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Candombe uruguayo

Cintas Guillén, María Isabel

Abstract

Se trata de una aproximación al seguimiento de las huellas que ha dejado la esclavitud en la sociedad de la Banda Oriental del Río Uruguay, las vicisitudes de su permanencia y la presencia de sus creencias (Orixás) y su música (Candombe), que son la base de la identidad de los afrodescendientes en Uruguay, y que se manifiestan especialmente en sus “Llamadas” y Fiestas de Carnaval.

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88 Sección Selecta Candombe uruguayo. Uruguayan camdombe. María Isabel Cintas Guillén (Grupo Litesco, Universidad de Sevilla) This is an approach to the pursuit of the traces left by slavery in the society of the oriental bank of the River Uruguay, the vicissitudes of its occurrence and the persistence of beliefs (Orixá) and music (Candombe), which are the base of the identity of people of African descent in Uruguay, as shown specially in their “Calls” and carnival celebrations. Abstract: Resumen: Se trata de una aproximación al seguimiento de las huellas que ha dejado la esclavitud en la sociedad de la Banda Oriental del Río Uruguay, las vicisitudes de su permanencia y la presencia de sus creencias (Orixás) y su música (Candombe), que son la base de la identidad de los afrodescendientes en Uruguay, y que se manifiestan especialmente en sus “Llamadas” y Fiestas de Carnaval. Keywords: Traces / Slavery / Uruguay / Beliefs / Orixás / Music / Camdombe / Identity / Afroamerican / Carnival. Huellas / Esclavitud / Uruguay / Creencias / Orixás / Música / Candombe / Identidad / Afroamericano / Carnaval. Palabras-clave: Sumario: 1. Preliminares 2. La historia de la esclavitud 3. Los Orixás 4. Xangó 5. Iemanjá 6. El candombe 7. Las “Llamadas” y el Carnaval 1. Preliminaries 2. Slavery history 3. Orixás 4. Xangó 5. Iemanjá 6. Candombe 7. “Llamadas” and Carnival Summary: 89 1. Preliminares. Cuando Fray Bartolomé de las Casas descubrió que los indios tenían alma, creó un grave problema a la corona española, porque entonces, ¿quién haría los trabajos más pesados en las haciendas y los campo tras la conquista de los territorios americanos? El problema originado a Carlos V con tal situación se subsanó con la importación masiva de negros africanos para realizar estas tareas, quienes aparte de no presentar el mismo problema que los indios (ya que, decididamente, los negros no tenían alma) estaban divididos en grupos y subgrupos y pudieron ser fácil presa de la esclavitud1. En 1501 fue autorizada la primera importación de africanos a la isla La Española, actual Haití. Con ellos vinieron desde África en barcos negreros portugueses hasta las costas del Río de la Plata. Aunque en su mayor parte eran menores de edad, apenas niños muchos de ellos, entre sus escasas pertenencias traían a sus dioses, los Orixás, alrededor de seiscientos, que con el paso del tiempo quedaron reducidos a dieciséis en el culto mayoritario de los primeros esclavos y de su descendencia, culto prohibido en sus vidas cotidianas, pero rendido en su esplendor en los “quilombos”, donde se reunían en comunidades, en el interior de la selva, los huidos de las haciendas: yorubas, congos, mandingas, carabalíes, bantúes… Y es precisamente de este último grupo, el más numeroso, los bantúes (de ntu (ser humano) y ba (muchos), del que son descendientes los afrouruguayos. En la actualidad se disputa esta potestad el grupo yorubá que, aunque en menor proporción, poseía más pujanza y sus rasgos perduraron con más fuerza en el decir de algunos estudiosos de la cultura de los afrodescendientes2 en la banda oriental del Río de la Plata. Es interesante destacar la noticia que dan algunos autores que sitúan la presencia de negros en el Mar del Plata y Brasil en época anterior al Descubrimiento: “Hay pruebas suficientes de la presencia africana en el hemisferio occidental varias centurias antes de la llegada de Cristóbal Colón: así lo prueban los hallazgos arqueológicos y otros artefactos culturales en las regiones de Tuscla y Veracruz, en México, que datan del período Olmeca; en la región de la actual ciudad de La Plata, en la Argentina; en Darién, al norte de Brasil; en Venezuela y en Florida (Gomes, Bibliopress)”. Abunda en el mismo sentido José Agapito Carrizo, de Montevideo, quien dejó un libro sin editar (libro que custodia su hija) y que defiende que cuando Colón descubrió América ya había negros que habían venido de África con anterioridad, lo que podría insistir en la teoría de la existencia de un continente, la Atlántida, actualmente desaparecido. 1 El fraile español, defensor de los indios, cambió de parecer al observar el duro trato de que eran objeto los esclavos negros, criticando duramente el abuso de los colonizadores no sólo con los indios, sino también para con la raza negra. Su obra Brevísima historia de la destrucción de Indias, donde defendía a los esclavos contra los abusos de los colonizadores españoles, fue un instrumento destacado en la polémica surgida en toda Europa sobre la actuación de los Austrias en la colonización americana. 