Full text
HISTORIA DE L AS REDE S
CLIENTELARES Y LUCHA S
DE PODER EN EL REINO D E
CHILE DURAN TE LA
SEGUNDA MIT AD DEL
SIGLO XVI
Doctorando: Carlos Cardoso Carvajal
Directora: Dra. María Eugenia P etit -Breuilh Sep úlveda
Co -Director: Dr. José Manuel Zavala Cepeda
Departamento de Historia d e Am érica
Universidad de Sevilla
- 2021 -
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2 | P á g i n a
Agradecim ientos.
Esta tesis doctoral, inequív ocamente, no es solo el fruto del trabajo propio del
historiador, sino tam bién de las personas de las que he tenido la suerte de estar rodeado, y a
ellos van ded icadas est as pa labras.
En primer lug ar, obligatoriam ente tengo que hace r m ención a María Eugenia Petit-
Breuilh Sepúlv eda, mi tutora y am iga. Si n sus consej os, recom endaciones y, por supuesto, sus
correccion es, la finalizació n de este trabajo hubiese si do imposible. Jamás podre agradecer los
conocim ientos y capacidad de reflexión crítica que he ido adquirien do a su lado durante todo
este proceso de inv estigación que se inició halla por el año 2012. T am bién tengo que agradece r
las aportac iones r e alizadas por mi co - tutor, José Manuel Zavala Cepeda, el cua l, gracias a sus
críticas en el inicio de la redacc ión, f ue ron fundament ales pa ra enfocar y desarrollar es te trabajo
de investig ación. Gracias a J o sé Manuel, pude realizar mi segunda estancia en Ch ile, en la cua l
y por m otivos a jenos, pude v ivir el “ Estallido S ocial ” c hileno de 2018 en prim era persona.
En estos agradecim ientos tengo que hace r mención a Enrique León, compañero del
Master de Estud ios Am ericanos, y a e stas alturas un gran amig o. Él también ha aportado su
granito de arena a esta tesis doctora l, con sus correcciones y comentarios cr íticos. Junto a
En rique, Abraham Mercado y Chung Yao Chang (Sergio para los amigos) grandes personas y
m ej ore s am igos que m e regaló el Master de Es tudios A m ericanos.
Asim ismo, me gustaría m encionar a t res maestros de m i infancia y juventu d, que sin qu e
ellos lo lleg asen a saber nunca, fueron l o s que m e em pujaron a encam inarm e al estudio de la
historia, estos son I sidoro Fernández, Em ilio Rodríguez Beney to y José Virgilio Sánchez, todo s
ellos en gran m edida fuero n determ inantes en su m omento y es por ello que creo pertine nte es t e
agradecim iento.
Sin dud a en e stos agradec im ientos tengo que hacer mención a mi familia, mi padr e
Antonio y m i madre Pepa , por su apoyo incondicional y ayuda sin cuestion am iento que como
resultado ha dado esta tesis doctoral. D e igual modo todos mis tíos, y prim os que de una f o rm a
u otra inflaron las velas d e este ba rco siem pre que se n ecesitó. Seguram ente la per sona que más
m e ha ayudado y apoyado a lo largo de es te extenso ca m inar, ha sido Susana, m i amiga y pareja,
nunca podre agradecérte lo com o se merece. Ig ualmente, esta t e sis está d edicada a mis abuelos,
Antonio, Hi laria, Manuel L uis, y Enca rna, y por supu esto a m i tía Irene.
Por ultim o hacer menci ón a m is am igos de la infancia, a todos, pero especial mención a
Miguel Fernández , J ua nma Hidalgo, Ma r co Aurelio Fernández, Jonatha n Muñiz y Alejandro
Ferreira, que son los que m ás de cerca han seguido est e largo proceso. A todos y ca da uno de
ellos va ded icada esta tesis docto ral.
Ante todo, nunca te mientas a ti mismo.
Pedro de Va lencia, croni sta de Felipe III
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Índice
i. - INTRODUCCION : ...................................................................................................... 8
ii -ESTADO DE LA CUESTI ÓN ................................................................................... 11
iii -MARCO TEÓRI CO .................................................................................................. 19
iv -METODOL OG Í A Y FUENT ES ................................................................................ 20
CAPÍTUL O 1: REDES DE PODER EN E L VI RR EI NATO DEL PERÚ Y LAS
CONSECUENCIAS PARA EL REINO DE CHILE ..................................................... 23
1.- La gran red de influencia transoce ánica del Cons e jo de Indias ...................... 23
1.1.-Formación de la red clientelar.......................................................................... 23
1.2.-Nombramientos para la I ndias de Juan Garcí a de Loayza y Mendoza, Juan
Suárez de Carva jal, y Francisco de los Cobos. I nicio de la red c lientelar .............. 30
1.3.-Final de la red clientelar ................................................................................... 41
1.4.-Consecuencias para el Reino de Chile ............................................................. 54
2.-Fray Gil González de San Nicolás, el Bartolomé de las Casas de Chile .......... 61
2.1.-Cartas de fray Gil Gonz á lez a los ministros y pres idente del Consejo de Indias
................................................................................................................................. 64
2.2.-Proceso por here jía de fra y Gil González de San Nicolás ............................... 71
2.3.-Consecuencias del procesa miento d e fray Gil González de San Nicolás en el
Reino de Chile ......................................................................................................... 90
3.-La encomienda a inicios del asentamiento de los españoles en el Reino de
Chile. .......................................................................................................................... 92
3.1- La institución de la encomienda ...................................................................... 94
3.2- L os grupos de poder de los encomenderos y sus moti va ciones ....................... 99
4- El papel de la iglesia en las luchas de poder dentro del Re ino de Chile ........ 109
4.1- La institución eclesiástica del obispado ......................................................... 111
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4.2. Discusión sobre los oríg enes de los dos obispados del Reino de Chile en el
siglo XVI, Sa ntiago y La I mperial ........................................................................ 112
4.2.1. I nformación contra el bachiller Rodrigo González de Marmolejos, clérigo,
residente e n la provincia de Chile. ........................................................................ 116
4.2.2. Parecer de l Consej o de I ndias a c erca de la persona del bachiller Rodrigo
González de Marmolejo ........................................................................................ 122
4.2.3. Cuestión sobre las fec has y la legitimidad, en cuanto a la erección de las dos
diócesis del Reino de Chile en la seg unda mitad d el siglo XVI ........................... 125
4.3. La creación del obispado de La I mp e rial. ...................................................... 127
4.4.-Oposición del obispado de Santiag o a la creación de una nueva diócesis ..... 129
4.5.-Posicionamiento de los obispados, sobre cuestiones político-sociales .......... 136
CAPÍTUL O 2: REDES C L IEN TE L ARES EN E L RE I N O D E CHILE, A P ARTI R DE
LA CREACIÓN DE L A REAL AUD I ENC I A EN CONCEPCI ÓN ........................... 142
1.-Francisco de Vill agr a, García Hu r tado de Mendoza, Francisco de Villagra;
luchas de redes clientelare s en torno a la posesión de las encom iendas ............. 143
1.1. Nombramiento de García H urtado de Mendoza como g obernador del Reino de
Chile, y las c onsecuencias de su gobierno ............................................................ 146
1.2. Los cabildos y los en comende ros ante la destitución de García Hurtado de
Mendoza ................................................................................................................ 155
1.3. Restitución de las encomienda s en las personas de confianza de Francisco de
Villagra ................................................................ .................................................. 162
1.4. Consecuencias de la restitución de las encomiendas. Rebelión de Alonso
Benítez, Martín de Pe ñalosa y Francisco Talave rano contra el Re y ..................... 170
2.-La Real Audiencia d e Conce p c ión, la g ran red clientelar chilena del siglo XVI
.................................................................................................................................. 178
2.1.-La Rea l Audiencia de Concepción y la economía en el Reino de Chile ........ 182
2.2.- L os miembros de la Re al Audiencia de Concepción .................................... 186
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2.4.-Funcionamiento de las re des clientela r es de la Real Audiencia de Concepción
............................................................................................................................... 195
2.5. Final de la Real Audiencia de Concepción .................................................... 222
3.-San Miguel, obisp o y f igura tr ascendental para el sur del Reino de Chile en la
segunda mitad del siglo XV I .................................................................................. 239
3.1.-Desde Salamanca hasta Cuzco y desde a llí hasta La Imper ial ....................... 240
3.2.-L le g ada a L a I mp e rial ................................ .................................................... 249
3.3.-Labor eclesiástica d el Obispo San Miguel en la jurisdicción de La Imperial 250
CAPITUL O 3. L OS GO BI ERNOS DE RODR I G O DE QUIROGA, MARTÍN NÚÑEZ
DE GAMBOA Y AL ON SO DE SOTOMA YOR. E L P OD ER DE LOS
ENCOMENDEROS (1575-1584) ................................................................................ 256
1.-Los Tenientes de Gobernación .......................................................................... 257
1.1.-Hernando de Santillán y F igueroa .................................................................. 258
1.2.-Melchor Calderón ................................ .......................................................... 262
1.2.1.-Las aspiraciones diocesana s de Melchor Calderón ..................................... 263
1.2.2.-Melchor Calderón como Teniente de Gobernación .................................... 269
1.3.-L uis L óp e z de Azoca ................................ ..................................................... 281
1.4.-El final del gobierno de Martín Ruiz de Gamboa .......................................... 298
2.-Alonso de Sotomayor y la reforma de la figura del te niente de gobernación 309
2.1.- El gobierno de Alonso de Sotomay or; la vuelta de los “encomenderos nuevos”.
............................................................................................................................... 313
2.2.-L uis L óp e z de Azoca contra el obispado de La I mp eria l ............................... 314
2.3.- L os “encomenderos nuevos” llegados con Sotoma y or ................................. 324
2.4.- Fray Antonio de San Miguel y Dieg o de Medellín en el II I Concilio Limense.
............................................................................................................................... 327
2.5.- Final del gobierno de Alonso de Sotomay or ................................................ 338
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3.-Resolución d e la pregunta planteada en este capítulo ¿Cómo actuaban los
grupos de poder del Reino de Chile con los gobernadores y otros altos
funcionarios de la Corona? .................................................................................... 363
CAPÍTUL O 4. ¿VICTOR I A MAPUCHE O TRIUNDO DE LOS I NTER ESES DE L OS
“ENCOMENDEROS DEL NORTE ” ? ......................................................................... 366
1.-Agustín de Cisneros, segundo obispo de La Im p erial ..................................... 366
1.1.-Colegio, unive rsidad y seminario de L a I mp e rial .......................................... 369
1.2.-Orígene s de la institución universitaria y seminarios en América ................. 372
1.3.- ¿Existió una Universidad, colegio o se minario en La Imperial? .................. 378
1.4.-Funcionamiento del ce ntro académico de La Imperial .................................. 382
1.5.- ¿En qué situación se enc ontraba La Imperial, como ciudad, cuando Agustín de
Cisneros accedió al cargo de obispo? .................................................................... 388
2.-Gobier no de Martín García Oñ e z de Loyola ................................................... 399
2.1.-Medidas tomadas por Martín Oñez de L o y ola durante su gobierno y las
consecue ncias de éstas .......................................................................................... 403
2.2.-Comparacion entre la situación en la que se encontraba el Reino de Chile entre
1592 y 1594 ........................................................................................................... 417
2.3.-Situación en la que se enc ontraban las instituciones eclesiásticas y órdenes
relig iosas durante el gobi e rno de Oñez de Lo y ola ................................................ 419
3.-Problemátic a documental entre el año 1594 y 1599 ........................................ 429
3.1.- ¿Por qué no hay do cumentos re lativos al go bierno de Martín G arc í a Oñez de
Loyola entre los años 1594 -1598? ........................................................................ 437
4.-Batalla de Curalaba (1598) y el alzamiento gener al consiguiente .................. 441
4.1.-Consecuencias de la embosca da de Curalaba para los españoles .................. 452
4.1.1.-Esclavitud de los naturales ................................ .......................................... 453
4.1.2.-Abandono de las ciudades de sur ................................................................ 465
4.1.3.-Establecimiento del Real Situado ................................ ............................... 470
7 | P á g i n a
4.1.4.-Triunfo de los intereses de los “ enc omenderos del norte ” .......................... 472
Conclusiones finales ................................................................................................ 474
FUENTES DO CUMEN TAL ES Y BI B LI O GRAFÍA .................................................. 497
Índice de figuras ...................................................................................................... 515
8 | P á g i n a
i.- INTRODUCCION:
El siguiente tra bajo de investigación, corre spondiente a la tesis doc toral
desarrolla da entre el 2016 y 2021, se adentrará principalmente en el est udio de las
dinámicas de poder dent ro del Reino de Chile durante la segunda mitad d el siglo XVI
(1550-1600)
12
. El marco de estudio no se limitará a la reg ión chilena, a brien do el foco a
las redes que s e extendieron desd e el Consejo d e Indias h asta el Virrei nato del Perú,
para finalmente analizar las conse c uencias de estas en el Reino de C hile. El objetivo
principal de esta tesis partió con el plante a miento de la siguiente cuestión ¿Cuál fue el
motivo para poblar, por parte de los español e s, los territorios al sur del rio Biobío y en
tan solo 50 años abandonar aquel proyecto en el q ue tanto esfuerzo se puso por p a rte de
las autoridades españolas de la época? Tr as plantear esta incógnita y una primera
aproximación a nuestro objeto de estudio mediante la bibl iografía r eferente al tema,
ésta, junto con la documentación primaria nos a y udó a forjar nuestra hipót e sis de
trabajo; La historia del poder en el Reino de Chil e y como este osciló a lo largo del
siglo XVI e ntre ban dos, agrupados en los p artidarios de lo públ ico contra los
favorables de lo privado .
Asimismo, el análisis de las redes clientelares será clave para entender los
procesos en los que se verá envuelto el territorio, junto con las influencias que los
diferentes grupos de poder tendrán sobre los goberna dores, marcando así los mandatos
de dichas personas. Continuando con las redes cli entela res, éstas t a mbién involucraran
al estamento eclesiá stico, otro de los grupos de p oder que se hará notar en la figura de
los diferentes gobernadores. Junto con esto se desarrollaron luchas entre las órdenes
relig iosas p re sentes en la segunda mitad del siglo XVI en el Reino de Chil e , con el
objetivo de tener m ás p oder. Estos conflictos in ternos serán un fiel reflejo de lo que
sucederá en el resto de la América española, p or lo que la reg ión chilena no será más
que el reflejo de las situaciones ac ontecidas, principalmente, en el Virreinato del Perú.
1
El o bjeto de esta tesis d octoral es desgra nar los interro g an tes sobre la so ciedad española d el Reino de
Chile en la segunda mitad d el siglo XVI . Esta pu ntualizació n la rea lizamos para evi tar equívocos c u ando
señalamos a spectos de “la socied ad chilena de la gober n ac ión ”, es decir, nos r eferimos por lo tanto en
particular, solo al contingent e hum a no español, teniendo por supuesto en cuenta que no solo estos
formaban la sociedad de aquella ép oca. Por su parte la so ciedad mapuche no es el obj eto de estudio, pero
sí es un elemento clave para entender las di n ámicas sociale s del momento.
2
Esta tesis docto ral ha sido financiada en par te por el proyecto FONDECYT Regular nº 1 1 7 0551 “ T ras la
ruta del oro . Los habitantes de L a Araucanía frente a la o cupación española del siglo XVI , r ecepción,
adaptació n y res is tencia ” .
15 | P á g i n a
definición de la sociedad mapuc he, no toca pronu nciar nos, puesto que como vere mos a
continuación, el objeto de esta tesis doctoral son las luchas d e pod er en el seno de la
sociedad española del Reino de Chile.
De la misma época que l os anteriormente c itados, tenemos que citar a uno de los
autores que más ha influido en el desarrollo y elaboración de las diferente s hipótesis de
trabajo analizadas en est a tesis doctoral ha sido Rolando Mellafe Rojas ( 19 de ma y o de
1929- 30 de octubre d e 1995). El amplio trabajo desarrollado a lo largo de su vida es
base fund amenta l p a ra el desempeño de cualquier trabajo d e investi g a ción que s e centre
en la historia del Reino de Chil e . C omo ya hemos dicho, Mellafe ha sido un pilar
fundamental a la hora d e adquirir los conocimientos básicos sobre nuestro marco de
estudio (Reino de Chile 1550 - 1600), y es por ello que ten e mos que hacer referencia al
estado de la cuestión de sde su punto de vist a, reseñando los postulados s obre los que
estamos en concordancia y los que no. Influido p or la Escuela de Ann ales y su relación
con Mario Góng or a, resta importanc ia al individuo, atribuy endo las decisiones al
apara to estatal del moment o, la Corona.
En el artículo académico titulado, “ F rontera Agraria: el caso del vi rreinato
peruano en el siglo XVI
9
”, Mellafe, diferencia do s etapas bien acotadas; la primera l a
corre spondiente a los años entre 1532 y 1545, momento en el cual, el autor chi leno,
identifica la frontera co mo un espacio de conflicto, primero con el imperio incaico y
posteriormente contra los españoles. La segunda etapa la denomina como “frontera
agraria”, periodo en el qu e la conflic tividad inicial del prime r c ont acto, se dilu y e con los
intereses de los conquist adore s españoles en inst aura r en la r eg ión los sis tema s propios
de explotación de la tierra, princ ipalmente la encomienda.
En nuestro caso, estamos de acuerdo con dicha tesis, pero es en esta segunda
periodización donde diferimos con dicho posicionamiento, es decir, Mellafe sitúa en
dicho instante el origen de los grandes latifund ios, añadiendo que este cambio está
promovido por el estado (la Corona). Como veremos y ar g umentaremos a lo largo de
esta tesis doctoral, di c ho proceso no fue impulsad o por la Corona, si no por los pode re s
privados repre sentados en los cabildos. Desde nu estro punto de vista Mella fe relaciona
este proce so con la Corona, porque la leg isl a ción sobre las encomiendas provenía desde
9
Me llaf e Roj as, Rolando. “Frontera Ag raria: el ca so del virreinato peruano en el siglo XVI ”. Jara, Álvaro
(edit.) Tierras Nuevas: Expa ns ión ter ritorial y o cupación del suelo en América ( s iglos XVI -XIX).
México: Cole g io de México, Segunda edició n , 197 3.
16 | P á g i n a
las altas esferas de la administración hispana , las que favorecieron el florecimiento de
éste sistema de explot a ción de la tierra y a en el siglo XVII. Teniendo e n cuenta esta
hipótesis y a la luz de la informac ión aportada por la documentación, fuero n los propios
encomenderos los que con su poder e influencia promovieron lo que en su orige n era
una tenencia efímera so bre un repartimiento de indios, en propietarios c on el paso del
tiempo.
Asimismo, la explicación dada por Mella fe e n tér minos económicos pa ra el
Reino de Chile en la segunda mitad de l siglo XVI va en c oncordancia con las dadas por
Dieg o Barros Arana entre otros, es decir, una economía centrada en la explotación
aurífera especialmente e n los “lavade ros de oro”. Es cierto que en la documentación se
hace constantemente refere nci a a las grande s riq ue zas en oro del Reino de Chile, pero
desde nuestro punto de vista no era m ás que un a estrate g ia se g uida por los españoles
para atraer nu evos pobla dore s a la región. En un principio las explotaciones auríferas
dieron grandes frutos a los compañeros de Valdivia, pero estas decayeron rápidamente
por las limitaciones técnicas de la época par a un mayor ap rove chamiento de los
“lavaderos de oro”. Como vere mos a continuación en el corpus de e sta tesis, el
verdadero mot or económico del Reino de Chile e n la se g und a mi tad del siglo X VI , fue
la guerra de Arauco, utiliz ada como argumento para la constant e ll e gada de socorros y
bastimentos que enriquecían a los poderosos y allegados de los gobernadores de turno,
mediante tram as urdid as por los propios mand atar ios. Mellafe en su investigación
titulada “ L as Primeras C risis Coloniales, formas de asentamiento y el origen de la
sociedad chilena: si glo XV I- XV II
10
”, ti e ne una visión ex c esivamente posi tivista de la
documentación, entend emos que propia de las tendencias historiográficas de su época,
dando total veracidad a las quejas sobre la precaria situación e c onómica de la región,
pero como evidenciaremos en esta tesis, era solo una forma más de atraer socorros y
bastimentos desde el Virreinato y l a península ibérica.
Por último, Mellafe, en la misma obra, comenta la crisis económica sufrida por
la gobernac ión tras la rebelión general originada en el desastre d e Curalaba (1598),
argumentando que la ca ída generalizada de los precios era el principal motivo que
demostraba dicha crisis. Le jos de este planteamiento, en nuestro caso creemos que es
todo lo contrario, es decir, la caída genera lizad a s de los precios, no fue más qu e el
10
Mellafe Roj as, Rolando. Las Primeras Crisis Coloniales, fo rmas de asentamien to y el o r igen de la
sociedad chilena: siglo XVI -X VII. San tiago de Chile: Editorial Universitaria. 1986.
17 | P á g i n a
resultado directo del repliegue poblacional desde las ciudades del sur a l as del norte.
Este contingente humano español, había perdido todo poder adquisitivo, proceso por el
que se explica en c ierta medida la caída de los precios. Otro factor obviado por Mellafe,
fue la lle ga da de ca udales desde el Vi rr einato, junto con la caíd a de l a s ex porta ciones en
beneficio del mer c ado interno. La implantación de la guerra def e nsiva y con ella del
Real Situado, provocó la afluencia al Reino de Chile de cantidades pecuniarias regulares
no vista hasta el momento, provocando con ello una deval uación de los precios por el
aumento de la o fe rt a frente a la d emanda y la c onse cuente caída de las ex porta ciones
hacia e l Virreinato del Perú.
Mario Góngora R ojas (1 915-1985) es considerado como uno de los principales
historiadores perte necientes a la co rriente historio g r á fica denominada como “historia de
las ideas y l a s mentalidades”. Dicha corriente su rg ió a mediados del sigl o XX, como
una evolución de la Escuela de Annales . En 1956 Góngora público en la Revista
Chilena de Historia y Geografía “Document os inéditos sobre la encomienda en Chile”
11
,
recopilac ión documental que s e extiende más allá de nuestro m arc o de estudio (siglo
XVI), pe ro de total vigencia c omo punto de partida a la hora de emprender
investigac iones académicas sobre el funcionamiento de las e ncomiendas en Chile.
Especial referencia tene mos que hace r a Gabriel Guarda Ge y witz (1928 -2020) y
su obra ti tulada “Historia Urbana del Reino de Chile”
12
. Guarda pe rten e ciente a la orden
de los benedictinos, se d e sempeñó en su vida per sonal no solo como historiador, puesto
que también fue arquitecto. S u obra de investigación se origina en el estudio de su
ciudad natal, Valdivia
13
, extendiendo sus trabajos a los demás ce ntros urbanos de Chile .
El citado libro es una excelente aproximación histórica al desarrollo de las fundaciones
del citado territorio durante la segunda mi tad del siglo XV I . Esta investi ga ción , la cual
podemos ca t alogar, historiog r áficamente habland o, como “historia urbana” , es de actual
vigencia, y nos ha a y ud a do a desdeñar detalles cl ave de los asentamientos españoles,
desde su creac ión, au g e y de clive como en el caso de las ciudades al sur del río Biobío.
Una vez examinados los planteamientos realizados por los principales
historiadores, tanto del siglo X I X como del X X, analizaremos a dos investigadores
actuales, e senciales en el desarrollo de los postulados de esta tesis doctoral.
11
Góngora Roj as, Mario. “ Docu m e n tos i n éd itos sob re la enco m ie n d a en Chile”. Revista Chilena d e
Historia y Geog rafía. Núm. 1 24. Santiago, ( 1956 ).
12
Guarda Ge yw itz, Gabriel. His toria Urbana d el Rei n o de Chile. San tia go: editorial Andrés Bello . 1978.
13
Guarda Ge yw itz, Gabriel. His toria de Valdivia : 1 5 52 -1952. Santiago: Imprenta C ultura, 1953 .
18 | P á g i n a
El primero al que tenemos que hacer referencia es a Hugo Contre ra s Cruce s,
repre sentante de la historia soc ial y e c onómica actual e n Chil e . L a obra en cu estión es la
elaborada por Contreras sobre el funcionamiento de la encomienda durante el p eriodo
hispano del Reino de Chile (Encomienda y se rvicio persona l entre las comunidades
indígena s d e Chile central, 1541 -1580
14
). La inst itución de la encomienda ha si do un
tema de profundos y a mplios debates, centrados en el funcionamiento de ésta y las
repercusiones que dicho sistema tuvo en el ma rco de e studio. Contreras plantea y
analiza la encomienda no solo como el sistema d e recaudación de impuestos tradicional
de la España tardo-medieval, sino que también indaga en las repercusiones que estas
tuvieron en la articulación social del R eino de Chile en la se g unda mitad del siglo XV I .
En nuestro caso, estamos completamente de acuer do con la tesis de Hugo Contrera s, la
cual nos ha servido d e b ase para el estudio de l a s redes clientelares surgid a s a partir de
la tenencia de dichos re pa rtimi entos de indios y la profusa influen c ia de los propios
encomenderos en las decisiones políticas de la g o berna ción.
El segundo histor iador que ha sido fundamental como base para la elaboración
de esta tesis doctoral ha sido Raúl C onc ha Monarde s y su trabajo “El Re ino de Chile.
Realidades estratégicas, sistemas militares y ocu pac ión del territorio (1520 -1650
15
)”.
Este estudio sobre la his toria militar de Chile, vie ne a reforzar los postulados es g rimi dos
por Serg io Vill a lobos, sobre la discontinuida d de la guerra de Arauco. Concha
Monardes aporta una gran cantidad d e datos cuantitativos, que nos han a y udados a
aproximarnos a la realidad de un con flic to mitificado. A tenor de los resultados de esta
investigac ión, refuerza nuestra tesis de que era más un enfrentamiento sostenido en el
tiempo por intere ses ec o nómicos (por parte de los españoles) , que una g uer ra inconclusa
por la resistencia map uc he. Como veremos a lo larg o de esta tesis doctoral, este
interrogante será re c urrente, es decir, ¿ fue la g ue rr a de Arauco el motor económico del
Reino de Chile durante la seg und a mitad del sig lo XVI ?
Una vez analizados los principales hist oria dores que han influido en la
elaboración de esta investigación, tene mos que hacer una puntualiz a ción sobre el
tratamiento que éstos han tenido sobre la documentación primaria, y m á s en concreto
14
Contreras Cruces, H u go Francisco. E ncomienda y servicio personal entre las comunidades indígenas
de Chile central, 1 5 41 - 1580. Tesis para optar al grado d e Doctor en Historia con mención en Histor ia de
Chile Pro f eso r. Tutor : Dr. Gabriel Salaz ar Vergara. Santiago de C hile, 2009 .
15
Concha Mo n ar des, Raúl. El R eino d e Chile. Realidades e s tratégicas, sistemas m ilitares y ocupación del
territorio (152 0-1650). Sa ntia g o: Ed itorial CESOC, 2016 .
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entre los contemporáneos al magistral trabajo realizado por J osé Toribio Medina y su
recopilac ión de docume ntos inéditos para la historia de Chil e . La pro blemá tica que
hemos encontrado dura nte la el aborac ión de este trabajo ha sido la ausencia de
documentación entre 1595 y 1598, que resulta ser un mom e nto clave para entender e l
desarrollo de los acontecimientos vividos en el Reino de Chile a fines del siglo XVI y
que incomprensiblemente ning uno de los investigadores ha hecho referencia alguna.
iii -MARCO TEÓRICO
Desde un punto d e vista, estrictamente t e órico, esta tesis doctoral se enmarca en
los postulados de la “historia total”. Esta tendencia historiográfica propone abordar los
interrogantes desde una óptica global, es d ecir, abandonar el estudio de las
eventualidade s, por una visión más de conjunto, aglutinando las variantes propias de la
historia social o económi c a, con el objetivo de encontrar un sentido propio a los
procesos vivi dos en nue stro marco de estudio. La definición de “histor ia total” fue
desarrolla da por Pie rre Vilar, expuesta e n l a primera c onfe re nci a int e rnac ional de
historia económica, d entro del congreso internacional d e ciencias históricas en
Estocolmo en 1960
16
. El enfoqu e holístico aplic ado a la historia es lo que propuso Vilar ,
es decir, afrontar los interrogantes de la hist oria como un todo, teniendo en cuenta los
distintos factore s que inf luy en en el devenir de lo s acontecimientos. En nu estro caso en
concre to, hemos aplicado esta metodología anali zando desde las inst i tuciones civiles a
las eclesiástica s, o la economía y sociedad de nuestro marco temporal ; todo esto, junto
con la geografía de la región. Ferna nd Braudel ya propuso un marco teórico similar con
su “historia de las civili zac iones”
17
, en la proponía un estudio histórico que partiese
desde un análisis del medio natural como condicionante del desarrollo de las
civilizaciones, teniendo mu y en cuenta la histori a social y económica, todo esto con el
objetivo de superar los errores propios de los hist oria dores positivistas por el hecho de
centrarse en el evento y no e n las consecuencias tanto inmediatas como a l a rgo plazo de
dichos acontecimientos. Esta visión de conjunto y el des e o de tr atar de encontrar un
sentido a los sucesos hist óric os fue clave para la aplicación de las teorías d e la “historia
de los procesos” dentro de nuestra tesis. Los postulad os de esta corriente historiog rá fic a
16
Vilar, Pier re. Croissance éco nomique et a nalyse historique. P r emière co nférence interna tionale
d'histoire éco nomique . Stockho lm. París/La Haya: Mouto n, 1960, 41 - 85 .
17
Braudel, Fern and. E l Mediterráneo y el mundo mediterráne o en la época de Felipe II . Madrid: Ed itoria l
Fondo de C ultura Econó m ica, 2º edición. 2 0 19 .
20 | P á g i n a
abogan por la int e rconex ión de los sucesos, por lo que cualquier decisión política,
batalla, o reordenación territorial, son la consecuencia directa de procesos más largos, es
decir, no son sucesos eventuales o alea torios.
El estudio de las redes c lientelares, en el c aso de la monarquía hispánica , ha sido
ampliamente analizado y estudiado por Xavier Gil Pu y ol
18
. El cual define el sistema
clientelar desarrollado d ura nte el r e inado de los Reyes C a tólicos y los Austrias com o
“dimensión compuesta y agregativa”, que desembocó en una sobredimensionada red
clientelar
19
. Esta d e finici ón es perfectamente a plicable a nue stro objeto de estudio ,
donde se aprec ia que con el paso del tiempo las redes clientelares se extendieron
(sobredimensionamiento) a caparando todos los campos de la vida de l Reino de Chile en
la segunda mitad del siglo XVI . La expansión de los clientelismos, en nuestro marco de
estudio, provocaría c on e l discu rrir d el ti e mpo, importantes conflictos dentro d e la
sociedad española de la goberna ción chilena .
iv -METODOLOGÍA Y F UENTES
Como ya h emos analizado en el epígrafe referente al marco teórico, esta tesis
doctoral se enmarca dentro de la historia total, con un enfoque claro hacia las redes
clientelare s y la historia de los procesos. En primer lugar, expondremos el ¿ por qué ? de
la elecc ión de este e spacio de estudio, tanto te mporal como g eográfico. El primer
contacto con nuestro marco de investigac ión, se p rodujo en la realización del trabajo de
fin de master para la obtención del títul o de magister en el máster de Estudios
Americanos de la Universidad d e Sevilla, titulado “La Imperial y el pro y ecto para
convertirse en la capital del Reino de C hile dura n te la seg unda mitad d e l siglo XVI en la
crónica de Mariño de Lobera ”
20
. Esta investigación, enmarcada dentro d e la historia
urbana, sentó las bases para el inicio del proceso de análisis propio de la elaboración de
esta tesis doctoral, ampliando el ma rc o tr a tado de la ciudad de La Imperial a toda la
gobernac ión chilena.
18
Gil Pu y ol, Xavier . La fábrica de la Monarquía. Traza y co nservación de la Monarquía de Españ a de
los Reyes Católico s y los Au s trias . Madrid: Real A ca demia de la Historia, 20 1 6 , p. 64.
19
Felani P in to s , Alberto Juan. Las relaciones de p atronazgo y clientelismo en la Monarquía Hispán ic a:
estado d e la cuestión. Revista, Tiempos Moder n o s 30 (2019/1) UNED. p.60.
20
Cardo so Carvajal, Carlo s. La Imperial y el proye cto para co nvertirse en la cap ital del Rein o de Chile
duran te la segund a mita d del siglo XVI en la crónica de Mariño de Lobera . Re vis ta, Mundo hispá nico:
cultura, arte y socied ad. Universidad d e L eón, Área de Publicacio n es, (2019). 497- 514 .
21 | P á g i n a
Metodológica mente est a tesis doc toral s e inicia con una aproximación a los
autores abordados anteriormente en el estado de la cuestión, para continuar ampliando
los conocimientos con la lectura y fichaje de info rma ción en las fuentes primarias. La
proximidad con el Archivo de I ndias y la univers idad hispalense facilitaron el acceso a
dichos documentos. Para ag il izar la cuestión tom a mos la recopilación de documentos
inéditos elaborada por T oribio Medina, acudiendo al a rc hivo indiano para el estudio de
ciertos documentos y la verificac ión de ciertas tra nscripciones. Otr a de las fuentes
primarias fundamentales en la elaboración de las ideas propuestas en esta investigación
ha sido el Archivo A rzobispal de S a ntiago de Chile, base fundamental p ara adquirir los
co nceptos básicos para el análisis de la institución eclesiástica católica en el Reino de
Chile. Por su parte, las crónic as como la de Mari ño de L obe ra o la del padre Diego de
Rosales, ha sido utilizada c omo complemento a las fuentes primaria s, tom á ndolas co mo
es e vidente con cierta pr ec au ción, puesto que como es el caso de Lobera, tenía int e reses
personales en la región. Asimismo, también han sido consultado los archivos de
Simancas, el archivo Histórico Na c ional del Chil e , junto con colecciones de fuentes
documentales como la de Álvaro Jara y Sonia Montesinos, R obe rto Levillier, o Claudio
Gay. Respecto a los reposit orios bibliog ráficos consultados, tenemos que h a cer especial
mención a la Biblioteca Nacional de España y Chile, también la Biblioteca de la
Universidad de Harvard, y por último la web Memoria C hilena , repositorio tanto
documental como bibliográfico fundamental par a el desarrollo de esta tesis doctora l en
tiempos de pa ndemia. Junto c on el estudio propio de la documentación y l a bibliografía
referente a nu estro marco de estudio, era ne ce sario una aprox imac ión al marco
territorial, por lo que se realizaron dos estancias en Chile. Est as dos estadías fue ron
clave p a ra la toma d e consciencia espacial del ob jeto de investigación, gracias al cual
tomamos contacto con las distancias r e ales, clima propio de la zona, y otras cuestiones,
como c ódigos y claves regionale s, que desde la do cumenta ción son difíciles de adquirir.
El int e rcambio de ideas con los investigadores locales fue otro de los objetivos de est as
pasantías, identificando principalmente los interrogantes que sobre mi marco de estudio
tenían los expertos de la reg ión.
Para la identificación de las redes clientelares, y un mejor entendimiento de las
decisiones políticas que se tom a rían en el Rein o de C hile en la se g unda mitad del siglo
XVI, comenzamos a rea lizar cruce de datos ent re los diferentes documentos, con el
objetivo de identificar los intereses personales de los individuos para apoy ar o no unas
22 | P á g i n a
causas u otras. El estudio de los documentos gene r ados por los ca bil dos es c lave, puesto
que en ellos aparecen los firmantes, información fundamental para int e rp re tar porque
estos miembros de los ca bildos critica ban o alababan la ge stión del gobernador d e turno.
Gracias a esta labor he mos podido resaltar la r e lación entr e los encomenderos y los
gobernadores, y cómo los primeros influ y en en los mandatarios, desde sus posic iones de
poder de los cabildos.
Aplicando este enfoque crítico sobre las fuentes primarias, hemos p odido
resaltar los juegos de p oder entre los encomenderos y los goberna dores, y como la
designación de unas personas u otras p ara gestionar un repartimi e nto de indios,
dependía más de las afinidades con ciertos personajes, que de los méritos de guerra
entre otras razones de peso. Estas evidencias presentes en la docum e ntación nos
llevaron a plantearnos nuestra hipótesis de trabajo, “La historia del poder e n el Reino de
Chile y cómo este osciló a lo largo d el si g lo XVI entr e bandos, agrupados en los
partidarios de lo público contra los f avorables de lo privado”.
Nuestro enfoque d e estudio es mu y novedoso r e s pecto a los trabajos que se han
venido desarrollando hasta la actualidad, dicha innovación, la encontramos
principalmente en la crítica hacia la documentación primaria, donde como ya hemos
dicho, el análisis de las rede s clientelares tejidas desde el poder en algunos casos y la
influencia de cier tos gru pos de poder determinaran tanto el corto, medio y l argo plazo
del Reino de Chile en la segunda mi tad del siglo XVI. El enmarcar el re lato histórico de
nuestra lí ne a t e mporal de investigación en la historia de los procesos presenta
igualmente un a mirada diferente, pudiendo dete c tarse dinámicas marcadas clara mente
por los intereses de los g rupos de poder presentes en la gobernación.
Por último y no m enos importante es la aplicación de los métodos propios de la
historia total al caso chileno, estudiando desde una perspectiva crítica todos los ámbitos
de la sociedad de la época, con tal de tener una visión lo más objetiva posible de los
su cesos y acontecimientos que vivió la región entre 1550 y 1600. El que ha y amos
podido relacionar tod as las instituciones y sus variables (eclesiástica, polí tica ,
económica, militar, social, etc.) es el fruto de la aplicac ión de esta m etodolog ía, en la
que como resultado evi de nciaremos la indi soluble relación ent re unos aspectos y los
otros.
23 | P á g i n a
CAPÍTUL O 1: REDES DE PODER EN EL VIRREINATO DEL PERÚ Y L AS
CONSECUENCIAS PARA EL REINO DE CHILE
1.- La gran red de influencia transoceánica del Consejo de Indias
En este capítulo, relacionado con las redes de pod er virreinales y su relación con
el Consejo de Indias, es esencial para po de r comprender el desarrollo de la hipótesis de
esta tesis. El interrogante sobre el cual versara est e trabajo en cuestión, “La historia de l
poder en el Reino de Chile y como este os cilo a lo largo del si glo XV I entre b a ndos,
agrupados en los partidarios de lo público contra los favorables de lo priva do” , tiene su
punto de partida en las l uc has internas que se pr odujer on en el virreinato tras la muerte
de Francisco Pizarro (1541)
21
. Dicho lo cual, es cierto que en un principio podamos
pensar qu e el desarrollo de los acontecimientos que r elata remos a continuación, no
tendrían su re fle jo en la periferia del impe rio español, pero n a da más lejos de la
realidad, puesto que fue clave pa ra el desarrollo y la articulación territorial de todo el
Reino de Chile.
