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Historia de las redes clientelares y luchas de poder en el Reino de Chile durante la segunda mitad del siglo XVI

Cardoso Carvajal, Carlos

Abstract

En esta tesis doctoral titulada “Historia de las redes clientelares y luchas de poder en el Reino de Chile durante la segunda mitad del siglo XVI”, se analizaron cronológicamente todos los sucesos acontecidos en la gobernación chilena entre 1550 y 1600. En este estudio pormenorizado de la influencia de las redes clientelares y las consecuentes luchas de poder se analizaron todas las variables que marcaron el devenir del futuro de la gobernación, y este será el eje argumental sobre el que se desarrolló este trabajo. De este análisis se extrajeron las consecuencias de las actuaciones de las redes, que marcaron los diferentes gobiernos, desde Francisco de Villagra hasta Martín Oñez de Loyola. De igual modo se valoraron las dinámicas vividas en el seno de las instituciones eclesiásticas del territorio estudiado, donde se verificó la forma en la que los obispos de Santiago y La Imperial trataron de influir en las decisiones de los gobernadores. El estudio de la encomienda desde la perspectiva hispana será fundamental; en este sentido, se explicó cómo los encomenderos organizados en grupos bastante homogéneos se enfrentaron los unos contra los otros: encomenderos del norte vs encomenderos del sur; encomenderos nuevos vs encomenderos viejos. Con todo lo anteriormente expuesto, buscamos la explicación a procesos complejos vividos en la gobernación, como el sentido de los dictámenes de las diferentes tasas; razones para el abandono de las ciudades al sur del río Biobío tras la batalla de Curalaba o las implicaciones del edicto (1599) para dar por esclavos a todos los naturales alzados en armas.

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HISTORIA DE L AS REDE S CLIENTELARES Y LUCHA S DE PODER EN EL REINO D E CHILE DURAN TE LA SEGUNDA MIT AD DEL SIGLO XVI Doctorando: Carlos Cardoso Carvajal Directora: Dra. María Eugenia P etit -Breuilh Sep úlveda Co -Director: Dr. José Manuel Zavala Cepeda Departamento de Historia d e Am érica Universidad de Sevilla - 2021 - 1 | P á g i n a 2 | P á g i n a Agradecim ientos. Esta tesis doctoral, inequív ocamente, no es solo el fruto del trabajo propio del historiador, sino tam bién de las personas de las que he tenido la suerte de estar rodeado, y a ellos van ded icadas est as pa labras. En primer lug ar, obligatoriam ente tengo que hace r m ención a María Eugenia Petit- Breuilh Sepúlv eda, mi tutora y am iga. Si n sus consej os, recom endaciones y, por supuesto, sus correccion es, la finalizació n de este trabajo hubiese si do imposible. Jamás podre agradecer los conocim ientos y capacidad de reflexión crítica que he ido adquirien do a su lado durante todo este proceso de inv estigación que se inició halla por el año 2012. T am bién tengo que agradece r las aportac iones r e alizadas por mi co - tutor, José Manuel Zavala Cepeda, el cua l, gracias a sus críticas en el inicio de la redacc ión, f ue ron fundament ales pa ra enfocar y desarrollar es te trabajo de investig ación. Gracias a J o sé Manuel, pude realizar mi segunda estancia en Ch ile, en la cua l y por m otivos a jenos, pude v ivir el “ Estallido S ocial ” c hileno de 2018 en prim era persona. En estos agradecim ientos tengo que hace r mención a Enrique León, compañero del Master de Estud ios Am ericanos, y a e stas alturas un gran amig o. Él también ha aportado su granito de arena a esta tesis doctora l, con sus correcciones y comentarios cr íticos. Junto a En rique, Abraham Mercado y Chung Yao Chang (Sergio para los amigos) grandes personas y m ej ore s am igos que m e regaló el Master de Es tudios A m ericanos. Asim ismo, me gustaría m encionar a t res maestros de m i infancia y juventu d, que sin qu e ellos lo lleg asen a saber nunca, fueron l o s que m e em pujaron a encam inarm e al estudio de la historia, estos son I sidoro Fernández, Em ilio Rodríguez Beney to y José Virgilio Sánchez, todo s ellos en gran m edida fuero n determ inantes en su m omento y es por ello que creo pertine nte es t e agradecim iento. Sin dud a en e stos agradec im ientos tengo que hacer mención a mi familia, mi padr e Antonio y m i madre Pepa , por su apoyo incondicional y ayuda sin cuestion am iento que como resultado ha dado esta tesis doctoral. D e igual modo todos mis tíos, y prim os que de una f o rm a u otra inflaron las velas d e este ba rco siem pre que se n ecesitó. Seguram ente la per sona que más m e ha ayudado y apoyado a lo largo de es te extenso ca m inar, ha sido Susana, m i amiga y pareja, nunca podre agradecérte lo com o se merece. Ig ualmente, esta t e sis está d edicada a mis abuelos, Antonio, Hi laria, Manuel L uis, y Enca rna, y por supu esto a m i tía Irene. Por ultim o hacer menci ón a m is am igos de la infancia, a todos, pero especial mención a Miguel Fernández , J ua nma Hidalgo, Ma r co Aurelio Fernández, Jonatha n Muñiz y Alejandro Ferreira, que son los que m ás de cerca han seguido est e largo proceso. A todos y ca da uno de ellos va ded icada esta tesis docto ral. Ante todo, nunca te mientas a ti mismo. Pedro de Va lencia, croni sta de Felipe III 3 | P á g i n a Índice i. - INTRODUCCION : ...................................................................................................... 8 ii -ESTADO DE LA CUESTI ÓN ................................................................................... 11 iii -MARCO TEÓRI CO .................................................................................................. 19 iv -METODOL OG Í A Y FUENT ES ................................................................................ 20 CAPÍTUL O 1: REDES DE PODER EN E L VI RR EI NATO DEL PERÚ Y LAS CONSECUENCIAS PARA EL REINO DE CHILE ..................................................... 23 1.- La gran red de influencia transoce ánica del Cons e jo de Indias ...................... 23 1.1.-Formación de la red clientelar.......................................................................... 23 1.2.-Nombramientos para la I ndias de Juan Garcí a de Loayza y Mendoza, Juan Suárez de Carva jal, y Francisco de los Cobos. I nicio de la red c lientelar .............. 30 1.3.-Final de la red clientelar ................................................................................... 41 1.4.-Consecuencias para el Reino de Chile ............................................................. 54 2.-Fray Gil González de San Nicolás, el Bartolomé de las Casas de Chile .......... 61 2.1.-Cartas de fray Gil Gonz á lez a los ministros y pres idente del Consejo de Indias ................................................................................................................................. 64 2.2.-Proceso por here jía de fra y Gil González de San Nicolás ............................... 71 2.3.-Consecuencias del procesa miento d e fray Gil González de San Nicolás en el Reino de Chile ......................................................................................................... 90 3.-La encomienda a inicios del asentamiento de los españoles en el Reino de Chile. .......................................................................................................................... 92 3.1- La institución de la encomienda ...................................................................... 94 3.2- L os grupos de poder de los encomenderos y sus moti va ciones ....................... 99 4- El papel de la iglesia en las luchas de poder dentro del Re ino de Chile ........ 109 4.1- La institución eclesiástica del obispado ......................................................... 111 4 | P á g i n a 4.2. Discusión sobre los oríg enes de los dos obispados del Reino de Chile en el siglo XVI, Sa ntiago y La I mperial ........................................................................ 112 4.2.1. I nformación contra el bachiller Rodrigo González de Marmolejos, clérigo, residente e n la provincia de Chile. ........................................................................ 116 4.2.2. Parecer de l Consej o de I ndias a c erca de la persona del bachiller Rodrigo González de Marmolejo ........................................................................................ 122 4.2.3. Cuestión sobre las fec has y la legitimidad, en cuanto a la erección de las dos diócesis del Reino de Chile en la seg unda mitad d el siglo XVI ........................... 125 4.3. La creación del obispado de La I mp e rial. ...................................................... 127 4.4.-Oposición del obispado de Santiag o a la creación de una nueva diócesis ..... 129 4.5.-Posicionamiento de los obispados, sobre cuestiones político-sociales .......... 136 CAPÍTUL O 2: REDES C L IEN TE L ARES EN E L RE I N O D E CHILE, A P ARTI R DE LA CREACIÓN DE L A REAL AUD I ENC I A EN CONCEPCI ÓN ........................... 142 1.-Francisco de Vill agr a, García Hu r tado de Mendoza, Francisco de Villagra; luchas de redes clientelare s en torno a la posesión de las encom iendas ............. 143 1.1. Nombramiento de García H urtado de Mendoza como g obernador del Reino de Chile, y las c onsecuencias de su gobierno ............................................................ 146 1.2. Los cabildos y los en comende ros ante la destitución de García Hurtado de Mendoza ................................................................................................................ 155 1.3. Restitución de las encomienda s en las personas de confianza de Francisco de Villagra ................................................................ .................................................. 162 1.4. Consecuencias de la restitución de las encomiendas. Rebelión de Alonso Benítez, Martín de Pe ñalosa y Francisco Talave rano contra el Re y ..................... 170 2.-La Real Audiencia d e Conce p c ión, la g ran red clientelar chilena del siglo XVI .................................................................................................................................. 178 2.1.-La Rea l Audiencia de Concepción y la economía en el Reino de Chile ........ 182 2.2.- L os miembros de la Re al Audiencia de Concepción .................................... 186 5 | P á g i n a 2.4.-Funcionamiento de las re des clientela r es de la Real Audiencia de Concepción ............................................................................................................................... 195 2.5. Final de la Real Audiencia de Concepción .................................................... 222 3.-San Miguel, obisp o y f igura tr ascendental para el sur del Reino de Chile en la segunda mitad del siglo XV I .................................................................................. 239 3.1.-Desde Salamanca hasta Cuzco y desde a llí hasta La Imper ial ....................... 240 3.2.-L le g ada a L a I mp e rial ................................ .................................................... 249 3.3.-Labor eclesiástica d el Obispo San Miguel en la jurisdicción de La Imperial 250 CAPITUL O 3. L OS GO BI ERNOS DE RODR I G O DE QUIROGA, MARTÍN NÚÑEZ DE GAMBOA Y AL ON SO DE SOTOMA YOR. E L P OD ER DE LOS ENCOMENDEROS (1575-1584) ................................................................................ 256 1.-Los Tenientes de Gobernación .......................................................................... 257 1.1.-Hernando de Santillán y F igueroa .................................................................. 258 1.2.-Melchor Calderón ................................ .......................................................... 262 1.2.1.-Las aspiraciones diocesana s de Melchor Calderón ..................................... 263 1.2.2.-Melchor Calderón como Teniente de Gobernación .................................... 269 1.3.-L uis L óp e z de Azoca ................................ ..................................................... 281 1.4.-El final del gobierno de Martín Ruiz de Gamboa .......................................... 298 2.-Alonso de Sotomayor y la reforma de la figura del te niente de gobernación 309 2.1.- El gobierno de Alonso de Sotomay or; la vuelta de los “encomenderos nuevos”. ............................................................................................................................... 313 2.2.-L uis L óp e z de Azoca contra el obispado de La I mp eria l ............................... 314 2.3.- L os “encomenderos nuevos” llegados con Sotoma y or ................................. 324 2.4.- Fray Antonio de San Miguel y Dieg o de Medellín en el II I Concilio Limense. ............................................................................................................................... 327 2.5.- Final del gobierno de Alonso de Sotomay or ................................................ 338 6 | P á g i n a 3.-Resolución d e la pregunta planteada en este capítulo ¿Cómo actuaban los grupos de poder del Reino de Chile con los gobernadores y otros altos funcionarios de la Corona? .................................................................................... 363 CAPÍTUL O 4. ¿VICTOR I A MAPUCHE O TRIUNDO DE LOS I NTER ESES DE L OS “ENCOMENDEROS DEL NORTE ” ? ......................................................................... 366 1.-Agustín de Cisneros, segundo obispo de La Im p erial ..................................... 366 1.1.-Colegio, unive rsidad y seminario de L a I mp e rial .......................................... 369 1.2.-Orígene s de la institución universitaria y seminarios en América ................. 372 1.3.- ¿Existió una Universidad, colegio o se minario en La Imperial? .................. 378 1.4.-Funcionamiento del ce ntro académico de La Imperial .................................. 382 1.5.- ¿En qué situación se enc ontraba La Imperial, como ciudad, cuando Agustín de Cisneros accedió al cargo de obispo? .................................................................... 388 2.-Gobier no de Martín García Oñ e z de Loyola ................................................... 399 2.1.-Medidas tomadas por Martín Oñez de L o y ola durante su gobierno y las consecue ncias de éstas .......................................................................................... 403 2.2.-Comparacion entre la situación en la que se encontraba el Reino de Chile entre 1592 y 1594 ........................................................................................................... 417 2.3.-Situación en la que se enc ontraban las instituciones eclesiásticas y órdenes relig iosas durante el gobi e rno de Oñez de Lo y ola ................................................ 419 3.-Problemátic a documental entre el año 1594 y 1599 ........................................ 429 3.1.- ¿Por qué no hay do cumentos re lativos al go bierno de Martín G arc í a Oñez de Loyola entre los años 1594 -1598? ........................................................................ 437 4.-Batalla de Curalaba (1598) y el alzamiento gener al consiguiente .................. 441 4.1.-Consecuencias de la embosca da de Curalaba para los españoles .................. 452 4.1.1.-Esclavitud de los naturales ................................ .......................................... 453 4.1.2.-Abandono de las ciudades de sur ................................................................ 465 4.1.3.-Establecimiento del Real Situado ................................ ............................... 470 7 | P á g i n a 4.1.4.-Triunfo de los intereses de los “ enc omenderos del norte ” .......................... 472 Conclusiones finales ................................................................................................ 474 FUENTES DO CUMEN TAL ES Y BI B LI O GRAFÍA .................................................. 497 Índice de figuras ...................................................................................................... 515 8 | P á g i n a i.- INTRODUCCION: El siguiente tra bajo de investigación, corre spondiente a la tesis doc toral desarrolla da entre el 2016 y 2021, se adentrará principalmente en el est udio de las dinámicas de poder dent ro del Reino de Chile durante la segunda mitad d el siglo XVI (1550-1600) 12 . El marco de estudio no se limitará a la reg ión chilena, a brien do el foco a las redes que s e extendieron desd e el Consejo d e Indias h asta el Virrei nato del Perú, para finalmente analizar las conse c uencias de estas en el Reino de C hile. El objetivo principal de esta tesis partió con el plante a miento de la siguiente cuestión ¿Cuál fue el motivo para poblar, por parte de los español e s, los territorios al sur del rio Biobío y en tan solo 50 años abandonar aquel proyecto en el q ue tanto esfuerzo se puso por p a rte de las autoridades españolas de la época? Tr as plantear esta incógnita y una primera aproximación a nuestro objeto de estudio mediante la bibl iografía r eferente al tema, ésta, junto con la documentación primaria nos a y udó a forjar nuestra hipót e sis de trabajo; La historia del poder en el Reino de Chil e y como este osciló a lo largo del siglo XVI e ntre ban dos, agrupados en los p artidarios de lo públ ico contra los favorables de lo privado . Asimismo, el análisis de las redes clientelares será clave para entender los procesos en los que se verá envuelto el territorio, junto con las influencias que los diferentes grupos de poder tendrán sobre los goberna dores, marcando así los mandatos de dichas personas. Continuando con las redes cli entela res, éstas t a mbién involucraran al estamento eclesiá stico, otro de los grupos de p oder que se hará notar en la figura de los diferentes gobernadores. Junto con esto se desarrollaron luchas entre las órdenes relig iosas p re sentes en la segunda mitad del siglo XVI en el Reino de Chil e , con el objetivo de tener m ás p oder. Estos conflictos in ternos serán un fiel reflejo de lo que sucederá en el resto de la América española, p or lo que la reg ión chilena no será más que el reflejo de las situaciones ac ontecidas, principalmente, en el Virreinato del Perú. 1 El o bjeto de esta tesis d octoral es desgra nar los interro g an tes sobre la so ciedad española d el Reino de Chile en la segunda mitad d el siglo XVI . Esta pu ntualizació n la rea lizamos para evi tar equívocos c u ando señalamos a spectos de “la socied ad chilena de la gober n ac ión ”, es decir, nos r eferimos por lo tanto en particular, solo al contingent e hum a no español, teniendo por supuesto en cuenta que no solo estos formaban la sociedad de aquella ép oca. Por su parte la so ciedad mapuche no es el obj eto de estudio, pero sí es un elemento clave para entender las di n ámicas sociale s del momento. 2 Esta tesis docto ral ha sido financiada en par te por el proyecto FONDECYT Regular nº 1 1 7 0551 “ T ras la ruta del oro . Los habitantes de L a Araucanía frente a la o cupación española del siglo XVI , r ecepción, adaptació n y res is tencia ” . 15 | P á g i n a definición de la sociedad mapuc he, no toca pronu nciar nos, puesto que como vere mos a continuación, el objeto de esta tesis doctoral son las luchas d e pod er en el seno de la sociedad española del Reino de Chile. De la misma época que l os anteriormente c itados, tenemos que citar a uno de los autores que más ha influido en el desarrollo y elaboración de las diferente s hipótesis de trabajo analizadas en est a tesis doctoral ha sido Rolando Mellafe Rojas ( 19 de ma y o de 1929- 30 de octubre d e 1995). El amplio trabajo desarrollado a lo largo de su vida es base fund amenta l p a ra el desempeño de cualquier trabajo d e investi g a ción que s e centre en la historia del Reino de Chil e . C omo ya hemos dicho, Mellafe ha sido un pilar fundamental a la hora d e adquirir los conocimientos básicos sobre nuestro marco de estudio (Reino de Chile 1550 - 1600), y es por ello que ten e mos que hacer referencia al estado de la cuestión de sde su punto de vist a, reseñando los postulados s obre los que estamos en concordancia y los que no. Influido p or la Escuela de Ann ales y su relación con Mario Góng or a, resta importanc ia al individuo, atribuy endo las decisiones al apara to estatal del moment o, la Corona. En el artículo académico titulado, “ F rontera Agraria: el caso del vi rreinato peruano en el siglo XVI 9 ”, Mellafe, diferencia do s etapas bien acotadas; la primera l a corre spondiente a los años entre 1532 y 1545, momento en el cual, el autor chi leno, identifica la frontera co mo un espacio de conflicto, primero con el imperio incaico y posteriormente contra los españoles. La segunda etapa la denomina como “frontera agraria”, periodo en el qu e la conflic tividad inicial del prime r c ont acto, se dilu y e con los intereses de los conquist adore s españoles en inst aura r en la r eg ión los sis tema s propios de explotación de la tierra, princ ipalmente la encomienda. En nuestro caso, estamos de acuerdo con dicha tesis, pero es en esta segunda periodización donde diferimos con dicho posicionamiento, es decir, Mellafe sitúa en dicho instante el origen de los grandes latifund ios, añadiendo que este cambio está promovido por el estado (la Corona). Como veremos y ar g umentaremos a lo largo de esta tesis doctoral, di c ho proceso no fue impulsad o por la Corona, si no por los pode re s privados repre sentados en los cabildos. Desde nu estro punto de vista Mella fe relaciona este proce so con la Corona, porque la leg isl a ción sobre las encomiendas provenía desde 9 Me llaf e Roj as, Rolando. “Frontera Ag raria: el ca so del virreinato peruano en el siglo XVI ”. Jara, Álvaro (edit.) Tierras Nuevas: Expa ns ión ter ritorial y o cupación del suelo en América ( s iglos XVI -XIX). México: Cole g io de México, Segunda edició n , 197 3. 16 | P á g i n a las altas esferas de la administración hispana , las que favorecieron el florecimiento de éste sistema de explot a ción de la tierra y a en el siglo XVII. Teniendo e n cuenta esta hipótesis y a la luz de la informac ión aportada por la documentación, fuero n los propios encomenderos los que con su poder e influencia promovieron lo que en su orige n era una tenencia efímera so bre un repartimiento de indios, en propietarios c on el paso del tiempo. Asimismo, la explicación dada por Mella fe e n tér minos económicos pa ra el Reino de Chile en la segunda mitad de l siglo XVI va en c oncordancia con las dadas por Dieg o Barros Arana entre otros, es decir, una economía centrada en la explotación aurífera especialmente e n los “lavade ros de oro”. Es cierto que en la documentación se hace constantemente refere nci a a las grande s riq ue zas en oro del Reino de Chile, pero desde nuestro punto de vista no era m ás que un a estrate g ia se g uida por los españoles para atraer nu evos pobla dore s a la región. En un principio las explotaciones auríferas dieron grandes frutos a los compañeros de Valdivia, pero estas decayeron rápidamente por las limitaciones técnicas de la época par a un mayor ap rove chamiento de los “lavaderos de oro”. Como vere mos a continuación en el corpus de e sta tesis, el verdadero mot or económico del Reino de Chile e n la se g und a mi tad del siglo X VI , fue la guerra de Arauco, utiliz ada como argumento para la constant e ll e gada de socorros y bastimentos que enriquecían a los poderosos y allegados de los gobernadores de turno, mediante tram as urdid as por los propios mand atar ios. Mellafe en su investigación titulada “ L as Primeras C risis Coloniales, formas de asentamiento y el origen de la sociedad chilena: si glo XV I- XV II 10 ”, ti e ne una visión ex c esivamente posi tivista de la documentación, entend emos que propia de las tendencias historiográficas de su época, dando total veracidad a las quejas sobre la precaria situación e c onómica de la región, pero como evidenciaremos en esta tesis, era solo una forma más de atraer socorros y bastimentos desde el Virreinato y l a península ibérica. Por último, Mellafe, en la misma obra, comenta la crisis económica sufrida por la gobernac ión tras la rebelión general originada en el desastre d e Curalaba (1598), argumentando que la ca ída generalizada de los precios era el principal motivo que demostraba dicha crisis. Le jos de este planteamiento, en nuestro caso creemos que es todo lo contrario, es decir, la caída genera lizad a s de los precios, no fue más qu e el 10 Mellafe Roj as, Rolando. Las Primeras Crisis Coloniales, fo rmas de asentamien to y el o r igen de la sociedad chilena: siglo XVI -X VII. San tiago de Chile: Editorial Universitaria. 1986. 17 | P á g i n a resultado directo del repliegue poblacional desde las ciudades del sur a l as del norte. Este contingente humano español, había perdido todo poder adquisitivo, proceso por el que se explica en c ierta medida la caída de los precios. Otro factor obviado por Mellafe, fue la lle ga da de ca udales desde el Vi rr einato, junto con la caíd a de l a s ex porta ciones en beneficio del mer c ado interno. La implantación de la guerra def e nsiva y con ella del Real Situado, provocó la afluencia al Reino de Chile de cantidades pecuniarias regulares no vista hasta el momento, provocando con ello una deval uación de los precios por el aumento de la o fe rt a frente a la d emanda y la c onse cuente caída de las ex porta ciones hacia e l Virreinato del Perú. Mario Góngora R ojas (1 915-1985) es considerado como uno de los principales historiadores perte necientes a la co rriente historio g r á fica denominada como “historia de las ideas y l a s mentalidades”. Dicha corriente su rg ió a mediados del sigl o XX, como una evolución de la Escuela de Annales . En 1956 Góngora público en la Revista Chilena de Historia y Geografía “Document os inéditos sobre la encomienda en Chile” 11 , recopilac ión documental que s e extiende más allá de nuestro m arc o de estudio (siglo XVI), pe ro de total vigencia c omo punto de partida a la hora de emprender investigac iones académicas sobre el funcionamiento de las e ncomiendas en Chile. Especial referencia tene mos que hace r a Gabriel Guarda Ge y witz (1928 -2020) y su obra ti tulada “Historia Urbana del Reino de Chile” 12 . Guarda pe rten e ciente a la orden de los benedictinos, se d e sempeñó en su vida per sonal no solo como historiador, puesto que también fue arquitecto. S u obra de investigación se origina en el estudio de su ciudad natal, Valdivia 13 , extendiendo sus trabajos a los demás ce ntros urbanos de Chile . El citado libro es una excelente aproximación histórica al desarrollo de las fundaciones del citado territorio durante la segunda mi tad del siglo XV I . Esta investi ga ción , la cual podemos ca t alogar, historiog r áficamente habland o, como “historia urbana” , es de actual vigencia, y nos ha a y ud a do a desdeñar detalles cl ave de los asentamientos españoles, desde su creac ión, au g e y de clive como en el caso de las ciudades al sur del río Biobío. Una vez examinados los planteamientos realizados por los principales historiadores, tanto del siglo X I X como del X X, analizaremos a dos investigadores actuales, e senciales en el desarrollo de los postulados de esta tesis doctoral. 11 Góngora Roj as, Mario. “ Docu m e n tos i n éd itos sob re la enco m ie n d a en Chile”. Revista Chilena d e Historia y Geog rafía. Núm. 1 24. Santiago, ( 1956 ). 12 Guarda Ge yw itz, Gabriel. His toria Urbana d el Rei n o de Chile. San tia go: editorial Andrés Bello . 1978. 13 Guarda Ge yw itz, Gabriel. His toria de Valdivia : 1 5 52 -1952. Santiago: Imprenta C ultura, 1953 . 18 | P á g i n a El primero al que tenemos que hacer referencia es a Hugo Contre ra s Cruce s, repre sentante de la historia soc ial y e c onómica actual e n Chil e . L a obra en cu estión es la elaborada por Contreras sobre el funcionamiento de la encomienda durante el p eriodo hispano del Reino de Chile (Encomienda y se rvicio persona l entre las comunidades indígena s d e Chile central, 1541 -1580 14 ). La inst itución de la encomienda ha si do un tema de profundos y a mplios debates, centrados en el funcionamiento de ésta y las repercusiones que dicho sistema tuvo en el ma rco de e studio. Contreras plantea y analiza la encomienda no solo como el sistema d e recaudación de impuestos tradicional de la España tardo-medieval, sino que también indaga en las repercusiones que estas tuvieron en la articulación social del R eino de Chile en la se g unda mitad del siglo XV I . En nuestro caso, estamos completamente de acuer do con la tesis de Hugo Contrera s, la cual nos ha servido d e b ase para el estudio de l a s redes clientelares surgid a s a partir de la tenencia de dichos re pa rtimi entos de indios y la profusa influen c ia de los propios encomenderos en las decisiones políticas de la g o berna ción. El segundo histor iador que ha sido fundamental como base para la elaboración de esta tesis doctoral ha sido Raúl C onc ha Monarde s y su trabajo “El Re ino de Chile. Realidades estratégicas, sistemas militares y ocu pac ión del territorio (1520 -1650 15 )”. Este estudio sobre la his toria militar de Chile, vie ne a reforzar los postulados es g rimi dos por Serg io Vill a lobos, sobre la discontinuida d de la guerra de Arauco. Concha Monardes aporta una gran cantidad d e datos cuantitativos, que nos han a y udados a aproximarnos a la realidad de un con flic to mitificado. A tenor de los resultados de esta investigac ión, refuerza nuestra tesis de que era más un enfrentamiento sostenido en el tiempo por intere ses ec o nómicos (por parte de los españoles) , que una g uer ra inconclusa por la resistencia map uc he. Como veremos a lo larg o de esta tesis doctoral, este interrogante será re c urrente, es decir, ¿ fue la g ue rr a de Arauco el motor económico del Reino de Chile durante la seg und a mitad del sig lo XVI ? Una vez analizados los principales hist oria dores que han influido en la elaboración de esta investigación, tene mos que hacer una puntualiz a ción sobre el tratamiento que éstos han tenido sobre la documentación primaria, y m á s en concreto 14 Contreras Cruces, H u go Francisco. E ncomienda y servicio personal entre las comunidades indígenas de Chile central, 1 5 41 - 1580. Tesis para optar al grado d e Doctor en Historia con mención en Histor ia de Chile Pro f eso r. Tutor : Dr. Gabriel Salaz ar Vergara. Santiago de C hile, 2009 . 15 Concha Mo n ar des, Raúl. El R eino d e Chile. Realidades e s tratégicas, sistemas m ilitares y ocupación del territorio (152 0-1650). Sa ntia g o: Ed itorial CESOC, 2016 . 19 | P á g i n a entre los contemporáneos al magistral trabajo realizado por J osé Toribio Medina y su recopilac ión de docume ntos inéditos para la historia de Chil e . La pro blemá tica que hemos encontrado dura nte la el aborac ión de este trabajo ha sido la ausencia de documentación entre 1595 y 1598, que resulta ser un mom e nto clave para entender e l desarrollo de los acontecimientos vividos en el Reino de Chile a fines del siglo XVI y que incomprensiblemente ning uno de los investigadores ha hecho referencia alguna. iii -MARCO TEÓRICO Desde un punto d e vista, estrictamente t e órico, esta tesis doctoral se enmarca en los postulados de la “historia total”. Esta tendencia historiográfica propone abordar los interrogantes desde una óptica global, es d ecir, abandonar el estudio de las eventualidade s, por una visión más de conjunto, aglutinando las variantes propias de la historia social o económi c a, con el objetivo de encontrar un sentido propio a los procesos vivi dos en nue stro marco de estudio. La definición de “histor ia total” fue desarrolla da por Pie rre Vilar, expuesta e n l a primera c onfe re nci a int e rnac ional de historia económica, d entro del congreso internacional d e ciencias históricas en Estocolmo en 1960 16 . El enfoqu e holístico aplic ado a la historia es lo que propuso Vilar , es decir, afrontar los interrogantes de la hist oria como un todo, teniendo en cuenta los distintos factore s que inf luy en en el devenir de lo s acontecimientos. En nu estro caso en concre to, hemos aplicado esta metodología anali zando desde las inst i tuciones civiles a las eclesiástica s, o la economía y sociedad de nuestro marco temporal ; todo esto, junto con la geografía de la región. Ferna nd Braudel ya propuso un marco teórico similar con su “historia de las civili zac iones” 17 , en la proponía un estudio histórico que partiese desde un análisis del medio natural como condicionante del desarrollo de las civilizaciones, teniendo mu y en cuenta la histori a social y económica, todo esto con el objetivo de superar los errores propios de los hist oria dores positivistas por el hecho de centrarse en el evento y no e n las consecuencias tanto inmediatas como a l a rgo plazo de dichos acontecimientos. Esta visión de conjunto y el des e o de tr atar de encontrar un sentido a los sucesos hist óric os fue clave para la aplicación de las teorías d e la “historia de los procesos” dentro de nuestra tesis. Los postulad os de esta corriente historiog rá fic a 16 Vilar, Pier re. Croissance éco nomique et a nalyse historique. P r emière co nférence interna tionale d'histoire éco nomique . Stockho lm. París/La Haya: Mouto n, 1960, 41 - 85 . 17 Braudel, Fern and. E l Mediterráneo y el mundo mediterráne o en la época de Felipe II . Madrid: Ed itoria l Fondo de C ultura Econó m ica, 2º edición. 2 0 19 . 20 | P á g i n a abogan por la int e rconex ión de los sucesos, por lo que cualquier decisión política, batalla, o reordenación territorial, son la consecuencia directa de procesos más largos, es decir, no son sucesos eventuales o alea torios. El estudio de las redes c lientelares, en el c aso de la monarquía hispánica , ha sido ampliamente analizado y estudiado por Xavier Gil Pu y ol 18 . El cual define el sistema clientelar desarrollado d ura nte el r e inado de los Reyes C a tólicos y los Austrias com o “dimensión compuesta y agregativa”, que desembocó en una sobredimensionada red clientelar 19 . Esta d e finici ón es perfectamente a plicable a nue stro objeto de estudio , donde se aprec ia que con el paso del tiempo las redes clientelares se extendieron (sobredimensionamiento) a caparando todos los campos de la vida de l Reino de Chile en la segunda mitad del siglo XVI . La expansión de los clientelismos, en nuestro marco de estudio, provocaría c on e l discu rrir d el ti e mpo, importantes conflictos dentro d e la sociedad española de la goberna ción chilena . iv -METODOLOGÍA Y F UENTES Como ya h emos analizado en el epígrafe referente al marco teórico, esta tesis doctoral se enmarca dentro de la historia total, con un enfoque claro hacia las redes clientelare s y la historia de los procesos. En primer lugar, expondremos el ¿ por qué ? de la elecc ión de este e spacio de estudio, tanto te mporal como g eográfico. El primer contacto con nuestro marco de investigac ión, se p rodujo en la realización del trabajo de fin de master para la obtención del títul o de magister en el máster de Estudios Americanos de la Universidad d e Sevilla, titulado “La Imperial y el pro y ecto para convertirse en la capital del Reino de C hile dura n te la seg unda mitad d e l siglo XVI en la crónica de Mariño de Lobera ” 20 . Esta investigación, enmarcada dentro d e la historia urbana, sentó las bases para el inicio del proceso de análisis propio de la elaboración de esta tesis doctoral, ampliando el ma rc o tr a tado de la ciudad de La Imperial a toda la gobernac ión chilena. 18 Gil Pu y ol, Xavier . La fábrica de la Monarquía. Traza y co nservación de la Monarquía de Españ a de los Reyes Católico s y los Au s trias . Madrid: Real A ca demia de la Historia, 20 1 6 , p. 64. 19 Felani P in to s , Alberto Juan. Las relaciones de p atronazgo y clientelismo en la Monarquía Hispán ic a: estado d e la cuestión. Revista, Tiempos Moder n o s 30 (2019/1) UNED. p.60. 20 Cardo so Carvajal, Carlo s. La Imperial y el proye cto para co nvertirse en la cap ital del Rein o de Chile duran te la segund a mita d del siglo XVI en la crónica de Mariño de Lobera . Re vis ta, Mundo hispá nico: cultura, arte y socied ad. Universidad d e L eón, Área de Publicacio n es, (2019). 497- 514 . 