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Cuentos de brujas, gigantes y luces en Gran Canaria: aspectos literarios

Monroy Caballero, Andrés

Abstract

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A. MONROY, «CUENTOS DE BRUJAS, GIGANTES Y LUCES…» BLO, 7 (2017), PP. 125-143 ISSN: 2173-0695 DOI: 10.17561/blo.v7i0.5 ~ 125 ~ Cuentos de brujas, gigantes y luces en Gran Canaria: aspectos literarios Andrés MONROY CABALLERO (Universidad de Las Palmas de Gran Canaria) [email protected] ORCID ID: 0000-0002-8944-485X ABSTRACT. One of the subgenres of oral literature perhaps most neglected and least studied is that of popular beliefs of anecdotes and little stories such as witches, lights and apparitions. Becquer, in his Legends and from the field of written literature, also inserted that popular taste for the paranormal and the strange telling short stories about appearances and lights. In this article I present some examples of stories of witches, giants and strange lights compiled by me in Gran Canaria. KEYWORDS: witches' tales, giants and lights, Gran Canaria, oral tradition RESUMEN. Uno de los subgéneros de la literatura oral quizá más olvidado y menos estudiado sea el de las creencias populares de anécdotas y pequeñas historias como las de brujas, luces y apariciones. Bécquer, en sus Leyendas y desde el ámbito de la literatura escrita, insertó también ese gusto popular por lo paranormal y lo extraño contando breves relatos sobre aparecidos y luces. En este artículo presento algunos ejemplos de relatos de brujas, gigantes y luces extrañas recopilados por mí en Gran Canaria. PALABRAS-CLAVE: cuentos de brujas, gigantes y luces, Gran Canaria, tradición oral 1. CUENTOS DE BRUJAS EN CANARIAS La existencia de brujería en Canarias ya se puede detectar desde la misma Conquista y la posterior colonización de las islas, como lo atestigua Lothar Siemens Hernández en su artículo «Noticias sobre bailes de brujas en Canarias durante el siglo XVII: supervivencias actuales» (1970) a través de los testimonios recogidos en el Archivo de la Inquisición en Canarias. Nos dice este autor: «la brujería canaria, subordinada a la peninsular, es marginal. No está claro que existieran […] ceremonias del tipo del aquelarre vasco, ni cultos al demonio en la forma que han existido en otras partes» (1970: 40). En realidad, continúa este autor, lo habitual era que se dieran invocaciones al demonio, la manifestación de jerarquías en las brujas, reuniones nocturnas, vuelos nocturnos gracias a pociones mágicas puestas en las axilas, las oraciones a Santa Marta, a Santa Elena o hechizos diversos para conseguir marido, curar enfermedades o de índole muy variada. Un ejemplo de dicho antirreligioso propio de las brujas era el siguiente: «Arriba, arriba, sin Dios ni María» (Siemens, 1970: 40, nota 1). Parece ser que estos rituales, en muchas ocasiones, iban acompañados de zapateados y palmadas (1970: 41-42), razón por la cual Siemens relaciona las brujas procesadas por la Inquisición con los moriscos del sur de la Península Ibérica. Por ello, no era raro que en muchos de estos testimonios se hable del baile (Siemens, 1970: 45 y siguientes) y de la aparición de la bruja desnuda de cintura para arriba (Siemens, 1970: 44), y tocando instrumentos como castañuelas (Siemens, 1970:46, 51) o panderillos, con velas encendidas (Siemens, 1970: 51) a la medianoche (Siemens, 1970: 47). En estos A. MONROY, «CUENTOS DE BRUJAS, GIGANTES Y LUCES…» BLO, 7 (2017), PP. 125-143 ISSN: 2173-0695 10.17561/blo.v7i0.5 ~ 126 ~ bailes o reuniones nocturnas celebradas casi siempre a la medianoche, es habitual que el número de las brujas sea de tres (Siemens, 1970: 47 y siguientes). Pero de entre los actos de las brujas más temidos, el rapto de niños recién nacidos era uno de los peores que podían hacer las brujas, puesto que al estar sin bautizar corrían más riesgo que el resto de las personas (Siemens, 1970: 48-49) y su vulnerabilidad era mayor. En San Sebastián de La Gomera se ha recogido un testimonio de baile de brujas, «practicado por tres brujas que encubrían sus intenciones malignas […] ya que el objetivo principal del mismo era conseguir arrebatar el hijo de una parturienta para chuparle la sangre» (García Barbuzano, 1984-1986: 1012), de ahí que se utilice un conjuro para la protección de los recién nacidos contra las brujas: Mostaza, mostaza, sobre el tejado, que en esta casa nada ha pasado, tapen hendujas sin que se cuelen por ellas las brujas (García Barbuzano, 1984-1986: 1013). La relación del baile de las brujas con dos bailes tradicionales canarios es muy clara, para muchos autores, como son los casos del baile del gorgojo (Siemens, 1970: 53 y siguientes) o el del juego infantil «¡Ah, comadre!» (Siemens, 1970: 59: García Barbuzano, 1984-1986: 1004). García Barbuzano relaciona este último baile, que él denomina «baile del rosario de mi comadre» con el de «comadre la rana» que se ha recogido en distintos lugares de la Península Ibérica y cuyas fórmulas de preguntarespuesta son casi idénticas (1984-1986 1017-1020). El baile