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Objetos exóticos y foráneos en las clausuras sevillanas

Sanz Serrano, María Jesús

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OBJETOS EXÓTICOS Y FORÁNEOS EN LAS CLAUSURAS SEVILLANAS Mª Jesús Sanz Serrano Universidad de Sevilla Nos vamos a referir aquí a los conventos femeninos, ya que, como se sabe, los masculinos, además de no abundar los de clausura, sufrieron los robos de la Invasión Francesa de 1810 a 1813, y además todos ellos fueron expropiados durante la Exclaustración, en 1837, y más tarde en 1866. Por lo tanto los objetos suntuarios que poseen son muy pocos, y casi todos de finales del XIX, o del XX. Los conventos femeninos, aunque perdieron sus inmuebles y tierras, conservaron sus conventos con sus bienes muebles, y por eso aún podemos referirnos a sus colecciones de objetos, ya sean nacionales o extranjeros. No obstante, algunos conventos también perdieron parte de sus bienes muebles, como por ejemplo el de Madre de Dios o las Mínimas, pero pudieron recuperar parte de ellos, que aún conservan. En estas colecciones de objetos suntuarios que existen en las clausuras sevillanas, la gran mayoría son objetos de culto, y en ellas no predomina generalmente el concepto de coleccionismo, salvo en algún caso excepcional, pero sin embargo estas colecciones son de una gran importancia por varios factores. En primer lugar por su calidad, en segundo por la trayectoria histórica que presentan, y en tercero por la variedad de objetos que las constituyen. En estos objetos hemos de considerar tanto el valor artístico, como el exótico, y también el material. En los dedicados al culto, que eran la mayoría, se elegía siempre lo mejor, y es bien sabido que en las grandes obras, como las custodias procesionales, los cabildos catedralicios convocaban un concurso entre los artistas para elegir el mejor proyecto. Pero éste no es el caso de los conventos de clausura, pues su poder adquisitivo no alcanzaba a tanto, pero sin embargo, si tenían protectores, fundadores, o simplemente monjas que ingresaban aportando una dote importante, bien en dinero, en tierras, o en objetos ricos. De todos los objetos de culto que poseen los conventos, no todos tienen un valor artístico, pues éste depende del artista o artesano, pero en general los más valorados en cada comunidad suelen tener un valor artístico. En cuanto al valor material, abarca a la mayoría de los objetos, y no solamente a los realizados en metales preciosos, como la plata, el oro, las piedras preciosas y semipreciosas, las perlas o los esmaltes, sino también en otros materiales como las maderas nobles, tales como el ébano, la caoba, el cedro o el palisandro, bien usadas simplemente, o con incrustaciones de otras maderas, de nácar, de marfil, o de carey. Aunque la mayoría de los objetos están relacionados con el culto y dedicados a él, sin embargo, muchos son claramente profanos, que han sido regalados a los conventos por sus fundadores o protectores, y a partir de ese momento se han integrado en el culto. Estas colecciones se han formado con piezas de muy distintas procedencias, y aunque la mayoría de ellas son de origen nacional, no obstante se hallan bastantes de origen foráneo, que casi siempre proceden de donaciones. En otros casos los objetos de origen extranjero provienen de algún convento o parroquia extinguidos, bien por las desamortizaciones, por las guerras, o bien por el simple cierre del convento por falta de monjas en la comunidad. Con respecto a la procedencia de estos objetos hay que decir que la mayoría provienen de América, o bien de Oriente, llegados a través de Filipinas y México, pero también los hay de procedencia europea, y por supuesto de otras comunidades españolas. La mayoría de las piezas proceden de los siglos XVII y XVIII, pero también contamos con obras anteriores y posteriores. Ente las obras más antiguas de probable procedencia europea está en mal llamado “Salero de San Fernando”, que posee el monasterio de San Clemente. Se trata de una de las piezas más antiguas