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PRAGMÁTICA Y RELACIÓN INTRATEXTUAL: El caso de hasta, incluso y ni siquiera CATALINA FUENTES RODRÍGUEZ (Universidad de Sevilla) 0. Montones de páginas se han llenado intentando poner orden en la cuestión del adverbio para siempre terminar con la idea de que en dicha categoría se agrupan multitud de elementos de comportamiento muy distinto. En consecuencia, actualmente en la bibliografía al uso, se estudian algunos de ellos por separado y no se concede excesiva importancia a su encasillamiento. De toda esta preocupación y del interés por sugerir «otro» análisis ha surgido el presente estudio. Pensamos que podría hacerse una aproximación al comportamiento funcional de estos elementos, y queremos, al mismo tiempo, dar cuenta de algunos intentos hechos en otros ¡domas. Partimos de la observación de S. Greenbaum (1970) que los divide en «adjuncts, conjuncts and disjuncts» y establece una serie de pruebas para distinguir su valor. Nuestra traducción será adjuntos, enlaces conjuntivos y disjuntos. Elegimos el nombre de enlaces conjuntivos porque creemos que se adapta mejor a su comportamiento textual. Nos vamos a quedar en el análisis de los primeros, ejemplificándolo en dos términos españoles que tienen un uso muy peculiar. Al mismo tiempo intentamos aplicarles un análisis que muchos autores de la lingüística angloamericana han empleado y que Bosque (1980) recoge: situarnos en un punto de vista pragmático, utilizando un análisis presuposicional. Quede, pues, como una puesta a punto de nuevas metodologías sobre el adverbio que, quizás, se ajusten mejor a su valor lingüístico. 1. Greenbaum estableció un test a base de 10 criterios, que podríamos traducir de la siguiente manera: 1. Inaceptable en posición inicial de cláusula. 2. Inaceptable en posición inicial si la cláusula es negativa. 3. Inaceptable en posición inicial si está en una unidad tonal independiente. 159
4. Puede ser foco de una interrogación. Para ello podrá ser el elemento enfatizado en una interrogación alternativa. 5. Puede ser foco de una negación. Para ello también podrá contrastarse en una negación alternativa. 6. Puede ser rematizado por only. 7. Puede servir de foco en una «cleft-sentence». 8. Puede servir como respuesta a una transformación interrogativa de la oración, introducida por un adverbio interrogativo. 9. Puede ser afectado por How en una interrogación o exclamación (por un adverbio exclamativo o interrogativo). 10. Puede ser el foco de una expresión comparativa: más...que (Greenbaum, 1970: 18-23). Según él, los elementos que cumplen los 3 primeros criterios, o bien el 4 o bien el 5 son «adjuntos». Los que no cumplen ninguno de los 5 pueden ser «enlaces conjuntivos» o «disjuntos» (Rojas Nieto, 1982: 34-35): «disjuncts can serve as a response to a yes-no question, though sometimes they require to be accompanied by yes or no; conjuncts cannot serve as a response to a yes-no question even if accompanied by yes or no» (Greenbaum, 1970: 25). Y, aparte, los disjuntos indican una evaluación de lo que se dice, con respecto a la forma de la comunicación o a su contenido, mientras que los enlaces conjuntivos indican una conexión con lo que ha venido antes. Ilustremos esto con ejemplos: /1a/: «Jesús trabaja bien» /2a/: «Afortunadamente, está equivocado» /3a/: "Sin embargo, vendrá» Apliquemos el test: 1. Ninguno de ellos lo cumple, ya que el elemento 1 podemos tenerlo así: /1b/: «Bien trabaja Jesús» 2. Los tres pueden ir en oraciones negativas: /1c/: «Jesús no trabaja bien» /2b/: «Afortunadamente, no está equivocado» /3b/: «Sin embargo, no vendrá» 3. El elemento bien sí cumple la prueba, ya que no puede ir en posición tonal independiente: */1d/: «Bien, Jesús trabaja», ya que se genera un valor distinto. Bien pasaría a ser una muletilla, un adverbio de asentimiento en todo caso, pero no un incidente en el verbo que sigue. Los otros dos elementos sí están aislados entonativamente del resto de la oración, como puede verse en los ejemplos anteriores. 