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La "ordinatio" de inscripciones romanas sobre piedra: un testimonio inédito de Cacera de las Ranas (Aranjuez, Madrid)

Tantimonaco, Silvia

Abstract

En este artículo se publica por primera vez la inscripción de una pieza hallada en 1989 en Cacera de las Ranas, cerca de Aranjuez, que constituye un singular ejemplo de ordinatio antigua. También se presentan comparaciones con otros casos similares.

Full text

HABIS 44 (2013) 185-201 - © Universidad de sevilla - ISSN 0210-7694 185 LA ORDINATIO DE INSCRIPCIONES ROMANAS SOBRE PIEDRA: UN TESTIMONIO INÉDITO DE CACERA DE LAS RANAS (ARANJUEZ, MADRID)* Silvia Tantimonaco Centro CIL II-Universidad de Alcalá [email protected] THE ORDINATIO OF ROMAN INSCRIPTIONS ON STONE: UNPUBLISHED EVIDENCE FROM CACERA DE LAS RANAS (ARANJUEZ, MADRID) RESUMEN: En este artículo se publica por primera vez la inscripción de una pieza hallada en 1989 en Cacera de las Ranas, cerca de Aranjuez, que constituye un singular ejemplo de ordinatio antigua. También se presentan comparaciones con otros casos similares. PALABRAS CLAVES: epigrafía, ordinatio, España Romana, Cacera de las Ranas, Titulcia ABSTRACT: In this paper we are publishing for the first time the inscription of a piece, found in 1989 in Cacera de las Ranas, near Aranjuez, that constitutes an uncommon example of ancient ordinatio. We are also providing a comparison with other similar pieces. KEYWORDS: epigraphy, ordinatio, Roman Spain, Cacera de las Ranas, Titulcia RECIBIDO: 23.03.2013. ACEPTADO: 15.04.2013 En los almacenes del Museo Arqueológico Regional de Alcalá de Henares (Madrid) se guarda un fragmento inédito de placa de pequeño tamaño y aparentemente de escaso interés 1. Es efectivamente sólo al iluminarla con luz rasante * Este trabajo se ha realizado en el marco del proyecto de investigación FFI2012-39395-C02-01 y durante el disfrute de las Ayudas de Iniciación en la Actividad Investigadora, concedidas por la Universidad de Alcalá (a.a. 2012/2013). Un agradecimiento a la Dr. Helena Gimeno Pascual, Directora del Centro CIL II (Universidad de Alcalá), y a la Prof. Giovannella Cresci de la Universidad de Venecia por sus amables consejos y su lectura del texto. 1 Inv. nº FM 1989/2/207. Agradecemos a Antonio Dávila Serrano, conservador de dicho Museo, por habernos hecho reparar en esta pieza. 186 HABIS 44 (2013) 185-201 - © Universidad de sevilla - ISSN 0210-7694 SILVIA TANTIMONACO cuando la pieza revela la presencia de una inscripción funeraria en latín sobre una de sus caras. El contenido textual es muy sencillo, pero llama la atención y es digna de nota la factura de los caracteres paleográficos, que fueron esgrafiados con trazo muy leve y, lo que es más singular, perfilados mediante una línea doble. Creemos se pueda tratar de un testimonio insólito de ordinatio antigua, y deseamos por lo tanto difundir la noticia y proporcionar un estudio de lo que nos parece un descubrimiento muy afortunado. i. la inscripción: hallazGo, soporte, texto y procedencia La pieza que aquí damos a conocer fue hallada en junio de 1989 durante la tercera campaña de excavaciones llevadas a cabo en la necrópolis visigoda de Cacera de las Ranas, unos 8,5 km a las afueras de Aranjuez, en dirección Toledo 2, donde formaba parte de la estructura de la tumba de un niño 3. Se trata de un fragmento de placa de mármol blanco veteado en gris, rota por todas partes menos en el lado izquierdo, donde se conserva intacto el borde (fig. 1a). Las medidas son (18) x (14) x (1,5). El soporte es de calidad elevada, las dos caras fueron pulidas y se conservan en muy buen estado, con la única excepción de cuatro pequeñas magulladuras en la superficie anterior. Por la parte de detrás, la placa presenta cierta forma ondulada, lo que no es infrecuente en esta tipología monumental. En una primera impresión, salta a la vista la existencia de muchos arañazos superficiales, pero a ojo desnudo resulta casi imposible darse cuenta de que, en el recto, algunos de ellos son huellas de escritura, hecho que llevó al editor de las excavaciones a clasificar brevemente la