1.1.-Formación de la red clientelar
Como hemos podido apreciar en el esquema del enc abezado de apa rtado, la red
clientelar se extendía desde el Consejo de I ndias, ha sta el Vir re inato, con sus respectivas
ramificaciones en los nuevos territorios conquistados. Para qu e la idea que
desarrollaremos a continuación quede clara, nos detendremos a analizar biográficamente
a los protagonistas, además de entrar en los intereses personales que movían a éstos a
actuar así.
Todos los sucesos y prá cticas que vamos a ver m ás adelante s e enmarcar dentro
de un contexto histórico que fue propicio para poder llegar a extender una red tan
grande y d e un ca lado dentr o de la sociedad virreinal sin precede ntes hasta el momento.
Todo comienza el 1 de marzo de 1539, día en el que fallece la emperatriz y mujer de
Carlos V, Isabel de Portugal
22
. Carlos V mu y ap e sa dumbrado por el duro golpe familiar,
decide retirarse al monas terio de Santa María de la Sisla (actual p rovinc i a de Toledo,
España). Est e retiro momentáneo del monarca, supuso que los Consejos, que hasta el
21
Francisco Pizarro, fu e el c on quistador del I m perio I n ca , no m brado posteriormente gobernado r de
Nueva Castilla. T rujillo (Cáceres) 16 de m arzo d e 1478 -Lima (Perú) 26 d e junio de 1 5 41 .
22
I s abel de P ortug al, fue la única esposa de Carlos V y por lo tanto la madre de Fel ipe II. Era nieta de los
Reyes Católicos, por lo que era prima de su espo so, Carlos V. Lisboa (P ortugal) 24 de octu bre de 1503 -
To le d o 1 de m a y o de 1539 .
24 | P á g i n a
momento habían ejercidos como órg anos consultivos de la Corona, comienzan a actuar
como órga nos ejecutores, es decir, toman decisiones sin el beneplácito de Carlos V
debido a su ausencia. En el caso que nos atañe, el Consejo de I ndias presidido por J uan
García de Loa y sa y M e ndoza, comienza a actuar como últim a instancia en lo tocante a
todas las decisiones que afectaban a la Améri c a e spa ñola. El prime ro que analizaremos
será el p ropio García de L o ay s a, tanto por impo rta ncia, como po r los nombramientos
que este aportará a la red clientelar. Posteriorment e procederemos del mi smo modo con
uno de los ministros del Consejo de Indias, J uan Suárez de Carvajal, amigo y familia
política del presidente d el órgano, García, los cuales colabora n para la implantación de
la red clientela r en el virreinato del Perú. Por último, veremos el papel que jugó el
secre tario real Francisco de los Cobos, el cual fue clav e en el nombra mi e nto de
Cristóbal Vaca de Cast ro, personaje fundamental en la trama, y , por lo tanto, las
motivaciones que tuvo su padrino pa ra con los intereses propios en América.
Antes de entrar e n el análisis propiamente dicho de los protagonistas y los
sucesos que acontece rá, tenemos que dejar clar o l a interpretac ión que hacemos nosotros
cuando nos referimos a l a lucha de los g rupos p artidarios de lo “publico” y lo “privado”.
La conquista como es sa bido por todos, estaba articulada media nte la iniciativa privada,
la cual gestionaba, rec luta ba y montaba todo lo tocantes a las expediciones de
conquistas. La Corona como tenedora del patronato, tenía la obligación de dar permiso a
estos conquistadores, creando un acuerdo, en el que se aceptaba las condi c iones de las
iniciativas privadas, siempre y cuando estas ace ptase n, la evangelización y la entrega a
la C orona del Quinto Rea l. Estos acuerdos, ll a mados Capitulaciones, daban cierta
autonomía a los líderes para a dmi nistrar los nuevos territorios.
Con el tiempo, y más tras el pro ce so entre l a familia Colón y l a Corona p or los
territorios descubiertos por Cristóbal Colón en sus viajes, el Re y comenzó a tomar
consciencia de la magnit ud del continente recién descubierto. Dicho lo cual, no solo la
familia C olón comenzó a estar en el punto d e mi ra de la Corona , puesto que los
Pizarro
23
, en el Pe rú, y el propio He rná n Cortes
24
, en Nueva España, tambi é n vieron
cortadas sus aspiraciones de perpetuar sus familias en las cúpulas de poder am ericanas.
23
La familia P izarro, ostentó el poder en los inicios d el d en ominado territorio d e Nueva Castilla
(posterio rm ente Virrei n ato del P erú). Los pr in cip ales acto res, lo s hermanos del co n quistad or Francisco de
Pizarr o f uero n ; G onzalo Pizarro, Hernando Pizarro y Juan Pizarro .
24
Hernán Cortes, conquistador d el Im perio Mexica y pri mer Marq u es del valle de Oa xaca. Medellín
(Bad a j oz) 1485- Castilleja de la Cu e sta (Sevilla) 2 d e diciembre de 1547 .
31 | P á g i n a
regidor perpetuo de l a ciudad de Lima y el 27 de abril de 1537, como delegado del
Tribunal de la S a nta Cruzada. El nombramiento de I llán como delegado de la S a nta
Cruzada, pudo provenir por parte de Juan García de Loa y s a , el cual en este mome nto
ejercía como Comisario General de la Santa Cruzada, lugar que sería ocupado por su
compañero de Consejo, Juan Suáre z , he rmano de Illán Suárez, en 1539.
Tras colocar a dos alle ga dos (sobrino y h e rman o) controlando tanto el poder
eclesiástico, como el económico, solo les quedaba por controlar el pode r político militar
de la gobernación del Pe rú. Para el cargo de gobernador, el Consejo d e Indias, eligió a
Cristóbal Vaca de Castro, el cual a pesar de que no compartía ningún laz o familiar ni
profesional con sus tres padrinos, será po r el que podremos demostrar la relación entre
todos estos personajes.
De los Cobos es el tercer protagonista que puso en marcha el control de todos los
ámbitos de la vida en la gobernac ión peruana. Junto con García de L oa y sa, fu e
nombrado en 1539 para formar una comisión, de la cual, tenía que salir seleccionado
alguien p ara que acudiese al Perú pa ra hacerse cargo de la sit ua ción que en estos
momentos parecía tot a lmente descontrolada entre los españoles. En estos momentos, los
partidarios de los Almagro y los Pizarro se enfrentaban abiertamente, y como recoge el
investigador Loann Berens en su traba jo titulado, “Cristóbal Vaca de Castro y los
dominicos del Perú” , la última noti c ia que se tenía en la Corona del Perú era la referente
a la batalla de Salinas
38
, en la que el maestre de campo de P izarro, Pedro de Valdivia,
había capturado a Di ego de Almagro
39
. En los sucesivos meses llegaron a la Corona las
noticias de que Diego de Almagro, había sido ejecutado, sin juicio previo, por el
hermano de Francisco Pizarro, Hernando, adquiriendo la sit ua ción unos tintes casi
autoritarios por parte d e los miembros de la fa mi lia Pizarro. L a resp uesta a estos
sucesos, fue la comisión y a mencion a da, de la q ue se tenía que seleccionar a un juez
visitador que tomase el control ante los desmanes cometidos por los P izar ro. García de
Loay sa y el propio De los Cobos, seleccionaron a Cristóbal Vaca de Castro para
desempeñar el cargo de juez visi tador
40
.
38
Batalla de Salinas (6 de abril d e 1 538). Enfrentamiento entre los e spañoles p resentes en e l P erú,
encabezado s p or los seguidores de Fra n cisco Pizarro, contra los partidarios de las reclamaciones de Diego
de Almagro.
39
Berens , Loann. “Cris tóbal Vaca de C astro y los do m inico s del Pe rú”. Estudios Latinoa mericanos,
Sociedad Polaca de Estudios Latinoa m erica nos, 36/37 (2016 -201 7), p. 76.
40
Berens, Loann. Cristóbal Vaca de Castro y los domin icos … Op . Cit., p . 77.
32 | P á g i n a
En este punto se nos plantea el si g uiente inte rr o g ante, ¿ Qué posi c ión t omaron los
líderes de esta gran red, de cara al enfrentamiento y juicios entr e pizarristas y
almagristas? Según relata Berens, los p artida rios de las partes en fr entadas se ha c ían
notar en la propia Cort e, con la intención de influir en favor de unos o los otros. El
nombramiento de un juez visi tador era vist o p or los pizarristas como una amenaza,
principalmente sobre H e rnando de Pizarro y s u causa por la muerte de Diego de
Almagro. García de Loay z a y D e los Cobos, que en un principio se puede interpretar
que partían desde una posición neutral respecto al enfrentamiento, se verá rápidame nte
como toman partida por uno de los bandos. García d e Loaysa era partidario de los
Pizarro, por ello de su interés e n el nombramiento de Vaca de Castro como ju ez
visitador. La r e lación entre Vaca de Castro y Loay s a e ra patente en la Corte, utilizando
este último su posición como regente de las I n dias para favorecer a su amigo. Este
nombramiento en conclu sión fue visto por los al mag ristas como la perso nifica ción d e
Loay sa en los asuntos de I ndias
41
. La relación iba aún más allá de la propia amistad, ya
que Va ca de Castro antes de marchase a l Perú se vinculó con la orden de los dominicos,
además de que tres de sus hijos i ng resaron en conventos de la orden en la pen ínsula
42
.
Respecto al nombra miento de Gerónimo de Loaysa, como obispo de L im a ,
contiene en sí mucho pe so, es decir, la re c ién creada diócesis de L im a en 1541, estaba
dentro del plan de t ra slad ar todo el poder del C uzco a L im a , in cluido el e c le siástico. Por
otro lado, García de Loay s a, J uan Suárez y el propio Gerónimo de L oa ysa , tenían un
importante denominador común y e l cual se verá ampliamente beneficiado por estos tres
personajes. El denominador común, es que los tre s p erte necían a la Orden de los
Predicadores, o Domini cos, los c uales se verán favorecidos claramente en detrimento de
las otras órdenes. L os do minicos serán el brazo e jecutor de esta gran re d clientelar, en e l
sentido, de que serán los encargados de recau dar las riquezas que acabarían en las
manos de sus protectore s, J ua n Garc ía de L oa y z a , Juan Suá rez de Carvajal, Gerónimo
de Loa y sa González, Illán Suárez de Carvajal y Cristóbal Vaca de Castro. Los
dominicos obtendrán a c ambio la prote cción de estos , favore ciendo su expansión por los
nuevos territorios e incluso las propiedades privadas que habían obtenido sus obispos y
clérigos, espec ialmente las encomiendas. La posesión de encomiendas en manos de
eclesiásticos, era completamente ilegal, p ero al contar estos sujetos con valedores tan
importantes, actuaban con total impunidad.
41
Ibídem, 78 .
42
Ibídem.
33 | P á g i n a
Ilustración 2. Estructura de la red clientelar generada en la gobern ación del Perú en tre los
años 1534 y 1546. Elaboración pr opia.
El orig en d el nombramiento de Gerónimo de Loaysa como obi spo de Lima, lo
encontramos en la ne ga tiva del obispo de Cuz c o, fray Vic e nte d e Valverde, a participar
de esta red, y se rvir co mo apo y o para el r ec ién nombrado juez visi tador , Vaca de
Castro
43
. Tras este traspié en los planes de García de Loay sa, la soluci ón la encontraron
en el cambio de diócesis de su sobrino Geróni mo de L oa y sa, que en ese momento
(1540) residía en la c iudad de Cartagena de Indias
44
.
Dicho lo cual, nuevamente nos surge un import ante interrogante, ¿Por qué del
posicionamiento a favor de los intereses de la f amilia Piz arr o? P a ra responder a esta
cuestión, tenemos que remontarnos a las guerras civiles e n el Perú, en la que los
dominicos siempre actuaron de lado de los Pizarro. Para entend e r esta posición de la
orden, tenemos que tener en cuenta que en estos momentos era la orden mejor instalada
en el P e rú, contando para 1540 con unos 35 o 40 r eligiosos, re pa rtidos en seis conventos
(L ima, Cuzco, Ar e quipa, las Ch arca s, Hu ánuco y Chicama), además del obispo
Valverde en el Cuzco
45
. Visto estos pre c edentes, es más fácil entender d el porqué d e l
posicionamiento de la Orden de los Predicadores del lado de los Pizarro, y a que éstos
habían favorecido el asentamiento de la orden en los nuevos territorios. Los propios
43
Ibídem, 78 .
44
Ibídem.
45
Ibídem, 81 .
34 | P á g i n a
dominicos, veían reforzada su posición de poder con los nuevos nombramientos, y más
teniendo en cuenta quien era el v aledor de estos; Juan García de Loaysa, Gran M a estre
de la Orden. Este argumento no viene más que a reforzar la idea del porqué los
dominicos se posicionaron rápidamente a favor de Va c a de C a stro, y aún más tras los
acontec imientos qu e sor pre ndieron a éste a su ll eg ada al P e rú. Cuando Va c a de Castro,
se encontraba en Popayán, le llegó la noticia de la muerte de Francisco Pi zarro a manos
del hijo de Diego de Almagro, Die g o de Alma gro “El Mozo”. Este infortunio trastocó
todos los planes de Vaca de C a stro, puesto que tuvo que asumir el mando de la
gobernac ión y so foc a r la rebe lión de los almagristas.
El obisp o de Cuz c o, V a lverde, había aceptado ejercer como brazo de la Corona,
para notificar las acciones de los españoles, distanciándose así de la familia Pizarro. E l
investigador Hampe Mar tínez comenta al r e specto lo siguiente: “…para im ponerse en el
centro de un fuerte bloque de poder surgió al int e rior del establecimiento colonial,
rodeado de una numerosa comitiva de p ersona s allegadas a él (el obispo Valverde) por
vínculos de diversa índole, ya fueran familiares, r eg ion ales o amistosos…” lo cual hace
clara r e ferencia al poder que se dio al prelado de Cuz c o para que ac tuase entre lo s dos
bandos enfrentados
46
. P e se a esta posi c ión de cierta neutralidad, Valv e rde continuaba
actuando mirando por su interés personal, y a qu e continuaba apo y ándos e en personas
como Illán Suárez para fortalecer su poder. A cambio y visto su poder en la Corte, este
intercedía por sus b e nefactores en el Perú para recomendarlos a l a Corona y qu e
obtuvieran privile g ios. Un ejemplo es lo sucedido con los herma nos Suárez de Carva jal,
Benito e Illán, a los qu e recomienda para que sean seleccionados para la conquista del
reino de Nueva Toledo
47
. P a ra una mejor contextualización de las recomendaciones de
los hermanos S uá rez de Carvajal en el Perú, no está demás, recordar, qu e estos eran a su
vez hermanos de J uan Suárez de Carvajal, obispo dominico y mi nistro del Consejo de
Indias. Nue vamente podemos ver como a pesa r de posicionarse del lado de la Corona,
como es el caso del prelado Valverde, este actú a mot ivado por sus propios intereses, en
concre to por mantene r s us encomiendas y alto nivel de vida en el Perú
48
. Ha mpe en su
obra sobr e Valverde, continúa relatando como al prel a do le fue otor g ado amplios
46
Ha m pe Martínez, Teo d oro . “L a act u ación del obispo Valverde en el Per ú ”. Historia y C ultura. Revista
del museo nacional de historia. Núm . 13 - 14. Lima (1 981), p. 1 2 9 .
47
Ibídem.
48
Ibídem, p. 130.
35 | P á g i n a
poderes, que, a vista de sus acciones, fueron recortados paulatinamente con la creación
de los obispados de L im a y Quito
49
.
Retomando el hilo sobre la situación del Perú tr as la muerte de Francisco
Pizarro y después de este inciso sobre el modo de actuar de Valverde ante l a llegada de
Vaca de Castro, la red se encontraba n ecesitada del elemento que suponí a el poder
eclesiástico, que se solucionó con la selección d e Gerónimo de Loa y sa, como y a hemos
relatado.
Para 1542, los diezmos del recién creado obisp ado de Lima eran re ducidos, por
lo que Vaca de Castro , otorgo a su amigo el prelado Gerónimo de Loaysa, una
encomienda. Dicho repar timiento, había pertenecido a fra y Valverd e, obispo de C uzco ,
el cual había fallecido en e xtrañas circunstancias t ras el asesinato de su a migo F rancisco
Pizarro en 1541
50
. La ent reg a de esta encomiend a a L o aysa , es un ejemplo de cóm o
actuaba Vaca de Castro con sus apo y os en el Perú. Además, tr as la muerte del obispo
Valverde , Loaysa trato de re c uperar para si toda la herencia del prelado, a lo que se
opuso frontalmente la hermana del difunto, María Valverde. María apo y ada en su
marido, Rodrigo Niño, comenzaron a pleitear por la herencia de Valverde, a lo que se
opuso L o aysa . Para 1544 la causa parecía d ecantarse del lado de Loa y sa, pero Ma ría y
Rodrigo se encaminaron a llevar la causa ante la recién creada Real Audiencia. Este
paso no se pudo llegar a dar, ya qu e Loaysa actu ando de ju ez y parte, sent encio en su
propio favor, tomando posesión de todas las propiedades de fra y Valverde en el Perú
51
.
Volviendo al año 1540, tras la mu e rte de f ray Valverde, éste es sustituido como
obispo de Cuzco, fra y T omás de San Ma rtín. San Martí n contaba con un gran pr estigio
y respeto entre la población española de la antigua capital inca. A pesar de unas
vacilaciones iniciales, a la hor a de posicionarse a favor o en contra de Die g o de
Almagro “El Mozo” o Vaca de Castro, apo y o a éste último. Gracias a este apo y o, Va c a
de Ca stro termino r á pidamente con el alz a mi e nto de Die g o de Almagro, in stalándose en
la ciudad de Cuzco, donde se mantuvo hasta el final de su gobierno. Según el
conquistador, Pedro Cie za de León, pres e nte en el Perú en estos momentos, el nuevo
gobernador, durante su mandato entre noviembre de 1542 y ma y o de 1 544, solo se
dedicó al enr iquecimient o pe rsonal.
49
Ibídem.
50
Acosta, Antonio. Prá cticas co loniales de la ig lesia d el Perú. Sig los XVI-XV I I . Sevilla: Aconcagua
libros. 2 01 4, p. 72.
51
Acosta, Antonio. Prácticas co loniales de la … Op. Cit., p . 73.
36 | P á g i n a
“… no entendía en m ás que en buscar dineros para henchir la gran codicia que
tenía…”
52
En este mi smo momento, en el que e mpezaba a funcionar el plan urdido desde el
Consejo de Indias, principalmente por el Cardenal Loay s a, comenzaba su fin. En el
mismo año 1541, se encontraba pre sente en la corte fra y Bartolomé de las Casas, el que
por fin conseguía se r escuchado por las autoridad e s reales, las que comen zaron a tejer
un nuevo orden legislati vo que protegiese a los naturales y evitase los e xcesos que se
estaban cometiendo en las Indias. Como veremos más adel a nte en el d e senlace de esta
red, la presencia de B a rtolomé de las Casas en la C orte y la promul g a ci ón de las Leye s
Nuevas (1542), pondrá e l punto y final al plan de J uan García de L oa y sa, J uan Suárez
de Carvajal y Francisco de los Cobos.
Tras explicar y a naliz ar la ge stación de la que podemos catalogar como la
primera gra n red clientelar transoceánica, ten e m os la necesidad de ver cómo fue su
funcionamiento, y que papel jug a ron c ad a uno de l os protag onist as de ella.
Los ejemplos que vamos a ver a continuación, han sido rec ogidos en el
importante trabajo de investigación desarrollado por Berens, el cual no s a y udara a
entender como funciono la red, para posteriormente ver su reflejo y repercusión en el
Reino de Chile
53
. Como dice Berens, todas estas informaciones han sido sacadas del
juicio de residencia del propio Vaca d e Castro
54
, juicio al que fue som etido por su
sucesor, el primer Virrey del Perú, Blasco Núñez de Vela. Como relata Berens, era
público y notorio en el Cuz c o, la estrecha relación entre Vaca de Castro y fra y Tom á s
de San Martín. Este último , actuaba como capt a dor d e riquezas que posteriormente
entrega ba a l g obernador
55
. Aquí podemos ver claramente cómo era la relación piramidal
que hemos expuesto antes, en l a que la orden de los dominicos, en este c a so
personificada en la figura de San Martí n co mo obispo de Cuzco, recibía gra nd es
cantidades de dinero q ue entregaba a Vaca de Castro. Este como contrapartida
continuaba f a vor ec iendo la expansión de la orden por tod a la gobe rnación del Perú.
Según Berens, Vaca de Castro, c omo contrapa rtida a estas ent reg as de caudales,
favoreció en primer lugar a los i ndividuos como t al, con recomendaciones para as e nsos
52
Berens, Loann. Cristóbal Vaca de Castro y los domin icos … Op. Cit., p . 85.
53
Ibídem.
54
Archivo General de Indias (AGI ), Justicia, 467, N. 1.
55
Berens, Loann. Cristóbal Vaca de Castro y los domin icos … Op . Cit., p . 85.
37 | P á g i n a
dentro de la escala eclesiástica
56
En lo refe rente a la propia orden en su conjunto, el
gobernador costeo los gastos para la construcción de nu e vos monasterios. Antes d e la
llega da de Vaca de Cas tro se habían fundado seis conventos dominicos en el P e rú
(L ima, Cuz co, las Charcas, Arequipa, Huánuco y Chicama). Ya en 1542 el trato de
favor hacia la orden de los predicadores era clara, ya que en poco menos de tres años,
había aumentado el núm ero de conventos de seis a diez. Estos nuevos conve ntos, serian,
el de Chincha, Gua ilas, Jauja y Guamanga
57
.
La relación entre Vaca de Castro y fray Tomás de S an Martín comenzó a
agrietar se con el ini c io del juicio de residencia al que se vería sometido e l gobernador
en 1544. En este jui c io, el nuevo Virrey, Núñez de Vela, probo todas las acusa ciones
sobre el enriquecimiento personal d e Vaca de Castro, pero fra y Tomás actuó de manera
ambigua , es decir, reconocía la entrega de dinero al gobernador, pero sin conocer ni el
orige n ni el d estino. Esta declaración como bien argumenta Berens, estaría condicionada
por la implica ción directa que tenía fra y Tomá s en toda la trama, es decir, en dicho
juicio trato de salir indemne desentendiéndose de los hechos ampliamente
probados
58
.Otra de las acusaciones que pendían sobre Vaca d e Castro, era la venta de
encomiendas y cargos, algo que para entonces estaba completamente fuera de la
legislac ión española. S obre estas acusaciones aparece el testim onio de Rodrig o Núñez
de Bonilla, tesorero de la ciudad de Quito que declara lo siguiente:
“…a oydo deci r a l rregente frey T om ás Sant Martín y a otras perso nas quel dicho
lizenziado Vaca de Castro rrescibia lo que l e daban y quel dicho rreg ent e l e avia dad o
m ucha suma y cantidad de dineros que tení a de personas particula res para que le dieses
indios…”
59
Dos de los casos más relevantes, en los que se prueba la “corrupción” dentro de
la administración del Perú, son los que atañen a Antonio de Orihuela y al licenciado
Antonio de Gama. El primer caso, tien e su origen tras la bat a ll a de Chup a s, cuando el
ejército d e Vaca de Castro se diri g ía a Cuzco, pidi ó p re stados 5.000 pesos a fra y Tomás
de San Ma rtín. Para pag a r esta deuda, encargo a O rihue la que acudiese a la provincia de
Carancas, pa ra s acar los tribut os que s e le debían y así hacer frente a la obligación
adquirida con el dominico. Orihuela a cambio de l pago de este dinero, Vaca de C a stro
56
Ibídem, p. 89.
57
Ibídem, p. 90.
58
Ibídem, p. 88.
59
Ibídem.
38 | P á g i n a
prometía la entrega de este repartimiento. Final mente , Orihuela confiri ó la cantidad
prometida a Alonso de Quiñones, cuñado de l gobernador y camarero de este
60
.
El segundo caso fue el relacionado con el licenciado Antonio de Gama. An toni o
de Gama era teniente de Vaca de Castro, por lo q ue podemos presumir que estos tenían
una buena relac ión. El distanciamiento comenzó p or la disputa en torno a quien le
pertenecían 15.000 pesos de oro sacados de las minas de Caraba y a. Según Gama estos
le pertenecían, y a que la mina se encont ra ba dentro de su encomienda. Esta disputa tuvo
que ser solucionada por fray Tomás de San Martí n, el cual, y como y a hemos venido
analizando, tenía una estrecha relación con el gobernador. Finalment e , el 12 de
diciembre d e 1542, fra y Tomá s dio la razón a Vaca de Cast ro, por lo que Gama tuvo
que e ntregar 5.000 p e sos. Nueva mente aparecería el cuñado del gobernador, Antonio de
Quiñones para recuperar el dinero
61
.
Tras las evidencias presentes en estos dos casos, nos encontramos con la figura
de Antonio de Quiñones, camarero del g ob e rnador y cuñado de e ste. Su papel parece ser
que era el de cobrador de las d euda s y pagos de Vaca de Castro. La fi g ur a de Quiñones
nos llama muchos la a tención, princ ipalmente por la labor que desarrolla. Dicho lo cua l,
lo curioso del caso es que años más tarde s y con personajes c ompletamente diferentes y
en otro contexto geog r á fi c o, en concreto en el Reino de Chile, veremos como apare ce la
figura de un personaje s imilar, que será clave para entender el des a rrollo de las redes
clientelare s en Chile.
Por último y para concluir la argumentac ión sobre la gran red de
enriquecimiento personal creada desde el Consejo de I ndias y actividad en el Perú,
tenemos que hacer referencia a una carta enviad a por Vaca de Castro a su muj e r, María
de Quiñones l a cual se encontraba en la península. La carta, portad a por el dominico
fray Francisco Martínez Toscano a finales d e 15 42, llevaba una gran cantidad de o ro,
plata, joyas y otr as riquezas. Toscano seria detenido al año siguiente, 1543, en Sanlúcar
cuando pr etendía volver al Perú. El valor del contenido de la misiva se estimó en el
juicio en 60.000 castellanos
62
. La detención de Toscano cuando pretendía volver al
Perú, puede ser int e rpretada como c onsec u encia de dos supuestos; el primero
obviamente, por la riqueza que portaba en nombre del gobe rnador Va c a d e Castro para
60
Ibídem, p. 86.
61
Ibídem.
62
Ibídem.
39 | P á g i n a
su mujer, María de Quiñones; el seg undo, posiblemente, re spondí a a los cambios que se
habían producido e n el Consejo de I ndias, lo s cuales saponina la perdida d e los
benefactore s de Vaca de Castro en la Coron a , p a r a así evitar que e ste a ctuase conforme
a las noticias que se esta ba n desencadenado en la península.
40 | P á g i n a
Esquema 1. O rganiz ación de la red c l i ent e lar transoceáni ca generad a desde el Cons ejo de
Indias para el c ontrol del Perú. Elab oración propia.
47 | P á g i n a
en c ontra del traslado de la capital, y e n estos acontecimientos fue c aptur ado e l Virre y y
hecho prisionero el 18 de septiembre de 1544. Cepeda custodio a Vela en su casa hasta
que lo pudo embarcar de camino a España, el 24 de ese mismo mes, acompañado del
oidor Álvarez. Cepeda como oidor decano d e la Real Audiencia, asumía los cargos d e
Presidente de la Real Audiencia, Gobernador y Capitán General del Perú, todo es to con
el vist o bueno de dos de sus compañeros en la Audiencia, Álvarez y Lissón, y con la
negativa, testim onial, del cuarto en discordia, Pedro Ortiz de Za rate
72
. El nuevo
gobernador, Cepeda, trataría d e or ganizar una resist e ncia contra Gonzalo, pero al ve r la
superioridad d e las fuerzas de este cuando entr o en Lima, no tuvo más remedio que
reconocerlo c omo Gobernador y Capitán General del Perú (28 de octubre de 1544).
Dicho lo cual, y mien tra s todo esto sucedía en Lima, el oidor Á lvare z
acompaña ba al Virr ey d estituido de regreso a E spaña . En el transcurso de este viaje,
Álvarez llegaba a un ac ue rdo con Núñez Vela (7 de octubre de 1544), por lo que el
oidor se situaba del lado del antiguo Virre y y ambos comenzaba n a organizar a las
fuerzas para enfrentarse a Gonz a lo Pizarro y restablecer al Virre y en el poder.
Finalmente, Núñez Vela y Gonzalo Piz a rro, tras una larga campaña se enfrentaban cara
a cara e n Iña quito el 16 de enero de 1546, donde Ve la seria derrotado. En esta batalla se
consumó la venganza p rometida por la mue rte d el Factor Illán Suárez , el hermano de
Illá n, Benito Suárez, a sesinaba al Virre y Blasco Núñez Vela.
Ante la situación en la que se encontraba el vir reinato del Perú, en el que la
voluntad de los encomenderos ha bía vu elto a triunfar sobre las preten siones de la
Corona de controlar me diante funcionarios r e ales a los antiguos conquis tador es y en
particular a los partidarios de la familia Pizarro, desde la península, se decidió enviar a
Pedro de la Gasca para tratar de calmar la situación. Pedro de la Gasca fue nombrado el
16 de febrero de 1546 como presidente de la R e al Audiencia d e Lima, con amplios
poderes. El plan consistía en atender a ciertas reclamaciones de los encomenderos, para
que estos se pasasen al bando Real, a cambio de conservar sus encomiendas. Las dotes
como diplomático de De la Gasca, qued a ron patentes en el momento en el que llego a
territorio peruano, en l a que consi g uió la adhesión a su causa d e lo s principales
ge nerales de Gonzalo P izarro. Otros que se pusie ron de lado d e De la Gasca fueron, el
72
Palma, Ricard o. Tradicion es peru anas. I. Los tres motivos del oidor . Biblioteca virtual universal. 2 003.
48 | P á g i n a
propio P e dro de Valdivia o Sebastián de Belalcázar
73
. La rebelión prota gonizada por
Gonzalo Pizarro, llegaría a su cenit en la batalla de J a quijahuana el 9 de abril de 1548,
lugar en el que se enfrentaron las fuerzas reales con las re beldes, saliendo triunfadoras
las comandadas por Pedro de la Gasca en nombre del Re y . Tenemos qu e puntualiz a r
que esta batalla, no tuvo demasiada acción, es decir, la mayoría de l as fuerzas de
Gonzalo al ver la superioridad del ejército Real, decidieron en pleno campo, cambiarse
de bando, entre los más importantes que d esertaron del lado de Gonz a lo, s e encontraba
el pre sident e de la Real Audienc ia hasta el nombramiento de De la Gasca, Diego
Vásquez de Cepe da.
En este conflicto entre e spañoles, y en referencia a nuestro objeto de estudio, el
Reino de Chile, tuvo un a aport a ción fund amental a las fuerzas victorios as. Como y a
hemos mencionado, Pedro de V a ldivia se unió a la causa de P e dro de la Gasca, al que
ay udo enviando refuerzos desde Chil e . Con este movimie nto, Pedro de Valdivia
buscaba el reconocimiento por parte del rey como gobernador de Chil e , pue sto que iba a
luchar en contra d el hermano de Fra n cisco P izarr o, del qu e había sido maestre de
Campo durante lar g o ti empo. Valdivia ad emás orquesto un plan para asegurarse el
nombramiento como gobernador. La estrategia s e fundamentaba en la cantidad de oro
que podía llevar al Per ú para finan c iar el ejército Real, con un dobl e objetivo, ser
nombrado gobernador, y atraer nuevos vecinos a Chil e , para así, continua r con sus
aspiraciones en el R e ino de Chile. Valdivia también dio permiso a al g u nas personas
para que pudiesen marchar d e Chile con todo el o ro que tenían, p ara mejorar la imagen
del territorio austral en el P e rú. Esta posibilidad de salir del reino era bien vista por
muchas pe rsona s, pe ro Valdivia los engaño, apropiándose de todos los pertrechos que
estos habían pre p ara do para ir al P e rú, zarpa n do con todos ellos sin sus legítimos
propietarios, creando un g r a n estupor en Chile. El escribano Juan de Cárdenas, recogido
en la crónica de Gerónim o de Vivar
74
, dice respecto a estos sucesos lo sig ui ente:
“…que se había entrado en el navío porque conv ení a al servicio de Su Majestad, y que,
si hasta entonces no l o había hecho saber, era por no ser estorbado. Voy con
73
Sebastián de Belalcázar (1480 - 155 1). Nombrado como Adelantando de Popayán en 1 540, ser ía el
encargado de la conquista d e dicho territor io. Tras la consumación de las accio nes militar es y se gún lo
acordado en las capitulaciones, ejerció como gobernador hasta q u e fue co n denado a muerte, fal leciendo
mientras regresaba a la península ibérica p ara la apelación.
74
Bibar, Jerónimo de: C rónica y relación copiosa y ve rdadera de los R einos de Ch i le (1558).
Tr an scripción p aleográf ica del profesor I rvin g A. Leonard. To m o I I. Santiag o d e Ch ile: E dición facsímil.
Fondo Histórico y bibliográfic o José Toribio Medina, 1 966.
49 | P á g i n a
determ i nació n, dijo, a buscar un caball ero que dicen está en Panamá que viene de parte
de Su Ma j estad pa ra le seguir en su r ea l nom bre…”
Estos sucesos acontecidos en los prepara tivos de la marcha d e Valdivia al P e rú,
tendrían sus consecue nci as mientras este se encontraba en el Perú. Su antiguo enemigo,
Pero Sánchez de la Hoz
75
, que se encontraba encarcelado desde su llegada a Chile, vio
aquí una oportunidad para sacar del pod er a Val divia, y consumar sus aspiraciones de
ser el gobernador del R eino de C hile. D e la Hoz junt o con dos de los a gra viados por
Valdivia, Juan Romero
76
y Hernán Rodríguez de Monro y
77
re dactaron un do cumento en
el que se exponían los motivos por los que De la Hoz tenía arg umentos le g al e s para ser
nombrado gobernador. Monro y acudió a Francis co de Villagra
78
con el documento.
Villagra en este momento se encontraba desempeñando el cargo de gobernador interino
por la ausencia de Valdivia, este actuó de manera dec idida, decapitando a De la Hoz y
ahorca ndo a J ua n Romero sin que pudieran ni siquiera confesarse. Estas actuac iones
llevadas a c a bo por el gobernador interino de Val divia, le constarían poste riormente ser
procesa do. Gracias al ap oy o a la causa Real con tra Gonzalo Piz a rro, Valdivia se vio
favorecido en el proceso por De la Gasca, el cual te nía que dictar sentencia sobre este
pleito. Finalmente seria declarado inocente el 19 de noviembr e de 1548 y autoriz ado a
volver a Chile con el título de gobernador, pero con ciertas condiciones. Las
condiciones hacían referencia a no tom a r represalias con tra sus enemigos por lo
referente al pro c eso judicial, y, en se g undo lu ga r , ca sar o devolver al Perú en un plazo
de seis meses a su amante I nés de Suáre z
79
. Valdivia cumpliría todas las condiciones, no
tomando represalias y casando a Inés de S uá rez c on uno de sus capitanes, su fiel amigo
Rodrigo de Quiro g a
80
, Pedro de Valdivia continuaría gobernando Chile hasta la batalla
de Tucapel, el 25 de diciembre de 1553, donde resultó muerto.
Tras esta breve contex tualización sobre las acciones de Valdivia en la rebel ión
de Gonz a lo Pizarro, tenemos que volver de nuevo al año 1544, para co ntinuar con el
relato de las acciones que realizo el obispo de Lima, G erónimo de Loa y sa du ra nte l a
revuelta de Gonzalo Pizarro, último superviviente en su cargo de la gran red clientel ar
75
Medina, José T oribio: Dicc ion ario bio g r áf ico colo n ia l de Chile. Sa ntiago d e Chile: I mprenta
Elzeviriana, 190 6, p. 802.
76
Roa y Ursúa, Luis de . El Reyno de Chile. 1535 -1810. Estudio his tórico, genealógico y biográfico .
Valladolid: Talleres Tipográfico s Cuesta, 1945, p. 80.
77
Roa y Ursúa, Luis de. El Reyn o de Chile … Op. Cit. , p. 143.
78
Ibídem, p. 1 34.
79
Ibídem, p. 1 23.
80
Ibídem, p. 3 8.
50 | P á g i n a
orquestada por su tío, el cardenal García de Loaysa. A modo d e r ecapitulación, el
carde nal Loa y sa, había s ido reemplazado como presidente del Consejo de I ndi a s; Juan
Suárez de Carvajal, ministro del Consejo de I ndias, desterrado de la corte de por vida;
Vaca de Castro, destituido como gobernador del Perú y sometido a un d uro juicio de
residencia; Illán Suárez de C a rvajal, Factor de la Real Hacienda de Lima, muerto a
manos del primer Virre y , Núñez Vela; y , por último, el obispo de Lima, Gerónimo de
Loay sa, que continuaba en su cargo.
Gerónimo de L oa y sa González, a modo de re paso biográfico sobre la fi gura del
primer obispo de L ima, nacido en Trujillo (Cáceres) en 1498, juga ría un papel
fundamental en la organización de la iglesia e n el Virreinato del Perú . Bien es cierto que
su recorrido en América c omenzó en e l año1529, con la expedición misionera que habí a
ordenado su tí o y p re sid ente del Consejo de I ndi as, García de Loa y sa. El destino del
dominico era S a n ta Marta, ciudad recién fundada por R odrig o de Ba stida en 1525. Tras
este primer pa so por las i ndias, r egresa a España, para de nuevo ser enviado a la dióce sis
de Cartagena de I ndias, la c ual se encontraba vac ante tras la muerte de su primer
prelado Tomás Toro en 1536. El día 29 de junio de 1538, en Vall adolid, Gerónimo era
consagra do como nu evo obispo de Cartagena de Indias, a la que s e diri g iría ese mismo
año. Poco pudo hace r en su primera diócesis, y a que como hemos venido relatando en
este epígrafe, fue reclamado para que ocupase el nuevo obispado de L ima. Este
nombramiento ya ha sido analizado anteriormente, el cual en resumidas cuentas
respondía a la necesidad de controlar el poder eclesiástico en la gobernación del Perú
por parte de la red clientelar creada por su tío el cardenal García de Loa y sa. G erónimo
estuvo presente en el Perú desde el 25 de junio de 1543, hasta su muerte el 25 de
octubre de 1575, lo que l e convierte e n uno de los prelados más longevos d e l siglo XVI.
Como es de suponer, este largo mandato dio para mucho, pero desde nuestro punt o de
vista, dividido c laramente en dos e tapas, marcadas por las circunstancias q ue le rodaban
y que le llev aron a to mar partida por dos posiciones a nta g ónicas c o mo veremos a
continuación.