conservadas en los conventos, que pudiera ser de procedencia europea, quizá parisina, o simplemente francesa, porque, aunque la obra el muy original tanto en estructura, como en iconografía, los ejemplares que tienen relación con él son franceses. Es una pieza del siglo XIV, de forma ovoide, con tapa cónica, y apoyo en tres pata de garra, que sostienen una crestería gótica calada. Su iconografía está relacionada con San Jorge, la princesa, el dragón y los padres de ella, tema típico de la Edad Media europea. Una gran M en relieve aparece en uno de sus lados por lo que se ha identificado con la reina María de Portugal, esposa de Alfonso XI, enterrada en la iglesia del convento. Aunque su función esta relacionada con un píxide, pues las piezas algo semejantes tienen esa uitilidad, sin embargo el tema de San Jorge y el dragón no parece demasiado adecuado para un recipiente que ha de contener la Eucaristía. La bandeja de las llamadas “dinaderies”, que posee el Hospital del Pozo Santo, es una de las muchas que se encuentran en España. Se trata de unas piezas circulares de regular tamaño, realizadas en latón y trabajadas con molde. Su origen está en Centroeuropa, básicamente en la zona entre Bélgica y Alemania, y su producción se extiende desde el siglo XV hasta finales del XVI. Su composición es de un tema central en relieve, de tipo religioso o vegetal, una inscripción en el borde, y una cenefa en la parte más exterior de finos temas geométricos, realizada con incisiones. Las leyendas pueden ir en latín, en francés o en alemán. Hubo una gran producción de ellas y se extendieron por toda Europa. La del Pozo Santo lleva como tema central los vendimiadores, trasportando el racimo símbolo de la Eucaristía, pudiendo fecharse en la primera mitad del siglo XVI. Entre las piezas europeas abundan más las italianas, sobre todo las procedentes del sur de Italia, es decir del Reino de Nápoles, que durante tanto tiempo estuvo bajo la corona española. Dos cálices se conservan marcados en Palermo, uno en el convento de la Encarnación, de plata dorada y con finos cincelados de tipo barroco en toda la superficie, que lleva la fecha de 1684, y la del contraste Giovanni Omodeo. El otro cáliz de halla en el convento de San José de Las Teresas, y es más rico, pues sobre la plata dorada lleva incrustaciones de pequeñas lágrimas de coral, técnica exclusiva de la isla de Sicilia (fig.1). Sus marcas y su fecha son las mismas que las de la pieza anterior, por lo que pensamos que pueden ser una donación del arzobispo Jaime de Palafox y Cardona, que llegó a Sevilla en 1685 procedente de Palermo, donde también había tenido el mismo cargo, y trajo de allí varios objetos de gran riqueza como la Santa Rosalía de plata de la catedral de Sevilla. En el mismo convento se halla una custodia compuesta de varias partes, en las que su base y el nudo más próximo a ella son más antiguos. Pertenecía a una cruz regalada al convento en 1591. El nudo es de forma esférica y tiene cuatro relieves en cada una de sus caras, que contienen dos figuras de papas, uno de la Virgen con el Niño, y otro con San José con el Niño. La peana, resulta la parte más sorprendente pues tiene forma de monte, sobre base cuadrada y patas de sigma, sobre el que aparecen en relieve, plantas, rocas y figuras, y además está llena de huecos con cristales que contienen reliquias. En los ángulos lleva adosadas las figuras de bulto de cuatro ángeles con los símbolos de la Pasión., que evidentemente son piezas añadidas. Sobre esta pieza, regalada en 1591, que pertenecía a una cruz, seguramente relicario, caben varias hipótesis, en primer lugar la aparición de San José es rara en una fecha tan temprana, por lo que habría que relacionarlo con el convento que lleva esa advocación. Los relieves de los papas y las reliquias incrustadas en ella hacen que pueda considerarse como obra probablemente italiana. A este nudo y basamento se le han añadido otro nudo y astil manieristas, y un sol de finales del siglo XVIII para convertirla en una custodia. Italiano parece ser también el