del gorgojo consistía en dos filas enfrentadas, por un lado las mujeres y por otro los hombres, que bailaban en cuclillas dando pequeños saltos al son de la música, que cada vez era más rápida y más complicada de bailar, por lo que los bailarines eran incapaces de seguir el ritmo, daban un traspié y caían al suelo, lo que producía la risa y la diversión de los que acompañaban en el baile. Algunas de las letras del baile del gorgojo son las siguientes: El baile del gorgojito se bailaba de coclillas, doblándose las rodillas y de brinquito en brinquito. El gorgojo está en la peña: d’onde está me hace señas que me vaya, que me vaya, que me vaya a dar con ella. Mi gorgojo está entre peñas: desde allí me jase señas que vaya de aquí a un poquito a bailar con mi gorgojito. A. MONROY, «CUENTOS DE BRUJAS, GIGANTES Y LUCES…» BLO, 7 (2017), PP. 125-143 ISSN: 2173-0695 10.17561/blo.v7i0.5 ~ 127 ~ Anoche me picó un bicho, yo creí que era un gorgojo; anoche no lo cogí, pero esta noche lo cojo (Siemens, 1970: 55-57). La creencia popular es que el momento en que salen las brujas a hacer sus fechorías es de las doce a la una de la madrugada, como dice la copla: De las doce a la una corre la mala fortuna, de la una a las dos corre la gracia de Dios (Siemens, 1970: 60). Por eso, los que caminan a estas horas de la madrugada pueden sufrir alucinaciones, despeñarse o perderse a causa de los actos de las brujas. La forma de evitar los malignos efectos de las brujas era «marcar una cruz en el suelo y clavar en el centro un cuchillo» (Siemens, 1970: 60; Bethencourt, 1985: 93), lo que hará que aparezca la bruja desnuda vulnerable ante el caminante, o recitar la siguiente fórmula: Canta el gallo blanco, cal y canto. Canta el gallo rubio, cal y entullo. Canta el gallo negro, ¡juria para el infierno! (Siemens, 1970: 60-61). En el caso de los pastores, se protegen ellos y a su ganado teniendo una oveja negra en su rebaño, que les protegerá de las brujas y del diablo (Siemens, 1970: 61). Pero lo que no se puede hacer es ordeñar las cabras ni beber su leche entre las doce y la una, porque las brujas suelen transformarse en cabras por la noche (Siemens, 1970: 61). Además, las brujas suelen cantar por la noche estrofas como las siguientes: De Francia semos, de Roma venimos: hace un cuarto de hora que de allá salimos. Racimo de uvas, racimo de moras: ¿quién ha visto dama bailando a estas horas? (Siemens, 1970: 61)1. De Canarias somos, de Madrid venimos, no hace media hora que de allí salimos (García Barbuzano, 1984-1986: 1007)2 1 García Barbuzano nos presenta una versión que varía de Roma a La Habana (1984-1986: 1008), recogido en Guayadeque, Gran Canaria. Esta sustitución de Roma por La Habana es muy habitual en todo el cancionero canario, que ve como más cercana la ciudad de La Habana, con la que tuvo muchos contactos. 2 En La Gomera se ha recogido una versión en la que se cambia Madrid por La Gomera y la media hora por un cuarto de hora (García Barbuzano, 1984-1986: 1012). A. MONROY, «CUENTOS DE BRUJAS, GIGANTES Y LUCES…» BLO, 7 (2017), PP. 125-143 ISSN: 2173-0695 10.17561/blo.v7i0.5 ~ 128 ~ Semos de las Indias, de España venimos, y en veinte minutos aquí nos pusimos. Pímpano verde racimo de moras, ¿quién ha visto andar damas a estas horas? Nosotras que semos dueñas y señoras (García Barbuzano, 1984-1986: 1008). Existe una antigua leyenda tradicional que habla del lugar conocido como Laguna Grande, en el centro de la isla de La Gomera, en donde un pastor que paró a descansar por la noche en este lugar presenció una reunión de docenas de brujas que se reunieron a medianoche procedentes de toda la isla (Mora, 2003: 43-48), curiosamente bailando en círculo al son del tambor y las chácaras un tajaraste con un pie de romance, en la forma en que se canta actualmente el baile del tambor de La Gomera, invocando a Jorge (el diablo) con la siguiente fórmula: Chácara, chácara, chácara; tambor, tambor, tambor; chácara, chácara, chácara; tambor, tambor, tambor. Ya desde finales del siglo XIX se empezaron a recopilar este tipo de manifestaciones en Canarias. El médico Juan Bethencourt Alfonso acabó en 1901 una serie de encuestas realizadas en todas las islas que culminó en la obra Costumbres populares canarias de nacimiento, matrimonio y muerte. Para ello, creó una encuesta etnográfica que incluía muchos subgéneros de la etnografía y de la literatura de tradición oral, entre ellos las historias de brujas, de gigantes y de aparecidos: Supersticiones. Animales, plantas y piedras a que se atribuye alguna virtud mágica. - Conjuros. -Prácticas para provocar las lluvias; alejar las tempestades: el trueno y rayo; no ahogarse, etc., etc. -Brujas, Duendes, Fantasmas, Gigantes, Diablos, Almas arrimadas, Almas en pena, Encantadores, Aparecidos, Endemoniados. Almas condenadas. -Pactos con el Demonio, etc. -Puntos en que algunos de estos seres fantásticos se reúnen en cada pueblo ejem. Las brujas, etc. [...] (Bethencourt, 1985: 2425). En ella aparecen cosas curiosas como que «la mujer que pare siete hijas seguidas, una de ellas será