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Traspasando el espacio frontal a ritmo de “Pasodoble” (1988). Apropiación social del Palacio de Viana (Córdoba)

Puche Ruiz, María del Carmen

Abstract

Como contenedor patrimonial de primer orden y “puerta de los Patios” de Córdoba (España), el Palacio de Viana es uno de los diez monumentos más visitados de la ciudad. Su historia ha transcurrido paralela a cinco siglos de historia local, si bien ha cerrado los patios, salones y archivos que lo integran hasta su adquisición por parte de la antigua Caja Provincial de Ahorros de Córdoba (1980). Este trabajo es una aproximación innovadora a la relación entre turismo y sociedad en el Palacio de Viana, vinculándola con el argumento de la película “Pasodoble” (José Luis García Sánchez, 1988). Esta “película de feria, a modo de gran guiñol sainetesco, más ambiciosa intelectualmente que efectiva” (Caparrós Lera, 1992: 325), narra la “okupación” del Palacio de Viana, basándose libremente en un hecho real: la movilización de los cordobeses para recuperar un bien patrimonial que tradicionalmente había estado en manos de la aristocracia y los visitantes.

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Travé Molero, R. y Milano, C. (Coords.) (2019) De dos orillas: imagen y experiencia en el turismo. La Laguna (Tenerife): PASOS, RTPC. www.pasososnline.org. Colección PASOS Edita nº 23. Traspasando el espacio frontal a ritmo de “Pasodoble” (1988). Apropiación social del Palacio de Viana (Córdoba) Introducción Como contenedor patrimonial de primer orden y “puerta de los Patios” de Córdoba (España), el Palacio de Viana es uno de los diez monumentos más visitados de la ciudad. Su historia ha transcurrido paralela a cinco siglos de historia local, si bien ha cerrado los patios, salones y archivos que lo integran hasta su adquisición por parte de la antigua Caja Provincial de Ahorros de Córdoba (1980). Este trabajo es una aproximación innovadora a la relación entre turismo y sociedad en el Palacio de Viana, vinculándola con el argumento de la película “Pasodoble” (José Luis García Sánchez, 1988). Esta “película de feria, a modo de gran guiñol sainetesco, más ambiciosa intelectualmente que efectiva” (Caparrós Lera, 1992: 325), narra la “okupación” del Palacio de Viana, basándose libremente en un hecho real: la movilización de los cordobeses para recuperar un bien patrimonial que tradicionalmente había estado en manos de la aristocracia y los visitantes. La trama coral de “Pasodoble” fue escrita por su director junto al guionista Rafael Azcona, y gira en torno a la llegada de Makren (Caroline Grimm) a Córdoba, en busca de su padre biológico, Don Nuño de Riomayor (Fernando Rey). La joven es fruto de una breve relación mantenida durante la década de 1960 por el aristócrata y una joven “nurse” suiza en la Feria de Abril de Sevilla. En Córdoba, Makren conocerá a su hermano, Juan Luis (Juan Diego), “rejoneador de salón […], parásito cuya gracia emana precisamente en la inutilidad Maria C. Puche-Ruiz Traspasando el espacio frontal a ritmo de “Pasodoble” ... 134 que posee” (Martínez Fernández, 1991: 115-116), un señorito con evidentes disfunciones sexuales, así como a la familia Pizarrero, “numerosa y variopinta a más no poder: la abuela María, sus hijos Poli y Acacio, la mujer de éste, Sole, con sus dos hijos, Camila (la criada de don Nuño) y Cosme”, que sitiarán el “Museo Legado Pontirole” (trasunto cinematográfi co del Palacio de Viana) para contrarrestar su precaria situación económica. “Pasodoble” resulta clave para comprender la difícil aplicación de la Ley 16/1985, del Patrimonio Histórico Español, y el Real Decreto 620/1987, del Sistema Español de Museos, en un país marcado por la picaresca y con escasa tradición en la gestión monumental. En ese sentido, conviene recordar que el Palacio solo pudo ser visitado de forma regular tras su reapertura como museo en 1981. La película subraya la tensa relación Patrimonio-Sociedad local, como metáfora del alejamiento al que se ha sometido al ciudadano respecto a su Patrimonio (Amirou, 2000). Igualmente, se percibe una relación hostil de este con el visitante, ya que la visita turística le relega a contemplar sus monumentos desde el exterior y reserva sus impactantes patios y salones exclusivamente para los turistas. Nos encontramos, por tanto, ante un fi lm que rompe la barrera del “escenario” turístico para ofrecer al espectador una mirada a la “trastienda” (backstage) del Patrimonio, una mirada surrealista del español que se ríe de sí mismo. El análisis de la película se ha llevado a cabo a través de la herramienta cualitativa NVivo 11, descubriendo las tendencias más signifi cativas en la trama del fi lm, que se centran en el contexto turístico y la gestión patrimonial en la España de 1988. Así, se percibe que el espectador, junto con la turista suiza Makren, se sumerge en una ciudad festiva e impactante, donde las fuerzas