Historia de Cornelia ó la víctima de la Inquisicion : aumentada con un breve resumen de la historia de tan odioso tribunal
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(VRK8 PMBGOS.] »E CORNELIA LA VICTIMA DE LA MQUISICION. SEGIMDA BSÍCION. AwatMlMl» fin |»«c|ned« aresámíeit de Is Blsterfa-de fnn odioso .trtbnnal.
,Es pre^édttd Editor. fílabrib. .&* D> M. Mabcb, Corredera.de Sa» Pabby #«»•>.
ItSTRüWCClON. #„CEO« creta q»e ^rM,a» era ^Vío'taV i ivencion; pero los que P, Limkffcii \aíU verán que aquella jóloulauguer, Langle, gobernador ¿Valencia, estremadamente en, bija del marques de quemada en la plaza de Sevilla, iuda, discreta yJTribunal; siendo su principal deli% lajo la bárbara opresnm de Pcondescen^do álos impuros 4un ^discurre con ^«« saberlos íeseos de un ^zpbispo deSevill q^ ^acontecimiento, cuando es de todos pié se ha tenido por una inve§ iv ^^Xribunál del Sapto Oficio ha co- Udo que ha habato un Jrocidades. Vendría bien una mnaetído libremente toda suerte de ,J.¿obran, ;qué falta hacen aquerectiw áfalta de r!i^to «ue merecen las opiniones religiosas; ¡las? Los sugetos que de hasta qué punto ha stoo bplli^o [^ personas instruidas religioso; li almas semibles que se este derecho sagrado por ®perseguido, no pueden menos de eáreenternecen al aspecto de un mo especie de horror mvptontario mecerse yde ^Pf íTaSonbien Si como la vibración de una al .cuchar el no^^^^ glos de barbarie, yque este Tribunal era noj , .
¿WiiMan por “í Hé™ ?“ “'''^'•"- f;pSíie‘„£ ?«£;”1 '» permití.; ¿per3 dejaba ¿'“ T”'»" "<> « que tema la desgracia de caer en sus terrihlpti »*“^5® iafortunado -que nos ponderaban la dulzura de la InLisSn .9“«'éramos que lo* «Husmos de lo que pasaba en aquellosTscTror Po^ bozos de la tiranía: ven verdad “oscuros^ húmedos éinsolubles cakautores de ciertos Abales, quizá Lh^bferart iTó apología de aquel Tribuna?, ^estendMo 4la Franca: deseos absolutamente ¡nSde m^ gun apego asu patria: yque suDonfn aH^m bien, que tiene alpiritu de su pais, que ciertamenfe no se\alla' ignorancia del estrógrado en esta parte: pues aun cuando ol « f Pa«> federado como se nos pintaba, siempre seria S*Trita^‘'T “°' ageno de una nación libre éilustrada ibunal injusto ,tiránico ,y sioo t'&rsd"e '• te SU abolición en Cádiz: restablecióse en 2df legalmeuvio al trono Fernando Vil* fue abolida d*814, cuando vol- Jdesde entonces esta odiosa “¿tSn tS"’ TfCórte*; duración de 341 años: ytíltimamenta ex,st¡r, después de una 1834, destruyó hasta sus^SeXteter^n^l ¿«b", de vasion de las rentes que gozaba Esta dwí í® ®P''°P'® *'®“Po la in- Ies de nuestra Historia mLína' sSSo ®P«"« Anareco^cimiento álas bondades de la entonas un nuevo título de Ademas de «sto la Fsnaña ha ..a j*®‘na (lobernadora. se dividida entre dos religiones ydSzas^ fflorós, una sétima parte de su Lblarínn perdió arrojando álos hitantes, ycomo no fuera sufiriMitfl tIactivos éindustriosos hael destierro de iLTuS mip^^^ ^¡do pkcedid& Z sula, llevando consigo sik muezas Torient saberon de la Fenínálos Países-Bajos. ’®Inglaterra, yprincipalmente «lado js» poner el el ngaiente resómm. de te Quemaíos en persona. Wem en estátua. . "eniteaciados. Total. 31,912. 17,6S9. 291,450. 341,021.