bruja» o «la que tiene siete hijos varones en iguales circunstancias el último será zahorí» (Bethencourt, 1985: 69), que «las paridas cuelgan de las cabeceras un rosario (de esos que usan los católicos), para evitar el enemigo (el diablo) o las cosas malas que les puede suceder; esto los conservan hasta que se bautiza el niño» (Bethencourt, 1985: 88-89) que bien puede referirse no sólo al diablo sino también a las brujas; o sobre los recién nacidos: Cuando las familias no toman las debidas precauciones, las brujas penetrando en las casas, colocan adormideras junto a los padres para dormirlos; se llevan a los recién A. MONROY, «CUENTOS DE BRUJAS, GIGANTES Y LUCES…» BLO, 7 (2017), PP. 125-143 ISSN: 2173-0695 10.17561/blo.v7i0.5 ~ 129 ~ nacidos debajo de la cama, donde se los chupan a la satisfacción por los oídos, y ya cadáveres los tornan a los lechos. Terminada la faena, huyen, pero como en el camino van dejando una huella de las buchadas que arrojan, procuran ganar grandes distancias a fin de que no las encuentren ni conozcan. Es de advertir que las brujas no chupan a las criaturas así que les aparecen los dientes; como tampoco, por mera previsión atacan con frecuencia a los que se hallan en estado pagano; porque como éstos después de muertos van al limbo, o séase (sic) a volar por el espacio, podría tropezarse y descubrir las brujas que lo chuparon. Parece que la noche en que los niños están más apetitosos, como mejor aderezados para los placeres de la mesa, es en el día del bautizo. Y es que las brujas van ¡al óleo! (Bethencourt, 1985: 89). De hecho, se comenta que la mujer llega a bruja por dos vías: «o por herencia del ovillo, novelo o muñeco que pone la madre, parienta o amiga, que no puede morir sin entregarlo antes» o «por petición de la interesada al Perro Grande» (Bethencourt, 1985: 91), y este autor resume el poder de las brujas en (Ídem: 92-93): la «transformación en casi todos los seres animados e inaminados», «oír todas las conversaciones», «trasládanse súbitamente de unos sitios a otros de la tierra», «enfermar a la gente de locura, mal del corazón, etc.» y chuparse a los niños; transportar de un sitio a otro a las personas dormidas o despiertas, empoyatándolas o entaliscándolas en mitad de los riscos inaccesibles, morder, pellizcar, golpear, atizar palizas y zarandear, dar gritos y ajijides, lanzar carcajadas estruendosas, ruidos, hacer burlas y engaños ridiculizando por todos los medios. En ocasiones se contentan con meterse en las casas y dejar testimonio de su presencia con alguna jugarreta: por ejemplo, hacerle por la noche a una persona una corona pelona en la cabeza. Esta obra marca el inicio de la recolección de textos orales de la tradición canaria de romances, cantares, cuentos, leyendas, adivinanzas, etc. que se desarrollará a partir de los años 40 tras la Guerra Civil española, y sobre todo, de los 60 en adelante. Serán las últimas décadas del siglo XX la que sacará a la luz todo el caudal de tradiciones orales de Canarias, gracias a la aportación inicial de Juan Bethencourt Alfonso. Habitualmente, los cuentos de brujas aparecen recogidos en misceláneas sobre tradición oral, junto a otros géneros literarios como los romances, los cantares, las adivinanzas. La única obra en que se incluyen exclusivamente cuentos de brujas es la de Domingo Báez llamada Cuentos de brujas de Fuerteventura (1983), en la que se inserta un gran número de cuentos de brujas recogidos en la isla. Esto no quiere decir que Fuerteventura posea más cuentos de brujas que otras islas, sino que ha sido la mejor recolectada hasta el momento. 2. COLECCIÓN DE CUENTOS DE BRUJAS DE GRAN CANARIA En cuanto a los cuentos de brujas recopilados por mí, la temática puede ser muy diversa. Uno de las más bellas historias que me han contado es la que nos muestra la envidia de una bruja hacia otra mujer por su futura boda, lo que la lleva a romperle el traje de boda que se encontraba dentro de un arcón cerrado con llave en el interior de la cueva, sin siquiera entrar en la casa: María del Pino. ―Cuentan que en una de las cuevas que están en el fondo del Barranco de Santa Lucía, porque antes se vivía en esas cuevas también, había una mujer que se iba a casar. Pasó otra mujer, de la que se decía que era bruja, que le tenía envidia a A. MONROY, «CUENTOS DE BRUJAS, GIGANTES Y LUCES…» BLO, 7 (2017), PP. 125-143 ISSN: 2173-0695 10.17561/blo.v7i0.5 ~ 130 ~ esta por su cercana boda. La saludó enfadada y le dijo que mirara en el arcón donde tenía el traje de boda. Nadie sabía que ella había guardado en un arcón el traje de la boda, y cuando fue a mirar allí, se encontró que estaba hecho tiras. La bruja, sin entrar en la cueva, desde la distancia, a pleno día, le hizo trizas el traje de bodas. Y el resto de la ropa estaba intacta. Entrevistador. ―¿La otra, la bruja, le quitó la ropa en la casa? María del Pino. ―No, dentro de la caja misma le rompió la ropa. Se la hizo toda tiras. Entrevistador. ―¿Sin tocar la caja? Marido. ―Sí, sí. María del Pino. ―Estaba la ropa de ella toda rota, y la demás que tenía no. Qué