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Sobre las bravura de los toros de hoy

Vázquez Parladé, Joaquín

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Revista de Estudios Taurinos N° 1, Sevilla, 1994, págs. 41-68 SOBRE LA BRAVURA DE LOS TOROS DE HOY Joaquín Vázquez Parladé Escritor L---' EN DONDE SE TRATA DE LA ASCENDENCIA Y DESCENDENCIA DEL GANADO DE LIDIA. ace tiempo que no voy a los toros, porque en realidad, y en general, no me gusta cómo se torea ahora, ni cómo embisten los toros de hoy, por culpa de los toreros que imponen unas ganaderías y dejan sin lidiar otras, precisamente, las que me gustan así como a los matadores que son capaces de lidiarlas. Tampoco me gustan, como es natural, los ganaderos que siguen esas pautas con tal de ganar dinero, inclinación que encuentro abominable en un criador de reses bravas. ¡Habráse visto! querer ganar dinero en una cosa que tantas satisfacciones tiene, como el que le den la vuelta al ruedo a un toro de su propia ganadería con toda la plaza en pie ovacionando al toro, al conocedor y al ganadero. También tiene otro beneficio, aunque éste sea un poco masoquista, y es el fogueo de un toro, y la pitada en el arrastre, porque así se ha visto lo que no hay que hacer criando el ganado, y se ha sido castigado por ello. Es muy sano este examen público de conciencia. Quizá en este asunto me guíe más el fuero que el huevo, · creyendo, como creo, que todos deberíamos tener una oportunidad, y así veríamos en los carteles una variedad de toros y de toreros que en estos momentos no están. 42 Joaquín Vázquez Parladé Pero en fin, siempre lo he dicho, y sigo manteniendolo, que soy más torista que torerista, por lo' que solamente hablaré de los toros, y de su bravura tal cual yo la entiendo, aunque los pocos que lean este artículo quizá se escandalicen con mis teorías, que sólo teorías son, puesto que ya he confesado que raro es que vaya a los toros, y los que veo, bastantes para confirmar mis teorías, son en la televisión, donde creo que se ven mejor que en la propia plaza, aunque sin el ambiente de ella, claro está. A lo mejor es que estoy desfasado, o antiguo, que de todo puede haber, y que el pueblo sólo quiere un espectáculo, la mayor parte de las veces circense, y así se dan saltos de rana, tuvo éxito un tal Platanito y, ahora, triunfan otros innovadores, como Jesulín de Ubrique; en fin, que de un arte digno ellos lo están convirtiendo en un espectáculo de circo a base de vueltas en redondo que pronto convertirán en vueltas de campana y así, a lo mejor, en su afán de invención, decidan un día dar un volatín antes de una chicuelina lo que sería muy vistoso, pero que. no es, en absoluto lo que fue el toreo en sus orígenes. Así, empezamos este artículo con un poco de lo que se supone fue la historia del ganado de lidia de hoy en día. Al principio no había toreo de a pie, y solamente se iba a la plaza a caballo, para alancear una fiera, la más de las veces aculada contra las tablas, barrera de piedras, ruedas de carros o lo que quiera que fuese lo que hacía de redondel con el fin de que la fiera no huyese, y no tuviese más remedio que atacar cuando viera todas las vías de escape completamente tapada~, y además se viera excitada, con la presencia de humanos vociferantes, de sonidos que dicha fiera había oído poco, si alguno había escuchado en su larga vida solitaria y asilvestrada. Ese ejercicio ecuestre estaba reservado a la ·nobleza, ayudada por gente de a pie, que normalmente eran sus propios 43 Sobre la bravura de tos roras de hoy servidores de la ciudad o, más bien, del campo donde se criaban los toros que luego se lidiaban en las plazas, con motivo de alguna festividad, o de una visita real, o de otro motivo cualquiera. A finales del S. XVIII, cuando la Ilustración llegó a España, con ella llegó también el abandono