4. De nuevo bien puede cumplirla, ya que puede ser foco en una interrogación: /1e/: «Jesús trabaja bien o mal?» Pero no los otros dos: */2c/: «¿Está equivocado afortunadamente o desgraciadamente?» 73c/: «¿Vendrá sin embargo o además?» ' 5. En este ocurre igual. El ejemplo 1 sí lo cumple: /1f/: «Jesús no trabaja bien sino mal» Pero no los demás: 160
*/2d/: «No está equivocado afortunadamente sino desgraciadamente» */3d/: «No vendrá sin embargo sino además» 6. Esta prueba no parece funcionar en español: 71 g/: «Sólo bien trabaja Jesús» */2e/: «Sólo afortunadamente está equivocado» 73e/: «Sólo s/n embargo vendrá» 7. El número 1 podría cumplirla: /1h/: «6/en es como trabaja Jesús» Pero no los otros: 72f/: «Afortunadamente es como está equivocado» 73f/: «S/n embargo es como vendrá» 8. En esta otra ocurre igual. Bien puede satisfacer la prueba, puesto que es un elemento que tiene contenido designativo completo: /1i/: «¿Cómo trabaja Jesús? Bien» Pero no así los otros dos: 72g/: «¿Cómo está equivocado? Afortunadamente» 73g/: «¿Cómo vendrá? Sin embargo» 9. De nuevo el número 1 puede cumplirlo, frente a los otros dos casos: /1j/: «¡Qué bien trabaja Jesús!» 72h/: «\Qué afortunadamente está equivocado!» 73h/: «¡Qué sin embargo vendrá!» 10. Esta prueba arroja el mismo resultado: /1k/: «Jesús trabaja más bien (mejor) que Juan» 72i/: «Está equivocado más afortunadamente que tú» 73i/: «Vendrá más sin embargo que tú» Por lo tanto, los perfiles serían los siguientes: bien afortunadamente sin embargo 1. — 2. — 3. + 4. + 5. + 6. — 7. + 8. + 9. + 10. + Bien sería, pues, adjunto. Afortunadamente, un disjunto, ya que indica una evaluación sobre lo que dice. Y puede ser respuesta con sí y no: /2j/: «¿Está equivocado? Afortunadamente, sí». Esto lo rechazan Allerton y Cruttenden porque no se cumple en todos (Allerton-Cruttenden, 1974). Pero no sin embargo: 73j/: «¿Vendrá? Sin embargo, Sí» 161
Además, este elemento indica una oposición con respecto al enunciado anterior, que podría ser: /3k/: «No lo he invitado. Sin embargo, vendrá» Es un enlace conjuntivo, pues. Como podemos ver, se distinguen de esta manera aquellos adverbios que van modificando a un constituyente de la oración, y que tienen valor léxico completo (^adjuntos), de aquellos otros, llamados también adverbios o atributos oracionales, que se sitúan al margen de la oración (=disjuntos y enlaces conjuntivos). (Cfr. Alarcos Llorach, 1984: 312, que se refiere sobre todo a los disjuntos. Y Rojas Nieto, 1982: 34, que lo extiende a todos. Esto puede ser discutible. Sólo puede ser admitido refiriéndose a la posición, no a su funcionamiento.) Estos elementos no han sido objeto de un estudio organizado desde esta perspectiva. Sí hay algunos parciales. Así, los disjuntos son los que se traducen como «adverbios de frase» (cfr. Schreiber, 1971; Martin, 1974 y Domínguez de RodríguezPasques, 1970), y los enlaces conjuntivos se han incluido tradicionalmente con las conjunciones coordinadas, bien como una conjunción más (cfr. la mayoría de las gramáticas tradicionales), o como un refuerzo de ellas (Echaide, 1974, para la adversativa). Los adjuntos son los considerados modificadores de «la significación del verbo o de la del adjetivo, y a veces la de otro adverbio» (Martínez Amador, 1966: 92), si bien esta no