pieza como “una inscripción ilegible” 4. Sin embargo, con la ayuda de luz rasante, se consiguen distinguir tres renglones de texto, el cual presenta inclinación ascendente del ductus y una grafía descuidada de las letras (cuya altura es de 3-3,5 cm aproximadamente). Además cabe señalar la presencia, en el lado izquierdo, de una raya vertical, trazada a medio centímetro de distancia del margen conservado de la piedra y paralelamente a éste, y distante entre 1 y 1,5 cm del comienzo de la inscripción. El diseño tanto de las letras como de la línea lateral llama especialmente la atención, pues los perfiles están delineados con trazo doble, para marcar el espesor (detalles en figg. 1b, d y e). Que debió de tratarse de una placa funeraria –quizá perteneciente a un columbarium, en virtud de su tamaño pequeño, que habría alcanzado los 30-35 cm de ancho más o menos– nos lo indica lo que queda del texto, cuya lectura, sin embargo, se vuelve compleja por el estado fragmentario del soporte y por el trazo 2 F. Ardanaz Arranz, La necrópolis visigoda de Cacera de las Ranas (Aranjuez, Madrid) (Madrid 2000) 10 y 15. 3 Ibid. 159, nº 99. 4 Eod. loc. HABIS 44 (2013) 185-201 - © Universidad de sevilla - ISSN 0210-7694 187 LA ORDINATIO DE INSCRIPCIONES ROMANAS SOBRE PIEDRA... muy malo y muy liviano de las letras. A complicar el desciframiento del texto contribuye también la existencia, como dijimos, de una gran cantidad de signos casuales sobre la superficie inscrita, que se mezclan con los verdaderos trazos del texto, originando confusión. Nos encontramos pues ante una inscripción que, según sea manejada y expuesta a luz rasante, despista con múltiples lecturas posibles y consiguientes integraciones. La restitución más plausible del texto parece ser la siguiente: - - - - - - l+us u[xori pi]- entis[simae de] su[o f(aciendum) c(urauit)]. En la l. 1 la crux puede ser E o L, ya que hay un arañazo que puede confundirse con un trazo horizontal. De todas maneras, se trata evidentemente de la parte final del cognomen de un individuo masculino, en caso nominativo, -leus o -llus, que podría integrarse bien con un antropónimo de ascendencia griega del tipo Achilleus o Basileus (entre los más atestiguados en todo el amplio territorio imperial), bien con un cognomen indígena del tipo Cileus, que resulta bien documentado en la contigua provincia de Lusitania 5, o con un nombre con terminación en -llus, del tipo: Gallus, Homullus, Marcellus y semejantes. Sin embargo, en las ll. 2/3, hemos optado por la restitución “de suo f(aciendum) c(urauit)”, porque, según nuestros cálculos reconstructivos, esta fórmula, con la primera parte escrita por extenso y la segunda abreviada, cabría perfectamente en la superficie disponible, teniendo en cuenta que la impaginación del epitafio parece buscar un efecto estético a través de la disposición centrada de la última frase. Además, esta manera de abreviar la fórmula de suo faciendum curauit resulta bastante bien atestiguada en toda la Citerior 6 y también en algunas localidades de Lusitania situadas en las cercanías del lugar de hallazgo de nuestra pieza, como por ejemplo en Caesarobriga y en Norba 7. Llama la atención la extraña presencia de un signo de tamaño inferior a las otras letras, colocado bajo la primera letra de la primera línea, en correspondencia con una de las magulladuras. Su existencia no parece casual pues su perfil es también doble, pero su forma no es clara (detalle en fig. 1c). La total incertidumbre acerca de este signo, que podría corresponder a una L (¿quizás un numeral?), nos ha llevado a excluirlo de la edición del texto, sin por eso dejar de omitir, en este lugar, su mención. La hipótesis de que se tratara verdaderamente de un numeral y, en consecuencia, de la indicación biométrica de la difunta, incluso 5 Cfr. AA.VV., Atlas antroponímico de la Lusitania romana (Santander 2003) 142-143. 6 Cfr. e.g.: CIL II 2478 (Aquae Flaviae); 2861 (Lara de los Infantes); 3224 (Oretum). 7 Cfr. e.g.: CIL II 917; 5320 (de suo p(osuit)); 5321; 5327 (Caesarobriga); R. Hurtado San Antonio, Corpus Provincial de Inscripciones Latinas de Cáceres (Cáceres 1977) nº 55 y 459 (Norba). 