por parte de la Nobleza de dichos ejercicios ecuestres, y ya el público llano se hizo cargo de las faenas de a pie, que constituyeron el arte completo de las corridas de toros tal y como ahora se conocen. Fig. nº 12. -Cartel anunciando una corrida en el Real Sitio de Aranjuez (1772) en la que, de los trece toros lidiados, cuatro pertenecían a la «acreditada Bacada de don Miguel Gijón, con divisa encarnada» (Apud.: Zaldívar, 1990: 115). Haremos un inciso para hablar de los toros que existen en América, pues creo que vale la pena ya que, en mi opinión, aún hay allí lo que originalmente hubo aquí, es decir, lo que en España se lidiaba en los años mil quinientos. 44 Joaquín Vázquez Parladé En el S. XVI, y con motivo de los repartimientos que se hicieron a raíz de la conquista de México, un pariente de Cortés, Juan Gutiérrez Altamirano, obtuvo el pueblo de Calimaya como tal, y al cabo del tiempo hizo la hacienda de Ateneo, en el valle de Toluca, con las tierras que le correspondieron y otras que adquirió después. Más tarde, para poblar aquella enorme extensión de terrenos, e intentar seguir con l as fiestas de toros y cañas que se celebraban en su tierra, se hizo traer de España ganado, especialmente navarro, que es el que ha llegado, más o menos cruzado, hasta nuestros días. No creo ni que los toros ni las vacas navarras importados fuesen un modelo de bravura como tampoco lo son ahora los animales mexicanos. Estos toros, repito, según mi opinión, serían bastante parecidos a los que por aquellos tiempos se lidiaban a caballo en España. · En el S. XVI poco se sabía, si se sabía algo, de cómo criar ganado bravo, especialmente bravo, para que pudiesen atacar a quienes tan fieramente los combatían ya que creo que los humanos, por entonces, llegaban a ser aun más salvajes que los propios bichos que recibían el calificativo de bravos. El ganado vacuno por su misma naturaleza y constitución física debería ser absolutamente pacífico, ya que necesitan de una gran tranquilidad y mucho tiempo para deglutir las inmensas cantidades de alimentos y materia seca que ingieren para su subsistencia. Los cuernos lo mismo les servirían, en otros tiempos prehistóricos, para defender su territorio, protegerse de sus predadores, y luchar por la hembra que ellos escogiesen para mejor reproducirse: lo que nos llevaría a definir el amor instintivo, pero en lo que no quiero entrar por ser un tema muy complicado y escabroso, ya que se llegaría a conclusiones idiotas como el decir que los toros escogerían las vacas más guapas y con patas más bonitas para mejorar la raza per se. 45 Sobre la bravura de los toros de hoy Tampoco se sabía nada de las leyes de Mendel, porque no había tiempo para pararse a pensar en esas insustancialidades, cuando lo que se necesitaba era cavilar dn cómo combatir a los indios, o en la manera de llevar hasta los indígenas una somera enseñanza del cristianismo, para enseguida echarles el agua del bautismo, quisiéranlo o no, precipitación que muchas veces se volvía contra los propios predicadores que se encontraban con tal cantidad de distintos sincretismos que llegó un momento en que no supieron qué hacer con tantos. De la misma manera pienso que por este cami no tampoco llegaremos a la compresión del origen de la bravura de los toros españoles de l S. XVI, ya que todavía quedaban aquí restos de pueblos moriscos y España mantenía multitud de guerras en el Imperio que tendrían atareada a la Nobleza de aquel siglo sin dejarle tiempo como para pensar mucho en el toreo. Tampoco, a principios del S. XVII, estuvieron libres de contiendas y solamente al final de dicha centuria pudieron empezar a seleccionar el ganado bravo, tal como ahora se concibe, aunque a partir de unos animales con notables diferencias morfológicas (fenotípicas) y de carácter (genotípicas). Curiosamente el ganado