es su única función. Así hay algunos adjuntos que parecen modificar a un sintagma nominal. La gramática los ha tratado a veces como preposiciones (Alcina-Blecua, 1983), o adjetivaciones (Carratalá, 1980). Así lo hace, por ejemplo, M. Seco con respecto a incluso: «Puede funcionar como preposición: «Todo me parecía bien, incluso la persona de doña Javiera (Galdós, El amigo Manso, 279)» (Seco, 1967: 197). Sin embargo, en un uso equivalente, hasta es considerado «adverbio de cantidad, equivalente a incluso, aun: gritó, lloró y hasta pataleó; «¡y qué esquiva para tus bienes I y qué amarga hasta cuando amé!» (Gabriela Mistral, Desolación, 33)» (Seco, 1967: 188). No obstante, esos elementos veremos que corresponden perfectamente a los adjuntos. Nosotros nos vamos a centrar en unos que ofrecen unas características especiales: hasta, incluso y ni siquiera. Su estudio revelará si es necesario ampliar ias características funcionales del adverbio, dividirlo en varias categorías o únicamente cambiar de método de análisis. 2. Antes que nada hay que remitir a los muchos estudios que hay sobre el equivalente inglés de los dos primeros, sobre todo: even. Así, véase Fraser (1971), Anderson (1972), Shanon (1978), Horn (1969)... E! primero de ellos plantea ya uno de los problemas que van a preocupar más en !a gramática generativa: dónde se introduce even, en la estructura de superficie o antes, cosa que no quedaba muy clara. En su interpretación toca una serie de puntos, unos más aprovechables por nosotros que otros. Uno de ellos es la aparición de even más de una vez en la oración, que él admite. Anderson se opondrá a esto ya que por sus características semánticas sólo puede aparecer una vez. Para probarlo usa un análisis presuposicional más completo qui162
zas que el que Horn establece, y de él surgen las incompatibilidades. Horn lo analiza en términos de Aserción y Presuposición, pero no termina por precisar el valor de violación de lo esperado, de sorpresa, que aportan estos elementos. Su esquema, que luego Bosque tomará, es: «(54) Even (x=a, Fx) P: (3y) (y^x&Fy) A: Fx (Horn, 1969: 105). Deducimos, pues, que al hablar de características semánticas se refiere a las implicaciones pragmáticas que llevan. En español es posible que haya ejemplos con dos ocurrencias, ya que el even inglés puede traducirse por hasta e incluso, elementos de funcionamiento distinto. Aparte de esto, un punto fundamental en la interpretación de Anderson y en la de muchos otros autores (ya volveremos a ello) es el énfasis, que le sirve para delimitar el elemento al que modifica. En ese sentido, veremos, lo llama H. Contreras (1978: 85) rematizador y R. Cano (1982) lo aceptará matizando esto: lo que enfatiza o rematiza es la función semántica: el que el elemento X sea agente, instrumento de la acción...: «lo realzado no es exactamente lo referido por ese sintagma nominal, sino el hecho de que se encuentre en la situación definida por la función sintáctica que desempeña» (Cano, 1982: 232). Y así «el valor semántico de hasta no es el de señalar los elementos 'nuevos' de un enunciado, sino el 'énfasis' (...) con que se presenta su función semántica en la frase» (Cano, 1982: 234). La relación de hasta (y de incluso y ni siquiera, añadimos nosotros) y el énfasis es estrecha, ya que las presuposiciones provocan el que ese elemento resulte sorprendente en cierto modo. Se recalca, pues, sobre el resto de la oración. Esto está relacionado, según Anderson, con la posición: even domina al elemento con énfasis aunque vaya alejado sintácticamente de él. Nosotros tenemos nuestras dudas con respecto a esto. En un ejemplo del tipo: I Al: «Yo hasta le ofrecí