Mobiliario religioso y profano en el Convento de San Agustín de Manila. Un ejemplo de asimilación y sincretismo
Abstract
Los acontecimientos históricos que vivió Filipinas a partir de su independencia de la corona española ha propiciado que sean muy pocos los testimonios que quedan de la etapa hispana. Por otra parte la condición de encrucijada de las islas ha favorecido en el archipiélago la presencia de gustos, estéticas y obras de dispar procedencia. En el convento de San Agustín de Manila y procedentes de diferentes edificios religiosos se han reunido un conjunto de piezas de mobiliario que ponen en evidencia la diversidad de fuentes y las peculiaridades del arte existente en Filipinas
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Artigrama, núm. 26, 2011, pp. 685-700. ISSN: 0213-1498 Mobiliario religioso y profano en el convento de San Agustín de Manila. un ejemplo de asimilación y sincretismo Mª Mercedes Fernández Martín* Lo hispanofilipino, en arquitectura como en todo, es una continuación lógica de lo indígena, un avance sobre lo autóctono, al mismo tiempo que le rinde el homenaje de aceptarlo y continuarlo. Pedro ortiz Armengol Resumen Los acontecimientos históricos que vivió Filipinas a partir de su independencia de la corona española ha propiciado que sean muy pocos los testimonios que quedan de la etapa hispana. Por otra parte la condición de encrucijada de las islas ha favorecido en el archipiélago la presencia de gustos, estéticas y obras de dispar procedencia. En el convento de San Agustín de Manila y procedentes de diferentes edificios religiosos se han reunido un conjunto de piezas de mobiliario que ponen en evidencia la diversidad de fuentes y las peculiaridades del arte existente en Filipinas Palabras clave Mobiliario. Filipinas. Convento de San Agustín. Manila Abstract The historical events that lived The Philippines Islands from its independence from the Spanish crown has meant that are very few testimonies that are left by stay of the Hispanic stage. On the other hand the status as a crossroads of the islands has favored in the archipelago the presence of taste, aesthetic, and works of disparate sources. In the convent of San Agustin in Manila and from different religious buildings have been gathered a set of pieces of furniture, which highlight the diversity of sources and the peculiarities of the art existing in Philippine Key words Furniture. The Philippines. Convent of San Agustín. Manila * * * * * La presencia de objetos de procedencia oriental en Europa se remonta a finales del siglo XV y primeros años del XVI con los establecimientos comerciales de los portugueses en oriente, principalmente en la India y más tarde en Japón. No obstante, fue a partir de 1521, fecha decisiva en el desarrollo de las rutas comerciales con oriente, cuando éstos se incremen- * Profesora Titular del Departamento de Historia del Arte de la Universidad de Sevilla. Dirección de correo electrónico: [email protected].
686 M.ª MErCEDES FErNÁNDEZ MArTÍN Artigrama, núm. 26, 2011, pp. 685-700. ISSN: 0213-1498 taron, convirtiéndose Filipinas en el principal centro de este comercio interoceánico. La ruta se consolidó a partir de 1565 cuando el fraile agustino Andrés de Urdaneta descubrió las corrientes marítimas que permitían el retorno al continente americano desde Manila, subiendo por las costas de Japón para encontrar las corrientes favorables al tornaviaje. De la ciudad de Acapulco, en Nueva España, zarpaban los galeones que iban a Filipinas. Era la célebre Nao de la China, también llamadas Galeón de Manila, Galeón de Acapulco o Nave de la Seda. Lo occidental caló desde un principio en las artesanías asiáticas, como se aprecia, en el arte namban —o arte de los bárbaros del sur, nombre con el que fueron identificados los primeros portugueses que se instalaron en Japón—, con objetos realizados con técnica oriental pero que responden a arquetipos europeos. Pero también a la inversa, dado el interés que despertaron y su rápida comercialización propició que, a partir del siglo XVII, aparecieran talleres artesanales novohispanos que copiaban diseños y productos asiáticos como arcones, cajas, biombos, etc., que popularizaron aún más estos productos. Aunque Filipinas dependió hasta el siglo XIX del virreinato de Nueva España, desde el punto de vista artístico no hay que considerar al archipiélago como un apéndice de México, pues su población se inserta en un contexto absolutamente diferente, con culturas muy variadas, por lo que sus