2 La palabra “afrodescendiente” comenzó a usarse de una forma habitual a partir del año 2000, en la celebración en Sudáfrica del III Congreso Mundial de la raza negra. Candombe uruguayo 90 Sección Selecta 2. La historia de la esclavitud. Son ya más de cinco generaciones de afrodescendientes las que han habitado y habitan en Uruguay. Por el tratado de Tordecillas, firmado por Juan II de Portugal y los Reyes Católicos en 1494, Brasil quedaba para Portugal y el resto de las tierras descubiertas para España, pero los portugueses querían también el territorio de Uruguay. La trata de esclavos comenzó en 1680, cuando los portugueses toman Sacramento, pero sobre todo se intensificó cuando la pelea mantenida entre Portugal y España por posesión de la ciudad uruguaya de Colonia. En 1724 los colonos esclavos que llegaban a Montevideo se instalaron en lo que hoy es la Ciudad Vieja; pasaban la cuarentena y ahí perdían nombre y apellidos, todo lo que tuviera que ver con África. Tanto al salir de su lugar africano de procedencia, como al llegar a tierras americanas eran marcados por la “carimba”, marca realizada a fuego, a los hombres en el pecho o los omóplatos y a las mueres en los glúteos (Coria, 1997). En la Plaza Mayor eran “rematados” o subastados. Antes, a causa del miedo, el hambre y el maltrato habían perdido la capacidad de expresión en sus lenguas de origen, por lo que recibían el nombre de “boçales”, en alusión al bozal que parecían llevar sobre la cara y que les impedía comunicarse en los procesos de mercadería. Aquellos que llegaban a hablar castellano recibían el sobrenombre de “ladinos”. Se separaba a los esclavos que tuvieran la misma lengua con objeto de dificultar en lo posible la comunicación entre ellos. Los primeros esclavos que desembarcaron en América lo hicieron en Bahía, Río de Janeiro y Montevideo. Allí, en Bahía de Todos los Santos (Brasil), que era donde primero iban, se conservaron muchos más elementos porque pudieron estar más tiempo juntos. En Montevideo no había grandes plantaciones de caña, ni espacios donde el esclavo estuviera muy separado del patrón; era una esclavitud más doméstica. Los hombres acudían a las faenas La esclavitud que sufrieron los africanos llegados a América, así como las pésimas condiciones de vida, por no hablar de la dura aclimatación, diezmaron la raza, y en la actualidad constituyen el seis por ciento (5,9, en precisión) de la población uruguaya, lo que les vale tener en el gobierno de Tabaré Vazquez un representante en el Parlamento y una Concejalía en el Ayuntamiento de la capital del país, Concejalía que enmarca una “Unidad Temática Municipal por los Derechos de los Afrodescendientes”, y que está ubicada, eso sí, en la parte más angosta y apartada de la casa de la Municipalidad (no llega hasta allí la refrigeración), con cuya Concejal, de color, y responsable también de los Temas Femeninos y Asuntos Culturales, mantengo una larga conversación sobre la situación de las minorías afrodescendientes en la sociedad de la República Oriental del Uruguay, el país más secularizado de América Latina. 91 Candombe uruguayo del campo y la mujer negra solía permanecer en el espacio de la casa, era la nana, la cocinera, la lavandera, se ocupaba de las faenas domésticas y colaboraba a la economía familiar haciendo jabón, sebo o dulces, menesteres en los que su trabajo era muy apreciado; eran unas estupendas amas de cría, y dulces, pacientes y delicadas en el cuidado y formación de los niños que les estaban encomendados. En las ciudades uruguayas (Montevideo, Colonia), oficios como la zapatería, la sastrería, carpintería, albañilería o herrería, eran realizados por esclavos (Borucki y otros, 2004). Cuando estos esclavos eran bautizados tomaban un nombre cristiano y el apellido del dueño, que no siempre era persona de alto estatus social o económico, sino que podía ser cualquier industrial de mediana posición. Las relaciones entre amos y esclavos fueron reguladas por un marco jurídico. Ya en la misma consideración del propio ser del esclavo había una cierta ambigüedad, pues a veces eran sujetos de derechos y en otras circunstancias eran declarados “cosas con supervivencias crecientes de personas” (Borucki y otros, 2004). Tenían derecho a la vida, a contraer matrimonio, a cambiar de amo si había malos tratos, a divertirse, e incluso a comprar su libertad y preservar su propio patrimonio. Pero durante mucho tiempo podían ser utilizados por sus amos como moneda con la que saldar deudas, pasar a los herederos, e incluso depreciarse con la edad. Los gastos de bautismo, enfermedad o entierro corrían por parte del amo. Los criollos, los que ya nacían en América, eran separados de la madre y llevados a vivir con las “madrinas”. Alrededor de 1800 se permitían los casamientos entre negros, antes había mucho “mulataje”; era algo completamente natural que el amo violara a las esclavas permanentemente, aunque ellas tuvieran su marido negro. También los esclavos podían llegar a actuar con violencia ante ciertos amos especialmente duros con ellos: robos, incendio y destrucción de bienes y haciendas, crímenes y fugas fueron formas