cerillas», pienso que incide sobre todo el sintagma verbal, aunque el elemento más sorprendente sea el implemento. Así R. Cano señala normas sobre su ámbito de aplicación: cuando va con un sintagma nominal le afecta a él solo. Pero cuando precede a un verbo, «la aplicación de hasta no se realiza sólo sobre el verbo, sino también sobre los elementos que le siguen, y en concreto sobre todo el sintagma verbal o predicativo (excluyendo los 'adjuntos' locativos o temporales)» (Cano, 1982: 234). Pero, al mismo tiempo, añade que en estos casos, además del énfasis «parece tener mayor pertinencia el concepto de 'nuevo' o 'rema'» (Cano, 1982: 234), cosa que dependerá del contexto de cada oración. Por último, Anderson señala que con verbos modales el comportamiento de even es paralelo al de la negación, pero no lo precisa. Digamos nosotros que hasta puede modificar al verbo modal o al verbo de la oración subordinada: /5a/: «Hasta creo que vendré al concierto». /5b/: «Creo que hasta vendré al concierto». Finalmente, B. Shanon lo estudia junto con only, almost y hardly. Pretende caracterizarlos por separado y luego como grupo. Sigue en la línea de los autores anteriores: su análisis también se basa en la presuposición de una escala a la que 163
pertenece el elemento introducido por even o alguno de los otros. Para él son cuatro operadores escalares. Para su análisis señala dos puntos: S 1-condiciones iniciales o lo esperado. S 2-situación en cuestión. En even S 2 está más alto que S 1 - supera lo esperado y como consecuencia se producirá esa sorpresa de que hablan algunos autores. Sin embargo, su análisis se restringe a los adjetivos de altura, donde se aplica mejor. De ahí que los puntos que establece no nos interesen ni sirvan para ningún otro elemento. Pero, como hemos podido observar, el estudio no es sólo de comportamiento distribucional, sino también pragmático. El contenido de estos términos se basa en presuposiciones que el hablante y el oyente poseen y lo condicionan a la hora de elegir un elemento u otro. Se gira, pues, hacia la pragmática, ciencia joven que tiene mucho que aportar en sintaxis. 3. Todos estos estudios han quedado recogidos para el español en I. Bosque, pero este autor, que pone a punto la cuestión, se centra únicamente en incluso-ni siquiera y su consideración de términos de polaridad positiva y negativa (Bosque, 1980: 113-121). El punto a discutir en esa parte de su libro es si ni siquiera se genera por transporte de la negación, como decía M. L. Rivero (1977: 109) de incluso no o por concordancia negativa, como parece concluir Bosque. Nosotros, por el contrario, pensamos que la oposición debe establecerse entre dos polos: uno positivo ocupado por hasta e incluso (con sus diferencias), y otro por ni (no) siquiera, que también tiene sus variantes formales como veremos. Es una pareja funcional que puede tener formas distintas de expresión. El contenido de estos elementos se basa en un esquema presuposicional ya establecido por Horn y Anderson, y que luego otros autores, como Fauconnier (1975 a y b), critican, añadiendo que no da perfecta cuenta del valor de even. Este autor, por su parte, propugna que lo que presupone even es una escala pragmática en la que el elemento introducido por él se coloca en uno de los extremos. Lo representa así: « •• x 1 •• x 2 • • a: low point: 'Alceste'» (Fauconnier, 1975a: 364) para la frase: «(110) Even Alceste carne to the party» (Fauconnier, 1975a: 364). El principio escalar en general queda expresado de la siguiente manera: «In general, then, pragmatic scales are associated with proposition schemata (...) Such propositional schemata have the general form ñ (x,...). (The dots stand for possible additional free variables such as y in x bothers y.) If x 2 is lower than x 1 on the scale S associated with R (x,...), then R(x 2, ...) implies R(x 1,...); thus, in particular if R holds for the lowest element on S, it holds for all elements of S (cali this the scale principie)» (Fauconnier, 1975a: 362). Por lo tanto, el contenido de 164
