóficos. Lo que interesa a la perspectiva pragmática en el nivel específico de los fenómenos lingüísticos no es lograr la clarificación del lenguaje vía la reducción de la complejidad y la eliminación de todo aquello que se entienda como vago o entorpecedor mediante la abstracción del contexto, sino profundizar en su comprensión sin disminuir su complejidad en base a la inclusión de los diversos elementos participantes y remitiéndolos siempre a las funciones que cumplen dentro de su contexto. En esta línea sin duda alguna son claves los senderos abiertos por las reflexiones de Wittgenstein y Austin a partir de la década del '50, más precisamente con la publicación de las Philosophische Untersuchungen de Wittgenstein en 1953 y las conferencias dictadas por Austin en 1955, que fueran editadas en 1962 como How to do Things with Words. 3 2) Wittgenstein: multiplicidad de métodos y de juegos de lenguaje Los notorios cambios en la producción filosófica de Wittgenstein han dado origen a múltiples controversias y servido para que sus escritos fueran tomados como base por muy distintas corrientes, lo que condujo tanto a que algunos autores establezcan una división tajante entre la producción del joven Wittgenstein y los escritos correspondientes al período iniciado con su segunda estadía en Cambridge (entre los más reconocidos, Bertrand Russell, Alfred Ayer, Justus Harnack y K.T. Fann),4 como a que otros afirmen la inexistencia de tal ruptura (entre ellos, Anthony Kenny, Peter Winch, D. O´Brien, Allan Janik y Stephen Toulmin).5 De nuestra parte, nos encontramos mucho más cercanos a 2 J. Austin (1962a) p. 133. 3 Inicios al que también mucho aportaron, aunque consideramos que secundariamente respecto de la repercusión alcanzada por los textos de Wittgenstein y Austin, los artículos “Two dogmas of Empiricism” de Willard Quine (1951) y “On Referring” de Peter Strawson (1950). 4 Cfr: B. Russell (1964); A. Ayer (1989); J. Harnack (1972); K. Fann (1992). 5 Cfr: A. Kenny (1995); P. Winch (1971); D. O´Brien (1967); A. Janik y S. Toulmin (1995).
J AVIER ALEGRE 49 «FRAGMENTOS DE FILOSOFÍA», NÚM. 16, 2018, pp. 45-64. ISSN: 1132-3329 la postura de un quiebre irreconciliable entre ambas etapas debido a los profundos cambios conceptuales y consideramos que su producción de madurez representa en especial una clara innovación teórica en referencia al paradigma filosófico de la modernidad. Si bien con el Tractatus propone una ruptura respecto de la filosofía tradicional y reduce sus problemas a meros asuntos gramaticales, en ese período Wittgenstein todavía permanece aferrado a categorías de indiscutible raigambre clásica (objetivismo, idealismo, verdad en sentido fuerte, esencia, orden lógico-conceptual de la naturaleza, etc.); en cambio, en su última etapa se superan perspectivas y conceptos caros a la modernidad. Sólo cuando, con el enfoque pragmático de los juegos de lenguaje, orienta sus investigaciones hacia los contextos sociales en que se producen las acciones lingüísticas –y no las unifica a todas bajo la égida de la lógica–, las abstracciones dejan de gobernar teoría, acción y realidad desde un sitio inefable y externo al mundo (dando paso a una racionalidad contextual e histórica) y su reflexión se constituye en una crítica radical a la conciencia como ámbito propio del sentido y de la actividad filosófica. Por ello, aquí nos interesamos exclusivamente en la concepción del lenguaje y las formas de abordarlo propuestas por el último Wittgenstein. En la segunda etapa de Wittgenstein hay una notable variación en la metodología que juzga apropiada para encarar el estudio del lenguaje; frente a las condiciones apriorística, universalista, esencialista y absolutista propias del método lógico que defendía en su primer período,6 la metodología propugnada por el segundo Wittgenstein se destaca por sus rasgos pragmático, particularista, anti-esencialista y pluralista Pragmático, pues se orienta a los usos lingüísticos que se dan en las prácticas cotidianas, es decir que la investigación considera a posteriori los fenómenos del lenguaje, ya no más independientemente de la experiencia y de las acciones que se realizan con él. Particularista, debido a que está dirigida a los casos particulares y al hallazgo de las características distintivas que éstos poseen, irreductibles entre sí. Anti-esencialista, ya que abandona, por inapropiada y errónea, la búsqueda de propiedades únicas comunes que subyacerían a todos los hechos lingüísticos. Y pluralista, dado que postula la conveniencia de que los problemas filosóficos sean abordados con una multiplicidad de métodos. La multiplicidad metodológica viene exigida por la com- 6 Cfr: L. Wittgenstein (1999).