grupo del Calvario, que posee el convento de Santa María de Jesús. Se trata de un basamento de madera de ébano que sostiene una cruz del mismo material, siendo las figuras de Cristo, de San Juan y de la Virgen de plata. Además de las tres esculturas, el monte donde se asienta la cruz, las ráfagas, los remates de la cruz y unos relieves adosados a la peana, que representan escenas de la Pasión, todo ello es también de plata. Inicialmente pensamos, lo mismo que otros estudiosos, que podría ser obra del siglo XIX, pero análisis detenido de la escultura, y de otros elementos, así como la comparación con otros conjuntos parecidos nos ha llevado a la calificación de que podría ser una pieza italiana del siglo XVIII (fig.2). Los elementos para clasificarla como tal, no sólo residen en la anatomía miguelangelesca del Cristo, ni en la expresión dramática del rostro y de los cuerpos de San Juan y la Virgen, sino también en los remates del barroco final de la cruz, y la ráfagas del crucero, que corresponden a la segunda mitad del XVIII, pero al ser una obra italiana podría adelantarse su fecha a mediados del siglo. El Monasterio de Santa Paula es uno de los que poseen más piezas de varios orígenes, desde las locales a las nacionales y extranjeras. Entre las nacionales habría que destacar el magnífico relicario de bronce dorado y plata, con peana de madera y aplicaciones de bronce en ella. La pieza de grandes dimensiones, está ubicada hoy en el museo del convento. Sobre la peana de ébano, sobre patas de bronce, surgen dos ángeles niños que sostienen la urna propiamente dicha. Ésta de forma rectangular aunque con movido perfil contiene en sus laterales cabezas de ángeles alados de plata, rematándose por un frontón partido que preludia la rocalla, y un ángel niño, tendido, en actitud e echar a volar. En el interior de la urna va una cabeza del Bautista, colocada posteriormente en este lugar, que inicialmente llevaría una auténtica reliquia. En una cartela central lleva la siguiente leyenda: ESTA URNA LA DIO LA REINA MADRE NUESTRA Sª Dª MARIANA DE AUSTRIA A ESTE CONBENTO DE SANTIAGO DE MADRID AÑO DE 1694. No sabemos de qué forma llegó a Sevilla el relicario, pero lo que queda claro es su origen madrileño. Aparentemente, aunque no realmente la pieza más antigua es un pequeño icono ruso de metal con esmaltes azules y blancos. La cruz es de triple brazo, yendo el más bajo sesgado, lo que demuestra su origen. Lleva varios ángeles y símbolos, con una leyenda en caracteres cirílicos, siendo una pieza del siglo XIX a pesar de su estética. Sin embargo, lo más interesante en la colección del convento es un grupo de piezas francesas de tipo profano. Este monasterio de monjas jerónimas ha tenido siempre una serie de protectores de alto nivel económico, pero el nombramiento de Sor Cristina de Arteaga como madre superiora hizo que el convento resurgiera, presentando una serie de innovaciones como la creación del museo. Sor Cristina, mujer de una gran categoría intelectual y humana, hija del duque del Infantado, heredó de su familia varias piezas de plata de carácter profano entre las que se encuentra una jarra con su palangana para el aseo personal. Ambas piezas son de plata y van decoradas con estrías entorchadas y una gran rocalla lateral. El asa de la jarra está formada por una figura femenina casi desnuda que se mira en un espejo, continuándose la figura por un estípite que se adorna con rocallas. La obra parece pertenecer al rococó francés de la primera mitad del XVIII, pero la pequeñez de su marca, casi ilegible hace pensar en una obra neo del siglo XIX. Existen también dos centros de mesa con escudo de los Mendoza y decoración de neorrocalla calada, marcados en París en el siglo XIX. También parisino es otro centro de mesa oval, con decoración en la que se mezclan los motivos rococó con los neoclásicos. La colección de piezas europeas se completa con una jarra con sus copas con decoración de guirnaldas de rositas neoclásicas, y una escena de cacería en la jarra de gran realce. Llevan marcas de Londres entre 1894 y 