de venganza. El general José Gervasio Artigas, prohombre de la patria uruguaya y “fundador de la nacionalidad oriental”, como lo declaró el gobierno uruguayo, había nacido en el seno de una familia poderosa en 1764. Aunque oficialmente no se sabe qué hizo entre los 14 y los 28 años, oficiosamente se cree que se fue a vivir con los indios y con los negros, en los “quilombos”, que acogían a los que se escapaban, tanto de Brasil como de Argentina y Uruguay. Los quilombos (más arriba se les llama “palenques”), eran lugares de libertad, organizaciones no oficiales en las que la gente convivía en armonía, negros con indios, y el zambo, mezcla de ambos, lo que les permitía vivir en libertad. Ansina, soldado negro servidor de Artigas, es un personaje ejemplar en la sociedad afrodescendiente del Uruguay. Más tarde, las Casas de Nación, también llamadas Salas de Candombes en el Río de la Plata, y Batuques en Brasil, fueron las organizaciones que permitieron la conservación de estructuras sociales, lenguas y creencias religiosas de los africanos y sus descendientes. 92 Sección Selecta Por otro lado, y como ocurre en toda situación de dominio, el esclavo se las ingeniaba para mantener costumbres y actos vitales, capaces de hacerles recuperar, siquiera ante sí mismo y los suyos, las bases de un mínimo respeto de que como seres humanos eran merecedores. En las charlas que mantuve con gente de la calle, alguien me comentó que, a pesar de observar la religión católica, una abuela suya conservaba costumbres como cortar la lluvia, la sal y la tempestad con una tijera; siempre se transmiten cosas que no se sabe ni de dónde vienen. Isabel Ramírez Abella3 comentaba cómo las mujeres incluso en la actualidad, llevan un apellido y los hombres otro, aun siendo hermanos. La madre de la abuela de Isabel Ramírez, Daniela Luna, cada primavera, se vestía de blanco, desaparecía y pasaba muchos días en la selva, sola. Después volvía; al parecer hacía una especie de retiro espiritual, pero su hija (abuela de Isabel) no sabía porqué su madre hacía eso; tuvo que ser esclava. La procedencia de los negros era muy variada y no todos los historiadores se ponen de acuerdo a la hora de señalar los lugares de origen, aunque la idea más extendida los hace proceder en su mayor parte de Nigeria, siendo Ilê-Ife el lugar de origen de la religión afro y cuna de los reinos yorubás. El yorubá es el más interesante pueblo del África subsahariana desde el punto de vista artístico, poseedores como fueron de una floreciente civilización entre los años 800 y 1600 A.C. Según Daniel Vidart (evocado por: Golman, Candombe, 2003, p.42): 3 Con ella mantuve una larga entrevista. Es coordinadora de la organización “Mundo Afro” en Montevideo. En el caso uruguayo, si bien están claramente identificados los negros minas (sudaneses), mandingas (guineo-sudaneses islamizados), congos, benguelas, engolas y mozambiques (localizados en el área de las lenguas y culturas bantús), existe un largo catálogo de nombres (…) de misteriosas naciones, tribus o comunidades: auzas, barras, bertoches, bolos, camundas, casanches, folas, ganguelas, guisamas, laboras, magines, manguelas, macholos, malembos, mungolos, muremas, muzumbis, quizambes, rebolas, ubolos, etc. Una vez llegados y sometidos a la esclavitud de un amo, lograron mantener dos formas de organización o agrupación; por una parte estaban las “cofradías”, creadas por los propios amos y con ciertos matices evangelizadores, como fueron la de San Baltasar y la de San Benito; por otro lado, las Salas de Nación, controladas más directamente por los propios africanos, que las utilizaban para la defensa de sus intereses; organizaban a sus integrantes de acuerdo con su procedencia: “Congo”, “Mozambique”, “Mandinga…, y pasaron a ser “Sociedades” o Clubes”, hasta que los amos se apercibieron de tal uso y ya dejaron de disfrutar de la libertad de sitio de diversión para bailes y cantos, 93 Candombe uruguayo muy bañados de referencias de sus regiones originales. Las Salas de Nación recibieron distintos nombres, como “tangos”, “tambos”, “sitios” y “candombes”. “Candombe” (que significa “danza” en bantú) y “tango” designaban en un principio el lugar y el baile y la música que allí se desarrollaban. Gustavo Goldman señala el hecho curioso de que estas salas tenían una organización de régimen monárquico, con “reyes”, “reinas”, “ministros”, “príncipes” y “princesas”, “duques”, “condes” y “marqueses”. Fueron “reyes” famosos, democráticamente elegidos y controlados, el conocido por Catorce Menos Quince (1860) y Toribia Petronila Pardo Larraura (Misia Petronila), hacia 1966. Los reyes, nombrados el día 6 de enero, se convertían en auténticos representantes de sus comunidades y defensores de sus derechos. En 1825 se concedió a los negros la llamada “libertad de vientre”, por la cual los nacidos en territorio colonial adquirían la condición de “libertos”, algo similar a la libertad. Los que seguían viniendo de África lo hacían en calidad de “colonos”, un nuevo sucedáneo de esclavo. Ya en 1835 quedó prohibido el tráfico de esclavos. Goldman (2003, p. 55) aporta una noticia