CORNELIA UÍIÍTIMI DK MMOMSKW». caAtülo primero. Amores de Cornelia con ». Bartolo».^ vaqnella por cuatro emisarios de la Inqnlslci^’/ '"P** ^« y r““a noche de la hermosa .maver«- I “pWor; rescura adisfmtar de tan hermoso tiemoo La encantadora Cornelia se paseaba TrL frondosa alameda de su iLm- „^ I Cornelia no podía pasar sin que su rostro wn. La pureza de su rostro, ^00^0^ <=<>«- tado por el impulso del blando cSro s^ IZly’ «giganta, dejando ver en toda «1 no ^sparcia por su cncontornada gar- D. ¿rlolomé vL“ Sf'?!",""'' '’T’*’ >'1 ^ tal» diariameiite la ?sa del “““ de Valencia, vial ««ion, ,aiendo colSoletSt; í^ asegurar, que era el oue nrpfon.1- f^t^a su famihaj pasaba, yge nodia ««ia de £,«;ar «“Lt”!" de Coraelia: nnSs, lá O. Bartolomé Va,s.“i j*’ mmmerablee ditinciones con ^ ganarse el coraaon de esta «merf’ í““d'd« Cornelia, fueron lo bastad para dict» el primer ,J' porfin, con el entusiasmo rittaoi^iL
-6— CorncUa se lamentaba de su suerte, porque bacía un momento que su adorado Vareas salía para Sevilla, donde íe llamaban con urgencia, para ventilar asuntos que le correspondían; era la primera vez que se separaban, aunque para cortos días, según la prometió al tiempo de partir; sm embargo, no podía pasar desapercibido en el corazón de Cornelm un contratiempo tan inesperacfe; ¿qúé pddlá suc^ durante este tiempo? Este era el sentimiento 006- siempre acompañaba ¿Cornelia ;án éuda la anunciaba^su corazón 4^un v£ ro perisamientor Para distraer su imaginación se bajo al jardín yse mter- .'ó en una frondosa alameda ,donde hacia algunas horas que permanecía. Cornelia se consideraba segura sin duda; pero ¡ah, inocente.... ese sueno qu ves se apodera de tí ;ese hombre que cierra la cancela del cenador ,donde sencillam^te te hablas introducid» para disfrutar del aromático olor de flores, Vpara entregarte áholgura en el largo espacio de la ™®ditacion ,es hombre' es quien presta ála relumbrante vista del oro yal ^‘ sicion, tu inocencia ypureza. En efecto, Valierile, antiguo criado de la casa dei gobernador, fue acometido por los dos elementos mas fuertes que en te época predominaban; el temor de la sangrienta yeruel Inquisición, ypara h^agáé fsedudxle, el oro, np pudo. Rwos.de -eonsenbr en^ t^^^^ propusieron cuatro enmascarados de los que se empleaban ^as órdenes de los gefes del Santo Oficio; de no haberlo hecho asi, va nodia conocer su suerte el referido Valiente. ,,,j ^Era una hora bastante afianzada de la noche. Por casa del gobernador ya echaban de menos áCornelia, pues jamás acostumbraba mas de una hora ,áno ir acompañada de su padre oamigas. La ba caron por tod-as sus habitaciones; viendo que no la ^“^an en miyuna ^or - Ln-el gdimaJor de que ie registrare Dara eréfecto se' diseminaron por todos lados los criados de la ,• Jídalmepte que no pecaba de ignorancia, i^fl'„encia Lrnelia, que pocos instantes hacia dejó ^^ndida "So dedil nareótico, que antes la preparó en ^f’^bmentos de aquel cna^ Valiente. La hermosa Cornelia yacía su semejantes, posición de aquellos seves malvados, escarnio y?,,g¡j, giobarde sa3.dueños, aun mas perversos todavía que eio. i’-iiftra vesnera Je le «es en la, sangrientas garras de Un órneles matnras! ,llora .espera “ymedia dabanen él hermoso esta misnia hora cuatro enmascaradósiescalaban las aas p,g-
