Crecimiento urbano y conformación de hábitats sociales: una síntesis del mapa social de la ciudad de Sevilla
Full text
45 CRECIMIENTO URBANO Y CONFORMACIÓN DE HÁBITATS SOCIALES. UNA SÍNTESIS DEL MAPA SOCIAL DE LA CIUDAD DE SEVILLA Ibán DÍAZ PARRA*1 RESUMEN La ciudad capitalista es una ciudad segregada socialmente. Esta segregación se produce y se reproduce en base a las estrategias de clase implementadas en el desarrollo urbano y da lugar a un mapa de hábitats sociales fuertemente diferenciados. El objetivo de este trabajo es elaborar una síntesis actualizada de la diferenciación socio-espacial en la ciudad de Sevilla. Para ello se parte de fuentes documentales, bibliografía sobre la ciudad y análisis del planeamiento, a partir de los cuales se elabora una reconstrucción histórica de los procesos que han dado lugar a la particular configuración social de la ciudad. Palabras clave: segregación, hábitats sociales, clases sociales, crecimiento urbano, urbanismo, políticas urbanas. ABSTRACT The capitalist city is a socially segregated city. This segregation is produced and reproduced based on class strategies introduced in urban development. In this way, this produces a map of socially different habitats. The aim of this essay is to develop an updated synthesis of the social and spatial segregation of Seville. We will start by analyzing documental sources, bibliography and city planning in order to produce a historical reconstruction of those processes that established the social configuration of this city. Key words: segregation, social class, social habitats, urban growing, urbanism, urban politics. * Universidad de Sevilla. ESPACIO Y TIEMPO, Revista de Ciencias Humanas, Nº 25-2011, pp. 45-60
46 1. INTRODUCCIÓN El objetivo de este trabajo es elaborar una síntesis actualizada de la diferenciación socio-espacial en la ciudad de Sevilla. Aunque esta segregación social es un modelo ya estudiado, los cambios operados en los últimos decenios son menos conocidos y suponen en algunos casos transformaciones relevantes para la urbe. Así, por un lado, se pretende cubrir un cierto vacío actualizando la cuestión hasta los últimos desarrollos realizados en la primera década del siglo XXI. Por otro lado, este texto es parte de un proyecto más amplio que pretende realizar un estudio comparativo de las principales ciudades andaluzas. Para la elaboración de este trabajo se han utilizado en su mayor parte fuentes documentales, la bibliografía existente sobre la urbe y el análisis del planeamiento histórico, esto combinado con el reconocimiento directo de la ciudad en la actualidad. Como método de investigación se parte de un proceso histórico analítico, fundamentado en un marco teórico general sobre la segregación, en el que se realiza el análisis de la realidad escrita, fechando los acontecimientos. A continuación se pasa a una fase reconstrucción histórica, con el estudio de las modificaciones aportadas a la estructura en cuestión por el desarrollo ulterior (LEFEBVRE, 1971). La ciudad capitalista es una ciudad segregada por cuestiones estructurales. En este sentido, las estrategias de clase, en gran medida estrategias de acumulación de capital, y las dinámicas propias del mercado de suelo, a lo largo de la historia, dan lugar a una determinada geografía social. Dicha geografía social tiene una base fundamental en la segregación de las clases sociales y da lugar a la conformación de distintos tipos de hábitats sociales que se suceden en la historia. El modelo seguido para interpretar la segregación histórica de Sevilla es el siguiente. Comenzando por los condicionantes del emplazamiento y el desarrollo urbano precapitalista, este a su vez determinado por el primero. Cuestiones como el relieve, la existencia de zonas inundables y no inundables, la dirección predominante de los vientos, etcétera, establecerá sectores más asequibles para su colonización y otros menos. Los sectores más apropiados tenderán a acoger funciones rectoras y elite social. Estas cuestiones darán lugar y consolidarán una diferenciación del valor del suelo. Con el surgimiento del mercado de suelo urbano se establecería la diferenciación de la ciudad en función de los precios del suelo, que se superpone a los elementos previos que otorgan forma, funciones diferenciadas y estructura a la urbe. La diferenciación de precios unida a las diferencias de clase, dan lugar a