/6a/: «Hasta Antonio tenía miedo» es: a) Afirmación: Antonio tenía miedo. b) Presuposición: Todos los demás elementos que pertenecen a su mismo paradigma también tenían miedo. Antonio está en el punto más alto. Nuestra presentación es distinta a la de Fauconnier, va en sentido ascendente, no de probabilidad de aparición, como parece ser la de este autor. c) Por lo tanto, era el que menos esperábamos que tuviera miedo. Es sorprendente, pues. Es, como dice Bosque refiriéndose a Fauconnier: «el extremo de una hipotética escala de probabilidad» (Bosque, 1980: 118). Por lo tanto, el valor de «límite de movimiento» original de la preposición locativa, se estiliza hasta entenderse en el valor de «límite», esta vez «de lo que se puede creer, decir u opinar» (Cano, 1982: 230). Es decir, el punto más alto de una escala. Pero esta escala hay que entenderla en el sentido en que lo han propuesto sus autores. Es decir, se trata de una ordenación pragmática de posibilidades. Desde el punto de vista de la praxis el hablante considera que para el oyente lo que él le va a decir es lo menos esperado para él, lo más sorprendente. Supone, pues, que en la mente del oyente y según el contexto hay una escala de cosas más probables y otras menos. En este sentido, la dicha es la menos probable y ocupa el lugar más bajo (o el lugar más alto, por ser la más sorprendente). E indirectamente si se da la menos probable se incluyen, por una implicatura conversatoria, todas las demás. Pero de nuevo advertimos que no se trata de que los hechos estén en escala, sino que para el hablante se supone una jerarquía de lo más esperado a lo menos esperado. Como esto podría plantear problemas y equívocos, nuestro análisis no hará hincapié de ahora en adelante en esta idea. La formulación que daremos para estos elementos será la siguiente: a) Afirmación: X. b) Presuposición: — Otros elementos del mismo paradigma de X se dan. — El hablante supone que el oyente no esperaba el hecho enunciado. Y provoca sorpresa, por tanto. Si lo tuviéramos con ni siquiera el esquema no variaría sustancialmente: /6b/: «Ni siqueira Antonio tenía miedo». a) Afirmación: Antonio no tenía miedo. b) Presuposición: Todos los demás elementos de la serie tampoco tenían miedo. c) Antonio es el elemento que más probablemente esperábamos que tuviera miedo. Es el que se pensaba que no cumpliría esa predicación. Es, pues, sorprendente que no la cumpla. Si observamos, se trata de convertir en negativo tanto afirmación como presuposición. Aquí sería: a) Afirmación: -X. b) Presuposición: Otros elementos del misino paradigma también son negados. No se esperaba -X, sino todo lo contrario: X. De ahí la sorpresa. El contenido de los dos elementos es el mismo. Se trata de afirmar un miembro y suponer que todos los que pertenecen a su misma serie también lo cumplen, sea el juicio afirmativo o negativo. Y una segunda presuposición estaría en que el hablante piensa que para el oyente esta aserción no era esperada y le ha producido asombro. 165