cerca al grandioso jardin del gobernador; Valieate fue ifiterrogado por ^os con el siguiente diálogo; —^¿rXeneis preparada áia joven Cornelia como os «jrdenó el gefe del San- to Oficio, áquien represento? dijo un enmascarado de una presencia yvm ercúlea ,que venia mandando la partida. —Todo, aunque con bastante esposicisrt lo tengo preparado, respondió Valiente. —De este modo cumplís con Dios, y, hacéis vuestra suerte, replicó el enmascarado, con ademan yvoz grave. ' —No perdamos tiempo, que el gobernador yalguna gente roas se dirigirán áeste punto, donde yo vine áhacer el papel como que registraba; pies todos buscan ála señorita Cornelia, añadió Valiente con agitación; - ' ^—¿Dónde está la joven? pre^ntó el enmascarado. •—AHÍ, replicó Valiente, señalando áuna frondosidad de sauces, dónde descansaba eu tta.TqBÍlo "Sueño la' interesante Cornelia. —^Mudiachos, preparad yasegurar las escalas para subir sin riesgo ninguno áesta jóven. Estas palabras fueron pronunciadas por el enuíascaFado gefe de"fe;partida, yobedecidas inmediatomente por tres sayones;- Valiente no pudo menos de dejar desprender algunas lágrimas al pensar la suerte que la esperaba en bsucesivo. Pasaron algunas ligaduras por el blando y.gentil. taHe de Cornelia; por medió de e^s ligaduras trasportáronla con una velocidad inespiicable al otro -estremo de la pared del jardin,: donde des esperaban dos coches con briosos Gabalkw, que les pusieron, muy pronto ásalva de cualquier riesgo: en' ¡el’pri- -mer coche iutcodugeron áCornelia, yeñiotro entraron los cuatr»;sayonesH' Valiente. AI entrar en el ceehe dispertó un Wmento de sn létargój yoenoíciendo su suerte, prorumpió en fuertes gritos, coa que pedia que la -salvaran^ pero "fueron inútiles, su voz se quedó ahogada, cerraron la porteznda <kl coche yno;pudo, :mas: que leer un rótulo, que., tenia este en laxabecera -interior, donde decia: ¡^ínquisicioB! Ea un instante :se; ocultaron en tí peivo 'amboscarruages> no dejando ívei' mas que una .i^i»e-..uegra; que -pgontóí-se -disminuyó. Cornelia esa presa;de la Inquisición. a' :-t Inútiles fueron todas las pesquisjs que-hizo el gobernador para encontrar áStt hija durante todarla noche; sia embargo, una carta que le dejó sd.tíiado Valiente, fue io bastanta paca que dejara de sospechar de; D.. Bartolomé •Var^s.,; áquien ncusó de-tál críraen dorante toda la;,aoci», por ddiria. tésuahdafldo que eímismo diaéu qiie te'Taltoba-.sH;bqa9;hai)iáisaÍkie;ól joa-a Sevilla, con cuyo "jntíivo esclamaba; .r, -.,; ,.;- /«¡Ahí jingrato, .ingrato Vbrgas! no, no tenias motivo para. proceder coji- -roigo .de.esta manera. ¡Ah! ¡eérnó use ocuítate sus'^designiosl ¡como .soeolor de hoiiOT ^y virtud logró de.slambrárme!ei}teramente! ¡hombre bártero-é iit- .hómari€l¿pó!:íq«é me.has quóadeja .jerfe aias intima de raí coraasónr? ¿por -qné me -te dejado sifimi’ amada hija, que era el únko CQasódeífcoB' so-
ledad? ¿en qué te habia yo pues ofendido, para que tomases de mí una venganza tan inicua? ¿no era yo tu verdadero amigo? ¡ab, infame! ¿cuáles »n, citóles son tus inljenciones?» Asi se lamentaba desconsoladó-el padre de ^rnelia, cuando su criado Pepe le entregó una carta que se concebia en los términos siguientes. Valiente, asu amo el gobernador. «Muy sQpor mió ymi dueño: cuando mi compañero Pepe os entregue esta esque a, ya habré yo tomado las de Villadiego. No tengo ábien permanecer en vuestro servicio, no porque tenga alguna queja de vuestro ,proceder, sina pqaqtie no me acomoda. . ^«El raptor de vuestra hija no ha sido Vargas, como casi os tenia ya heeotragar; ^ro no puedo deciros mas, ni tanto tampoco, pues me han pues un candado ála boca para que no la abra por ningún titulo; yasi como una vela se apaga enteramente metiéndola en un caldero de agua bendita, a»i mi alma caeria derechita enlos profundos abismos, si ¡os revelara.el.secre** gusto mucho de que se me cueza el bollo en el cuerpo; ¡mes con el Bey yla Inquisición, chiton, chiton. «Por esta causa he tomado el partido de irme donde jamás sej^s de mir «o s^ que el diablo me tiente ytengamos después la marjntorena. Dios os guarde muchos años, como lo desea vuestro humilde criado.