47 la segregación socioespacial típicamente capitalista. Sobre la segregación establecida, los agentes privados desarrollan estrategias de clase que producen y reproducen una determinada geografía social, frente a la cual la intervención pública no hace sino racionalizar los determinantes de un sistema de ocupación del espacio residencial basado en un mercado de suelo y consumidores con ingresos diferenciados (LEFEBVRE, 1971 Y 1986 y HARVEY, 1977). 2. POLARIZACIÓN NORTE-SUR. EMPLAZAMIENTO Y DESARROLLO ULTERIOR Para comprender la diferenciación socioespacial capitalista en la ciudad de Sevilla no resulta baladí retrotraerse, al menos, hasta la segunda mitad del siglo XIX, cuando la ciudad todavía se limitaba a su recinto amurallado, o incluso mucho más atrás, hasta su primera colonización. Esto se debe a que la particular distribución de los grupos sociales en la ciudad comienza en su recinto histórico y traspasa la vieja muralla para reproducirse en los sucesivos desarrollos urbanos modernos. Comenzando por la cuestión del emplazamiento, la segregación social de Sevilla tiene, en primer lugar, un marcado carácter suroeste-nordeste, un hecho que ha venido a evidenciarse en numerosos textos de carácter científico así como en documentos oficiales, como las memorias de los planes generales que han sido redactados para la ciudad. Esta situación tiene, en primer lugar, una base geográfica, dada por el emplazamiento topográfico de la ciudad y por el predominio de los vientos procedentes del suroeste. El primero de estos factores determina la ubicación del núcleo original prerromano en el extremo sureste del actual centro histórico, mientras las sucesivas expansiones del recinto amurallado llevan la expansión de la urbe fundamentalmente hacia el norte y hacia los suelos más próximos al cauce del río, dando lugar al extenso centro histórico con el que cuenta la ciudad en la actualidad (Pozo y Barajas, 2003). La ciudad de Sevilla se reduce prácticamente a su recinto amurallado y sus arrabales, con algunas intervenciones extramuros de escasa importancia, prácticamente hasta 1900, y es en este limitado espacio en el que se engendra la segregación moderna de la ciudad. La particular topografía de este recinto da lugar a que el norte de la ciudad histórica sea una zona de consolidación más tardía que el sur. En el extremo sur del centro se localizan las cotas más elevadas y por tanto protegidas de las crecidas del río y sus afluentes, sin embargo la expansión de la ciudad medieval se produce hacia
48 el norte, dado que la expansión hacia el sur y hacia el este se vería dificultada por los cauces originales de los arroyos Tagarete y Tamarguillo. Dada su tardía colonización y las dificultades de su topografía, en el norte se mantienen hasta prácticamente el siglo XX varios grandes vacíos urbanos. El más importante de ellos la Alameda de Hércules, hasta el siglo XVI un cenagal insalubre fruto de su origen como antiguo brazo de río del Guadalquivir. A partir de esta fecha se deseca la zona y comienza su colonización, que sigue en gran medida las curvas de nivel alrededor de la vieja laguna, algo todavía perceptible en la trama urbana. El resto del trazado al norte de la ciudad procede de viejos arrabales ubicados sobre antiguos caminos rurales y todavía en la segunda mitad del XIX cuenta con un gran número de huertas y de espacios sin colmatar por el crecimiento urbano. Esto sería determinante a la hora de ofrecer suelos para el crecimiento industrial y residencial posterior. De esta forma, el norte, excepción hecha del noble barrio de San Lorenzo, ofrece suelo para acoger la inmigración procedente del campo andaluz y extremeño, que se hacinará aquí y en los arrabales en viviendas colectivas, así como para las pequeñas industrias que se multiplican en la zona en las últimas décadas del XIX (Almuedo Palma, 1996). Esto confiere al sector un carácter humilde y en cierta medida industrial y obrero desde fechas tempranas (González Cordón, 1985). En consonancia con lo anteriormente expuesto, el sur de la ciudad acoge desde antiguo los edificios nobles y de representación del poder político y religioso: Alcázar, Ayuntamiento, Catedral y Palacio Arzobispal. Estos edificios se agrupan en torno al recinto originario de la ciudad, en cotas elevadas y a resguardo de las frecuentes crecidas del río. Por otro lado, la dirección de los vientos señalada viene a reforzar la polarización recomendando la ubicación al nordeste de la ciudad de los edificios insalubres y denostados, como el hospital de San Lázaro para leprosos, del siglo XIII, o el hospital de las Cinco Llagas, del siglo XVI –o