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Influencia fenicia en la arquitectura antigua de Niebla (Huelva)

Escacena Carrasco, José Luis; Belén Deamos, María

Abstract

Las excavaciones practicadas en Niebla (provincia de Huelva, España) junto a la «Puerta de Sevilla» han descubierto un tell protohistórico sobre el que se asienta la ciudad actual. D os de los edificios encontrados destacan por sus técnicas de clara inspiración fenicia . El presente trabajo aborda el estudio tipológico de dichas obras, así como su cronología, enmarcándolas en el contexto de la colonización fenicia del Mediterráneo occidental y reflexionando sobre su significado en los procesos de aculturación experimentados por la Península Ibérica durante la Edad del Hierro.

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(c) Consejo Superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons 3.0 España (by-nc) http://tp.revistas.csic.es TRA BAJOS DE PREHISTORIA 50, 1993, pp. 139-158 INFLUENCIA FENICIA EN LA A RQUITECTURA ANTIGUA DE NIEBLA (HUELVA) PHOENICIAN INFLUENCES ON THE ANCIENT ARCHITECTURE OF NIEBLA (HUELVA) MARIA BELEN (*) JOSE LUIS ESCACENA (*) RESUMEN Las excavacion es practicadas en Niebla (provincia de Hue lva, España) junto a la « Puerta de Sevilla» han d es cubierto un ¡e ll protohistórico sobre el que se asie nt a la ciud ad ac tual. Dos de los edificios encontrados destacan por sus técnicas de clara inspiración fenicia. El pr esente trab ajo aborda el estudio tipológico de dichas o br as, así como su cronología, enmarcá nd olas en el contexto de la colonización fe ni cia del Medite rr áneo occidenta l y reflexionando sob re su significado en los pr ocesos de ac ultur ación experiment ados por la Peníns ul a Ib ér ica durante la Edad d el Hi er ro. ABSTRACT In ¡h e excavalions r ea li zed in ¡h e ci¡y of Niebla (H uel va, Spain), n eX I 10 ¡he "Puerta de Sevilla », a protohisloric tell was fo und under the present villa ge. Two buildings uncovered in these excava/ions ha ve techniqu es inspired in the Ph oe nician wor ld. This artide deals with the typological and chronological study of th ose buildings in the co ntext of Phoenician co loniza- /ion of the Western Mediterranean, and reflects on their significance in ¡he pr ocess of cultural change in the Iberian Peninsula during the ¡r on Age. Palabras clave: Protoh isto ri a. Andalucía occidental. Fe nicio s. Arquitectura . Técnicas de construcción. Muros de pilares. Key words: Protohistory. Western Andalus ia . Ph oe nician. Architecture. Building techniques. Pillars wa ll s. (*) D epartamento de Prehistoria y Arq ueología. U ni - versidad de Sevilla. Sevilla. INTRODUCCION A poco de comenzar el 1 Milenio a. c., las aldeas del Bajo Guadalquivir empezaron a experimentar importantes transformaciones, que supusieron con el tiempo la implantación de una auténtica estructura urbana. Los investigadores están de acuerdo en que todos estos cambios, que afectaron a la configuración de los poblados en una amplia región del sur y sureste de la Península Ibérica, están relacionados con la presencia de gentes procedentes del Mediterráneo oriental (cf. Almagro y otros, 1990: 284; Bendala, 1989: 141 ; González Prats, 1983: 272; Ros Sala, 1989: 164). Primero se vio que a partir de la segunda mitad del siglo VIII a. C. empezaban a difundirse concepciones nuevas del es pacio doméstico. La s cabañas circulares tradicionales, dispersas por todo el área del poblado, se iban paulatinamente substituyendo por viviendas de muros rectos, rectangulares o cuadradas, alineadas ordenadamente en manzanas abiertas a calles o plazas, según los modelos implantados en las colonias fenicias de la costa mediterránea andaluza desde la primera mitad de dicho siglo (Aubet, 1986: 18). Después se fueron documentando en los poblados de las tierras interiores del Guadalquivir los mismos sistemas de fortificación que en los asentamientos coloniales. El foso de sección triangular de To scanos (Niemeyer, 1986: 116) presenta analogías con el que se halló posteriormente en el Ca stillo de Doña Blanca (Ruiz Mata , 1988: 41) (c) Consejo Superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons 3.0 España (by-nc) http://tp.revistas.csic.es 140 y con los más recientes de Carmona (Cardenete y Lineros, 1990: 269-270, fotos 2 y 3, lám. 4). Ahora se habla ya de santuarios (Blázquez, 1991: 