=:Faííente.» .fueron Jas ideas qi®, se aglomeraron ála mente del gobernador aliwibir esta fatal carta! No se atrevi» sconsultar con nadie el partido que h^ia de tomar en tan aparado trance; porque cualquier medida, mal Ccdcutóda, poikia labrar su rtaaa yla desn qüerida hija. Pasaban por elgoí^rhador los dias ,con una amargura ysentimjento inesplieables.. Vargas también ignorante de la desaparición de su amada Coráeíia,: la dirigia una carta, que ai padre .abria con la ansiedad propia átades cireunstancias. Al contemplar la finura con que Vargas €Í|fresaba la pasión que tenia ásu hija, no pudo menos de dejar correr dos lágrimas de dulce satisfacción, en medio de la cruel anáedad en qué vivía hacia algunos dias. jí¥ bien nú querida Cornelia, decía Vargas en las Kneas que indicaba al ángel de sus ilusiones, ¿has dadaija por realizados tus negros pensamientos? ¿pienssB en efecto que te haya olvidado ytendré que justificarme de un delito tan atroz.^ ¿y puedes creerme culpable de él,sin darme al mismotiempo una prueba completa del mas perfecto menosprecio? Quince dias hace que i» te veo, que no te oigo, que no estoy átu lado, yr ya roe parece han pasado pormi dos siglos enteros. Si, yo té amo yte amaré testa 'exhalar el ¡último suspiro. Vbe, vive -segura de mi fé yde mi constancia; yno temas de ningún modo que te olvide, ni un solo momento, üii alma intimamente penetrada de su objeto, no es susceptible de olvido ni distracciones.' El amor es una flor tan delicada, que el menor soplo estraoo la marchita ydestruye. Tú sola, si, tú sola serás el blanco de mis profundas meditaciones.¡- Tu virtud, tn corazón, tus nobles sentimientos, tus bellas¡ cualidades, teda tú ysola tú ocupará ámi atención en los tristes mo-
mentos de tnl ausencia. El cielo ^Jot y.Nacimos ouestras afecciones no menos que erdre^ para vivir siempre juntos. mentir. Cuando estamos sotra alma, yuno mismo nuestro “«d» de 'e ¿menudo; que suslos, tú sabes bien que nuestros corazones hiramos con el mismo ardor ,y piramos casi áun mismo tiempo; que de los.pechos que las deliciosas, tiernas yespresiv »«yestras húmedas megillas. Ah! si ¿morosos ,corren ápesar nuestro jKir nuestras bum^a hubiera de permanecer separado ¡negocios en esta ciudad. mi destino! Espero concluir brevemente todos m§^^^í^í^os labios!.... Podré verte pronto, ysentir fSastÍste ^ Entre tanto hazme mas soportable en tas cartas mi mi Cornelia, aDios, amor mió, aios. jVartras crevendo (jue Cor” E« esto’, térmieo, »e,pre«b. el e"™»'* Seldo celia podría contestar átan tiernas pa .^vez aunque esté s:s¿Ter=- Valencia, donde tan hermosa la dejabas que le desmejoraron «onsiderablemente, CAPITULO II. fcernador de ella Besaflo de ^ar«aa en Sev^IH» ssa£i#^si OBciode Sevilb E» el infante .cismo de^r ^'¿X temía; alfio por un impulso comu seopXindantes lágrimas de en estos términos: 2
—16— tuá tormentos, cuéntame tus aflicciones, yrecibe mi bendición ymis tiernos '**^*^*Estes eran las palabras que siempre estaban en la mente del gobernador. En el momento que recibió la carta de Meneses escribió aeste aei modo siguiente. •ijonin ((Cuando las miserias ydesgracias comienzan áperseguir áun dmeniurado, jamás le desamparan un solo instante. Privado de mrhija ,mlamaua, viudo, solo, triste, abandonado, sin socorro alguno, asesino del mas virtuoso que existe sobre la faz de la tierra ,causador, ami^o ses, de tus males, de tu afrenta, yde tus continuos tormentos ,™ monstruo aun mucho mas feroz que el raptor de mi hija. Ay de ™“ un hombre agobiado, de un peso superior ásus fuerzas te, ydesfallece mas ymas ámedida que sigue caminando ,del ms do no dov naso al^^uno sin que se aumente mi tribulación ysobresalto. Mi hija gime oprimida en un calabozo del Santo O&io, por no ,„e,Só Ascender ilos .mores del .rsobispo de Serdla ,oe ha rio e aue me la ha robado. Tú sabes bien que este mal hombre se me vendía por Ligo. Qué protestas de amistad no he escuchado de su boca ÍSi.rme'de él una perHdi. tan horrible? if“JH Z era menester