aparecida en el Estandarte Nacional del mes de enero de dicho año, que se conserva en la Biblioteca Nacional de Montevideo, y que dice así: Aviso importante. Se advierte a todas las personas que han comprado negros o negras traídos de la Costa de África, con calidad de colonos, que según el contrato celebrado por los empresarios con el Gobierno, dichos negros y negras no son esclavos, que los títulos dados por los vendedores no pueden conceder otro derecho a los comparadores que el que está concedido por la ley sobre patronato, y no el de propiedad absoluta y perpetua, como lo han hecho creer a los incautos algunos de los especuladores de la especie humana africana. ¡Viva la República! Un rey negro Constitucional. GARANTIDO La esclavitud se abolió en tres etapas y en diferentes gobiernos: 1841, 1846 y 1851. La condición para la liberación de los esclavos era que los hombres fueran a la guerra y si sobrevivían, eran libres. Una vez conseguida la libertad, los liberados debían interceder ante el amo para lograr la de sus esposas, madres e hijos. Haití (La Española) fue la primera colonia negra americana que logró expulsar definitivamente a los franceses en 1803 y proclamar su independencia. A lo largo del siglo XIX hubo multitud de guerras en el Río de la Plata: por la Independencia, contra Argentina, contra Brasil, con la Guerra de la Triple Alianza, la Guerra Grande (desde 1839 y que concluye en 1852); el hombre que tenía esclavos no iba a la guerra, mandaba a sus esclavos. La mala alimentación, las pésimas condiciones de vida, la enfermedad (especialmente la tuberculosis) diezmaron extraordinariamente la raza en el Río de la Plata, 94 Sección Selecta Selitísimo señó: Napolió lisia que lo milico ela cane de cañó, e nosotlo tabié semo lo memo pala lefendé la Patlia di la Banda Olientá. Lu blanco, lu cololao, tulo lo patilo glita viva lo neglo, pala metelo no cuaté, pelo no le lá un cuatiyo di suedo, e lo sueta cuando quela lengo, pala qui si buca la vila di blanquialo ó negociate di coba e plumero. ¡Biba lo Gobieno tlagelo! ¡Biba Sa Batasá é Sa Binito! El documento trascrito por el informador viene a ser buena muestra del poco respeto con que eran miradas las costumbres de estos seres por la sociedad uruguaya. En el siglo XX el Gobierno intentó en Uruguay homogenizar las razas y evitar diferencias que pudieran seguir siendo dañinas. Y de ello salieron opciones muy tibias, como la imposición durante el gobierno de Ordóñez de igualar a los niños obligando a todos, negros y blancos, a asistir a la escuela con túnica. Dice Isabel Ramírez: La esclavitud es siempre terrible, la abolición de la esclavitud se dio de una forma muy tramposa, acá nunca terminó la esclavitud. En todas partes, al abolir se da una compensación de algún tipo, pero para nosotros fue terrible. Ya en 1800 no se permitían esclavos armados. En 1803 hubo una revuelta de magís, una nación africana, que fueron reprimidos; los bantúes que llegan al Río de la Plata, eran el doble que los yorubá, por cada dos bantúes había un yorubá, pero la cultura yorubá era más fuerte en transmisión de valores sociales y religiosos. El yorubá cree en las fuerzas de la naturaleza: el mar, el trueno, el viento, el relámpago, los árboles, la tierra... Sin embargo los bantúes tienen culto a los ancestros, pero cuando hablemos de orixás hablamos de energía, mientras que lo bantú es “espíritu”. El candomblé y el batuque, corrientes religiosas provenientes de África, cultivan las fuerzas y energías de la naturaleza. Y compiten en la actualidad con el umbanda, religión muy joven, ya nacida en América, que comienza en Niteroi (Brasil, a comienzos del siglo XX), religión muy interesante desde el punto de vista social porque, de algún modo, repara los males sociales. Destaca en ella sobre todo uno de sus hasta el punto de que, en la actualidad, los negros han desaparecido casi por completo en Argentina (se conservan pequeños grupos en el Barrio de San Telmo, en Buenos Aires, procedentes de la emigración uruguaya), y en Uruguay quedaron reducidos al mencionado 6 por ciento de la población de un país ya de por sí poco habitado. La llegada masiva de la inmigración blanca europea en los años finales del siglo XIX contribuyó a rebajar y diluir el número y la presencia de afrodescendientes. Por otro lado, y para acceder a la cultura, los afrodescendientes habrían de esperar a casi nuestros días. Su falta de formación y su escasa habilidad lingüística solía ser motivo de burla. Según Goldman, (2003, p. 56), así transcribía un cronista el discurso en lengua bozal del Rey de la nación Manguinga en 1870: 95 Candombe uruguayo emisarios, “Caboclo de las siete encuclilladas (encrucijadas)”, de 17 años de edad, que estaba parapléjico y en silla de ruedas, que se anuncia como recuperador de los espíritus de los pobres, espíritus que comienzan por hacerlo andar. Ésta religión es valiosa para los negros, porque hace “bajar” espíritus de los negros viejos, los que murieron antes de la libertad. También bajan espíritus de oriente, que tal vez mantuvieran alguna relación con las antiguas religiones de Europa. Para muchos