37; Llobregat, 1991: 328) y de grandes complejos palaciales de inspiración oriental (Almagro-Gorbea y otros, 1990: 277; Celestino, 1991: 190); y se sostiene incluso que algunos poblados , como el de Tejada la Vieja (Huelva), sin ser fenicios, se proyectaron bajo inspiración y totalmente de acuerdo con modelos fenicios (Fernández Jurado , 1991: 173). Pero, aunque poco a poco se van añadiendo nuevos datos , seguimos sin saber gran cosa de la arquitectura del período que transcurre entre el siglo VIII a. C. y la decadencia del mundo tartésico, a fines del siglo VI a. C. El panorama empeora si pretendemos indagar en aspectos más específicos. Empezamos a comprobar que no sólo se trasplantan los modelos conceptuales de las ciudades, las casas o los palacios orientales, sino también las técnicas de construcción; pero está todavía por hacer un estudio pormenorizado de tales técnicas y, en general, ni siquiera contamos con descripciones adecuadas que permitan distinguir las diferentes tradiciones constructivas. El trabajo que presentamos no pasa de ser una modesta aportación para la investigación de estas cuestiones. Su objetivo es dar a conocer la existencia en el yacimiento de Niebla (Huelva) de estructuras construidas con técnicas de tradición fenicia (Belén, 1986: 272 ss. y láms. I-III; Belén y Escacena, e.p.) (1). EL YACIMIENTO. LAS INVESTIGACIONES ARQUEOLOGICAS EN NIEBLA Niebla está situada en la provincia de Huelva, a unos 30 kms. de esta última ciudad (Fig. 1.1). Rodeada aún por la muralla medieval, se alza sobre un cerro flan quedo en sus lados oriental y meridional por el río Tinto (Fig. 1.2). La comarca es de relieve suave, con alturas de no más de 150 mts. y con tierras fértiles que permiten un buen aprovechamiento agropecuario. Al norte del término municipal afloran las (1) Los autores agradecen la colaboración del prof. R. de Balbín, autor de la mayor parte de las fotos que ilus tr an este tr a bajo , y de Milagrosa Sánchez Andréu que pasó a tinta los dibujos sobre originales de M. Belé n. T. P .. n2 50. 1993 María Belén y José Luis Escacena pizarras que constituyen la base geológica de la es tribación sur de Sierra Morena en esta zona (Borja, 1989; Terrero, 1952 y 1954). Las condiciones estratégicas y el potencial económico de su entorno explican que el lugar se poblara con relativa continuidad ya desde el Calcolítico. Niebla constituye un auténtico cruce de caminos donde interfieren ruta s que discurren en sentido norte-sur con otras que van de este a oeste. Según la tradición y la documentación arqueológica, dispuso de embarcadero fluvial en época antigua. Por ser escala en la vía de salida del mineral de Riotinto hacia el Atlántico por el puerto de Huelva, ha constituido punto de mira para conquistadores durante toda su historia. La vida continuada sobre la terraza natural primitiva ha originado un auténtico tel! sobre el que reposa la población actual. Algunas investigaciones permiten reconstruir a grandes rasgos las etapas más antiguas de la historia de Niebla. Consta que la zona se ocupó al menos desde el Paleolítico Medio (Vallespí y otros, 1986: 44 y 52-54), período al que siguió un vacío poblacional documentado en el res to de los tiempo s pleistocénicos, como de hecho parece que sucedió en gran parte de Andalucía occidental (Fortea, 1986: 68-73). Empieza a tenerse, no obstante , mayor conocimiento del Neolítico, gracias sobre todo al yacimiento de La Dehesa , en la cercana localidad de Lucena Del Puerto (Piñón y Bueno, 1985: 110-115). Para la fase calcolítica, Niebla y sus alrededores han suministrado una valiosa información, a la vez que monumentos megalíticos como el Dolmen de Soto (Obermaier, 1924) y el tholos de El Moro (Garrido y Orta , 1967). En la propia Niebla, las covachas de Los Bermejales contenían niveles de ocupación de estos tiempos (Whishaw , inédito: cap. 2, p. 12), a los que tal vez haya que atribuir también las cuevas artificiales del Cabezo Gordo (Garrido , 1971: 10). Al sur de la ciudad, en la finca denominada La Ruiza, se ha documentado asimismo un enterramiento del Bronce pleno (Del Amo, 1975: 175), contemporáneo de unas problemáticas inhumaciones enpithoi paralelizadas con las argáricas (Jurado, 1934: 183). Pero la etapa histórica de Niebla que aquí nos puede resultar más interesante es la protohistórica. A ella pertenecen los ajuares recuperados en el túmulo funerario de El Palmarón (García y (c) Consejo Superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons 3.0 España (by-nc) http://tp.revistas.csic.es INFLUENCIA FENICIA EN LA ARQUITECTURA ANTIGUA DE NIEBLA (HUELVA) 141 • LA PALMA DEL C. 7, 0 -==========T-::t--r~- __ ~ ~ --L .1 -L )vJ-- L.O o 200 m. 1 1 .1 J _ /. ~ 11Fig. 1. Niebla (Huelva). 