visir con su amigo como con quien habla "I® J'” ,. akun dia su enemigo ,era sin duda muy prudente ;pero esta maxima, Escindiendo de que no se hermana con mis sentimientos, rae hubiera también orivado de uno de tos mas dulces placeres de la vida. (t^'argas tiene un hermano inquisidorjF- proteccioLn tan tristes circunstancias? ¡malhadado joven! yo he cortado el hilo de sus preciosos dias, yo he ocasionado su temprana muerde, ((Oh! tú, querido amigo! tú, que en todos tiempos me has dado mosteas de tu sí¿a amistad yamor, tú que has sabido ámi bien estar; no, no me abandones en esta ocasión reconcilíame con elTnoeente Vargas; póstrate ásus pies en mi nombre, ruégale vivamente que me perdone manifestándole mis pesares ymi sincero arrepentimiento, pro Turatorme con tus saludables consejos, yven, ven, si ser puede, a couSui. 5écuan.0, hija del gobernaiior de ^®detención te ruego rendidamente que tomes JaTersuTbe^rJSu padre -Ja P- Y. títulos sagrados para interesarme en su sue •J
—i7— muy cristiana, amable yvirtuosa, yno sé^ciertamente cuál ha sido el motivo de su prisión. Es verdad que vosotros necesitáis muy poco para privar ácuaiqniera de su libertad: una ligera sospecha, una delación, una palabra, os basta para perderle. Es preciso confesarte que vuestro empleo es sumamente deshonroso. Yo mas quisiera tener un hermano vcrdup ócarnicero, yie no inquisidor. En tribunal bárbaro que no tiene otro código sino el capricho yla mentira, exije por jueces unos hombres sin honor, sin conciencia ysin sentimientos. «Digo el capricho yla mentira, porque todo lo que repugna ala idea v al sentimiento de un Dios propicio ybenéfico, se opone diametralmente .i nuestra santa religión, ypor consecuencia es obra vuestra. Asi es que vuestra vida es un largo tejido de horrores yatrocidades’ tan pronto mandáis quenyar un centenar de judies ,tan pronto encendéis vnedras hogueras para una muchedumbre de hereges: por la mañana arrancas del seno de un padre ásu querida hija; por !a tarde hacéis desventurada una familia entera. «¡Ah! cuál se estremece un corazón sensible ála vista de tantos objetos lastimosos como ácada instante se la ponen delante, pidiendo venganza contra quien les causó tan cruel yhorrible sacrificio! la razón clama incesantemente contra semejantes injusticias; la religión condena unas acciones tan enormemente crueles ;yel brazo levantado del Supremo Juez se descargará contra sus indignos ysanguinarios ministros! «Como quiera que sea, tú eres humano, yobras contra tu inclinación, cuando se trata de hacer daño aun al menor insecto; ypor lo mismo creo que como puedas librar de los hierros áCornelia ,lo harás al instante^ y mucho mas mediando las razones que le tengo insinuadas. «Espero con impaciencia tu respuesta; yentre tanto queda tuyo de corazón.—V-argas.» .j,.A Como ya verán nuestros lectores por la contestación del hermano de Vargas, la ^rfidia que abrigaba este en su corazón como todos los inquisidores ,escusamos e! hacer mas comentarios ;la contestación era del modo que sigue. ij1 «He recibido, querido hermano, (l) una carta tuya concebida en los termino» mas estrañüs. ¿Sabes bien lo que en ella me dices? ¿sa^s que estoy obligado yo mismo en conciencia ádelatarte al Santo Tribunal? ¿es posible que te havas dejado de tal modo arrastrar de la pasión por 'ana miiger criminal éincrédula; que te hayas propasado ádesfigurar ácausa de ella tus nobles yhonrados sentimientos? Creeme ,hermano mÍo; si quieres qyae no sea ton grande tu castigo, delátate tú mismo ánosotros, diciéndoiios que arrebatado del ciego amor que tienes áCornelia, has prorumpido en espresiones injuriosas yblasfemas, yque siendo tu ánimo permanecer fiel ála M) Meneses, áquien fue remitida después esta carta, no dió parte al gobetaador del contenido de ella, por no apesadumbrarle ina^.