188 HABIS 44 (2013) 185-201 - © Universidad de sevilla - ISSN 0210-7694 SILVIA TANTIMONACO siendo conjeturable por la posibilidad de integrar la V fragmentaria de la primera línea como inicial de un uixit annis, hemos preferido descartarla por poco probable, ya que ni en las inscripciones de Titulcia ni en las de Complutum o Mantua –los tres oppida romanos del área– dicha fórmula está atestiguada, prefiriéndose en todos los casos conocidos la tipología annorum 8. La conclusión de que la V conservada pudiera ser el comienzo de la palabra uxori más bien que de vixit nos llevó, pues, a preferir en la segunda línea ENTIS (de [pi]entis[simae]) a ENTES (de [par]entes), como sin embargo también cabía leer, siempre teniendo en cuenta las dificultades de desciframiento que plantea el epígrafe. En resumen, nos parece que la estructura completa de nuestro epitafio podría haber sido del tipo, desde luego muy común, que comprende: adprecatio a los Dioses Manes; nombre de la difunta en caso genitivo o, preferiblemente, dativo; nombre del dedicante (en este caso el marido de la difunta) en caso nominativo; dedicación en caso dativo a la uxor, calificada como pientissima; y asunción de los gastos del monumento funerario a través de la típica expresión de suo faciendum curauit. En virtud del formulario y de la paleografía, el epígrafe debe adscribirse a la época romana, aunque la datación de la necrópolis de hallazgo se sitúe a finales del siglo V 9. En particular, la inscripción parece fechable a partir de mediados del siglo II d.C., sobre todo por la forma de la N en la segunda línea, que recuerda la escritura libraria (detalle en fig. 1d), por la presencia de remates y, en general, por el módulo alargado, más que cuadrado, de las letras. El reempleo de piedras romanas inscritas es, de hecho, un fenómeno atestiguado en otras necrópolis hispanovisigodas (Segóbriga y Vega del Mar, por ejemplo) 10 y además en el mismo cementerio de Cacera de las Ranas, de donde procede otra lápida, fechada, también por el tipo de letra y el formulario, a principios del siglo IV 11. Existe, pues, una gran probabilidad de que ambas inscripciones reaprovechadas en la necrópolis hayan procedido del entorno municipal de la cercana Titulcia (mapa en fig. 2). Este antiguo asentamiento romano, cuyo emplazamiento ha sido objeto de debate 12, hasta ahora ha ofrecido una considerable cantidad de materiales 8 Datos obtenidos de la base telemática del Centro CIL II: http://www2.uah.es/imagines_cilii/#. Únicamente hay que exceptuar: una inscripción procedente de Valtierra (Arganda del Rey), que lleva la fórmula [q]uae uixit an(nis) XXII men(sibus) X (M. Ruiz Trapero, Inscripciones Latinas de la Comunidad Autónoma de Madrid [Madrid 2001] nº 110) y otra de Aranjuez, en la que se ha podido integrar qui uixit annis (ibid., nº 57). 9 F. Ardanaz Arranz, La necrópolis visigoda..., 10. 10 Ibid. 284. Véanse: M. Almagro Basch, La necrópolis hispano-visigoda de Segobriga, Saelices (Cuenca) (Madrid 1975) nº 189 (91), 203 (95), 204 (95-96) y J. Pérez de Barradas, Excavaciones en la necrópolis visigoda de Vega del Mar (San Pedro Alcántara, Málaga). Memoria (Madrid 1934) nº 19 (20-21), 83 (29-30), 113 (33). 11 Ibid. 282-284; HEp 10, 2000, 372. 12 En lo que concierne a la ubicación de Titulcia, hallamos noticias en Ptolomeo, que la sitúa en Carpetania (Geog. 2.6.56), y en el tardoantiguo Itinerarium Antonini, que la da por existente en la encrucijada de la las dos vías que recorrían Hispania, respectivamente, de Suroeste hacia Noreste (Augusta HABIS 44 (2013) 185-201 - © Universidad de sevilla - ISSN 0210-7694 189 LA ORDINATIO DE INSCRIPCIONES ROMANAS SOBRE PIEDRA... de época prerromana, pero un escaso número de inscripciones latinas 13, algunas de las cuales en estado fragmentario, y en su mayoría funerarias 14. A este limitado corpus epigráfico se deberá entonces añadir nuestra pieza, otro titulus funerario y muy sencillo, pero sin duda original bajo el aspecto de las características formales. ii. la inscripción de cacera de las ranas como testimonio de ordinaTio antiGUa Al