al menos a esta razón se le tiende a atribuir, en la bibliografía existente, la distribución de tan señaladas edificaciones, por ejemplo en Romero Moragas (1998)–. A estos se les suman el Cementerio de San Fernando y el Manicomio de Miraflores en el siglo XIX. Respecto de la preferencia de la pequeña industria por el norte de la ciudad, esta fue suficientemente inventariada por Almuedo Palma (1996). En el extremo nordeste son frecuentes los sectores que se urbanizan para acoger establecimientos fabriles. Así, la clase obrera local va a tomar posiciones en base a la proximidad a sus lugares de trabajo, al mismo tiempo que se ve privada de otros emplazamientos. En este marco tiene su mayor desarrollo la
49 forma moderna por excelencia de alojamiento obrero en las ciudades andaluzas, el patio de vecinos, sobre cuya historia y significación existe una abundante bibliografía (Montoto, 1996, Morales Padrón, 1974 o Fernández Salinas, 2003). La vivienda colectiva en torno a un patio, con compartimentos reducidos y servicios colectivos, va a ser la protagonista del hábitat obrero, aunque la presión demográfica, paulatinamente, va a orientar la construcción obrera hacia la casa de vecinos, en torno a uno o dos ojos patios, y al incremento del número de plantas. Es también al nordeste de la ciudad donde se localizan algunas de las primeras intervenciones públicas más relevantes, con el objetivo de dar cabida a estas clases trabajadoras; reformas orientadas a penetrar en las grandes manzanas medievales para aumentar la edificabilidad, como los pasajes Valvanera o González Quijano. Una vez agotadas las posibilidades del suelo industrial y residencial en el centro histórico, la Sevilla obrera se expandirá hacia el norte, apoyándose en la avenida Miraflores y en la carretera de Carmona, que se convertirán en ejes industriales y sobre los que se establecerán algunas de las primeras barriadas obreras periféricas de autoconstrucción, como El Fontanal, Árbol Gordo o Los Carteros, por mencionar algunas de ellas. La barriada de autoconstrucción será el segundo gran hábitat obrero de la ciudad, con especial relevancia entre la primera década del siglo XX y la década de los cincuenta. Se trata de antiguas explotaciones hortícolas o prados que se parcelan y se venden a las familias inmigrantes que acuden a Sevilla, y sobre los que se desarrollan viviendas unifamiliares a partir de los escasos recursos disponibles, a menudo cubriendo el camino desde un barraquismo inicial hasta, poco a poco, dar lugar a estructuras más consolidadas (Lucas y Ríos,1980). Las barriadas de estas características son numerosas y se distribuyen por la ciudad empezando a conformar su primera periferia obrera. Otra forma coetánea de barriada obrera, de mucha menor importancia numérica, es la compuesta por las diversas iniciativas de viviendas baratas que, en mayor o menor medida, pretenden seguir las propuestas del movimiento de la ciudad jardín, con predominio de las viviendas adosadas en forma de chalet. Uno de los ejemplos más característicos de este tipo de hábitat en Sevilla se encuentra sobra la avenida de Miraflores, la barriada de Retiro Obrero. Ya establecida una clara geografía social de la ciudad, la zona norte quedará consagrada a la construcción de barriadas de bloques de pisos en manzana abierta a partir de la década de los cincuenta, en gran parte viviendas subvencionadas o directamente construidas por el Estado, comenzando por La Barzola y El Carmen, a las que seguirán un buen numero de diminutas barriadas, en principio muy deficientes, tanto en su pobre edificación como
50 en la carencia de las mínimas dotaciones e infraestructuras. En este contexto surgen algunos de los sectores más densamente poblados de la ciudad, donde se desarrolla este tercer hábitat obrero, con gran protagonismo de la intervención pública y cuyo objetivo es alojar al máximo número de personas en el menor espacio posible. En el marco del Plan General de 1963 se desarrolla el Polígono Norte. San Diego empieza a construirse en 1971, un año antes se había comenzado Santa María de Ordás, también de dimensiones considerables, a finales de la misma década se desarrollan Los Arcos, pero, al norte de la ciudad, sin duda, la sucesión de promociones de este tipo de mayor tamaño habrá de ser Pino Montano, que comienza a edificarse en 1973 como un proyecto del Patronato Municipal de la Vivienda. Viviendas colectivas históricas, barrios de autoconstrucción y vivienda subvencionada sirven a diversas estrategias