21 | P á g i n a Metodológica mente est a tesis doc toral s e inicia con una aproximación a los autores abordados anteriormente en el estado de la cuestión, para continuar ampliando los conocimientos con la lectura y fichaje de info rma ción en las fuentes primarias. La proximidad con el Archivo de I ndias y la univers idad hispalense facilitaron el acceso a dichos documentos. Para ag il izar la cuestión tom a mos la recopilación de documentos inéditos elaborada por T oribio Medina, acudiendo al a rc hivo indiano para el estudio de ciertos documentos y la verificac ión de ciertas tra nscripciones. Otr a de las fuentes primarias fundamentales en la elaboración de las ideas propuestas en esta investigación ha sido el Archivo A rzobispal de S a ntiago de Chile, base fundamental p ara adquirir los co nceptos básicos para el análisis de la institución eclesiástica católica en el Reino de Chile. Por su parte, las crónic as como la de Mari ño de L obe ra o la del padre Diego de Rosales, ha sido utilizada c omo complemento a las fuentes primaria s, tom á ndolas co mo es e vidente con cierta pr ec au ción, puesto que como es el caso de Lobera, tenía int e reses personales en la región. Asimismo, también han sido consultado los archivos de Simancas, el archivo Histórico Na c ional del Chil e , junto con colecciones de fuentes documentales como la de Álvaro Jara y Sonia Montesinos, R obe rto Levillier, o Claudio Gay. Respecto a los reposit orios bibliog ráficos consultados, tenemos que h a cer especial mención a la Biblioteca Nacional de España y Chile, también la Biblioteca de la Universidad de Harvard, y por último la web Memoria C hilena , repositorio tanto documental como bibliográfico fundamental par a el desarrollo de esta tesis doctora l en tiempos de pa ndemia. Junto c on el estudio propio de la documentación y l a bibliografía referente a nu estro marco de estudio, era ne ce sario una aprox imac ión al marco territorial, por lo que se realizaron dos estancias en Chile. Est as dos estadías fue ron clave p a ra la toma d e consciencia espacial del ob jeto de investigación, gracias al cual tomamos contacto con las distancias r e ales, clima propio de la zona, y otras cuestiones, como c ódigos y claves regionale s, que desde la do cumenta ción son difíciles de adquirir. El int e rcambio de ideas con los investigadores locales fue otro de los objetivos de est as pasantías, identificando principalmente los interrogantes que sobre mi marco de estudio tenían los expertos de la reg ión. Para la identificación de las redes clientelares, y un mejor entendimiento de las decisiones políticas que se tom a rían en el Rein o de C hile en la se g unda mitad del siglo XVI, comenzamos a rea lizar cruce de datos ent re los diferentes documentos, con el objetivo de identificar los intereses personales de los individuos para apoy ar o no unas 22 | P á g i n a causas u otras. El estudio de los documentos gene r ados por los ca bil dos es c lave, puesto que en ellos aparecen los firmantes, información fundamental para int e rp re tar porque estos miembros de los ca bildos critica ban o alababan la ge stión del gobernador d e turno. Gracias a esta labor he mos podido resaltar la r e lación entr e los encomenderos y los gobernadores, y cómo los primeros influ y en en los mandatarios, desde sus posic iones de poder de los cabildos. Aplicando este enfoque crítico sobre las fuentes primarias, hemos p odido resaltar los juegos de p oder entre los encomenderos y los goberna dores, y como la designación de unas personas u otras p ara gestionar un repartimi e nto de indios, dependía más de las afinidades con ciertos personajes, que de los méritos de guerra entre otras razones de peso. Estas evidencias presentes en la docum e ntación nos llevaron a plantearnos nuestra hipótesis de trabajo, “La historia del poder e n el Reino de Chile y cómo este osciló a lo largo d el si g lo XVI entr e bandos, agrupados en los partidarios de lo público contra los f avorables de lo privado”. Nuestro enfoque d e estudio es mu y novedoso r e s pecto a los trabajos que se han venido desarrollando hasta la actualidad, dicha innovación, la encontramos principalmente en la crítica hacia la documentación primaria, donde como ya hemos dicho, el análisis de las rede s clientelares tejidas desde el poder en algunos casos y la influencia de cier tos gru pos de poder determinaran tanto el corto, medio y l argo plazo del Reino de Chile en la segunda mi tad del siglo XVI. El enmarcar el re lato histórico de nuestra lí ne a t e mporal de investigación en la historia de los procesos presenta igualmente un a mirada diferente, pudiendo dete c tarse dinámicas marcadas clara mente por los intereses de los g rupos de poder presentes en la gobernación. Por último y no m enos importante es la aplicación de los métodos propios de la historia total al caso chileno, estudiando desde una perspectiva crítica todos los ámbitos de la sociedad de la época, con tal de tener una visión lo más objetiva posible de los su cesos y acontecimientos que vivió la región entre 1550 y 1600. El que ha y amos podido relacionar tod as las instituciones y sus variables (eclesiástica, polí tica , económica, militar, social, etc.) es el fruto de la aplicac ión de esta m etodolog ía, en la que como resultado evi de nciaremos la indi soluble relación ent re unos aspectos y los otros. 23 | P á g i n a CAPÍTUL O 1: REDES DE PODER EN EL VIRREINATO DEL PERÚ Y L AS CONSECUENCIAS PARA EL REINO DE CHILE 1.- La gran red de influencia transoceánica del Consejo de Indias En este capítulo, relacionado con las redes de pod er virreinales y su relación con el Consejo de Indias, es esencial para po de r comprender el desarrollo de la hipótesis de esta tesis. El interrogante sobre el cual versara est e trabajo en cuestión, “La historia de l poder en el Reino de Chile y como este os cilo a lo largo del si glo XV I entre b a ndos, agrupados en los partidarios de lo público contra los favorables de lo priva do” , tiene su punto de partida en las l uc has internas que se pr odujer on en el virreinato tras la muerte de Francisco Pizarro (1541) 21 . Dicho lo cual, es cierto que en un principio podamos pensar qu e el desarrollo de los acontecimientos que r elata remos a continuación, no tendrían su re fle jo en la periferia del impe rio español, pero n a da más lejos de la realidad, puesto que fue clave pa ra el desarrollo y la articulación territorial de todo el Reino de Chile. 1.1.-Formación de la red clientelar Como hemos podido apreciar en el esquema del enc abezado de apa rtado, la red clientelar se extendía desde el Consejo de I ndias, ha sta el Vir re inato, con sus respectivas ramificaciones en los nuevos territorios conquistados. Para qu e la idea que desarrollaremos a continuación quede clara, nos detendremos a analizar biográficamente a los protagonistas, además de entrar en los intereses personales que movían a éstos a actuar así. Todos los sucesos y prá cticas que vamos a ver m ás adelante s e enmarcar dentro de un contexto histórico que fue propicio para poder llegar a extender una red tan grande y d e un ca lado dentr o de la sociedad virreinal sin precede ntes hasta el momento. Todo comienza el 1 de marzo de 1539, día en el que fallece la emperatriz y mujer de Carlos V, Isabel de Portugal 22 . Carlos V mu y ap e sa dumbrado por el duro golpe familiar, decide retirarse al monas terio de Santa María de la Sisla (actual p rovinc i a de Toledo, España). Est e retiro momentáneo del monarca, supuso que los Consejos, que hasta el 21 Francisco Pizarro, fu e el c on quistador del I m perio I n ca , no m brado posteriormente gobernado r de Nueva Castilla. T rujillo (Cáceres) 16 de m arzo d e 1478 -Lima (Perú) 26 d e junio de 1 5 41 . 22 I s abel de P ortug al, fue la única esposa de Carlos V y por lo tanto la madre de Fel ipe II. Era nieta de los Reyes Católicos, por lo que era prima de su espo so, Carlos V. Lisboa (P ortugal) 24 de octu bre de 1503 - To le d o 1 de m a y o de 1539 . 24 | P á g i n a momento habían ejercidos como órg anos consultivos de la Corona, comienzan a actuar como órga nos ejecutores, es decir, toman decisiones sin el beneplácito de Carlos V debido a su ausencia. En el caso que nos atañe, el Consejo de I ndias presidido por J uan García de Loa y sa y M e ndoza, comienza a actuar como últim a instancia en lo tocante a todas las decisiones que afectaban a la Améri c a e spa ñola. El prime ro que analizaremos será el p ropio García de L o ay s a, tanto por impo rta ncia, como po r los nombramientos que este aportará a la red clientelar. Posteriorment e procederemos del mi smo modo con uno de los ministros del Consejo de Indias, J uan Suárez de Carvajal, amigo y familia política del presidente d el órgano, García, los cuales colabora n para la implantación de la red clientela r en el virreinato del Perú. Por último, veremos el papel que jugó el secre tario real Francisco de los Cobos, el cual fue clav e en el nombra mi e nto de Cristóbal Vaca de Cast ro, personaje fundamental en la trama, y , por lo tanto, las motivaciones que tuvo su padrino pa ra con los intereses propios en América. Antes de entrar e n el análisis propiamente dicho de los protagonistas y los sucesos que acontece rá, tenemos que dejar clar o l a interpretac ión que hacemos nosotros cuando nos referimos a l a lucha de los g rupos p artidarios de lo “publico” y lo “privado”. La conquista como es sa bido por todos, estaba articulada media nte la iniciativa privada, la cual gestionaba, rec luta ba y montaba todo lo tocantes a las expediciones de conquistas. La Corona como tenedora del patronato, tenía la obligación de dar permiso a estos conquistadores, creando un acuerdo, en el que se aceptaba las condi c iones de las iniciativas privadas, siempre y cuando estas ace ptase n, la evangelización y la entrega a la C orona del Quinto Rea l. Estos acuerdos, ll a mados Capitulaciones, daban cierta autonomía a los líderes para a dmi nistrar los nuevos territorios. Con el tiempo, y más tras el pro ce so entre l a familia Colón y l a Corona p or los territorios descubiertos por Cristóbal Colón en sus viajes, el Re y comenzó a tomar consciencia de la magnit ud del continente recién descubierto. Dicho lo cual, no solo la familia C olón comenzó a estar en el punto d e mi ra de la Corona , puesto que los Pizarro 23 , en el Pe rú, y el propio He rná n Cortes 24 , en Nueva España, tambi é n vieron cortadas sus aspiraciones de perpetuar sus familias en las cúpulas de poder am ericanas. 23 La familia P izarro, ostentó el poder en los inicios d el d en ominado territorio d e Nueva Castilla (posterio rm ente Virrei n ato del P erú). Los pr in cip ales acto res, lo s hermanos del co n quistad or Francisco de Pizarr o f uero n ; G onzalo Pizarro, Hernando Pizarro y Juan Pizarro . 24 Hernán Cortes, conquistador d el Im perio Mexica y pri mer Marq u es del valle de Oa xaca. Medellín (Bad a j oz) 1485- Castilleja de la Cu e sta (Sevilla) 2 d e diciembre de 1547 . 31 | P á g i n a regidor perpetuo de l a ciudad de Lima y el 27 de abril de 1537, como delegado del Tribunal de la S a nta Cruzada. El nombramiento de I llán como delegado de la S a nta Cruzada, pudo provenir por parte de Juan García de Loa y s a , el cual en este mome nto ejercía como Comisario General de la Santa Cruzada, lugar que sería ocupado por su compañero de Consejo, Juan Suáre z , he rmano de Illán Suárez, en 1539. Tras colocar a dos alle ga dos (sobrino y h e rman o) controlando tanto el poder eclesiástico, como el económico, solo les quedaba por controlar el pode r político militar de la gobernación del Pe rú. Para el cargo de gobernador, el Consejo d e Indias, eligió a Cristóbal Vaca de Castro, el cual a pesar de que no compartía ningún laz o familiar ni profesional con sus tres padrinos, será po r el que podremos demostrar la relación entre todos estos personajes. De los Cobos es el tercer protagonista que puso en marcha el control de todos los ámbitos de la vida en la gobernac ión peruana. Junto con García de L oa y sa, fu e nombrado en 1539 para formar una comisión, de la cual, tenía que salir seleccionado alguien p ara que acudiese al Perú pa ra hacerse cargo de la sit ua ción que en estos momentos parecía tot a lmente descontrolada entre los españoles. En estos momentos, los partidarios de los Almagro y los Pizarro se enfrentaban abiertamente, y como recoge el investigador Loann Berens en su traba jo titulado, “Cristóbal Vaca de Castro y los dominicos del Perú” , la última noti c ia que se tenía en la Corona del Perú era la referente a la batalla de Salinas 38 , en la que el maestre de campo de P izarro, Pedro de Valdivia, había capturado a Di ego de Almagro 39 . En los sucesivos meses llegaron a la Corona las noticias de que Diego de Almagro, había sido ejecutado, sin juicio previo, por el hermano de Francisco Pizarro, Hernando, adquiriendo la sit ua ción unos tintes casi autoritarios por parte d e los miembros de la fa mi lia Pizarro. L a resp uesta a estos sucesos, fue la comisión y a mencion a da, de la q ue se tenía que seleccionar a un juez visitador que tomase el control ante los desmanes cometidos por los P izar ro. García de Loay sa y el propio De los Cobos, seleccionaron a Cristóbal Vaca de Castro para desempeñar el cargo de juez visi tador 40 . 38 Batalla de Salinas (6 de abril d e 1 538). Enfrentamiento entre los e spañoles p resentes en e l P erú, encabezado s p or los seguidores de Fra n cisco Pizarro, contra los partidarios de las reclamaciones de Diego de Almagro. 39 Berens , Loann. “Cris tóbal Vaca de C astro y los do m inico s del Pe rú”. Estudios Latinoa mericanos, Sociedad Polaca de Estudios Latinoa m erica nos, 36/37 (2016 -201 7), p. 76. 40 Berens, Loann. Cristóbal Vaca de Castro y los domin icos … Op . Cit., p . 77. 32 | P á g i n a En este punto se nos plantea el si g uiente inte rr o g ante, ¿ Qué posi c ión t omaron los líderes de esta gran red, de cara al enfrentamiento y juicios entr e pizarristas y almagristas? Según relata Berens, los p artida rios de las partes en fr entadas se ha c ían notar en la propia Cort e, con la intención de influir en favor de unos o los otros. El nombramiento de un juez visi tador era vist o p or los pizarristas como una amenaza, principalmente sobre H e rnando de Pizarro y s u causa por la muerte de Diego de Almagro. García de Loay z a y D e los Cobos, que en un principio se puede interpretar que partían desde una posición neutral respecto al enfrentamiento, se verá rápidame nte como toman partida por uno de los bandos. García d e Loaysa era partidario de los Pizarro, por ello de su interés e n el nombramiento de Vaca de Castro como ju ez visitador. La r e lación entre Vaca de Castro y Loay s a e ra patente en la Corte, utilizando este último su posición como regente de las I n dias para favorecer a su amigo. Este nombramiento en conclu sión fue visto por los al mag ristas como la perso nifica ción d e Loay sa en los asuntos de I ndias 41 . La relación iba aún más allá de la propia amistad, ya que Va ca de Castro antes de marchase a l Perú se vinculó con la orden de los dominicos, además de que tres de sus hijos i ng resaron en conventos de la orden en la pen ínsula 42 . Respecto al nombra miento de Gerónimo de Loaysa, como obispo de L im a , contiene en sí mucho pe so, es decir, la re c ién creada diócesis de L im a en 1541, estaba dentro del plan de t ra slad ar todo el poder del C uzco a L im a , in cluido el e c le siástico. Por otro lado, García de Loay s a, J uan Suárez y el propio Gerónimo de L oa ysa , tenían un importante denominador común y e l cual se verá ampliamente beneficiado por estos tres personajes. El denominador común, es que los tre s p erte necían a la Orden de los Predicadores, o Domini cos, los c uales se verán favorecidos claramente en detrimento de las otras órdenes. L os do minicos serán el brazo e jecutor de esta gran re d clientelar, en e l sentido, de que serán los encargados de recau dar las riquezas que acabarían en las manos de sus protectore s, J ua n Garc ía de L oa y z a , Juan Suá rez de Carvajal, Gerónimo de Loa y sa González, Illán Suárez de Carvajal y Cristóbal Vaca de Castro. Los dominicos obtendrán a c ambio la prote cción de estos , favore ciendo su expansión por los nuevos territorios e incluso las propiedades privadas que habían obtenido sus obispos y clérigos, espec ialmente las encomiendas. La posesión de encomiendas en manos de eclesiásticos, era completamente ilegal, p ero al contar estos sujetos con valedores tan importantes, actuaban con total impunidad. 41 Ibídem, 78 . 42 Ibídem. 33 | P á g i n a Ilustración 2. Estructura de la red clientelar generada en la gobern ación del Perú en tre los años 1534 y 1546. Elaboración pr opia. El orig en d el nombramiento de Gerónimo de Loaysa como obi spo de Lima, lo encontramos en la ne ga tiva del obispo de Cuz c o, fray Vic e nte d e Valverde, a participar de esta red, y se rvir co mo apo y o para el r ec ién nombrado juez visi tador , Vaca de Castro 43 . Tras este traspié en los planes de García de Loay sa, la soluci ón la encontraron en el cambio de diócesis de su sobrino Geróni mo de L oa y sa, que en ese momento (1540) residía en la c iudad de Cartagena de Indias 44 . Dicho lo cual, nuevamente nos surge un import ante interrogante, ¿Por qué del posicionamiento a favor de los intereses de la f amilia Piz arr o? P a ra responder a esta cuestión, tenemos que remontarnos a las guerras civiles e n el Perú, en la que los dominicos siempre actuaron de lado de los Pizarro. Para entend e r esta posición de la orden, tenemos que tener en cuenta que en estos momentos era la orden mejor instalada en el P e rú, contando para 1540 con unos 35 o 40 r eligiosos, re pa rtidos en seis conventos (L ima, Cuzco, Ar e quipa, las Ch arca s, Hu ánuco y Chicama), además del obispo Valverde en el Cuzco 45 . Visto estos pre c edentes, es más fácil entender d el porqué d e l posicionamiento de la Orden de los Predicadores del lado de los Pizarro, y a que éstos habían favorecido el asentamiento de la orden en los nuevos territorios. Los propios 43 Ibídem, 78 . 44 Ibídem. 45 Ibídem, 81 . 34 | P á g i n a dominicos, veían reforzada su posición de poder con los nuevos nombramientos, y más teniendo en cuenta quien era el v aledor de estos; Juan García de Loaysa, Gran M a estre de la Orden. Este argumento no viene más que a reforzar la idea del porqué los dominicos se posicionaron rápidamente a favor de Va c a de C a stro, y aún más tras los acontec imientos qu e sor pre ndieron a éste a su ll eg ada al P e rú. Cuando Va c a de Castro, se encontraba en Popayán, le llegó la noticia de la muerte de Francisco Pi zarro a manos del hijo de Diego de Almagro, Die g o de Alma gro “El Mozo”. Este infortunio trastocó todos los planes de Vaca de C a stro, puesto que tuvo que asumir el mando de la gobernac ión y so foc a r la rebe lión de los almagristas. El obisp o de Cuz c o, V a lverde, había aceptado ejercer como brazo de la Corona, para notificar las acciones de los españoles, distanciándose así de la familia Pizarro. E l investigador Hampe Mar tínez comenta al r e specto lo siguiente: “…para im ponerse en el centro de un fuerte bloque de poder surgió al int e rior del establecimiento colonial, rodeado de una numerosa comitiva de p ersona s allegadas a él (el obispo Valverde) por vínculos de diversa índole, ya fueran familiares, r eg ion ales o amistosos…” lo cual hace clara r e ferencia al poder que se dio al prelado de Cuz c o para que ac tuase entre lo s dos bandos enfrentados 46 . P e se a esta posi c ión de cierta neutralidad, Valv e rde continuaba actuando mirando por su interés personal, y a qu e continuaba apo y ándos e en personas como Illán Suárez para fortalecer su poder. A cambio y visto su poder en la Corte, este intercedía por sus b e nefactores en el Perú para recomendarlos a l a Corona y qu e obtuvieran privile g ios. Un ejemplo es lo sucedido con los herma nos Suárez de Carva jal, Benito e Illán, a los qu e recomienda para que sean seleccionados para la conquista del reino de Nueva Toledo 47 . P a ra una mejor contextualización de las recomendaciones de los hermanos S uá rez de Carvajal en el Perú, no está demás, recordar, qu e estos eran a su vez hermanos de J uan Suárez de Carvajal, obispo dominico y mi nistro del Consejo de Indias. Nue vamente podemos ver como a pesa r de posicionarse del lado de la Corona, como es el caso del prelado Valverde, este actú a mot ivado por sus propios intereses, en concre to por mantene r s us encomiendas y alto nivel de vida en el Perú 48 . Ha mpe en su obra sobr e Valverde, continúa relatando como al prel a do le fue otor g ado amplios 46 Ha m pe Martínez, Teo d oro . “L a act u ación del obispo Valverde en el Per ú ”. Historia y C ultura. Revista del museo nacional de historia. Núm . 13 - 14. Lima (1 981), p. 1 2 9 . 47 Ibídem. 48 Ibídem, p. 130. 35 | P á g i n a poderes, que, a vista de sus acciones, fueron recortados paulatinamente con la creación de los obispados de L im a y Quito 49 . Retomando el hilo sobre la situación del Perú tr as la muerte de Francisco Pizarro y después de este inciso sobre el modo de actuar de Valverde ante l a llegada de Vaca de Castro, la red se encontraba n ecesitada del elemento que suponí a el poder eclesiástico, que se solucionó con la selección d e Gerónimo de Loa y sa, como y a hemos relatado. Para 1542, los diezmos del recién creado obisp ado de Lima eran re ducidos, por lo que Vaca de Castro , otorgo a su amigo el prelado Gerónimo de Loaysa, una encomienda. Dicho repar timiento, había pertenecido a fra y Valverd e, obispo de C uzco , el cual había fallecido en e xtrañas circunstancias t ras el asesinato de su a migo F rancisco Pizarro en 1541 50 . La ent reg a de esta encomiend a a L o aysa , es un ejemplo de cóm o actuaba Vaca de Castro con sus apo y os en el Perú. Además, tr as la muerte del obispo Valverde , Loaysa trato de re c uperar para si toda la herencia del prelado, a lo que se opuso frontalmente la hermana del difunto, María Valverde. María apo y ada en su marido, Rodrigo Niño, comenzaron a pleitear por la herencia de Valverde, a lo que se opuso L o aysa . Para 1544 la causa parecía d ecantarse del lado de Loa y sa, pero Ma ría y Rodrigo se encaminaron a llevar la causa ante la recién creada Real Audiencia. Este paso no se pudo llegar a dar, ya qu e Loaysa actu ando de ju ez y parte, sent encio en su propio favor, tomando posesión de todas las propiedades de fra y Valverde en el Perú 51 . Volviendo al año 1540, tras la mu e rte de f ray Valverde, éste es sustituido como obispo de Cuzco, fra y T omás de San Ma rtín. San Martí n contaba con un gran pr estigio y respeto entre la población española de la antigua capital inca. A pesar de unas vacilaciones iniciales, a la hor a de posicionarse a favor o en contra de Die g o de Almagro “El Mozo” o Vaca de Castro, apo y o a éste último. Gracias a este apo y o, Va c a de Ca stro termino r á pidamente con el alz a mi e nto de Die g o de Almagro, in stalándose en la ciudad de Cuzco, donde se mantuvo hasta el final de su gobierno. Según el conquistador, Pedro Cie za de León, pres e nte en el Perú en estos momentos, el nuevo gobernador, durante su mandato entre noviembre de 1542 y ma y o de 1 544, solo se dedicó al enr iquecimient o pe rsonal. 49 Ibídem. 50 Acosta, Antonio. Prá cticas co loniales de la ig lesia d el Perú. Sig los XVI-XV I I . Sevilla: Aconcagua libros. 2 01 4, p. 72. 51 Acosta, Antonio. Prácticas co loniales de la … Op. Cit., p . 73. 36 | P á g i n a “… no entendía en m ás que en buscar dineros para henchir la gran codicia que tenía…” 52 En este mi smo momento, en el que e mpezaba a funcionar el plan urdido desde el Consejo de Indias, principalmente por el Cardenal Loay s a, comenzaba su fin. En el mismo año 1541, se encontraba pre sente en la corte fra y Bartolomé de las Casas, el que por fin conseguía se r escuchado por las autoridad e s reales, las que comen zaron a tejer un nuevo orden legislati vo que protegiese a los naturales y evitase los e xcesos que se estaban cometiendo en las Indias. Como veremos más adel a nte en el d e senlace de esta red, la presencia de B a rtolomé de las Casas en la C orte y la promul g a ci ón de las Leye s Nuevas (1542), pondrá e l punto y final al plan de J uan García de L oa y sa, J uan Suárez de Carvajal y Francisco de los Cobos. Tras explicar y a naliz ar la ge stación de la que podemos catalogar como la primera gra n red clientelar transoceánica, ten e m os la necesidad de ver cómo fue su funcionamiento, y que papel jug a ron c ad a uno de l os protag onist as de ella. Los ejemplos que vamos a ver a continuación, han sido rec ogidos en el importante trabajo de investigación desarrollado por Berens, el cual no s a y udara a entender como funciono la red, para posteriormente ver su reflejo y repercusión en el Reino de Chile 53 . Como dice Berens, todas estas informaciones han sido sacadas del juicio de residencia del propio Vaca d e Castro 54 , juicio al que fue som etido por su sucesor, el primer Virrey del Perú, Blasco Núñez de Vela. Como relata Berens, era público y notorio en el Cuz c o, la estrecha relación entre Vaca de Castro y fra y Tom á s de San Martín. Este último , actuaba como capt a dor d e riquezas que posteriormente entrega ba a l g obernador 55 . Aquí podemos ver claramente cómo era la relación piramidal que hemos expuesto antes, en l a que la orden de los dominicos, en este c a so personificada en la figura de San Martí n co mo obispo de Cuzco, recibía gra nd es cantidades de dinero q ue entregaba a Vaca de Castro. Este como contrapartida continuaba f a vor ec iendo la expansión de la orden por tod a la gobe rnación del Perú. Según Berens, Vaca de Castro, c omo contrapa rtida a estas ent reg as de caudales, favoreció en primer lugar a los i ndividuos como t al, con recomendaciones para as e nsos 52 Berens, Loann. Cristóbal Vaca de Castro y los domin icos … Op. Cit., p . 85. 53 Ibídem. 54 Archivo General de Indias (AGI ), Justicia, 467, N. 1. 55 Berens, Loann. Cristóbal Vaca de Castro y los domin icos … Op . Cit., p . 85. 37 | P á g i n a dentro de la escala eclesiástica 56 En lo refe rente a la propia orden en su conjunto, el gobernador costeo los gastos para la construcción de nu e vos monasterios. Antes d e la llega da de Vaca de Cas tro se habían fundado seis conventos dominicos en el P e rú (L ima, Cuz co, las Charcas, Arequipa, Huánuco y Chicama). Ya en 1542 el trato de favor hacia la orden de los predicadores era clara, ya que en poco menos de tres años, había aumentado el núm ero de conventos de seis a diez. Estos nuevos conve ntos, serian, el de Chincha, Gua ilas, Jauja y Guamanga 57 . La relación entre Vaca de Castro y fray Tomás de S an Martín comenzó a agrietar se con el ini c io del juicio de residencia al que se vería sometido e l gobernador en 1544. En este jui c io, el nuevo Virrey, Núñez de Vela, probo todas las acusa ciones sobre el enriquecimiento personal d e Vaca de Castro, pero fra y Tomás actuó de manera ambigua , es decir, reconocía la entrega de dinero al gobernador, pero sin conocer ni el orige n ni el d estino. Esta declaración como bien argumenta Berens, estaría condicionada por la implica ción directa que tenía fra y Tomá s en toda la trama, es decir, en dicho juicio trato de salir indemne desentendiéndose de los hechos ampliamente probados 58 .Otra de las acusaciones que pendían sobre Vaca d e Castro, era la venta de encomiendas y cargos, algo que para entonces estaba completamente fuera de la legislac ión española. S obre estas acusaciones aparece el testim onio de Rodrig o Núñez de Bonilla, tesorero de la ciudad de Quito que declara lo siguiente: “…a oydo deci r a l rregente frey T om ás Sant Martín y a otras perso nas quel dicho lizenziado Vaca de Castro rrescibia lo que l e daban y quel dicho rreg ent e l e avia dad o m ucha suma y cantidad de dineros que tení a de personas particula res para que le dieses indios…” 59 Dos de los casos más relevantes, en los que se prueba la “corrupción” dentro de la administración del Perú, son los que atañen a Antonio de Orihuela y al licenciado Antonio de Gama. El primer caso, tien e su origen tras la bat a ll a de Chup a s, cuando el ejército d e Vaca de Castro se diri g ía a Cuzco, pidi ó p re stados 5.000 pesos a fra y Tomás de San Ma rtín. Para pag a r esta deuda, encargo a O rihue la que acudiese a la provincia de Carancas, pa ra s acar los tribut os que s e le debían y así hacer frente a la obligación adquirida con el dominico. Orihuela a cambio de l pago de este dinero, Vaca de C a stro 56 Ibídem, p. 89. 57 Ibídem, p. 90. 58 Ibídem, p. 88. 59 Ibídem. 38 | P á g i n a prometía la entrega de este repartimiento. Final mente , Orihuela confiri ó la cantidad prometida a Alonso de Quiñones, cuñado de l gobernador y camarero de este 60 . El segundo caso fue el relacionado con el licenciado Antonio de Gama. An toni o de Gama era teniente de Vaca de Castro, por lo q ue podemos presumir que estos tenían una buena relac ión. El distanciamiento comenzó p or la disputa en torno a quien le pertenecían 15.000 pesos de oro sacados de las minas de Caraba y a. Según Gama estos le pertenecían, y a que la mina se encont ra ba dentro de su encomienda. Esta disputa tuvo que ser solucionada por fray Tomás de San Martí n, el cual, y como y a hemos venido analizando, tenía una estrecha relación con el gobernador. Finalment e , el 12 de diciembre d e 1542, fra y Tomá s dio la razón a Vaca de Cast ro, por lo que Gama tuvo que e ntregar 5.000 p e sos. Nueva mente aparecería el cuñado del gobernador, Antonio de Quiñones para recuperar el dinero 61 . Tras las evidencias presentes en estos dos casos, nos encontramos con la figura de Antonio de Quiñones, camarero del g ob e rnador y cuñado de e ste. Su papel parece ser que era el de cobrador de las d euda s y pagos de Vaca de Castro. La fi g ur a de Quiñones nos llama muchos la a tención, princ ipalmente por la labor que desarrolla. Dicho lo cua l, lo curioso del caso es que años más tarde s y con personajes c ompletamente diferentes y en otro contexto geog r á fi c o, en concreto en el Reino de Chile, veremos como apare ce la figura de un personaje s imilar, que será clave para entender el des a rrollo de las redes clientelare s en Chile. Por último y para concluir la argumentac ión sobre la gran red de enriquecimiento personal creada desde el Consejo de I ndias y actividad en el Perú, tenemos que hacer referencia a una carta enviad a por Vaca de Castro a su muj e r, María de Quiñones l a cual se encontraba en la península. La carta, portad a por el dominico fray Francisco Martínez Toscano a finales d e 15 42, llevaba una gran cantidad de o ro, plata, joyas y otr as riquezas. Toscano seria detenido al año siguiente, 1543, en Sanlúcar cuando pr etendía volver al Perú. El valor del contenido de la misiva se estimó en el juicio en 60.000 castellanos 62 . La detención de Toscano cuando pretendía volver al Perú, puede ser int e rpretada como c onsec u encia de dos supuestos; el primero obviamente, por la riqueza que portaba en nombre del gobe rnador Va c a d e Castro para 60 Ibídem, p. 86. 61 Ibídem. 62 Ibídem. 39 | P á g i n a su mujer, María de Quiñones; el seg undo, posiblemente, re spondí a a los cambios que se habían producido e n el Consejo de I ndias, lo s cuales saponina la perdida d e los benefactore s de Vaca de Castro en la Coron a , p a r a así evitar que e ste a ctuase conforme a las noticias que se esta ba n desencadenado en la península. 40 | P á g i n a Esquema 1. O rganiz ación de la red c l i ent e lar transoceáni ca generad a desde el Cons ejo de Indias para el c ontrol del Perú. Elab oración propia. 47 | P á g i n a en c ontra del traslado de la capital, y e n estos acontecimientos fue c aptur ado e l Virre y y hecho prisionero el 18 de septiembre de 1544. Cepeda custodio a Vela en su casa hasta que lo pudo embarcar de camino a España, el 24 de ese mismo mes, acompañado del oidor Álvarez. Cepeda como oidor decano d e la Real Audiencia, asumía los cargos d e Presidente de la Real Audiencia, Gobernador y Capitán General del Perú, todo es to con el vist o bueno de dos de sus compañeros en la Audiencia, Álvarez y Lissón, y con la negativa, testim onial, del cuarto en discordia, Pedro Ortiz de Za rate 72 . El nuevo gobernador, Cepeda, trataría d e or ganizar una resist e ncia contra Gonzalo, pero al ve r la superioridad d e las fuerzas de este cuando entr o en Lima, no tuvo más remedio que reconocerlo c omo Gobernador y Capitán General del Perú (28 de octubre de 1544). Dicho lo cual, y mien tra s todo esto sucedía en Lima, el oidor Á lvare z acompaña ba al Virr ey d estituido de regreso a E spaña . En el transcurso de este viaje, Álvarez llegaba a un ac ue rdo con Núñez Vela (7 de octubre de 1544), por lo que el oidor se situaba del lado del antiguo Virre y y ambos comenzaba n a organizar a las fuerzas para enfrentarse a Gonz a lo Pizarro y restablecer al Virre y en el poder. Finalmente, Núñez Vela y Gonzalo Piz a rro, tras una larga campaña se enfrentaban cara a cara e n Iña quito el 16 de enero de 1546, donde Ve la seria derrotado. En esta batalla se consumó la venganza p rometida por la mue rte d el Factor Illán Suárez , el hermano de Illá n, Benito Suárez, a sesinaba al Virre y Blasco Núñez Vela. Ante la situación en la que se encontraba el vir reinato del Perú, en el que la voluntad de los encomenderos ha bía vu elto a triunfar sobre las preten siones de la Corona de controlar me diante funcionarios r e ales a los antiguos conquis tador es y en particular a los partidarios de la familia Pizarro, desde la península, se decidió enviar a Pedro de la Gasca para tratar de calmar la situación. Pedro de la Gasca fue nombrado el 16 de febrero de 1546 como presidente de la R e al Audiencia d e Lima, con amplios poderes. El plan consistía en atender a ciertas reclamaciones de los encomenderos, para que estos se pasasen al bando Real, a cambio de conservar sus encomiendas. Las dotes como diplomático de De la Gasca, qued a ron patentes en el momento en el que llego a territorio peruano, en l a que consi g uió la adhesión a su causa d e lo s principales ge nerales de Gonzalo P izarro. Otros que se pusie ron de lado d e De la Gasca fueron, el 72 Palma, Ricard o. Tradicion es peru anas. I. Los tres motivos del oidor . Biblioteca virtual universal. 2 003. 48 | P á g i n a propio P e dro de Valdivia o Sebastián de Belalcázar 73 . La rebelión prota gonizada por Gonzalo Pizarro, llegaría a su cenit en la batalla de J a quijahuana el 9 de abril de 1548, lugar en el que se enfrentaron las fuerzas reales con las re beldes, saliendo triunfadoras las comandadas por Pedro de la Gasca en nombre del Re y . Tenemos qu e puntualiz a r que esta batalla, no tuvo demasiada acción, es decir, la mayoría de l as fuerzas de Gonzalo al ver la superioridad del ejército Real, decidieron en pleno campo, cambiarse de bando, entre los más importantes que d esertaron del lado de Gonz a lo, s e encontraba el pre sident e de la Real Audienc ia hasta el nombramiento de De la Gasca, Diego Vásquez de Cepe da. En este conflicto entre e spañoles, y en referencia a nuestro objeto de estudio, el Reino de Chile, tuvo un a aport a ción fund amental a las fuerzas victorios as. Como y a hemos mencionado, Pedro de V a ldivia se unió a la causa de P e dro de la Gasca, al que ay udo enviando refuerzos desde Chil e . Con este movimie nto, Pedro de Valdivia buscaba el reconocimiento por parte del rey como gobernador de Chil e , pue sto que iba a luchar en contra d el hermano de Fra n cisco P izarr o, del qu e había sido maestre de Campo durante lar g o ti empo. Valdivia ad emás orquesto un plan para asegurarse el nombramiento como gobernador. La estrategia s e fundamentaba en la cantidad de oro que podía llevar al Per ú para finan c iar el ejército Real, con un dobl e objetivo, ser nombrado gobernador, y atraer nuevos vecinos a Chil e , para así, continua r con sus aspiraciones en el R e ino de Chile. Valdivia también dio permiso a al g u nas personas para que pudiesen marchar d e Chile con todo el o ro que tenían, p ara mejorar la imagen del territorio austral en el P e rú. Esta posibilidad de salir del reino era bien vista por muchas pe rsona s, pe ro Valdivia los engaño, apropiándose de todos los pertrechos que estos habían pre p ara do para ir al P e rú, zarpa n do con todos ellos sin sus legítimos propietarios, creando un g r a n estupor en Chile. El escribano Juan de Cárdenas, recogido en la crónica de Gerónim o de Vivar 74 , dice respecto a estos sucesos lo sig ui ente: “…que se había entrado en el navío porque conv ení a al servicio de Su Majestad, y que, si hasta entonces no l o había hecho saber, era por no ser estorbado. Voy con 73 Sebastián de Belalcázar (1480 - 155 1). Nombrado como Adelantando de Popayán en 1 540, ser ía el encargado de la conquista d e dicho territor io. Tras la consumación de las accio nes militar es y se gún lo acordado en las capitulaciones, ejerció como gobernador hasta q u e fue co n denado a muerte, fal leciendo mientras regresaba a la península ibérica p ara la apelación. 74 Bibar, Jerónimo de: C rónica y relación copiosa y ve rdadera de los R einos de Ch i le (1558). Tr an scripción p aleográf ica del profesor I rvin g A. Leonard. To m o I I. Santiag o d e Ch ile: E dición facsímil. Fondo Histórico y bibliográfic o José Toribio Medina, 1 966. 49 | P á g i n a determ i nació n, dijo, a buscar un caball ero que dicen está en Panamá que viene de parte de Su Ma j estad pa ra le seguir en su r ea l nom bre…” Estos sucesos acontecidos en los prepara tivos de la marcha d e Valdivia al P e rú, tendrían sus consecue nci as mientras este se encontraba en el Perú. Su antiguo enemigo, Pero Sánchez de la Hoz 75 , que se encontraba encarcelado desde su llegada a Chile, vio aquí una oportunidad para sacar del pod er a Val divia, y consumar sus aspiraciones de ser el gobernador del R eino de C hile. D e la Hoz junt o con dos de los a gra viados por Valdivia, Juan Romero 76 y Hernán Rodríguez de Monro y 77 re dactaron un do cumento en el que se exponían los motivos por los que De la Hoz tenía arg umentos le g al e s para ser nombrado gobernador. Monro y acudió a Francis co de Villagra 78 con el documento. Villagra en este momento se encontraba desempeñando el cargo de gobernador interino por la ausencia de Valdivia, este actuó de manera dec idida, decapitando a De la Hoz y ahorca ndo a J ua n Romero sin que pudieran ni siquiera confesarse. Estas actuac iones llevadas a c a bo por el gobernador interino de Val divia, le constarían poste riormente ser procesa do. Gracias al ap oy o a la causa Real con tra Gonzalo Piz a rro, Valdivia se vio favorecido en el proceso por De la Gasca, el cual te nía que dictar sentencia sobre este pleito. Finalmente seria declarado inocente el 19 de noviembr e de 1548 y autoriz ado a volver a Chile con el título de gobernador, pero con ciertas condiciones. Las condiciones hacían referencia a no tom a r represalias con tra sus enemigos por lo referente al pro c eso judicial, y, en se g undo lu ga r , ca sar o devolver al Perú en un plazo de seis meses a su amante I nés de Suáre z 79 . Valdivia cumpliría todas las condiciones, no tomando represalias y casando a Inés de S uá rez c on uno de sus capitanes, su fiel amigo Rodrigo de Quiro g a 80 , Pedro de Valdivia continuaría gobernando Chile hasta la batalla de Tucapel, el 25 de diciembre de 1553, donde resultó muerto. Tras esta breve contex tualización sobre las acciones de Valdivia en la rebel ión de Gonz a lo Pizarro, tenemos que volver de nuevo al año 1544, para co ntinuar con el relato de las acciones que realizo el obispo de Lima, G erónimo de Loa y sa du ra nte l a revuelta de Gonzalo Pizarro, último superviviente en su cargo de la gran red clientel ar 75 Medina, José T oribio: Dicc ion ario bio g r áf ico colo n ia l de Chile. Sa ntiago d e Chile: I mprenta Elzeviriana, 190 6, p. 802. 