vivas sienten con impotencia que el control del Patrimonio se les escapa de las manos, ante el empuje espontáneo de nuevas modas culturales y la demanda de apertura de la sociedad local. Conceptualización del “espacio frontal” en turismo La teoría de Dean MacCannell sobre la “autenticidad escenifi cada” (1973), en la que los destinos turísticos crean un “escenario” por el que el visitante deambula, así como una trastienda o “bambalinas” (backstage), donde transcurre la vida cotidiana de los habitantes y que el espectador-turista ignora, se encuentra ampliamente reconocida. Es así cómo se crean espacios territoriales anónimos e intuidos (supuestamente auténticos) en la trastienda del teatro turístico, frente a los lugares en los que la reiteración de la perspectiva ofi cial llega a menudo al paroxismo. Para muchos turistas la autenticidad de su experiencia deriva de la interacción con el destino turístico, en un “comercio de identidades (reales, fi cticias Maria C. Puche-Ruiz 135 o soñadas) hambriento de clichés, pero también de curiosidad y ganas de interactuar” (Bonet i Agustí, 2008: 69), de traspasar el “telón del turismo” para entrar en una “trastienda” atractiva, un espacio “bastidor” (backstage) donde todo intercambio es posible. De este modo, el éxito del viaje para los turistas que buscan más allá de la “autenticidad escenifi cada” depende de la calidad de su encuentro con el residente. Sin embargo, éste es presentado las más de las veces de forma idílica por los touroperadores y la publicidad turística (Ceriani et al., 2005), como medio de generar seguridad ante el reconocimiento de imágenes previas. La búsqueda de la autenticidad revierte entonces en el consumo de una alteridad que genera el denominado “síndrome del zoo” de Krippendorf (2000): turistas y nativos mirándose mutuamente como espectáculo, juzgándose con incomprensión en lugar de respeto. ¿Qué pasaría si el turista se integrase de forma efectiva con el residente a través del disfrute patrimonial? Según Donaire (2008), precisamente uno de los errores de los análisis sobre el turismo consiste en creer que existe una realidad territorial paralela, una imagen de autenticidad superior a la que se ofrece al visitante, cuando lo cierto es que la experiencia vivida en el destino converge con el resto de fragmentos y visiones subjetivas del territorio, infl uenciándose mutuamente. De esta manera, el espacio “bastidor” se confunde con el “escenario” del turismo, máxime cuando las tendencias culturales invitan cada vez más al residente a conocer su Patrimonio y hacer uso de las infraestructuras turísticas. En ese sentido, MacCannell propone ahora (2017) sus “dos fantasías en la arquitectura turística”, modelo en el que se perciben otros tantos mecanismos de entrada o salida para residente y/o turista que se encuentra frente al “telón cultural” del patrimonio: su integración (quién es invitado a entrar en el Patrimonio) o su expulsión (quién es mantenido fuera), confi gurando un espacio ideal de ocio y conocimiento situado en un limbo entre el “escenario” turístico y el espacio “bastidor”. Esta teoría vincula el Patrimonio con el concepto de “espacio liminal”, defi nido como “lugar donde se concentra una gran cantidad de signifi cados y donde entran en contacto esferas diferenciadas y en ocasiones opuestas, lo que lo convierte en un ‘espacio de ansiedad’ para la comunidad” (Alfayé & Rodríguez-Corral, 2009: 107). El propósito de los siguientes apartados será, por tanto, comprender los efectos del Patrimonio como espacio liminal, centrando nuestra atención en el caso del Palacio de los Marqueses de Viana (Córdoba, España). Traspasando el espacio frontal a ritmo de “Pasodoble” ... 136 El “escenario” en la ciudad de Córdoba: la fantasía del decorado turístico Rivera (2006: 13) sostiene que “en Córdoba las ‘huellas e identidades del pasado’” han permanecido, constituyendo la “imagen, por lo demás, de un ‘pueblo dormido’ –más que de una ciudad-, recreándose en el sueño de su pasado histórico glorioso”. Esta imagen de Córdoba como ciudad detenida en el tiempo queda representada por el idílico cartel de Tejada del Patio de los Naranjos de la Mezquita (Patronato Nacional del Turismo, 1929), que ofrecía “El confort de Europa con el lujo de África”. La promoción gráfi ca de un “Sur pobre y feliz”, por otra parte, ejemplifi cado en la fi gura del gitano (Figura 1) de las postales turísticas de Garzón y Señán, y explotado por directores cinematográfi cos como Jeanne Roques “Musidora” en su película “Tierra de los toros” (1925), ofrecía al visitante la ilusión de traspasar el “escenario” del turismo y vivir la “aventura romántica de Andalucía”(Bernal, 1987; Fourneau, 1992; López Ontiveros, 2001; Garrido, 2005; Egea, 2006; Lasso de la Vega, 2006; Barrientos, 2010; Sazatornil, 2015) ya entrado el siglo veinte. Se trata de lo que Javier Hernández Ramírez ha denominado como “empecinamiento romántico” (2008: 