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Torralba, José María. Una educación liberal. Elogio de los Grandes Libros. Madrid: Encuentro:, 2022, 172 pp. [Reseña]

Anrubia, Enrique

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248248248 Thémata. Revista de Filosofía • nº 67 • enero-junio (2023) pp. 248-251 • ISSN: 0212-8365 • e-ISSN: 2253-900X • DOI: 10.12795/themata.2023.i67.13 Enrique Anrubia 1 Universidad CEU Cardenal Herrera (Valencia), España A ningún intelectual contemporáneo se le escapa que estamos en un momento en el que el momento mismo se nos escapa. El futuro se nos ha vuelto neblinoso, las instituciones y los mapas efímeros, los cimientos históricos de la universidad se tambalean y con ellos las Humanidades parecen ser las primeras víctimas. Por eso es de agradecer el libro del catedrático de filosofía moral José María Torralba, con el que, con un estilo tan certero como amable, plantea una reflexión sobre la educación universitaria de las Humanidades desde las asignaturas de “Grandes Libros”, de la vigencia de las preguntas filosóficas para alumnos no filósofos y de la esencia de la universidad misma. El lector tiene que estar prevenido que “liberal” en el sentido de “Educación liberal” no proviene de un sesgo ideológico-político sino de la tradición anglo-parlante universitaria. Educación liberal en sentido amplio es “un proyecto formativo en el que el conocimiento se valora no solo por su utilidad, sino como fin en sí mismo” (p.19) siendo sinónima de “educación humanista”. Superado ese escollo prejuicioso, el lector va a encontrar un libro que tiene el corte de presentación amable, reflexión profunda y sesgo personal, en la que cada palabra adquiere su peso por derecho propio. Posee el estilo singular de quien pretende introducir y presentar un tema a alguien lego o cuánto menos solo interesado en el tema pero no experto en el mismo. Pero posiblemente por el propio tema elegido -la validez del core curriculum 1 enriqueanr[email protected] Torralba, José María. Una educación liberal. Elogio de los Grandes Libros. Madrid: Encuentro:, 2022, 172 pp. RESEÑAS BIBLIOGRÁFICAS 249249 TORRALBA, J.M. UNA EDUCACIÓN LIBERAL. ELOGIO DE LOS GRANDES LIBROS POR ENRIQUE ANRUBIA 249 Thémata. Revista de Filosofía • nº 67 • enero-junio (2023) pp. 248-251 • ISSN: 0212-8365 • e-ISSN: 2253-900X • DOI: 10.12795/themata.2023.i67.13 o de las asignaturas de Grandes Libros en el seno de la universidadadquiere la profundidad y la seriedad que el objeto de estudio exige. Y, por lo mismo, por su elegante corte al lector y por el alcance intelectual del tema, el autor no elude las reflexiones personales y experiencias propias que adquieren relevancia en relación a la explicación introductoria y en el calado intelectual. El resultado es inmejorable: un libro del que se aprende, que permite el espacio justo de pensamiento al lector y que es ameno en la justa medida de lo que es un libro sobre la educación liberal en los libros clásicos. Torralba se esfuerza logradamente en justificar more academicus sus tesis (y el cuerpo de notas a pie de página se agradecen: tomen nota muchas editoriales) y su tesis es clara y argumentada desde el principio: El sentido esencial de la universidad misma posee los rasgos de la educación humanista. Y esa educación liberal se trasluce muy bien en la enseñanza pedagógico-socrática de la asignatura de “Grandes libros”, entendiendo los “grandes libros”, los clásicos: Odisea, Hamlet, Quijote, Apología de Sócrates, etc. Dicho esto, Torralba explica el origen histórico de ese nuevo modo de vivir la universidad que bebe de dos fuentes: la obra de John Henry Newman y el desarrollo histórico de algunas universidades estadounidenses top: Columbia, Harvard, Chicago, etc. La explicación de esa génesis -desarrollada en el capítulo 2se hace necesaria (y amena), porque en el decurso histórico de las universidades norteamericanas es donde se debatió el sentido más esencial del término “Humanidades” tal y como modernamente lo conocemos (p.38-42). La crisis de las mismas proviene del mal uso de la esencia de la universidad y su profesionalización mercantil en lo que se ha llamado “multiversidad”: una universidad al