76 Roa y Ursúa, Luis de . El Reyno de Chile. 1535 -1810. Estudio his tórico, genealógico y biográfico . Valladolid: Talleres Tipográfico s Cuesta, 1945, p. 80. 77 Roa y Ursúa, Luis de. El Reyn o de Chile … Op. Cit. , p. 143. 78 Ibídem, p. 1 34. 79 Ibídem, p. 1 23. 80 Ibídem, p. 3 8. 50 | P á g i n a orquestada por su tío, el cardenal García de Loaysa. A modo d e r ecapitulación, el carde nal Loa y sa, había s ido reemplazado como presidente del Consejo de I ndi a s; Juan Suárez de Carvajal, ministro del Consejo de I ndias, desterrado de la corte de por vida; Vaca de Castro, destituido como gobernador del Perú y sometido a un d uro juicio de residencia; Illán Suárez de C a rvajal, Factor de la Real Hacienda de Lima, muerto a manos del primer Virre y , Núñez Vela; y , por último, el obispo de Lima, Gerónimo de Loay sa, que continuaba en su cargo. Gerónimo de L oa y sa González, a modo de re paso biográfico sobre la fi gura del primer obispo de L ima, nacido en Trujillo (Cáceres) en 1498, juga ría un papel fundamental en la organización de la iglesia e n el Virreinato del Perú . Bien es cierto que su recorrido en América c omenzó en e l año1529, con la expedición misionera que habí a ordenado su tí o y p re sid ente del Consejo de I ndi as, García de Loa y sa. El destino del dominico era S a n ta Marta, ciudad recién fundada por R odrig o de Ba stida en 1525. Tras este primer pa so por las i ndias, r egresa a España, para de nuevo ser enviado a la dióce sis de Cartagena de I ndias, la c ual se encontraba vac ante tras la muerte de su primer prelado Tomás Toro en 1536. El día 29 de junio de 1538, en Vall adolid, Gerónimo era consagra do como nu evo obispo de Cartagena de Indias, a la que s e diri g iría ese mismo año. Poco pudo hace r en su primera diócesis, y a que como hemos venido relatando en este epígrafe, fue reclamado para que ocupase el nuevo obispado de L ima. Este nombramiento ya ha sido analizado anteriormente, el cual en resumidas cuentas respondía a la necesidad de controlar el poder eclesiástico en la gobernación del Perú por parte de la red clientelar creada por su tío el cardenal García de Loa y sa. G erónimo estuvo presente en el Perú desde el 25 de junio de 1543, hasta su muerte el 25 de octubre de 1575, lo que l e convierte e n uno de los prelados más longevos d e l siglo XVI. Como es de suponer, este largo mandato dio para mucho, pero desde nuestro punt o de vista, dividido c laramente en dos e tapas, marcadas por las circunstancias q ue le rodaban y que le llev aron a to mar partida por dos posiciones a nta g ónicas c o mo veremos a continuación. La primera etapa la podemos acotar cronológicamente entre los años 1543, desde su llegada al P e rú, hasta 1547, momento en el que se encuentra en su camino a España con Pedro de la Gasca. Esta primera parte de su gobierno eclesiástico en Lima, Loay sa se sit úa como pieza fundamental dentro de la red clientelar encabezada po r Vaca de Castro, como gobe rn ador del Perú. L a connive nc ia con las polí tica s lleva das a cabo 51 | P á g i n a por el licenciado es clara, ayudando al enriquecimiento personal del li c enciado, que a cambio entrega encomiendas y otras posesiones al prelado. Nuevamente tenemos que recordar qu e incluso antes de la promulgación d e las Leye s Nuevas (1542) la posesión de encomiendas por parte de los e clesiásticos esta ba prohibida. Clara ment e tenemos que situar a Loaysa en el lad o de los encomenderos viejos que se oponían a la impla ntación en el P e rú de las L e y es Nuevas que desmantelaban la institución de la encomienda. Otro ejemplo de su posicionamiento lo vemos con la llegada del Virrey Núñe z Vela, al que trata de convencer d e que suavice las medidas que estaba tom a ndo par a im pone r la nueva le g isl a ción americana. Su papel como mediador no dio re sult ado, y a que la rebelión de Gonzalo Pizarro fue inevitable. El que Loaysa fu ese poseedor de repartimientos de indios, le marca como el brazo eclesiástico de la r e vuelta, y más si tenemos en cuenta que en 1547 se hace cargo de l as reclamaciones de los e ncomende ros y de Gonzalo Pizarro, la cual decía básicamente, que se mantuvies e la situación previa a la creación de las Ley es Nuevas. Esta propuesta fue portada por el propio prelado de camino a entregársela al Re y en p e rsona, pero en su camino hacia España, concre tamente en Pananá, se topaba con la expedición encabezada po r Pedro de la Gasca. De la Gasca ib a camino al P e rú para p ac ificar el vir re inato, y en est e en c uentro, convence a Loa y sa pa ra que se cambie de bando y d efienda la causa de De la Gas c a 81 . El que Loa y sa pose y e se encomienda s y a le hab ía causado problemas con fra y J ua n Solano. Solano fue desi gnado obispo de Cuzco, é ste era d efe nsor de las Le y e s Nuevas por lo que, que su colega de o ficio tuviese repartimientos de indios, chocaba frontalmente con los planteamientos de la nueva legislación 82 . Por otro lado, el posicionamiento de Loay sa del lado de los en comende ros, queda patente con las numerosas peticiones de re g reso a España qu e envía al R ey 83 . Estas prop uestas para abandonar el P e rú, se e nmar can claramente en la paulatina desarticulación de la red clientelar de la qu e habí a participado activamente, y más teniendo en cuenta la llegada de clérigos como Solano, el cual le podía denunciar y notificar sus acciones en el Perú. Sobre este asunto el investig ado r Antonio Acosta, recoge las palabras escrita s por fray Domingo de Santo Tomás, referentes a l as peticiones de Loaysa de a bando na r el Perú 84 : “Tam bién a hecho y hace y har a, mientras no se re mdiare, m uy gran daño para esta tierra y par a la conservación della y de l os natu rales que todos los qu e aca vienen 81 Acosta, Antonio. Prácticas co loniales de la … Op. C it. , p. 75. 82 Ibídem, p. 7 8. 83 Ibídem, p. 7 9. 84 Ibídem, p. 8 0. 52 | P á g i n a comúnm ent e asi perlados como g ober nado res…vienen y están prestado para so l o aprovecharse de la pobre t i er r a, para poder volver a españa r ricos…Qu e zelo tendra el perlado y el cura y el fra i le que cada día llora por espa ña…” 85 Acosta continua argumentando, que años des pués cuando Loaysa ya era Arzobispo y contaba con una importante fortuna, el fuese el que criticase a los clérigos que pretendían marcharse a la península I bérica 86 . Este ejemplo aportado por Antonio Acosta, nos a y uda a argumentar la división en dos del lar g o r ec orrido de Loay s a por el Virreinato d e l P e rú, uno primero en el que es piez a fundamenta l de una red clientel a r que busc a el enriquecimiento personal, y la segunda como v e remos a continuación más propensa a satisfacer los intere ses de la Corona. La se g unda parte de la vida de Loa y sa en el Perú, está marcada por su encuentro con Pedro de la Gasca en Panamá, c on el qu e vu e lv e a L ima para acabar con la revuelta de Gonzalo Piz arr o. Gracias a esta colabor ación con De la Gasca, Loay sa f ue ascendido a Arzobisp o de Lima el 16 de noviembre d e 1547. A pesar d e esta nueva situación favora ble pa ra Loaysa, éste continuaba con la intenci ón de re g r e sar a España, y más teniendo en cuenta la impopularidad que tenía en el Perú tras los últimos repartimientos realizados por su nuevo benefactor, Pedro de la Gasca 87 . En 1550 los diezmos de l arzobispado ascendían a la considerable c a ntidad de 18.7 00 pesos, p ero de nuevo Loay sa se embarcaba co n destino a España. Nuevamente cuando arribo a Panamá, se encontró con el nuevo Virrey, Antonio de Mendoza y P acheco, el cual al igual que De la Gasca, convenció al religioso para que volvi e se a Lima a en c argar se de los neg o cios de la iglesia virreinal 88 . Ese mismo año, 1550, en concreto el 27 de en ero, Pedro de la Gasca, consideraba cumpli da su labor en Perú, marchándose con destino a Españ a, dejando su cargo en manos de Andrés d e Cianc a . Durante el año que duro el gobierno del Virre y Antonio de Mendoza, Loay sa se convirti ó en un fiel consejero, por lo que este le dio en muchas ocasiones amplios poderes para pod er atender sus negocios 89 . A pesar del latente inter é s de Loaysa por aumentar sus rentas, tras la derrot a de Gonzalo Pizarro, las tareas de eva ng eliz a ción volvieron a t omar im pulso, por lo que a inicios de la década de 1550, Loaysa también tuvo que atender la labor eclesiástica, propiamente 85 Fra y Do m i ngo de Santo To m ás a S.M. Lima, l d e julio 1550 (en Lissón Cha v es, ed. 1943 -1947, vol. I, n.º 4: 1 9 3 -4; AGI, Lima 11 6, lib. 6, f. 246). 86 Acosta, Antonio. Prá cticas co loniales de la… Op. Cit., p. 80. 87 Ibídem , p . 82 . 88 Ibídem. 89 Ibídem. 53 | P á g i n a dicha 90 . Entre las acciones llevada s a cabo por el Arzobispo de Lima, fue la convocatoria del primer concilio de L im a (1551), donde s e busc a ba ratifi car las sanciones emanadas del Concilio de Trento (154 5-1563). Este primer concilio en suelo america no, no tuvo en cuenta la sesión XXI y XXV de C onc il io de Trento (1562-1563), además de, al menos, siete sínodos diocesanos que se celebraron antes de 1563 91 . Esta reunión convocada en Lima estuvo marcada por l a negativa de los obispos convocados, los cuales enviar on a procuradores para discutir los temas. Dicho lo cual, sobre la fi g ur a de Gerónimo de Loay sa, en este punto creemos que es necesario sit ua r un punto y se g uido, en el sentido, que más adelante cu ando tratare mos las disposiciones referentes al III Concilio Limense, volver e mos sobre la figura del a rzobispo de Lima . En resum idas cuentas y en lo toc a nte a la red clientelar, Gerónimo de Loaysa fue el único superviviente de esta, y a que todos sus compañeros o bien fueron destitui dos, reemplazados o muertos, en el periodo que esta estuvo en funcionamiento. L o aysa a difere ncia de sus colegas, supo adaptarse a las nuevas situaciones, sabiendo jugar un pap e l secundario pero esencial en el tran sc urrir de los hechos anteriormente narrados. Cuanto menos es curiosos, al ana lizar la vid a de L oa y sa, como su influencia político – social e n el Perú, fue vista por los dife re ntes gobernadores como esencial para sust e ntar sus gobiernos. Gobernadores tan diferentes como Núñez Vela, el p ropio Gonzalo Piz a rro contaron con él para administrar sus gobiernos, y en muchos casos como mediador entre partes. La supervivencia política de Loaysa se debe claramente a que nunca tomo partido abiertamente por ninguno de los bandos enfre ntados, queda ndo si e mpre en una posición de ventaja, pudiendo se r ú til en los dos lados de las trincheras. A modo de conclusión, la red clientelar que hemos venido analizando, monopolizo durante gran parte de la dé c ada de 15 40 el poder en el Perú. Muchos de sus actores se hicieron con enormes fortunas, como es el caso del gobernador Vaca de Castro, a pesar de que fi nalmente fuese p roc es ado. En el caso opuesto en contra mos a Loay sa, que al igual que su compañero, amaso una enrome fortuna, p ero consiguió adaptarse a las situaciones cambiantes para continuar con sus actividades. Por otro lado, y desde un punto de vis ta más general, la implantación de esta red clie ntela r, fue el inicio de un proceso que se repetiría en mu c hos rinc ones d e l ter ritorio español en 90 Ibídem, p. 83. 91 Dussel, Enrique . Los concil ios provin ciales de América Latina en los siglo s XV I y XVII . México: Centro de Reflexió n T eológica, 1 979, p. 197. 54 | P á g i n a América. Esta etap a , supuso la sustitución paulatina de las redes de los antiguos conquistadores por nuevas redes de control, gen era das por los funcionarios reales que comenzaban a lle g a r a América. Sobre el papel estos funcionarios reales, ll e gaban con el beneplác ito de la Corona y para orga nizar y h a cer sentir sobre el terre no, la autoridad del rey, pero en definitivas cuentas continuaron con el modus opera ndi de los conquistadores. Este pro ce so de sustitución en las elites virreinales, no vi no más que a continuar con el problema de los excesos contra los pueblos naturales de l os diferentes territorios, la ú nica diferencia con el periodo de los conquistadores, es q ue las nuevas elites estaban siendo pagada s por las arcas reales. Dicho lo cual, en este periodo, y como veremos en el caso co nc reto del R e ino de Chil e , será el origen d e las grandes y poderosas familias que ostentaran el poder políti c o-social-eclesiástico a lo largo de los siglos sigui entes, como será el caso de la famil ia y herederos de Mel c hor Bravo de Sarabia e n Chile. 1.4.-Consecuencias para el Reino de Chile Al hacer una aprox imac ión al tema tratado anteriormente, pue de que pensemos que estas acciones ll e vadas a c a bo en el recién creado Virreinato del Perú no tendrían consecue ncias para el Reino de Chil e , y a que este en este periodo en concreto aún se encontraba en su etapa d e conquista. Como v e remos a continuación, to dos los sucesos que ocurrían en el Perú tendrían su reflejo en cada rincón de éste. Podemos utilizar como ejemplo de lo que sucede cuando una piedra cae en un estanque en clama, en el cual, tras impactar el objeto, las ondas se despla zan concéntrica mente h asta ll e gar al borde del estanque. Esto mismo sucede en América, y más en concreto en el P e rú, y a que todos los pro ce sos que se vivieron e n el centro de la g obe rna c ión, se verán replicados con años d e d ifere n cia y diferentes protagonistas en los demás t erritorios. El caso del Reino de Chile será ejemplarizante, en e l sentido de que con una diferencia de diez años aproximadamente, podremos observar las mismas estructuras y p roblemas que en el Perú, pero con e sta diferencia cronológica. 55 | P á g i n a Ilustración 4 . Pedro de l a G asca “El Pacifi cador”, p resi d ente de la Rea l Audiencia d e Lima entre e l 9 de abril de 1548 y el 6 de enero de 1 550 92 . Para comprender mejor l as consecuencias que tuvo la implantación de esta red clientelar en el P e rú y sus consecuencias en el Reino de Chil e , tenemos que comenzar analizando una figura que fue d etermina nte para ambos c ontextos geográ fi cos, Pedro de la Gasca. A modo de resumen biográfico, Pedro d e la Gasca o “ e l P a cificador”, nació e n ag osto de 1493 en Nav arreg adilla (Ávila) en el seno de una f a milia hidalga. La buena posición ec onómica de ésta la permitió cursas estudios en la universidad de Salamanca y en la universidad de Alc alá de Henares (Madrid). En su etapa como estudiante, sobresalió por encima de sus compañ e ros, recib iendo el título de maestro en artes y licenciado en teología, lo cual, le sirvió para entrar e n el Colegio de San Ildefonso de la universidad madrileña. T ra s su etapa universitaria , decidió dedicar su vida a la carrera eclesiástica po r la vía de los reg ul are s, es decir, s in relación directa con ni ng una o rden. 92 Retrato P edro de la Gasca. Autor: Valen tín Carderer a (1796- 1880) . Barcia. Retratos conservados en la BN. 1 9 0 1. 56 | P á g i n a Sus capacidades no pas a ron desapercibidas, ya que en 1537 por influencia con el carde nal J uan Tavera, co nsig uió los cargos d e jue z vicario de Alcalá d e H e nares y ju ez residenciador metropolitano de la c iud ad de Toledo. En 1540 seria ascendido a oidor del Consejo d e l a Inquisición, dejando de lado sus cargos anteriores. E n 1542 fue reclamando por las co rte s d e Monzón 93 , para que realizara la visita del Reino de Valencia. El buen papel desempeña do hasta e ste momento, le ayudo a que Carlos V le seleccionara pa ra que viaj ara al Perú, ante la compleja situación que se viví a tras el levant amiento de Gonzalo Pizarro. El 16 d e febrero de 1546, fue nombrado como presidente de la Real Audienci a de Lima con amplios poderes para apaciguar a los encomenderos descontentos con las Leyes Nuevas y el Virre y Núñ e z Vela. De la Gasca a su llegada al Perú tenía instrucciones claras para reformar toda la administ ra ción y t ra tar de una v e z por todas d e asen tar e l poder Re a l. Los principales objetiv os que tenía marca do como esenciales se resumen en los siguientes tre s puntos: 1º- Reorganización de la hac ienda pública; la cual había estado en tot a l descontrol y sobre la que se habían cargado gasto s que no cor re spondían a esta, afec tando directamente a los ingre sos de la Corona. La re organización consistió en enviar nuevas mar c ar reales para la acuñación, para evitar así el extravío de los metales precioso. Además de la Gasca, tení a orden d e recaudar durante su gobier no el máximo pos ible, lo que le llevo a a cumular una gran fortuna para las arca s reales. 2º- Tasación de las encomiendas; esto consistía en tasar a los indi os repartidos entre los españoles, para evitar los abusos y el sometimiento de estos a trabaj os forzosos. Esta tarea fue enca rgada a tres f ra il es dominicos (Tomás de San Martín, dirigidos por el arzobispo Gerónimo de Loaysa, el cual t eniendo en cuenta que era encomendero, c on total probabilidad rea li zo la tasació n para obtener el may or beneficio p osible para los encom ende ros. 3º- Asentamiento del po der judicial en el Perú; tras el envío de los pri meros oidores de la Rea l Audiencia junto con el primer Virrey Núñez Vela, y el frac aso que ésta supuso, a tesón de que sus oidores se pasaron al bando reb elde de 93 Cortes de Monzón (1 542). Celebradas en la ciudad hom ó n ima de la actual pro v incia de Huesca (Aragón). 63 | P á g i n a En este contex to, se produjo un primer enfrentamiento e ntre los jefes p rincipales de las órdenes religiosas de los franciscanos y los dominicos en el Reino de Chil e . Por parte de los franciscanos nos encontramos con el clérigo Vallejo, favorable a la continuación de la guerra, en contraposición a los ideales de fray Gil. En 1558, concluida la campaña anual contra los mapuche, ambos se enfre ntaron en la ciudad de Santiago, y Gil decide viajar a Lima pa ra denunciar ante la Real Audiencia, la situación en la que se encontraba e l Reino de Chile, respec to a los abusos a los que estaban siendo sometidos los na turales. Ya en L ima se encontró con la oposición el mismo Virrey , más favora ble a las t ác ticas a plica das por su hijo y era de suponer que Andrés Hurtado no iba a mostrarse favorable a las demandas del dominico, que contravenían c l aramente las actuac iones García Hurtado en Chile. Por esta razón, Gil estuvo retenido durante un tiempo en L ima a petición de García Hurtado a p esar de que la Real Audiencia de L im a había sancionado favorablemente las reclamaciones del mi sioner o sob re aplicar un mejor trato a los natur a les. El posicionamiento d e la Real Audiencia en favor de fra y Gil, pudo ser el detonante de l a s medidas qu e se tom a rían desde el Consejo de Indias, principalmente respe c to a la sustitución de García Hurtado de M endoza como gobernador d e Chil e . Finalmente, Andrés Hu rtado de Mendoza, Virre y del P e rú, fue sustituido por Die g o López de Zúñiga, y su hijo, García Hurtado de Mendoza, fue también reempla zado por Francisco de Villagra, ínti mo amig o de fra y Gil 103 . Con las decisiones tomadas por la C orona , suponemos que fra y Gil sintió un gran alivio y una pequeña victoria persona l, con res pecto a su defensa de los naturales . Tras la toma del pode r de su amigo F ra ncisco de Villagra, Gil esperab a que juntos pudieran implementar sus medidas de buen trato hacia los naturales y con ell o lleg ar a la paz que tanto nece sitaba e l Reino de Chile, desde su punto de vista 104 . La p rimera disposición t omada en este sentido, fue la liberación de to dos los prisioneros de g uerra; es te acto de buena voluntad se esperaba que fuera la antesala de unos parla mentos que llegarán a acuerdos de paz entre españoles e indí g enas del pu eblo mapuche. Esta acción se llevó a cabo en C a ñete en 1561, ante la aparienci a de que el plan diseña do por fra y Gil iba bien, este acto de buena fe por p arte de los e spañoles, fue interpretado por los mapuche, como un claro síntoma de debilidad, por lo que decidieron sublevarse. El fracaso de la iniciativa del gobernador junto con su amigo fra y 103 Medina, Miguel Ángel, Orden de los Pred icadores o Dom i nicos. Real Acade m ia de la H istoria. Fray Gil Op. C it. 104 Ibídem. 64 | P á g i n a Gil, provocó que el Teni ente del Gob e rnador, el li c enciado Juan de H errera, tomara el mando de las operaciones militares. Herr e ra , contaba con el a po y o de los encomenderos y otras pe rsona lidades importantes del reino, más proclive a aplicar l a estrategia ofensiva en la guerra, c onde nando a mue rte y a la pérdida de sus bienes a todos los alzados en armas. Gil a vista de los acontecimientos, pidió retirarse a Santiag o, lejos del ejército, donde comenzó a predi c ar en 1562 en contra de las accione s desarrolladas en las provinc ias de Arauco y Tucapel, c on el fin de crear consciencia sobre el pe rjuicio de la guerra. Estas predicaciones y su continuo hostigamiento a los en c omen deros, le llevó a tener que ha c er frente a un juicio por herejía. E sta quer ella en contra de fra y Gil, fu e interpuesta en 1563 por el canóni g o y vica rio de la catedral de Santia g o d e C hile, Antonio de Molina. Este mismo año, 1563, fue nombrado primer obispo de Santiago el también dominico Rodrig o González de Marmolejo, que encarg ó a fr ay Gil la toma de posesión de su diócesis. Envuelto en tantos procesos, fra y Gil decidió retirarse al Perú, donde se le pierde la pista, y p robablemente y como reconoce el investiga dor d e la orden de los p re dicado res, Mig uel Án g el Medina, pudo acabar sus días en el convento del Rosario de Lima 105 . 2.1.-Cartas de fray Gil Gonz á lez a los ministros y pre sidente del Consejo d e I ndias Este breve rec orrido por la vida del dominico, fray Gil González de San Nicolás, nos a y udará a contex tu aliz a r el análisis que re a li zare mos a continuación de las dos cartas enviadas, una al Consejo de Indias y otra al Virre y Andrés Hurtado de Mendoza. Además, inda g aremos en su procesamiento como supuesto hereje, c on el fin de identificar, entre otr as cosas, los partidarios de finaliz ar la guerra de Arauco de forma pacífica o violenta. El primer documento en el que nos de tendremos es una carta enviada al presidente y los mi nistros del C onse jo de Indias, fechada el 2 6 de abril de 1559, en la que fray Gil denuncia los excesos comet idos por el gobernador García Hurtado de Mendoza, hecho qu e resultó clave a la hor a d e la sustit uc ión y juicio de residencia del gobernador. El segundo do cumento está fechado en 1563 y se ti tula “Relación d e los agra vios que los indi os de Chile padecen”, d onde Gil continúa relatando los excesos cometidos por los españoles, en los siguiente s términos: 105 Ibídem. 65 | P á g i n a “…los m i sm os i ndios se ha tornado a alzar y han m uer to los españ oles que han podido, por v engarse de los agravio s y violencia s que cont inuam ent e les hacen (…) y esc ogerán antes morir que volver a l a miserable servidum br e y vejaciones que sirviendo padecían y padecen (…) y l os indios tienen justicia en defenderse y ampararse de las fuerz a que les hacen, y repe lerla con otra fuerza, si pudiesen son las crueldades que al pres ente los españoles usan con ellos tan inhumanas y fuera de t erm ino, que claram ente van los españoles con t r a el evangelio” 106 . Como se desprende de este extracto, fray Gil justifica la viol e ncia ejercid a por los mapuche , ya qu e según éste las veja ciones y abusos eran excesivos, ante los cual e s solo se podía r esponder sublevándose y enfrentándose a los e spañoles. El primer documento firmado por fra y Gil, fec h ado el 26 de abril de 1559, será sobre el que más nos detendremos, y a q ue desde nuestro parecer y a vista de los acontecimientos posteriores, pudo ser fun damenta l para la sustit ución del gobernador García Hurtado d e Mendoza por Francisco de Villagra . Fray Gil comienza su relato describiendo las a cc iones r e alizadas por Ga rcí a Hurtado de Mendoza a s u llegada al Reino de Ch ile y también las del franciscano Juan Gallegos y del lic e nciado Vallejos, que iba a Chile en calidad de visitador de la iglesia. Según señ ala Gil, García buscó el consejo de cómo enfrentar se a los problemas q ue tenía su nueva g obernación, centra do prin cipalmente en el modo de enfrentar la persistente gue rra de Arauco 107 . A su llegada a Coquimbo, según relata fray Gil, aconsejó que no fuese a la “tierra de los indios”, y que se dirigiera a S a ntiago, para solucionar los problemas desd e la ciudad, “llamando a paz a los n atura les ”, y aboliendo la servidumbre que t anto aquejaba a los indígenas 108 . El joven gobernador desoyó los consejos del r elig ioso y se dirigió directamente a Concepción, para come nzar con las acciones mi litar es. Esta decisión se g ún fra y Gil, fue consecuencia de los consejos del franc iscano Juan Gallegos y del licenciado Herna ndo d e Santillán, abiertamente conocidos por su idea de ter minar el conflicto hispano-mapuche mediante la fuerza. 106 Fragmento de texto tomado de la s “ Colección de Documentos I n éd itos para la H istoria d e Chile”, de Toribio Medina, copiado en el trabajo de in vesti g ac ión del autor Víctor Estivales Sánchez, titulado, “Influencias del p ensamiento de Francisco de Victo ria en F ray Gil González d e San Nico lás, defensor d e los indios” Med in a, José T oribio. CDIHCh. Op. Cit. Tomo XXVIII ., p. 276. 107 Medina, José Torib io. Colección de documen tos inéditos para la historia de Chile (CDIHCh). Tomo XXVIII. San tiago de C h ile: Imprenta Elze viriana, 1901 , p. 276. 108 Ibídem. 66 | P á g i n a El primer contacto c on el pueblo mapuche por parte de las fuerzas de Hurtado de Mendoza se produjo cuando salieron de Concepción, deso y endo nuevamente los consejos de fray Gil, el cual desc ribe el encuentro en los siguientes términos: “…si el goberna dor pecó en pas a rse a tierra firm e, Jesu cris to pecó en hacer se hom bre. De allí a no sé qué días vino un principal de aquell a comarca en son de paz, y por consejo de l Licenciado San t i l lá n y fray Juan Ga llegos l o prendieron, y no bastó deci r le s que ponían un escándalo sobre otr o, y que, aunque fue se espía, le tratasen bien y le convidasen con la paz y le m ostrase las fuerzas de nuestro f ue rt e para que no osase venir, antes creo que en volver yo por l os indios los dañaba porque se hac ía todo al revés. En fin vinieron sobre el fuerte unos indiezuelo s y los sold ados m ataron los que pudieron del los, sin tener lástima que enviab an al infi erno a los que venían a predic ar, antes hubo quien dec ía que era la más lind a caza del mundo tirarle con los arcabuces” 109 . Este suceso marcó para siempre la relación de fray Gil con el gobernador y los otros consejeros, y a que había sido ninguneado en varias ocasiones, provocando desde su punto de vista muertes innecesa rias y más de personas que iban en son de paz. La respuesta del religioso dominico ante estos sucesos, f ue advertir a los solda dos de que los excesos que estaban cometiendo les poní a n en situación de pecado m ortal, con l a espera nza de que los ex c esos remitiesen. Estas prédicas en contra d e la guerra, tuvieron respuesta por parte del gobernador, incapaz de re prender al reli g ioso por sus soflamas, le dio licencia para que abandonara el campo de b atalla y se marchara a S antiag o, cosa que fray Gil aceptó de inmediato 110 . Ante el modo de predicar de fra y Gil, contrario a la guerra, fray Juan Gallegos, hizo lo propi o hablando de lo “justo de la g ue rr a a los indios” tras la partida del dominico. Santillán que hasta ese momento s e h a bía mantenido en un se g undo plano, repre ndió públicamente a fra y Gil por sus ideas, deslegitimando ante todos los mandos del ejército sus palabras 111 . P or otro lado, a partir de este momento se comenz ó a forjar la imagen d e cruel con la que pasaría a la histori a García Hurtado d e Mendoza y que, del mi smo modo, sembraría la semill a de la enemistad entre los mapuches y los españoles, infranquea bl e a lo largo de la segunda mitad del siglo XVI. 109 Medina, J osé To ribi o. CDIHCh. Op. Cit., T om o XXVI II, p . 277. 110 Ibídem. 111 Ibídem, p. 279. 67 | P á g i n a En este punto cree mos que es preciso detenernos para hacer unas aclaraciones sobre la figura de fray Gil González de San Nicolás, principalmente en lo referente a su forma de pensar; este mi sioner o se había formado en la Universidad de Salamanca, siendo discípulo del maestro Francisco de Vitoria, conocido por defender el li bre albedrío, padre de las le y es internac ionales y los derec hos humanos 112 . Esta concepción , iba en contra claramente de la idea de im pone r l a reli g ión por la fuerza que se estaba aplicando en la América española. Como recoge Víctor Estivales Sánchez, en su traba jo de investigac ión sobre la re lación entre fra y Gil y Vitoria, este último planteó sus ideas en una serie de “títulos justos” y “títulos injustos” que impartía en sus clases. Estos títulos son los siguientes: Títulos I njustos: - El empera dor no es el señor del mundo. - L a donación pontifici a no es válida por cuanto el papa no puede dar tierras a nadie, solo puede, y de be fome ntar la e van gelización. - L a no aceptación de la fe cristiana no es suficient e para h acer la guerra a l os indígena s. - L as práctica s antinatura les de los indios solo los hace perder la gracia, no sus bienes. - El sometimi e nto de los indios al requerimiento de Palacios Rubio , no es válido cua nto no tienen l os na turales libertad para escoger, y no saben lo que están haciendo. - Dios no ha donado la tierra a los castellanos, toda vez que la ti erra ya ti ene legítimos dueños. Títulos Justos: - Siendo propiedad, según las connotaciones con qu e la seg unda escolástica lo reviste, un derecho soci al: si una n ac ión no ut iliz a sus bienes, entonces es lí cito que otros lo hagan. 112 El der ech o natural es una doctrina ética y jurídica que post ula la existencia d e derechos f undam entado s o determinados en la naturaleza humana. Pro pug na la exi stencia de u n co n j unto d e derec h o s un iversale s, anteriores, superio res e independientes al d erecho escrito, al der echo p ositiv o y al der ech o consuetudinario. Reconocido en la actualidad co m o el padr e del Der ech o Internacional y los Derec h o s Humanos por la ONU. 68 | P á g i n a - L os cristianos están obligados a prop agar la fe y no a apoderarse de l os bienes de los indios. Aun si se ni egan a s er evangelizados, la guerra no es lícita. - Es lícito que los españo les defiendan, incluso con las armas, a los indios convertidos al cristianismo. - Si la nación se ha convertido al cristianismo, mas no así su monarca, el pontífice puede deponerlo o colocar a un monar c a cristiano. - Es lí c it o defender a los indígenas contra el mon arc a que pretende realizar práctica s inhumanas con ellos. - L os indígenas pueden elegir a su monar c a libremente, pudiendo recaer la elecc ión sobre el monarca castellano. - Castilla puede celebrar tratados con los indí g ena s y , si son ataca dos, puede defenderlos, sobre la base de que todos los pueblos son ig uales en libertad y derec ho 113 Enumerados todos los títulos teorizados por Fran cisco de Vitoria, nos se rá más fácil entender del porqué de l a oposición de fray Gil a la guerra contra los indígenas. Para éste, los mapuc he eran li bre s de aceptar o no el ca tolicismo, y por lo tanto la guerr a que promovían los castellanos y al g unos religiosos como Juan Galleg os eran il e gítimas. Dicho lo cual, sobre los principios por los que se regía fr ay Gil, este continuó sus denuncias ante lo que su modo de ver era una guerra injusta. Escribió al Virre y , para que llamase al orde n al licenciado Santillán y r e aliz a se el trabajo que había ido a hacer a Chile, tasar a lo s natura les para la protección de é stos. Al mismo ti e mpo Santillán y Juan Galleg os, h a cían l o propio al Virre y , den unc iando a fra y Gil por su modo de predicar y contravenir las instrucciones dadas por él 114 . Como recoge fr ay Gil en su carta al C onse jo d e I ndia s, la contestación del Vir rey Andrés Hurtado de Mendoza no se hizo espera r, argumentando, que a tesón de la sit uac ión que vivía el Rein o de C hile, la estrategia más acertada era el sometimiento de los naturales, con estas palabras “…Chile es tierra nue v a y que es menester sirvan ahora los indios…”. De esta reflexión realizada por e l Virre y , vemos claramente el apo y o a las acciones llevadas a cabo por su hijo el gobernador García Hurtado de Mendoza, y las ideas promovidas por 113 Esquivel Sánc hez, Víctor. Influencia del pensamiento de F r ancisco de Vito r ia en Fray Gil Go nzález de Sa n Nicolás, defen sor de los indios . Univ er sidad de San ti ago de Chile. 114 Medina, J osé To ribi o. CDIHCh. Op. Cit., T om o XXVI II, p . 279. 69 | P á g i n a Santillán y Juan Gallegos 115 . Fra y Gil comenta qu e este espald a razo a la estrategia del gobernador, contraviene la evangelización de los naturales, y a q ue son utiliz a dos para sacar oro de las minas y estos no cuentan con doctrinero, solo con capitán y guarda, que someten a gra ndes abuso s a los naturales 116 . A modo de rec apitulación, y para contextualizar los sucesos que acontecerán en Santiago e n torno a la figura de fray Gil, éste tra s abandonar la Corte del gobernador en Concepción, se dirig e a Santiago con intenc ión de embarc ars e pa ra Lima, pero es retenido por los vecinos para que éste fundase un convento en dicha ciudad. Por la aclamación de los v ec inos santiaguinos, fra y Gil, se mantuvo en el R e ino de Chile, y fundo el convento de Nuestra Seño ra d e l Rosario, en un solar donado por Juan de Esquivel, que tomo el hábito posteriormente 117 . Cuando finalizó la fundac ión de éste, e l licenciado Santillán y Juan Gallegos, ll e garon a Santiago tras finalizar la campaña a nual en la provincia de Arauco. Juan Ga llegos al v e r como pre dicab a fray Gi l e n contra de la guerra y a favor de r estituir las p érdidas materiales de los naturales, comenzó a co ntradecir las pr e dica c iones de é ste, tratando de desacreditarlo públicamente y por lo tanto, justificando la g uerra en el sur del Reino 118 . Estos enfrentamientos no hicieron más que aum entar , afectando directamente a las decisiones sobre la c rea ción del futuro obisp ado de Santiago y la designación de un prelado. En este moment o, volvere mos a ver com o de sde las elites virre inales, trat a n de tener en las principales posiciones de cada región, p e rsonas afines, para que no surgieses voces contrarias a las estrateg ias polí tico-militares, controlando de este modo los cuatro poderes del Reino; político, militar, económico y eclesiástico. Dicho lo cual, y como se desprende del relato de fra y Gil, el dominico narra un suceso que paso en torn o a las bulas p ara el no mbra miento de un vica rio general del Reino de Chile. Según Gil, él había visto unas bulas firmadas por e l Papá, que contradecían las que en Santiago se le y eron, que d e cían lo siguiente: “Trujeron allí un t rasunto d e trasunto de l a b ul a del S antísimo Sacram ent o, y por q ue yo dije que yo había visto una der og at o ria del Papa en que declar aba que era su voluntad que por t r as un to de t ra sunto no se publicasen perdon e s ni ganasen, hacen a un clérigo 115 Ibídem. 116 Ibídem, p. 280. 117 Errázuriz, Crec en te . Lo s Oríg enes de la Iglesia… Op. Cit., p . 98. 118 Medina, J osé To ribi o. CDIHCh. Op. Cit., T om o XXVI II, p . 281. 