1: Situación. 2: La ciudad y la zona excavada junto a la Puerta de Sevilla. T. P .. nº 50 . 1993 (c) Consejo Superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons 3.0 España (by-nc) http://tp.revistas.csic.es 142 Bellido, 1960: 53). Excavaciones recientes sugieren que Niebla nació como núcleo urbano propiamente dicho hacia el siglo VII a. C. (Belén y Escacena, e.p.; Belén y otros, 1983),10 que confirma la fecha ya avanzada por Droop (1925: 39) y sospechada a través de materiales orientalizantes que han sido objeto de diversos estudios (López Roa , 1978: 177; Pingel, 1975: 120). En conjunto, toda la documentación hasta ahora rescatada indica que, si bien pudo haber en Niebla un poblamiento anterior al de época tartésica según revelan los dispersos datos del Cobre y del Bronce, sólo a partir de la primera Edad del Hierro existió en ese punto del Tinto una población estable y con aparente continuidad poblacional hasta hoy. Por tanto, desde los testimonios del Bronce pleno hasta estos otros de la fase tartésica, la comarca de Niebla participó con toda seguridad de un vacío poblacional que tiene un reflejo más amplio en casi toda Andalucía occidental (Escacena y Belén, 1991: 24-26) y que marca un fuerte hiato en la cadena cultural de la Edad del Bronce, dejando de momento sin base sólida un supuesto origen local del mundo tartésico precolonial (Belén y Escacena, 1992). Esta problemática ha sido recogida recientemente por Bendala (1990: 1923) para explicar parecidos fenómenos observados en el área extremeña. El hallazgo de cerámica con decoración incisa y digitada en Los Bermejales (Blanco y Luzón, 1975: 244) demuestra el ancho perímetro de la Niebla tartésica y, en consecuencia, el apogeo experimentado por la población durante la primera Edad del Hierro. Si los altibajos de la ciudad han estado ligados estrechamente a las circunstancias de explotación de la cuenca minera de Riotinto, el auge de que gozó en su más antigua protohistoria debe relacionarse tal vez con el control de la ruta de salida del mineral desde la sierra hacia el puerto de Huelva (Fernández Jurado, 1986: 168-169; Ruiz Mata, 1989: 242). De hecho, Niebla pudo haber compartido con Huelva la centralización de los recursos mineros de la región (Blanco y Rothenberg, 1981: 19). Si a esto se une la existencia de fértiles campos en sus alrededores, se obtienen circunstancias ideales para el nacimiento de una aristocracia que tal vez tuvo en el sepulcro de El Palmarón una de sus manifestaciones en torno T. P .. nQ 50. 1993 María Belén y José Luis Escacena a la muerte má s importantes. De hecho, de esta sepultura procede uno de los conjuntos m etá licos más ricos que hoy constituyen los ajuares funerarios tartésicos (Cerdeño, 1981 : 42; Cuadrado , 1956: 56 ; García y Bellido, 1956: 87 y 1960: 53; Jurado , 1934: 163). La ocupación de la ciudad durante la segunda Edad del Hierro dejó huellas evidentes en la secuencia estratigráfica (Belén y Escacena, e.p.; Belén y otros, 1983). No obstante, la documentación disponible no habla con claridad de la reces ión económica ni de otros múltiples aspectos de la crisis que afectó a finales del siglo VI a. C. al mundo tartésico. La posibilidad de que, aun de forma residual, se siguieran explotando los metales de Riotinto durante la fase turdetana , ofrecería una explicación satisfactoria a la superación de una etapa de vacas flacas generalizada que acabó con el esplendor del que la Baja Andalucía había gozado durante los tiempos orientalizantes. La Niebla romana volvió a conocer un florecimiento espectacular, de nuevo al compás de las importantes actividades minero-metalúrgicas del área de Riotinto. En este se ntido , se ha escrito que, en la provincia de Huelva, sólo esta comarca de la tierra llana habría experimentado una verdadera y profunda romanización (Blanco y Rothenberg , 1981 : 14-15). La información arqueológica de esta etapa empezó a recopilarse a través de hallazgos numismáticos ya en el siglo XVII al menos (Caro, 1634: 213-214), y