manifestaciones artísticas tendrán una particular originalidad al producirse testimonios de intercambio cultural de gran fecundidad y atractivo. Las vicisitudes históricas del archipiélago a partir de su independencia han propiciado que sean muy pocos los testimonios que quedan de la presencia española. El olvido por parte de la historiografía se debe en parte a la escasa documentación conservada, pero sobre todo al propio devenir del archipiélago, caso de la ocupación estadounidense y japonesa, lo que ha provocado que el interés hacia lo español quedara relegado, actitud que se ha visto reforzada por la falta de obras correspondientes a los siglos en los que el archipiélago estuvo integrado en la monarquía hispana. respecto al mobiliario filipino es evidente que se produjo una suma de influencias estilísticas en un evidente proceso de mestizaje y sincretismo. En diferentes zonas del archipiélago los trabajos ligneos tuvieron y tienen una gran importancia, al contar con magníficas y variadas maderas que propiciaron una rica artesanía y la ejecución de un mobiliario muy variado y de gran calidad que siempre gozó de un gran prestigio en el mercado.1 Entre las maderas más frecuentes de las utilizadas en Filipinas están 1 Castellanos Escudier, A. (coord.), España y Filipinas, (Catálogo de la Exposición), Cádiz, 1998, p. 27
MoBILIArIo rELIGIoSo Y ProFANo EN EL CoNVENTo DE SAN AGUSTÍN DE MANILA... 687 Artigrama, núm. 26, 2011, pp. 685-700. ISSN: 0213-1498 el molave y el baticuling y, especialmente, para la fabricación de muebles finos el kamagón, que admite un fino pulimento, y la narra (Pterocarpus indicus), considerada esta última como una de las de mayor calidad, de color claro, fácil de trabajar y que está agradablemente perfumada. Maderas en general duras, resistentes a las termitas pero fáciles de tallar cuando están frescas, que se emplearon no solo en los retablos y mobiliario, sino también en la construcción de fortificaciones y galeones. Con tan buena materia prima, una de las actividades florecientes durante la presencia española, fue la de los carpinteros, bien trabajando en la reparación y construcción de barcos, o fabricando mobiliario tanto para las nuevas viviendas como para las iglesias. A diferencia de México, en Manila no hay constancia de la existencia de gremios artísticos formalmente establecidos durante la etapa inicial española. Sin embargo, en la capital novohispana las primeras ordenanzas de Carpinteros, Entalladores, Ensambladores y Violeros, se expidieron 1568, mientras la de Doradores correspondería a 1570, siendo similares a las ordenanzas de Sevilla, por lo que serían esas mismas las que se aplicasen en Filipinas al depender el archipiélago del virreinato de Nueva España. En Manila, donde se concentraba el mayor número de población, existieron talleres de escultores, pintores, plateros, etc., establecidos en los arrabales de la ciudad, casi siempre dirigidos por chinos quienes formaron una próspera colonia de artesanos desde finales del siglo XVI, trabajando conjuntamente con la población filipina. Se localizaban en la parte exterior de las murallas, en el llamado Parián de los sangleyes, barrio donde residían los chinos que habitaban la ciudad.2 Este grupo poblacional se introdujo con gran habilidad en el entramado económico de Manila. Eran los proveedores del Galeón, acaparaban todos los oficios y tenían a su cargo incluso los abastos. De sus talleres salieron no solamente las esculturas devocionales sino también cajoneras, muebles, escritorios y retablos con sus frontales, en la mayoría de las ocasiones ejecutados por manos indígenas pues el número de españoles con respecto al de los nativos y chinos era mínimo, destinándose una gran parte al comercio con la metrópoli.3 A finales del siglo XIX se contabilizaba un número importante de talleres para todo tipo de trabajos artísticos en los barrios de Binondo y Santa Cruz. Es de suponer que en un primer momento el mobiliario realizado en el archipiélago consistiría en sencillas obras de uso doméstico, con un mero carácter funcional, para, paulatinamente, demandarse piezas de carácter 2 La palabra “sangley” deriva de seng-li que significa comerciante, y sirvió para designar a los chinos, que eran ya abundantes en Filipinas a la llegada de los españoles 3 AA. VV., Diccionario histórico, geográfico y cultural de Filipinas y el Pacífico, Madrid, 2008, tomo 1, p. 130