11). Durante la década de 1950, toda vez recuperadas las rutas turísticas en España tras el periodo más duro de la Posguerra, el alcalde Antonio Cruz Conde se encarga de sentar las bases del denominado “mayo cordobés”, creando un Figura 1. Murallas del Alcázar de Córdoba a principios del siglo veinte y poblado que habita la familia protagonista del fi lm. Fuente: Hauser y Menet (Colección particular de la autora) y fotograma del fi lm Maria C. Puche-Ruiz 137 segundo decorado teatral de la ciudad para el turismo. De este modo, bajo su mandato se lanzaron el I Festival de los Patios Cordobeses, el concurso popular de las Cruces de Mayo y el Concurso Nacional de Arte Flamenco; se inauguró el Zoco Municipal y el Mercado de Artesanía; se abrieron establecimientos hoteleros de calidad (como el “Hotel Córdoba Palace”, en el que el turista era recibido por un botones vestido “a la árabe”, o el Parador Nacional de la Arruzafa); se construyó el aeropuerto y se pusieron en valor la Torre de la Calahorra y el Alcázar de los Reyes Cristianos con sus nuevos jardines. Se institucionalizó, así, la emoción de Córdoba en una primavera sensorial y vivida, si bien sostenida sobre un pasado de cartón piedra, confi gurando una convivencia fi cticia entre locales y turistas durante sus fi estas mayores, concebidas como mecanismos de entrada y salida de la escenifi cación de la ciudad. De este modo, la actividad turística en la ciudad de Córdoba ofrecerá a lo largo del siglo veinte una evolución que se ajusta a la del turismo de masas. Por un lado, Rivera aprecia el “mantenimiento sin dientes de sierra apreciables de las campañas promocionales turísticas” (2006: 4-5), con “una clara conciencia de que en la promoción de la imagen turística de Córdoba no cabe partir de cero ni es posible dar arriesgados saltos en el vacío” sin caer en la controversia (y prueba de ello será el fi lm que se analizará a continuación). Por otro, el mimetismo de la ciudad con su propia imagen encontrará ejemplos tan evidentes como la recreación turística de la Calleja de las Flores o la postal reiterativa de la fuente del Patio de los Naranjos (Imágenes 1 y 2), donde al turista le resulta prácticamente imposible escapar del decorado del “escenario” turístico cordobés. Figuras 2 y 3: “Autenticidad teatral” en la fuente del Patio de los Naranjos de la Mezquita (Hauser y Menet y Rafael Garzón). Fuente: Colección particular de la autora Traspasando el espacio frontal a ritmo de “Pasodoble” ... 138 Recuperación del “escenario turístico” por parte de la ciudadanía El palacio denominado “de las Rejas de Don Gómez” o de los Marqueses de Viana aglutina un conjunto heterogéneo de patios y edifi - caciones que empezaron a construirse a fi nales del siglo XV. Se trata todavía de un atractivo turístico secundario de la ciudad de Córdoba, eclipsado por la hegemonía de su Mezquita-Catedral. Sin embargo, su popularidad está en alza (57.143 visitantes en el 2º trimestre de 2017 frente a los 20.147 del mismo periodo en 2007), ayudada por la declaración de los Patios de Córdoba como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad (2012). Pese a que su apertura total al público no fue hasta 1980, tras la adquisición de la propiedad por la Caja Provincial de Ahorros de Córdoba, el primer intento de puesta en valor turístico del Palacio se remonta a los tiempos del II Marqués de Viana, José Saavedra, amigo personal de Alfonso XIII, que planea acondicionar el antiguo Palacio de las Rejas de Don Gómez como museo durante la década de 1920. Sin embargo, este proyecto quedó inconcluso debido a la repentina muerte del aristócrata. Durante la década de 1950 su nuera, Sofía de Lancaster, retoma el proyecto y traslada el contenido de su palacio en Madrid al de las Rejas de Don Gómez de Córdoba. Palacios Bañuelos & Primo Jurado (2009: 170) advierten que “todo ello permitió a la marquesa llevar a cabo las obras de restauración, el decorado y la instalación de todas las obras de arte, logrando un conjunto que pudo estimarse como único en España”. Esta acción les valió a los III Marqueses la concesión de la Medalla de Oro de la Ciudad de Córdoba (1962) en “reconocimiento a la labor realizada en pro de la riqueza artística de la capital cordobesa y el excepcional interés que tan distinguidos españoles están aplicando al enriquecimiento de su casa-palacio en Córdoba, convertida en un auténtico museo de la ciudad y que produce continuamente la admiración de cuantos cordobeses y forasteros la visitan”. Su máxima ilusión consistía en la perpetuación de su legado una vez que ambos muriesen, ya que no habían tenido descendencia. Se negoció de forma ardua para que los marqueses donasen su Palacio a la ciudad de Córdoba, que sería destinado a museo, pero ninguna fórmula parecía contentarles. Se recurrió al alcalde que había modernizado turísticamente la ciudad (Antonio Cruz Conde, entonces presidente de la Diputación), pero las capitulaciones