proceso material de realización de las inscripciones antiguas se han dedicado numerosos párrafos y capítulos de manuales de epigrafía latina así como algunos trabajos de carácter más específico 15. Fue a partir de los estudios del Emerita-Caesraugusta) y de Sureste hacia Noroeste (desde Laminium hacia Asturica Augusta). Ya a partir del siglo XVI, los historiadores identificaron la ciudad antigua con la Titulcia actual, que llevó el nombre de Bayona de Tajuña hasta que, en 1814, Fernando VII le restituyó el topónimo antiguo, que supuestamente le pertenecía, con motivo del hallazgo in situ de algunos restos antiguos. La posterior aparición, en la misma Bayona/Titulcia, de los sillares de un arco monumental, quizá dedicado a los Flavios, junto con hallazgos continuos de materiales producidos desde la Edad del Bronce hasta la Edad Media en la colina en que se asienta la ciudad, constituyen un indicio elocuente de que aquél debió ser lugar de relieve y no una simple mansio; además la mención de la Quirina tribus en la inscripción del arco monumental permite pensar que, bajo los Flavios, Titulcia obtuvo el estatuto municipal. (A. U. Stylow, “Ein Kaiserbogen in Titulcia?”, Chiron 24 [2004] 224-240). Por otro lado, la ubicación efectiva del municipio antiguo ha sido puesta en duda, desde comienzos del siglo XX, con motivo del cálculo incorrecto de las distancias entre la misma Titulcia y las ciudades vecinas, registradas en los itinerarios antiguos. A este respecto, véanse recientemente: F. J. De Agueda Martín, “La ubicación geográfica de la «Titulcia» romana: la visión de un ingeniero de caminos”, en M. Criado De Val (coord.), Caminería hispánica: Actas del VI Congreso Internacional Italia-España. Tomo I (Madrid 2002) 1-10 y J. Rodríguez Morales, “Diez argumentos para ubicar Titulcia en Móstoles”, Anales del Instituto de Estudios Históricos del Sur de Madrid Jiménez de Gregorio 3 (2003) 51-81, que proponen identificar la antigua Titulcia respectivamente con los municipios de Carranque y Móstoles. Sin embargo, este debate ya se puede considerar prácticamente cerrado, tras la general aceptación de la ubicación de Titulcia en Bayona, sobre todo por la presencia, en el mismo sitio, de un hábitat indígena de considerable entidad y, por contra, por la ausencia de sólidas pruebas en apoyo a las otras propuestas de emplazamiento. Véanse al respecto los artículos de: J. Polo López, Ma. C. Valenciano Prieto, “Recientes dataciones sobre el oppidum indígena de Titulcia”, en IX Jornadas de Patrimonio Arqueológico en la Comunidad de Madrid (Madrid, 14-15 nov. 2012) (e.p.) y J. Polo López, I. Rus Pérez, Ma. C. Valenciano Prieto, “El poblamiento en el oppidum de Titulcia (Madrid)”, presentado hace poco en el I Simposio sobre Carpetanos: Arqueología e História de un pueblo de la Edad del Hierro, Alcalá de Henares, 12 a 14 de marzo de 2013. Sobre los espectaculares hallazgos de las excavaciones recientes, véase en particular: J. Blánquez Pérez, J. Polo López, I. Rus Pérez, Ma. C. Valenciano Prieto, “Phiale de plata del oppidum de Titulcia” (e.p.). 13 La escasez de material epigráfico adscribible a Titulcia ha sido subrayada en A. U. Stylow, “Ein Kaiserbogen...”, 233-234. 14 Con respecto a Titulcia, disponemos en total de 28 testimonios epigráficos, 18 de los cuales de naturaleza funeraria. En una noticia de Fita (F. Fita, “Noticias”, BRAH 26 [1895] 286), se señala el hallazgo de 4 inscripciones en Parla, sin proporcionar ulteriores datos específicos, con lo cual éstas se han excluido de la cuenta del corpus de Titulcia. Una actualización del patrimonio epigráfico perteneciente a Titulcia es consultable a través del enlace del Centro CIL II: http://www2.uah.es/imagines_cilii/Inscripciones_CAM/catalogotitulcia.htm 15 Cfr. e.g.: G. Susini, Il lapicida romano. Introduzione all’epigrafia latina. Edizione anastatica (Roma 1968); I. Di Stefano Manzella, Mestiere di epigrafista. Guida alla schedatura del materiale epigrafico lapideo (Roma 1987) 56-57 y 126-134; L. Keppie, Understanding Roman Inscriptions 190 HABIS 44 (2013) 185-201 - © Universidad de sevilla - ISSN 0210-7694 SILVIA