1895. A pesar de todas las piezas europeas que hemos visto, sin embargo, la mayoría de las obras foráneas son americanas, del centro y del sur de América, correspondientes al período de la colonización española. Esto se explica por la cantidad de españoles que emigraron e hicieron fortuna, enviando objetos ricos a las parroquias de sus pueblos, o a los conventos en los que tenían algún familiar, o simplemente favorecían. Así, encontramos obras procedentes mayoritariamente de México, y en menor número de Perú, y de otros países del sur del continente. La casi totalidad de las obras que aquí tratamos provienen de México, lo mismo que ocurre en los conventos masculinos, en las parroquias, y hasta en la catedrales de toda España. Este fenómeno se explica por la gran cantidad de plata que había en este país, y también porque Veracruz era el principal puerto de embarque para España, junto con La Habana. Por otra parte las piezas mexicanas son fácilmente identificables gracias a su marcado riguroso. Las piezas americanas que reseñamos son en su mayoría de plata labrada o trabajada en filigrana, pero también abundan las arquetas de carey con aplicaciones de plata, casi todas de origen americano, ya que el carey no se conoció en España hasta la colonización. No obstante las piezas de carey americanas datan de los siglos XVII y XVIII, pero las posteriores muy bien pudieron ser hechas en España. Existen también un grupo de obras que, aunque vinieron a través de México, no produjeron en este país, sino que llegaron a Sevilla a través de él, a cuyo puerto de Acapulco arribaba el galeón de Manila. Desde este puerto del Pacífico, atravesando el país llegaba a Veracruz, de donde embarcaba para Sevilla. Por este camino llegaron obras filipinas, y sobretodo chinas y japonesas, de las que han quedado magníficos ejemplos en los conventos sevillanos. El convento de Santa Paula, posee varias piezas sin marcar que podrían por su estilo ser de origen mexicano, como una bandeja de forma oval con borde ondulado y decoración de hojas no muy abultadas. En el centro va una escena de la Degollación de San Juan Bautista. Las marcas no son muy claras, aunque en una podría leerse con dificultad la de la ciudad de México. Esta clasificación no es definitiva. También podría ser mexicano un cáliz de muy fina ejecución, de perfil octogonal en toda su estructura, que alterna la plata blanca con la dorada, y se decora con relieves muy planos combinados con el cincelado. Contiene varias escenas de la Pasión en el nudo, y en la peana aspectos de la vida de Jesús y de la Virgen entre ornamentaciones florales. No lleva marca pero la estructura poligonal, tan propia de México, hace pensar que sea de esta procedencia. En cuanto a la fecha la aparición de la rocalla en la ornamentación hace que se sitúe en la segunda mitad del XVIII. Siguiendo con las obras de tipo problemático habría que mencionar dos pequeñas custodias de manos, una en el convento de Santa María de Jesús, y otra en Las Teresas. Se trata de unas obras de estilística barroca en las que lo sorprendente es el sol o ráfaga, porque en lugar de estar formada por rayos lisos y ondeados, como es propio del estilo español de esas fechas, está compuesto por penachos formados por ces sostenidas por cabezas de ángeles. Con este tipo de ráfaga sólo se conoce el ostensorio de la parroquia de La Magdalena, que no lleva marca. El del convento de Santa maría de Jesús lleva una única marca en la que se lee Juan Pérez, que podría corresponder a Juan José Pérez, artista platero sevillano examinado de maestro en 1716. Naturalmente no hay seguridad absoluta de que corresponda a este platero, pero esto marcaría una posibilidad de que fuese pieza sevillana, aunque anómala. Abundando en esta posibilidad hay que decir que el modelo de ráfaga pudo haber sido tomado de las grandes ráfagas que para el monumento de la catedral hizo Juan Laureano de Pina, que quizá hiciese la pieza gemela de la Magdalena, que no lleva marca. Pero también el orfebre sevillano podría haberse inspirado en una pieza