ha sido sistematizada en un trabajo de síntesis sobre la provincia de Huelva (Luzón, 1975a y 1975b). LAS CONSTRUCCIONES DE TRADICION FENICIA EN NIEBLA: CARACTERISTICAS y CONTEXTO ESTRATIGRAFICO Las estructuras que estudiamos en este artículo se hallaron en varias campañas de excavación llevadas a cabo entre 1978 y 1982 junto a la entrada a la ciudad llamada « Puerta de Sevilla », en un solar que ya había sido sondeado parcialmente con anterioridad (Garrido y Orta , 1975b: 257 y lám. 196). La zona está cerrada al norte por la cerca almorávide, y por su flanco oriental cae en talud casi vertical hasta el río Tinto (Fig. 1.2). (c) Consejo Superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons 3.0 España (by-nc) http://tp.revistas.csic.es INFLUENCIA FEN ICIA EN LA ARQUITECTURA A TIGUA DE NIEBLA (HUELVA) 143 Lám. T. Niebla (Hue lva). 1) Cata 8, aspecto general. 2) Cata 4, muros de técnica or iental (excavación del Prof. R. de Balbín). T. P .. oº 50 . 1993 (c) Consejo Superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons 3.0 España (by-nc) http://tp.revistas.csic.es 144 Fig. 2. Niebla (Huelva). Cata 8. Muro 5, cara Este. Se abrieron en total diez cuadrículas. De ellas se obtuvo una secuencia de gran complejidad debido a las contínuas reocupaciones del sitio desde su primera fundación como hábitat, .Y so br e todo porque en muchas ocasiones se habían llevado a cabo remociones de los estratos antiguos desde los niveles de época medieval. De todos los cortes practicados, las obras que ahora nos importan corresponden a la cata 8, la que hasta la fecha ha sido estudiada con mayor detenimiento (Belén y Escacena, e.p.). 1. El Muro 5 En la zona meridional de dicha cata, un muro fabricado a base de la alternancia de paños de mampostería con otros de sillería -al que se denominó muro nº 5-, servía de articulación a dos fases de construcción romanas. Esta última reutilización supone que en el siglo I d. C. la estructura original ya había caido en desuso. El Muro 5 discurre en una longitud de 10 mts. en sentido NW-SE, casi perpendicular a la muralla almoravide, y tiene 0,55 mts. de T. P .. nº 50. 1993 María Belén y José Luis Escacena - 2 ancho . En el extremo norte ha sido cortado por remociones medievales; pero en el opuesto, la construcción continúa bajo la zona no excavada. Antes de perderse en el testigo, pudimos comprobar que el muro cambiaba de orientación y se prolongaba en sentido W-E (Lám. 1, 1). Su construcción combina paños de sillares tallados en caliza de cantera local, de 1,20 X 0,55 X 0, 55 mts., y aparejo de piedra irregular de tamaño medio. A veces los sillares constituyen auténticos pilares formados por superposición de hiladas de un único bloque colocado a soga (Fig. 2, Lám. II , 1), y otras se distribuyen de forma menos sistemática en hiladas de uno o dos sillares, a soga o a tizón (Fig. 2, Lám. III, 1). Además, el aparejo de mampostería se ha tratado de forma diferente según las caras. En la que mira hacia el borde oriental del tell, que suponemos la exterior, las piedras se superponen en seco (Fig. 2). La cara opuesta queda en gran parte oculta por las construcciones que se adosaron a la estructura en época romana, pero el único tramo visto corresponde a un paño de mampostería tratado de una forma mucho más cuidada ; las piedras han sido 'retocadas para (c) Consejo Superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons 3.0 España (by-nc) http://tp.revistas.csic.es I NFLUENCIA FE IClA E LA ARQUITECTURA ANTiGUA DE NIEBLA (HUELVA) 145 Lám. 11. Niebla ( Hu elva). Cata 8. 1) Muro 5, detalle de la cara Este. 2) Muro de pilar es de Tiro (Bikai, 197 8: lám. LXXXIX. 5) T. P .. nº 50. 1993 (c) Consejo Superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons 3.0 España (by-nc) http://tp.revistas.csic.es 146 María Belén y José Luis Escacena Lám. III. Niebla (Huelva). Cata 8. Muro 5. 1) Detalle de la cara Este. 2) Detalle de la cara Oeste. T. P .. nQ 50. 