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Issorel, Jacques : Fernando Villalón. La pica y la pluma. Perfil biográfico, estudio, antología y bibliografía, Sevilla, Ediciones Espuela de Plata, 207 págs. y 6 ilustraciones [Reseña]

Reyes Cano, Rogelio

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Fig. n.º 23.- Issorel, Jacques (2011): Fernando Villalón. La pica y la pluma. Perfil biográfico, estudio, antología y bibliografía, Sevilla, Ediciones Espuela de Plata, 207 págs. y 6 ilustraciones. Revista de Estudios Taurinos N.º 32, Sevilla, 2012, págs. 235-240 El nombre del hispanista francés Jacques Issorel, catedrático honorario de la Universidad de Perpiñán, está asociado desde hace ya muchos años a la figura del poeta sevillano Fernando Villalón, de cuya obra es sin duda el mayor estudioso y conocedor en el mundo de la crítica literaria. Frecuentador de Sevilla, Morón de la Frontera y otros lugares en los que se fraguó la biografía y la actividad campera y literaria del autor de Andalucía la Baja, indagador incansable de los más Rogelio Reyes 236 ocultos recovecos de su atractiva personalidad y de su sorprendente vocación poética, tiene ya en su haber bibliográfico una muy nutrida aportación al esclarecimiento de Villalón. En ella destacan su obra Fernando Villalón ou la rébellion del´automne (1988), sus ediciones de las Poesías inéditas (1985), La Toriada et autres poèmes tauriques (1990), bilingüe, Obras [Poesía y prosa] (1987), las Poesías completas (Madrid, Cátedra, 1998), una bibliografía comentada sobre el autor, una cronología del mismo y numerosos artículos y ponencias congresuales sobre diversos textos y motivos temáticos de Villalón. El libro que ahora comentamos, cuidadosamente editado en Ediciones Espuela de Plata con la colaboración de la Fundación Fernando Villalón del Ayuntamiento de Morón de la Frontera, es resultado del gran conocimiento del autor que Issorel ha ido adquiriendo en el curso de los años y por ello ofrece una inteligente síntesis expositiva y sobradamente madura. Si no supone, en rigor, una nueva aportación a lo que ya el propio autor nos ha expuesto más demoradamente en anteriores publicaciones, la obra pone al alcance de los lectores menos eruditos un perfil humano y literario del poeta que sólo un conocedor avezado como él podría haber redactado con plena solvencia y a la vez con desenvuelta expresividad. Tras una sinopsis biográfica de Villalón sumamente útil, el libro ofrece sus dos facetas angulares: la de ganadero y la de escritor; de ahí el expresivo subtítulo: “La pica y la pluma”. Montado en su jaca marismeña con la larga garrocha apoyada en tierra, tocado con su sombrero de ala ancha y revestido de la solemnidad campera de su figura, la fotografía que ilustra la cubierta resume gráficamente la vocación angular del ganadero de reses bravas, del caballista avezado a derribar toros bravos, del hombre de apariencia tosca y bravía que sin embargo guardaba en sus adentros la sutileza de la pluma, un talento literario en el que pocos creyeron en los primeros momentos. Recensiones de libros 237 En las páginas dedicadas a la pica, al «Villalón ganadero», Issorel nos resume con rigurosa documentación y rigor académico todas las vicisitudes por las que aquél pasó desde su inesperada decisión, por carecer de antecedentes familiares, de meterse a ganadero de reses bravas al comprar un lote de la ganadería de Adalid (entre 1904 y 1907) hasta la venta de sus reses a Juan Belmonte en 1926, forzado por sus continuos fracasos dinerarios a renunciar a esa suerte de misión de restaurador de la dignidad del toro y la pureza de la fiesta que él mismo se había atribuido como un reto vital. En medio, su probada incapacidad para gestionar el gran patrimonio rural que fue heredando de su familia y la ruina total y salida de Sevilla, camino de Madrid, en noviembre de 1929, en compañía de su inseparable Conchita Ramos. Por encima de tantas y tan desgraciadas experiencias, Issorel aborda el motivo central que llevó a Villalón a implicarse de lleno en ese mundo de la ganadería brava. Y fue, sin duda, una visión idealista de la fiesta y un enorme respeto a la dignidad del toro, en el que él buscaba la fiereza y acometividad de otros tiempos que las grandes figuras ya no aceptaban. En ese terreno, como en tantos otros, Villalón navegaba contra corriente. Como escribió su primo Manuel Halcón en la cita que introduce Issorel, esas figuras «admitían todas las teorías de Fernando sobre el toro bravo. Toreaban sus becerros, cuya estampa elogiaban. Reconocían que el ganadero era genial. Pero no querían sus toros en la plaza». Si la extendida leyenda de que Villalón quería conseguir toros con los ojos verdes no pasa de ser una más de sus muchas bromas, sí parece del todo cierto que, obsesionado por buscar la fiereza de