raro eso. Me da miedo. (María del Pino Melián Hernández, Sardina del Sur, nacida en 1937, recopilado en octubre de 2011) Hay una historia muy curiosa que habla de unas brujas que se quedan encerradas en la iglesia a causa de que se colocan tres piedras muy concretas en la pila bautismal, y si ellas ya han entrado a la iglesia, no pueden salir hasta que se quiten las piedras. Este relato ha sido recogido en muchas localidades de Canarias en sus respectivas iglesias, en este caso hablan de la iglesia de Sardina del Sur en dos breves variantes: María del Pino. ―Y dice que la gente decía: si tú quieres saber las brujas que hay en Sardina pone piedras... Marido. ―Tres piedras vivas..., María del Pino. ―…tres piedras vivas en la pila bautismal y dice que se quedaron montones. Yo tengo miedo en Sardina. Y ahora eso cuando don Policarpo, cuando eso. Marido. ―Y decían, por favor, que le quitaran las piedras que estaban dentro de la pila del bautismo. No sé si es verdad o mentira esto. (María del Pino Melián Hernández, Sardina del Sur.) Entrevistador.― ¿Como es esa historia de las piedras? Juanito.― Las piedras se echaban dentro de la pila del agua bendita y las brujas que estaban en la iglesia no podían salir de la iglesia. (Juanito Guedes, Casa Pastores, sobre 85 años, encuestado en enero de 2009.) Similar argumento al de este relato nos lo transmite Juan Bethencourt Alfonso en el apartado en el que nos aporta la información sobre las brujas a través del testimonio de que las brujas «que acuden a misa no podrán salir de la iglesia, hasta que no cierren el misal» (Bethencourt, 1985: 93). A veces, las historias de brujas nos cuentan hechos muy inocentes que nada malo hacen sino producir la hilaridad de quien oye el texto oral, como el caso del padre de Juanito Guedes o de María Luisa Rivero: Estaba yo con mi padre en La Calderilla, yo pequeñito, yo estaba con mi padre y me fui a caminar con el ganado y estaba por la noche, y llega mi padre de Tirajana por la mañana cuando se ajuntó el ganado para llevarlo al lado, al barranquillo en Ayacata. Eso fue en Ayacata. Llega mi padre con un lado de la cara todo afeitado. Él no sabía que lo hubieran de afeitar. Digo: «Papá. ¿Quién le afeitó a usted la cara? Jiji. ¿Quién le afeitó a usted la cara?». «¿Qué me está diciendo, muchacho?». «Tiene un lado de la cara afeitado». Las brujas. Le persiguieron muchas brujas, a mi padre. Muchas, muchas. (Juanito Guedres, Casa Pastores.) A. MONROY, «CUENTOS DE BRUJAS, GIGANTES Y LUCES…» BLO, 7 (2017), PP. 125-143 ISSN: 2173-0695 10.17561/blo.v7i0.5 ~ 131 ~ También dicen que en Santa Lucía, en la parte de abajo donde está el cementerio, una persona iba caminando e iba tan cansada de caminar todo el Barranco de Tirajana. Y cuando iba caminando vio un burro, y se montó y siguió caminando. Pero el burro no caminaba. Amaneció encima del burro, y cuando aclaró estaba encima de una piedra. María Luisa Lucía Rivero León (Monroy, 2016: 52). Pero otras veces el posible contacto con las brujas puede ser más inquietante, puesto que se produce la metamorfosis de la bruja en otras formas animales, como la de perro del siguiente relato: Después mi suegro decía otro cuento. Estaban echando yerba albarae en el San Marín, y pasó un perro por la puerta de la cueva (estábamos en una cueva), y alguno de los que estaban allí, porque eran unos cuantos, que parece que asustó a otro, de no sé dónde. Allí sería por miedo o por linde, o no sé qué. Y después dice que le dijo: cuando pasó el perro siempre oyeron una voz: «Puedes agradecer que tienes un rosario ahí». Marido. ―Las personas se dedicaban a rezar el rosario, a pasar el rosario. María del Pino Melián Hernández, Sardina del Sur. O en forma de gato: Se dio un caso ahí, uno que se quedaba por la noche para ir a dar de comer a los animales y apareció un gato: miau, miau… (maúlla) y le invitaba a comer no sé si era pescado o algo de eso era. Y dice: no te comiste. Se quedó con hambre el gato. Me cago en la madre que lo parió, al gato y le da con un palo. Y cuando lo ve la novia, el domingo o el sábado, le dice: no te acuerdas, allá arriba, la comida que me diste y los palos que me diste. Era el gato ella. (Domingo Marrero, Sardina del Sur, 78 años, recolectado en octubre de 2011.) Yo, Alfredo, tengo algo más que contar sobre el problema de las brujas, que mi padre Adán me contaba a mí y a algunos vecinos, que a su vez le había contado su padre Agustín Álamo Hidalgo. Aquí pasaba el Rancho de Ánimas, que era algo así como Tenderete3. Cada quince días, siempre por la noche. En la casa de Las Casillas vivía una familia. Estando sentados en el patio, dijeron: ―Está noche o mañana pasa el Rancho de Ánimas. Al poco rato sintieron los toques más preciosos que jamás hubieran oído: ―Ahí viene el Rancho de Ánimas, asomando a la orilla del Paso de Los Palmitos. Las canciones eran diferentes, ya venían llegando a la casa. Entonces pensaron entrar en la casa y esperar a que llegaran. Pero no llegaron, y de repente se presentó una pelea de gatos, que atemorizaba. Todo quedó en un silencio absoluto, como si no hubiera pasado nada. (Alfredo Álamo, Ayagaures, 87 años [Monroy, 2016: 46]) Como también de extraño pájaro que se aparece en los lugares más insospechados: Mi padre fue a buscar cabras a Amurga. Dice mi madre: «Mira, tu padre mandó un recado». «Mamá, despiérteme, no sea que me quede dormido». Aunque yo nunca he tenido problema para despertarme en todos los trabajos que he tenido. Y mi madre me despertó. Antes se amasaba en la casa. Fui para arriba, salió un perro… y salió un pájaro. 