70 | P á g i n a que est aba allí por vicario que me publique por descomulg ado, de donde se si g ui ó en toda la ciud ad grande es cá n dalo” 119 Según relata fra y Gil, l a lectura de estas bulas , no tenía otro obj etivo que excomulgarle para desacreditarle po r sus sermones contrarios al conflicto en el Reino de Chile. Esta amenaza de ex c omunión no sería la última a la que se tendría que enfrentar fray Gil. Pese a esto, fra y Gil seria confirm a do en el cargo de Vicario General de la Nación en 1561 tras haber sido nombrado en 1557 120 Ante esta difícil situación, fra y Gil escribió al Rey , pidi e ndo que fuese él el que nombrase al nu evo prelado, y a que era el legítimo para nomb rar di chos cargos en favor del Patronato R ea l. Fray Juan Gallegos, escribi ó igua lment e , indi c ando que era innecesario tal nombramiento del nuevo prelado, y a que un funcionario podía hacer esta función, e n concreto el li cenc iado Vallejo, que se encontraba en el arzobispado de Lima tratando todos los temas tocantes al Reino de Chil e 121 . Va llejo abogaba por no dividir la diócesis y crear una nueva para Santiag o, pret e ndía que este territorio continuases ligado directamente al a rzobispado de L im a . Todas estas acciones fueron favorecidas por García Hurtado de Mendoza, incluso Vallejo a instancia d el gobernador, propuso la excomunión del electo como obispo de Santiago y los clérigos que le acompañaba n 122 . Santillán por su lado, puso su punto de mira en las acciones llevadas a cabo por f r ay Gil. Lo primero que hiz o a su ll e gada a S a ntiago, fue pr ende r a dos clérigos que se encontraban en el recién crea do conv e nto de los dominicos. L a siguiente m e dida tomada por S a ntillán, fue expulsar a los frailes de las casas que ocupaban en S antiag o. Se g ún fray Gil, estas casas habían sido entregadas por el c orregido r de Santiago para la instalación de la orden de los predicadores, pe ro para Santill á n estas estancias tenían que ser devueltas a sus dueños, despojando de este modo a los fra iles de sus aposentos en Santiag o 123 . Santillán no contento con este duro cerco a l as acciones de fray Gil y de los domi nicos en Santi ago, también les despojo de una “ Chacaras” 124 que habían pertenecido a Pedro de Va ldivia y que se habían cedido a los fr ailes para poder sustentar su conve nto. Santillán también ordeno que si los frailes osa ban entrar en estos terre nos 119 Ibídem. 120 Errázuriz, Crec en te. Lo s Orí g enes de la Iglesia … Op. Cit., p . 99. 121 Medina, J osé To ribi o. CDIHCh. Op. Cit., T om o XXVI II, p . 281. 122 Ibídem. 123 Ibídem, p. 282. 124 Peq u eña finca rural dotad a de v ivienda y terreno para el cultivo y la crianza d e animales domésticos. 71 | P á g i n a fueses apedreados 125 . L a c arta de fra y Gil conclu ye con un alegato sobr e su inocencia frente a todos los carg os y denuncias que sobre él se habían rea lizado en los siguientes términos: “Bien sé que han d e decir contr a mí, pues en pr e sencia m e han impuesto muchas cosas ; lo que suplico es que ni a mí ni a ellos se de crédito, si no a quien mejor probase, que aparejado estoy a dar bastante información de todo lo dicho, y de otras cosas harto más m alsonante, que cayó por no dar m ás fas tid io. Si entendie r e sirvo en inform ar de semejantes negocios, dellos y de todo lo dem ás que t ocan t e a indios suced i es es daré siempre aviso a V. A., cuyo glorioso estado y m u y alto poder Nuestro Señor si e mpre sustente para servicio suyo y amparo desta su n uev a Iglesia. Am en. – En la ciudad de los Reyes, v ei nte y seis de abri l de m il quin ientos cincuen ta y nueve. Fray G il González de San Nicolás” 126 2.2.-Proceso por here jía de fray Gil González de San Nicolás Para entend e r el proceso por herejía al que se vio someti do fra y Gil tenemos que reca pitular brevemente l os sucesos previos al momento del tal juicio. Tras las cartas anteriormente a nalizadas y los datos que tene mos sobre la vida del dominico, la situación en el Reino de Chile comenzaba a cambiar, es decir , se produce un cambio en el gobierno, Francisco de Villagra sustitu y e a G a rcía Hurtado de M e ndoz a . C omo ya hemos comentado anteriormente, las noticias sobre García Hurtado de Mendoza, comenzaban a alert a r al Consejo de I ndias, pri ncipalmente por la crueld ad que est e empleaba c ontra los natu ra les de Chile. El padre de Ga rcía, el virr ey Andrés Hurtado de Mendoza, también sería sustituido, principalmente por sus enfrentamientos con los oidores de la Real Audiencia de L im a, por sus ex c esos en el ejercicio del poder y su alianza con los principales encomenderos del virreinato. Tenemos que tener en cuenta que en estos momentos (deda da de 1550 aproximadamente), las ó rde nes de la Corona iban en contra de los de se os de los encomenderos, y más tras la promulgación y l e nta aplicación de las Ley e s Nueva s (20 de noviembre1542). Con todo esto, las quejas sobre la relación entre padre e hijo (virre y y gobernador de Chile) iban en aumento, con fra y Gil como uno de los principales críticos. Según éste, el padr e nunc a se opon ía a las decisiones del hijo y vi ceversa. 125 Medina, J osé To ribi o. CDIHCh. Op. Cit., T om o XXVI II, p . 282. 126 Ibídem, p. 283. 72 | P á g i n a El Virre y Andrés Hurtado de Mendoza, sería sustituido el 15 de diciembre de 1558 por Diego López de Zúñiga, también conoc ido como el conde d e N ieva , é ste no haría efectivo este c ambio hasta el 17 de abril de 1561. El conde de Nieva, adquiriría también el cargo d e presidente de l a Real Audiencia además d e los cargos propios del Virrey. Por su parte, G a rcía Hu rta do de Mendoz a , fue sustituido por Francisco de Villagra en 1561. Garc ía se tuvo que enfre ntar a un duro ju icio de residen cia, en el que se le acusaba de casi do scientos cargos, d e los que salió culpable en cien to noventa y seis. L as principales acu sa ciones estaban relacionadas con el maltrato a los natura les , a los soldados y la arbitrar ia entrega d e en c omiend as que realizo dur a nte su g obierno d el Reino de Chile. Una vez contextualiz ada la situación en la que s e encontra ba, tanto el Virr e inato como el Re ino de Chi le, comenzó su gobier no Francisco de Villagra. Villagra era ami g o de fra y Gil, y en cierta medida estaba de acuerdo con los principios antibelicistas que pregonaba e l domi nico. En 1561, como y a hemos mencionado anteriormente en el recorrido por la vida de fray Gil, Villagra a instancia del dominico, decide poner en libertar a todos los cautiv os de guerra en Cañete. Esta acción que busca ba establecer las bases de una nueva rel ación entre los contendientes de la dilatada gue rra de A rauc o, resulto contraria a las pretensiones de los españo les. Tra s la liberación de los cautivos, este gesto fue interpretado por los mapuche, co mo una señal de debilidad, provocando todo lo contrario a las expectativas puestas en el plan de fra y Gil, una rebelión gene ral contra los españoles. Con este fracaso, los partidarios de la guerra ofens iva, encontraban el argumento perfecto para proseguir con esta estrategia. Las tesis defendidas por fra y Gil, quedaron apartadas para siempre, incluso el propio Franc isco de Vill ag ra se vería pr ofunda mente afec tado, y a que en esta rebelión perdería a su hijo, Pedro de Villag ra “El Mozo”, lo que junto con su avanzad a edad supuso un duro golpe psicológico que le p ostraría en su cama hasta el fin d e sus días 127 . Fra y Gil po r su p arte se retiró a Santiago, l e jos de los campos de batalla, dond e continuó su predicación en contra de la guerra y lo ilegitimo de hacer la guerr a a los n a turales. 127 Gó n gora y Mar m o lejo, A lo nso d e. Historia de todas las cos as que han acaecido en el reino d e Chile y de lo s que lo han gob ernado . XXXVI. De cómo Francisco d e Villagra envió su hijo P e d r o de Villagra a desbaratar un fuerte en compañía del licenciado Alta m irano, que era su maestre de ca m po, y de lo qu e en la jo rn ada le sucedió . 79 | P á g i n a -Siem pr e que se m e p ida por escrito y yo esté obli gado a hace r lo, repuso entonces Paredes, os lo m ostrare. -¿ Para qué quiere Vmd., añadió entonces Hurtad o, dar l ug ar a que el padre fray Gil tome j u ez conservador, si n o que , pues ha proced i do Vmd. como juez ordina r io y l os autos del pr oc es o han sid o públicos y está ya sentenciado, porque no lo m ues tra, si después, aunque n o quiera lo ha de hacer? Rogándoselo entonces las dem ás per son as que estaban pr es entes, Paredes expre só: -No puedo m ostrar los autos porq ue no se v e el dicho de un test igo. -Cual, le preg unto Frías. ¿ El de Don D iego? -Sí, concluyo Paredes, y entrándose luego en su aposento salió trayendo el proceso . Dirigiéndose en seg uida a (fray G il) González . -Padre fray Gil: por vida vuestra qu e os quitéis desos enojos y pas ion es , porque, cierto, es mentira todo lo que os van a decir, y no deis lugar a mentiras ni chism erías; porque , si bien os acordáis, me dijisteis en la plaza que Marm olej o y Rodrigo de Escobar os habían dicho que Alonso de Escobar dec ía que no quería oír l o m oral para qu e veáis cuan falso e s, ved aquí sus dos dichos en l a sum arísima inform aci ón. Y viendo que (fray Gil) González se manifestaba sorprend ido de l o que iba leyendo, continuó: -Pues hagoos saber, padre fray Gil, que a sí es todo lo demás que dicen que hay contra Vmd.” 145 El encuentro prosiguió junt o con la conversac ión, y como bien recoge Toribio Medina, el escribano, Juan Hurtado, continúo le y endo la sentenc ia en contra de Alonso de Escobar: “… y este t e stigo, cuenta el escribano, tomo el dicho proceso y lo hojeo y hal lo un escripto que le parece ser la ladra de un Pedro de Pad i l l a que enseña a leer muchachos en esta ciudad, y este testig o lo ley ó públicamente en alta voz , de suerte que lo oyeron los circundan t es …en el cual escripto a es te testigo le parece que se alega y dice quel padre fray Gil ha dicho y predicado quel Papa no tiene poder en estas partes en lo espiritual y temporal, y que S. M. del Rey Nuestro Señor era tirano, y que sus vas al los 145 Medina, J osé To ribio. Historia del San to Tribunal de la Inquisición … Op. Cit., p . 26 . 80 | P á g i n a no eran obligados a obedec er a é l ni a sus m inistros, y ot ra s cosas d e que e ste testi go no se acuerda b i en… ” 146 Este testim onio es clave para entender el origen y las motivaciones para iniciar el proceso contra fra y Gi l. Como hemos podido constatar, el dominico era abiertame nt e desfavorable sob re las acciones contra los n aturales y lo justa de la contienda, esto comenzó a levantar los ánimos de los que aboga b an por la continuación de una guerra de carácter ofensivo. Alonso de Escobar personifica esta tendencia más belicista, por lo que la querella por h erejía, no era m ás que una excusa para t ra tar de d ejar fuera del tablero de juego a un rel ig ioso de tanta importancia dentro de la sociedad del Reino de Chile. Fray Gil nunca se mostró dócil frente a los más poderosos, pregonando abiertamente en cont ra de estos. En el caso de Alonso de Escobar, fray Gil le acusa desde el pulpito de ladrón, y este a su vez difu nde palabras atribuidas a l dominico en contra de la Corona y la Iglesia, con el fin de argumentar el proceso por h ere jí a . Como veremos a continuación, el proceso no hizo más que dilatarse, afectando a personajes como J uan J ufre (alca lde y regidor en varias oc asiones de S a nti a go, Alférez Real en 1556 y represéntate ante la R e al Audiencia de Concepción en 1568) o el propio obispo de Santiag o, Rodrigo Gonz á lez de Marmolejos. El proceso continuó con la querella presentada por fra y Gil contra el antiguo juez de la causa, el pad re Paredes, el cual, según Gil había obrado abiertamente en contra su y a en el juicio, saltándose el papel de persona imparcia l que debía tener un juez. Gil arg umentaba que Parede s había ace pta do declaraciones abierta mente falsas e interesada s. El nuevo juez conservador, fra y Cr istóbal de Rabanera, in media tamente tomo testimonio nuevamente a Alonso de Escobar, con el fin d e ver s i las acusaciones vertidas por fray Gil sobre el antiguo juez era n ciertas. Tras la toma d e testimonio a Escobar, el día 19 de septiembre pres e ntaba un escrito en el que se retractaba frontalmente de las supuestas acusac iones que había hecho sobr e f ray Gil . E n concreto R a banera, pregunto a Escobar si era cierto qu e se había pronunciado en los siguientes términos: “Preguntado si e s verdad que este confesant e ha dicho y publicado quel inventor de la secta luterana fue fraile dom inico y esta y las demás inf a m ias contenid as en el dicho escripto e interr ogatorio contra el d icho fray Gil lo d ijo est e confe sa n te en su dicho e 146 Ibídem, p. 27. 81 | P á g i n a confesión que le fue t om ada por el dicho m aestro Pare des preg untándole si había dicho las palabras que fue acusado por el fis cal, dijo que l no ha dicho n i pub licado que f ra i l es de Santo Domingo haya sido inventor de la secta luterana; más de qu e l e parece que con el enojo que e st a ba, por haber d i cho el p adre fray Gil que le castigas en por lute r an o, dijo quel era luterano y que de su hábito salió Lu tero, m as no por ha cer determ i nadam ente ni de hecho pensado i n j u r i a al padre fr ay Gil ni a su Orden, y que si otra cosa algun a dijo, que no se acuer da, que se rem it e a su confesión. 147 ” En este momento, Escobar pasa a un se g undo pl a no respecto a la ca usa contra fray Gil, pasando a la primera línea el antiguo juez , P a redes. El mismo día que se retractó Escobar, Paredes se presentó ante Rabanera para p re star declaración, en la que sorprendentemente dijo que él se había posi c ionado de lado de fray Gil, y que solo había admitido el escrito contra Gil por su condición de juez, a pesar de saber que e ra falso 148 . Días después, Paredes, continuaba defendiendo sus tesis respecto al escrito que le ha bía causado el enj uicia mi e nto, diciendo que él solo lo había acept ado porque pensaba qu e era solo como parte de l a defensa d e Escobar y no contra la figura de fray Gil. Otros protagonistas del proceso, como son J ua n de Es c obedo (letrado de Escobar) , Juan Cuevas y Juan Bautista Pastene, hacían lo propio, retract á ndose de sus testimonios favora bles a Escobar, ha ciendo hincapié en que los sermones de fra y Gil se ceñían a la doctrina catól ica, sin ca e r e n nin guna p ráctica herética. En este punto, y con todo lo comentado anteriormente, queda nueva mente demostrado, como desde el círculo de personalidades favorables a continuar con la guerra y lo justa d e esta contra los naturales, utilizan las herramientas legales a su alcancé pa ra eliminar a sus enemigos. En este caso, las pruebas contr a fra y Gil, se desmontaron rá pidamente, por lo que cambiaron las tornas entre acusados y acusadores. Retomando la historia, y viendo como todos se retrac taban d e sus declara c iones contra fra y Gil, solo quedaba d a r sentencia por parte de Rabanera y esta no se hizo esperar. “Fallo, decía el juez , atentos los autos y m ér itos, que debo de decl arar y declaró por impertinent e, y, en consecu encia, por ninguno de t odo lo articulado contra el padr e fray Gil Gonz ález de San Nicolás, por el interrogatorio presen tado por Alonso de Escobar, 147 Ibídem , p . 28 . 148 Ibídem. 82 | P á g i n a en l a ca í da que por este dicho proceso parece haberse tratado contra él, que es lo contenido en l a s egunda y tercera preg unta del dicho interrogatorio ; y todo lo de puesto y declarado, sobre l a s dich as preg untas, por los testigos pr esen t ado s y examinados en l a dicha causa, y, como tal, im pertinente e n inguno mando sea testado e tildado en el dicho proceso; e asim ismo decl aró haber i n currido en excomunión mayor el maestro Francisco de Paredes, visita dor , juez que f ue en la dicha causa, por se haber entrem et ido en inquirir y hacer info rmación y probanzas con tra el dicho padre fray Gil, en caso de inquisición, si e ndo, com o es, en el dicho caso exento de jurisdicc ión e i nm ediato a Su Santidad, por privileg ios e i ndu ltos apostól i cos, a las Ó r denes y religiones dellas concedidos por los Sumos Pontífices, e habida consideración a la satisfacc i ón dada en esta d i ch a cau sa el dich o padre f r ay Gil por e l dicho maest ro Francisco de Par edes y por el licenciado Escobedo , e por Alonso de Escobar e Jua n de Cuevas e el capitán Juan Bautista de Pastene, e quel dicho padre fray Gil se desistió e aparto de la dicha su querella: absuelvo e doy por li b re a todos l os susodichos e a cada uno del l os della y de lo que contiene, e asimismo a Ag ust ín Briseño, notari o: condenando como condeno, en las costas en esta cause e proceso j u stas e derecham ente f ech as, cuya tasación en mi reservo, al dicho maestro Francisco de Paredes, v i si tador e juez susodicho, e al licenciado Juan de Escob edo, por iguales partes, ansi en las del nota rio de la dicha causa como en las del as e sor que en ella he tenido, del cual declaró haber tenido necesidad para la pros ecución e determ inac ión de ella, y por esta mi sentencia definitiva jugando, ansi lo pronun ci o y mando en estos escritos y por ellos. 149 ” Del fa ll o se desprende q ue A lonso de Escobar no había sido más que un peón e n el tablero de las luchas de poder dentro del R e ino de C hile, en el qu e el padre fray Gil aparece como el rival a tumbar cueste lo que cueste. Alonso de Escobar no pasaba de ser un mero fi g urante e n la trama, en la que tras este fallo quedo claro que detrás de éste, estaban personas tan im porta ntes como J uan Bautista Pastene o el propio juez Paredes. Este proceso pudo terminar con esta s e ntencia de R a bane ra , p ero no hizo más que dilatarse, y adquiriendo unas dimensiones que afectaran a una gran cantidad de personalidade s. El proceso contra fra y Gil continuó, con el r ecurso presentado por P a r edes, no conforme con la sentencia dictada por Rabanera. Dicho lo cual, y co mo ya hemos adelantado, lo que com enzó co mo un juicio por una posible prá c tica h e rética en el Reino de Chile, desatará una guerra d e poder, por el control eclesiástico e n Santiag o y 149 Ibídem, p.3 1. 83 | P á g i n a por lo tanto en todo el territorio. Todo comenzó de nuevo el 9 de enero de 1563, en la iglesia de San Francisco de Santia g o, donde fra y Cristóbal de Rabanera, d elante de una gran multitud de vecinos, declar aba que de nuevo había aceptado el cargo d e juez conserva dor, ante una nueva causa contra fra y Gil por here jía. Esta vez la querella iba a ser presentada por fray A ntonio del Campo, fraile de los dominicos y amigo de fra y Gil. Este, consci e nte d e las informac iones y acusaciones que el li c enci a do Antonio de Molina 150 , vicario de Santiag o, est aba r e aliz ando contra fra y Gil, testifico ante Raba nera para iniciar el proceso. Antonio del Campo, argumenta su d enunc ia en l os siguientes términos: “…ha dicho que el dicho fray Gil había dicho en cierta disputa y serm ones proposicione s heréticas, en que le i m porta e ha impuesto falsos testim onios, y le ha hecho grave y at roz inju ria e manifiesta, y demás desto en escriptos y platica s, le han llamado y llaman here je, en gran ofensa suya y de la d icha nuestra Orden, y asim i s mo el dicho licen ciado ha hecho información con t ra el dicho fr ay Gil… 151 ” La acusación esta vez sobre fra y Gil, no viene más que a c onti nua r con la argumentac ión esgrimida anteriormente, añadiendo en este caso, el p erjuicio q ue estas acusac iones pasadas habían hecho sobre la orden domi nica y la propia f ig ura de fray Gil, y todo esto a pesar de haber salido libre y sin condena de los dos procesos anteriore s. Dicho lo cu a l y a tesón d el testimonio de Campo sobre las de c laraciones del licenciado Antonio de M olina, el desc redito sobre fray Gil había comenzado a calar en la sociedad chilena, r efiriéndose a los improperios a los que e ra sometido por algunos vecinos. Esta afir m ación es difícil de e sclarecer, pero podemos suponer y vist a la importancia de algunos de los encausados en el anterior proceso, que extendieran la idea de que fra y Gil era un hereje entre sus más afines, con el descredito popular que esto supondría. Campo continuó su denuncia en los siguientes términos: “…vino el dicho licenciado Molina con ciertos cléri gos a prender al dicho fray Gil, sobre hecho pensado, y le puso espías para ello, y no pudiendo efectuar su i n tención, pidió y a perseverado en pedir ayuda a la j u sticia real, para prender al dicho fray Gil, y estas y semejantes inj u rias notorias persevera e l dicho licenc i ado Molina contra el dicho fray Gil: por tanto pido y requiero a V. R. que habida e sta m i quer e l l a por verdade r a o l a parte que dell a baste, decla re por su senten ci a defin itiv a, al dicho licenciado Molina y a 150 Roa y Ursúa, Luis de. El Rey no de Chile … Op. Cit. , p . 383. 151 Medina, J osé To ribi o. Historia del Santo Tribu n a l de la Inquisició n … Op. Cit., p . 34. 84 | P á g i n a todos los demás que se hallasen culpados en las dichas injurias, infam ias y falsos testimonios y atrevim ient o s… 152 ” Rabanera no dilato más la situación y comenzó con el pro c eso nombrando por asesor letrado al licenciado Hernando Bravo, para que comenzase a recabar la información necesaria para el inicio del juicio; a P e dro Ser ra no como notario apostólico, y po r últim o a J uan J ufre le solicitó que no se ausentase de la ciudad como primera autoridad de Santiago. Campo continuó con su fiera defensa de f ray G il, instando al juez que declarase por excomulgado al licenciado Molina, al licenciado Escobedo por su re lación c on Molina y a otros tres clérigos, Cristóbal de Molina, Juan He rnández y el padre Andrés Roca, que fueron los que se personaron para apresar a fray Gil 153 . La solicitud de excomunión de Campo continua con los notar ios de Molina, Me rlo y Estrada, y dos d e los h erma nos del d enunc iado , Cosme y Gerónimo de Molina, que junto a los clérigos, anteriormente mencionados, también acudieron armados a prender a fray Gil 154 . El 11 de enero de 1564 Rabanera llamo a declarar ante él a Antonio de Molina, el cual no se pr e sentó, si no que envió a su n otario, el cual había sido amenazado por Molina, en el caso de declar a r contra él o a favor de fray Gil, con el tribunal de la Santa Inquisición. Este d esplante de Molina ante el juez, estaba justificado porq ue Rabanera, el juez, había sido excomulgado por el mi smo 155 . Molina mientras tanto, preparaba su defensa ante la querella por injurias. Sobre esta d efe nsa tenemos c onstancia gracias a la declaración de J ua n Jufre ante el juez Rabanera, sobre las cuales y como veremos a continuación se extiende la d uda de la sospecha de ser pruebas falsas o preparadas contra fray Gil. Juan Jufre relata ante Rabanera lo siguiente: “…Molina fue a su posada deste declar ante (Juan Jufre), con ciertos papeles que decía ser información contra el padre fray Gil Gonz ál ez de San Ni colás, en l os cua l es escriptos o probanzas ley ó ciertos dichos de testigos, sin los nombres, por lo cual parecía haber hecho información contra el dicho f ray Gil, sob re cie rtas cosas que en una porfía y debate había dich o y de otra palabra o palabras que e n un sermón había dicho, las cuales di j o este t es t ig o que eran propus i c iones, la una del l as, heré tica, que era que 152 Ibídem , p . 35 . 153 Ibídem. 154 Ibídem , p . 36 . 155 Ibídem. 85 | P á g i n a los hijos se cond enaban eternalm ent e por los pecados de lo s pa d res , y otras escan dal os as y m al sonan tes… 156 ” Como se deprende del te stimonio de Juan J ufre, las prueb a s que iba a presentar Molina, cuanto menos e ra n sospechosas de ser falsas a ser presentadas sin firmantes. Además, cuanto menos es curioso que en un proceso donde Molina era el acus a do, basase su defensa en un ataque contra fra y Gil . Antonio de Moli na tomo n ue vamente la iniciativa de ca ra a sus v ec ino y dif amando públicamente la figura de fray Gil, colga ndo en la puerta de la iglesia Ma y or unos panfle tos en los que declaraba que f ray Gil estaba excomulgado 157 . Gil acudió rápidamente a R a banera pidiendo que s e retirasen esta s calumnias de la pue rta del templo, a lo qu e ac udió Juan J ufr e por mandato del juez . Nuevamente vemos como los enemigos de fray Gil actuaban d e cara a la so c iedad, tratando de desacreditar al dominico públicamente . T ras la retirada de este primer ca rtel, al día siguiente Molina volvió a colocar un nuevo escrito en el que se podía leer: “…nonig o Juez e vicario e inquisidor…ag o e su j u r i sdicción por m uy… señor…red es , arcediano, visitador e vicari o g eneral de p… po r los muy Magcos. E m uy Rdos. Señore s deán e cabil do de la Santa…de la c iudad de la Plata, etc. hag o sa…es o fieles cristianos, vecinos e moradores, estan tes e habit antes en esta dicha ciudad de Santiago e su distrito, como el padre fray Gil Gonz ál ez de San Nicol á s, v i c ario provincial de la orden de Santo Dom ingo, de est a dicha ciudad de Santiago, cometió cierto crimen de herejía, por lo cual, conforme a derecho, esta excom ul g ado el di c ho padr e fray Gil, y par a avisar a los fieles c ristianos qu e le envitasen, q ue no l e oyesen misa en serm ón, ni tratasen co n él en público ni en secr eto, n i en otra manera alguna, por los inconvenientes e daño que podí a nacer en las anim as de lo s fieles, de comunicar y tratar al dicho fray Gil, yo mande lee r un ed ito e fijallo en una puert a de la igles ia m ayor de est a ciudad para el dicho ef ecto, y esta noche próxim a pas ada vino el dicho fray Gil y el general Juan J u fr e , ofreciendo favor e ayuda, como j us ticia m ayor que es de es ta ciudad, con mucha gente e mano armada, con grande alboroto y escándalo, a quebrantar la iglesi a parroquial de esta ciudad e rom per el dicho edito, com o en efecto lo rom pi ero n… 158 ” El documento continúa re latando los sucesos a c ontecidos en la puerta de la iglesia Ma y or y la disputa que se organizó para retirar el edicto colocado por el padre Molina. La reyerta había sobrepasado la línea d e la viol e ncia físic a, por lo que Molina instó a sus seguidore s a prender a fra y Gil por hereje. Por su p arte C a mpo, defensor de 156 Ibídem, p. 37. 157 Ibídem, p. 39. 158 Ibídem, p. 40. 86 | P á g i n a fray Gil, pidió al jue z que decre tase la prisi ón para Antonio de Molina, incluso acudiendo a las instituciones civiles, y a que se gún éste se había ex tra limitado de sus competencias, y estas comenzaban a ame na zar los poderes re a les por tal desobediencia 159 . Rabanera no tardaría en tom a r c artas en e l asunto a tesón del ca riz qu e comenzaban a ten er los acontecimientos, decretando inmediatamente la excomunión de Molina, pidiendo nueva mente ayuda a Juan J ufr e para que colgase los edictos corre spondientes e n las puertas de las iglesias de San Francisco, la Merc ed , S a nto Domingo y otros lugares públicos. Los seguidores de Antonio de Molina se hicieron fuerte en torno a la iglesia May or, donde Molina se encontraba recluido. A este lugar acudier on dos franciscanos a notificarle con un notario las dispo sicione s dictadas por Raba ner a , pero Mo lina a rrebato los papeles al notario, invitándoles a que s e marchasen del lugar so pen a de excomunión. Molina con ti nuó con su cruzada contra fra y Gil, colgando todos los días escritos tildándolo de hereje, los c uales eran retirados inmediata mente por J uan J ufr e, a l que estas a c ciones l e costaron la excomunión por parte d e Molina. J ufre por su parte advirtió a Molina de que su causa estab a p e rdida ante la justicia, y le proponía como única solución factible, la huida de la ciudad. R abanera reclamaba otra vez la prisión de Molina, la cual finalmen te se produjo cuando J ufr e acudió a su casa dond e lo detuvo y lo condujo a la ca sa de lo s dominicos pa ra que pudiese continuar el proce so. Finalmente, el 15 de ene ro de 1564, Rabanera comenzab a a tomar declaración a Molina. El reo, lejos d e retractarse, continuó co n su discurso en contra de fray Gil, acusándolo abier tamente de herejía. La a rgumentación de Molina se centraba en torno a la tesis, de qu e fra y Gil, predicaba qu e los hijos de los es pañoles que habían hecho la gu e rr a a los pobladores o rig ina rios, heredarían sus pec a dos y por lo tanto las desgracias de los padres. Rabanera al final de la declarac i ón, añadió a pie de página una de las acusac iones más graves que se habían producido en el proceso contra Molina, y no era más que el h aber dic ho misa estado excom ulg ado o fic ialmente por el propio Rabanera 160 . El día 17 de ese mismo mes y t ra s la comparecencia de Molina ante el juez, Alonso de Escobar y Pedro de Miranda abon a ban la fian za impuesta a Molina, saliendo éste en libertad con l a p rome sa de pedir disculpas públicamente a fra y Gil. El día 20, 159 Ibídem. 160 Ibídem, p. 42. 87 | P á g i n a Rabanera tuvo que or de nar al nuevo obisp o de Santiago, Rodrigo González Marmolejos, que evitase que Antonio de Molina diese misa, nombrando en su lu ga r a Cristóbal de Molina, y a que el encausado llevando dos días en libertad aún no había solicitado el perdona de fra y Gil 161 . El obispo hizo oídos sordos y Cristóbal de Molina se ne g ó a dar misa, a pesar de ser amenazado con la excomunión y un a multa de mi l pesos. Por su parte fray Gil, acudía ante Rabanera pa ra p restar declaración y defenderse de las acusaciones realizadas p or Molina. Gil, además, presentó como sus testigos a personas tan insignes como J uan Jufre, Alonso de Córdoba o Die g o Ga rcía de Cácere s, los que se mantuvieron en la línea de la d ec laración del que re ll a nte. Molina conocedor de estas declaraciones, comenzó a poner en duda la legitimidad de R a banera como juez conserva dor y de todos los testigos presentados por fray Gil. En vist a a la def e n sa encarnizada que estaba realizando Moli na , s e produjo un importante giro de los acontec imientos. Ha sta este momento los dominicos habían sido pa rtidarios de Molina y de su causa contr a el p rovincial de la orden, fra y Gil, entre los partidarios de Moli na se encontraba el mi smísimo obispo de Santiago, Ro drig o González Marmolejo, dominico también. Pero después d e que Molina atacase directamente a personas co mo Juan Jufre, los miembros de la Orden de los Predicadores, co menzaron a darle la espa lda a Molina que se empezaba a queda r solo e n la causa 162 . Molina viendo que se queda ba aislado, aumento la dur e za de sus ata que s, ordenando al notario Sánchez de Merlo, que ley e se en la puerta de la iglesia de sus nuevos mandamientos, en los que excomulgaba a el juez Raba nera y a Juan de Jufre entre otras personas. Esto no hiz o más que a ligerar el proceso que se vení a sig uiendo en esas fechas (principios de 1564), en el qu e el juez Rabanera dicto el fallo definitivo del caso, expresado en los siguiente s términos: “ Fallo, atentos los méritos del, que fray Gil González de San Nicolás m ost r o y probo su querella, y así haber el licenc i ado Antonio de Molina, contra quien se querel l o, ido contra los privi l eg i os e indultos apostólicos, que como a tal fraile que es de la orden d e los predicadores le son con ce did os por los Sum os Pontífices Rom anos, presentados en esta cau sa, inqu iriendo y habiendo, com o parescia haber fe cho el d icho lice nci ad o Molina, información contra el dicho fray Gil y haberle querido prend er y asimismo 161 Ibídem, p. 49. 162 Ibídem, p. 53. 88 | P á g i n a haberle difamado y notori amente injuriado, llamándole públicam ente de hereje y de haber dicho proposicion es her é ticas, dudosas y escandalosas y m al sonantes, y de descomulg ado, no estando el susodicho por el j u ez del dicho fray Gil, determ inado, denunciado y dec l arado co mo de derecho se requier e: en cuya consecuencia, d eclaró por descomulg ado al dicho licenciado Molina por la culpa que contra el resulta deste proceso, por razón de lo susodicho de descomunión mayor, y por supuest o del oficio y beneficio que al presente tiene, y por inhábil p ara poder t en er otro, ni usarl e ni e j erce rle de aquí ade l an te, confo r m ándose co n los dichos indultos e privilegios apostólicos, y con las pen as de ellos estatuidas, impuestas y det e rminadas (…) po r razón de l a dicha culpa, a quel dom ingo primero sig uient e de la pronunciac i ó n desta mi sen tencia, en l a i g lesia m ayor desta ciudad de Santiago (…) la cual mando se lea públicam ente en la iglesia… 163 ” Con esta sentencia se es pera ba que terminase este dilatado proceso, pe ro nada más lejos de la realidad. Molina fue requerido a que entregase las llaves de la i g lesia May or, donde el domi ng o si g uiente a la sentencia, se le y ó por parte de l Obispo Marmolejo, el dictamen del juez al completo. M olina abandono sus aposentos y pidió asilo en el convento de la Merced, donde redac to allí el siguiente mandamiento: “El licenciado Antonio de Molina, canón igo, j uez e vicario desta ciudad de Santiago (…) los des comulg ados son los siguientes: Fray Cristóba l de Rabanera Alonso de Villadieg o Fray Juan d e la Torre Jua n d e la P eña Fray Gil Gonz ález de San Nicolás Céspedes, escri bano Fray Tom é Bernal G er ón imo Bravo, alg uac i l Pedro de Mesa Pedro Martín, alguacil Don Rodrigo G onzález, Obispo el e ct o Lisperguer Melchor de Ay al a, cl é rigo J uan G ait án Juan Jufre, teni ente de gobernado r Rodrigo J ufr e Diego Jufre El licenciad o Bravo Don Gonz ál ez Ronquillo Pedro Serrano 163 Ibídem, p. 57. 95 | P á g i n a resumidas cuentas, era u n paso previo a la formación de las mona rquía s absolutas, las cuales, en estos momentos, y más en con creto la española, estaba en su etapa embrionaria 173 . La Corona española a inicios d e l siglo XVI estaba necesitada de entrada de rentas, y más teniendo en cuenta el p roc eso de reformas inte rna s p ara el paso de monarquía feudal a monarquía absoluta. El elemento fundamental para instaurar un poder absoluto en un te rritorio, e s la formac ión d e una ejercito estatal, con el cual poder tener el monopolio de la violencia y el control de la sociedad. La empr e sa de conquista america na fue eje c utada por la iniciativa privad a , la cual llegaba a un acuerdo con la Corona mediante las capitulaciones, para repartir las competencias sobre el territorio a conquistar. La “ hueste”, denominación de los grupos de españoles qu e actuaron en estas empresas de conquista, adquirían mediante las ca pitulaciones, competenc ias para repartir las enc omienda s entre sus miembros. La Corona conseguía ampliar sus territorios y por lo tanto la entrada efectiva de rentas que le a y udab an a continuar el camino hacia una monarquía absoluta. En el caso concreto que nos atañe, la encomienda en Améri c a, fu e la solu ción a la falta de recompensa pecuniaria para las empresas privadas, que actuaron en la conquista de los nuevos territorios americanos para la Corona española. En su orige n el sistema conto con bastante solvencia, puesto que los encomenderos, tenían la responsabilidad de mant ener sus encomiendas, y por lo tanto del territorio, bajo el pode r de la Corona. Como bien de scribe Jara, los beneficiar ios de los repartimientos, tenían la obligac ión de p restar ser vicio mi litar dentro de la s jurisdicciones a la que pertenecía su territorio, e incluso, c omo es el caso del Reino de Chile, más allá de estas demarcaciones 174 . Además, también era competencia de estos conquistadores, la evangelización d e las pe rsona s que se les encomendaba. El beneficio obtenido por los encomenderos e ra b astante suculento, y a que le pertenecía todo lo que produjese su territorio, e n especial los frutos de la explotación minera. La obligac ión que estos tenían con la Corona les llevaba a entregar a la Corona el Quinto R e al, es decir, la quinta parte de todo lo extraído de sus explotaciones mineras. Las encomienda s o re partic iones de indios, a inicios de la conquista, se volviero n tremendamente cotizadas por los conquistadores, y a que la posesión de estas, le permitía acumular, en la may oría de los casos, grandes fortunas. Por otro lado, los naturales encomendados, tenía que retribuir con su trabajo en el caso de no poder pagar los tributos establecidos, esto se denominó 173 Jara, Á lvaro . Guerra y So cied ad … Op. Cit., p. 17 . 174 Ibídem, p. 19. 