se vieron enturbiadas por un asunto económico que perjudicaba a los marqueses (la devolución del dinero que el matrimonio había cedido durante la Guerra Civil), así como por la licencia de construcción que otorgó el Ayuntamiento para un edifi cio que rompía la armonía del conjunto paisajístico del jardín de 1.200 metros cuadrados, que constituye el “patio” más grande de la casa. Maria C. Puche-Ruiz 139 De este modo, se paralizó el acuerdo (y las visitas al Palacio; Figura 4) durante la década que comprende 1968-1978, momento clave de transición tanto en España como en Portugal (patria de la Marquesa), momento en que los III Marqueses de Viana pensaron vender el Palacio e, incluso, insertaron un anuncio de venta en el magazine francés “Jours de France” (Solano Márquez, 1978b: 13), en el que se podía leer: “Córdoba (España) magnífi co palacio del siglo XV, completamente amueblado haute époque, colección: tapices, cuadros, porcelanas, armas antiguas, once patios fl oridos, jardín, rosaleda”; todo ello, por aproximadamente 12 millones de euros. La reproducción de este anuncio inmobiliario en el Diario “Córdoba” en julio de ese mismo año provocó el enfado de la población. El Estado de las Autonomías, a través de la descentralización administrativa y la democratización política, había creado un clima propicio para la reclamación social de este palacio, como símbolo del Patrimonio Histórico que había permanecido cerrado durante siglos para los cordobeses. La prensa se hacía eco de este descontento: “Dicen las guías turísticas que el Palacio de los Marqueses de Viana tiene catorce patios, valiosas colecciones de guadameciles y ricas piezas de orfebrería cordobesa. Entre otras cosas. Pero hay que conformarse con imaginárselo, pues el suntuoso palacio […] está cerrado a cal y canto, como coto privado de una regalada vida aristocrática y decadente” (Solano Márquez, en Diario “Córdoba”, 1978a: 13). Figura 4: Portada principal del Palacio de Viana en la década de 1920, y en 1978, cuando los III Marqueses impedían las visitas (Solano Márquez, en Diario “Córdoba”, 1978a y 1978c). Fuente: Colección particular de la autora y Biblioteca Central de Córdoba. Traspasando el espacio frontal a ritmo de “Pasodoble” ... 140 Este periodista reclamaba “la iniciación de un expediente de declaración de utilidad pública o de monumento histórico-artístico nacional, que desembocase en una posterior expropiación y compra por el Estado”, ya que “sería lamentable que la señora Marquesa […] que no es cordobesa, ni vive en Córdoba, ni, presumiblemente, tiene apego sentimental por esta ciudad, disponga a su criterio de un palacio-museo que forma parte de la historia de la ciudad”(Solano Márquez, en Diario “Córdoba”, 1978c: 15). Sofía de Lancaster llegó a contactar con posibles compradores extranjeros en marzo de 1980, interesados en los bienes muebles que albergaba, desatando las iras de los ciudadanos cordobeses (y de diversas asociaciones, como el Colegio de Arquitectos, Adelpha o Amigos de Córdoba, que solicitaron formalmente su incoación) que, alertados por la prensa, montaron turnos de guardia. “Durante la tarde del lunes, y especialmente al caer la noche, agentes de la autoridad, concejales y numerosos ciudadanos sensibilizados con el tema, se desplazaron a la plaza de la Reja de Don Gome (sic) para montar una vigilancia activa e incluso, si llegaba el caso, impedir que el trailer se marchase de allí cargado de objetos artísticos” (Solano Márquez, en Diario “Córdoba”, 1980a: 13). La prensa volvía a apelar a la sensibilidad de sus propietarios: “Si la Marquesa de Viana a cambio de cualquier renta vitalicia cede su Palacio-museo a Córdoba para enriquecimiento cultural de los ciudadanos, todas las generaciones presentes y futuras alabarán tan generoso gesto de una señora cuyo nombre iría siempre unido al de su legado” (Solano Márquez, en Diario “Córdoba”, 1980a: 13). Aunque no salió ninguna obra del Palacio de Viana de forma subrepticia, las autoridades se vieron obligadas a actuar. En ausencia de una ley actualizada de protección del Patrimonio, el entonces alcalde de la ciudad (Julio Anguita) recurrió a un Decreto, no derogado, de 1931 (“dictando medidas urgentes y efi caces para la defensa del patrimonio artístico español”, sobre enajenación de bienes artísticos, arqueológicos e históricos de más de cien años de antigüedad, “Gaceta de Madrid”, número 143, de 23 de mayo de 1931), el cual preveía que “cuando por la desaparición de un objeto de su sitio habitual o por otra causa cualquiera, pueda presumirse que se intenta una enajenación, el gobernador podrá comprobar la subsistencia del mismo por inspección directa o delegada de los inmuebles o lugares en que pudiera encontrarse” (Figura 5). De este modo, se conminaba a poner el inmueble y su contenido a disposición del Gobernador civil de la provincia (Francisco Javier Ansuátegui), con el fi n de inspeccionar que los tesoros de Viana