3 Famoso programa de la televisión en Canarias en la que aparecen grupos musicales que tocan música folclórica canaria o colectivos que recuperan las tradiciones orales de las islas. A. MONROY, «CUENTOS DE BRUJAS, GIGANTES Y LUCES…» BLO, 7 (2017), PP. 125-143 ISSN: 2173-0695 10.17561/blo.v7i0.5 ~ 132 ~ No me di cuenta. Y el pájaro por delante de mí para arriba. Y esas zonas que son partes de los pastores, y en una piedra donde se ajuntaba el ganao. Y el pájaro delante de mí y en una cortá cerca de Los Corralillos, ahí se quedó el pájaro. Se me metió un miedo. Y yo me acerqué a ver si había algo cerca de aquellas cuevas… Había más de mil años que no había animales en la cueva. Me eché para arriba, me senté… cuando llegué arriba está mi padre a las tres de la madrugada. No le dije lo que yo sentía. Voy a pasar por allí por el convento, aquí en Sardina, en la casa que dicen El tuerto. Fui a pasar el rato con mis primos, porque son primos, se me acerca el pájaro y me tropecé con la carrucha y las gallinas. También le pasó a este hombre, primero que a mí. Juanito Guedes, Casa Pastores. Incluso, podían hacerles mucho daño a los caminantes que encontraran a medianoche: Descamisando almendras contaban cuentos de brujas. Había un chico del Tablero, que aún vive, que cuando venía a ver la novia en Las Tederas le cogía la noche. Y cuando iba, sentía las brujas en el camino, las sentía altas. A una persona la tuvo toda una noche tirándola de un risco a otro, no sabe si era mujer o era hombre. Hasta el día por la mañana. (María Luisa Lucía Rivero León [Monroy, 2016: 51]) Pero lo que más pavor daba a los canarios que creían en brujas es que se llevaran a los niños recién nacidos, como se cuenta en estas dos historias: Las brujas robaban niños (cuenta un caso de que robaron a un niño las brujas). Un pastor, que el padre, en la Presa de Las Palmas… y sintió a un chico tirándole piedras a dos cabras y le dijo: «no te muevas, niño, no te muevas». Estuvo una semana en la cumbre. ―¿Y qué hicieron las brujas? Nada, lo tuvieron una semana y lo devolvieron, aún está vivo. (Juanito Guedes, Casa Pastores). Uno que vivía en San Bartolomé de Tirajana, en un lugar llamado La Hoya de Tunte para abajo, oía un niño llorando por la noche en una cueva en lo alto, noche por noche. Se pensaba que eran las brujas que lo habían robado a la madre y lo tenían escondido en la cueva. He oído casos de que las brujas robaban a los niños de las cunas. María Luisa Lucía Rivero León (Monroy, 2016: 52) O propiciaban la aparición del diablo: Esas que son brujas… llegan a las cuevas de Cuevas Blancas y hablan con el diablo. Y estaba en un lugar que se llamaba…. Por la noche le apareció un hombre vestido de negro con un garrote, eso es brujería, en época de mi bisabuelo de mi padre, años que hace de eso, y se largaron a pelear palo uno palo otro. Y en esto que quedó uno con las patas para abajo y dijo: «¿y esto es pegado con gas?». (Juanito Guedes, Casa Pastores) Es normal que las personas que noten la presencia de las brujas por la noche oigan las voces y las risas de las brujas, como en la leyenda de la Laguna Grande: «Oían risas sofocadas y, al instante, no encontraban los caminos» (Mora, 2003: 48). Por ello, el miedo que sentían al oír las brujas los dejaba helados: A. MONROY, «CUENTOS DE BRUJAS, GIGANTES Y LUCES…» BLO, 7 (2017), PP. 125-143 ISSN: 2173-0695 10.17561/blo.v7i0.5 ~ 133 ~ María del Pino. ―Yo como era la más vieja de mis hermanos. Yo tenía una tía que estaba con mi madre, la única hermana que tenía. Y mi tía Eva, si escondía la pata en El Gallego, allá se quedaba ella. Se quedó una vez en lo de Benítez: -Yo, me quedo en la casa de Benítez. Se quedó allí. Y como llegó a mí, fui yo también con ella. Y por la noche, sabe que encienden las luces, un clin que le dicen porque no había... Marido. ―Con petróleo. María del Pino. ―Y luego se oía la voz: «Arusia, Arusia». Por las noches. Y yo tenía un miedo. Y luego decía Manolito, ¿cómo se llamaba el marido de Anita? Marido. ―Pancho Ramos. María del Pino. ―¿Panchito Ramos se llamaba? Dice: Como salgas pa fuera esta noche te lleva y te pone en aquella orilla y te tira a la otra. Yo no volví nunca allí. (María del Pino Melián Hernández, Sardina del Sur) Una vez iba a un baile mi padre, Pedro Rivero Falcón, y cuando estaba preparado, salió para afuera para marcharse. Por el camino se oían unas risas de mujeres y el padre cogió miedo y no fue al baile. (María Luisa Lucía Rivero León [Monroy, 2016: 51]) A veces, las brujas hacen que veamos cosas que no ocurren, que aparezcan espejismos creados por ellas con la intención única de atemorizarnos: Ese que le dicen el del Buche. Nosotros nos vinimos a vivir a Casa Pastores y yo soy un hombre que tengo miedo a esas cosas. Y una noche siento a mi hermano por el zaguán padentro, llegó hasta cerca la puerta, y no me entraba padentro. «Usted está borracho». Me levanto a punto de llegar a la puerta, no ví na ¡Ay mi madre!