De ahí que estudiemos estos dos miembros como componentes polares de una pareja. No estamos, pues, de cuerdo con I. Bosque cuando dice, refiriéndose a incluso, que tiene el mismo análisis presuposicional de hasta (ya veremos la distinción entre ambos): «Las oraciones de ni siquiera alteran radicalmente el conjunto de presuposiciones que hay que asociar al sintagma que cuantifica al adverbio incluso (polaridad contextual). El adverbio al menos, por el contrario, no está sujeto a tal alteración» (Bosque, 1980: 120). Sin embargo, desde nuestro punto de vista no cabe admitirse esto, ya que el análisis de una oración con al menos: /6c/: «Al menos Antonio tenia miedo» sería: a) Afirmación: Antonio tenía miedo. b) Presuposición: Algunos otros no tenían miedo. Los que conozco no tenían miedo. No tengo noticias de algún otro que tuviera miedo. c) Es el único elemento de su paradigma que se da. El hablante se alegra de que haya un elemento que lo cumpla. Esperaba y deseaba que hubiera uno que lo cumpliera. Por lo tanto, no incluye a los demás elementos. No provoca sorpresa, sino que sugiere un deseo del hablante, ahora cumplido. El problema, como vamos viendo, se complica al mezclarse varios elementos que son cuasi-sinónimos, o que alternan con él. Nuestro punto de partida es, pues, según el análisis presuposicional, que creemos más adecuado, hasta (o incluso) se opone a ni siquiera en base a: Positivo / negativo. 4. Estos elementos se comportan como verdaderos adjuntos. Si les aplicamos el esquema de Greenbaum tendremos: 1. Todos pueden aparecer en inicial, como vemos por los ejemplos. 2. El primero, hasta, es imposible que aparezca en una oración negativa: 77a/: «Hasta con ella no se enfada» mientras que ni siquiera siempre va en oraciones negativas: /7b/: «Ni siquiera con ella se enfada» Pero eso se refiere a las negativas formales, no a las que lo son por el significado. Así es aceptable una oración del tipo: ¡81: «Hasta dejó de venir por casa». Con incluso, sin embargo, sí puede aparecer una negación: ¡91: «Incluso no se asustó cuando se lo contó» 3. Ninguno de los dos primeros pueden aparecer como unidad entonativa independiente: 710/: «Hasta, por las tardes sale» 711/: «Ni siquiera, voy al Rocío». Ya esta prueba nos demuestra que son adjuntos. Ninguno de ellos puede tener ningún empleo como enlace conjuntivo o disjunto. Pero con incluso pueden darse las dos posibilidades. Puede aparecer al igual que hasta, aunque con una cierta movilidad: /12a/: «Ha perdido incluso el sueño» 166
/12b/: «Ha perdido el sueño, incluso». En este segundo caso va aislado fonéticamente del elemento al que acompaña. O bien puede aparecer como margen oracional en su empleo como enlace conjuntivo: /13/: «En realidad, mi mayor, yo creí que el cadete Arana era culpable, al menos en parte, por estar mal emplazado, por haber demorado en el salto. Incluso, hasta podía pensarse que la bala salió de su propio fusil» (M. Vargas Llosa: La ciudad y los perros, 318). Sin embargo, en las dos siguientes pruebas varían: son negativas para todos. Ninguno de ellos puede ser contrastado en una interrogación (4), o en una negación (5). Veámoslo con respecto a las oraciones: /14a/ /14b/ /14c/ «Comimos hasta fresas» «No comimos ni siquiera fresas» «Comimos incluso fresas» La prueba 4 nos daría: ?/14d/ 7/146/ ?/14f/ «¿Comisteis hasta fresas o sólo fresas?» «¿No comisteis ni siquiera fresas o sólo fresas?» «¿Comisteis incluso fresas o sólo fresas?» Y la 5: ?/14g/: «No comimos hasta fresas sino sólo fresas» ?/14h/: «No comimos ni siquiera fresas sino sólo fresas» ?