-~Í8— religión, te acercas pesaroso yhumillado árecibir el castigo que merecieres por tu ligereza yarsebato. «La hija del gobernador de Valencia, no merece ciertamente tu amor. Es una muger perversa que no tiene la menor confianza ni respeto ála Divinidad; ycreo que vendrá áparar en un cadalso, vista su obstinación. Yo soy humano con los buenos; pero también soy cruel con los malos, especialmente cuando media la gloria de Dios, porque esta es la obligacL OOP te 1® han encontrado varios libros ypapeles que te hacen ati algo culpable, yentre otros un mamotreto de voces inglesas, hecho de tu propio puno. Según se vé, parece que tú te entretenías^ ea ensenarla aquella lengua. ¡Ojalá que jamas la hubieras tu aprendido! Acuértorr Tt' canónigo, átu salida para Inglaío ^^^femedio, te dijo, eri medio de aquellos herejos. ¡.¡como se acumplido al pie de la letra su vaticinio! antes de partir para aque reino eras cristiano: no se pasaba un solo dia sin que oyeras “yte acostabas sin haber antes rezado de rodillas el santo rosario ala Virgen; en-tu cuarto no se veian mas libros que la Diferencia entre lo Temporal yEterno, obra digna de estar escrita con letras de oro; l^ Ejerctaos de San Igmcio, verdadero antídoto contra el pecado; vel Flos Santorumde Rwadeneira, ohta maestra de piedad yreligión; ¿ero átu regreso te se ha notado que ni oyes misa, que no rezas ni una salve ,y lejos de tomar en las manos los libriK que antes te gustaban tanto ,los desprecias, yque allá te embebes con tuslibros ingleses; laalhaya amen todos los folletos que has traido de Inglaterra. El Aposto! te dice: «que no conviene saber mas de lo que se debe saber yque la ciencia influa.» ¿Qué provecho se puede^ sacar, en efecto, de los libros estrangeros en donde se pinta la vir-* tud ten diferente de lo que es en sí? ¿en donde se habla mal del Papa ,de los Cardenales ydel Santo Oficio? ¿en donde se trata de todo menos^de intere^s del alma? ¿Qué nos importa la ilustración de las demas naciones si al cabo sabemos que está cerrada para ellos la puerta del Paraíso? ¡Ah! Lrmano mío! este es el punto esencial en que debemos parar nuestra consideración! hemos nacido para morir; ynos debe importar muy poco que en este valle de lágrimas, las cosas vayan bien ómal. Desde el punto que llegaste de Inglaterra, conocí que te habías maleado mucho en la fé. Tus palabras ydiscursos respiran un aire de heregía éincredulidad. «Los ingleses vituperan nuestra esclavitud ydevoción; pero mas vale ser esclavo ymortificado en este mundo, que infeliz en el otro. Ya lo verán allá aquellos sabiondos que han gastado el tiempo en ilustrar su patria ,descuidando enteramente de su salvación. El verdadero cristiano no ha de reconocer otra patria sino el cielo. Te he oido hablar varias veces del atraso en que se hallaa entre nosotros las artes mecánicas yliberales, yensalzar el ingenio éindustria de los estrangeros. Los Apóstoles, hermano mió, cuiáoron muy poco de las artes, manufacturas, comercio, legislación , ^cien-
19 cias yartes, porque sabian para conseguir la vida ete™a- ^^campos, cultivad las artes ,fomentad na™Sar;Tco=io, con ella. saWda vleída ,yesto sólo basta para «Doña Cornelia, según las ruegos, óáimpu^ déla tortenerla sujeta hasta que confiese, pues la esperiencia nos ha entura para poderla condenar en ®^gg^a mala casta de personas, Jo,ue el espera, ““'^o me muer.í oada; lormo.wres pedir peras al olmo. Ymidiera no seria regular por compla que no puedo ;ylo otro, ^lo^nico que podré hacer ,será mediar por Lte comprometer mi ¿nos^otro?, comote tengo. ya dicho.» "^^í^lranlafpS- de Vargas, única persona que. podía hacer el todo en la ^^”ador no sabia nada absolutamente . Hacia mas de un me= f®J—g„to de su prisión ;su vida había de Cornelia después ^de imaginar ,sin duda no estaría muy sido la mas triste yama ^qFg^gn cada vez mas graves, lejos el fin de t^“/“§'"g“gr‘es^^^^^ él mismo conocía su próximo Ylos médicos no daban la Fmamparo ásu adorada fallecimiento. ¡^ :^ “*^”3 ydolorosas’. En una carta que recibió el g^ hija en «‘^cunstanMas tan ganunciaba la prisión de su amigo Mebernador de fg„^cia; con una carcelera de la prisión de Corneses, que por estar en confe ,ggj ggjjto Oficio, yle sornelia, fue lo uno de los innumerables calatezij de riíiirí:m£li —»—.»• «— > aUeer las «ItirrMS pílate Mgoberoador, recibió Vargas una carta de JéJfe dre con su desventurada Corneha. ^p„gg La prisión de Corneha, Meneses, la enfermedad yau^ncia todos se oponían, la pn=>ion gg^g^gogúnuada ilación de desgracias fue k) tSe^Ífqne bmueríe arrebatara la existencia del gobernador.