1993 (c) Consejo Superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons 3.0 España (by-nc) http://tp.revistas.csic.es INFLUENCIA FENICIA EN LA ARQUITECTURA ANTIGUA DE NIEBLA (HUELVA) 147 obtener una pared lisa y los huecos entre mampuestos se han rellenado minuciosamente con otras piedras irregulares de pequeño tamaño asentadas con barro . El resultado es una obra de gran solidez y aspecto cuidado (Lám. III, 2). En otras zonas del solar documentamos muros construidos en ambas caras con esta técnica, en tanto que el interior se rellena de piedras de menor tamaño (Belén y otros, 1983: 975; BelÉn, 1986: láms. 1 y I1) (Láms. 1, 2 Y IV, 2). Este muro 5, que aparentemente carece de zanja de cimentación, asienta de forma inmediata sobre construcciones anteriores de unos 70 cms. de anchura, que discurren paralelas entre sí en sentido E-O y, por tanto, perpendiculares a aquél. Los muros más antiguos, que corresponden a una misma habitación de 3 X 4 mts., fueron manipulados para adaptarlos a su nueva función de cimientos parciales de la estructura 5. La remodelación se observa con claridad en el caso del que llamamos muro nº 18, ya que sobre él se encajó un sillar lo suficientemente bien acoplado como para producir la sensación de que fue esta estructura nº 18 la que se adosó a la nº 5, y no al revés. A mayor profundidad, la base del muro 5 apoya también sobre el nº 28 . La cimentación, ligeramente más ancha que el propio muro, llega a profundizar entre 0,90 y 1,10 mts., según las zonas (Fig. 2). Se inicia por encima de la hilada superior de los muros 18 y 21, coincidiendo en algunos tramos con el primero de los sillares de cada pilar. A partir de aquí se levantan 4 hiladas de sillares con una altura de 2,30 mts. 2. El muro 24 Los muros 18 y 21, que proporcionan asiento al muro 5, corresponden a estructuras de habitación más antiguas pavimentadas con finas capas de tierra apisonada o con gravilla. El primero de ellos es una pared medianera entre dos estancias que quizá estuvieron en su día comunicadas. En relacion con la más meridional de las dos debe ponerse el muro nº 24, del que sólo se ha conservado un tramo de 1,50 mts. de longitud y 0,90 de altura, adosado a la pared oriental de la Cata 8. No disponía de conexiones claras con otras estructuras. En un extremo, el muro había sido cortado por remociones romanas y medievales; en el opuesto, posiblemente hiciera esquina con el nº 21, a través de un sector de este último desmontado después de su abandono. Sin embargo, las técnicas usadas en la fabricación de uno y otro son diferentes. El muro nº 24, que es el único que ahora nos importa por lo que se refiere a este conjunto, está levantado con piedras calizas de tamaño mediano cuya cara externa ha sido trabajada hasta conseguir una superficie plana y regular. Los huecos que quedan entre los distintos mampuestos se rellenaron sistemáticamente con otras piedrecillas mucho más pequeñas que, a modo de cuñas apretadamente, encajadas, contribuyen a dar cohesión, solidez y regularidad a la obra (Lám . IV, 1) . Por las razones expuestas no podemos establecer con precisión el contexto estratigráfico que se relaciona con el origen de esta estructura muraria, pero dado que la misma parece tener cierta relación estructural con el muro 21, y éste a su vez con el 18 y con el 25, se debió construir con toda probabilidad en una fecha comprendida entre los últimos moméntos de colmatación del nivel VII y los primeros del VI. CRONOLOGIA l. Por lo que se refiere a la época de utilización de estas construcciones, hay que señalar que los niveles II y III constituyen las acumulaciones estratigráficas correspondientes a la destrucción de los edificios romanos nacidos en torno al muro 5. En consecuencia, la cronología de ambas capas debe ser considerada también la del final de esa estructura nº 5. Al oeste de la misma se había construído una habitación pavimentada con un mosaico cuya fecha debe llevarse a los siglos II y III d. C. aproximadamente. Al este en cambio, la estancia romana que había sido levantada en el nivel IV se destruye en la segunda mitad del siglo 1 de la Era. Pero interesa más aquí analizar los datos que otorguen una cronología inicial para esta estructura. Las características de la estratigrafía obtenida en esta cuadrÍCula certifican que dicho muro se construyó a partir del nivel V, en el que se hallaron incluso los desechos de retocar in situ los sillares. A veces, la base de la obra llega hasta el nivel VII, pero esto debe ser considerado T. P .. nº 50. 