bravo no se empieza a seleccionar hasta la llegada de los reyes borbones, que son precisamente a los que no les interesan nada las corridas de toros, lo mismo que a sus propios ministros, los cuales no eran, como fieles reflejos de la época, más que déspotas ilustrados. En efecto, los españoles por su propia naturaleza difícilmente son ilustrados sin dejar de ser déspotas y así intentaban convencer al pueblo para que fuera ilustrado pero lo hacían a mamporros como Esquilache, Aranda, Floridablanca y, quizá, el que menos Ensenada por ser el más discreto y hacerlo todo a la chita callando. Casi de los primeros que se empezaron a seleccionar fueron los toros Jijones, de la Mancha, concretamente en Villarru- 46 Joaquín Vázquez Parladé bia de los Ojos. Estos toros, se escogieron primero para que cumplieran el triple cometido de laboreo, carne y lidia, por sus extremidades fuertes, su piel gorda, su capa roja como la tierra que los alojaba, ·y por su gran cornamenta; eran, pues, muy resistentes aunque bastos. Total lo que se podría llamar, y se llama hoy, un toro de lidia grande, basto y cornalón (Fig. nº 12). De este tipo, si no peor, fueron los primeros toros de lidia con que se vieron las caras los plebeyos de a pie, justo cuando empezaba la Revolución Francesa, que tanto igualó a todos, influyendo en el mundo entero, hasta en el mundo taurino al cual odiaban, ya que no creo que Robespierre, ni Danton, ni Mirabeau, ni otros revolucionarios por el estilo, se distinguieron por su amor a las artes taurinas y mas bien. opino que pensarían que los grandes señores españoles ponían a la plebe a torear para su propia diversión como así era, en parte, hasta que los nobles españoles, ilustrados o no, empezaron a mezclarse con los chulapos en sus noches de juerga. Il.- SELECCION CONTROLADA DURANTE LA EDAD MODERNA A partir de esos años finales del siglo XVIII fue cuando empezaron los dos troncos principales de donde provienen, totalmente mezclados, lo que en la actualidad hay. El de don José Vicente Vázquez y el del conde de Vistahermosa. Del primero queda poco, si algo queda, pues lo último de lo que tenemos conocimiento estaba en los Concha y Sierra que creo que ahora son propiedad de Miguel Báez, Litri, aunque desconozco si lo ha cruzado con otras ganaderías o lo conserva puro, tal como era antes. Recuerdo que, en cierta ocasión, mi hermano Ignacio me encomendó a Don Miguel Odriozola, uno de los mejores genetis- 47 Sobre la bravura de los toros de ho.v tas que hubo en el mundo, para · que lo acompañase a ver la ganadería de Concha y Sierra, pues él (Odriozola) la consideraba un monumento genético, digno de ser conservado, a cualquier precio, para la posteridad. Fuimos a la dehesa de La Alegría, último reducto del dicho monumento, y allí tuvimos la ocasión de ver cinco o seis corridas, y dos novilladas, que aún quedaban en los cerrados de salida. Luego le pidió al conocedor que nos enseñase las vacas, de las que fue tomando nota, preguntándole sus nombres y otros detalles, y apuntando las respuestas, con signos, cabalísticos para mí, en una costrosa libretita que llevaba o. de .Mt>di11.1·Sidon ia; Jo.)(} F.t.lm:, dl· :>t.·1 illa t l.ui::t J.oqut", )fotaf("tl, de · 1·.~t.1. de Se' illa; ) de Diego &ic<JtiJr, Panadero dt 13. rnU.ma. Fig. nº. 1 3. -Cartel anunciando la ce lebración de una cor rida de toros en Granada organizada por la Real Maestranza de Caba ll ería de aque ll a ciudad en la que se corr ieron "s eis toros de la testamentaría de Vice nt e Vá zquez de Sevilla" (s. f.) (Apud.: Mo rales, 1987: 298). en un bolsillo. Terminamos a las tres de la tarde, y entonces pidió volver al cerrado de los toros, para confrontarlos con las notas que había tomado. Para no cansarles más, fue nombrando, uno a uno, 48 Joaquín Vázquez Parladé por sus nombres (lógicamente eran los mismo