96 | P á g i n a Servicio Personal. Este s ervicio, suponía la esclavitud en la práctica d e los naturales, y un ca mpo donde los trabajos for zados y excesos de los españoles fue algo rec urrente. El sistema del Servicio Personal, supuso a la larga que la Corona actuase contra los encomenderos, puesto que, por culpa de estas prácticas abusivas, la p oblac ión indíge na comenzó a desce nder, d emog ráficamente hablando, de una forma estrepitosa. El sistema de la encomienda, como ya h emos mencionado anteriormente, produjo en el seno de los españoles graves enfr entamientos por la posesión de estos. Ejemplo de estos conflictos, fueron las sucesivas guerras civiles y subl e vaciones contra la C orona a lo larg o de las décadas de 1540 y 1550 en el Perú. El resultado de estos excesos y choques, fue la promulgación de las Leye s Nuevas en 1542. Esta nueva legislac ión sobr e las e ncomiendas, ve nía a t ratar de poner límites a estas prácticas abusivas, principalmente la del Servicio Personal. Otra problemática que trataría de solucionar fue la tr asmisión de los repa rtimientos de padres a hij os, limitando a solo una ge neración le tenencia d e estas, pa ra volver, una vez fallec ido el encomendero o dejada la posesión, a la Corona. Una vez llegados a e ste punto, nos c entraremos en el análisis de la institución en el Reino de C hile, para poder analizar las consecuencias que tuvo el funcionamiento y accionar tanto de la s encomi e ndas como de los encomenderos en el territorio chileno. Pedro de Valdivia era un encomendero más en el Perú, el cual contaba con grandes posesiones, a las que tuvo a c ceso precisamente tr as la g uerra civil entre Francisco P izarro y Diego de Almagro. Valdivia desempeño un im porta nt e papel como maestre de c a mpo de Pizarro, siendo el encargado de vencer a Alma gro en la batalla de las Salinas e l 6 d e abril de 1538. Gracias a los servicios prestados en el bando pizarristas, se le entregaron estos repartimientos dentro de los cuales conta ba con minas de plata y una gran cantidad de mano de obra indígena. Con su llega da a C hile, Valdivia siguió las prácticas comunes en toda la América española, repartiendo el territorio entre los miembros de su hueste. Al respecto de e sto, Jara, comenta lo siguiente; “Gracias a esta expansión de l a conquista iniciada por Valdivia y continuada por sus sucesores con la colaborac i ón de un num ero apreciable de soldados que habían sido atraídos por lo s premios que s e podrían derivar de la empresa, se estableció en el territorio la dominación del Estado español, que ocupo por cons iguiente en C hile su 97 | P á g i n a lugar a través de l os intereses privados y no como r esu ltado de la utilización de los recurso de aqu el 175 ” Nosotros estamos compl e tamente de acuerdo con esta afirmación realizada por Jara, la empresa de con quista del Reino de Chile fue totalmente privada, pero como veremos más adelante, por ciertas circunstancias, Chile pasara a ser una región deficitaria respecto a lo q ue proveía para la Corona. La importancia de los encomenderos y l os grupos de poder que generaron a su alrededor, condicionaron las estra tegias y polí ticas que articularon la vida de la sociedad chilena e n el si g lo XV I . De repartir las encomi e ndas entre los participantes en la conquista del territorio l leva das a cabo en un principio, se pasaría a una selección d e personas afines a los goberna dores, es de cir, elección de nuevos encomenderos sin méritos en el campo de batalla. Esta pr á ctica s erá habit ual ya desde el gobierno de García Hurtado de M endoza y seguido por los demás gobernadores que le sustituirán, Francisco de Villagra , Pedro de Villagra, Melchor Bravo se Sar a via, Rodrigo de Quiroga, Martín Ruiz de Gamboa, Alonso d e Sotomayor y , por último, Martín García Oñez de Loyola. Todos estos dirigentes del Rein o de Chile, estarán condicionados por las decisiones que tenían que tomar para controlar a los encomenderos, es decir, todas sus decisiones de gobierno depende rán del apo y o o no que recibirán po r parte de los encomenderos. C a da uno de ellos con sus peculiaridade s, tratarán de manejar e l tema en beneficio propio, como por ejemplo en el caso del gobierno d e Melchor Bravo d e Saravia, el cual sustituiría a gran parte d e los encomenderos viejo por los funcionarios reales que llegaban a C hile y era afines a él. Estos a pesar de no tener méritos en la conquista, obtendr án encomi e ndas, así Sara via se g a ra ntiz aba el control de un se ctor tan influye nte como el de los encomenderos y por consiguiente también el de los cabildos de las ciudades. El proceso de sustitución de los encomenderos viejo, no en todos l os casos será forzoso, aparecería otro sistema menos traumático, como e s el de los denominados “chapetones 176 ”. En el caso de Chile, e ra n muchas las encomie n das que se encontraban en manos de viudas d e los conquistadores, por lo estragos de la guerra de Arauco entre la hueste es pa ñola, por lo que desde el gobierno de Saravia, se promoverá el casamiento de recién l legados al t e rritorio y afines a éste, con est as viu das tenedoras 175 Ibídem , p . 21 . 176 Chapetones. Calificati v o dado los individuos que se casab an con las vi u das tenedoras de p rebendas (enco m iendas en e ste caso). 98 | P á g i n a de encomiendas 177 . De este modo, se sustit u ía de un modo más pacífico a los viej os encomenderos por nue vos, normalmente familiares y amigos de los funcionarios re al es. A partir del siguiente capítulo de esta tesis doct oral, entraremos a analizar en profundidad, estos proc esos que desde nuestro p unto de vista son clave para entender todos los sucesos que se vivieron en el Reino de Chile hasta fines del si g lo XV I . Las primeras reparticiones s e realizaron por el propio Pedro de Valdivia, como ya hemos comentado, éste beneficio a 132 de los 150 de sus ac ompañantes en la conquista. Como bien estudio Tha y er Oje da 178 , muchos d e estos encomenderos, alcanzarían los puesto más importantes del territ orio con el paso del tiempo, como puede ser por ejem plo el propio Rodrigo de Quiroga, que a su muerte era u no de los enc omenderos más ricos d e Chile. De nuevo tenemos qu e recurrir a la obr a de Jara, donde se rec ogen los términos legales en los que se entregaban l as encomiendas, esto nos ayudará a entender el origen de otra de las problemát ica s que condicionarían el funcionamiento de la institución en Chile, y no es más que las obligaciones mi litare s que la en treg a de los repartimientos tenía. J uan Bautista P a stene, el cual ya h a aparecido en el epígrafe ant erior dentro del proceso que vivió fra y Gil González de San Nicolás, recibió una encomienda en los siguientes tér minos. “…con tanto que seáis obligado a tener arm as y caballo y ade r ezar los caminos y puentes reales que cayeren en los térm inos de los dichos vuestros caciqu es e indios o cerca dellos, don de os fuere m andad por la justicia cupi er e e n suerte… 179 ” De este ex tra cto se desprende la obligación de mantener y mejor a r las capacidades militares del encomendero, ade má s de las líneas de comunica ción que estuvieran dentro de la j urisdicción de l a encomienda . De estas obligaciones, sur g iría n problemas y más aun con las peculiaridades del Reino de Chile. Dicho lo cua l tenemos que tener en cuenta q ue las encomiendas estaban concebidas para desarrollar su actividad en una región pacificada por una conquista previa, a partir de la cual comenzar con el desarrollo económico de éstas. En Chile, y más en concreto en la segunda mitad del sig lo XVI, la guerra fue un constante, puesto que la conquista absoluta , c omo tal, no 177 AGI Chile, 3 14. Medina, J os é Toribio . Colección de Documentos Inéditos para la Histo ria de Chile (CDIHCh). T om o II, Segunda Serie. Santiago de Chile: F ondo Histórico y Bibliográfic o J . T. Medina, 1957 . p. 4 71. 178 Jara, Á lvaro . Guerra y Socieda d … Op. Cit., p . 22. 179 Ibídem, p. 23. 99 | P á g i n a se llegó a producir. Los encomenderos recurrentemente eran el motor de este conflicto, y los en c argados de apor tar hombres y rec ursos al prexistente conflicto de Arauco. Lo que en un principio no suponía un problema, puesto que la lle g ad a de castellan o en busca de grandes rec ompensas fue lent a pero constante, a la lar g a como veremos, supuso una clara divi sión entre los p ropios españoles. Desde la década de 1570 y en adelante, las quejas d e los encomende ros d e l norte del reino (La Serena y Santiago) fueron en aumento, y siempre referidas al esfuer zo bélico para tr a tar d e someter a los naturales del sur de l reino. L os encomenderos de l sur reclamarían la lle g ad a de ay uda s y socorros, tanto desde el norte de la propia r eg ión chilena como desd e el Virreinato del Perú. A continuación, y tras expli c ar brevemente cómo funcionaba y como se instauró el sistema de los repartimientos o encomiendas en el Reino de C hile, an alizaremos los diferentes grupos de po der que estos formarían para luchar y defender sus propios intereses. 3.2- L os grupos de poder de los encomenderos y sus moti va ciones Los encomenderos en el Reino de Chile, en la seg und a mitad d e l si g lo XV I , lucharon y defendieron sus intere ses como y a había sucedido en la d écada de 1540 en el Virreinato del Perú. En el caso que no atañe, en Chil e , los enc omenderos estaban lejos de formar un grupo sóli do y monolítico, conformaba n pequeños grupos, n o exclu y entes los unos de los otros, es decir, no ex isten bando como tal. L a filiación a estos se reduce a motivos comunes, como la proximidad territorial o la oposi c ión o no a continuar con el conflicto en el sur de la región. Además de l os encomenderos divididos en norte y sur, aparecen los encomenderos viejos y nuevos, que también auna ran fuerzas para conseguir sus objetivos, c omo la perpetuidad fa mi liar de los repartimientos, o su derec ho a poseer encomiendas a pesar de no tener méritos de guerra. 100 | P á g i n a Esquema 4. D ivisión in terna dentro de la sociedad d e los encomend eros en el R eino de Chile, en la segund a mitad del sig l o X VI. Una vez introducido e l tema, nos asaltan los siguientes interrogantes, ¿Qué buscaban los encomenderos del norte en detrimento de los intereses de l os del sur? O ¿Por qué y cuando sur gier on las disputas entre encomen deros nuevos y viejos? L as cuestiones son sumamente complejas, p ero son claves a l a hor a de la explicación y argumentac ión de est a tesis doctoral y su principa l hipótesis, “La historia del poder en el Reino de Chile y como este oscilo a lo larg o del siglo XV I entre bandos, agrupados en los partidarios de lo pú blico contra los favorables de lo priv ado” . Com o decimos es esencial esta e xplicación, puesto que las tendencias a las que hacemos re ferencias y que condicionaron la vida ta nto social, como políti ca o militar del Reino d e Chile en la segunda mitad d e l si g lo XV I, son estas, las representadas por los enco mende ros. La influencia que tendr á n estos grupos sobre los dife re ntes gobernadore s fue clave, y a que tenemos que tener en cuenta, que en estos mom e ntos el monopolio de la violencia lo ejercían los encomenderos, por lo que en la práctica tenía el poder de f a cto sobre Chile. A continuación, e ntrar emos a desgranar los intereses d e cada grupo, y sobre que gobernadores influ y eron y de la man era que lo hicieron. De nuevo nos gustaría puntualizar que las mo tivaciones no e ra n ex c lu y entes las unas d e la s otras, esta agrupac ión la h emos realiz ado gracias a las pautas de conducta repetitivas que se vieron 101 | P á g i n a en la segunda mi tad del siglo XVI, y que son clave en la argumenta ción de esta tesis doctoral. Entendemos como encomenderos del norte, a los encomenderos que tenían sus repartimientos de indios en la zona norte del R e ino de Chile, desde el rio Maule hasta la jurisdicción de La Serena. La característica de es ta re g ión es la relativa p a z que vivi ó a lo largo del siglo XV I . Estas reparticiones comprendían las que pertenecían a las ciudades de Santiago, La S e rena, y en cierta medida a la de Concepción , aunque esta como veremos más adelante tiene sus peculiaridades propias . El estado de tranquilidad, en c ontrapunto a l estado en el que se e ncontraban las encomiendas de l sur, a causa de la constante guerra de Arauco, propicio el paulatino desarrollo económico de éstas. Esta posición situó a éstas, en el centro de las principales disputas entre los castellanos, y a que la posesión de uno d e estas repartic ion es garantiz aba al agraciado in g resos de forma rápida. Por otro lado, la economía de estas encomiendas se fue modificando a lo largo del siglo XV I , de un a pr oduc ción centrada en la extracción de metales p rec iosos en los lavaderos de o ro, en l a década de 1540,1550, a una de carácter agropec u ario. Demográficamente h a blando, fueron las q ue sufrieron un ma y or descenso poblacional indígena , y a que las condiciones en las que desarrol laron sus trabajos dentro de éstas, era d e semi - esclavitud, t eniendo como consecuencia directa el d ec live d e mográfico de la reg ión. Este acontecimiento poblacional se vio agravado por el ma y or contacto de los naturales con los espa ñoles, los cuales tenían más probabilidades de contraer las enfermedade s propias de los europeos, que no hizo más que agravar la s ituación. La caída en el número de naturales encomendados fue el origen del principal argumento esgrimido por este grupo, los cuales presionaban a los gobernadores para busc a r una solución al problema. L a solución se encontró en la guerra de Arauco, la c ua l comenzó a servir de p retexto para trasladar forzosamente población del sur al n orte para ser empleados en las encomiendas norteñas. L a g ue rra de Arau co que en un principio se vio como una solución al p roblema demográfico del norte del reino, a la lar ga se vio como un problema, y a que como he mos comentado anteriormente, los en c omenderos tenían la responsabilidad de proveer a las huestes que anualmente s e dirigían al sur. El desgaste tanto económico, como también poblacional, ya que muchos de los amerindios auxiliares provenían d e estas en comie ndas, provoco que, a finales d el s ig lo XVI, se comenzaran a plantear otros escenarios, como la creación de una fr ontera estable mantenida por las rentas reales, y la declaración de los mapuches como esclavos. Los 102 | P á g i n a gobernadores que se pos icionaron f a vorables a estas demandas principalmente son dos, Melchor Bravo de Saravia (1565 -1575) y Alon so de S otomay or (1583 -1592). Tanto Saravia como Sotom ay or se apoyaron en es tos encomenderos, escuchando sus demandas y actuando de forma favorable a éstos . A partir del capítulo II de esta tesis doctoral analizaremos las actuaciones de Bravo de Saravia, y en e l capítulo II I, a Alonso de Sotoma y or, lo cual no s a y udara a contextualiz a r la situación en la que goberna ros los dos, además de argumentar porque lo situamos jun to a este g rupo de poder. Los encomenderos viejos corresponden como d efinic ión, a l a primera hueste llega da a C hile bajo el mando de Pedro de Valdivia. Dicho lo cual, este quizás sea el grupo de menor import anc ia, por la dism inución paulatina d e sus posibles adeptos. Tenemos que tener en cuenta que estos castellanos para l a década d e 1570 habían fallecido en su m ay oría y los que no, h a bían regre sado a España. El de nomi na dor común de los encomenderos que situamos en este grupo, son la entrega de las encomiendas en perpetuidad, para ser heredadas de padres a hijos, algo que a partir de 1542 tras las Leye s Nue va s quedaba proh ibido. La aplicación de esta nueva le g isla c ión fue lax a , y a que se permitió la transmisión de estas una generación. A pesar de esta pequeña concesión, las reclamaciones continuaron y aún más vie ndo que con la llegada de los funcionarios r ea l es a p a rtir d e la décad a de 1560, se les desposeía de sus repartimientos en beneficio de los recién llegados. Otro punto en común l o situamos en el int e rés de continuar con la guerra de Arauco, hasta cons eg uir un a conquist a efectiva del sur del R e ino de Chile. Esta argumentación residía en que muchos de las encomiendas se encontraban al sur del rio Biobío, por lo que una der rota del enemig o suponía el de sp egue económico de estos repartimientos. L os gobernadores que situamos más cercanos a los encomenderos viejos, son los propios españoles que participaron junto a Valdivia en las primeras ex pedicione s de conquista. Estos son Francisco de Villagra, su sobrino y sucesor Pedro de Villagra, y Rodri g o de Quiro g a. L as figuras de los dos primeros Villa g ra s, estaba condicionadas p or un estadio de guerra a bier ta, por lo que estaba n ec esitados del apo y o de los encomenderos viejos pa ra continuar con la guerra h asta la conquista final, que nunca se produjo. En el ca so de Rodrig o de Quiroga, como veremos en el capítulo III , sus a c tuacion es están marcadas por la entrega de encomiendas ex propia da s durante el gobierno de su antecesor, Saravia, y restablecidas en sus primeros propietarios, los enc omenderos vi ejos. Dic ho lo cual, los encomenderos nuevos suponen la antíte sis de los encomenderos viejos, y a que los primeros optaban a 103 | P á g i n a poseer los repartimientos que tení a n los s egundos, por lo qu e la luch a por éstas ser á encarnizada . El primer contingente de los que denominamos “ e ncomenderos nuevos” era los que llegaron al Reino de Chile en 1557 jun t o a l gobernador García Hurtado de Mendoza. Mendoza a su ll e gada a Chil e y consciente de l a tensa situación que había tras la muerte de Valdivia y las luchas internas entr e los capitanes del conquist a dor por conseguir el gobierno, le llevo a tomar decisiones importantes respecto a la inst itució n de la enc omienda. La primera decisión que tomo Hurtado de Mendoza, fue el encarce lamiento de los dos capitanes que litigaban por el títul o de gobernador, los capitanes, F ra n cisco de Villagra y Francisco de Aguirre, a los que recluyo en un barco en el puerto de La Se re n a para s er enviados al Perú. Es en este momento en el que se pronunció una de las frases más memorables entre los dos reos, seg ú n el cronista Mariño de L obera, A g uir re , intimo enemigo de Villagra, le a g arr o de la mano en se ntido amistoso y le dijo lo sig uiente: “Mire vuestra merced, señor ge neral, que son las cosas del mundo, que ay er no cabíamos los dos en un reino tan grande, y ho y nos hace don García caber e n una tabla” Esto no fue más que una declaración de intenciones, puesto que, tras descabezar los dos principales grupos de poder del territorio chileno, fue degradando a sus principales seguidores, despojándolos de sus encomiendas y entregándoselas a sus allegados. Este es e l primero proc eso forzos o de sustitución de enc omenderos, llevado a cabo por García Hurtado de Mendoza. En 1561 y t ras ser sustituido por Francisco de Villagra, se restablecieron estas encomiendas en sus primeros en c omenderos. El segundo proceso de sust itución y el c ual marco el resto del siglo XVI el Re ino de Chile, fue el inaugurador con la implantación de la Real Audiencia en Concepción, y más en concre to personificado en la figura de su presidente, Melchor Bra vo de Saravia. Saravia promovió la sustitución tanto forzosa, c omo p acifica de los encomenderos viejos por los nuevos, centrando su objetivo en las e ncomiendas más rentables, las situadas e n el no rte del territorio chileno. Di c ho lo cual, Saravia a su llegada al Reino de C hile en 1565, llevaba acompañándole una gran “corte” personal, a la cual coloco en puestos claves de la administración, como por ejemplo como corregidores, para copar a sí, todos los ámbitos de la sociedad. L a inst ituc ión de la encomienda no fue menos, el caso más importante y en el qu e entraremos a analiza r profundamente en el capítulo II , es el 104 | P á g i n a relacionado con su hijo R a mi riá ñez de Saravia. Ramiriáñez personifica la figura del encomendero nuevo, alguien sin méritos militare s, con el único bag aj e que ser hij o de Saravia, y tenedor de una de los mejores repartimientos del reino, la isla de Maquewe 180 . Tras esta breve introducción sobre los dos principales orígenes de los “encomenderos nuevos”, hemos dejado entrever cuales eran sus motivantes, la sustitución paulatina de los encomenderos viejos, y conseguir e l reconocimiento de perpetuidad de estos repartimientos de indios. Como podemos deducir, los “encomenderos nu evos” , tomaran el testi g o de l as demand a s de los “encomenderos viejos”, principalmente sobre el tema de la perpe t uidad de las reparticiones. Respec to a las demás demandas de los “encomenderos nuevos” tomaran como propias las de los del norte, ya que el proceso de sustitución en las reparticiones se produjo, sobr e todo, en el norte del Reino de Chile. Ilustración 5 . Is la de M aquewe 181 . Entendemos como enco mende ros del su r, a los encomenderos al sur del rio Biobío, ge neralmente relacionado con el e spacio ge ográfico propio de las jurisdicciones del obispado de La I mp erial. Estos castellanos residentes en el sur del Re ino de Chile, tenían como demandas en común, la necesidad de terminar la conquista y en términos 180 Zavala Cepeda, José Ma n uel. Medianero Soto, Francisco J av ier. y Zeballos San Mig uel, Mirentxu. “Maquegua (Maque w e) y sus habitantes en la Arauca n ía del siglo XVI: geop olítica y ec onomía aurí f er a en los términos de la C iudad I m p erial de Chile”. Memoria America na. Cuadernos de Etn ohis toria. Vo l. 28, Núm. 1, Sección Etnohis toria, Instituto de Ciencias Antrop ológicas (ICA), Fac ultad d e Filosofía y Letras (FF yL ), Universidad de Buenos A ires ( UBA), (202 0 ), 117 -138. 181 Ibídem. 111 | P á g i n a eclesiástico donde ex isti eran dos diócesis considera ndo la configuración ge ográfica del territorio 188 . En este sentido, el Papa Pío IV, el 18 de ma y o de 1561 en “ consistori o público”, e rigió la diócesis en Santiago del Nuevo Extremo en la provincia de Chile consagra da a la virgen María ; esta demar cación eclesiástica sería sufragánea de la archidióce sis de Ciudad de los Reye s ( L ima) con Rodrigo González de Marmolejo como primer obispo 189 . Posteriormente se p rodujo la funda c ión de una segunda diócesi s más al sur, en La Imperial, el 22 de marzo de 15 63 por el Papa P a blo I V 190 . P or ello se analizan las razones que ex plicaría n el enfrenta miento entre ambos obisp a dos por la ostentación del poder religioso en e l territorio chileno, así como explicar qu e e sta confrontación condicionó la vida social y política de la reg ión. Como se argumenta a continuación, los citados obispados, entrarán en discorda ncia desde el momento de la creación de l a diócesis d e L a Imperial; en to do caso, esta situación no es singular en la época de estudio y a que en otras zonas ocurrieron escenarios similares como por ejemplo, lo ocu rr ido entre el obispado de L im a y la fundación de la nueva diócesis de Cuzco 191 . 4.1- La institución eclesiástica del obispado Es preciso recordar que en esta época la implantación del poder real en Am é rica, ya fuera eclesiástico o civil, van unidos. Así, la conquist a se desarrolló conjuntamente con el proceso evangelizador, y ambas competencias dep endían del re y de la Monarquía Hispana, puesto que es el que ostentaba el Patron ato reg io en el Nuevo Mundo 192 . Est a aclaración es releva nte para entender la expansión de la i g lesia católica conjuntamente a la militar-a dministrativa, sin e mbargo, se d a rán con fr ont aciones interna s dentro del apara to eclesiástico por querer t e ner ma y o re s j urisdicc iones y por lo tanto mayores rentas, a pesar d e saber que le g alment e tod a s las d e cisiones tendrían que s er consensuada s con el pod e r político. 188 Errázuriz, Crescente. Los orígen es de la Iglesia… Op. Cit., p. 1 6 7. 189 Errázuriz, Crescente. Los orígen es de la Iglesia … Op. C it., p. 175. 190 Ibídem, p. 2 09. 191 Acosta, Antonio . Prá cticas colon iales… Op. Cit., p. 78. 192 Conjunto de privilegios ec lesiásticos e ntregados a la Co rona española p or el Papa J ulio II en 1508. Estos privilegios correspondía n a: el envío y selecció n de los misioneros a América (b u la I nter caetera , 1456), cob r o d el diezmo (bul a Eximiae d evotionis , 1501) , facultad para fijar y modif icar lí m ites de la s diócesis en Am ér ica (bula Ulli us fulcite praesidio , 1504) y facultad para v etar la elección de arzobispados u o bispados, así co m o del derecho de presentación (b ula Universalis ecclesia e , 1 508). Para m ás detalles sobre el Patro n ato indiano ver Alberto de la Her a en El Reg io Patron ato Indiano, en su Iglesia y Coron a en la A mérica Española, Madrid, 1992 . 112 | P á g i n a En esta época la cr e aci ón de obispados se enmarca dentro de la ló gica de la expansión del imperio español, siendo esta la prim e ra institución que se creaba pa ra poder centralizar l as demarcaciones te rritoria les el pro c eso evangelizador. A su vez, estas jurisdicciones e c lesiásticas dep e ndían dir ectamente de los arzobispados, en este caso del Perú, pero el nombramiento de los prelados era re a lizado por las instituciones políticas, dejando a los arzobispos como meros órga nos consultores, para resolver decisiones puramente evangelizadoras o la consagración de los propios obisp os, previamente designados. Así, la im porta ncia de los obispados es sumamente releva nt e en el proceso evangelizador, puesto que son lo s más próximos a la realidad de sus territorios. Otro asunto que se debe considerar, es la relación de los actores eclesiásticos en la vida social y económica de los territorios españoles. Ya desde la etapa antillana de la conquista, estos personajes adquieren reparticiones de indios y otros privileg ios propios de la vida civil, por lo q ue las luch as dentro d el seno de la ig lesia, no solo responden a la lógica de obtener ma yore s diezmos p a ra sus ob ispados, sino también para el beneficio propio de los prelados y sus cortes. En este sentid o, la pa rticipación de los relig iosos en neg ocios fue ra d el ámbi to eclesiástico, fue cotidiano en todas las demarcaciones d el virreinato del Pe rú 193 , siendo una forma de actuar que los sujetos que estaban en el Reino de Chile. Aquí encontra mos otro mot ivo p ara justificar las luchas de poder por los territorios diocesanos en beneficio propio de los actores evangelizadores. 4.2. Discusión sobre los orígenes de los dos obispados del R e ino de Chil e en el siglo XVI, Santiago y L a I mp erial En este apartado de la investigación nos centraremos en los interrog ant es sobre el origen de las dos diócesis del Reino de Chile: Santiago y La I mp eria l. Este asunto que a priori , puede parece r claro, especialmente en lo referente a cuál fue el primero en ser erig ido, tras consultar las fuentes referentes al tema se nos prese ntan unas dudas razonables sobre las que discutiremos con el objetivo de proponer un nuevo planteamiento. Así, el tema sobre la c u al versará este epígrafe es responder a la pregunta ¿fue el obispado d e Sant iag o el primero en ser oficialmente sanc ionado, o fue el de La Imperial? Dicho lo cual, nuestro punto de partida, a la hora de acometer este estudio sobre los oríge nes de la i g les ia en Chil e es la obra realizada por Crescente Errázuriz en 193 Acosta, Antonio. Prácticas colo niales … Op. C it., p. 65. 113 | P á g i n a 1873 194 . Como y a hemos p odido atestiguar en el epígrafe sob re el pro cesa miento com o hereje en el que se vio envuelto fra y Gil Gon zález de San Nicolás, Errázuriz, solo recoge una parte de la historia, la relacionada a lo s personajes que estaban en contr a d e fray Gil. Como bien dic e Toribio Medina en su obra Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición en Chile , Errázuriz al referirse al proc e so de fra y Gil, solo hace referencia a las acusaciones vertidas sobre el dominico por Antonio Molina, lo q ue nos da a entender, coincidiendo c on Medina, que el autor de los Orígenes de la Iglesia en Chile , desconocía los documentos escritos por fr a y Gil en los que se de fendía de estas acusac iones 195 . En este caso, los análisis e interpre taciones realizadas por Errázur iz pueden estar condicionadas por el desconocimiento de muchos de los docum entos sobre el pleito, lo que pone en tela de juicio pa rte de las conclusiones a las qu e llegó en su estudio. Además de una visión extremadamente positivista, propia de finales del si glo XIX, en la que se d aba n por sentado y ejecutados todos los dictámenes reales, algo que en la actualidad se encuentra ampliamente superado, ya qu e lo que se recoge en los documentos de la época, distaba mucho lo qu e verdaderamente se aplicaba en la realidad. La a fir mación que realizamos sobre la obra de Errázuriz, y a la hiz o Toribio Medina, por ello, solo nos tenemos que ir a la fecha de publicación de las obras de ambos a utores pa ra en contrar el porqué de las a firmaciones de uno y del otro; Crescente Errázuriz publicó su obra sobre los oríg enes de la iglesia en Chile e n 1873 , mientra s que Medina por su parte, contemporáneo de Err á zuriz, es y a un autor del siglo XX, donde con tot a l se g uridad pode mos ratificar que tuvo más acceso a los fondos documentales ge nerados en el Reino de Chile en el siglo XV I , tanto los disponibles en Chile en ese entonces como los del Archivo General de I ndias y S imanc as en España. A pesar d e todo esto, Errázuriz sigue siendo un investi ga dor muy a ten er en cuenta, cuando aborda temas relac ionados con e l ámbito ec lesiástico, puesto que, a pesar de algun os errores de interpretación, nos ayuda a ponernos sobre varias pistas fundamentales para esclarecer los sucesos del pasado. Tras esta ex plica ción y entrando en nuestra cuestión en concreto sobre ¿qué obispado comenzó a funcionar, oficialmente, primero e n el R e ino de Chil e ? vuelven a 194 Er rázuriz, Crescente. Lo s Orígenes d e la Iglesia Chilena. 154 0 - 1 603. Santiago: Imprenta del C orreo . 1873 . 195 Medina, J osé Toribio. Tr ibunal del Santo Oficio de la Inquisición en C hile . Santiago: Fo ndo Históric o y Bibliográfico J . T. Medina, 195 2. 114 | P á g i n a surgir dudas cuando cont ra stamos la obra de Erráz uriz y la recopilación d e documentos de Toribio Medina. La pr imera incó g nita es sobre la fe ch a de e recc ión de los obispados. El obispado de Santiago, formalmente se fundó, s e g ún E rrá zuriz, el 27 de enero de 1557 196 , lo cual convertiría a la dióc e sis de Santiag o sin lu g ar a dudas en la primera en fund a rse en el Reino de Chile en el si g lo X VI . Pero nuestras dudas surgen en el momento en el que contr a stamos esta fecha con l a documenta ción recogida por Toribio Medina en su tomo XXVIII d e la Colección de Documentos Inéditos para la Historia de Chile 197 . En dicha recopilación, aparecen dos documentos que analizaremos a continuación, que contra dice n claramente las disp osicione s en la cédula m encionada por Errázuriz. Elías L iz ana, por su parte, s eñala e n su obra C olec ción de Documentos Históricos del Archivo d el Arzobispado de Santi ago de Chile , dicha cédula, la cual no es la de erecc ión del obis pado, sino la de propuest a de elección de Rodr i g o González de Marmolejo como obispo 198 . Expuesto todo lo anterior las dudas sobr e la c édula fechad a 29 de enero de 1557, sea la que capacitaba a González a actuar como prelado son relevantes. Para añadir más incertidumbre a continuación analizaremos dos do cumentos fecha dos, uno e n 1556 y otro posterior a la fecha defendida por Errázuriz, (16 de diciembre de 1557), en la que la figura de Rodrigo Gonz á lez de Marmolejo queda mu y en e ntredicho pa ra optar a la posición de prelado de S a nti a go. También analizaremo s un documento fechado el 6 de ab ril de 1560, en el que fray M artín de Robleda, es designa do como obispo de Santiago. Esta elecció n no apare c e mencionada en la obra de Errázuriz, siendo un nuevo argumento para pensar que desconocía muchos de los documentos refere ntes a la iglesia de Chile del siglo XVI. A modo de contex tual iz a ción, bien es cierto que el propio Pedro de Valdivia, y a el 15 de enero de 1550 r e comendó a Rodri g o Go nzález como futuro obis po de una de las dos diócesis, que según el conquistador debería de tener el Reino de Chile. Valdivia se refiere a González en los sig uientes términos: “… suplicam os mui hu m ildemente a V. M. ser servido, llegando que sea en su r ea l presencia, l e m ande vuelve a estas parte s a le servir, mandándole nom brar a la dig nidad episcopal destas provincias , haciéndole merced de su real cédu la, para que presentada 196 Errázuriz, Crescen te. Los O rígenes de la Iglesia… Op . Cit., p. 171. 197 Medina. J osé Toribio. C olección de Doc umento s Inéditos para la His toria de Ch ile . T om o XXVII I. Santiago: I m prenta Elze viriana, 1901. 198 Lizana, Elías. Co lección de Docu mentos Históricos del Archivo d el Arzobispado de Santiago de Chile. To m o II . Cedulario I. 1548 -1649. Santiago: I m prenta Chile, 1920 . 115 | P á g i n a en el consistor i o a púb l i co, nuestro mui san to padre le prov ea della, porque yo que do tan satisfecho según el celo suyo que verma a tomar este trabajo solo por serv ir a nuestro dios…” 199 . La amistad entre el adelantado, Valdivia, y el ec le siástico, González, es notoria y manifiesta. En dicha car ta de r e comend a ción se hace referencia a un dat o clave p a ra entender la idoneidad de González para el cargo, era encomendero. Para estas fechas, década de 1550, ya se habían promulgado las Ley es Nu e vas, en cuyo contenido se prohibían ex plícitamente que los repartimientos de indios estuvieran en manos de eclesiásticos, los cuales, se tenían que centrar e n su labor evang elizadora y no en sus neg ocios privados. En l o referente al tema de la encomienda del domi nico, en la que entraremos más adelante, cuando analizamos la denuncia que se envió a l C onse jo de Indias contr a González de Marmolejo s e darán más argumentos sobre e ste sujeto, sin embargo, ahora es momento de puntualizar un suceso notable para entender su accionar en Chile. En el primer capítulo de esta tesis doctoral hemos analizados las redes clientelare s que se establecieron en el Perú en la década de 1540 y en adelante, en e ste contexto, González es otra de las consecuenci a s de estas influencias, es decir, es nombrado por uno d e lo s actores principales en las tramas del Pe rú, fra y V icente de Valverde . La relación entre González de Marmolejo y la red clientelar de los dominico s del Perú se remonta al mom e nto en el que se prepa raba la expedición de P e dro de Valdivia, en la que fue nombrado capellán castrense y cura vica rio de la futura ciudad de Santiago por fray Vicente de Valverde 200 , obi spo de Cuzco. Valverde como ya hemos mencionado en el capítulo I , fue uno de los principales opositores a la implantación de las L e yes Nuevas en el Perú, y por lo tanto al gobierno del primer Virrey Núñez de Vela. Otro suceso que marcó la carrera e clesiá stica de González acontec ió en 1551, año en el P a pa Julio III fundó la diócesis de Charca s, de l a cu a l desde es e justo momento dependía directamente la provincia del R e ino de Chile. El primer prelado de Charcas, fray Tomás de San Martín, era otro de los que se había opu e sto a las Leyes Nuevas, y había sido una pieza funda mental en la trama de enriquecimiento del gobernador Vac a de Castro. Una de las primera s decisiones que tom ó San Martín, fue 199 Errázuriz, Crescente. Los Orígen es de la Iglesia … Op. Cit., p. 1 7 0 . 200 Errázuriz, Crescente. Los Orígen es de la Iglesia … Op. Cit., p. 5 1 . 116 | P á g i n a nombrar como visitador y vicario general a González de Marmolejo el 13 de junio de 1555, con amplios poderes sobre temas eclesiásticos 201 . Volviendo a la fecha en discusión, el 29 de enero de 1557, momento en el cual según Errázuriz se firmó la bula para la fundació n del obispado d e S a ntiago, Errázuriz recoge una cláusula que supue stamente aparece en la c édul a, e n la q ue se dice lo siguiente. “… no usar de j ur i sd i cc i ó n ni de otra cosa alguna de l a s que es t án defendid as a los electos obispo, antes de estar co nfirmados i consag rados…” 202 . La últ ima palabra que aparece en este extracto es fundamental para entender nu estro análisis, “cons agra dos”, es d ecir, un obisp o nece sitaba e star c onsagrado por otro prelado para pode r hacer efectivo su car g o, lo cual, nunca su ce dió con Rodrigo González de Marmolejo. Una vez expuesto todo lo anterior, las dudas sobre la le g itim idad del p rimer obispo de Santiago, y por lo tanto dar por buena la fecha del 29 de enero de 1557 como de la fundación de la di ócesis, cuanto menos queda en entredicho. Pero todo esto no hará m ás que acrecentarse cuando a continuación comencemos a analizar los documentos recogidos por Toribio Medina y Elías Lizana. Posteriormente compararemos cuales fu e ron las diferencias entre el nombramiento del p rimero obispo de L a I mp e rial, fra y Antonio de San Miguel y el del propio Rodrigo González de Marmolejo. 4.2.1. Infor ma ción contra el b a chiller Rodrigo González de Marmolejos, clérigo, residente e n la provincia de Chile 203 . El primer documento que analizamos, corresponde a las informaciones rendidas en la ciudad de los Re y es el 6 de octubr e d e 1556, es d ec ir, cuatro me ses antes de la propuesta como obispo de Santiago de Rodrig o González de Marmolejo, recogida por Errázuriz. L as fechas de las cartas es importante para poder situar tempo ra lmente los sucesos en torno a la supuesta elección y leg itimidad de González, no sol o como obispo, sino también como candidato a la elección. La inf ormac ión sobre Rodrigo González fue 201 Errázuriz, Crescen te. Los O rígenes de la Iglesia… Op . Cit., p. 120. 202 Errázuriz, Crescente. Los Orígen es de la Iglesia … Op. Cit., p. 1 7 2 . 203 Medina. Jo sé To ribi o. CDIHCh. Op. Cit., Tomo XXVIII, p. 57. 117 | P á g i n a tomada por Melchor Bra vo de S a ravia, el cua l en este momento actuaba como oidor de la Real Audiencia en Lima. Los testi gos fueron Diego Sánch e z Morales, vec ino d e La Serena el que de c lar a ba que conocía a González desde hacía 21 años ha st a la fecha de la declaración 204 ; el segundo en testificar, fue Pedro Olmo de Aguilera, vecino notable de la ciudad de La Imperial, dice conocer a Go nzález desde ocho años antes a la testificación sobre los actos de éste 205 ; el tercero fue un f ra il e d e la ord e n de San Francisco, Martín de Robleda, en contacto con González desde 1553 206 . Sebastián Vázquez será el cuarto testigo, el cual re c onoce conocer al dominico d esde hacía diez y siete años 207 . Los dos últimos en relatar su relación y conocimiento sobre la vida de González, serán Diego García de Cáceres y fra y Juan Torralba, ambos de l a orden de los franc iscanos 208 . Todos estos testigos fueron sometidos a una veintena de cuestiones, r elacionadas con la vida y acciones ll e vadas a cabo por Gonz á lez en el Reino de Chile. Antes de entrar e n los a suntos capitales de los interrogatorios y las respuestas de los interpe lados, tenemos que hacer referencia al comienzo del d ocumento, y a que es do n de se r e alizan las acusac iones sobre las cuales se trata de investig a r y comprobar su veracidad mediante los testigos. El documento indica lo sig uiente: “En la ciudad de los Rey es , reinos del Perú, en seis dí as del m es de octubre, año del señor de mil e quinientos e ci n cuenta e seis año s, el muy excelente seño r don Hurtado de Mendoza, m arques de Cañete, V is orrey destos reinos por S. M., por ante m í, Pedro de Avendaño, su secretario y escribano de cám ar a en la Real Audi encia e Chanc i l lería que por m andato de S. M. reside en esta dicha ciud ad, dijo: que por cuant o a su not i cia es v enido que el bachil ler Rodrig o Gonz ál ez , clérigo, que esta e reside en las pro vincias de Chile, es fraile profeso de la Orden del señor Santo Doming o, e no tiene bulas de exención de la dicha Orden y esta aposta t a, y que paso a estos reinos sin licencia de S. M. e que tiene en la dicha provinc i a el repartim i ento de indios de Quillota encomendado, y ha hecho y hace otras cosa s de delito no decente a su religión, e conviene proveer de r em edio a ello; e para inquirí e saber la verdad dello, di j o que cometía e cometió la recepción e j ur amento y examen de los testigos que sobre ello se 204 Ibídem, p. 60 . 