688 M.ª MErCEDES FErNÁNDEZ MArTÍN Artigrama, núm. 26, 2011, pp. 685-700. ISSN: 0213-1498 suntuario, e ir evolucionando con los cambios socioeconómicos de la metrópoli que mantendría siempre su influencia, determinante unas veces y paralela o atenuada otras. Los artistas locales interpretaron los modelos europeos conocidos por diferentes vías, siendo una de las más importantes la del mobiliario llevado por los españoles, quienes transportaron hasta el archipiélago sus propios ajuares. Asimismo, hay que señalar que los mismos barcos que arribaban contaban con un rico amueblamiento, como se recoge en el folio 106 del Diccionario demostrativo con la configuración y anatomía de toda la arquitectura naval moderna, escrito por Juan José Navarro, primer Marqués de la Victoria, entre los años 1719 y 1756, donde reproduce con todo lujo de detalles el mobiliario destinado a los camarotes de los oficiales, equiparable al mobiliario de cualquier salón de ámbito nobiliario.4 La convivencia de modelos europeos y orientales se refleja en los dibujos que realizó en 1778 Miguel Antonio Gómez donde se recoge el agasajo que hizo el príncipe Engri de Mangalor, en la costa malabar, al comandante y oficiales de la fragata del rey La Deseada en 1776 y la fiesta con que correspondió el comandante. En la primera lámina el príncipe y su séquito se sientan a la oriental, sobre esteras con las piernas cruzadas, mientras que los españoles lo hacen en sillas de brazos, de clara influencia europea [fig. 1]. La decoración de la estancia se complementa con dos mesas auxiliares que flanquean la estera del príncipe. Por sus proporciones responden a modelos orientales en su simplicidad de líneas, decoración elegante y refinada. En la otra lámina, donde se representa la fiesta dada por los españoles, todos los personajes aparecen sentados en sillas y las mesas responden a modelos europeos, de proporciones mayores, con cajones en el frontal y la típica pata cabriolé dieciochesca. Desgraciadamente, no es muy abundante el mobiliario conservado por lo que es difícil hacer un análisis y evolución estilística del mismo durante la presencia española en el archipiélago. No obstante, se cuenta con los ejemplares conservados en el convento de San Agustín, donde hay un número importante de muebles de diferente uso y procedencia, la mayoría de ellos de los siglos XVIII y XIX. En ellos se recogen las diferentes influencias que tuvo el mobiliario filipino pues, como se ha señalado, a Filipinas llegaban gran cantidad de mercancías entre las que había un gran número de muebles procedentes de China, Japón y la India, lo que propició que el mobiliario realizado en el archipiélago presente un marcado carácter de mestizaje y sincretismo.5 4 Piera Miquel, M., “El álbum del Marqués de la Victoria y su aportación a la historia del mueble”, Archivo Español de Arte, 281, 1998, pp. 79-84. 5 Mi más sincero agradecimiento a mi compañero y amigo Juan Carlos Hernández Núñez quien me prestó su inestimable ayuda en Manila para la realización de las fotos.
MoBILIArIo rELIGIoSo Y ProFANo EN EL CoNVENTo DE SAN AGUSTÍN DE MANILA... 689 Artigrama, núm. 26, 2011, pp. 685-700. ISSN: 0213-1498 Sin lugar a dudas, la pieza de mobiliario más interesante que se conserva en el convento agustino de Manila es su sillería de coro, obra que se fecha en el siglo XVII [fig. 2]. Su ejecución fue promovida por iniciativa de Fray Miguel García Serrano, prior de San Agustín entre los años 1608 y 1611 y provincial hasta 1614. La sillería está compuesta por sesenta y ocho sitiales, correspondiendo treinta y seis a la sillería alta y el resto a la baja en la que hay que incluir el sitial presidencial destacado por medio de un dosel con el respaldo tallado con un bajo relieve donde se representa a San Agustín. Los respaldos están tallados en madera de kamagong con incrustaciones de narra y otras ricas maderas locales. La decoración es de motivos vegetales y florales entre los que destaca el crisantemo, flor relacionada con la realeza nipona, que rodean al águila bicéfala en la parte inferior y el escudo agustino con el corazón y el capelo cardenalicio en la superior. Las patas responden a modelos orientales con una ligera inflexión en la parte superior que recuerda a la pata cabriolé que parte de un pequeño mascarón y finaliza en una bola con garras, pie de clara influencia china. Es una pieza de gran calidad, tanto por los materiales empleados, como por su cuidada técnica y la originalidad de los motivos decorativos, lo que hacen Fig. 1. Recibimiento del príncipe Engri a los miembros de la fragata La Deseada (1776).