hoy es más simple, más aceptable, el culto orixá, porque es lo que se ve (precisamente la fe es creer en lo que no se ve), así que hoy para mucha gente es más fácil creer en lo que se ve, la naturaleza. Por ello la aceptación del batuque o el candomblé. La presencia de la iglesia católica era muy fuerte. Los esclavos, tras la cuarentena, eran obligados a bautizarse y adoptar los ritos católicos, por ello se produjo el sincretismo, bajo un nombre católico se ocultaba un orixá, las religiones africanas fueron muy reprimidas. Durante la primera mitad de siglo XX las religiones africanas vivieron entre el olvido de las nuevas generaciones de afrodescendientes y la acusación de oscurantismo, barbarie y brujería que se atribuía a sus fieles. Fue en la década de los sesenta cuando se organizaron en Montevideo seis Casas de Religión, regentadas por personas que disponían de un cierto status económico: cinco homosexuales y la sexta era una mujer. De la mano de estos seis fieles, que eran además blancos, se ofreció un mundo desconocido por ya olvidado en el que no existía la discriminación. Los orixás eran blancos y rubios. El batuque es una rama del candomblé, ambas formas de religión son las de mayor incidencia en Brasil, aunque también están presentes en Uruguay; es la forma más saludable, permanente y clara de acercarse a Dios, porque más allá de la propaganda, las religiones africanas tienen un dios único, los orixás son secundarios e intermediarios entre el Dios Supremo y el mundo terrenal. Y también hay mensajeros, más humanos que los ángeles. Se puede negociar con ellos, con ofertas. Por ejemplo, Exú, que es el curador, y Pombagira, su compañera. 3. Los orixás. Los orixás más venerados en la orilla oriental del Rio de la Plata son los siguientes: EXÚ, la más controvertida de las divinidades orixás (hay lugares donde ni siquiera alcanza esta categoría) fue el sincretismo del Diablo de los cristianos cuando los jesuitas iniciaron la evangelización entre los esclavos africanos. Hoy, para los afrodescendientes, se identifica con el Diablo y con San Pedro (Porto Alegre, Brasil). Algunos discuten incluso que sea un orixá. Sus características oscilan entre la potestad del Diablo y el carácter juguetón, alegre y bromista de un personaje que se divierte con la confusión en que suele colocar a sus otros compañeros. Viene a representar la dualidad bien – mal. OGÚM, el San Jorge cristiano, es el orixá encargado del metal y de la guerra. Guerrero terrible, justiciero e impetuoso, defensor a ultranza del sentido de la honra, es lo más parecido a un héroe norteamericano. 96 Sección Selecta Se lo tiene por hijo de Odudua, fundador de la ciudad de Ifé (Nigeria), capital religiosa de los yorubás. Es el protector de los militares, pero también de los escultores, los mecánicos, los chóferes. Es el dueño de los caminos, las encrucijadas y, en fin, el tráfico. OXOSSI, hermano de los anteriores, es el encargado de la caza, los bosques, la agricultura y los animales, a los que protege para que lleguen a ser alimento de los humanos. La concentración, la paciencia y la atención son algunos de sus rasgos más señalados. Con sus hermanos coincide en los conceptos de libertad, independencia, y su carácter es decidido y emprendedor. OXAÍM es el patrono de la medicina, el portador de las hierbas medicinales, protector del conocimiento técnico más profundo. Representado con una apariencia reservada y misteriosa, evoca al mago Merlín. Transmite equilibrio en las decisiones, distanciamiento y eficacia. IANSA, arrebatadora y dominadora, impresiona por la independencia casi salvaje característica en su comportamiento. Esposa de Ogun y fascinada por Xangó, representa a la mujer decidida, capaz de defender lo que considera suyo con uñas y dientes. OXÚM es bella, vanidosa, joven, representa a María, la madre de Jesús de los cristianos. Se le atribuye el cuidado de la fertilidad, de los recién nacidos y se la representa bellamente vestida y recubierta de joyas. Domina los ríos, las cascadas, las aguas dulces, lugares a los que sus devotos acuden para hacerles sus ofrendas. Debe su nombre a un río de Nigeria. OXUMARE. Representante de la dualidad del bien y el mal, traslación del yen y el yang chinos, este orixá aparece durante la mitad del año bajo la advocación masculina, siendo su expresión gráfica el arco iris. El otro medio año es la cobra su representación y la feminidad su esencia. Simboliza el movimiento, el cambio, la transformación, y sus hijos son orgullosos, exhibicionistas, generosos y desprendidos. Portadora del agua de la tierra para Xangó, es capaz de regular las lluvias y las sequías. OBALUAIE. Respetado y temido, Obaluaie ostenta poder sobre la enfermedad, tanto para causarla como para curarla. Tiene poder para enviar a la tierra castigos en forma de epidemias y su figura sugiere amenazas de “castigos sociales”. En ocasiones, su legado puede ser el masoquismo y el autocastigo. IEMANJÁ. Sugestiva y seductora, adornada más con los atributos de una belleza de cine que de una deidad, severa y protectora a un tiempo, es celebrada en las playas de Brasil al acabar el año y en los primeros días de febrero en Montevideo. Identificada en las representaciones con su carácter de matrona (grandes senos, formas opulentas, prole numerosa, se le calculan más de quince hijos), Iemanjá es la reina de las aguas y sincretismo de la Virgen María. Es la maternidad, origen de la vida, que los cultos afros asocian con la sal y el agua. Nos ocuparemos de ella enseguida con más detenimiento. 