en masculino, que los de las madres de las que él había tomado nota). Y, produciendo el inmenso asombro de los vaqueros, del conocedor y del mío propio, solamente falló en dos de los novillos, que aún podrían haber cambiado sus circunstancias de pelo, encornadura, tipo, etc. cuando fuesen toros de verdad. Increíble, pero cierto. Con ello quiero decir que ahora ni Odriozola podría hacer lo que hizo en aquella ocasión, para asombro de unos que se creían entendidos en la materia; ya que hay un verdadero cóctel de sangres en todas las ganaderías actuales, en que todas pretenden ser iguales a las líderes, a las que piden los toreros, es decir, otras tantas cuyas sangres son imposibles de identificar y cuyos nombres soy incapaz de recordar pues muchas de ellas se lidian a nombre de dehesas, sociedades anónimas y nombres nuevos, aunque sean, como son, procedentes de tal o cual ganadería, famosa antaño, cuyo nombre ha quedado para siempre borrado. Eso de refrescar la sangre, genéticamente, es una tontería. Se consiguen resultados más rápidos, qué duda cabe, con el refresco, pero son de una volatilidad casi increíble pues lo buscado no sólo no dura mucho más de una generación sino que, además, no aparece más que en alguno de los individuos. Sin embargo, con razas puras, o rebaños cerrados, que así se llaman técnicamente, el proceso quizá se alargue más, pero es mucho más fiable, a pesar de ló trabajoso que es·fijar uno sólo de los muchos caracteres que se pretenden conseguir. Con m~zcla de sangre ¡cualquiera sabe lo que puede salir! En efecto y para asombro de sus dueños que no comprenden por qué no les salen las cuentas que ellos se hacían: tanto del conde de la Corte, más tanto de Miura, más cuanto de Cobaleda, me debe dar toros equilibrados, en bondad para torearlos lo mismo de capa que de muleta, y bravos, como tagarros, en el caballo, y que no se duelan en el tercio de banderi- 49 Sobre la bravura de los toros de hoy llas, y que lleguen suaves a la muleta. Claro está que sus dueños quedan horrorizados, cuando salen al ruedo, nada mas verlos pe - gando bufidos y tratando de saltarse la barrera en cuanto ven un capote. Escarban, dudando qué le hará ese hombre, brillante y gordo por lo general, que va montado en una especie de tanque que, cierto, le huele a caballo pero que no le parece que lo sea, y pegan dos patadas ante el dolor que les produce la puya, si es que el picador se la llega a poner en el morrillo. Con las banderillas, otro tanto de lo mismo, aunque a veces, en alguno de sus locos arrollones, consiguen enganchar a cualquier pobre banderillero por la pantorrilla. Curiosamente, a veces, están tan cansados, que se dejan engañar en la muleta, y ya al conocedor y al dueño de la ganadería se les explaya una gloriosa sonrisa en la cara, y descansan sus ánimos pensando: esto es lo que hemos conseguido, así se embiste, qué suavidad, qué clase, hasta que se vuelvan a horrorizar al ver que el toro, tan cansado está de que lo engañen, que decide de repente echarse en el albero, y ni tirones de la cola, ni pinchazos con el estoque, ni revoloteos de los capotes en los hocicos, logran que el animal se menee para nada, porque lo único que siente es un sueño atroz, ya que el dolor de las heridas lo ha embotado y la sangre perdida le produce una pesada somnolencia. El toro, en ese momento, lejos de querer reanudar el combate, lo único que desearía es una cuba de agua para calmar la sed que padece. Cuando se da cuenta viene otro con algo en la mano que no conoce, y otro algo que le tapa el brillo de la manga, el brazo se levanta, y pum, ya está reposando en los pastos eternos con sus antepasados. ¡Qué muerte más ignominiosa! ¡Qué vergüenza para unos criadores que terminan por maldecir a sus toros! Después, la reseña periodística dirá que el ganado fue manejable, aunque hubo un toro que se echó; que sus compañeros de corrida se dejaron 56 JoaquÍ11 Vá z que z Parladé se apartaba y se volvía a retentar de utrera en la plaza de tienta con escobas por capotes y haciendo la faena tal como a caballo para que no aprendiese en caso de ser suspendido en esa segunda prueba (Fig. nº 17). Cuando se aprobaba, entonces y sólo entonces, era toreado, de capa y muleta, por los diestros serios que se hubiesen invitado. Así la prueba era completa. Fig. nº 16.