/14i/: «No comimos incluso fresas sino sólo fresas». En estos ejemplos io que se contrapone es todo el sintagma al que afectan hasta, ni siquiera o incluso, con el presentado por sólo. Por lo tanto, entre los adjuntos habría que distinguir entre aquellas unidades que están más ligadas a un determinado elemento al que introducen y afectan: así hasta, y otros... Y otras que son más libres y admiten movilidad, de manera que pueden ir pospuestas o antepuestas al elemento sobre el que inciden: así los llamados deícticos, o por ej., incluso. Y también ni siquiera, que puede aparecer detrás del elemento, como vamos a ver: /15a/: «Había leído incluso relatos de ciencia-ficción» /15b/: «Había leído relatos de ciencia-ficción incluso» /15c/: «No había leído relatos de ciencia-ficción siquiera». El elemento afectado por incluso será el que forme grupo fónico con él. En /15a/ es el implemento. En /15b/ es fácil, ya que va al final. Al mismo tiempo, esto nos sirve para distnguir, junto con algunas de las pruebas restantes, entre aquellos elementos que tienen contenido léxico pleno, del tipo de bien, y los que fundamentan su valor en un contenido presuposicional o pragmático, del tipo de los que analizamos. 6. Es negativa en todos, ya que sólo no es un rematizador en español: */14j/: «Sólo hasta comimos fresas». En todo caso, todo el segmento funcional que introduce hasta: */14k/: «Sólo hasta fresas comimos», pero tampoco es muy frecuente. */14l/: «Sólo ni siquiera fresas comimos» 714m/: «Sólo incluso fresas comimos» 7. Tampoco pueden aparecer destacados por es...que: 167
palabras modificando su significado y sirviendo como de partículas prepositivas» (Cano, 1982: 251). Sin embargo, P. Carbonero (1978) partiendo del mismo principio de los rangos, llega a conclusiones distintas a las de Cano: «Teniendo en cuenta el concepto de «rangos» de O. Jespersen, podríamos afirmar que el rasgo funcional básico del adverbio es el de ser categoría terciaria» (Carbonero, 1978: 181). Así, tomándolo en un sentido amplio «será terciario aquello que por exclusión no sea ni primario ni secundario; ni el sustantivo, no lo que incide sobre el sustantivo. Por ello, hablar de jerarquía terciaria es hablar de una categoría que funciona como incidencia de incidencias» (Carbonero, 1978: 182, y cfr. Karcevski, 1936: 107). Pero aun así no queda completamente definida la función sintáctica de estos elementos, ya que hay unidades que se aplican no sobre un elemento concreto, sino que «suponen una incidencia 'englobadora' sobre construcciones de nivel superior, como son los sintagmas u oraciones» (Carbonero, 1978: 182). Así pues, de esa «incidencia de incidencias» surgen todas las siguientes posibilidades funcionales o incidencias sintácticas: «a) Sobre verbo o equivalente. b) Sobre adjetivo o equivalente. c) Sobre alguno de los otros dos a) o b). d) Englobadora de sintagmas nominales. e) Englobadora de sintagmas verbales u oraciones» (Carbonero, 1978: 183). Todas estas incidencias, aunque formuladas de manera distinta, le reconoce E. Buyssens (1975). Pero, además, para él es una categoría de por sí, ya que a diferencia del resto de ellas, «tous les adverbes ont toujours la fonction de complément et qu'ils se distinguent des noms et des pronoms —qui peuvent aussi étre complément— par le fait qu'ils ne peuvent jamáis avoir un adjectif sous leur dépendance» (Buyssens, 1975: 461). De acuerdo con lo expuesto por Carbonero, hasta, incluso y ni siquiera son elementos que tienen todas esas posibilidades combinatorias. Ahora bien, no se trata de una modificación sintáctica. Los adverbios hasta, incluso o ni siquiera modifican no a un sintagma nominal, sino a la relación predicativa. En /49/: «Hasta los niños vinieron» no recae su incidencia en los niños, sino en la relación los niños-venir. Se trata de elementos que desempeñan su misión en el nivel textual. Sirven para rematizar un participante de la oración. Si queremos situarlo a nivel oracional, modificarían a la relación