50 L A POTENCIA HEURÍSTICA «FRAGMENTOS DE FILOSOFÍA», NÚM. 16, 2018, pp. 45-64. ISSN: 1132-3329 plejidad de nuestro lenguaje: como son diversas las formas en que el lenguaje nos tiende trampas y variados los enredos que esos engaños causan a nuestro entendimiento, la filosofía necesita valerse de diferentes modos de enfrentar estas situaciones; “se muestra ahora un método con ejemplos y la serie de estos ejemplos puede romperse. –Se resuelven problemas (se apartan dificultades), no un único problema. No hay un único método en filosofía, si bien hay realmente métodos, como diferentes terapias”.7 La analogía entre los diferentes métodos filosóficos y las terapias médicas tiene su origen en que Wittgenstein considera, de manera metafórica, las preguntas filosóficas como enfermedades con el propósito de explicitar su concepción de la filosofía como actividad que tiene por misión curarnos del habla sin sentido. Tomando como guía esta analogía medicinal se arriba a la conclusión de que la filosofía es, al mismo tiempo, enfermo, médico y terapia; aunque parezca confuso en principio, esta cuestión homeopática se clarifica si dividimos las filosofías en dos tipos: la productora de la enfermedad filosófica sería la filosofía perturbardora o descarriada, en tanto que la sanadora sería la filosofía disolvente o correctora.8 La engañosa uniformidad con que se presenta el lenguaje vuelve necesaria la presencia terapéutica de la filosofía –sin perjuicio de los señalamientos que le realiza–, sin ella no podríamos avanzar más allá de la gramática superficial del lenguaje ni tendríamos herramientas para librarnos del habla sin sentido. Una de las principales fuentes de los problemas filosóficos reside en que “en nuestro lenguaje está depositada toda una mitología”; 9 el len- 7 L. Wittgenstein (2004) §133. Ya en las Observaciones filosóficas (redactadas entre 1929 y 1930), Wittgenstein expresa las causas y la necesidad de una multiplicidad de métodos en filosofía: “¿por qué es tan complicada la filosofía? Después de todo, debería ser enteramente simple. –La filosofía desenreda los nudos de nuestro pensar, los cuales hemos de un modo absurdo generado; pero para lograr eso, la filosofía debe hacer movimientos que son tan complicados como los nudos. Por ello, aunque el resultado de la filosofía es simple, su método para llegar a él no puede serlo”. L. Wittgenstein (1997) §2. 8 Consideramos que esta clasificación no va a contrapelo de lo establecido por Wittgenstein, ya que ella no implica la existencia de una filosofía de primer orden y otra de segundo orden, ambas clases se desenvuelven en un mismo nivel lingüístico. Cfr: L. Wittgenstein (2004) §121. La relación entre filosofía y actividad terapéutica queda expresada en §255: “el filósofo trata una pregunta como una enfermedad” y §593: “una causa principal de las enfermedades filosóficas –dieta unilateral: uno nutre su pensamiento sólo de un tipo de ejemplos”. 9 L. Wittgenstein (1992) p. 69.