1993 (c) Consejo Superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons 3.0 España (by-nc) http://tp.revistas.csic.es 154 con los muros de pilares, con la colonización fenicia. En ese ámbito pueden encontrarse los mejores paralelos para los muro s de Niebla (8). Tell Abu Hawam (Hamilton, 1933: lám. XXI,I), Hazor (Yadin y otros, 1961: lám. CXXXVI,l) o Tell EI-Far'ah (Chambon, 1984: 29, fig. 6a y láms. 24, 29a y 34a), nos ilustran sobre el uso de pa ramentos de mampostería regular calzada con piedras pequeñas tanto en con strucciones civiles como militares. En Mozia, un paño intercalado entre pilares monolíticos fechado en un momento antiguo del siglo VI a. C. documenta la utilización de este tipo de mampostería en las colonias del Mediterráneo Central (Ciasca, 1986: 226 y fig. 57). En Andalucía, los ejemplos ma s claros de que por las mismas fechas se habían ya construído algunas obras con esa fábrica están en Carmona. En 1980, un equipo de la Universidad de Sevilla dirigido por el profesor M. Pellicer realizó excavaciones junto al sondeo practicado a fines de los años cincuenta por Carriazo y Raddatz (1960), en el lugar conocido como Raso de Santa Ana. En estos trabajos se documentó un muro para el que se calculó un ancho de 0, 80 mts. y que se conservaba en una altur a de casi 3 mts. En su construcción se utilizaron piedras de calcarenita local «( .. . ) colocadas horizontalmente, aunque en ocasiones preparadas, no están es cuadradas, oscilando sus ejes entre 0, 15 y 0, 40 mt s» (Pellicer y Amores, 1985 : 72, láms. 1,2 y 11 , 1) . Las ilustraciones permiten comprobar que la preparación a que se refieren los autores ha consistido en retocar la cara externa de las piedras para conseguir una superficie plana y regular; asimismo, puede observarse que los mampue stos están calzados con piedra más pequ e ña y que su cimentación es algo más ancha que el propio muro y de factura má s grosera. La construcción se ha fechado en los primeros años del siglo VI a. C. (Pellicer y Amores, 1985: 72 y fig. 12). También pudimo s reconocer personalmente un muro hecho con idéntica técnica en otro solar próximo excavado en 1987 (Gil de los Reyes y (8) A la hora de buscar paralelos, hemos tenido más en cuenta el aspecto ge neral de la ob ra que los deta ll es, pu es la so lu ción de calzar pi e dr as con guijarros es tan eleme nt al que, atendiendo sólo a es te hecho y no al r es ult ado, podríamos encontrar ejemplos en c ua lquier sitio y en cualquier época. T. P .. nº 50. 1993 María Belén y José Luis Escacena otros, 1990) (9), situado en la misma plaza y vecino de aquel otro en que se halló el tanta s veces ya citado muro de pilares cuyos tramos de mampostería también se construyeron de la misma forma . Pero si n ninguna duda el mejor ejemplo lo tenemos en el Castillo de Doña Blanca, un poblado fenicio fundado a principios del siglo Villa. C. en las proximidades de Gadir (Ruiz Mata , 1988 : 41). A lo largo del siglo IV a. C., se produce en el asentamiento una reordenación urbanística que supone también la implantación de técnicas de construcción que no se emplean en el lugar durante la fase más antigua. Estas técnica s, que siguen en uso hasta el final del poblado en los últimos años del siglo 111 a. c. , s on las mismas que documentamos en Niebla, y los edificios de ambos yacimientos son tan pare cidos, que resulta inevitable s uponerlos resultado de los mismos estímulos. Aunque la documentación que poseemos para este último es mucho má s escasa, comprobamo s que en los do s poblados se construyen de idéntica forma las murallas, los almacenes y las casas (cf. Ruiz Mat a, 1987: 364) (lO). Por último, creemos encontrar similitudes entre los ejemplos mencionados y los restos de una casa del siglo 111 a. C. del poblado del Cerro Macareno (Pellicer y otros, 1983: 58 y lám. 11 , 1) . Niebla probaría la perdur ación de esta tradición constructiva ha s ta mediados del 11 a. C. RECAPITULACI0 N El trabajo que hemo s prese nt a do no pa sa de ser una aportación modesta a la investigación de la influencia fenicia sobre la a rquitectura prerromana en Andalucía occidental. Pero el ejemplo de Niebla plantea problemas importan- (9) De es tas excavaciones se ha of r ec ido un br eve informe en el que no tenía cabida la descripción pormenorizada de las distintas es truc tur as de construcción, pero pensamos que el muro que vim os en nu es tr a vi si ta a la excavación debe se r el que las autoras ll aman 31 A, que fechan entre «e l último cu arto del siglo VI y la primera mitad del V a.C " y describen, pr ecisamente, con las mismas pala br as que utili za n Pelli ce r y