La primera etapa la podemos acotar cronológicamente entre los años 1543,
desde su llegada al P e rú, hasta 1547, momento en el que se encuentra en su camino a
España con Pedro de la Gasca. Esta primera parte de su gobierno eclesiástico en Lima,
Loay sa se sit úa como pieza fundamental dentro de la red clientelar encabezada po r Vaca
de Castro, como gobe rn ador del Perú. L a connive nc ia con las polí tica s lleva das a cabo
51 | P á g i n a
por el licenciado es clara, ayudando al enriquecimiento personal del li c enciado, que a
cambio entrega encomiendas y otras posesiones al prelado. Nuevamente tenemos que
recordar qu e incluso antes de la promulgación d e las Leye s Nuevas (1542) la posesión
de encomiendas por parte de los e clesiásticos esta ba prohibida. Clara ment e tenemos que
situar a Loaysa en el lad o de los encomenderos viejos que se oponían a la impla ntación
en el P e rú de las L e y es Nuevas que desmantelaban la institución de la encomienda. Otro
ejemplo de su posicionamiento lo vemos con la llegada del Virrey Núñe z Vela, al que
trata de convencer d e que suavice las medidas que estaba tom a ndo par a im pone r la
nueva le g isl a ción americana. Su papel como mediador no dio re sult ado, y a que la
rebelión de Gonzalo Pizarro fue inevitable. El que Loaysa fu ese poseedor de
repartimientos de indios, le marca como el brazo eclesiástico de la r e vuelta, y más si
tenemos en cuenta que en 1547 se hace cargo de l as reclamaciones de los e ncomende ros
y de Gonzalo Pizarro, la cual decía básicamente, que se mantuvies e la situación previa a
la creación de las Ley es Nuevas. Esta propuesta fue portada por el propio prelado de
camino a entregársela al Re y en p e rsona, pero en su camino hacia España,
concre tamente en Pananá, se topaba con la expedición encabezada po r Pedro de la
Gasca. De la Gasca ib a camino al P e rú para p ac ificar el vir re inato, y en est e en c uentro,
convence a Loa y sa pa ra que se cambie de bando y d efienda la causa de De la Gas c a
81
.
El que Loa y sa pose y e se encomienda s y a le hab ía causado problemas con fra y J ua n
Solano. Solano fue desi gnado obispo de Cuzco, é ste era d efe nsor de las Le y e s Nuevas
por lo que, que su colega de o ficio tuviese repartimientos de indios, chocaba
frontalmente con los planteamientos de la nueva legislación
82
. Por otro lado, el
posicionamiento de Loay sa del lado de los en comende ros, queda patente con las
numerosas peticiones de re g reso a España qu e envía al R ey
83
. Estas prop uestas para
abandonar el P e rú, se e nmar can claramente en la paulatina desarticulación de la red
clientelar de la qu e habí a participado activamente, y más teniendo en cuenta la llegada
de clérigos como Solano, el cual le podía denunciar y notificar sus acciones en el Perú.
Sobre este asunto el investig ado r Antonio Acosta, recoge las palabras escrita s por fray
Domingo de Santo Tomás, referentes a l as peticiones de Loaysa de a bando na r el Perú
84
:
“Tam bién a hecho y hace y har a, mientras no se re mdiare, m uy gran daño para esta
tierra y par a la conservación della y de l os natu rales que todos los qu e aca vienen
81
Acosta, Antonio. Prácticas co loniales de la … Op. C it. , p. 75.
82
Ibídem, p. 7 8.
83
Ibídem, p. 7 9.
84
Ibídem, p. 8 0.
52 | P á g i n a
comúnm ent e asi perlados como g ober nado res…vienen y están prestado para so l o
aprovecharse de la pobre t i er r a, para poder volver a españa r ricos…Qu e zelo tendra el
perlado y el cura y el fra i le que cada día llora por espa ña…”
85
Acosta continua argumentando, que años des pués cuando Loaysa ya era
Arzobispo y contaba con una importante fortuna, el fuese el que criticase a los clérigos
que pretendían marcharse a la península I bérica
86
. Este ejemplo aportado por Antonio
Acosta, nos a y uda a argumentar la división en dos del lar g o r ec orrido de Loay s a por el
Virreinato d e l P e rú, uno primero en el que es piez a fundamenta l de una red clientel a r
que busc a el enriquecimiento personal, y la segunda como v e remos a continuación más
propensa a satisfacer los intere ses de la Corona.
La se g unda parte de la vida de Loa y sa en el Perú, está marcada por su encuentro
con Pedro de la Gasca en Panamá, c on el qu e vu e lv e a L ima para acabar con la revuelta
de Gonzalo Piz arr o. Gracias a esta colabor ación con De la Gasca, Loay sa f ue ascendido
a Arzobisp o de Lima el 16 de noviembre d e 1547. A pesar d e esta nueva situación
favora ble pa ra Loaysa, éste continuaba con la intenci ón de re g r e sar a España, y más
teniendo en cuenta la impopularidad que tenía en el Perú tras los últimos repartimientos
realizados por su nuevo benefactor, Pedro de la Gasca
87
. En 1550 los diezmos de l
arzobispado ascendían a la considerable c a ntidad de 18.7 00 pesos, p ero de nuevo
Loay sa se embarcaba co n destino a España. Nuevamente cuando arribo a Panamá, se
encontró con el nuevo Virrey, Antonio de Mendoza y P acheco, el cual al igual que De la
Gasca, convenció al religioso para que volvi e se a Lima a en c argar se de los neg o cios de
la iglesia virreinal
88
. Ese mismo año, 1550, en concreto el 27 de en ero, Pedro de la
Gasca, consideraba cumpli da su labor en Perú, marchándose con destino a Españ a,
dejando su cargo en manos de Andrés d e Cianc a . Durante el año que duro el gobierno
del Virre y Antonio de Mendoza, Loay sa se convirti ó en un fiel consejero, por lo que
este le dio en muchas ocasiones amplios poderes para pod er atender sus negocios
89
. A
pesar del latente inter é s de Loaysa por aumentar sus rentas, tras la derrot a de Gonzalo
Pizarro, las tareas de eva ng eliz a ción volvieron a t omar im pulso, por lo que a inicios de
la década de 1550, Loaysa también tuvo que atender la labor eclesiástica, propiamente
85
Fra y Do m i ngo de Santo To m ás a S.M. Lima, l d e julio 1550 (en Lissón Cha v es, ed.
1943 -1947, vol. I, n.º 4: 1 9 3 -4; AGI, Lima 11 6, lib. 6, f. 246).
86
Acosta, Antonio. Prá cticas co loniales de la… Op. Cit., p. 80.
87
Ibídem , p . 82 .
88
Ibídem.
89
Ibídem.
53 | P á g i n a
dicha
90
. Entre las acciones llevada s a cabo por el Arzobispo de Lima, fue la
convocatoria del primer concilio de L im a (1551), donde s e busc a ba ratifi car las
sanciones emanadas del Concilio de Trento (154 5-1563). Este primer concilio en suelo
america no, no tuvo en cuenta la sesión XXI y XXV de C onc il io de Trento (1562-1563),
además de, al menos, siete sínodos diocesanos que se celebraron antes de 1563
91
. Esta
reunión convocada en Lima estuvo marcada por l a negativa de los obispos convocados,
los cuales enviar on a procuradores para discutir los temas.
Dicho lo cual, sobre la fi g ur a de Gerónimo de Loay sa, en este punto creemos
que es necesario sit ua r un punto y se g uido, en el sentido, que más adelante cu ando
tratare mos las disposiciones referentes al III Concilio Limense, volver e mos sobre la
figura del a rzobispo de Lima . En resum idas cuentas y en lo toc a nte a la red clientelar,
Gerónimo de Loaysa fue el único superviviente de esta, y a que todos sus compañeros o
bien fueron destitui dos, reemplazados o muertos, en el periodo que esta estuvo en
funcionamiento. L o aysa a difere ncia de sus colegas, supo adaptarse a las nuevas
situaciones, sabiendo jugar un pap e l secundario pero esencial en el tran sc urrir de los
hechos anteriormente narrados. Cuanto menos es curiosos, al ana lizar la vid a de L oa y sa,
como su influencia político – social e n el Perú, fue vista por los dife re ntes gobernadores
como esencial para sust e ntar sus gobiernos. Gobernadores tan diferentes como Núñez
Vela, el p ropio Gonzalo Piz a rro contaron con él para administrar sus gobiernos, y en
muchos casos como mediador entre partes. La supervivencia política de Loaysa se debe
claramente a que nunca tomo partido abiertamente por ninguno de los bandos
enfre ntados, queda ndo si e mpre en una posición de ventaja, pudiendo se r ú til en los dos
lados de las trincheras.
A modo de conclusión, la red clientelar que hemos venido analizando,
monopolizo durante gran parte de la dé c ada de 15 40 el poder en el Perú. Muchos de sus
actores se hicieron con enormes fortunas, como es el caso del gobernador Vaca de
Castro, a pesar de que fi nalmente fuese p roc es ado. En el caso opuesto en contra mos a
Loay sa, que al igual que su compañero, amaso una enrome fortuna, p ero consiguió
adaptarse a las situaciones cambiantes para continuar con sus actividades. Por otro lado,
y desde un punto de vis ta más general, la implantación de esta red clie ntela r, fue el
inicio de un proceso que se repetiría en mu c hos rinc ones d e l ter ritorio español en
90
Ibídem, p. 83.
91
Dussel, Enrique . Los concil ios provin ciales de América Latina en los siglo s XV I y XVII . México:
Centro de Reflexió n T eológica, 1 979, p. 197.
54 | P á g i n a
América. Esta etap a , supuso la sustitución paulatina de las redes de los antiguos
conquistadores por nuevas redes de control, gen era das por los funcionarios reales que
comenzaban a lle g a r a América. Sobre el papel estos funcionarios reales, ll e gaban con
el beneplác ito de la Corona y para orga nizar y h a cer sentir sobre el terre no, la autoridad
del rey, pero en definitivas cuentas continuaron con el modus opera ndi de los
conquistadores. Este pro ce so de sustitución en las elites virreinales, no vi no más que a
continuar con el problema de los excesos contra los pueblos naturales de l os diferentes
territorios, la ú nica diferencia con el periodo de los conquistadores, es q ue las nuevas
elites estaban siendo pagada s por las arcas reales. Dicho lo cual, en este periodo, y como
veremos en el caso co nc reto del R e ino de Chil e , será el origen d e las grandes y
poderosas familias que ostentaran el poder políti c o-social-eclesiástico a lo largo de los
siglos sigui entes, como será el caso de la famil ia y herederos de Mel c hor Bravo de
Sarabia e n Chile.
1.4.-Consecuencias para el Reino de Chile
Al hacer una aprox imac ión al tema tratado anteriormente, pue de que pensemos
que estas acciones ll e vadas a c a bo en el recién creado Virreinato del Perú no tendrían
consecue ncias para el Reino de Chil e , y a que este en este periodo en concreto aún se
encontraba en su etapa d e conquista. Como v e remos a continuación, to dos los sucesos
que ocurrían en el Perú tendrían su reflejo en cada rincón de éste. Podemos utilizar
como ejemplo de lo que sucede cuando una piedra cae en un estanque en clama, en el
cual, tras impactar el objeto, las ondas se despla zan concéntrica mente h asta ll e gar al
borde del estanque. Esto mismo sucede en América, y más en concreto en el P e rú, y a
que todos los pro ce sos que se vivieron e n el centro de la g obe rna c ión, se verán
replicados con años d e d ifere n cia y diferentes protagonistas en los demás t erritorios. El
caso del Reino de Chile será ejemplarizante, en e l sentido de que con una diferencia de
diez años aproximadamente, podremos observar las mismas estructuras y p roblemas que
en el Perú, pero con e sta diferencia cronológica.
55 | P á g i n a
Ilustración 4 . Pedro de l a G asca “El Pacifi cador”, p resi d ente de la Rea l Audiencia d e
Lima entre e l 9 de abril de 1548 y el 6 de enero de 1 550
92
.
Para comprender mejor l as consecuencias que tuvo la implantación de esta red
clientelar en el P e rú y sus consecuencias en el Reino de Chil e , tenemos que comenzar
analizando una figura que fue d etermina nte para ambos c ontextos geográ fi cos, Pedro de
la Gasca. A modo de resumen biográfico, Pedro d e la Gasca o “ e l P a cificador”, nació e n
ag osto de 1493 en Nav arreg adilla (Ávila) en el seno de una f a milia hidalga. La buena
posición ec onómica de ésta la permitió cursas estudios en la universidad de Salamanca
y en la universidad de Alc alá de Henares (Madrid). En su etapa como estudiante,
sobresalió por encima de sus compañ e ros, recib iendo el título de maestro en artes y
licenciado en teología, lo cual, le sirvió para entrar e n el Colegio de San Ildefonso de la
universidad madrileña. T ra s su etapa universitaria , decidió dedicar su vida a la carrera
eclesiástica po r la vía de los reg ul are s, es decir, s in relación directa con ni ng una o rden.
92
Retrato P edro de la Gasca. Autor: Valen tín Carderer a (1796- 1880) . Barcia. Retratos conservados en la
BN. 1 9 0 1.
56 | P á g i n a
Sus capacidades no pas a ron desapercibidas, ya que en 1537 por influencia con el
carde nal J uan Tavera, co nsig uió los cargos d e jue z vicario de Alcalá d e H e nares y ju ez
residenciador metropolitano de la c iud ad de Toledo.
En 1540 seria ascendido a oidor del Consejo d e l a Inquisición, dejando de lado
sus cargos anteriores. E n 1542 fue reclamando por las co rte s d e Monzón
93
, para que
realizara la visita del Reino de Valencia. El buen papel desempeña do hasta e ste
momento, le ayudo a que Carlos V le seleccionara pa ra que viaj ara al Perú, ante la
compleja situación que se viví a tras el levant amiento de Gonzalo Pizarro. El 16 d e
febrero de 1546, fue nombrado como presidente de la Real Audienci a de Lima con
amplios poderes para apaciguar a los encomenderos descontentos con las Leyes Nuevas
y el Virre y Núñ e z Vela. De la Gasca a su llegada al Perú tenía instrucciones claras para
reformar toda la administ ra ción y t ra tar de una v e z por todas d e asen tar e l poder Re a l.
Los principales objetiv os que tenía marca do como esenciales se resumen en los
siguientes tre s puntos:
1º- Reorganización de la hac ienda pública; la cual había estado en tot a l
descontrol y sobre la que se habían cargado gasto s que no cor re spondían a esta,
afec tando directamente a los ingre sos de la Corona. La re organización consistió
en enviar nuevas mar c ar reales para la acuñación, para evitar así el extravío de
los metales precioso. Además de la Gasca, tení a orden d e recaudar durante su
gobier no el máximo pos ible, lo que le llevo a a cumular una gran fortuna para las
arca s reales.
2º- Tasación de las encomiendas; esto consistía en tasar a los indi os repartidos
entre los españoles, para evitar los abusos y el sometimiento de estos a trabaj os
forzosos. Esta tarea fue enca rgada a tres f ra il es dominicos (Tomás de San
Martín, dirigidos por el arzobispo Gerónimo de Loaysa, el cual t eniendo en
cuenta que era encomendero, c on total probabilidad rea li zo la tasació n para
obtener el may or beneficio p osible para los encom ende ros.
3º- Asentamiento del po der judicial en el Perú; tras el envío de los pri meros
oidores de la Rea l Audiencia junto con el primer Virrey Núñez Vela, y el frac aso
que ésta supuso, a tesón de que sus oidores se pasaron al bando reb elde de
93
Cortes de Monzón (1 542). Celebradas en la ciudad hom ó n ima de la actual pro v incia de Huesca
(Aragón).
63 | P á g i n a
En este contex to, se produjo un primer enfrentamiento e ntre los jefes p rincipales
de las órdenes religiosas de los franciscanos y los dominicos en el Reino de Chil e . Por
parte de los franciscanos nos encontramos con el clérigo Vallejo, favorable a la
continuación de la guerra, en contraposición a los ideales de fray Gil. En 1558,
concluida la campaña anual contra los mapuche, ambos se enfre ntaron en la ciudad de
Santiago, y Gil decide viajar a Lima pa ra denunciar ante la Real Audiencia, la situación
en la que se encontraba e l Reino de Chile, respec to a los abusos a los que estaban siendo
sometidos los na turales. Ya en L ima se encontró con la oposición el mismo Virrey , más
favora ble a las t ác ticas a plica das por su hijo y era de suponer que Andrés Hurtado no
iba a mostrarse favorable a las demandas del dominico, que contravenían c l aramente las
actuac iones García Hurtado en Chile. Por esta razón, Gil estuvo retenido durante un
tiempo en L ima a petición de García Hurtado a p esar de que la Real Audiencia de L im a
había sancionado favorablemente las reclamaciones del mi sioner o sob re aplicar un
mejor trato a los natur a les. El posicionamiento d e la Real Audiencia en favor de fra y
Gil, pudo ser el detonante de l a s medidas qu e se tom a rían desde el Consejo de Indias,
principalmente respe c to a la sustitución de García Hurtado de M endoza como
gobernador d e Chil e . Finalmente, Andrés Hu rtado de Mendoza, Virre y del P e rú, fue
sustituido por Die g o López de Zúñiga, y su hijo, García Hurtado de Mendoza, fue
también reempla zado por Francisco de Villagra, ínti mo amig o de fra y Gil
103
.
Con las decisiones tomadas por la C orona , suponemos que fra y Gil sintió un
gran alivio y una pequeña victoria persona l, con res pecto a su defensa de los naturales .
Tras la toma del pode r de su amigo F ra ncisco de Villagra, Gil esperab a que juntos
pudieran implementar sus medidas de buen trato hacia los naturales y con ell o lleg ar a la
paz que tanto nece sitaba e l Reino de Chile, desde su punto de vista
104
.
La p rimera disposición t omada en este sentido, fue la liberación de to dos los
prisioneros de g uerra; es te acto de buena voluntad se esperaba que fuera la antesala de
unos parla mentos que llegarán a acuerdos de paz entre españoles e indí g enas del pu eblo
mapuche. Esta acción se llevó a cabo en C a ñete en 1561, ante la aparienci a de que el
plan diseña do por fra y Gil iba bien, este acto de buena fe por p arte de los e spañoles, fue
interpretado por los mapuche, como un claro síntoma de debilidad, por lo que
decidieron sublevarse. El fracaso de la iniciativa del gobernador junto con su amigo fra y
103
Medina, Miguel Ángel, Orden de los Pred icadores o Dom i nicos. Real Acade m ia de la H istoria. Fray
Gil Op. C it.
104
Ibídem.
64 | P á g i n a
Gil, provocó que el Teni ente del Gob e rnador, el li c enciado Juan de H errera, tomara el
mando de las operaciones militares. Herr e ra , contaba con el a po y o de los encomenderos
y otras pe rsona lidades importantes del reino, más proclive a aplicar l a estrategia
ofensiva en la guerra, c onde nando a mue rte y a la pérdida de sus bienes a todos los
alzados en armas. Gil a vista de los acontecimientos, pidió retirarse a Santiag o, lejos del
ejército, donde comenzó a predi c ar en 1562 en contra de las accione s desarrolladas en
las provinc ias de Arauco y Tucapel, c on el fin de crear consciencia sobre el pe rjuicio de
la guerra. Estas predicaciones y su continuo hostigamiento a los en c omen deros, le llevó
a tener que ha c er frente a un juicio por herejía. E sta quer ella en contra de fra y Gil, fu e
interpuesta en 1563 por el canóni g o y vica rio de la catedral de Santia g o d e C hile,
Antonio de Molina. Este mismo año, 1563, fue nombrado primer obispo de Santiago el
también dominico Rodrig o González de Marmolejo, que encarg ó a fr ay Gil la toma de
posesión de su diócesis. Envuelto en tantos procesos, fra y Gil decidió retirarse al Perú,
donde se le pierde la pista, y p robablemente y como reconoce el investiga dor d e la
orden de los p re dicado res, Mig uel Án g el Medina, pudo acabar sus días en el convento
del Rosario de Lima
105
.
2.1.-Cartas de fray Gil Gonz á lez a los ministros y pre sidente del Consejo d e I ndias
Este breve rec orrido por la vida del dominico, fray Gil González de San Nicolás,
nos a y udará a contex tu aliz a r el análisis que re a li zare mos a continuación de las dos
cartas enviadas, una al Consejo de Indias y otra al Virre y Andrés Hurtado de Mendoza.
Además, inda g aremos en su procesamiento como supuesto hereje, c on el fin de
identificar, entre otr as cosas, los partidarios de finaliz ar la guerra de Arauco de forma
pacífica o violenta. El primer documento en el que nos de tendremos es una carta
enviada al presidente y los mi nistros del C onse jo de Indias, fechada el 2 6 de abril de
1559, en la que fray Gil denuncia los excesos comet idos por el gobernador García
Hurtado de Mendoza, hecho qu e resultó clave a la hor a d e la sustit uc ión y juicio de
residencia del gobernador. El segundo do cumento está fechado en 1563 y se ti tula
“Relación d e los agra vios que los indi os de Chile padecen”, d onde Gil continúa
relatando los excesos cometidos por los españoles, en los siguiente s términos:
105
Ibídem.
65 | P á g i n a
“…los m i sm os i ndios se ha tornado a alzar y han m uer to los españ oles que han podido,
por v engarse de los agravio s y violencia s que cont inuam ent e les hacen (…) y esc ogerán
antes morir que volver a l a miserable servidum br e y vejaciones que sirviendo padecían
y padecen (…) y l os indios tienen justicia en defenderse y ampararse de las fuerz a que
les hacen, y repe lerla con otra fuerza, si pudiesen son las crueldades que al pres ente los
españoles usan con ellos tan inhumanas y fuera de t erm ino, que claram ente van los
españoles con t r a el evangelio”
106
.
Como se desprende de este extracto, fray Gil justifica la viol e ncia ejercid a por
los mapuche , ya qu e según éste las veja ciones y abusos eran excesivos, ante los cual e s
solo se podía r esponder sublevándose y enfrentándose a los e spañoles. El primer
documento firmado por fra y Gil, fec h ado el 26 de abril de 1559, será sobre el que más
nos detendremos, y a q ue desde nuestro parecer y a vista de los acontecimientos
posteriores, pudo ser fun damenta l para la sustit ución del gobernador García Hurtado d e
Mendoza por Francisco de Villagra .
Fray Gil comienza su relato describiendo las a cc iones r e alizadas por Ga rcí a
Hurtado de Mendoza a s u llegada al Reino de Ch ile y también las del franciscano Juan
Gallegos y del lic e nciado Vallejos, que iba a Chile en calidad de visitador de la iglesia.
Según señ ala Gil, García buscó el consejo de cómo enfrentar se a los problemas q ue
tenía su nueva g obernación, centra do prin cipalmente en el modo de enfrentar la
persistente gue rra de Arauco
107
. A su llegada a Coquimbo, según relata fray Gil,
aconsejó que no fuese a la “tierra de los indios”, y que se dirigiera a S a ntiago, para
solucionar los problemas desd e la ciudad, “llamando a paz a los n atura les ”, y aboliendo
la servidumbre que t anto aquejaba a los indígenas
108
. El joven gobernador desoyó los
consejos del r elig ioso y se dirigió directamente a Concepción, para come nzar con las
acciones mi litar es. Esta decisión se g ún fra y Gil, fue consecuencia de los consejos del
franc iscano Juan Gallegos y del licenciado Herna ndo d e Santillán, abiertamente
conocidos por su idea de ter minar el conflicto hispano-mapuche mediante la fuerza.
106
Fragmento de texto tomado de la s “ Colección de Documentos I n éd itos para la H istoria d e Chile”, de
Toribio Medina, copiado en el trabajo de in vesti g ac ión del autor Víctor Estivales Sánchez, titulado,
“Influencias del p ensamiento de Francisco de Victo ria en F ray Gil González d e San Nico lás, defensor d e
los indios” Med in a, José T oribio. CDIHCh. Op. Cit. Tomo XXVIII ., p. 276.
107
Medina, José Torib io. Colección de documen tos inéditos para la historia de Chile (CDIHCh). Tomo
XXVIII. San tiago de C h ile: Imprenta Elze viriana, 1901 , p. 276.
108
Ibídem.
66 | P á g i n a
El primer contacto c on el pueblo mapuche por parte de las fuerzas de Hurtado de
Mendoza se produjo cuando salieron de Concepción, deso y endo nuevamente los
consejos de fray Gil, el cual desc ribe el encuentro en los siguientes términos:
“…si el goberna dor pecó en pas a rse a tierra firm e, Jesu cris to pecó en hacer se hom bre.
De allí a no sé qué días vino un principal de aquell a comarca en son de paz, y por
consejo de l Licenciado San t i l lá n y fray Juan Ga llegos l o prendieron, y no bastó deci r le s
que ponían un escándalo sobre otr o, y que, aunque fue se espía, le tratasen bien y le
convidasen con la paz y le m ostrase las fuerzas de nuestro f ue rt e para que no osase
venir, antes creo que en volver yo por l os indios los dañaba porque se hac ía todo al
revés. En fin vinieron sobre el fuerte unos indiezuelo s y los sold ados m ataron los que
pudieron del los, sin tener lástima que enviab an al infi erno a los que venían a predic ar,
antes hubo quien dec ía que era la más lind a caza del mundo tirarle con los
arcabuces”
109
.
Este suceso marcó para siempre la relación de fray Gil con el gobernador y los
otros consejeros, y a que había sido ninguneado en varias ocasiones, provocando desde
su punto de vista muertes innecesa rias y más de personas que iban en son de paz. La
respuesta del religioso dominico ante estos sucesos, f ue advertir a los solda dos de que
los excesos que estaban cometiendo les poní a n en situación de pecado m ortal, con l a
espera nza de que los ex c esos remitiesen. Estas prédicas en contra d e la guerra, tuvieron
respuesta por parte del gobernador, incapaz de re prender al reli g ioso por sus soflamas,
le dio licencia para que abandonara el campo de b atalla y se marchara a S antiag o, cosa
que fray Gil aceptó de inmediato
110
.
Ante el modo de predicar de fra y Gil, contrario a la guerra, fray Juan Gallegos,
hizo lo propi o hablando de lo “justo de la g ue rr a a los indios” tras la partida del
dominico. Santillán que hasta ese momento s e h a bía mantenido en un se g undo plano,
repre ndió públicamente a fra y Gil por sus ideas, deslegitimando ante todos los mandos
del ejército sus palabras
111
. P or otro lado, a partir de este momento se comenz ó a forjar
la imagen d e cruel con la que pasaría a la histori a García Hurtado d e Mendoza y que,
del mi smo modo, sembraría la semill a de la enemistad entre los mapuches y los
españoles, infranquea bl e a lo largo de la segunda mitad del siglo XVI.
109
Medina, J osé To ribi o. CDIHCh. Op. Cit., T om o XXVI II, p . 277.
110
Ibídem.
111
Ibídem, p. 279.
67 | P á g i n a
En este punto cree mos que es preciso detenernos para hacer unas aclaraciones
sobre la figura de fray Gil González de San Nicolás, principalmente en lo referente a su
forma de pensar; este mi sioner o se había formado en la Universidad de Salamanca,
siendo discípulo del maestro Francisco de Vitoria, conocido por defender el li bre
albedrío, padre de las le y es internac ionales y los derec hos humanos
112
. Esta concepción ,
iba en contra claramente de la idea de im pone r l a reli g ión por la fuerza que se estaba
aplicando en la América española. Como recoge Víctor Estivales Sánchez, en su traba jo
de investigac ión sobre la re lación entre fra y Gil y Vitoria, este último planteó sus ideas
en una serie de “títulos justos” y “títulos injustos” que impartía en sus clases. Estos
títulos son los siguientes:
Títulos I njustos:
- El empera dor no es el señor del mundo.
- L a donación pontifici a no es válida por cuanto el papa no puede dar tierras a
nadie, solo puede, y de be fome ntar la e van gelización.
- L a no aceptación de la fe cristiana no es suficient e para h acer la guerra a l os
indígena s.
- L as práctica s antinatura les de los indios solo los hace perder la gracia, no sus
bienes.
- El sometimi e nto de los indios al requerimiento de Palacios Rubio , no es
válido cua nto no tienen l os na turales libertad para escoger, y no saben lo que
están haciendo.
- Dios no ha donado la tierra a los castellanos, toda vez que la ti erra ya ti ene
legítimos dueños.
Títulos Justos:
- Siendo propiedad, según las connotaciones con qu e la seg unda escolástica lo
reviste, un derecho soci al: si una n ac ión no ut iliz a sus bienes, entonces es
lí cito que otros lo hagan.
112
El der ech o natural es una doctrina ética y jurídica que post ula la existencia d e derechos f undam entado s
o determinados en la naturaleza humana. Pro pug na la exi stencia de u n co n j unto d e derec h o s un iversale s,
anteriores, superio res e independientes al d erecho escrito, al der echo p ositiv o y al der ech o
consuetudinario. Reconocido en la actualidad co m o el padr e del Der ech o Internacional y los Derec h o s
Humanos por la ONU.
68 | P á g i n a
- L os cristianos están obligados a prop agar la fe y no a apoderarse de l os
bienes de los indios. Aun si se ni egan a s er evangelizados, la guerra no es
lícita.
- Es lícito que los españo les defiendan, incluso con las armas, a los indios
convertidos al cristianismo.
- Si la nación se ha convertido al cristianismo, mas no así su monarca, el
pontífice puede deponerlo o colocar a un monar c a cristiano.
- Es lí c it o defender a los indígenas contra el mon arc a que pretende realizar
práctica s inhumanas con ellos.
- L os indígenas pueden elegir a su monar c a libremente, pudiendo recaer la
elecc ión sobre el monarca castellano.
- Castilla puede celebrar tratados con los indí g ena s y , si son ataca dos, puede
defenderlos, sobre la base de que todos los pueblos son ig uales en libertad y
derec ho
113
Enumerados todos los títulos teorizados por Fran cisco de Vitoria, nos se rá más
fácil entender del porqué de l a oposición de fray Gil a la guerra contra los indígenas.
Para éste, los mapuc he eran li bre s de aceptar o no el ca tolicismo, y por lo tanto la guerr a
que promovían los castellanos y al g unos religiosos como Juan Galleg os eran il e gítimas.
Dicho lo cual, sobre los principios por los que se regía fr ay Gil, este continuó sus
denuncias ante lo que su modo de ver era una guerra injusta. Escribió al Virre y , para
que llamase al orde n al licenciado Santillán y r e aliz a se el trabajo que había ido a hacer a
Chile, tasar a lo s natura les para la protección de é stos. Al mismo ti e mpo Santillán y
Juan Galleg os, h a cían l o propio al Virre y , den unc iando a fra y Gil por su modo de
predicar y contravenir las instrucciones dadas por él
114
. Como recoge fr ay Gil en su
carta al C onse jo d e I ndia s, la contestación del Vir rey Andrés Hurtado de Mendoza no se
hizo espera r, argumentando, que a tesón de la sit uac ión que vivía el Rein o de C hile, la
estrategia más acertada era el sometimiento de los naturales, con estas palabras
“…Chile es tierra nue v a y que es menester sirvan ahora los indios…”. De esta
reflexión realizada por e l Virre y , vemos claramente el apo y o a las acciones llevadas a
cabo por su hijo el gobernador García Hurtado de Mendoza, y las ideas promovidas por
113
Esquivel Sánc hez, Víctor. Influencia del pensamiento de F r ancisco de Vito r ia en Fray Gil Go nzález
de Sa n Nicolás, defen sor de los indios . Univ er sidad de San ti ago de Chile.
114
Medina, J osé To ribi o. CDIHCh. Op. Cit., T om o XXVI II, p . 279.
69 | P á g i n a
Santillán y Juan Gallegos
115
. Fra y Gil comenta qu e este espald a razo a la estrategia del
gobernador, contraviene la evangelización de los naturales, y a q ue son utiliz a dos para
sacar oro de las minas y estos no cuentan con doctrinero, solo con capitán y guarda, que
someten a gra ndes abuso s a los naturales
116
.
A modo de rec apitulación, y para contextualizar los sucesos que acontecerán en
Santiago e n torno a la figura de fray Gil, éste tra s abandonar la Corte del gobernador en
Concepción, se dirig e a Santiago con intenc ión de embarc ars e pa ra Lima, pero es
retenido por los vecinos para que éste fundase un convento en dicha ciudad. Por la
aclamación de los v ec inos santiaguinos, fra y Gil, se mantuvo en el R e ino de Chile, y
fundo el convento de Nuestra Seño ra d e l Rosario, en un solar donado por Juan de
Esquivel, que tomo el hábito posteriormente
117
. Cuando finalizó la fundac ión de éste, e l
licenciado Santillán y Juan Gallegos, ll e garon a Santiago tras finalizar la campaña a nual
en la provincia de Arauco. Juan Ga llegos al v e r como pre dicab a fray Gi l e n contra de la
guerra y a favor de r estituir las p érdidas materiales de los naturales, comenzó a
co ntradecir las pr e dica c iones de é ste, tratando de desacreditarlo públicamente y por lo
tanto, justificando la g uerra en el sur del Reino
118
.
Estos enfrentamientos no hicieron más que aum entar , afectando directamente a
las decisiones sobre la c rea ción del futuro obisp ado de Santiago y la designación de un
prelado. En este moment o, volvere mos a ver com o de sde las elites virre inales, trat a n de
tener en las principales posiciones de cada región, p e rsonas afines, para que no
surgieses voces contrarias a las estrateg ias polí tico-militares, controlando de este modo
los cuatro poderes del Reino; político, militar, económico y eclesiástico.
Dicho lo cual, y como se desprende del relato de fra y Gil, el dominico narra un
suceso que paso en torn o a las bulas p ara el no mbra miento de un vica rio general del
Reino de Chile. Según Gil, él había visto unas bulas firmadas por e l Papá, que
contradecían las que en Santiago se le y eron, que d e cían lo siguiente:
“Trujeron allí un t rasunto d e trasunto de l a b ul a del S antísimo Sacram ent o, y por q ue yo
dije que yo había visto una der og at o ria del Papa en que declar aba que era su voluntad
que por t r as un to de t ra sunto no se publicasen perdon e s ni ganasen, hacen a un clérigo
115
Ibídem.
116
Ibídem, p. 280.
117
Errázuriz, Crec en te . Lo s Oríg enes de la Iglesia… Op. Cit., p . 98.
118
Medina, J osé To ribi o. CDIHCh. Op. Cit., T om o XXVI II, p . 281.
70 | P á g i n a
que est aba allí por vicario que me publique por descomulg ado, de donde se si g ui ó en
toda la ciud ad grande es cá n dalo”
119
Según relata fra y Gil, l a lectura de estas bulas , no tenía otro obj etivo que
excomulgarle para desacreditarle po r sus sermones contrarios al conflicto en el Reino de
Chile. Esta amenaza de ex c omunión no sería la última a la que se tendría que enfrentar
fray Gil. Pese a esto, fra y Gil seria confirm a do en el cargo de Vicario General de la
Nación en 1561 tras haber sido nombrado en 1557
120
Ante esta difícil situación, fra y Gil escribió al Rey , pidi e ndo que fuese él el que
nombrase al nu evo prelado, y a que era el legítimo para nomb rar di chos cargos en favor
del Patronato R ea l. Fray Juan Gallegos, escribi ó igua lment e , indi c ando que era
innecesario tal nombramiento del nuevo prelado, y a que un funcionario podía hacer esta
función, e n concreto el li cenc iado Vallejo, que se encontraba en el arzobispado de Lima
tratando todos los temas tocantes al Reino de Chil e
121
. Va llejo abogaba por no dividir la
diócesis y crear una nueva para Santiag o, pret e ndía que este territorio continuases
ligado directamente al a rzobispado de L im a . Todas estas acciones fueron favorecidas
por García Hurtado de Mendoza, incluso Vallejo a instancia d el gobernador, propuso la
excomunión del electo como obispo de Santiago y los clérigos que le acompañaba n
122
.
Santillán por su lado, puso su punto de mira en las acciones llevadas a cabo por f r ay Gil.
Lo primero que hiz o a su ll e gada a S a ntiago, fue pr ende r a dos clérigos que se
encontraban en el recién crea do conv e nto de los dominicos. L a siguiente m e dida tomada
por S a ntillán, fue expulsar a los frailes de las casas que ocupaban en S antiag o. Se g ún
fray Gil, estas casas habían sido entregadas por el c orregido r de Santiago para la
instalación de la orden de los predicadores, pe ro para Santill á n estas estancias tenían
que ser devueltas a sus dueños, despojando de este modo a los fra iles de sus aposentos
en Santiag o
123
. Santillán no contento con este duro cerco a l as acciones de fray Gil y de
los domi nicos en Santi ago, también les despojo de una “ Chacaras”
124
que habían
pertenecido a Pedro de Va ldivia y que se habían cedido a los fr ailes para poder sustentar
su conve nto. Santillán también ordeno que si los frailes osa ban entrar en estos terre nos
119
Ibídem.
120
Errázuriz, Crec en te. Lo s Orí g enes de la Iglesia … Op. Cit., p . 99.
121
Medina, J osé To ribi o. CDIHCh. Op. Cit., T om o XXVI II, p . 281.
122
Ibídem.
123
Ibídem, p. 282.
124
Peq u eña finca rural dotad a de v ivienda y terreno para el cultivo y la crianza d e animales domésticos.
71 | P á g i n a
fueses apedreados
125
. L a c arta de fra y Gil conclu ye con un alegato sobr e su inocencia
frente a todos los carg os y denuncias que sobre él se habían rea lizado en los siguientes
términos:
“Bien sé que han d e decir contr a mí, pues en pr e sencia m e han impuesto muchas cosas ;
lo que suplico es que ni a mí ni a ellos se de crédito, si no a quien mejor probase, que
aparejado estoy a dar bastante información de todo lo dicho, y de otras cosas harto más
m alsonante, que cayó por no dar m ás fas tid io. Si entendie r e sirvo en inform ar de
semejantes negocios, dellos y de todo lo dem ás que t ocan t e a indios suced i es es daré
siempre aviso a V. A., cuyo glorioso estado y m u y alto poder Nuestro Señor si e mpre
sustente para servicio suyo y amparo desta su n uev a Iglesia. Am en. – En la ciudad de los
Reyes, v ei nte y seis de abri l de m il quin ientos cincuen ta y nueve. Fray G il González de
San Nicolás”
126
2.2.-Proceso por here jía de fray Gil González de San Nicolás
Para entend e r el proceso por herejía al que se vio someti do fra y Gil tenemos que
reca pitular brevemente l os sucesos previos al momento del tal juicio. Tras las cartas
anteriormente a nalizadas y los datos que tene mos sobre la vida del dominico, la
situación en el Reino de Chile comenzaba a cambiar, es decir , se produce un cambio en
el gobierno, Francisco de Villagra sustitu y e a G a rcía Hurtado de M e ndoz a . C omo ya
hemos comentado anteriormente, las noticias sobre García Hurtado de Mendoza,
comenzaban a alert a r al Consejo de I ndias, pri ncipalmente por la crueld ad que est e
empleaba c ontra los natu ra les de Chile. El padre de Ga rcía, el virr ey Andrés Hurtado de
Mendoza, también sería sustituido, principalmente por sus enfrentamientos con los
oidores de la Real Audiencia de L im a, por sus ex c esos en el ejercicio del poder y su
alianza con los principales encomenderos del virreinato. Tenemos que tener en cuenta
que en estos momentos (deda da de 1550 aproximadamente), las ó rde nes de la Corona
iban en contra de los de se os de los encomenderos, y más tras la promulgación y l e nta
aplicación de las Ley e s Nueva s (20 de noviembre1542). Con todo esto, las quejas sobre
la relación entre padre e hijo (virre y y gobernador de Chile) iban en aumento, con fra y
Gil como uno de los principales críticos. Según éste, el padr e nunc a se opon ía a las
decisiones del hijo y vi ceversa.