seguían en su sitio. Maria C. Puche-Ruiz 141 Solano Márquez destacó que “la aplicación de la ley y el respaldo moral de un pueblo que valora y defi ende sus monumentos y obras de arte, son dos acciones que ejercidas con simultaneidad constituyen la mejor garantía para la defensa de la Córdoba monumental, tanto tiempo olvidada, despreciada, degradada” (1980: 90). La campaña ciudadana a favor de la conservación del inmueble y sus objetos artísticos, así como la mediación de una fi gura tan emblemática para la ciudad como el antiguo alcalde Antonio Cruz Conde, culminó con la adquisición del Palacio de Viana por parte de la Caja Provincial de Ahorros de Córdoba (actual CajaSur) y su progresiva puesta en valor como museo de todos los cordobeses, proyecto que llega hasta nuestros días. Metodología La investigación sigue las premisas analítico-descriptivas ya empleadas por Nieto Ferrando et al. (2015) u Osácar (2016), desarrollando los ejes conceptuales de su temática (“escenario” y espacio “bastidor” del turismo) para centrarse luego en el contexto específi co de estudio (el “escenario” turístico de la ciudad de Córdoba y la historia de la reivindicación del Palacio de Viana como espacio patrimonial clave para la sociedad cordobesa) y aplicar la teoría de la “autenticidad escenifi cada” de MacCannell (1973) al análisis del fi lm “Pasodoble”. Figura 5: Imagen del tráiler que desató la ira ciudadana y primer reportaje gráfi co del Palacio de Viana tras el incidente (Solano Márquez, en Diario “Córdoba”, 1980a; Solano Márquez, en Diario “Tendillas 7”) Fuentes: Biblioteca Central de Córdoba, Solano Márquez (1980) y fotograma del fi lm. Traspasando el espacio frontal a ritmo de “Pasodoble” ... 148 yen a que todo desliz cultural se le pueda perdonar. Sin embargo, Makren no se resigna a padecer su propio “síndrome del zoo” y, por ello, se esfuerza por comprender a los “okupas” y defenderlos. La familia Pizarrero la acoge como a una más porque, como hija ilegítima de Don Nuño, también pertenece a esa colectividad de desterrados del bien cultural durante siglos. Makren entra en el juego que le brinda el “escenario” turístico de la ciudad de Córdoba y penetra como una exhalación en su “trastienda” (backstage), traspasando las rejas del patio más importante de la casa. Tan solo escapará de este espacio liminal la primera noche, cuando se sumerja en el decorado teatral de la Plaza del Potro con Juan Luis. Éste, en su afán por seducirla, recurrirá a su herencia hispano-musulmana (Imágenes 5 y 6): “¿Tú sabes que mis antepasados, los árabes, amaban tanto a la mujer, que les construían canciones, con el murmullo del agua y de las fuentes? Pues igualito que ellos, soy capaz de hacer yo por ti, Macarena”. Y es que, toda vez inmersa en el sistema turístico de Córdoba, su condición de visitante la hace susceptible de engaño, siendo víctima tanto de su presunto hermano como de la desaprensión del dueño de un coche de caballos, que no dudará en timarla en pos del benefi cio económico del turismo. Su aura de sofi sticación centroeuropea y desprejuiciada (que le hará recibir a su padre y a su hermano semidesnuda), como producto de un entorno socialmente avanzado, contrasta con la bizarra sencillez de los nativos españoles, en un momento en el que España acababa de entrar en la Unión Europea (1986), pero su europeísmo seguía siendo más aspiracional que efectivamente alcanzado. Al fi nal, Juan Luis y Makren descubren que, a pesar de todo, no son hermanos de sangre y pueden consumar su relación, derribando el complejo histórico del español respecto a sus conciudadanos europeos. Figuras 11 y 12: Makren frente al sistema turístico convencional de Córdoba en la Plaza del Potro y un tablao fl amenco. Fuente: Fotogramas del fi lm Maria C. Puche-Ruiz 149 El Palacio de Viana, las fuerzas vivas y las leyes de Patrimonio Español del Estado de las Autonomías Desde el momento en que convergen las peripecias de la familia Pizarrero y de Makren en el fi cticio “Museo Legado Pontirole” (Palacio de Viana), éste se convierte en una “zona franca” para el espectador, un limbo o espacio liminal situado entre el “escenario” y el espacio “bastidor” que cuenta con 31 referencias directas a la política turística y patrimonial de la época (23,66 % del total): la ventana abierta a un mundo ideal en el que nativos y turistas disfrutan y participan de su Patrimonio Cultural (Figura 13), aún a riesgo de colisionar con los intereses de sus gestores ofi ciales. Figura 13: Calle de las Rejas de Don Gómez y puerta decorado que simula la portada principal en “Pasodoble”. Fuente: Fotograma del fi lm El inmueble había sido declarado “Monumento Histórico Artístico Nacional” el 27 de marzo de 1981 (Real Decreto 1055/81) y “Jardín Histórico Artístico” el 13 de abril de 1983, tras “el feliz proceso histórico” de “recuperación por nuestro pueblo de su libertad” y la nueva organización territorial española, pero antes de la