103 Candombe uruguayo tanto la bantú como la yorubá estuvieron mezcladas en la emergencia de la esclavitud. Pero es más pujante la influencia yorubá que bantú. Bahía de Todos los Santos es la cuna del candomblé en América, la que más puro conserva el espíritu del candomblé. De cualquier forma, la esclavitud del norte, realizada por los ingleses, no tiene nada que ver con ésta de Montevideo. 7. Las “Llamadas” del día de Reyes y de Carnaval. “Cuando el tambor 7 tocó el tambor, los que estaban muertos desde hacía años vinieron para ser testigos”. En la época colonial, cada “nación” tenía un toque característico que la identificaba y servía de convocatoria. En la actualidad, los toques identifican a cada barrio. Las “Llamadas” se celebran en Pascua, Navidad, Reyes y los días de San Benito y San Baltasar. El día 6 de enero, festividad de los Reyes Magos para la iglesia católica, es el día de las “Llamadas” de San Baltasar, precisamente el único santo de la iglesia católica al que se le apea en tratamiento de santo, Baltasar, el rey negro, que recupera la consideración de la santidad, precisamente, en esta cultura uruguaya, siendo un encuentro de tambores que acompañan a los que cantan y bailan, en algunos barrios de Montevideo, especialmente en el Barrio Sur. La tradición sitúa esta celebración en otros barrios montevideanos, como Palermo, incluso hubo un tiempo en que se celebraba en Pocitos, actual barrio residencial de alto standing, en otros momentos residencia de negros. Esta fiesta de Reyes celebradas por los negros africanos fue la conocida con el nombre de “candombe”. Al grito de “Hué, hué, Yagüé Maía Cangüé”, negros y negras de todas las edades bailaban y cantaban sin descanso para celebrar el nacimiento del niño Jesús, al tiempo que sus “reyes” y su séquito hacían visitas de cortesía a las autoridades del país, incluido el Presidente de la República, que así agradecía públicamente la imprescindible colaboración de los negros en el logro de la independencia. Por ello, los militares uruguayos prestaban sus vistosos uniformes a los negros, que los lucían con ingenuo orgullo en los desfiles y bailes. Recibían donativos con los que se socorría a las familias más necesitadas o se compraba la libertad de algún esclavo. La fiesta se repite el 12 de octubre, día de la raza que, tomado como día de la raza negra, saca a la calle a los tambores de cada barrio, que declaran con orgullo su origen. El culto a los muertos, “Eguns”, es un elemento fundamental, tanto como el culto a los elementos de la naturaleza. Podría decirse que ambos cultos, a los antepasados y a la naturaleza, son los dos pilares esenciales en los que se apoyan las religiones practicadas por los afrodescendientes. En un principio, los toques de tambor realizados por los “ternos del congo” en la invocación de los ancestros y que llevan el nombre de Rum- Rumpi-lé se 7 “tambor” es tanto el instrumento como la persona que lo toca. 104 Sección Selecta corresponden respectivamente y equivalen al toque de los tambores uruguayos “piano” (barítono), “chico” (soprano) y “repique” (contralto). El “chico” es el más difícil, porque es el que coordina. El “repique” improvisa, sube y baja. El “piano” es como la tierra, es la base, la solidez. Según se repique o no, se puede saber qué barrio es el que toca. Es un diálogo, una conversación entre los tres tambores. Pero hoy, en muchos casos, las llamadas se hacen sin conocimiento del sentido profundo que tenían de apelación a los antepasados y compañía a las almas de los que se habían ido o estaban en trance de hacerlo. La fiesta, que vivió momentos de esplendor a la recuperación de la libertad, pasó por momentos bajos al ser considerada algo más tarde, ya en proceso de integración de los negros en la sociedad montevideana 8, una fiesta salvaje, con personajes que simbolizaban autoridades estrafalarias vestidas con ropas ridículas, que llegaban a crear, en opinión de algunos, una situación bochornosa. Hacía su aparición el negro criollo que quería participar en la vida del país y no como africano, aunque siempre dentro del respeto a la cultura de sus mayores. Así, de las antiguas “salas africanas de nación”, que habían sido reductos de salvaguarda de costumbres y viveros de actitudes reivindicativas para los primeros esclavos liberados, se pasa hacia el último tercio del siglo XIX a las “comparsas” o “sociedades carnavalescas”, también conocidas como “clubes” y “de color”. Las “salas africanas de nación”, como su nombre indica, levaban los nombres de las antiguas naciones de procedencia: “Congo”, “Mandinga”, “Mozambique”, “Banguela”. Los clubes llevaban ya la impronta de socialismo utópico que recorría la sociedad montevideana: “Club