- Un tentadero de machos (1). Díez, Joaquín: Acoso en la ganadería de Miura (Lora del Río, Sevilla), 1864, Acuarela sobre papel, 16 ,5 x 28 cms. (Apud.: Saiz Va ldi vieso, 1984: 91 ). Al principio, cuando el toreo de capa no era más que para parar al toro cuando salía del chiquero y llevarlo al caballo de una forma correcta, y posteriormente, con la muleta, prepararlo para matarlo bien con la espada, no existían ni plazas de tienta ni maletillas en las tapias, ya que el toreo era una actividad secundaria. A las plazas no se iba más que para ver los toros por sí mismos y como los matadores los estoqueaban. La prueba es 57 So br e la bravura de los to ro s de hoy que en las crónicas, y no tan antiguas, se decía del toro fulanito: «tomó diez y seis varas, mató seis caballos. Frasquito lo "remató" de una certera estocada hasta el puño». Pero del toreo, de la faena del torero, ni la menor alusión. Todo lo demás, todo lo . que no fueran toros y estocadas, se consideraban adornos. Fig. nº 17. - Un te nt adero de machos ( 11 ). Díez, Joaquín: Faena de de JTib o en la ganadería de Miura (Lo ra del Río, Sevilla), 1864, Ac uarela sobre pape l, 16,5 x 28 cm s. (Apud.: Saiz Ya ldivieso, 198 4: 91). De lo que se deduce que, antes cada ganadero elegía lo que le gustaba y de la forma que le gustaba; no dependían del torero, ni de los apoderados, ni de los contratistas de corridas ni de l os empresarios de plazas. Sólo de que el toro tomase mientras más varas mejor y de que matase muchos caballos. Hoy, ya se sabe, esto no se admitiría ¡Y, la verdad, con razón! Sin embargo, el predominio indiscutible de la espada traía como consecuencia la diversidad de ganaderías, lo que considero 58 Joaquín Vázquez. Par!adé muy importante, porque resultaba un espectáculo variado, ya que los buenos matadores tenían que torear y, sobre todo, que matar bichos tan dispares como miuras, ybarras, murubes, conchaysierras, veraguas, jijones ... ¡Y no voy a llenar el artículo con nombres porque no habría donde acabar! Así la gama de los toreros, frente a lo que hoy se concibe, sería variadísima y brillante. Pero ya estoy hablando de toreros y de toros, lo que no era mi intención desde el principio del artículo. Volvamos al principio. Alguien me decía que si el Estado se hubiese encargado de meter las narices en la cría de los toros que se lidian en nuestro país, las estadísticas y los estudios hubiesen avanzado mucho más deprisa y se hubiese llegado a conclusiones casi definitivas. Y o le contesté, que quizá garantizarían una embestida pareja para todos los toros pero que, sin duda, acabarían con la variedad que era lo bonito, y que los toreros, por el mismo motivo, torearían igual, con lo que conseguiríamos casi el socialismo torerista perfecto, algo tan aburrido como una novela hecha con estadísticas. Si ya vemos, a lo lejos, el peligro de la clonación artificial en los seres humanos, la de los animales están mucho más cerca, de modo que se vislumbra un futuro que podría acabar con la fiesta por el efecto insoportable de la repetición incesante del mismo espectáculo millones de veces igual. IV.- ¿POR QUE EMBISTEN LOS TOROS? Nadie sabe por qué embiste un toro, ni a qué se supone que embiste. Si alguno de ellos hubiese sido capaz de expresarse en el lenguaje humano, se hubiese acabado el misterio, y por lo tanto la fascinación de su crianza. 