aprobación de la Ley 13/1985, del Patrimonio Histórico Español, que le otorgaba la fi gura de Bien de Interés Cultural El legislador de 1985 reivindica la “venerable Ley” de 1933 (de Defensa, Conservación y Acrecentamiento del Patrimonio Histórico-Artístico Nacional, “Gaceta de Madrid” de 25 de mayo de 1933, número 145) y pone de relieve que la nueva norma “deriva […] de la creciente preocupación sobre esta materia por parte de la comunidad internacional […], la cual ha generado nuevos criterios para la protección y enriquecimiento de los bienes culturales”. Esta Ley, además, extiende la consideración de Patrimonio Histórico Español a los Jardines Históricos, defi nidos como “espacio delimitado, producto de la ordenación por el hombre de elementos naturales, a veces complementado con Traspasando el espacio frontal a ritmo de “Pasodoble” ... 150 estructuras de fábrica, y estimado de interés en función de su origen o pasado histórico o de sus valores estéticos, sensoriales o botánicos” (Ley 13/1985, del Patrimonio Histórico Español). Por otra parte, el 10 de abril de 1987 se aprobó el Reglamento de Museos de Titularidad Estatal y del Sistema Español de Museos (Real Decreto 620/1987), en el que se defi nen como tales “las Instituciones de carácter permanente que adquieren, conservan, investigan, comunican y exhiben, para fi nes de estudio, educación y contemplación, conjuntos y colecciones de valor histórico, artístico, científi co y técnico o de cualquier otra naturaleza cultural”. Tras su adquisición por parte de la Caja de Ahorros Provincial de Córdoba, el Palacio de Viana sería gestionado por un Patronato del que iban a “formar parte muchas personas signifi cadas de la ciudad, como alcalde, presidente de la Diputación, directores de museos, director de la Academia, Universidad, Amigos de los Patios, Amigos de Córdoba…, o sea, todas las personas que tengan preocupación por el tema cultural” (entrevista a Miguel Manzanares, en Solano Márquez, 1980: 68). Sin embargo, las fi guras de Don Nuño, presidente del Patronato fi cticio (Fernando Rey, que “repite, de nuevo, su arquetipo de noble español […] aunque aquí García Sánchez lo despoja de toda su aureola de nobleza y lo introduce en una rapiña colectiva”), y Velázquez, el conservador del “Museo Legado Pontirole” (Miguel Rellán, “cornudo y falsifi cador de cuadros para atender las lujosas necesidades de su insaciable mujer”), pretenden la “utilización de la cultura como negocio y producto de venta de una clase dominante venida a menos” (Martínez Fernández, 1991: 116-17). Pronto se sabrá que el conservador ha ayudado a Don Nuño a vender cuadros pertenecientes a la colección del Museo (nuevo guiño a la historia real del Palacio), en contra de la norma de 1985, que prevé “en particular su defensa contra la exportación ilícita y su protección frente a la expoliación”, defi nida como “toda acción u omisión que ponga en peligro de pérdida o destrucción todos o alguno de los valores de los bienes que integran el Patrimonio Histórico Español o perturbe el cumplimiento de su función social” (Ley 13/1985, del Patrimonio Histórico Español). No en vano, Rachid Amirou (2000) percibe a los conservadores de los museos como los actores culturales cuya conducta revierte de forma más nociva sobre el Patrimonio, situando sus perjuicios por encima de aquellos que los turistas pueden ocasionar. Así, mientras que “Topero y Velázquez quieren solucionar el asunto por las bravas […], don Maria C. Puche-Ruiz 151 Nuño […] recuerda al conservador que es conveniente negociar y no llegar al escándalo que supondría el reconocimiento de que la mayoría de las obras del museo han ido siendo reemplazadas por otras falsas” (Martínez Fernández, 1991: 115). Su postura conciliadora (“el Legado Pontirole que se conserva en ese museo es Patrimonio de la Humanidad, y usted [por el agente Topero] no es quien para ponerlo en riesgo”) oculta un temor latente: en cuanto la ciudadanía, ajena a sus desmanes, entre en el Palacio, se pondrá sobre la palestra su inadecuada gestión del bien. Temor que su hijo disfraza de patriotismo: “Porque nuestro lema es por España, por Andalucía y por la Humanidad, ¿entendido?”. Cuatro serán los espacios de Viana que fi guren preferentemente en “Pasodoble” (Figura 14): el Patio de las Rejas (del siglo XVII), el Patio de los Jardineros y el Jardín (ambos del siglo XIX), y el Patio de Columnas (1983). De los 12 patios que posee el Palacio, tan solo dos dan a la calle (de las Rejas y de la Cancela), siendo planteados como muestras de poder ante la sociedad cordobesa. Solano Márquez (1980: 24) afi rma que “en este hermoso patio los Figura 14: Jardín, Patio de Columnas, Patio de los Jardineros y Patio de las Rejas en el plano de la primera guía del Palacio de Viana. Fuente: Solano Márquez (1980) y fotogramas del fi lm Traspasando el espacio frontal a ritmo de “Pasodoble” ... 