servicio de la industria laboral. Ahora bien, lejos de quedarse ahí, Torralba va el núcleo del asunto, a las cuestiones de fondo. Y eso es muy de agradecer: porque hay una propuesta en el libro y no solo una crítica quejumbrosa a una universidad en crisis. El fondo es que las Humanidades deben de tener un honesto celo por la verdad, la sabiduría y el juicio. Es el capítulo 3 el que da empaque al libro, diálogo, apuesta y corazón. La neutralidad aséptica en el conocimiento, como bien mostró Putnam o Gadamer o Wittgenstein o Ricoeur, es cuestionable, y “ni en la ciencia ni en la educación es posible la neutralidad” (p.70), pero eso no desautoriza la verdad o el diálogo o la función de un juicio crítico, sino que los convierte en universales y diferentes a la vez, es decir, “lo humano 250250 TORRALBA, J.M. UNA EDUCACIÓN LIBERAL. ELOGIO DE LOS GRANDES LIBROS POR ENRIQUE ANRUBIA 250 Thémata. Revista de Filosofía • nº 67 • enero-junio (2023) pp. 248-251 • ISSN: 0212-8365 • e-ISSN: 2253-900X • DOI: 10.12795/themata.2023.i67.13 es universal. Por eso, los clásicos nos siguen interpelando” (p. 76). Es en esa apertura histórica no neutral donde comparece la validez de un clásico, la justificación pedagógica de los Grandes Libros y la visión de un ser humano abierto tanto a la verdad como a la diferencia de la historia. Por eso, magistralmente, Torralba puede decir que “lo más opuesto a la verdad [no es la falsedad] es la indiferencia” (p.80), porque en la pretensión de una renuncia a la verdad en pos de una universidad de estudiantes pretendidamente tolerantes se ha colado la cultura de que la verdad es lo “a mí me parece que es verdad” (deberían leer a Frege). El libro desarrolla con ejemplos concretos (cap. 4) la implantación en el seno de la universidad de ese core curriculum de grandes libros. No se da en los altares celestiales del kosmos noetós la discusión que plantea Torralba, y es de agradecer dicho capítulo. De interés más marginal para según qué lector puede ser la idea de universidad cristiana (cap. 6). Pero avanzado el libro, y advertido el lector de que esto no es simplemente una discusión de ideas sino de ideas concretas en instituciones de carne, cemento y hueso, el autor retoma la gran cuestión del debate entre la educación intelectual y la formación de carácter: hábitos intelectuales y hábitos morales, razón teórica y razón práctica. “La educación no puede limitarse a cultivo del intelecto, sino que también debe incluir la educación moral” (p.111). Quienes vean en esta afirmación dudas y sospechas, deben leer el libro: no es fácil educar en la verdad porque la verdad y los hábitos morales no se enseñan como cosas o meros conocimientos. No hay verdad sin libertad, pero una libertad sin propuesta es ciega, bárbara y arbitrariamente tiránica. Una verdad que solo fuese teórica no nos interesaría nunca. Cierra el libro Torralba con un alegato, justificadamente mantenido por la “falacia de la neutralidad” de MacIntyre (p.140), del sentido de la universidad como “lugar de desacuerdo obligado” y, como consecuencia, de la necesidad de una comunidad de estudiante y profesores -personas y no estructuras o procedimientos (142)- en búsqueda de verdades y bondades que son antes conquistas que programáticas ideológicas. Y es ahí donde confluye el sentido de la universidad, el sentido de las Humanidades y la asignatura de Grandes Libros como formación filosófica para todo estudiante universitario. Su apuesta se muestra en un decálogo final que deja a modo de sugerencia. 251251 TORRALBA, J.M. UNA EDUCACIÓN LIBERAL. ELOGIO DE LOS GRANDES LIBROS POR ENRIQUE ANRUBIA 251 Thémata. Revista de Filosofía • nº 67 • enero-junio (2023) pp. 248-251 • ISSN: 0212-8365 • e-ISSN: 2253-900X • DOI: 10.12795/themata.2023.i67.13 Torralba deja traslucir que, junto con influencias más técnicas y académicas como Kerr o Bloom, etc. tiene otras de corte más inspiracional y, por esa misma razón, más profundas y arraigadas, como Alejandro Llano o Newman. Todo lo cual no es detrimento partidista, sino honestidad con el lector para mostrar la posición desde donde se habla para iniciar un diálogo fecundo, siempre y cuando que el lector también sea honesto consigo mismo.