Amores para referirse al hallado en el corte CA -801 A (Cf. Gil de l os Reyes y o tro s, 1990: 5 83 con Pellicer y Amores, 19 85: 72). (10) La técnica de co nstru cc ión que ana li zamos está mej or representada en otros sondeos del sol ar de la Puert a de Sevilla, cuyas excavaciones dirigió R. de Balbín. Estos tr aba jos están todavía pendie nt es de es tudio y por e ll o desconocemos en qué momento de la vida de la ciudad se erigieron estas edificaciones. (c) Consejo Superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons 3.0 España (by-nc) http://tp.revistas.csic.es INFLUENCIA FENICIA EN LA ARQUITECTURA ANTIGUA DE NIEBLA (HUELVA) 155 tes relacionados con el tiempo durante el cual se ejercen esas influencias y con el supuesto proceso aculturador que resulta del contacto entre extranjeros y poblaciones autóctonas. En primer lugar cabe preguntarse cuándo se produjo la introducción de los conocimientos técnicos que implica la fabricación de paredes como las que hemos analizado. Para el muro de pilares conocemos precedentes fechados en el siglo VIlla. C. en Huelva y en el siglo VI a. C. en Carmona. Estos ejemplos más antiguos permitirían suponer que a lo largo de unos 500 años se habrían ido transmitiendo los conocimientos que asegurarían la perduración de esta tradición constructora en Andalucía occidental. Distinto es el caso de las obras de mampostería regular como el muro 24. Aunque es una técnica bien conocida en las ciudades del Próximo Oriente, no encontramos en la bibliografía temática de la Península Ibérica referencias al hallazgo de muros de construcción similar fechados durante el Período Orientalizante, aunque, en nuestra opinión, existen ejemplos inequívocos en Carmona, datados desde los primeros años del siglo VI a. C. Podría suceder que la ausencia de documentación no fuera real, y que, existiendo ejemplos, hubieran pasado desapercibidos por no resaltarse en la descripción los rasgos que caracterizan a los muros así construidos de cualquier otra obra que recurra también al empleo de ripios para calzar los mampuestos. Quizá en algún caso, la escasa entidad de los restos conservados haya impedido identificar el tipo de fábrica a que nos referimos, puesto que en muchas ocasiones de las estructuras originarias no encontramos más que la cimentación, y esta parte de la construcción hemos comprobado que se trata de forma mucho menos cuidada que las paredes. Pero parece significativo que en un asentamiento fenicio como el Castillo de Doña Blanca (Ruiz Mata , 1988: 41), esta forma de levantar los edificios aparezca como novedad con la remodelación urbanística de la última fase del poblado fechada durante los siglos IV-III a. C., y no antes (11). Sorprende asimismo la gran unificación de las técnicas de construcción (JI) En cualquier caso, ha br á que esperar a la publicación de la síntesis que so br e las distintas c amp añas de ex cavación pr e para actualmente el pr ofesor Ruiz Mat a, par a saber en qué momento pr eciso se implantan estas técnicas en el poblado. a lo largo de toda la etapa , pues, como ya se ha coment a do , las casas, los almacenes o las murallas de la ciudad fueron construidos de idéntico modo. La misma fábrica presentan las edificaciones del poblado que se funda en la primera mitad del siglo IV a. C. sobre la vecina Sierra de San Cristóbal, dominando el amplio estuario del Guadalete (12), y, como acabamos de indicar, también en los poblados del Bajo Guadalquivir creemos poder rastrear esta tradición constructiva hasta el siglo III a. C. (Pellicer y otros, 1983: 58 y lamo 11 , 1). De momento, la documentación que poseemos es escasa, pero no podemos pasar por alto la coincidencia entre los datos que hemos comentado y el proceso de implantación de las técnicas de construcción fenicia en los territorios orientales y en las colonias del Mediterráneo Central. En el caso de los muros de pilares, los mejor estudiados, sabemos que, aún siendo conocidos desde fines de la Edad del Bronce, primero en las ciudades sirias del norte y después en las fenicias, progresivamente también en Palestina (Braemer, 1982: 120 y 140), el apogeo de su uso se produce entre los siglos VI-III a. c., y sobre todo durante el V-IV a. c.; ésta es también la época de su mayor difusión en los territorios coloniales (Elayi, 1980: 176 y 180). El muro onubense del Cabezo de San Pedro , de cronología