205 Ibídem, p. 62 . 206 Ibídem, p. 63 . 207 Ibídem, p.65. 208 Ibídem, p. 67 . 118 | P á g i n a tomaren a l doctor Brav o de Sarav ia, oidor de la dicha Real Audienc i a, ante quien m ando que pasen” 209 . Como se desprende de las acusaciones vertidas sobre González, eran de mucha graveda d, po r ello el c a so tuvo que ser juzga do en primera instancia por la Real Audiencia d e Lima, y posteriormente como veremos más adelante, con r e solución del propio Consejo de I nd ias. L as preguntas realizadas por Saravia iban en c aminadas a esclarecer las acusac iones, entre las que podemos destacar las sig uientes. “1. - Si saben o han oído decir que es fraile profeso de l a Orden d e Sant o D om ingo y que la bula donde anda exento se dice ser fal sa, etc. 2.- Si saben o han oído decir que no t ra j o ni tiene licenci a de S. M. para estar en las I ndi as, ni paso a cá co n la dicha licenc i a. 3.- … es tand o un dí a de la Semana Sant a u en otro t iem po el gobernador Pedro de Valdivia acostado en su cama con su amiga, el dicho bachiller Rodrig o González los comulg ó e comió después con el l os, etc. 5.- … que el dicho bachil l er andaba y anduv o al g unas noches vestido en habit o de yanacona, s altando pa redes en bus ca de indias, etc. 7.- … que algunas ind i as c ompró e dio dinero po r ellas para us ar mal de llas, etc. 11.- Si saben que las cuadrillas de indios del dicho Rodri g o González han tenido e tienen por e stilo sacar p or su m andat o (… ) oro para la dicha I nés , india, … 12.- … l os dichos indios del d icho Ro drigo González llevaron en ham aca a la dicha I nés , por m andado del susodicho, … 13.- Si saben que, siendo clérigo, tiene indios e los trae ordinariam ent e a las mi nas a sacar oro, e t c. 15.- … quel dicho goberna dor Pedro de Valdivia, siendo el dicho Juan Fe rnández de Alderete t e sorero de la Real Haci enda , le mando q ue diese della al dicho bachi ller Rodrigo González qui nce m i l pes os de or o, y porque el d icho Juan F er n ández se excusó de darlos, … 16.- Si saben, que, sin embargo, de la dicha contradi cción, se s acaron de la Caj a los dichos peso s de oro y se en tr eg ar o n al dicho Rodrigo González, y que con ellos c ompró del mism o Val d i v ia los indios de Qu illota, etc. 209 Ibídem, p. 57 . 119 | P á g i n a 17.- Si sa ben, que el dicho Rodrigo González , en m uriendo el dicho Valdivia, hizo una dejación fingida de los dichos indios de Qu illota en: Rodrig o de Qui roga, y que el dicho Quiroga los repartió, también fingidamente, entre ci e rt o s vecinos de la ciudad de Santiago, de tal m aner a, qu e, aunque los puso en cabe za de los susodichos, se llev aba y lleva el prov echo dellos el dicho Ro drigo González , etc. 19.- Si saben que, sobre haber llevado la dicha provisión, el dicho Rodrig o González trató de m at a r a Vicencio de Monte, porque l e había ll ev ado e dijo escandalosa mente que los oidores no tenían poder para lo de aque ll a pr ov incia, (…) y que sobre ello anduvo acom pañado de soldados, et c . 20.- Si saben, que hizo poner una acusac ión criminal al dicho Vicencio Monte porque llevo la dicha p rovisión” 210 . La s ac usaciones como ya hemos dicho , iban desde la falsificación de documentación referente a su filiación a la orden de los dominicos, hasta la licenc ia para pasar a Amé ric a. En se g undo lugar, las acusaciones sobre su relación con Pedro de Valdivia, hombre de su confianza y cono c edor de la r elac ión extramatrimonial en tre Valdivia e Inés de Suárez, siendo el conquistad or casado con M arina O rtiz de Gaete. Esta estrecha relación de Valdivia con Gonz á lez de Marmolejo explica las si g uientes preguntas, y a que el co nquistador fue enormemente condescendiente con éste para la adquisición de la encomienda de Quillota. Sobre el prove c ho de este r e p artimiento, la pregunta es clara y directa, si ¿ hubo uti li z ac ión de los fondos reales para la compra de ésta? y que, si estos fondos fue ron a manos de Valdi via, produciendo de esta mane r a un desfalco en las arcas de l a Corona . También se d enuncia el posible amancebamiento con una indi a y el tr ato favorable que tenía h ac ia e lla. A continuación, analizaremos las declaraciones de los cinco testigos ante la Real Audiencia de Lima, para diluci dar la verac idad o no de estas a c usaciones. El primero de los interrogados, Diego Sánche z Morales, en respuesta a la segunda de las cue stio ne s sobre la le g alidad de los documentos esgrimidos por González para pasar a América y al Reino de Chile, comenta lo sigui e nte. “2. - … que no sab e si e l d icho R odrigo González, clérig o, pasó a e ste reino con l icencia de su Majestad o sin ella, porque en el ti em po que pasó no se pedía ni traía licencia de S. M. para pasa r a este reino, etc” 211 . 210 Ibídem, p. 60 . 120 | P á g i n a La siguiente pregunta de importancia a la que responde Sánchez Moral e s, es la decimotercera , referente a que si el clérigo tenía encomienda de indios en los términos de la ciudad d e Santia g o, a la que r e spondió de m a nera afirmativa y que la s tenía como el resto de los vecinos santiaguinos con repartimientos 212 . L a última cuestión que es recogida es lo referente a la pregunta número qu ince, relacionada con la compra de la encomienda d e Quill ota con dinero de las arcas reales en conocimiento de Valdivia, el que sería, además, el vendedor de ésta. Sánchez afirma que todo esto es cierto, que el dinero se sacó de la Caja Real con la ex c usa de ser uti lizado para la guerr a, y que finalmente fue usado p ara la compra de la e ncomie nda de Quillota por parte de González de Marmolejo al propio g ob ernador 213 . Pedro Olmo de A g uil e ra, vecino de los más antiguos del reino y de la ciudad de La Imperial, respondió e n los siguientes términos a las cuestiones relaci onada s con la Real Audiencia d e Lima. Al asunto dos, Aguilera, señala que no le consta a qué o rd en pertenece el cléri g o ni h a visto bulas r e lacionadas con esto 214 . En la tercera pre g unta, Aguilera de fie nde a Valdivia y a Rodri g o González de Marmolejos sobre el conocimiento de la relación del gobernador con Inés de S uá rez, desentendiéndose del tema. Sobre la relación entre González y la india Inés, Aguilera dice que no l e consta que tuviesen relaciones carnales, más allá del b ue n trato que tenía con ella 215 . A la referente a l a posesión de encomienda de Gonz á lez , corrobora la d eclarac ión d e Sánchez Morales, afirmando tal posesión por parte del clérig o 216 . El terce r testigo, f ray Martín de Robleda, ap orta una información no dada anteriormente y que sie mbra aún más dudas sob re la figura d e l clérigo González. Sobre el argumento de la le gitimidad de la perten e ncia del acusado a la orden de los dominicos, este comenta que González le most ró la bula, la cual estaba a n ombre de un tal Rodrigo de la Plaz a. Siendo preguntado González de M a rmolejo por esta discordancia de nombres, el clérigo respondió que se había c ambiado de nombre, lo cual no pudo demostrar por la falta de la notificación de esto a la orden, siendo c uanto menos de dudosa lega li da d 217 . S ob re si pasó con licencia o no a América, Robleda dice que no 211 Ibídem, p. 61 . 212 Ibídem. 213 Ibídem. 214 Ibídem, p. 62 . 215 Ibídem, p. 63 . 216 Ibídem. 217 Ibídem, p. 64 . 127 | P á g i n a Como y a hemos comentado antes, el acto de consagración era fundamental, entendido como el último paso para hacer efectiva la erección de las nuevas diócesis, acto que González nunc a realiz ó. Además, ten emos que añadir que las bulas papales tampoco estuvieron en p osesión del primer prelado de Santiago, por lo qu e nuevamente vemos cómo actuó González de una manera cuanto menos ilegítima para ejercer como obispo. S a n Miguel, dando muestras de su prudencia, esperó pacientemente en P e rú hasta tener en su mano toda la documentación necesaria para actuar como prelado en el Reino de Chile, además de tener la consagración como tal. R e fere nte a lo anterior, Dieg o de Mede llín en una carta diri g ida al Rey el 4 de mar zo de 1578, se expresa en los siguientes tér minos. “En este ob ispado no h ay erección: d icen los prebendados hab erle hecho don R odrigo González (de Marmole jo), el cual no fue consagrado y haberse enviad o a V. M. para que la aprobase, dudase si por no estar consag r ado la pudo hacer, si la pudo hace r y fue allá enviada, supl ico a V. M. m e l a mande enviar o hace rl a de nu evo porque no se per mite vivir sin erección.” 240 Teniendo en cuenta t odos los ar g umentos expuestos en este epí g r afe , nos decantamos po r d ec ir, q ue el obispado de La Imperial fu e el p rimero en funcionar ciñéndose a la le g alidad de la época. Es más, el pr imer obispo de Santiago consagra do y , por lo t a nto, con la l eg itim idad absoluta p a ra ejercer en su diócesis, fue Diego d e Medellín quien fue c onsa g r a do por el p ropio San Mig uel en L a I mpe ria l en 1577. 4.3. La creación del obispado de La I mp eria l. El proceso de ocupación y asentamiento de los españoles en el R e ino de Chile fue bastante rápido y a que, en menos de 10 años, las huestes de Pedro de Valdivia, conquistaron y crearon un importante entramado de ciudades en el territ orio chileno. Bien es cierto, ésta no fue efectiva en el sur, y a que el sometimiento del pueblo mapuche nunc a se concretó de forma definitiva, pero este es otro tema d e debate que no se abordará e n este epígrafe en cuestión. Tras el asentamiento de los españoles en el Reino de Chile, se fundaron hasta nueve ciudades con el fin de consolidar los territorios bajo el mando español. Estas fueron L a Serena 241 , Santiag o 242 , Concepción 243 , L os Confines de An g ol 244 , La Im per ia l 245 , 240 Medina, Jo sé To ribi o . CDIHC h. Op . Cit., Tomo II, Segund a Serie, p. 367 241 Riso P atrón, Luis. Diccion ario Geo gráfico de Chile . Santia g o de Chile: I m p renta Uni v er sitaria, 192 4 , p. 840. 128 | P á g i n a Villarrica 246 , Osorno 247 , Valdivia 248 y Castro 249 en Chiloé. L a gran ex tens ión de l territorio conquistado, necesitaba también d e la creación de un entr a mado eclesiástico que pusiera en marcha el proceso evangelizador. La primera decisión que se tom ó en este sentido, fue la creación del obispado de S a ntiago en 1561, bajo cuya jurisdicción estaría toda la g ob ernación, pero tras el fortalecimiento de las ciudades del sur y la gran cantidad de población in díge na de aqu e ll a época, se decidió crear un se g u ndo obisp a do en la ciudad de La I mp eria l en 1563. En este sentido, se plantea qu e esta deci sión respondió al potencial económico que, s eg ún lo s españoles, t enía el sur del territorio chileno y se pensó que fortaleciendo la instalación de la I glesia Católica s e ría más fácil controlar a los habitantes de citada región. Como hemos mencionado anteriormente se pensaba que las posibles rique zas del sur del Reino de Chile eran superiores a las del norte. La justificación d e esta ide a se fundamentaba en p arte a la mayor dispo nibilidad de mano de obra, e n este caso mapuche, y del descubrimiento de lavaderos de oro al sur del Biobío 250 . Una aclaració n que nos puede a y udar a entender mejor el contexto geográfico- e straté g i co de la re g ión, es que, de las nu eve ciudades mencion ada s anteriormente, siete se encontraban al su r del citado río: Concepción, Ang ol, La Imperial, Villarrica, Osorno, Valdivia y Castro, quedando solo La Serena y Santia g o al norte d el Biobío. Esto nos clarifica el sostenido interés de los espa ñoles de asentarse en el sur del Reino de Chile. Otro asunto con el que nos encontramos, es tratar de entender ¿por qué L a I mperial fue designada como sede obispal y no otr a de las siete ciudades? La Imperial, ya desd e su fundación en 1552 251 se le atribu y ó un papel relevante en el desarrollo del territori o chileno, puesto que, según e l propio Pedro de Va ldivia, era el lugar ideal par a la consolidación de la capital de la re cién creada de marc a ción territorial. Según desc ribe n los cronistas de la época, L a Imper i al contaba con las condiciones idóneas para ase ntar 242 Riso Patró n , Luis. Diccio nario Geog ráfico … Op . Cit., p. 829. 243 Ibídem, p. 24 3. 244 Ibíd em , p. 247. 245 Ibídem, p. 42 2. 246 Ibídem, p. 93 3. 247 Ibídem, p. 60 9. 248 Ibídem, p. 91 6. 249 Ibídem, p. 15 7. 250 Ibídem, p. 81 . 251 Góngora y Mar m o lejo, Alonso de . Colecc ión d e Historiado r es de Chile y documen t o s relativos a l a historia na cional . Tomo II. San tiago d e Ch ile: I m pre nta del Ferro carril, 1862. Cap. XI I, p. 25. 129 | P á g i n a las inst ituciones gubernamentales de la administr ac ión hispana; esta idea inicial 252 se vio refor zada con la selección de la ciudad para ser sede obispal, entreg ando a ésta la amplia región que supo nían las siete ciudad e s f undada s al sur d el Biobío. Como es lógico, el obispado de Santiago, prime ro bajo el mandato del prelado Rodrigo González de Marmolejo y de su sucesor, Fernando de Barrionuevo 253 , vieron mermadas sus aspiraciones de ostenta r el poder eclesiástico de todo el R e ino de Chile, por lo que se opusieron frontalme nte a la c reación de una nueva diócesis. Por su parte, finalmente y a pesar de las oposiciones, fra y Antonio de S a n Migue l fue el primer obispo de La Imperial 254 ; perte neciente a la orden de los franc isca nos 255 , el cual, tras su designación, trató de quedarse en la ciudad de Concepción, c omo consecue ncia de la incip iente guerra de Arauco 256 , pero fue obligado a tomar posesión de su cargo en la ciudad de La I mp e rial, y así lo hizo 257 . En esta invest igación se plantea, entre otras cosas, que la petición de San Miguel de traslada r la sede del obispado a Concepción, también está íntimamente liga da a la re cién creada Real Audiencia en la citada ciudad, ya qu e , b a jo su criterio, el estar cerca d el p ode r políti c o del reino a y udaría a infl uir en las d ec isi one s del nuevo órgano gubernamental 258 . Éste es otro ejemplo de la importancia que se le quería dar a la ciudad de L a Imperial en la segunda mitad del sig lo XVI por e n cima de todas las demás. 4.4.-Oposición del obispado de Santiag o a la creación de una nueva diócesis Como se ha indicado en el epígrafe anterior, los obispos de Santiago, Rodrigo González de Marmolejo y F e rnando de Barrionue vo de spués, se opusieron a la cre ación del obispado de La I mp erial; esta situación no sería meram e nte simbólica, puesto que se designó a un representante de las posici ones santiaguinas, re cay endo esta responsabilidad en Juan Gómez de Almagr o 259 . 252 Lobera, Ma riñ o de. Colección d e Historiadores de Chile y documen tos relativos a la historia nacional . To m o VI. Im prenta d el Ferrocarril Santiago de Ch ile, 186 2. C ap. XXXI V, p. 126. 253 Medina, J osé Toribio . Dicciona rio Biográfico … Op. Cit., p. 119. 254 Medina, J osé To ribi o. Diccionario Biográfico … Op. Cit., p. 8 0 4 . 255 Orden franciscana: or den mendicante ta m b ién denominada La to Sensu. 256 Guerra de A rauco: denominación del conflicto d esarrollado desde el siglo XVI hasta el siglo XVI II entre las huestes espa ñolas y los mapuches e n el Reino de Chile. 257 Medina, J osé To ribi o. CDIHCh , Op. Cit., Tomo I, Segunda Serie, p . 164. 258 Errázuriz, Crescente. Los orígen es de la iglesia … Op. Cit., 219. 259 Medina, J osé T oribio. Diccionario Bio gráfico … Op . Cit., p. 357. 130 | P á g i n a Tabla 1. Re lación comp l et a de los obispos qu e ejercieron su car go en el Reino de Chile en el siglo XV I. Elaborac ión propia. Este personaje d efe ndió tras la muerte de Gonzál e z de M a rmolejo los intereses del cabildo secular de Santiago ante la Real Audien cia de Lima , así como frente al propio Consejo de I ndias, el asunto del posible traslado de la s ede obisp al del S a nti a go hasta Concepción. P oster iorme nte, e l Consejo de I ndias resolvió que la nue va Re a l Audiencia de Concepción elevase un informe sobre la viabil idad de este pro y e cto 260 , quedando la sede en Santiag o con la titularidad de forma “interina” hasta que se resolviera el asunto. 260 Lizana, Elías. Co lección de Docu mentos… Op . Cit., p. 108. 131 | P á g i n a Ilustración 6. Situación y ciudades que con f orma ron los dos obispados del Reino de Ch i le en la segunda m i t ad d el si gl o X VI. Elabora ción propia. 132 | P á g i n a El desarrollo de los sucesos antes explicados comienza cuando en los últimos años de vida el obispo Gonz ález de Marmolejo s e lleg ó a plantear la idea de tra sladar la sede obispal a Con ce pci ón, considerando la importancia qu e comenzaba a adquirir l a fundación de este asentamiento urbano, además de ser en ese momento la residenc ia permanente de los principales capitanes y g obernadores del reino debido al recrudecimiento de la guerra de Arauco. Así, en su lecho de mue rte este prelado dio su beneplác ito a tr a sladar el obispado a Concepción 261 ; no sabemos si fue solo por su propia iniciativa o por presiones de lo s encomenderos qu e se estaban instalando en Concepción. Sin duda, ante los hechos descritos el cabildo secular de Santiago vio amenazada su prepond e rancia sobre el resto de las ciudades del r e ino por primera vez desde su fundación. En este contexto, se ent iende la prime ra medida adopta por los miembros del cabildo de Santiag o de concederle plenos poderes de negociación a J uan Gómez de Almagr o ante la Audie ncia de Lima y /o el Consejo de I ndias el 19 de octubre de 1564 262 . El 10 de diciembre de ese mismo año, y tr a s la muerte de Marmolejo, Gómez de Almagro se p rese ntó ante la Audiencia de Lima con las reclamaciones del cabildo secular de Santiago con el fin de evitar el traslado de la sede episcopal tramitado previamente desde el obispado santiaguino. Dos a ños después, el 19 de octubre de 1566, el re y Felipe II envió una misiva a la recién creada Real Audiencia d e Concepción consultando sobre el posible cambio de la sede obispal, mientras tanto Gómez de Almagro s e dirigió personalmente a la península I bérica para tratar el asunto en el Consejo de I ndias. Finalmente, el 17 de noviembre de 1567, el trabajo de neg ociación del citado delegado dio su fruto, y s e sancionó que la sede obispal se mantuviera en Santiago h asta concluir e l pleito y e l informe encargado a la Real Audienc ia de Concepción 263 . Mientras se debatía lo antes reseñado, el r ey con la potestad dada por la S anta Sede de decidir la creación o modifica ción de las diócesis de sus dominios a meric a nos, resolvió la fundación del obisp a do de La Imperial creando un problem a d e intereses a nivel local ya qu e afectaba a las re g alías del obispado de Santiago. Esta controversia podría e x plicarse , además, debido al h ec ho de que la división del Reino de Chil e en dos diócesis, afectaba directamente a los diezmos recibidos por el obispado de Santiago, 261 Errázuriz, Crescente. Los orígen es d e la Iglesia … Op. Cit., p. 192. Real céd u la de 19 d e octubr e de 1566. 262 Ibídem, p. 1 93. 263 Ibídem, p. 1 96. 133 | P á g i n a reduciéndose considerablemente la cuantía, y lo que es más importante, perdía el derec ho a reclamar los diez mos atrasados de las ciudades del sur, que al estar en guerra no habían podido pagarlos cuando c orrespondía. CIUDAD DIEZMO FECHA APLAZAD O PAGADO Santiago 47.290 1546-1558 X x La Serena 7.328 1553-1558 X x Concepción X 1558 2.450 x La Imper ial X 1552-1558 25.485 9.945 Villarrica X 1557-1558 2.855 x Osorno X 1558 3.000 x Valdivia X 1552-1558 15.650 474 Tabla 2 . elabo rada con los datos que apa recen en la obra, “E l origen de la ig lesia chilena: 1540- 1603” de C rescente Erráz uri z , 1873. Elaboración pr opia. De este modo, los diezmos que, a fecha de 1558, tenían que haber pa g ado las ciudades del sur, ascendía a 49.440 p e sos, de los cuales el obispado d e Santiago solo había obtenido el pa g o e n espec ias equivalente a 10.419 pesos, el resto, 39.021 pesos pasaban a s er c a si irrec uperables, y más con l a c re ación del segundo obispado en La Imperial 264 . Un ido a lo antes expuesto, se entienden las reclamaciones del obispado de Santiago que incluían ta mbién que se desestimara la creación de un a segunda prelatura. Pero estas solicitudes presentada s en distint a s instancias de la jerarquía administrativa de aquella época no fueron oídas por Felipe II, y se san c ionó positivamente para la creación de la nuev a de mar cación eclesiástica en Chile. Pese a esta confirmación de la administración española a favor de La Imperial, las reclamaciones por parte de Barrionuevo no disminuyeron. Tras la promul g ación de las bulas papales para erig i r el segundo obispa do del Reino de Chile en L a Imperial, el d e Santia g o comenzó un proceso para l a reclamación de más territorios para s u de marcación diocesana. El objetivo principal de B arrionuevo, era que su jurisdicción se extendiera hasta el río Biobío, puesto que, tras la creación del obispado de L a Imperial, quedaba r educ ida al norte del río Maule 265 . Esta nueva reclamación se enmarca dentro de la lógica territ oria l del Reino de Chil e en aquella 264 Ibídem. 265 Riso Patró n , Luis. Diccio nario Geog ráfico … Op . Cit., p. 537 134 | P á g i n a época, puesto que in corporar Concepción a la juri sdicción eclesiá stica de la diócesis de Santiago, suponía el acceso a los diezmos de una de las ciudades más importantes del área . En este contexto, Concepción se encontr a ba situada en la rib era n orte de la desembocadura del río Biobío, y desempeñaba un papel fundamental en la situación ge oestratégica d e las fundaciones hispanas; principalmente d e bido a su sit ua ción ge ográfica, era la puerta de entrada al sur del Reino de Chile, además de ser la ci udad que contaba con uno de los mejores pue rtos marí timos de la re g ión 266 . Otro eleme nto a destacar, que nos ayuda a entender los motivos interesados del obispado d e Santiago en que la c iudad p enquista quedase bajo su jurisd icc ión, fue el descubrimiento de l os lavaderos d e oro qu e se encontraron en sus pro ximidade s. Con todo, el aporte de los diezmos eran el principal objetivo, pero nuevamente las autoridade s españolas, sancionaron las reclamaciones a favor del recién c re ado obispado de L a I m pe rial, puesto que éste era también e l d eseo del cabildo de Concepción 267 . Es pre ciso comenta r, que tras la llegada del obisp o S a n Miguel a la r eg ión, éste escribió una carta al rey , pidiendo que l a sede obispal se trasladara a Concepción, argumentando la existencia de la d enomina da guerra de Arauco, pero los intereses de la Corona se centraban en L a I mp erial; por este motivo mandaron a Antonio de San Miguel, que tenía que tomar posesión de su sede obispal en La Imperial como se le había ordenado en las bulas 268 . Tras la investigación de sarrollada al respecto, se plante a que esta petición de San Mig uel, en realidad, estaba más liga da en la creación de la Real Audiencia en Conc e pció n que al conflicto bélico con los mapuche. San Miguel a su llega da al Reino de Chile estuvo acompañado de la nueva administ ra ción encarga d a de gobernar el territorio chi leno, entre ellos el p ropio Melchor Bra vo d e Saravia 269 , futur o gobernador. Dentro de la lógica imperante en el siglo XV I , S a n Mi g uel c rey ó oportuno permanecer cerca del poder políti c o, para poder sacar ventaj a s a favor de su causa evangelizadora . Lo curioso de este caso, es qu e, con el devenir del tiemp o, el obispo San Miguel acabó posic ionándose en contra de la inst itución de la Real Audiencia y principalmente del gobernador Bravo de Saravia. 266 Med in a, José T oribio. CDIHC h , Op . Cit., Tomo I, Segunda Serie, p. 284 . Archivo Nacional, Archivo Gay-Morla, t. 85, pieza 27 . 267 Ibídem, p. 12 5. 268 Ibídem, p. 79 . 269 Medina, J osé To ribi o . Diccio nario Bio gráfico …. Op . C it., p. 140. 135 | P á g i n a En este contexto, San Miguel tomó parte en uno de los principales litigios a los que se tuvo que enfre ntar el gobe rn ador, posic ionándose en contra de Bravo de Saravia, y l a pr e tensión de éste de entregar una de las e ncomiendas más grande s de su dióc esis a su hijo Ramiriáñez de Saravia 270 . Este repartimiento de tierras y man o de obra pertenecía po r herencia a Álvaro d e Villagra, hijo natural de F ra n cisco de Vill a gra 271 , e l cual finalmente y pese a la oposición de San Miguel acabaría en manos del hijo del gobernador. Est e será el ejemplo más claro del modo de actuar d e San Miguel en su compleja relación con l os encomenderos, favoreciendo a los “encomenderos viejos”, que como el mismo de scribe, son “buenos cristianos”, en c ontraposición con los encomenderos nombrad os por la nueva administración hispana, que estaban más interesados en los beneficios económicos, que en la evangelización y protección de los naturales. Pese a que todas las demandas del obispado de S a ntiago fueron desoídas por la Corona española, sus reclamaciones se mantuvieron a lo largo del siglo XVI, siendo numerosas las cartas en las que se sugiere que se suprima el obispado de La Imperial. Varios ejemplos de estas reclamaciones, es que en los años en los que se produjeron rebeliones generales de los mapuche, existen cartas en las que se in sinúa, que la unificación de los dos obispados e ra la mejor estra te g ia para desa rrollar la labor evangelizadora 272 . Otro ejempl o, son las misivas generadas tr as la muerte del prelado santiag uino, Barrionuevo, en las que se pide que ambos obispados se unifiquen en la ciudad de Conce pción, p or su situac ión geoestrat ég ic a de ntro del Reino de Chil e 273 . A pesar de todas estas cartas y las reclamaciones del obispado de Santiago, todas fueron sancionadas a favor de La Imperi al, incluso en el momento en el que se decide abandonar las ciudades del sur del Biobío, tras la derr ota de Curalaba 274 (1598), incluida La Imperial; en este sentido, no se suprime el obispado, solo se traslada a Concepción 275 . Ejemplo de este inte ré s en ma ntener el obisp a do del su r del Reino de Chile, lo enc ontramos e n la correspondencia del tercer obispo en to mar posesión 270 Medina, J osé Toribio. C DIHCh , Op. Cit., Segun da serie, tomo II, p. 59. 271 Medina, J osé To ribi o. Diccionario Biográfico …. Op. C it., p. 9 4 8. 272 Medina, J osé To ribi o. CDIHCh , Op. Cit., segunda serie, tom o I, p . 424 273 Ibídem, p. 42 3. 274 “Victoria de Curalaba” o “Desastre de Curalab a”, batalla acontecida el 23 de dicie m bre de 15 98, en la cual p ereció el gobernador Mar tín Gar cía Óñez de Loyola y lo que supuso a la postre el fin d e la ocupación de los terr it orio s al sur del r ío B io b ío y el cambio de estrategia castellana a la denominada “guerra defensiva”. 275 Errázuriz, Crescente. Los orígen es de la iglesia … Op. Cit., p. 498. 136 | P á g i n a efec tiva de La I mperi a l, f ray Reginaldo de L iz á r rag a 276 . Cuando se desi g nó a este nuev o prelado como obispo de L a I mperial, la sit ua ción d e la ciud ad era c alamitosa ya qu e se encontraba bajo asedio y posteriormente abandonada tras el levantamiento general indígena de 1598. Lizárraga dilataría su lle g ada por la mala situa ción creada por el conflicto bélico, incluso llegó a r enunc iar a su no mb ra miento, pero la Cor ona lo oblig ó a marchar al Reino de Chile para que tomara posesión de su mitra. Estando y a en territorio chileno Lizárraga se trasladó a Concepción, donde se encontraban refugiados los últimos moradore s de La I mperial. Desde a llí sugir ió a la administración la unión de ambos obisp a dos en la ciudad de S a nti ag o, con la idea de sup rimir el obispado de La Imperial, pero todo esto fue desoído y se mantuvo el obispado en la c iudad de Concepción a la espera d e una refundación de La I mperial qu e nunca llegaría 277 . Tras la oposición ini c ial a la creación del obisp ado de La Imperial por parte del obispado de Santiago, y en concreto en la persona del prelado Fernando de Barrionuevo, con el nombramiento de Diego de Medellín (1574) como nuevo obispo de S a ntiago, esta oposición se transformó en c olaboración. Diego de M ede llín sería no mbra do obis po tres años después d e la muerte de su predecesor, siendo consa g rado en La Imperial por el obispo San Miguel en 1578. Este acto, sentaría las bases de un periodo de colaboración entre los obispados, que rompería co n la confrontación que h abía ex istido hasta entonce s 278 . 4.5.-Posicionamiento de los obispados, sobre c uestiones políti c o -sociales Tras la muerte d e Pedro de Valdivia en la batalla de Tuc a pel 279 a manos de Lautar o (25 de diciembre de 155 3), el joven Reino de Chile perdía a la fi g ura aglutinadora del poder. El suceso creó l a primera división clara entre las ciudades del sur y del no rte. Pedro de Valdivia dejó especificado en su testamento que, en el c a so de s u defunción, como sucedió en Tucapel, su sucesor como g obe rna dor sería Jerónimo de Aldere te 280 , en se g undo lugar, a Rodrigo de Quiro g a 281 y en tercer lu g a r a F ra n cisco de Villag ra 282 . La r efere n cia a este momento hist óric o, es que, las ciudades del sur tomaron u n camino 276 Medina, J osé To ribi o. Diccionario Biográfico …. Op. Cit., p. 4 6 6. 277 Medina, J osé To ribi o. CDIHCh , Op. Cit., Tomo VII, p . 458. 278 Lizana, Elías. Co lección de Docu mentos… Op . Cit., p.154. 279 Riso Patró n , Luis. Diccio nario Geog ráfico … Op. Cit., p. 907 . 280 Medina, J osé To ribi o. Diccionario Biográfico …. Op. Cit., p. 44 . 281 Ibídem, p. 7 16. 282 Ibídem, p. 9 48. 143 | P á g i n a se miti fic aron temas t an importantes como la guerr a de Arauco, destacando que en aquella époc a se justificó como el supuesto papel preponde rante para la vida en la región, resultando ser solo e l pre texto perfecto pa ra el en rique cimient o privado de algunos p ersona jes como el propio gobernador Melchor Bravo d e Sar a v ia. Siguiendo con este planteamiento nos sur g e el interro g ant e r e ferente a este legendario con flicto bélico ¿cuál fue el verda dero papel que tuvo la guerra de Arauco en el de ve nir de todos los sucesos acontecidos en el Reino de Chile en la seg unda mitad del sig lo XVI ? 1.-Francisco de Villagra, García Hurtado de Me ndoza, Francisco de Villagra; luchas de redes clientelare s en torno a la posesión de las encom iendas Como ya se comentó en la introducción de este capítulo de la tesis doctor al, nos centraremos en ana lizar los inicios de la lucha de poder entre los cast e ll a nos instalados en el Reino de Chil e . Este conflicto se ori g in ó después de la muert e de Pedro de Valdivia en 1553; es precisamente en esta coyuntura cuando comienza la disputa entre Francisco de Vill ag ra, J e rónimo de Alderete y Francisco de A g uir re por s e r su sucesor. En sus últ imas voluntades Valdivia dejó por escrito que su herede ro polí tico debía ser Jerónimo de Alderete, quien se encontraba en Esp a ña cuando éste falleció, los otros dos pretendientes al puesto de gobernador se encontraban en la reg ión, Vill ag ra en el sur y Aguirre en el norte del territorio chileno, concretamente en Tucumán. Sin embarg o, los cabildos de las c iudades del sur del reino (Concepción, L a I mpe rial, Villarrica y Valdivia) tomaron la iniciativa nombra ndo a Villagra como su sucesor, sin dejar tiempo siquiera de que s e abri e ra el test amento 289 . Por s u pa rte, casi al mismo tiempo e n Santiago se procedía a a brir el documento las últimas voluntades de Valdivia, donde se nombraba a Alderete, y se indicaba que en el caso de que este n o pudiese asumir el cargo, la responsabilidad re caería en Aguirre, quedando Vill ag ra re legado al tercer puesto. Así, el te rc ero en discordia, conocedor o no del contenido del t e stamento, se ap resuró a ser nombrad o como gobernador gracias al apo y o de los mie mbros de los cabildos del sur. En este sentido, la desi gna ción de Villagra produ jo la primera ruptura ent re los intereses de los cabildos de las ciudades del sur y las del norte. Cuando nos referimos a este he c ho, tenemos qu e tener en cuenta qu e eran los beneficios de los encomenderos los que e staban en juego, y a que eran e llos los que formaban los cabildos y , por lo tanto , 289 Medina, J osé To ribi o. CDIHCh . Op. Cit., Tomo XXVIII, p . 26. 144 | P á g i n a el órgano local no era m ás que un instrumento oficial desde donde pod ían defender sus demandas. Este acaparamiento de los cabildos p or parte de los encomen de ros es el fiel reflejo de los pocos pobl adore s ca stellanos qu e se encontraban en el Reino de Chile, y a que todos o prácticamente todos en un principio tuvieron repartimientos de indios . Retomando el contexto del nombramie nto de Villagra, como se ha indi c ado, los otros dos candidatos se encontra b an fuera d e la propia región chilena, aunque ha y que especificar que Aguirre se encontraba luchando en la conquista de Tucumán, territorio que en estos momentos aún de pendía del Reino de Chile 290 . Como y a h emos señalado el testamento de Valdivia quit a ba la le g it imidad al n ombramiento de Vill ag r a, ya que era el tercero en discordia. P or su parte, los miembro s del cabildo de Santiago en ausencia de los dos primeros candidatos, proce dieron al nombramiento de Rodrigo de Quiroga, pero éste fin a lm e nte tuvo que dejar el cargo porque consi g uió menos apo y os que Villagra. Con respe cto a los suc esos ac ontecidos en e l Reino de Chile, y en c oncre to, a las luchas que rodearon la asig na c ión del puesto de gobernador, la Real Audie ncia de Lima, comunicó al Consejo de Indias lo siguiente : “Los días pasados se hizo relac ión a vues tra señoría de la m uer te de Pedro de Valdivia, gobernador de la provincia de Chile, e como por su fin e muerte pretendie ron te ner el gobierno de aquel l a gobern aci ón Francisco de Aguirre y Francisco de Villagra por una cláusula del test amento que dejo hecho Valdiv ia, e por eleccion es que l o s p uebl o s habían hecho, e como habían en v i ad o aquí sus procuradores los pueblos para que se confirmase, y como se pro veyó que ninguno dellos usase de cláusula de testam ento ni de elección, e deshiciesen la g ente que tenían j u nta e hic iesen guerra a los i ndio s rebelados, y que la tierr a estuviese en el punto y estado en que estaba al t i empo que Valdivia m ur ió .” 291 Como se desprende de este ex tra cto de la información enviada al Cons ejo de Indias el 12 de dicie mbre de 1555, el enfrentamiento entre los band os de los dos candidatos a la gobernación era abi e rto y conocido, como también se recoge en el documento, la ma g nit ud del conflicto dentro d e la hue ste castellana tuvo que ser de gran importancia, ya que se habían centra do en las disputas internas, dejando que la rebelión protag onizada po r La utaro con tinuara sin control por parte de los castellanos. De este 290 Medina, J osé To ribi o. CDIHCh. Op. Cit., T om o XXVI II, p. 27. 291 AGI. Indiferente,7 37, N.1 66 . Medina, Jo sé Toribio. CDIHCH. Op. Cit., To m o XXVI II, p. 30 . 145 | P á g i n a modo, la divi sión de las fuerzas españolas entre el bando a g uir rista y villagrista pudo tener su reflejo en el abandono de Concepción en 1554, tras la d err ot a sufrida por Villagra en Marihueñu e l 23 de febrero de 1554. Mientras sucedía t odo e sto en el Reino de Chile, J e rónimo de Alder e te era nombrado gobernador de Chile por el Consejo de Indias; como habíamos comentado, éste se encontraba en España donde se le encomendó pa rtir en la flota del recién nombrado virrey del Perú, Andrés Hurtado de Mendoza, Marqués de Cañete 292 . Así, Alderete era el único de los tres candidatos a gobernador que contaba con la leg itimidad para poder apaciguar l as disputas entre los españoles, ya qu e tenía el re spaldo de las últimas voluntades de Valdivia y , además, el reconocimiento por parte del Consejo de Indias. Desgraciadamente para los intereses de la Corona y del propio J erónimo de Alderete, en su viaje hacia el Reino de Chil e , y tras su paso por Panamá, enfermó de fiebre amarilla lo que le llevó a su fa llecimiento 7 de abril de 1556. Andrés Hurtado de Mendoz a nuevo virre y y qu e compartía viaje con Alderete, conocía en profundidad los problemas que estaban sucediendo en Chile tras la muerte de Valdivia, por lo que tomó una decisión que marcaría el futuro del Reino de Chile y las disputas entre los castellanos para el resto d e l s iglo XVI ; como bi en se recoge en una carta enviada por éste en su calidad de Virre y a Felipe II , con el fin de z anjar las rencillas decidió nombrar como gobernador de Chile a su hijo Garcí a Hurt ado de Mendoza. Esta elección le permitió al joven García Hurtado tomar una serie de decisiones, las cuales se analizarán más adelante, pero que condicion aron el futuro del Reino de C hile, desde la decisión d e la implantación de la R e al Audiencia en Concepción en el año 1565, hasta compr e nder la primera rebelión de los castellanos en contra de los intereses del Rey en este periférico territorio de la Monarquía Hispana en América. Antes de entr a r en los sucesos anter iormente mencionados, continuamos describiendo los motivos para elegir a García Hurtado de Mendoza como gobernador, para posteriormente y gracias a la amplia documentación que se conserva, a nalizar todas las decisiones que e ste tomó en la gobernación chi lena hasta el fina l de su gobierno. A modo de punto y aparte, y con el fin de que el lector de esta tesis do ctoral comprenda mejor los objetivos de este epígrafe, tenemos que puntu alizar lo siguiente, más allá de las batallas y enfr entamientos entre lo s castellanos y mapuche, durante este 292 Medina, J osé To ribi o. CDIHCh. Op. Cit., T om o XXVI II, p. 31. 