capítulo IV. terrosaíortüTquna j *‘*******^ ®" ** ««lalio**. 1«- o» la PIa*« de Sevilla. •*"«««*• Maerte deCaraelia ixu, que era carcelera de Cornelia, yque había sido ,=|; .guac„.d. .„,a, escriW iVar^ai Ld<Je U, S 'guíenles noticias. Reñíamos dispuestas las cosas para salir esta íDerada *‘^*^"*« ^'««sfnr w" r‘®*acion me hace temblar^ ha trasídesvanecido «P« ®'®“pre jamas nuestras esperanzas bre, élas «rila ™,ÍT"“TSr“ 1““ la »«orita se reAStrferr ’í»'" con el arzobispo' pero viéndn«» va ’rlargo tiempo brazo ábrazo cuchiib que por desgracia la habia^”v oV"d°Pehgro, agarra el be„d. 1,ar'.rs StEC, "r rz:'”r;^Tcrr:r «rodos ios presos se alborotan; los que andaban [ibres en ei natío ...a pr«, alas voces; ,viendo qne el \,z„bi,« »el snln punalad^ en el lago que formaba su misma sangre; se deshacen ^SÍ* yP‘í“eírantes, que alborotaron toda la veclndal ^ tbn ^«ye la gritería; pero notando desde un corredor el desór dy que había en el patio teme bajar yda parte al inquisidor de s« Jalbmoto ymotín de los presos; este, acosado del espato, llaraaí^uv d;.tul“tS!^’ '“j* ~-lo ®ti,¿ ((Entra: en el calabozo de doña Cornelia; yávista del horrible espectáculo que se ofrecto asus ojos se estremece yqueda uu breve rato iumóvil como «na estatua, sm acertar aproferir ni una sola palabra. Se acerca al arzoir po espirante y. ymoribundo, pero que por fortuna conservaba aun Joíu
..—21— vé!¡^i,Tr¿itrfi“2do' iKr 1= ™i fp™-*'» ante el Juei Supremo declarrt In iA^^^^^dimienlos ypróximo óAparecer cint Klevantó con Imr'to Trató! dé. , *' ''“''J’ .1 “'«'"‘I» *' pies de doña Cornelia, con una voz trUr Iarri^dlándose como jM¡do áfoí me aguarda, el re=pei„Tbld“ é>„é2 'TT"'”' ‘“'j” ^1“ gador levantado para cavtloar mh*“ i»™» de un Dios veiima *inspira terror vmíS!Lwr„Tn"'”“^ “»r '«l»r i»’ Je vuestra casa paterna; vo he caut^ado la mtÍ“'en inocente, de cho gemir injnstameBt¿ en este lóbrego Szo -I"’ de crueldad, de libertinaje vde in<^ratiti!dm«n mónstnio <iue no hay remedio, i¿uando'^ríñ que «o merezco. . .¡Ah! si; ahora quién debo echar la culpa de ells*^ CrT «nis maldades. A formado por tu misma m^ano sea tan £a¡í r la Majestad terrible, tú jóv'en infortunal. ‘*=«»"Pareciere al juicio de td dirés ai tremendo Juiz, que íafdSosa i^^^^^ coJensru.,. ra )sin mancha hasta que vo tuve Ja 'i; que eras puailí con esos ojos lagrimosos ^cou e«as síST'® Tu vendrás «anos levantadas timidamentehácra el c5"f* con esas ^implorabas la piedad que vo no he ÍnV? ‘as tendías ámí cuanlastante será ¡ay de mi! cierti vsecura pectro de tu amable padreél m'í«mn°m,f ’^presentará e! esfundos abismos, entíeSirpra ^P™* acusarás? Ytú querrás'’™, condenacZ ete^r* Ytó me perdóname,, no quieras privarme de ecte --•••* perdóname, hija mia. Yo... yo! desventurado" ^^consuelo en este horrible trance! Pirorí?»£r„tl1™™t,““v •’ H.>nd„,p«,„ citaba, P^concediéndole generosamente el perdón que soli- «El escuálido yexánime arzobispo fallece dií -v bien lejos de haberse tenido la menoríonsidZ.f^ mado al contrario las mas «Tandes ro-Pí-A •‘“V"" señorita se han torigor; ytodo lo que comTenTo áSrTZa?ZI"" «Su proceso Ibe verse mafiarv^ notar me da muy mala espina. ' que el hallazgo del cuchillo me tiene" en ^"“^me, señor, mi silencio, por- Al otro d!a de este fatal ítormenta.» nelia fue presentada en el tribunal dS^r>Coc- Inquis¿dor. Jurai.s decir verdad en ^odoí™r^ S'gmente interrogatorio. eornelia. Sí juro. ápregunfar? Ir^uisidor.¿De dónde sois? Cornelia. De Valencia. Inquisidor. ¿Quién es vuestro padre?
Cornelia. Inquisidor . Cornelia. —21— El gobernador de aquella ciudad. ¿Cuánta edad teneis? Diez ynueve años. ¿Porqué estáis aquí. &'» ^ * cid, pues, ¿porqué estáis aquí? Cornelia. Por lo dicho. .•¿gpone que no creeis en Dios. Tnauisidor. Sin emoargo, hay quien de^ Hjsituación ;yn Irqumaor. ^desconsuelo en mat '* V. -.. a.- "* Yde hacer padecer...... nliívez- *ois soberbia. ^Inquüidor. Hablad con pero no soberbia. „ Cornelia. La inocencia me i^u. desventurado arzobispoinquisidor. ¡Inocencia, ¿y qa^^ el honor... Hvirtud... 'Xi^' oÍU..OS; . J;-5JÜSi”v= ™ nuestra casa. ^un hombre tan sabio ,virtuoso y .jeStávierUa «UWfc eatlas ,ue me ecÉÍÍ' ¿pres’q5n“sim‘^« ilustrisima me ha sacado de la casa paterna?