de acumulación de capital por parte de la burguesía propietaria Sevillana. En los barrios históricos se produce una extracción de rentas a través de las viviendas colectivas en alquiler. La concentración de la propiedad en el centro histórico de la ciudad es notable, al igual que lo era en los terrenos circundantes sobre los que se expandió la ciudad a lo largo del siglo XX (Martín García, 1996). A través de las parcelaciones –a menudo ilegales– que darían lugar a los hábitats de autoconstrucción, los propietarios de suelos rústicos obtenían rápidos beneficios mientras las cargas de la urbanización recaían sobre la administración pública (Ruiz Ortega, 2005 y Martín García, 1996). La especulación con los suelos en los frentes de expansión se prolonga a los desarrollos funcionalistas de la ciudad, donde además la subvención pública permite que el capital inmobiliario entre en el negocio de construir viviendas para las clases humildes (Marín de Terán, 1980). El sur de la ciudad es fruto de un desarrollo urbano radicalmente diferente. Así, los ensanches burgueses, denominados despectivamente en algunos documentos como “proto-ensanches” [sic]1, se dirigen significativamente al sur y al oeste. La primera expansión urbanística moderna extramuros se produce con la construcción del parque de las Delicias, al suroeste del centro, una intervención romántica del siglo XVIII que se ve reconfigurada con la intervención de 1825 propiciada por el asistente Arjona. En el plano de Álvarez Benavides de 1868 aparece ya, vinculado al establecimiento de la línea del ferrocarril Sevilla-Córdoba, el primer y diminuto ensanche de la ciudad, entre el centro histórico y el río, al suroeste del primero2. Las operaciones de 1 Por ejemplo en la memoria del Plan General de 1987. 2 Este y otros mapas históricos de la ciudad fueron editados por la Gerencia de Urbanismo en Cortés et al. (1992).
51 reforma interior confirman de nuevo esta tendencia, reducidas durante el XIX a la apertura y reforma de plazas, las principales intervenciones se localizan en la parte más noble del centro como serían los casos de la plaza del Museo y la plaza Nueva (García Bernal, 2005, p. 147). Más ambiciosa es la operación que da lugar a la avenida de la Constitución en 1915 (Lucas y Ríos, 1980 o Marín de Terán, 1980), centro financiero de la ciudad en su extremo sur, llamado a convertirse en una versión reducida en cul de sac de la Gran Vía madrileña. Los ensanches más ambiciosos, a partir de los años veinte, se dirigirán primero al sur, La Palmera-Borbolla, y más tarde hacia el suroeste, el tardío ensanche de Los Remedios, configurando los principales sectores residenciales de la elite social sevillana hasta la actualidad. En un primer momento, estos desarrollos dan lugar al típico hábitat burgués de viviendas unifamiliares y arquitectura regionalista. Es también en este contexto donde se desarrolla la industria inmobiliaria Sevillana, fundamentada en las grandes propiedades nobiliarias en torno a la ciudad3. Dentro de las grandes operaciones de ensanche, a partir de la década de los cuarenta, se produce el paso de las típicas barriadas burguesas de baja densidad a los bloques de pisos bien equipados y con viviendas de grandes dimensiones; los primeros en el Prado de San Sebastián y Los Remedios. Posteriormente algunas de las iniciativas dirigidas a construir barrios de clase media en el mercado libre, como el caso emblemático de Bami, expanden este tipo de hábitats socialmente privilegiados. 3. DIFERENCIACIÓN ESTE-OESTE. LAS GRANDES BARRERAS SEGREGADORAS La expansión hacia el este de la ciudad se inicia en la segunda década del siglo XX con la urbanización de los antiguos terrenos del Cortijo de Maestre Escuela, en el sector urbano que pasaría a denominarse Nervión, resolviéndose su problemática comunicación con el centro a través de la construcción de tres puentes que superaban las vías del ferrocarril, de norte a sur sobre las vías de Oriente, Eduardo Dato y Enramadilla. Este ensanche sirvió además para acoger servicios públicos tales como en nuevo matadero municipal, varios cuarteles de la guardia armada y la nueva cárcel provincial. Aquí, en la escala local se genera una dinámica segregadora propia, por ubicarse los nuevos barrios obreros, de autoconstrucción (barriada Nervión) o de viviendas baratas de promoción (Ciudad Jardín), en el extremo este del 3 Como las del Marqués de Los Remedios o el Marqués de Nervión, que dan lugar a los sectores residenciales que toman sus nombres.