J AVIER ALEGRE 51 «FRAGMENTOS DE FILOSOFÍA», NÚM. 16, 2018, pp. 45-64. ISSN: 1132-3329 guaje está repleto de modos y conceptos que hipostatizan sentidos que pasamos por alto ya que nos son extraños o desconocidos, de aquí que la filosofía debe precaverse contra su propia tendencia a establecer falsos principios en nuestras maneras de abordar la realidad. Por lo que es la integridad de las expresiones lingüísticas, con su amplia gama de variaciones, la que se convierte aquí en objeto de estudio; las diversas formas de vida y juegos de lenguaje tienen que ser atendidos en la inspección filosófica y se debe intentar descubrir en ellos, mediante un criterio pragmático, las locuciones que no se asientan en la experiencia de la comunidad que los utiliza, que marchan en el vacío.10 Es clara la ruptura que representa la perspectiva del segundo Wittgenstein en lo que hace a las indicaciones metodológicas y la concepción de la filosofía respecto de los principios que guiaron la moderna filosofía de la conciencia. En esta última etapa de su pensamiento se vuelven cruciales la renovada atención al lenguaje –centrada ahora en los usos cotidianos y acciones que se dan junto con los procesos lingüísticos, el particularismo, el antiesencialismo y la búsqueda de representaciones no definitivas–, la pluralidad metodológica y la consideración de la filosofía como una actividad destinada a despejar malentendidos y romper embrujos, no como un corpus teórico cerrado o sistemático destinado a brindar fundamentos o respuestas últimas. En estas notas quedan reflejada tanto la innovación con respecto a los modos tradicionales de filosofar que representa la metodología propuesta por Wittgenstein como las características que han servido de base para los distintos acercamientos pragmáticos a los fenómenos lingüísticos: un método que ya no es el método y una filosofía que ya no tiene potestad sobre la razón y debe lidiar con las limitaciones que le son propias en tanto entidad sujeta a un devenir socio-histórico. El lenguaje aquí posee un carácter complejo e inacabado producto de sus múltiples interrelaciones con distintas esferas y tareas y de la dinámica propia de su devenir histórico –lo que vuelve inútil cualquier intento de búsqueda de esencias, hipostatización o idealización de una determinada función o estructura–, Wittgenstein lo grafica con supina claridad en la analogía en que compara al lenguaje con una ciudad: “nuestro lenguaje puede verse como una vieja 10 Esta imagen del lenguaje como objeto de estudio por girar desorbitadamente sobre sí, sin relación con la práctica, está en Wittgenstein (2004) §132: “las confusiones que nos ocupan surgen, por así decirlo, cuando el lenguaje marcha en el vacío, no cuando trabaja”.
52 L A POTENCIA HEURÍSTICA «FRAGMENTOS DE FILOSOFÍA», NÚM. 16, 2018, pp. 45-64. ISSN: 1132-3329 ciudad: una maraña de callejas y plazas, de viejas y nuevas casas, y de casas con anexos de diversos períodos; y esto rodeado de un conjunto de barrios nuevos con calles rectas y regulares y con casas uniformes”. 11 El lenguaje consiste en un conjunto de prácticas sociales complejas que se definen de acuerdo con las reglas que gobiernan los diferentes usos de las palabras y que poseen distintos fines; el fundamento del sentido del lenguaje está en la praxis humana: el uso del lenguaje está en concordancia con las demás prácticas que los usuarios realizan; las palabras no pueden ser entendidas fuera de la utilización que se hace de ellas y hacia ésta hay que orientar las investigaciones. El significado de los signos lingüísticos no se obtiene por definiciones ostensivas, ni puede encontrarse tratando de imponer modelos ideales a lo que sucede en la realidad, sino que debe buscarse el sentido que adquieren las palabras por el uso (Gebrauch) que se hace de ellas, así lo expresa Wittgenstein en su célebre apotegma: “para una gran clase de casos de la palabra “significado” –aunque no para todos los casos de su utilización– puede explicarse esta palabra así: el significado de una palabra es su uso en el lenguaje”. 