690 M.ª MErCEDES FErNÁNDEZ MArTÍN Artigrama, núm. 26, 2011, pp. 685-700. ISSN: 0213-1498 de ella una obra única dentro del contexto hispánico. Los asientos son abatibles y presentan una sencilla misericordia o paciencia sin decorar. Se encuentra en buen estado de conservación aunque la sillería había estado pintada desde el siglo XIX en un tono oscuro para protegerla del ataque de las termitas, recobrando su color original en la restauración llevada a cabo entre los años de 1969 y 1970.6 Complemento de la sillería es el magnífico facistol que preside el coro. éste se encargó siendo prior del convento Fray Félix Trillo entre 1728 y 1731. Tradicionalmente se ha mantenido que procedía de Macao, si bien no está documentado, por lo que probablemente fuera ejecutado por los chinos establecidos en el Parián ayudados por colaboradores filipinos. Se puede poner en referencia con el facistol de la catedral de México, regalo enviado desde Manila al arzobispo Manuel rojo del río en 1762. La decoración del mismo es de una gran originalidad con una curiosa mezcla de motivos clásicos, cristianos y orientales. Sobre la base se disponen las patas formadas por motivos ondulados que recuerdan un trineo tirado por el característico perro guardián fó de la cultura china. De aquí parte el vástago central con cariátides y cabezas de ángeles entremezcladas con el emblema agustino del corazón atravesado por flechas. El cuerpo troncopiramidal rotatorio está rematado por un pequeño templete que albergaba una imagen de marfil de la Inmaculada Concepción. Entre los muebles conservados, los más abundantes son los de asiento y los contenedores, entre los que destacan por su número los arcones. En 6 Galende, P. G. y regalado Trota, J., San Agustín. Art & History 1571-2000, Hong Kong, 2000, p. 137. Fig. 2. Sillería de coro. Convento de San Agustín. Manila.
MoBILIArIo rELIGIoSo Y ProFANo EN EL CoNVENTo DE SAN AGUSTÍN DE MANILA... 691 Artigrama, núm. 26, 2011, pp. 685-700. ISSN: 0213-1498 ellos se aprecia claramente la interpretación de los modelos europeos pero también la fuerte influencia china e indoportuguesa, que va a propiciar un mueble de mestizaje muy original. Los arcones o baúles fueron muebles indispensables dentro de las casas novohispanas. Aun cuando las cómodas y los roperos hicieron su aparición en el siglo XVIII, con el invento de la comodidad, los baúles siguieron siendo muebles preeminentes dentro de los ajuares domésticos. En los inventarios de bienes que refieren los objetos pertenecientes a estamentos sociales más elevados, los baúles se cuentan por docenas; servían para guardar multitud de variados objetos a la vez que para el transporte de los mismos. Tal fue el grado de proliferación dentro de las casas que los había de muy diversos tamaños, desde los diminutos a los de gran formato, todos siguiendo las tipologías clásicas, variando únicamente desde el punto de vista formal el perfil de la tapa, el tipo de decoración y los materiales empleados en su elaboración. Por su procedencia hay que destacar dos interesantes arcones de proporciones muy rectas y tapa plana, que presentan incrustaciones de exquisitas maderas más caras. La decoración mediante menudos motivos geométricos como triángulos, rombos y círculos, se distribuye por la tapa y los frentes del arca. La decoración de taracea fue una técnica muy utilizada por la carpintería árabe desde antiguo [fig. 3]. Estos arcones se fechan entre los siglos XVII y XVIII y probablemente procedan de lugares tan alejados como Arabia Saudí y el Yemen, donde se conserva un buen número de ejemplares que avalan el continuo comercio del archipiélago filipino con otras regiones orientales. Este mismo tipo de decoración con incrustaciones de maderas más claras sería interpretado por los artistas indoportugueses, autores de los llamados arcones de Goa. En San Agustín de Manila se conserva uno de grandes proporciones, con el frente compartimentado por dos cajones en la parte superior y uno grande en la inferior, con aplicaciones de metal y levantado sobre unas patas esculpidas con figuras antropomorfas a modo de hermas.7 La decoración de embutidos forma motivos geométricos, de clara influencia islámica, que se repiten regularmente por toda la superficie. Este tipo de muebles eran muy fáciles de desmontar con lo que se facilitaba su transporte [fig. 4]. De las mismas fechas, e incluso otras muy similares más modernas, se conservan varias arquetas y arcones chinos de diferentes dimensiones, donde la técnica empleada en la talla y los motivos decorativos hablan de otras culturas. Sirva de ejemplo el tallado con la técnica en hueco o en negativo, donde los motivos se excavan sobre la superficie, donde se representan escenas al aire libre con pagodas y personajes vestidos a la oriental. Es de des- 7 Mide 0,82 x 1,12 x 0,58 m.