americana, preferentemente peruana, o de su entorno. Aunque se ha catalogado como de origen mexicano, no hay ningún elemento que lo confirme, pues los soles mexicanos no son de este tipo. Las hipótesis posibles son: o bien es pieza sevillana inspirada en custodias peruanas, o en las grandes obras de Juan Laureano. Claramente mexicano es el cáliz que posee el convento de Clarisas de Santa María de Jesús, interesante pieza de mediados del siglo XVIII y de claro estilo barroco, que lleva la marca de la ciudad de Guanajuato. Aunque la estructura se inspira en el barroco español, sin embargo presenta alguna característica propia como una subcopa muy panzuda y un filete gallonado en la separación de las dos partes de la copa. En cuanto a la decoración es de claro aspecto indígena, pues los símbolos eucarísticos se mezclan con ángeles que llevan símbolos de la Pasión y visten faldellines y penachos de plumas, como es habitual en las piezas de ultramar. Un aspecto interesante es el de los trabajos de filigrana venidos de América, principalmente de México y Cuba, de donde proceden distintas piezas existentes en España. En los conventos sevillanos existen tres piezas que podrían incluirse en este apartado. Las más impresionantes son las que forman el juego de altar, que posee el convento de Madre de Dios, compuesto por cáliz, vinajeras, campanilla y bandeja. Todas las piezas son de filigrana de plata dorada y decorada con perlas excepto el cáliz que es de oro y perlas. Este está realizado con técnica de filigrana enteramente calada, siendo sólo sólido el interior de la copa (fig.3). El diseño de la filigrana consta de grandes hojas que cubren la subcopa, y que aparecen en menor tamaño en el nudo y el basamento, diseño éste que hallamos en las piezas mexicanas y cubanas, pareciendo por su estructura una pieza de la segunda mitad del siglo XVII. Las vinajeras y la campanilla son piezas sólidas, con adornos de filigrana que imita a la del cáliz, pero que no utiliza los mismos diseños. La bandeja es una pieza claramente rococó, a la que se le ha añadido una cenefa en el borde de filigrana de plata dorada con perlas del mismo estilo que la de las vinajeras, por lo que se podría pensar que el cáliz es una pieza ultramarina, y el juego de vinajeras fue hecho posteriormente para completar al cáliz. En la misma línea de diseño del cáliz se halla el canastito del Niño Jesús de las Lágrimas del hospital del Pozo Santo, que contiene en su interior los elementos de la Pasión. De origen americano es también un relicario del convento de la Encarnación, de filigrana, en forma de águila bicéfala coronada, con cola central y dos patas laterales, en las que se enreda un tallo que termina en una flor de lis que sujetan los picos. En el centro del cuerpo va un ovalo con la reliquia, siendo el tipo de filigrana a la anteriormente descrita. Todo ello se apoya en una lámina de plata en forma de ánfora, con relleno de madera, que se adorna con una joya en forma de cruz, pareciendo esta parte baja una adición posterior. Es también una pieza interesante la naveta del convento de Santa Paula, en forma de pájaro, formada por un núcleo que es un caracol marino, un nautilus, que se recubre con plata calada. Ésta forma el cuello y cabeza, las alas, la cola y las patas con su peana. En realidad no se trata de filigrana sino de plata calada, que es un trabajo bastante habitual en Cuba, Santo Domingo, Colombia, Perú o Bolivia, lugares en los que se hallan piezas con esta técnica, así como algunas importadas a Canarias. Sin embargo, la realización de animales de filigrana, especialmente pájaros, es un hecho muy habitual en la zona del antiguo Reino del Perú, por lo que también podría proceder de estos lugares. La peana es añadida, pero la pieza en sí puede clasificarse en el siglo XVIII. También el Hospital del Pozo Santo posee una naveta de este tipo, pero el núcleo formado por el caracol no está recubierto de plata calada, sino opaca, con la típica decoración de rosas carnosas que utiliza la platería sevillana de la primera mitad del siglo