146 | P á g i n a periodo que comprende desde el nombramiento de Francisco de Vi llag r a como gobernador por los cabildos de las ciudades d el sur; la sustitución de éste por García Hurtado de Mendoza; y la posterior vuelta de Francisco de Villagra como gobernador; desde nuestro punto de vist a , esta secuencia de hechos supondrá una ruptura definitiva entre los encomenderos del norte y los encomenderos del sur. Gracias al análisis pormenorizado de las fuentes, que expondremos a continuación, advertiremos como el enfre ntamiento entre los dos grupos sociales ir á en aumento, definiendo el modo de proceder de los siguientes gobe rn adores del Reino de Chile. Finalmente , la brecha entre los intereses de los encomende ros del norte y del sur, y de los nuevos, que tuvi e ron acceso a repartimientos, gracias a su cer c anía con García Hurtado de Mendoza, provocará una lucha abierta entre los bandos qu e influi rá no solo dentro de la sociedad castellana d el Reino de Chile, sino que inaugurará una nueva etapa e n las relaciones entre españoles y mapuche. 1.1. Nombramiento de García Hurtado de Mendoza como gobernador del Reino de Chile, y las c onsecuencias de su gobierno En la misiva y a mencionada, el Virr ey reconoc e la división en bandos de los castellanos presentes en C hile, principalmente agrupados entre los s eg uidor es de Aguirre y de Vill ag ra 293 . A ndré s Hu rtado de Mendoza argumentó que de continuar esta conflictiva sit uac ión en el Reino de Chil e , este territorio corría el peligro d e caer en las mismas dinámicas que se habían producido en el Perú, es decir, una gue rra civil abierta como las acontecidas entre pizarristas y almagristas 294 . Esta expli c ación esgrimida por el Virre y en la mencionada carta al monarca , justificaba la necesidad de enviar a un gobernador que estuvier a al mar ge n de las re l aciones clientelares existentes en el territorio. Esta medid a, según Andrés Hurtado de Mendoz a , ayudaría a calmar l a situación entre los cast e llanos y así podrían centrarse todos los esfuerzos hispanos en concluir la guerra de A ra uco. Otro de los obje tivos que marcó Andrés Hurtado de Mendoza para su hijo, fue la sustitución o control del bachiller R odrig o González de Marmolejo, obispo electo de la diócesis de San tiag o 295 . Como y a hemos comenta do anteriormente, Gonz á lez de Marm olejo, er a conocido por su inclinación hacia los intereses de los encomenderos, y a que el mismo poseía reparticiones de indios, a lgo que 293 Ibídem, p. 3 3. 294 Ibídem. 295 Ibídem, p. 3 4. 147 | P á g i n a incumplía completamente la legalidad vigente en ese momento. Esta a dvertencia ocurría seguramente , porque el citado obispo tenía m u y buena relación con los primeros conquistadores, entre ell os el propio Fra ncisco de Villagra, el cual, y como veremos más adelante tras su re gre so, le restablecería las encomiendas que García Hurtado de Mendoza le arrebató durante su gobierno. Como hemos señalado, el 9 de enero de 1557 el Virrey nombró a su hijo oficialmente como nuevo gobernador del Reino de Chile 296 . En dicha provisión se le entrega ban amplios poderes: “…vos reciban e tengan por nuestro gobernador e capitán general y j u sticia de las dichas t ierras e p rovincias, e vos dejen e consientan l ib r em ente usar y ej e r c er los d ichos oficios (…) podáis poner e pongáis; los cuales podáis quitar y adm over cada y cuand o vieredes que a nuestro real ser v icio y ejecución de nuestra real justici a cum pla, y poner otros en su lugar, e oír e librar e determinar todos los pl e itos e causas, así c iviles como criminales (…) e pod áis e l l evéis, vos e los dichos vuestros alc aldes y lug ar ten ientes, los derechos a lo s dichos oficios ane j os e pertenecientes …” 297 Los amplios poderes a los que tuvo acceso García Hurtado d e Me ndoza respondían a las ex pe ctativas que puso el virre y en su hijo para qu e r e solviera los problemas que ex istían entre los españoles en el Reino de Chile, es decir, debía ser capaz de cambiar y sustituir a todos los conquistadores viejos por los qu e acompañaban al nuevo gobernador, con el fin de controlar tod os los aspectos de la vida de la región con personas afines al hi jo del Virre y . Este proceso de sustitución no solo se centró en los cargos de mi litare s o administ ra ti vos del re ino, sino que el objeti vo eran los encomenderos, los cuales copa ban los cargos dentro de los cabildos, por lo que podían actuar e info rmar al Re y de las acciones del nuevo g obern a dor. También hay qu e tener en cuenta, qu e estos en c omenderos, eran partidarios en su ma y oría d e Francisco de Villagra, por lo que la o posi c ión de éstos a García Hurtado de Mendoza fue inmediata. Con la posesión de los repartimientos, se tomó e l control de l monopolio de la violencia, por lo que resultaba s e r una pieza angular sobr e la que se sustentaba el poder de los gobernadores, de ahí el empeño en acelerar e ste p roceso de ree mplazo. El 29 de abril de 1557, Franc isco de Carvajal, escribano de cámara de l Rey en la Real Audiencia de Lima dio testimonio del proceso al que se sometió a Francisco de 296 Ibídem, p. 6 9. 297 Ibídem, p. 7 1. 148 | P á g i n a Aguirre a la llegada de García Hurtado de Mendoza a ciudad de La S e ren a 298 . En dicho documento se des cribe l a forma en que el nuev o gobernador apresó a Aguirre. Este proceso lo encabezó el licenciado He rnando de Santillán, quién acompañaba a García Hurtado en su expedición a Chile. Tras el arresto de Francisco de Aguirre, el teso re ro Juan Núñez de Varga s, fue encarcelado y sacado del Reino de Chile, quien en una carta dirigida al Re y , se defiende de las acusac ione s que se hici eron para justificar su expulsión del territorio chileno 299 . Juan Núñez se había opuesto a realizar una s libranzas de la Caja Real, siendo este el motivo pa ra promover su destierr o de Chile. En su misiva de defensa relata lo siguiente: “…dijo el dicho J uan Núñ ez: < yo no los t eng o que acetar hasta que se presen te y me conste y v ea la provisión q ue el gobern ador tiene de S. M. par a poder libra r en l a caja real> y est e t es t ig o, le dijo; < que para que se quería poner en aquellas cosas co n el señor G obernador, que no sabía cóm o las tomaría>; y el dicho Juan Núñez le r e spondió; <estas son verdaderas tiranías, que no las de Go nzalo Pizarro, alz arse el padre y el hijo con l a tierra> y este testigo , le dijo; < ¿cóm o es eso? ¿Y de qué manera se alz an con la tierra?> y el dicho Juan Nú ñez, le dijo; < ¡cóm o! No veis que l padre s e están en el Perú y al hijo envió a esta tierra, y l o que hizo el Virrey en Perú es p roveer los oficios real es a sus criados y desterrar a l os servidores de S. M. a España , l os cuales están dando gritos delante Dios de l as injusticia s que c on ellos se han fecho> y este testigo, le dijo; <pues yo entiendo que uno de los más señalados servicios quel V i rrey ha fecho a S. M. ha sido y fue en enviar a su h ijo a es t a t ierra, por q ue, mediante su v enida, se h a remediado esta tierra> y el dicho Juan Núñ ez, le dijo; < pues por este m ismo caso han de per d er el juego> y est e t es t ig o l e dijo; < anda, quel Virrey, cuando en Santa Marta quiso env iar a Esp aña a Al onso Núñez, alguacil m ayor del A bdiencia Real de los Reyes y cua ndo a Tutueguano le quito el oficio de factor of i cial proveido por S. M., haría lo justo, no es sino que no puede v er oficiales del Rey y vos tené is razón de estar bien con ellos, porqu e os han dado ayuda de costa y pa l ab ras buenas y otras m er cede s, per o a mí ni ob ras ni palabras > y este testigo, l e dijo; < pues es o sería el Virrey, pero su hijo, que os ha fecho? > y el di c ho Juan Núñez, dijo; < también m e habl o e trato en Coquim bo con las e ntrañas de su padre, e yo os digo que tengo de ir a Espa ña, ganando m i salario, a dar cuen t a a S . M. dest as tierr as y lo que en ellas se hace y a aprob ar las quejas de los m alaventurados desterrado s por el dicho Virrey, y el Rey se holgara conmig o y m e agradecerá mi comisión> y este t e stigo, le di j o; < cosas son las que habéis di cho, que o s 298 Ibídem, 81. 299 AGI, Justicia, 1140, N.1. Me d ina, J osé Toribio. CDIHCh. Op. Cit., Tom o XXVIII, p. 8 3. 149 | P á g i n a podrán costar la vida> y el dicho Juan Núñez, le dijo; < pues y o, t an traidor soy, com o todos los anda l uc es > …” 300 De este amplio extracto de la c arta d e J uan Núñez de Vargas, fechada el 28 de ag osto de 1557, se desprende la necesidad que tenía Garc ía Hurtado de Mendoza de desterrar a todos los sujetos contrarios a sus prá c ti c as. En este caso en concreto, en lo referente a las derramas que e ste pretendía hacer a costa de la Caja Re a l. Esta denuncia del citado t e sorero, que podría s er interesada, la tomamos como cie rta , puesto que posteriormente durante el gobierno de la R eal Audiencia en Concepción (1565 -1575) Núñez volvi ó a denunciar las decisiones abusivas por parte de los miembros de la Audiencia. Má s adelante y con el objetivo d e argumentar las actitudes “tiránicas” llevadas a cabo por García Hurtado de Mendoza, analizaremos los puntos más relevantes d e su jui c io de residencia, del cu al, saldría la sentencia de culpabilidad de entre otra s cosas, las denuncias realiz a das por J uan Núñe z de Va rgas. Retomando la acusac ión de J uan Núñez de Vargas, est e decía en el extracto anteriormente recogido que viajaría h a sta España pa ra denunciar las prácticas del gobernador, y así lo hizo. El 21 de enero de 1559 se presentó en Valladolid ante e l Re a l Consejo de Indias 301 . El t e sorero relató cómo J erónimo de Villegas, ma y ordomo d e García Hurtado de Men doza se presentó ante él, reclamando las cuentas de la Real Hacienda del Reino de Chile, con el objetivo de sustraer todo lo que contenía 302 . Núñez se negó a hacer esta derrama, la cu al según Villegas estaba destinada a c ompra r cierta mercadería que tenían los comerciantes en Santiago. Pedro de Mesa, teniente de gobernador, sería el encargado d e tom a r estos p roductos y carga rlos a l as arcas reales, las que se deberían pagar poco a poco, provocando con esto la ruina económica de muchos de estos comerciante s 303 . Estas prácticas serían una constante durante el gobier no d e García Hurtado de Mendoza, todas ellas recogidas posteriorm ente en su juicio de residencia. La declaración de Núñe z ante el Consejo d e Indias continuó relatando las amenazas a las que fue sometido: “…este confe sante ( J uan N úñez de Vargas) le di j o; < p ues com o siendo vos factor de Su Majestad me habéis de decir eso y desay udar m e en cosa tan justa?> y el dicho facto r (Jerónimo de Vill egas) le respondió que si porqu e de no acep t al las le vernia daño ; y este 300 AGI, Justicia, 1140, N.1. Me d ina, J osé Toribio. CDIHCh. Op. Cit., Tom o XXVIII, p. 8 4. 301 Ibídem, p. 8 5. 302 Ibídem, p. 8 6. 303 Ibídem. 150 | P á g i n a confesante le dijo < ¿Q ué daño me puede venir? > y el dicho factor le respondió; < que os quitaran el oficio y enviaran a España > y este conf esante respondió ; que m ás quería aquello, que no hacer lo que no debiese y aventurar a pagar de su hacienda más de veinte m il castellanos que m ontaban las d ichas libranzas, e que l fiaba que, si por aquel l o le enviases a España, S. M. se ternia por se rv i d o dello e haría m erced; y el dicho factor le dijo que por aquellas cosas tales no les hacia el Gobernador m er ced ni les acrescentaba el salario; y este confesante le r espo ndió que aquello era lo que Su Majestad m andaba, y lo otr o no lo seria…” 304 Finalmente, l as amenazas se acabarían cumplie ndo, en un principio Juan Núñez d e Varga s fue llamando a la guerra, donde se presentó. A su llegada a C oncepción, donde se encontraban las fuerzas del gobe rnador, fue apresado y metido en un nav ío con destino al Perú 305 . Estas declaraciones ante el Consejo de I ndias, fu eron tenidas muy en cu e n ta, y a que el 15 de marzo de 1559 se emitía una Real Cédula por la que García Hurtado de Mendoza tenía que acompañar a su padre, e l Virrey , de regreso a Espa ña 306 . Así, el 8 de julio de 1559 el Consej o de Indias se pronunciaba sobr e el caso de Juan Núñez de Varga s en los siguientes términos: “…el fiscal de e ste Consejo, y vista la dicha inform ación, por pa rescer que el dich o Juan Núñez no tenía culpa en lo que s e le im put ab a, se dio auto e n que se le dio licencia para que libremente pudiese volver a l as dich as pr ov incias a servir el dicho su oficio de tesorero…” 307 La Re a l Cédula por la que García Hurtado d e Mendoza y su padre el Virre y Andrés fueron relevados de sus carg os, es fiel r e flejo de la importancia que tenía la familia Mendoza en la corte, ya que lejos de castigarlos, se les requirió en la p enínsula Ibérica para su designa ción a otros puestos de la administración: “Porque nos enviam os a mandar al Marques de Cañete, v uestro padre, nuestro Visorrey de las provinc ias del Perú, que venga a nos se rv i r en estos reinos, y ansi en su lugar habemos proveido por nuestro Visorrey de aquella tierra a don Diego de Acevedo; y porque conv erná que vos os veng áis en compañía del dicho Marques vuestro padre, 304 Ibídem, p. 8 7. 305 Ibídem, p. 8 8. 306 Ibídem , p . 37 5. 307 Ibídem, p. 3 02. 151 | P á g i n a habemos acordado de proveer en vuestro lugar por nuestro gobernador de esas provincias a Francisco d e Villagra.” 308 En este sentido, llama la atención la suavidad con que la Corona notificó a García Hurtado de Mendoz a su destitución, pero ha y qu e considerar que su tío, L uis Hurtado de Mendoza y Pachec o, era una de las persona s más influyente en la Corte en estos momentos, concre tamente ejercía como presidente del Consejo de Indias. Como hemos venido relatando, las acusac iones realizadas por Juan Núñez de Varga s fueron mu y importantes a la hora de tom a r una decisión tan drástica , como fue la sustitución del gobernador del Reino de Chile, pero llega dos a este punto nos surge una pregunta sobre los sucesos acontecidos en el Reino de Chile a finales de la década de 1560, ¿qué otros pe rsonajes de relevancia influ y eron en la decisión d e restablecer en el gobierno de Chile a Francisco de Villagra? El primer personaje que se nos viene a le m emoria y a fue citado en el primer capítulo de esta tesis doc tora l y se tr a ta d el dominico fray Gil González de San Nicolás que llegó a Chile como consejero de García Hur tado de M endoza, quien no le tuvo en consideración desde la primera campaña en Arauco. Como consecue ncia de esta actitud del gobernador, el misionero se desencantó rápidamente y tras denun c iar las práctica s corruptas de l alto funcionario, y enfrentarse a los encomenderos y sus partidarios, decidió abandonar el R e ino. Sobre la relación de fra y Gil y el gobernador Hurtado de Mendoza y los probl emas que le conllevó mantener sus ideales próx imos a los de Francisco de Vitoria y el padre Bartolomé de las Casas, ha sido a mpliamente tratado en el Capítulo I de esta investi g ación 309 . Otro importante protag onist a de estos sucesos, también presente en el Reino de Chile y que desde nuestro punto de vista y a tesón de la repercusión que tuvo su obra, fue clave en la d estitución de Hurtado d e M e ndoz a fue Alonso de Ercilla; poeta reconoc ido, por su obra épica L a Arau cana , describió las a c ciones y abusos realizados por Hurtado d e Mendoza durante sus c a mpañas a l sur del río Biobío. En nuestra tesis no entraremos a ana li zar l a magnífica obra literaria, pe ro si indagaremos en detalles interesantes sob re su autor, Alonso de Er cilla y Zúñiga, quien n ac ió el 7 de agosto de 1533 en Madrid. Ya a u na corta edad recorrió gran parte de Europa, y a los veintiún años se enroló en la hueste de J erónimo de Alderete para viajar hasta Chile; como ya 308 Ibídem. 309 2. -Fray Gil González de San Nicolás, el Bar tolom é de las Casas de Chile, p. 6 0. 152 | P á g i n a hemos mencionado Alderete falleció tras su p aso por Panamá, qu eda ndo Alonso de Ercilla en una posición más cercana a García H urtado de Mendoza. A su llegada a Chile, participó en las batallas de Lagunilla (8 de noviembre de 1557), Millarapue (30 de noviembre de 1557) y Quiapo (13 de diciembre de 155 8). En Mil lar apue fue te sti g o de la muerte d e l toqui mapuche Caupolicán, el cu al, a l a post re sería el protagonista de su obra La Araucana . Nuevamente nos surge un interroga nte sobr e la fi g ura de Er c illa, ¿por qué en La Araucana dejó tan mal parada la figura de García Hu rta do de Mendoza como gobernador?, teniendo en cuenta que él mismo había participado en la g ue rra de Arauco. Para encontrar una posi ble respue sta a esta pre gunta, nos tenemos que remontar a los sucesos acontecidos en la ciudad de La Imperial, y que supusieron el p osterior destierro de Er cilla de las tierras chilenas. S obre este a contecimiento existen cua tro versiones que difieren en algunos detall e s unas de otras, pero lo que todas tienen en común es el enfre ntamiento en L a I mperial entre Alonso de Ercilla y J uan de Pineda. Según Góngora Marmolejo dura nte una fiesta, ambos sujetos (Pineda y Er c il la) pugnaron por sit ua rse lo más cerca del gobernador, produciéndose un breve enfrentamiento por conseguir una mejor posición, a lo que Garc ía Hurtado respondió g olpean do a Alonso de Ercilla 310 . La segunda ve rsión pert ene c e al cronista agustino Bernardo de Tor re s, quien seña ló que el enfre ntamiento se produjo dentro la i glesia mientras se c e lebraban los santos oficios, dividiéndose los asistent es e n dos bandos los cuales no pudieron ser c ontenidos ni por el gobernador, ni por los r e ligiosos 311 . La ter c er a versión corre sponde al cronista Pedro Mariño de Lobera, el cual relata que fue una disputa por sit uarse en el desfile lo más cerca posible del g ob ernador, conc lu yendo con un enfrentamiento entre Pineda y Ercilla 312 . Por últ imo, el doctor Suár e z de Figueroa indicó de una forma parecida a la versión de Góngora Marmolejo, una historia que transcurrió dur ante unos juegos y donde se produjo el enfre ntamiento entre los dos capitanes castellanos 313 . S e a como fuere , Pineda y Ercilla se refug i aron en la igl e sia imperialina temiendo la ira del gobernador García Hurta do de Mendoza, el cual los mandó sacar del recinto relig ioso para ser ejecutados por su comportamiento. Cuando Ercilla y Pineda e st aban a punto de 310 Medina, J osé To ribi o. Diccionario Biográfico … Op. Cit., p. 25 6. 311 Ibídem. 312 Ibídem. 313 Ibídem. 255 | P á g i n a construirse en todo el Reino de Chile 576 . Esta práctica, d e buscar ayuda en los encomenderos, ya h a bía sido utilizada en su estancia como guardián de la catedral de Lima, la cual había surti do el mi smo efecto positivo que en el Reino de Chile. De est e modo, a lo largo de su viaje, el citado prelado repitió una y ot ra v ez las prácticas anteriormente mencionadas, consiguiendo así, la creación de hospitales para los más pobres en todas l as ciudades d e su obispado y al menos el asentamiento de una orden relig iosa en cada un a de ellas. En la propia Imperial, San Miguel, junt o con la colaboración de algunos encomenderos, constru yó el hospital de San J ul ián, la catedral, dos ermitas consagradas a San Agustín y a Nuestra señora d e la Conce pción, y tra s su viaje al Concilio Limense (1583), trajo a monjas clarisas que fundaron un convento en La I mperial 577 . 576 Ibídem, p. 23 3. 577 Ibídem, p. 41 1. 256 | P á g i n a CAPITUL O 3. L OS GO BI ERNOS DE RODR I G O DE QUIROGA, MARTÍN NÚÑEZ DE GAMBOA Y AL ON SO DE SOTOMA YOR. E L P OD ER DE LOS ENCOMENDEROS (1575-1584) En el siguiente capítulo de esta tesis doctoral, abordaremos los sucesivos gobier nos de R odrigo de Quiro g a, M a rtín Ruiz de Gamboa y Alonso de Sotomayor, en los que podremos constatar la influencia d e los dif e rentes g rupos de pod e r formados por los encomend eros: los del “Norte” y del “Sur ” , “nuevos” y “viejos”. En es te punto planteamos la pregunta sobre la cual versará to do este capítulo. ¿Cómo actuaban los grupos de pode r con res pe cto a los líderes polí ti cos dentro del R e ino de Chile? Esta interrogante no es excluy ent e con la ide a principal de esta tesis do c toral (La historia del poder en el Reino de Chile y com o este o sciló a lo largo del siglo XVI entre bandos, agrup a dos en los partidarios de lo p úblico contra los favor ables d e lo privado), solo nos ay ud ará a entender el modus operandi de los bandos que influ y eron sobre los diferentes actores políticos de la gobernación chilena. Abordar esta temática es compleja, por lo que empezamos con el análisis de la figura de los Tenientes de Gobernación, un cargo que existía anteriormente, pero que tras el f ra caso de la Real Audiencia en Conc e pción (1575) se reforzarán las competencias del cargo en el Reino de Chile. Respecto a los estudios biográficos sobr e indi viduos claves en es tas luchas de poder, que hemos venid o realizando para cont extualizar nuestra hipót e sis, en este caso veremos el papel que jugó Melcho r Calderón. Cronológ icamente, est e capítulo se enmarca entre los años 1 575 y 1592, etapa en la que acontecerán, entre otras cosas, l a llega da de los co rsa rios i ng leses en las costas del Reino de Chil e . Estas incursiones serían utiliz ada s por los gobe rnadores, para ll amar la aten c ión de la Corona y el Virreinato e specialmente con respecto al envió de socorros. Como y a hemos indi c ado anteriormente, en esta etapa ( 1575-1592) los encomenderos se harán notar durante todos los gobier nos, concretamente durante los gobier nos d e Rodrigo d e Quiroga y Martín Nú ñez de Gamboa, personificados en la figura de los Teniente s de Gobernac ión. Dentro de este contexto, vere mos cómo Gamboa oscila hac i a las posiciones defendidas por fray Antonio de San Mig uel, crea ndo un a nueva tas ación más benevolente con los naturales encomendados, como exigía el prelado d e La I mperial. Durante el gobierno de Alonso de S otomay or, se constataría la inf luencia de Ramiriáñez de Saravia, hijo del antiguo presidente de la Real 257 | P á g i n a Audiencia en Concepción, ade más de la llega da de una nueva “ c orte” e n torno al gobernador, que se benefició de su afinidad con éste. El caso más significativo sería el del propio herm a no de Alonso de Sotoma y or, Luis de S otomay o r, nomb ra do Teniente de Gobe rna ción en el momento que lle g ó al Reino de Chile (1583). El gobierno de Sotomayor, será sim ilar a los de García Hurtado de Mendoza y M e lc hor Bravo de Saravia, por la llegada de nuevos encomenderos que cortaron las aspiraciones de los veteranos de la gue rra de Ar auco. Finalmente, r e sponderemos al interrogante planteado anteriormente, ¿ c ómo actuaba n los grupos de p oder para con los lí de res políticos dentro del Reino de Chile? Gracias al análisis pormenorizado que realizaremos a lo lar g o de este capítulo, argumentaremos como los diferentes grupos de poder dentro del Rein o de Chile se sirven de los diferentes actores polí tic os para alcanzar sus metas. De ig ual modo analizaremos en qué situ ación quedan los que hemos denominado como “encomenderos del norte” y “enc omenderos del sur” tras el final del gobierno de Alonso de Sotoma y or. 1.-Los Tenientes de Gobernación En este epígrafe, como hemos comentado en la introducción de este c apítulo, comenzaremos analizando la fi g ura de los teni entes de gobernación en el Reino de Chile. La definición clásica del car g o de tenien te de gobernación, corresponde a un a persona d e confianza d el gobernador, el c ual en el caso su ausencia le sustituiría, además d e a y udar en dife rentes tareas d e g obierno. La s funciones atribuidas dependerían de la sit ua ción en la que se encontraba el te rr it orio en cuestión. Normalmente los tenientes de g obe rna ción se encargaban d e tarea s secundarias, es decir, como por e jemplo en e l Reino de Chile, el gobernador se centraba en la estrategia y accionar en torno a la guerra de Ar auc o, y el teniente de gobernación, a la administración y just icia. Según el historiador v enezolano Gilberto Quintero, la figura del tenie nte de gobernac ión, correspondía principalmente a tres tipos de sujetos; tenie nte letrado, persona instruidas en le y es, que as e sorab a n al goberna dor en dich a materia ( es el caso 258 | P á g i n a de Hernando de Santill á n 578 ); el teniente general, encargado de la estrategia mi litar (Martín Ruiz de Gamboa 579 ); y teniente territ oria l, al cual se la entregaba la administración de una región en cuestión 580 (Rodrigo de Quiroga 581 ). Teniendo en cue nt a la definición realizada p or Quintero para l a figura del teniente de gobernación en el territorio de Nueva Gr anada , ésta coincide completamente con los casos que hemos venido atesti g uando d e tenientes nombr ados en el Reino de Chile. Dicho lo cu a l, utilizaremos la definición realizada por este investigador para analizar a los tres tenientes de gobernación de este estudio; Hernando de Santillán, Melchor C a lderón y Luis López de Azoca. A continuación, veremos los ejemplos y a mencionados, y como estos actúan en re spuesta de sus intereses persona les, uno a favor d e los encomenderos “nuevos”, y los otros dos a los “viejos” o del “norte”. Gracias a e stos ejemplos argumentaremos las luchas int e rnas entre Gobernador y Teniente de Gobernación, y las repercusiones que estas tuvieron para el régimen de los repartimientos. 1.1.-Hernando de Santillán y F igueroa Hernando de Santillán y Figueroa, nacido en Sevilla en torno al año 1519, fue el primer teniente general del Reino de Chile, nombra do por García Hu rtado de Mendoza en e l año 1557. Ha sta este nombr a miento había ejercido como oidor de l a Real Audiencia de Lima, p ero con la llegada d el nuevo virrey, Andrés Hurtado de Mendoza, y qu e éste encargase a su hij o, García Hurtado d e Mendoza, el gobierno del Reino de Chile, hac e que Santillán se convierta en c onsejero de é ste último. Su elección para ir al Reino de Chile en calidad de Te niente de Gobe rnación no fue casu a l. S a nti llán, y a había tenido desavenencias co n sus compañeros de la Real Audiencia, y con este movimiento político, el nuevo virrey buscaba no solo a y udar a su hijo en el gobierno del Reino de Chile, sino también ev itar conflictos dentro d e l ór g ano supremo d e justicia del Virreinato. Como relata Diego Barros Arana, el nombramiento de Santillán iba 578 Her n ando de Santillán dese m pe ñara el cargo de Teniente de Gobernación d u r an te el gobierno de García Hurtado de Mendoza. Encargado del asesora m iento legal de García H urtado de Mendoza, el cual enmarcamos co m o ej emplo del T enien te de Go bernación Letrado d escrito por Gilberto Qu intero. 579 Martín R uiz de Gam b oa actuó com o Teniente de Gobernación durante el final del gobier n o de Rodrigo de Quiroga. Encargado de dirigir al e jército en la guerra de Ara u co po r la avanzada edad del gober n ador. 580 Quintero, Gilb erto. “Gobernador es y Tenientes de Gob ernador en la pro v incia d e Venezuela. De los Welser a Juan de Ville gas (1 528 - 1553)”. Boletín de la Aca d emia Nacion al de la Histor ia. Vol. 92 Núm. 365, C aracas, (200 9 ), 111 -119. p. 3. 581 Rodrigo de Quiroga desempeño el cargo de Capitán General, pero lo podemos utilizar de ejemplo al estar subord in ado a la Real Audiencia de Concep ción, te niendo solo competencias en materia m il itar y restringidas a las ci udades de Concepció n , Angol y La Imperial. 259 | P á g i n a acompaña do de un sala rio de 3.000 pesos anuales y la imposibilidad de obtener encomiendas como funcionario real 582 . Como vere mos más adelant e , la pr ohibición de que Santillán poseyese una encomienda no fue cumplida, puesto que García Hurtado de Mendoza le entregaría un repa rtimiento de indios en la ciudad de Osorno. Santillán se mantendría leal al servicio de su valedor el gobernador García Hurtado de Mendoza, a diferencia, como veremos a continuación, de M e l chor Calder ón y Luis López de Azoca . La principal t area encargada a Santillán en el Reino de Chile fue la visi ta y tasación de los naturales encomendados con el objetivo de regular el sistema del servicio pe rsona l, es decir, la eliminación de éste, po r el pago de tributos a los encomenderos. Hernand o de Santillán a su ll e gada al Reino de Chile, comenzó a ejercer como el principal consejero de García Hurtado de Mendoza, ejemplo d e esto, es el modo de actuar del gobernador en la primera confrontación con las fu e rzas mapuche en Concepción. En dicho lugar, deso y ó los consej os de otro de sus consejeros, fra y Gil González de San Nicolás, que apostaba por una estrategia menos bélica y más centrada en el parlamento, como bien hemos descrito en el capítulo I en el epígrafe sobre la figura de fra y Gil. Hurtado de Mendoza s e apoy ó en los consejos d e Hernando de Santillán, especialmente en la idea de continua r con el conflicto mediant e la estrategia militar. L a consonancia entre e l letrado y el g obe rnante, un hecho continuo a lo larg o de la estancia del primero en el Reino de Chile, se aprecia en que este últim o le entreg ó una encomienda en los tér minos de Osorno. Este suceso es clave para entender el posicionamiento de Santillán en de las luchas entr e los encomenderos, eje de esta tes is. A partir d el momento en que el visitador tomó posesión de su r e partimiento, pasó a formar parte d e l grupo que hemos denominado como “encomenderos nuevos”, por lo que su tasación tuvo qu e estar condi c ionada po r esta condición. La nomb ra da “tasa de Santillán” tenía como objetivos máximos la elimi na ción del servicio personal, sustitu y endo este rég ime n por el pa go de tributos. Pero nada más lejos de l a realidad, y a que las presiones por parte de los encomenderos f a vorables a continua r con el “servicio personal” tuvieron su respuesta en el mantenimi ento de esta, r egulada p or la “tasa d e Santillán”, pero continu ando su funcionamiento. Con la tasac ión, se limitaba a los hombres y muj eres entre los 18 y 50 años el se rvicio personal, además de or g anizar el 582 Barros Arana, Die g o. Historia General de Chile. T omo II. Santiago de Chile: Seg u nda e dición. 2000, p. 84 . 260 | P á g i n a trabajo mediante el sist ema de l a mita 583 . Tenemos que tener en cuenta la falta de registros de nacimientos, es decir, la dificultad de calcular la exactitud de la eda d de las personas, por lo que el cumplimiento de la ley posiblemente no se cumplió. Esta falta de información person a l, propia de la época, facilita ba la ex plotac ión de la mano de obra infantil, es por eso que se regula que solo se podrán emplear en e l “se rvicio personal” a los mayores de 18 a ños. Dicho lo cual, vemos cómo el sistema del “servicio personal” continuó y más aun teniendo en cuenta que con la tasación r ea li zada por Herna ndo d e Santillán, este abusivo rég imen quedaba amparado por las l ey es. No s ería hasta 1580, durante el gobier no de Martín Rui z de Gamboa, cuando verdaderamente se trató de abolir e l “servicio personal”. La carrera de Hernando de Santill á n en el Reino de Chile estuvo unida a la de García Hu rtado de Mendoza, por lo que cuando el gobernador se vio forzado a abandonar el Reino de Chile, éste siguió sus pasos. C on la llegada de Francisco de Villagra en 1561 como n uevo gobernador, la suerte de Herna ndo de Santillán cambiaría y a que un a de las primeras medid as tomadas fue su encarc e lamiento para evitar su salida del territorio sin dar cuentas sobre su jui c io de residencia 584 . Con respecto a este encarce lamiento Santillán escribe al licenciado La Gasca, quejándose del tratamiento que Francisco de Villagra le e stá proporcionando. “…tres o cuatro días antes que m e viniese a em barcar rogué al gobernador desta tierra que comunicase con V. S. si había alg una causa o propósito de detener este navío que se m e avisase, porque no rece bi r i a n i ng una pesadum br e de aguard ar lo que a V. S. y a el paresciere; y después de haberlo hecho, m e respondió que no había cos a ninguna porque detenerm e, ni V . S. l e quería detener, y con esto me di priesa más de la que me diera y m ás de la que me convenía, y me vine, y en sa lien do yo del pueblo , l u ego es tuv o aparejado el ca ramillo de alboro tarse el puebl o sin haber de que n i para qué. Yo estoy tres días ha pasánd ome al sol, q ue basta para cobrar una enfe rmedad, y com o se detiene allá al maest re y el batel, aun de agua no nos har t am os. Aquí m e han dicho que hasta que se cargue Antón de R odas, se ha de d etener es te. Y o no sé en qué he deserv ido a V. S. , porqu e con tanta crueldad y oprobio me trate y de m at eria al menosprecio que de mí se tiene, pues aunqu e y o no fuera ta n serv i dor de V. S. , no l o hobie ra m ostrado a tod o el 583 Definición de la “mita” . Sistema labor al em pleado prim er o por el Imperio Incaico y con tin uado por los españoles en América, consistente en la utilizac ión de parte de la población originaria para el d esarrollo de diferentes labo res (principalmente la m inería), a modo de pago de tributo m edia n te el tra bajo. 584 Medina, Jo sé To ribi o. CDIHCh. Op. Cit., To m o XXI X, p. 313. 2 61 | P á g i n a m undo con demostraciones i nt erior e s y ext e ri o res, bastaba ser yo criado de S. M. para que se tuvie r a o t ro t r at o conm igo…” 585 Como podemos extraer d el relato del licenciado S antillán, Francisco de Villagra retrasó la marcha d e ést e , para que no sucedier a lo que y a había p asado con García Hurtado de Mendoz a , que había salido del te rr i torio sin esperar a su susti tuto. Este movimiento de Hurtado de Mendoza, respondía a la prof unda enemistad que existía con su suce sor, y por el duro juicio de re sidencia al que sería sometido de caer en manos del nuevo gobernador, Francisco de Vill a gra. Finalmente, Hernando d e Santillán seria puesto en libertad, partiendo hacia Lima e s e mismo año (1561). Santillán retomó su carre ra lejos de Chile, en concreto en la Real Audie ncia de Quito, de la cual, serí a n ombra do como su prime r presidente, tomando po se sión de su cargo el 18 de septiembr e de 1564 586 . Durante su estancia en este territorio f ue acusad o de “tiranías y vejaciones, de ambiciones en el gobierno, de destierros sin causa” 587 , entre otras cosas. Durante su juicio de residencia fue condenado a p ag ar dos mi l pesos de oro por generar grandes enemistadas durante su gobierno. Un ejemplo para entender lo trascendental e influy ent e del ape ll ido Santillán, es que, tras su paso po r Quito, volvió a la P e nínsula Ibérica , donde pasaría po r la Corte Real. Estando en ella consiguió que se le redujese la multa de dos mil pesos a solo trescientos 588 . Hernando de Santillán inclus o fue propuesto como obispo de la diócesis de Charc as (11 de ma yo de 1572), cargo que nunca ll e gó a o cupa r, ya que la muerte le sorprendió camino de su nueva diócesis, concre tamente el 8 de junio de 1574 en Lima 589 . Hernando de Santillán personificó perfectamente el papel de “teniente letrado”, acompaña ndo y aconsejad o a Garc ía Hurtado de Mendoza durante la estancia de ambos en el R e ino de Chile. L a re lación e ntre teniente y gobernador siempre fue buena, a tesón de lo que hemos expuesto anteriormente, por lo que también compartieron enemi g os, como fue el caso de Franci sco de Villagra. Por último, tenemos que puntualiz ar la importancia del apellido Santillán en la época, es decir, a pesar de que su figura resultó perjudicada tr a s varios jui c ios de residencia, siempre consiguió restituir sus 585 Ibídem. 586 Medina, J osé To ribi o. Diccionario Biográfico …Op. Cit., p . 8 12. 587 Ibídem. Carta de Ma rtín de Car ranza, f echada el 1 5 de m arz o de 1566. 588 Ibídem. 589 Ibídem. 262 | P á g i n a crede nciales, ejemplo de esto, es que murió camino a su nuevo cargo co mo obisp o de Charcas. 1.2.