125
Medina, J osé To ribi o. CDIHCh. Op. Cit., T om o XXVI II, p . 282.
126
Ibídem, p. 283.
72 | P á g i n a
El Virre y Andrés Hurtado de Mendoza, sería sustituido el 15 de diciembre de
1558 por Diego López de Zúñiga, también conoc ido como el conde d e N ieva , é ste no
haría efectivo este c ambio hasta el 17 de abril de 1561. El conde de Nieva, adquiriría
también el cargo d e presidente de l a Real Audiencia además d e los cargos propios del
Virrey. Por su parte, G a rcía Hu rta do de Mendoz a , fue sustituido por Francisco de
Villagra en 1561. Garc ía se tuvo que enfre ntar a un duro ju icio de residen cia, en el que
se le acusaba de casi do scientos cargos, d e los que salió culpable en cien to noventa y
seis. L as principales acu sa ciones estaban relacionadas con el maltrato a los natura les , a
los soldados y la arbitrar ia entrega d e en c omiend as que realizo dur a nte su g obierno d el
Reino de Chile.
Una vez contextualiz ada la situación en la que s e encontra ba, tanto el Virr e inato
como el Re ino de Chi le, comenzó su gobier no Francisco de Villagra. Villagra era ami g o
de fra y Gil, y en cierta medida estaba de acuerdo con los principios antibelicistas que
pregonaba e l domi nico. En 1561, como y a hemos mencionado anteriormente en el
recorrido por la vida de fray Gil, Villagra a instancia del dominico, decide poner en
libertar a todos los cautiv os de guerra en Cañete. Esta acción que busca ba establecer las
bases de una nueva rel ación entre los contendientes de la dilatada gue rra de A rauc o,
resulto contraria a las pretensiones de los españo les. Tra s la liberación de los cautivos,
este gesto fue interpretado por los mapuche, co mo una señal de debilidad, provocando
todo lo contrario a las expectativas puestas en el plan de fra y Gil, una rebelión gene ral
contra los españoles.
Con este fracaso, los partidarios de la guerra ofens iva, encontraban el argumento
perfecto para proseguir con esta estrategia. Las tesis defendidas por fra y Gil, quedaron
apartadas para siempre, incluso el propio Franc isco de Vill ag ra se vería pr ofunda mente
afec tado, y a que en esta rebelión perdería a su hijo, Pedro de Villag ra “El Mozo”, lo que
junto con su avanzad a edad supuso un duro golpe psicológico que le p ostraría en su
cama hasta el fin d e sus días
127
. Fra y Gil po r su p arte se retiró a Santiago, l e jos de los
campos de batalla, dond e continuó su predicación en contra de la guerra y lo ilegitimo
de hacer la guerr a a los n a turales.
127
Gó n gora y Mar m o lejo, A lo nso d e. Historia de todas las cos as que han acaecido en el reino d e Chile y
de lo s que lo han gob ernado . XXXVI. De cómo Francisco d e Villagra envió su hijo P e d r o de Villagra a
desbaratar un fuerte en compañía del licenciado Alta m irano, que era su maestre de ca m po, y de lo qu e en
la jo rn ada le sucedió .
79 | P á g i n a
-Siem pr e que se m e p ida por escrito y yo esté obli gado a hace r lo, repuso entonces
Paredes, os lo m ostrare.
-¿ Para qué quiere Vmd., añadió entonces Hurtad o, dar l ug ar a que el padre fray Gil
tome j u ez conservador, si n o que , pues ha proced i do Vmd. como juez ordina r io y l os
autos del pr oc es o han sid o públicos y está ya sentenciado, porque no lo m ues tra, si
después, aunque n o quiera lo ha de hacer?
Rogándoselo entonces las dem ás per son as que estaban pr es entes, Paredes expre só:
-No puedo m ostrar los autos porq ue no se v e el dicho de un test igo.
-Cual, le preg unto Frías. ¿ El de Don D iego?
-Sí, concluyo Paredes, y entrándose luego en su aposento salió trayendo el proceso .
Dirigiéndose en seg uida a (fray G il) González .
-Padre fray Gil: por vida vuestra qu e os quitéis desos enojos y pas ion es , porque, cierto,
es mentira todo lo que os van a decir, y no deis lugar a mentiras ni chism erías; porque ,
si bien os acordáis, me dijisteis en la plaza que Marm olej o y Rodrigo de Escobar os
habían dicho que Alonso de Escobar dec ía que no quería oír l o m oral para qu e veáis
cuan falso e s, ved aquí sus dos dichos en l a sum arísima inform aci ón.
Y viendo que (fray Gil) González se manifestaba sorprend ido de l o que iba leyendo,
continuó:
-Pues hagoos saber, padre fray Gil, que a sí es todo lo demás que dicen que hay contra
Vmd.”
145
El encuentro prosiguió junt o con la conversac ión, y como bien recoge Toribio
Medina, el escribano, Juan Hurtado, continúo le y endo la sentenc ia en contra de Alonso
de Escobar:
“… y este t e stigo, cuenta el escribano, tomo el dicho proceso y lo hojeo y hal lo un
escripto que le parece ser la ladra de un Pedro de Pad i l l a que enseña a leer muchachos
en esta ciudad, y este testig o lo ley ó públicamente en alta voz , de suerte que lo oyeron
los circundan t es …en el cual escripto a es te testigo le parece que se alega y dice quel
padre fray Gil ha dicho y predicado quel Papa no tiene poder en estas partes en lo
espiritual y temporal, y que S. M. del Rey Nuestro Señor era tirano, y que sus vas al los
145
Medina, J osé To ribio. Historia del San to Tribunal de la Inquisición … Op. Cit., p . 26 .
80 | P á g i n a
no eran obligados a obedec er a é l ni a sus m inistros, y ot ra s cosas d e que e ste testi go no
se acuerda b i en… ”
146
Este testim onio es clave para entender el origen y las motivaciones para iniciar
el proceso contra fra y Gi l. Como hemos podido constatar, el dominico era abiertame nt e
desfavorable sob re las acciones contra los n aturales y lo justa de la contienda, esto
comenzó a levantar los ánimos de los que aboga b an por la continuación de una guerra
de carácter ofensivo. Alonso de Escobar personifica esta tendencia más belicista, por lo
que la querella por h erejía, no era m ás que una excusa para t ra tar de d ejar fuera del
tablero de juego a un rel ig ioso de tanta importancia dentro de la sociedad del Reino de
Chile. Fray Gil nunca se mostró dócil frente a los más poderosos, pregonando
abiertamente en cont ra de estos. En el caso de Alonso de Escobar, fray Gil le acusa
desde el pulpito de ladrón, y este a su vez difu nde palabras atribuidas a l dominico en
contra de la Corona y la Iglesia, con el fin de argumentar el proceso por h ere jí a . Como
veremos a continuación, el proceso no hizo más que dilatarse, afectando a personajes
como J uan J ufre (alca lde y regidor en varias oc asiones de S a nti a go, Alférez Real en
1556 y represéntate ante la R e al Audiencia de Concepción en 1568) o el propio obispo
de Santiag o, Rodrigo Gonz á lez de Marmolejos.
El proceso continuó con la querella presentada por fra y Gil contra el antiguo
juez de la causa, el pad re Paredes, el cual, según Gil había obrado abiertamente en
contra su y a en el juicio, saltándose el papel de persona imparcia l que debía tener un
juez. Gil arg umentaba que Parede s había ace pta do declaraciones abierta mente falsas e
interesada s. El nuevo juez conservador, fra y Cr istóbal de Rabanera, in media tamente
tomo testimonio nuevamente a Alonso de Escobar, con el fin d e ver s i las acusaciones
vertidas por fray Gil sobre el antiguo juez era n ciertas.
Tras la toma d e testimonio a Escobar, el día 19 de septiembre pres e ntaba un
escrito en el que se retractaba frontalmente de las supuestas acusac iones que había
hecho sobr e f ray Gil . E n concreto R a banera, pregunto a Escobar si era cierto qu e se
había pronunciado en los siguientes términos:
“Preguntado si e s verdad que este confesant e ha dicho y publicado quel inventor de la
secta luterana fue fraile dom inico y esta y las demás inf a m ias contenid as en el dicho
escripto e interr ogatorio contra el d icho fray Gil lo d ijo est e confe sa n te en su dicho e
146
Ibídem, p. 27.
81 | P á g i n a
confesión que le fue t om ada por el dicho m aestro Pare des preg untándole si había dicho
las palabras que fue acusado por el fis cal, dijo que l no ha dicho n i pub licado que f ra i l es
de Santo Domingo haya sido inventor de la secta luterana; más de qu e l e parece que con
el enojo que e st a ba, por haber d i cho el p adre fray Gil que le castigas en por lute r an o, dijo
quel era luterano y que de su hábito salió Lu tero, m as no por ha cer determ i nadam ente ni
de hecho pensado i n j u r i a al padre fr ay Gil ni a su Orden, y que si otra cosa algun a dijo,
que no se acuer da, que se rem it e a su confesión.
147
”
En este momento, Escobar pasa a un se g undo pl a no respecto a la ca usa contra
fray Gil, pasando a la primera línea el antiguo juez , P a redes. El mismo día que se
retractó Escobar, Paredes se presentó ante Rabanera para p re star declaración, en la que
sorprendentemente dijo que él se había posi c ionado de lado de fray Gil, y que solo
había admitido el escrito contra Gil por su condición de juez, a pesar de saber que e ra
falso
148
. Días después, Paredes, continuaba defendiendo sus tesis respecto al escrito que
le ha bía causado el enj uicia mi e nto, diciendo que él solo lo había acept ado porque
pensaba qu e era solo como parte de l a defensa d e Escobar y no contra la figura de fray
Gil.
Otros protagonistas del proceso, como son J ua n de Es c obedo (letrado de
Escobar) , Juan Cuevas y Juan Bautista Pastene, hacían lo propio, retract á ndose de sus
testimonios favora bles a Escobar, ha ciendo hincapié en que los sermones de fra y Gil se
ceñían a la doctrina catól ica, sin ca e r e n nin guna p ráctica herética.
En este punto, y con todo lo comentado anteriormente, queda nueva mente
demostrado, como desde el círculo de personalidades favorables a continuar con la
guerra y lo justa d e esta contra los naturales, utilizan las herramientas legales a su
alcancé pa ra eliminar a sus enemigos. En este caso, las pruebas contr a fra y Gil, se
desmontaron rá pidamente, por lo que cambiaron las tornas entre acusados y acusadores.
Retomando la historia, y viendo como todos se retrac taban d e sus declara c iones
contra fra y Gil, solo quedaba d a r sentencia por parte de Rabanera y esta no se hizo
esperar.
“Fallo, decía el juez , atentos los autos y m ér itos, que debo de decl arar y declaró por
impertinent e, y, en consecu encia, por ninguno de t odo lo articulado contra el padr e fray
Gil Gonz ález de San Nicolás, por el interrogatorio presen tado por Alonso de Escobar,
147
Ibídem , p . 28 .
148
Ibídem.
82 | P á g i n a
en l a ca í da que por este dicho proceso parece haberse tratado contra él, que es lo
contenido en l a s egunda y tercera preg unta del dicho interrogatorio ; y todo lo de puesto y
declarado, sobre l a s dich as preg untas, por los testigos pr esen t ado s y examinados en l a
dicha causa, y, como tal, im pertinente e n inguno mando sea testado e tildado en el dicho
proceso; e asim ismo decl aró haber i n currido en excomunión mayor el maestro
Francisco de Paredes, visita dor , juez que f ue en la dicha causa, por se haber entrem et ido
en inquirir y hacer info rmación y probanzas con tra el dicho padre fray Gil, en caso de
inquisición, si e ndo, com o es, en el dicho caso exento de jurisdicc ión e i nm ediato a Su
Santidad, por privileg ios e i ndu ltos apostól i cos, a las Ó r denes y religiones dellas
concedidos por los Sumos Pontífices, e habida consideración a la satisfacc i ón dada en
esta d i ch a cau sa el dich o padre f r ay Gil por e l dicho maest ro Francisco de Par edes y por
el licenciado Escobedo , e por Alonso de Escobar e Jua n de Cuevas e el capitán Juan
Bautista de Pastene, e quel dicho padre fray Gil se desistió e aparto de la dicha su
querella: absuelvo e doy por li b re a todos l os susodichos e a cada uno del l os della y de
lo que contiene, e asimismo a Ag ust ín Briseño, notari o: condenando como condeno, en
las costas en esta cause e proceso j u stas e derecham ente f ech as, cuya tasación en mi
reservo, al dicho maestro Francisco de Paredes, v i si tador e juez susodicho, e al
licenciado Juan de Escob edo, por iguales partes, ansi en las del nota rio de la dicha causa
como en las del as e sor que en ella he tenido, del cual declaró haber tenido necesidad
para la pros ecución e determ inac ión de ella, y por esta mi sentencia definitiva jugando,
ansi lo pronun ci o y mando en estos escritos y por ellos.
149
”
Del fa ll o se desprende q ue A lonso de Escobar no había sido más que un peón e n
el tablero de las luchas de poder dentro del R e ino de C hile, en el qu e el padre fray Gil
aparece como el rival a tumbar cueste lo que cueste. Alonso de Escobar no pasaba de
ser un mero fi g urante e n la trama, en la que tras este fallo quedo claro que detrás de
éste, estaban personas tan im porta ntes como J uan Bautista Pastene o el propio juez
Paredes. Este proceso pudo terminar con esta s e ntencia de R a bane ra , p ero no hizo más
que dilatarse, y adquiriendo unas dimensiones que afectaran a una gran cantidad de
personalidade s.
El proceso contra fra y Gil continuó, con el r ecurso presentado por P a r edes, no
conforme con la sentencia dictada por Rabanera. Dicho lo cual, y co mo ya hemos
adelantado, lo que com enzó co mo un juicio por una posible prá c tica h e rética en el
Reino de Chile, desatará una guerra d e poder, por el control eclesiástico e n Santiag o y
149
Ibídem, p.3 1.
83 | P á g i n a
por lo tanto en todo el territorio. Todo comenzó de nuevo el 9 de enero de 1563, en la
iglesia de San Francisco de Santia g o, donde fra y Cristóbal de Rabanera, d elante de una
gran multitud de vecinos, declar aba que de nuevo había aceptado el cargo d e juez
conserva dor, ante una nueva causa contra fra y Gil por here jía. Esta vez la querella iba a
ser presentada por fray A ntonio del Campo, fraile de los dominicos y amigo de fra y Gil.
Este, consci e nte d e las informac iones y acusaciones que el li c enci a do Antonio de
Molina
150
, vicario de Santiag o, est aba r e aliz ando contra fra y Gil, testifico ante Raba nera
para iniciar el proceso. Antonio del Campo, argumenta su d enunc ia en l os siguientes
términos:
“…ha dicho que el dicho fray Gil había dicho en cierta disputa y serm ones
proposicione s heréticas, en que le i m porta e ha impuesto falsos testim onios, y le ha
hecho grave y at roz inju ria e manifiesta, y demás desto en escriptos y platica s, le han
llamado y llaman here je, en gran ofensa suya y de la d icha nuestra Orden, y asim i s mo el
dicho licen ciado ha hecho información con t ra el dicho fr ay Gil…
151
”
La acusación esta vez sobre fra y Gil, no viene más que a c onti nua r con la
argumentac ión esgrimida anteriormente, añadiendo en este caso, el p erjuicio q ue estas
acusac iones pasadas habían hecho sobre la orden domi nica y la propia f ig ura de fray
Gil, y todo esto a pesar de haber salido libre y sin condena de los dos procesos
anteriore s. Dicho lo cu a l y a tesón d el testimonio de Campo sobre las de c laraciones del
licenciado Antonio de M olina, el desc redito sobre fray Gil había comenzado a calar en
la sociedad chilena, r efiriéndose a los improperios a los que e ra sometido por algunos
vecinos. Esta afir m ación es difícil de e sclarecer, pero podemos suponer y vist a la
importancia de algunos de los encausados en el anterior proceso, que extendieran la idea
de que fra y Gil era un hereje entre sus más afines, con el descredito popular que esto
supondría. Campo continuó su denuncia en los siguientes términos:
“…vino el dicho licenciado Molina con ciertos cléri gos a prender al dicho fray Gil,
sobre hecho pensado, y le puso espías para ello, y no pudiendo efectuar su i n tención,
pidió y a perseverado en pedir ayuda a la j u sticia real, para prender al dicho fray Gil, y
estas y semejantes inj u rias notorias persevera e l dicho licenc i ado Molina contra el dicho
fray Gil: por tanto pido y requiero a V. R. que habida e sta m i quer e l l a por verdade r a o l a
parte que dell a baste, decla re por su senten ci a defin itiv a, al dicho licenciado Molina y a
150
Roa y Ursúa, Luis de. El Rey no de Chile … Op. Cit. , p . 383.
151
Medina, J osé To ribi o. Historia del Santo Tribu n a l de la Inquisició n … Op. Cit., p . 34.
84 | P á g i n a
todos los demás que se hallasen culpados en las dichas injurias, infam ias y falsos
testimonios y atrevim ient o s…
152
”
Rabanera no dilato más la situación y comenzó con el pro c eso nombrando por
asesor letrado al licenciado Hernando Bravo, para que comenzase a recabar la
información necesaria para el inicio del juicio; a P e dro Ser ra no como notario apostólico,
y po r últim o a J uan J ufre le solicitó que no se ausentase de la ciudad como primera
autoridad de Santiago. Campo continuó con su fiera defensa de f ray G il, instando al
juez que declarase por excomulgado al licenciado Molina, al licenciado Escobedo por
su re lación c on Molina y a otros tres clérigos, Cristóbal de Molina, Juan He rnández y el
padre Andrés Roca, que fueron los que se personaron para apresar a fray Gil
153
. La
solicitud de excomunión de Campo continua con los notar ios de Molina, Me rlo y
Estrada, y dos d e los h erma nos del d enunc iado , Cosme y Gerónimo de Molina, que
junto a los clérigos, anteriormente mencionados, también acudieron armados a prender a
fray Gil
154
.
El 11 de enero de 1564 Rabanera llamo a declarar ante él a Antonio de Molina,
el cual no se pr e sentó, si no que envió a su n otario, el cual había sido amenazado por
Molina, en el caso de declar a r contra él o a favor de fray Gil, con el tribunal de la Santa
Inquisición. Este d esplante de Molina ante el juez, estaba justificado porq ue Rabanera,
el juez, había sido excomulgado por el mi smo
155
. Molina mientras tanto, preparaba su
defensa ante la querella por injurias. Sobre esta d efe nsa tenemos c onstancia gracias a la
declaración de J ua n Jufre ante el juez Rabanera, sobre las cuales y como veremos a
continuación se extiende la d uda de la sospecha de ser pruebas falsas o preparadas
contra fray Gil. Juan Jufre relata ante Rabanera lo siguiente:
“…Molina fue a su posada deste declar ante (Juan Jufre), con ciertos papeles que decía
ser información contra el padre fray Gil Gonz ál ez de San Ni colás, en l os cua l es
escriptos o probanzas ley ó ciertos dichos de testigos, sin los nombres, por lo cual
parecía haber hecho información contra el dicho f ray Gil, sob re cie rtas cosas que en una
porfía y debate había dich o y de otra palabra o palabras que e n un sermón había dicho,
las cuales di j o este t es t ig o que eran propus i c iones, la una del l as, heré tica, que era que
152
Ibídem , p . 35 .
153
Ibídem.
154
Ibídem , p . 36 .
155
Ibídem.
85 | P á g i n a
los hijos se cond enaban eternalm ent e por los pecados de lo s pa d res , y otras escan dal os as
y m al sonan tes…
156
”
Como se deprende del te stimonio de Juan J ufre, las prueb a s que iba a presentar
Molina, cuanto menos e ra n sospechosas de ser falsas a ser presentadas sin firmantes.
Además, cuanto menos es curioso que en un proceso donde Molina era el acus a do,
basase su defensa en un ataque contra fra y Gil . Antonio de Moli na tomo n ue vamente la
iniciativa de ca ra a sus v ec ino y dif amando públicamente la figura de fray Gil, colga ndo
en la puerta de la iglesia Ma y or unos panfle tos en los que declaraba que f ray Gil estaba
excomulgado
157
. Gil acudió rápidamente a R a banera pidiendo que s e retirasen esta s
calumnias de la pue rta del templo, a lo qu e ac udió Juan J ufr e por mandato del juez .
Nuevamente vemos como los enemigos de fray Gil actuaban d e cara a la so c iedad,
tratando de desacreditar al dominico públicamente . T ras la retirada de este primer ca rtel,
al día siguiente Molina volvió a colocar un nuevo escrito en el que se podía leer:
“…nonig o Juez e vicario e inquisidor…ag o e su j u r i sdicción por m uy… señor…red es ,
arcediano, visitador e vicari o g eneral de p… po r los muy Magcos. E m uy Rdos. Señore s
deán e cabil do de la Santa…de la c iudad de la Plata, etc. hag o sa…es o fieles cristianos,
vecinos e moradores, estan tes e habit antes en esta dicha ciudad de Santiago e su distrito,
como el padre fray Gil Gonz ál ez de San Nicol á s, v i c ario provincial de la orden de Santo
Dom ingo, de est a dicha ciudad de Santiago, cometió cierto crimen de herejía, por lo
cual, conforme a derecho, esta excom ul g ado el di c ho padr e fray Gil, y par a avisar a los
fieles c ristianos qu e le envitasen, q ue no l e oyesen misa en serm ón, ni tratasen co n él en
público ni en secr eto, n i en otra manera alguna, por los inconvenientes e daño que podí a
nacer en las anim as de lo s fieles, de comunicar y tratar al dicho fray Gil, yo mande lee r
un ed ito e fijallo en una puert a de la igles ia m ayor de est a ciudad para el dicho ef ecto, y
esta noche próxim a pas ada vino el dicho fray Gil y el general Juan J u fr e , ofreciendo
favor e ayuda, como j us ticia m ayor que es de es ta ciudad, con mucha gente e mano
armada, con grande alboroto y escándalo, a quebrantar la iglesi a parroquial de esta
ciudad e rom per el dicho edito, com o en efecto lo rom pi ero n…
158
”
El documento continúa re latando los sucesos a c ontecidos en la puerta de la
iglesia Ma y or y la disputa que se organizó para retirar el edicto colocado por el padre
Molina. La reyerta había sobrepasado la línea d e la viol e ncia físic a, por lo que Molina
instó a sus seguidore s a prender a fra y Gil por hereje. Por su p arte C a mpo, defensor de
156
Ibídem, p. 37.
157
Ibídem, p. 39.
158
Ibídem, p. 40.
86 | P á g i n a
fray Gil, pidió al jue z que decre tase la prisi ón para Antonio de Molina, incluso
acudiendo a las instituciones civiles, y a que se gún éste se había ex tra limitado de sus
competencias, y estas comenzaban a ame na zar los poderes re a les por tal
desobediencia
159
. Rabanera no tardaría en tom a r c artas en e l asunto a tesón del ca riz qu e
comenzaban a ten er los acontecimientos, decretando inmediatamente la excomunión de
Molina, pidiendo nueva mente ayuda a Juan J ufr e para que colgase los edictos
corre spondientes e n las puertas de las iglesias de San Francisco, la Merc ed , S a nto
Domingo y otros lugares públicos.
Los seguidores de Antonio de Molina se hicieron fuerte en torno a la iglesia
May or, donde Molina se encontraba recluido. A este lugar acudier on dos franciscanos a
notificarle con un notario las dispo sicione s dictadas por Raba ner a , pero Mo lina a rrebato
los papeles al notario, invitándoles a que s e marchasen del lugar so pen a de
excomunión. Molina con ti nuó con su cruzada contra fra y Gil, colgando todos los días
escritos tildándolo de hereje, los c uales eran retirados inmediata mente por J uan J ufr e, a l
que estas a c ciones l e costaron la excomunión por parte d e Molina. J ufre por su parte
advirtió a Molina de que su causa estab a p e rdida ante la justicia, y le proponía como
única solución factible, la huida de la ciudad. R abanera reclamaba otra vez la prisión de
Molina, la cual finalmen te se produjo cuando J ufr e acudió a su casa dond e lo detuvo y
lo condujo a la ca sa de lo s dominicos pa ra que pudiese continuar el proce so.
Finalmente, el 15 de ene ro de 1564, Rabanera comenzab a a tomar declaración a
Molina. El reo, lejos d e retractarse, continuó co n su discurso en contra de fray Gil,
acusándolo abier tamente de herejía. La a rgumentación de Molina se centraba en torno a
la tesis, de qu e fra y Gil, predicaba qu e los hijos de los es pañoles que habían hecho la
gu e rr a a los pobladores o rig ina rios, heredarían sus pec a dos y por lo tanto las desgracias
de los padres. Rabanera al final de la declarac i ón, añadió a pie de página una de las
acusac iones más graves que se habían producido en el proceso contra Molina, y no era
más que el h aber dic ho misa estado excom ulg ado o fic ialmente por el propio
Rabanera
160
.
El día 17 de ese mismo mes y t ra s la comparecencia de Molina ante el juez,
Alonso de Escobar y Pedro de Miranda abon a ban la fian za impuesta a Molina, saliendo
éste en libertad con l a p rome sa de pedir disculpas públicamente a fra y Gil. El día 20,
159
Ibídem.
160
Ibídem, p. 42.
87 | P á g i n a
Rabanera tuvo que or de nar al nuevo obisp o de Santiago, Rodrigo González
Marmolejos, que evitase que Antonio de Molina diese misa, nombrando en su lu ga r a
Cristóbal de Molina, y a que el encausado llevando dos días en libertad aún no había
solicitado el perdona de fra y Gil
161
. El obispo hizo oídos sordos y Cristóbal de Molina
se ne g ó a dar misa, a pesar de ser amenazado con la excomunión y un a multa de mi l
pesos.
Por su parte fray Gil, acudía ante Rabanera pa ra p restar declaración y defenderse
de las acusaciones realizadas p or Molina. Gil, además, presentó como sus testigos a
personas tan insignes como J uan Jufre, Alonso de Córdoba o Die g o Ga rcía de Cácere s,
los que se mantuvieron en la línea de la d ec laración del que re ll a nte. Molina conocedor
de estas declaraciones, comenzó a poner en duda la legitimidad de R a banera como juez
conserva dor y de todos los testigos presentados por fray Gil. En vist a a la def e n sa
encarnizada que estaba realizando Moli na , s e produjo un importante giro de los
acontec imientos. Ha sta este momento los dominicos habían sido pa rtidarios de Molina y
de su causa contr a el p rovincial de la orden, fra y Gil, entre los partidarios de Moli na se
encontraba el mi smísimo obispo de Santiago, Ro drig o González Marmolejo, dominico
también. Pero después d e que Molina atacase directamente a personas co mo Juan Jufre,
los miembros de la Orden de los Predicadores, co menzaron a darle la espa lda a Molina
que se empezaba a queda r solo e n la causa
162
.
Molina viendo que se queda ba aislado, aumento la dur e za de sus ata que s,
ordenando al notario Sánchez de Merlo, que ley e se en la puerta de la iglesia de sus
nuevos mandamientos, en los que excomulgaba a el juez Raba nera y a Juan de Jufre
entre otras personas. Esto no hiz o más que a ligerar el proceso que se vení a sig uiendo en
esas fechas (principios de 1564), en el qu e el juez Rabanera dicto el fallo definitivo del
caso, expresado en los siguiente s términos:
“ Fallo, atentos los méritos del, que fray Gil González de San Nicolás m ost r o y probo su
querella, y así haber el licenc i ado Antonio de Molina, contra quien se querel l o, ido
contra los privi l eg i os e indultos apostólicos, que como a tal fraile que es de la orden d e
los predicadores le son con ce did os por los Sum os Pontífices Rom anos, presentados en
esta cau sa, inqu iriendo y habiendo, com o parescia haber fe cho el d icho lice nci ad o
Molina, información contra el dicho fray Gil y haberle querido prend er y asimismo
161
Ibídem, p. 49.
162
Ibídem, p. 53.
88 | P á g i n a
haberle difamado y notori amente injuriado, llamándole públicam ente de hereje y de
haber dicho proposicion es her é ticas, dudosas y escandalosas y m al sonantes, y de
descomulg ado, no estando el susodicho por el j u ez del dicho fray Gil, determ inado,
denunciado y dec l arado co mo de derecho se requier e: en cuya consecuencia, d eclaró por
descomulg ado al dicho licenciado Molina por la culpa que contra el resulta deste
proceso, por razón de lo susodicho de descomunión mayor, y por supuest o del oficio y
beneficio que al presente tiene, y por inhábil p ara poder t en er otro, ni usarl e ni e j erce rle
de aquí ade l an te, confo r m ándose co n los dichos indultos e privilegios apostólicos, y con
las pen as de ellos estatuidas, impuestas y det e rminadas (…) po r razón de l a dicha culpa,
a quel dom ingo primero sig uient e de la pronunciac i ó n desta mi sen tencia, en l a i g lesia
m ayor desta ciudad de Santiago (…) la cual mando se lea públicam ente en la
iglesia…
163
”
Con esta sentencia se es pera ba que terminase este dilatado proceso, pe ro nada
más lejos de la realidad. Molina fue requerido a que entregase las llaves de la i g lesia
May or, donde el domi ng o si g uiente a la sentencia, se le y ó por parte de l Obispo
Marmolejo, el dictamen del juez al completo. M olina abandono sus aposentos y pidió
asilo en el convento de la Merced, donde redac to allí el siguiente mandamiento:
“El licenciado Antonio de Molina, canón igo, j uez e vicario desta ciudad de Santiago
(…) los des comulg ados son los siguientes:
Fray Cristóba l de Rabanera Alonso de Villadieg o
Fray Juan d e la Torre Jua n d e la P eña
Fray Gil Gonz ález de San Nicolás Céspedes, escri bano
Fray Tom é Bernal G er ón imo Bravo, alg uac i l
Pedro de Mesa Pedro Martín, alguacil
Don Rodrigo G onzález, Obispo el e ct o Lisperguer
Melchor de Ay al a, cl é rigo J uan G ait án
Juan Jufre, teni ente de gobernado r Rodrigo J ufr e
Diego Jufre El licenciad o Bravo
Don Gonz ál ez Ronquillo Pedro Serrano
163
Ibídem, p. 57.
95 | P á g i n a
resumidas cuentas, era u n paso previo a la formación de las mona rquía s absolutas, las
cuales, en estos momentos, y más en con creto la española, estaba en su etapa
embrionaria
173
. La Corona española a inicios d e l siglo XVI estaba necesitada de entrada
de rentas, y más teniendo en cuenta el p roc eso de reformas inte rna s p ara el paso de
monarquía feudal a monarquía absoluta. El elemento fundamental para instaurar un
poder absoluto en un te rritorio, e s la formac ión d e una ejercito estatal, con el cual poder
tener el monopolio de la violencia y el control de la sociedad. La empr e sa de conquista
america na fue eje c utada por la iniciativa privad a , la cual llegaba a un acuerdo con la
Corona mediante las capitulaciones, para repartir las competencias sobre el territorio a
conquistar. La “ hueste”, denominación de los grupos de españoles qu e actuaron en estas
empresas de conquista, adquirían mediante las ca pitulaciones, competenc ias para
repartir las enc omienda s entre sus miembros. La Corona conseguía ampliar sus
territorios y por lo tanto la entrada efectiva de rentas que le a y udab an a continuar el
camino hacia una monarquía absoluta.
En el caso concreto que nos atañe, la encomienda en Améri c a, fu e la solu ción a
la falta de recompensa pecuniaria para las empresas privadas, que actuaron en la
conquista de los nuevos territorios americanos para la Corona española. En su orige n el
sistema conto con bastante solvencia, puesto que los encomenderos, tenían la
responsabilidad de mant ener sus encomiendas, y por lo tanto del territorio, bajo el pode r
de la Corona. Como bien de scribe Jara, los beneficiar ios de los repartimientos, tenían la
obligac ión de p restar ser vicio mi litar dentro de la s jurisdicciones a la que pertenecía su
territorio, e incluso, c omo es el caso del Reino de Chile, más allá de estas
demarcaciones
174
. Además, también era competencia de estos conquistadores, la
evangelización d e las pe rsona s que se les encomendaba. El beneficio obtenido por los
encomenderos e ra b astante suculento, y a que le pertenecía todo lo que produjese su
territorio, e n especial los frutos de la explotación minera. La obligac ión que estos tenían
con la Corona les llevaba a entregar a la Corona el Quinto R e al, es decir, la quinta parte
de todo lo extraído de sus explotaciones mineras. Las encomienda s o re partic iones de
indios, a inicios de la conquista, se volviero n tremendamente cotizadas por los
conquistadores, y a que la posesión de estas, le permitía acumular, en la may oría de los
casos, grandes fortunas. Por otro lado, los naturales encomendados, tenía que retribuir
con su trabajo en el caso de no poder pagar los tributos establecidos, esto se denominó
173
Jara, Á lvaro . Guerra y So cied ad … Op. Cit., p. 17 .
174
Ibídem, p. 19.
96 | P á g i n a
Servicio Personal. Este s ervicio, suponía la esclavitud en la práctica d e los naturales, y
un ca mpo donde los trabajos for zados y excesos de los españoles fue algo rec urrente. El
sistema del Servicio Personal, supuso a la larga que la Corona actuase contra los
encomenderos, puesto que, por culpa de estas prácticas abusivas, la p oblac ión indíge na
comenzó a desce nder, d emog ráficamente hablando, de una forma estrepitosa.
El sistema de la encomienda, como ya h emos mencionado anteriormente,
produjo en el seno de los españoles graves enfr entamientos por la posesión de estos.
Ejemplo de estos conflictos, fueron las sucesivas guerras civiles y subl e vaciones contra
la C orona a lo larg o de las décadas de 1540 y 1550 en el Perú. El resultado de estos
excesos y choques, fue la promulgación de las Leye s Nuevas en 1542. Esta nueva
legislac ión sobr e las e ncomiendas, ve nía a t ratar de poner límites a estas prácticas
abusivas, principalmente la del Servicio Personal. Otra problemática que trataría de
solucionar fue la tr asmisión de los repa rtimientos de padres a hij os, limitando a solo una
ge neración le tenencia d e estas, pa ra volver, una vez fallec ido el encomendero o dejada
la posesión, a la Corona.
Una vez llegados a e ste punto, nos c entraremos en el análisis de la institución en
el Reino de C hile, para poder analizar las consecuencias que tuvo el funcionamiento y
accionar tanto de la s encomi e ndas como de los encomenderos en el territorio chileno.
Pedro de Valdivia era un encomendero más en el Perú, el cual contaba con
grandes posesiones, a las que tuvo a c ceso precisamente tr as la g uerra civil entre
Francisco P izarro y Diego de Almagro. Valdivia desempeño un im porta nt e papel como
maestre de c a mpo de Pizarro, siendo el encargado de vencer a Alma gro en la batalla de
las Salinas e l 6 d e abril de 1538. Gracias a los servicios prestados en el bando
pizarristas, se le entregaron estos repartimientos dentro de los cuales conta ba con minas
de plata y una gran cantidad de mano de obra indígena. Con su llega da a C hile, Valdivia
siguió las prácticas comunes en toda la América española, repartiendo el territorio entre
los miembros de su hueste. Al respecto de e sto, Jara, comenta lo siguiente;
“Gracias a esta expansión de l a conquista iniciada por Valdivia y continuada por sus
sucesores con la colaborac i ón de un num ero apreciable de soldados que habían sido
atraídos por lo s premios que s e podrían derivar de la empresa, se estableció en el
territorio la dominación del Estado español, que ocupo por cons iguiente en C hile su
97 | P á g i n a
lugar a través de l os intereses privados y no como r esu ltado de la utilización de los
recurso de aqu el
175
”
Nosotros estamos compl e tamente de acuerdo con esta afirmación realizada por
Jara, la empresa de con quista del Reino de Chile fue totalmente privada, pero como
veremos más adelante, por ciertas circunstancias, Chile pasara a ser una región
deficitaria respecto a lo q ue proveía para la Corona.
La importancia de los encomenderos y l os grupos de poder que generaron a su
alrededor, condicionaron las estra tegias y polí ticas que articularon la vida de la sociedad
chilena e n el si g lo XV I . De repartir las encomi e ndas entre los participantes en la
conquista del territorio l leva das a cabo en un principio, se pasaría a una selección d e
personas afines a los goberna dores, es de cir, elección de nuevos encomenderos sin
méritos en el campo de batalla. Esta pr á ctica s erá habit ual ya desde el gobierno de
García Hurtado de M endoza y seguido por los demás gobernadores que le sustituirán,
Francisco de Villagra , Pedro de Villagra, Melchor Bravo se Sar a via, Rodrigo de
Quiroga, Martín Ruiz de Gamboa, Alonso d e Sotomayor y , por último, Martín García
Oñez de Loyola. Todos estos dirigentes del Rein o de Chile, estarán condicionados por
las decisiones que tenían que tomar para controlar a los encomenderos, es decir, todas
sus decisiones de gobierno depende rán del apo y o o no que recibirán po r parte de los
encomenderos. C a da uno de ellos con sus peculiaridade s, tratarán de manejar e l tema en
beneficio propio, como por ejemplo en el caso del gobierno d e Melchor Bravo d e
Saravia, el cual sustituiría a gran parte d e los encomenderos viejo por los funcionarios
reales que llegaban a C hile y era afines a él. Estos a pesar de no tener méritos en la
conquista, obtendr án encomi e ndas, así Sara via se g a ra ntiz aba el control de un se ctor tan
influye nte como el de los encomenderos y por consiguiente también el de los cabildos
de las ciudades. El proceso de sustitución de los encomenderos viejo, no en todos l os
casos será forzoso, aparecería otro sistema menos traumático, como e s el de los
denominados “chapetones
176
”. En el caso de Chile, e ra n muchas las encomie n das que se
encontraban en manos de viudas d e los conquistadores, por lo estragos de la guerra de
Arauco entre la hueste es pa ñola, por lo que desde el gobierno de Saravia, se promoverá
el casamiento de recién l legados al t e rritorio y afines a éste, con est as viu das tenedoras
175
Ibídem , p . 21 .