próxima al de Tiro (Bikai, 1978: 10 , 11 , 67 y lamo LXXXIX , 5 y 6) (Lám. I1 , 2), representa sin duda el ejemplo más antiguo para esta tradición constructiva en el Mediterráneo Occidental, pero hoy por hoy constituye la excepción a la regla. Posiblemente, la implantación de los para - mentos mixtos de sillares y mampuestos sea sólo la manifestación más clara e identificable por ahora de un proceso más amplio de difusión de esquemas arquitectónicos y tradiciones constructivas de origen oriental, que expli·caría la introducción por las fechas citadas en las tierras del sur de la Península de otros modelos de urbanismo y formas de edificar novedosas. Problema diferente y de mayor complejidad es explicar cómo se produjo el proceso de implantación de todos estos conocimientos en nuestra región. Hasta hace pocos años se sostenía que la (1 2) Agradecemos la inf ormación al prof esor D. Ruiz Mata, dire ctor de las excavaciones que se llevan a cabo en ambos yacimie nt os. T. P .. n2 50. 1993 (c) Consejo Superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons 3.0 España (by-nc) http://tp.revistas.csic.es 156 relación comercial con los fenicios había provocado tal grado de aculturación en los indígenas del Valle del Guadalquivir y del Suroeste, que sin ser fenicios podrían parecerlo. Más recientemente se han ido flexibilizando las posiciones iniciales y, junto al modelo tradicional, se ofrecen ahora otra s alternativas de interpretación del fenómeno colonial que permiten abordar con esquemas menos rígidos los problemas de interacción cultural en las dos comunidades (González Wagner, 1986: 144 y ss.). Estos otros modelos que defienden formas de contacto directo e, incluso, una estrecha vecindad entre comunidades orientales y autóctonos en las tierras de Andalucía occidental (González Wagner, 1986: 150-152), permiten explicar con más coherencia el proceso de aculturación, pero, a la vez, obligan a reflexionar sobre cómo se detecta en el registro arqueológico la presencia de esas comunidades de origen oriental establecidas en los centros minerometalúrgicos de la región de Huelva o en las fértiles tierras de la región de Carmona (González Wagner, 1986: 151). Porque, de aceptar tales supuestos téoricos, habría que suponer que al menos algunos de los rasgos que los investigadores hemos interpretado como pruebas de una profunda aculturación de las comunidades autoctonas, podrían ser las manifestaciones de la presencia estable de esas comunidades foráneas. En coherencia con su propia hipótesis, González Wagner (1986: 146-147) interpreta la Cruz del Negro (Carmona) como un cementerio de agricultores orientales. En el caso que nos ocupa, el contacto directo y prolongado entre las dos comunidades explicaría de forma menos forzada la existencia de técnicas de construcción de tan clara tradición fenicia en los yacimientos que hemos examinado del área de Huelva y de Carmona. En otras ocasiones (Belén, 1986: 274), ya nos mostramos poco partidarios de sostener que el contacto esporádico con grupos de comerciantes extranjeros consiguiera cambiar las tradiciones arquitectónicas de la población local. Las influencias en aspectos arquitectónicos dicen otros autores (13) implican la llegada de grupos de pobla- (13) A prop ós ito del mur o de San Pedro (Huelva) pr eci sa mente P. Leriche puntu a li za a P. Rouillard que «( . .. ) no se pu ede habl ar de in fl uencia en materia de a rquit ec tur a sin qu e esto impliqu e la ll ega da de nu evas po bl a cione s qu e imp onen su modo de cons tru cción o de e quip os técnicos» (Leriche y Tr éz iny (eds.), 19 86: 422). T. P .. nQ 50. 1993 María Belén y Jo sé Luis Escacena ción O al menos, de técnicos. Ahora bien, en la línea iniciada por Gonz alez Wagner, si aceptamos que hay fenicios conviviendo en los mismos núcleos de población con los autóctonos, consideramos prioritario el problema de identificar a los habitantes de una casa o de un poblado de corte fenicio y discutir después, si procede, cómo una familia local, o toda una comunidad cambió sus co stumbres y llegó a vivir de forma tan parecida a la de un fenicio. En estos momentos nos inquieta pensar que, en la investigación de la influencia fenicia en Andalucía occidental, como se dice en nuestra tierra, hayamos comenzado a construir la casa por el tejado. 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