Igualdad”, “Club Progreso Social”, “Pobre Negros orientales”. Hoy, los personajes de las “llamadas de tambores” son negros o blancos con la cara pintada de negro, los “negros lubolos”9, que forman orquestas de tamboriles, mazacallas, guitarras y violines, fuera de otros instrumentos inequívocamente africanos como las sanzas, las marimbas, la huesera, la tacuara y la quijada. Aparecen en los desfiles ataviados con sus mejores galas: chaqués y chistera para los hombres, fracs cubiertos de condecoraciones, sables y bastones simbólicos; sombrillas de fuertes colores, vistosos trajes para las mujeres, llenos de color y de brillos y capaces de mostrar el cuerpo en todo su esplendor gracias a un sorprendente simulacro de casi desnudo, que cada vez es más explícito. El Rey y la Reina (Tata viejo y Mama vieja) de cada tribu preside la comitiva 8 Se puede consultar a este respecto el artículo de Gustavo Goldman: “Tango”: emergentes de un conflicto en la sociedad afromontevideana (1867-1890), Músicas del Sur, número 1, enero de 2004. 9 “La comparsa de negros es tradicional en le Uruguay y constituye la nota culminante del carnaval montevideano (…). Allá por el año 1760, en el Montevideo colonial durante una procesión del Corpus cristo, los negros ya desfilaban con sus características danzas. En 1867 aparece la sociedad de negros “La Raza Africana”, de cariz eminentemente popular, la cual termina su ciclo bajo la dirección de un simpático personaje callejero de la época, el Negro Sayago, que fue clarín de Garibaldi. A esta agrupación han sucedido otras de justificado renombre, tales como los “Negros Lubolos”, que se funda en 1864 y cuyo nombre deriva de Lubolia, que es una región africana (…). En un principio estas agrupaciones lubolas eran formadas por personas blancas, comerciantes y gentes de la sociedad montevideana que se pintaban el rostro de negro y se disfrazaban con trajes típicos” (Carámbula: 1987, 21). 105 Candombe uruguayo 10 “En Braseville, capital de la República Popular de Congo, la Unión de Terapeutas Tradicionales tiene la responsabilidad de conferir el título de médico tradicional, sino también de preservar la tradición de su pueblo, no separando la vida espiritual de la vida cotidiana”, (Ayala: 1994, 29). 11 Y en internet http://www.eumus.edu.uy/revista/nro1/goldman.html al ritmo vertiginoso de los tambores del candombe, mientras el “escobillero” conduce la danza, asombrando al público con los arabescos, filigranas y juegos de lujo que realiza con su “escobilla”. Durante el recorrido se bebe chicha, cerveza y vino. Se come mazamorra y bollitos de cuajada. Un tipo fundamental y llamativo de estos desfiles es el “yuyero”, “abuelo”, “tata” o “gramillero”, que ha sido reconocido por la Organización Mundial de la Salud como médico tradicional10, para los lugares a los que el médico universitario no puede llegar o no logra la confianza del campesino. El yuyero desfila en las “llamadas”11 con su atuendo peculiar de doctor: chaqué, sombrero, y su maletín por el que asoman las hierbas o yuyos. Estos personajes son los conservadores del culto a algún orixá. Los tambores son el elemento imprescindible de la celebración. Fabricados en madera de pino, llevan en su parte superior una membrana de animal, la lonja que se adhiere a la madera y que precisa del calor para tentarse y obtener un sonido perfecto en la percusión. Lonja y parche, según el material de que estén hechos. Horas antes de organizarse las comitivas que recorrerán las calles, como aquellas antiguas de los reyes que acudían a cumplimentar a las autoridades de la ciudad, se templan en candelas pegadas a las aceras, mientras el ambiente se va caldeando con la afinación de los tres tambores, chico, piano y repique, elaborados en madera y recubiertos en su parte superior por un cuero sobre el que se percute con un palo y con los dedos. La agrupación de los tres tambores en número variable constituye una “cuerda”. “Se pueden distinguir tres tipos de funciones en la música de los tambores: función sostenimiento, función de escape y función de “llamada”. Por función sostenimiento entendemos la de los toques recurrentes, que conforman el entramado rítmico básico de la cuerda de tambores. Por función de escape, la de los toques improvisados, basados en los de sostenimiento, y por función de “llamada”, la de aquellos que generan respuestas, o a su vez, “llamadas”, en otro u otros tambores” (Goldman, p. 131). En tiempos pasados los tambores se templaban a la puerta del Conventillo (especie de vivienda colectiva) “Medio Mundo”. En 2006 pude contemplarlo en una explanada próxima a la sede de “Mundo Afro”, cerca de la Rambla República Argentina, donde conocí a Isabel Ramírez, su coordinadora. Y también en la calle Carlos Gardel, al atardecer, viví cómo el cielo se oscurecía mientras un grupo de jóvenes acoplaban los ritmos de sus tambores, al calor de la fogata. Consigo entrar en la calle Isla de la Flores, en el Barrio Sur, que se prolonga hasta la calle Carlos Gardel, en el barrio de Palermo, sedes ambos barrios del más genuino y tradicional candombe; consigo entrar en el corazón mismo