—23— Inquisidor. ¿Cómo puede ser que estando el arzobispo en SeviUa «« sacara de Valeneia? ^ Cornelia Yo no he disho que él mismo en persona \iniera ásacarroeel dio sus ordenes, yse cumplieron. Eso es increíble. ¿Y conocéis áDon Bartolomé Vargas? Le conozco muy particularmente. Ycuáles son las opiniones de ese joven? No lo sé. Es ateista? Creo firmemente que no. No seáis perjura. No tengo motivo para serlo. No ha hablado jamás delante de vos de religión? Yo le he oído hablar varias veces con elogio de la reli'uon cn^iana, pero detesta los abusos. ® Inquisidor. Ycuáles son estos abusos? Cwnelia. Yo no soy teóloga para poder retener en la memoria todo cuanto le he oído. Ydónde para ahora ese caballero? Lo ignoro, Yquién os habia dado el cuchillo con que asesinásteis ai ar- Cornelia. Inquisidor. Cornelia. Inquisidor. Cornelia. Inquisidor. Cornelia. Inquisidor. Cornelia. Inquisidor. Cornelia. Inquisidor. zobispo? Cornelia. Inquisidor. Cornelia. Inquisidor. Cornelia. Inquisidor. nuestra presencia. La casualidad. ¿Y cómo fue esa casualidad? Como otras muchas que suceden. Sois culpable; volved, volved otra vez al calabozo. Ignoro mi culpa; yDios defenderá mi causa. No seáis hipócrita: desapareced, desapareced al instante de Sabedor Vargas del fatal estado de la causa de Cornelia, frenético ydesesperado, no {wdia soportar tantos pesares; ypara no padecer tanto tomó la determinación de ausentarse para Holanda, como ya dijimos antesp pero en el momento en que iba ápreparar las cosas para el viaje, recibió la última carta de Cornelia concebida en los términos que siguen. Prisión del Santo Oficio de Sevilla ide judio. Ya, en fin, querido Vargas, se me ha notificado solemnemente la sentencia fatal! ¡ya estoy en capilla! ¡ya no puedo dudar del terrible yafrentoso suplicio que voy ápadecer.' ¿Y es esta, es esta la suerte que me tiene reservada la Providencia? ¿Y tendré valor yconstancia para conformarme con su divina voluntad? Yo que desde mis tiernos años he conservado siempre el mayor respeto yveneración ánuestra sagrada religión; vo que por devoción frecuentaba de ocho en ocho dias los santos Sacramentos; yo que no me acuerdo haber puesto jamás en duda ninguna de las verdades que no^
24— -n 1, fA- vo -iv de mi! \o he de ser llerada vergonzosamente por las Sue nibto^ Yespeta en un cadalso como nn ateísta? ¡Qué horror!!! cfie no me es posible volver áverte séame alo menos permitido dc¿irte que te amo mas que ami propia uda. ^"te saco, este aparato que me rodea, este crucifijo que tengo delante, este bulli( o aue sLto, todo me dice que ya no restan mas que unas cortas horas de exist¿iria: vpor lo mismo quiero desahogar mi corazón. De todos dones trconser^oíu retrato; no%un no Im tenido valor J e«ta inapreciable alhaja; aquí mismo lo tengo; vov acoierle ,a en el mis labios. ¿En qué manos le depositaré? ¿podrá otra que yo teñe . blntrpreciosoko: nadie sino tú puedes poseerle, ópor ™ejor ^ nadie sino vo podia tenerte áti mismo. Voy, pues, af Ah! pueda este sacrificio devolver ámi ánimo la tranquilidad yel repso de que tanto necesito en este infausto momento.... Piensa alguna vez en t querida Cornelia, ya que ella no puede volver apensar en ti-... En en fin ... La Lucía entra.... va se acerca el momento.... mis tuerzas abandonan... mis sentidos se turban. .. la pluma se me cae f vov ásalir al suplicio.... todo el mundo rae aguarda.... ADms, qaer a iHi'.icro, áDios por una eternidad!... Pero escucha... una palabra... ana so palabra Ah! va no puedo.... áDios... áDios... aDios.,..» ^Poco después Cornelia fue conducida al suplico yhorriblemente quemada ante todo el pueblo de Sevilla. FIN DE LA COENELIA