TANTIMONACO paleógrafo francés Jean Mallon 16 cuando se identificaron tres fases distintas en la génesis de las piedras inscritas romanas: redactio, la redacción en una minuta preparatoria (en latín, forma) del texto de la futura inscripción; ordinatio, la transposición provisional del texto de la minuta a la piedra, mediante esgrafiado, pintura, yeso o carboncillo, destinada a guiar el grabado sucesivo (ordinare o scribere); y la incisión real y verdadera de los caracteres, operada mediante scalprum y malleus (scalpere/sculpere) 17. La supervivencia de ejemplares capaces de atestiguar concretamente dichas etapas de trabajo y a la vez de ofrecernos pistas útiles para la reconstrucción de las técnicas empleadas por los talleres romanos es todavía muy escasa. Nos referimos al hallazgo, por un lado, de minutas originales y, por el otro, de inscripciones inacabadas –como la nuestra–, cuya gran importancia fue subrayada hace tiempo por Susini en su manual, ya devenido canónico 18. (London-Batsford 1991) 12-16; R. Grasby, “A comparative Study of five Latin Inscriptions: Measurement and Making”, PBSR 64 (1996) 95-138; A. Buonopane, Manuale di epigrafia latina (Roma 2009) 59-71; R. Grasby, “Latin Inscriptions: Studies in Measurement and Making”, PBSR 70 (2002) 151-176. En castellano: A. Alvar Ezquerra, “La ordinatio en la epigrafía latina”, en M. Fernández-Galiano (ed.), Auguralia. Estudios de lengua y literatura griega y latina (Madrid 1984) 7-16 y J. Andreu Pintado, “El proceso material de la inscripción latina”, en J. Andreu Pintado (coord.), Fundamentos de epigrafía latina (Madrid 2009) 121-142. También útil al respecto es el artículo de Di Stefano Manzella sobre algunos testimonios de probationes scalpri antiguas: I. Di Stefano Manzella, “Esercitazioni scrittorie di antichi marmorari”, Epigraphica 43 (1981) 39-44; otros ejemplos de ejercitaciones escriptorias se encuentran en: A. Buonopane, “Un’officina epigrafica e una «minuta» nel laboratorio di un marmorarius a Ostia?”, en A. Donati, G. Poma (a cura di), L’officina epigrafica romana. In ricordo di Giancarlo Susini (Faenza 2012) 201-206. Mención aparte merece el debate sobre CIL II2 5, 930: la presencia de numerales esgrafiados en el fin de cada renglón de la inscripción fue interpretada por Luzón (J. M. Luzón, “El Municipio Flavio Oningitano y la génesis de un epígrafe”, AEA 41 [1968] 150-155) como indicio de la génesis de la misma, pues las cifras hubieran correspondido al número de letras que iban a ser grabadas en cada línea, incluso las que acabarían abreviándose. Sin embargo, tras la relectura de los grafitos y el recálculo de las letras del epígrafe, Mallon (J. Mallon, “Inscription de «Las Angulas»”, BSAF [1970] 69-73) rechazó dicha teoría, concluyendo que los numerales reflejaban precisamente el número de letras grabadas, pero sin proporcionar una hipótesis para explicar su presencia (durante el debate, sin embargo, M. Bautier propuso que se tratase de una cuenta con el fin de establezer el precio de la inscripción acabada, en base al número de letras que habían sido grabadas, cf. ibid. 72). Agradecemos al Prof. Salvador Ordóñez Agulla, de la Universidad de Sevilla, habernos aconsejado mencionar este epígrafe (una referencia al debate sobre ella se encuentra también en A. Alvar Ezquerra, “La ordinatio...”, 11-12). 16 Véanse en particular : J. Mallon, “Pour une nouvelle critique des chiffres dans les inscriptions latines gravées sur pierre”, Emerita 16 (1948) 14-45; Id., Paléographie romaine (Madrid 1952); Id., “Une inscription latine incomplètement gravée”, Libyca 3 (1955) 155-162; Id., “L’ordinatio des inscriptions”, CRAI. 99e Année nº 1 (1955) 126-137; Id., “Scriptoria épigraphiques”, Scriptorium 11 (1957) 177-194. Cfr. G. Susini, Il lapicida romano…, 8-9; R. Grasby, “A comparative Study…”, 123. 17 Para una reseña detallada de los utensilios de trabajo de los talleres romanos, véanse e.g.: I. Di Stefano Manzella, Mestiere di epigrafista..., 54-56; R. Cebrián Fernández, Titulum fecit. La producción epigráfica romana en las tierra valencianas (Madrid 2000) 29-31; A. Buonopane, Manuale…, 59-63. 