176
Chapetones. Calificati v o dado los individuos que se casab an con las vi u das tenedoras de p rebendas
(enco m iendas en e ste caso).
98 | P á g i n a
de encomiendas
177
. De este modo, se sustit u ía de un modo más pacífico a los viej os
encomenderos por nue vos, normalmente familiares y amigos de los funcionarios re al es.
A partir del siguiente capítulo de esta tesis doct oral, entraremos a analizar en
profundidad, estos proc esos que desde nuestro p unto de vista son clave para entender
todos los sucesos que se vivieron en el Reino de Chile hasta fines del si g lo XV I . Las
primeras reparticiones s e realizaron por el propio Pedro de Valdivia, como ya hemos
comentado, éste beneficio a 132 de los 150 de sus ac ompañantes en la conquista. Como
bien estudio Tha y er Oje da
178
, muchos d e estos encomenderos, alcanzarían los puesto
más importantes del territ orio con el paso del tiempo, como puede ser por ejem plo el
propio Rodrigo de Quiroga, que a su muerte era u no de los enc omenderos más ricos d e
Chile.
De nuevo tenemos qu e recurrir a la obr a de Jara, donde se rec ogen los términos
legales en los que se entregaban l as encomiendas, esto nos ayudará a entender el origen
de otra de las problemát ica s que condicionarían el funcionamiento de la institución en
Chile, y no es más que las obligaciones mi litare s que la en treg a de los repartimientos
tenía. J uan Bautista P a stene, el cual ya h a aparecido en el epígrafe ant erior dentro del
proceso que vivió fra y Gil González de San Nicolás, recibió una encomienda en los
siguientes tér minos.
“…con tanto que seáis obligado a tener arm as y caballo y ade r ezar los caminos y
puentes reales que cayeren en los térm inos de los dichos vuestros caciqu es e indios o
cerca dellos, don de os fuere m andad por la justicia cupi er e e n suerte…
179
”
De este ex tra cto se desprende la obligación de mantener y mejor a r las
capacidades militares del encomendero, ade má s de las líneas de comunica ción que
estuvieran dentro de la j urisdicción de l a encomienda . De estas obligaciones, sur g iría n
problemas y más aun con las peculiaridades del Reino de Chile. Dicho lo cua l tenemos
que tener en cuenta q ue las encomiendas estaban concebidas para desarrollar su
actividad en una región pacificada por una conquista previa, a partir de la cual comenzar
con el desarrollo económico de éstas. En Chile, y más en concreto en la segunda mitad
del sig lo XVI, la guerra fue un constante, puesto que la conquista absoluta , c omo tal, no
177
AGI Chile, 3 14. Medina, J os é Toribio . Colección de Documentos Inéditos para la Histo ria de Chile
(CDIHCh). T om o II, Segunda Serie. Santiago de Chile: F ondo Histórico y Bibliográfic o J . T. Medina,
1957 . p. 4 71.
178
Jara, Á lvaro . Guerra y Socieda d … Op. Cit., p . 22.
179
Ibídem, p. 23.
99 | P á g i n a
se llegó a producir. Los encomenderos recurrentemente eran el motor de este conflicto,
y los en c argados de apor tar hombres y rec ursos al prexistente conflicto de Arauco. Lo
que en un principio no suponía un problema, puesto que la lle g ad a de castellan o en
busca de grandes rec ompensas fue lent a pero constante, a la lar g a como veremos,
supuso una clara divi sión entre los p ropios españoles. Desde la década de 1570 y en
adelante, las quejas d e los encomende ros d e l norte del reino (La Serena y Santiago)
fueron en aumento, y siempre referidas al esfuer zo bélico para tr a tar d e someter a los
naturales del sur de l reino. L os encomenderos de l sur reclamarían la lle g ad a de ay uda s y
socorros, tanto desde el norte de la propia r eg ión chilena como desd e el Virreinato del
Perú.
A continuación, y tras expli c ar brevemente cómo funcionaba y como se instauró
el sistema de los repartimientos o encomiendas en el Reino de C hile, an alizaremos los
diferentes grupos de po der que estos formarían para luchar y defender sus propios
intereses.
3.2- L os grupos de poder de los encomenderos y sus moti va ciones
Los encomenderos en el Reino de Chile, en la seg und a mitad d e l si g lo XV I ,
lucharon y defendieron sus intere ses como y a había sucedido en la d écada de 1540 en el
Virreinato del Perú. En el caso que no atañe, en Chil e , los enc omenderos estaban lejos
de formar un grupo sóli do y monolítico, conformaba n pequeños grupos, n o exclu y entes
los unos de los otros, es decir, no ex isten bando como tal. L a filiación a estos se reduce
a motivos comunes, como la proximidad territorial o la oposi c ión o no a continuar con
el conflicto en el sur de la región. Además de l os encomenderos divididos en norte y
sur, aparecen los encomenderos viejos y nuevos, que también auna ran fuerzas para
conseguir sus objetivos, c omo la perpetuidad fa mi liar de los repartimientos, o su
derec ho a poseer encomiendas a pesar de no tener méritos de guerra.
100 | P á g i n a
Esquema 4. D ivisión in terna dentro de la sociedad d e los encomend eros en el R eino de
Chile, en la segund a mitad del sig l o X VI.
Una vez introducido e l tema, nos asaltan los siguientes interrogantes, ¿Qué
buscaban los encomenderos del norte en detrimento de los intereses de l os del sur? O
¿Por qué y cuando sur gier on las disputas entre encomen deros nuevos y viejos? L as
cuestiones son sumamente complejas, p ero son claves a l a hor a de la explicación y
argumentac ión de est a tesis doctoral y su principa l hipótesis, “La historia del poder en el
Reino de Chile y como este oscilo a lo larg o del siglo XV I entre bandos, agrupados en
los partidarios de lo pú blico contra los favorables de lo priv ado” . Com o decimos es
esencial esta e xplicación, puesto que las tendencias a las que hacemos re ferencias y que
condicionaron la vida ta nto social, como políti ca o militar del Reino d e Chile en la
segunda mitad d e l si g lo XV I, son estas, las representadas por los enco mende ros. La
influencia que tendr á n estos grupos sobre los dife re ntes gobernadore s fue clave, y a que
tenemos que tener en cuenta, que en estos mom e ntos el monopolio de la violencia lo
ejercían los encomenderos, por lo que en la práctica tenía el poder de f a cto sobre Chile.
A continuación, e ntrar emos a desgranar los intereses d e cada grupo, y sobre que
gobernadores influ y eron y de la man era que lo hicieron. De nuevo nos gustaría
puntualizar que las mo tivaciones no e ra n ex c lu y entes las unas d e la s otras, esta
agrupac ión la h emos realiz ado gracias a las pautas de conducta repetitivas que se vieron
101 | P á g i n a
en la segunda mi tad del siglo XVI, y que son clave en la argumenta ción de esta tesis
doctoral.
Entendemos como encomenderos del norte, a los encomenderos que tenían sus
repartimientos de indios en la zona norte del R e ino de Chile, desde el rio Maule hasta la
jurisdicción de La Serena. La característica de es ta re g ión es la relativa p a z que vivi ó a
lo largo del siglo XV I . Estas reparticiones comprendían las que pertenecían a las
ciudades de Santiago, La S e rena, y en cierta medida a la de Concepción , aunque esta
como veremos más adelante tiene sus peculiaridades propias . El estado de tranquilidad,
en c ontrapunto a l estado en el que se e ncontraban las encomiendas de l sur, a causa de la
constante guerra de Arauco, propicio el paulatino desarrollo económico de éstas. Esta
posición situó a éstas, en el centro de las principales disputas entre los castellanos, y a
que la posesión de uno d e estas repartic ion es garantiz aba al agraciado in g resos de forma
rápida. Por otro lado, la economía de estas encomiendas se fue modificando a lo largo
del siglo XV I , de un a pr oduc ción centrada en la extracción de metales p rec iosos en los
lavaderos de o ro, en l a década de 1540,1550, a una de carácter agropec u ario.
Demográficamente h a blando, fueron las q ue sufrieron un ma y or descenso poblacional
indígena , y a que las condiciones en las que desarrol laron sus trabajos dentro de éstas,
era d e semi - esclavitud, t eniendo como consecuencia directa el d ec live d e mográfico de
la reg ión. Este acontecimiento poblacional se vio agravado por el ma y or contacto de los
naturales con los espa ñoles, los cuales tenían más probabilidades de contraer las
enfermedade s propias de los europeos, que no hizo más que agravar la s ituación. La
caída en el número de naturales encomendados fue el origen del principal argumento
esgrimido por este grupo, los cuales presionaban a los gobernadores para busc a r una
solución al problema. L a solución se encontró en la guerra de Arauco, la c ua l comenzó
a servir de p retexto para trasladar forzosamente población del sur al n orte para ser
empleados en las encomiendas norteñas. L a g ue rra de Arau co que en un principio se vio
como una solución al p roblema demográfico del norte del reino, a la lar ga se vio como
un problema, y a que como he mos comentado anteriormente, los en c omenderos tenían la
responsabilidad de proveer a las huestes que anualmente s e dirigían al sur. El desgaste
tanto económico, como también poblacional, ya que muchos de los amerindios
auxiliares provenían d e estas en comie ndas, provoco que, a finales d el s ig lo XVI, se
comenzaran a plantear otros escenarios, como la creación de una fr ontera estable
mantenida por las rentas reales, y la declaración de los mapuches como esclavos. Los
102 | P á g i n a
gobernadores que se pos icionaron f a vorables a estas demandas principalmente son dos,
Melchor Bravo de Saravia (1565 -1575) y Alon so de S otomay or (1583 -1592). Tanto
Saravia como Sotom ay or se apoyaron en es tos encomenderos, escuchando sus
demandas y actuando de forma favorable a éstos . A partir del capítulo II de esta tesis
doctoral analizaremos las actuaciones de Bravo de Saravia, y en e l capítulo II I, a Alonso
de Sotoma y or, lo cual no s a y udara a contextualiz a r la situación en la que goberna ros los
dos, además de argumentar porque lo situamos jun to a este g rupo de poder.
Los encomenderos viejos corresponden como d efinic ión, a l a primera hueste
llega da a C hile bajo el mando de Pedro de Valdivia. Dicho lo cual, este quizás sea el
grupo de menor import anc ia, por la dism inución paulatina d e sus posibles adeptos.
Tenemos que tener en cuenta que estos castellanos para l a década d e 1570 habían
fallecido en su m ay oría y los que no, h a bían regre sado a España. El de nomi na dor
común de los encomenderos que situamos en este grupo, son la entrega de las
encomiendas en perpetuidad, para ser heredadas de padres a hijos, algo que a partir de
1542 tras las Leye s Nue va s quedaba proh ibido. La aplicación de esta nueva le g isla c ión
fue lax a , y a que se permitió la transmisión de estas una generación. A pesar de esta
pequeña concesión, las reclamaciones continuaron y aún más vie ndo que con la llegada
de los funcionarios r ea l es a p a rtir d e la décad a de 1560, se les desposeía de sus
repartimientos en beneficio de los recién llegados. Otro punto en común l o situamos en
el int e rés de continuar con la guerra de Arauco, hasta cons eg uir un a conquist a efectiva
del sur del R e ino de Chile. Esta argumentación residía en que muchos de las
encomiendas se encontraban al sur del rio Biobío, por lo que una der rota del enemig o
suponía el de sp egue económico de estos repartimientos. L os gobernadores que situamos
más cercanos a los encomenderos viejos, son los propios españoles que participaron
junto a Valdivia en las primeras ex pedicione s de conquista. Estos son Francisco de
Villagra, su sobrino y sucesor Pedro de Villagra, y Rodri g o de Quiro g a. L as figuras de
los dos primeros Villa g ra s, estaba condicionadas p or un estadio de guerra a bier ta, por lo
que estaba n ec esitados del apo y o de los encomenderos viejos pa ra continuar con la
guerra h asta la conquista final, que nunca se produjo. En el ca so de Rodrig o de Quiroga,
como veremos en el capítulo III , sus a c tuacion es están marcadas por la entrega de
encomiendas ex propia da s durante el gobierno de su antecesor, Saravia, y restablecidas
en sus primeros propietarios, los enc omenderos vi ejos. Dic ho lo cual, los encomenderos
nuevos suponen la antíte sis de los encomenderos viejos, y a que los primeros optaban a
103 | P á g i n a
poseer los repartimientos que tení a n los s egundos, por lo qu e la luch a por éstas ser á
encarnizada .
El primer contingente de los que denominamos “ e ncomenderos nuevos” era los
que llegaron al Reino de Chile en 1557 jun t o a l gobernador García Hurtado de
Mendoza. Mendoza a su ll e gada a Chil e y consciente de l a tensa situación que había tras
la muerte de Valdivia y las luchas internas entr e los capitanes del conquist a dor por
conseguir el gobierno, le llevo a tomar decisiones importantes respecto a la inst itució n
de la enc omienda. La primera decisión que tomo Hurtado de Mendoza, fue el
encarce lamiento de los dos capitanes que litigaban por el títul o de gobernador, los
capitanes, F ra n cisco de Villagra y Francisco de Aguirre, a los que recluyo en un barco
en el puerto de La Se re n a para s er enviados al Perú. Es en este momento en el que se
pronunció una de las frases más memorables entre los dos reos, seg ú n el cronista
Mariño de L obera, A g uir re , intimo enemigo de Villagra, le a g arr o de la mano en se ntido
amistoso y le dijo lo sig uiente:
“Mire vuestra merced, señor ge neral, que son las cosas del mundo, que ay er no
cabíamos los dos en un reino tan grande, y ho y nos hace don García caber e n una
tabla”
Esto no fue más que una declaración de intenciones, puesto que, tras descabezar
los dos principales grupos de poder del territorio chileno, fue degradando a sus
principales seguidores, despojándolos de sus encomiendas y entregándoselas a sus
allegados. Este es e l primero proc eso forzos o de sustitución de enc omenderos, llevado a
cabo por García Hurtado de Mendoza. En 1561 y t ras ser sustituido por Francisco de
Villagra, se restablecieron estas encomiendas en sus primeros en c omenderos. El
segundo proceso de sust itución y el c ual marco el resto del siglo XVI el Re ino de Chile,
fue el inaugurador con la implantación de la Real Audiencia en Concepción, y más en
concre to personificado en la figura de su presidente, Melchor Bra vo de Saravia. Saravia
promovió la sustitución tanto forzosa, c omo p acifica de los encomenderos viejos por los
nuevos, centrando su objetivo en las e ncomiendas más rentables, las situadas e n el no rte
del territorio chileno. Di c ho lo cual, Saravia a su llegada al Reino de C hile en 1565,
llevaba acompañándole una gran “corte” personal, a la cual coloco en puestos claves de
la administración, como por ejemplo como corregidores, para copar a sí, todos los
ámbitos de la sociedad. L a inst ituc ión de la encomienda no fue menos, el caso más
importante y en el qu e entraremos a analiza r profundamente en el capítulo II , es el
104 | P á g i n a
relacionado con su hijo R a mi riá ñez de Saravia. Ramiriáñez personifica la figura del
encomendero nuevo, alguien sin méritos militare s, con el único bag aj e que ser hij o de
Saravia, y tenedor de una de los mejores repartimientos del reino, la isla de
Maquewe
180
.
Tras esta breve introducción sobre los dos principales orígenes de los
“encomenderos nuevos”, hemos dejado entrever cuales eran sus motivantes, la
sustitución paulatina de los encomenderos viejos, y conseguir e l reconocimiento de
perpetuidad de estos repartimientos de indios. Como podemos deducir, los
“encomenderos nu evos” , tomaran el testi g o de l as demand a s de los “encomenderos
viejos”, principalmente sobre el tema de la perpe t uidad de las reparticiones. Respec to a
las demás demandas de los “encomenderos nuevos” tomaran como propias las de los del
norte, ya que el proceso de sustitución en las reparticiones se produjo, sobr e todo, en el
norte del Reino de Chile.
Ilustración 5 . Is la de M aquewe
181
.
Entendemos como enco mende ros del su r, a los encomenderos al sur del rio
Biobío, ge neralmente relacionado con el e spacio ge ográfico propio de las jurisdicciones
del obispado de La I mp erial. Estos castellanos residentes en el sur del Re ino de Chile,
tenían como demandas en común, la necesidad de terminar la conquista y en términos
180
Zavala Cepeda, José Ma n uel. Medianero Soto, Francisco J av ier. y Zeballos San Mig uel, Mirentxu.
“Maquegua (Maque w e) y sus habitantes en la Arauca n ía del siglo XVI: geop olítica y ec onomía aurí f er a
en los términos de la C iudad I m p erial de Chile”. Memoria America na. Cuadernos de Etn ohis toria. Vo l.
28, Núm. 1, Sección Etnohis toria, Instituto de Ciencias Antrop ológicas (ICA), Fac ultad d e Filosofía y
Letras (FF yL ), Universidad de Buenos A ires ( UBA), (202 0 ), 117 -138.
181
Ibídem.
111 | P á g i n a
eclesiástico donde ex isti eran dos diócesis considera ndo la configuración ge ográfica del
territorio
188
. En este sentido, el Papa Pío IV, el 18 de ma y o de 1561 en “ consistori o
público”, e rigió la diócesis en Santiago del Nuevo Extremo en la provincia de Chile
consagra da a la virgen María ; esta demar cación eclesiástica sería sufragánea de la
archidióce sis de Ciudad de los Reye s ( L ima) con Rodrigo González de Marmolejo
como primer obispo
189
. Posteriormente se p rodujo la funda c ión de una segunda diócesi s
más al sur, en La Imperial, el 22 de marzo de 15 63 por el Papa P a blo I V
190
. P or ello se
analizan las razones que ex plicaría n el enfrenta miento entre ambos obisp a dos por la
ostentación del poder religioso en e l territorio chileno, así como explicar qu e e sta
confrontación condicionó la vida social y política de la reg ión.
Como se argumenta a continuación, los citados obispados, entrarán en discorda ncia
desde el momento de la creación de l a diócesis d e L a Imperial; en to do caso, esta
situación no es singular en la época de estudio y a que en otras zonas ocurrieron
escenarios similares como por ejemplo, lo ocu rr ido entre el obispado de L im a y la
fundación de la nueva diócesis de Cuzco
191
.
4.1- La institución eclesiástica del obispado
Es preciso recordar que en esta época la implantación del poder real en Am é rica, ya
fuera eclesiástico o civil, van unidos. Así, la conquist a se desarrolló conjuntamente con
el proceso evangelizador, y ambas competencias dep endían del re y de la Monarquía
Hispana, puesto que es el que ostentaba el Patron ato reg io en el Nuevo Mundo
192
. Est a
aclaración es releva nte para entender la expansión de la i g lesia católica conjuntamente a
la militar-a dministrativa, sin e mbargo, se d a rán con fr ont aciones interna s dentro del
apara to eclesiástico por querer t e ner ma y o re s j urisdicc iones y por lo tanto mayores
rentas, a pesar d e saber que le g alment e tod a s las d e cisiones tendrían que s er
consensuada s con el pod e r político.
188
Errázuriz, Crescente. Los orígen es de la Iglesia… Op. Cit., p. 1 6 7.
189
Errázuriz, Crescente. Los orígen es de la Iglesia … Op. C it., p. 175.
190
Ibídem, p. 2 09.
191
Acosta, Antonio . Prá cticas colon iales… Op. Cit., p. 78.
192
Conjunto de privilegios ec lesiásticos e ntregados a la Co rona española p or el Papa J ulio II en 1508.
Estos privilegios correspondía n a: el envío y selecció n de los misioneros a América (b u la I nter caetera ,
1456), cob r o d el diezmo (bul a Eximiae d evotionis , 1501) , facultad para fijar y modif icar lí m ites de la s
diócesis en Am ér ica (bula Ulli us fulcite praesidio , 1504) y facultad para v etar la elección de arzobispados
u o bispados, así co m o del derecho de presentación (b ula Universalis ecclesia e , 1 508). Para m ás detalles
sobre el Patro n ato indiano ver Alberto de la Her a en El Reg io Patron ato Indiano, en su Iglesia y Coron a
en la A mérica Española, Madrid, 1992 .
112 | P á g i n a
En esta época la cr e aci ón de obispados se enmarca dentro de la ló gica de la
expansión del imperio español, siendo esta la prim e ra institución que se creaba pa ra
poder centralizar l as demarcaciones te rritoria les el pro c eso evangelizador. A su vez,
estas jurisdicciones e c lesiásticas dep e ndían dir ectamente de los arzobispados, en este
caso del Perú, pero el nombramiento de los prelados era re a lizado por las instituciones
políticas, dejando a los arzobispos como meros órga nos consultores, para resolver
decisiones puramente evangelizadoras o la consagración de los propios obisp os,
previamente designados. Así, la im porta ncia de los obispados es sumamente releva nt e
en el proceso evangelizador, puesto que son lo s más próximos a la realidad de sus
territorios.
Otro asunto que se debe considerar, es la relación de los actores eclesiásticos en la
vida social y económica de los territorios españoles. Ya desde la etapa antillana de la
conquista, estos personajes adquieren reparticiones de indios y otros privileg ios propios
de la vida civil, por lo q ue las luch as dentro d el seno de la ig lesia, no solo responden a
la lógica de obtener ma yore s diezmos p a ra sus ob ispados, sino también para el beneficio
propio de los prelados y sus cortes. En este sentid o, la pa rticipación de los relig iosos en
neg ocios fue ra d el ámbi to eclesiástico, fue cotidiano en todas las demarcaciones d el
virreinato del Pe rú
193
, siendo una forma de actuar que los sujetos que estaban en el
Reino de Chile. Aquí encontra mos otro mot ivo p ara justificar las luchas de poder por
los territorios diocesanos en beneficio propio de los actores evangelizadores.
4.2. Discusión sobre los orígenes de los dos obispados del R e ino de Chil e en el siglo
XVI, Santiago y L a I mp erial
En este apartado de la investigación nos centraremos en los interrog ant es sobre
el origen de las dos diócesis del Reino de Chile: Santiago y La I mp eria l. Este asunto que
a priori , puede parece r claro, especialmente en lo referente a cuál fue el primero en ser
erig ido, tras consultar las fuentes referentes al tema se nos prese ntan unas dudas
razonables sobre las que discutiremos con el objetivo de proponer un nuevo
planteamiento. Así, el tema sobre la c u al versará este epígrafe es responder a la pregunta
¿fue el obispado d e Sant iag o el primero en ser oficialmente sanc ionado, o fue el de La
Imperial?
Dicho lo cual, nuestro punto de partida, a la hora de acometer este estudio sobre
los oríge nes de la i g les ia en Chil e es la obra realizada por Crescente Errázuriz en
193
Acosta, Antonio. Prácticas colo niales … Op. C it., p. 65.
113 | P á g i n a
1873
194
. Como y a hemos p odido atestiguar en el epígrafe sob re el pro cesa miento com o
hereje en el que se vio envuelto fra y Gil Gon zález de San Nicolás, Errázuriz, solo
recoge una parte de la historia, la relacionada a lo s personajes que estaban en contr a d e
fray Gil. Como bien dic e Toribio Medina en su obra Tribunal del Santo Oficio de la
Inquisición en Chile , Errázuriz al referirse al proc e so de fra y Gil, solo hace referencia a
las acusaciones vertidas sobre el dominico por Antonio Molina, lo q ue nos da a
entender, coincidiendo c on Medina, que el autor de los Orígenes de la Iglesia en Chile ,
desconocía los documentos escritos por fr a y Gil en los que se de fendía de estas
acusac iones
195
. En este caso, los análisis e interpre taciones realizadas por Errázur iz
pueden estar condicionadas por el desconocimiento de muchos de los docum entos sobre
el pleito, lo que pone en tela de juicio pa rte de las conclusiones a las qu e llegó en su
estudio. Además de una visión extremadamente positivista, propia de finales del si glo
XIX, en la que se d aba n por sentado y ejecutados todos los dictámenes reales, algo que
en la actualidad se encuentra ampliamente superado, ya qu e lo que se recoge en los
documentos de la época, distaba mucho lo qu e verdaderamente se aplicaba en la
realidad. La a fir mación que realizamos sobre la obra de Errázuriz, y a la hiz o Toribio
Medina, por ello, solo nos tenemos que ir a la fecha de publicación de las obras de
ambos a utores pa ra en contrar el porqué de las a firmaciones de uno y del otro; Crescente
Errázuriz publicó su obra sobre los oríg enes de la iglesia en Chile e n 1873 , mientra s que
Medina por su parte, contemporáneo de Err á zuriz, es y a un autor del siglo XX, donde
con tot a l se g uridad pode mos ratificar que tuvo más acceso a los fondos documentales
ge nerados en el Reino de Chile en el siglo XV I , tanto los disponibles en Chile en ese
entonces como los del Archivo General de I ndias y S imanc as en España. A pesar d e
todo esto, Errázuriz sigue siendo un investi ga dor muy a ten er en cuenta, cuando aborda
temas relac ionados con e l ámbito ec lesiástico, puesto que, a pesar de algun os errores de
interpretación, nos ayuda a ponernos sobre varias pistas fundamentales para esclarecer
los sucesos del pasado.
Tras esta ex plica ción y entrando en nuestra cuestión en concreto sobre ¿qué
obispado comenzó a funcionar, oficialmente, primero e n el R e ino de Chil e ? vuelven a
194
Er rázuriz, Crescente. Lo s Orígenes d e la Iglesia Chilena. 154 0 - 1 603. Santiago: Imprenta del C orreo .
1873 .
195
Medina, J osé Toribio. Tr ibunal del Santo Oficio de la Inquisición en C hile . Santiago: Fo ndo Históric o
y Bibliográfico J . T. Medina, 195 2.
114 | P á g i n a
surgir dudas cuando cont ra stamos la obra de Erráz uriz y la recopilación d e documentos
de Toribio Medina. La pr imera incó g nita es sobre la fe ch a de e recc ión de los obispados.
El obispado de Santiago, formalmente se fundó, s e g ún E rrá zuriz, el 27 de enero
de 1557
196
, lo cual convertiría a la dióc e sis de Santiag o sin lu g ar a dudas en la primera
en fund a rse en el Reino de Chile en el si g lo X VI . Pero nuestras dudas surgen en el
momento en el que contr a stamos esta fecha con l a documenta ción recogida por Toribio
Medina en su tomo XXVIII d e la Colección de Documentos Inéditos para la Historia
de Chile
197
. En dicha recopilación, aparecen dos documentos que analizaremos a
continuación, que contra dice n claramente las disp osicione s en la cédula m encionada por
Errázuriz. Elías L iz ana, por su parte, s eñala e n su obra C olec ción de Documentos
Históricos del Archivo d el Arzobispado de Santi ago de Chile , dicha cédula, la cual no
es la de erecc ión del obis pado, sino la de propuest a de elección de Rodr i g o González de
Marmolejo como obispo
198
. Expuesto todo lo anterior las dudas sobr e la c édula fechad a
29 de enero de 1557, sea la que capacitaba a González a actuar como prelado son
relevantes. Para añadir más incertidumbre a continuación analizaremos dos do cumentos
fecha dos, uno e n 1556 y otro posterior a la fecha defendida por Errázuriz, (16 de
diciembre de 1557), en la que la figura de Rodrigo Gonz á lez de Marmolejo queda mu y
en e ntredicho pa ra optar a la posición de prelado de S a nti a go. También analizaremo s un
documento fechado el 6 de ab ril de 1560, en el que fray M artín de Robleda, es
designa do como obispo de Santiago. Esta elecció n no apare c e mencionada en la obra de
Errázuriz, siendo un nuevo argumento para pensar que desconocía muchos de los
documentos refere ntes a la iglesia de Chile del siglo XVI.
A modo de contex tual iz a ción, bien es cierto que el propio Pedro de Valdivia, y a
el 15 de enero de 1550 r e comendó a Rodri g o Go nzález como futuro obis po de una de
las dos diócesis, que según el conquistador debería de tener el Reino de Chile. Valdivia
se refiere a González en los sig uientes términos:
“… suplicam os mui hu m ildemente a V. M. ser servido, llegando que sea en su r ea l
presencia, l e m ande vuelve a estas parte s a le servir, mandándole nom brar a la dig nidad
episcopal destas provincias , haciéndole merced de su real cédu la, para que presentada
196
Errázuriz, Crescen te. Los O rígenes de la Iglesia… Op . Cit., p. 171.
197
Medina. J osé Toribio. C olección de Doc umento s Inéditos para la His toria de Ch ile . T om o XXVII I.
Santiago: I m prenta Elze viriana, 1901.
198
Lizana, Elías. Co lección de Docu mentos Históricos del Archivo d el Arzobispado de Santiago de Chile.
To m o II . Cedulario I. 1548 -1649. Santiago: I m prenta Chile, 1920 .
115 | P á g i n a
en el consistor i o a púb l i co, nuestro mui san to padre le prov ea della, porque yo que do tan
satisfecho según el celo suyo que verma a tomar este trabajo solo por serv ir a nuestro
dios…”
199
.
La amistad entre el adelantado, Valdivia, y el ec le siástico, González, es notoria y
manifiesta. En dicha car ta de r e comend a ción se hace referencia a un dat o clave p a ra
entender la idoneidad de González para el cargo, era encomendero. Para estas fechas,
década de 1550, ya se habían promulgado las Ley es Nu e vas, en cuyo contenido se
prohibían ex plícitamente que los repartimientos de indios estuvieran en manos de
eclesiásticos, los cuales, se tenían que centrar e n su labor evang elizadora y no en sus
neg ocios privados. En l o referente al tema de la encomienda del domi nico, en la que
entraremos más adelante, cuando analizamos la denuncia que se envió a l C onse jo de
Indias contr a González de Marmolejo s e darán más argumentos sobre e ste sujeto, sin
embargo, ahora es momento de puntualizar un suceso notable para entender su accionar
en Chile. En el primer capítulo de esta tesis doctoral hemos analizados las redes
clientelare s que se establecieron en el Perú en la década de 1540 y en adelante, en e ste
contexto, González es otra de las consecuenci a s de estas influencias, es decir, es
nombrado por uno d e lo s actores principales en las tramas del Pe rú, fra y V icente de
Valverde . La relación entre González de Marmolejo y la red clientelar de los dominico s
del Perú se remonta al mom e nto en el que se prepa raba la expedición de P e dro de
Valdivia, en la que fue nombrado capellán castrense y cura vica rio de la futura ciudad
de Santiago por fray Vicente de Valverde
200
, obi spo de Cuzco. Valverde como ya
hemos mencionado en el capítulo I , fue uno de los principales opositores a la
implantación de las L e yes Nuevas en el Perú, y por lo tanto al gobierno del primer
Virrey Núñez de Vela.
Otro suceso que marcó la carrera e clesiá stica de González acontec ió en 1551,
año en el P a pa Julio III fundó la diócesis de Charca s, de l a cu a l desde es e justo
momento dependía directamente la provincia del R e ino de Chile. El primer prelado de
Charcas, fray Tomás de San Martín, era otro de los que se había opu e sto a las Leyes
Nuevas, y había sido una pieza funda mental en la trama de enriquecimiento del
gobernador Vac a de Castro. Una de las primera s decisiones que tom ó San Martín, fue
199
Errázuriz, Crescente. Los Orígen es de la Iglesia … Op. Cit., p. 1 7 0 .
200
Errázuriz, Crescente. Los Orígen es de la Iglesia … Op. Cit., p. 5 1 .
116 | P á g i n a
nombrar como visitador y vicario general a González de Marmolejo el 13 de junio de
1555, con amplios poderes sobre temas eclesiásticos
201
.
Volviendo a la fecha en discusión, el 29 de enero de 1557, momento en el cual
según Errázuriz se firmó la bula para la fundació n del obispado d e S a ntiago, Errázuriz
recoge una cláusula que supue stamente aparece en la c édul a, e n la q ue se dice lo
siguiente.
“… no usar de j ur i sd i cc i ó n ni de otra cosa alguna de l a s que es t án defendid as a los
electos obispo, antes de estar co nfirmados i consag rados…”
202
.
La últ ima palabra que aparece en este extracto es fundamental para entender
nu estro análisis, “cons agra dos”, es d ecir, un obisp o nece sitaba e star c onsagrado por otro
prelado para pode r hacer efectivo su car g o, lo cual, nunca su ce dió con Rodrigo
González de Marmolejo.
Una vez expuesto todo lo anterior, las dudas sobre la le g itim idad del p rimer
obispo de Santiago, y por lo tanto dar por buena la fecha del 29 de enero de 1557 como
de la fundación de la di ócesis, cuanto menos queda en entredicho. Pero todo esto no
hará m ás que acrecentarse cuando a continuación comencemos a analizar los
documentos recogidos por Toribio Medina y Elías Lizana. Posteriormente
compararemos cuales fu e ron las diferencias entre el nombramiento del p rimero obispo
de L a I mp e rial, fra y Antonio de San Miguel y el del propio Rodrigo González de
Marmolejo.
4.2.1. Infor ma ción contra el b a chiller Rodrigo González de Marmolejos, clérigo,
residente e n la provincia de Chile
203
.
El primer documento que analizamos, corresponde a las informaciones rendidas en
la ciudad de los Re y es el 6 de octubr e d e 1556, es d ec ir, cuatro me ses antes de la
propuesta como obispo de Santiago de Rodrig o González de Marmolejo, recogida por
Errázuriz. L as fechas de las cartas es importante para poder situar tempo ra lmente los
sucesos en torno a la supuesta elección y leg itimidad de González, no sol o como obispo,
sino también como candidato a la elección. La inf ormac ión sobre Rodrigo González fue
201
Errázuriz, Crescen te. Los O rígenes de la Iglesia… Op . Cit., p. 120.
202
Errázuriz, Crescente. Los Orígen es de la Iglesia … Op. Cit., p. 1 7 2 .
203
Medina. Jo sé To ribi o. CDIHCh. Op. Cit., Tomo XXVIII, p. 57.
117 | P á g i n a
tomada por Melchor Bra vo de S a ravia, el cua l en este momento actuaba como oidor de
la Real Audiencia en Lima. Los testi gos fueron Diego Sánch e z Morales, vec ino d e La
Serena el que de c lar a ba que conocía a González desde hacía 21 años ha st a la fecha de la
declaración
204
; el segundo en testificar, fue Pedro Olmo de Aguilera, vecino notable de
la ciudad de La Imperial, dice conocer a Go nzález desde ocho años antes a la
testificación sobre los actos de éste
205
; el tercero fue un f ra il e d e la ord e n de San
Francisco, Martín de Robleda, en contacto con González desde 1553
206
. Sebastián
Vázquez será el cuarto testigo, el cual re c onoce conocer al dominico d esde hacía diez y
siete años
207
. Los dos últimos en relatar su relación y conocimiento sobre la vida de
González, serán Diego García de Cáceres y fra y Juan Torralba, ambos de l a orden de los
franc iscanos
208
.
Todos estos testigos fueron sometidos a una veintena de cuestiones, r elacionadas
con la vida y acciones ll e vadas a cabo por Gonz á lez en el Reino de Chile. Antes de
entrar e n los a suntos capitales de los interrogatorios y las respuestas de los interpe lados,
tenemos que hacer referencia al comienzo del d ocumento, y a que es do n de se r e alizan
las acusac iones sobre las cuales se trata de investig a r y comprobar su veracidad
mediante los testigos. El documento indica lo sig uiente:
“En la ciudad de los Rey es , reinos del Perú, en seis dí as del m es de octubre, año del
señor de mil e quinientos e ci n cuenta e seis año s, el muy excelente seño r don Hurtado
de Mendoza, m arques de Cañete, V is orrey destos reinos por S. M., por ante m í, Pedro
de Avendaño, su secretario y escribano de cám ar a en la Real Audi encia e Chanc i l lería
que por m andato de S. M. reside en esta dicha ciud ad, dijo: que por cuant o a su not i cia
es v enido que el bachil ler Rodrig o Gonz ál ez , clérigo, que esta e reside en las pro vincias
de Chile, es fraile profeso de la Orden del señor Santo Doming o, e no tiene bulas de
exención de la dicha Orden y esta aposta t a, y que paso a estos reinos sin licencia de S.
M. e que tiene en la dicha provinc i a el repartim i ento de indios de Quillota
encomendado, y ha hecho y hace otras cosa s de delito no decente a su religión, e
conviene proveer de r em edio a ello; e para inquirí e saber la verdad dello, di j o que
cometía e cometió la recepción e j ur amento y examen de los testigos que sobre ello se
204
Ibídem, p. 60 .
205
Ibídem, p. 62 .
206
Ibídem, p. 63 .
207
Ibídem, p.65.
208
Ibídem, p. 67 .
118 | P á g i n a
tomaren a l doctor Brav o de Sarav ia, oidor de la dicha Real Audienc i a, ante quien m ando
que pasen”
209
.
Como se desprende de las acusaciones vertidas sobre González, eran de mucha
graveda d, po r ello el c a so tuvo que ser juzga do en primera instancia por la Real
Audiencia d e Lima, y posteriormente como veremos más adelante, con r e solución del
propio Consejo de I nd ias. L as preguntas realizadas por Saravia iban en c aminadas a
esclarecer las acusac iones, entre las que podemos destacar las sig uientes.
“1. - Si saben o han oído decir que es fraile profeso de l a Orden d e Sant o D om ingo y que
la bula donde anda exento se dice ser fal sa, etc.
2.- Si saben o han oído decir que no t ra j o ni tiene licenci a de S. M. para estar en las
I ndi as, ni paso a cá co n la dicha licenc i a.
3.- … es tand o un dí a de la Semana Sant a u en otro t iem po el gobernador Pedro de
Valdivia acostado en su cama con su amiga, el dicho bachiller Rodrig o González los
comulg ó e comió después con el l os, etc.
5.- … que el dicho bachil l er andaba y anduv o al g unas noches vestido en habit o de
yanacona, s altando pa redes en bus ca de indias, etc.
7.- … que algunas ind i as c ompró e dio dinero po r ellas para us ar mal de llas, etc.
11.- Si saben que las cuadrillas de indios del dicho Rodri g o González han tenido e
tienen por e stilo sacar p or su m andat o (… ) oro para la dicha I nés , india, …
12.- … l os dichos indios del d icho Ro drigo González llevaron en ham aca a la dicha
I nés , por m andado del susodicho, …
13.- Si saben que, siendo clérigo, tiene indios e los trae ordinariam ent e a las mi nas a
sacar oro, e t c.