52 nuevo continuo, junto a la margen derecha del encauzamiento del arroyo Tamarguillo (García y Torres, 2005 y Lara, 2009). Así, la geografía social de este lienzo de la ciudad tendría un factor fundamental en la presencia de la canalización del mencionado arroyo –objeto de vertidos sin control y foco de insalubridad en su momento–, en la altimetría de la zona y en la mayor o menor proximidad al centro urbano. El ensanche se ubica entre la vaguada del viejo arroyo Tagarete y la canalización del Tamarguillo, sobre una elevación de terreno en cuyas cotas mayores se encuentra el espacio central de este desarrollo, la Gran Plaza. Escalando la loma desde el oeste se localiza el ensanche burgués propiamente dicho, de viviendas unifamiliares suburbanas de grandes dimensiones. En la vertiente de la canalización del Tamarguillo y prácticamente junto a su cauce artificial, las barriadas obreras. En el sector al este del arroyo quedaba el barrio obrero de autoconstrucción del Cerro del Águila y la barriada Amate –inicialmente un núcleo chabolista–, a estos, a partir de la década de los cincuenta, se les suman nuevas barriadas de autoconstrucción (La Plata, Palmete, Su Eminencia o Padre Pío) y barriadas obreras de bloques de pisos, primero Las Candelarias y después Los Pajaritos, Madre de Dios y Rochelambert (Almoguera, 1989 y Almoguera y Hernández, 1999). En el extremo sur de la ciudad, de nuevo, aparece una dinámica segregadora propia, fundamentada esta vez en la presencia de las vías del ferrocarril Sevilla-Cádiz. Mientras el ensanche se ubica al oeste de las vías, en fechas tempranas surge al este el barrio obrero del Tiro de Línea, que combina promoción de viviendas baratas y autoconstrucción. Mercado e intervención pública continúan con esta lógica a partir de la expansión mediante promociones de clase media e iniciativa privada, apoyados sobre las arterias fundamentales del ensanche sur, al oeste de las vías, mientras al este se ubica el emblemático Polígono Sur, de iniciativa pública (Torres, 2005). 4. LAS ISLAS SOCIALES DE SEVILLA Estas líneas generales antes esbozadas no impiden la aparición de barriadas ajenas a la lógica expuesta, siendo destacables la aparición de Santa Clara, barrio de corte suburbano y de cierto prestigio al nordeste de la ciudad, o el barrio de autoconstrucción de Bellavista, al sur, en base a coyunturas específicas.