… Y no eran malas. Eran malas si las molestabas. (Juanito Guedes, Casa Pastores) Unos de estos actos de atemorización era desaparecerle el ganado a un pastor: Estando aquí, en las Casas Pastores nuestras, cuando estaba… era una cosa que te llevaba ello en la sangre que el ganado durmiera solo… y el ganado durmiendo solo sin... Y una noche, siento el ganado de mi padre, sale la gente allá y se va el más joven. Lleva el ganado para arríba, para arriba, cuando llegó arriba a la cañada. Miró una manada atrás. Siguió parriba, y siguió atrás parriba. Cuando llegó arriba, al fondo de la montaña, encontró al ganado entrando aquí en los tomateros, bajó dando vueltas, como si fuera tabaibas. Cuando se llegó abajo en los tomateros le salió la cabra por una acequia de cemento para regar los tomateros caminando taca-taca y nada, no había ganado ninguno. Cuando llegó a casa estaba todo el ganado tranquilito y echado. Mi padre tuvo muchos tropiezos con eso. (Juanito Guedes, Casa Pastores) O mover los zapatos de un lugar lejano a otro: Tenía el ganao suelto y se quedó en una cuevilla, y se despertó de noche y salió en busca de las cabras y no se dio cuenta de que no se puso los zapatos y cuando llegó arriba… cerca de la iglesia. Y estaba un zapato aquí y otro más abajo. Y eso eran las brujas. (Juanito Guedes, Casa Pastores) Es normal que las brujas desorienten al caminante y le hagan perder toda la noche caminando perdido en el monte, como ocurre en la leyenda de Laguna Grande: «Un caminante contaba que estuvo días dando vueltas en el monte y otro decía que, A. MONROY, «CUENTOS DE BRUJAS, GIGANTES Y LUCES…» BLO, 7 (2017), PP. 125-143 ISSN: 2173-0695 10.17561/blo.v7i0.5 ~ 140 ~ Cuando llegó a la isla de Canaria, fue a los Lomos de Pedro Alfonso de noche, porque él era conocedor dónde dormía el macho rucio. Fue y dio con el dinero. Pero lo tomó en secreto y se lo guardó y se lo quedó. Alfredo Álamo, Ayagaures (Monroy, 2016: 53). Nos dice María Luisa Rivero León que «Los viejos contaban estos cuentos, y ellas de niñas, luego tenían miedo» (Monroy, 2016: 52), porque bien pudieran ser solo cuentos para asustar a los niños. Pero la realidad es que las brujas atemorizaban tanto a infantes como a adultos, y pocos eran los que se atrevían a lidiar con ellas. 3. CUENTOS DE GIGANTES Una de las peculiaridades de la tradición cuentística de Gran Canaria es la presencia inesperada de historias de gigantes en la zona centro de la isla, sobre todo en la Caldera de Tirajana. Maximiano Trapero publicó una obra en la que ya trataba este tema, La flor del oroval. Romances, cuentos y leyendas de San Bartolomé de Tirajana (1993), en la que recoge varias versiones de unos pocos cuentos de gigantes recogidos en la citada zona. A continuación, presentamos otras variantes de uno de los relatos ya citados por este investigador, que viene a explicar la etimología popular del topónimo Tirajana: Entrevistador. ―De leyendas de gigantes Juanito Guedes. ―Gigantes, sí. Estando ahí sentado en la cumbre… Entr. ―No, pero, historias de gigantes, leyendas, creencias de que existieran gigantes. Juanito. ―¿Si existían? Claro que existían los gigantes. Claro que existían. Y los gigantes empezó… Antes de los gigantes hubieron otros, antes de llegar los gigantes llegamos nosotros que fuimos los que desaparecimos a los gigantes de aquí5. Pero… Los gigantes... arriba en Artenara está un cementerio de esos, allá en la cumbre hay una sepultura que yo llegué a comer leche, pequeñito, sentado sobre la sepultura de uno. Antes había muchos. Sí, antes de nosotros Entr. ―¿Pero, usted vio alguno? Juanito. ―No, visto a uno no. Entr. ―Ya se habían muerto todos en aquella época, cuando usted iba con el ganado ya los gigantes no existían. Juanito. ―No, ya no existían. Santa Lucía de Tirajana, ¿por qué se llama Tirajana? Porque mató al gigante aquel de allí. Porque estaba el gigante allí y el otro en San Bartolomé, y le dijo tírame Ana, tiró una piedra y lo mató. Por eso se llama Tirajana. Entr. ―¿El gigante? Juanito. ―Por eso se llama Tirajana. Tira Jana, tira Jana. ¡Tira Ana! Entr. ―¿Tira Jana? Juanito. ―No, tira Ana. No tira Jana, sino tira Ana. Porque ella estaba en Tunte y el estaba por acá. Ella era gigante y él gigante. Tírame Ana, y le tiró una piedra de San Bartolomé y lo mató a él. Por eso está enterrado allá. Esas son las cosas que yo sé. Entr. ―¿Sabe otras historias de gigantes? Juanito. ―Historias de gigantes de esos no, sino la historia de Tira Ana y que habían muchos aquí antes, antes de nosotros, ¿no? Habían otros antes de los agigantes, y dispués llegaron los gigantes y dispués de los agigantes lleguemos nosotros. Y esos gigantes murieron encerrados por los otros en