15.- … quel dicho goberna dor Pedro de Valdivia, siendo el dicho Juan Fe rnández de
Alderete t e sorero de la Real Haci enda , le mando q ue diese della al dicho bachi ller
Rodrigo González qui nce m i l pes os de or o, y porque el d icho Juan F er n ández se excusó
de darlos, …
16.- Si saben, que, sin embargo, de la dicha contradi cción, se s acaron de la Caj a los
dichos peso s de oro y se en tr eg ar o n al dicho Rodrigo González, y que con ellos c ompró
del mism o Val d i v ia los indios de Qu illota, etc.
209
Ibídem, p. 57 .
119 | P á g i n a
17.- Si sa ben, que el dicho Rodrigo González , en m uriendo el dicho Valdivia, hizo una
dejación fingida de los dichos indios de Qu illota en: Rodrig o de Qui roga, y que el dicho
Quiroga los repartió, también fingidamente, entre ci e rt o s vecinos de la ciudad de
Santiago, de tal m aner a, qu e, aunque los puso en cabe za de los susodichos, se llev aba y
lleva el prov echo dellos el dicho Ro drigo González , etc.
19.- Si saben que, sobre haber llevado la dicha provisión, el dicho Rodrig o González
trató de m at a r a Vicencio de Monte, porque l e había ll ev ado e dijo escandalosa mente
que los oidores no tenían poder para lo de aque ll a pr ov incia, (…) y que sobre ello
anduvo acom pañado de soldados, et c .
20.- Si saben, que hizo poner una acusac ión criminal al dicho Vicencio Monte porque
llevo la dicha p rovisión”
210
.
La s ac usaciones como ya hemos dicho , iban desde la falsificación de
documentación referente a su filiación a la orden de los dominicos, hasta la licenc ia para
pasar a Amé ric a. En se g undo lugar, las acusaciones sobre su relación con Pedro de
Valdivia, hombre de su confianza y cono c edor de la r elac ión extramatrimonial en tre
Valdivia e Inés de Suárez, siendo el conquistad or casado con M arina O rtiz de Gaete.
Esta estrecha relación de Valdivia con Gonz á lez de Marmolejo explica las si g uientes
preguntas, y a que el co nquistador fue enormemente condescendiente con éste para la
adquisición de la encomienda de Quillota. Sobre el prove c ho de este r e p artimiento, la
pregunta es clara y directa, si ¿ hubo uti li z ac ión de los fondos reales para la compra de
ésta? y que, si estos fondos fue ron a manos de Valdi via, produciendo de esta mane r a un
desfalco en las arcas de l a Corona . También se d enuncia el posible amancebamiento con
una indi a y el tr ato favorable que tenía h ac ia e lla. A continuación, analizaremos las
declaraciones de los cinco testigos ante la Real Audiencia de Lima, para diluci dar la
verac idad o no de estas a c usaciones.
El primero de los interrogados, Diego Sánche z Morales, en respuesta a la
segunda de las cue stio ne s sobre la le g alidad de los documentos esgrimidos por
González para pasar a América y al Reino de Chile, comenta lo sigui e nte.
“2. - … que no sab e si e l d icho R odrigo González, clérig o, pasó a e ste reino con l icencia
de su Majestad o sin ella, porque en el ti em po que pasó no se pedía ni traía licencia de
S. M. para pasa r a este reino, etc”
211
.
210
Ibídem, p. 60 .
120 | P á g i n a
La siguiente pregunta de importancia a la que responde Sánchez Moral e s, es la
decimotercera , referente a que si el clérigo tenía encomienda de indios en los términos
de la ciudad d e Santia g o, a la que r e spondió de m a nera afirmativa y que la s tenía como
el resto de los vecinos santiaguinos con repartimientos
212
. L a última cuestión que es
recogida es lo referente a la pregunta número qu ince, relacionada con la compra de la
encomienda d e Quill ota con dinero de las arcas reales en conocimiento de Valdivia, el
que sería, además, el vendedor de ésta. Sánchez afirma que todo esto es cierto, que el
dinero se sacó de la Caja Real con la ex c usa de ser uti lizado para la guerr a, y que
finalmente fue usado p ara la compra de la e ncomie nda de Quillota por parte de
González de Marmolejo al propio g ob ernador
213
.
Pedro Olmo de A g uil e ra, vecino de los más antiguos del reino y de la ciudad de
La Imperial, respondió e n los siguientes términos a las cuestiones relaci onada s con la
Real Audiencia d e Lima. Al asunto dos, Aguilera, señala que no le consta a qué o rd en
pertenece el cléri g o ni h a visto bulas r e lacionadas con esto
214
. En la tercera pre g unta,
Aguilera de fie nde a Valdivia y a Rodri g o González de Marmolejos sobre el
conocimiento de la relación del gobernador con Inés de S uá rez, desentendiéndose del
tema. Sobre la relación entre González y la india Inés, Aguilera dice que no l e consta
que tuviesen relaciones carnales, más allá del b ue n trato que tenía con ella
215
. A la
referente a l a posesión de encomienda de Gonz á lez , corrobora la d eclarac ión d e
Sánchez Morales, afirmando tal posesión por parte del clérig o
216
.
El terce r testigo, f ray Martín de Robleda, ap orta una información no dada
anteriormente y que sie mbra aún más dudas sob re la figura d e l clérigo González. Sobre
el argumento de la le gitimidad de la perten e ncia del acusado a la orden de los
dominicos, este comenta que González le most ró la bula, la cual estaba a n ombre de un
tal Rodrigo de la Plaz a. Siendo preguntado González de M a rmolejo por esta
discordancia de nombres, el clérigo respondió que se había c ambiado de nombre, lo cual
no pudo demostrar por la falta de la notificación de esto a la orden, siendo c uanto menos
de dudosa lega li da d
217
. S ob re si pasó con licencia o no a América, Robleda dice que no
211
Ibídem, p. 61 .
212
Ibídem.
213
Ibídem.
214
Ibídem, p. 62 .
215
Ibídem, p. 63 .
216
Ibídem.
217
Ibídem, p. 64 .
127 | P á g i n a
Como y a hemos comentado antes, el acto de consagración era fundamental,
entendido como el último paso para hacer efectiva la erección de las nuevas diócesis,
acto que González nunc a realiz ó. Además, ten emos que añadir que las bulas papales
tampoco estuvieron en p osesión del primer prelado de Santiago, por lo qu e nuevamente
vemos cómo actuó González de una manera cuanto menos ilegítima para ejercer como
obispo. S a n Miguel, dando muestras de su prudencia, esperó pacientemente en P e rú
hasta tener en su mano toda la documentación necesaria para actuar como prelado en el
Reino de Chile, además de tener la consagración como tal. R e fere nte a lo anterior,
Dieg o de Mede llín en una carta diri g ida al Rey el 4 de mar zo de 1578, se expresa en los
siguientes tér minos.
“En este ob ispado no h ay erección: d icen los prebendados hab erle hecho don R odrigo
González (de Marmole jo), el cual no fue consagrado y haberse enviad o a V. M. para que la
aprobase, dudase si por no estar consag r ado la pudo hacer, si la pudo hace r y fue allá
enviada, supl ico a V. M. m e l a mande enviar o hace rl a de nu evo porque no se per mite vivir
sin erección.”
240
Teniendo en cuenta t odos los ar g umentos expuestos en este epí g r afe , nos
decantamos po r d ec ir, q ue el obispado de La Imperial fu e el p rimero en funcionar
ciñéndose a la le g alidad de la época. Es más, el pr imer obispo de Santiago consagra do
y , por lo t a nto, con la l eg itim idad absoluta p a ra ejercer en su diócesis, fue Diego d e
Medellín quien fue c onsa g r a do por el p ropio San Mig uel en L a I mpe ria l en 1577.
4.3. La creación del obispado de La I mp eria l.
El proceso de ocupación y asentamiento de los españoles en el R e ino de Chile fue
bastante rápido y a que, en menos de 10 años, las huestes de Pedro de Valdivia,
conquistaron y crearon un importante entramado de ciudades en el territ orio chileno.
Bien es cierto, ésta no fue efectiva en el sur, y a que el sometimiento del pueblo
mapuche nunc a se concretó de forma definitiva, pero este es otro tema d e debate que no
se abordará e n este epígrafe en cuestión.
Tras el asentamiento de los españoles en el Reino de Chile, se fundaron hasta nueve
ciudades con el fin de consolidar los territorios bajo el mando español. Estas fueron L a
Serena
241
, Santiag o
242
, Concepción
243
, L os Confines de An g ol
244
, La Im per ia l
245
,
240
Medina, Jo sé To ribi o . CDIHC h. Op . Cit., Tomo II, Segund a Serie, p. 367
241
Riso P atrón, Luis. Diccion ario Geo gráfico de Chile . Santia g o de Chile: I m p renta Uni v er sitaria, 192 4 ,
p. 840.
128 | P á g i n a
Villarrica
246
, Osorno
247
, Valdivia
248
y Castro
249
en Chiloé. L a gran ex tens ión de l
territorio conquistado, necesitaba también d e la creación de un entr a mado eclesiástico
que pusiera en marcha el proceso evangelizador. La primera decisión que se tom ó en
este sentido, fue la creación del obispado de S a ntiago en 1561, bajo cuya jurisdicción
estaría toda la g ob ernación, pero tras el fortalecimiento de las ciudades del sur y la gran
cantidad de población in díge na de aqu e ll a época, se decidió crear un se g u ndo obisp a do
en la ciudad de La I mp eria l en 1563. En este sentido, se plantea qu e esta deci sión
respondió al potencial económico que, s eg ún lo s españoles, t enía el sur del territorio
chileno y se pensó que fortaleciendo la instalación de la I glesia Católica s e ría más fácil
controlar a los habitantes de citada región.
Como hemos mencionado anteriormente se pensaba que las posibles rique zas del sur
del Reino de Chile eran superiores a las del norte. La justificación d e esta ide a se
fundamentaba en p arte a la mayor dispo nibilidad de mano de obra, e n este caso
mapuche, y del descubrimiento de lavaderos de oro al sur del Biobío
250
. Una aclaració n
que nos puede a y udar a entender mejor el contexto geográfico- e straté g i co de la re g ión,
es que, de las nu eve ciudades mencion ada s anteriormente, siete se encontraban al su r
del citado río: Concepción, Ang ol, La Imperial, Villarrica, Osorno, Valdivia y Castro,
quedando solo La Serena y Santia g o al norte d el Biobío. Esto nos clarifica el sostenido
interés de los espa ñoles de asentarse en el sur del Reino de Chile.
Otro asunto con el que nos encontramos, es tratar de entender ¿por qué L a I mperial
fue designada como sede obispal y no otr a de las siete ciudades? La Imperial, ya desd e
su fundación en 1552
251
se le atribu y ó un papel relevante en el desarrollo del territori o
chileno, puesto que, según e l propio Pedro de Va ldivia, era el lugar ideal par a la
consolidación de la capital de la re cién creada de marc a ción territorial. Según desc ribe n
los cronistas de la época, L a Imper i al contaba con las condiciones idóneas para ase ntar
242
Riso Patró n , Luis. Diccio nario Geog ráfico … Op . Cit., p. 829.
243
Ibídem, p. 24 3.
244
Ibíd em , p. 247.
245
Ibídem, p. 42 2.
246
Ibídem, p. 93 3.
247
Ibídem, p. 60 9.
248
Ibídem, p. 91 6.
249
Ibídem, p. 15 7.
250
Ibídem, p. 81 .
251
Góngora y Mar m o lejo, Alonso de . Colecc ión d e Historiado r es de Chile y documen t o s relativos a l a
historia na cional . Tomo II. San tiago d e Ch ile: I m pre nta del Ferro carril, 1862. Cap. XI I, p. 25.
129 | P á g i n a
las inst ituciones gubernamentales de la administr ac ión hispana; esta idea inicial
252
se
vio refor zada con la selección de la ciudad para ser sede obispal, entreg ando a ésta la
amplia región que supo nían las siete ciudad e s f undada s al sur d el Biobío. Como es
lógico, el obispado de Santiago, prime ro bajo el mandato del prelado Rodrigo González
de Marmolejo y de su sucesor, Fernando de Barrionuevo
253
, vieron mermadas sus
aspiraciones de ostenta r el poder eclesiástico de todo el R e ino de Chile, por lo que se
opusieron frontalme nte a la c reación de una nueva diócesis.
Por su parte, finalmente y a pesar de las oposiciones, fra y Antonio de S a n Migue l
fue el primer obispo de La Imperial
254
; perte neciente a la orden de los franc isca nos
255
,
el cual, tras su designación, trató de quedarse en la ciudad de Concepción, c omo
consecue ncia de la incip iente guerra de Arauco
256
, pero fue obligado a tomar posesión
de su cargo en la ciudad de La I mp e rial, y así lo hizo
257
. En esta invest igación se
plantea, entre otras cosas, que la petición de San Miguel de traslada r la sede del
obispado a Concepción, también está íntimamente liga da a la re cién creada Real
Audiencia en la citada ciudad, ya qu e , b a jo su criterio, el estar cerca d el p ode r políti c o
del reino a y udaría a infl uir en las d ec isi one s del nuevo órgano gubernamental
258
. Éste
es otro ejemplo de la importancia que se le quería dar a la ciudad de L a Imperial en la
segunda mitad del sig lo XVI por e n cima de todas las demás.
4.4.-Oposición del obispado de Santiag o a la creación de una nueva diócesis
Como se ha indicado en el epígrafe anterior, los obispos de Santiago, Rodrigo
González de Marmolejo y F e rnando de Barrionue vo de spués, se opusieron a la cre ación
del obispado de La I mp erial; esta situación no sería meram e nte simbólica, puesto que se
designó a un representante de las posici ones santiaguinas, re cay endo esta
responsabilidad en Juan Gómez de Almagr o
259
.
252
Lobera, Ma riñ o de. Colección d e Historiadores de Chile y documen tos relativos a la historia nacional .
To m o VI. Im prenta d el Ferrocarril Santiago de Ch ile, 186 2. C ap. XXXI V, p. 126.
253
Medina, J osé Toribio . Dicciona rio Biográfico … Op. Cit., p. 119.
254
Medina, J osé To ribi o. Diccionario Biográfico … Op. Cit., p. 8 0 4 .
255
Orden franciscana: or den mendicante ta m b ién denominada La to Sensu.
256
Guerra de A rauco: denominación del conflicto d esarrollado desde el siglo XVI hasta el siglo XVI II
entre las huestes espa ñolas y los mapuches e n el Reino de Chile.
257
Medina, J osé To ribi o. CDIHCh , Op. Cit., Tomo I, Segunda Serie, p . 164.
258
Errázuriz, Crescente. Los orígen es de la iglesia … Op. Cit., 219.
259
Medina, J osé T oribio. Diccionario Bio gráfico … Op . Cit., p. 357.
130 | P á g i n a
Tabla 1. Re lación comp l et a de los obispos qu e ejercieron su car go en el Reino de Chile en
el siglo XV I. Elaborac ión propia.
Este personaje d efe ndió tras la muerte de Gonzál e z de M a rmolejo los intereses del
cabildo secular de Santiago ante la Real Audien cia de Lima , así como frente al propio
Consejo de I ndias, el asunto del posible traslado de la s ede obisp al del S a nti a go hasta
Concepción. P oster iorme nte, e l Consejo de I ndias resolvió que la nue va Re a l Audiencia
de Concepción elevase un informe sobre la viabil idad de este pro y e cto
260
, quedando la
sede en Santiag o con la titularidad de forma “interina” hasta que se resolviera el asunto.
260
Lizana, Elías. Co lección de Docu mentos… Op . Cit., p. 108.
131 | P á g i n a
Ilustración 6. Situación y ciudades que con f orma ron los dos obispados del Reino de Ch i le
en la segunda m i t ad d el si gl o X VI. Elabora ción propia.
132 | P á g i n a
El desarrollo de los sucesos antes explicados comienza cuando en los últimos
años de vida el obispo Gonz ález de Marmolejo s e lleg ó a plantear la idea de tra sladar la
sede obispal a Con ce pci ón, considerando la importancia qu e comenzaba a adquirir l a
fundación de este asentamiento urbano, además de ser en ese momento la residenc ia
permanente de los principales capitanes y g obernadores del reino debido al
recrudecimiento de la guerra de Arauco. Así, en su lecho de mue rte este prelado dio su
beneplác ito a tr a sladar el obispado a Concepción
261
; no sabemos si fue solo por su
propia iniciativa o por presiones de lo s encomenderos qu e se estaban instalando en
Concepción. Sin duda, ante los hechos descritos el cabildo secular de Santiago vio
amenazada su prepond e rancia sobre el resto de las ciudades del r e ino por primera vez
desde su fundación. En este contexto, se ent iende la prime ra medida adopta por los
miembros del cabildo de Santiag o de concederle plenos poderes de negociación a J uan
Gómez de Almagr o ante la Audie ncia de Lima y /o el Consejo de I ndias el 19 de octubre
de 1564
262
. El 10 de diciembre de ese mismo año, y tr a s la muerte de Marmolejo,
Gómez de Almagro se p rese ntó ante la Audiencia de Lima con las reclamaciones del
cabildo secular de Santiago con el fin de evitar el traslado de la sede episcopal tramitado
previamente desde el obispado santiaguino. Dos a ños después, el 19 de octubre de 1566,
el re y Felipe II envió una misiva a la recién creada Real Audiencia d e Concepción
consultando sobre el posible cambio de la sede obispal, mientras tanto Gómez de
Almagro s e dirigió personalmente a la península I bérica para tratar el asunto en el
Consejo de I ndias. Finalmente, el 17 de noviembre de 1567, el trabajo de neg ociación
del citado delegado dio su fruto, y s e sancionó que la sede obispal se mantuviera en
Santiago h asta concluir e l pleito y e l informe encargado a la Real Audienc ia de
Concepción
263
.
Mientras se debatía lo antes reseñado, el r ey con la potestad dada por la S anta Sede
de decidir la creación o modifica ción de las diócesis de sus dominios a meric a nos,
resolvió la fundación del obisp a do de La Imperial creando un problem a d e intereses a
nivel local ya qu e afectaba a las re g alías del obispado de Santiago. Esta controversia
podría e x plicarse , además, debido al h ec ho de que la división del Reino de Chil e en dos
diócesis, afectaba directamente a los diezmos recibidos por el obispado de Santiago,
261
Errázuriz, Crescente. Los orígen es d e la Iglesia … Op. Cit., p. 192. Real céd u la de 19 d e octubr e de
1566.
262
Ibídem, p. 1 93.
263
Ibídem, p. 1 96.
133 | P á g i n a
reduciéndose considerablemente la cuantía, y lo que es más importante, perdía el
derec ho a reclamar los diez mos atrasados de las ciudades del sur, que al estar en guerra
no habían podido pagarlos cuando c orrespondía.
CIUDAD
DIEZMO
FECHA
APLAZAD O
PAGADO
Santiago
47.290
1546-1558
X
x
La Serena
7.328
1553-1558
X
x
Concepción
X
1558
2.450
x
La Imper ial
X
1552-1558
25.485
9.945
Villarrica
X
1557-1558
2.855
x
Osorno
X
1558
3.000
x
Valdivia
X
1552-1558
15.650
474
Tabla 2 . elabo rada con los datos que apa recen en la obra, “E l origen de la ig lesia chilena:
1540- 1603” de C rescente Erráz uri z , 1873. Elaboración pr opia.
De este modo, los diezmos que, a fecha de 1558, tenían que haber pa g ado las
ciudades del sur, ascendía a 49.440 p e sos, de los cuales el obispado d e Santiago solo
había obtenido el pa g o e n espec ias equivalente a 10.419 pesos, el resto, 39.021 pesos
pasaban a s er c a si irrec uperables, y más con l a c re ación del segundo obispado en La
Imperial
264
.
Un ido a lo antes expuesto, se entienden las reclamaciones del obispado de
Santiago que incluían ta mbién que se desestimara la creación de un a segunda prelatura.
Pero estas solicitudes presentada s en distint a s instancias de la jerarquía administrativa
de aquella época no fueron oídas por Felipe II, y se san c ionó positivamente para la
creación de la nuev a de mar cación eclesiástica en Chile. Pese a esta confirmación de la
administración española a favor de La Imperial, las reclamaciones por parte de
Barrionuevo no disminuyeron.
Tras la promul g ación de las bulas papales para erig i r el segundo obispa do del
Reino de Chile en L a Imperial, el d e Santia g o comenzó un proceso para l a reclamación
de más territorios para s u de marcación diocesana. El objetivo principal de B arrionuevo,
era que su jurisdicción se extendiera hasta el río Biobío, puesto que, tras la creación del
obispado de L a Imperial, quedaba r educ ida al norte del río Maule
265
. Esta nueva
reclamación se enmarca dentro de la lógica territ oria l del Reino de Chil e en aquella
264
Ibídem.
265
Riso Patró n , Luis. Diccio nario Geog ráfico … Op . Cit., p. 537
134 | P á g i n a
época, puesto que in corporar Concepción a la juri sdicción eclesiá stica de la diócesis de
Santiago, suponía el acceso a los diezmos de una de las ciudades más importantes del
área . En este contexto, Concepción se encontr a ba situada en la rib era n orte de la
desembocadura del río Biobío, y desempeñaba un papel fundamental en la situación
ge oestratégica d e las fundaciones hispanas; principalmente d e bido a su sit ua ción
ge ográfica, era la puerta de entrada al sur del Reino de Chile, además de ser la ci udad
que contaba con uno de los mejores pue rtos marí timos de la re g ión
266
. Otro eleme nto a
destacar, que nos ayuda a entender los motivos interesados del obispado d e Santiago en
que la c iudad p enquista quedase bajo su jurisd icc ión, fue el descubrimiento de l os
lavaderos d e oro qu e se encontraron en sus pro ximidade s. Con todo, el aporte de los
diezmos eran el principal objetivo, pero nuevamente las autoridade s españolas,
sancionaron las reclamaciones a favor del recién c re ado obispado de L a I m pe rial, puesto
que éste era también e l d eseo del cabildo de Concepción
267
.
Es pre ciso comenta r, que tras la llegada del obisp o S a n Miguel a la r eg ión, éste
escribió una carta al rey , pidiendo que l a sede obispal se trasladara a Concepción,
argumentando la existencia de la d enomina da guerra de Arauco, pero los intereses de la
Corona se centraban en L a I mp erial; por este motivo mandaron a Antonio de San
Miguel, que tenía que tomar posesión de su sede obispal en La Imperial como se le
había ordenado en las bulas
268
. Tras la investigación de sarrollada al respecto, se plante a
que esta petición de San Mig uel, en realidad, estaba más liga da en la creación de la Real
Audiencia en Conc e pció n que al conflicto bélico con los mapuche. San Miguel a su
llega da al Reino de Chile estuvo acompañado de la nueva administ ra ción encarga d a de
gobernar el territorio chi leno, entre ellos el p ropio Melchor Bra vo d e Saravia
269
, futur o
gobernador. Dentro de la lógica imperante en el siglo XV I , S a n Mi g uel c rey ó oportuno
permanecer cerca del poder políti c o, para poder sacar ventaj a s a favor de su causa
evangelizadora . Lo curioso de este caso, es qu e, con el devenir del tiemp o, el obispo
San Miguel acabó posic ionándose en contra de la inst itución de la Real Audiencia y
principalmente del gobernador Bravo de Saravia.
266
Med in a, José T oribio. CDIHC h , Op . Cit., Tomo I, Segunda Serie, p. 284 . Archivo Nacional, Archivo
Gay-Morla, t. 85, pieza 27 .
267
Ibídem, p. 12 5.
268
Ibídem, p. 79 .
269
Medina, J osé To ribi o . Diccio nario Bio gráfico …. Op . C it., p. 140.
135 | P á g i n a
En este contexto, San Miguel tomó parte en uno de los principales litigios a los
que se tuvo que enfre ntar el gobe rn ador, posic ionándose en contra de Bravo de Saravia,
y l a pr e tensión de éste de entregar una de las e ncomiendas más grande s de su dióc esis a
su hijo Ramiriáñez de Saravia
270
. Este repartimiento de tierras y man o de obra
pertenecía po r herencia a Álvaro d e Villagra, hijo natural de F ra n cisco de Vill a gra
271
, e l
cual finalmente y pese a la oposición de San Miguel acabaría en manos del hijo del
gobernador. Est e será el ejemplo más claro del modo de actuar d e San Miguel en su
compleja relación con l os encomenderos, favoreciendo a los “encomenderos viejos”,
que como el mismo de scribe, son “buenos cristianos”, en c ontraposición con los
encomenderos nombrad os por la nueva administración hispana, que estaban más
interesados en los beneficios económicos, que en la evangelización y protección de los
naturales.
Pese a que todas las demandas del obispado de S a ntiago fueron desoídas por la
Corona española, sus reclamaciones se mantuvieron a lo largo del siglo XVI, siendo
numerosas las cartas en las que se sugiere que se suprima el obispado de La Imperial.
Varios ejemplos de estas reclamaciones, es que en los años en los que se produjeron
rebeliones generales de los mapuche, existen cartas en las que se in sinúa, que la
unificación de los dos obispados e ra la mejor estra te g ia para desa rrollar la labor
evangelizadora
272
. Otro ejempl o, son las misivas generadas tr as la muerte del prelado
santiag uino, Barrionuevo, en las que se pide que ambos obispados se unifiquen en la
ciudad de Conce pción, p or su situac ión geoestrat ég ic a de ntro del Reino de Chil e
273
.
A pesar de todas estas cartas y las reclamaciones del obispado de Santiago, todas
fueron sancionadas a favor de La Imperi al, incluso en el momento en el que se decide
abandonar las ciudades del sur del Biobío, tras la derr ota de Curalaba
274
(1598), incluida
La Imperial; en este sentido, no se suprime el obispado, solo se traslada a
Concepción
275
. Ejemplo de este inte ré s en ma ntener el obisp a do del su r del Reino de
Chile, lo enc ontramos e n la correspondencia del tercer obispo en to mar posesión
270
Medina, J osé Toribio. C DIHCh , Op. Cit., Segun da serie, tomo II, p. 59.
271
Medina, J osé To ribi o. Diccionario Biográfico …. Op. C it., p. 9 4 8.
272
Medina, J osé To ribi o. CDIHCh , Op. Cit., segunda serie, tom o I, p . 424
273
Ibídem, p. 42 3.
274
“Victoria de Curalaba” o “Desastre de Curalab a”, batalla acontecida el 23 de dicie m bre de 15 98, en la
cual p ereció el gobernador Mar tín Gar cía Óñez de Loyola y lo que supuso a la postre el fin d e la
ocupación de los terr it orio s al sur del r ío B io b ío y el cambio de estrategia castellana a la denominada
“guerra defensiva”.
275
Errázuriz, Crescente. Los orígen es de la iglesia … Op. Cit., p. 498.
136 | P á g i n a
efec tiva de La I mperi a l, f ray Reginaldo de L iz á r rag a
276
. Cuando se desi g nó a este nuev o
prelado como obispo de L a I mperial, la sit ua ción d e la ciud ad era c alamitosa ya qu e se
encontraba bajo asedio y posteriormente abandonada tras el levantamiento general
indígena de 1598. Lizárraga dilataría su lle g ada por la mala situa ción creada por el
conflicto bélico, incluso llegó a r enunc iar a su no mb ra miento, pero la Cor ona lo oblig ó
a marchar al Reino de Chile para que tomara posesión de su mitra. Estando y a en
territorio chileno Lizárraga se trasladó a Concepción, donde se encontraban refugiados
los últimos moradore s de La I mperial. Desde a llí sugir ió a la administración la unión de
ambos obisp a dos en la ciudad de S a nti ag o, con la idea de sup rimir el obispado de La
Imperial, pero todo esto fue desoído y se mantuvo el obispado en la c iudad de
Concepción a la espera d e una refundación de La I mperial qu e nunca llegaría
277
.
Tras la oposición ini c ial a la creación del obisp ado de La Imperial por parte del
obispado de Santiago, y en concreto en la persona del prelado Fernando de Barrionuevo,
con el nombramiento de Diego de Medellín (1574) como nuevo obispo de S a ntiago,
esta oposición se transformó en c olaboración. Diego de M ede llín sería no mbra do obis po
tres años después d e la muerte de su predecesor, siendo consa g rado en La Imperial por
el obispo San Miguel en 1578. Este acto, sentaría las bases de un periodo de
colaboración entre los obispados, que rompería co n la confrontación que h abía ex istido
hasta entonce s
278
.
4.5.-Posicionamiento de los obispados, sobre c uestiones políti c o -sociales
Tras la muerte d e Pedro de Valdivia en la batalla de Tuc a pel
279
a manos de Lautar o
(25 de diciembre de 155 3), el joven Reino de Chile perdía a la fi g ura aglutinadora del
poder. El suceso creó l a primera división clara entre las ciudades del sur y del no rte.
Pedro de Valdivia dejó especificado en su testamento que, en el c a so de s u defunción,
como sucedió en Tucapel, su sucesor como g obe rna dor sería Jerónimo de Aldere te
280
,
en se g undo lugar, a Rodrigo de Quiro g a
281
y en tercer lu g a r a F ra n cisco de Villag ra
282
.
La r efere n cia a este momento hist óric o, es que, las ciudades del sur tomaron u n camino
276
Medina, J osé To ribi o. Diccionario Biográfico …. Op. Cit., p. 4 6 6.
277
Medina, J osé To ribi o. CDIHCh , Op. Cit., Tomo VII, p . 458.
278
Lizana, Elías. Co lección de Docu mentos… Op . Cit., p.154.
279
Riso Patró n , Luis. Diccio nario Geog ráfico … Op. Cit., p. 907 .
280
Medina, J osé To ribi o. Diccionario Biográfico …. Op. Cit., p. 44 .
281
Ibídem, p. 7 16.
282
Ibídem, p. 9 48.
143 | P á g i n a
se miti fic aron temas t an importantes como la guerr a de Arauco, destacando que en
aquella époc a se justificó como el supuesto papel preponde rante para la vida en la
región, resultando ser solo e l pre texto perfecto pa ra el en rique cimient o privado de
algunos p ersona jes como el propio gobernador Melchor Bravo d e Sar a v ia. Siguiendo
con este planteamiento nos sur g e el interro g ant e r e ferente a este legendario con flicto
bélico ¿cuál fue el verda dero papel que tuvo la guerra de Arauco en el de ve nir de todos
los sucesos acontecidos en el Reino de Chile en la seg unda mitad del sig lo XVI ?
1.-Francisco de Villagra, García Hurtado de Me ndoza, Francisco de Villagra;
luchas de redes clientelare s en torno a la posesión de las encom iendas
Como ya se comentó en la introducción de este capítulo de la tesis doctor al, nos
centraremos en ana lizar los inicios de la lucha de poder entre los cast e ll a nos instalados
en el Reino de Chil e . Este conflicto se ori g in ó después de la muert e de Pedro de
Valdivia en 1553; es precisamente en esta coyuntura cuando comienza la disputa entre
Francisco de Vill ag ra, J e rónimo de Alderete y Francisco de A g uir re por s e r su sucesor.
En sus últ imas voluntades Valdivia dejó por escrito que su herede ro polí tico debía ser
Jerónimo de Alderete, quien se encontraba en Esp a ña cuando éste falleció, los otros dos
pretendientes al puesto de gobernador se encontraban en la reg ión, Vill ag ra en el sur y
Aguirre en el norte del territorio chileno, concretamente en Tucumán. Sin embarg o, los
cabildos de las c iudades del sur del reino (Concepción, L a I mpe rial, Villarrica y
Valdivia) tomaron la iniciativa nombra ndo a Villagra como su sucesor, sin dejar tiempo
siquiera de que s e abri e ra el test amento
289
. Por s u pa rte, casi al mismo tiempo e n
Santiago se procedía a a brir el documento las últimas voluntades de Valdivia, donde se
nombraba a Alderete, y se indicaba que en el caso de que este n o pudiese asumir el
cargo, la responsabilidad re caería en Aguirre, quedando Vill ag ra re legado al tercer
puesto. Así, el te rc ero en discordia, conocedor o no del contenido del t e stamento, se
ap resuró a ser nombrad o como gobernador gracias al apo y o de los mie mbros de los
cabildos del sur.
En este sentido, la desi gna ción de Villagra produ jo la primera ruptura ent re los
intereses de los cabildos de las ciudades del sur y las del norte. Cuando nos referimos a
este he c ho, tenemos qu e tener en cuenta qu e eran los beneficios de los encomenderos
los que e staban en juego, y a que eran e llos los que formaban los cabildos y , por lo tanto ,
289
Medina, J osé To ribi o. CDIHCh . Op. Cit., Tomo XXVIII, p . 26.
144 | P á g i n a
el órgano local no era m ás que un instrumento oficial desde donde pod ían defender sus
demandas. Este acaparamiento de los cabildos p or parte de los encomen de ros es el fiel
reflejo de los pocos pobl adore s ca stellanos qu e se encontraban en el Reino de Chile, y a
que todos o prácticamente todos en un principio tuvieron repartimientos de indios .
Retomando el contexto del nombramie nto de Villagra, como se ha indi c ado, los
otros dos candidatos se encontra b an fuera d e la propia región chilena, aunque ha y que
especificar que Aguirre se encontraba luchando en la conquista de Tucumán, territorio
que en estos momentos aún de pendía del Reino de Chile
290
. Como y a h emos señalado el
testamento de Valdivia quit a ba la le g it imidad al n ombramiento de Vill ag r a, ya que era
el tercero en discordia. P or su parte, los miembro s del cabildo de Santiago en ausencia
de los dos primeros candidatos, proce dieron al nombramiento de Rodrigo de Quiroga,
pero éste fin a lm e nte tuvo que dejar el cargo porque consi g uió menos apo y os que
Villagra.
Con respe cto a los suc esos ac ontecidos en e l Reino de Chile, y en c oncre to, a las
luchas que rodearon la asig na c ión del puesto de gobernador, la Real Audie ncia de Lima,
comunicó al Consejo de Indias lo siguiente :
“Los días pasados se hizo relac ión a vues tra señoría de la m uer te de Pedro de Valdivia,
gobernador de la provincia de Chile, e como por su fin e muerte pretendie ron te ner el
gobierno de aquel l a gobern aci ón Francisco de Aguirre y Francisco de Villagra por una
cláusula del test amento que dejo hecho Valdiv ia, e por eleccion es que l o s p uebl o s
habían hecho, e como habían en v i ad o aquí sus procuradores los pueblos para que se
confirmase, y como se pro veyó que ninguno dellos usase de cláusula de testam ento ni
de elección, e deshiciesen la g ente que tenían j u nta e hic iesen guerra a los i ndio s
rebelados, y que la tierr a estuviese en el punto y estado en que estaba al t i empo que
Valdivia m ur ió .”
291
Como se desprende de este ex tra cto de la información enviada al Cons ejo de
Indias el 12 de dicie mbre de 1555, el enfrentamiento entre los band os de los dos
candidatos a la gobernación era abi e rto y conocido, como también se recoge en el
documento, la ma g nit ud del conflicto dentro d e la hue ste castellana tuvo que ser de gran
importancia, ya que se habían centra do en las disputas internas, dejando que la rebelión
protag onizada po r La utaro con tinuara sin control por parte de los castellanos. De este
290
Medina, J osé To ribi o. CDIHCh. Op. Cit., T om o XXVI II, p. 27.
291
AGI. Indiferente,7 37, N.1 66 . Medina, Jo sé Toribio. CDIHCH. Op. Cit., To m o XXVI II, p. 30 .
145 | P á g i n a
modo, la divi sión de las fuerzas españolas entre el bando a g uir rista y villagrista pudo
tener su reflejo en el abandono de Concepción en 1554, tras la d err ot a sufrida por
Villagra en Marihueñu e l 23 de febrero de 1554.
Mientras sucedía t odo e sto en el Reino de Chile, J e rónimo de Alder e te era
nombrado gobernador de Chile por el Consejo de Indias; como habíamos comentado,
éste se encontraba en España donde se le encomendó pa rtir en la flota del recién
nombrado virrey del Perú, Andrés Hurtado de Mendoza, Marqués de Cañete
292
. Así,
Alderete era el único de los tres candidatos a gobernador que contaba con la leg itimidad
para poder apaciguar l as disputas entre los españoles, ya qu e tenía el re spaldo de las
últimas voluntades de Valdivia y , además, el reconocimiento por parte del Consejo de
Indias. Desgraciadamente para los intereses de la Corona y del propio J erónimo de
Alderete, en su viaje hacia el Reino de Chil e , y tras su paso por Panamá, enfermó de
fiebre amarilla lo que le llevó a su fa llecimiento 7 de abril de 1556.
Andrés Hurtado de Mendoz a nuevo virre y y qu e compartía viaje con Alderete,
conocía en profundidad los problemas que estaban sucediendo en Chile tras la muerte
de Valdivia, por lo que tomó una decisión que marcaría el futuro del Reino de Chile y
las disputas entre los castellanos para el resto d e l s iglo XVI ; como bi en se recoge en una
carta enviada por éste en su calidad de Virre y a Felipe II , con el fin de z anjar las
rencillas decidió nombrar como gobernador de Chile a su hijo Garcí a Hurt ado de
Mendoza. Esta elección le permitió al joven García Hurtado tomar una serie de
decisiones, las cuales se analizarán más adelante, pero que condicion aron el futuro del
Reino de C hile, desde la decisión d e la implantación de la R e al Audiencia en
Concepción en el año 1565, hasta compr e nder la primera rebelión de los castellanos en
contra de los intereses del Rey en este periférico territorio de la Monarquía Hispana en
América. Antes de entr a r en los sucesos anter iormente mencionados, continuamos
describiendo los motivos para elegir a García Hurtado de Mendoza como gobernador,
para posteriormente y gracias a la amplia documentación que se conserva, a nalizar todas
las decisiones que e ste tomó en la gobernación chi lena hasta el fina l de su gobierno.
A modo de punto y aparte, y con el fin de que el lector de esta tesis do ctoral
comprenda mejor los objetivos de este epígrafe, tenemos que puntu alizar lo siguiente,
más allá de las batallas y enfr entamientos entre lo s castellanos y mapuche, durante este
292
Medina, J osé To ribi o. CDIHCh. Op. Cit., T om o XXVI II, p. 31.