18 G. Susini, Il lapicida romano…, 42-43: “È certo che un monumento lasciato incompiuto, magari ancora entro un’officina […] consente di cogliere aspetti insospettati della sua genesi, e di avere conferma di altri sinora appena intuiti. […] I testi «incompiuti» […] attizzano straordinariamente l’interesse, poiché si spera fondatamente di cogliere qualcosa di «provvisorio», di «intermedio», che ci faccia capire l’effettivo svolgersi del lavoro entro l’officina, tra le quattro o otto mura della bottega”. HABIS 44 (2013) 185-201 - © Universidad de sevilla - ISSN 0210-7694 191 LA ORDINATIO DE INSCRIPCIONES ROMANAS SOBRE PIEDRA... El problema fundamental para la conservación de las minutas antiguas está evidentemente representado por la naturaleza de los medios con los cuales se solían redactar estos “borradores”, es decir sobre materiales perecederos (como pergamino, papiro, tabletas de cera) o frágiles (como arcilla) o bien con técnicas escriptorias fácilmente eliminables 19. Por estos motivos, Mallon llegó a afirmar que ningún ejemplar de minuta antigua había sobrevivido hasta hoy 20; sin embargo, en años más recientes, los conocimientos del ilustre varón pudieron ser revisados, tras la afortunada identificación de algunos casos seguros de minutas antiguas, anotadas sobre soportes duraderos 21. Nos parece, de todas maneras, que la inscripción de Cacera de las Ranas no se deja interpretar como ejemplo de minuta, a pesar de su carácter provisional y su mala calidad. Efectivamente, fue redactada sobre mármol, material de valor, y los signos fueron diseñados en letra capital 22, buscando cierto efecto estético, como sugieren los remates ornamentales, situados en las extremidades de varias letras, y la ya mencionada forma de la N, tendente a la libraria (detalles en figg. 1b, d y e) 23. Pero creemos que es sobre todo el perfil doble de los caracteres –que 19 J. Mallon, “Une inscription latine…”, 160; G. Susini, Il lapicida romano…, 9; S. Priuli, “Una lapide sepolcrale di Roma con iscrizione incisa nel recto e minuta dello stesso testo graffita nel verso”, Epigraphica 46 (1984) 56. 20 J. Mallon, “Une inscription latine...”, 160. 21 De Porolissum, en la antigua Dacia, procede un ladrillo con inscripción en letras rudimentarias, de la cual se conserva la correspondiente copia en limpio, realizada sobre piedra; los caracteres paleográficos de esta última son de calidad superior y es interesante notar la presencia de evidentes incomprensiones en la reproducción de algunas de las abreviaturas copiadas del borrador en ladrillo (I. Russu, “Une épitaphe romaine en deux exemplaires”, en Akten des VI. Internationalen Kongresses für Griechische und Lateinische Epigraphik, München 1972 [München1973] 486-487). Sobre la superficie de un monumento funerario procedente de Roma se encuentra el nombre del dedicatario, anotado apresuradamente en la parte destinada a ser enterrada (I. Di Stefano Manzella, “L’appunto inedito di un marmorarius graffito nella stele CIL VI, 8795 dei Musei Vaticani”, RPAA 50 [1977/78] 129-134). De Roma procede también una placa opistógrafa, que lleva en el verso el mismo texto que en el recto, pero escrito con letras cursivas y trazo muy leve y apresurado; la minuta fue redactada al revés sobre la cara posterior, de forma que se pudiese dar la vuelta a la placa y copiar más cómodamente el texto (S. Priuli, “Una lapide sepolcrale...”, 49-63). Finalmente, quizá represente otro ejemplo de minuta antigua una placa atestiguada en una oficina ostiense y conocida por tradición manuscrita, en la cual algunas letras estaban apuntadas con carboncillo rojo (A. Buonopane, “Un’officina epigrafica...”, 201-206). 22 Mallon asume que la minuta se solía redactar en escritura cursiva y hace hincapié precisamente en la escasa claridad de los caracteres paleográficos, dando origen a fallos textuales que de vez en cuando se encuentran en los epígrafes ya terminados (se trata de las “pierres fautives” – cfr. J. Mallon, “Pierres fautives”, Libyca 2 [1954] 187-199). Según esta teoría, dichos fallos deberían atribuirse a la labor del ordinator (J. Mallon, “Une inscription latine...” 