las cuevas. Se mataban. Se acababan los gigantes. (Juanito Guedes, Casa Pastores) 5 Aquí confunde la historia, primero existieron los gigantes y luego la población de personas normales hizo desaparecer a los gigantes, es lo que quiere decir. A. MONROY, «CUENTOS DE BRUJAS, GIGANTES Y LUCES…» BLO, 7 (2017), PP. 125-143 ISSN: 2173-0695 10.17561/blo.v7i0.5 ~ 141 ~ Una versión más breve de la historia nos la da Domingo Marrero: Se sentaba uno […] por ejemplo en el Castillejo ―eso me lo contaba mi padre. Le llaman El Castillejo yendo paras Los Sitios, Los Sitios para abajo― y el otro con una honda de esas: ―Tirajana, Tirajana, Tirajana. (gritando, aclara Tira Ana). Eran gigantes6. (Domingo Marrero Marrero, Sardina del Sur, recopilado en octubre de 2011) Por tanto, estamos ante unas leyendas sobre seres de mayor tamaño que los humanos que vivían, según cuentan muchas personas en la zona, antes que nosotros. Es habitual oír a los ancianos de Santa Lucía de Tirajana o de San Bartolomé de Tirajana decir que los gigantes vivieron mucho antes que nosotros, y antes que los guanches, los antiguos pobladores de las Islas Canarias. De hecho, al igual que ocurre con los bailaderos de brujas y los llanos de brujas, en la toponimia también hay restos de la pervivencia de esta creencia ancestral de los gigantes en Canarias: Sepultura del Gigante, Degollada del Gigante y Morro de los Gigantes en Gran Canaria; Los Gigantes en Tenerife. 4. LUCES EXTRAÑAS Fuegos fatuos, bolas de fuego, fuegos de San Telmo, luces misteriosas, luces fantasmales, hadas de fuego, luz de las hadas, velas de la muerte, llamas fantasmas, fuego elfo, luces de aparecidos, etc. han sido algunas de las denominaciones que se le han dado a este fenómeno que se puede encontrar en todos los rincones del planeta. Para algunos los fuegos fatuos tienen una explicación científica como fenómeno atmosférico, para otros es producto de la putrefacción de los seres vivos en contacto con el agua, otros piensan que son las almas de los muertos que aparecen por los caminos en los lugares más salvajes y apartados, algunos que son almas en pena o fantasmas que causan daño a los vivos… Lo que se generaliza en el fenómeno es el temor del pueblo humilde a estas luces que aparecen y desaparecen de repente de la nada. En Canarias, estas luces están singularizadas en la conocida Luz de Mafasca de Fuerteventura, pero se han avistado luces similares en otras islas. Algunos ejemplos de estos avistamientos en Gran Canaria son los siguientes: Juanito. ―Una vez en Cazadores y a bailar cuando podía, porque los pastores cuando podían, y salí de noche de arriba de Cazadores. Digo, cristiano…, usted sabe dónde está La Pasadilla del Roque y yo enfrente, en La Pasadilla, en aquellas cuevas, un toque de guitarra que oía. Aquello era bruja. Yo lo supe, pero más tarde. Me dirijo allá y me encuentro con un maestro, mi compañero, que estuvo conmigo en el cuartel. «Bueno, ¿cómo, Juanillo, estás sólo aquí?». A aquellas horas. Y yo le digo el nombre mío a la mujer, porque era el baile de San Pascual. Eso era lo bonito de los bailes de antes. Primero invitó a una, luego invitó a la otra. Muchacha, llegó a ser la mujer… Yo la saqué a bailar, como era el baile de San Pascual había que sacarla a bailar. El baile se acabó por lo menos a las dos y media, por ahí. San Pascual. Y cuando seguí abajo, en la Atalaya, tú sabes… llegué arriba. Un hombre que estaba con nosotros, un tal Prudencio, un chiquillo… cuando llegaba al barranquillo, la carretera… se mete uno... una higuera ahí. Ya cuando llegué allí no era Prudencio, que era una mujer. Aquello fue por aquella carretera pabajo, que no estaba ni alquitraná, que era como una pista. Yo cojo por la carretera y ella por el camino. Me sale de abajo, por el Camino Viejo, una luz amarilla 6 Y nos confirma que antes de los guanches vivieron los gigantes. A. MONROY, «CUENTOS DE BRUJAS, GIGANTES Y LUCES…» BLO, 7 (2017), PP. 125-143 ISSN: 2173-0695 10.17561/blo.v7i0.5 ~ 142 ~ que no sé cómo se llama. Me quedo quieto para ver quién movía la luz. Saltó a donde yo estaba y se paró y llegó aquí… Me enredé con algo y era una tela metálica. Entr. ―¿La luz era una bruja? Juanito. ―No, una luz, que salió de allí. Entr. ―¿Cómo se llama la zona donde apareció la luz? Juanito. ―El Salto del Risco y seguí la carretera abajo a Ingenio. Entr. ―Y, ¿c ó m o s e l la m a e sa l u z? Juanito. ―La Luz de Mafasca. La Luz de Mafasca, yo creo. Esa viene de cristianos que están en pena y hace cualquier cosa y… después aparecen. Hay quien cree que se les aparece, que está con los vivos y el espíritu no muere nunca. (Juanito Guedes, Casa Pastores, recopilado en enero de 2009) Más tarde la llama la Luz de Ingenio, porque confunde la Luz de Mafasca que se aparece en Fuerteventura con la luz vista en Gran Canaria, ya que hizo el cuartel en Fuerteventura y vivió cuatro años en Gran Tarajal y allí conoció la leyenda. Pero más tarde Juanito Guedes nos dice: No tenían nombres, eso. De mataos que aparecen son de esos. ¿Usted no ha visto la Luz del Cardón? ¿No? Ahí en la