predicativa, o, para aclararnos más, a su representante nuclear: el verbo. Quede claro, pues, que pertenecen a otra dimensión no tratada hasta ahora por quedarse las gramáticas ceñidas a los márgenes de la oración. De ahí la ambigüedad y confusión que reina en este campo. Su dominio de acción es otro: el textual. En esta dimensión se sitúan todos estos elementos cuya misión no es la de la modificación sintáctica, sino que establecen una relación presuposicional con el contexto o la realidad. En términos de gramática de la oración, se incluirían en la categoría adverbio. Hay, pues, entre estos elementos, una serie de ellos que afectan a un sintagma añadiéndole ciertas características pragmáticas o presuposicionales que establecen una cohesión comunicativa. Su contenido no es pleno como el de los más tradicío174
nales de este grupo. Pero son elementos que es necesario estudiar, ya que constituyen un paradigma de formas muy usadas en la comunicación. Fundamentalmente hemos usado un análisis de aserción-presuposición que creemos revela el verdadero contenido de ellos. Queda abierto, pues, el análisis de los adjuntos, una función de los adverbios de la que sólo se trata normalmente un grupo: los más libres o los de contenido semántico pleno, pero no los más ligados o de contenido no puramente léxico, sino de conexión con la realidad extralingüística. Hay que ampliar las miras para acoger a todos estos elementos que desempeñan su misión dentro del discurso, del texto. En este dominio textual la pragmática, como hemos visto, tiene mucho que decir. Referencias bibliográficas Marcos Llorach, E. (1984), Estudios de gramática funcional del español, 3.a edición, Madrid, Gredos. Alcina, J.; Blecua, J. M. (1983), Gramática española, 4.a edición, Barcelona, Ariel. Allerton, D. J.: Cruttenden, A. (1974), «English Sentence Adverbials: Their syntax and their intonation in British English», Lingua, 34, pp. 1-30. Anderson, S. R. (1972), «How to get even», Language, 48, pp. 893-906. Barrenechea, A. M.a (1979), «A propósito de la elipsis en la coordinación», en Aa. Vv. Estudios lingüísticos y dialectológicos - temas hispánicos, Argentina, Hachette, pp. 21-37. Bello, A.; Cuervo, R. J. (1970), Gramática de la lengua castellana, 8.a edición, Buenos Aires, Sopeña. Bosque, I. (1980), Sobre la negación, Madrid, Cátedra. Buyssens, E. (1975), «La classification des adverbes», Revue Roumaine de Linguistique, XX, 5, pp. 461-463. Cano, R. (1982), «Sujeto con preposición en español y cuestiones conexas», Revista de Filología Española, LXII, pp. 211-258. Carbonero, P. (1978), «Criterios para una caracterización funcional de los adverbios», Revista de la Sociedad Española de Lingüistica, 8, pp. 169-197. Carratalá, E. (1980), Morfosintaxis del castellano actual, Barcelona, Labor. Contreras, H. (1978), El orden de palabras en español, Madrid, Cátedra. Corrales, C. (1978), «Sobre el sujeto con preposición», Estudios ofrecidos a E. Atareos Llorach, t. II, Oviedo, pp. 65-77. Domínguez de Rodríguez-Pasques, P. (1970), «Morfología y sintaxis del adverbio en -mente», Actas del ¡II Congreso Internacional de Hispanistas, Méjico, pp. 293303. Echaide, A. M.a (1974), «La coordinación adversativa en español: aspecto sincrónico», Revista de Filología Española, LVII, pp. 1-33. Fauconnier, G. (1975a), «Pragmatic Scales and Logical Structure», Linguistic !nquiry, 6, pp. 353-375. — (1975b), «Polarity and the Scale Principie», Papers from the 11 th. Regional Meetíng Chicago Linguistic Society, pp. 188-199. Feuillet, J. (1981), «Peut-on parler d'une classe de l'adverbe?», La Linguistique, 17, pp. 19-27. 175
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