antaño, sus toros resultaban ásperos y agresivos en extremo, poco aptos para la lidia más artística que se iba imponiendo desde el triunfo del toreo de brazos de Juan Belmonte. Y también que, al parecer, tampoco Villalón fue muy lúcido en la compra de los lotes de Adalid y luego de Aleas que, según algu- nos testigos de la época, le vendieron reses de desecho. Por una u otra causa, la carrera de ganadero de Villalón no fue precisamente un éxito, aunque él no perdiera nunca su idealismo ni siquiera su sentido del humor. Así lo atestigua el telegrama que, tal como relata Manuel Halcón, mandó a su padre después del rotundo fracaso de una tarde en la plaza de Cádiz: «Corrida celebrada hoy. Tres toros fogueados. Uno al corral. Público pide cabeza de ganadero. Dime qué hago. Fernando». La principal aportación de Issorel en este dominio es haber seguido cronológicamente la pista a todos los lances de aquella particular ganadería atendiendo a las crónicas de revisteros y a otros fondos documentales de la época y revelándonos con datos fehacientes, más allá del halo legendario que la envuelve, la realidad de aquella ilusionante pero fallida aventura taurómaca que, entre otras cosas, precipitó a Villalón en la ruina económica y le forzó a emigrar a Madrid. La otra faceta relevante de la personalidad de Villalón –su inesperada dedicación a la creación literaria en un hombre que no daba en apariencia ese perfil– la encara Issorel de manera sintética pero filológicamente muy rigurosa. Partiendo del certero juicio de Jacobo Cortines y Alberto González Troyano en sus Escritos sobre Fernando Villalón (1982), subraya cómo la literatura de alguien que parecía destinado a ser más un personaje que un autor literario y su obra a ser entendida como complementaria a su singularidad como tal personaje, ha terminado siendo un valor en sí misma. El recorrido analítico que va haciendo por sus sucesivos textos en verso revela la finura crítica y la sensibilidad tantas veces contrastadas del estudioso francés al enfrentarse con el escritor sevillano. En Andalucía la Baja (1926) destaca, más que cualquier forma de andalucismo de pandereta, un enfoque lleno de autenticidad, «una bella lección de Andalucía, una explicación y exploración llevadas a cabo por un hombre, un poeta que Rogelio Reyes 238 vierte en su poesía cuarenta y cinco años de contemplación de su tierra». En La Toriada (1928), poema de inspiración gongorina, Issorel subraya agudamente lo que el texto tiene de mitificación del toro y a la par, «cuarenta años antes de que se hablase de ecología», de «bellísimo poema ecologista, una reivindicación del patrimonio natural, una defensa de la Baja Andalucía, de sus animales – y no sólo del más prestigioso de ellos– , sus plantas, paisaje, luz y hasta sus duendes. Pero una reivindicación y defensa hechas por la mano de un artista que pone al servicio de un tema que le apasiona una técnica sin defecto». A Romances del 800 (1929) lo define como «un recuerdo, a veces deformado por el tiempo, a menudo embellecido o idealizado», de algunos momentos y situaciones de la historia de Andalucía. Se ocupa también brevemente de la poesía póstuma de Villalón, especialmente del manuscrito Lubricán con los originales poemas “Kaos”, textos cosmogónicos y míticos, y de otros muy bien incardinados en las estéticas del siglo XX. A este recorrido crítico por los libros en verso de Villalón – en este caso Issorel ha prescindido de su obra en prosa y su teatro– sigue una amplia antología de los textos más significativos de esa nómina y una completísima bibliografía del y sobre el autor, incluyendo en la misma una relación de los poemas publicados en las diferentes antologías, las reseñas críticas de sus obras editadas en revistas y periódicos, los libros y artículos sobre el autor, los poemas en homenaje, las traducciones a los distintos idiomas, la iconografía de Villalón y hasta la discografía que ha suscitado su figura. Toda una muestra exhaustiva de hasta qué punto el hispanista francés es, sin la menor duda, la máxima autoridad mundial en el conocimiento del singular escritor sevillano. Un índice de revistas y periódicos en las que colaboró Villalón o en las que han aparecido trabajos sobre él y otro onomástico acrecientan aún más el valor de un libro al que Recensiones de libros 239 necesariamente habrá de recurrir todo lector interesado en la rica personalidad y en la creación literaria de aquel hombre singular que en la Sevilla de los años 20 supo integrar pasión taurina y pasión literaria, la «garrocha de majagua» que hacían los salineros de los puertos gaditanos y que él tan bien manejaba (Romances del 800) con la pluma, símbolo de un gran talento de escritor disimulado bajo una apariencia de tosquedad y ruralismo. Rogelio Reyes Fundación de Estudios Taurinos Rogelio Reyes 240