-Melchor Calderón El estudio biográfic o de la figura de Melchor Calderón y d e su forma de actuar en la segunda mitad del siglo XV I en el Reino de Chile, es clave para entender las luchas int e rnas dentro de la sociedad española de la época. Si catalo g amos a fr a y Antonio San Miguel, obispo de La Imperial, co mo defensor d e los beneficios de los encomenderos del sur, p ue s Melchor Calderón e s su némesis, es de c ir, valedor de los intereses de los encomenderos del norte. Esta d efinición queda un poco res tring ida para ambos protagonistas, p uesto que trascendieron del ámbito socio - político, teniendo mucha influencia eclesiá stica , especialmente, Sa n Miguel como primer obispo de La Imperial. Calderón vivió dos etapas claramente delimitadas, la primera, en la que aspiró a ser obispo, (Santiag o, Co nc epción y p rovincia de los Juríes y Diaguitas); y una seg und a que tuvo un may or carácter político, ejemplificada en la obtenc ión del título de “teniente de g obernación” durante el mandato de Rodrigo de Quiroga (1575 -1580). Una vez introducido el personaje, r e alizaremos un pe que ño r e corrido por su vida, pa ra posteriormente detenernos a an a li zar en profundidad y de una m anera pormenorizada las dos etapas anteriormente citadas. Calderón nació en La Haba (Extremadura, España) aproximadamente en 1526. El he cho de qu e lle ga r a a Chile e n 1555 no fue c asualidad, puesto que Pedro de Valdivia era su tío 590 . Tres años antes, habría cursado estudios en la Universidad de Salamanca, obteniendo el título de bac hiller e n Teolog ía en 1552 591 . E n 1558 lo encontramos en la ciudad de Concepción, en la que había soli cita do la entrega de un solar bien ubicado “porque quería a vecindarse en la ciudad” 592 . Finalmente consig uió e l terreno sol icitado, p ero en 1601 vendió parte de él; este det a lle no pasaría del anecdotario en otros c a sos, en éste será pilar fundamental para entender cómo actuó dentro del Reino de Chile. 590 Medina, J osé To ribi o. Diccionario Biográfico … Op. Cit., p. 1 54. 591 Ibídem. 592 Ibídem. 263 | P á g i n a Melchor Calderón fue un a figura importante d e ntr o de la so c iedad americana de la época, ejerciendo cargos como el de visitador general de la ciudad de Concepción; también fue comisario de la Cruzada y d e l Santo Oficio (2 de abril de 1572), ya en Santiago; y , por último, haciendo de tesorero del primer coro de la c atedral de Sant iag o, Provisor y Vicario Ge n eral entre 1596-1598 593 . Melchor Calderón fue a utor en 1607 de l a obra: “T ratado de la importancia y utilidad que hay en dar por esclavos a los indios rebelados en Chile” 594 , aprobado tra s la pérdida de las siete ciudades al sur de l Biobío, y que supuso la victoria de los intereses d e los encomenderos del no rte sob re l os del sur. Esta importa nte incó g nita, será ampliamente analizada en el siguiente capítulo. Melchor Calderón falleció en 1610 en el Reino de Chile. 1.2.1.-Las aspiraciones diocesana s de Melchor Calderón Tras este breve recorrido por la vida d e nuestro protagonista, analizaremos la primera etapa en la qu e hemos dividido su estancia en el Reino de Chile. Durante este periodo, que podemos a c otar cronológicamente entre los años 1555 y 1 575, Calderón aspiró a presidir una dió c esis. La primer a recomendación al re y de Melchor Calderón para un puesto de relevancia en el Reino de Chile, llegó por parte de su hermano, fray Francisco Calderón, c apellán de la corte y m uy ce rcano a F elipe II 595 . Francisc o Calderón seña la lo si g uie nte: “El licenci ado fray Francisco Calderón, capellán de V. M., de la Orden de Alcántara , digo: que en el obispado de Chile están las prov incias que se dicen de los Juríes y Diaguitas, que es m ucha tierra, en que hay cinco o seis ciudades de españole s principales (…) por las causas susod ichas, ni son prov i ncias que se puedan desear con codicia y am bi ció n, sino con sola intención de ser vir a Nuestro Señor en ejercicio espiritual, porque en ellas no hay oro ni plata, ni se ha descub ierto hasta agora; y si V . M. determina apar t a r las dichas prov incias del obispado de Ch i l e, como par e ce ser necesario, en la ciudad de la Concepción de las prov incias de la Nueva Extremadura está el bachiller Melchor Calderón, clérigo, cur a y tes or er o en l a iglesia may o r de la dicha ciud ad, y prov isor y vicari o general en todo el obispado de Chile, y ha sido visitador gene ral del dicho obispado y bachiller en teología por Salam anca, hijodalg o, de buenas costum bres y ejemplo, non codicioso, y que de seis o siete años que ha estado 593 Ibídem. 594 Calderón, Melchor . Tratado de la importancia y utilidad q u e hay en dar por esclavo s a los indios rebelado s en Chile . Madrid, 1607 . 595 Medina, Jo sé To ribi o. CDIHCh. Op. Cit., To m o XXVI II, p. 374 . 264 | P á g i n a y residi d o en aquel la tierra ( …) Por tanto, a V. M. suplico mande el dicho bachiller Melchor Calderón sea proveido en las dichas pr ov incias con el título q ue V. M. fuere servido dal le…” 596 La carrera de Cald e rón por conseguir una sil la episcopal había comenzado con esta recomendación realizada por su hermano. Desde este momento, será protag onista de movimientos políti c os-eclesiásticos, que t e nían como único objetivo presidir una diócesis chilena. Como y a hemos coment ado, é l residía en Concepción, ya que el cabildo de esta ciudad le había dado un amplio sola r para que viviera. ¿ A cambio de qué el cabildo d e Concepción entregó dicho te rre no a Melchor Calderón, si este no h a bía destacado en nada para mer ecer tal reconocimiento? Los indicios históricos que tenemos, es qu e Calderón convenció a los miembros del cabildo con la promesa de trasladar a Concepción la silla episcopal de Santiag o, en ese momento en manos del anciano González Marmolejos. Esta hipótesis se sustenta gracias a los siguientes documentos qu e an a li zare mos a c onti nuación; las primeras informaciones que tenemos al respecto están fechadas en el año 1564, mom e nto en el que los movimientos de los favorables a qu e la d ióce sis de Santiago s e quedara donde estaba, y de los que pretendían su traslado, se a g iliz an. Como ya hemos indicado, el hermano de Melchor Ca lderón, había recomendado la seg regación de la provincia de los Juríes y Diaguitas. Esta idea fue la que abanderaría la defensa de los partidarios de que la sede obispal sa ntiagueña no se moviese . Sin em bar g o, ¿por qué el cabildo ec lesiásti c o y el cabildo civil de Santiago veían con buenos ojos la pérdida de la p rovincia de los Juríes y Diaguitas con la creac ión de una nueva diócesis? La resp ue sta a esta interrogante, la encontramos en la propia recomendación realizada por fra y Francisco Calderón, trasladar al díscolo Melchor Calderón lejos de Conc epción y del propio Reino de Chile. Es por ello qu e el licen c iado Juan de Herrera a primeros de m ay o de 1564, escribió al Rey e n los siguientes términos. “… Por el obi spo desta provincia de Chile (González de Marm olej o s) no se pued e bien regir, por la gran distancia e inconvenientes que hay, así de l o s caminos no se poder pasar en todo el tiempo por ser a t r as m ano. Se ra cosa m u y en servicio de Dios, nuest ro señor, y de V. M. se divida de por si en o t ro ob ispado, porque en cuanto al g obierno de justicia así se ha dividido por la orden de l a Audiencia de los Charcas y de vuestro Visorrey y se ha enviado por gobernador al general Francisco de Aguirre, y así en los 596 Ibídem, p. 3 75. 271 | P á g i n a m i Dios es testigo, fue entendiend o que al aum entar l a cristiandad de esta ti e rra convenía y para dar ejem plo a todos los obispo s que he conocido y conozco co m o se había de habe r en estas nuev as iglesias de indias…” 610 Calderón re c onoc e sus antiguas pr etensione s de encabe zar alguna d e las diócesis del Reino de Chile, y por ello se disculpa, tratando de ganar credibilidad ante el presidente del Consejo de I ndias. Finalmente, comienza a ejer cer el cargo de teniente de gobernac ión, y cr e emos que en este punto tenemos que aclarar las r azonas por las que catalogamos a Calderón como adalid d e los intereses de l os que hemos denominado como “en c omenderos del norte”. ¿ Qué actuaciones realizó Calderón para qu e lo identifiquemos como tal? Como y a explicamos en el capítulo I, el prin c ipal problema al qu e se tuvieron que en fr enta r los encomenderos d el norte del Reino d e Chile, fue la caída demográfica sufrida en la región, por lo que el trasvase de población era clave par a mantener sus rentas. Los primeros movimientos forzosos de personas fueron realizados desde el gobier no de Bravo d e Saravia, p ero hasta este momento, no se institucionalizará el sistema, es decir, con amparo legal promovido por el teniente de gobernación Melchor Calderón 611 . El 13 de noviembre de 1575, éste le escribió al Virrey solicitando la autorización y la idoneidad de trasladar a la población nativa desde la isla de Chiloé hasta La Serena : “…Hay en este reino dos pueblos, el uno r ic o de oro y de mantenimientos y tem ple y m uy pobre d e indios, que entre todos los indios no hay m il ca (blanco) es la ciudad de la Serena la primera hacia este reino y del me jor puerto del mundo y la otra tan falta de todo que jamás acudió a ella sacerdote ni hay i nd ios cristianos y tiene muchos indios, que es la ciudad de Cast ro en Chiloé, d es eo de pa sar d est a algunos (blanco) Se rena para que sa qu en oro y tengan doctrina y esto ha de ser por orden de V.E. por q ue vay a con m ás fundamento como en este reino se hace para Potosí, acá se supone alguno s impedim entos, especia lmente por el obi spo de la Im perial , a mí me parece que la conciencia no se perjudica en esto y que a t od o el mundo viene en hacienda y habí a m ucho provecho y los encom enderos lo desean, suplico a V.E. se a serv i do de me m andar avisar si a V .E. le parece bi e n que se hag a porque lo pond ré lueg o por la obra y 610 AGI, Chile, 64. Medina, José Toribio. CDIHCh. Op. Cit., Tom o II, Seg un da Serie, p. 160. 611 Medina, Jo sé T oribio. C DIHCh. Op . Cit., Tomo II, Segund a Serie, p. 201. 272 | P á g i n a será de m uy gran efecto para el aprovecham iento de la Rea l Hacienda y de toda la tierra…” 612 Desde nuestro punto de vista, este documento es de un gran valor, principalmente por las justificaciones que Calderón expone para ll e var a cabo tal plan. Primero se apo y a en la evan g elización, reiterando la idea de la falt a de sacerdotes en Chiloé, indicando que con este trasv a se d e población se podía solucionar. La se g und a argumentac ión se r efie r e al omnipresente oro, señalando el crecimiento de las rentas reales de llevarse a c a bo el plan. En tercer lu g ar, añade el apo y o que posee por pa rte de los encomenderos y la necesidad que tienen estos de mano de obra para sus repartimientos en La Se re na. Este último pretexto es esencial para entender nuestra hipótesis sobre los intere ses que llevan a Calderón en beneficiar a los “en comenderos del norte”. Para sustentar nuestra idea, también nombra al obispo de La Imperial, San Miguel, como principal opositor a que se ll e ve a cabo su estrategia. El traslado forzoso de la población desde el sur hasta el norte, perjudicaba claramente lo s intereses de los encomenderos asentados al sur del río Biobío, es decir, se producía una pérdida en el valor de los repartimientos de la región meridio nal del Reino de C hile. S a n Miguel, como y a hemos analizado, abo g aba por una estrategia radicalmente d i fere nte a l a patrocinada po r C a lderón, centrada en la prot ec ción de los indíge nas mediante la evangelización para evitar este tipo de destierros. Finalmente, el pl an d e Calderón se llevó a cabo, y esto lo podemos aseg urar, gracias al documento firmado po r él mismo el 8 de septiembre de 1577: “…el gobernado r esta en Arauco, no ha tenido rencuent ro hasta ahora con los i ndio s salieronle de paz algunos repartim ientos y por par ecerle ser sospe chosa y fingida tomo dellos a cuatroc i en t os i nd ios y algunas ind ias y enviolos a la ciudad de la Serena y a esta para que anden en la labor de las minas . Son l o s más destos indios del repartim iento d e Colocolo, ques de la encom i enda de la mujer que fue de V a ldi v ia, han naci do de aqu í m uchos pleitos porque los encomende r os pi d en sus indios aunque estén fuera de su s tierras, el gobern ador dice que ha de encom endarlos a otras personas, hay ya ante mí algunos pendient es (…) porque ha de haber m uchos con l o s obispos dest e reino y en particular con el de esta ciu dad t e ngo cada día m uchas pesadum bres, por qu e que rría que toda la jurisdicción f u ese suya y como el remedio está lejos, padezco porque cada día m e pone entred icho por cualquiera ocasión y en particular estos días le ha puesto po r tener preso a un soldado que habiendo venido entre los que por mandato de V.M. 612 Ibídem, p. 2 02. 273 | P á g i n a vinieron a este reino pagados, lleg ado aquí dijo ser de corona y por esto no haber de servir en la guerra; admitiolo el obispo; no está determ i nado también sobre querer el obispo conocer contra l o s casados que t ie nen sus m u j eres en España no si e ndo cosa suya y estando sometido por V.M. a sus j uec es y por habérselo impedido hemos t en i d o m ucha i nqui etud y por cua lq ui e r auxilio i n justo que se le niegue e s lueg o la descomunión y entredicho y por habe r m anda do que ni ng ún j u ez i nferior pueda dar auxilio sin pedírm el o a mí, porque lo daban con f ac ilidad, lo ha sentido tanto que en todo lo que puede m e i nq uieta, para lo cual sería grandem ente necesario que V. M. fuese servido de m andar que se me dies e com i sión para conoce r de fuerza s de jueces eclesiásticos, po rque así a clérig os como a leg os hacen muchas.” 613 Nuevamente nos encontramos ante un documento que a porta mucha info rmación sobre la situación que se vivía en el R e ino de C h ile durante el gobierno d e R odrig o de Quiroga y su teni e nte general Calderón. En este contex to, y cómo pod e mos observar, la petición anteriormente mencionada pa ra trasladar población desd e Chiloé hasta La Serena, se puso e n func ionamiento, pero con un matiz re levante, la población tra sladada no fue de Chiloé, sino de Arauco; así Calderón enumera al menos a cuatrocientos individuos que fue ron llevados a L a Serena. E n dicho documento tam bién apa re c e citado el obispo de S a ntiago oponiéndose a estas actuaciones de Calderón y sobre las que realiza una petición para que sus acciones estén sometidas al criterio del propio teniente. En este punto, tenemos que realizar una aclaración que más adelante ampliaremos, pero qu e es esencial para entend er por qué se produ ce n estos choques entre el te niente de gobernación y los d os obispos del Reino de Chile. Como y a hemos analizado, el primer obispo de Santiago, Gonz á lez de Marmolejos y el segundo, Fernando de Barrionuevo 614 , se alinearon junto con los intereses de los encomenderos, puesto que ambos tenían encomiendas. El tercer o bispo, según la hist oriog r a fía tradicional, Diego de M edellín 615 , tomó las tesis del obispo de L a Imperial, San Miguel, de la defensa y evangelización de los indígena s, oponiéndose frontalmente a prácticas c omo l a s llevadas a cabo por Calderón. 613 AGI, Chile, 8 Med in a, Jo s é Torib io. CDIHCh. Op. Cit., Tomo II, Segunda Serie, p. 3 32. 614 Según la do cum e ntación y baj o nuestro criterio , estos dos pr elados no los podemos considerar como los dos prim ero s obispos de la dió cesis de Santiago, puesto que ninguno d e los d os fue consagrado para tal cargo, p roceso indispensable para p o der ejer ce r com o prelados. 615 Diego d e Medellín, fue el pri m er obispo en realizar los tres pasos previos a ser pro cl a m ad o co m o prelado , es decir, bulas papales, b u las r eales y co ns agració n (de manos del ob ispo de La Imp eria l) po r lo que lo considera m o s co m o el primer obispo de San tiago. 274 | P á g i n a La situación era la si g uie nte, los dos prelados del Reino de Chil e ( L a Impe ria l y Santiago) se oponían a los traslados de población forzosa promovidos por el teniente de gobernac ión, por lo que la lucha de pod e r entre las instituciones eclesiásticas y l a s civiles eran una realidad. L a principal diferencia con lo que hasta el mo mento había venido sucediendo en el Reino de Chile, es el frente común formado por Die g o de Medellín y Antonio de San Miguel, los dos obi spos de la región. En esa épo c a, S a n Miguel se h a bía enfrentado en solitario a estos abusos, puesto que los dos primeros obispos de Santiago hab ían sido permisivos con estas prácticas. Por lo interesante de esta alianza, la re la ción entre ambos prelados será analiz ada en prof undidad más adelante. El 17 de octubre d e 15 76, C a lderón esc ribe al re y soli c it a ndo una profunda reforma d e ntro del Reino de Chile, consistente en reestructurar las ciudades del sur puesto que, según él, no eran sostenibles; la solución propuestas era d evolver la Real Audiencia a la ciud ad de Santiago y ubicar la residencia permanentemente del gobernador en Conce pción 616 : “…En j un tarse la ci ud ad Im per ial y la Rica todos conforman y ell as lo piden y es poco m enos necesario que la j u nt a de las demás y con todo esto conviene que V.M. sea servido de enviar a m andar que se haga, porqu e si no se manda no haber efecto sería m ucho el daño. (…) Esto e s cosa t an conveni ente cuando se puede enca recer m andando que la audiencia resida en esta ci u dad de Santiago, que sola ella la ha menes ter y el gobernador en la de la Con cepción, porque des t a m anera cada un o haga su ofi cio…” 617 . De haberse resuelto de forma favorable este pla n propuesto por Calderón, los más beneficiados habrían sido las ciudades del norte y por lo tanto, los “encomenderos del norte”. La prime ra repercusión de que este pro y e c to se hubiese ll evado a c a do, habría sido la pérdida de poder, tanto de los “encomenderos del sur”, com o del obispo San Miguel, enfrentado abiertame nte al t eniente de gobernación. P or suerte p a ra los encomenderos y el pr e lado el pro y e c to fracasó por lo descabellado que resultaba, pero destacamos la im porta ncia de este plan, pu esto que lo podemos considera r como el primer intento por parte de Calderón, de despoblar la reg ión al sur del río B iobí o. El enfrentamiento d el citado teniente de gobernac ión con las instituciones eclesiástica s, le produjo un fuerte de g aste d e su credibilidad ante la Corona, 616 AGI, Chile, 8. Me din a, Jo sé Toribio. CDIHCh. Op . Cit., Tomo II, Segunda Serie, pp . 28 0 - 282. 617 Ibídem. 275 | P á g i n a principalmente en los relativo al funcionamiento del Patronato Real 618 . Calderó n intentaba inmiscuirse en los asuntos de la iglesia, con el objetivo de limitar la acción de los dos obispos del Reino de Chile. Rodrigo de Quiroga, por otros motivos diferentes a los de Calderón, también escribió al Rey acusando a S a n Miguel de no cumplir con el Patronato Re al. Esto ocu rr ió debido a que San Miguel reclamaba un a tasac ión más justa en su diócesis, gracias a la cual se promoviera la evangelización de los naturales mediante la creación de doctrinas estables, territorialmente hablando. Quiroga relata lo siguiente a l respecto: “… El obispo de la Im perial, por defender l o que la ere cc ión de la iglesia de su obispad o y algunas sesiones del concilio provincial parece que conceden al ordinario en lo tocante a la doctrina de los i nd ios y sa la rio de doctr ineros, no ha querido cumpli r la cédula de Vuestra Majesta d que trata sobre vuestro patronazg o real y sobre ello he ocurrido a la Real Audie ncia de los Reyes, porque me escr ibí que con la decla r ac ión que la Re al Audiencia hiciese en este caso se allanaría luego y si n embarg o de esto y o voy continuando l a pose sión de vuestro pa tronazg o y pr esento a l as doctrinas los clérigos y religiosos que se o cupan en ellas y no consiento ni doy lugar que si n presenta ción mía se de salario a ni ng ún doctrinero…” 619 . San Miguel se había veni do que jando constantemente por la falta de inversión en sus campañas de evangelización, y es por ello que reclama con tanta insistencia la tasación de los naturales de su diócesis, puesto que, con esta regulación encontraría la financiac ión para sufr agar los gastos emanados del proce so mi sional. Es por esto, que San Mig uel, acude direct a mente a la Re a l Audiencia de los Reyes ( L ima), donde pleitea contra el propio gobernador Rodrig o d e Quiroga , donde re sulta victorioso. En este mismo documento que estamos analizando, identificamos clara men te el posicionamiento de R odrig o de Quiro g a d entro de nuestra tesis (encomenderos del norte y del sur, y encomenderos nuevos y viejos). Quiroga realiza la siguiente petición al Rey: “… A Vuestra Ma jestad su plico sea serv i do hacer merced a los vecino s encom ende ro s de indios deste reino que las encomiend as que tienen y se les dieren sea por tres vidas, pues todos ellos han serv i d o y sirven a V u estra Ma jestad mucho y muy lealmente y en especial ahora que todos ellos sirv en en esta guerra…” 620 . 618 Definición del P atronato Real. Corpus legislativo esgri m id o por la Corona español a para el control del estamento eclesiá s tico en América. 619 Medina, Jo sé T oribio. C DIHCh. Op . Cit., Tomo II, Segund a Serie, p. 310. 620 Ibídem, p. 3 11. 276 | P á g i n a En esta cita literal, vemos como claramente Quiroga aboga por que los “encomenderos viejos” conserven las encomiendas “por tres vidas”, es decir, pasarlas en herencia de pad re s a hijos y a los nietos d e los primeros. Este movimiento del gobernador, se g ranjeaba el soporte d e los viejos conquistadores españoles, a los que el mismo pertenec ía. La ap a rente ventaja que esto s uponía, respecto al apo yo recibido por este grupo social, conllevaba una gran contrapartida; la ausencia d e r e compensa en forma de repartimientos para los que p a rticipaban en la guerra. Retomando el conflicto entre Melchor Calder ón y los obispos, Diego de Medellín prelado de S a nti a go, escribió al Rey el 6 de enero de 1577 en los siguiente s términos: “…el licenciado Calderón, teniente genera l deste reino, es hombre f i er o y sin razón, porque cierra como toro a cuanto quiere : g r an merced haría V.M. a este reino en darle otro tenient e más cuerdo y más as ent ado, que este no tiene termino en sus cosas: en un día com etió c uatro sacrilegios y proceder co ntra el jur ídi cam ente y por razón es tom arse con un toro o fiera brava y así no hay notario ni let rado que ose ayudarm e, a todos los espanta y aun cuatro o cinco veces m e he quer ido e spantar con gente que viene con él y dice palabra s malas y feas en voz airada, en fi n, él lo quiere llevar por fuerza, dij om e que estaba suspenso y privado porque tem e l a j u ri s dicción que la sede vacante m e dio por encarg árselo V.M.; yo le respondí que yo estaba bien seguro que no me mandaría V.M. y su Real Co nsejo cosa contra con ciencia.” 621 . Dieg o de Medellín soli c ita de forma clara l a sustit uc ión del teniente de gobernac ión, principalmente por los abusos que, seg ún él, estaba cometiendo. L o qu e podemos interpretar de este documento es una carta fruto de la enemistad que ex istía entre Mede ll ín y Cald erón, esta idea se ve reforzada por otros textos que critica n duramente la ma nera de actuar de este último. El 14 de enero de 1577, Francisco de Gálvez, contador de la Rea l Hacienda del Reino de Chile, escribió un memorial al Re y so bre materias d e h ac iend a y gobierno, donde hace referencia a las malas prácticas realiz a das por Calderón, que refuerzan las críticas realizadas por el prelado Diego de Medellín. Según Gálvez, Calde rón una vez tomada la posesión del cargo d e teniente de gobernación, comenzó a generar su propia 621 Ibídem, p. 3 22. 277 | P á g i n a red clientelar, nombrand o a sus allegados para algunos puestos de importancia dentro del Reino de Chile 622 : “… en l a visita que t om o a pr es i den te e oidores hizo m uchas condenac iones al doct o r Saravia y l i cen ciado Torres de Vera y doctor Peralta y dende ha m uchos días de acabada, por un auto nos m andó que de los pesos de oro que se les restaba debiendo de sus sal arios depositásem os en su persona cua tro m il quinientos para gastos de la v i si ta y porque le respondim os que no los había y q ue pues que los tenía condenados en t ant a suma de pesos de oro para vuestra cámara, que hasta tanto que las t a l es condenac iones fuesen revocadas (…) Ha n ombrado una persona para el tomar de l as cuen tas y di ce que le ha de seña l ar un muy buen sal ario de vuestra Rea l C aja y porque le ped í s i tenía poder para señalarlo, dice quel l o puede hacer y que las leyes lo disponen (…) Por qué pidió al gobernador qu e prov eyese a un Fra ncisco Cal derón po r fiscal deste reino con muy buen salario. Porque se llam a de su ape llido y dice es su pariente, el cual dem ás destar m andado ir a Españ a por casado, es el hombre más d e burla y per d ido del mundo y de que menos necesidad hay , sino es como tengo dicho de un letrado y procurado r y no lo hizo ni le dio la escribaní a del cabi l do y numero de Valdivia que le pidió para ot r o pariente suyo, que no sabe sino t r ae r los naipes en la capilla y se dio a uno que sirv ió a V.M. con m i l p es os, está mal con él y conm igo.” 623 . La ca rta de Gá lvez continúa re latando el asesinato de Ga rcía S uá rez de Figueroa , quien ya ha sido citado anteriormente en esta in vestig a c ión, siendo el soldado que fue acogido por el obispo de Santiago, declarando que él solo obedecía al rey y no al teniente de gobernac ión 624 : “… quiere que le llam en general y ot ras vanidad e s y cáusalo ser moz o de m enos experiencia y amig o de gente inquieta, aunque e sto no es despan t ar, po r que según dice en este r e i no y él se alaba dello, ha muerto un hombre en Castilla y ot r o en el Perú donde el anduvo siempre y lo que y o de llo siento, es qu el g obernador y él no se llevan bien a c ausa de algunas cosas que hace tan fuer a de lo que para V . M. lo e nvió y decir como dice que el gobernad or no le puede mandar nada ni ir a la m ano y se r tan diferente en las condiciones, asiento y sosiego, el cual t iene tan poco que porque hab rá quince días que sin haber para que fue a sacar uno de la iglesia y el arcediano della le rem puj o diciendo que se sal i e se della, le dio dos bofe t ad as y se andaba al a bando d ello y ayer a la m edianoche, estándose un ca ballero q ue s e decía Garc ía Suárez de Figueroa, que era d e 622 AGI, Chile, 29. Medina, José Toribio. CDIHCh. Op. Cit., Tom o II, Seg un da Serie, p. 324. 623 Ibídem, pp . 326-327. 624 AGI, Chile, 8. Medina, José T oribio. C DIHCh. Op . Cit., Tomo II, Segunda Serie, p. 332. 278 | P á g i n a Guadala j ara, en su cam a , entraron tres y le die ron siete heridas de que murió dentro de veinticua tro horas y dice todo el pueblo que f u e él el que le mato porque h abía di cho m al del. V .M. s e i nf or m e de todo y vera los i nconv enientes y daños que por acá hay e se siguen e seguirán de que entre el gobernado r y el teniente haya diferencias, ni más de una v ol un t ad y que la justicia es te en pe rsona tan i nq uieta y que teniendo l a cara no se puede averiguar ni saber m ás que lo que él quiere, porque publ i ca se le prom etió un a plaza de los R eyes a Charcas.” 625 El futuro de Melchor Ca lder ón como teniente de gobernación quedaba mu y en entredicho a tenor de estas graves acusaciones; nombramientos de allegados, mala relación con el gobernador, enfrentamiento con las instituciones eclesiásticas y el asesinado d e Ga rc ía Suárez de Figueroa. Rodrigo de Quiro ga es c ribió al Rey el 26 de enero d e 1578, nombran do al licenciado Es c obedo para realizar las pesquisas necesarias para esclarecer el asesinato de Garc ía Suárez 626 . En este mismo documento, Quiroga , recomienda como sucesor su y o a su yerno M artín Ruiz de Gamboa, y al propio licenciado Esc obedo como teniente de gobernación: “…de los caballeros que en este reino están me p arec e que el marisca l M artín Ruiz de Gam boa es uno a quien se podría encarg ar el gobierno de esta tierra, por antigü edad y prudencia y experiencia y calidad de persona y para el cargo de teniente me parece que lo podría servi r el licenciado J uan de Escobedo, que est á en opinión de buen let r ado y de mucha expe r i enc i a. Yo tengo cedula de Su Majestad para nom brar gobernador al tiempo de m i muerte que gobie rne este reino hasta que Vuestra Ex celencia prov ea…” 627 Rodrigo de Quiro ga fue el único gobernador al que se le otor g ó licencia para nombrar a su suc esor, y designó a su y erno Martín Ruiz de Gamboa. E n el mi smo documento, Quiroga hace referencia al gran dañ o que estab a produciend o el plan del licenciado Calderón de desterrar a los naturales re belados. Este testim onio viene a reforzar la a rg umentación anteriorme nte ex pue sta re ferente al perjuicio que el destierro producía entre los “e nco mende ros del sur ” en favor de los “encomenderos del norte”. “…conform e a l a instrucci ón y provisión que V ues t r a Excelen cia me envió ( … ) en lo tocante al destierro de estos indios y r ebel ados, porque desterrán dolos y haci é ndol o s m itimaes se pacificara este reino m ás brev emente (…) si se diese lugar a él sería estorbo de lo que tan to conv iene al serv i cio de Su Majest ad y a la quie t ud de e ste re ino 625 AGI, Chile, 29. Medina, José Toribio. CDIHCh. Op. Cit., Tom o II, Seg un da Serie, p. 327. 626 AGI, Chile, 314 . Medina, J os é To ribio. CDIHCh. Op. Cit., To m o II , Segun da Serie, p. 350. 627 Ibídem, p. 3 52. 279 | P á g i n a procurare obviarl o como cosa dañosa y es que los enc om enderos de estos indios rebelados pretenden que no sean desterrados o que ya que lo sean que no han de ser despojados de los tributos y aprovecham ientos de ellos y están tan determinados en eso que doña Marina 628 (…) se h a atrevido a poner pleito sobre los indios que desterré de Arauco y envié a La Serena y como Su Maj e stad mando dar comisión al licenciado Calderón para oír de pleitos sobre indios conforme a lo de Malinas, ha oído y oye de este pleito y si com o lea l v asallo de Su Majes tad no conside ra el daño que d e c ono cer de estas causas redunda y mandase alzar l os destie r ros o mandase dar l os indios desterrados a sus encom ender o s, seria en vano la cedula de Su Majestad y todo el trabajo y gasto que se hace sobre pacific ar estos i ndi os y seria turbada l a esperanz a del premio de la g ent e d e guerra y se im pedi r í a l a pa cificación de es te reino y a tanto m al yo procurare no dar lugar, que aun he querido sufrir en otras cosas que el l i ce nci ad o Calderón diga que yo no lo puedo m anda r y que es igual en j u ri s dicción conmig o, en este caso no l e s ufriré…” 629 En este sentido, Quiro ga reconoce del perjuicio del destierro forzoso de población del sur del Rei no de Chile, prin c ipalme nte por los pleitos que se ge neran y la desaparición de recompensa para los mi litare s que aspiran a conseguir repartimientos. Igualmente reg ist ra sus difere ncias con el licenciado Calderón, y las atribuciones jurisdiccionales que éste se adjudica, actuando como gobe rnador y no como teniente de gobernac ión. La rivalidad entre los dos altos cargos del Reino de Chile era una rea li da d, contraviniendo uno las órdenes del otro. Fra n cisco de Gálvez describe el 8 de febrero de 1578 las luchas entre teniente y g obernador: “El licen ciado Calde r ón anda m uy a m alas con el gobernador y dice públicam ente qu e no le puede m andar po rque él es también prov eí do po r V.M. com o él y que no hace cosa que le mandare y dijere y otras m il cosas a esto y semejantes y aunque peores y ahora desde la g uerra le r em itió un negocio de justicia para que com o letrado lo determ ine y respondió que no lo quería hacer sino lo que V . M. le mandase, de que t od o este reino tiene que decir y ya V. M. v e lo que d e sem ejantes competen cias e b andos suel e suceder y si no se rem edi a o manda lo que se ha de hacer no se en que ha de para, porquel gobernador entiendo que por no dejar la guerra pasa por todo, aunque dello creo se le han de seguir grandes inconvenientes y si a V.M. se ha de decir verdad, este r e ino n o 628 Marina Ortiz d e Gaete viuda de P ed ro de Vald iv ia. 629 AGI, Chile, 314 . Medina, J os é To ribio. CDIHCh. Op. Cit., To m o II, Segun da Serie, p. 355. 280 | P á g i n a tiene necesida d e teniente gener al porque en todas las ciudades de él hay alcaldes ordinarios que c onocen de civil y crim inal…” 630 Asimismo, examinamos cómo el lice n ciado C alder ón se extralimita en sus competencias como teniente de gobernación, deso y endo las órdenes de su superior, Rodrigo de Quiroga. Gálvez rec onoce nue vamente el proble ma social que siempre había estado presente en el Rei no de Chile, identificando las luchas de b a ndos p or sus cuotas de poder, que hemos venido analiz a ndo a lo largo de esta investigac ión. Finalmente, todas las críticas y denuncias realizadas sobr e M e lchor C alder ón encontraron contestación en la destitución de éste como teniente de g obernación. El 27 de octubre de 1579 Calderón escribe al R ey notificando haber recibido la carta sobre su sustitución. “Despué s que los días pasados r e ci b í a Vuestra Majestad, el es t ado desta tierra ha ido tan en aumento su caída que casi no se t i ene espera nza de r em edio, hace grandís ima lastima v er la m ej o r d e las que se saben que h aya en el mundo en t an g r an des v entura y sin ocasión m ás de a sa bie ndas haberlas querido poner así. Por una carta que el virrey del P erú po r vía de I ndias e scribi ó al g obernador, se ha entendido v enirme por m andado de V. M. suceso r a este oficio. Des eo grandem ente llegue a tiempo que pueda ir y o en est a flota a dar relación a V.M. de las cosas deste reino. De corsarios no ha habido más nuevas m ás de que en esta cos t a en lo pos t re r o q ue della se habita d e españo les hacia e l Estrecho hab i do s eñales de se hab er perdido al g ún navío que debe s er dellos ”. 631 Co n esta escueta c arta, Calderón pide al poder sali r del Reino de Chile tras habe r sido destituido como teniente de gobernación. Es ta soli citud para regresar a España no es casual, y a que Calderón temía el juicio de residenc ia correspondiente p or su sucesor, pero como veremos a continuación, L uis L ópez d e Azoca, fue muy benevolente con su predecesor. Por últ imo, tenemos que destacar d e l a carta la referencia a los corsarios en las costas del Reino de Chil e , esto viene a ex plica r por qué entre enero de 1578 y octubre de 1579 hay un vacío en la documentac ión referente a las luchas internas. A modo de conclusión sobre estas dos etapas e n la vida de C alderón, vemos claramente delimitados dos periodos, con una marca d a personalidad en ambos momentos. Podemos pensar que cuando preten día o aspiraba al cargo de prelado no tenía tanta fiereza o ímpetu para cons eg uir sus pro pósitos pe rsonales, pero caeríamos e n 630 AGI, Chile, 29. Medina, José Toribio. CDIHCh. Op. Cit., Tom o II, Segunda Serie, p . 362. 631 AGI, Chile, 8. Medina, José T oribio. C DIHCh. Op . Cit., Tomo II, Segunda Serie, p. 467. 287 | P á g i n a La únic a ciudad que se opuso al nombramiento de Gamboa como sucesor de Quiroga fue Osorno. En una carta fechada el 10 de agost o de 1579, el ca bildo osornino se mostraba e n contra de la de cisión en los siguientes términos: “…Rodrig o de Quiroga, que por su m ucha vejez y no mucha capacida d no es ya apto para las cosas de la guerra y según la di sposición en que esta tier r a esta es bien necesaria persona de muy m enos edad q ue acuda com o capi tán y aun que si conv i ene pelee com o soldado y tenga prudenci a, porqu e el qu e gobierna cie r to no está p ara ello y lo que provee y or dena es por consejo de su y er no Martín Ruiz de Gam boa, que como por expe ri e ncia hem os visto todo va encam inado a su interés particular y mediante esto m uy odiado en este reino y aun se ha divulgado quererlo dejar en el gobierno Rodrigo de Quirog a después de sus días.” 645 El hecho de que la ciudad de Osorno se mostrará contraria al nombramiento de Martín Ruiz de Gamboa no quedaría solo en la queja de l cabildo, pu e sto que se ge nerará un movimiento reaccionario, es d e cir, un motín de los españoles en cont ra del propio gobier no del Reino de Chile. El 23 de marzo de 1 580, fr a y J uan de Vega, en declar a ción ante el Virrey dejó constancia escrita con sumo detalle la situación que se vivía en el Reino de Chile; según sus explicaciones el origen del movimi e nto reaccionario tuvo su orige n en las luchas internas en las ciudades de Vald ivia y Osorno, en con c reto por los límites jurisdiccionales de los capitanes de guerra y justicia, y c orr egidores 646 . Traducido al le g uaje de esta tesis, es la cristalización del conflicto entre los repre sentantes del gobernador (capitanes de guerra y justic ia) y los cor reg idores. ¿ Por qué podemos identificarlos de tal modo? porque los capitanes de guerra y justicia eran nombrados por el gobernador, y los corregidores, en su ma y oría encomenderos, y a se habían mostrado contrarios al nombramiento de Martín Ruiz de Gamboa como sucesor de Rodrigo de Quiro g a 647 . Continuando con el análisis de la misiva firmada por fray Juan de Vega, éste describe la situación de la siguiente forma: “…por habe r se levantado los indios de los térm inos de las dichas ciudades (Valdivia, Osorno, Villarrica y La Imperial) que e st aba n de paz y a l a obediencia de Su Majestad y que los que estaban de guerra perseveraban en ella e que se decía que todo era por el m al gobierno de los que mandaban que en las mism as ciudades de Valdivia y Osorno había habido gran inquietud y des asos iego entre l os mismo capitanes de la guerra y 645 AGI, Chile, 28. Medina, José Toribio. CDIHCh. Op. Cit., Tom o II, Seg unda Serie, p. 458. 646 Medina, J osé To ribi o. CDIHCh. Op. Cit., To m o III , Segunda Serie, p. 23. 647 AGI, Chile, 28. Medina, José Toribio. CDIHCh. Op. Cit., Tom o II, Seg un da Serie, p. 458. [Document text truncated for crawler view.]