146 | P á g i n a
periodo que comprende desde el nombramiento de Francisco de Vi llag r a como
gobernador por los cabildos de las ciudades d el sur; la sustitución de éste por García
Hurtado de Mendoza; y la posterior vuelta de Francisco de Villagra como gobernador;
desde nuestro punto de vist a , esta secuencia de hechos supondrá una ruptura definitiva
entre los encomenderos del norte y los encomenderos del sur. Gracias al análisis
pormenorizado de las fuentes, que expondremos a continuación, advertiremos como el
enfre ntamiento entre los dos grupos sociales ir á en aumento, definiendo el modo de
proceder de los siguientes gobe rn adores del Reino de Chile. Finalmente , la brecha entre
los intereses de los encomende ros del norte y del sur, y de los nuevos, que tuvi e ron
acceso a repartimientos, gracias a su cer c anía con García Hurtado de Mendoza,
provocará una lucha abierta entre los bandos qu e influi rá no solo dentro de la sociedad
castellana d el Reino de Chile, sino que inaugurará una nueva etapa e n las relaciones
entre españoles y mapuche.
1.1. Nombramiento de García Hurtado de Mendoza como gobernador del Reino de
Chile, y las c onsecuencias de su gobierno
En la misiva y a mencionada, el Virr ey reconoc e la división en bandos de los
castellanos presentes en C hile, principalmente agrupados entre los s eg uidor es de
Aguirre y de Vill ag ra
293
. A ndré s Hu rtado de Mendoza argumentó que de continuar esta
conflictiva sit uac ión en el Reino de Chil e , este territorio corría el peligro d e caer en las
mismas dinámicas que se habían producido en el Perú, es decir, una gue rra civil abierta
como las acontecidas entre pizarristas y almagristas
294
. Esta expli c ación esgrimida por
el Virre y en la mencionada carta al monarca , justificaba la necesidad de enviar a un
gobernador que estuvier a al mar ge n de las re l aciones clientelares existentes en el
territorio. Esta medid a, según Andrés Hurtado de Mendoz a , ayudaría a calmar l a
situación entre los cast e llanos y así podrían centrarse todos los esfuerzos hispanos en
concluir la guerra de A ra uco. Otro de los obje tivos que marcó Andrés Hurtado de
Mendoza para su hijo, fue la sustitución o control del bachiller R odrig o González de
Marmolejo, obispo electo de la diócesis de San tiag o
295
. Como y a hemos comenta do
anteriormente, Gonz á lez de Marm olejo, er a conocido por su inclinación hacia los
intereses de los encomenderos, y a que el mismo poseía reparticiones de indios, a lgo que
293
Ibídem, p. 3 3.
294
Ibídem.
295
Ibídem, p. 3 4.
147 | P á g i n a
incumplía completamente la legalidad vigente en ese momento. Esta a dvertencia ocurría
seguramente , porque el citado obispo tenía m u y buena relación con los primeros
conquistadores, entre ell os el propio Fra ncisco de Villagra, el cual, y como veremos
más adelante tras su re gre so, le restablecería las encomiendas que García Hurtado de
Mendoza le arrebató durante su gobierno.
Como hemos señalado, el 9 de enero de 1557 el Virrey nombró a su hijo
oficialmente como nuevo gobernador del Reino de Chile
296
. En dicha provisión se le
entrega ban amplios poderes:
“…vos reciban e tengan por nuestro gobernador e capitán general y j u sticia de las
dichas t ierras e p rovincias, e vos dejen e consientan l ib r em ente usar y ej e r c er los d ichos
oficios (…) podáis poner e pongáis; los cuales podáis quitar y adm over cada y cuand o
vieredes que a nuestro real ser v icio y ejecución de nuestra real justici a cum pla, y poner
otros en su lugar, e oír e librar e determinar todos los pl e itos e causas, así c iviles como
criminales (…) e pod áis e l l evéis, vos e los dichos vuestros alc aldes y lug ar ten ientes, los
derechos a lo s dichos oficios ane j os e pertenecientes …”
297
Los amplios poderes a los que tuvo acceso García Hurtado d e Me ndoza
respondían a las ex pe ctativas que puso el virre y en su hijo para qu e r e solviera los
problemas que ex istían entre los españoles en el Reino de Chile, es decir, debía ser
capaz de cambiar y sustituir a todos los conquistadores viejos por los qu e acompañaban
al nuevo gobernador, con el fin de controlar tod os los aspectos de la vida de la región
con personas afines al hi jo del Virre y . Este proceso de sustitución no solo se centró en
los cargos de mi litare s o administ ra ti vos del re ino, sino que el objeti vo eran los
encomenderos, los cuales copa ban los cargos dentro de los cabildos, por lo que podían
actuar e info rmar al Re y de las acciones del nuevo g obern a dor. También hay qu e tener
en cuenta, qu e estos en c omenderos, eran partidarios en su ma y oría d e Francisco de
Villagra, por lo que la o posi c ión de éstos a García Hurtado de Mendoza fue inmediata.
Con la posesión de los repartimientos, se tomó e l control de l monopolio de la violencia,
por lo que resultaba s e r una pieza angular sobr e la que se sustentaba el poder de los
gobernadores, de ahí el empeño en acelerar e ste p roceso de ree mplazo.
El 29 de abril de 1557, Franc isco de Carvajal, escribano de cámara de l Rey en la
Real Audiencia de Lima dio testimonio del proceso al que se sometió a Francisco de
296
Ibídem, p. 6 9.
297
Ibídem, p. 7 1.
148 | P á g i n a
Aguirre a la llegada de García Hurtado de Mendoza a ciudad de La S e ren a
298
. En dicho
documento se des cribe l a forma en que el nuev o gobernador apresó a Aguirre. Este
proceso lo encabezó el licenciado He rnando de Santillán, quién acompañaba a García
Hurtado en su expedición a Chile. Tras el arresto de Francisco de Aguirre, el teso re ro
Juan Núñez de Varga s, fue encarcelado y sacado del Reino de Chile, quien en una carta
dirigida al Re y , se defiende de las acusac ione s que se hici eron para justificar su
expulsión del territorio chileno
299
. Juan Núñez se había opuesto a realizar una s
libranzas de la Caja Real, siendo este el motivo pa ra promover su destierr o de Chile. En
su misiva de defensa relata lo siguiente:
“…dijo el dicho J uan Núñ ez: < yo no los t eng o que acetar hasta que se presen te y me
conste y v ea la provisión q ue el gobern ador tiene de S. M. par a poder libra r en l a caja
real> y est e t es t ig o, le dijo; < que para que se quería poner en aquellas cosas co n el
señor G obernador, que no sabía cóm o las tomaría>; y el dicho Juan Núñez le r e spondió;
<estas son verdaderas tiranías, que no las de Go nzalo Pizarro, alz arse el padre y el hijo
con l a tierra> y este testigo , le dijo; < ¿cóm o es eso? ¿Y de qué manera se alz an con la
tierra?> y el dicho Juan Nú ñez, le dijo; < ¡cóm o! No veis que l padre s e están en el Perú
y al hijo envió a esta tierra, y l o que hizo el Virrey en Perú es p roveer los oficios real es
a sus criados y desterrar a l os servidores de S. M. a España , l os cuales están dando
gritos delante Dios de l as injusticia s que c on ellos se han fecho> y este testigo, le dijo;
<pues yo entiendo que uno de los más señalados servicios quel V i rrey ha fecho a S. M.
ha sido y fue en enviar a su h ijo a es t a t ierra, por q ue, mediante su v enida, se h a
remediado esta tierra> y el dicho Juan Núñ ez, le dijo; < pues por este m ismo caso han
de per d er el juego> y est e t es t ig o l e dijo; < anda, quel Virrey, cuando en Santa Marta
quiso env iar a Esp aña a Al onso Núñez, alguacil m ayor del A bdiencia Real de los Reyes
y cua ndo a Tutueguano le quito el oficio de factor of i cial proveido por S. M., haría lo
justo, no es sino que no puede v er oficiales del Rey y vos tené is razón de estar bien con
ellos, porqu e os han dado ayuda de costa y pa l ab ras buenas y otras m er cede s, per o a mí
ni ob ras ni palabras > y este testigo, l e dijo; < pues es o sería el Virrey, pero su hijo, que
os ha fecho? > y el di c ho Juan Núñez, dijo; < también m e habl o e trato en Coquim bo
con las e ntrañas de su padre, e yo os digo que tengo de ir a Espa ña, ganando m i salario,
a dar cuen t a a S . M. dest as tierr as y lo que en ellas se hace y a aprob ar las quejas de los
m alaventurados desterrado s por el dicho Virrey, y el Rey se holgara conmig o y m e
agradecerá mi comisión> y este t e stigo, le di j o; < cosas son las que habéis di cho, que o s
298
Ibídem, 81.
299
AGI, Justicia, 1140, N.1. Me d ina, J osé Toribio. CDIHCh. Op. Cit., Tom o XXVIII, p. 8 3.
149 | P á g i n a
podrán costar la vida> y el dicho Juan Núñez, le dijo; < pues y o, t an traidor soy, com o
todos los anda l uc es > …”
300
De este amplio extracto de la c arta d e J uan Núñez de Vargas, fechada el 28 de
ag osto de 1557, se desprende la necesidad que tenía Garc ía Hurtado de Mendoza de
desterrar a todos los sujetos contrarios a sus prá c ti c as. En este caso en concreto, en lo
referente a las derramas que e ste pretendía hacer a costa de la Caja Re a l. Esta denuncia
del citado t e sorero, que podría s er interesada, la tomamos como cie rta , puesto que
posteriormente durante el gobierno de la R eal Audiencia en Concepción (1565 -1575)
Núñez volvi ó a denunciar las decisiones abusivas por parte de los miembros de la
Audiencia. Má s adelante y con el objetivo d e argumentar las actitudes “tiránicas”
llevadas a cabo por García Hurtado de Mendoza, analizaremos los puntos más
relevantes d e su jui c io de residencia, del cu al, saldría la sentencia de culpabilidad de
entre otra s cosas, las denuncias realiz a das por J uan Núñe z de Va rgas.
Retomando la acusac ión de J uan Núñez de Vargas, est e decía en el extracto
anteriormente recogido que viajaría h a sta España pa ra denunciar las prácticas del
gobernador, y así lo hizo. El 21 de enero de 1559 se presentó en Valladolid ante e l Re a l
Consejo de Indias
301
. El t e sorero relató cómo J erónimo de Villegas, ma y ordomo d e
García Hurtado de Men doza se presentó ante él, reclamando las cuentas de la Real
Hacienda del Reino de Chile, con el objetivo de sustraer todo lo que contenía
302
. Núñez
se negó a hacer esta derrama, la cu al según Villegas estaba destinada a c ompra r cierta
mercadería que tenían los comerciantes en Santiago. Pedro de Mesa, teniente de
gobernador, sería el encargado d e tom a r estos p roductos y carga rlos a l as arcas reales,
las que se deberían pagar poco a poco, provocando con esto la ruina económica de
muchos de estos comerciante s
303
. Estas prácticas serían una constante durante el
gobier no d e García Hurtado de Mendoza, todas ellas recogidas posteriorm ente en su
juicio de residencia. La declaración de Núñe z ante el Consejo d e Indias continuó
relatando las amenazas a las que fue sometido:
“…este confe sante ( J uan N úñez de Vargas) le di j o; < p ues com o siendo vos factor de Su
Majestad me habéis de decir eso y desay udar m e en cosa tan justa?> y el dicho facto r
(Jerónimo de Vill egas) le respondió que si porqu e de no acep t al las le vernia daño ; y este
300
AGI, Justicia, 1140, N.1. Me d ina, J osé Toribio. CDIHCh. Op. Cit., Tom o XXVIII, p. 8 4.
301
Ibídem, p. 8 5.
302
Ibídem, p. 8 6.
303
Ibídem.
150 | P á g i n a
confesante le dijo < ¿Q ué daño me puede venir? > y el dicho factor le respondió; < que
os quitaran el oficio y enviaran a España > y este conf esante respondió ; que m ás quería
aquello, que no hacer lo que no debiese y aventurar a pagar de su hacienda más de
veinte m il castellanos que m ontaban las d ichas libranzas, e que l fiaba que, si por aquel l o
le enviases a España, S. M. se ternia por se rv i d o dello e haría m erced; y el dicho factor
le dijo que por aquellas cosas tales no les hacia el Gobernador m er ced ni les
acrescentaba el salario; y este confesante le r espo ndió que aquello era lo que Su
Majestad m andaba, y lo otr o no lo seria…”
304
Finalmente, l as amenazas se acabarían cumplie ndo, en un principio Juan Núñez d e
Varga s fue llamando a la guerra, donde se presentó. A su llegada a C oncepción, donde
se encontraban las fuerzas del gobe rnador, fue apresado y metido en un nav ío con
destino al Perú
305
.
Estas declaraciones ante el Consejo de I ndias, fu eron tenidas muy en cu e n ta, y a
que el 15 de marzo de 1559 se emitía una Real Cédula por la que García Hurtado de
Mendoza tenía que acompañar a su padre, e l Virrey , de regreso a Espa ña
306
. Así, el 8 de
julio de 1559 el Consej o de Indias se pronunciaba sobr e el caso de Juan Núñez de
Varga s en los siguientes términos:
“…el fiscal de e ste Consejo, y vista la dicha inform ación, por pa rescer que el dich o Juan
Núñez no tenía culpa en lo que s e le im put ab a, se dio auto e n que se le dio licencia para
que libremente pudiese volver a l as dich as pr ov incias a servir el dicho su oficio de
tesorero…”
307
La Re a l Cédula por la que García Hurtado d e Mendoza y su padre el Virre y
Andrés fueron relevados de sus carg os, es fiel r e flejo de la importancia que tenía la
familia Mendoza en la corte, ya que lejos de castigarlos, se les requirió en la p enínsula
Ibérica para su designa ción a otros puestos de la administración:
“Porque nos enviam os a mandar al Marques de Cañete, v uestro padre, nuestro Visorrey
de las provinc ias del Perú, que venga a nos se rv i r en estos reinos, y ansi en su lugar
habemos proveido por nuestro Visorrey de aquella tierra a don Diego de Acevedo; y
porque conv erná que vos os veng áis en compañía del dicho Marques vuestro padre,
304
Ibídem, p. 8 7.
305
Ibídem, p. 8 8.
306
Ibídem , p . 37 5.
307
Ibídem, p. 3 02.
151 | P á g i n a
habemos acordado de proveer en vuestro lugar por nuestro gobernador de esas
provincias a Francisco d e Villagra.”
308
En este sentido, llama la atención la suavidad con que la Corona notificó a
García Hurtado de Mendoz a su destitución, pero ha y qu e considerar que su tío, L uis
Hurtado de Mendoza y Pachec o, era una de las persona s más influyente en la Corte en
estos momentos, concre tamente ejercía como presidente del Consejo de Indias.
Como hemos venido relatando, las acusac iones realizadas por Juan Núñez de
Varga s fueron mu y importantes a la hora de tom a r una decisión tan drástica , como fue
la sustitución del gobernador del Reino de Chile, pero llega dos a este punto nos surge
una pregunta sobre los sucesos acontecidos en el Reino de Chile a finales de la década
de 1560, ¿qué otros pe rsonajes de relevancia influ y eron en la decisión d e restablecer en
el gobierno de Chile a Francisco de Villagra?
El primer personaje que se nos viene a le m emoria y a fue citado en el primer
capítulo de esta tesis doc tora l y se tr a ta d el dominico fray Gil González de San Nicolás
que llegó a Chile como consejero de García Hur tado de M endoza, quien no le tuvo en
consideración desde la primera campaña en Arauco. Como consecue ncia de esta actitud
del gobernador, el misionero se desencantó rápidamente y tras denun c iar las práctica s
corruptas de l alto funcionario, y enfrentarse a los encomenderos y sus partidarios,
decidió abandonar el R e ino. Sobre la relación de fra y Gil y el gobernador Hurtado de
Mendoza y los probl emas que le conllevó mantener sus ideales próx imos a los de
Francisco de Vitoria y el padre Bartolomé de las Casas, ha sido a mpliamente tratado en
el Capítulo I de esta investi g ación
309
.
Otro importante protag onist a de estos sucesos, también presente en el Reino de
Chile y que desde nuestro punto de vista y a tesón de la repercusión que tuvo su obra,
fue clave en la d estitución de Hurtado d e M e ndoz a fue Alonso de Ercilla; poeta
reconoc ido, por su obra épica L a Arau cana , describió las a c ciones y abusos realizados
por Hurtado d e Mendoza durante sus c a mpañas a l sur del río Biobío. En nuestra tesis no
entraremos a ana li zar l a magnífica obra literaria, pe ro si indagaremos en detalles
interesantes sob re su autor, Alonso de Er cilla y Zúñiga, quien n ac ió el 7 de agosto de
1533 en Madrid. Ya a u na corta edad recorrió gran parte de Europa, y a los veintiún
años se enroló en la hueste de J erónimo de Alderete para viajar hasta Chile; como ya
308
Ibídem.
309
2. -Fray Gil González de San Nicolás, el Bar tolom é de las Casas de Chile, p. 6 0.
152 | P á g i n a
hemos mencionado Alderete falleció tras su p aso por Panamá, qu eda ndo Alonso de
Ercilla en una posición más cercana a García H urtado de Mendoza. A su llegada a
Chile, participó en las batallas de Lagunilla (8 de noviembre de 1557), Millarapue (30
de noviembre de 1557) y Quiapo (13 de diciembre de 155 8). En Mil lar apue fue te sti g o
de la muerte d e l toqui mapuche Caupolicán, el cu al, a l a post re sería el protagonista de
su obra La Araucana .
Nuevamente nos surge un interroga nte sobr e la fi g ura de Er c illa, ¿por qué en La
Araucana dejó tan mal parada la figura de García Hu rta do de Mendoza como
gobernador?, teniendo en cuenta que él mismo había participado en la g ue rra de Arauco.
Para encontrar una posi ble respue sta a esta pre gunta, nos tenemos que remontar a los
sucesos acontecidos en la ciudad de La Imperial, y que supusieron el p osterior destierro
de Er cilla de las tierras chilenas. S obre este a contecimiento existen cua tro versiones que
difieren en algunos detall e s unas de otras, pero lo que todas tienen en común es el
enfre ntamiento en L a I mperial entre Alonso de Ercilla y J uan de Pineda. Según Góngora
Marmolejo dura nte una fiesta, ambos sujetos (Pineda y Er c il la) pugnaron por sit ua rse lo
más cerca del gobernador, produciéndose un breve enfrentamiento por conseguir una
mejor posición, a lo que Garc ía Hurtado respondió g olpean do a Alonso de Ercilla
310
. La
segunda ve rsión pert ene c e al cronista agustino Bernardo de Tor re s, quien seña ló que el
enfre ntamiento se produjo dentro la i glesia mientras se c e lebraban los santos oficios,
dividiéndose los asistent es e n dos bandos los cuales no pudieron ser c ontenidos ni por el
gobernador, ni por los r e ligiosos
311
. La ter c er a versión corre sponde al cronista Pedro
Mariño de Lobera, el cual relata que fue una disputa por sit uarse en el desfile lo más
cerca posible del g ob ernador, conc lu yendo con un enfrentamiento entre Pineda y
Ercilla
312
. Por últ imo, el doctor Suár e z de Figueroa indicó de una forma parecida a la
versión de Góngora Marmolejo, una historia que transcurrió dur ante unos juegos y
donde se produjo el enfre ntamiento entre los dos capitanes castellanos
313
. S e a como
fuere , Pineda y Ercilla se refug i aron en la igl e sia imperialina temiendo la ira del
gobernador García Hurta do de Mendoza, el cual los mandó sacar del recinto relig ioso
para ser ejecutados por su comportamiento. Cuando Ercilla y Pineda e st aban a punto de
310
Medina, J osé To ribi o. Diccionario Biográfico … Op. Cit., p. 25 6.
311
Ibídem.
312
Ibídem.
313
Ibídem.
255 | P á g i n a
construirse en todo el Reino de Chile
576
. Esta práctica, d e buscar ayuda en los
encomenderos, ya h a bía sido utilizada en su estancia como guardián de la catedral de
Lima, la cual había surti do el mi smo efecto positivo que en el Reino de Chile. De est e
modo, a lo largo de su viaje, el citado prelado repitió una y ot ra v ez las prácticas
anteriormente mencionadas, consiguiendo así, la creación de hospitales para los más
pobres en todas l as ciudades d e su obispado y al menos el asentamiento de una orden
relig iosa en cada un a de ellas. En la propia Imperial, San Miguel, junt o con la
colaboración de algunos encomenderos, constru yó el hospital de San J ul ián, la catedral,
dos ermitas consagradas a San Agustín y a Nuestra señora d e la Conce pción, y tra s su
viaje al Concilio Limense (1583), trajo a monjas clarisas que fundaron un convento en
La I mperial
577
.
576
Ibídem, p. 23 3.
577
Ibídem, p. 41 1.
256 | P á g i n a
CAPITUL O 3. L OS GO BI ERNOS DE RODR I G O DE QUIROGA, MARTÍN NÚÑEZ
DE GAMBOA Y AL ON SO DE SOTOMA YOR. E L P OD ER DE LOS
ENCOMENDEROS (1575-1584)
En el siguiente capítulo de esta tesis doctoral, abordaremos los sucesivos
gobier nos de R odrigo de Quiro g a, M a rtín Ruiz de Gamboa y Alonso de Sotomayor, en
los que podremos constatar la influencia d e los dif e rentes g rupos de pod e r formados por
los encomend eros: los del “Norte” y del “Sur ” , “nuevos” y “viejos”. En es te punto
planteamos la pregunta sobre la cual versará to do este capítulo. ¿Cómo actuaban los
grupos de pode r con res pe cto a los líderes polí ti cos dentro del R e ino de Chile? Esta
interrogante no es excluy ent e con la ide a principal de esta tesis do c toral (La historia
del poder en el Reino de Chile y com o este o sciló a lo largo del siglo XVI entre
bandos, agrup a dos en los partidarios de lo p úblico contra los favor ables d e lo
privado), solo nos ay ud ará a entender el modus operandi de los bandos que influ y eron
sobre los diferentes actores políticos de la gobernación chilena. Abordar esta temática es
compleja, por lo que empezamos con el análisis de la figura de los Tenientes de
Gobernación, un cargo que existía anteriormente, pero que tras el f ra caso de la Real
Audiencia en Conc e pción (1575) se reforzarán las competencias del cargo en el Reino
de Chile. Respecto a los estudios biográficos sobr e indi viduos claves en es tas luchas de
poder, que hemos venid o realizando para cont extualizar nuestra hipót e sis, en este caso
veremos el papel que jugó Melcho r Calderón. Cronológ icamente, est e capítulo se
enmarca entre los años 1 575 y 1592, etapa en la que acontecerán, entre otras cosas, l a
llega da de los co rsa rios i ng leses en las costas del Reino de Chil e . Estas incursiones
serían utiliz ada s por los gobe rnadores, para ll amar la aten c ión de la Corona y el
Virreinato e specialmente con respecto al envió de socorros.
Como y a hemos indi c ado anteriormente, en esta etapa ( 1575-1592) los
encomenderos se harán notar durante todos los gobier nos, concretamente durante los
gobier nos d e Rodrigo d e Quiroga y Martín Nú ñez de Gamboa, personificados en la
figura de los Teniente s de Gobernac ión. Dentro de este contexto, vere mos cómo
Gamboa oscila hac i a las posiciones defendidas por fray Antonio de San Mig uel,
crea ndo un a nueva tas ación más benevolente con los naturales encomendados, como
exigía el prelado d e La I mperial. Durante el gobierno de Alonso de S otomay or, se
constataría la inf luencia de Ramiriáñez de Saravia, hijo del antiguo presidente de la Real
257 | P á g i n a
Audiencia en Concepción, ade más de la llega da de una nueva “ c orte” e n torno al
gobernador, que se benefició de su afinidad con éste. El caso más significativo sería el
del propio herm a no de Alonso de Sotoma y or, Luis de S otomay o r, nomb ra do Teniente
de Gobe rna ción en el momento que lle g ó al Reino de Chile (1583). El gobierno de
Sotomayor, será sim ilar a los de García Hurtado de Mendoza y M e lc hor Bravo de
Saravia, por la llegada de nuevos encomenderos que cortaron las aspiraciones de los
veteranos de la gue rra de Ar auco.
Finalmente, r e sponderemos al interrogante planteado anteriormente, ¿ c ómo
actuaba n los grupos de p oder para con los lí de res políticos dentro del Reino de Chile?
Gracias al análisis pormenorizado que realizaremos a lo lar g o de este capítulo,
argumentaremos como los diferentes grupos de poder dentro del Rein o de Chile se
sirven de los diferentes actores polí tic os para alcanzar sus metas. De ig ual modo
analizaremos en qué situ ación quedan los que hemos denominado como “encomenderos
del norte” y “enc omenderos del sur” tras el final del gobierno de Alonso de Sotoma y or.
1.-Los Tenientes de Gobernación
En este epígrafe, como hemos comentado en la introducción de este c apítulo,
comenzaremos analizando la fi g ura de los teni entes de gobernación en el Reino de
Chile. La definición clásica del car g o de tenien te de gobernación, corresponde a un a
persona d e confianza d el gobernador, el c ual en el caso su ausencia le sustituiría,
además d e a y udar en dife rentes tareas d e g obierno. La s funciones atribuidas
dependerían de la sit ua ción en la que se encontraba el te rr it orio en cuestión.
Normalmente los tenientes de g obe rna ción se encargaban d e tarea s secundarias, es
decir, como por e jemplo en e l Reino de Chile, el gobernador se centraba en la estrategia
y accionar en torno a la guerra de Ar auc o, y el teniente de gobernación, a la
administración y just icia.
Según el historiador v enezolano Gilberto Quintero, la figura del tenie nte de
gobernac ión, correspondía principalmente a tres tipos de sujetos; tenie nte letrado,
persona instruidas en le y es, que as e sorab a n al goberna dor en dich a materia ( es el caso
258 | P á g i n a
de Hernando de Santill á n
578
); el teniente general, encargado de la estrategia mi litar
(Martín Ruiz de Gamboa
579
); y teniente territ oria l, al cual se la entregaba la
administración de una región en cuestión
580
(Rodrigo de Quiroga
581
). Teniendo en cue nt a
la definición realizada p or Quintero para l a figura del teniente de gobernación en el
territorio de Nueva Gr anada , ésta coincide completamente con los casos que hemos
venido atesti g uando d e tenientes nombr ados en el Reino de Chile. Dicho lo cu a l,
utilizaremos la definición realizada por este investigador para analizar a los tres
tenientes de gobernación de este estudio; Hernando de Santillán, Melchor C a lderón y
Luis López de Azoca. A continuación, veremos los ejemplos y a mencionados, y como
estos actúan en re spuesta de sus intereses persona les, uno a favor d e los encomenderos
“nuevos”, y los otros dos a los “viejos” o del “norte”. Gracias a e stos ejemplos
argumentaremos las luchas int e rnas entre Gobernador y Teniente de Gobernación, y las
repercusiones que estas tuvieron para el régimen de los repartimientos.
1.1.-Hernando de Santillán y F igueroa
Hernando de Santillán y Figueroa, nacido en Sevilla en torno al año 1519, fue el
primer teniente general del Reino de Chile, nombra do por García Hu rtado de Mendoza
en e l año 1557. Ha sta este nombr a miento había ejercido como oidor de l a Real
Audiencia de Lima, p ero con la llegada d el nuevo virrey, Andrés Hurtado de Mendoza,
y qu e éste encargase a su hij o, García Hurtado d e Mendoza, el gobierno del Reino de
Chile, hac e que Santillán se convierta en c onsejero de é ste último. Su elección para ir al
Reino de Chile en calidad de Te niente de Gobe rnación no fue casu a l. S a nti llán, y a había
tenido desavenencias co n sus compañeros de la Real Audiencia, y con este movimiento
político, el nuevo virrey buscaba no solo a y udar a su hijo en el gobierno del Reino de
Chile, sino también ev itar conflictos dentro d e l ór g ano supremo d e justicia del
Virreinato. Como relata Diego Barros Arana, el nombramiento de Santillán iba
578
Her n ando de Santillán dese m pe ñara el cargo de Teniente de Gobernación d u r an te el gobierno de
García Hurtado de Mendoza. Encargado del asesora m iento legal de García H urtado de Mendoza, el cual
enmarcamos co m o ej emplo del T enien te de Go bernación Letrado d escrito por Gilberto Qu intero.
579
Martín R uiz de Gam b oa actuó com o Teniente de Gobernación durante el final del gobier n o de Rodrigo
de Quiroga. Encargado de dirigir al e jército en la guerra de Ara u co po r la avanzada edad del gober n ador.
580
Quintero, Gilb erto. “Gobernador es y Tenientes de Gob ernador en la pro v incia d e Venezuela. De los
Welser a Juan de Ville gas (1 528 - 1553)”. Boletín de la Aca d emia Nacion al de la Histor ia. Vol. 92 Núm.
365, C aracas, (200 9 ), 111 -119. p. 3.
581
Rodrigo de Quiroga desempeño el cargo de Capitán General, pero lo podemos utilizar de ejemplo al
estar subord in ado a la Real Audiencia de Concep ción, te niendo solo competencias en materia m il itar y
restringidas a las ci udades de Concepció n , Angol y La Imperial.
259 | P á g i n a
acompaña do de un sala rio de 3.000 pesos anuales y la imposibilidad de obtener
encomiendas como funcionario real
582
. Como vere mos más adelant e , la pr ohibición de
que Santillán poseyese una encomienda no fue cumplida, puesto que García Hurtado de
Mendoza le entregaría un repa rtimiento de indios en la ciudad de Osorno.
Santillán se mantendría leal al servicio de su valedor el gobernador García
Hurtado de Mendoza, a diferencia, como veremos a continuación, de M e l chor Calder ón
y Luis López de Azoca .
La principal t area encargada a Santillán en el Reino de Chile fue la visi ta y
tasación de los naturales encomendados con el objetivo de regular el sistema del
servicio pe rsona l, es decir, la eliminación de éste, po r el pago de tributos a los
encomenderos. Hernand o de Santillán a su ll e gada al Reino de Chile, comenzó a ejercer
como el principal consejero de García Hurtado de Mendoza, ejemplo d e esto, es el
modo de actuar del gobernador en la primera confrontación con las fu e rzas mapuche en
Concepción. En dicho lugar, deso y ó los consej os de otro de sus consejeros, fra y Gil
González de San Nicolás, que apostaba por una estrategia menos bélica y más centrada
en el parlamento, como bien hemos descrito en el capítulo I en el epígrafe sobre la
figura de fra y Gil. Hurtado de Mendoza s e apoy ó en los consejos d e Hernando de
Santillán, especialmente en la idea de continua r con el conflicto mediant e la estrategia
militar. L a consonancia entre e l letrado y el g obe rnante, un hecho continuo a lo larg o de
la estancia del primero en el Reino de Chile, se aprecia en que este últim o le entreg ó una
encomienda en los tér minos de Osorno. Este suceso es clave para entender el
posicionamiento de Santillán en de las luchas entr e los encomenderos, eje de esta tes is.
A partir d el momento en que el visitador tomó posesión de su r e partimiento, pasó a
formar parte d e l grupo que hemos denominado como “encomenderos nuevos”, por lo
que su tasación tuvo qu e estar condi c ionada po r esta condición. La nomb ra da “tasa de
Santillán” tenía como objetivos máximos la elimi na ción del servicio personal,
sustitu y endo este rég ime n por el pa go de tributos. Pero nada más lejos de l a realidad, y a
que las presiones por parte de los encomenderos f a vorables a continua r con el “servicio
personal” tuvieron su respuesta en el mantenimi ento de esta, r egulada p or la “tasa d e
Santillán”, pero continu ando su funcionamiento. Con la tasac ión, se limitaba a los
hombres y muj eres entre los 18 y 50 años el se rvicio personal, además de or g anizar el
582
Barros Arana, Die g o. Historia General de Chile. T omo II. Santiago de Chile: Seg u nda e dición. 2000,
p. 84 .
260 | P á g i n a
trabajo mediante el sist ema de l a mita
583
. Tenemos que tener en cuenta la falta de
registros de nacimientos, es decir, la dificultad de calcular la exactitud de la eda d de las
personas, por lo que el cumplimiento de la ley posiblemente no se cumplió. Esta falta de
información person a l, propia de la época, facilita ba la ex plotac ión de la mano de obra
infantil, es por eso que se regula que solo se podrán emplear en e l “se rvicio personal” a
los mayores de 18 a ños.
Dicho lo cual, vemos cómo el sistema del “servicio personal” continuó y más
aun teniendo en cuenta que con la tasación r ea li zada por Herna ndo d e Santillán, este
abusivo rég imen quedaba amparado por las l ey es. No s ería hasta 1580, durante el
gobier no de Martín Rui z de Gamboa, cuando verdaderamente se trató de abolir e l
“servicio personal”.
La carrera de Hernando de Santill á n en el Reino de Chile estuvo unida a la de
García Hu rtado de Mendoza, por lo que cuando el gobernador se vio forzado a
abandonar el Reino de Chile, éste siguió sus pasos. C on la llegada de Francisco de
Villagra en 1561 como n uevo gobernador, la suerte de Herna ndo de Santillán cambiaría
y a que un a de las primeras medid as tomadas fue su encarc e lamiento para evitar su
salida del territorio sin dar cuentas sobre su jui c io de residencia
584
. Con respecto a este
encarce lamiento Santillán escribe al licenciado La Gasca, quejándose del tratamiento
que Francisco de Villagra le e stá proporcionando.
“…tres o cuatro días antes que m e viniese a em barcar rogué al gobernador desta tierra
que comunicase con V. S. si había alg una causa o propósito de detener este navío que se
m e avisase, porque no rece bi r i a n i ng una pesadum br e de aguard ar lo que a V. S. y a el
paresciere; y después de haberlo hecho, m e respondió que no había cos a ninguna porque
detenerm e, ni V . S. l e quería detener, y con esto me di priesa más de la que me diera y
m ás de la que me convenía, y me vine, y en sa lien do yo del pueblo , l u ego es tuv o
aparejado el ca ramillo de alboro tarse el puebl o sin haber de que n i para qué. Yo estoy
tres días ha pasánd ome al sol, q ue basta para cobrar una enfe rmedad, y com o se detiene
allá al maest re y el batel, aun de agua no nos har t am os. Aquí m e han dicho que hasta
que se cargue Antón de R odas, se ha de d etener es te. Y o no sé en qué he deserv ido a V.
S. , porqu e con tanta crueldad y oprobio me trate y de m at eria al menosprecio que de mí
se tiene, pues aunqu e y o no fuera ta n serv i dor de V. S. , no l o hobie ra m ostrado a tod o el
583
Definición de la “mita” . Sistema labor al em pleado prim er o por el Imperio Incaico y con tin uado por los
españoles en América, consistente en la utilizac ión de parte de la población originaria para el d esarrollo
de diferentes labo res (principalmente la m inería), a modo de pago de tributo m edia n te el tra bajo.
584
Medina, Jo sé To ribi o. CDIHCh. Op. Cit., To m o XXI X, p. 313.
2 61 | P á g i n a
m undo con demostraciones i nt erior e s y ext e ri o res, bastaba ser yo criado de S. M. para
que se tuvie r a o t ro t r at o conm igo…”
585
Como podemos extraer d el relato del licenciado S antillán, Francisco de Villagra
retrasó la marcha d e ést e , para que no sucedier a lo que y a había p asado con García
Hurtado de Mendoz a , que había salido del te rr i torio sin esperar a su susti tuto. Este
movimiento de Hurtado de Mendoza, respondía a la prof unda enemistad que existía con
su suce sor, y por el duro juicio de re sidencia al que sería sometido de caer en manos del
nuevo gobernador, Francisco de Vill a gra. Finalmente, Hernando d e Santillán seria
puesto en libertad, partiendo hacia Lima e s e mismo año (1561).
Santillán retomó su carre ra lejos de Chile, en concreto en la Real Audie ncia de
Quito, de la cual, serí a n ombra do como su prime r presidente, tomando po se sión de su
cargo el 18 de septiembr e de 1564
586
. Durante su estancia en este territorio f ue acusad o
de “tiranías y vejaciones, de ambiciones en el gobierno, de destierros sin causa”
587
, entre
otras cosas. Durante su juicio de residencia fue condenado a p ag ar dos mi l pesos de oro
por generar grandes enemistadas durante su gobierno. Un ejemplo para entender lo
trascendental e influy ent e del ape ll ido Santillán, es que, tras su paso po r Quito, volvió a
la P e nínsula Ibérica , donde pasaría po r la Corte Real. Estando en ella consiguió que se
le redujese la multa de dos mil pesos a solo trescientos
588
. Hernando de Santillán inclus o
fue propuesto como obispo de la diócesis de Charc as (11 de ma yo de 1572), cargo que
nunca ll e gó a o cupa r, ya que la muerte le sorprendió camino de su nueva diócesis,
concre tamente el 8 de junio de 1574 en Lima
589
.
Hernando de Santillán personificó perfectamente el papel de “teniente letrado”,
acompaña ndo y aconsejad o a Garc ía Hurtado de Mendoza durante la estancia de ambos
en el R e ino de Chile. L a re lación e ntre teniente y gobernador siempre fue buena, a tesón
de lo que hemos expuesto anteriormente, por lo que también compartieron enemi g os,
como fue el caso de Franci sco de Villagra. Por último, tenemos que puntualiz ar la
importancia del apellido Santillán en la época, es decir, a pesar de que su figura resultó
perjudicada tr a s varios jui c ios de residencia, siempre consiguió restituir sus
585
Ibídem.
586
Medina, J osé To ribi o. Diccionario Biográfico …Op. Cit., p . 8 12.
587
Ibídem. Carta de Ma rtín de Car ranza, f echada el 1 5 de m arz o de 1566.
588
Ibídem.
589
Ibídem.
262 | P á g i n a
crede nciales, ejemplo de esto, es que murió camino a su nuevo cargo co mo obisp o de
Charcas.
1.2.-Melchor Calderón
El estudio biográfic o de la figura de Melchor Calderón y d e su forma de actuar
en la segunda mitad del siglo XV I en el Reino de Chile, es clave para entender las
luchas int e rnas dentro de la sociedad española de la época. Si catalo g amos a fr a y
Antonio San Miguel, obispo de La Imperial, co mo defensor d e los beneficios de los
encomenderos del sur, p ue s Melchor Calderón e s su némesis, es de c ir, valedor de los
intereses de los encomenderos del norte. Esta d efinición queda un poco res tring ida para
ambos protagonistas, p uesto que trascendieron del ámbito socio - político, teniendo
mucha influencia eclesiá stica , especialmente, Sa n Miguel como primer obispo de La
Imperial.
Calderón vivió dos etapas claramente delimitadas, la primera, en la que aspiró a
ser obispo, (Santiag o, Co nc epción y p rovincia de los Juríes y Diaguitas); y una seg und a
que tuvo un may or carácter político, ejemplificada en la obtenc ión del título de “teniente
de g obernación” durante el mandato de Rodrigo de Quiroga (1575 -1580). Una vez
introducido el personaje, r e alizaremos un pe que ño r e corrido por su vida, pa ra
posteriormente detenernos a an a li zar en profundidad y de una m anera pormenorizada
las dos etapas anteriormente citadas.