152 Marqueses y sus invitados veían pasar por la calle Rejas de Don Gome (sic) la procesión de las Angustias […]. Y dicen que el sublime paso de Juan de Mesa no solo se detenía ante las rejas, sino que daba un pequeño giro para situarse mirando al patio”. En este patio, frente a las habitaciones de la última Marquesa, será donde tengan lugar escenas decisivas (e irreverentes) del fi lm, como la curación milagrosa del fraile Fructuoso o la tentativa de suicidio del hijo del prócer local, ambas con desenlace cómico. “Escenario” y espacio “bastidor” de Córdoba: colisión constante “¿Y dónde situar el espejo en que se miran los seres deformes que componen nuestra ciudadanía mejor que en Córdoba, ciudad en la que se empezó a escribir el verdadero argumento de la película que queremos hacer, es decir, de la Historia de España?”, se pregunta su director (Martínez Fernández, 1991: 115). “Pasodoble” es quizá la primera película que utiliza de forma consciente el “escenario” turístico de su Patrimonio Histórico (12 referencias de codifi cación; 9,16 % del total) tras “Carceleras”, “Rosario la cortijera” (ambas de José Buchs, rodadas en 1922 y 1923, respectivamente), “El Cristo de los Faroles” (Gonzalo Delgrás, 1958) o “Los duendes de Andalucía” (Ana Mariscal, 1966). “Que dicha utilización haya despertado controversias es cuestión de gustos y opiniones”, apostilla Martínez Fernández (1991: 115). La región andaluza posee atribuciones plenas en materia de Turismo desde la promulgación de su Estatuto de autonomía en 1981 (art. 13.17. Promoción y Ordenación del Turismo). Sin embargo, no sería hasta el 22 de diciembre de 1992 cuando se creara la empresa pública TURISMO ANDALUZ, S.A., poniendo de relieve la tardanza en planifi car la actividad. Quizá por esto, la Córdoba de 1988 se corresponde con la ciudad de postal trasnochada con la que todo turista sueña, donde los fi gurantes cordobeses del “escenario” turístico se deslumbran ante la protagonista y la cámara, como en una película muda. Martínez Fernández afi rma que “la bella fotografía de Fernando Arribas ha captado planos y secuencias de calles y lugares cordobeses de forma deslumbrante: el palacio del Marqués de Viana, el palacete de San Andrés, el primer recorrido de Makren por la ciudad en coche de caballos desde la estación de ferrocarril hasta ese lugar, pasando por la Ribera, la Mezquita y diversas calles típicas, viaje por el que le cobran tres mil pesetas” (Ibídem: 117). Los títulos de crédito iniciales (Figura 15) actúan como un videoclip turístico, alternando planos de un “escenario” turístico impoluto (Mezquita- Catedral, Judería) con otros de su abigarrado espacio “bastidor”(los puestos y comercios populares de la Plaza de la Corredera), siempre a ritmo de la música Maria C. Puche-Ruiz 153 de Carmelo Bernaola (que obtendría un Premio Goya por su magistral aliento popular), articulando una sinécdoque identitaria a través de la impresión de las banderas española y andaluza sobre los nombres de los protagonistas. Esta promoción audiovisual de Córdoba no se encuentra muy alejada del videoclip “¡Que viva España!” de “Me has hecho perder el juicio” (1974), en el que Manolo Escobar cantaba las excelencias nacionales a ritmo de pasodoble. La euforia desarrollista del fi lm de Orduña se traslada aquí a una opereta de costumbres del Estado de las autonomías, que traspasa los prejuicios de su sinécdoque generalizadora para unir al espectador con sus personajes, convertido en un “okupa” más del Patrimonio cordobés. Discusión y Conclusiones. Evolución turística del Palacio de Viana El presente estudio ha puesto de relieve la difícil imbricación de los “stakeholders” (sociedad, turismo, gestores) con la legislación cultural en un espacio emblemático (el Palacio de los Marqueses de Viana) tras su recuperación como museo para los cordobeses. La contextualización de este bien ha permitido conocer su reivindicación social a fi nales de la década de 1970 (venta del Palacio a CajaSur en plena transición al Estado de las autonomías). El análisis del fi lm “Pasodoble”, además, ha ofrecido la posibilidad de trasladar la teoría de la “autenticidad escenifi cada” de MacCannell (1973) a una película que Figura 15: Primera incursión de Makren y del espectador en el limbo del “espacio frontal” de Córdoba. Fuente: Fotogramas del fi lm. Traspasando el espacio frontal a ritmo de “Pasodoble” ... 