12 Wittgenstein resalta el carácter social e institucional del lenguaje, todo lenguaje consiste en actividades regladas, las cuales se estipulan en base a usos, hábitos, costumbres, que suponen necesariamente la regularidad propia de las instituciones; el lenguaje está constituido por variadas prácticas que requieren la adquisición de habilidades en base al dominio de técnicas a lo largo del tiempo: “¿es lo que llamamos “seguir una regla” algo que pudiera hacer sólo un hombre sólo una vez en la vida? (…) No puede haber sólo una única vez en que un hombre siga una regla. (…) Seguir una regla, hacer un informe, dar una orden, jugar una partida de ajedrez son costumbres (usos, instituciones). Entender una oración significa entender un lenguaje. Entender un lenguaje significa do- 11 Wittgenstein (2004) §18. Esta potente metáfora, además, da cuenta del modo histórico en que se constituyen los lenguajes: cualquier intento de urbanización lógica, sintáctica o científica (nuevos barrios del lenguaje-ciudad) siempre es posterior y viene a la zaga del desarrollo mediante diversos materiales y en vista de variadas funciones del núcleo histórico (centro fundacional del lenguaje-ciudad) y ambos sectores no cesan de modificarse e incrementarse. 12 Wittgenstein (2004) §43. Esta concepción ya había sido presentada expresamente por Wittgenstein en la etapa del Cuaderno azul (p. 99 y 108) y recibe nuevas formulaciones en Sobre la certeza (§§61,62 y 65)
J AVIER ALEGRE 59 «FRAGMENTOS DE FILOSOFÍA», NÚM. 16, 2018, pp. 45-64. ISSN: 1132-3329 ser afortunadas, exitosas, y también suponen cierta conformidad con los hechos. Austin toma como base que decir algo es hacer algo (toda expresión es un acto de habla) y que es más conveniente centrarse en la capacidad de las emisiones para realizar acciones antes que hacerlo en el uso –diferenciándose de Wittgenstein–, debido a que el uso sería muy difícil de clarificar y adolecería de cierta ambigüedad que le es intrínseca y no ayudaría a precisar los componentes lingüísticos. Además, en sus análisis exige la exclusión de los usos parasitarios o decoloraciones del lenguaje –tal como se da en la poesía, el teatro, etc.– ya que implican una desviación de los usos comunes, pero no al contrario (los usos comunes no necesitan de los usos parasitarios), por lo que conviene evitarlos para no sumar dificultades que no tenderían a una mayor clarificación de los modos corrientes de empleo de las expresiones. 19 Siguiendo estas consideraciones, Austin estipula su ya clásica distinción de los tres tipos de actos o dimensiones de actos de habla: a) locucionarios: actos consistentes en decir algo que posee un determinado significado (significado locucionario); b) ilocucionarios: actos que se realizan al decir algo provisto de una fuerza convencional que le está asociada (fuerza ilocucionaria), implica necesariamente un acto locucionario, no así un acto perlocucionario; y c) perlocucionarios: actos que se realizan por haber realizado un acto ilocucionario, consiste en la producción de determinados efectos o consecuencias sobre los oyentes de la emisión (efecto perlocucionario). La totalidad de las emisiones lingüísticas es analizable, según Austin, a partir de la configuración que adquieren estas tres dimensiones en cada contexto respectivo, incluso en lo que concierne a los enunciados descriptivos. La aplicabilidad de este esquema teórico a los distintos tipos de expresiones no conduce a afirmar la existencia de un único modo válido para examinar el universo completo de actos de habla en pos de establecer su fuerza ilocucionaria. Por el contrario, Austin se mantiene fiel a la particularidad y multiplicidad que exigía metodológicamente a todos los abordajes teóricos, el carácter convencional de los actos ilocucionarios actúa como reaseguro de la inexistencia de un 19 Cfr.: J. Austin (1962b), p. 22: “las expresiones realizativas, afortunadas o no, han de ser entendidas como emitidas en circunstancias ordinarias”. Justamente el carácter cerrado del contexto de uso –su saturabilidad– para la concreción del análisis se constituye en el eje de la discusión que entabla Derrida con Searle sobre la teoría austiniana y es lo que los conduce a sus muy antagónicas posturas. Cfr: J. Derrida (1988); J. Searle (1977); J. Navarro Reyes (2010).