59 Sobre fa bravura de los toros de hoy Se puede juzgar y observar con la vista, su conformación de cornamenta, su altura, el color de su capa e, incluso, se puede medir la cantidad de comida que necesita, qué es lo que más le gusta para comer, en fin, se pueden ir buscando lo que constituye el conjunto de sus características fenotípicas, pero nunca sabremos qué es lo que piensa, ni por qué lo piensa. Con otros animales como, por ejemplo, los de caza parece que esta labor podría ser mas fácil pues tienen unas costumbres más definidas, unos instintos más claros, o más conocidos. Los toros, en mi opinión, son unos animales a los que se ha ido seleccionando, buscando su genio, nerviosidad, hiperhisterismo pero en los que nadie sabe en qué cotas está el justo nivel de lo que llamamos bravura. También, como seres vivos que son, influirá sobre ellos la salud, clima, sorpresa, dolor. Pero ¿quién sabe qué otras cosas más afectan su comportamiento durante la lidia? Lo mismo que entre los humanos existe la radical individualidad de los caracteres, hasta el punto de que nunca se sabe cómo pueden reaccionar dos hermanos ante un mismo estímulo por · mucho que ellos se parezcan. Lo mismo pasará con los toros en los que debe de influir su propia individualidad, para nosotros del todo secreta, a la hora de diferenciar su conducta. Hay, por ejemplo, ganaderías que dan un gran número de toros atípicos en el campo que luego, en las plazas, dan un juego muy irregular. Recuerdo que los toros de Pablo-Romero, con los que bregué mucho -como se dice en el campo-eran de esos que estaban tan tranquilos comiendo y el que parecía más pacífico de todos se te arrancaba, como una locomotora, cuando menos te lo esperabas y ya lo tenías debajo del caballo ¡Y les puedo jurar que no era nada agradable! En cierta ocasión, me contaba el conocedor de PabloRomero, un toro había tenido a un manriqueño (esto es, natural de Villamanrique de la Condesa, Sevilla) subido a un débil acebu- 60 Joaquín VáZquez Parladé che, durante mucho tiempo y en precaria posición, hasta que algún vaquero pasó por allí y tuvo la bondad y la habilidad de llevarse al toro. En la ermita de la Virgen del Rocío hay multitud de exvotos con escenas análogas y otras más truculentas en las que se ve a algún desdichado ensartado en los pitones de un toro que tiene el porte casi de un elefante. De esta Virgen son muy devotos tantos los naturales de Las Marismas como casi todos los toreros. La nobleza de los toros, pienso, que está muy, muy cerca de la mansedumbre; un paso más en esa dirección y ya tenemos una camada mansa que transmitirá ese carácter a todos sus herederos. Aunque ahora estén de moda los que llaman toros de carril, de eso, a ser mansos de solemnidad, no hay más que un paso, y es muy difícil, si no imposible, mantener una ganadería todo el tiempo en la nobleza. Los pastos no creo que influyan para nada en la bravura de los toros, pero sí las diversas circunstancias climáticas. Un entendido, me decía: -«¿Por qué mis becerras con viento de Levante no embiste ni una y la que da la casualidad que se arranca, no embiste, sin embargo, con Poniente?» Me figuro que exageraba un poco aunque, también pienso, que era observación que no había hecho del todo a lo loco. Así habrá reses que se sientan amodorradas en días nubosos, otras que se vean sobrecogidas de verdadero pavor durante una tormenta, muchas que se aturdirán con los gritos del público y otras tantas, por el contrario, que se enardecerán con el mismo escándalo. Yo me imagino que ante el caballo, hoy día, habrá toro que se enrabie como se podría encolerizar cualquier ser humano y que el dolor le lleve a irritarse más aún; pero también puede ocurrir que el dolor llegue a embotar sus sentidos hasta el punto que no sienta el puyazo y, por tanto, el instinto no lo fuerce a huir 61 Sobre