costa, esa luz la he visto yo muchas veces, es como la luz de un coche. Mi padre me decía… eso aparece y allí mismo donde vivimos… los bultos esos... Atropellos que se hacen en vida... Y la luz del Cardón me acompañaba todas las noches (le seguía yo). Y eso viene si busca… si ha matado a una persona… Yo he visto luces de esas en El Cardón, o la de Ingenio… Son cosas de atropellos, de matar a un cristiano. (Juanito Guedes, Casa Pastores) Y comenta que una vez vio una luz en Ingenio, que era una bola de fuego que salió de una cueva y se acercó a él de forma muy rápida, y al acercársele, tenía forma animal como si fuera «un perro blanco sin cabeza». Cuando la vio, salió corriendo y se pasó toda la noche caminando hasta llegar a su casa a más de veinte kilómetros del lugar donde había dejado el ganado abandonado en medio del monte. Por tanto, Juanito Guedes ha visto dos luces: la Luz del Cardón y la Luz de Ingenio, así es como las llama él. Otra persona que ha testimoniado la existencia de una luz extraña es Domingo Marrero, encuestado en enero de 2009, quien habló de una luz que le apareció cerca de La Sorrueda, en medio del Barranco de Santa Lucía, no muy lejos de la zona donde le aparecía la Luz del Cardón a Juanito Guedes. Una tarde estaba trabajando en su finca de La Sorrueda, y se le hizo tarde, y empezó a atardecer. En eso que empieza a ver una luz situada a una altura considerable por encima del Barranco de Santa Lucía, en el aire flotando, porque enfrente estaba El Gallego y el pequeño pueblo de Los Sitios, ya perteneciente al macizo de Amurga. Y no podía ser nada que estuviera tan lejos, porque la luz estaba a medio camino entre un lugar y otro. Y la luz subía y bajaba, siempre enfrente, flotando en el Barranco. Domingo se asustó mucho, dejó sus labores agrícolas y sin recoger los aperos de labranza regresó rápidamente a su casa. Nunca más le ha vuelto a pasar esto. Recientemente, he hablado con un pastor jubilado, justamente el hermano de Juanito Guedes, José Manuel Guedes Guedes, que ha testimoniado haber visto fuegos fatuos de similar factura en la zona cercana a El Cardón, que él llama la Luz de los Cuchillos, que según cuenta era como destellos rápidos que se sucedían en la noche. 5. CONCLUSIONES A. MONROY, «CUENTOS DE BRUJAS, GIGANTES Y LUCES…» BLO, 7 (2017), PP. 125-143 ISSN: 2173-0695 10.17561/blo.v7i0.5 ~ 143 ~ El imaginario popular convierte en misteriosos seres animados y terroríficos todo aquello que no puede explicar por medio de la razón y el conocimiento. También el temor a lo desconocido, a los temibles sonidos de la noche, a lo que la oscuridad esconde, son fuentes principales del origen de mil historias extraordinarias que surgen de la imaginación popular para explicar lo inexplicable por medio de fascinantes relatos que consideran como verdaderos. Las personas que nos cuentan las historias de brujas, las creen con la misma fe con la que reconocen la existencia del sol o de la luna. Para ellos son seres reales con los que conviven a un salto de piedra entre el mundo de los vivos y el mundo de lo sobrenatural, de las almas en pena y de las luces que se aparecen durante los temores que les crea los secretos indescifrables de la noche. BIBLIOGRAFÍA BÁEZ, Domingo (1983): Cuentos de brujas de Fuerteventura, Fuerteventura, Cabildo Insular de Fuerteventura. BETHENCOURT ALFONSO, Juan (1985): Costumbres populares canarias de nacimiento, matrimonio y muerte, Introducción, notas e ilustraciones de Manuel A. Fariña González, Santa Cruz de Tenerife, Museo Etnográfico, Aula de Cultura de Tenerife, Excmo. Cabildo Insular de Tenerife. GARCÍA BARBUZANO, Domingo (1984-1986): «Los bailes de brujas en Canarias», en la Revista de Historia Canaria, Tomo 38, Año 52-53, Volumen 2, Número 175, Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de La Laguna, La Laguna de Tenerife, pp. 1003-1024. MEP (2017): «Fuegos fatuos, más allá de las luces fantasmales». URL: <http://www.mundoesotericoparanormal.com/fuegos-fatuos-mas-alla-de-lasluces-fantasmales/> [03-04-2017] MONROY CABALLERO, Andrés (2016): Mi voz entre montañas: La lengua y la literatura de la tradición oral de Ayagaures a través de la palabra poética de Alfredo Álamo, Las Palmas, Ayuntamiento de San Bartolomé de Tirajana y Asociación de Vecinos Pilancones de Ayagaures. MORA MORALES, Manuel (2003): Mitos y leyendas de las Islas Canarias, Tenerife, Editorial Globo. SIEMENS HERNÁNDEZ, Lothar (1970): «Noticias sobre bailes de brujas en Canarias durante el siglo XVII: supervivencias actuales», en la revista Anuario de Estudios Atlánticos, 16, Madrid / Las Palmas, 1970, pp. 39-63. TRAPERO, Maximiano (1993): La flor del oroval. Romances, cuentos y leyendas de San Bartolomé de Tirajana, Las Palmas de Gran Canaria, Ayuntamiento de San Bartolomé de Tirajana. TRAPERO, Maximiano y SANTANA MARTEL, Eladio (2003-2005): Toponimia de las Islas Canarias, Las Palmas de Gran Canaria, Biblioteca Universitaria de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. Fecha de recepción: 25 de abril de 2017 Fecha de aceptación: 27 de abril de 2017