160; Id., “L’ordinatio...”, 128-129 e Id., “Le problème des fautes dans les inscriptions”, BSAF (1974) 139-144). Ya Susini dudó de que las minutas estuviesen en todos los casos redactadas en escritura minúscula (G. Susini, Il lapicida romano... 61) y Panciera se opone con más vigor, afirmando que las minutas ya hubieran podido redactarse en letras capitales de tipo epigráfico (S. Panciera, “Dalla minuta all’incisione. Una nuova iscrizione metrica dall’Agro Pontino”, in S. Panciera, Epigrafi, Epigrafia, Epigrafisti. Scritti vari editi e inediti [1956-2005] con note complementari e indici. [Roma 2006] 1809-1815). 23 Con respecto al asunto de la decisión previa, en la minuta, de detalles tales como la disposición estética del texto, los signos de interpunción, remates, abreviaturas etc., cfr. G. Susini, Il lapicida romano..., 63-66. 192 HABIS 44 (2013) 185-201 - © Universidad de sevilla - ISSN 0210-7694 SILVIA TANTIMONACO supuestamente tenía la función de marcar el grosor del futuro grabado triangular–, el que nos proporciona una prueba evidente de que la inscripción de Cacera de las Ranas representa un testimonio de ordinatio esgrafiada, más que de minuta. El proceso de ordinatio era tarea del ordinator, también llamado quadratarius y a veces scriptor 24. Es sin alguna duda aceptable la convicción de Grasby de que en el caso de las inscripciones oficiales siempre hubo una ordinatio escrupulosa y metódica 25. Sin embargo, ya Susini revisó el convencimiento de Mallon, según el cual la totalidad de los textos inscritos había sido sometida a ordinatio, limitando la casuística al 90 por ciento de las inscripciones 26. Todavía antes que él, Ferrua se había opuesto de forma más radical a Mallon, afirmando que la ordinatio debía de haberse realizado sólo en casos minoritarios y excepcionales 27. Susini, rechazando esta hipótesis por drástica 28, tuvo también razón, nos parece, en suponer que por lo menos las líneas de pautado fueron trazadas en casi la totalidad de los soportes destinados a la incisión y que, donde ésas no se conservan, habían sido diseñadas mediante pintura, yeso o carboncillo, desapareciendo con el paso del tiempo 29. Por otro lado, el ilustre epigrafista italiano distinguió la fase de delineación de las líneas de pautado, de la fase de transcripción provisional del texto, atribuyendo la primera a un momento genérico de “preparazione officinale” del monumento (comprendiendo también la realización de las decoraciones y la preparación del espejo epigráfico), y la segunda a una etapa específica y posterior, para la cual reservó la definición sensu stricto de ordinatio 30. En el caso de Cacera de las Ranas, la inclinación ascendente del texto podría constituir una prueba de que las líneas de pautado, de las que efectivamente no quedan huellas, no fueron trazadas, o mejor dicho sí que lo fueron, pero, en este caso, torcidas, condicionando el pésimo resultado de la ordinatio. De hecho, 24 Persiste incertidumbre acerca de la denominación de los diferentes trabajadores de la piedra en la Antigüedad romana. Sobre este asunto cfr., entre otros: G. Susini, Il lapicida romano..., 23-24; I. Di Stefano Manzella, Mestiere di epigrafista…, 51-54; A. Buonopane, “Un caso di ordinatio graffita in una iscrizione funeraria atestina”, Epigraphica 50 (1988) 230, nª 17; L. Keppie, Understanding Roman Inscriptions…, 12-16; R. Cebrián Fernández, Titulum fecit…, 17-23; C. Zaccaria, “Scriptor. Lo scrittore che non deve scrivere”, en M. G. Angeli Bertinelli, A. Donati (a cura di), Usi e abusi epigrafici. Atti del Colloquio Internazionale di Epigrafia Latina (Genova 20-22 Settembre 2001) (Roma 2003) 246-248; A. Buonopane, “Un’officina epigrafica…”, 203. Sobre el empleo ocasional del nombre scriptor en el sentido de ordinator, cfr. G. Susini, ibid. 48 y, especialmente, Zaccaria, ibid. 248. 25 “Regulated production”: R. Grasby, “Latin Inscriptions…”, 173. La descripción detallada de las fases de realización de una inscripción romana oficial se encuentra en ibid. 171-173. Cfr. también Id., “A comparative Study …”, 95-138. 26 G. Susini, Il lapicida romano…, 45. 