la bravura de los toros de hoy ¿Cual es, de estos ejemplos, el toro bravo de verdad? Yo no me atrevería a decidirlo. Lo que sí me puedo arriesgar a decir ~s que, de los que tienen casta, es más fácil que salga uno bravo que de los llamados de carril. Este año en la Feria de Sevilla vi una corrida de Alvaro Domecq que me divirtió mucho, ya que los seis toros tuvieron casta y aunque uno de ellos resultase manso, fue un manso con casta. Recuerdo, en Jerez, otro toro inolvidable, de PabloRomero. Allí ganó el concurso, pues era una corrida-concurso. El toro no paró un momento, tomó cinco varas, por supuesto las últimas se las dieron con el regatón. Se arrancó al caballo, desde los medios de la plaza en todas las varas, con una alegría que jamás he vuelto a ver en toro alguno. Todas las arrancadas las hizo al galope, incluso la última, en la que, le perdonaron la vida. Hubo toros de Isaías y Tulio Vázquez que fueron bravísimos pero su aspecto dejaba tan aterrorizados a los matadores que ninguno se atrevía a darles la lidia que aquellos toros merecían. , Díganme si no ¿por qué a los "guardiola" no los torean las figuras? Muy sencillo porque tienen casta, picante -que llaman ahora-- Y los "murube" ¿qué pasa con los "murubes"? Lo mismo. ¿Y los del Conde de la Corte, que tantas ganaderías han mejorado, por qué no los quieren las figuras?¿ Y Albaserrada? Les diré por qué: porque son razas puras, con casta y porque en esas ganaderías nunca se hicieron concesiones a la belleza del toro, ni se preocuparon porque sus pitones eran así o asao. V.- QUERENCIAS El ganado vacuno tiene querencias y el resto de los animales vivientes, como las tenemos los humanos (no olvidemos que somos animales racionales). Algunas veces, por ejemplo, 62 Joaquín Vázquez Parladé dependiendo de nuestra manera de pensar, nos cansamos de un alimento, o de una forma de vivir, o del camino que recorremos para ir a la oficina, o de un'a afición, aunque fuera la más enraizada de cuantas tengamos en nuestra mente y, sin dudarlo, la cambiamos por otra, Nosotros lo hacemos conscientemente y, se dice, que los animales irracionales lo hacen inconscientemente aunque yo no me atrevería a decir tanto, porque, ya me dirán quién se atreve a ir otra vez por el mismo sitio donde le atizaron un peñascazo hace un rato, y un toro bravo, cuando es verdaderamente bravo, va una vez y otra, y otra más, al caballo, aunque se le vaya la vida por el boquete que le va abriendo el picador. Y eso es que le ha cogido querencia al sitio y al caballo y de ahí no hay quien lo saque, Otros, con su inteligenci a, aprenden enseguida, y no hay quién les dé el segundo puyazo, ya que saben que les va a doler una atrocidad, A esos no hay quién los toree, porque saben, o presienten, que si así ha sido el principio el final no será mejor y tratan de coger al torero, a veces no para matarlo, en plan fiera, sino, simplemente, para asustarlo y defender su propio territorio, su querencia, Esas son las ganaderías consideradas que aprenden enseguida y volvemos, otra vez, a lo mismo: las que no quiere nadie, No hay nada que me divierta más que un toro de Miura con setecientos kilos encima del esqueleto, parado en mitad de la plaza y que con sólo mover su larguísimo cuello y mirar con esos ojos enrojecidos -a Jo mejor, por el insomnio y no por maldad que se les suele suponerprovocan, primero, el desconcierto e, inmediatamente después, la huída de todo el personal que hay a su alrededor. Ante los miuras a todos los toreros se les presentan tremendas dudas de cómo resolver el lance con la mayor dignidad posible, 63 Sobre la bravura de los toros de hoy Un ganadero me contaba que, asistiendo a un determinado tentadero de becerras de un amigo suyo, y con ocasión de haber salido un espléndido ejemplar al que dieron treinta y cuarenta puyazos y que luego