60 L A POTENCIA HEURÍSTICA «FRAGMENTOS DE FILOSOFÍA», NÚM. 16, 2018, pp. 45-64. ISSN: 1132-3329 componente o sentido, ya sea subjetivo o estructural, que se imponga previamente o desde fuera y determine de modo unívoco la fuerza ilocucionaria; queda así salvaguardada dentro de su propia teoría la especificidad de los tipos de actos de habla –su irreductibilidad a una esencia común– y, por ende, de las formas de abordarlos que defendía previamente. Consideramos que principal hallazgo de la teoría de los actos de habla de Austin pasa por haber brindado en forma conjunta una fundamentación de los principios metodológicos y una clasificación de las expresiones lingüísticas en que el acento está puesto no en sus propiedades veritativas, sino en las especificaciones respecto de las condiciones del contexto de emisión, las convenciones existentes y las diferentes posibilidades de realización que abren las proferencias a través de la fuerza ilocucionaria y los efectos perlocucionarios. En relación con ello, la gran significación de esta teoría se encuentra en que es el primer intento de sistematizar y clasificar el lenguaje en base a criterios pragmáticos y en el que la capacidad realizativa de las emisiones está por sobre los demás componentes y funciones. 4) Reflexiones finales Las propuestas teóricas de Wittgenstein y Austin representan aportes originales que han abierto todo un ámbito propio dentro de la filosofía contemporánea y proveen elementos de relevancia ineludibles a la hora de encarar estudios pragmáticos sobre el lenguaje. Por el lado de Wittgenstein, es indudable su influjo en el rumbo tomado por el pragmatismo lingüístico en lo que concierne al abordaje particularista, anti-esencialista y pluralista del lenguaje, a la especial atención prestada a los usos cotidianos y las acciones que se dan junto con las prácticas lingüísticas, al carácter colectivo e institucional de prácticas tales como seguir reglas, expresar sensaciones, proferir emisiones, etc., a la destrascendentalización de la razón en favor de las prácticas sociales conformadas junto con el lenguaje y a la importancia otorgada a las condiciones del contexto y las disposiciones colectivas (constituidas a partir de las formas de vida) en el estudio del lenguaje. En las reflexiones del segundo Wittgenstein, los pensamientos, sentidos e intenciones están asociados con las interacciones simbólicas públicas y constituyen tipos de acción en los que predominan los contextos preinterpretados de uso sobre los contenidos internos, el significado no remite a las representaciones presentes en la mente, sino que proviene de las prácticas
J AVIER ALEGRE 61 «FRAGMENTOS DE FILOSOFÍA», NÚM. 16, 2018, pp. 45-64. ISSN: 1132-3329 colectivas de las que forma parte el lenguaje; por ello es que en las aproximaciones teóricas al lenguaje se da especial cabida a las demás prácticas llevadas a cabo junto con él, a la vez que éstas reciben su mejor comprensión en complementación con los análisis sobre el lenguaje. En tanto que la contribución de Austin pasa en forma primordial por haber resaltado la capacidad de realizar muy distintas acciones e instaurar realidades que posee el lenguaje, aunque no deben dejar de señalarse sus indicaciones en torno de la atención que es necesario prestar al estudio del lenguaje ordinario y las variadas posibilidades que éste brinda a la filosofía, sus recomendaciones sobre la multiplicidad metodológica y la utilización del abordaje pragmático como plataforma de todo análisis semántico y sintáctico. Así, la importancia de Austin para las reflexiones pragmáticas reside básicamente en haber brindado una fundamentación y sistematización del estudio del lenguaje sustentado en criterios netamente pragmáticos, en que sobresalen las capacidades realizativas del lenguaje y la importancia de las condiciones del contexto y de las convenciones para la producción y concreción exitosa de los actos de habla. Si bien hay diferencias conceptuales insoslayables entre las elaboraciones de Wittgenstein y Austin –que no abordamos en este artículo–, es clara la coincidencia entre ambos en aspectos centrales que han establecido el sustrato para las elaboraciones pragmáticas posteriores. En los temas que nos han ocupado aquí, lenguaje y método, podemos sintetizar las coincidencias nucleares de Wittgenstein