XVIII. No obstante aunque no sea una pieza americana si es una pieza exótica. Inicialmente dijimos que a través de Hispanoamérica, y concretamente a través de México llegaban a España durante los siglos XVII y XVIII principalmente, objetos que provenían de Oriente, embarcados en Manila. Estos objetos tenían un aprecio muy alto debido a las refinadas técnicas que se utilizaban en China y en Japón, y que en Europa no eran conocidas, tales como las porcelanas y las lacas. A estas últimas nos referiremos, pues en los conventos sevillanos se hallan algunas piezas de este origen. Las más suntuosas son un bargueño y una arqueta de laca japonesa que se encuentran en el convento del Espíritu Santo, piezas que fueron donadas por un virrey de México. La arqueta (fig.4), convertida en arqueta eucarística para el Jueves Santo, tiene forma rectangular con tapa curva, va enteramente lacada en negro y decorada con flores y pájaros propios del estilo japonés. En los bordes lleva incrustaciones de nácar de formas geométricas. En su paso por México debieron añadírsele las asas laterales y el cierre de plata, porque en ambas partes aparecen cabezas de indios con penachos de plumas. En el mismo México, sufrió otras adiciones, la primera, seguramente en el siglo XVII, consistente en un águila bicéfala de filigrana que contiene en su interior un Santo Rostro de Jaén, y que exacta a la ya mencionada del convento de La Encarnación. Más tarde, ya en España, en el siglo XIX, probablemente al convertirse en arca eucarística, se le añadieron los ángulos, las patas y una cruz en el remate, en el estilo propio de los neos de esta época. Una pieza muy semejante se halla en Artajona (Navarra), pero en este caso las adiciones de plata en patas, perfiles y cerradura son enteramente de filigrana, seguramente añadidas en ultramar. La otra pieza de la misma procedencia en un bargueño, cuyo interior tiene seis registros consistentes en cajones y puertas, cerrado todo por dos puertas mayores laterales. La decoración es también de plantas de tipo oriental en el frente de cajoncitos y puertas, con rosetas de seis pétalos que a veces son de plata incrustada. Las puertas que cierran llevan como único motivo unos esbeltos gallos en el interior, y unas escenas campestres con figuras en relieve en el exterior. La única alteración que ha sufrido la obra es la colocación de cerraduras en los cajones. Otra pieza de procedencia oriental es el bargueño del Monasterio de Santa María de Jesús con estructura en la que se mezclan lo europeo y lo oriental. La influencia europea, seguramente portuguesa, se ve en que la tapa, que abre hacia delante, en lugar de hacia los lados como el anterior, y además en el centro de los dieciséis registros que tiene lleva una puerta enmarcada por columnas decoradas con zigzag, y arco de medio punto. Este mismo modelo de puerta la hallamos en una pieza de colección particular, aunque de diseño más sencillo en su interior. Por lo demás la pieza es totalmente oriental como la anterior, mejor dicho japonesa. Toda la obra va lacada en negro con abigarrada decoración floral muy variada, que cubre el frente de los cajones y el interior de la tapa abatible, interviniendo en ella la incrustación de nácar y marfil. La tapa se decora con un gran pavo real. En el mismo convento existe una pequeña arqueta, con tapa curva, enteramente lacada, aunque sin incrustaciones y con decoración más sencilla que la de la pieza anterior. Las piezas pequeñas o medianas realizadas en carey solían venir de América durante los siglos XVII y XVIII, generalmente en forma de arquetas, que se adornaban con plata en el cierre, en las bisagras, y a veces en otros espacios como elemento decorativo. Más adelante el carey se importaba en forma de láminas, y aquí se realizaban las piezas, siendo muchas de ellas cruces de Nazareno, pero también grandes arquetas, generalmente de uso profano. La más antigua parece la del Monasterio de San Clemente, de regular tamaño, tapa curva, y grabados de círculos con flores en su interior, en el carey. Las patas, el asa,