27 A. Ferrua, “Gordon (Joyce S. and Arthur E.). Contributions to the Paleography of Latin Inscriptions”, RBPh 37/3 (1959) 775-777. 28 G. Susini, Il lapicida romano…, 46. 29 Eod. loc.; S. Priuli, “Una lapide sepolcrale…”, 55-56. 30 G. Susini, Il lapicida romano…, 53. Está de acuerdo con esta teoría Buonopane (cfr. A. Buonopane, “Un caso di ordinatio graffita…”, 230). HABIS 44 (2013) 185-201 - © Universidad de sevilla - ISSN 0210-7694 193 LA ORDINATIO DE INSCRIPCIONES ROMANAS SOBRE PIEDRA... la raya vertical del margen, por su precisión, parece atestiguar el empleo de una regla, y por lo tanto debería quizá referirse, por decirlo con Susini, a la fase previa de preparazione officinale. Está claro, de todas formas, que nuestro ordinator no debía de brillar por su talento o experiencia. El trazo inseguro, discontinuo y desordenado de los caracteres revelaría una cierta incapacidad en la utilización desenvuelta de los útiles de taller y, concretamente, en el enfrentarse con la rigidez derivada del material del soporte y del tipo de instrumento escriptorio empleado 31. Como en el caso de las minutas, desgraciadamente sobreviven muy pocas inscripciones que presentan indicios tan evidentes de ordinatio. Disponemos sin embargo de algunas, y éstas constituyen un término de comparación muy importante para el análisis de la pieza de Cacera de las Ranas. En particular, nos parece que el caso más cercano al nuestro, aunque de calidad muy superior, y el más útil para su correcta interpretación, está representado por una inscripción funeraria procedente de Ateste (Este, Italia), estudiada en detalle por Alfredo Buonopane en 1988 32. Se trata de una estela de la primera mitad del siglo I d.C., que conserva restos muy claros no sólo de las líneas de pautado sino también de la ordinatio de las letras (fig. 3a). Éstas, como en la inscripción de Cacera de las Ranas, fueron dibujadas mediante instrumento puntiagudo y con trazo doble (detalle en fig. 3b). La conservación tan evidente de la ordinatio sobre esta piedra se debe a la modificación del texto durante la elaboración del mismo, efectuándose correcciones de gran relevancia. Sin embargo, parece verosímil la hipótesis de Buonopane, de que dichas correcciones estaban antiguamente disimuladas por medio de estuco 33, como sin duda ocurrió por la S final del primer renglón, que habiendo sido grabada antes de la modificación del epitafio y posteriormente cincelada, no se habría podido esconder de alguna otra manera sino con el recurso al estuco 34. Así la estela conserva también huellas evidentes del empleo de moldes, escuadras y compases para el diseño de los caracteres paleográficos 35, lo que sin embargo falló en el caso de nuestra pieza arancetana, con un resultado extremadamente diferente para la calidad y la belleza de la escritura. Además, en la letra de Ateste, se observa que se han empleado diferentes grosores, obtenidos gracias a distancias variables entre la doble línea paralela del perfil, con el fin de conseguir un efecto de claroscuro 36. La misma técnica se reconoce en nuestro ejemplar, particularmente en el caso de las S (detalle en fig. 1e). También cabe señalar la 31 Cfr. S. Priuli, “Una lapide sepolcrale…”, 52. 32 A. Buonopane, “Un caso di ordinatio graffita…”, 226-234. Agradecemos al Prof. Buonopane que nos haya enviado una foto de la estela. 33 Ibid. 234. 34 Ibid. 230-231. 35 Ibid. 233. 36 Eod. loc. 200 HABIS 44 (2013) 185-201 - © Universidad de sevilla - ISSN 0210-7694 SILVIA TANTIMONACO Figura 3a. Estela funeraria de Ateste. Figura 3b. Detalle del texto (foto de A. Buonopane) Figura 4a. Inscripción inacabada de Tarraco (CIL II2 14, 1650). Figuras 4 b y c. Detalles de las letras grabadas (D.A.I. Madrid, neg. nº R-159-70-8, foto de P. Witte) HABIS 44 (2013) 185-201 - © Universidad de sevilla - ISSN 0210-7694 201 LA ORDINATIO DE INSCRIPCIONES ROMANAS SOBRE PIEDRA... Figura 5. Detalle de la inscripción de Segobriga con texto grabado y pintado (foto de J. M. Abascal Palazón) Figura 6. Detalle de las letras pintadas con trazo doble en el altar de Gemellae (J. Mallon, Une inscription latine..., 157)