692 M.ª MErCEDES FErNÁNDEZ MArTÍN Artigrama, núm. 26, 2011, pp. 685-700. ISSN: 0213-1498 tacar la calidad de los muebles chinos que mantuvieron siempre un diseño simple, de proporciones muy cuidadas y la elección de maderas de alta calidad, que con un perfecto dominio de la técnica de ensamblaje, conjugaron belleza y utilidad. No obstante, es muy difícil su periodización dada la continuidad estilística y técnica que se produjo durante el siglo XVI y XVII, siendo más fácil identificar el mobiliario ejecutado en los siglos XVIII y XIX por el gusto ornamental de la época y por la influencia de occidente que se advierte en ellos [fig. 5]. También llegaron a Filipinas muebles procedentes de España caso del enorme arcón destinado a las limosnas de las obras Pías o fundaciones de caridad que se conserva en San Agustín. En el frente del mismo se lee la inscripción Fig. 3 Arcón. Convento de San Agustín. Manila. Fig. 4. Mesa. Detalle Convento de San Agustín. Manila.
MoBILIArIo rELIGIoSo Y ProFANo EN EL CoNVENTo DE SAN AGUSTÍN DE MANILA... 693 Artigrama, núm. 26, 2011, pp. 685-700. ISSN: 0213-1498 “caxa de obras pias y convento”. Fue un regalo del convento agustino de San Acacio de Sevilla por lo que probablemente fuera enviado a Manila desde esta ciudad.8 El donante fue don Tomás Irrazagorría, en recuerdo del capitán Francisco Manuel Irrazagorría, miembro del Tribual de Manila entre 1700 y 1710, quien había comprado en 1704 la capilla de Santa Lucía en la catedral de aquella ciudad para panteón familiar [fig. 6].9 La presencia tan variada de modelos propició que los artistas locales los reinterpretasen, creando piezas de una gran originalidad, donde se aprecia la asimilación de la funcionalidad de los modelos occidentales pero con una decoración e iconografía de clara influencia oriental. En esa ciudad debió realizarse el magnífico ejemplar conservado en la actualidad en el Museo de Arte José Luis Bello y González de Puebla (México), obra anónima que probablemente fuese regalada al obispo de aquella ciudad entre 1650 y 1660. La tipología responde a modelos europeos de formas paralelepípedas, pero destaca por la pintura al óleo que decora el interior de la tapa, considerada la representación más antigua de la ciudad de Manila, uno de los más elocuentes testimonios de la estrecha relación que 8 Mide 0,92 x 2,00 x 0,72 m. 9 Galende, P. G. y regalado Trota, J., San Agustín…, op. cit., pp. 124 y s. Fig. 5. Arcón. Convento de San Agustín. Manila.
700 M.ª MErCEDES FErNÁNDEZ MArTÍN Artigrama, núm. 26, 2011, pp. 685-700. ISSN: 0213-1498 de gran interés de diferentes conventos del archipiélago, todavía queda una ardua tarea de inventariar y catalogar piezas repartidas por pequeñas parroquias, algunas de gran originalidad, actualmente sin uso y por tanto en peligro de perderse irreversiblemente.19 19 Sirvan de ejemplo algunos carros procesionales y un confesionario que se conservan en Panglao (Bohol) que muestra, por una parte, la asimilación de la estructura funcional de este tipo de mueble litúrgico, pero con una interpretación totalmente filipina, al reproducir las típicas construcciones del archipiélago, construidas con caña y nipa. Fig. 10. Carroza. Parroquia de Panglao. Bohol.