y Austin en sus tesis acerca de que el lenguaje es una práctica social, inseparable de otros tipos de prácticas, que posee carácter institucional en su totalidad, en la que sobresalen los aspectos realizativo y multifacético (es una herramienta que sirve para realizar muy distintas acciones y de muy diversas maneras) que hacen del lenguaje una multiplicidad pragmática carente de esencia e irreductible a un solo denominador. Diversidad de prácticas lingüísticas (entendidas como juegos de lenguaje o como actos de habla) que va de la mano de la exigencia de pluralidad metodológica y de concebir la filosofía como una actividad ligada directamente al lenguaje, destinada a vérselas con muy distintos problemas provenientes de la gran variedad de expresiones lingüísticas y contextos, que no puede valerse de un solo método para comprenderlos y no tiene potestad sobre una última palabra, ni se presenta como un sistema conceptual que aspire a proveer de principios teóricos universalmente válidos. En estas cuestiones referidas a lenguaje, método y filosofía se encuentra el núcleo de la ruptura con los estudios del lenguaje provenientes de la tradición
62 L A POTENCIA HEURÍSTICA «FRAGMENTOS DE FILOSOFÍA», NÚM. 16, 2018, pp. 45-64. ISSN: 1132-3329 filosófica y de la apertura de una esfera de análisis de las emisiones con fundamentos renovados en base a la capacidad realizativa de las acciones lingüísticas en tanto prácticas institucionales, a la vez que habita la gran fuerza heurística que ha constituido la plataforma móvil a partir de la cual se han proyectado muy diferentes teorizaciones desde mediados del siglo pasado. La potencia heurística que yace en los aportes señeros de Wittgenstein y Austin reside principalmente, según nuestra opinión, en dos grandes cuestiones. Una, la centralidad otorgada a la dimensión pragmática: en los actos y usos lingüísticos es de primordial importancia lo que hacemos con ellos y en el contexto y condiciones en que lo hacemos; el abordaje pragmático lleva la delantera por sobre el semántico-sintáctico, no los elimina pero predomina claramente sobre ellos. La otra, inseparable de la anterior, los estudios lingüísticos no tienen como fin único o primordial referirse a cuestiones inmanentes al lenguaje, sino esclarecer la constitución de las acciones y las relaciones con el mundo natural y social a través del lenguaje; las prácticas lingüísticas juegan un rol fundamental en la búsqueda de esquemas explicativos de los modos de conformación y comprensión de las conductas y relaciones humanas. Así, esta perspectiva pragmática hace gala de una mayor fecundidad en tanto toma como eje las acciones simbólicas colectivas (elemento cardinal de nuestra instalación en el mundo) y contempla un mayor número de prácticas y funciones simbólicas dado que tiende a buscar las relaciones existentes entre los diferentes niveles de análisis y, por lo tanto, a no realizar recortes abruptos o eliminar elementos o variables en pos de establecer la hegemonía de una sola función (como fuera anteriormente el enaltecimiento de la capacidad representativa del lenguaje). Un abordaje pragmático de este corte resalta, por un lado, el carácter público, intersubjetivo y situado social e históricamente de todas las actividades lingüísticas y, por el otro, que cualquier acción, institución u organización social se constituye en parte por la participación del lenguaje como práctica colectiva; de aquí que se centre en el funcionamiento y las interrelaciones –entre sí y con el contexto– de las diversas dimensiones participantes en las acciones lingüísticas, antes que preocuparse por separar analíticamente los componentes elementales de dichas acciones. Las elaboraciones de Wittgenstein y Austin detentan, entonces, la fuerza heurística propia de las invenciones intelectuales capaces de abrir todo un ámbito de reflexión y marcar el sendero de las investigaciones posteriores, por ello es que sus conceptos son retomados profusamente en las discusiones