Calderón nació en La Haba (Extremadura, España) aproximadamente en 1526.
El he cho de qu e lle ga r a a Chile e n 1555 no fue c asualidad, puesto que Pedro de
Valdivia era su tío
590
. Tres años antes, habría cursado estudios en la Universidad de
Salamanca, obteniendo el título de bac hiller e n Teolog ía en 1552
591
. E n 1558 lo
encontramos en la ciudad de Concepción, en la que había soli cita do la entrega de un
solar bien ubicado “porque quería a vecindarse en la ciudad”
592
. Finalmente consig uió e l
terreno sol icitado, p ero en 1601 vendió parte de él; este det a lle no pasaría del
anecdotario en otros c a sos, en éste será pilar fundamental para entender cómo actuó
dentro del Reino de Chile.
590
Medina, J osé To ribi o. Diccionario Biográfico … Op. Cit., p. 1 54.
591
Ibídem.
592
Ibídem.
263 | P á g i n a
Melchor Calderón fue un a figura importante d e ntr o de la so c iedad americana de
la época, ejerciendo cargos como el de visitador general de la ciudad de Concepción;
también fue comisario de la Cruzada y d e l Santo Oficio (2 de abril de 1572), ya en
Santiago; y , por último, haciendo de tesorero del primer coro de la c atedral de Sant iag o,
Provisor y Vicario Ge n eral entre 1596-1598
593
.
Melchor Calderón fue a utor en 1607 de l a obra: “T ratado de la importancia y
utilidad que hay en dar por esclavos a los indios rebelados en Chile”
594
, aprobado tra s
la pérdida de las siete ciudades al sur de l Biobío, y que supuso la victoria de los
intereses d e los encomenderos del no rte sob re l os del sur. Esta importa nte incó g nita,
será ampliamente analizada en el siguiente capítulo. Melchor Calderón falleció en 1610
en el Reino de Chile.
1.2.1.-Las aspiraciones diocesana s de Melchor Calderón
Tras este breve recorrido por la vida d e nuestro protagonista, analizaremos la
primera etapa en la qu e hemos dividido su estancia en el Reino de Chile. Durante este
periodo, que podemos a c otar cronológicamente entre los años 1555 y 1 575, Calderón
aspiró a presidir una dió c esis. La primer a recomendación al re y de Melchor Calderón
para un puesto de relevancia en el Reino de Chile, llegó por parte de su hermano, fray
Francisco Calderón, c apellán de la corte y m uy ce rcano a F elipe II
595
. Francisc o
Calderón seña la lo si g uie nte:
“El licenci ado fray Francisco Calderón, capellán de V. M., de la Orden de Alcántara ,
digo: que en el obispado de Chile están las prov incias que se dicen de los Juríes y
Diaguitas, que es m ucha tierra, en que hay cinco o seis ciudades de españole s
principales (…) por las causas susod ichas, ni son prov i ncias que se puedan desear con
codicia y am bi ció n, sino con sola intención de ser vir a Nuestro Señor en ejercicio
espiritual, porque en ellas no hay oro ni plata, ni se ha descub ierto hasta agora; y si V .
M. determina apar t a r las dichas prov incias del obispado de Ch i l e, como par e ce ser
necesario, en la ciudad de la Concepción de las prov incias de la Nueva Extremadura
está el bachiller Melchor Calderón, clérigo, cur a y tes or er o en l a iglesia may o r de la
dicha ciud ad, y prov isor y vicari o general en todo el obispado de Chile, y ha sido
visitador gene ral del dicho obispado y bachiller en teología por Salam anca, hijodalg o,
de buenas costum bres y ejemplo, non codicioso, y que de seis o siete años que ha estado
593
Ibídem.
594
Calderón, Melchor . Tratado de la importancia y utilidad q u e hay en dar por esclavo s a los indios
rebelado s en Chile . Madrid, 1607 .
595
Medina, Jo sé To ribi o. CDIHCh. Op. Cit., To m o XXVI II, p. 374 .
264 | P á g i n a
y residi d o en aquel la tierra ( …) Por tanto, a V. M. suplico mande el dicho bachiller
Melchor Calderón sea proveido en las dichas pr ov incias con el título q ue V. M. fuere
servido dal le…”
596
La carrera de Cald e rón por conseguir una sil la episcopal había comenzado con
esta recomendación realizada por su hermano. Desde este momento, será protag onista
de movimientos políti c os-eclesiásticos, que t e nían como único objetivo presidir una
diócesis chilena. Como y a hemos coment ado, é l residía en Concepción, ya que el
cabildo de esta ciudad le había dado un amplio sola r para que viviera. ¿ A cambio de qué
el cabildo d e Concepción entregó dicho te rre no a Melchor Calderón, si este no h a bía
destacado en nada para mer ecer tal reconocimiento?
Los indicios históricos que tenemos, es qu e Calderón convenció a los miembros
del cabildo con la promesa de trasladar a Concepción la silla episcopal de Santiag o, en
ese momento en manos del anciano González Marmolejos. Esta hipótesis se sustenta
gracias a los siguientes documentos qu e an a li zare mos a c onti nuación; las primeras
informaciones que tenemos al respecto están fechadas en el año 1564, mom e nto en el
que los movimientos de los favorables a qu e la d ióce sis de Santiago s e quedara donde
estaba, y de los que pretendían su traslado, se a g iliz an. Como ya hemos indicado, el
hermano de Melchor Ca lderón, había recomendado la seg regación de la provincia de los
Juríes y Diaguitas. Esta idea fue la que abanderaría la defensa de los partidarios de que
la sede obispal sa ntiagueña no se moviese . Sin em bar g o, ¿por qué el cabildo ec lesiásti c o
y el cabildo civil de Santiago veían con buenos ojos la pérdida de la p rovincia de los
Juríes y Diaguitas con la creac ión de una nueva diócesis? La resp ue sta a esta
interrogante, la encontramos en la propia recomendación realizada por fra y Francisco
Calderón, trasladar al díscolo Melchor Calderón lejos de Conc epción y del propio Reino
de Chile. Es por ello qu e el licen c iado Juan de Herrera a primeros de m ay o de 1564,
escribió al Rey e n los siguientes términos.
“… Por el obi spo desta provincia de Chile (González de Marm olej o s) no se pued e bien
regir, por la gran distancia e inconvenientes que hay, así de l o s caminos no se poder
pasar en todo el tiempo por ser a t r as m ano. Se ra cosa m u y en servicio de Dios, nuest ro
señor, y de V. M. se divida de por si en o t ro ob ispado, porque en cuanto al g obierno de
justicia así se ha dividido por la orden de l a Audiencia de los Charcas y de vuestro
Visorrey y se ha enviado por gobernador al general Francisco de Aguirre, y así en los
596
Ibídem, p. 3 75.
271 | P á g i n a
m i Dios es testigo, fue entendiend o que al aum entar l a cristiandad de esta ti e rra
convenía y para dar ejem plo a todos los obispo s que he conocido y conozco co m o se
había de habe r en estas nuev as iglesias de indias…”
610
Calderón re c onoc e sus antiguas pr etensione s de encabe zar alguna d e las diócesis
del Reino de Chile, y por ello se disculpa, tratando de ganar credibilidad ante el
presidente del Consejo de I ndias. Finalmente, comienza a ejer cer el cargo de teniente de
gobernac ión, y cr e emos que en este punto tenemos que aclarar las r azonas por las que
catalogamos a Calderón como adalid d e los intereses de l os que hemos denominado
como “en c omenderos del norte”. ¿ Qué actuaciones realizó Calderón para qu e lo
identifiquemos como tal?
Como y a explicamos en el capítulo I, el prin c ipal problema al qu e se tuvieron
que en fr enta r los encomenderos d el norte del Reino d e Chile, fue la caída demográfica
sufrida en la región, por lo que el trasvase de población era clave par a mantener sus
rentas. Los primeros movimientos forzosos de personas fueron realizados desde el
gobier no de Bravo d e Saravia, p ero hasta este momento, no se institucionalizará el
sistema, es decir, con amparo legal promovido por el teniente de gobernación Melchor
Calderón
611
. El 13 de noviembre de 1575, éste le escribió al Virrey solicitando la
autorización y la idoneidad de trasladar a la población nativa desde la isla de Chiloé
hasta La Serena :
“…Hay en este reino dos pueblos, el uno r ic o de oro y de mantenimientos y tem ple y
m uy pobre d e indios, que entre todos los indios no hay m il ca (blanco) es la ciudad de la
Serena la primera hacia este reino y del me jor puerto del mundo y la otra tan falta de
todo que jamás acudió a ella sacerdote ni hay i nd ios cristianos y tiene muchos indios,
que es la ciudad de Cast ro en Chiloé, d es eo de pa sar d est a algunos (blanco) Se rena para
que sa qu en oro y tengan doctrina y esto ha de ser por orden de V.E. por q ue vay a con
m ás fundamento como en este reino se hace para Potosí, acá se supone alguno s
impedim entos, especia lmente por el obi spo de la Im perial , a mí me parece que la
conciencia no se perjudica en esto y que a t od o el mundo viene en hacienda y habí a
m ucho provecho y los encom enderos lo desean, suplico a V.E. se a serv i do de me
m andar avisar si a V .E. le parece bi e n que se hag a porque lo pond ré lueg o por la obra y
610
AGI, Chile, 64. Medina, José Toribio. CDIHCh. Op. Cit., Tom o II, Seg un da Serie, p. 160.
611
Medina, Jo sé T oribio. C DIHCh. Op . Cit., Tomo II, Segund a Serie, p. 201.
272 | P á g i n a
será de m uy gran efecto para el aprovecham iento de la Rea l Hacienda y de toda la
tierra…”
612
Desde nuestro punto de vista, este documento es de un gran valor,
principalmente por las justificaciones que Calderón expone para ll e var a cabo tal plan.
Primero se apo y a en la evan g elización, reiterando la idea de la falt a de sacerdotes en
Chiloé, indicando que con este trasv a se d e población se podía solucionar. La se g und a
argumentac ión se r efie r e al omnipresente oro, señalando el crecimiento de las rentas
reales de llevarse a c a bo el plan. En tercer lu g ar, añade el apo y o que posee por pa rte de
los encomenderos y la necesidad que tienen estos de mano de obra para sus
repartimientos en La Se re na. Este último pretexto es esencial para entender nuestra
hipótesis sobre los intere ses que llevan a Calderón en beneficiar a los “en comenderos
del norte”. Para sustentar nuestra idea, también nombra al obispo de La Imperial, San
Miguel, como principal opositor a que se ll e ve a cabo su estrategia. El traslado forzoso
de la población desde el sur hasta el norte, perjudicaba claramente lo s intereses de los
encomenderos asentados al sur del río Biobío, es decir, se producía una pérdida en el
valor de los repartimientos de la región meridio nal del Reino de C hile. S a n Miguel,
como y a hemos analizado, abo g aba por una estrategia radicalmente d i fere nte a l a
patrocinada po r C a lderón, centrada en la prot ec ción de los indíge nas mediante la
evangelización para evitar este tipo de destierros. Finalmente, el pl an d e Calderón se
llevó a cabo, y esto lo podemos aseg urar, gracias al documento firmado po r él mismo el
8 de septiembre de 1577:
“…el gobernado r esta en Arauco, no ha tenido rencuent ro hasta ahora con los i ndio s
salieronle de paz algunos repartim ientos y por par ecerle ser sospe chosa y fingida tomo
dellos a cuatroc i en t os i nd ios y algunas ind ias y enviolos a la ciudad de la Serena y a esta
para que anden en la labor de las minas . Son l o s más destos indios del repartim iento d e
Colocolo, ques de la encom i enda de la mujer que fue de V a ldi v ia, han naci do de aqu í
m uchos pleitos porque los encomende r os pi d en sus indios aunque estén fuera de su s
tierras, el gobern ador dice que ha de encom endarlos a otras personas, hay ya ante mí
algunos pendient es (…) porque ha de haber m uchos con l o s obispos dest e reino y en
particular con el de esta ciu dad t e ngo cada día m uchas pesadum bres, por qu e que rría que
toda la jurisdicción f u ese suya y como el remedio está lejos, padezco porque cada día
m e pone entred icho por cualquiera ocasión y en particular estos días le ha puesto po r
tener preso a un soldado que habiendo venido entre los que por mandato de V.M.
612
Ibídem, p. 2 02.
273 | P á g i n a
vinieron a este reino pagados, lleg ado aquí dijo ser de corona y por esto no haber de
servir en la guerra; admitiolo el obispo; no está determ i nado también sobre querer el
obispo conocer contra l o s casados que t ie nen sus m u j eres en España no si e ndo cosa
suya y estando sometido por V.M. a sus j uec es y por habérselo impedido hemos t en i d o
m ucha i nqui etud y por cua lq ui e r auxilio i n justo que se le niegue e s lueg o la
descomunión y entredicho y por habe r m anda do que ni ng ún j u ez i nferior pueda dar
auxilio sin pedírm el o a mí, porque lo daban con f ac ilidad, lo ha sentido tanto que en
todo lo que puede m e i nq uieta, para lo cual sería grandem ente necesario que V. M.
fuese servido de m andar que se me dies e com i sión para conoce r de fuerza s de jueces
eclesiásticos, po rque así a clérig os como a leg os hacen muchas.”
613
Nuevamente nos encontramos ante un documento que a porta mucha info rmación
sobre la situación que se vivía en el R e ino de C h ile durante el gobierno d e R odrig o de
Quiroga y su teni e nte general Calderón. En este contex to, y cómo pod e mos observar, la
petición anteriormente mencionada pa ra trasladar población desd e Chiloé hasta La
Serena, se puso e n func ionamiento, pero con un matiz re levante, la población tra sladada
no fue de Chiloé, sino de Arauco; así Calderón enumera al menos a cuatrocientos
individuos que fue ron llevados a L a Serena. E n dicho documento tam bién apa re c e
citado el obispo de S a ntiago oponiéndose a estas actuaciones de Calderón y sobre las
que realiza una petición para que sus acciones estén sometidas al criterio del propio
teniente. En este punto, tenemos que realizar una aclaración que más adelante
ampliaremos, pero qu e es esencial para entend er por qué se produ ce n estos choques
entre el te niente de gobernación y los d os obispos del Reino de Chile.
Como y a hemos analizado, el primer obispo de Santiago, Gonz á lez de
Marmolejos y el segundo, Fernando de Barrionuevo
614
, se alinearon junto con los
intereses de los encomenderos, puesto que ambos tenían encomiendas. El tercer o bispo,
según la hist oriog r a fía tradicional, Diego de M edellín
615
, tomó las tesis del obispo de L a
Imperial, San Miguel, de la defensa y evangelización de los indígena s, oponiéndose
frontalmente a prácticas c omo l a s llevadas a cabo por Calderón.
613
AGI, Chile, 8 Med in a, Jo s é Torib io. CDIHCh. Op. Cit., Tomo II, Segunda Serie, p. 3 32.
614
Según la do cum e ntación y baj o nuestro criterio , estos dos pr elados no los podemos considerar como
los dos prim ero s obispos de la dió cesis de Santiago, puesto que ninguno d e los d os fue consagrado para
tal cargo, p roceso indispensable para p o der ejer ce r com o prelados.
615
Diego d e Medellín, fue el pri m er obispo en realizar los tres pasos previos a ser pro cl a m ad o co m o
prelado , es decir, bulas papales, b u las r eales y co ns agració n (de manos del ob ispo de La Imp eria l) po r lo
que lo considera m o s co m o el primer obispo de San tiago.
274 | P á g i n a
La situación era la si g uie nte, los dos prelados del Reino de Chil e ( L a Impe ria l y
Santiago) se oponían a los traslados de población forzosa promovidos por el teniente de
gobernac ión, por lo que la lucha de pod e r entre las instituciones eclesiásticas y l a s
civiles eran una realidad. L a principal diferencia con lo que hasta el mo mento había
venido sucediendo en el Reino de Chile, es el frente común formado por Die g o de
Medellín y Antonio de San Miguel, los dos obi spos de la región. En esa épo c a, S a n
Miguel se h a bía enfrentado en solitario a estos abusos, puesto que los dos primeros
obispos de Santiago hab ían sido permisivos con estas prácticas. Por lo interesante de
esta alianza, la re la ción entre ambos prelados será analiz ada en prof undidad más
adelante.
El 17 de octubre d e 15 76, C a lderón esc ribe al re y soli c it a ndo una profunda
reforma d e ntro del Reino de Chile, consistente en reestructurar las ciudades del sur
puesto que, según él, no eran sostenibles; la solución propuestas era d evolver la Real
Audiencia a la ciud ad de Santiago y ubicar la residencia permanentemente del
gobernador en Conce pción
616
:
“…En j un tarse la ci ud ad Im per ial y la Rica todos conforman y ell as lo piden y es poco
m enos necesario que la j u nt a de las demás y con todo esto conviene que V.M. sea
servido de enviar a m andar que se haga, porqu e si no se manda no haber efecto sería
m ucho el daño. (…) Esto e s cosa t an conveni ente cuando se puede enca recer m andando
que la audiencia resida en esta ci u dad de Santiago, que sola ella la ha menes ter y el
gobernador en la de la Con cepción, porque des t a m anera cada un o haga su ofi cio…”
617
.
De haberse resuelto de forma favorable este pla n propuesto por Calderón, los
más beneficiados habrían sido las ciudades del norte y por lo tanto, los “encomenderos
del norte”. La prime ra repercusión de que este pro y e c to se hubiese ll evado a c a do,
habría sido la pérdida de poder, tanto de los “encomenderos del sur”, com o del obispo
San Miguel, enfrentado abiertame nte al t eniente de gobernación. P or suerte p a ra los
encomenderos y el pr e lado el pro y e c to fracasó por lo descabellado que resultaba, pero
destacamos la im porta ncia de este plan, pu esto que lo podemos considera r como el
primer intento por parte de Calderón, de despoblar la reg ión al sur del río B iobí o.
El enfrentamiento d el citado teniente de gobernac ión con las instituciones
eclesiástica s, le produjo un fuerte de g aste d e su credibilidad ante la Corona,
616
AGI, Chile, 8. Me din a, Jo sé Toribio. CDIHCh. Op . Cit., Tomo II, Segunda Serie, pp . 28 0 - 282.
617
Ibídem.
275 | P á g i n a
principalmente en los relativo al funcionamiento del Patronato Real
618
. Calderó n
intentaba inmiscuirse en los asuntos de la iglesia, con el objetivo de limitar la acción de
los dos obispos del Reino de Chile. Rodrigo de Quiroga, por otros motivos diferentes a
los de Calderón, también escribió al Rey acusando a S a n Miguel de no cumplir con el
Patronato Re al. Esto ocu rr ió debido a que San Miguel reclamaba un a tasac ión más justa
en su diócesis, gracias a la cual se promoviera la evangelización de los naturales
mediante la creación de doctrinas estables, territorialmente hablando. Quiroga relata lo
siguiente a l respecto:
“… El obispo de la Im perial, por defender l o que la ere cc ión de la iglesia de su obispad o
y algunas sesiones del concilio provincial parece que conceden al ordinario en lo
tocante a la doctrina de los i nd ios y sa la rio de doctr ineros, no ha querido cumpli r la
cédula de Vuestra Majesta d que trata sobre vuestro patronazg o real y sobre ello he
ocurrido a la Real Audie ncia de los Reyes, porque me escr ibí que con la decla r ac ión que
la Re al Audiencia hiciese en este caso se allanaría luego y si n embarg o de esto y o voy
continuando l a pose sión de vuestro pa tronazg o y pr esento a l as doctrinas los clérigos y
religiosos que se o cupan en ellas y no consiento ni doy lugar que si n presenta ción mía
se de salario a ni ng ún doctrinero…”
619
.
San Miguel se había veni do que jando constantemente por la falta de inversión en
sus campañas de evangelización, y es por ello que reclama con tanta insistencia la
tasación de los naturales de su diócesis, puesto que, con esta regulación encontraría la
financiac ión para sufr agar los gastos emanados del proce so mi sional. Es por esto, que
San Mig uel, acude direct a mente a la Re a l Audiencia de los Reyes ( L ima), donde pleitea
contra el propio gobernador Rodrig o d e Quiroga , donde re sulta victorioso.
En este mismo documento que estamos analizando, identificamos clara men te el
posicionamiento de R odrig o de Quiro g a d entro de nuestra tesis (encomenderos del norte
y del sur, y encomenderos nuevos y viejos). Quiroga realiza la siguiente petición al Rey:
“… A Vuestra Ma jestad su plico sea serv i do hacer merced a los vecino s encom ende ro s
de indios deste reino que las encomiend as que tienen y se les dieren sea por tres vidas,
pues todos ellos han serv i d o y sirven a V u estra Ma jestad mucho y muy lealmente y en
especial ahora que todos ellos sirv en en esta guerra…”
620
.
618
Definición del P atronato Real. Corpus legislativo esgri m id o por la Corona español a para el control del
estamento eclesiá s tico en América.
619
Medina, Jo sé T oribio. C DIHCh. Op . Cit., Tomo II, Segund a Serie, p. 310.
620
Ibídem, p. 3 11.
276 | P á g i n a
En esta cita literal, vemos como claramente Quiroga aboga por que los
“encomenderos viejos” conserven las encomiendas “por tres vidas”, es decir, pasarlas
en herencia de pad re s a hijos y a los nietos d e los primeros. Este movimiento del
gobernador, se g ranjeaba el soporte d e los viejos conquistadores españoles, a los que el
mismo pertenec ía. La ap a rente ventaja que esto s uponía, respecto al apo yo recibido por
este grupo social, conllevaba una gran contrapartida; la ausencia d e r e compensa en
forma de repartimientos para los que p a rticipaban en la guerra.
Retomando el conflicto entre Melchor Calder ón y los obispos, Diego de
Medellín prelado de S a nti a go, escribió al Rey el 6 de enero de 1577 en los siguiente s
términos:
“…el licenciado Calderón, teniente genera l deste reino, es hombre f i er o y sin razón,
porque cierra como toro a cuanto quiere : g r an merced haría V.M. a este reino en darle
otro tenient e más cuerdo y más as ent ado, que este no tiene termino en sus cosas: en un
día com etió c uatro sacrilegios y proceder co ntra el jur ídi cam ente y por razón es tom arse
con un toro o fiera brava y así no hay notario ni let rado que ose ayudarm e, a todos los
espanta y aun cuatro o cinco veces m e he quer ido e spantar con gente que viene con él y
dice palabra s malas y feas en voz airada, en fi n, él lo quiere llevar por fuerza, dij om e
que estaba suspenso y privado porque tem e l a j u ri s dicción que la sede vacante m e dio
por encarg árselo V.M.; yo le respondí que yo estaba bien seguro que no me mandaría
V.M. y su Real Co nsejo cosa contra con ciencia.”
621
.
Dieg o de Medellín soli c ita de forma clara l a sustit uc ión del teniente de
gobernac ión, principalmente por los abusos que, seg ún él, estaba cometiendo. L o qu e
podemos interpretar de este documento es una carta fruto de la enemistad que ex istía
entre Mede ll ín y Cald erón, esta idea se ve reforzada por otros textos que critica n
duramente la ma nera de actuar de este último.
El 14 de enero de 1577, Francisco de Gálvez, contador de la Rea l Hacienda del
Reino de Chile, escribió un memorial al Re y so bre materias d e h ac iend a y gobierno,
donde hace referencia a las malas prácticas realiz a das por Calderón, que refuerzan las
críticas realizadas por el prelado Diego de Medellín. Según Gálvez, Calde rón una vez
tomada la posesión del cargo d e teniente de gobernación, comenzó a generar su propia
621
Ibídem, p. 3 22.
277 | P á g i n a
red clientelar, nombrand o a sus allegados para algunos puestos de importancia dentro
del Reino de Chile
622
:
“… en l a visita que t om o a pr es i den te e oidores hizo m uchas condenac iones al doct o r
Saravia y l i cen ciado Torres de Vera y doctor Peralta y dende ha m uchos días de
acabada, por un auto nos m andó que de los pesos de oro que se les restaba debiendo de
sus sal arios depositásem os en su persona cua tro m il quinientos para gastos de la v i si ta y
porque le respondim os que no los había y q ue pues que los tenía condenados en t ant a
suma de pesos de oro para vuestra cámara, que hasta tanto que las t a l es condenac iones
fuesen revocadas (…) Ha n ombrado una persona para el tomar de l as cuen tas y di ce que
le ha de seña l ar un muy buen sal ario de vuestra Rea l C aja y porque le ped í s i tenía poder
para señalarlo, dice quel l o puede hacer y que las leyes lo disponen (…) Por qué pidió al
gobernador qu e prov eyese a un Fra ncisco Cal derón po r fiscal deste reino con muy buen
salario. Porque se llam a de su ape llido y dice es su pariente, el cual dem ás destar
m andado ir a Españ a por casado, es el hombre más d e burla y per d ido del mundo y de
que menos necesidad hay , sino es como tengo dicho de un letrado y procurado r y no lo
hizo ni le dio la escribaní a del cabi l do y numero de Valdivia que le pidió para ot r o
pariente suyo, que no sabe sino t r ae r los naipes en la capilla y se dio a uno que sirv ió a
V.M. con m i l p es os, está mal con él y conm igo.”
623
.
La ca rta de Gá lvez continúa re latando el asesinato de Ga rcía S uá rez de Figueroa ,
quien ya ha sido citado anteriormente en esta in vestig a c ión, siendo el soldado que fue
acogido por el obispo de Santiago, declarando que él solo obedecía al rey y no al
teniente de gobernac ión
624
:
“… quiere que le llam en general y ot ras vanidad e s y cáusalo ser moz o de m enos
experiencia y amig o de gente inquieta, aunque e sto no es despan t ar, po r que según dice
en este r e i no y él se alaba dello, ha muerto un hombre en Castilla y ot r o en el Perú
donde el anduvo siempre y lo que y o de llo siento, es qu el g obernador y él no se llevan
bien a c ausa de algunas cosas que hace tan fuer a de lo que para V . M. lo e nvió y decir
como dice que el gobernad or no le puede mandar nada ni ir a la m ano y se r tan diferente
en las condiciones, asiento y sosiego, el cual t iene tan poco que porque hab rá quince
días que sin haber para que fue a sacar uno de la iglesia y el arcediano della le rem puj o
diciendo que se sal i e se della, le dio dos bofe t ad as y se andaba al a bando d ello y ayer a la
m edianoche, estándose un ca ballero q ue s e decía Garc ía Suárez de Figueroa, que era d e
622
AGI, Chile, 29. Medina, José Toribio. CDIHCh. Op. Cit., Tom o II, Seg un da Serie, p. 324.
623
Ibídem, pp . 326-327.
624
AGI, Chile, 8. Medina, José T oribio. C DIHCh. Op . Cit., Tomo II, Segunda Serie, p. 332.
278 | P á g i n a
Guadala j ara, en su cam a , entraron tres y le die ron siete heridas de que murió dentro de
veinticua tro horas y dice todo el pueblo que f u e él el que le mato porque h abía di cho
m al del. V .M. s e i nf or m e de todo y vera los i nconv enientes y daños que por acá hay e se
siguen e seguirán de que entre el gobernado r y el teniente haya diferencias, ni más de
una v ol un t ad y que la justicia es te en pe rsona tan i nq uieta y que teniendo l a cara no se
puede averiguar ni saber m ás que lo que él quiere, porque publ i ca se le prom etió un a
plaza de los R eyes a Charcas.”
625
El futuro de Melchor Ca lder ón como teniente de gobernación quedaba mu y en
entredicho a tenor de estas graves acusaciones; nombramientos de allegados, mala
relación con el gobernador, enfrentamiento con las instituciones eclesiásticas y el
asesinado d e Ga rc ía Suárez de Figueroa. Rodrigo de Quiro ga es c ribió al Rey el 26 de
enero d e 1578, nombran do al licenciado Es c obedo para realizar las pesquisas necesarias
para esclarecer el asesinato de Garc ía Suárez
626
. En este mismo documento, Quiroga ,
recomienda como sucesor su y o a su yerno M artín Ruiz de Gamboa, y al propio
licenciado Esc obedo como teniente de gobernación:
“…de los caballeros que en este reino están me p arec e que el marisca l M artín Ruiz de
Gam boa es uno a quien se podría encarg ar el gobierno de esta tierra, por antigü edad y
prudencia y experiencia y calidad de persona y para el cargo de teniente me parece que
lo podría servi r el licenciado J uan de Escobedo, que est á en opinión de buen let r ado y
de mucha expe r i enc i a. Yo tengo cedula de Su Majestad para nom brar gobernador al
tiempo de m i muerte que gobie rne este reino hasta que Vuestra Ex celencia prov ea…”
627
Rodrigo de Quiro ga fue el único gobernador al que se le otor g ó licencia para
nombrar a su suc esor, y designó a su y erno Martín Ruiz de Gamboa. E n el mi smo
documento, Quiroga hace referencia al gran dañ o que estab a produciend o el plan del
licenciado Calderón de desterrar a los naturales re belados. Este testim onio viene a
reforzar la a rg umentación anteriorme nte ex pue sta re ferente al perjuicio que el destierro
producía entre los “e nco mende ros del sur ” en favor de los “encomenderos del norte”.
“…conform e a l a instrucci ón y provisión que V ues t r a Excelen cia me envió ( … ) en lo
tocante al destierro de estos indios y r ebel ados, porque desterrán dolos y haci é ndol o s
m itimaes se pacificara este reino m ás brev emente (…) si se diese lugar a él sería estorbo
de lo que tan to conv iene al serv i cio de Su Majest ad y a la quie t ud de e ste re ino
625
AGI, Chile, 29. Medina, José Toribio. CDIHCh. Op. Cit., Tom o II, Seg un da Serie, p. 327.
626
AGI, Chile, 314 . Medina, J os é To ribio. CDIHCh. Op. Cit., To m o II , Segun da Serie, p. 350.
627
Ibídem, p. 3 52.
279 | P á g i n a
procurare obviarl o como cosa dañosa y es que los enc om enderos de estos indios
rebelados pretenden que no sean desterrados o que ya que lo sean que no han de ser
despojados de los tributos y aprovecham ientos de ellos y están tan determinados en eso
que doña Marina
628
(…) se h a atrevido a poner pleito sobre los indios que desterré de
Arauco y envié a La Serena y como Su Maj e stad mando dar comisión al licenciado
Calderón para oír de pleitos sobre indios conforme a lo de Malinas, ha oído y oye de
este pleito y si com o lea l v asallo de Su Majes tad no conside ra el daño que d e c ono cer de
estas causas redunda y mandase alzar l os destie r ros o mandase dar l os indios
desterrados a sus encom ender o s, seria en vano la cedula de Su Majestad y todo el
trabajo y gasto que se hace sobre pacific ar estos i ndi os y seria turbada l a esperanz a del
premio de la g ent e d e guerra y se im pedi r í a l a pa cificación de es te reino y a tanto m al yo
procurare no dar lugar, que aun he querido sufrir en otras cosas que el l i ce nci ad o
Calderón diga que yo no lo puedo m anda r y que es igual en j u ri s dicción conmig o, en
este caso no l e s ufriré…”
629
En este sentido, Quiro ga reconoce del perjuicio del destierro forzoso de
población del sur del Rei no de Chile, prin c ipalme nte por los pleitos que se ge neran y la
desaparición de recompensa para los mi litare s que aspiran a conseguir repartimientos.
Igualmente reg ist ra sus difere ncias con el licenciado Calderón, y las atribuciones
jurisdiccionales que éste se adjudica, actuando como gobe rnador y no como teniente de
gobernac ión. La rivalidad entre los dos altos cargos del Reino de Chile era una rea li da d,
contraviniendo uno las órdenes del otro. Fra n cisco de Gálvez describe el 8 de febrero de
1578 las luchas entre teniente y g obernador:
“El licen ciado Calde r ón anda m uy a m alas con el gobernador y dice públicam ente qu e
no le puede m andar po rque él es también prov eí do po r V.M. com o él y que no hace cosa
que le mandare y dijere y otras m il cosas a esto y semejantes y aunque peores y ahora
desde la g uerra le r em itió un negocio de justicia para que com o letrado lo determ ine y
respondió que no lo quería hacer sino lo que V . M. le mandase, de que t od o este reino
tiene que decir y ya V. M. v e lo que d e sem ejantes competen cias e b andos suel e suceder
y si no se rem edi a o manda lo que se ha de hacer no se en que ha de para, porquel
gobernador entiendo que por no dejar la guerra pasa por todo, aunque dello creo se le
han de seguir grandes inconvenientes y si a V.M. se ha de decir verdad, este r e ino n o
628
Marina Ortiz d e Gaete viuda de P ed ro de Vald iv ia.
629
AGI, Chile, 314 . Medina, J os é To ribio. CDIHCh. Op. Cit., To m o II, Segun da Serie, p. 355.
280 | P á g i n a
tiene necesida d e teniente gener al porque en todas las ciudades de él hay alcaldes
ordinarios que c onocen de civil y crim inal…”
630
Asimismo, examinamos cómo el lice n ciado C alder ón se extralimita en sus
competencias como teniente de gobernación, deso y endo las órdenes de su superior,
Rodrigo de Quiroga. Gálvez rec onoce nue vamente el proble ma social que siempre había
estado presente en el Rei no de Chile, identificando las luchas de b a ndos p or sus cuotas
de poder, que hemos venido analiz a ndo a lo largo de esta investigac ión.
Finalmente, todas las críticas y denuncias realizadas sobr e M e lchor C alder ón
encontraron contestación en la destitución de éste como teniente de g obernación. El 27
de octubre de 1579 Calderón escribe al R ey notificando haber recibido la carta sobre su
sustitución.
“Despué s que los días pasados r e ci b í a Vuestra Majestad, el es t ado desta tierra ha ido
tan en aumento su caída que casi no se t i ene espera nza de r em edio, hace grandís ima
lastima v er la m ej o r d e las que se saben que h aya en el mundo en t an g r an des v entura y
sin ocasión m ás de a sa bie ndas haberlas querido poner así. Por una carta que el virrey
del P erú po r vía de I ndias e scribi ó al g obernador, se ha entendido v enirme por m andado
de V. M. suceso r a este oficio. Des eo grandem ente llegue a tiempo que pueda ir y o en
est a flota a dar relación a V.M. de las cosas deste reino. De corsarios no ha habido más
nuevas m ás de que en esta cos t a en lo pos t re r o q ue della se habita d e españo les hacia e l
Estrecho hab i do s eñales de se hab er perdido al g ún navío que debe s er dellos ”.
631
Co n esta escueta c arta, Calderón pide al poder sali r del Reino de Chile tras habe r
sido destituido como teniente de gobernación. Es ta soli citud para regresar a España no
es casual, y a que Calderón temía el juicio de residenc ia correspondiente p or su sucesor,
pero como veremos a continuación, L uis L ópez d e Azoca, fue muy benevolente con su
predecesor. Por últ imo, tenemos que destacar d e l a carta la referencia a los corsarios en
las costas del Reino de Chil e , esto viene a ex plica r por qué entre enero de 1578 y
octubre de 1579 hay un vacío en la documentac ión referente a las luchas internas.
A modo de conclusión sobre estas dos etapas e n la vida de C alderón, vemos
claramente delimitados dos periodos, con una marca d a personalidad en ambos
momentos. Podemos pensar que cuando preten día o aspiraba al cargo de prelado no
tenía tanta fiereza o ímpetu para cons eg uir sus pro pósitos pe rsonales, pero caeríamos e n
630
AGI, Chile, 29. Medina, José Toribio. CDIHCh. Op. Cit., Tom o II, Segunda Serie, p . 362.
631
AGI, Chile, 8. Medina, José T oribio. C DIHCh. Op . Cit., Tomo II, Segunda Serie, p. 467.
287 | P á g i n a
La únic a ciudad que se opuso al nombramiento de Gamboa como sucesor de
Quiroga fue Osorno. En una carta fechada el 10 de agost o de 1579, el ca bildo osornino
se mostraba e n contra de la de cisión en los siguientes términos:
“…Rodrig o de Quiroga, que por su m ucha vejez y no mucha capacida d no es ya apto
para las cosas de la guerra y según la di sposición en que esta tier r a esta es bien
necesaria persona de muy m enos edad q ue acuda com o capi tán y aun que si conv i ene
pelee com o soldado y tenga prudenci a, porqu e el qu e gobierna cie r to no está p ara ello y
lo que provee y or dena es por consejo de su y er no Martín Ruiz de Gam boa, que como
por expe ri e ncia hem os visto todo va encam inado a su interés particular y mediante esto
m uy odiado en este reino y aun se ha divulgado quererlo dejar en el gobierno Rodrigo
de Quirog a después de sus días.”
645
El hecho de que la ciudad de Osorno se mostrará contraria al nombramiento de
Martín Ruiz de Gamboa no quedaría solo en la queja de l cabildo, pu e sto que se ge nerará
un movimiento reaccionario, es d e cir, un motín de los españoles en cont ra del propio
gobier no del Reino de Chile. El 23 de marzo de 1 580, fr a y J uan de Vega, en declar a ción
ante el Virrey dejó constancia escrita con sumo detalle la situación que se vivía en el
Reino de Chile; según sus explicaciones el origen del movimi e nto reaccionario tuvo su
orige n en las luchas internas en las ciudades de Vald ivia y Osorno, en con c reto por los
límites jurisdiccionales de los capitanes de guerra y justicia, y c orr egidores
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.
Traducido al le g uaje de esta tesis, es la cristalización del conflicto entre los
repre sentantes del gobernador (capitanes de guerra y justic ia) y los cor reg idores. ¿ Por
qué podemos identificarlos de tal modo? porque los capitanes de guerra y justicia eran
nombrados por el gobernador, y los corregidores, en su ma y oría encomenderos, y a se
habían mostrado contrarios al nombramiento de Martín Ruiz de Gamboa como sucesor
de Rodrigo de Quiro g a
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. Continuando con el análisis de la misiva firmada por fray
Juan de Vega, éste describe la situación de la siguiente forma:
“…por habe r se levantado los indios de los térm inos de las dichas ciudades (Valdivia,
Osorno, Villarrica y La Imperial) que e st aba n de paz y a l a obediencia de Su Majestad y
que los que estaban de guerra perseveraban en ella e que se decía que todo era por el
m al gobierno de los que mandaban que en las mism as ciudades de Valdivia y Osorno
había habido gran inquietud y des asos iego entre l os mismo capitanes de la guerra y
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AGI, Chile, 28. Medina, José Toribio. CDIHCh. Op. Cit., Tom o II, Seg unda Serie, p. 458.
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Medina, J osé To ribi o. CDIHCh. Op. Cit., To m o III , Segunda Serie, p. 23.
647
AGI, Chile, 28. Medina, José Toribio. CDIHCh. Op. Cit., Tom o II, Seg un da Serie, p. 458.
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