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Las bromas de las mujeres : Verdadera relación ...

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\ las bromas de las húmero 89, MUJERES'. a os trágicos azares que ocasionan las mujeres amigas de bromas » .cores asus pobres maridos, sin atender al corto jornal que ganan^ con lo demás que verá el curioso lector. PRIMERA PARTE. *J; Hoy pretende mi rudeza ^-1 auditorio espücar lo que hacen las mujeres cuando salen ácomprar. Hablaré por las casadas las de corto zagalejo, con la mantilla caida yde mediano gracejo. Estas salen á las ocho álas plazas ácomprar, llevan la cesta en el brazo yáotras suelen encontrar. Aunque no sean conocidas se saludan corlésmente, ydicen: vamos, vecinas, ábeber el aguardiente. Dice la mas descarada; eche usted unas copilas, por que estoy mas asustada que las ánimas benditas. Que tienes, dice la otra, que estás tan acongojad; Te lo diré si me escuchas palabra sobre palabra. Sí, mujer, di cuanto quieras, que yo me alegraré mucho de saber dUanto te pasa, es todo mi mayor gusto. Pues ya que me das licencia, has de saber, Marianita, que el bribón de mi marido me tiene la sangre frita. Con la mujer del cabrero gasta todo su jornal, ycomo es corto no podemos satisfacernos de pan. Sino fuera por mis mañas, que le sé c<%er la vuelta para hablar’con mi querido, ya estaría de hambre muerta. Este és un gallardo mozo; pero aunque no tiene oficio, solamente su presencia tiene mi afecto propicio. El me trae de la casa de sus padres cuanto puede, yregala ámi vecina por que avise cuando viene. Yo no sé porque persona nai marido lo ha sabido, que lo mismo que un demonio de continuo está conmigo. Diariamente una peseta solo me dá para comprar, yesta quiere de que alcance ara comer ycenar, ara almorzar, sabes qué hago sino viene mi querido? unas sopas yun torrezno ymedio chico de vino. Pero mujer ¿no bebemos? vaya otra ronda, Juliana, esta dice: eche usted copas, ydos bizcochos por barba. Responde la Micaela, si no lo tomas áenojo no puedo menos decirte, que lloras con solo un ojo. Tu marido no es tan malo, pues tanto te maravillas; no hay dia el mió que ámí, no me sobe las costillas. Si el mió ámi me entregára una diaria peseta, no me habia de ganar ninguna áestar pelrimetra, Yo no soy tan desgraciada, replicó la Micaela, tengo buen palmo de cara yno falta quien rae quiera. Ypor último, señoras, hasta ahora no hemos bebido, échese por mí una ronda yvengan todas conmigo. Todas pagaron tres veces antes de ir ácomprar; ydán palabra áMicaela que la han de acompañar. Salen todas en tropel, en amor ycompañía, yen seguida se metieron en una buñolería. De estos mandaron sacar con palabras indecentes, que la fuerza del licor ya las tenia dementes. Comieron sin saber qué mirándose unas áotras, yablando casi en francés dicen: ¿quien hará las compras Dá el reloj las diez ymedia yse fueron ácomprar, yla que gastó los cuartos se ha tenido que empeñar. Dejemos en este estado aquesta primera plana, que en otra segunda parte la daré finalizada. FIN DE LA PRIMERA PARTE. SEGUNDA PARTE. DE LA.S BROMAS DE LAS MUJERES. en la primera parte ácomprar camino afan. peor sin regatear, que su marido ypoco jornal, sale al ser de dia, mira, mujer, que álas doce en punto de venir ácomer. Viendo esta que son las once, por no tener desazón, corriendo enciende la lumbre echando doble carbón. Garbanzos, carne ytocino, echa áun tiempo en el puchero sin fregar por no acordarse de no haberlo hecho primero. Tanta prisa le dá al fuelle, que se olvida de quitar la espuma que hace la carne, por qué la echó sin labar. Pica al punto ía verdura, dan las doce menos cuarto , ycon un papel de estraza limpia cucharas yplatos. Al fia, ya viene el marido, yesta qué le vé entrar, dice: ahora llega la mia, yasí le principia áhablar. Mal haya sea el tendero, que me ha dado unos garbanzos, los mas caros ymas duros, no hay lumbre para ablandarlos. Apenas tú te salistes, cuando los puse ácocer yaunque quieras, ásu tienda no he de volver otra vez. De manera, hombre, que estoy enteramente aburrida, que no he podido hacer mas que atender ála comida. El marido le responde has atendido muy bien, ¿no te dije que álas doce había de venir ácomer? Pon la mesa yvamos pronto, que yo me voy amarchar, ysin comer no me voy, que tengo que trabajar. Deja le echaré la especia, yunos granitos de sal, ymientras tanto en el plato las sopas puedes cortar. Ya remojaron las sopas yhan principiado ácomer, cuando nota de que el caldo amarga como la hiel. Mujer de dos mil demonios, ¿donde tienes el sentido.? ¿le has empeñado en estar en campal guerra conmigo? Esto no es para cristianos, al punto esas sopas quita, •y por que nadie las vea échalas en la garita. Los garbanios en la olla todos se habían pegado, ycon la fuerza de la lumbre se habían asócarrado. Yviendo aquesto el marido, todo falto de paciencia, olla, comida ycuchara, se lo tiró ála cabeza. Con un hueso de la-carne como era de cabeza, se le ha clavado en un ojo ycayó al suelo traspuesta. Maldiciendo su fortuna se fué el pobre átrabajar, yella volviendo ásu acuerdo ha comenzado ágritar. Favorecedme, vecinas, que me mata mi marido, llamen ála justicia, yesta que lo ponga en un presidio. Acude la vecindad, yviéndola ensangrentada, la dicen ¿por qué ha sido esto? yella responde: por nada. Llaman en fin al alcalde, ycon él áun cirujano, yatajándola la sangre ásu marido llamaron. Estédando su descargo en buena declaración , por curarla al cirujano tuvo que darle un doblon. Al alcalde tres ducados, al ministro una peseta; ypor último remate se quedó la mujer tuerta. Esto sucede ámenudo nadie lo puede dudar; ¿que haya hombres viendo esl que se atrevan ácasarf Ojo alerta, caballeros, lomar en esto dechado mientras merece el perdón, el autor, Pablo Cruzado. FIN, CAñMONA. , Imprenta de D. José M." Moreno, calle Madre de Dios, num. 1