resultó, además, soberbia para la muleta, el dueño preguntó que si alguien de sus amistades quería que la pusiesen en otro sitio para acabar de probar sus bondades: en esté caso, claro está, bravura. Mi amigo sugirió que por qué no la ponían a toda querencia, es decir, en la puerta por la que salían de la placita de tientas y que estaba justo al lado de la puerta del toril por la que entraban. Para la sorpresa de todos los que habían tentado la becerra escarbó una y otra vez negándose a ir al caballo por más que el tentador se desgañitase llamándola. Acabaron por echarla al campo sin conseguir darle un puyazo más, tampoco, a mi amigo lo volvieron a convidar. A la becerra se le había cambiado la querencia y solamente mi amigo, al extrañarle tanta bravura, se dio cuenta de ello. Vl.-CAIDAS Los toros, aunque últimamente se caigan algo menos, sin embargo, se siguen cayendo. Y se caen, en nuestra opinión, solamente, por dos factores. El primer factor de las caídas bovinas surgió, casi simultáneamente, a la práctica desaparición, del control sobre las edades. ¡Los matadores solamente querían torear utreras! Finalmente, ese control no se hacía más que por medio de los pesos, y los ganaderos, algunos ganaderos, picarillos ellos, ponían sus relucientes utreras con quinientos cuarenta kilos en un esqueleto hecho para soportar nada más que trescientos. Así veías toros, en aquellos tiempos, que parecían auténticos ejemplares preparados para un concurso de una raza especialmente dedicada a la producción de carne. 64 Joaquín Vázque z Parladé ¡Daba pena verlos! Nerviosos como debe ser cualquier animal bravo, sin embargo, no podían con los kilos que llevaban encima de sus lomos. En cuanto les daban un par de capotazos, los veías y lo oías resollar como si hubiesen estado dos horas corriendo: entonces empezaban las caídas. En ese momento Fig. nº 18.- Los loros recorrían lar gas distancias andando no só lo para ll egar a las plazas donde iban a· ser lidiados sino, también, al interior de las dehesas, donde se criaban. para beber o comer. En esta curiosa pintura, con la aparición en primer plano de las vías del ferrocarril, parece anunciarse el final - tecnológico-- de los encierros. Soro ll a, Joaquín: El Encierro, Nu eva York, Co l. Hi spanic Society (Apud.: Morales, 19 87 : 15 3) entraba, por si fuera poco, la falta de casta que les impedía reaccionar como auténticos "toros de lid ia . Convertidos en ganado de carne ¡se negaban a levantarse! Lógico y natural. Entraban al caballo haciendo grandes esfuerzos para no caerse y salían de la suerte sin poder con aquellos tremendos corpachones con que sus criadores, arteros, los habían dotado. Con ello consiguieron dos cosas: inventaron un toro casi perfecto de ,carne, con rendimientos 65 Sobre la bravura de los toros de hoy en sus canales hasta del ochenta por ciento, cosa que no daban ni los retintos mejores, y de una carne pasablemente buena, aunque demasiado roja por las circunstancias de la lidia. A su vez, también, casi consiguen acabar con la fiesta, ya que un becerro nunca llega a desarrollar el sentido que tiene un toro cuajado. Fig. nº 19 .- Son dehesas extensas, umbrosas, solitarias, donde tradicionalme nt e han pastado los toros bravos. Julia, Luis: "Esperando el encierro", Col. Durán, Madrid (A pud.: Morale s, 19 87: 136). El otro factor a tener en cuenta a la hora de la caída de los toros lo constituye el poco movimiento del que pueden gozar estos animales, hoy día, en sus hábitats. Antes, los toros bravos, tenían que recorrer largas distancias para beber y comer el pienso que se les daba (Fig. nº 18): ahora con la drástica reducción, eh muchos casos, de la superficie de las amplias y solitarias dehesas donde las reses se criaban (Fig. nº 19), se han llegado a convertir en auténticos cebaderos donde los toros no se mueven en absoluto.