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J. Martínez-Pinna, "Tarquinio Prisco", Madrid. Ediciones Clásicas, 1996, 440 pp. [Reseña]

Ballesteros Pastor, Luis

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J. MARTINEZ-PINNA, Tarquinio Priscc¡, Madrid. Ediciones Clásicas, 1996, 440 pp. El estudio de la Roma primitiva es a la vez apasionante y transcendental para el historiador del Mundo Antiguo. Apasionante, por el reto que supone la conjunción de elementos derivados de una tradición secular, con otros propiamente históricos que hay que saber deslindar de los anteriores, o, en su caso, interpretar de manera correcta. Trascendental, porque el conocimiento de este periodo nos puede dar luz sobre la portentosa evolución de aquella modesta aldea que se convertirá después en el centro del mundo, no tanto por predestinación cuanto por un proceso lento y paulatino. Así pues, conocer cuál fue el punto de arranque de dicho proceso nos servirá para explicar no p(rcas cuestiones relativas a los periodos considerados "clásicos" de la Historia Romana. Es por esto por lo que son muy numerosos los historiadores que se han afanado en el estudio de este periodo, a la búsqueda de nuevas claves que nos ayuden a conocer y comprender este fenómeno. Las dificultades que el tema entraña son muy numerosas: separar leyenda de realidad histórica, precisar la cronología, y casar los datos arqueológicos con los derivados de la tradición histórica, muchas veces muy posteriores en el tiempo, y que, como en el caso de Livio y Dionisio, fueron redactados 400 RESEÑAS siguiendo unas concepciones ideológicas concretas y padecían las inevitables rémoras de los prejuicios de su contexto histórico. La presente obra del prof. Martínez-Pinna pretende en principio incorporar al estudio de la figura de Tarquinio Prisco las últimas apofiaciones derviadas fundamentalmente de los datos arqueológicos obtenidos en excavaciones recientes. Pero quizás el autor peca de un exceso de modestia en este punto, ya que también introduce interesantes debates sobre las últimas aportaciones de la historiografía en cuanto a la interpretación de las fuentes antiguas. Y con todo, el autor no deja de reconocer que se trata de datos susceptibles de ser revisados en función de nuevos hallazgos y teorías, lo que demuestra entre otras cosas su se¡edad científica, frente a quienes caen en la tentación de considerar "definitiva" cada obra que publican, con lo que están explícitamente negando la posibilidad de ampliación del conocimiento. Lo primero que debemos señalar es que no se trata de una biografía al uso, sino de un estudio profundo sobre una serie de aspectos esenciales en el estudio de este personaje. La idea central del libro es la reivindicación de Tarquinio Prisco como el verdadero fundador de Roma en tanto que ciudad, entendiendo este término en sentido estricto: la introducción definitiva del ejército hoplítico; la instauración de divinidades y fiestas políadas encarnadas particularmente en el culto a Júpiter Capitolino; la introducción del calendario de doce meses (atribuido a Numa) que regula la vida ciudadana; la delimitación de las fronteras frente a los territorios vecinos; el planeamiento de una muralla y la construcción de casas de piedra en sustitución de las primitivas cabañas del foro, que se consagra como espacio público; y en la base de todo ello, la consecución de una serie de reformas institucionales que reflejan la superación de la est¡uctura primitiva en clanes. Para Martínez-Pinna, "Tarquinio Prisco no es una figura legendaria, ni tampoco un mero comparsa en la escena romana del siglo VI, sino más bien al contrario: su figura emerge díaadía como uno de los personajes más interesantes de la época arcaica romana, configurándose como el protagonista indiscutible de su tiempo y al que la tradición ha relegado a un injusto segundo plano absorbido por las personalidades más atrayentes de sus sucesores y del ficticio fundador de la ciudad" (p. 69). Rómulo habría asumido para la tradición las atribuciones propias del oikistés, y a él se habrían atribuido por tanto muchas de las aportaciones de otros reyes, y en particular de Tarquinio. Pero junto a este motivo central, señalábamos la existencia de importantes aponaciones historiográficas que revisan la concepción tradicional que tenemos sobre este personaje y su contexto histórico, empezando por la idea de la "Roma etrusca", que ya ha sido reiteradamente discutida, pero aún pervive. Así, se indaga en los orígenes de Tarquinio, que quedarían desvinculados de una figura legendaria como la de Demárato de Corinto, creación de la tradición etrusca. También otra de las tópicas aportaciones de los etruscos al mundo romano, como sería la ceremonia del triunfo, aparece ahora desvinculada de aquéllos. De los frescos de la Tumba FranEois de Vulci se llega a conclusiones muy reveladoras, como el rechazo de la identificación Cneve Tarkhunies-Tarquinio Prisco, que restaría protagonismo a Roma en esta lucha entre caudillos etruscos (a los que, como bien dice el autor, se califica erróneamente como condottierl), que tampoco habría conducido directamente a la instauración de Servio Tulio en el poder. Respecto a éste último, se indaga en su relación con Tarquinio, entre otras cosas para vincular la tradición sobre Servio, nacido de una sierva de Tarquinio, con la de Rómulo (nacido, según Plutarco, de una criada del rey albano Tarquetio). 401 RESEÑAS Es verdaderamente importante que aparezca en castellano una monografía de estas caracteríSticas, porque supone una necesaria ampliación de horizontes en un campo en el que nuestras investigaciones no han realizado hasta la fecha una aportación de este calibre, y vence el peligro de marginación de quienes seguimos unas líneas de trabajo que se salen de las indiscutiblemente necesarias sobre la Península lbérica. Quizás en este sentido hubiera sido conveniente que el autor hubiera realizado una breve introducción histórica que orientase al lector no familiarizado con los relatos sobfe Tarquinio, cuyo conocimiento es obviado. Habría sido ciertamente difícil abordar una tarea de tal magnitud sin entrar de nuevo en el debate historiográfico, y ello quizás hubiera llevado a hacer otro libro más o aurRentar sobremanera el número de páginas. Pero también podría haber servido para ampliar el número de lectores potenciales a los que se hubiera ofrecido la oportunidad de aproximarse a un tema tan original y apasionante. Igualmente hubiera ayudado a la lectura la colocación de las notas al pie de página en lugar de al final. Pero estos aspectos no suponen en ningún caso un demérito para esta obra tan documentada, en la que el autor muestra como una de sus principales virtudes la valentía de manifestar su opinión ante tanta cantidad de abanicos de teorías contrapuestas, que clarifica al lector la extraordinaria avalancha de información, y al mismo tiempo refleja una madurezenlareflexión histórica a todas luces digna de alabanza' Lurs Bnu-EsrpRos PASToR