J AVIER ALEGRE 63 «FRAGMENTOS DE FILOSOFÍA», NÚM. 16, 2018, pp. 45-64. ISSN: 1132-3329 pragmáticas subsiguientes y constituyen el sustrato al que remiten muy distintos abordajes del lenguaje. 20 Buena parte de la potencia del enfoque pragmático inaugurado por Wittgenstein y Austin reside en que se encuentra en condiciones ventajosas para dar cuenta de la complejidad de los fenómenos humanos debido a que incluye y pone en relación un número más amplio de variables y a que sitúa en el centro al componente principal de nuestra instalación en el mundo: la acción (acción que siempre es entendida como simbólica y colectiva). La perspectiva pragmática permite integrar ciertos aportes de las aproximaciones semánticas y sintácticas, no requiere de su erradicación, de allí que posea un carácter más abarcativo y brinde herramientas propicias para la comprensión y sistematización de las prácticas lingüísticas y de las distintas funciones y usos que forman parte del lenguaje, así como de su interdependencia con los contextos de emisión. El abordaje pragmático nos abre a un contexto de mayor variedad y, por lo tanto, más rico para el estudio de los procesos simbólicos; el desafío –continuando la senda wittgensteiniana/austiniana– es lograr profundizar en ellos sin reducir su diversidad. BIBIBLIOGRAFÍA CITADA J. Austin (1962a). Philosophical Papers. London, Oxford University Press. J. Austin (1962b). How to do Things with Words. Oxford, Oxford University Press. A. Ayer (1989). Wittgenstein. Barcelona, Crítica. D. Bloor (1997). Wittgenstein, Rules and Institutions. London, Routledge. P. Bourdieu (1982). Ce que parler veut dire. L´économie des échanges linguistiques. París, Fayard. J. Derrida (1988). Limited Inc. Illinois, Northwestern University Press. K. Fann (1992). El concepto de filosofía en Wittgenstein. Madrid, Tecnos. 20 Dentro de las continuaciones pragmáticas en sentido amplio, podemos establecer, como breve aproximación, una división entre aquellas que retoman casi con exclusividad las elaboraciones de Wittgenstein (Winch, Kripke, Bloor, como diversos ejemplos salientes), las que toman como base los principios de Austin (Searle como ejemplo paradigmático), y aquellas otras que utilizan determinados recortes de ambos autores, con diferentes variantes, y los vinculan con conceptos y problemas provenientes de otras líneas teóricas en la constitución de sus perspectivas sobre el lenguaje (Habermas, Bourdieu, Rorty, por nombrar reapropiaciones renombradas de muy distinto tipo). Cfr. básicamente: P. Winch (1972); S. Kripke (1982); D. Bloor (1997); J. Searle (1969); Habermas (2003); Bourdieu (1982); Rorty (1989).
64 L A POTENCIA HEURÍSTICA «FRAGMENTOS DE FILOSOFÍA», NÚM. 16, 2018, pp. 45-64. ISSN: 1132-3329 J. Habermas (2003) Teoría de la acción comunicativa I (Racionalidad de la acción y racionalización social) y II (Crítica de la razón funcionalista). Madrid, Taurus. J. Harnack (1972). Wittgenstein y la filosofía contemporánea. Barcelona, Ariel. A. Janik y S. Toulmin (1995). La Viena de Wittgenstein. Barcelona, Ariel. A. Kenny (1995). Wittgenstein. Madrid, Alianza. S. Kripke (1982). Wittgenstein on Rules and Private Language. Oxford, Blackwell. J. Navarro Reyes (2010). Cómo hacer filosofía con palabras. A propósito del desencuentro entre Searle y Derrida. Madrid, Fondo de Cultura Económica. D. O´Brien (1967). The unity of Wittgenstein´s thought, K. Fann (ed.). Ludwig Wittgenstein. The man and his philosophy. New York, Dell Publishing Co. W. Quine (1951). “Two dogmas of Empiricism”, Philosophical review, n° 60. R. Rorty (1967). The linguistic Turn: Recent Essays in Philosophical Method. Chicago, University of Chicago Press. R. Rorty (1989). Contingency, irony, and solidarity. Cambridge, Cambridge University Press. B. Russell (1964). La evolución de mi pensamiento filosófico. Madrid, Aguilar. J. Searle (1969) Speech Acts. An Essay in the Philosophy of Language. Cambridge, Cambridge University Press. J. Searle (1977). “Reiterating the Differences: A Reply to Derrida”, Glyph, vol.1. P. Strawson (1950). “On Referring”, Mind, n° 59. P. Winch (1971). Estudios sobre la filosofía de Wittgenstein. Bs. As., Eudeba. P. Winch (1972). Ciencia social y filosofía. Bs. As., Amorrortu. L. Wittgenstein (1991). Sobre la certeza. Barcelona, Gedisa. L. Wittgenstein (1992). Observaciones a La Rama Dorada de Frazer. Madrid, Tecnos. L. Wittgenstein (1997). Observaciones filosóficas. México, UNAM. L. Wittgenstein (1998). Los cuadernos azul y marrón. Madrid, Tecnos. L. Wittgenstein (1999). Tractatus lógico-philosophicus. Madrid, Alianza. L. Wittgenstein (2004). Investigaciones filosóficas. Barcelona, UNAM/Crítica.