154 ejerce como producto simbólico de su tiempo, y cuyos personajes traspasan el “escenario” del turismo de Córdoba, convirtiendo al Patrimonio Cultural en punto de encuentro metafórico de residentes y turistas. No obstante, este fi lm no es sino la fotografía congelada de un momento histórico concreto, que no permite aventurar la evolución posterior del Palacio de Viana. Como se ha visto, los permisos para rodar “Pasodoble” en 1988 se limitaron a los espacios exteriores, grabando los interiores en el suntuoso Palacio de Fernán Núñez de Madrid. No sería hasta 2015 cuando el espectador televisivo viera abrirse ante sí, de forma efímera y parcial, el Salón de los Sentidos, el Salón Rojo, el Salón del Artesonado, el Salón de Tobías, la escalera principal, la Biblioteca, la Galería de los Cueros y la de los Azulejos, como sede de un evento publicitario (rodaje de la serie “Allí abajo”) por el que el Ayuntamiento pagó 65.000 euros1 de subvención directa a la productora Plano a Plano. Conviene aclarar que, tras la reapertura de sus patios y jardines a la sociedad cordobesa en octubre de 1980, el Presidente de la Caja de Ahorros Provincial de Córdoba, Miguel Manzanares, afi rmaba que iban a acondicionar el interior del Palacio para la visita, aunque “su propósito [era] mantenerlo todo tal como [estaba]”, ya que se trataba de “una casa de la vieja aristocracia cordobesa mantenida como podía estar hace dos siglos” (en Solano Márquez, 1980: 67-68). El conservador Joaquín Moreno también hablaba de la necesidad de catalogación y estudio del contenido del Palacio, así como de la edición de un libro que fuera “pieza fundamental para la proyección mundial de la casa y sirv[iera] como reclamo del turismo hacia Córdoba” (1980: 35). Sin embargo, ningún gestor se ha preocupado desde entonces de la actualización museográfi ca de sus salas, de acuerdo a las nuevas tendencias culturales, pese a autodenominarse como “museo de territorio”. “Lo que sí queremos impedir son las visitas multitudinarias”, afi rmaba Manzanares en 1980, “que sean como máximo de veinte personas; hacer dos o tres turnos cada día, que la gente lo pida con el tiempo sufi ciente”. Este criterio de capacidad de carga se mantiene en 2017 (cuatro turnos en días laborables; dos, en fi n de semana), pero también su discurso museográfi co, convencional y anticuado, que no alude al signifi cado de su reivindicación social y que se conforma, de vez en cuando, con modifi car la disposición de las piezas y su iluminación (como en la renovación de 2012). Se comprueba, así, que la democratización del Palacio de Viana concernía principalmente a sus patios y jardines (“5 siglos, 12 patios e infi nitas sensaciones”), dejando sus salones “tras el telón cultural” de cordobeses y turistas, 1 Según Irene Contreras, “Salir en ‘Allí Abajo’ tiene un precio”, ABC Córdoba (27/08/2017). Maria C. Puche-Ruiz 155 como barrera de entrada a su conocimiento. El Palacio de Viana puede ser catalogado hoy en día como un espacio aséptico y predecible, cuya historia no atraviesa su propio “escenario” turístico (Figura 17); estéticamente perfecto en su narración de la historia de Córdoba a través de sus patios (con vídeos introductorios y sensoriales, potenciando el uso de tablets, representaciones teatrales y conciertos; Figura 16), pero poco efectivo a la hora de invitar a traspasar el lujoso decorado del Palacio, debido a las escasas interpretaciones patrimoniales (visitas del rey Alfonso XIII a Viana) que se realizan en su interior y cuya efectividad ha de ser objeto de estudios posteriores. Esta sofi sticación artifi cial queda muy lejos de la voluntad del director José Luis García Sánchez de “colectivizar” la experiencia de Viana, potenciando, por el contrario, un nuevo “síndrome del zoo” (Krippendorf, 2000), en el que ya no son turistas y residentes los que se miran con extrañeza a través del “telón cultural”, sino espectadores (locales o foráneos) los que contemplan una representación histórica sin un hilo conductor que les hable de la reapropiación social del Palacio. Se percibe, por tanto, que los gestores de Viana han perdido la oportunidad de crear un nuevo punto de unión ideal para nativos y turistas, y que, a treinta años vista, la conquista del Palacio de Viana ha sido parcial, dejando tras el “telón cultural” de MacCannell el espacio simbólico y transgresor que preconizaba “Pasodoble” en 1988. Figuras 16 y 17: Teatralización del pasado en el Patio de los Gatos y vista hacia la calle Rejas de Don Gómez. Fuente: Propiedad de la autora Traspasando el espacio frontal a ritmo de “Pasodoble” ... 156 Bibliografía Alfayé, S. y Rodríguez-Corral, J. (2009) “Espacios liminales y prácticas rituales en el noroeste peninsular”. Acta Paleohispánica X. Paleohispánica 9, 107- 111. Amirou, R. (2000) Imaginaire du Tourisme Culturel. Paris: PUF. Barrientos, M. (2010) “Sevilla ante el cinematógrafo: primeras fi lmaciones y exhibiciones”. En Lahoz, J.I. (Coord) A propósito de Cuesta. Escritos sobre los comienzosdel cine español 1896-1920. Valencia: Institut Valenciá de l’Audiovisual i de la Cinematografi a, 27-48. Barthes, R. (1957) Mythologies. Paris: Éditions du Seuil. Bernal Rodríguez, M. (1987) “Tipologías literarias de la Andalucía romántica”. En La imagen de Andalucía en los viajeros románticos: homenaje a Gerald Brenan. Málaga: Diputación Provincial, 101-124. Bonet i Agustí, L. (2008) “Ciudad, cultura y modelos turísticos”. Barcelona METROPOLIS, 72: 67-69. Caparrós Lera, J.M. 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