de la fiesta por deferencia de la Municipalidad, que me proporciona una 106 Sección Selecta credencial como enviada de la revista Palabras de la Ceiba, revista sevillana que se empeña en seguir las huellas del paso de los negros africanos por España y hacía América Latina. Es la zona más popular y populosa de las “Llamadas”. En las puertas de las casas se sientan las viejas familias a contemplar a sus más jóvenes descendientes ataviados con los trajes que manda la tradición. Les jalean, les gritan, bailan con ellos… Me viene continuamente el recuerdo de nuestras fiestas populares. La llamada de los tambores es la llamada del pasado, de las tierras que se quedaron en África, de las costumbres y señas de identidad de los pueblos que fueron arrancados de aquel continente y trasladados a otras latitudes para vivir la esclavitud. Al llegar a América, se les desproveía de su nombre, de su cultura, de su religión. Socialmente adoptaban la lengua, las costumbres y la religión de sus amos. Pero en sus raíces africanas resurgían brotes de reconocimiento personal y tribal imposibles de ser erradicados. Por eso muchos me han dicho que, cuando suena el tambor, algo se revuelve en sus estómagos, y les arrastra a la danza en la calle, que para ellos no es festiva, sino sufrida, visceral, arrebatadora. Algo que va más allá del tiempo y el espacio que corrieron cinco generaciones atrás los primeros esclavos. Es el “barrio”, la “nación”, es África quien tira de su corazón, aunque algunos no lo sepan: Agó, agó, ayé (petición de permiso) Le pido a los arixás Para poder candombear. Cuando al final del trayecto, al amanecer, se organice un círculo de tambores y se produzca el “corte” o punto final, muchos se darán cuenta, y sólo entonces, de que sus dedos están sangrando, o tendrán calambres en los brazos. En otro tiempo algunos podían sufrir el “síndrome del tamborilero”, llegaban a orinar sangre al finalizar de tocar. Señala Ayala (1994, p. 138) cómo estas religiones afrobrasileñas se constituyen “no sólo de creyentes y practicantes, sino que también acogen a gran número de consultantes, que sin definirse por una filiación, pueden recibir en sus templos respuestas a sus preguntas, caridad que alivie sus enfermedades y sobre todo el elemento mágico-religioso de los “trabajos”, que prometen ayuda en lo laboral, amoroso, financiero o familiar”. Y concluye preguntándose con Apprato (p. 139): “¿Será de alguna forma providencial que la exhausta África, a la que las estadísticas anuncian agonizante en el siglo XXI por hambrunas, guerras tribales, desertización y sida, haya legado a América todos sus tesoros religiosos? ¿Habrán querido los antiguos dioses perdurar en la joven América pagando el precio de sangre que significó la esclavitud de sus primeros hijos?” Con la construcción a marchas forzadas de la “aldea global” de que formamos parte, todos estos elementos van pasando a formar parte de nuestro acervo vital: las músicas, los rituales… Como dijo Agapito 107 Carrizo en alguna ocasión, podemos ser diferentes, pero no somos desiguales. Montevideo, febrero de 2006. Candombe uruguayo Bibliografía Arcadio (1996). Xangó, el dios del fuego, el rayo y la justicia, Argentina: Talleres gráficos Bermejo. Ayala, A. (1994). Iemanjá, Montevideo: Arca. Borucki, A. – Chagas, K. – Stalla, N. (2004). Esclavitud y trabajo. Un estudio sobre los afrodescendientes en la frontera uruguaya, 1835-1855, Montevideo: Pulmón. Carámbula, R. (1987). Pregones del Montevideo colonial. Candombe. Comparsa de Negros Lubolos, Montevideo: Mosca Hnos. Golmdan, G. (2003). Candombe. ¡Salve Baltasar! La fiesta de Reyes en el Barrio Sur de Montevideo, Montevideo: Perro Andaluz Ediciones. Rossi, V. (2001). Cosas de negros, Taurus, Buenos Aires: Taurus. Montaño, O., autor de diversos estudios. Verger, P. (2006). Andalucía, 1935. Resurrección de la memoria, Sevilla: Centro de Estudios Andaluces. Direcciones electrónicas Coria, Juan Carlos, Pasado y presente de los negros en Buenos Aires, http://www.educarargentina.com.ar/CORIA/coria5.htm Goldman, Gustavo, “Tango”. Emergentes de un conflicto en la sociedad afromontevideana (1867-1890), http://www.eumus.edu.uy/revista/nro1/goldman.html Yao, Jean Arsène, El poder de la prensa, la prensa del poder: reflexión entorno al periodismo afroargentino, http://www.univ-brest.fr/amnis/ Gallardo, Jorge Emilio, Un testimonio sobre la esclavitud en Montevideo. La memoria de Lino Suárez Peña, Bibliopress, Boletín Digital de la Biblioteca del Congreso de la Nación, Argentina. Gomes, Miriam Victoria, La presencia neoafricana en la Argentina. Pasado y permanencia, Bibliopress, Boletín Digital de la Biblioteca del Congreso de la Nación, Argentina. Entrevistas Entrevistas a Beatriz Santos, responsable de la “Unidad Temática por los Derechos de los Afrodescendientes”, de la Municipalidad de Montevideo, e Isabel Ramírez Abella, coordinadora de “Mundo Afro”. Entrevistas de calle. Música: “Candombe puro”, “Candombe final”, “Música negra en la ciudad de Montevideo”, Rubén Rada, “Repique”, “Ébano y miel”, Jaime Ros. CD “Mediotanque”, Videos de la Banda, El Tambor, Hacha y Tiza.