53 Santa Clara, al nordeste de la ciudad, se coloniza como una zona residencial para militares procedentes de las bases norteamericanas establecidas en la región, lo que le otorga un aspecto de suburbio anglosajón tan ajeno a la ciudad, con chalets espaciosos y de buena calidad. Con el progresivo desmantelamiento de las bases militares, los vecinos originales van abandonando el barrio y dejando su lugar a familias de clase media autóctonas. Este peculiar origen da lugar a un sector residencial de elevado poder adquisitivo que, casualmente, se encuentra flanqueado por dos de las promociones de polígonos de vivienda obrera más características de la ciudad, el Polígono San Pablo, en sus diferentes fases, y el Parque Alcosa. Bellavista se consolida como barriada en la década de los cuarenta, en el extremo sur del municipio, extremadamente alejada en su origen del continuo urbano e incluso separada de la ciudad por el río Guadaíra. Comparte origen y características con Torreblanca, en el extremo este de la ciudad, y Valdezorras, al norte y todavía considerablemente aislado. Estas barriadas obreras de autoconstrucción se consolidan en gran medida a partir de la construcción de sendos campos de concentración y trabajos forzados para presos republicanos, cuya función era construir el Canal del Bajo Guadalquivir. Próximas a Bellavista y alejadas, en principio, del continuo urbano, se construirán otras promociones obreras, excepcionalmente ubicadas al oeste de las vías del ferrocarril. Es el caso de la barriada de casas baratas Elcano y, más adelante, en plena efervescencia de la intervención pública en viviendas, la barriada de Pedro Salvador. La ubicación de esta cuña suroeste de barriadas de carácter obrero, escapa a las dinámicas expuestas con anterioridad y han de concebirse incluidas en una dialéctica centro-periferia. 5. MODIFICACIONES OPERADAS EN LOS ÚLTIMOS DECENIOS La importante reestructuración que sufre la ciudad a partir de la década de los ochenta tiene como consecuencia una cierta modificación de su geografía social. La operación determinante que modifica la estructura de la ciudad entre las décadas de los ochenta y los noventa es la modificación del trazado ferroviario. Esta consiste en la eliminación del ramal del ferrocarril que separaba el norte de la ciudad del río Guadalquivir y el soterramiento del tramo entre Santa Justa y San Bernardo (Fernández Salinas, 1993). Respecto de los hábitats sociales de la ciudad, tres son las principales cuestiones operadas en los últimos treinta años:
60 GARCÍA, A. y TORRES, F. J. (2005) “Un Espacio Público y una Barrera. Contexto Urbano y Social de la Ronda del Tamarguillo en Sevilla.” Espacios Públicos, Espacios Privados. Un Debate Sobre el Territorio: Actas del XIX Congreso de Geógrafos Españoles. Congreso de Geógrafos Españoles. Núm. 19. Santander. Universidad de Cantabria. 2005. Pág. 1-20. GARCÍA BERNAL, J. (2005) La ciudad y su gente. Historia urbana de Sevilla. Sevilla: Escuela Libre de Historiadores. GARCÍA MONTOTO, L. (1996) Los corrales de vecinos. Sevilla: Castillejo. GONZÁLEZ CORDÓN, A. (1985) Vivienda y ciudad: Sevilla 1849-1929. Sevilla: Ayuntamiento de Sevilla. HARVEY, D. (1977) Urbanismo y desigualdad social. México: Siglo XXI. LARA, A. (2009) “Segregación social, configuración urbana y espacio público en el entorno de la ronda del Tamarguillo (Sevilla)”, en Taller Capital y Territorio. ¿La construcción de un sueño? Sevilla: Universidad Internacional de Andalucía. [ayp.unia.es/dmdocuments/com04.pdf] LEFEBVRE, H. (1986) El derecho a la ciudad. Barcelona: Península. — (1971) De lo rural a lo urbano. Barcelona: Península. LUCAS, R., y RÍOS, A. (1980) Arquitectura y urbanismo marginal en Sevilla. Sevilla: Delegación de Sevilla COAAOB. MARÍN DE TERÁN, L. (1980) Sevilla, centro urbano y barriadas. Sevilla: Servicio de Publicaciones del Ayuntamiento de Sevilla. MARTÍN GARCÍA, A. (1996) Sevilla (1872-1994) Ciudad y Territorio: de lo local a lo metropolitano. Sevilla: Fundación Cultural Colegio Oficial de Aparejadores y Arquitectos Técnicos. MORALES PADRÓN, F. (1974) Los corrales de vecinos de Sevilla: informe para su estudio. Sevilla: Universidad de Sevilla. ROMERO MORAGAS, (ed.) (1998a) Sevilla extramuros. La huella de la historia en el sector oriental de la ciudad. Sevilla: Universidad de Sevilla. RUIZ ORTEGA, J.L. (2005) Triana, historia urbana y personalidad geográfica. Sevilla: Ayuntamiento de Sevilla, Área de Cultura. TORRES, F. J. (2005) El análisis territorial aplicado al estudio de zonas urbanas marginadas, el caso de Polígono Sur en Sevilla. Sevilla: Consejería para la Igualdad y el Bienestar Social. Junta de Andalucía.